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Haiku

Blancas ardillas

hacen del tronco herido

su madriguera.

 

Pierna de cordero Al Andalus

Pierna de cordero Al Andalus

Según el Tratado de Alimentos de Ibn Zuhr (siglo XII) la mejor entre todas las carnes es la de cordero, a la que incluso le atribuye propiedades curativas. Los árabes aprovechaban el cordero por entero (como el cerdo en territorio castellano), tanto las vísceras como la cabeza asada, incluyendo los ojos. Era apreciada sobremanera la pierna, plato especial en todas las familias, que, aderezada con especias y frutos secos, era transportada desde casa a los hornos públicos que existían en todos los barrios, al igual que se llevaba el pan.

* TEXTO perteneciente a: "Anecdotario apócrifo de recetas andalusíes".

Los aires de Lucía Guarnido

Los aires de Lucía Guarnido

FEX – A mi aire

Clarividente. Clarividente no es un adjetivo que encaje en realidad con una actuación flamenca, lo sé. Pero viene a resumir parte de lo que Lucía Guarnido y su grupo nos mostraron en el teatro de La Chana. Clarividente lo digo por la simpleza y la grandeza del espectáculo. Una bailaora delante mostrando su verdad y cuatro músicos atrás, centrados en el escenario, nada de moderna e inexplicablemente escorados a un lado. Clarividente por el juego de luces que, con la modestia de la iluminación en un teatro de barrio (imprudentemente olvidado), acompañaba a la protagonista con coherencia y sabiduría, sin olvidar al cuadro. Basta de condenar al flamenco a los velos y a la penumbra. Clarividente, por fin, a la sucesión del programa y a la entrega de la granadina.

Para mí, su mejor aporte vino con las seguiriyas con las que comenzó la velada. Su riqueza en cromatismos y la originalidad dramática de algunos momentos, cautivaron sin condiciones. Esto unido a su elegancia innata, al conocimiento y al estudio continuo, nos coloca ante una bailaora a tener muy en cuenta. Lucía ha sabido sacarle partido a su altura. Ha sabido convertir sus inhabituales medidas en una reposada redondez, en la elegancia ya aludida y en una delicada estampa (mostrada en los caracoles, por ejemplo). La inseguridad de un comienzo, en cambio, tensó acaso esta seguiriya enturbiando la naturalidad deseada. En ella, tuvimos instantes sabrosos, como la toná que introdujo Antonio Campos, ya a los postres, o el macho con que remató Juan Ángel Tirado, entre otros.

Los caracoles fueron un ejemplo de montaje esférico y sabroso, que Lucía baila con abanico y bata de cola. Una delicada pieza bien medida y cerrada, que comienzan y terminan luciendo plalmito (porque puede) sentada en una silla. Quizá esa perfección y redondez le resta una frescura que en bailes más libres aparece en abundancia. Frescura que apreciamos, sin discusión, en las bulerías finales. Esta soleá por bulerías presenta a una Guarnido más relajada y dominante. Su cara refleja control y triunfo. Varios minutos de aplausos así se lo confirman.

Entre sus bailes, un grupo inspirado, con Luis Mariano a la guitarra, Antonio y Juan Ángel al cante y Mati Gómez a las palmas, hicieron, en primer lugar, un breve recorrido de abandolaos, desde Ronda hasta Lucena y, de ahí, a Granada; para pasar, en su segunda entrega, a Levante. Un buen cuadro para una buena bailaora.

* Lucía Guarnido en Motril, 2008 (© Nono Guirado).

El pez vuelve a sus aguas

El pez vuelve a sus aguas

58 Festival Internacional de Música y Danza

Cancionero del Sacromonte

Marina Heredia tenía una espina desde el pasado Festival, cuando actuó con Amina Alaoui en el Patio de los Aljibes de la Alhambra, que supuestamente se ha arrancado a dentelladas. Vuelve a sus aguas, vuelve al río del flamenco puro, vuelve a la cuna del Sacromonte. Con espectáculo propio, “Cancionero del Sacromonte”, y con la seguridad de haber triunfado en la mayoría de los escenarios, la granadina propone dar una pincelada más a una historia que nos resulta algo repetida, aunque con un brillo propio. Destaquemos como luces indiscutibles las tres guitarras de Miguel Ochando, Luis Mariano y José Quevedo ‘El Bola’ que, en conjunto o por separado, componen el sonido imprescindible del agua y de la brisa granadinas. Aplaudamos sin discusión el bronce profundo de Jaime Heredia con su debla y martinete y con la seguiriya tan añeja como auténtica quebrada como el rayo por el toque vanguardista, rico en graves, del maestro Quevedo. Y su soleá, verdadero estandarte del sonido sacromontano. Inclinémonos, con todo respeto, por el rescate de un Manolo Osuna, mermado de facultades a sus ¿85 años?, pero con el sabor contundente que nunca lo abandonó (volveremos a verlo el martes, 28, en el Corral del Carbón). Y, cómo no, nuestro espaldarazo más sincero a Marina Heredia, verdadera embajadora, por derecho, de los cantes de nuestra tierra.

