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05/08/2008
Nada nuevo bajo el sol

No sé si ya le he dado salida a este cuentecito que tiene que ver con algo muy similar a lo contrario del amor propio:
Fue el primer día, después de muchos, que había dormido de un tirón. Había tenido un sueño bonito que se alegraba en no recordar. Abrió la ventana y un agradable sol de primavera inundó la habitación. Se atrevió a canturrear un poco, incluso, acompañándose con unos pasitos de improvisado baile que, en otras circunstancias le habrían avergonzado.
Entró en el baño dando ridículos saltitos mientras se acariciaba el sexo incontinente prometiéndole una pronta evacuación. Con la sonrisa que le atravesaba los ojos, se miró al espejo. Al pronto, tornó el rostro y se lamentó en su reflejo: ¡otra vez tú!
· Autorretrato en espejo esférico de M.C. Escher, 1935.
23/06/2008
La noche de San Juan

Para la Noche de San Juan de no sé cuándo nos pidieron escribir un poema efímero, que sirviera tan sólo una vez, como los paracaidistas en el pueblo de Gila, que los estaban tirando sin paracaidas (para ahorrar).
Dicho poema debía ser escrito una vez, para ser quemqado en una hoguera anónima después de haber sido leído. Las pavesas se llevarían el texto escrito como el viento normalmente se lleva las palabras.
Yo hice trampa. No sé si fui el único, pero yo quería, a pesar de todo, conservar mis versos para otra ocasión. Mal o bien, ahora reproduzco esas estrofas sanjuaneras salvadas (¿injustamente?) de las llamas.
No siempre tengo la oportunidad
de quemar un poema,
pero en esta noche de San Juan
en que brillan las hogueras
buscaré palabras inflamables
que espero que prendan.
Quemaré la palabra amor
y la inventaré otro día,
quemaré las emociones,
la melancolía,
el compañerismo
y, ahora que esta de moda,
quemaré la ecología.
La belleza a la hoguera
y también los sentimientos,
que ardan las buenas intenciones
con la mecha del recuerdo,
que quemen a los poetas
y comencemos de nuevo.
Cambiemos la piel de serpiente
y gritemos al mundo entero
"nos quemamos a lo bonzo,
los poetas los primeros,
aunque vayamos al infierno
y renunciemos a este cielo".
Y para terminar,
permitidme que repita
las palabras de un cantor,
unos versos de Krahe,
la muerte de su elección:
Pero dejadme
¡ay!
que yo prefiera
la hoguera,
la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene, qué sé yo,
que sólo lo tiene la hoguera.
* La foto pertenece a un blog llamado "Certeza de mi" (sic).
30/05/2008
Un hombre bueno

Inconmensurablemente bueno era aquel hombre. Bondadoso hasta lo impensable. Quizás el hombre más bueno sobre la tierra.
Un verano, cuando las moscas revolotean y se pegan como pequeñas limaduras de hierro a los grandes imanes humanos, se dio cuenta que si espantaba los insectos que impepinablemente se posaban en su cuerpo, podían llegar a molestar a otros compañeros, haciéndolos justamente enfurecer. Así, que estoicamente decidió soportar aquellos puntitos negros alados.
Pasó el tiempo y el hombre reconoció que su pasividad no era suficiente: las golosas hijas del diablo seguían molestando a sus vecinos. De esta forma, aquel hombre bueno (en el sentido machadiano de la palabra), untó miel por todo su cuerpo, para, no sólo soportar a las familiares que ciertamente le correspondían por derecho porculizador, sino también atraer a todas sus golosas congéneres que pululaban por los alrededores, liberando, de este modo, a las personas que le hacían compañía en aquel momento.
Al tiempo, aquel hombre inconmensurablemente bueno, murió mosqueado, creo.
* Éste es un cuentecito que escribí a principio de los 80.
20/05/2008
Un haiku

Algunos estudiosos de la poesía japonesa, y mi amigo Eduardo, sostienen que en Occidente no sabemos escribir haiku porque empleamos verbos. Los tres versos del poema no requieren acción y el uso del verbo implica ese hacer que no está permitido.
Yo, por más que intento razonar sobre el diferente planteamiento intelectual y espiritual del oriental, no tengo nada que hacer contra esta convicción. Le explico que todos los haihuístas que conozco emplean verbos. Es más, las traducciones de los versos japoneses son frases completas, con uno, dos e incluso tres verbos.
Posiblemente, la escritura japonesa no necesite esta necesaria partícula. Aunque, seguramente, la lleve implícita.
Siguiendo, no obstante, este dictado, el otro día compuse el siguiente haiku:
En el café,
desesperadamente,
tu rostro inútil.
03/04/2008
Detrás

