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volandovengo

La escritura

La escritura

Se busca estos días la palabra más bella en español. Creo que el español es bello en toda su extensión, pero las palabras que suenan bien es lo que se pretende. El común de los entrevistados buscaba la palabra por su significado, o sea por su contenido, no por su continente, que es lo que nos ocupa.

El otro día hablando de esto con Amparo, le sugerí la palabra ’caravasar’ (posada en Oriente destinada a las caravanas) como palabra bella en su grafía y sonido. Pero ellos sabrán.

También nos hemos preguntado alguna vez cuál es el invento por antonomasia de la humanidad. Cuestión igualmente tonta como, me temo, todos los ranking y clasificaciones. Aparte de la fregona, el monomando y el biquini, sin lugar a dudas, es la escritura el culmen de la civilización.

La escritura nació por una necesidad contable. El ser humano necesitaba comerciar, en el sentido ámplio de la palabra, y anotar sus transacciones. Así lo primero fueron números, palos y palitos en la arcilla. El cero llegó más tarde.

El alifato y después el alfabeto vino rodado. Era una cuestión de siglos.

Se escribía de izquierda a derecha y también a la inversa. Y de arriba abajo (nunca de abajo arriba). Los persas crearon un sistema llamado bustrófedon (o bustrofedón) que consistía en escribir para ambos lados. Cuando se terminaba la línea se comenzaba por atrás. Como mi abuela cosiendo que en vez de darle la vuelta a la tela, se cambiaba la aguja de mano y cosía hasta el otro lado. Era ambidiestra.

La palabra bustrófedon viene del griego y expresa la forma que tiene el buey de hacer surcos en la tierra girando de un lado a otro. De ahí la manera de escribir.

En la Escuela de Traductores de Toledo apareció una enfermedad algo fantástica llamada "ojo loco" u "ojo de ida" que le afectaba a los lectores de árabe, de tanto leer de derecha a izquierda, cuando pasaban al texto latino, el ojo acostumbrado, seguía leyendo al contrario.

Así, por ejemplo, en vez de leer alea iacta est (’la suerte está echada’, que dice Suetonio que dijo César) el afectado leía tse atcai aela.

Esta dolencia, según Cunqueiro, la padecieron Roberto de Chester y Germán el Dálmata, "de la que fueron curados con una pestaña de oro, que se colocaba en la final derecha del párpado superior, y la dicha pestaña de oro se deslizaba por un hilo ensebado, tirando por otro, como si fuese juego de cortina, y así se llevaba la mirada a donde se quería".

Antiguo texto griego escrito en bustrófedon.

Cosas útiles

Cosas útiles

Recientemente cayó en mis manos un libro de bolsillo de la editorial "El Molino" (¿?) de Barcelona, fechado en 1968. Son los Cuentos de humor negro, de Robert Bloch. No es un libro específico, pero sí curioso. Está catalogado curiosamente en una colección de "Terror", aunque no tiene mucho que ver. Se deberían clasificar en cambio dentro del ingenio del cuento corto, la ironía, la sorpresa y el impudor.

Pero eso no es lo que me lleva a comentar este hallazgo, sino su contraportada. Como vemos en la fotografía que precede a este post, es un anuncio de una colección para el hogar, "Biblioteca ama de casa", con los tres títulos publicados y la reproducción de dos de las portadas.

Lo gracioso, aparte del antagonismo del contenido del libro y su reclamo posterior, son las características de las obras anunciados. Es decir: "Volúmenes de lujosa presentación, con encuadernación lavable y gran cantidad de láminas a todo color".

(Sin comentarios.)

Noche de cante en el Alhambra

Noche de cante en el Alhambra

Flamenco Viene del Sur

El ciclo de flamenco que viene del sur, este año está un poco deslavazado. La coherencia y el equilibrio no son factores que predominen como otros años. Quizá en otras ciudades la suerte ha sonreído algo más. La única noche dedicada exclusivamente al cante la tuvimos el lunes pasado con una pareja antagónica.

José Valencia actuó en primer lugar demostrando su poderío, que no su absoluto dominio. José es un cantaor hecho atrás, para cantarle al baile. Su compás y sentido del ritmo son envidiables. Quizá esté dentro de esa media docena de cantaores imprescindibles en esta primera década de siglo. Así, sus cantes festeros fueron los que mejor resultado dieron, aparte de unas seguiriyas, en las que se entregó sin miramientos. Las bulerías, como digo, fue su mejor entrega. Por lo demás (soleá y cantiñas) estuvo correcto. Para las malagueñas esperábamos algo más, con el buen saborcillo que nos dejó cantándole a Pastora Galván en este mismo escenario. En su actuación sobresale el tocaor Miguel Iglesias y los palmeros, capitaneados por el ínclito Bobote.

