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Flamenco

Zapatilla y tacón

Zapatilla y tacón

Flamenco Viene del Sur

Una sorpresa plástica y llena de color fue la propuesta de Rubén Olmo y su compañía el lunes pasado en el Teatro Alhambra. Su nombre, Tranquilo alboroto, es un acierto. La ambigüedad de ese nombre le viene como anillo al dedo al flamenco en general y a este espectáculo de baile en particular.

Estuve a punto de asistir a su estreno en la Bienal de Sevilla, pues coincidió que estaba en la ciudad hispalense para ver a David Carmona, pero por confusiones que no vienen al caso, no pude verlo. Desde ese momento me llegaron alabanzas y parabienes desmedidos de la función. Su éxito, unido al ‘Giraldillo’ al mejor montaje, hizo que fuera a verlo con grandes expectativas y con el espíritu abierto a la suprema creación.

Sin embargo, mis ganas se diluyeron, no por la efectividad y la redondez del espectáculo, sino por su ausencia de novedad, por su abuso de la danza clásica y la música en off y por algún número prescindible.

Rubén Olmo, con una técnica y una plasticidad increíbles, encierra el espectáculo en sus zapatillas de ballet. Dividido en siete escenas de distinta intensidad, Tranquilo alboroto se alargó más de lo deseado. Una presentación clásica sirvió para presentar al protagonista y adentrarnos en su mundo de luz y color. El manido ensayo fue la segunda propuesta, donde apreciamos las bondades del flamenco en el cuerpo de baile. El comienzo de la saeta popular que popularizó Machado “Quién me presta una escalera…”), interpretada gloriosamente por El Rubio de Pruna en forma de toná, introduce un tema nazareno, pasional, sevillano, donde Olmo es penitente y sufridor y crucificado. (En representaciones anteriores, esta escena, con banda en directo de cornetas y tambores, parece que fue estremecedora.)

Fuera de lugar me pareció una especie de homenaje a Manuela Vargas, remedando sus maneras con Rubén por mirabrás con el rostro en penumbra. Cuando acabó, un foco iluminó su cara evidenciando que era él. Muchos otros han roto vistiéndose de mujer con anterioridad y con más sal. El recuerdo hubiera ganado si es una de las bailaoras quien lo realiza, aunque le hubiera restado efecto.

Lo mejor de la noche, para levantarse y no parar de decir ole, es una Falsa farruca, montada por Israel Galván para el momento sobre el sonido de la gaita de Rubén Díez (aunque Rubén Olmo le impone su marca y condición sobresalientes). Su redondez y al mismo tiempo sus movimientos quebrados, su asimetría, su frescura y su provocación son simplemente geniales. También descubrimos, como precedente, las bulerías de Inma ‘La Carbonera’, retozando en el cuplé.

La sexta escena es un paquete flamenco, que corre a cargo de toda la compañía (bien por los músicos). Empiezan por Huelva y terminan por tangos. Una seguiriya, que baila la granadina Patricia Guerrero, es muy aplaudida con toda razón. La guajira es de una belleza conmovedora y los jaleos ricos en pasos y propuestas. Sin embargo, el diez de estas piezas breves, se lo lleva Justo Salao, diseñador del vestuario de mujer.

Para terminar, Rubén levanta El vuelo con mantón multicolor en pieza recordable.

El concepto de Juan Andrés Maya

El concepto de Juan Andrés Maya

West Side Story

Lo que más me gustó fue la idea. Un montaje flamenco para estrenar en una sala de fiestas (disco-pub) que fuera dinámico, enraizado y reconocible, qué mejor que una adaptación del gran musical West Side Story (1961), traducido al castellano como Amor sin barreras (¿?).

Juan Andrés Maya tiene un concepto de la coreografía bastante popular, al alcance del espectador más básico. Es dramático y visceral. Una vasija llena que con un par de gotas rebosa de creatividad.

Capitanea un barco en el que cada tripulante tiene su papel (a veces comprimido) y lo exterioriza para mostrar una cubierta impecable, aunque los camarotes estén desordenados y del medio casco sea sentina.

Como resultado, un espectáculo propio y divertido, a medida, que rellenó la noche de sugerencias encontradas. Una función basada en la tradición Maya de arrebato y zapateo vertiginoso. Una obra cuajada de individualidades claramente destacables.

Una pincelada de erotismo, una algarabía global, la tragedia conocida, los finales interminables, la voz desgarrada de los cantaores, la rabia manifiesta… hacen un conjunto delicado que, sin embargo, le hace falta rodaje para lograr la entidad a la que Juan Andrés nos tiene acostumbrados.

La historia es conocida. El argumento está basado en la historia de Romeo y Julieta o en la de Montoyas y Tarantos, pero adaptada a los tiempos modernos y bajo el prisma del coreógrafo.

Desde bulerías, alegrías, tangos y levante anda el juego. Destacan sin embargo la farruca de Iván Vargas, reflejo de Manolete, la soleá de Juan Andrés, con sus pronunciados golpes de efecto y unas bulerías de grupo con momentos personales.

En las pantallas que rodean la sala, fotogramas escogidos de la película original, centran la atención ante una propuesta que se difumina.

* Fotograma de la película de 1961.

La guitarra sideral de Juan Carlos Romero

La guitarra sideral de Juan Carlos Romero

Flamenco Viene del Sur

Desde la soleá primera hasta la nana con la que acabó el concierto de Juan Carlos Romero se pudieron constatar varias cosas. Primeramente trascendió el oficio de buen guitarrista de este onubense. Seguidamente se puso de manifiesto su inclinación jazzística y la abundancia de notas, quizá de más. El recital, por otra parte, fue tan delicado e intimista que resultó frío en su conjunto, sideral en su distancia. Ni las piezas más ligeras, con ayuda del resto de los músicos, llegaron a caldear el ambiente.

Juan Carlos Romero, bajo el título genérico de La música, presentó el lunes en el teatro Alhambra su último trabajo Agua encendida, que ha sido reconocido recientemente por la crítica nacional como el mejor disco de guitarra flamenca de 2010.

Unas bulerías sirvieron para presentar a la cantaora, Carmen Molina, a la que vimos acompañando a David Carmona en la Bienal de Sevilla del pasado año. También se hizo acompañar de la segunda guitarra de Paco Cruzado, que tuvo realmente poco protagonismo; del violín de Alexis Lefevre; del percusionista francés Tino di Geraldo, que ha colaborado con algunos de los grandes; y del cantaor José Valencia, uno de los mejores exponentes del cante atrás (y con el hueco asegurado alante), que nos sorprendió moderando la voz más que de costumbre e inclinación fónica a Terremoto.

Pieza de encaje fue sin lugar a dudas Agua encendida, a ritmo de soleá, que le da nombre al disco, dedicada a su mujer y su hijo. Después recordó con gran sentimiento a Enrique Morente y después, con Campana del Alonso, unos fandangos de Huelva, muy seguiriyeros, de su disco Romero (2004), rindió homenaje a su paisano Paco Toronjo, donde tomaron protagonismo Carmen Molina y Alexis Lefevre. También de este segundo trabajo haría alegrías.

Efectivos también fueron el tema libre Portaillo del zapatero, con aires de Cádiz y su delicada y breve Nana del sur, en recuerdo de su madre.

Como bis, fuera de programa, con todos los músicos en el escenario, interpretó un tanguillo de Azulejo, primera grabación en solitario, de 1997.

West Side Story por bulerías

West Side Story por bulerías

Musical flamenco de Juan Andrés Maya

Hoy hace dos años que desapareció Chano Lobato, el gran Chano, el ‘tito’ Chano. No quería escribir nada hoy, 5 de abril, sin acordarme del maestro gaditano de la gracia y el compás, último representante, junto a Pericón o El Beni, de esos fabuladores flamencos que añadían sal a espuertas en cada uno de sus recitales, capaz de meter por bulerías el aire de levante, según Antonio Murciano.

Se me vienen a la memoria un puñado de anécdotas de este cantaor imprescindible en la segunda mitad del siglo veinte y comienzos del veintiuno, pero será otra ocasión en la que comparta estos impagables recuerdos.

Ayer, al filo del mediodía, me llamaron para ver los ensayos del último musical flamenco de Juan Andrés Maya y su estreno esta noche en la sala de fiestas del Forumplaza (donde el restaurante giratorio).

No hay que insistir mucho. Donde se me requiere, si no me es imposible, allí estoy.

Me sorprendió que el local en realidad fuera una discoteca, que la obra fuera el clásico West Side Story, que parte del sonido fuera en off, que su estreno fuera un martes a altas horas de la noche…

Después, a la salida del ensayo, ante una cerveza, Juan Andrés me dedicó unas explicaciones.

