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Colombianas

Colombianas

"Quisiera, cariño mío,
que tú nunca me olvidaras,
que tus labios con los míos
en un beso se juntaran
y que no hubiera nadie en el mundo
que a ellos los separaran".

Aunque la colombiana está considerada dentro de los cantes de ida y vuelta, no sólo por su nombre sino por sus claras influencias latinoamericanas, se conoce que es una creación personal de Pepe Marchena.

Sabicas decía que: “entonces estaba Marchena, es el que sacaba todos los cantes. Iba yo con él, de chavalico, que solía llevarme, y cuando no, lo encontraba en todos los sitios (...). Perdone usted, ¿qué cante ese? Pues un cante que estoy haciendo ahora el mismo; y le puso la colombiana”.

El guitarrista Ramón Montoya también se la escuchó un día y, como Sabicas, le preguntó qué cante era ese (aunque me temo que es la misma anécdota). Marchena le respondió: “Pues un cante que estoy haciendo ahora mismo, que lo acabo de crear, la colombiana. Pero, claro, no puedo poner colombiana en el programa porque de colombiana no tiene nada, la gente se va preguntar que por donde esta Colombia ahí, que no la encuentran. Entonces le pongo “creación” y a cantarlo se ha dicho”.

Ramón Montoya realiza en 1932  una nueva versión de la colombiana acompañando a Marchena y al Niño de la Flor, que hacia la segunda voz y, en 1933, la grabará de nuevo con letra de Hilario Montes titulada "Quisiera cariño mío", donde se añade los matices que poco apoco van configurando la estructura melódica del genero tal y como lo conocemos.

Romualdo Molina, en la Historia del flamenco de Tartessos comenta: “Eugenio Cobo afirma haber conversado con el propio Rafael Nogales, testigo de la presentación pública de la colombiana, que le comentó que Marchena se había basado en una canción popular del País Vasco titulada El pájaro carpintero”.

La primera letra con que la graba Marchena en 1931 es “Soy un pobre benedito”, y pertenece a una coplilla mexicana. Aunque no sabemos la aportación real de Marchena.

Su estructura métrica es de seis versos octosílabos aunque no siempre se respeta esta medida, y se basa en el compás de tangos (4x4). Pronto se le añadió estribillo, siendo los más conocidos los de “Oye mi voz” y el de “Ven a mí y cantemos los dos”. Inicialmente, de acuerdo con lo concibió Marchena, se solía cantar a dúo, aunque esta moda no perduró en el tiempo. De hecho, el propio Marchena, en su primera grabación la realizó con el Niño de la Flor. El dúo que más fama ha adquirido ha sido el compuesto por la Niña de la Puebla su marido Luquitas de Marchena, en el que acoplan una especie de diálogo cantado que seguramente tiene un origen bastante anterior y que se inicia con la letra “Arroyo claro, fuente serena”.

Posteriormente a Marchena, fue grabada por la Niña los Peines, el Carbonerillo, el Americano, Angelillo, el Chato de las Ventas, la Niña de la Puebla, Carmen Amaya, El Niño de la Huerta, José Palanca y Juan Valderrama, entre otros (Incluso él celebre Manuel Vallejo, que realizó de ella una adaptación festera, mezcla de colombiana y tango, y cuya grabación fue publicada en 1934). En los últimos años se abre una nueva perspectiva musical de este cante con la capacidad creativa que le supo aportar Enrique Morente o el sentido rítmico de Chano Lobato.

Juanito Valderrama, en “Mi España querida”, el libro de memorias y recuerdos que le escribiera Antonio Burgos, en 2002, comenta que: “Esta escuela de todos esos cantes americanos, la guajira, la vidalita, la milonga, fue mejorada luego con creces por Pepe Marchena. La cogió Marchena, e hizo famosos todos esos estilos, dichos a su forma.

Y en cuanto a la colombiana, ni fue ni vino. No se movió de aquí, porque Marchena creo en 1930. La creó totalmente Marchena, por así decirlo, de nueva planta.

Resulta que vino un trío colombiano a Madrid, al cabaré Alcázar, que estaba donde el mismo teatro, en la calle de Alcalá, y cantaba aquello de:

Quisiera ser colorete
pá adornar la carita
y darte un beso en los labios
y comerte la boquita...

Marchena iba todas las noches allí al cabaré, a un palco, se extrañaba la gente de verlo llegar y era que estaba aprendiéndolo. Aprendió aquella y otra colombiana que comenzaba:

Quisiera ser perla fina
de tus pulidos aretes
pá besarte en la boquita
y morderte los cachetes
¿quién te manda ser bonita
que hasta a mí me comprometes?

Pero de lo que aquellos hombres del trío colombiano cantaban a lo que hizo Marchena había un abismo (…). Esas canciones de allí de Colombia las cogió Pepe Marchena aquí en España, las aflamencó y las grabó en 1931, el mismo año de la República, componiendo esa nueva forma musical, junto con Hermenegildo Montes”.

El Diccionario Flamenco de José Blas Vega y Manuel Ríos Ruiz comenta que: “Antonio Hita Hidalgo, sostiene la siguiente y documentadísima teoría acerca de la historia de la colombiana: «Este estilo no fue nunca cante de importación, pues jamás existió en nuestro país hermano. La colombiana fue creada y cantada sólo dentro de nuestras fronteras, por lo cual no debería incorporarse nunca, junto con los denominados cantes de ida y vuelta. Efectivamente, la colombiana es relativamente moderna, siempre que consideremos moderno un estilo que tiene de vida poco más del medio siglo. Su nacimiento y posterior divulgación nace de los años treinta, cuando el tan vituperado, por determinados artistas y críticos de esta generación, don José Tejada Martín Niño de Marchena, junto a don Hilario Montes, y tomando como base de su creación, entre otras formas musicales, la rumba española, realizan una composición aflamencada a la que bautizan con el nombre de colombianas y que en su segunda parte era interpretada a dos voces (esta segunda a modo de acompañamiento)”.

Por lo tanto, pienso que, si bien la colombiana, la podemos encasillar en los cantes de ida y vuelta, lo debemos afirmar con bastante cautela y aclarar, llegado el caso, de que es una creación personal con ritmos latinos y perfectamente aflamencada.

* José Tejada Martín ’Pepe Marchena’.

Cultura para el pueblo

Cultura para el pueblo

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60 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Ayer se presentó en el palacio de Carlos V, en la Alhambra, la octava edición del FEX o, lo que es lo mismo, la Extensión del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, que cumple a la sazón 60 años. O, lo que es lo mismo, un abanico pantagruélico de actuaciones gratuitas, en número superior a 60, distribuidas por los puntos más emblemáticos de la ciudad y parte de la provincia. Recitales, conciertos, danza, programas didácticos y familiares, conferencias y múltiples manifestaciones, para que podamos elegir y disfrutemos abiertamente con este esfuerzo extra de los organizadores del Festival y el respaldo completo de todas las instituciones de la ciudad y de bastantes entidades privadas.

En el mes de marzo, bajo el título de Un verano para quedarse en casa, ya publiqué las apuestas flamencas de este Festival, en las que contábamos con la presencia de Estrella Morente, Eva Yerbabuena, Rocío Molina y Arcángel.

El FEX nos trae por su parte, el miércoles, 29 de junio, a Las Migas, llamadas Reinas del Matute en la Huerta de San Vicente. Cuatro chicas (Silvia Pérez Cruz, Marta Robles, Isabelle Laudenbach y Lisa Bause), de distinta procedencia, que “colorean el flamenco con músicas muy diversas”.

El primer día de julio (viernes) tendremos el “flamenco en estado puro” de Rocío Márquez, al cante, y de Alfredo Lagos, a la guitarra, en el Palacio de la Quinta Alegre.

El miércoles, día 6, la Orquesta de la Universidad de Granada, entre otras piezas (Joaquín Rodrigo, Joaquín Turina y Ernesto Halffter), reconstruye de la banda sonora original y del film Viaje romántico a Granada, con grupo instrumental, cantantes, cantaor y guitarrista flamenco y recitador, en la ETS Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos.

También tendremos, y esto es interesante, porque entre otras cosas lo coordino yo, bajo la colaboración de la Asociación del Diente de Oro, la presentación de tres recitales de flamenco y poesía con el título genérico de Al compás de la poesía.

Dichas exposiciones tendrán lugar el lunes, 4 de julio, en la Huerta de San Vicente, el jueves, 7, en el Corral del Carbón, y el 8, viernes, en la Placeta de la Ninfa (Jardines del Salón). La entrada es gratuita, como en el resto del FEX, aunque el día del Carbón el aforo será más limitado.