Calixto Sánchez no es el que era. Quizá la alergia influya, pero él se quejaba de los años. Su sentido académico y perfeccionista permanecen, no obstante. Su sola presencia, la conexión con el público, sus chascarrillos pertinentes, le hacen tan entrañable como necesario. Entra con una toná sin apenas megafonía. Los técnicos se duermen y, anteriormente con Valencia, y ahora con Sánchez, la iluminación se rezaga. Sigue por malagueñas y soleá. Manolo Franco lo arropa perfectamente, con gusto y sentido. El bello Romance de las tres cautivas por tangos da paso a la fiesta, a la que sigue por cantiñas, verdadero maestro del género, del que han tomado buena nota nuestros cantaores Curro Andrés y Juan Pinilla, por ejemplo. Con las bulerías La Manolita rematadas, como acostumbra, con unas habaneras de Carlos Cano termina su recital. Antes de abandonar el foro, sin embargo, arroja un poquito de compromiso por fandangos.

* Calixto Sánchez por Paco Sánchez ©.

 

Mirando el flamenco desde arriba

Mirando el flamenco desde arriba

Flamenco Viene del Sur

Después de más de una semana del estreno de “Dos por medio y Cía” me atrevo a escribir unas notas. La distancia sin embargo no es debida a la dificultad de análisis de una obra rompedora, sino al vértigo de unos días que me ocupan en algunas otras cosas de igual escaso provecho.

En primer lugar me asalta la pregunta de si obra tan singular y poliédrica se ajusta al ciclo que nos ocupa, si tiene cabida en el flamenco que del sur está surgiendo. Porque flamenco no es, aunque quienes lo ejecutan son flamencos, me refiero al grueso del cuerpo de baile. No hay guitarras, no hay palmas, no hay voces, por tanto no hay quejíos, aunque sí pellizcos. Tan sólo un piano (de Edith Peña, pianista ajena) que interpreta las sonatas hilvanadas del Padre Antonio Soler basadas en las composiciones de Bach.

Ya las bailó Antonio en Duende y Misterio del Flamenco (1952), haciendo alarde de la escuela bolera. Así pues ya entraba dentro de los entresijos de este arte. Ahora, cuatro bailarines o  bailaores (Álvaro Paños, Carmen Manzanera, Rosana Romero, Sergio Bernal), capitaneados por Rafael Estévez y Nani Paños, cogen el testigo y, como si fuera la apuesta de una partida de póker, igualan y aumentan esta fantasía. No sólo la escuela bolera interviene, sino también el clásico español, la danza neoclásica, la contemporánea y el baile flamenco, creando un corpus tan genérico que, a pesar del dominio de los actuantes, a veces se pierde.

Bonita es la palabra que mejor define la obra, aunque peque de simpleza. Bonita y delicada, podemos añadir. Con una música deslumbrante y una ejecución sin fisuras. Los silencios también son importantes y las cuñas ortodoxas del compás por bulerías. No estamos hablando de experimentos, sino de experimentados. Tanto Rafael como Nani, han demostrado con creces a lo largo de los años su dominio del baile, su conocimiento del ritmo, su sabiduría flamenca.

Son catorce momentos, catorce sonatas distintas pero complementarias, donde se impone una coreografía original y muy cuidada, destacando el alejamiento de la simetría y la búsqueda permanente del equilibrio.

Un escenario sobrio, quizá con menos luz de la deseada, nunca está vacío. El movimiento manda. En solitario, por parejas o en grupo de tres, cuatro o seis, no dejan descansar al ojo atento. Ni un momento para el aplauso, incluso. Es uno de los logros de la función, la permanencia, la continuidad, la imbricación de baile sobre baile y la mezcla de estilos.

Entre las carencias más evidentes, sin embargo, encontramos falta de sincronía cuando el baile traspasa la individualidad y, quizá, su duración excesiva.

A veces, unas castañuelas (Nani Paños) acompañan al piano o quiebran el silencio. La sensualidad y el abanico también tienen su espacio. Movimientos redondos o quebrados, densos y minimalistas, ligeros o cargados de intención, añejos o de nuevo cuño, con peso específico e improvisados, construyen un armazón a prueba de cualquier paladar.

Canción del desencuentro

Qué nos está pasando,
que me miras de otra manera
Lo nuestro se te está olvidando.
Yo sigo en primavera.

