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Excelencias en Maracena

X Festival Flamenco de Maracena

Con un cartel más que decente regresa el Festival de Maracena a su espacio tradicional en el Anfiteatro, después de unos años de reforma. Esto, unido a los diez años que cumple, ha contribuido a la calidad del mismo. De primeras sorprende que sea el baile el que abra la velada, al igual que la segunda parte, cuando siempre tiende a cerrar. Se agradece este detalle rompedor que ambienta desde el comienzo. Patricia Guerrero y su grupo son los encargados de romper el hielo, bailando unas alegrías. Patricia se mueve como pez en el agua, rellena el escenario y cautiva con sus desplantes, a pesar de estar mal iluminada, a pesar del penoso sonido, a pesar de las tablas movedizas.

El Polaco es El Polaco. También tiene problemas de sonido, pero es El Polaco. Además, le acompaña a la guitarra nada menos que Paco Cortés, que suena ronco, pero es Paco Cortés. Soleares, tangos, granaínas, fandangos y bulerías conforman su repertorio festivalero. A pesar de todo, Luis Heredia es un cantaor largo, que puede con todo, que todo lo hace, y así lo demuestra.

Juan Pinilla despliega sus armas. Canta y habla por igual y demuestra su conocimiento, escuela y compromiso. Alfredo Mesa, como Paco, suena demasiado grave, como si la guitarra tuviera seis bordones. Pero, una mirada atenta, advierte los quilates que puede llegar a derrochar. Juan hace cartagenera y levantica para empezar. Sigue con la caña y, después, con un recorrido de abandolaos por toda Andalucía oriental. Por Cádiz, sin remedio, es muy Calixto Sánchez. Y, en los fandangos, se acuerda de Vallejo.

Posiblemente la mejor entrega de José Cervera ‘El Cuchillas’, antes de que comenzara el descanso, sean los tientos-tangos, que abordó con sentido y modulación..

Otro mérito de este Festival ha sido la puntualidad. A las 22,30, como se anunció, estaba dando comienzo, y, de una parte a otra, se cumplieron los veinte minutos prometidos. Patricia vuelve a abrir por levante y tangos. Miguel Barroso, de los ‘Tarantanes’ del Sacromonte, nos deja con la zambra caracolera “La Salvaora”. Estremece con la soleá de Granada, esa pieza apolá que cogimos prestada de Triana. Es chaconiano en la granaína y vuelve a relucir Vallejo en los fandangos.

Julián Estrada pone el punto final a una buena velada. Con el fenómeno de Manuel Silverio a la guitarra, se arranca por malagueñas, que remata con unos correctos fandangos del Albaycín (no todos lo consiguen). De Málaga pasa a Cádiz y de Cádiz a Huelva. Es original en el comienzo de sus temas. Termina con tientos-tangos. Julián tiene su público, que no le dejan marchar sin antes cantarles un poquito por fandangos.

Noche de clasicismo e ímpetu

Noche de clasicismo e ímpetu

Los veranos del Corral

XI Muestra Andaluza de Flamenco

Desde la estética hasta las formas, Gabriel Moreno es un artista clásico. De estilo añejo y respetuoso con el público, mantiene la compostura, si no fuera por una dudosa infección de nariz y la golosina en la boca. Anuncia los cantes, como antaño, y espera un guitarrista que se le adapte. Rafael Santiago ‘Habichuela’ es el tocaor elegido para seguirle los pasos, a veces con dificultad, y amortiguar su trayectoria.

¿Cómo es posible ir a peor? El cantaor linarense comenzó con unas malagueñas muy ajustadas y sensibles, seguidas de “un cante por seguiriyas” igualmente profundo y coherente. Pero continuó por los tangos “Las tejas de tu tejado”, perteneciente a una de sus grabaciones. Como quien se sabe la lección de memoria, recitó los tangos sin gracia y sin atender al acompañamiento, creando una situación surrealista, en la que cada cual iba por su lado. Esto lo remató con unas tarantas fuera de tono, que subsano, salvando completamente su recital con una nueva y extraordinaria taranta, dedicada a su madre.

Rafael de Carmen es un bailaor impetuoso. Su gran fuerza viene justificada por su sentido del ritmo, por su compás y sentimiento. Sus propuestas parece que no están cerradas. Escucha la música, y de sus compases, saca la inspiración momentánea. Improvisa, como el camino de Machado. Tiene elegancia y temple. El bailaor sevillano comienza con tanguillos y tangos. Está de vuelta, su sonrisa lo delata. Un buen cuadro a sus espaldas aplaude sus incursiones. Manuel Tañe y José Valencia al cante (éste último abordará una seguiriya poderosa en uno de los interludios); Juan Requena a la guitarra, que, con su sensibilidad extrema, nos regala en solitario un bombón en forma de granaínas; y José Carrasco en la percusión, como muestra de su época con Manuela.

La soleá es uno de sus platos fuertes que le reconocemos como bailaor, maestro y coreógrafo. Y, en las alegrías, para terminar, hace lo que quiere. Se mete al público en el bolsillo y se lo lleva de fiesta. Tan fresco como entró hace mutis al final. Después nos enteramos que, por una lipotimia reciente, padece varias dolencias físicas en piernas y brazos. ¡Quién lo diría!

* Rafael de Carmen en la foto.

De aquí al cielo con Mariana Cornejo

De aquí al cielo con Mariana Cornejo

Los veranos del Corral. XI Muestra Andaluza de Flamenco

La gracia y la sal de la Bahía no se pierden mientras queden artistas como Mariana Cornejo. Siguiendo la estela de los grandes de su tierra, como El Beni o Chano Lobato, primero tiene que hacer una composición de lugar y ganarse al público. Después, cuando las risas son tan grandes como la admiración, es incombustible. El resultado fue que estuvo cantando placenteramente durante más de una hora (la programación doble impidió proseguir). Ella estaba a gusto, el espacio, el público, el sonido… Y los espectadores estaban pasando un buen rato de arte y simpatía.

Su primer tema, reivindicando su tierra, fueron unas cantiñas, que fueron rosas y alegrías. Continuó por bulerías de Cádiz, esas que allí llaman chuflillas, “pero no son chuflas, que son castañeras”, aclaró. Y remató estos aires de fiesta con una jota aragonesa. Bien traída porque Zaragoza junto a Cádiz fueron las únicas ciudades que resistieron el acoso francés del XIX y decidieron fundir de alguna forma sus folklores. El momento más grave de su actuación fueron unas seguiriyas, en las que se acordó de Sellés y de El Mellizo. El guitarrista, Pascual de Lorca, sin grandes ostentaciones, fue bastante correcto. Es un acompañamiento de batalla, todo terreno y respetuoso. Diego Montoya, padre reciente, se hace imprescindible en las palmas y los jaleos. Un largo recorrido por tangos, Triana, Cádiz, Granada…, con letras populares terminan de encumbrar a esta artista, que, para las bulerías, se pone en pie, como es debido, para acompañarlas con una simpática pataílla. Unas bulerías que terminan con el conocidísimo bolero “Si tú me dices ven” y la copla “Ojos verdes” hechos cuplé. Como bis, resistiéndose a escapar, el auténtico tanguillo salió a relucir.