He querido que sean lo más variado y enriquecedor posible y he planteado distintas incursiones. En primer lugar, y como base, tenemos a los cantaores que interpretan poemas de los escritores; después tenemos a los poetas que recitan con un fondo de guitarra o de baile; tenemos la mezcla de las dos modalidades, primero recitado y luego cantado; y, como cuarta modalidad, encontraremos al cantaor que interpreta sus propias letras. (Y alguna que otra sorpresa.)

Puedo asegurar, por otra parte, que la mayoría, si no todas las intervenciones, serán originales e inéditas, montadas expresamente para la ocasión y, con tiempo y perspectiva, entrarán a formar parte del acervo flamenco granadino, de la proyección de nuestros poetas de ahora y del recuerdo de la ciudad y su apuesta cultural.

Próximamente, cuando termine de encajar los actuantes definitivos para cada día, publicaré la exacta programación de cada una de las intervenciones. Lo que sí está cerrado es el nombre de los poetas y los flamencos de los que consta el proyecto, que a continuación relaciono.

Al cante estarán: Juan Pinilla, Álvaro Rodríguez, Mati Gómez, Sara La Samarona, Iván Centenillo, Alicia Morales, Fernando Barros y Sergio Cuesta. A la guitarra: Josele de la Rosa, Rafa Hoces, Rubén Campos, Álvaro ‘El Martinete’, Rafa Soler, Petete, Jonathan Morillas y Pepe Agudo. Ana María Gorbe Martínez aportará su violín flamenco. Y el baile de Raimundo Benítez, Victoria López y Pilar Fajardo.

Presentan sus textos e incluso su voz los siguientes poetas granadinos o de adopción: Juan de Loxa, Luis García Montero, Álvaro Salvador, Alfonso Salazar, Ramón Repiso, Cecilio, Pedro Enríquez, Miguel Ángel Arcas, Juan Carlos Friebe, Javier Bozalongo, José Carlos Rosales, Ángeles Mora, Sergio Cuesta, Ernesto Pérez Zúñiga, Daniel Cundari y Jorge Fernández Bustos.

Qué lo disfrutéis.

Hay rincones…

Hay rincones…

Creo que todavía no somos muy conscientes del valor que tiene el flamenco. Llevamos casi un año siendo Patrimonio Oral de la Humanidad, avalado por la UNESCO, y apenas unas salpicaduras se han dejado sentir. Puede que, temiendo lo peor, nos afecte tan sólo institucionalmente o a los flamencos de más alto nivel, que por otra parte no lo necesitan, o a la parte occidental de nuestra geografía, lo que se considera como la Baja Andalucía. Lo cierto es que aquí, el flamenco de base, sigue siendo flamenco de base, con sus dificultades para abrirse un hueco, para darse a conocer, para lanzar sus más elementales propuestas (por no decir, para grabar un disco o para hacerse un nombre).

Sin embargo, la demanda de flamenco sigue aumentando. Los foráneos llegan a la ciudad para descubrir la Granada monumental y la Granada serrana y la Granada nocturna… pero también la Granada flamenca.

Sin contar las cuevas del Sacromonte, que tienen el ‘turismo’ asegurado, podemos contar con los dedos de una mano dónde se ofrece flamenco en esta ciudad. Y, si buscamos flamenco de calidad, al menos decente y verdadero, a esta mano le sobran apéndices. Y, si buscamos flamenco a diario, quizá con dos dedos tengamos de sobra.

Por la posición que ocupo como cronista del flamenco, por mi labor de calle, por el conocimiento acumulado después de algunos años escribiendo casi a diario del tema, amigos o amigos de amigos tanto locales como venidos de fuera, se dirigen a mí para preguntarme dónde hay flamenco.

La pregunta es fácil  o no es tan fácil. Depende mucho de la temporada, de los días de la semana, de si buscan algo específico. Aunque siempre hay algo qué ofrecer. Callado no me quedo y, tratándose de flamenco, mucho menos.

El martes estuve en Jardines de Zoraya, en el Albaicín, por primera vez. Sabía de su existencia y su programa. Conocía su oferta y a sus actuantes (más de un flamenco me pidió que fuera a verlo, pero por unas cosas u otras lo he ido aplazando).

Ana Calí y Vanesa Vargas, al baile; Sergio ‘El Colorao’, al cante; y Rubén Campos, a la guitarra, conformaban el cuadro. Bulerías, fandangos de Huelva, alegrías o tarantos rematados por tangos, fueron sus propuestas. Unos cantes festeros de buena factura, aderezados con baile exclusivo, en un ambiente familiar, a pesar de las mesas que rodean el escenario, con una cenita para dos, asequible de precio… qué más se puede pedir.

*Foto extraída de su web.

La evolución de Patricia

La evolución de Patricia

Victoria López, una joven bailaora que conocí hace poco tiempo, me decía que por fuera se conoce cuando vienes de Granada. A una bailaora de la tierra se la conoce, no sólo por la flor en lo alto de la cabeza, sino más bien por sus formas y por su fuerza, por esa caía hacia atrás tan sacromontana o por el especial roneo por tangos.

Pero, también es verdad, que una de las principales facultades que debe adquirir un flamenco, y si es bailaor/a más, es la capacidad de volar. El flamenco de Granada necesita alas para abandonar el nido, para ver mundo, para impregnarse de otras corrientes, para avanzar en perspectivas.

Hay buenos flamencos que no se han asomado ni al tranco de la puerta, hay y ha habido bailaores inmensos que han dormido toda su vida bajo el mismo techo. Pero hogaño se impone abrir esas alas y asomarte a la escuela sevillana y a los consejos de Matilde Coral, al concepto cordobés y la generosidad de Javier Latorre o al día a día en un tablao madrileño y la trama universal que allí se ha formado desde Manuel Liñán hasta Anabel Moreno (los dos granadinos), pasando por Marco Flores. Es necesario, para nuestra formación y nuestro espíritu, haber formado parte, aunque sólo sea por una temporada, de una compañía (Yerbabuena, María Pagés o El Junco).

Por otra parte, y ya termino con los consejos, es necesario tener ojos y ver a los demás. Hay que ser universal para llegar a ser uno mismo. Acudamos a los teatros, a los festivales y a las peñas para ver bailar a nuestros compañeros, para apoyarlos con nuestra presencia y para aprender o simplemente observar que otras cosas son posibles.

Patricia Guerrero bailó este sábado en La Platería después de haber estado fuera una larga temporada, prácticamente desde que ganó el Desplante minero en 2007. Durante este tiempo ha viajado, estuvo en Barcelona, ha visitado Japón y se ha instalado en Sevilla. La última vez que la vimos por aquí fue en la compañía de Rubén Olmo bailando en el teatro Alhambra, en el ciclo Flamenco Viene del Sur.

La evolución de esta bailaora es manifiesta. Su madurez, evidente. Su trayectoria, imparable. Está llamada, sin lugar a dudas, para tener un nombre entre las grandes. Pero ella sabe mejor que nadie que esto es una carrera de fondo, que después de un paso viene otro, que, como nos enseñó Machado, el camino se hace al andar. Sabe que sin estudio, sin ensayo permanente y sin riesgo constante no se llega a parte alguna.

Patricia siempre ha sido una esponja. Ha aprendido de todos y ha ido fabricando un baile de retales excelentes con firmas de calidad, que poco a poco ha ido adaptando a ella y aportando de su cosecha para lograr un baile cada vez más personal. Así, vimos cositas buenas que no se las hemos visto a nadie.

Se ha sabido rodear siempre de un buen cuadro atrás que sepa arroparla, después de alguna mala experiencia. Logrando para la ocasión a cuatro flamencos de lujo. A saber: Miguel Lavi, de Jerez, y David ‘El Gayi’, de Morón, al cante; Luis Mariano a la guitarra; y Miguel ‘El Cheyenne’, con el cajón, los dos de Granada.

Su baile es novedoso, rico y esforzado. Baila tonás y alegrías, separadas por unas malagueñas que bordan sus músicos. Las voces están llenas de desgarro y pellizco; la guitarra de Luis ha adquirido una rabia que, unida al preciosismo de siempre y al punto de eficacia y flamencura, lo dimensionan cualitativamente; la percusión es moderada y precisa.

La segunda parte es una soleá de buena factura que, al pasar a bulerías, baila Patricia apostándolo todo, sacudiendo sus ganas, demostrando a “su” público que avanza por buen camino.

* Foto tomada de su web.

Jóvenes con ganas

Jóvenes con ganas

Festival Almuñécar

Llevamos unos días trastocados. Entre el cambio de gobierno en los ayuntamientos, las reivindicaciones ciudadanas y los pepinos “envenenados”, el día a día amanece más incierto que de costumbre, que ya de por sí es riesgoso.