La obra en realidad es casi un encargo. Los gestores de la discoteca querían algo más ligero, que se ajustara un poco al espacio, y no un flamenco tan puro y tan cerrado. Como resultado, bajo la perspectiva de Juan Andrés y el tiempo en el que vivimos, tendremos algo más moderno, que aprovecha algunos de los cortes del musical, como América, América o algún tema más de cabaret que bailan sobre la barra.

Aparte, algunos temas propios, se han compuesto basándose en la historia, como una fresquísima bulería, una farruca (Iván Vargas), una soleá “un poco más moderna” (Juan Andrés), alguna balada flamenca o temas plenamente jazzísticos.

Otro de mis temores era el lugar. Si una discoteca era el sitio apropiado para presentar una función flamenca. Anteriores espectáculos, me dicen, se han realizado con éxito, con un silencio y un respeto entre el público asombrosos.

Con esta obra, el bailaor y coreógrafo granadino se embarca nuevamente en una crónica de amor, uno de sus motivos, después de El fantasma de la ópera que bien mirado es otra historia de amor.

Para la función cuenta, como es habitual, con sus familiares (Rafi, Iván, Alba, Rocío, Eli, Estela…), con el guitarrista Pepe Maya ‘Marote’ y con el cantaor Juan Ángel Tirado, con quien hacía tiempo que no contaba.

Antes de acabar, pregunta obligada de entrevistador, me interesé por futuros proyectos. Además de mover sus últimos montajes como El fantasma de la ópera o La pasión de Cristo, contratadas en Italia, tiene pensado hacer un trabajo sobre Elena Martín Vivaldi… y hasta aquí puedo leer. No quiso desvelar nada más.

* West Side Story se presenta esta noche a las 23,00 en Forumplaza de Granada.

Distinto humor

Distinto humor

Dentro del extenso homenaje que le dedica la Diputación de Granada al maestro Enrique Morente, el martes hubo un recital semi improvisado de Chico Ocaña para rendirle su personal tributo. Digo semi porque en principio iba a venir la Joven Orquesta Zarabanda a ocupar la plaza y el músico de San Roque tan sólo iba a ilustrar con un par de temas el final de la velada.

Para bien o para mal, el solista de Mártires del Compás ocupó todo el espacio. Para bien, porque fue un concierto divertido, creativo y descaradamente fresco. Para mal, porque no pudimos ver a estos jóvenes recreando los cantes de Morente.

Antes de empezar, habría que tratar un punto peliagudo por no tener solución. La sala de conciertos del Palacio de los Condes de Gabia es pequeña, no llega al centenar de localidades. El patio que antecede al teatro se habilita con una pantalla, pero amplía el espacio quizá para otras cien personas, siendo generoso. Sin quererlo, estas propuestas se truecan elitistas pues, al ser gratuitas, siempre queda gente en la calle. Y no hay nada qué hacer. Y no se puede cambiar el invento. Quizá no sea el foro adecuado para determinados eventos. No sé.

Chico llegó con su humor gaditano, con su decir surrealista, con su pasada ironía. Como si tuviera que demostrar quién es. Como si tuviera que salpimentar a un público menos cómplice que a lo que está acostumbrado.

Como resultado, varios comentarios fuera de tono más que ganar adeptos, sirvieron para distanciar anhelos. Declaraciones sobre la mala follá granadina, sobre la inutilidad de los críticos de flamenco o ligerezas sobre el desastre de Japón, lo colocaron en una posición que no pretendía.

También tuvo palabras elogiosas para el ronco del Albaycín y alguna anécdota personal que comulgó con el sentir de los presentes.

Por otra parte, el sonido andaba algo descompensado (las guitarras demasiado fuertes) y una voz rozada, con su aguardiente característico, terminó ahogada y más cercana a la casquería que a la holganza (cosas del directo y del atropello).

Todo el recital estuvo ilustrado con un montaje de repetidas diapositivas que se iban proyectando detrás de los artistas. Unas fotos sin sentido que, queriendo dimensionar el concierto, lo que hicieron es llenarlo de caspa y confundir las intenciones.

Acompañado por las espléndidas guitarras y las voces auxiliares de Chemi López y Marco Aguilar fue exponiendo temas de su último trabajo, Canciones de mesa camilla (Arena en el Reloj, 30 metros, CCC, Efervescente…) y otras de nueva creación como Tengo un pendrive, La fruta o la impagable Bécquer no quiero Bécquer, versionando el clásico de Los Amaya, después de haber confesado que la poesía del vate sevillano le había hecho mucho daño.

Terminó la velada haciéndose acompañar por el guitarrista granadino Ramón del Paso, cantando muy malamente las Alegrías sin sal, también del disco aludido, y remató con unas bulerías dedicadas a Morente y su libertad de pensamiento y creación.

El Vals de Natalia sirvió de bis en una noche que puso de manifiesto la efervescencia de un poeta urbano, surrealista y descarado, que supo levantar a un público algo frío.

Un final inesperado

Un final inesperado

II Concurso de Jóvenes Flamencos de la Diputación de Granada

La Diputación de Granada, cogiendo el testigo que dejó en su día Pepe Guardia, pero que alimentó también desde su tribuna Juan Bedmar e Inmaculada López, han apostado por fomentar el flamenco de la tierra desde la base, desde la cantera y la promoción, que se deduce desde el brote de los jóvenes artistas hasta el apoyo e impulso de las peñas de nuestra provincia. Desde su titular, María Asunción Pérez, esta institución ha creído en el flamenco, no sólo como fuente de vida, sino también como poso indiscutible de nuestra identidad como andaluces y su particularidad como granadinos.

Con esta visión, entre otras actuaciones (como la ayuda para la grabación de discos), se organiza un premio de promoción de flamencos incipientes en nuestro territorio. Este año se cumpliría su tercera edición si no se hubiera ninguneado incomprensiblemente el primero de estos concursos. O sea, entre finales de 2010 y principios de 2011 se desarrollan las semifinales y la final del “II Concurso de Jóvenes Flamencos de la Diputación de Granada”, en sus tres modalidades, cante, toque y baile.

Este sábado, 26 de marzo, coincidiendo con mil ofertas, tiene lugar la final de esta competición en la villa de Peligros, localidad cercana a Granada, en su destacado teatro Pablo Neruda.

La relación de los participantes y sobre todo de sus interpretaciones es lo menos ilustrativo, pero por mor de la constancia, daré paso a este listado.

En el apartado de guitarra intervinieron, Josele de la Rosa, interpretando tarantas y alegrías; Rubén Campos, rondeñas y soleá; y Jorge Espejo, granaínas y farrucas. Entre los cantaores concursaron Cristián Delgado, haciendo fandangos de Granada (aunque él dijo de Frasquito) y seguiriyas; Alicia Morales, con la soleá de Pepe el de Jun y Bulerías de Jerez; e Iván ‘Centenillo’, granaínas y seguiriyas. En la modalidad de baile, por último, compitieron Francisco Vílchez, proponiendo alegrías; Agustín Barajas, solea por bulerías; y María Sánchez, que se inclinó por levante, rematándolo por tangos.

Ni que decir tiene que cada bailaor trajo su cuadro (guitarra, cante y compás) y cada cantaor se arropó con su guitarrista que normalmente fue el de la organización, Ramón del Paso.

Como presentador ofició Juan Pinilla que hizo un alegato sobre flamenco, juventud y compromiso muy acertado. Y, mientras el jurado deliberaba, tuvimos las actuaciones de los premiados del pasado año, José Fernández a la guitarra y Lucía de Miguel al baile (Esther Crisol no pudo asistir por su avanzado embarazo), demostrando el acierto de su victoria.

Ser jurado de un premio siempre es delicado. Máximo si el nivel es alto. Máximo cuando juzgas la entrega total, la ilusión y posiblemente el espaldarazo de confianza para seguir avanzando con un mínimo de estabilidad.

Sin más demora, paso a relacionar los ganadores (“con un premio de 2.500 euros cada uno”). Como mejor bailaor, indiscutible, de la edición, el premio recayó en Agustín Barajas; Jorge Espejo fue el vencedor en el apartado de guitarra; y la modalidad de cante inexplicablemente quedó desierta.

Yo he sido jurado, no sólo de flamenco, sino de poesía, de cuento y de otras modalidades artísticas, y sé lo difícil que es, y sé lo mal que se pasa, y conozco el hilo tan fino que une un puesto con otro. Así no quiero juzgar a nadie y menos de tachar de erróneas algunas decisiones. Digamos que nunca llueve a gusto de todos y lo que otros ven yo no lo veo y que a veces los sentimientos nublan la vista.

Tan sólo, en un plano personalísimo, me gustaría hacer una reflexión basada en parámetros marxistas. A cada uno de le debe exigir según sus posibilidades y se le debe ofrecer según sus necesidades. Siendo éste un concurso joven, en el que se trata de alentar nuestro futuro, premiando el esfuerzo del que empieza, no entiendo cómo el capítulo de cante quedo estéril.