Algunas sombras, en cambio, recorrieron la noche. Más en la primera parte que en la segunda. Un homenaje póstumo a Mario Benedetti abre y cierra el concierto. Marina recita y canta a pelo “El Olvido”, inclinándose sobre su historia y sus mayores. Los cantes de fragua, solemnes, espermáticos, concentran el origen de un todo. Josefina Ramírez, más histriónica de lo deseado, recita “El grito” de García Lorca, antes de que empiece la fiesta en forma de zambra, visiblemente desmedida. El sonido no contenta a todos, aunque justo, en algunos rincones se diluye. No llego a comprender la simplicidad del baile hacia el fondo del escenario; no llego a comprender la preeminencia de las guitarras y los jaleos; no llego a comprender la forzada puesta en escena y los caracoles en la frente. Teatrillo que se repite en la saeta con velos negros y las diapositivas. Un recital tiene que estar ambientado, pero no es necesario vestirse de minero para cantar tarantas, por ejemplo.

La cueva es un toque por granaínas de Miguel Ochando, con el que no había más remedio que quitarse el sombrero, aunque enturbiado por la voz de la recitadora forzando los versos de Federico. Las saetas y los cantes religiosos de ‘El Parrón’ y Marina son inmejorables y ese precioso remate de la Salve gitana, apuntando por tangos a cuatro voces.

Ochando ocupa las tablas y rellena el ambiente de nuevo con su fragmento  de “La vida breve”, de Manuel de Falla y la “Bulería del Albayzín” de Ángel Barrios, marcando el ecuador del concierto y dando paso a la parte más conseguida, llamada “Venta Zoraida”. Hasta aquí, el juego de luces ha sido un disloque, pobre y confuso.

Abre la Venta el de Osuna cantando fandangos con Ochando a la guitarra. Marina es grande en las granaínas de Tía Marina Habichuela, arropada con el toque exclusivo de Luis Mariano. Las seguiriyas de Jaime, ya comentadas, preceden a una rueda de soleares, donde guitarristas y tocaores se alternan, para acabar con los tangos de La Penca, verdadero himno que suena incesante en la cueva y en la fiesta. El soniquete de las guitarras es maravilloso.

Se cierra la noche como empezó, con un quejío en el yunque y la canción de “El olvido”, simplemente para no olvidar.

* Foto del Programa con vestido de Angels Verano (© Antonio Panizza).

María Pagés, de la ‘saudade’ a la alegría

María Pagés, de la ‘saudade’ a la alegría

58 Festival Internacional de Música y Danza – Autorretrato

Los portugueses expresan con la palabra ‘saudade’ un profundo sentimiento que va más allá de la melancolía, pues encierra en el recuerdo la alegría de volverlo a vivir. Con una enorme nostalgia, María Pagés nos hace entrega de su montaje más íntimo, uniéndose así a una tácita cadena de bailaores y bailaoras que, en los últimos años, han dado por desnudar sus sentimientos. Por eso los comienzos parecen conocidos. Por eso, algunos momentos chapotean en el tópico. Como trasfondo, sin embargo, una María Pagés con muchas tablas, con un braceo bellísimo, y una de las compañías independientes más sólidas del panorama actual, que, aunque por Granada no se prodigue (su última actuación fue Canciones, antes de una guerra en 2005), es pieza imprescindible para componer el puzzle del flamenco en este comienzo de siglo.

María Pagés arrastra con ella un baúl de recuerdos y de palabras que, a borbotones, intenta acoplar en ese Autorretrato con puntos suspensivos. De forma que en la función tienen cabida los textos de Antonio Machado, Miguel Hernández, García Lorca y un enamorado José Saramago que presta su voz (directamente en portugués) para rellenar el silencio, que María baila sin más acompañamiento, siguiendo el compás de las palabras, como han hecho Manuel Liñán, Rocío Molina, Isabel Bayón y tantos otros.

Se abre la noche con la Solea del espejo. La trianera baila ante un espejo que persigue sus pasos, como si su reflejo fuera su partenaire, creando así un paso a dos virtual que se rompe cuando el azogue se para definitivamente. Es el comienzo de esa tristeza primigenia que tocará fondo con las Nanas de la cebolla de Hernández, con música de Alberto Cortés, donde Pagés expone el momento más emotivo de la noche. Por lo demás, ningún atrezzo, aparte de los cortinones negros que castigan sin sentido el decorado natural del Generalife y la aparición estelar (nunca mejor dicho) de la luna por el foro.

El cuerpo de baile (María Morales, Sonia Fernández, Isabel Rodríguez, Anabel Veloso, Emilio Herrera, José Barrios, José Antonio Jurado y Alberto Ruiz), perfectamente sincronizado, hace su aparición en el Estudio de Farruca que suena repetido si no fuera por la dimensión cíngara que le aporta el violín de David Moñiz. Un violín que constituirá el hilo de los sentimientos.

A esto le seguirán algunas otras entregas, con especial protagonismo de María Pagés y su mundo, como es de esperar. Ana Ramón e Ismael de la Rosa, con sus voces moduladas y precisas, dieron brillo a una música quizá demasiado plana.

Con el Trajín de María la bailaora saca el lado humorístico que caracteriza a todos sus montajes, y, con unos tanguillos, que compone y canta ella misma, da un giro de noventa grados y el espectáculo se llena de luz y color. El público, embriagado del sentimiento de un principio, estalla también en sus asientos y comienza a sonreír y a ovacionar sin pudor.

En los tientos-tangos, María se luce con todo su poder personal, dejando entrever las huellas de la escuela sevillana, enriqueciéndolo con un repiqueteo de castañuelas donde demuestra su maestría. Como también la pone de manifiesto con el vuelo fuerte y seguro del oro y negro de su mantón, con el que dan comienzo las alegrías de esperanza con que culmina esta introspección.