Se proyecta un festival en la ciudad costera de Almuñécar con casi un mes de antelación, para el que me piden que acuda a presentarlo. Bien, donde me necesiten, si puedo, allá estaré. Pero, en el tiempo de espera, el cartel cambia un par de veces, tengo que bajar en autobús y, al llegar, pocas entradas vendidas (aunque el Auditorio Martín Recuerda de la Casa de la Cultura se llenó en su mitad).

Allí, entre el descontrol, no sólo hice de presentador, sino de organizador final y de regidor. Con todo y con eso, el festival salió con bastante decencia, con momentos felices y objetivos cubiertos. (A veces la buena voluntad está por encima de la eficacia controlada.)

La velada la abren el cantaor sacromontano, de los ‘Tarantanes’, Miguel Barroso, con su guitarrista Luis Millán. Hacen granaínas y bulerías. Su voz está en perfecto estado y se entrega. Al ver la reacción del público, regala unos fandangos naturales, fuera de programa.

La joven Marian Fernández (18 años), natural de Churriana, ocupa el escenario a continuación, con el tocaor granadino Armando Morales Linares, que suena muy flamenco y que acompañará al resto de los participantes el resto de la función. Marian, con su voz potente y clara, interpreta el S.O.S. de Mayte Martín, de su disco Muy frágil (1994) y unas alegrías de graciosa factura. (Es impagable contemplar los titubeantes inicios de los flamencos.)

Afincada en Monachil, Noemí Álvarez, can sal y empaque, canta unos tanguillos, que se canta ella misma, para cerrar la primera parte.

Esta misma bailaora comenzó la parte final con unos tientos-tangos casi improvisados, aunque sabrosos, que empezó cantando Fran Cabrera, artista local, y terminó Marian Fernández. Cabrera continuó en el escenario acordándose de los tientos más añejos, para pasar a la cantaora, también de Granada, Aroa Palomo, que, con conocimiento y facultades sobradas, se templó por soleá y terminó con un ramillete de fandangos, cantados en su final a pie de escena, sin micrófono.

Para cerrar la noche, la agrupación local ‘Sabor a Mar’, dirigida por la bailaora Susana Martín, realizaron un montaje coral, muy estiloso y progresivo, que navegaba entre tonás y seguiriyas, rematadas por jaleos extremeños.

Y, para no perder las buenas costumbres, se terminó con un fin de fiestas por bulerías, al que se unió la cantaora Marta ‘La Niña’ que estaba presente.

* Noemí Álvarez en una reciente entrevista en Radio Albolote (2009), donde improvisa cantada una cuña de publicidad (tomada de su Myspace).

Las peñas y el futuro

Las peñas y el futuro

Los Lunes Flamencos de la ONCE

Siempre se me quedan cosas en el tintero. Es difícil reflejar todos los momentos en un blog que quiero que se distinga entre otras cosas por la brevedad de sus entradas, aunque no siempre lo consigo.

Entre estas acciones a las que aludo, mencionaré a Rubén Campos, que nos dio un recital de guitarra en el Liberia, un lugar poco apropiado, pero amante y cultivador del flamenco como pocos. Su toque es trabajado y concienzudo, con un ojo en la tradición y otro en el porvenir. Su guitarra es un instrumento completo y, como tal, se afina y destempla de forma diferente según la pieza que Rubén acaricia.

También he escuchado estos días el cante de Sara ‘La Samarona’, en Le Chien Andalou (e iré a verla a la sala Príncipe el jueves), con su poquita voz, pero con su aire canastero. Suelta en los tangos y contrita en los cantes mineros. Se acuerda sobre todo de Camarón y de Lole Montoya.

Regularmente también veo a Josele de la Rosa, un joven pegado a su guitarra, a la que le saca el sonido más flamenco que puede, asemejándose a todos sus maestros, que son cualesquiera que le hagan gemir a la guitarra. Su evolución, día a día, es palpable.

Una iniciativa para aplaudir sin discusión es la oferta de Los Lunes Flamencos de la ONCE (y aquí me detendré un poco más). Desde hace cuatro a cinco meses, el último lunes de cada mes, algunos aficionados de esta Organización, presentan un breve festival flamenco para promocionar a nuestros jóvenes valores, que por suerte hay muchos y con perspectiva. Su planteamiento es el de invitar cada día a una peña y que ella aporte sus artistas entre los chicos y chicas que se mueven en torno a ella. Este lunes quien hizo de anfitriona fue la peña de La Platería, que aportó bastantes nombres (aunque, por compromisos de última hora, no pudieron acudir Ana Mochón, Gilberto de la Luz y Antonio de la Luz).

El pasado 23 fue el primer día que acudí a esta cita, pues los anteriores me habían coincidido con Flamenco Viene del Sur (que también se programan los lunes) y otros eventos. Es un formato de festival que siempre tiene su aliciente. Es necesario arropar a la gente joven, seguirla en su trayectoria, contemplar sus avances, alentar tanto sus aciertos como sus caídas. Lamentablemente no todos valen. El tiempo y la afición son jueces inapelables. Aunque, cuando se da lo que se puede, cuando se da lo que se tiene, el escenario se llena de verdad, que posiblemente es lo que más importa.

Jesús de María es un cantaor de nueve años. A su lado, Álvaro Pérez ‘El Martinete’ con quince, es un guitarrista veterano. Su mentor, Curro Andrés (que también hizo las veces de presentador) está orgulloso de las posibilidades que tiene el chaval. Cantó alegrías, bien moduladas, y fue valiente, pese a sus limitaciones, por Huelva. A Anabel Collado, de catorce años, con el mismo guitarrista, ya la había visto participar en el concurso de jóvenes flamencos de la Diputación y me quedé impresionado por su potencia de voz y sus facultades. Tiene madera, aunque sus formas aún no son muy flamencas. A pesar de su juventud, le va el cante con enjundia, como las granaínas o las seguiriyas. Bien por ‘El Martinete’, que rizó el rizo tocando las granaínas en tono de rondeñas, algo francamente difícil, que también le exige al cantaor, en este caso cantaora, una concentración especial.

Iván Vílchez ‘El Centenillo’, no es que sea mayor, pero quizá le lleve diez años a esta última cantaora, que en flamenco, como en el ejército, es un grado. Le acompaña a la guitarra Francisco Manuel Díaz, hombre sin edad, tan grande como su corazón. Está siempre que se le necesita. Iván hizo malagueñas de la Trini, donde se acordó del maestro ‘Cobitos’ y demostró ser grande en el cuplé por bulerías.

* Álvaro ‘El Martinete’ en un archivo del facebook de su tía.

Caracoles

Caracoles

Un cante flamenco bastante agradecido son los caracoles. Pertenecen al grupo de las cantiñas y tiene un evidente parentesco con el mirabrás y las romeras. Aunque se les conoce en ciertos círculos como ‘alegrías de Madrid’, son en realidad, según Quiñones, entre otros, cantes de Cádiz, concretamente de Sanlúcar de Barrameda. Supuestamente creados a mediados del siglo pasado por Tío José el Granaíno, también conocido por José el Gaditano o José el de Sanlúcar, que no es que fuera granadino, sino que, conjetura Félix Grande, vendía granadas. (Otros lo atribuyen a Romero el Tito.)

Tío José el Granaíno parece que fue picador (hablando del flamenco primitivo todo son ambigüedades), alcanzó gran prestigio en palos como la caña y los del grupo de las cantiñas. Blas Vega alude a él llamándolo ‘el banderillero de Cúchares’, aludiendo al matador que acompañaba ‘Curro Cúchares’ y lo sospecha no gitano.

También se ha teorizado sobre que este cante, de cuatro versos octosílabos habitualmente y de vivo compás, sea el resultado del aflamencamiento de una especie de cantiña folclórica bailable llamada "La caracolera", recogida en un libro de Manuel Sanz, publicado a mediados del siglo XIX, intitulado El genio de Andalucía, donde se encuentra el conocido ‘pregón de los caracoles’, de donde proviene su nombre:

Ay caracoles, ay caracoles
mocita ¿qué ha dicho usted?
que son tus ojos dos soles
y vamos viviendo y olé.

Los caracoles fueron divulgados por Paco ‘el Gandul’ (también llamado Paco ‘el Sevillano’), quien le dio dinamismo y vivacidad, y alcanzó su mayor éxito con don Antonio Chacón a finales del siglo XIX, adaptando la letra original al entor­no madrileño donde vivía. Por eso lo de ‘alegrías de Madrid’. En ellos se habla de la calle de Alcalá (en vez de Santa Cruz de Mudela), de las fuentes madrileñas o de una tarde de toros en la Villa y Corte.

Fernando Quiñones también recuerda que en la Jeroma la Castañera, zarzuelita estrenada en Madrid en 1843, con letra de Mariano Fernández y música de Soriano Fuertes, ya se cantaba eso de:

Aunque vendo castañas tostás
aguantando la nieve y el frío
con mis zapatos y mis medias calás,
yo soy la reina pa’ mi querío.

