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Un debate sin objeto

Un debate sin objeto

Fue más el ruido que las nueces. Mi ausencia y la de muchos (¿la de todos?) respondió a un "olvido involuntario" (léase "olvido inexplicable"). La mesa redonda El flamenco en Granada a debate, al ser en la sede de la Asociación de la Prensa, convocó a la gente de la prensa, no a la gente del flamenco. Suerte que entre los periodistas se encuentran aficionados; suerte que algunos fuimos atraídos por tambores lejanos.

La mesa no sorprendió. El moderador, Juan Antonio Ibáñez, anquilosado y faraónico, estaba más interesado en la forma que en los resultados. A Tito Ortiz, igualmente trasnochado, arremetió contra el irreparable carácter granadino y (todos) los "trenes" que dejamos pasar. Su discurso se sostiene con la falsa sentencia de que "cualquier tiempo pasado fue mejor".

Paco Espínola, con su autoridad exclusiva, no sólo difería de los demás, sino que se contradecía a sí mismo. Juan Pinilla abrió el debate tras la pregunta absurda del capitán de a bordo. A saber: qué época ha sido la mejor de la historia del flamenco. Si dos y dos son cuatro, Pinilla respondió que la época dorada de Pastora, Chacón, Torre, Vallejo, Tomás... pero sabiamente se remontó al momento actual, diciendo que si desnudamos al flamenco de toda la mentira que le rodea hoy día y lo despolitizamos, podemos estar en su mejor momento.

Yo, ante esa pregunta, no me habría desvinculado mucho de la opinión de Juan. Aunque simplemente diría que el mejor momento es el que viene, la segunda "edad de oro" está por llegar, que es lo que nos mueve a seguir reinventando el flamenco, dentro de la autenticidad y la honestidad.

Raúl Comba, posiblemente el más realista de la mesa, concretó algunos proyectos truncados y algunos "trenes", no perdidos, sino estrellados o de los que nos hemos bajado en marcha o, cuando han alcanzado la velocidad de crucero, los hemos malvendido. Vinculó el flamenco con el turismo, con la economía, con el trabajo... El flamenco es industria.

Nacho García sabe que la batalla está perdida de antemano. Nacho, al que se le dejó hablar poco, piensa que pasará un nuevo "tren" en el que todos cabemos o en el que no cabe ni Dios.

También se habló de la necesidad de dignificar el flamenco y sus trabajadores, que da la casualidad que también son artistas, para lo bueno y para lo malo. La necesidad de sindicar de alguna forma ese colectivo. De tapar sus vías de agua y evitar las recaídas.

Como temía, sin embargo, faltó conclusión y proyecto. Faltó latido y evidencia.

Todas las acciones que ronden en torno al flamenco son positivas. Cualquier iniciativa que lo reivindique desde el respeto es bienvenida. Seré el primero que aplauda cualquier apuesta que valore este arte como una de nuestras indiscutibles señas de identidad.

Pero la única solución (no una solución, sino la única) estriba en vertebrar el flamenco a través del mismo hilo, que todos vayamos a una, que las acciones no se propongan aisladas sin base ni continuidad (verbigracia: este debate), que haya una evolución (¿revolución?) global, que se encaucen las energías.

Estamos sobrados de iniciativas y de buenas voluntades. Como estamos cansados de partidismos, palos de ciego, autocastigos y autogalardones.

No me vale que el Ayuntamiento, al que se le criticó a base de bien, tenga una visión sesgada del flamenco, que tenga a "su gente" y que esté tan mal asesorado. No me basta que la Diputación haga la guerra por su lado y empiece de cero en cada legislatura. No me basta la independencia engreída de la Universidad que proclama el voluntariado por encima de la profesionalidad. No me basta una Junta que mira para occidente y nos da palmadas en la espalda. No me bastan las iniciativas privadas que sólo cubren expediente. No me bastan los celos y el secretismo de los artistas. No me bastan las sardinas que se arriman a las mejores ascuas cuando el resto están frías y escuálidas. No me bastan los "desfacedores de tuertos" que después son molinos de viento, y si no son sus aspas es la brisa que las mueve...