* Foto: Miguel Ángel González para el Diario de Jerez.

Las peñas de Granada se reúnen

Las peñas de Granada se reúnen

1º Encuentro Provincial de Peñas Flamencas granaínas

Por primera vez, que se recuerde, las trece peñas federadas de la provincia granadina, se han reunido para celebrar un ‘Encuentro’ consistente en una cena de hermandad y, acto seguido, un festival en el que se reúne posiblemente lo mejorcito de nuestro territorio, si no encima del escenario, sí en el patio de butacas, pues contamos supuestamente con los mejores aficionados, los que conforman las peñas flamencas, con los más entendidos y exigentes entre todos los públicos. Unos Encuentros que se celebrarán anualmente, contribuyendo así al tejido flamenco que se está hilvanando en Granada desde la Diputación y ese proyecto global llamado ‘Granada, universo flamenco’.

Así, con un sonido peor que mediocre y un calor a espuertas, dio comienzo el Primer Encuentro Provincial de Peñas Flamencas granaínas. Con la flama no se podía luchar, el aire acondicionado no funcionaba, pera nos dio pie a descubrir a las damas de La Platería abanicándose a compás. Lo del sonido fue un boicot. Chicharra continua, acoples, silencios inoportunos, estallidos, micrófonos flácidos que se caían… Tanto es así que alguno de los participantes optó por actuar sin micrófono.

Algunos artistas venían propuestos por una peña en concreto. Fue el caso de Nuria Castillo y su grupo, llegados de la Asociación Cultural Flamenca San Marcos de Montejícar, que, con voz dulce y modulada, interpretó una zambra caracolera. El baile no estaba a la altura. Por la peña Yerbabuena de Ogíjares, Mª Ángeles Pérez, con ‘El Puchero’ a la guitarra, cantó una milonga con poco fundamento. Judith Urbano, de la misma tierra de Monachil, que sirve de sede al evento, nos dejó unas alegrías, con un afinado (y afilado) Ramón del Paso a la sonanta. Ogíjares también propuso al veterano Antonio García, que recreó la malagueña de Chacón de manera poco ortodoxa y los fandangos del Albaicín más libres aún.

Con el baile de Javier Martos, la noche pasó a tener entidad. Con un suelo algo resbaladizo y ausente de sonorización, bailó una soleá por bulerías con conocimiento y coraje. Miguel Barroso, traído por ‘Solera y Caña’ de Maracena, nos llenó la boca de sabor con una auténtica granaína y media. Juan Fernández a la guitarra. Si en el cante había altibajos, todos los guitarristas fueron de excepción. Desde Salobreña, los hermanos Fajardo, nos brindaron una soleá. Álvaro Rodríguez y Ramón del paso, atraídos pos ‘La Parra’ de Huétor Vega, prescindieron de los micrófonos para, entre otras cosas debido a esto, ofrecernos lo mejor de la noche, que vino en forma de seguiriyas. Propuesto por la peña albaicinera, Manuel Palma ‘El Zahoreño’, nos hizo una soleá a media voz, que, según Caracol, es como duele el cante.

Para terminar, Juan Pinilla, desde la peña de su mismo nombre, en Huétor Tajar, y directivo de La Platería, con Julio Zafra a la guitarra, escoró a levante, para brindarnos cartagenera, levantica y taranta de Linares. El fin de fiestas reunió a todos los artistas por bulerías.

* Varios aficionados en ’La Parra’ de Huétor Vega.

Verano flamenco (1)

Verano flamenco (1)

No tengo todos los datos ni todas las fechas, pero con lo que os propongo no os vais a aburrir. Tenemos un verano completito. Faltaran algunos festivales locales y algunas fiestas en los barrios, que, normalmente, comienzan en septiembre.

Lanzo el calendario del tirón, sin ninguna nota explicativa, para facilitar su claridad. (Entre paréntesis la hora, si la sé o basado en el calendario de 2008.)

Así, desde mañana mismo, completo el mes de julio. El mes de agosto lo subiré en llegando dichos días.

 3, viernes – FESTIVAL. 1º Encuentro Provincial de Peñas Flamencas de Granada en el Auditorio de la Casa de la Cultura de Monachil (22,30)

4, sábado – FESTIVAL de MÚSICA y DANZA. Autorretrato - Compañía María Pagés. Jardines del Generalife (22,30)

5, domingo – FESTIVAL de MÚSICA y DANZA.  Marina Heredia. Abadia del Sacromonte (22,30)

8, miércoles: Conferencia: El Sacromonte, corazón flamenco de Granada, por Miguel Ángel González, en Casa Molino Ángel Ganivet (20,30)

11, sábado – FEX. A mi aire - Lucía Guarnido. Teatro Municipal José Tamayo (22,00)  

15, miércoles: Museo Cuevas del Sacromonte: Modalidad Cante - Esther Crisol (22,00)

19, domingo - Festival Flamenco de La Malahá

20, lunes - Corral del Carbón. Muestra de baile RAFAEL ESTEVEZ y LA MONETA (20,30)

21, martes - Corral del Carbón. Muestra de baile ANDRES PEÑA y PILAR OGALLA (20,30)

21, martes – Generalife 2009. POEMA DEL CANTE JONDO – Cristina Hoyos (hasta el 29 de agosto) (20,00)

22, miércoles - Corral del Carbón. Muestra de baile AMADOR ROJAS (20,30)

22, miércoles - Museo del Sacromonte: Modalidad Guitarra - José Fernández hijo (22,00)