Hace poco una antigua amiga me recordó un poema de juventud.
Decir que tiene veinticinco años es quedarme tal vez corto.
Es uno de los textos comprometidos de aquel entonces.
(No creo que sea un buen poema, pero era serio y verdadero.)
Se lo dediqué a la madre de una amiga que, además de madre, esposa y ama de casa, era algo más.
Detrás de cada hombre que triunfa
hay una persona, o dos, o cien que se esconden;
cien compañeros que trabajan bajo tierra,
en el lodo.
Una mujer que día a día, con sucias y callosas manos,
oculta su cuerpo tras un mandil o un barrigón;
una mujer que limpia el camino para que "él" pase,
que limpia su nariz y espolvorea sus mejillas para su jactancia;
una mujer "anuncio comercial";
hombres y mujeres con las caras manchadas
que se conforman con una sonrisa o con un beso;
mujeres y hombres que se tragan sus lágrimas,
que se comen las migas,
que sufren la indiferencia más atroz;
una mujer asomada al abismo de un fregadero
con el horizonte borrascoso y... cantando.
Detrás de cada número uno
existe el dos y está el tres y un ciento
que le dan validez al primero.
Si no hubiera dos y tres y más,
el uno no sería el "uno", sería el único.
Detrás de cada protagonista hay unas gentes,
quizá no tan blancas, quizá no tan grandes,
que son las que lo admiran,
las que lo aplauden, las que lo ayudan.
Él existe porque ellas existen, él es porque ellas son;
él es grande porque ellas son pequeñas, o se agachan
para no ocultar el fulgor de las estrellas.
Detrás de cada hombre, detrás de una mujer,
de cada niño, del mayor, del jefe, del héroe,
hay una madre que muere mil veces
acuchillada por su hijo;
una madre que llora sangre a cambio de amor,
unos pechos que dieron color a la vida
en su celda de espantapájaros;
una madre que al fin y al cabo es sólo una madre.
Pero por eso y por mucho más
el topo sale de su mina de invierno,
los ríos se desbordan;
por eso se unen las manos de todos los niños
de nariz húmeda y con las manos largas
y con el buche vacío;
por eso todos los ciegos abren sus ojos
y los mil ángeles que tejen el cielo
elevan su puño y vitorean el trabajo anónimo,
el trabajo y los años de esa mujer inclinada,
cargada de niños y de inanes ilusiones anticuadas.
Por respuesta,
ella en sus trapos, seca sus mejillas.
26/03/2008
Sesión de cama

—Estoy desecho. Soy un fracasado.
—¿Un fracasado usted? Si es toda una eminencia. Le llaman para inaugurar museos, para leer conferencias, para dar pregones... Y hasta ha escrito seis libros.
—Siete.
—Pues eso.
—Me refiero a que soy un fracaso en mis relaciones sexuales.
—¿Quiere decir que no le van bien las relaciones sexuales?
—Como lo oyes. Por más empeño que pongo, no logro alcanzar el cenit.
—¿Con tu mujer?
—No, eso es aparte. Con mi mujer no me quejo. Nos entendemos perfectamente. A ver, después de doce años de casados y otros tantos de noviazgo, ya culminamos casi sin querer. Incluso a la carta: hoy queremos hacerlo rápido, pues lo hacemos; mañana intermitente, pasado del revés, el otro día de fantasía... No hay más que proponérselo. El problema es con las demás personas.
—Pero, no lo entiendo, si se emboban con su elocuencia, con su retórica. Si con su sabiduría las atonta. Es capaz de confundirlas hasta dejarlas rendidas a sus deseos más primitivos.
—Pienso que sé hablar mejor que hacer el amor. Creo que la chica que se acuesta conmigo espera eso, oírme disertar sobre algún tema. Lo mismo da tratar de cuestiones teologales que de la dieta básica de las pirañas en agua revuelta. El caso es la novedad del discurso. Es como quien entra al circo atraído por "lo nunca visto". Quizá cobre la entrada algún día o reciba a más de una persona, y más que un menage a trois, será un espectáculo múltiple. ¡Pasen y vean! ¡La impotencia de un erudito! Mujeres, hombres, niños mocosos, abuelos, travestis... se meterán en mi cama y algún que otro soldado de infantería para oírme hablar.
—Bueno, ya me voy. ¿Qué le debo?
—Son quince euros. Dígale al próximo que entre.
* Teatrillo en un acto compuesto en enero de 1993 (traspapelado ente los archivos de mi ordenador).
25/03/2008
Poemas para cantar en el agua (y 5)
X
Navegábamos en las mismas sábanas
con las velas henchidas del amor,
llegábamos a bahías inexploradas
en las que sólo cantaban las aves blancas.
Me descubriste, te descubrí,
y entonamos salmos con las gaviotas.
X
Nous naviguions dans les mêmes draps,
les voiles de l'amour gonflées,
nous abordions des baies inexplorées
où ne chantaient que les oiseaux
blancs.
Tu m'as découvert, je t'ai découverte,
et nous avons entonné des psaumes avec les mouettes.
XI
Ya era tarde para empezar de nuevo,
demasiado evidente para olvidarlo,
muchas aristas que ocultar...
Entonces soltaste algunas lágrimas
para poner agua en el poema.
XI
Il était déjà tard pour recommencer,
trop évident pour l'oublier,
beaucoup de griefs à cacher...
Alors tu as versé quelques larmes
pour ajouter de l'eau sur le poème.
XII
Cansado de estímulos sin respuesta,
me ahogué sin querer.
Y en mi agonía encontré un buzo de desagüe
que me enseño que todo gira y vuelve.
Y, a los tres días, en tu pecho
comencé a vivir de nuevo.
XII
Las de te stimuler en vain,
je me suis noyé sans le vouloir.
Et dans mon agonie j'ai trouvé un plongeur
dans la tuyauterie
qui m'a appris que tout tourne et revient.
Et, trois jours après, sur ton sein
j'ai recommencé à vivre.
* De Poemas para cantar en el agua, febrero de 1991.
* Traducteur: Karmele Alberdi Urkizu, diciembre de 1993.
06/03/2008
Poemas para cantar en el agua (4)
VII
Los hipocampos chapotean
en los charcos secos del fondo del mar,
el océano se maquilla de pecas
bajo la lluvia de un cielo pesado,
los barcos de periódico de otros días
no dejan sus puertos,
nosotros muy juntos en la chimenea
con el impermeable puesto todavía.
VII
Les hippocampes pataugent
dans les flaques sèches du fond de la mer.
l'océan se farde de rousseur
sous la pluie d'un ciel lourd,
les petits bateaux en papier d'hier
ne quittent pas le port,
nous deux, blottis au coin du feu
portant toujours l'imperméable.
VIII
Me acercaba a tu pecho
y llovías en tu interior,
mojabas tu alma y sacudías tu corazón.
Espero que no se resfríen tus sentimientos.
VIII
Je m'approchais de ton sein
et tu pleuvais à l'intérieur,
tu mouillais ton âme et secouais ton coeur.
J'espère bien qu'ils ne se refroidiront pas
tes sentiments.
IX
Empapado estaba aquel día que no era feliz,
chorreando de amor bajo los árboles,
jurando el otoño entre los pliegues
de la almohada.
Saliste Sol y solté el paraguas.
IX
Trempé, ce jour qui n'était pas
heureux,
ruisselant d'amour sous les arbres,
jurant l'automne parmi les plis
de l'oreiller.
Tu es sorti, Soleil, et j'ai lâché mon parapluie.
* De Poemas para cantar en el agua, febrero de 1991.
* Traducteur: Karmele Alberdi Urkizu, diciembre de 1993.
27/02/2008
Poemas para cantar en el agua (3)
IV
¡Atención, marea en la bañera!
Enjabono tu espalda sin rumbo
y echo el ancla en tu vientre
cuando por fin veo el faro de tus ojos.
IV
Attention, tempête dans la baignoire!
je savonne ton dos au hasard
et mouille l'ancre dans ton corps
lorsque je vois enfin le phare de tes yeux.
V
No sé de dónde salieron tantos barcos
buscando todos buen puerto
entre los corales de tu cintura
bajo el aguacero del grifo caliente
que sal-pica todo el mar.
No sé a qué tantos marineros
en tus mejillas de nácar
chocando con los diques de mi amor.
V
Je ne sais pas d'où viennent tant de bateaux
cherchant tous bon port
parmi les corails de ta taille
sous l'averse du robinet chaud
qui éclat-bousse toute la mer.
A quoi bon tant de marins
sur tes joues de nacre
heurtant les digues de mon amour.
VI
¿Has visto los rápidos
que torpemente se precipitan en cataratas
formando un gran escándalo
de blanco y espuma,
de agua y luz,
de violencia estancada en kilómetros de río,
para calmarse y dejarse morir un poco
en la tranquilidad
siempre inmensa de un lago?
VI
As-tu vu les rapides
qui, maladroits, se précipitent en cascades
dans un grand fracas
de blanc et d'écume,
d'eau et de lumière,
de violence stagnante sur des kilomètres de
rivière,
pour s'assoupir et se laisser mourir un peu
dans la tranquillité
toujours immense d'un lac?
* De Poemas para cantar en el agua, febrero de 1991.
* Traducteur: Karmele Alberdi Urkizu, diciembre de 1993.
15/02/2008
14 de febrero