El flamenco en Granada a debate

El flamenco en Granada a debate

Esta tarde, y bajo el nombre que intitula este post, tendrá lugar una mesa redonda en la Asociación de la Prensa de Granada, dentro del ciclo El Sacromonte patrimonio flamenco. En ella intervendrán los ínclitos señores Juan Pinilla, cantaor y periodista flamenco; Tito Ortiz, periodista; Francisco Espínola, periodista; Raúl Comba, productor y manager de artistas, y Nacho García, director de la escuela de flamenco "Carmen de las Cuevas". El acto será conducido y presentado por el periodista y directivo de la APGR, Juan Antonio Ibáñez.

Es una gran noticia que se hable largo y tendido sobre este tema, que se evalúe, que se saquen conclusiones y que trasciendan. Llevamos mucho tiempo quejándonos del tratamiento que al flamenco se le da en nuestra ciudad, que, para un cierto sector de público y algunas instituciones, viene a rozar el folklore más castizo, alimento para turistas y puterío solapado.

Toda iniciativa es insuficiente para intentar prestigiar a este arte que constituye nada más ni nada menos una de nuestras más fidedignas señas de identidad. Para comprender nuestra historia más reciente es imprescindible contemplar el nacimiento, la evolución y el alcance del flamenco.

Yo soy yo y mis circunstancias. Somos hijos de nuestras tradiciones, de la cultura, el conocimiento y el arte que nos rodea que, aunque no lo queramos ver, constituye lo que nos distingue realmente de los animales.

Esta tarde, como digo, El flamenco en Granada a debate. Pero con qué criterio. ¿Están todos los que son y son todos los que están? ¿Los integrantes de la mesa tienen el conocimiento y la perspectiva suficientes para tratar este tema? Y lo más importante, ¿están comprometidos con la realidad del flamenco en nuestra ciudad para poder dictar de manera objetiva las necesidades del colectivo que forma la gran familia flamenca granadina?

Parece pataleo, quizás lo sea. La indignación una vez más llama a mi puerta. Llevo cerca de siete años, día tras día, dedicado al flamenco, viendo todo lo que se propone. Peñas, teatros, festivales, concursos... y no sólo no se me ha invitado a formar parte de la mesa, que no digo que me tuvieran obligatorio que haber llamado (en la vida me he considerado necesario y mucho menos imprescindible), pero al menos debería haber recibido formalmente la invitación a tal evento, del que me enteré de rebote.

A rey muerto rey puesto. El muerto al hoyo y el vivo al bollo. Al burro caído se le dan los palos. ¿Porque ya no sea oficialmente crítico de flamenco de un periódico he dejado de tener alcance?

De todas formas haré acto de presencia en este interesante debate y, en la medida de lo posible, intentare enterarme del olvido, seguramente involuntario, de mi ausencia.

El arte y las cabras

El arte y las cabras

Granada, por suerte, pero por desgracia, es una tierra de creadores, un pozo de iniciativas. Digo “por suerte” porque no hay mañana que no amanezcamos con un nuevo logro ciudadano, con un apunte novedoso en la agenda de los días, con varias propuestas diferentes. Digo “por desgracia”, pues a la vez que brotan estas novedades acaban sin madurar.

Y, no sólo no tienen fin, sino que carecen de cuna. Son ideas bastardas por falta de apoyo y de apuesta. Son utopías porque las hacen inviables e increíbles.

En tierra de pastos, la hierba no crece cuando pasan las cabras. El ganado caprino es duro y empecinado. Son cortacéspedes naturales. Como los hunos, devastan todo a su paso. Se elevan sobre sus patas traseras para alcanzar cualquier brote, sin temor a las púas o la ponzoña que utilizan algunas plantas para defenderse.

Los pastores, conscientes de su atropello, no repiten un mismo lugar donde pastar y dividen los prados en varios triángulos concéntricos, de modo que cuando regresan nuevamente al lugar de partida, éste ya se ha recuperado.

La zona finalmente acaba infructuosa.