Te quise como a nadie.
Pero eres mi enemigo.
No pegues esas voces,
que está mirando el niño.

Yo te quiero. Te quiero
como aquel primer día
Ahora lloro y temo
que me arranques la vida.

Los besos que me dabas,
ahora tan sólo amenazas.
Me encuentro desplazada,
escoria de mi propia casa.

* Llevamos 22 asesinadas por violencia de género en lo que va de año.

Fin de semana

Fin de semana

Patrimonio Flamenco y más

Últimamente los acontecimientos se amontonan y, desde que no escribo para el periódico, no siempre tomo nota. La memoria no siempre responde, sobre todo si han pasado trabajos y días. Una de las causas del olvido es la interferencia. Un recuerdo reciente se va difuminando cuantos más recuerdos echemos encima.

El viernes estuve en La Platería, donde se presentaba “de la fuente”, el primer trabajo discográfico de Esther Crisol. Después de una extensa presentación, sin desperdicio alguno, del flamencólogo Miguel Ángel González, desmenuzando cada uno de los cortes del disco, la cantaora nos brindó con algunos de estos temas, alternando de guitarrista, según el caso, el mismo que interviene en el disco.

Una reseña y valoración más amplia intentaré hacerla en ocasión más propicia. Ahora diré que uno de los valores de la obra es el trabajo en sí mismo. Cada palo ha constituido una ingente labor de indagación en voces del pasado y recuperación, intentando ser fiel al original. Otro valor a tener en cuenta es la formación musical de Esther, lo que incide en esta precisión.

Así, con una valoración positiva, en la voz grave y segura de la granadina, se escucharon malagueñas y rondeñas, acompañado por Vicente Márquez; tangos y bulerías, con Josele de la Rosa; seguiriyas, con José Manuel Cano; alegrías, con Alfredo Mesa.

El sábado por la mañana estuve en la inauguración de la Escuela Municipal de Flamenco, en la Zona Norte, que será gestionada por el mismo personal que gestiona La Chumbera, capitaneados por Antonio Vallejo. La escuela, con unos 20 años de existencia, estrena una sede expresamente pensada para lo que es, instaurándose en el mejor espacio para la enseñanza de flamenco que yo haya contemplado hasta la fecha. Con un presupuesto de un millón sesenta y cinco mil euros, la escuela cuenta con varios salones de baile y aulas acondicionadas para guitarra, cante y percusión, las cuatro disciplinas en que se centra la docencia. También cuenta con un salón de usos múltiples, con asientos elevados para representaciones, sistemas de megafonía, iluminación y proyección; y, por descontado, con vestuarios y aseos. Tan sólo el suelo, me comentó Vallejo, ha costado 50 millones, es un suelo especial, traído de Rusia, para que quien baile sobre él no le duela la espalda.

Eché de menos, no obstante, que la escuela se dedicara también a asuntos técnicos, como iluminación y sonido, y a la enseñanza teórica del flamenco.

El mismo sábado por la noche fui a ver a Sara Heredia a La Chumbera. Aunque no estuvo muy fina, aquejada de un resfriado, se le reconoce como a la gitana combativa que es, referente indiscutible en el Sacromonte y una de las mejores jaleadoras que existen. Con su preciosa voz, a veces cascada por la costumbre, cantó por levante, hizo tientos-tangos y soleares. A la guitarra lo acompañaba su compañero Antonio ‘El Chonico’, que, en solitario, interpretó unas tremendas granaínas y unas bulerías.

Pero como Sara es grande de veras es cantando atrás, para el baile, como demostró arropando a Manuela por alegrías y a su hija Sole por bulerías.

 

Feedback

Feedback

Mirándolo bien, en Granada, sólo un diez por ciento de sus habitantes consumen cultura (digo de memoria, aunque pienso que es mucho decir). Una gran parte de ese porcentaje, a su vez genera cultura. Lo cual quiere decir que la cultura se retroalimenta a sí misma.

En Granada hay 237.929 habitantes (censo de 2006), sin contar la provincia. El movimiento cultural de esta ciudad, si se pensara como en las farmacias, para distribuirlo entre la población, sería escaso. Era para que cualquier evento, cualquier manifestación artística o cultural, estuviera sobresaturada.

¿Por qué entonces, salvo ecepciones, hay teatros a medio llenar, conciertos sin aforo o exposiciones vacías? ¿Por qué los artistas se quejan por el poco interés que suscitan siendo más que válidas sus propuestas? ¿Por qué, sabiéndolo, coinciden en el tiempo tres y cuatro actividades de las mismas características y siete u ocho de disciplinas dispares?