La primera grabación que se conoce es la del Mochuelo en 1907 y posterior­mente la de Chacón, con su letra típica, con la que también grabaron Bernardo, Angelillo, Pastora Pavón, Juanito Mojama, Manuel Centeno o Enrique Morente.

A nuestro desaparecido Pepe Agudo le gustaban especialmente cómo hacía los caracoles Naranjito de Triana.

* Naranjito de Triana (foto tomada del blog de Manuel Bohórquez).

La Platería luce con Lucía

La Platería luce con Lucía

No debería espaciar tanto los comentarios desde que veo una actuación. Mi memoria es flaca y además se entrecruza con otros actos y funciones, favoreciendo el olvido por interferencia. De cualquier manera, la impresión destilada del momento aún palpita en mi memoria, a veces por mucho tiempo.

Haré tan sólo un repaso general a modo de vista de pájaro y no me detendré en los detalles. En primer lugar quiero comentar muy de pasada que el baile de Lucía Guarnido no es convencional. Lucía es esbelta y bella. Ha aprendido a adaptar el baile a su altura, conocimiento y delicadeza. Cada baile tiene sus apellidos, y goza o peca de redondez excesiva. Como el héroe de las películas antiguas todo sale a pedir de boca y no se despeina en el intento. La elegancia, el respeto y la sonrisa están ensayados y como tales supeditadas a la estructura. Los símbolos son importantes y la seguiriya es negra y circunspecta y las alegrías claras y llenas de sal, por ejemplo.

Pero este día sentí algo nuevo en el baile de Lucía. Si se me permite la expresión, la vi más cabrona. El punto azucarado que a veces puede saturar, estaba limado con la fuerza y la picardía necesarias para provocar el pellizco. Su cuadro, como siempre, espléndido. Conoce, como flamenca avezada, que unos buenos músicos atrás, pueden constituir el cincuenta por ciento del éxito de una bailaora.

Luis Mariano, a la guitarra, está imparable. Aparte de su tradicional sonido límpido y flamenco, ha adquirido una rabiosa pesadumbre que llega a estremecer. Al oírlo parece que toda una orquesta sinfónica se está ejecutando. En la granaína en solitario (en soledad) que abre la noche se advierte esta nueva dimensión, que continúa cuando acompaña y sobre todo en las bulerías de la segunda parte (aunque las dos se hicieron seguidas).

Antonio Campos es un trabajador del cante. Cuida sus letras como cuida su garganta. Disfruta en la escena y trasmite su buen hacer. Por soleá, por tonás o por seguiriyas es imbatible. Su entrega y dominio del compás están reconocidos. Es uno de los cantaores del panorama nacional más requeridos para el baile.

Mati Gómez empezó bailando y, como son las cosas, terminó detrás del micrófono. Su voz, aunque chiquita, es muy flamenca, llena de melismas y modulaciones. Como buena bailaora conoce el cante y el sentido del ritmo. Su cante es sincero, dulce y arriesgado.

Lo mejor que le puede ocurrir a un percusionista, lo he dicho en alguna otra ocasión, es que no se note. Que haya un latido exacto de fondo, pero que no se imponga ni de pie a discusión alguna sobre la caja o el pandero. De esto es de lo que puede presumir Miguel ‘El Cheyenne’.

Lucía Guarnido bailó seguiriyas y soleá por bulerías.

* Foto de la propia bailaora de su espectáculo "A mi aire" ©.

Un paseo por el flamenco

Un paseo por el flamenco

Ayer recibí por mensajería un disco de promoción de la discográfica Universal Music Spain, llamado Atlas del cante flamenco. Tenía ya conocimiento de este trabajo. Se trata de una caja de diez cedés, que se pondrá a la venta el próximo 7 de junio que pretende ser “un recorrido por los rincones mas flamencos de nuestra geografía”.

Así, este Atlas del cante reúne los estilos más característicos de cada comarca cantaora, interpretados por figuras destacadas (Camarón de la Isla, La Perla de Cádiz, Fosforito, Sabicas, Carmen Linares, Chano Lobato, Paco de Lucía, El Lebrijano, Juan Habichuela, etc.).

Cada uno de los volúmenes se dedica a una geografía determinada, seleccionados por Faustino Núñez. De tal manera encontraremos: 1º. Cádiz, 2º. Los Puertos, 3º. Jerez, 4º. Sevilla, 5º. Sevilla Provincia, 6º. Málaga, 7º. Córdoba y Granada, 8º. Murcia, Almería y Jaén, 9º. Huelva y Badajoz y 10º. Otros lugares “en el que se engloban aquellos estilos inclasificables desde el punto de vista geográfico, inspirados en músicas de origen cubano o argentino”.

Además, Faustino Núñez, también compila un libreto de 120 páginas con textos seleccionados para mejor comprender esta “geografía flamenca”.

Varias cuestiones sin embargo llaman la atención. ¿Por qué el grueso del trabajo se centra en Andalucía la baja?, ¿por qué Granada aparece junto a Córdoba?, ¿por qué se abusa de algunos cantaores (Camarón de la Isla, Carmen Linares o Luis de Córdoba), mientras hay ausencias importantes (Enrique Morente, por ejemplo)?

Por otra parte, hay que manifestar nuestro común aplauso por la labor pedagógica de la recopilación; por el recuerdo de cantaores añejos, difícil de hallar de otro modo, como El Negro, El Borrico o la Piriñaca; el protagonismo del gran cantaor granadino Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’, en cuatro cortes del trabajo (Granada, Málaga y Sevilla); y por la presencia también de otros flamencos de la tierra, como son Juan Habichuela, El Polaco, Alfredo Arrebola, Estrella Morente y Marina Heredia.

Andrés Marín y su lenguaje

Andrés Marín y su lenguaje

Flamenco Viene del Sur

Al hablar de Andrés Marín parece que tenemos que “justificar” su baile de alguna manera, tenemos que leer entre líneas, tenemos que teorizar sobre un flamenco nuevo. Sin embargo, llevo escribiendo de este bailaor sevillano desde hace seis o siete años, que vino al Corral del Carbón por primera vez con su sorprendente propuesta. Me niego por tanto a darle el calificativo de inédito.

Su baile ya es maduro, con muchas vueltas sobre sí mismo, muy consciente de su camino y, posiblemente, de su meta.

Andrés es un camaleón que ha abandonado toda la majestuosa superficialidad para quedarse exclusivamente en la esencia. Es como si bailara desnudo, como si fuera un jardín japonés, todo en su sitio, minimalismo extremo donde una simple piedra es una poesía.

Y esta parquedad la lleva desde su perfil de navaja hasta su sobrio vestuario, siempre negro, siempre el mismo. Sus movimientos quebrados tienen un sentido, como su perfecto desafeitado, como su ausente sonrisa.

No rompe, como puede parecer, sino que deconstruye cuando el armazón se sostiene por si mismo. Cada pieza ocupa su lugar en el desmontaje y aparece en otro lugar formando algo que quizá sea lo mismo pero con un lenguaje distinto.

Así, el bailaor sevillano se hace cosmopolita y sugiere una universalidad llena de matices, de marcajes perfectos, de preciso compás. Porque la esencia de una rosa nunca se pierde.

Decir de ¡Ay Alameda! que es un “recital austero” es volver sobre lo mismo. ¿Qué no es templado en este bailaor? Es un homenaje al barrio homónimo sevillano y a su tiempo de esplendor, tan sólo ambientado con la guitarra exacta, jazzística y flamenca de Salvador Gutiérrez y el cante añejo y redondo de José de la Tomasa, quizá el último gran cantaor de la Alameda.

Marín comienza por soleá un montaje en blanco y negro creado expresamente para presentarlo en Granada. Mientras el cante nos une a un jondismo de solera, la guitarra atraviesa fronteras y el baile se regodea en su propia órbita en la que mantiene un pie en la tradición y el otro en el abismo de la búsqueda siempre constante. Tomasa anuncia la caña y se asoma al fandango. Después aborda granaínas y abandolaos, rematadas por rondeñas. Andrés se regodea en el cante y su aplauso interno va para los artistas que componen su cuadro. Salvador tiene un esquema extraordinario en la cabeza con mil cambios guitarrísticos, mil cambios de ritmo, mil llamadas, mil silencios. Bobote, de los imprescindibles del compás de este país, se encuentra un poco perdido con tanta mudanza.

La farruca es un alarde de facultades y de sabor. Punto neurálgico del espectáculo, donde vence y convence, incluso a los más ortodoxos. Y si no, propone a continuación unas alegrías que son definitivas. Por levante, el cantaor no está todo lo fino que acostumbra, sobre todo en la salía de la cartagenera. Y en las bulerías, el baile se torna más clásico, si cabe, para todos los paladares.