23, jueves - Corral del Carbón. Muestra de baile OLGA PERICET (20,30)

23, jueves - Velada Flamenca Benalúa de las Villas

25, sábado - Festival Flamenco de Valderubio

28, martes - Corral del Carbón. Grandes voces del flamenco MANOLO OSUNA y Muestra de baile LEONOR LEAL (20,30)

29, miércoles - Corral del Carbón.  Guitarras en el Corral MIGUEL ANGEL CORTES y Muestra de baile PATRICIA GUERRERO (20,30)

29, miércoles - Museo Cuevas del Sacromonte: Modalidad Baile - Lucía de Miguel (22,00)

30, jueves - Corral del Carbón. Grandes voces del flamenco NENE DE SANTA FE y Muestra de baile ALBA HEREDIA (20,30)

Espero que coincidamos en alguno de estos eventos.

Haiku

Todo el mar cabe

en la esquina salobre

de aquella lágrima.

 

Mario nuestro que estás en los cielos

Mario nuestro que estás en los cielos

58 Festival Internacional de Música y Danza

Homenaje a Mario Maya

No tiene ni que cambiar de apellido. Qué bien le sienta a Juan Andrés mimetizarse en Mario. Su interpretación de la impotencia del gitano en los Cantes de trilla y martinete de Camelamos naquerar (1976), que distinguió a su creador como uno de los más grandes bailaores y coreógrafos que ha dado el flamenco, es sencillamente sensacional. Éxito que redondeó después en su papel del Amargo en solitario o con la dimensión contemporánea de Diego Llori y de Lola Greco, con su hermoso juego de brazos. Distinguimos también, por encima de todo a Rafaela Carrasco, en sus solos de Naranja y oliva y Abandolao, ambos del espectáculo Réquiem para el fin del milenio (1994). Solamente ella habría sido suficiente para colmar nuestros anhelos. Aplaudimos, sin condiciones, la intervención de Manuél Liñán en cada una de sus apariciones, su finura y perfección, concentradas en las Alegrías que tácitamente marcaron el ecuador del espectáculo. Brillante, por otro lado, 3 Sillas de Flamenco libre, con Ángel Atienza, Ramón Martínez y Marco Vargas como protagonistas, y bastantes momentos individuales y grupales fácilmente reconocibles en su cuerpo de baile, compuesto a la sazón, aparte de los citados, por Patricia Guerrero, Pilar Ortega, Manuela Reyes, Miriam Sánchez e Iván Vargas.

Sin embargo, convendrán conmigo los que estuvieron presentes el domingo en el Generalife en el Homenaje a Mario Maya y los aficionados en general, que la mejor ovación se la lleva Mario, allá donde esté, aunque sea sólo en el alma de los que lo conocimos. Esa visión espacial, que lo hacía único, ese movimiento grupal, que lo asemejaba al azul de las olas, ese concepto musical, que atendía al ritmo de su corazón… Es increíble como nos sumerge en la más increíble sincronía para romper de inmediato toda idea simétrica y buscar de nuevo el equilibrio dentro de un concepto escénico donde todo tiene vida, donde el mínimo detalle cobra una especial dimensión, desde el ritmo marcado con un bastón hasta el juego de sombras y luces pasando por el silencio radical, imprescindible en sus propuestas. Sus creaciones y sus pasos colocan sin discusión a Mario Maya en el olimpo de los genios que este país ha dado.

Pero el dorado triunfo del envés, como toda moneda de cambio tiene un revés. Un revés que el propio Mario hubiera dulcificado. Las ausencias de Belén Maya y de Isabel Bayón, por ejemplo, aunque legítimamente justificadas, pasan por ser imperdonables dentro del prestigioso Festival granadino. También se podía haber contado en este espectáculo con algunos nombres necesarios en la agenda del coreógrafo, como pueden ser Anabel Moreno, Silvia Lozano o Raimundo Benítez.

Por qué, podemos preguntarnos, el espectáculo va decayendo en intensidad, exponiendo una segunda parte más lasa que el comienzo, difícilmente remontada con el 1, 2, 3… Fa y los saludos carrasqueños. Por qué se abusa de la música enlatada, del sonido en off, habiendo en el escenario altas figuras (Manuel de Paula, Antonio Campos, Alfredo Tejada y Jesús Corbacho al cante; y Ángel Cortés y Juan Requena a la guitarra) que podrían sin problema haber remedado cualquier disco, dotando a la noche de otro carácter más fresco. Por qué falta, al menos aquí en Granada, alguna pincelada de su espectáculo Ay… jondo. Por qué algún/a bailaor/a por norma iba a destiempo…

Mario, desde su estrella, irá poniendo luz a esta penumbra. Y estará feliz, contento como todos, por volver a Granada, al Festival que atendió su vuelo y al reconocimiento que se le tiene en el mundo del flamenco.

* Juan Andrés Maya, apresado por Alfredo Tejada y Manuel de Paula (© Granada Hoy).

El aplauso más rotundo

El aplauso más rotundo

Patrimonio flamenco

No es un tópico si decimos que Lucía Guarnido ha cerrado con broche de oro la temporada en La Chumbera. La noche del sábado, el Centro Internacional de Estudios Gitanos puso el fin a un año positivo. Patrimonio Flamenco ha llevado a uno de los escenarios más bonitos del mundo (como dice su presentador) una treintena de espectáculos, apostando sobre todo por gente joven de la tierra, llenando la sala, como media en un noventa por ciento, lo que quiere decir más de 250 espectadores cada velada.