La segunda parte la ocupó el baile tradicional de Antonio Molina ‘El Chorro’. Con una gran técnica y pasión, no termina de trasmitir. Fuerza. Eso sí, mucha fuerza. Tanta que en algún momento le hace perder el equilibrio. Su primera entrega es un taranto completamente plano. Su baile es determinadamente macho, como el de Farruquito, y bastante precipitado. Juan Campallo, a la guitarra, estuvo mejor que el día anterior. ¿Será porque la propuesta del cuadro fue más coral y moderada? Bien por los cantaores José Amador y Javier Rivera, que, con sus voces bien distintas, contribuyeron a redondear la dinámica. En las seguiriyas vimos al bailaor onubense más seguro, y rescatamos algunos momentos, aunque su rostro hierático seguía sin expresión. Para la soleá por bulerías encontramos a un artista más completo, sobre todo en los silencios. Aún es joven y puede llegar a sorprendernos, porque madera no le falta.

* Mariana Cornejo (© Paco Sánchez).

El sueño de La Susi y las alas de Pastora

El sueño de La Susi y las alas de Pastora

Los veranos del Corral. XI Muestra Andaluza de Flamenco

La estela cantaora de La Susi no hay quien se la borre. Su buena voz, flamenca, desgarrada, es para reconocerla. Pero, me temo, que fueron más el ruido que las nueces. Es más la expectación que causa su nombre, sus grabaciones y su trayectoria, que el recital que nos brindó. Quien compartió escenario repetidas veces con Camarón, a pesar de asegurar que se encontraba a gusto, no estuvo a la altura. Sus olvidos e invenciones no tenían razón de ser. La autoridad de su voz por encima de sus compañeros empobreció su actuación. El guitarrista, Manuel de la Luz, iba a remolque. No sé si llegaron a entenderse. Los palmeros, Bobote y Mercedes Amador, sonaron desiguales.

Unos acordes de guitarra introducen la toná. Las seguiriyas son aceleradas, como de baile. En cambio, las malagueñas son pausadas. Se abandolan e intentan acabar con fandangos de Granada. En los tangos demuestra su eminencia festera. Su mejor entrega, sin embargo, es una vidalita, que termina siendo marchenera, la misma que grabara Morente con Sabicas. El punto final lo ponen las bulerías y sus cuplés, que acabaron al pie de escenario con La Susi, en su papel de diva, dando graciosas pataíllas.

Pastora Galván concentra en su persona toda la esencia del baile flamenco quizá desde sus comienzos. Su oficio y entrega son tan exactos que se permite licencias impensables. Lo más llamativo es el vértigo, la velocidad que le imprime a sus composiciones sin perder la compostura, sin perder el compás, sin perder la belleza estética, sin perder ni una horquilla. Aunque lo mismo se para, escucha el cante o baila el silencio como en un apagón. Los momentos radicales, los desplantes de vanguardia extrema, se los debe a su hermano o a la nueva tendencia en que él se mueve.

Las seguiriyas son un compendio, una muestra completa de su fuerza, de su estilo. Esta pieza encierra tonás, fandangos y un apunte por sevillanas. Las alegrías las aborda con tradicional bata de cola blanco y manila floreada. A pesar del ritmo trepidante, que recorta los tiempos, mueve el vestido de forma envidiable. Y el mantón, del que parece despreocuparse, realiza el vuelo más auténtico que he visto últimamente.

Entre sus propuestas, sus músicos abordan un par de temas sobresalientes. Comienza David Lagos, a quien no conocíamos, cantando unas malagueñas. La voz hueca y profunda de José Valencia, con exceso de grito, ahora más moderado, interpreta una taranta bien modulada. A la buena guitarra de concierto de Juan Campallo (de apellido sugerente) le falta la fuerza necesaria para tocar atrás. A las palmas, repite Bobote, sin anunciar.

Los tangos finales, igualmente son una delicia. Son tres bailes tan diferentes en su aproximación y resultados que parecen tres bailaoras distintas. Tres bailaoras que podrían seguir multiplicándose como ya vimos hace unos años en su montaje “La Francesa”, donde exponía todos sus registros.

El poquito de alborea y bulerías finales fueron otro regalo.

* La Susi en la foto (© Muriel Mairet).

Duelo de pianos en el Corral

Duelo de pianos en el Corral

Los veranos del Corral. XI Muestra Andaluza de Flamenco

Es necesario, a estas alturas, se mire por donde se mire, refrescar el flamenco con  otros aires. Siendo el flamenco una cultura viva que evoluciona con los tiempos, que se embadurna con los pólenes de cada primavera, que se expande en los sentimientos de todos los aficionados, es dable que se preste a la experimentación.

Hace bastante tiempo que el flamenco tuvo un tácito hermanamiento con el jazz. Una fusión tan natural como legítima, que vemos manifestarse sobre todo en el mundo de la guitarra. Desde el maestro de Algeciras hasta los jóvenes concertistas, pasando por los almerienses Tomatito y Niño Josele, es inconcebible separar estas dos corrientes.

Paralelamente, las incursiones pianísticas de Chano Domínguez o David Peña ‘Dorantes’, entre otros, no dejan ninguna duda a esta realidad: el flamenco y el jazz (o el blues) son dos caras de una misma moneda. Su nacimiento, más o menos es el mismo, la queja y la manifestación popular.

Dentro de la programación de “Los veranos del Corral”, aunque fuera del ciclo, tuvimos la presencia este lunes de una banda de fusión, capitaneada por el pianista Sergio Pamies, brindándonos un concierto extraordinario. El tema “Borrachito”, principia la noche. Los dedos sensibles de Sergio Pamies nos transportan a una dimensión difícil de abandonar. Llaman la atención la sincronización de los dos percusionistas, ‘El Moreno’ y ‘El Cheyenne’, que pronto, con Diego, serán tres. El contrabajo de Guillermo Morente, poco habituado a la corriente flamenca, se convierte en un instrumento de precisión, con destacados solos. El cante de Sergio Gómez ‘El Colorao’, bracea a la perfección  en estas aguas. Voz que estremece sin par el la farruca lenta, tratada como balada, que a continuación se muestra. Para la versión de “Sólo quiero caminar” de Paco de Lucía, se requiere la trompeta del cubano Eric Sánchez, que hace un particular remedo de la sonanta. Hasta aquí se aprecian algunos titubeos y una improvisación que cada vez estará más programada (una de las señas de identidad del jazz).

Diego Amador, como artista invitado, presta también algunas piezas de sus grabaciones y aporta su voz, su piano y a su hijo, del mismo nombre, que se une a la percusión. La “Soleá del Churri” pertenece a “Piano jondo”, el trabajo discográfico de Amador en 2003. El duelo de pianos es impresionante y puede que irrepetible por la recreación del momento.

Diego Amador, acompañado exclusivamente del piano de Sergio, se pasa al micrófono para cantarnos una taranta muy gitana, muy camarona, mostrándonos el artista completo que lleva dentro (también toca la guitarra y el bajo). “Entre Amigos” viene a ser una soleá que le da nombre al disco de Pamies, a lo que le siguen las bulerías de Diego “¡Vivan los gitanos!”, donde baquetea con arte las cuerdas del piano, como ya le hemos visto hacer otras veces, y cierra la noche, próximo a los tangos, “Callados pensamientos”, que ocupa el tercer corte en el disco del pianista granadino.