Por seguiriyas y por un poquito más de bulerías termina una noche, y Flamenco Viene del Sur, en su edición 2011, que quizás haya representado lo mejor del ciclo.

* Foto de Antonio Conde©.

La Macanita sólo cumplió

La Macanita sólo cumplió

Leo en el diccionario de la Real Academia el significado de ‘macana’ y, como segunda acepción, define que es el artículo de comercio que por su deterioro o falta de novedad queda sin fácil salida. En seguida borro de mi mente tal definición por errónea. A Tomasa Guerrero le quedan muchos años de gloria. De hecho, es una de las voces más definitivas y definitorias del cante jerezano. Pero, no sé por qué, que en parte los académicos han dado en el clavo. La evidente falta de ganas de la artista este sábado en la peña de La Platería fue evidente. No se esforzó, no pellizcó, no rompió como es debido y como nos tiene acostumbrados.

Peno ¿estuvo mal? La cuestión es que no estuvo mal y sus valores y facultades sobresalían a cada paso. Sus cantes eran redondos y sus remates apreciables. Pero una artista de su categoría no se puede permitir esas flojedades ni siquiera en sus días malos. Además, salvando esta cortedad que puede ser inevitable, la sensación de ningunear a los presentes por tener algún cable tergiversado no es perdonable.

Desconozco las razones y no deseo hurgar demasiado en la llaga, pero el aura de diva que le hizo acortar su actuación y tratar a los parroquianos como ajenos, estuvo fuera de lugar.

No sudó La Macanita y no sudó el guitarrista, Juan ‘Parrilla’, cuando su nombre le precede. Su guitarra sonaba metálica y no arropaba como acostumbra. La primera parte se solucionaría con la segunda, pensamos, pero no quedó ni en el intento.

Comienza por tientos-tangos y sigue por soleá y por malagueñas. Está en su terreno, pero no termina de llegar. Aunque se le reconoce el poso de cantaora, el aguardiente en la voz clara (menos que otras veces), el compás jerezano (apoyada por las palmas de Gregorio y Chicharito). Termina por bulerías su primera entrega.

Su segunda propuesta comienza por levante, una taranta pasable y una cartagenera fuera de lugar. Sigue por seguiriyas, donde debía lucirse. Igualmente nos quedamos con las ganas. Remata su recital por fiesta. “Ahora voy a cantar por bulerías y a bailar para todos ustedes”, nos dice, como se les conforma a los extranjeros en el tablao. La guitarra, sin embargo, no se retira del micrófono cuando ella se levanta para ilustrar su cante, sin megafonía, y regalarnos un bailecito. Ahí su compromiso descafeinado.

* Foto de flamenco-wold.com©.

Las formas de Sergio Gómez

Las formas de Sergio Gómez

Lo he repetido varias veces, la sala de música La Chumbera presenta unos valores indiscutibles. Su programación permanente durante todos los sábados del año, a excepción del verano y la Navidad; sus precios populares; su ubicación; y su espaldarazo a los flamencos jóvenes de Granada, la hace digna de admiración y respeto. Quizá no sea el auditorio perfecto en cuestión de ambiente, de acústica o de luces, pero su labor y garantía están asegurados.

Como es natural, encontramos altibajos en la suma de sus días. Pero también nos llevamos agradables sorpresas, como el día en que bailó Luis de Luis o este mismo sábado pasado con la presencia de Sergio Gómez ‘El Coloraíto’ y su cuadro flamenco.

Sergio tiene buen gusto, siempre lo ha tenido; una voz rica en modulación y armonía; una apuesta que va más allá de lo convencional; un conocimiento profundo de los cantes. Toda esta investigación, que posiblemente le ha llevado toda la vida, puesto que el flamenco lo tienen presente desde que nació, al pertenecer a una de las familias con más arraigo en nuestra ciudad, ha servido para tener unas formas muy personales. Sergio conoce lo que hace y lo adapta a sus facultades. El cante no es una materia rígida a la que abrazar, sino un fluido maleable que se vierte en el molde de los cantaores que conocen sus vueltas.

Así tenemos un lenguaje nuevo para el pellizco de siempre. Como dijera López de Vega, es necesario verted vino añejo en odres nuevos. Tenemos igualmente una propuesta actual, rica en matices y en personalismos. Porque el cantaor granadino se ha sabido rodear de un grupo de músicos que entienden su lenguaje y están a la altura.

Alfredo Mesa nos está dando últimamente bastantes satisfacciones a la guitarra. Su limpieza y su fraseo; su trabajo constante; y su fijeza en los clásicos, son sus signos de referencia. Ana Calí, al baile, es cálida y precisa. Sus pies, tremendamente limpios, hablan como ningunos. Al contrabajo, Joan Massana, da un contrapunto necesario, que no se limita tan sólo a acompañar. José María Petaca, al piano, salpimenta los temas con solos de gran belleza. Y ‘El Moreno’ es de los percusionistas más efectivos y respetuosos de nuestro panorama local.

Unas granaínas ponen claro desde el principio la dulzura y posibilidades del protagonista. La zambra caracolera (La Salvaora) pronto se convierte en zambra sacromontana, ilustrada con poderío y recursos por la bailaora.

Pero, cuando la noche adquiere un carácter especial y único es cuando se aborda la farruca. Un cante que Sergio ha sabido adaptar con perspectiva jazzística y contemporánea. Como resultado escuchamos una balada flamenca moderada y sensual de gran altura.

Las bulerías demuestran el poso flamenco y el compás de este artista. Es un todoterreno que se conoce a la perfección y conoce los caminos que transita. Para terminar, unas alegrías ponen la guinda o una noche sin desperdicio. El baile de Ana Calí es inconmensurable, su entrega radical, su presencia definitiva y su zapateo redondo y efectivo.

* Ana Calí, tomada de su web©.

Reconociendo a Manolo Osuna

Reconociendo a  Manolo Osuna

Como advertí, el flamenco no cesa, como el rayo de Miguel Hernández. La noche del viernes tuvo lugar el homenaje a Manolo Osuna, cantaor con la voz de pozo y la mirada infinita, aún a sus ochenta y tantos años. El festival fue en el Palacio de los Córdova, uno de los escenarios más bellos entre los escenarios bellos al aire libre de Granada.

Antes de meterme en materia, creo que debería hablar de las formas, pues, aunque todo homenaje sea bienvenido, hay detalles que enrarecen los motivos.

La primera certidumbre es que fue un acto francamente electoralista, promovido por el partido y con preferencia de los primeros ediles de la ciudad. Seguidamente, creo que fue un golpe bajo con respecto al festival de Asprogrades, que estaba anunciado desde tiempo ha ese mismo día en el Teatro Isabel la Católica. Supongo, por otra parte, que el cartel estuvo impreso antes de avisar (¿conminar?) a los artistas para que participasen, lo que explicó algunas ausencias de altura (Estrella Morente, Antonio Canales, Miguel Ochando), lo que afectó a los asistentes que habían acudido atraídos por tales cabezas…

Pero, como digo, el festival fue festival, el flamenco fue flamenco, la gente respondió en masa (unas 500 personas, cálculo), y el homenajeado se llevó el calor de la gente y un generoso aporte económico para seguir tirando. Porque Manolo, como muchos flamencos de su época, vive el momento, más vale pájaro en mano y Dios proveerá.

Como dijo Curro Albayzín en la presentación, si hubiera seguido en Sevilla y no se hubiera afincado en Granada, la tierra del olvido, sería un cantaor reconocido, a la altura de Caracol o Mairena, porque facultades tiene, porque conocimiento le sobra, porque es flamenco desde que se levanta hasta que se acuesta. Porque nuestro árbol da grandes y sabrosos frutos, pero maduran y caen al suelo ante indiferencias varias, a no ser que vuelen para ser saboreados en Madrid, en Sevilla, Barcelona o Jerez. Léase Cobitos, léase el Nene de Santa Fe, léase la saga de los Coloraos…

Muchos flamencos se acordaron en este día de Manuel Torres, el Niño de Osuna. Muchos quisieron reconocer a un vecino tan entrañable del Albaicín y del Sacromonte, así como reconocen al artista, así como reconocen al maestro. Todos lo conocen. Todos lo conocemos y nos destocamos en su presencia. Qué no se pierda su arte, qué no se apague su voz, qué el tiempo no nos venza de nuevo. Hay quien, me dijeron en el festival, está recuperando sus grabaciones y lo está haciendo cantar para mantener su testimonio. Porque aún goza de buena voz, de talento y de memoria, y, aunque ya no tenga las facultades de su gloriosa madurez, mantiene un brillo encomiable.