Lucía Guarnido vistió de lujo esta clausura y, con su baile fino y elegante, recogió los aplausos más unánimes y rotundos que haya escuchado en este foro. Con su primera aparición por soleá deja claro ese personal estilo fruto del estudio continuo y el buen entendimiento. Lucía es una bailaora llena de argumentos y de recursos, que deja trascender sin complejos las huellas de veteranos de la talla de Eva Yerbabuena, por ejemplo. Con una depurada técnica, roza la perfección en sus movimientos.

Termina esta primera intervención roneando por tangos y demostrando lo que se debe hacer en cada momento. Su segunda entrega es Verano porteño de Astor Piazzolla, un baile que propuso en el pasado Festival de Tangos, sumergiéndose en los ritmos caribeños que le sientan tan bien. Sin embargo, el sonido pregrabado y una encorsetada coreografía, minimizan la mejor Guarnido y la frescura de su flamenco. De pies moderados y reposando el baile, como debe ser, la bailaora granadina, vestida de otoño, remata la noche con unas bulerías sin objeciones.

Redondea la velada un grupo compacto y coherente que arropa a la artista sin fisuras. Nada menos que Luis Mariano a la guitarra, acompañante habitual de Juan Pinilla y Marina Heredia; Antonio Campos y Juan Ángel Tirado al cante, pareja excepcional en este principio de siglo; y Mati Gómez a las palmas, bailaora y cantaora a la vez, que dio una pataílla por fiesta al final de la función. En los interludios de la danza, sin desperdicio, este cuadro nos brindó un momento profundo con sus tonás, culminadas a dos voces por seguiriyas; y unos abandolaos que comienzan por rondeñas y acaban con Frasquito. Volveremos a ver a esta bailaora, con los mismos músicos, el sábado, 11 de julio, en el Teatro Municipal José Tamayo, enmarcado en la programación del FEX.

* (Foto extraida de su dirección de facebook. Puede que su autor sea Nono Guirado).

Granada se acerca por primera vez al Festival de Cante de las Minas

Granada se acerca por primera vez al Festival de Cante de las Minas

La peña La Platería sirvió de escenario durante todo el fin de semana para seis de las actuaciones previas del certamen

Por primera vez, en sus 49 años de historia, el Festival Internacional del Cante de las Minas cuenta con Granada para celebrar pruebas selectivas de su afamado concurso murciano.

Durante los días 26 y 27 de junio la peña de La Platería ha servido de escenario para realizar las preliminares del premio más prestigioso del flamenco. Junto a Granada, más de una docena de puntos de nuestra península han albergado a los 127 participantes -20 de ellos procedentes de Granada- inscritos en las tres modalidades.

La Platería, sin embargo, con presencia del alcalde y presidente del concurso de La Unión, Francisco Bernabé Pérez, la Diputada de Cultura, María Asunción Pérez Cotarelo y el presidente de la Peña, Miguel Clavero, es la única sede que ha ocupado dos jornadas en este evento, que ha recogido un total de seis cantaores, uno de ellos el granadino Sergio Gómez ’El Coloraíto’, un guitarrista y tres bailaores.

El concejal de Cultura de La Unión, Julio García Cegarra, ha destacó en la presentación de esta fase del certamen la "importancia histórica" de la participación granadina y aseguró que La Platería será una de las sedes permanentes del concurso.

Los 27 seleccionados se harán públicos a mediados de julio, antes de comenzar las semifinales, ya en territorio unionense, donde optarán a los 100.000 euros en premios que se reparten.

El Festival Internacional del cante de las Minas, que cumple ya 49 ediciones, se celebrará del 5 al 15 de agosto y en él se rendirá homenaje al guitarrista Vicente Amigo, y junto al Concurso de Cante, Guitarra, Baile e Instrumentistas flamencos, actuarán en La Unión Niña Pastori, Rafael Amargo y Arcángel, entre otros.

* Sergio Gómez ’El Colorao’, uno de los participantes en el concurso (© Antonia Ortega).

Poesía popular

Poesía popular

Lo mejor que le puede pasar a un poema es que deje de pertenecerte.

A raíz de la publicación de un fandango en este mismo blog, Juan, Raúl, Enrique, me advirtieron: "ése ya mismo te lo roban y empiezan a cantarlo por ahí". Yo respondí que ojalá. No hay nada mejor que encontrar tus versos en una grabación o un cancionero bajo el epígrafe de ’popular’. No de ’anónimo’, que tiene un regusto intelectualoide un tanto casposo, sino de ’popular’, ese calificativo liberal con que la derecha española, sin mucha enjundia, ha apellidado a su partido.

Creo que ya he contado alguna vez que, estando en la presentación del disco de Juan Pinilla, sentado con Juan de Loxa, después de escuchar unas alegrías, que rezaban: "pan y trabajo, pan y trabajo, siempre se escapa el tiro pa los de abajo", me dijo "mira que gracioso, esa letrilla es mía".

Y, sin darle mayor importancia, me recitó cómo seguía: "Qué mala pata, qué mala pata, no se escapara el tiro por la culata".

Muchos versos, muchas letrillas, las conocemos, las conoce el pueblo sin conocer su autoría. El flamenco está lleno de poesía popular. De pensamientos, que son pura filosofía vital, que son la esencia de la vida. Como alguien canta su pena, su dolor y su amor, a veces, no hay poeta que lo iguale.

Son historias, de una fuerza incomparable, en un puñado de versos.