En nuestra ciudad, en general, baste que brote algún conato artístico para que aparezcan las cabras y le corten la cabeza y las yemas.

La elegancia

La elegancia

En la corte de Luis XVI, un aristócrata, que pasaba por ser uno de los hombres más elegantes de París, si no el más elegante de Francia, que venía a decir que era el más elegante del mundo, se presentó en una recepción de su rey o en una fiesta social de madame Pompadour, de esas que se escuchaba poesía y se admiraba a las castas jovencitas casaderas tocar el piano.

Cuando inmediato pasó de anunciarse su presencia al obligatorio besamanos, la marquesa alabó su porte diciendole que venía muy elegante. Turbado él preguntó si se notaba mucho y, acto seguido, montó en su calesa y fue a casa a cambiarse, pues la elegancia debe ser discreta.

Jules Barbey D’Aurevilly lo expresaba así en un cuento de Las diabólicas (1874): La simplicidad del arte supremo consiste sobre todo en pasar desapercibido.

El bálsamo de Fierabrás

El bálsamo de Fierabrás

Don Quijote de la Mancha, en el capítulo X de su primer volumen, solicita a su escudero una redoma para componer el bálsamo de Fierabrás, “que con sola una gota se ahorraran tiempo y medicinas”.

Más adelante el hidalgo explica a Sancho: “Es un bálsamo, de quien tengo la receta en la memoria, con el cual no hay que tener temor a la muerte, ni hay pensar morir de ferida alguna. Y así, cuando yo le haga y te le dé, no tienes más que hacer sino que, cuando vieres que en alguna batalla me han partido por medio del cuerpo..., como muchas veces suele acontecer..., bonitamente la parte del cuerpo que hubiere caído en el suelo..., y con mucha sutileza, antes que la sangre se vele..., la pondrás sobre la otra mitad que quedare en la silla, advirtiendo de encajallo igualmente y al justo. Luego me darás a beber solos dos tragos del bálsamo que he dicho, y verásme quedar más sano que una manzana.”

(Recuerda al compuesto del “Vizconde demediado” de Calvino.)

Este brebaje, según El Caballero de la Triste Figura, se fabricaba a base de la sabia combinación de aceite, vino, sal y romero (capítulo XVII). El caballero los hierve y bendice con ochenta padrenuestros, ochenta avemarías, ochenta salves y ochenta credos. Al beberlo, Don Quijote padece vómitos y sudores, y se siente curado después de dormir. Sin embargo, para Sancho tiene un efecto laxante, justificado por el Quijote por no ser caballero andante.

El bálsamo de Fierabrás es una poción mágica capaz de curar todas las dolencias del cuerpo humano que forma parte de las leyendas del ciclo carolingio (Aparece como tema en el cantar de gesta francés Fierabrás, ‘el de feroces brazos’, que se fecha hacia 1170). Según la leyenda épica, cuando el rey Balán y su hijo Fierabrás conquistaron Roma, robaron en dos barriles los restos del bálsamo con que fue embalsamado el cuerpo de Jesucristo, que tenía el poder de curar las heridas a quien lo bebía.

Cunqueiro, en su “Tertulia de boticas prodigiosas” informa que este bálsamo era de común uso entre los paladines del rey Arturo y se encontraba, junto con otras hierbas y productos maravillosos, en los anaqueles de la Botica de Camelot o de la Tabla Redonda, y que fue traída por Alejandro, hijo mayor del emperador de Constantinopla, cuando acudió a Gran Bretaña para aprender caballerías.

Estas medicinas tenían por objeto, aclara el autor de Mondoñedo, la rápida curación y cicatrización, sin dejar apenas huella, de las grandes heridas de los nobles guerreros.

Entre las Recetas de cocina del cocinero barcelonés Ignacio Doménech se puede encontrar en el “Capón morrocotudo” que tiene como ingrediente de exclusiva ambrosía el bálsamo de Fierabrás, que lo compone de mantequilla, miel y clavos majados. Más adelante, expande este elixir. Hablando de la bondad de los vinos dice: “Las denominaciones de origen patrias de vinos espesos y, sin embargo, redondos (vinos de Cariñena, de Toro, de Jumilla, del Priorato…), son perfectas para elaborar este bálsamo de Fierabrás que mata las penas, yugula los sinsabores, conforta el cuerpo aterido, predispone a la confidencia, facilita la locuacidad”.