Es difícil hacer mención de los flamencos que pisaron el escenario de los Córdova por la cantidad y por cierto miedo a las malas pasadas del olvido, pero sí quiero destacar algunos momentos exclusivos como las seguiriyas de ‘El Parrón’, como los tangos de Marina Heredia, donde un improvisado guitarrista (Alfredo Mesa), dio una lección de profesionalidad, el baile por alegrías de Juan Andrés Maya o Angustias ‘La Mona’ por soleares.

* Manolo Osuna con Jaime Heredia "Parrón" en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, 2009 (foto probablemente de Antonio Conde para deflamenco.com).

Del Japón al futuro de la guitarra

Del Japón al futuro de la guitarra

Llevo días sin actualizar el blog, y no es por falta actividad, sino todo lo contrario, por falta de sosiego. Llevo unos días que mi tiempo no me pertenece y ya guardo demasiadas cosas que se van diluyendo en mi cabeza. Intentaré, no obstante, hacer recuento y, si no afino en los detalles, al menos expondré la esencia.

La verdad, lo confieso, me da cierta pereza rememorar en forma de análisis estos días pasados que absorbieron mi mente y casi mi cuerpo como en una abducción extraterrestre. (Lo suyo sería dedicar un post a cada una de las acciones vividas, pero ya digo, entre la pereza y el miedo de que se acumulen más aconteceres, y como una bola de nieve, cada vez más grande, ruede en avalancha arruinándolo todo a su paso, decido componer un cajón de sastre (que a veces puede convertirse en ‘desastre’) y exponerlo todo como si fuera una sola columna con aristas.)

Lo mejor será empezar por principio. Quiero dar unas pinceladas desde la noche del sábado, en la que, como siempre que puedo, hago doblete. (Tan sólo reflejaré mi actividad flamenca.)

Aterricé en primer lugar en La Chumbera, donde Eiko me había insistido, sin necesidad a que fiera a ver a sus “Cerecitas del Japón”.

Eiko cumple treinta años de relación con Granada, el baile y el flamenco. Lleva treinta años yendo y viniendo desde su país natal a este rincón de Andalucía para impregnarse de nuestro arte.

Yo nunca la había visto bailar, a pesar de nuestro contacto. De ella sabía su desmesurada afición y su disciplina. Sabía que empezó bailando con Mariquilla y que pronto se convirtió en su colaboradora. Sabía que ganó un concurso de sevillanas en la misma Sevilla (1983). Sabía que mantenía una academia en Tokio (desde 1997), muy afamada, por donde han pasado cientos de japoneses.

Su intención era traer a veinte chicas para bailar y mostrarnos que Tokio, como dije recientemente, es otra de las ciudades andaluzas. Pero las circunstancias actuales sólo han permitido que se acercaran a la península seis de sus alumnas.

En primer lugar destacaría la gracia de estas bailaoras, metódicas donde las haya. Unas más sueltas (lamento no poder dar nombres; daría colores pero nos vamos a quedar igual) y otras más tensas, su ejecución fue milimétrica y academicista. Parece que hasta las sonrisas estuvieran acordadas.

Por parejas, tríos o en conjunto, fueron abordando bailes clásicos (alegrías, tientos, guajiras y colombianas, bulerías), elevando un bastión que llenó el ambiente de oles y de orgullo.

Un momento simpático fue cuando todas, aun sin chapurrear el castellano, cantaron al unísono La Reja con tremendo desparpajo.

En cuanto a Eiko, la maestra, es un derroche de clasicismo. Lo tiene todo aprendido y aprehendido y nos recuerda a tantas… Sus bailes son completos y redondos; distendidos en apariencia, pero que no deja el mínimo resquicio a la improvisación y el duende golpea en una jaula.

Es digno de mención, por otra parte, el cuadro que las arropa. A veces los músicos de atrás son el cincuenta por ciento del éxito de una bailaora, si no más. a las guitarras se entendieron a la perfección Luis Mariano y César Cubero; al cante se complementaban, y distanciaban al mismo tiempo, Mati Gómez y Manuel Heredia.

Mis pasos se apresuraron a la salida para dirigirme a La Platería para asistir al acto de entrega de la Insignia de Oro de la peña al joven tocaor David Carmona que, tras la imposición de dicho reconocimiento, hilvanó grosso modo el concierto que le valió el Giraldillo como Artista Revelación en la pasada Bienal de Sevilla.

No desglosaré todos los temas que abordó, que, empezando por tarantas y acabando por bulerías, llenaron la peña de flamencura. Simplemente diré que nos encontramos en otra dimensión. La forma de componer e interpretar de este alumno aventajado de Manolo Sanlúcar sigue unos esquemas tan distintos, ricos y melódicos, que para mí lo sitúan claramente en el futuro de la guitarra, una vez que se quiera pasar página a Lucía, Amigo, Riqueni, Serranito y tantos otros, como éstos sustituyeron a Montoya, Manolo de Huelva o Sabicas.

Sin embargo, y es algo importante, el tocaor granadino suena flamenco, está lleno de pellizco y tocado por esa varita que sólo se pega a los grandes, que desprende ese aura exterior, que en realidad es parte de grandeza inconmensurable que encierra en sus entrañas.

Y, como buen director de orquesta, se supo rodear del cante modulado y formal de la onubense Carmen Molina (grande por fandangos) y por los respetuosos percusionistas Agustín Diassera y Miguel ‘El Cheyenne’ (así sí).

El lunes acudí a la cita inexcusable de Flamenco Viene del Sur en el Teatro Alhambra. El gran tocaor Pedro Sierra presentó su espectáculo ‘Tres movimientos, tres puñales’. Pedro es un tocaor preciso, limpio y muy armónico. Es un gran compositor, hasta desarrollar un lenguaje propio y un discurso muy agradable. En la primera parte salió solo con su guitarra, haciendo rondeñas y bulerías, granaínas y farrucas. Después se rodeó de su gente y de sus carencias y hallamos altibajos. La Tobala, su mujer, al cante abordó tientos-tangos, seguiriyas, fandangos, alegrías… También Jardana, la hija de ambos, mostró la madera verde que aún tiene ilustrando un poquito las seguiriyas y las bulerías. Y, a las palmas y coros, tres jóvenes que igualmente despuntan.

Momentos destacados del guitarrista catalán fueron sus ricas cantiñas, en las que se asomó a Córdoba, Arcos o Morón, y su abrazo a Extremadura, con sus tangos y jaleos. Al finalizar se dio una generosa pataílla por bulerías bastante simpática.

El miércoles, solicitado por una asociación de amigos de la historia, di una charla en un centro del Zaidín sobre “Los gitanos en España”. A pesar de la poca asistencia, fue una sesión completa y metódica, enriquecida con diapositivas y documentos sonoros.

Desde sus orígenes, en tierras indostánicas, me remonté hasta su arribo a la península y el transcurso de los siglos hasta la reciente expulsión de los rumanos en Francia. Y, cómo no, del origen del flamenco como cante gitano-andaluz. El interesante debate final se centró en las entretelas del flamenco y la disyuntiva del cante gitano y no gitano.

Ayer, o sea, el jueves tuvo lugar un festival flamenco en beneficio de Japón en el Teatro Isabel la Católica, en el que se acordaron grandemente también del reciente terremoto de Lorca (Murcia). Tres horas de reloj duró el evento que sin embargo fue dinámico y sabroso. Quiero destacar como positivo la masiva respuesta del público asistente, la proliferación de artistas japoneses en el escenario (algunos llegados expresamente para la ocasión), la incondicional entrega de los flamencos de granada, siempre dispuestos a echar una mano, la presencia de otros músicos llegados desde Madrid o Inglaterra, la presentación siempre sabrosa de Curro Albayzín y de Naemi Utea vestida con kimono, a la japonesa, con toda la seducción a su alcance, Juan Santos del Eshavira como promotor...

…Así, el vértigo, como digo, ocupa mis días. Esta noche, entre otras cosas, hay otro par de festivales benéficos. El de Asprogrades, en el Teatro Isabel la Católica, y el otro es un espaldarazo al gran cantaor octogenario Manolo Osuna, en el Palacio de los Córdova. El sábado se satura en las peñas, tablaos y demás. Sólo hago mención sin embargo al último festival benéfico, por ahora (y van seis en poco más de un mes), para ayudar a los enfermos del Corazón, en el que nos deleitará Juan Habichuela Jr. (otro de nuestros grandes guitarristas) en el Teatro Municipal de Alhendín. Y, aunque sea semiprivado, informaré que en La Platería cantará Tomasa Guerrero Carrasco ‘La Macanita’. Esto es nada.

* Un campamento gitano cerca de Arlés, Van Gogh (1888).