Por cantiñas se puede escuchar: "Pregúntale al platero que cuánto vale, grabar en tus zarcillos mis iniciales".

O, por soleá (nos lo recordaba hace unos años Félix Grande en La Platería): "En la torre está el reloj, el mochuelo en el olivo y en mi corazón la pena; cada cosa está en su sitio".

Hay mujeres que son maltratadas

Hay mujeres que son maltratadas,

y que no denuncian.

Pero al final mueren.

Hay mujeres que son maltratadas,

y denuncian.

Pero al final mueren.

Hay mujeres que son maltratadas,

denuncian, aunque perdonan.

Pero al final también mueren.

Porque si el hombre es el único animal

que tropieza

doblemente con la misma piedra,

la mujer es el único ser

que tropieza dos veces con el mismo hombre.

* Nos acercamos a la trreintena de mujeres asesinadas este año por violencia del hombre.

Edénico

Edénico

Hace algún tiempo trabajé para un periódico dedicado a los constructores. Mi tarea consistía en recoger noticias tanto de agencia como de otros medios y adaptarlas para dicha publicación. Pasaba las horas hablando de ladrillos, de asfalto y de estructuras.

Era divertido cuando tenía que reconstruir una encuesta a través de un puñado de datos. Yo no tenía acceso a entrevistar a un señor ocupadísimo, pero sí tenía el permiso de inventar una serie de preguntas y respuestas a partir de un guión que, a veces, supervisaba el jefe de redacción o el protagonista en persona.

Así, del dossier de la inauguración de una autovía, donde tenía las fechas, los kilómetros, los materiales, las técnicas, los túneles y los viaductos, apuntaba, por ejemplo, cuánto habían tardado en construir ese tramo que uniera esas dos poblaciones. E, inventaba la contestación a partir de la hoja de respuestas.

A veces me tomaba la licencia de poner en boca del entrevistado cualquier chispa que, además de darle credibilidad, me servía de esparcimiento y diversión. Ponía por ejemplo, me alegra que me hagas esa pregunta o cómo tenéis ese dato o remitirme a una entrevista pasada, dado el caso, diciéndome: ya te comenté en otra ocasión que tal y tal...

En cierta ocasión en la que tuve que hablar de las bondades de un nuevo grupo de viviendas, se me ocurrió darles el título de "edénicas". Me llamaron la atención diciendo que qué era esa palabra, que este periódico era para gente normal, que no fuera tan rebuscado. Yo les aclaré que edénico/a venía de Edén, que era sinónimo de paradisíaco. Pues pon paradisíaco, concluyeron sin estar todavía muy seguros.

"El infinito en la palma de la mano" es el libro que estoy leyendo ahora mismo. Gioconda Belli, autora Nicaragüense, en esta novela recrea, poéticamente y algo feminista, el mito cristiano de Adán y Eva, basado en algunos textos apócrifos [1].

La pérdida del Jardín les ha sumido en una profunda tristeza. Ahora son mortales y necesitan comer para vivir. Tienen frío y tienen miedo. Existe el invierno y existe la noche. Pero han encontrado una afilada felicidad que antes, por definición, era imposible. Han descubierto el bien y el mal, el cromatismo de los sentidos. La vergüenza, pero también el deseo y el amor.

En palabras de Eva: Si no hubiésemos comido la fruta yo jamás habría probado un higo; o una ostra. No habría visto el Fénix resurgir de sus cenizas. No habría conocido la noche. No reconocería que me siento sola cuando te vas, ni habría sentido cómo mi cuerpo tan frío aún en medio del incendio se llenó de calos apenas sentí que me llamabas. Seguiría viéndote desnudo sin que me turbaras. Nunca habría sabido cuánto me gusta cuando te deslizas como pez dentro de mí para inventar el mar.

Ya lo dijo no sé quién (alguno de los lectores que sea más memorioso que yo, podría aportar este dato): Nuestros primeros padres, ante la oferta del Paraíso, tuvieron la delicadeza de decir: no, gracias.

[1] El Libro de Enoch, El Apocalipsis de Baruk, El libro perdido de Noe, Los Evangelios de Nicodemo y Los libros de Adán y Eva.

Necedades en la orilla

Necedades en la orilla

Soy más bien de secano. El agua es funcional. Cuando tengo sed bebo (siempre medio vasito), cuando tengo calor me baño y la ducha diaria, imprescindible.

Más bien soy de secano, pero me encanta la playa. A pesar de tener la tensión baja (tengo normalmente menosfiebre), con la inclinación al aplatanado que la costa me produce, la brisa marina, el ritmo playero, el yodo del agua, la paz estanca... me sientan la mar de bien.

En la playa también, aunque sin quererlo, se puede hacer un estudio sociológico con poca ropa. Lo que el trapo y el maquillaje esconden en el invierno, en verano pasan a ser máscaras de lo que somos realmente. En la playa no hay más leña que la que arde, para lo bueno y para lo malo (a veces para la aberración y para lo extraordinario).

Toda la fuerza que nos da el vestido, nos la quita su ausencia. Nadie es más sincero que en traje de baño (y, ortiagamente, sus circunstancias).

Es extraordinario el comportamiento de cientos de blanquitos (y morenos) vecinos anónimos. Pero lo que realmente sobresale en una jornada en la arena es la estupidez, la necedad y el figurantismo.