Estuve presente en el concurso, como cien, doscientos o trescientos más, y llevamos tiempo observando, escuchando y aplaudiendo las actuaciones y los logros de Iván, de Alicia y de Cristián y, si querer polemizar, permítanme que me asombre de su nulidad final.

Podría estar de acuerdo o no en el resultado de la votación, pero la ausencia de cosecha, después de haber abonado y regado y fumigado, me parece de un rigor desmedido.

Cabos sueltos

Cabos sueltos

Llegados a este punto, me doy cuenta que he ido dejando por el camino más de un evento que, habiendo asistido a su manifestación, no he podido reseñar. Si espero en hacer una crónica de cada uno de ellos, corremos el peligro de que caduquen en el tiempo y, sobre todo, en mi memoria, que tirita ya de tan delgada. Así, pretendo anotar los cuatro o cinco acontecimientos pasados que rondan por mi cabeza y pugnan por pronunciarse, aunque sea brevemente.

Pido perdón, no obstante, a los artistas referidos por no poderles dedicar una plana completa, que es lo que se merecen, y sin embargo que entren a formar parte de este batiburrillo coral, para poner al día este blog más cronológico de lo que me gustaría.

Mi retraso se remonta a una semana, pero llena de acontecimientos. En primer lugar, el jueves, 17 de marzo, pudimos ver en La Platería el baile desenfadado de Pilar Fajardo.

Para empezar, y para que cunda genéricamente, diré que, mientras el sonido ha mejorado sensiblemente, las luces de La Platería no le hacen justicia a los actuantes que allí se presentan, sobre todo a los que se dedican al baile. Llenan sus caras de sombras y su cuerpo de radicales claroscuros que castigan al artista a la planitud del blanco y negro.

Hacía tiempo que no veía a Pilar bailando por derecho y me gustó la perspectiva. Creo que coge un sendero bueno en el que debe profundizar. Su belleza innata colabora en un baile completo que implica desde la punta de los dedos alzados hasta el tacón. Sin embargo, no le vendría mal emprender un vuelo cercano y abandonar el vicio diario del tablao; ver nuevas propuestas; ampliar horizontes.

Fajardo bailó por levante, rematadas por tangos, como se está acostumbrando, y soleá por bulerías. Gusta su roneo en los cantes de Granada y convence su eficaz entrega.

Es de destacar, por otra parte, el solo que se hizo Sergio Gómez ‘Colorao’ en uno de los descansos de la protagonista. Fueron unos cantes de labor, sin guitarra, que encerraban el cante de siega y trilla, la temporera y una coda bellísima llamada aceitunera.

El viernes, en la misma peña, se presentó el libro Zambras de Granada y flamencos del Sacromonte de Curro Albayzín, con presencia e intervención, aparte del emocionado autor, de Manuel Pimentel, Pedro Benzal, Jerónimo Páez y Miguel Ángel González. Un libro imprescindible, único en su exhaustividad y precisión, escrito por el máximo conocedor del barrio y su paisanaje.

Tras los interesantes discursos y explicaciones, tuvo lugar una semi improvisada ronda de tangos con parte de los flamencos del Camino. Con temor de equivocarme, hago memoria y repaso el escenario recordando a los que bailaron que van desde el mismo Curro hasta su hermana Tere, Raimundo Heredia, Manolete, Juan Andrés Maya, Jara Heredia, Iván Vargas, Alba Heredia; cantando, Rafi Heredia, Antonio Campos y ‘El Centenillo’; y a la guitarra, ‘El Chonico’. Haciendo compás, también andaba Francisco Manuel Díaz.

Por esa presentación no pude ir al Palacio de los Condes de Gabia, donde se viene realizando el ciclo de Morente Trovador, donde cantautores recuerdan al maestro en su propio recital. Ese día, como digo, no pude ver a Juan Trova y sus sentidas propuestas, entre las que cantaría un poema mío que musicó hace ya algún tiempo.

Tampoco pude asistir a la actuación de Ana Mochón, con Antonio de la Luz a la guitarra, en la peña ‘Frasquito Yerbabuena’ de Cúllar Vega; ni cuando actuaron el sábado en la peña de Illora; ni este sábado que acudirán a ‘La Parra’ de Huétor Vega.

Siguiendo el programa, el sábado, estuve en ‘La Chumbera’ viendo a Rafaela Gómez y a Rafael Santiago ‘Habichuela’, en un flamenco muy de aquí, muy del monte. Rafael tiene un toque muy sacromontano y muy limpio, algo grave, representante indiscutible de la saga familiar. Rafaela pasa por ser una de las mejores cantaoras de atrás de la tierra. Alante tiene también sus cosas que decir, destacándose en el cuplé. A la percusión ‘El Moreno’, hijo de ambos, que a los postres se echó un bailecito con sus imperdonables zapatillas de deporte. Al baile, la infatigable Isa Vega con su apuesta visceral, a corazón abierto.

Después del pellizco gitano, en La Platería actuaba Adrián Sánchez, bailaor de oficio, arriesgado en su manifiesto y cuidadoso en el pago. Su juego de pies, técnica y versatilidad son admirables. Y, aunque el tablao se le quedaba chico, dio buena muestra de su trabajo. Entre el público bastantes de sus alumnos.

El domingo me agradó asistir al espectáculo De Sur a Zur. Un encuentro flamenco entre Andalucía y Sudamérica en el Apeadero. Propuesta novedosa, a la par que arraigada en las formas granadinas, de fresca formación. Al cante Mati Gómez, que también baila, con su reconocido eco flamenco y su templado paladar. Al baile Juana 'la Cilantro', que también canta, con regocijo en sus revueltas. (Esta bailaora actuará el sábado 26 en La Chumbera.) A la guitarra un preciso Rafael Soler, en la percusión la clave de Gustavo Reyes, al violín Andrés Pérez García el contrapunto necesario para aunar las dos orillas de charco, y al compás la sal precisa de Eva Manzano. Sus entregas fueron (que aquí sí tome nota), fandangos de Granada, granaínas, tientos-tangos, fandangos de Huelva. Tras este establecimiento andaluz, la sorpresa llegó por tanguillos, interpretando La Maza, un tema del cubano Silvio Rodríguez de su disco Unicornio de 1982. De aquí pasamos al tango argentino, con la aportación del violín, unas alegrías y unas bulerías como remate.

La idea está bien y la puesta en escena también. Quizá un poco verde todavía y falto de dimamicidad. Con unas cuantas más representaciones, la obra será dignamente exportable.

Estos días, como es lógico, no me he podido asomar a otros escenarios, que propuestas no faltan. El lunes, como saben mis lectores, viajé a Madrid, a la ceremonia de entrega de premios ‘Flamenco Hoy’ 2010 en el Teatro ‘Lara’; el martes presenté un recital de Poesía y compromiso, también reseñado en estas páginas, al cual volveré un día de estos; y el miércoles, o sea, ayer, me encontré en el Liberia cantando a Sergio ‘Colorao’, con ‘El Pirata’ a la guitarra flamenca, el guitarrista israelí Dan Ben Lior a la eléctrica y ‘El Cheyenne’ en la caja.

* Portada del libro de Curro Albayzín.

Entrega de los Premios Flamenco Hoy

Entrega de los Premios Flamenco Hoy

No voy a redactar el desarrollo de una ceremonia realmente espesa de palabras, aplausos y pasmosa parquedad. No es de mi interés comentar el desfile de galardonados que pasaron por la palestra para recoger su trofeo, en forma de placa grabada sobre metopa de madera, y sus palabras más o menos ensayadas; ni mucho menos los nombres de los galardonados, de los que di buena cuenta en el artículo anterior. Sí, sin embargo, deseo compartir algunos detalles que creo trascendentes.

Este año, 2011, se cumple la duodécima edición de esta entrega. Con más o menos presupuesto, con más o menos luces y lentejuelas, la Asociación Nacional de Críticos de Flamenco se reúne una vez al año para reconocer el trabajo de los artistas más destacados, según apreciación de los más de una cincuentena de miembros de dicho colectivo, en el año precedente.

La inmensa mayoría de los premiados, tanto en esta edición como en las pasadas, valora sobremanera este reconocimiento por venir de quien viene, de los que ven, analizan y evalúan el flamenco continuamente.

Es anecdótico que el artista, tan acostumbrado a los escenarios, sienta un nerviosismo evidente a la hora de recoger su placa y dirigirse al respetable. Como cuando ‘La Tremendita’ sube a por su recompensa al Mejor Disco de Cante Revelación.

Tácitamente toda la ceremonia estuvo dedicada a Enrique Morente. Comenzó proyectándose la última grabación del maestro para El barbero de Picasso, la obra de Borrachina. Estremecedor.