* "Don Quixote" de Gustave Doré, 1863

Aburrido final

Aburrido final

Flamenco Viene del Sur

Rescato algunos sobresalientes en Flamenco Viene del Sur en nuestra ciudad, sobre todo el día de Pastora. Pero en general el ciclo ha estado por debajo del nivel exigido en este evento. Otros escenarios hubieran recogido con gracia y aplauso cualquiera de las propuestas más flojas del Teatro Alhambra, pero las expectativas de calidad no se han cubierto.

Para terminar, el lunes pasado tuvimos a Juan ‘El Mistela’, bailaor clásico donde los haya, sobrio y varonil, que basa su estilo en el juego de pies. Se agradece este tipo de baile entre tanta experimentación, si no fuera por los evidentes remedos de Farruco, de Maya, de Manolete…, si no fuera por sus continuas repeticiones, si no fuera por su inmadura compañera de baile.

Noelia Saborea, como ya digo, en otros foros habría convencido. En esas tablas tan sólo deja claro su baile insustancial y los titubeos de un quiero y no puedo, evidenciado sobre todo en las alegrías. Incluso la caña, montada como un bonito paso a dos, una coreografía más que resultona, se deslució por la partenaire del bailaor. ¿Será por el cambio de la artista invitada que figuraba originalmente en el programa (Asunción Pérez ‘Choni’)?

Lo único que se salva del espectáculo, aparte de momentos innegables de ‘El Mistela’ (farruca, soleá), el violín de Lefevre, aunque su abuso está de más, y la voz, quizá sin brillo, de Inma ‘La Carbonera’ (destacamos su farruca a capela), es la guitarra fresca y exacta de Salvador Gutiérrez. Ni siquiera Enrique Soto al cante, del que se esperaba tanto, estuvo a la altura.

Es una obra que tiene sus momentos y tiene sus personajes. Pero, en conjunto fue aburrida. El tempo lento, los silencios y vacíos que, en otros espectáculos llegan a cautivar, aquí se vuelven en contra de los actuantes, creando un ligero sopor en el patio de butacas, reforzado por un juego de luces paupérrimo, con inexplicables apagones entre pieza y pieza.

La crisis no es sólo económica, sino también de ideas. Esperemos que el próximo año, con los recortes, podamos hacer un balance más positivo.

"Los hombres lloramos en círculo"

"Los hombres lloramos en círculo"

Es tan bello el título que no me he resistido ponerlo en la cabecera de este post. Éste responde a un libro de poemas sentidos que ha publicado por Paco Checa y presentó este sábado en el Centro de Documentación Musical de Andalucía a través del flamenco y la canción.

Los hombres lloramos en círculo,
colgados de bucles de acero.

Ese día tendió al verso y la palabra. Desde la Huerta de San Vicente, donde se clausuraba el Festival Internacional de Poesía de Granada, con la presencia y recital de la salvadoreña y nicaragüense Claribel Alegría, que de las dos nacionalidades goza, y de su paisano Ernesto Cardenal, un referente de compromiso activo en Nicaragua.

Gocé con Claribel, pero a Cardenal no lo pude ver, pues mis pasos me trasladaron a la Acera del Darro. Es una espina que no lograré sacarme.

Los versos de Checa eran ilustrados a la guitarra por el estudioso francés afincado en Almería Norberto Torres, quien me invitó a la presentación; al cante Pedro Torres, que no tuvo un buen día, por otra parte; y al recitado María Cruz, los dos de distintas localidades almerienses.

Un programa dinámico mostró buena parte de la obra, que se iba entroncando con García Lorca (Baladilla de los tres ríos, por milongas), con Morente y su Estrella, para acabar el recital y Miguel Hernández, como colofón fuera de programa. Algunos de sus poemas, recitados por el mismo Paco Checa y rematados por la Elegía.