Algo pasa. Algo que habría que analizar detenidamente. Algo que debe preocupar a Granada como "ciudad cultural de primer orden".

No tengo respuestas, pero sí muchas preguntas. Empecemos:

¿El ciudadano está suficientemente informado de la oferta cultural de su ciudad?

¿Los precios se adaptan a la realidad social del pueblo y a la calidad de lo que se le ofrece?

¿El caché de los artistas es proporcionado a su repercusión y exclusividad?

¿Las instituciones deben crear cultura o apoyar a quien decide crearla y se ocupa de ello?

¿Desde la Junta, el Gobierno o la Comunidad Europea nos olvidan, nos ningunean o se diluyen sus esfuerzos?

¿El horario, el más tardío que conozco en toda España, puede influir en esta apatía?

¿La oferta es demasiado cerrada, elitista o poco interesante?

¿Es más rentable, económica y socialmente hablando, la cena en un restaurante, los bares de copas o el botellón?

¿Es el fútbol, casi diario, o la televisión en general, una alternativa válida o el opio del pueblo, el panem et circcenses latino?

¿La envidia o el orgullo, profusamente locales, tienen que ver algo en esto?

¿En otras ciudades ocurre lo mismo?

¿Seguimos siendo europeos?

¿Seguiremos quejándonos de la ausencia cultural y seguiremos sin responder?

¿Nos seguiremos sintiendo olvidados y marginados? ¿Seguiremos llorando?

No sé. Estamos perdiendo fuelle. En Granada hay "artistas" por doquier. Personas que hacen cosas. Gente que se ilumina constantemente. Pero como los fuegos artificiales, suben, brillan, estallan y caen como varas muertas. ¿Por falta de apoyo? ¿Por falta de fuerza? ¿Por falta de ruído? ¿Por falta de eco? ¿Por falta de proyección? ¿Por alguna zancadilla institucional, política, social, gremial?

Dan ganas de...

Buscando un lenguaje

Buscando un lenguaje

Patrimonio Flamenco

Llevo más tiempo del que me gustaría, y mucho más del que acostumbro, unas notas en la cartera. Tanto que el detalle se me escapa entre los dedos pero la impresión genérica permanece. Recuerdo que de La Chumbera bajé con buen sabor de boca, aunque un sentimiento anudaba mi garganta. Buen sabor por un espectáculo redondo, sin fisuras apenas y con innovadoras propuestas. Un cierto amargor entiendo porque la bailaora busca un lenguaje que no acaba de encontrar. Aunque lo importante es esa siembra, que algún día dará sus frutos.

Elena López ‘La Sensa’, con una gran formación en la danza clásica y en la escuela bolera, quiere impregnar sus propuestas de algo más que flamenco. Su cuerpo y sus ganas le acompañan. Su cuadro le arropa casi al milímetro. Destacamos el solo de guitarra por granaínas que abre la actuación. Aunque algo indeciso, Kiki Corpas, estuvo más que correcto.

Antonio Heredia ‘El Pelos’ y Marta ‘La Niña’, al cante, caldearon los momentos con el contraste de sus voces. Lo que demostraron desde un comienzo cantando fandangos a capela, con coda final a dos voces. Y después individualmente, Marta haciendo farrucas y Antonio rajando por soleá.

Manuel Vílchez entiende el sentido de la percusión en el flamenco. Un buen percusionista, lo he dicho ya varias veces, es el que está pero no se nota.

‘La Sensa’ interviene en la caña, donde hace alarde del toque de palillos y es grande con sus requiebros, que llegan a pellizcar, y cuando mece el baile.

Más celosa será por tarantas, rematadas por tangos, en las que derrocha sabiduría y salpica de buenas ideas y guiños contemporáneos.

Un generoso fin de fiestas por bulerías dulcifica una actuación que ya de por sí fue sabrosa.

* ’La Sensa’ en el Premio de Jóvenes Flamencos de la Diputación en 2009 (© Nono Guirado).

Tira-afloja rimado en el muro de Consuelo

Tira-afloja rimado en el muro de Consuelo

Consuelo de la Rubia introdujo ayer en su muro, a través de Javier Benítez, la programación de La Tertulia para sus 30 años de existencia que se van cumpliendo.

Pensando que lo comentaba con toda intención, comenzó este diálogo a tres:

Jorge Fernández Bustos: A ver si nos vemos por allí algún día.

Consuelo De La Rubia: Sí. Sí. Sí.