Después, algunos de los galardonados lo recordaron en su agradecimiento y le dedicaron el trofeo. Tales fueron los representantes del Centro de Arte Flamenco y Danza Española ‘Amor de Dios’ que recibieron el Premio de Honor de este año;  o Gerardo Núñez como Mejor Productor de Disco.

Me quedo no obstante con las palabras que dijo Blas Vega, destacadísimo flamencólogo, a la hora de conceder uno de los premios: “Morente es uno de los pocos genios que ha tenido el flamenco”.

Para terminar, me gustaría destacar la apostura de Marina Heredia, su elegancia y saber estar, en el momento de recoger su reconocimiento al Mejor Disco de Cante y el gran aplauso que cerró esta feliz velada.

Después, entre tanto crítico y fotógrafo, los protagonistas no se pudieron librar de un puñado de entrevistas, grabaciones y fotografías. Al posado de Marina llegué a los postres, cuando todos recogían, aunque quise llevarme un trocito en el móvil. Ella se dio cuenta. Ya distendida, vino a mí, regalándome la instantánea, movida e irregular, que precede estas líneas.

* La ceremonia de entrega de los Premios Flamenco Hoy tuvo lugar en el Teatro Lara de Madrid, el lunes 21 de marzo de 2011.

Marina Heredia gana el premio Flamenco Hoy

Marina Heredia gana el premio Flamenco Hoy

Marina es el mejor disco de cante editado en 2010, según la crítica nacional

Juan ‘Habichuela’ es la mejor guitarra de acompañamiento

La cantaora granadina Marina Heredia acaba de obtener el premio ‘Flamenco Hoy’ 2010 en la modalidad de ‘Mejor disco de cante’, que concede todos los años la Asociación Nacional de Escritores Especializados en Flamenco (a la cual pertenezco).

El tercer trabajo discográfico de la cantaora albaicinera, llamado simplemente Marina (del que hice una apasionada reseña), tras varias jornadas de reflexión, se ha alzado con el beneplácito de todos los que tienen algo qué decir de flamenco en nuestro país en periódicos, radios, televisiones e internet.

La Asociación reparte doce premios entre los flamencos más destacados en el año precedente. De esos doce galardones, la modalidad de cante, reflejada en una grabación, es el más prestigioso, buque insignia de dichos premios.

Durante un año se graban decenas de discos de cante flamenco. De esos trabajos, se terminan seleccionando tres, que pasan a una especie de semifinal. La votación última, a veces ajustada por la calidad de los cedés seleccionados, se hace pública mundialmente unos días antes de la entrega de premios.

Marina Heredia “competió” en la final con dos monstruos del cante, desgraciadamente desaparecidos. Tales fueron Fernando Terremoto, por el disco póstumo de su mismo nombre, y Enrique Morente, por su segundo trabajo recopilatorio, “Morente+Flamenco”.

Otros seleccionados en estos premios son: Mejor Guitarra de Acompañamiento, también el granadino Juan ‘Habichuela’, reconocido en el disco Entre viejos zarzales de ‘Cancanilla de Málaga’; Mejor Disco de Guitarra Solista, Juan Carlos Romero por su trabajo Agua encendida; Mejor Disco de Cante Revelación, Rosario ‘La Tremendita’ por A tiempo, después de competir con De la fuente de Esther Crisol; Mejor disco Instrumental, el pianista Abdón Alcaraz por Reykiavik, que también acaba de ganar el premio ‘Filón 2010’, en el Festival del Cante de Las Minas 2010.

El Mejor Bailaor ha sido Israel Galván, tras un reñido encuentro con Manuel Liñán y Marco Flores; y como Mejor Bailaora se reconoce a su hermana, Pastora Galván, que desbancó nada menos que a Rocío Molina y Olga Pericet.

El Mejor DVD es Coplas del querer de Miguel Poveda; el Mejor Productor de Disco es Gerardo Núñez por el disco Mezcle de María Mezcle; el Mejor Libro seleccionado ha sido Historia social del Flamenco de Alfredo Grimaldos; la Mejor labor de Difusión del Flamenco en medios “jondoweb.com”; y la Mejor labor de Promoción del Flamenco recae en la empresa madrileña ‘El Flamenco Vive’.

La ceremonia de entrega de premios ‘Flamenco Hoy’ tendrá lugar el próximo lunes, 21 de marzo en el Teatro ‘Lara’ de Madrid con la presencia de todos los galardonados y casi el centenar de miembros que componemos esta Asociación.

Esperanza y Granada

Esperanza y Granada

Flamenco Viene del Sur

La verdad es que lo recibimos con muchas ganas. El cante desnudo de Esperanza Fernández, después de algunos días de experimentación, cayó como agua de mayo. Sus “Raíces del alma” fueron un recorrido sentimental por la vida de la artista y su continuo agradecimiento a la ciudad que la acogía.

Su acierto y obstáculo fue al rodearse por dos guitarristas de Granada. Su inseparable Miguel Ángel Cortés, con el que lleva ya una década, con su sonido contemporáneo y seguro; y el nuevo valor de David Carmona, con un sonido trabajado y flamenquísimo. Sanlúcar destilado. El soniquete fue tan grandioso (de ahí su acierto) que la cantaora debía sobreponerse a cada instante (de ahí su error).

Por lo demás, un recital redondo, completo, a su medida. Una velada sabrosa, a pesar de los momentos desafinados y el exceso de grito, que comenzó valientemente cantando a capela la Nana de los Luceros de David Peña Dorantes, al que le dedicó el primero de sus sentimientos. Su eco flamenco es reconocible y su presencia, vestida de blanco asimétrico y fular coralino, rotunda.

Para la soleá, con solo compás (José Manuel Ramos y Jorge Aguilar), homenaje a las de Utrera, necesitó que una guitarra escondida le diera el tono varias veces.

Miguel Ángel comenzó unas seguiriyas rítmicas, a su estilo, planeando con riquísimos arpegios para retomar el punto clásico necesario para que Esperanza, vestida de mar, con bata de ola, dejara su cante gitano; para continuar buscándose con las cantiñas del Pinini, ya acompañada por los dos guitarristas.

En el ecuador del espectáculo, evocó la figura de Morente, diciendo que fue él quien creyó en ella, en el año 84, cuando todavía era la 'Niña de Curro Fernández'. Esta oportunidad vino asociada con el mundo de lo clásico. Quiso interpretar un tema del compositor Joaquín Nin apoyada en un gran armazón guitarrístico. Uno de los momentos más bellos de la noche que remató con una gavilla de abandolaos de diferente factura, asomándose a Huelva y llegando al culmen de la valentía con los fandangos de Frasquito, haciéndole un guiño a la ciudad.

Miguel Ángel Cortés, apoyado por la caja de Aguilar, interpretó a solas un aire de fiesta de gran categoría esperando a la cantaora que retomó la bulería con Manolo Reyes, que ya grabara en su disco Recuerdos de 2002.

El himno de los gitanos, Gelem, gelem, sonó ceremonioso y espectacular con los arreglos de guitarra de David Carmona.

El remate de la noche desembocó plenamente en el terreno de la artista y su barrio de Triana. Los tangos del Titi fueron poderosos. Las guitarras, que inevitablemente se asomaron al Camino, espectaculares. Las bulerías “arremansás” de Lebrija, con su poquito de cuplé y su poquito de baile y su pizquita de sal, fueron la mejor guinda para un concierto recordable.

* Foto de Paco Sánchez©.

Un verano para quedarse en casa

Un verano para quedarse en casa

No me refiero a la crisis, que cae recia, sino a la oferta flamenca de este verano, de la que ya tenemos un sugerente anticipo.

En junio, para poner un punto de partida, comienza nuestro periplo. Aparte de las últimas representaciones en las peñas (La Platería, Luis Habichuela, la Parra o Frasquito Yerbabuena) y los coletazos finales de la fiel Chumbera (todos los sábados hasta el 25 de junio), comienza el Festival Internacional de Música y Danza como los Reyes Magos, o sea, cargadito de regalos.

El domingo 26, tenemos la actuación de Estrella Morente, en el Palacio de Carlos V, con toda su carga emotiva, la cabeza bien en alto y el testigo bien sujeto.

Y, ya metiéndonos en julio, el martes 5, en el Teatro Isabel la Católica, contaremos con la presencia de Rocío Molina. Recientemente galardonada con el Premio Nacional de Danza 2010, que expondrá su reconocido trabajo Oro viejo.

Por último, el siguiente martes, Eva Yerbabuena, con su Ballet Flamenco, en el Teatro del Generalife estrenará la obra Federico según Lorca que se mantendrá en cartel durante todo el mes de agosto en el ciclo conocido sobre Lorca y el Generalife.