Festival Flamenco a beneficio de Japón

Festival Flamenco a beneficio de Japón

Granada se suma a las iniciativas solidarias surgidas en toda España para ayudar a los damnificados del pueblo japonés

El próximo jueves, 12 de mayo, tendrá lugar un Festival Flamenco en el Teatro Isabel la Católica a beneficio de las víctimas del terremoto, tsunami y escape nuclear que viene azotando a la nación nipona desde el pasado 11 de marzo.

Resulta extraño que haya que ayudar a componer a un pueblo que se ha erigido por méritos propios en una de las mayores potencias del panorama internacional. Parece mentira que acudamos al eseoese de los japoneses cuando son ellos siempre los que prestan sus recursos a las naciones desfavorecidas. Pero es así. Ningún país, por preparado que esté puede escapar de los efectos de un terremoto de dimensiones extraordinarias, más sus réplicas; de un tsunami; y de un escape radioactivo, que amenaza continuar.

Como resultado se encuentra parte del país destrozado, bastantes afectados directamente, multitud de familias evacuadas de las cercanías del reactor nuclear (20 km. a la redonda), aguas y alimentos contaminados…

Ante todo esto, la población ha sabido afrontar el drama con una abnegación admirable. La disciplina y la entereza del pueblo japonés, la reacción cívica y la actitud valiente de los ciudadanos han sido un ejemplo para el resto del mundo.

Todas las miradas se han dirigido hacia el extremo oriente, todas las manos se han alzado por tamaño desastre, todas las conciencias se han removido sabiendo donde hay que tapar heridas. La ayuda internacional se ha puesto en movimiento. Países, instituciones y ONG se han volcado con la causa, como con otros problemas globales. Pero también la ayuda individual da sus frutos, entre ellos los flamencos. Desde hace bastante tiempo existe una hermandad tácita entre el flamenco y el pueblo japonés. Si a Madrid se le ha considerado la novena ciudad flamenca andaluza, Tokio sería la décima. Japón no sólo recibe y aplaude a los artistas que llegan de España, sino que muchos de los festivales nacionales están sustentados con público nipón. Es más, en el País del Sol Naciente, proliferan las academias de baile y de guitarra flamenca, incluso de cante, y se puede decir, sin lugar a dudas, que sus intérpretes son artistas de contrastada calidad.

En Sevilla, Madrid, Talavera, Sanlúcar… ya se han celebrado festivales flamencos de apoyo. El próximo día 12, la solidaridad parte desde Granada. Artistas japoneses, afincados en la ciudad, junto a flamencos locales, ofrecerán una velada solidaria rebosante de arte y flamencura en el teatro Isabel La Católica.

Hacer una relación de los artistas que participarán esa noche puede que canse tanto al que escribe como al que está leyendo esta nota. Baste decir que todas las puertas se han abierto y voluntariamente todos los flamencos, instituciones y particulares se han ofrecido a colaborar en el evento.

De cualquier forma, por mor de la noticia y para satisfacer la normal curiosidad del lector, destacaré algunos nombres. Al cante, por ejemplo, tenemos a Jaime ‘El Parrón’, Juan Pinilla, Pepe Luis Carmona o Sergio ‘Coloraito’; al baile: Juan Andrés Maya, Iván Vargas o Pilar Fajardo; y a la guitarra: Rafael Habichuela, Juan Habichuela Jr. o Josele de la Rosa.

También habrá espacio para otras músicas, como las percusiones de Rubem Damtas, la música árabe-andalusí de Jalal Chekara o el piano de Mai Kikuchi, entrando ya en la representación oriental, que se complementa con la flauta de Lara Ushijima, el violín de Maya Yoshida, o el baile de Eiko Takahashi, Aska Shoji, Eiko Watanabe. La presentación correrá a cargo de Noemí Ueta y Curro Albayzín.

La recaudación, tanto del festival como del aporte a una cuenta habilitada al efecto (0081 0085 66 002202029), irá a parar a la organización humanitaria Rotary-Club, que colabora directamente con la Cruz Roja japonesa.

En una charla con parte de los artistas japoneses que intervendrán en el festival, ante la pregunta sobre las esperanzas del concierto, respondieron que, aparte del imprescindible aporte económico, es necesario remover las conciencias sobre lo vulnerables que somos y el futuro incierto del hombre y la energía nuclear.

* Artículo publicado en Granada Hoy el 8 de mayo de 2011.

Un guitarrista de oro

Un guitarrista de oro

Mañana sábado, 7 de mayo, recibirá el joven guitarrista David Carmona la Insignia de Oro de la Peña de La platería, un galardón que ya han recibido Enrique Morente, Manolete o Juan Pinilla, por su relación con la peña y su compromiso con el flamenco.

David Carmona es un músico particular que, más pronto que tarde, se convertirá en un guitarrista esencial en el panorama flamenco andaluz. Desde 2005 forma parte del grupo de Manolo Sanlúcar, no sólo como segundo guitarrista, sino también como fiel heredero de sus formas y su manera de componer. Según el maestro: es el referente del futuro en la guitarra. Pero además, David cuenta con una frescura y una intuición sobresalientes que, unido a un incansable estudio y un ensayo permanente, lo sitúan para un futuro próximo en la cumbre de los músicos flamencos.

El año pasado obtuvo el Giraldillo en la XVI Bienal de Arte Flamenco de Sevilla como artista Revelación con un programa redondo y creativo que le ocupó hasta cinco años de su joven vida (los mismos que ha ido acompañando a Sanlúcar).

Mañana (hoy, si lo leen el mismo sábado) tendremos a David Carmona en concierto en la peña albaicinera, en su peña, que le entregará un reconocimiento de amistad y prestigio, con el que todos los flamencos nos que conocemos al santafesino sentimos orgullosos.

* Foto: Nono Guirado©.

Escuchando a Cobitos

Escuchando a Cobitos

Documental sobre Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’

Manuel Celestino Cobos, entre los aficionados granadinos, pasa por ser una leyenda de buenas maneras y facultades innegables que, sin embargo, no ha cruzado nuestras fronteras por decisiones personales (“siempre se preocupó más del prestigio y de su felicidad personal que de la fama”, explicó Miguel Ángel González) y por limitaciones de la época (tenia una voz siempre afinada y bastante estilosa pero muy delgada como para romper en escenarios abiertos sin megafonía).

Ahora, el martes pasado, dentro del programa Patrimonio Flamenco, La Diputación de Granada, a través de su oficina Granada Universo Flamenco, ha realizado y expuesto el Documental sobre Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’ en Palacio de los Condes de Gabia.

A los 25 años de su desaparición, es de ley reconocer su figura y su alcance como maestro y guía de todas las generaciones de cantaores que han surgido detrás de él.

De esta forma se ha recuperado parte de su legado como cantaor y como persona. En una jornada intensa en la peña de la Platería, un puñado de artistas jóvenes (Juan Pinilla, Álvaro Rodríguez, Esther Crisol, Ana Mochón, Iván Vílchez ‘El Centenillo’ y Sergio Gómez ‘El Colorao’ y las guitarra de Luis Mariano y Antonio La Luz) han puesto voz a sus interpretaciones, demostrando que su estela sigue viva y en buena salud.

El documental, imprescindible, de difusión gratuita, dirigido sabiamente por el flamencólogo Miguel Ángel González, nos muestra el apreciable testimonio de Curro Albayzín, Curro Andrés, Francisco Manuel Díaz, el mismo González y Ana Hermoso, nieta de Cobitos, contemporáneos, amigos y admiradores del cantaor, que van desgranando, de forma distendida y familiar, las andanzas tanto profesionales como del día a día de este hombre, rico en anécdotas, elegante como el sólo, bromista, tan casero como callejero y censor de guitarristas, a los cuales dirigía y sancionaba con una mano impertérrita en el muslo.

Un río de agua dulce

Un río de agua dulce

Flamenco Viene del Sur

Otra propuesta arriesgada. Después de algún rodaje, desde su estreno en el XIII Festival de Jerez (2009), Ángeles Gabaldón nos trae una fluida propuesta a través de la historia del Guadalquivir, “un paseo flamenco por el Río Grande andaluz”. En principio, la idea es sabrosa y llena de posibilidades que, sin embargo, no llega a enganchar. El minimalismo corre el riesgo de convertirse en algo insustancial.