* En la foto (de derecha a izquierda y de arriba abajo): Sergio Pamies y Diego Amador.

Verano flamenco (2)

Verano flamenco (2)

Como anunciamos en su día, propongo la segunda entrega de actividades flamencas de este verano, correspondientes al mes de agosto. No, no nos aburriremos.

4, martes - Grandes voces del flamenco  LA SUSI. Muestra de baile PASTORA GALVAN (22,30)

5, miércoles - Grandes voces del flamenco  MARIANA CORNEJO. Muestra de baile EL CHORO (22,30)

5, miércoles - Sacromonte puro, Angustias “La Mona” - Museo Cuevas del Sacromonte (22,00)

6, jueves - Grandes voces del flamenco  GABRIEL MORENO. Muestra de baile RAFAEL DEL CARMEN (22,30)

7, viernes - X Festival Flamenco de Maracena

8, sábado - Flamenco Joven Monachil

11, martes - Grandes voces del flamenco  CANELA DE SAN ROQUE. Muestra de baile JESUS AGUILERA (22,30)

12, miércoles - Grandes voces del flamenco  CANCANILLAS. Muestra de baile RAMON MARTINEZ (22,30)

12, miércoles - Flamenco de Granada, Rafaela Gómez - Museo Cuevas del Sacromonte (22,00)

13, jueves - Guitarras en el Corral ALFREDO LAGOS. Muestra de baile ANA CALI (22,30)

13, jueves - XXX Festival Flamenco Manuel Ávila de Montefrío

13, jueves - Festival flamenco Deifontes

14. viernes - Muestra de baile MANUEL LIÑAN (22,30)

14, viernes - Velada flamenca Caniles

15, sábado - Certamen Flamenco de Escúzar

19, miércoles -  Familias flamencas, “Los Coloraos” - Museo Cuevas del Sacromonte (22,00)

19, miércoles - Velada Flamenca La Peza

22, sábado - 40 edición del Lucero del Alba de Salobreña

22, sábado - Final 38 edición del Concurso Volaera Flamenca, Loja

24, lunes - Velada Flamenca Beas de Granada

26, miércoles - Historia Viva, Niño de las Almendras - Museo Cuevas del Sacromonte (22,00)

Estamos saturados. Muchos días coinciden. Intentaré cubrir lo más posible y rascar algunos días para la playita.

El Nene de Santa Fe y las manos de Alba Heredia

El Nene de Santa Fe y las manos de Alba Heredia

Los veranos del Corral. XI Muestra Andaluza de Flamenco

Desempolvado. Adolece el Nene de Santa Fe de ahogos y afinaciones precisas, posiblemente por llevar algunos años en dique seco. Pero la profundidad y, sobre todo, el eco flamenco de este cantaor son excepcionales. Un agradable romance por soleá comienza su entrega. A su lado, a la guitarra, su hijo Manuel Carmona, le da pie adecuadamente. Continúa con cartagenera, y rondeña, a los postres. Sus letras no son comunes. Sensibles y bien elegidas. Nos recuerda a Marchena. La solea, larga y generosa, es su mejor apuesta que, quizá, la supere con la seguiriya, donde se lamenta como los de antes. La planitud de algunos momentos se palia con esta precisa queja.

¿Puede ser el jueves, 30 de julio, la puesta de largo de Alba Heredia? Puede que sí, pero puede que no. Una bailaora, con 14 años, que lleva bailando desde que se tiene en pie, siguiendo la estela de su familia bailaora y con muchos momentos únicos en el escenario, no es novedosa. Lo nuevo, si me lo permiten, es que se ha subido a unas tablas de categoría internacional, que ha personalizado un baile que hasta ahora era impostado, que se ha entregado como si fuera el mayor examen de su vida, que ha roto esquemas trasnochados y ha puesto, con conocimiento, sus cartas boca arriba.

Algunos ases indiscutibles guardan estas cartas, aunque también se emborronan con otros naipes del montón. Su primera carta, tal vez un comodín, es su juego de manos, una fiel paloma que vuela a voluntad, herencia sin duda de familia. Otro as, justo es hacer mención de ello, es su bella elegancia. Sus desplantes y apostura también contribuyen. El sentido del ritmo, su seguridad en el terreno, la complicidad con el público, su sencillez en los interludios… conforman un cúmulo de facultades sin par en una bailaora que llegará a tener nombre. Los músicos la conocen, la han criado, y la arropan a la perfección. Un aplauso aparte se merece la guitarra de Emilio Maya. Y un tirón de orejas, el cantaor Juáñares, que toma un protagonismo imperdonable en mitad del espectáculo haciendo su fiesta particular por bulerías mientras esperaba la auténtica princesa.

Todavía, sin embargo, le queda mucho que aprender a Alba. Tiene tiempo. Debería estudiar y luchar por ese lenguaje propio y femenino que empieza a despuntar. Aunque lo más difícil no es adquirir lo que falta, sino desprenderse de lo que sobra. Como un poco de demasiada fuerza bruta, la idea de rellenar toda la música o el intento de teatralizar el baile. Ah, por si quieren saberlo, interpretó tarantos y alegrías.

Miguel Ángel y Patricia. Por Granada y la humanidad

Miguel Ángel y Patricia. Por Granada y la humanidad

Los veranos del Corral. XI Muestra Andaluza de Flamenco

Estos días se está tratando de relanzar la propuesta para que el flamenco sea declarado por la UNESCO Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, que en su día no tuvo éxito por varias razones, entre ellas porque partía de las instituciones y los poderes. Ahora se pretende que sea una cuestión endógena, o sea, que parta de los mismos flamencos, su visión y su día a día con el arte. Nosotros, desde Granada, tenemos mucho que decir. El flamenco que aportamos es de primerísima calidad. El miércoles así se demostró en el Corral del Carbón, con un programa eminentemente granadino y universal. Miguel Ángel Cortés, afincado en Sevilla, viene para brindarnos, como el maestro Paco, cositas buenas. Una seguiriya, principiada con acordes de zorongo, ya nos cuenta el poder de la guitarra de este Cortés, familia emblemática, aunque breve, de la sonanta granadina. Continúa en solitario con una soleá y, a partir de las alegrías, requiere el compás respetuoso del percusionista Agustín Diasera. Su toque es preciso, rico en tecnicismos y en sensibilidad. Sus finales son genéricos y efectistas. ¿Puede que parezcan clónicas las conclusiones de sus temas? Si las alegrías han sido bellas, los aires caribeños de la guajira son redondos y delicados. Los tangos no son convencionales. Se agradece ese nuevo planteamiento, que deja abierta la ventana a la experimentación. Para terminar, un poco de percusión, nos mete de lleno en unas bulerías que son un alarde de virtuosismo, de gracia y velocidad.