En julio también comienzan Los Veranos del Corral, que presenta su décimo tercera edición, un encuentro cuidado, intimista y grandioso, tanto en formato y tratamiento como en contenido. Este año está dedicado exclusivamente al baile joven, tal y como empezó. Razones presupuestarias han redundado en este “recorte” que, particularmente prefiero, pues los programas dobles (pues siempre debía haber baile junto con la guitarra o la voz) a veces se alargaban en demasía, desvariaban la intención o evidenciaban su diferencia cualitativa.

Belén Maya inaugurará este patio, el lunes 18, seguida por Isabel Bayón al día siguiente. Mercedes Ruiz actuará el miércoles 20 y Rafaela Carrasco el jueves 21.

La siguiente semana, de lunes a jueves, intervendrán Manuel Liñán, Patricia Guerrero, Milagros Menjibar y Concha Jareño.

En agosto, continuando con el Corral, veremos las propuestas más jóvenes. El lunes, primero de mes, abrirá camino la onubense María Canea; el martes le toca el turno al sevillano David Coria; el miércoles el catalán Nacho Blanco; y el jueves a los granadinos Raimundo Benítez y Agustín Barajas.

En la última semana, del 8 al 11, conoceremos un Certamen de jovencísimos del Instituto Andaluz de la Juventud; a La Chone; a Marco Flores; y, para cerrar a Fuensanta La Moneta, como sello indiscutible de esta casa.

Aparte de esto, tendremos las propuestas del FEX, las de cine y los recitales flamencos y de fusión del Museo-Cuevas del Sacromonte, los distintos festivales de la provincia y los cursos exclusivos que oferta el Carmen de las Cuevas, con profesores de reconocido prestigio: Rocío Molina (del 18 al 22 de julio), Mercedes Ruiz (del 25 al 29 de julio), Adela Campallo (del 1 al 5 de agosto) y Manuel Reyes (del 8 al 12 de agosto).

* Cartel de Los Veranos del Corral 2011, elaborado por Nono Guirado©.

Ópera prima

Ópera prima

“Venero”, proyecto discográfico de Álvaro Rodríguez

Venero viene de vena. El Diccionario de la Real Academia recoge su entrada como manantial de agua en primera acepción y como tercer significado es el origen y principio de donde procede algo.

Venero se llama el primer trabajo discográfico del cantaor orgiveño Álvaro Rodríguez. Un disco minucioso y arriesgado. Una carta de presentación para el momento y un proyecto de futuro.

Da la casualidad, la experiencia así lo demuestra, que los cantaores granadinos tienen una doble labor, una doble exigencia heredada. En primer lugar es necesario demostrar sus dotes y facultades, tanto de voz como de oído. Por otra parte, se impone el requisito de evidenciar el alma y sobre todo una cabeza bien amueblada.

Empezando por Morente, pionero en estas lides, que, según Gamboa, sabe lo que canta y no se limita a cantar lo que sabe, hasta las últimas grabaciones locales que han llegado a mis manos, como pueden ser los trabajos de Marina Heredia o Esther Crisol.

Es un salto al vacío sin conocer de primera mano si hay red que amortigüe la caída, es una operación a corazón abierto, es un desnudo público preso de todas las miradas.

Venero es un disco valiente donde Álvaro se traspasa. No sólo hace lo que sabe hacer, sino que, como el actor que se cambia de ropa rápidamente entre escena y escena, afina y afila cada corte del cedé como si fuera el único tema por el que va a ser conocido.

Con el asesor Sergio Cuesta rebusca cantes y compone letras: con el guitarrista Rubén Campos, “alma del disco”, arregla ritmos y propone músicas que vuelan libremente mientras un hilo imprescindible las aferra a la raíz.

Como resultado, nueve cantes que conforman no sólo un disco, sino toda una declaración de intenciones. Comienza con unos tangos pegadizos de factura propia. Rescata a continuación unos cantes de molino que escuchó a su abuela, con acertados arreglos. Aplaudo también en este cante los coros de Sergio Gómez ‘Colorao’ y José Cortés ‘El Pirata’, que pueden pasar como algo marginal, pero que le imponen una dimensión orbital, como después veremos en el remate de la seguiriya, en los tangos o en las bulerías.

Se declara morentiano en las alegrías y en el resto del trabajo hasta llegar expresamente a la soleá, a compás y sin guitarra, con la que se cierra el disco dedicada “Al maestro Morente”. Sólo este tema bastaría para encumbrar a este cantaor en las referencias inexcusables del cante actual granadino.

Las granaínas, de Bernardo el de los Lobitos, juegan a ser clásicas, pero se asoman a las costas de Málaga y se abandolan en la segunda parte abriendo la estructura a nuevos aires fandangueriles. Es reconocible y agradecida la guitarra clasicista de Ramón del Paso.

Personalmente, sin embargo, me quedo con las seguiriyas que marcan el ecuador del disco, ortodoxas en su concepto, pero con ese soniquete morentiano, tan extendido como eficaz, que las acercan sin discusión a todos los paladares.

Otra sorpresa es el romance de Zaide, que cantara con afección tonal el ‘Chozas’ de Jerez y otras propuestas mairenistas. Álvaro se hace acompañar por un toque de fiesta y liga los tercios ofreciéndola como un producto contemporáneo.

Las bulerías tienen un fresco concepto musical, uno de los logros de Rubén, donde se aporta una guitarra eléctrica, como en los tangos apareció el contrabajo de  Cuni Montilla. Y los fandangos, que le dan nombre al disco, quizá demasiado arcangelianos, tienen ese aspecto coral con que nacieron los de Huelva.

Por último, debería mencionar las percusiones exactas y respetuosas de Miguel ‘Cheyenne’ y Manuel Vílchez; el zapateado de Rocío Cabrera en las alegrías; y los jaleos y palmas de Antonio Gómez ‘El Turri’ y José Cortés ‘El Indio’.

* “Venero” se presenta este viernes, 11 de marzo, a las 20,00 horas en el Palacio de los Condes de Gabia. La entrada es gratuita.

Un paso más en el vacío

Un paso más en el vacío

Flamenco Viene del Sur

La belleza sin igual de las escenas de Questcequetudeviens?, que podíamos traducir ¿Cómo te va?, no ocultan lo enigmático de una obra marginal, bien alejada del flamenco. La Compagnie 111, dirigida por Aurélien Bory, hace un trabajo minucioso e intimista, cargado de oníricos golpes de efecto que embelesan tanto como difuminan el norte.

El lunes pasado, salí del Teatro Alhambra con una satisfacción encontrada. Por un lado, una función de impecable factura saturaba mis sentidos. Por otro, el foro inapropiado para presentar esta obra llegaba a desorientar.

Y van dos. Flamenco Viene del Sur comenzó ajeno y prosigue aferrándose con alfileres a lo que se entiende como flamenco. Sin embargo, vuelvo a decirlo, este espectáculo en otro contexto habría arrasado.

¿El problema cuál es entonces? El problema sigue siendo el de siempre: no se puede vender el ensayo y la vanguardia, la experimentación y el virtuosismo contemporáneo (o no exclusivamente), en un ciclo donde debe prevalecer el flamenco de raíz. ¿O no? Quizá debamos cambiar el concepto y hablar de que el flamenco crece con la vanguardia final.

Era normal, aunque no justificado, nunca justificado, el comentario del público durante el espectáculo. Un personal tan sorprendido como decepcionado que, a los postres, como digo, se llevó una gran impresión.

El anuncio de la obra estaba calificado desde un primer momento como danza contemporánea, así sabíamos prácticamente a qué atenernos. La bailaora Stéphanie Fuster, con una buena base y una plasticidad admirable, lleva el peso de un espectáculo más hermético de lo deseado. José Sánchez, a la guitarra, mantiene un ritmo constante, a veces monótono, con un tempo laxo. Alberto García, desgrana una seguiriya durante toda la velada que impone el pulso dramático del argumento hasta terminar, según el programa, con el “auto-sacrificio auténtico” de la bailarina (pues la llama bailarina no bailaora).

El comienzo es lento y desconcertante. Fuster, con un vestido rojo exento a su persona, interpreta el reiterado latido de la guitarra, con momentos sorprendentes y otros próximos a la contorsión. Acaba con el vestido como peineta, como gran paso procesional, al que una saeta lo ilustra.

Un camerino, como bungalow de fábrica, cobra protagonismo, en el que Stéphanie, de calle comienza sus ensayos. Es una escena repetida, que ya hemos visto en Belén Maya, Isabel Bayón o Rocío Molina, pero nunca desde fuera, como simples espectadores de un teatro en el teatro, lo que le imprime un carácter más encorsetado.