La bailaora sevillana comienza en el suelo, vestida de tierra. El río se despereza y ella, cercana a lo contemporáneo y al clásico español, va desgranando unos albores de la historia que acaban por levante. La música también es esquemática y el sonido del agua evidencia un protagonismo agradecido. Para la segunda pieza, el guitarrista Raúl Cantizano, tañe la zanfoña con habilidad. Es el momento de wadi al-Kabir de Al-andalus que Ángeles retoma cercana a la danza del vientre, recordando los años que ha trabajado con la Orquesta Chekara. Sin embargo, resulta demasiado larga, repetitiva, monótona, esta segunda entrega, como la del principio. Aciertos puntuales aplaudimos, como el vuelo del mantón y algú otro estilismo. Alicia Acuña, valiente, salta a pie de escenario y canta en árabe. Esquema que pierde todo aliciente, pues se remeda a sí misma varias veces durante el espectáculo, ya sea con martinetes, tonás o tanguillos. ¿Cuándo romperá la obra? ¿Cuándo llegará la raíz, el ritmo, el flamenco? ¿Cuándo la bailaora que levante el ánimo? Me temo que estas preguntas quedarán sin respuesta.

El momento más glorioso de la noche, sobre todo por la originalidad y el simbolismo, es el baile de un chapoteo en off. Gabaldón, con negra bata de cola, baila la cadencia y las salpicaduras del agua con una coordinación admirable.

Y, por fin, el río se desborda por tanguillos con sólo percusión de fondo. En Sevilla sólo quedan en pie “tabiques y puntillas”, donde la cantaora también baila un poquito. Es un buen intento que, como el resto de la función queda soso, denunciando definitivamente que el Guadalquivir es un río sin gracia, un río de agua dulce.

Para finalizar, el percusionista Antonio Montiel coge la trompeta e interpreta una pieza jazzística con un tempo lento (todo es lento), que la bailaora aborda con abanico, sacándole mil y un sentidos, en lo que podría tener aires de guajira. Grandeza que también se diluye en la parsimonia del erre que erre.

La coda final, ya atravesando el charco, en donde entendemos el Guadalquivir como puerta al nuevo Mundo, la guajira se hace realidad con el canto “Hasta siempre”, que el cubano Carlos Puebla le dedicó al comandante Che Guevara y popularizó Víctor Jara (cambiándole la letra, por supuesto).

* Foto de Félix Vázquez©.

Más solidaridad

Más solidaridad

Gala benéfica de la Asociación de Parkinson

Recientemente hablé del festival benéfico “Ayudemos a Carolina”, donde un grupo de flamencos se volcaba con su arte por una buena causa. Los problemas por desgracia se suceden y los achaques siguen ahí hasta la solución definitiva, si la hay, si se encuentra. Mientras tanto, colectivos e individuos, asociaciones y familiares, hacen lo posible (a veces lo imposible) para dar pasitos de esperanza.

Las enfermedades difíciles, las llamadas raras, el sida, el cáncer, el alzheimer, el parkinson… necesitan ayuda, precisan atención. Por no hablar de las guerras, los desastres naturales o el desarrollo sostenible (¿insostenible?).

Somos vulnerables y, querámoslo o no, sólo nos tenemos a nosotros mismos para retroalimentarnos con nuestro esfuerzo, para hacer la sombra de nuestro futuro un poquito más larga.

El sábado, 16 de abril, Fuensanta La Moneta se calzó vestido y tacón y acudió a la llamada de la solidaridad para apoyar a la Asociación de Parkinson de Granada; a pesar de estar recién llegada de Málaga, a pesar de haber estado dando un curso agotador durante varias horas al día.

Fue un espectáculo completo y entregado. No por ser altruista iba a ser simplemente de cumplido o de muestreo. Al contrario, la actuación fue redonda y agradecida. Incluso, el cuadro que la arropaba, salvo uno de los cantaores (Juan Ángel Tirado), llegaron de Sevilla para la ocasión. Así, Enrique El Extremeño al cante y los hermanos Iglesias, Miguel y Paco, a la guitarra, contribuyeron al éxito de la noche.

Lo de la noche es un decir, porque la función empezó a las 19,30 (tempranero para la ciudad de Granada) y acabó todavía con luz.

Para mí fue una sorpresa de gusto y emoción. A pesar de mi incondicional apego hacia esta bailaora, mi reconocimiento va ensanchándose como un mar de aceite y el estremecimiento que me produjeron sus intervenciones, sobre todo la soleá, no lo había experimentado desde hacía bastantes meses.

Un comienzo por granaínas sirve para establecer sus distancias. Ya no es una bailaora impetuosa (o no sólo eso). Ahora es reflexiva, llena de silencios, de propuestas y sugerencias. El tacón golpea en su momento y la punta rasguea la escena puntosuspenseando un todo armónico. Los pies no son la base, sino un complemento, que, junto a las manos, los hombros y las caderas, están supeditados a los ojos, que no son más que los carbones encendidos del pensamiento del arte puro que esta granadina destila.

Entre baile y baile, los músicos introducen algunas piezas como para asegurar la respiración. Desde los abandolaos primeros, incluyendo los fandangos lucentinos y los de Frasquito, hasta los martinetes finales, que comienzan con un preciosista cante de trilla, toná y martinete.

La segunda entrega de La Moneta es la soleá anteriormente aludida. Una soleá densa y concentrada, con un tempo lentísimo y lleno de razón, donde la bailaora escucha y baila cada nota, cada eco, sin ocultar nada, porque quien rebosa verdad no tiene nada que esconder.

La farruca, que aborda con pantalón y chaqueta corta, y la seguiriya, con la que se despide, aunque conocidas de otros escenarios, son igualmente eficaces y agradecidas. El mejor momento de la temporada, como digo, después de asistir a bastantes espectáculos.

* Foto de Ana Palma en el Festival de Jerez 2009 para deflamenco.com

Para que Carolina sonría

Para que Carolina sonría

Festival Flamenco "Ayudemos a Carolina"

Muy a menudo, cada vez que vemos los diarios o leemos las noticias, nos echamos las manos a la cabeza lamentando los vuelcos e injusticias de los hombres y del destino. Muy a menudo, sin embargo, nos cruzamos de brazos diciéndonos que no podemos hacer nada desde nuestra distancia, desde nuestras limitaciones.

Pero el mundo sigue girando inevitablemente con sus espinas, pero también con sus pétalos. Es nuestro deber cuidarlo para nuestros hijos. Es nuestra obligación dejar todo un poquito mejor de lo que lo encontramos.

Cada uno, según sus posibilidades, algo puede aportar, aunque sea preocupándose, firmando o colaborando. Todos vamos en un barco, que se llama planeta Tierra, y si se hunde, por catástrofes, guerras, atentados, epidemias…, todos nos hundimos con él y se hará realidad esa pintada que ilustraba una boca del metro de Nueva York: “Se suspende el futuro por falta de participantes”.

Las peticiones de auxilio son muchas. La solidaridad a veces se halla con cadenas. Sencillamente, por imposibilidad física, económica, social, no podemos volcarnos con todas las causas. Cada uno que se mire por dentro.

El miércoles pasado hubo un festival benéfico, en el teatro Isabel La Católica, a favor de una niña de cinco años, llamada Carolina, que tiene que ser operada de la vista en Estados Unidos. Los flamencos siempre responden a estas llamadas y, de forma altruista, por supuesto, prestaron su arte y su saber para el desarrollo de este encuentro en el teatro que, por suerte solidaria y aficionada, estuvo lleno.

Quise aportar mi grano de arena y colaboré en la presentación, junto con José Manuel Rojas y Antonio Vallejo, promotores de festival. Y los artistas, entre gitanos y castellanos, dieron el cien por cien de su voluntad y buen hacer, en apoyo a la causa.

Abrió la noche Fita Heredia, con su gracia festera y su voz canastera, y, con Josele de la Rosa, a la guitarra, hizo un tema a ritmo de fandangos y unas bulerías con su pataílla añadida, como marcan los cánones. Juan Pinilla, el único payo entre los cantaores, y con el mismo guitarrista, interpretó una zambra dedicada a Caracol y unas alegrías muy a su estilo, que se asoman al estilo de Calixto Sánchez.

El color del baile, para que la noche fuera completa, lo aportó la familia Vallejo, junto con la Escuela Municipal de Flamenco de la Zona Norte, haciendo un alarde de fuerza y raíz.

Jaime Heredia ‘El Parrón’, con su elegancia innata y su voz afillá, nos regaló una soleá y unos fandangos, arropado con la guitarra de Rafael Fajardo. Manuel Heredia, también con Fajardo, propuso malagueñas y abandolaos de Granada y bulerías, donde impuso su dominio del cuplé, acordándose de las de Utrera, de Bambino y de Manuel Molina.

También quiso estar presente, después de una delicada operación, Pepe Luis Carmona. Cantó soleá y fandangos, junto a la guitarra de Isidoro Pérez, presidente de la Federación de Peñas granadinas.

Para terminar, la guinda al espectáculo la puso el nieto de Juan Habichuela, que, con rondeñas y bulerías, sembró la noche de ecos sonanteros.

* Pepe Luis Carmona y Jose Manuel Rojas (foto IDEAL).