Javier Benitez Láinez: Jorge, ¿tú que harás? nos veremos mañana para hablar.

Jorge Fernández Bustos: Después de dicho orgasmo de Consuelo, / no me rimes Benítez. / Iré a La Tertulia y no al Entresuelo.

Javier Benitez Láinez: ¿Es que en el Entresuelo / también se baten en duelo de versos?

Javier Benitez Láinez: ¿o en duelo de vates?

Jorge Fernández Bustos: No, es la rima lo que me ha inspirado / meter ese local tan alejado.

Javier Benitez Láinez: ¡Caramba, don Latino! / Le veo con buen tino.

Consuelo De La Rubia: Ay [lease suspirado].

Javier Benitez Láinez: [ante mi silencio] ayayayyaaaayyyy!! Venga Jorge, arráncate

Jorge Fernández Bustos: Nos estamos aprovechando / de un muro que no es nuestro / siento de vez en cuando / a Consuelo como pretexto.

Consuelo De La Rubia: y hablando sin denuesto / he de decir que tengo / el nombre muy bien puesto.

Javier Benitez Láinez: Irnos hemos sin duelo / y sin consuelo.

Consuelo De La Rubia: ¿Levantáis el vuelo? / ¿Abandonáis el texto?

Javier Benitez Láinez: No quiero ser pretexto / de dimes y diretes / de vate entreverado.

Jorge Fernández Bustos: Preferible quedar en paz, / que más vale hacer tablas / que el cuento de nunca acabar.

Javier Benitez Láinez: Pues sí, por Alá / que yo me voy a duchar.

Jorge Fernández Bustos: Otro día convocas, / De la Rubia, Consuelo, / que se seca la boca / y me quito el sombrero / en cuanto me provocan.

Consuelo De La Rubia: Voy preparando una copa / y espero, por supuesto, / que me volváis loca.

Zorongo

La luna esta calabaza

estoy tan enamorado

que cuando más me rechazas

yo más te quiero a mi lado.

 

No me arrojes de tu vera

que no he venido a buscarte,

me basto sólo con verte

todos los lunes y martes.

 

Dobles

Dobles

El otro día, disfrutando de nuevo con Pulp Fiction, esa joya de Tarantino, volví a reírme con una anécdota que contaba Bruce Willis casi al principio. Decía que, en un concurso de dobles de Charlot, se presentó Chaplín y quedó tercero.

(Hay, ha habido y habrá, cantidad de cantantes excelentes que nunca pasarían la criba de Operación Triunfo.)

Esto me recordó la idea del doble. Hay quien destina su vida a ser como otro. En Las Vegas encuentras dobles de Elvis (y de Marilyn y de Michael) por todos lados.

En Japón hay dobles de los flamencos, que no sólo los imitan a la perfección, sino que adoptan el nombre de su modelo.

Así encontramos a un Paco de Lucía japonés o a un Cepero. Incluso el presidente de la peña de Tokio se hace llamar Pepe (lo conocí hace un par de años).

Pedro Peña, hermano de ’El Lebrijano’, comentaba en una entrevista en Radio 3 que, estando en Japón, conoció a su homónimo, que era perfecto, según el guitarrista. Demostró que bordaba uno de sus discos. Lo hacía todo increíble, termina Peña, era perfecto hasta en los fallos del disco.

Nubes calladas

Nubes calladas
en el silencio herido
de noche adormecida.
Es tiempo solapado;
deseos en barbecho.

Lo prometido…

Lo prometido…

III Gran Festival Flamenco a beneficio de

"Proyecto Hombre" de Granada

Cuando se presenta un festival benéfico, sin ninguna duda, se mira el cartel (que siempre es aproximado), pero la exigencia y la calidad pasan a un segundo plano. Todo lo que se ofrezca es bienvenido por la labor que se está realizando. De cualquier forma, la sorpresa siempre salta.

Pero, cuando todo el festival es una sorpresa, hay que quitarse el sombrero y decir que merece la pena empujar pesadas cargas por vías tan llevaderas. Este Gran Festival Flamenco fue organizado por la peña de La Platería.

El programa prometía. La función lo merece. Incluso el sonido, que en estos foros es la única pieza que suele fallar, estuvo a la altura.

Hace tiempo que tenía que haber publicado esta nota, pero las circunstancias han hecho que me rezague. Sin embargo, los apuntes de tal Festival, me quemaban en la agenda y como un escapulario saltaban a mi mente cada vez que me proponía a emprender cualquier actividad.