Patricia Guerrero se ha convertido en una de nuestras grandes esperanzas en el baile. No sólo es agraciada y domina los secretos del flamenco, sino que no deja de aprender. Cada una de sus propuestas es definitiva. Sale para comerse el escenario y se crece ante las dificultades. Aun llevando un cuadro de excepción, Juan Ángel Tirado y Miguel Lavi al cante, Luis Mariano y David Carmona a la guitarra y Miguel ‘El Cheyenne’ a la percusión, no se entendieron totalmente y se lo pusieron difícil a la bailaora, sobre todo en la soleá final. Fue un juego de gato y ratón. Sin embargo, donde hay arte, los escollos son alicientes. La entrega de Patricia fue entusiasta. Si nos gustan bastantes bailaoras, si le echamos flores a más de una, con Patricia además disfrutamos, vivimos el baile. Y es que trasmite. Rellena el escenario y pinta a sus mayores como pocas. Comienza por alegrías, paseando su palmito por el escenario, envuelto en cola de oro. Los martinetes de Tirado y Lavi son palabras mayores. ¿Quizá por no depender de nadie más? Las bulerías son una pincelada de buen gusto, sin trampa ni cartón, con traje de chaqueta corta (que “me lo ha hecho mi abuela”). Un solo de percusión termina esta bulería o comienza la inmensa soleá, con la que se cierra la noche. El pelo de Patricia es indomable. Las horquillas saltan como proyectiles. El público tiene las manos flojas y aplaude en cada desplante. Será por los concursos televisivos. La pieza es muy marcada y lucida, que cobra vértigo cuando alcanza niveles de fiesta. Patricia Guerrero vuelve a demostrar, solamente con esta soleá, que se encuentra entre las mejores, que, con 19 años, a ver con quién comparte el futuro.

* Patricia Guerrero. Guitarras: Luis Mariano y David Carmona, escondido tras el escorzo de la bailaora (© Nono Guirado).

Manolo Osuna y Leonor Leal. Solera y vanguardia

Manolo Osuna y Leonor Leal. Solera y vanguardia

Los veranos del Corral. XI Muestra Andaluza de Flamenco

Manuel Torres, ‘El Niño de Osuna’, ronda los 80 años, poquitos más o poquitos menos, camufla el whisky en una botella de agua y dice los cantes como si estuviera en una reunión y no en un escenario frente a unas trescientas personas. Manolo Osuna se acomoda, saluda sin mirar a nadie y presenta el cante. Comienza por martinetes. Aunque mermado de facultades (habría que verlo hace treinta años o quince o tan sólo cinco años), tiene ese poso de flamencura concentrada que le hace auténtico. Sin reposo pasa a las seguiriyas, que son de Tomás el Nitri, de Curro Durse y de un puñado más de creadores tradicionales. ¿Contemporáneos suyos? Luis Mariano, con su guitarra sigue al maestro. Éste no le echa muchas cuentas al tocaor que tiene al lado, siempre afinado, siempre preciso. El recital continúa con soleares y termina con fandangos. Son sota, caballo y rey. Son sus temas, los que esperamos. No pidamos mucho más. Quizá una caña, una petenera, alguna otra toná. Riesgo ninguno. Pero, a media voz, llena el patio de pureza.

Leonor Leal es la vanguardia. El principal reto de un flamenco, de una bailaora, es encontrar un lenguaje propio. Leonor no sólo lo consigue sino que lo complementa con una estética despejada. Con el pelo corto, muy corto, y sus vestidos poco ortodoxos, su baile está lleno de verdad. Pertenece a esa nueva hornada de bailaores, cada vez más amplia, que dosifican su fuerza, que escuchan el cante, que reposan sus movimientos, que son capaces de danzar el silencio, que tienen la mente despejada y la mirada amplia. También sabe, como saben sus hermanos, que para tener éxito en la propuesta hay que estar bien arropado. Para ello, Antonio Campos dulcifica el cante, Tino Van Dersman compromete su guitarra y Raúl Botella suaviza la percusión.

La vasija, de origen nigeriano, comienza un latido, que introduce la caña. Leonor se muestra elegante en su vestido negro. Huye de toda convención y marca un compás estremecido. Antonio Campos enriquece la pieza con su fraseo y la novedosa soleá apolá que encaja por fiesta. El guitarrista holandés se queda solo con su guitarra para interpretar una marcha de Semana Santa. Es creativo y preciso. Limpio y reposado. Antonio sigue su estela y, desde la balconada, nos canta unos martinetes cercanos a la saeta, que cantaba Chocolate de Granada. Para las seguiriyas, la bailaora jerezana, viste un vestido negro de vuelo con asimétricas líneas blancas, que redunda en la escena, sacando partido a sus vueltas y su emoción. En las alegrías, Leonor desnuda su espalda. Una vez más muestra su esencia. El baile es un paseo. Cuando un bailaor se divierte, es muy posible que el público lo pase igualmente bien. La improvisación también está presente. El pellizco y el duende, no se pueden buscar, tienen que surgir. El cantaor granadino se explaya igualmente. En la fiesta introduce aires de Arcos y, para la coda final, abandona su escaño y canta a capela junto a la bailaora. Terminan haciendo mutis los dos juntos. Un generoso bis por bulerías pone fin a una noche realmente completa.

* Leonor Leal (© Daniel Muñoz).

Otro haiku

Amaina el viento.

Palabras en la cara,

ahora son besos.

Adaptaciones en la bañera

Adaptaciones en la bañera

A los tres meses llevamos a Juan a aprender a nadar y lo que aprendió fue a evitar el agua. Hasta el año pasado, hasta los cuatro años, no se acercaba a ninguna piscina, orilla, embalse o charca que le cubriera por encima de las rodillas, y ésta debía estar a una temperatura idónea, más bien cálida, sin llegar a ser un caldo de gallina (sin alusiones directas a su miedo).

Este verano, gloria de los cinco años y, sobre todo, por estímulos escolares, no sólo se aventura en cualquier piélago, sino que sin pensar salta del bordillo y, con su padre dentro (aunque sea de secano), se quita los manguitos e intenta nadar al frente, aunque por ahora nada más para abajo. Se mantiene, no obstante.

El otro día, mientras le enjabonaba la cabeza, en la bañera encontró un pelo (a todas luces suyo) y propuso pasarle la redecilla a la bañera, igual que lo hacemos en la piscina para sacar hojas e insectos, algunos vivos todavía, lo que nos da pie a celebrar su resurrección.

También quiere saltar y hacerse ahogaíllos. Yo le he prometido un trampolín  y, por las quejas de la madre, que le tocó limpiar el baño, podríamos pasarle también el limpiafondos.

Las suaves caricias de Olga Pericet

Las suaves caricias de Olga Pericet

Los veranos del Corral. XI Muestra Andaluza de Flamenco

Si Olga Pericet no te enamora al principio, te enamora al final. Una farruca es su primera propuesta, que lanza vestida de plata. Siendo un baile masculino, de reconocidos signos quebrados y largas zancadas, Olga lo redondea, lo lleva a su terreno y lo pinta pastel. Desde la misma entrada, ya nos seduce. Con rictus circunspecto, se concentra en unos pasos de marcada perfección. Cuando sonríe gana varios enteros. Siendo la música determinada y determinante, esta bailaora cordobesa, necesita un cuadro de más peso, sin desmerecer a nadie. Son notables las guitarras de Arcadio Marín y de Antonia Jiménez. Acuérdense de los tanguillos de esta última en el primer interludio. El cantaor José Anillo tiene momentos mejores que otros. Algo mejor se desprende de la voz de Mercedes Cortés. Quizá la fiabilidad de una buena sonorización limara algunas asperezas.