El viejo Walt llamó con tiempo al restaurante para encontrar mesa. Menos mal, porque ya estaba casi todo reservado para la noche de ese día tan señalado y después de una oferta tan suculenta del establecimiento. A saber, un menú de lujo, con "vino a elegir y/o una botellita de champagne, un regalo sorpresa, música en vivo y baile final", a un precio más que razonable. Con el aliciente de que la pareja acompañante pagaba nada más que el cincuenta por ciento.
No se podía resistir. Era una oferta suculenta. Cómo dejarla pasar en este día tan señalado.
Los enamorados más avispados llamaron en cuanto oyeron la noticia. A los dos días de la oferta, se colgó el cartel de completo, no hay plazas, el año que viene tendrán una nueva oportunidad, póngase las pilas, vaya a otro sitio.
Llegado el día, Walt no se entretuvo en el trabajo ni en la taberna de la esquina, como siempre. Con los compañeros se invitó al mediodía, para, después no entretenerse si alguien sugería una frecuencia líquida.
Tampoco ese día fue al gimnasio, al que acudía martes y jueves para mantenerse, para quitarse el estrés, para ampliar su círculo de amistades.
Al llegar a su casa, se pegó una ducha bien larga, recibiendo el agua caliente sobre la cabeza, en reposo. Era un placer. Se afeitó alrededor de la gran barba, que ya caneaba, y se la llenó de margaritas. De esas margaritas blancas, muy pequeñitas. La ocasión lo merecía.
Se lavó los dientes. Se vistió con un traje nuevo, aunque informal, crudo, con el ojal preparado para engarzar una flor, no sé, un ramito de violetas.
Se perfumó moderadamente con agua fresca de Adolfo Domínguez y se peinó a su manera, como que parecía que no. O sea, quedó perfectamente despeinado, como acostumbraba, impelido por su pelo rebelde. Hizo un guiño al espejo y salió de casa con la sonrisa puesta. Bajo su sombrero, sus ojos claros también sonreían.
Andaba despacio, pues tenía tiempo. Llegó al restaurante con veinte minutos de antelación.
Buenas tardes, se presentó, una mesa reservada a mi nombre, a las nueve treinta. Era el principio de su noche gloriosa.
Sí, ahora mismo, contestó un camarero a quien le quedaba pequeño el traje negro y grande la corbata. Lo guió a una mesa en un rinconcito no muy privilegiado, pero con cierto sabor íntimo y se ausentó mientras se acomodaba y cogía la carta.
Volvió.
Voy sirviendo los entrantes o esperamos a la señora, preguntó mecánicamente el mesero.
No, empiece a servir, decidió Walt, no espero a nadie.
¿No espera a nadie?
No.
¿Y ha cogido una de nuestras ofertas para enamorados?
Sí, ¿que problema hay?
Ninguno, señor Whitman*.
* Estoy enamorado de mí, hay tantas cosas en mí que son tan deliciosas (Walt Whitman).
12/02/2008
Poemas para cantar en el agua (2)
I
Temía ofrecer amor
por amor a que me quedase menos que ofrecer.
Pero el amor se alimenta a sí mismo,
como el saber de su misma ansia.
No te di la estrella que me pediste
para no desequilibrar el mar,
te ofrecí un caballito
para saborear el calor de las olas
en tu bañera.
I
J'avais peur d'offrir de l'amour
par amour d'avoir moins
à offrir.
Mais l'amour se nourrit de lui-même
comme le savoir de sa propre faim.
Je ne t'ai pas donné l'étoile que tu demandais
pour ne pas agiter la mer,
je t'ai offert un petit cheval
pour savourer la douceur des vagues
dans ta baignoire.
II
Paraguas en el cuarto de baño, para qué.
Te bronceas para ir al lavabo
y no olvidas las gafas de sol.
Un libro banal nunca falta
en tus pequeñas vacaciones de cada día.
Y, después de la ducha,
una ducha para quitar la sal.
II
Des parapluies dans la salle de bains, pour quoi faire.
Tu bronzes pour aller aux toilettes
et tu n'oublies pas tes lunettes de soleil.
Un livre quelconque ne manque jamais
dans tes petites vacances de tous les jours.
Et, après la douche,
une douche pour enlever le sel.
III
El cuarto de baño no tenía techo
y te duchabas con la lluvia,
te secabas con la brisa
y esperabas la luna para cantar
III
La salle de bains n'avait pas de plafond
et tu te douchais sous la pluie,
te séchais sous la brise
et attendais la lune pour chanter.
04/02/2008
Poemas para cantar en el agua (1)