Iván ‘El Centenillo’, con Josele ‘de la Rosa’ a la guitarra, comienzan con una caña arriesgada de Pepe el de la Matrona, que culmina con una soleá apolá. Ana Mochón, arropada por Antonio ‘La Luz’, interpreta alegrías y La rosa cautiva, de Juanito Valderrama, por milongas, donde el guitarrista, fenomenal, arpegia un fragmento de la saeta de Serrat. Antonio ‘La Luz’ también acompañará a Sergio Gómez ‘El Colorao’, que canta unas bulerías, dedicadas a su tío Enrique (tristemente recién fallecido), muy de escuchar. A Sergio lo sustituye en el escenario su padre Antonio, a su lado el tocaor cada vez más fino Alfredo Mesa. ‘El Colorao’ es grande y moderado por soleá y por seguiriyas.

Para acabar la primera parte con bastante luz, Alba Heredia baila por alegrías. Está arropada por Rafi al cante, su madre, y Manuel Fernández a la guitarra. Como sorpresa anunciada, Juan Andrés Maya coge generoso relevo, quitándole protagonismo a su sobrina.

Manuel Palma ‘El Zahoreño’ abre la segunda parte con sus antológicas granaína y media. A la guitarra, un curtido Manuel Carvajal lo lleva como en volandas. Termina este cantaor laíno con fandangos de Manuel Torre, Vallejo y ‘El Gloria’.

Especialmente inspirado, como hacía tiempo no se le veía, Curro Albayzín, apoyado por las seis cuerdas sabias de Francisco Manuel Díaz, recita con gracia y con arte unos textos de Benítez Carrasco, Rafael de León y Federico García Lorca, con su poquito de sal, su poquito de cante por Graná y su poquito de baile. A las palmas y jaleos se les suman ‘El Centenillo’ y Juan Pinilla.

Sin cambiar de nombre, esta vez Curro Andrés, con Manuel Carvajal a la guitarra, demuestra su dominio y su medida del compás con el Romance de Juan de Osuna. Se despedirá con fandangos de Pepe Pinto y Caracol, que lo borda (aunque más afinado).

Juan Pinilla vuelve con Francisco Manuel Díaz para demostrar lo que puede hacer por levante. Termina con fandangos del Requeteque (costa granadina) y de Güéjar. También se acuerda del gran cantaor granadino Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’.

Para terminar, con sus pies limpios y su exclusiva presencia, Ana Calí, con las guitarras de Mesa y ‘La Luz’ y el cante de Pinilla y Curro Andrés, nos deja un buen sabor de boca bailando una soleá y bulerías.

* Ana Calí (foto tomada de su página oficial©).

El adivino

El adivino

(Reality show)

Recorrimos tres veces la feria de punta a cabo. A cada vuelta repetimos algunas atracciones. Eran los coches de choque, las perdigonadas a los palillos con escopetas de cañones retorcidos para llevarse un horrible oso de trapo o una botella de un dudoso licor y la tómbola de papeletas de colores, con un comentarista estridente y monótono, en donde yo alimentaba mi fama de adivinador y visionario. Siempre, sin duda alguna, acertaba lo qué nos tocaría, siempre apostaba por el mejor regalo, siempre nos sonreía la fortuna.

En el último paseo, al bajar de la noria y tras haber vislumbrado con meridiana claridad el accidente en la barcaza sin heridos por suerte, advertimos por vez primera un cajón metálico sobre unos caballetes de madera. En uno de sus lados estaba pintada la cara de un payaso con la boca descomunalmente abierta, en la que había practicado un orificio al interior oscuro de la caja. Sobre el payaso de pelo amarillo ensortijado y ojos saltones, en una banda azul, roja y blanca, un rótulo rezaba: “El hueco del destino”, sin más explicación. Nada más hallarnos frente al extraño artilugio, lo percibí con toda nitidez, y así se lo participé a mis compañeros: “Cuando metas la mano ahí, una especie de guillotina te la corta”.

Mis amigos dispusieron que me había excedido en las predicciones, que aquello que había aventurado no tenía ningún sentido, que no debería ser tan extremo y nefasto, que en un lugar de esparcimiento y diversión para toda la familia, donde la mayoría de los usuarios son niños, era ilógico que hubiera una máquina tan infernal…

Dolido en mi amor propio por haber puesto en duda el inequívoco don de la profecía que me caracterizaba, sobre todo por ser cuestionado por los compañeros a los que había demostrado una y mil veces los rigores de mis predicciones, metí en un arrebato el brazo por la cavidad hueca de la boca de aquel nefasto payaso y un resorte accionó la cuchilla que me cortó la mano derecha a la altura de la muñeca.