Mientras suenan alegrías y bulerías comienzan los estiramientos y las posturas frente al espejo, hasta llegar a un zapateado frenético donde la cabina se convierte en sauna y se va llenando de vapor. Una vaharada que se va condensando a la par que ella juega con la luz y las sombras, con el azogue y con el cristal empañado que nos da la cara y la huella de su impronta esférica.

La seguirilla, siguiendo repertorios de Carmen Linares, se irá descomponiendo hasta el final. Advertimos un buen timbre y una voz melodiosa, con su pellizquitos, en la persona de Alberto. Más dificultoso “bailando” a su vez con el guitarrista en las sillas de ruedas como de escritorio. Interacción que, francamente, se podían haber ahorrado.

Toda la parte final es apoteósica. Del camerino/sauna empieza a salir agua llenando un pequeño estanque donde la protagonista interpreta las seguiriyas. Entre el chapoteo y las salpicaduras se crean momentos de verdadera hermosura, reforzado por el reflejo de la bailaora en la charca y el taconeo amplificado y el juego de luces, que no nos queda más que aplaudirlo de principio a fin.

Todo se va amortiguando, se va apagando, va “muriendo”, con una toná, con ella tumbada exhausta en el charco donde el cisne cantó.

…como en el cielo

…como en el cielo

Misa flamenca en homenaje a Cobitos

No deseo hacer una crónica ni balance ni mucho menos crítica de la misa que se ofreció ayer, 5 de febrero, en homenaje a Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’, en la iglesia de San Pedro y San Pablo, a los 25 años de su muerte. Tan sólo quiero insertar un apunte para dejar constancia del suceso.

Manuel Celestino, aunque nacido en Jerez, fue un cantaor Granadino por derecho y adopción. De voz menuda, pero con muchísimo gusto y siempre afinada, a él se le debe entre otras cosas la adaptación de la soleá apolá, originaria de Triana, que cantaba Antonio Silva ‘El Portugués’ y ha trascendido como soleá de Granada.

Su familia inmediata, sus nietas, sus compañeros, granadinos de origen, han promovido, con ayuda de la Federación de peñas y otros amigos del flamenco, un discreto reconocimiento a uno de los más grandes flamencos que ha dado esta tierra, lamentablemente con menos trascendencia de la que se merece.

La iglesia estaba llena de flamencos y aficionados, algunos compañeros directos del maestro Cobitos, la familia en pleno y cinco cantaores (Curro Andrés, Arturo Fernández, Juan Pinilla, Ana Mochón e Iván ‘Centenillo’) y dos guitarristas (Francisco Manuel Díaz y Antonio de la Luz).

Ilustrativa, parca, respetuosa y notable fue la intervención de este grupo de artistas locales, con una intervención puntual cada uno en la salve (soleá apolá), el padrenuestro (campanilleros) o la paz por tientos.

Una belleza marginal que habría que promover, tanto como su grabación, que hace años que no aparece ningún disco con esta apuesta. Recuerdo, a voz de pronto, la de Morente en 1991, la de Paco Peña en 2000, la de Arrebola en 2005 o la de Fosforito en 2006 (reedición).

Como anécdota, digna de mención, aparte de que fui con mi niño (que no se aburrió demasiado) fue que el sacerdote, después de los dos primeros cantes, siguió diciendo la misa con un ritmillo acompasado, proponiendo su salmodia particular.

* Fachada de la iglesia de San Pedro y San Pablo tomada de la web artehistoria.

Ni flamenco ni del sur

Ni flamenco ni del sur

Flamenco Viene del Sur

Algunas veces cuesta más escribir que otras. Hay espectáculos que prefería pasar por alto por su ambigüedad, inmadurez o desacierto. Sin embargo, me lo impongo, mi labor como crítico me inclina a pronunciarme, sobre las funciones trascendentales como este ciclo invernal.

Con la obra “Tripolar”, de los bailarines contemporáneos Marco Vargas y Chloé Brûlé, se inaugura en la ciudad de Granada Flamenco Viene del Sur, una obra tan intimista como incomprensible.

Antes de empezar con un somero análisis, sin embargo, deseo manifestar algunas declaraciones en forma de preguntas. ¿Por qué, siendo éste el día de inauguración, no asistió ninguna de las autoridades de la cultura local? ¿Por qué, aparte de mí, ningún crítico, ni oficial ni oficioso, acudió a cubrir el espectáculo? ¿Por qué la primera propuesta del festival, el banderín de enganche, fue una obra tan contemporánea y deslavazada?

Cuando voy a ver flamenco, sabiendo que es una apuesta novedosa y rompedora, nada convencional, que trasciende la esencia –quien me conoce bien lo sabe-, me siento con una mentalidad abierta hasta lo indecible y actitud de compromiso con la creación y el mestizaje más allá de lo conveniente en un amante de la verdad.

Así, el sábado 26, ocupé mi localidad en el Teatro Alhambra para impregnarme de la propuesta de estos jóvenes danzantes. Él de aquí, ella francesa. Lo primero que vimos fue el escenario abierto, sin telones ni bambalinas que ocultaran la tramoya. Particularmente me gustó ver el esqueleto del Alhambra lleno de cajas y escaleras.

La música en off se impone (primero arabizante, después clásica y eléctrica) y los bailarines empiezan a actuar. Hay momentos bellos donde la expresión corporal es delicada, donde la complicidad es auténtica, donde los pasos son exactos.

Ya está. Ahora que rompa, que la obra se defina, que cuente algo, que se inmiscuya en el flamenco y le saque punta. Pero nada de eso. El espectáculo no tiene ni pies ni cabeza, son escenas sobre escenas que no cuentan nada, sin argumento deducible, a pesar del programa de mano que habla de tres bloques, de tres cerebros, de las tres etapas de la vida de un hombre…

El peso específico se centra en el cante de Juan José Amador, que se levanta de un somier y no para de cantar mientras actúa (este somier tomará vida el resto de la obra, como la pobre guitarra que surgirá más adelante). El cantaor sevillano canta a capela copla, seguiriyas, fandangos, bulerías… con voz potente y acertada a veces, planteando una comicidad forzada hasta parecer ridícula (atiéndase a la parodia con guitarra de Parilla, Manuel Molina, Cepero y “yo mismo” o cuando canta a una maceta o cuando baila con mantón).

Los bailarines, nada flamencos (aunque Marco tiene una trayectoria considerable), hilvanan escenas de buena factura pero sin sentido. Juegan con las cajas, las escaleras, el somier, la guitarra, la sábana… y sobre todo con su cuerpo flexible y completo.

Lo que en otro contexto hubiera sido válido, en este escenario era, cuanto menos, inaudito.

Los retratos que hablan

Los retratos que hablan

Expresión y sentimiento. “Flamenco en La Platería”

Exposición fotográfica de de Antonio Idígoras

Pocito de nieve / en un manantial había / mientras más profundo el pozo / más clara el agua salía. A cada retrato lo acompaña una letrilla que en líneas generales puede defenir el momento del personaje. Así, esta soleá apolá se asocia a la foto de Carmen Linares, que muy bien podría estar cantándola.

Orillado en el retrato de Arcángel se leen unos fandangos de Huelva y bajo Calixto Sánchez unos tientos y serán tangos de Graná los que escoltan a Curro Albayzín y tarantas a Juan Pinilla. De esta forma, el etcétera continúa hasta veinticinco, veinticinco actores en primer plano, veinticinco figuras en acción, veinticinco flamencos en plena entrega en su recital, tan cercano como divino, en el templo de La Platería.

Otras instantáneas había de los expuestos y de otros cientos de personajes que han quedado fuera, reconoce Idígoras, pero ha querido seleccionar lo “más auténtico”. No busca la belleza, ni siquiera la calidad formal, sino el sentimiento, ese momento de éxtasis congelado que trasciende el plano de la naturalidad.

Los retratados aprietan los dientes o tuercen la boca, cierran los ojos y comen con la mirada, estiran la cara o la engurruñen como una pasa, para decirnos que hay algo más que lo que vemos, que el cuadro que nos mira es cuerpo pero también es alma.

Antonio Idígoras (1943), maestro de profesión y músico por amor, lleva como aficionado al flamenco más de quince años retratando con pasión a todos los artistas que pasan por el escenario de La Platería, peña de la que es socio. Hermano de Tere ‘La Cabrera’ y cuñado de Curro Albayzín, lleva el flamenco por bandera y aportando lo mejor de su objetivo a la peña que nos da cobijo todos los sábados para ver a lo más granado del panorama flamenco.

Nunca se le pasó por la cabeza que pudiera exponer. Sus fotos son tan privadas como su humildad. Los amigos, en cambio, viendo la fuerza y la profundidad de su trabajo, le animaron a mostrarlo al público. Mariano Sánchez Pantoja le brindó el local.

Resultado: coincidiendo con la primera de las actuaciones de Flamenco Viene del Sur, se inaugura la puesta de largo de los retratos de Antonio que quedarán expuestos en el Teatro Alhambra hasta el mes de junio.