Las seguiriyas son reconociblemente morentianas en sus principios. Olga es rotunda y sensual. Su fuerza controlada hace pensar en niveles inalcanzables. La delicadeza de sus brazos y el movimiento continuo de un cuerpo elástico, le restan dramatismo a la pieza.

Por tangos, más efectistas que efectivos, los músicos mantienen el ambiente hasta el cierre de la joven bailaora, que viene en forma de alegrías. No dudo en afirmar que las cantiñas se han convertido en el buque insignia de la cordobesa, si algo se puede entresacar de lo sobresaliente. Con vestido de cola blanco, de envidiable manejo, pasea su sonrisa por el escenario. Se regodea en el cante. Eterniza su cuerpo al tiempo que lo desboca en un alarde de felicidad compartida. El patio de butacas vibra con razón y le premia con el más sonoro aplauso de los días que llevamos de flamenco en el Corral. Desde el escenario se agradece el reconocimiento con amplio saludo y un añadido por fiesta fuera de programa, en el que dan su pataílla Ana Romero, que hasta ahora sólo marcaba el compás, un simpático José Anillo y la misma Olga, visiblemente emocionada.

Cuando el flamenco está de vuelta

Cuando el flamenco está de vuelta

Los veranos del Corral. XI Muestra Andaluza de Flamenco

El humor es un arma de doble filo. La comicidad llega con el dominio o con la carencia. Los fuegos de artificio pueden ser una simple traca callejera o una espectacular lluvia de sonido, luces y color comparable a un jardín renacentista. La bailaora gaditana Rosario Toledo concibió “Del primer paso” basándose en su propia historia. De un encorsetado tutú y unas zapatillas de ballet, descubrió encantada los tacones y los volantes. De la estable y delicada danza clásica saltó sin pensarlo dos veces al insondable mundo del baile flamenco. Su formación y sensibilidad le daban alas para ello. En primer lugar, como buena prestidigitadora, tenía que sacarse de la manga otro par de ases. Estos fueron, su paisano David Palomar, con su fraseo dulce y alegre, y el excelente guitarrista de Morón Dani Méndez.

La obra, concebida como espectáculo de calle para el Festival Flamenco de Mont de Marsan y transformada en propuesta teatral, está dividida en dos cuadros bien definidos. El primero choca por su tratamiento. Un finísimo recorrido por las apuestas de una bailarina, desde “La barra” del estudio y las castañuelas hasta el más añejo “Vito”, le hacen preguntarse el porqué del clásico español, mientras unos cantes primitivos le van llegando desde el buen gusto de Palomar.

Es una parodia. Toda la obra es una parodia. Aunque, mientras la primera parte es el trayecto de ida, la segunda parte supone el camino el camino de vuelta. El flamenco es un paseo alegre para divertir y divertirse dentro del control y la eficacia.

Las zapatillas de cintas vuelan por fuera del escenario.

Con una granaína casi a capela da comienzo el segundo cuadro. A lo que le sigue una precisa Rosario Toledo, con traje de pantalón, marcando con envidiable taconeo unas “Seguiriyas de sentimiento”. En la soleá se muestra sin discusión el dominio de las seis cuerdas de Dani Méndez. Rosario, vestida de negro, desarma con su buen gusto y ronea por derecho en las bulerías. La malagueña es de Fosforito el Viejo, así lo anuncia y lo borda David Palomar. Y, para terminar, el de Morón entona unos “ritmos tropicales, que no son otra cosa que alegrías de Cádiz con las que hacer patria. Con bata blanca y sobrada de compás, Rosario nos dice que el baile es un bello divertimento, una fiesta. Demuestra que el flamenco de sombra y de queja ya está trasnochado. Ella baila (su sonrisa la delata) como quien está de vuelta.

* © Manuel Aranda para el Diario de Jerez.

Dejemos descansar a Lorca

Dejemos descansar a Lorca

Ballet Flamenco de Andalucía

Poema del Cante Jondo en el Café de Chinitas

No quiero pensar que Lorca esté agotado, y mucho menos agostado. Federico es un creador en general, un poeta en particular, de una altura inestimable. Pero, como al terreno de labranza, quizá haya que dejarlo un tiempo en barbecho. Lo que en lenguaje artístico quiere decir que, posiblemente, necesite otras lecturas para que no suene a tópico, para que no sea más de lo mismo, para que no se asfixie de tanto apretar los mismos ceñidores que desde hace algún tiempo lo comprimen.

De nuevo el poeta universal, de nuevo el Genaralife, de nuevo Cristina Hoyos al frente del Ballet Flamenco de Andalucía, de nuevo un mes de espectáculo. ¿Demasiadas coincidencias o imposiciones desde instituciones lejanas? Desde 2002 viene funcionando esta propuesta de “Lorca y Granada”. Desde hace varios años vemos que este formato está caduco. ¿Pero cómo?, si funciona año tras año, si el teatro se llena cada jornada, si el día del estreno había ya 23.000 entradas vendidas. ¿Un éxito? Los “Coros y Danzas”, en su época, también fueron un éxito. Falta reflexión. Falta crítica. ¿Tenemos buena boca? ¿Comemos lo que nos echen? Lope de Vega decía, cito de memoria, “Puesto que lo paga el vulgo, menester es hablarle necio para darle gusto”.

En general el  “Poema del Cante Jondo en el Café de Chinitas”, que es lo que nos ocupa, es una obra que resulta por su grandiosidad, por su derroche de medios, por su colorido, por su alegre puesta en escena... En otro ámbito no tendría apenas objeciones, pero la obra exclusiva que esperamos año tras año para rememorar un nombre y su cuna, la obra líder en presupuesto y temporalidad, la obra más vista con diferencia, quizá en toda Andalucía, la obra creada con un futuro bien definido, me temo que no es ésta.

Reconocemos buenos momentos sin embargo, como el general tratamiento musical de Pedro Sierra, la personalidad y buen gusto de los cantaores y de los guitarristas, los montajes de “Los Cuatro Muleros” con sus bailaores, el “Poema de la Saeta” y su exclusividad bailada, la entrega de la “Baladilla” por cantiñas... Pero, en conjunto, el espectáculo fue aburrido. Un pastiche lleno de tópicos muy bien costeado.

El malagueño Café de Chinitas, ya desaparecido, en que Lorca cantaba sus canciones, sirve de excusa para presentarnos el poemario compilado por el poeta. Catorce momentos musicales conforman la función, algunos inspirados, otros sin sentido, la mayoría precipitados. Catorce momentos que se desglosan alargando inexplicablemente una muestra que requiere concentración e intensidad. El final, interminable, es demasiado efectista y falto de enjundia.

La familia de Federico no quiere desenterrar sus restos. Yo creo que lo que no debemos exhumar es su memoria para que choque con los muros del cansancio. Dejemos cabalgar libres sus poemas. Dejemos descansar a Lorca.