Lo vi muy claro. Era yo joven y estudiaba Geografía e Historia. Era en segundo curso, lo recuerdo. ¿Puede ser el año 1995?, en eso dudo, aunque se puede comprobar. Subía a la facultad con mis libros fotocopiados y mi libreta de apuntes. En medio de la cuesta que separa la ciudad del templo del saber, me asaltaron unas imágenes, un simbiosis entre el inabarcable amor y el mar infinito y con él toda el agua, toda la espuma, toda la sal.
Arriba, en clase de Medieval, mientras el profesor contaba no sé qué batallas e intrigas de los visigodos, yo comencé a elucubrar unos poemas (más bien imágenes poéticas) que asentaban mis ensoñaciones del momento.
Dos horas duró la clase. Dos horas que tardé en hilvanar una docena de poemas (o arrebatos líricos) que di en llamar Poemas para cantar en el agua y se los dedique con gran sentimiento a la que ahora es mi mujer.
Más tarde, ese mismo trabajo me lo tradujeron al francés (Des poèmes à chanter dans l'eau). Nunca averigüé si con mayor o menor acierto, pues la vecina lengua que tanto admiro la desconozco y la versión gala nunca salió de mis archivos.
Sería cansino reflejar aquí los doce poemas de un golpe. Pero me apetece hacer entrega de ellos y sus traducciones para que dejen ser un poco míos y pasen a ser algo más del viento (del ciberespacio) que nos facilita esta ventana de internet.
Así, en varias entregas, lanzo mis palabras de amor y agua, para mis lectores potenciales.
Comienzo por la dedicatoria y el poema introductorio, alternando los dos idiomas:
Estas olas,
que acaricien
o rompan
en los arrecifes
de Ana.
Ces vagues,
qu'elles caressent
ou elles se brisent
contre les récifs
d'Ana.
No sólo la lluvia que cae te moja,
aguantar bajo el temporal sin nubes
te empapa y te tirita,
pero no de frío ni de miedo,
sino de ese vértigo
que te mece en el vacío
sin el barandal o el seguro beso
que te evita el golpe final.
Non seulement la pluie qui tombe te mouille,
tenir sous la tempête sans nuages
te trempe et te fait frémir,
non pas de froid ni de peur,
mais de ce vertige
qui te berce dans le vide
sans un appui ou sans le baiser sûr
qui évite la chute ultime.
* Portada que hice para la ocasión (cuando yo pintaba algo)
** Los poemas los tradujo Karmele, una chica del norte.
29/01/2008
Noticias del inframundo

Después de treinta años guardado en un cajón y rechazado por no pocos editores, este catálogo de animales, demonios y de seres extraordinarios del barcelonés Francisco Ferrer Lerin (1942), ve la luz para goce y esparcimiento de los amantes de esas añejas creencias populares.
Este Bestiario, inquietante por donde se mire, surgió a través de un proyecto de tesis del autor sobre los ornitónimos del Diccionario de Autoridades (el autor es filólogo, poeta y ornitólogo).
La muerte por arma blanca del director de dicha tesis por un subalterno fue una señal definitiva para abandonar el proyecto. Ferrer entonces retoma la idea antigua de elaborar un bestiario, que el mismo vaciado del Diccionario de Autoridades le ayuda a madurar.
El resultado es un pequeño diccionario de raras especies animales, seres antropomórficos, un amplio surtido de demonios y otras especies. Las entradas están ordenadas por familias. En un total de trece categorías taxonómicas en donde podemos encontrar una fantástica interpretación de la realidad y su interacción con las ciencias naturales. Constituyendo así un verdadero animalario de bondades y perversiones que se han fraguado en torno a estos seres.
Cada uno de estos capítulos, a su vez, va precedido de una pequeña introducción en la que combina ciencia y realidad con hagiografia filosófica, con un amplio margen de comicidad.
Algunas de estas referencias son encontradas en diccionarios (como el “Diccionario de Autoridades”, el de Covarrubias, el “Ideológico” de Julio Casares y el “Diccionario Infernal” de Collin de Plancy), guías de campo e historias naturales (como la “Historia Natural, General y Particular” del Conde de Buffon o “La Edad Media fantástica” de Jurgis Baltrusaitis) y otros papeles extraordinarios (como las “Inmensas maravillas contadas por un ciego nocturno”)...
Realidades, leyendas y mitos locales tan dispares como el origen portugués de la palabra almeja, la muerte de Esquilo, el dragón de Santa Margarita o los remedios médicos para la picadura del alacrán, que se entretejen con toda clase de insectos, aves, cuadrúpedos, solípedos o monstruos.
El autor, en el Introito, nos dice que este libro es un bestiario construido sobre la realidad de otros libros. Es una recopilación, como digo. Es un minucioso estudio filológoco, etimológico, zoológico y sociológico. Es poético, en cierto sentido, y realmente mágico.
"Esta obra ha sido calificada, según Raquel de Larua, prologuista de la misma, con adjetivos como extrema, fronteriza, rompedora, radical, iconoclasta, apocalíptica, resulta tan difícil de definir como vibrante en cuanto a la libertad y aguda ironía que emana".
La presente edición, de tamaño bolsillo, está encuadernada en tela, con tapa dura e incluye en su interior una interesante serie de ilustraciones de animales fantásticos y otros curiosos grabados.
* Ferrer Lerin, Francisco. El Bestiario de Ferrer Lerin. Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg, Madrid, 2007
** Reseña publicada en el número 20 de la revista Letra Clara.
20/11/2007
Hay rincones