Curro Andrés, Aurora Vargas, La Moneta, Pansequito, Miguel Ángel Cortés, Toñi Fernández, Sergio Gómez, Iván Centenillo, Juan Andrés Maya, Ana Mochón… son otros de los flamencos retratados.

“He querido captar con mi cámara la expresión del sentimiento que nace cuando el intérprete nos ponen los vellos de punta, con el toque, el cante o el baile”, dice el fotógrafo en su carta de presentación. Y es verdad que los retratos hablan, laten, su viveza los anima y son reconocibles. Cada personaje es inconfundible en su desgarro. La foto, como juez definitivo, le hace una contundente justicia.

Y esto se logra tan sólo con la mirada atenta y con el espíritu flamenco del mejor aficionado que no es nada menos que el profesional Antonio Idígoras Arroyo.

* Alba Heredia© en la foto seleccionada.

Fuensanta La Moneta en Montejícar

Fuensanta La Moneta en Montejícar

Ayer viernes, 25 de febrero, la bailaora granadina Fuensanta La Moneta participó en un encuentro con los alumnos de último curso del Instituto de Enseñanza Secundaria de Montejícar.

Durante algunas semanas, los chicos de quince y dieciséis de dicho Instituto, dentro de un ciclo sobre “Flamencas” que se desarrolla todos los años coincidiendo con la festividad del Día de Andalucía, han estado sumergiéndose en la vida de Fuensanta, sus precedentes, su aparición en prensa e Internet*, sus influencias, etc., para recibir en el día señalado la presencia de esta bailaora, comprobar su cercanía y comentar con ella algunas de sus inquietudes.

El proyecto de acercar el flamenco al Instituto y de acercar el Instituto al flamenco (pues tanto se beneficia el estudiante que la estudiada), sabiamente dirigido por su titular en lengua inglesa, Paco Julio, gran aficionado al flamenco, nació ya hace casi una decena de años, pero con presencia de la artista invitada lleva poco más de la mitad. Exactamente un lustro, por el que han pasado Marina Heredia, Eva Yerbabuena, Belén Maya, Estrella Morente y, en esta ocasión, Fuensanta La Moneta, con un éxito tan grande como marginal. Todas las flamencas que han recalado por estas jornadas destacan la sencillez y la intensidad de la iniciativa y terminan agradeciendo al centro haber sido convocadas al acto.

Dos horas ha durado este encuentro, en el que ha estado presente, además del personal del centro, encabezado por su jefe de estudios, la alcaldesa de la localidad, Remedios Moraleda Santiago, mostrando su compromiso con la enseñanza y con el flamenco en particular (en Montejícar se convoca un concurso anual de cante).

La Moneta se ha puesto las zapatillas de andar por casa y ha respondido con tremenda sencillez todas las preguntas y algunas más, sobre su vida y su profesión, que los alumnos tenían preparadas para esta charla. La granadina ha abierto su corazón y su conocimiento a los chicos en este diálogo, donde se le ha preguntado sobre su oficio y dedicación sobre todo. La respuesta más contundente tuvo que ver con el estudio y a la constancia. Si alguien decide dedicarse al flamenco debe ser perseverante y no dejar de trabajar. Yo, humildemente, apunté que es necesario estar al día. Acudir a los espectáculos, ver por donde va el flamenco en la actualidad, aprendiendo unos de otros.

También dio un consejo y es que se bailara si salía de dentro, que sin ganas no se debería bailar. Aunque, añadió, a veces interesa bailar incluso sin tener ganas.

En cuanto al sobrenombre de ‘La Moneta’ se debe al mote con que tildan a la familia de su madreen su pueblo, Guadahortuna, ‘Los Monetes’. Decidió adoptar este alias por herencia y sobre todo por amor a su abuela, a la que se sentía muy apegada. Casualmente Guadahortuna se halla muy cerca de Montejícar.

Al final de la entrevista, a petición de una alumna con facultades para el baile, según nos dijeron, La Moneta, se arrancó un poquito por tangos, mientras todos los demás marcaban el compás a las palmas.

Tras este encuentro con los chicos de cuarto curso, en el patio se reunieron el resto de los alumnos del Instituto para hacerse fotografías y firmar decenas de autógrafos.

Termino, al igual que el año pasado, por si alguien con poder lee este artículo, que esta actividad debería cundir por los pueblos de nuestra provincia, acercando así el flamenco a quien no tiene oportunidad, sobre todo desde que somos Patrimonio. Es una iniciativa beneficiosa para todos.

* Entre otras cosas, han centrado su investigación en el contenido de este blog.

** En la foto de Miguel Ángel Molina, La Moneta en medio de los estudiantes montejiqueños.

Se digitaliza el archivo de Mario Maya

Se digitaliza el archivo de Mario Maya

Un tren que hemos dejado pasar, más por despecho que por falta de oportunidad, es el de salvaguardar la memoria de Mario Maya, el de vindicar su figura como el granadino de excelencia que fue realmente.

Sin embargo, en Sevilla y en Córdoba, sí lo tienen presente por medio de la Fundación, que encabeza su hija, la también bailaora, Belén Maya.

No son tiempos para alardes y grandes propuestas. La imaginación y el trabajo personal tienen que primar ante el desembolso y la ayuda oficialista. Pero, con largas conversaciones y un espíritu fuerte, se van dando pasitos para acercar una meta que, en este caso, es la del recuerdo y el trabajo de quien fue el creador del baile flamenco contemporáneo.

En estos días pasados (22 de febrero de 2011), el Consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Paulino Plata, y la directora de la Agencia Andaluza del Flamenco, Mª Ángeles Carrasco, han presentado el convenio con la Fundación Mario Maya para la digitalización de la obra del bailaor y coreógrafo.

Su legado histórico, artístico e intelectual, que va desde vídeos de sus propios bailes y obras, hasta cintas de audio, pasando por entrevistas y reportajes en los que fue invitado a participar, así hasta superar el millar de imágenes gráficas y audiovisuales, constituirá un instrumento impagable para todo aquel que se quiera acercar a la figura de Mario, al flamenco, a la danza o al arte de nuestro tiempo en general.

Todavía no es tarde para volver a decir que Granada tiene una deuda sentimental y de reconocimiento para con Mario Maya. Es hora de volver la vista y dar unos pasos hacia atrás para abrazar con el mejor de los deseos las sugerencias de esta Fundación.

Lamentablemente, Enrique Morente se ha reunido con Mario Maya y nos miran desde arriba, hermanados en la muerte y en la grandeza, y, remedando a Unamuno, parece que exclaman: ¡Nos duele Granada!

* Foto: Luis Castilla© para flamenco-world.

Más sobre Morente

Más sobre Morente

El martes, después de una fructífera reunión con la directora de la Agencia Andaluza de Flamenco, nos encaminamos al Teatro Alhambra donde se presentó el programa granadino de Flamenco Viene del Sur a celebrar en dicho espacio escénico desde el día 26 de febrero hasta mediados del mes de mayo.

Ciclo éste que no encierra ninguna sorpresa, aunque hay apuestas por descubrir. Mucha danza contemporánea (las dos primeras sesiones) y esquemas rompedores a los que ya estamos acostumbrados y, si no responden a una lógica coherente inmersa en la raíz y desarrollo del flamenco, cansados.

Sólo Esperanza Fernández tiene visos de ser ortodoxa, todo lo demás trasciende los esquemas tradicionales, convirtiendo el programa en un arma de doble filo. Hay dos días de guitarra: el 4 de abril con Juan Carlos Romero y el 9 de mayo con Pedro Sierra. Sus nombres son un marchamo de calidad.

Por mi parte, aunque acudiré a los nueve espectáculos con sumo interés, me inclino por descubrir la propuesta en solitario de Ángeles Gabaldón, el 25 de abril, que la he visto bailar varias veces con la Orquesta Chekara con resultados dispares. La que me dejó entusiasmado en un comienzo, me decepcionó en su última intervención (eso sí, acababa de ser madre y seguía resentida). Necesito sacar esta espina.

Pero, sobre todo, estoy interesado en ver a la compañía de Rubén Olmo, el 11 de abril, que presenta la obra “Tranquilo alboroto”, que ya triunfó en la Bienal de Sevilla y no pude asistir por los pelos. En su cuerpo de baile, si no ha habido modificaciones, está la bailaora granadina Patricia Guerrero, que tan buenos momentos nos ha dado y nos depara.

Nunca me han defraudado, por otra parte, las propuestas de Choni (21 de marzo) ni el baile minimalista, a veces demasiado desnudo, de Andrés Marín (16 de mayo).