Un estreno impresionante

Un estreno impresionante

Los veranos del Corral. XI Muestra Andaluza de Flamenco

La belleza viene en una cajita pequeña que, al abrirla, impregna todo con sus bondades. El marco hace mucho. Bailar en el Corral del Carbón es un dulce tanto para el artista como para el espectador. La monumentalidad recogida en el atrio, la cercanía y la calidez que ofrece el pequeño formato, la noche emparrada que se vuelve cómplice, la ubicación en pleno centro de Granada, una luz y un sonido cuidados hasta el extremo… conforman el ambiente perfecto para el éxito, parta tomar al duende con guantes de seda y recostarlo a nuestro lado.

Pero todo este ambiente se puede romper por falta de calidad, por excesiva parafernalia, por simpleza expositiva (que de todo hemos visto). No es el caso, de ninguna manera, de la propuesta de Fuensanta ‘La Moneta’ y Rafael Estévez este lunes, en el estreno de “Los veranos del Corral”. Con un montaje ex profeso para la ocasión (y, según aseguran, irrepetible) elevaron los niveles artísticos hasta altas cimas. Si esta Muestra continúa con la tónica que han impuesto estos dos bailaores, sin ninguna duda las noches del Corral se encumbrarán como el mejor flamenco del año en Granada, comparable, salvando las distancias, con la Bienal sevillana, el Festival de Jerez o el Suma Flamenca de Madrid.

Dos maneras muy distintas de entender el baile, que no el flamenco; dos maneras tan diferentes de crear y presentar la escena y, sin embargo, tan complementarios. Arropados por grandes músicos: las guitarras exclusivas de los hermanos Iglesias, Miguel y Paco, el cante tan de pellizco de Miguel Lavi y David ‘El Galli’ (ellos solos podrían haber llenado el aforo) y el compás de ‘El Cheyenne’ (raro es verlo sin su cajón) y de Antonio Gómez, ¡qué bien se viaja en primera! Un espectáculo redondo, sin pausas ni esperas, contribuyó al resultado. Los palos se van imbricando como si fueran un todo continuo, una misma función con escenas conexas.

El onubense Rafael, más experimental y contemporáneo, no abandona las tablas. Como mucho, sentado en su silla, a la izquierda, colabora con las palmas o da el contrapunto con su taconeo acompasado. La Moneta, más flamenca y visceral, cambia su vestido enriqueciendo las piezas que toca. Así, de unas alegrías rescatadas del siglo XIX, ralentizan sus pasos, a la manera de Eva Yerbabuena, para pasar a las tonás. En esos primeros momentos, choca el orientalizante juego de brazos de Estévez, que acompaña con su rostro, siempre en éxtasis. Poco a poco, sin embargo, se verán llenos de coherencia y con un cierto paralelismo conceptual en el azogue de su partenaire.

Las seguiriyas comienzan por los pies. Fuensanta baila entre dos machos. En silencio acaba para pasarle el testigo a Rafael, que apunta una granaína y remata con malagueña clásica, que se abandola y acaba en verdiales, bailando los dos juntos. La granaína que baila Fuensanta es antológica, de una delicadeza y, al mismo tiempo, de una fuerza especial. Los guitarristas cogen protagonismo por rumbas, antes de un fiel zapateado del bailaor en su puesto. Los tangos, que terminan mascándose con la cadencia de los tientos y empalman con la colombiana (bien por Paco), configuran otro bello paso a dos que destila frescura.

La soleá huele a fin. Si a alguien le cabe duda, que vea a La Moneta bailando por soleá y firma lo que sea. Los bailaores se van pasando el testigo hasta acabar con aires de fiesta, la guinda que faltaba para que dure el sabor. El símbolo postrero de intercambiase la silla es una declaración de intenciones.

El síndrome de Cenicienta

El síndrome de Cenicienta

Con la emoción, el príncipe (azul, para más señas) había cenado poco. Algunas cervezas y dos copas le dieron el ánimo suficiente para abordar sin tanta ligereza a la joven que tenía al lado. Era de una belleza extraordinaria y, aunque su cuna fuera incierta, para una aventura veraniega no estaba mal. En el próximo baile la besaría y le haría proposiciones (la honestidad de esas proposiciones tendría que ponerla ella) o, en un apartado, entre las enredaderas del jardín, le metería mano directamente por debajo de su miriñaque.

Dos vueltas llevaban cuando la campana del reloj, siempre cruel, de palacio, le dio por vomitar sus doce enteras. La excusa fue de lo más peregrina. Que si no sé qué de una calabaza y unos ratones, que si un hada madrina, que si su vestido hecho añicos... No sé qué se metería que corrió como alma que lleva el diablo hasta el fondo de la escalera y con el príncipe ligeramente excitado.

En su carrera perdió un zapato de la talla treinta y cinco, con tacón de aguja y cuerpo de cristal...

Ni todos somos príncipes ni todas somos Cenicienta, pero sus síndromes atacan a diario.

Siempre hay algún/alguna Cenicienta que pierde un tacón cuando las campanadas advierten su fin. Ya sea por cansancio, por responsabilidades inmediatas, por obligaciones tempranas o por formalidad trasnochada, alguien agua la fiesta: la suya, la de su pareja, la de los demás.

¿Dónde dejamos el carpe diem horaciano? ¿Dónde la sublimidad baudelariana?

¿La crisis aumenta o relaja este síndrome?

¡Líbranos, Señor, de fuguillas Cenicientas y dulcifica la presencia de sus hermanastras que, ni siquiera, se enteran de que el reloj existe!

El Corral del Carbón se viste de volantes

El Corral del Carbón se viste de volantes

La Moneta y Rafael Estévez abren Los Veranos del Corral

Para los amantes del flamenco en todos los rincones de la tierra, decir Los veranos del Corral del Carbón es emplazarlos para una cita inexcusable que, durante catorce días, nos traerán a Granada lo más destacado del flamenco joven existente.

Los veranos del Corral, que cumplen once ediciones, vienen a ser, por su longevidad y sobre todo por su calidad, los encuentros más serios y prestigiosos del flamenco en nuestra ciudad. Desde 1998, durante los meses de julio y agosto, se viene desarrollando en pleno centro de Granada una muestra de flamenco de alta gradación. Lejos de pensar que sea un espectáculo veraniego para turistas y ociosos, es un festival para aficionados de todas las latitudes. Aunque también, justo es decirlo, una buena parte de los asistentes al patio del Corral son visitantes esporádicos, una gran parte de ellos son seguidores fieles que año tras año se interesan por el estado actual de nuestro arte. Porque los encuentros se han convertido en un verdadero escaparate idóneo para tomarle el pulso al estado actual del flamenco incipiente. Hay quien, incluso, hace coincidir sus vacaciones en Granada para asistir a este evento. Este año además, las localidades están numeradas, y las reservas se pueden hacer on line, dada la aceptación general, que llega a ocupar de media el 90 por ciento del aforo.

En toda España se reconoce este festival como el más importante de su especie. Muestras veraniegas, aparte de las festividades de los pueblos y poco más, no hay muchas en todo el territorio andaluz, y monográficas, como ésta, mucho menos. Los seguidores del flamenco, desde hace más de una década estamos de enhorabuena por poder contar con estos días de flamenco joven, puro y de vanguardia. Pero también son los mismos artistas los que están orgullosos de haber participado, por haber inundado con su arte las tablas del Corral. Y ya son ellos los que llaman para buscarse un hueco en una programación cada vez más extensa y refinada.