Hay rincones en mi casa donde las plantas no crecen; hay rincones en mi calle donde sólo caben charcos; hay rincones en Granada donde no funcionan los comercios; hay rincones en el mundo donde abandonar mi cuerpo; hay rincones en mi corazón donde saltan las arañas; hay rincones en mi mente donde tú retozas.
*FOTO: "Encina, reflejo y estrella" (fragmento), © Maurizio Lanzillotta
17/11/2007
La puta

Por los avatares del destino, un amigo bieloruso de la ciudad de Minks, se empeñó en publicarme algunos escritos en el periódico donde trabajaba, que creo que, traducido, venía a denominarse "Juventud". Corría el año 92, y le envié sobre todo poemas de un librito, inédito por aquel entonces (aún sigue virgen), intitulado "Entrega urgente de amores inconfesados".
También le hice llegar un puñado, cuatro o cinco, de cuentos breves, que jugaran con el formato de un diario y fueran fáciles de traducir.
(Después, cuando me vinieron en su idioma, realicé la operación inversa: invité a una chica, recién conocida (muy hermosa, por cierto), de Bielorusia, a que me tradujese al español aquellas páginas de periódico. El resultado fue espectacular, pues los versos se parecían más o menos, pero, por lo general, habían ganado en belleza. De todo ello, escribí unas notas, que di en llamar "Palabras de ida y vuelta", que, si siguen insistiendo en mi memoria, puede que pronto vean la luz.)
Uno de los textos rápidos que le propuse, crudamente lo encabezaba el título de "La puta", sin ninguna morbosidad, que, con alguna actualización, reproduzco segidamente:
"Le preguntó, por fin, cuánto le daría por acostarse con ella. Inocentemente, él interrogó, "¿eres una puta?".
No, dijo ella, sólo que me hace falta dinero y no me cogen en ningún sitio.
Yo nunca he conocido a una puta, continuó él emocionado, y, no sé por qué, me hubiera gustado que fueras una de las de verdad.
Ante la impaciencia y, más bien, intuyendo el cabreo de ella por la gratuita charla que la retenía algunos minutos más de los deseados, escapándosele posibles clientes efectivos, él asintió en pagarle una noche de amor en su apartamento.
La noche, en verdad, no fue muy aprovechada (nunca la primera noche es lúcida). Pero sí las continuas tardes y madrugadas que se sucedieron en la misma cama de ese duplex donde se acostaron por primera vez. Una relación casi criminal: duró seis meses y un día.
A los tres años de haberlo dejado, se encontraron cerca de lo que fuera su nidito de amor (ahora era un estudio de pintores y rotulistas jóvenes). Él le preguntó que cómo le iba. Ella dijo que bien, que trabajaba como dependienta en "Cortefiel" y que no salía con nadie. También él estaba solo y la invitó a tomar un café con leche (con dos azucarillos, como siempre). Y allí, en aquel café, se prometieron.
Ahora él trabaja haciendo fotocopias y sale con una chica a la que le lleva trece años y ella hace la calle cerca de El Corte Inglés".
* Traducido al bielorruso, publicado en Minks, el 16 de febrero de 92.
04/10/2007
Nada nuevo bajo el sol

Fue el primer día, después de muchos, que había dormido de un tirón. Había tenido un sueño bonito que se alegraba en no recordar. Abrió la ventana y un agradable sol de primavera inundó la habitación. Se atrevió a canturrear un poco, incluso, acompañándose con unos pasitos de improvisado baile que, en otras circunstancias le habrían avergonzado.
Entró en el baño dando ridículos saltitos mientras se acariciaba el sexo incontinente prometiéndole una pronta evacuación. Con la sonrisa que le atravesaba los ojos, se miró al espejo. Al pronto, tornó el rostro y se lamentó en su reflejo: ¡otra vez tú!
* ILUSTRACIÓN: Rene Magritte ©20/09/2007
Caer

El vértigo es la insoportable necesidad de seguir cayendo
Milan Kundera
Ya no estoy seguro de nada. No sé si lo que voy a relatar sucedió como lo cuento o difiere mucho de lo que aconteció. Aun no sé si ocurrió realmente. No comprendo siquiera si estoy escribiendo o se trata del último sueño de un moribundo aferrado a la vida, las fantasías de un reciente cadáver, de un fallecido asomado al alféizar de la vida, a la que le une el filamento de una conciencia poco tranquila e insatisfecha.
Creo que todo ocurrió esta misma mañana. Como todas las madrugadas desde que recuerdo, me levanté a estudiar con más inercia que vocación. Como si fuera un ritual, abandono el cálido abrazo de la cama y, sin llegar a vestirla de nuevo hasta más tarde, me dispongo a desayunar (¿o es al revés, salgo del ayuno nocturno y de camino compongo la cama?), me lavo un poco para enfriar el sueño y preparo los apuntes. Estudio toda la mañana e imagino cosas. Mis pensamientos se evaden de los folios garrapateados, resaltados de multicolores. Escucho la radio y pienso cómo sería mi vida en otras circunstancias, con un trabajo estable, con otros estudios; si fuera un virtuoso del violín, o si me dedicara a vagabundear pidiendo un par de euros a todo el que se cruzara en mi camino...
Pues bien, no llegué a sentarme a desayunar esa mañana, cuando oigo un jaleo en la calle, bajo mi ventana abierta que el calor precisa. Y comienzan a acercarse sirenas indefinidas (nunca he distinguido el sonido exacto de los coches de emergencia). Me asomo al exterior, perdiendo el interés del examen inmediato. Los vanos de mi alrededor están del mismo modo llenos de observadores que miran alternativamente a la calle y hacia donde yo oteo. ¿Estaré mal vestido, me habré puesto el saco del revés o no me he puesto ropa alguna?, pienso.
A mi ventana llega mi madre y mi hermano, algo menor que yo, que la abraza fuerte, que la agarra (no parecen verme). ¡Hola madre! (ni escucharme). Parece que alguien se había arrojado de madrugada. Ella llora y repite: “¿por qué lo has hecho?”. Llaman a la puerta, es la policía y un señor con bata blanca y un bombero y una comitiva de mil vecinos, que dicen si podemos bajar a identificar a la víctima. Mi madre parece una Magdalena y mi hermano llora también, golpea las paredes y traga saliva. Yo bajo tras ellos.
En la calle, bajo la ventana de mi habitación, el de la bata blanca levanta la sábana que oculta un bulto amorfo. El hombro de mi hermano se ha convertido en pañuelo, papel secante, muro de las lamentaciones, confesionario de mi madre que se está cayendo.
Yo me alzo en las puntas para ver el cadáver. Me asomo y descubro con asombro que el suicidado soy yo.
* Otro cuentecito existencialista de juventud, fechado en junio de 1990.
27/08/2007
Un hombre bueno