Ahora, se me ocurren varias preguntas y fugaces respuestas. ¿Por qué, salvo casos puntuales, siempre vemos a los mismos artistas en este ciclo? ¿Por qué la presencia granadina es tan escasa? ¿Por qué el trozo más grande del pastel se queda en Sevilla y sus zonas de influencia?

No deseo poner en tela de juicio a la Agencia y sus maneras, después de conocer que la selección de participantes para Flamenco Viene del Sur se hace por convocatoria pública, aunque sí puedo pensar en el gusto localista de los miembros del jurado.

Sin embargo el problema es otro. Si se presentan 200 candidaturas de espectáculos para participar en este ciclo y se eligen las 33 de “más calidad y proyección” para cuarenta y tantas funciones, teóricamente, todos están en el bombo. No tengo todos los datos, pero no creo que de Granada compita más de un tres por ciento de producciones, como mucho un cinco por ciento. Fuensanta ‘La Moneta’ y Marina Heredia han sido seleccionadas para actuar en Huelva. Ya sé que las queremos aquí, pero por bien de todos es mejor que rompan en otros escenarios. (Lección que debería aprender más de un artista local.)

El problema, como digo, es la falta de industria. Si en Granada se impulsara el ensayo, la creación y la puesta en escena; si hubiera apoyo y financiación para proponer espectáculos de altura; si tuviéramos perspectiva histórica y sobre todo comparativa; si en lugar de cinco o diez funciones granadinas hubieran competido veinticinco o treinta… El problema es el de siempre. El particularismo de nuestra ciudad, al tiempo que nos ennoblece, nos anquilosa para no levantarnos jamás. (Ojala me arrepienta de estas palabras.)

A lo que iba. Me llamaron de la radio (Onda Cero) para ver si podía acercarme para dar mi opinión sobre algunas de las iniciativas que se están llevando a cabo sobre Enrique Morente. Encantado llegué bajo aguacero impertinente y hambre acuciante a los micrófonos que me reclamaban.

La liebre la levantó una supuesta recogida de firmas para hacerle una escultura a Enrique, aunque parece que el Ayuntamiento ya tenía prevista esta intervención con firmas o sin ellas. Al igual que lanzaron la intención de celebrar, bajo el nombre del maestro, una Bienal de flamenco en Granada. También han dado en llamar a la sala de La Chumbera, Auditorio Enrique Morente.

De todo opiné. Creo que Morente, su memoria, no es exclusividad de nadie y patrimonio de todos. Cualquier iniciativa que se realice honestamente en su nombre y para salvaguardar su gloria es bienvenida. Otra cosa es el homenaje institucional que juega con el dinero y la conciencia del pueblo.

Enrique, ya lo dije, no se puede convertir en moneda de cambio ni mucho menos en arma arrojadiza para medrar o derribar a los que no se han subido al carro. Debemos ser respetuosos con la persona, con el recuerdo, con la obra y con la familia.

Todos desean hacer algo en su honor, y es encomiable. Pero muchos ocultan sus pasos para ser únicos, originales o para poner zancadillas y ganar votos, ya sean cuantificables o cualificables.

En caso de que deseemos ser serios y coherentes, deberíamos abrir un debate público donde tenga cabida todo el mundo, de todas las tendencias y de todos los colores, puesto que Enrique fue universal. Cuando todas las ideas estén en la palestra, un “comité de expertos” en amplio sentido, o sea, personas cercanas al artista de igual manera versadas en el arte, la sensibilidad o el cariño, que puedan decidir.

Porque Morente no se merece una estatua al uso, sino una apuesta vanguardista, rompedora, conceptual, a su altura, que no refleje tan sólo al maestro por fuera, sino sobre todo por dentro.

La Chumbera debería seguir siendo Chumbera o Auditorio Manolete o, revisando y enmendando tuertos, Centro de Estudios Flamencos Mario Maya, pero no Auditorio Enrique Morente. Qué tenía que ver Enrique con el centro local y esquinado de La Chumbera. Qué dimensión cantaora destila esta sala, que es más bien una apuesta bailable, para que el mayor cantaor de estos últimos decenios le dé su nombre.

Dediquémosle una plaza asolada en el Albaicín, como propuso Juan Carlos Friebe, con un “pocito inmediato donde beban las palomas” y se incida en su carácter abierto y que reciba todos los vientos.

Un festival de gran formato sí que se le debería hacer, pero no una Bienal, que en Granada no funcionaría (como pasó en Málaga), sino un encuentro permanente que, año tras año, reúna no sólo a lo mejor del flamenco local y foráneo, sino la muestra de todas las artes en las que se sumergió Morente, desde el rock, el tango, el jazz o el son hasta la polifonía y las voces Búlgaras, desde la poesía hasta la pintura…

No trunquemos el vuelo del maestro, no seamos provincianos y pensemos desde su altura, que ahora nos contempla.

Primavera Flamenca de Tokio

Primavera Flamenca de Tokio

Por qué me voy tan lejos, os preguntaréis algunos, después de llevar una semana sin poner una nimia letra en esta dirección.

No he actualizado el blog, en primer lugar, porque he tenido una semana de vértigo. Durante los días pasados no he parado entre flamenco, reuniones y poesía y no he tenido lugar para echarle un rato a esta bitácora tan mía como vuestra.

Así se me han acumulado acontecimientos de diferente intensidad que no creo que les dedique demasiado, pues sólo de pensar en recordarlos me entra una tediosa pereza.

No obstante, haré mención de algo de lo pasado a modo de inventario. El sábado 5, actuó el Parrón en La Chumbera y su cante dejó el buen sabor de boca que acostumbra, aunque su aparición fue bien escasa (se rodeó de un nutrido cuadro que lo arropaba). Destaco de esta velada el baile enraizado y preciosista de Angustillas ‘La Mona’.

Esa misma noche tuvimos a Miguel Ochando en La Platería, que también estuvo corto. Es una delicia su toque y su guitarra más canora no puede ser. ¡Agua clara! Su alumno aventajado, Álvaro ‘Martinete’, dio una lección de altura, defendiendo su vuelo. Sonó casi mejor en solitario que a dúo con su maestro.

El domingo 6, subimos a la Romería de San Cecilio, patrón de Granada, al Museo Cuevas Sacromonte. Allí actuaron un grupo de profesores y alumnos de la escuela Carmen de las Cuevas. No lo vi todo, pues me retiré tras unas cervezas para comer en el valle, pero me impresiono la evolución del baile de Raimundo Benítez.

El lunes 7, ya lo anuncié en estas mismas páginas, tuvimos la presentación del “Cartón”, de poesía flamenca, de Juan Carlos Friebe, en el que oficié de maestro de ceremonias. Cantó por soleá, siguiendo los patrones del poeta, David Sorroche, y se despidió por tangos, al cual estamos muy agradecidos. Recitó, como no, el mismo Juan Carlos y leyó un poema introductoria en ‘dialecto’ siciliano el calabrés Daniel Cundari.

Del martes 8, ya os contaré. El miércoles, sin embargo, me asomé al Liberia a ver a Miguel Barroso, defensor del cante serio donde los haya, y a Pepe Agudo, a la guitarra, con muy buena voluntad pero que no está a la altura. Debería ir peldaño a peldaño y no subir las escaleras de tres en tres.

El sábado 12, estuve dando un taller teórico sobre el flamenco y el Sacromonte, paseando por el Camino, a una veintena de monitores de scouts. Y, por la noche, presenté la Semifinal de cante del II Concurso Jóvenes Flamencos de la Diputación de Granada, en la localidad de Monachil. Me perdí a las hermanas Urbano, Judit (con un disco reciente) y Patricia en La Chumbera y a Miguel Lavi en La Platería, lo que estaré lamentando durante mucho tiempo.

Y, el domingo, o sea, ayer, descansé, viendo que todo lo que había hecho era bueno.

Ahora, por qué hablo de Tokio. Resulta que la productora granadina Teatro de la zambra y la productora japonesa Iberia han suscrito un contrato para promover el primer festival flamenco de Tokio durante los días 28, 29 y 30 de abril, y el 1 de mayo en el Teatro Sinjuku Bunka Center de Tokio. Estas productoras, con el apoyo del cantaor Enrique 'El Extremeño' han configurado un cartel con ocho figuras relevantes del baile flamenco actual. La mitad de la programación la ocupan figuras del baile granadino. He aquí la noticia.

Junto a Farruquito, Olga Pericet, María Juncal y Alfonso Losa, estarán Fuensanta La Moneta, Patricia Guerrero, Manuel Liñan y Luis de Luis. En la comitiva irán algunos otros granadinos como el guitarrista Emilio Maya. Son, sin lugar a dudas, nuestros mejores representantes, que elevarán varios enteros el nombre de Granada en la capital nipona. Este programa cuenta con la ayuda de la Agencia Andaluza del Flamenco.

* Tokio de noche.