Así, a lo largo de la velada escuchamos seguiriyas, trilleras, alegrías (ilustradas al baile por Clara, la hija del poeta), peteneras, soleá…

Todo acompañado con un montaje de diapositivas extemporáneo, para mí fuera de lugar.

Una manera de popularizar la poesía es hacerla canción.

Anoto a continuación los versos que abren el poemario:

SI HOY LLOVIERA


Si hoy lloviera
tendería mi ropa al sol para secarla,
de mi juventud las migajas asomadas al puente,
pestañas de recuerdos
cosidos a la piel de la quebrada.

Si hoy lloviera
regaría la tierra
con pompas rotas del amanecer
y secaría la penumbra
con tempestades violeteadas.

Si hoy lloviera

yo viajaría por todos los caminos
descalzo,
ausente,
peregrino de sotos sin cruces,
errante,
mirando al mar desde cualquier otero
silencioso…
esperando encontrarte
seco entre la lluvia…

Y regresarte.

A otra cosa mariposa

A otra cosa mariposa

No sólo de pan vive el hombre. Qué bien me sienta cambiar de dieta. No es que el flamenco sature, eso nunca, pero cuando alguien saca las narices por la ventana y se deja impregnar de otros aromas, no sólo es saludable sino altamente recomendable.

El sábado, octavo día de este mes de mayo, desemboqué en la explanada del Palacio de Congresos, donde se había montado un gran escenario para que actuaran de forma totalmente gratuita algunas agrupaciones alternativas de Granada, organizado por el Área de Cooperación y Desarrollo de la Diputación de Granada, con motivo del fin de las jornadas Alter-racciones sobre las políticas de la UE y sus efectos en el mundo. Las bandas en cuestión eran Maui y Los Sirenios, Son de Nadie, Alpujarra Libre y Fictoria. El ambiente era tremendo, con cientos de personas vibrando frente al escenario, con un sonido espectacular, que se fue diluyendo a los postres, conforme el espacio se iba saturando de parroquianos.

Mi presencia no fue continua, tan sólo presencié los coletazos del primer grupo, que no sé exactamente quienes fueron. Aunque sí estuve casi todo el pase de Alpujarra Libre, que me encantó su marcha, su puesta en escena, su mestizaje (según algunos lo mejor de la noche). Cuando volví al final, Maui (en la foto) embellecía el escenario, pero apenas escuché un par de temas y de aquella manera, pues la afluencia de público a esas horas impedía un mínimo de interés.

Este viernes, casi por casualidad, retomé esta nueva alternativa. Subí al autobús hacia el pueblo de Peligros, donde se desarrollaba el segundo Encuentro de Músicos “Granada Suena”, organizado también por la Diputación, cuya responsable era mi amiga Nelia Reyes, la cual me había invitado.

Llegué directamente al escenario, aunque durante todo el día había habido actividades bastante interesantes (seminarios, conferencias, mesas redondas…). Por orden actuaron de nuevo Maui y los Sirénidos, con su mestizaje aflamencado (quedé prendado de ellos); Sonido Vegetal, con su completa fusión; la dulce canción de autor de Sortilegio; los Veteranos en Granada, música funk, celebrando los 15 años de Funkdación, con su directo rotundo; y, como grupo invitado, Eskorzo, todo un ejemplo de radicalidad comprometida y animación permanente.

Allí no acabó la cosa, sin embargo. Hubo un trasnoche, a manera de jam session en un pub del pueblo, que se le dio en llamar “Noches peligrosas”, donde disfrutamos hasta altas horas de la madrugada con la frescura y buen hacer improvisado de casi todos los músicos que intervinieron oficialmente momentos antes y algunos otros que se apuntaron.

Es grandioso poder observar la buena salud de la música en Granada, en cualquier disciplina; el directo tan fulminante de sus grupos; el sonido tan cuidado; la conciencia mestiza y el compromiso que recogen todo tipo de influencia musical.

 

La verdadera revolución de la copla

La verdadera revolución de la copla

Las coplas del querer

Hay muchos cantantes de copla, ahora que recobra un nuevo auge, y algunos muy buenos, pero hay sólo un cantaor de copla que se llama Miguel Poveda.