Inconmensurablemente bueno era aquel hombre. Bondadoso hasta lo impensable. Quizás el hombre más bueno sobre la tierra.
Un verano, cuando los bichos revolotean y se pegan como pequeñas limaduras de hierro a los grandes imanes humanos, se dio cuenta que si espantaba las moscas que impepinablemente se posaban en su cuerpo, podían llegar a molestar a otros compañeros, haciéndolos justamente enfurecer. Así, que estoicamente decidió soportar aquellos puntitos negros alados.
* Más de veinte años tiene este cuentecito.
25/07/2007
Cuéntame un cuento

Puede que la actividad preferida de mi hijo sean los cuentos. Cuando digo de contarle un cuento, es capaz de abandonar cualquier otra actividad por muy "importante" que sea. En su mente infantil, la fantasía ocupa su mayor parte.
Juan está familiarizado con los cuentos tradicionales, los relatos de películas y un gran grupo de inclasificables que yo mismo me invento. Con estos últimos él colabora. Colabora en el recuerdo, cuando a una mente cansada como la mía le invade la niebla.
Entre los cuentos tradicionales también se encuentran las escenas mitológicas y los héroes de papel. Así, mi chico, está familiarizado con Ali Babá, con el rey Arturo, con los viajes de Ulises o con Cyrano de Bergerag.
Un cuentecito de tradición irlandesa que últimamente recordamos, se resume de esta manera:
"Algunos marineros del condado de Galway decidieron embarcarse en un tres palos en busca de la legendaria Vinland, una tierra próspera, a muchas millas al oeste donde corren ríos de vino y de miel.
Llevaban tres días y tres noches navegando cuando se desató una gran tormenta de olas que levantaban peligrosamente el barco.
Una bruja del mar los seguía con su cabello azul, su piel sedosa y sus ojos melancólicos; en busca de un hombre para, con la boca llena de algas, llevárselo al fondo del mar.
Los marineros, asustados, decidieron jugarse a los dados la suerte de uno de ellos, que se entregara a la bruja voluntariamente y así dejaría en paz al resto.
El destino apuntó a Tahgd (creo que así se escribe), el marinero más querido, el más valiente y necesario. Éste, sin pensarlo, quiso arrojarse por la borda, pero sus compañeros se lo impidieron.
La suerte le volvió a tocar a él una segunda vez. Y después una tercera. Estaba predestinado. La bruja lo había elegido a él.
Pero antes de saltar al embravecido océano, propuso a la bruja cantar una canción que decía:
Si me dijeras
cuántos ojos de peces hay en el mar,
me casaría contigo.
Si me dijeras
de qué color es el mar cuando se enamora,
me casaría contigo.
Con el arrullo de esta dulce melodía irlandesa y el vaivén de las olas, la bruja se quedó dormida y, con ella, amaino la tormenta.
Los marineros pudieron continuar su camino. Pero, se cuenta, que es la primera y la última vez que se duerme una bruja del mar."
* EN LA FOTO: La nave británica "Alcinous" de casco de hierro con aparejo de fragata de tres palos, construido en el año 1882.
28/05/2007
Un bicho de Connecticut