Así, este fin de semana, sin ir más lejos, en las orillas granadinas pude ver a alguien en el rompeolas bebiendo una lata de cerveza; pude ver a gente bajo el sol hablando con el móvil a su apartamento, unos metros más arriba; pude ver a dos jugando a las palas entre cientos de personas a las que molestaban y las que se lo impedían; pude ver a la chica del top less tapando sus pechos y mirando desconfiada a todos lados... Son sólo algunos ejemplos. Hay muchas más necedades que todos hemos visto, vemos y veremos. El debate está apuntado.

Supongo que, como en todas las concentraciones humanas, la playa es un buen lugar para ver desnudos (más de alma que de cuerpo) a nuestros coetáneos.

Optimistas

Optimistas

Es de todos conocida la frase de Paulo Coelho, llena de buena voluntad y una luminosidad casposa: Cuando quieres algo, todo el universo conspira para que realices tu deseo.

Calentito quedó el hombre tras este orgasmo mental. Y es que Paulo es un iluminado, como puede ser Sánchez Dragó o Jorge Bukay (salvando todos los escollos y las posibles distancias).

A quien le sonríe la vida, o el que sonríe a la vida (nunca lo he tenido demasiado claro), es optimista. Estos días leo, sin embargo (o abundando) que el optimismo es hereditario, como la infidelidad.

Por pura asociación, pienso que el pesimismo también es congénito, aunque no tengo precedentes. Sin embargo, sí encuentro paralelismo en la anchura de la fidelidad entre consanguíneos.

Acabo de terminar El Palacio de la Luna de Paul Auster, una novela inquietante, aunque no de mis preferidas del autor estadounidense. Como siempre, llena de coincidencias y esfericidades en los espacios y en el tiempo.

Narrada en primera persona, el protagonista cuenta, marcando la contra al brasileño: Si lograba mantener el adecuado equilibrio entre deseo e indiferencia, me parecía que de alguna manera podía conseguir por medio de la voluntad que el universo me respondiera (…) A medida que pasaba el tiempo, empecé a notar que las cosas buenas me sucedían sólo cuando dejaba de desearlas. Si eso era cierto, entonces también lo era lo contrario: desear demasiado las cosas impedía que sucedie­ran.

La cansada infiel

Estando de borrachera,
quise llevármela al río,
aunque no fuera soltera.
Fue la noche de Santiago,
que compramos unos litros,
se apagaron las farolas,
se escucharon unos gritos.
Bebimos en las esquinas,
toqué sus pechos dormidos,
y abrimos otra botella
de sabores amarillos.

* Con mis respetos a Federico y a su poema "La casada infiel" (como la Torre).

Primeras impresiones de Estambul

Primeras impresiones de Estambul

Con el grito de "¡Estambul te da alas!" viajamos hacia una de las cunas de la historia.

Han sido ocho días de sensaciones y descubrimiento.

Mi hijo andaba junto a mi mano y con mis sentimientos. En cada momento le contaba historias. Sobre todo mitología.

Viajamos por el Bósforo junto a Jasón. Descubrimos los celos de Hera contra la ninfa Io. Miramos, con prejuicios, a la cara de Medusa. Contemplamos la incursión de los jenízaros por las murallas constantinas. Perdimos la vista en Marmara adivinando las murallas de Troya. Buscamos a los mirmidones de Aquiles en los peces espada del Mar Negro. Sentimos a Alejandro corriendo desnudo por las costas de Asia mientras desayunábamos. Pensamos en la caída de Ícaro, con las alas fundidas, en aguas del Egeo...

Visitamos bastantes monumentos, mezquitas, palacios, bazares... Pero lo que más me enriqueció es saber que estaba donde estaba y el día a día de las gentes y la dinámica diaria y el olor de algunas calles y la comida y el color turquesa de las orillas cuando el Bósforo se abandona en el Mar Negro.

La cercanía de África

La cercanía de África

La zambra de Jartum

¿Dónde empieza África y dónde termina? ¿Hasta dónde se extiende su norte? ¿Andalucía forma parte del Magreb? Geográfica y políticamente es una evidencia que no. Pero, ¿espiritual y culturalmente? ¿Y musicalmente? Durante bastante tiempo se experimenta el casamiento de los sonidos flamencos con los sonidos árabes. Desde Lole Montoya al Lebrijano pasando por Ketama, Radio Tarifa o la Orquesta Chekara de Tetuán se ha enriquecido nuestra música con aires africanos. Se han abierto las ventanas a otros vientos y se ha comprendido el paralelismo de ambas músicas. De hecho, algunos temas andalusíes, como seguiriyas, rumbas o farrucas, responden al mismo nombre. De hecho, muy a menudo, la queja se oye igual en una u otra orilla. De hecho, Manuel Torre decía “Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende”.

No digo yo que en el flamenco todo valga. La mayoría, gracias al cielo, no trasciende. El tiempo va filtrando lo exclusivo. Pero, también, va dejando un poso, va impregnando las sensibilidades con esa pátina de regusto esperanzador. Es la primera vez, sin embargo, que el flamenco se asoma tan hondo. Es la primera vez, que yo conozca, que se intenta fusionar el flamenco con la música sudanesa. Juan Pinilla, cantaor todoterreno y Josele de la Rosa, tocaor versátil, se han unido a la agrupación Kambala para ofrecernos una mezcolanza de resultado dispar.