Las grandes facultades y el buen gusto están a su favor. Dones que hacen de este catalán afincado en Sevilla el intérprete más en forma de todo el panorama español. Miguel es un artista todoterreno que cualquier cosa que toca la engrandece, cual rey Midas, ya sea el flamenco, el bolero o la copla.

El miércoles pasado lo tuvimos en Granada, en el escenario del Palacio de Congresos. Fue algo grande, único, que, sin embargo se llenó tan sólo hasta su mitad. ¿Será por el elevado precio para esta ciudad? (35 euros la entrada más barata). ¿Será por presentar su espectáculo entre semana? ¿Será porque habría otra alternativa? ¿Quizá fútbol? (lo ignoro, porque no entiendo de ese deporte, pero como siempre retransmiten partidos “históricos”…).

No sé. Fue un concierto que dejó huella, que convenció a todo el mundo, que rozó el sobresaliente, sin apenas fisuras, acaso un par de acoples imperdonables a estas alturas.

Los asistentes no querían dejar escapar al artista. Poveda no quería dejar escapar a su público. Resultado: cerca de dos horas y media duró el espectáculo (ganancia de taxistas).

Miguel Poveda estuvo entregado y generoso. Recorrió, de forma salteada, su doble trabajo discográfico, Las coplas del querer, que a la vez le da nombre a la gira.

Comenzando con una ensalada de coplas, a la manera de las coplerías “La radio de mi madre” de su disco “Tierra de calma” (2006), estuvo cantando bien temperado hasta los bises finales, igualmente dadivosos. En total unos 25 temas que hicieron la gloria de todos los presentes.

Sería cansino hablar de todas y cada una de estas coplas. Todas ellas forman un acervo cultural de primer orden de este país, compuestas por Quintero, León, Quiroga, Valverde, Solano, Gallardo y muchos más compositores-poetas, juntos o por separado.

Así escuchamos desde las archiconocidas “Ojos verdes”, “Rocío” “Vamos a dejarlo así” o “La bien pagá” hasta otras menos familiares. Todas adaptadas perfectamente a la tesitura de Miguel y a estos nuevos tiempos por el pianista y compositor Joan Albert Amargós, y con una dimensión flamenca innegable con los arreglos del guitarrista Juan Gómez ‘Chicuelo’, los dos presentes en el concierto.

Otros músicos de altura que le acompañaban fueron Olvido Lanza al violín, Julián Sánchez, que es de Granada, a la trompeta, Guillermo Prats al contrabajo, Antonio Coronel como baterista, Paquito González en la percusión y Carlos Grilo y Luis Cantarote en los temas que requiriesen compás. De forma que con gran orquesta o con pequeño grupo, Poveda no abandonó las tablas no más un par de veces para cambiar su vestuario, parco y elegante, aderezado de vez en vez con sombrero negro.

Y, como la cabra tira al monte, no quiero abandonar la tribuna sin hacer mención de los aires flamencos que tachonan la obra. Entre copla, zambra y pasodoble (La senda del viento), escuchamos romances (La niña del Albaicín), la rumba camaroniana Sere...serenito, tangos (Embrujá por tu querer) y milongas (Vino amargo) y ya de lleno unas alegrías, dedicadas a Marina Heredia, unos fandangos de Morente, fuera de programa, y algunas bulerías, una a solas con guitarra y compás, otra la Baladilla de los tres puñales y otra, también como regalo para finalizar, Alfileres de colores, esa joya de Diego Carrasco que tantos buenos momentos nos ha dado…

 

Un trocito de cielo en Montejícar

Un trocito de cielo en Montejícar

El techo del Instituto de Enseñanza Secundaria de Montejícar se ha cuajado de estrellas para recibir a otro astro más humano. El martes, 11 de mayo, Estrella Morente se desplazó desde su casa actual en Málaga hasta un pueblo perdido en los montes del oriente granadino para compartir una mañana con los alumnos.