Sus comienzos, como es lógico, fueron más recortados. Quizá con un solo día a la semana. Pero siempre con la misma intención de dar a conocer a los artistas que despuntaban en toda Andalucía y darles un impulso que se ha convertido en definitivo en sus carreras. Pues, desde hace bastante tiempo, encontrar en el currículum de cualquier bailaor su presencia artística en Los Veranos del Corral, es un punto de luz en su expediente, es un aval de categoría y de sensible riqueza.

Bastantes de los que empezaron a hacer sus primeros pinitos, por decirlo de alguna forma, en el escenario de la alhóndiga andalusí, son ahora primeras figuras del flamenco nacional. Mencionar nombres siempre es arriesgado, pero todas las bailaoras y bailaores que se me vienen a la cabeza menores de treinta años, han pasado o los hemos conocido en estos veranos granadinos.

Durante los últimos años, se incorporó la guitarra en esta muestra. Ya no sólo es el baile quien tiene que decirlo todo. La perentoria calidad de los jóvenes guitarristas encuentra su espacio en el festival. Es la primera vez en la historia que contamos con tan nutrido grupo de tocaores virtuosos. La guitarra es la modalidad más dúctil del flamenco y que con más facilidad ha asumido las demás músicas, se ha fundido, de forma natural, con aires venidos de América, África y Asia, creando un corpus tan interesante como necesario. Por primera vez podemos contar con más de una veintena de guitarristas de concierto que tienen mucho que decir en el futuro del flamenco.

El pasado año, se subió al carro también el cante. Al baile interesante y vanguardista de los últimos tiempos y a la guitarra orbital, se le suma ahora la participación de la voz como piedra angular en nuestro patrimonio. El cante que es, por definición y raigambre, lo más anquilosado en el flamenco, avanza igualmente en su puesta en escena y ejecución, en su fraseo y acompañamiento. Las voces rotas y desafinadas de antaño, genéricamente se van dulcificando y exigiéndose un mínimo de afinación, de control modular y de conocimiento. La voz ha sido, como el vino del lugar, “lo que da la tierra”. Ahora es raro el cantaor que no se cuida y estudia, el cantaor que prefiere la botella de agua en el escenario en vez de su copa. Ahora el cantaor se puede hacer arropar, además de la guitarra, con percusiones, piano, flauta o violín, por ejemplo.

Así, este verano, desde mañana lunes hasta el 14 de agosto, tendremos una muestra completa de baile, cante y guitarra, que con los nombres genéricos de "Muestra Andaluza de Baile", "Grandes Voces del Flamenco" y "Guitarras en el Corral", respectivamente, darán color a las noches granadinas. Cada velada, por lo general, será un encuentro entre la juventud y la veteranía, entre la innovación y la ortodoxia, entre mundos tan diferentes y, al mismo tiempo, tan complementarios como la guitarra, el tacón y las cuerdas vocales. Veremos en uno de estos días el cante veterano del octogenario Manolo Osuna junto con el baile exquisito y novedoso de Leonor Leal; veremos la guitarra consagrada de Miguel Ángel Cortes con el baile puntero de Patricia Guerrero; tendremos en fin a la jovencísima Alba Heredia, el imprescindible cante de ‘La Susi’, a Pastora Galván o a Cancanillas.

‘La Moneta’, verdadero icono de esta serie de recitales, que las dos últimas ediciones cerró el ciclo estelarmente, esta noche lo abre, junto al bailaor onubense Rafael Estévez, con un montaje ad hoc que promete ser único y maravilloso. Manuel Liñán, para el sentir de muchos, el mejor bailaor y coreógrafo del momento, cerrará estos encuentros, que estarán enriquecidos con talleres de danza, ofrecidos, con la colaboración del Carmen de las Cuevas, en las instalaciones del Centro Cultural Caja Granada Memoria de Andalucía y con mesas redondas semanales sobre el estado actual del flamenco, centrado en la provincia de Granada.

El Carmen de las Cuevas cumple 25 años dedicado al flamenco

El Carmen de las Cuevas cumple 25 años dedicado al flamenco

Por la escuela, que en 1984 sólo tenía dos alumnos y dos profesores, pasan ahora millares de estudiantes procedentes de Estados Unidos, Japón o Sudamérica

Un referente, no sólo del flamenco granadino ni tan siquiera andaluz, sino a escala internacional es la escuela del Carmen de las Cuevas, situado en la Cuesta de los Chinos, en pleno Albaicín. El Carmen es un centro de enseñanza integral dedicado a la cultura española, especializado en el idioma y el flamenco como enseña identificativa de nuestra tradición.

En el año 1984 dio sus primeros pasos una escuela modesta con espíritu universal. Miguel Ángel González, profesor de historia y teoría del flamenco, nos lo recordaba diciendo que el primer año la escuela contaba con dos alumnos y el mismo número de profesores, Nacho Martín García y Carmen Linares Gil, directores de la misma. Hoy día, en la actualidad, superan el millar los estudiantes que pisan la academia anualmente, venidos desde puntos tan dispares y tan lejanos como China, Rusia o Estados Unidos, sin olvidar a nuestros vecinos más cercanos, a toda Sudamérica o el norte de Europa, donde se está definiendo una gran afición.

El viernes, 15 de julio, se celebraron estas bodas de plata en la peña flamenca La Platería, con una gran asistencia de profesores, vecinos, allegados y, sobre todo, alumnos de todas las nacionalidades. Después de una glosa sobre la trayectoria de la escuela durante estos años y los agradecimientos pertinentes por parte de los fundadores de la escuela, se pasó un vídeo entrañable con imágenes del Carmen, de sus envidiables vistas y de sus clases, con música de fondo, como no podía ser menos, de la guitarra de Emilio Maya, también profesor de la escuela, interpretando un zapateado.

Una representación de las alumnas bailó unas alegrías con sonido grabado. La anécdota vino cuando el disco se quedó mudo en mitad de la pieza y ellas continuaron su coreografía hasta el final, siguiendo a su maestro, Javier Martos, que hacía compás a su lado. Los profesores Mari Carmen Guerrero, madre de Patricia Guerrero, Pilar Fajardo, Ada Lorenzo y el mismo Javier Martos, abordaron una rondeña con una letra específica escrita para la ocasión. El brillante punto final lo puso Fuensanta ’La Moneta’ bailando por seguiriyas.

Aparte de la programación oficial, impartida por lo más granado del baile, el toque y el cante del flamenco granadino, el Carmen de las Cuevas oferta cursos monográficos, sobre todo de baile, para los que cuentan con el dictado de los nombres más destacados del panorama nacional. Próximamente, coincidiendo con Los Veranos del Corral del Carbón, la escuela oferta talleres magistrales, durante julio y agosto, dirigido por las siguientes figuras locales, y al mismo tiempo internacionales, Manolete, Manuel Liñán, La Moneta y Patricia Guerrero.

* Actuación profesores de baile en la fiesta.