Todos sonreímos, mientras me tapaba el muñón sangrante con el peluche de la tómbola y me llovían las palmadas de complicidad, las felicitaciones por haber acertado nuevamente y los perdones por su incredulidad sin sentido.

Otra vez la soledad

"Soledad... Yo no creo como ellos creen, no vivo como ellos viven, no amo como ellos aman... Moriré como ellos mueren".

Marguerite Yourcenar

Fechada el 14 de septiembre de 2001, encuentro una carta que le escribí a Jesús de Almería (ahora estoy en su casa), en la que me pedía un breve texto sobre la soledad.

Fue escrito a vuelapluma, impelido por la premura de tiempo con el que me lo pedía.

Llegó a utilizarlo, pero no recuerdo para qué.

La soledad

Un hombre se sienta en la cafetería un domingo a media mañana, mira el periódico y pide un café solo. Conoce el precio y paga por adelantado. Cuando termina, se asoma al abismo de la taza, donde unos granos de azúcar, que han quedado sin disolver, difícilmente se abren hueco entre los posos amargos de Colombia. Dobla el diario, que nadie más leerá, y se lo coloca bajo el brazo. Sin volver la cabeza, abandona la cafetería.

Entra en la calle, que está soleada, y comienza a andar. El bullicio de gente que pasa frente a él, en esta asolada mañana de domingo, lo desconcierta. Cierra los ojos. Los vuelve a abrir. Mira, pero no ve a nadie. El hombre está solo.

El camino recuerda que de su brazo anduvo alguien. El hombre recuerda quien le besaba en los labios. Sus ojos recuerdan que vieron en colores. Sus manos buscan en vano el filo de estos recuerdos.

La soledad camina descalza. Se acuesta, y siempre tiene los pies fríos. La soledad nunca está satisfecha. Empieza por una siseante “ese” y termina por una esbelta “de”. Se agarra a la garganta, anuda el pecho, desgrana el corazón, acorrala lentamente, hace añicos la voluntad.

El corazón es muy grande, pero el de algunos tiene eco.

Hay soledades, sin embargo, que son elegidas, desiertos de luz, bellos silencios. Los pájaros solitarios, como decía san Agustín, siempre se posan en la rama más alta.

Más sobre la crisis

Más sobre la crisis

- ¿Le puedo hacer una pregunta?

- Ya me la está haciendo.

- Otra. Digo, otra.

- Ya me lo imaginaba.

- Es usted radical. Es como si le preguntara si tiene hora y me dice simplemente que sí, y se va tan campante.

- Pero yo respondo exclusivamente a lo que me preguntan. La vida no está para excesos, con este paro que está cayendo.

- Entonces, ¿está usted en paro?

- No se lo he dicho ya, señorita. Si no estuviera parado no estaría hablando con usted.

- Es que están muy mal las cosas.

- ¡Que me lo digan a mí!

- A usted se lo estoy diciendo.

- Ya, como que estamos solos.

- Es que no hay trabajo...

- No se engañe, señorita. Trabajo sí hay, lo que no hay es dinero.

- ¡Me lo va a decir a mí!

- A usted se lo estoy diciendo.

- Hace tres meses que no cobro. Por eso me dedico a hacer entrevistas.

- Es que están muy mal las cosas.

- Claro.

- ¿Y para qué son estas preguntas?

- Estamos realizando estadísticas.

- Para qué, si puede saberse.

- Es para la revista "España a fondo".

- No la conozco. ¿Es buena?

- No lo sé. Yo no la leo.

- Así va España.

- Bueno, no le entretengo más, muchas gracias.

- Nada, un placer.

- Adiós.

- Suerte con "España toca fondo".

* Esta conversación pertenece a un trabajo que no existe, llamado "Devaneos dominicales".

** Fragmento de una ilustración en Corel de Hermes Torres.

Fandango de arte mayor

Pa' que tu padre no lo sepa
voy apedreando farolas.
Ahora que l’an arreglao
esto nuestro va ha traer cola.
¡Vaya arreglo tan apañao!

La copa de champaña

La copa de champaña

El otro día comimos con cava. No celebramos nada, simplemente había pescado y una botella burbujeante, sobreviviente de la Navidad, nos miraba desde el refrigerador.

Las copas que usamos eran estilizadas, de las que llaman aflautadas, como debe ser, para conservar al máximo las burbujas del champaña.

Un mito griego, quizá apócrifo, pero bello y sensual, cuenta que la copa de champaña, con forma de cáliz, fue moldeada sobre los senos de Helena de Troya.