Desde hace varios años, Paco Julio, un profesor amante de su trabajo, está desarrollando en su centro educativo unas jornadas de acercamiento al flamenco a través de sus figuras femeninas. Se han estudiado artistas de la talla de Carmen Linares, Carmen Amaya, Pastora Pavón o la ‘Niña de la Puebla’ y, desde hace cuatro años, con la presencia de la mujer estudiada. Así, por las aulas del Instituto han pasado Marina Heredia, Eva Yerbabuena, Belén Maya y, en esta ocasión, Estrella Morente.

La incertidumbre de su presencia se tuvo hasta que se le vio bajar del taxi. Cómo una estrella (valga la redundancia) de ese calibre se prestaba a algo tan marginal, minoritario y de tan escasa repercusión. Pero terminamos conviniendo, Morente incluida, que esto no era una actuación perdida, sino el acto necesario que debería existir permanente y espacialmente. Que Montejícar sirva de ejemplo pionero para seguir e imitar. Es una vergüenza que nuestros niños y jóvenes sepan de música clásica y de rock, de operaciones triunfo y eurovisiones y estén tan alejados de nuestras raíces y nuestro poso folklórico-cultural.

Durante algunos días, los educandos, con el apoyo de absolutamente todo el profesorado, se han volcado en preparar este día, con proyecciones, charlas, vídeos, talleres… hasta ornar el cielorraso como he dicho y las paredes de los pasillos con murales alusivos a la artista y su mundo. Esto se complementa con una exposición de fotografía de gran formato y unos tientos-tangos que compuso el mismo profesor para la ocasión.

Estrella, que comenzó perdida y algo amodorrada del viaje, se iba entusiasmando poco a poco. El trabajo continuo, el interés hacia el flamenco y hacia su persona en particular, junto a una charla espontánea y algunas preguntas de los chicos atentos, terminaron de convencerla, y con el firme propósito de elevar esta actuación solapada hasta las cumbres más altas para que se tuviera en cuenta y cundiera el esfuerzo.

Estrella habló de todo. Se sentía a gusto y feliz al ver las caras anhelantes de sus jóvenes seguidores. Entre algunas anécdotas de su mundo, adelantó el lanzamiento de su próximo disco, que va a ser muy flamenco, y que proyecta vivir en Granada donde, entre otras cosas, "te traen el pan a la puerta de casa".

Su alocución, llena de consejos y guiños a sus predecesoras, estuvo enriquecida por un poquito por bulerías, haciéndose compás con los nudillos en la mesa, a la manera de María la Sabina. Para terminar su intervención, con generosidad y gracia, interpretó el famoso “Volver” que sirvió de banda sonora a la película de Almodóvar.

La mañana terminó con un maratón de fotografías oficiales y personales, cientos de autógrafos y, con ramo de flores y regalos varios para la cantaora, se la despidió con la promesa de que volvería a enseñarle a sus hijos ese trocito de cielo.

Presente, pasado y futuro de las seis cuerdas

Presente, pasado y futuro de las seis cuerdas

Flamenco Viene del Sur

Miguel Ángel Cortés es el único guitarrista que aparece en el programa Flamenco Viene del Sur; y, aunque afincado en Sevilla desde hace casi una década, es el único representante granadino en este ciclo, no sólo en Granada, sino en toda Andalucía (lo cual supone un gran despropósito para con nuestra ciudad y nuestros flamencos).

Aunque no por eso era casi obligatorio ir a verlo, a escucharlo. El lleno absoluto y el calor que se le brindó fue por su buen hacer en la guitarra, su coherente trayectoria, su clara creatividad tras una buena base de tradición y, en definitiva, para tomar el pulso a sus nuevas propuestas, aún más habiéndole visto algo perdido en alguna de sus últimas actuaciones.

No sorprendió, no obstante. La presencia, la figura, la madurez y el oficio estaban asegurados. Con un dominio excelente y un buen arropamiento fue desarrollándose una velada eminentemente festera. La única concesión a la jondura fue una bella seguiriya interpretada en solitario en el ecuador de la función. Quizá también un guiño a la soleá o a la granaína que rápidamente se crecen por bulerías.