Reía Manolo Sanlúcar exclamando que el flamenco es mestizo por naturaleza. No hay que tenerle miedo a lo desconocido. Algunos momentos del concierto sería para grabarlos como ejemplo de la perfecta comunión. El sonido, en cambio, no estuvo a la altura. Como casi siempre La Chumbera deja mucho que desear en ese aspecto. No hubo estridencias excesivas en un principio, pero sí descompensaciones. Hasta la mitad del concierto no se reajustará. A capela comienzan. La voz melódica de Rasha se solapa con algunas tonás de Juan, que acaban impregnándolos con aires malagueños. Un tema musical llamado “Las mil y una noches”, de influencia egipcia, nos hace ver la calidad de los músicos, el acordeón de Wafir, la guitarra de Josele, la percusión de Otman. Omaima, la danzarina, aparece por primera vez, restando potencialidad al conjunto.

El origen árabe del término flamenco, “Fellah Menga” da nombre a unas bulerías de Cádiz, con dimensiones tribales. Wafir, con el laúd eléctrico, nos convence de su buen casamiento. “Guitar Shog” es un tema afroárabe de tradición medieval, que nos lleva al siguiente tema que se entremezcla con unas peteneras. Pinilla, tomando las riendas, demuestra su valer por levante. Los mejores momentos de la noche empiezan cuando el espíritu morentiano planea en la escena. Pasamos a continuación a Marruecos con un par de temas. Las cracabas, los tambores y el baile de Otman nos trasportan al ceremonial del país vecino. El mejor tema, sin duda, llega otra vez con los tangos de Morente que se imponen en un tema popular argelino. Como fin de fiestas “Habibi”, con tangos del Camino, dedicados a Curro Albayzín, cierran la noche.

El beso robado (y 4)

El beso robado (y 4)

Mario

Vaya noche más completa. Salía yo con un mosqueo de mi casa. Había vuelto a suspender todo. O sea, todo lo que tenía entre manos. La Estadística, que me presentaba ya a la tercera convocatoria, y no hay forma de sacarla. Si es que no la entiendo. Por más vueltas que le doy, es imposible. El carnet de conducir tampoco lo he aprobado. El teórico, porque cuando me examine del práctico, no voy a tener ningún problema, llevo cogiendo el coche de mi padre desde los dieciséis años. Y, para colmo, suspendí también con una chica. Una cita a ciegas que nos organizaron los compañeros. Mira que les dije que no iba a funcionar. Quedamos para tomar café. No estaba mal. Sus ojos eran sobresalientes. Pero empezamos a hablar y no encajamos. No teníamos casi nada en común. Intercambiamos los teléfonos. Que nos llamaríamos en otra ocasión. Yo sabía que no me llamaría nunca más. Yo, tampoco la llamaré. Cuando coincidamos, le propondré empezar del principio, como si no nos conociéramos de antes. Que, en el café, yo no era yo. Bueno, sí que era yo, pero no me comportaba como yo habitualmente. También sé que ella quiso impresionarme. Se maquilló más de la cuenta para mi gusto, y se puso un vestido palabra de honor, creo que le dicen, con los hombros fuera, que parecía sacada de una película de adolescentes norteamericanos el día de su graduación. No creo ni que fuera cómoda con él. ¡Lo que hacen las mujeres! No pegábamos ni con cola. Además, en vez de hablar de todo un poco, y, sobre todo de ella, que es lo que les gusta, comencé a largarle todos mis problemas y mis fracasos recientes. Se agobió. Y yo me agobié por su agobio y por mi estupidez. Quise arreglarlo comprándole una rosa de esas que venden por los bares. Que a mí no me compres eso, me dijo, delante del indio y todo. Que yo estoy en contra de la explotación y la doble moral de los gobiernos. Que no entendemos el problema real de la inmigración. Que si tal, que si cual. ¡Qué espectáculo! Vestida de merengue y con ese discurso. No sabía qué era mejor, si comprarle la flor o no, si comprarle todo el ramo o salir corriendo. ¡Pies, para qué os quiero! Además, no tenía nada que ver con ella. Esa estampa no me pertenecía. Lo mejor fue despedirnos en la puerta de la cafetería sin ponernos excusas si quiera. Los dos estábamos deseando que se acabase todo. Me fui destrozado. Por todo y por lo absurdo de la vida, de las cosas que pasan. Debería ser tan sencillo en cambio. Busqué a algún amigo y no encontré ninguno. Después de más de una hora de dar vueltas entré en un bar y me tomé dos cervezas para recuperarme. Después visité a un amigo en su garito. Allí siempre me tomo dos más y él me invita a otras tantas. Con el pico caliente, seguí cerveceando un rato más, hasta que cogí mi bolsa y decidí retirarme. En ese momento todo me parecía anecdótico, todo había tenido su gracia. Lo del suspenso de Empresariales, lo del carnet y hasta lo de la cita a ciegas con el merengue comprometido. Al pasar por una esquina camino a casa, veo a dos discutiendo y a otra más allá. Tenían una cara de cabreo que me daba risa. Que sí, que no. Que no, que sí. Y, cuando llego a su altura, ella dice que le daría un beso al primero que pasara. Miré hacia el lado, hacia atrás y yo, no sólo era el primero en pasar, sino que era el único. Sin pensarlo dos veces (después del día que llevaba no me iba a poner a pensar en las consecuencias), solté mi bolsa, cogí a la chica por la cintura y junté mis labios con los suyos. Ella también me devolvió el beso. Me cogió la cabeza y su beso me supo a gloria. Acto seguido, la mano recia del chico se estrelló en mi cara con tal contundencia que me tiró al suelo. Sin embargo, no perdí la sonrisa.