Estoy leyendo Cuentos completos de Truman Capote (la última entrega de Círculo de Lectores) y, aunque no tenga nada que ver, su alusión a algunos de los Estados de los Estados Empalmados (que es otra forma de decir Unidos), me ha traído a la memoria una de las comedias en un acto que escribí en mi juventud (1991).
Os dejo con ella:
Un bicho de Connecticut
Señora - ¡Aaaaah!
Camarero - ¿Qué le ocurre, madame?
La señora que grita - ¡He encontrado un bicho en mi sopa!
Camarero - ¡No puede ser!
Ella - ¡Como lo oye!
Asombrado, el camarero - ¿Qué clase de bicho?
Agitada - Un bicho de Connecticut.
Él - ¿No me diga usted que conoce a los famosos bichos de Connecticut?
Interesada - Pues claro. ¿Quién no conoce los bichos de ese Estado?
Sentándose a la mesa - Son los más pequeños y negros que he visto.
Asqueada - ¡Repugnante!
Se levanta de un salto - ¡Señora!
Ella (entre disculpa y mofa) - Usted no, el bicho.
El camarero, que se pasa la servilleta de la señora por la frente - ¡Uf, creía! ¿Le cambio la sopa?
Señora - No sé... Le he tomado cariño.
Camarero - ...Al bicho.
Señora - No, a usted. Y no quiero que se marche.
Él - ¡Pero tengo que trabajar!
Amorosa - ¿A qué hora acaba?
Camarero - A las 10 p.m. Pero no creo que pueda ir a su piso a tomar una copa y a lo que salga.
Ofendida - Yo no he querido decir eso.
El hombre - ¿Qué ha querido decir entonces?
La dama - Que podíamos ir a su piso y tomar una copa y... ya usted sabe.
Anonadado - ¡Señora, que estoy casado!
Ella - Yo también. Mi marido es camarero.
Camarero - ¡Qué coincidencia!
Sin creérselo - ¿Tiene usted también un marido camarero?
Sin explicárselo - No. ¡Yo soy camarero!
Sin pensárselo - Y mi marido también.
Exasperado - Señora, me voy. La dejo. No aguanto más.
Histérica - ¿Cómo se atreve? Daré parte. ¿Su nombre?
Cabizbajo y flojito - Luisss
Dispuesta a comerse el mundo - Luis, ¿qué más?
Con un nudo en la garganta - Luis Heredia Martínez.
Dejando caer el lápiz y la agenda - ¡No puede ser! ¡Mi marido! (y abre la boca y no sé si se le cae la baba).
Con lágrimas en los ojos - ¡María Luisa! ¿Eres tú? No te había conocido. ¡María Luisa!, ¡María Luisa! (etc.).
María Luisa (con lágrimas en los ojos, pero otras), alternando con las exclamaciones del marido - ¡Luis! ¡Luis!... ¿Luis?
Luis - ¿Qué haces tú aquí?
TELÓN
* Foto: Truman Capote en 1947 (© Washington Post Magazine)
23/05/2007
Si

Ayer encontré a mi amigo, el cantautor granadino Juan Trova, de clara influencia cubana (en concreto de Silvio Rodríguez). Me comentó que se había reabierto El Harem de Arquímedes, más que un bar de copas, un centro neuralgico de la cultura alternativa de la ciudad, como en la actalidad el Anäis. Ya hablaré del Harem en otro momento.
Recordamos, entre otras cosas, que en una de sus mil y una noches, Juan dio un recital musicando los versos de los poetas habituales del local. Poemas que, por lo general, no han sido muy difundidos, ni siquiera grabados.
De los míos elegimos uno que tenía cierta asonancia y bondad para ser cantado, de contenido claramente erótico, llamado simplemente "Si" (condicional), que, como digo, nunca llegó a grabar.
El poema, que prometió enviármelo en mp3 cuando pudiera, dice:
Si yo fuera ella
y soñara conmigo,
que en un arrebato
me quitara el vestido;
y me desnudara con calma
de pies a cabeza;
y me tendiera en la cama;
y me cubriera de besos,
y quisiera comerme
y perdiera los sesos.
Si yo, que soy ella,
sin rubor me dejara
acariciar unos senos
que despuntan al alba,
suplicando mordiscos,
jadeando plegarias,
y la ropa que queda
con furia me arranca.
Si bajaras a mi pubis
y hundieras tu cara,
yo dejaría mil gritos
escapar de mi alma.
Me comería tus labios
y pellizcaría su espalda,
te arrancaría los pelos
y te arañaría la cara.
Si gozaras conmigo
como adoro tu estampa
y camino sediento
por esta morada
de insatisfecho deseo,
de amor verdadero,
de insufrible jalea
que busca tu cuerpo,
yaciendo desnudo,
soñando despierto,
si yo fuera ella
que anhela mis besos.
* ILUSTRACIÓN: Símbolo japonés que significa 'armonía'.
17/04/2007
No desprecies a la culebra por no tener piernas

Quién lo ha visto y quién lo ve. Era, como si dijéramos, el tonto del barrio. Un día llegó con la mandíbula abierta y la lengua gorda que se derramaba fuera de la boca, ofreciéndonos pesetas y comiéndose los papeles de los anuncios publicitarios que arrancábamos de paredes leprosas. Era grandote y grueso, torpe y sin entendederas. Bien lo echábamos de nuestro lado bien lo llamábamos para reírnos al punto de sus desvaríos. Si no llevaba la baba colgando, se le caían los mocos, que mal limpiaba con el mismo pañuelo sucio con que enjugaba su boca. Lo mandábamos a comprar tabaco, a tocar el culo de las niñas u otro sinfín de pruebas a superar para entrar en un supuesto club al que nunca tendría acceso. Detrás de las cristaleras de su portal, se asomaba sobándose los genitales al paso de alguna chica. La Rosa, fresca y hermosa, se preguntaba por qué el pene más grande pertenecía siempre a necios y a tarados. Divulgó, como si fuese una broma, que era su novio y, de esta manera, se lo llevó a la cama. A lo primero reconoció que era tonto sin remedio, que no se quitaba la gorra ni para follar; pero después no pudo pasar de unos encantos tan inocentes como descomunales. Llegó el día que su fama corrió y lo tuvieron por montura todas las mozas del barrio y de los alrededores. Los chicos casaderos del lugar, un buen día, le dieron una paliza que casi lo revientan de pura envidia. A raíz de esto, sus padres se lo llevaron lejos. Al tiempo volvió hecho un notario de prestigio, con el coche más lujoso que hayamos visto y una elegante morena por mujer. Cuentan que fue idiota por un golpe de pequeño o por un letargo voluntario al contemplar la violación de su madre. Un desajuste en el cerebro que se reajustó, probablemente, después de la magna paliza de sus cornudos vecinos.
* Un cuentecillo de juventud
23/01/2007
Haiku
* Foto de Nono Guirado22/12/2006
Los tres deseos