Siglos después, la duda es más grande si cabe. María Antonieta, Reina de Francia, esposa de Luis XVI, quiso crear una nueva copa de champaña moldeada sobre su propio seno, cambiando la forma tradicional de las altas y estrechas por las bajas y abiertas. Se ve que María Antonieta estaba mejor dotada que la reina de Esparta.

Sin embargo Joan Perucho (1920-2003), investigador gastronómico y buen comensal, retrotrae la historia a una época anterior.

El legislador catalán expone: «Siempre se ha recomendado por las autoridades más prestigiosas beber champaña en copas en forma de cáliz o tulipa, o en  lo que los franceses llaman flute. La moda de beber champaña en la copa ancha y abombada la lanzó Luis XV, bastante perversamente. Cuenta Piero Accolti en su Viaggio attraverso i vini di Francia, que Luis XV, llevado por su pasión amorosa, usaba para el champaña copas hechas con el calco "del seno della sua bella amica, la Marchesa di Pompadour"».

Hay incluso quien insiste que este molde lo halló Napoleón inspirado en las tetas de Josefina. Hay más pechos que colores

Lo que sí es cierto es que estas copas semiesféricas, tan populares en nuestras celebraciones, con las que se suele hacer una cascada embutiendo una copa en el interior de otra, haciéndola más alta e inestable cuanto más hayamos bebido, no son aptas para ente tipo de caldos, pues se le escapan las burbujas mas rápidamente.

Jules Barbey d’Aurevilly (1808-1889), en un cuento de Las diabólicas, se quejaba así de este cambio: "Y alzó su copa de champaña, que no era la copa estúpida y pagana por la que la han sustituido, sino el vaso alargado y esbelto de nuestros antepasados, que es la auténtica copa de champaña, la que llaman flauta, quizá a causa de las celestes melodías que derrama en nuestro corazón."

Aparte de esto, cualquier otro intento de continente para el licor de oro está de más. El plástico es aberrante.

Simplemente Pastora

Simplemente Pastora

Flamenco Viene del Sur

El flamenco tiene un camino que se debe recorrer con arte y de la mano del compás. Pastora Galván tiene todo el arte preciso para recorrer holgadamente este camino y tiene un compás que no se puede aguantar.

En una mesa de cuadrada madera están los músicos llevando el ritmo con los nudillos en el tablero. En primer plano el guitarrista Ramón Amador y el palmero Bobote, en la parte de atrás Londro y José Valencia, dos cantaores muy distintos, complementarios y de buena factura. Pastora, “de trapillo”, aborda las bulerías que apunta el cuadro como para sí. Ella, como en su casa, ensaya sobre la alfombra. Un pase y se descalza; otro y otro sin zapatos. Para bailar por derecho no hacen falta los adornos.

El carisma de bailaora, añeja, sevillana, tradicional, le supura por los poros, pero la dimensión vanguardista la traspasa. Se nota que es hermana del creador Israel Galván, que junto con ella firma las coreografías de esta obra llamada simplemente Pastora, segundo montaje individual de esta bailaora, después de La Francesa. El resultado es un baile fresquísimo y arriesgado, con un poso de sabiduría difícil de cuestionar.

El segundo tema es una mariana, con su trasfondo tanguero, que canta Londro, mostrando su buen gusto, y Pastora remata la escena liando la alfombra pero dejando su marca luminosa. Una soleá de cuartito nos lleva a las seguiriyas, precedidas de martinete, en las que la bailaora lleva el compás con yunque y martillo. El baile es exacto, puro y novedoso, cargado de silencios y de sorprendentes cambios, como cuando la seguiriya se rompe con fandangos para tornar a ser el cante desgarrado que fue en un principio.

José Valencia se hace grande cantando por malagueñas y abandolaos, antes de pasar a las alegrías que Pastora, con vestido de cola rojo y manila, domina sin fisuras. El vuelo del mantón, de la bata y el juego de pies no dejan duda, estamos ante una bailaora completa, a la que le bailan hasta las pestañas. Estas cantiñas, con un guiño de comicidad, acaban por sevillanas, que con toda dignidad vindica también para el teatro.

Un poquito de levante bien hilvanado por Valencia, nos lleva hasta un final por tangos. La sal y el roneo continuos llenan de emoción, sólo superada por la concatenación de bulerías finales entre aplausos y juego de luces. Acaba pero sigue. Siempre queda algo por decir.

En estos finales se descubre, con gracia, a Bobote como bailaor y, huelga decirlo, sobrado de compás.

* (© Deflameco.com)

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