Flamenco estival sacromontano

Flamenco estival sacromontano

Esther Crisol inaugura la temporada de flamenco del Museo Cuevas del Sacromonte

Todavía con necesidad de algún reajuste en el sonido y sobre todo en las luces y con menos asistencia de la deseada, dio comienzo la programación de flamenco del Museo Cuevas del Sacromonte, con la doble intención, como viene siendo habitual, de potenciar el riquísimo patrimonio y los nuevos valores del flamenco de la tierra; y de actuar como plataforma pedagógica, para dar a conocer el desarrollo y el aporte granadino y, en especial, el sacromontano.

Con la conferencia “El Sacromonte, corazón flamenco de Granada”, impartida por el flamencólogo Miguel Ángel González, el pasado día 8, se inauguró una temporada de grandes esperanzas, con tres temas generales, distribuidos entre los tres meses de verano, que se concretarán todos los miércoles.

Así, en julio veremos a las “Jóvenes promesas”, que son Esther Crisol, José Fernández hijo y Lucía de Miguel, que han sido los ganadores, en modalidad de cante, guitarra y baile, respectivamente, del Primer Concurso de Jóvenes Flamencos de la Diputación de Granada. El segundo bloque, “Tradición flamenca”, se desarrollará durante el mes de agosto, en el que tendremos el “Sacromonte puro” con el baile de Angustias ‘La Mona’; el “Flamenco de Granada” con el cante de Rafaela Gómez; las “Familias flamencas” con el arte íntegro de ‘Los Coloraos’; y la “Historia Viva” con el cante añejo del Niño de las Almendras. Para finalizar, el último mes nos traerá “Flamenco e innovación”, con dos espectáculos: “Poesía, imagen y flamenco” con el grupo “Raíz y Duende”; y, para cerrar la temporada, el día 9 de septiembre, “Alma de mis seis cuerdas” con la guitarra virtuosa de Juan Habichuela nieto.

Esther Crisol, durante la velada de este miércoles pasado, dejó claro el merecimiento del premio que la avala. Bien arropada por la guitarra de José María Ortiz y con una bella voz, bien modulada y más bien grave, aunque falta de pasión por momentos, hizo un recorrido por algunas esquinas poco exploradas u olvidadas de nuestro flamenco histórico. Se templó por tonás, siendo una de ellas la de “Los pajaritos”, una rareza difícil de escuchar, y menos en directo. Siguieron las cantiñas, la granaína de Tía Marina ‘Habichuela’ y la media granaína de ‘Guerrita’. Claramente se evidencian las tres referencias en el cante de esta joven artista. A saber, Enrique Morente, Carmen Linares y Mayte Martín. Sin olvidar a la ‘Niña de los Peines’ presente en el trasfondo de su aprendizaje. Termina la primera parte con un generoso recorrido por los tangos de Granada, los más ricos del panorama flamenco; y con el baile por tarantos, siempre acertado, de Silvia Lozano.

La segunda parte, más redonda que la anterior, comenzó con la vidalita que Mayte Martín pidió prestada a Juan Valderrama. Continua por soleares. Los fandangos fueron de Pastora Pavón y de Morente, antes de terminar por Huelva. Y, por último, las bulerías, quizá lo mejor de la noche, con el cuplé “La maja aristocrática” de la ‘Niña de los Peines’. Silvia, con Sergio Gómez al cante y Alfredo Mesa a la guitarra, puso punto final bailando una soleá por bulerías.

* Esther Crisol en el Festival Flamenco de la ONCE de hace varios años (© Nono Guirado).

Una asociación granadina para el flamenco

Una asociación granadina para el flamenco

Granada, lo repito siempre, es la única ciudad andaluza donde se puede escuchar-ver flamenco de calidad a diario. Son muchos los interesados en este tema. Aunque las energías a veces se diluyen por falta de entendimiento, por falta de medios o, más increíble, por falta de conocimiento.

Las instituciones quieren colgarse medallas sin perder el control. Apuestan sobre seguro. Apoyan siempre a los mismos. Tira cada una para un lado que, como en el Círculo de tiza de Brecht, tememos que la tensión termine por resquebrajar lo poco que nos queda.

(Me gustaría hacer balance, tan sólo de lo que llevamos de siglo, con los logros y los fracasos del flamenco en Granada, pero ni es el momento ni quiero fulminar algunas esperanzas que aún florecen.)

Las Asociaciones, las Peñas, los particulares interesados hacen lo que pueden, pero necesitan apoyo.

La Junta de Andalucía es Sevilla y sus tentáculos. El flamenco que nos ofrecen es impuesto, mediático, de calderilla...

¿Para cuándo una "Oficina de Flamenco" en Granada? ¿Para cuándo un lugar estable y permanente en nuestra ciudad, apoyado por todos los que apuestan por la cultura endógena, aunque no chovinista?

Una Oficina de Flamenco o como queramos llamarlo (el nombre es lo de menos) es necesaria para aunar voluntades y concentrar energías, para hacer balance de lo que se ha hecho, de lo que se está haciendo y de lo que queda por hacer, para gestionar los recursos tanto humanos como económicos, para reunir a todos los flamencos de la provincia (músicos, técnicos, promotores, aficionados...) y velar por sus intereses, para mantener un registro de actividades, logros y triunfos, para salvaguardar al flamenco del intrusismo y del, cada vez más habitual, todo vale, para poner, en definitiva, a la ciudad de Granada en el sitio que le corresponde dentro de este arte y que no tengamos que empezar de nuevo todos los años y tener que demostrar día tras día que nosotros también somos, que nosotros, por derecho, ocupamos un puesto privilegiado en el nacimiento, desarrollo y dignificación del flamenco.

Lo malo de los granadinos es eso, que somos granadinos. Y, como tales, nos queremos poco. Y, si no nos queremos dentro, quiénes nos van a querer fuera.

El tópico del profeta en su tierra, en nuestra tierra es radical, a pesar de ser una tierra de creadores. Pero quien quiera hacer algo, sobre todo en flamenco, tiene que salir fuera. Una vez que ha triunfado, eso sí, puede entrar por la puerta grande y salir a hombros (porque se vuelve a ir), (y, si no, al tiempo). Granada, por desgracia, es una bella ciudad para soñar y para ir muriendo poco a poco de nostalgia.

Para fuera, para el resto de Andalucía, el flamenco es occidental. Granada es un local de ensayo, donde falta pellizco, compás y gracia. Incluso, para los demás, los nuevos caminos del flamenco no se entienden en la ciudad mora. Es hora de demostrar docta y documentalmente lo equivocados que están.

Granada también es cuna y parque de recreo. Granada actualmente es punta de lanza en la vanguardia del flamenco. En Granada se hace un flamenco coherente y de calidad, un flamenco que trasmite y trasciende. En Granada no hace cualquiera compás, como pasa por ejemplo en Jerez, pero mantiene quizá los nombres más importantes del flamencode hoy, que no necesito recordar.

Hablar de los Morente, de los Habichela, de los Heredia, de Yerbabuena, de Liñán, de La Moneta, de Pinilla y de tantos jóvenes y mayores que dicen tanto en el flamenco no es moco de pavo. Y la historia, si la dejamos en paz y no pisoteamos sus yemas, nos dará la razón.

Yo estoy dispuesto. Mi lanza ya está rota. ¿Alguién más se apunta?

* Perdonen por el tópico de la foto.