Subió al desván, cumpliendo por fin su más ferviente deseo. Al igual que Eva anhelaba la manzana inalcanzable en el Paraíso, él soñaba con escrudiñar el piso alto, cuyo acceso su padre siempre había vetado. Ahora, muerto ya su progenitor, podría, sin ningún impedimento físico ni prohibición patriarcal, ascender los veinticuatro peldaños de escalera que lo separaban de Eldorado.
Antes de abrir la ansiada puerta, e igualmente emocionado, deseó con idéntica vehemencia que la estancia estuviera llena de cacharros y objetos antiguos de incalculable valor, vestidos de época y libros raros, de hojas amarillentas y cubiertos de polvo, postales de antaño y cartas de países lejanos, reliquias del pasado, secretos inconfesables.
Tras la puerta se desveló efectivamente lo esperado, y aun más. Su imaginación había quedado asaz estrecha. Era increíble. Tan sólo faltaba una lámpara con genio en su interior, como las de cuento.
Nada más pensarlo, la lámpara apareció ante sus ojos. Era un panzudo candil de cobre, con boca para la llama y asa para aprehenderlo. Tenía tapa dorada y algunas telarañas lo hilaban a una pared casi blanca.
Corrió en su busca y la aferró con una mano, mientras la frotaba con la manga del brazo opuesto. De su oquedad, por la boquilla, no tardó en salir un genio traslúcido y gaseoso, ataviado como personaje de Las mil y una noches. Quien se apresuró a informar a su nuevo dueño que los tres deseos que pretendía formular ya se habían cumplido. A saber: entrar al desván, que estuviera repleto de apasionantes tesoros y encontrar entre estos una lámpara maravillosa con genio en su vientre. “Así que déjame descansar otros quinientos años”, concluyó la aparición, antes de regresar aspirado dentro de su cobrizo habitáculo.
* ILUSTRACIÓN: Joan Miró, La lampara de aceite, 1924. Dibujo
24/09/2006
El Otoño

Como reconocimiento a estos tres meses nebulosos que nos aguardan, rescato del barbecho un par de poemas cortos e inocentes como el sabor del sueño otoñal.
Uno
Me gusta pisar el otoño
cuando el suelo se tiñe de árbol,
cuando los charcos atrapan el cielo,
arreboles rojos en tu cara
y regueros de viento
donde la hojarasca deja paso
a las lágrimas del sueño.
Y dos
Me gusta cuando llueve
para poder gozar
la dulce confusión
que ofrece la capucha.
Aunque prefiero el sol
con los ojos cerrados
y la brisa temprana
que tu pelo alborota.
Feliz otoño.
14/09/2006
Huellas de amor eterno

Ayer, como ya anuncié, estuve en la presentación del cuaderno de "Movilidad y ecología ciudadana". Un acto entrañable lleno de lecturas, música y cine, dando a entender que la ecología debe partir de la cultura. Me recuerda a Mao Zedong (ese exterminador tan visionario como orate) cuando entendía como mérito en la defensa nacional en que sus oficiales fueran músicos, bailarines, artistas circenses... pues decía: "Un ejército sin cultura es un ejército estúpido y un ejército estúpido no puede ganar guerras".
En este cuaderno, incluyo un cuentecito ecológico (of course) que, con el título de "Huellas de amor eterno" reproduzco a continuación:
Un joven abeto y una bella encina pasean por la Gran Vía en hora punta cogiditos muy juntos de las ramas. Huelga decir que están rematadamente enamorados.
Al tiempo, con un calor intermedio, se tumban bajo la tersa pierna de una chica de pelo alborotado.
El joven e impulsivo abeto, en un arrebato de salvaje amor, extrae de las oquedades de su corteza una navaja suiza, enviada directamente desde los Alpes por sus frondosos paisanos, y deja constancia de su inmutable amor en la pantorrilla anónima del insensible bosque humano.
20/03/2006
Me estoy quitando de la poesía
La vida da muchas vueltas. Lo malo es que siempre las realiza sobre el mismo eje (quien tiene suerte, como la tierra, goza, además de la vulgar rotación, movimiento de traslación).Mi inclinación, para q uien me conoce desde antiguo, era el dibujo. Más tarde fue la poesía y después el cuento. El humor (o el amor), como ingrediente indispensable para no deshacerme por las costuras, lo salpicaba todo. Pero siempre he tenido prisa para terminar perdiendo todos los trenes. Y allí me veo, en el andén, con un puñado más de rezagados, que se ofrecen el hombro y piden en la oficina el libro de quejas (mal de muchos, ya se sabe). Mis escritos siempre han sido breves.
Allá por los 80, leí a Octavio (primero más Paz que Octavio, después tan sólo Octavio) y descubrí, gracias a él, la poesía japonesa, el arte de decir todo en una imagen, toda una filosofía en tres línes, diecisiete versos de intensidad, el yin y el yang frente al espejo. Descubrí entonces mi vocación orientalista, mi participación en el zen y en el tao. Adapté el universo a mis maneras y comencé una carrera de fondo donde el silencio, la quietud, la soledad, eran la bandera.
Ahora, como siempre, escribo escaso. De la pintura me he borrado y la poesía se me está quitando. Aunque, a veces, alguna idea, algún verso, me salta al cuello. Uno de mis poemas, el último, es granadino y marinero, enigmático y clarividente. Dice así:
Las velas recogidas
se tienden a la mar,
más allá San Antón.
Ahora todo el mundo se ha montado al carro del haiku, y parece como si hubieran descubierto la pólvora o se hayan aventurado por la ruta de la seda (que Kitaro dulcificó enormemente). En respuesta, escribo directamente estos versos:
Desconcertado,
el haiku es la moda;
Basho ha muerto.
17/03/2006
Galatea y Pigmalión
Cuando más le gustaba su Pigmalión era después del ejercicio, cuando se acercaba a ella, se despojaba de la camiseta y, con el torso bañado en plata, la besaba suave.
Pidió al cielo que ese momento fuera eterno. Rogó a la diosa que congelara el instante sublime de aquel beso.
Ahora Pigmalión es una bella figura de mármol blanco que se asoma a la alberca del jardín donde Galatea eterna sueña el amor.