Por lo demás, demasiada fiesta que, lejos de diluirse en simplicidades, sembró la noche de color y de riqueza en falsetas y escalas, en la que no sólo destaca la velocidad rítmica y el soniquete de la mano derecha, sino también la independencia circense de la siniestra.

Para acompasarse se apoya en el cajón cada vez más sabio de José Carrasco, el cual demuestra su autoridad y precisión en un exclusivo solo. Dos palmeros de excepción, Bobote y Torombo, a veces innecesarios, refuerzan el compás. Y tres cantaoras, Raquel Enamorado, Noelia Miralles y Macarena de la Torre, como un instrumento más al servicio de la sonanta, dimensional sin igual las entregas por tangos y por alegrías, que vienen de dos en dos, aunque con distinto tratamiento.

Las alegrías tienen la sal que Miguel Ángel ha sabido adquirir asentado en Andalucía la baja; los tangos tienen el aire incomparable que supo aprender y aprehender en la noche sacromontana.

Para el fin de fiestas tiene un “detalle”, su niño Cayetano, de apenas tres años, sube al escenario y, con una guitarra adaptada, acompaña con verdadero sentido a su padre por tangos, mientras el resto del cuadro, entusiasmado, le hace compás alrededor.

Las estatuas de la Avenida

Las estatuas de la Avenida

No se ha oído una voz más alta que otra que cuestione las estatuas del llamado boulevard de la Constitución en Granada, si acaso algún aplauso oficialista. Estamos tan acostumbrados a que nos den gato por liebre, sobre todo si el gato es hermoso (sinónimo de grande, no de bello), que cualquier atentado casposo pasa desapercibido, convirtiendo a la ciudad en una enorme recua de mulas.

A ver. Vayamos por partes, como dijo Jack el Destripador (Jack the Ripper en inglés). Me parece bien cualquier intento de mejorar el aspecto externo de la ciudad (el interno requiere una reflexión más profunda de la que podría caber en este artículo); veo apropiado que la escultura, como ornato de privilegio, cubra nuestras plazas y rotondas, paseos y avenidas; reconozco que es una labor de justicia histórica vindicar a nuestros próceres; alabo incluso la idea de una ubicación determinada para tales acciones.

Lo que no comprendo es que, pasada la primera década del siglo XXI, se esculpa con visión pleistocénica. No entiendo que todas las imágenes sean de igual factura y de un realismo pueril. No llego a alcanzar la regla de por qué se han agrupado las diez figuras en algunos metros. Mi madre, cuando ya era mayor, decía que un viejo solo pasaba desapercibido, pero que un autobús de viejos quedaba muy feo.

No sé porque la mayoría están sentados, y se esculpen bancos y sillas, cuando ya tenemos a un sentado en el Parque de las Ciencias que allí tiene cierta relatividad (obsérvese el doble sentido de la palabra). No llego a discernir el reparto de maestros escultores a los que se ha acudido, teniendo en Granada una pléyade artística con una visión tan amplia como actual.

No concibo por qué García Lorca y Benítez Carrasco tienen la cabeza tan gorda y por que María la Canastera no se parece a ella, según me dijo Jaime que la conocía. No asimilo, por mucho que lo intente, el chorreo de gente que se para en estas figuras y las lee y estudia y se hace fotos con ellas.

No entiendo en fin el provincianismo en que está inmersa esta ciudad y la alabanza al anquilosamiento continuo al que nos castigan, pintando nuestras mentes de azul, cuando el rojo y el negro están marginados, en peligro de extinción, y la conciencia crítica no existe, ni en la política ni en los mass media ni en la sociedad.

Pero no me quedo en la Avenida. Me vienen a la cabeza las estatuas del Chorrojumo, la del Aguador, la de Fernando de los ríos o la patética granada de la carretera de Jaén (no la partiera un rayo y dejaran a las prostitutas en paz).

Se pueden hacer las cosas más malas pero no más feas.

Si Granada tuviera voz

Si Granada tuviera voz

La sensación de haber visto un gran concierto es la que quedó a la salida del Palacio de Congresos el pasado viernes, cuando Marina Heredia presentó su último disco. Se identifica tanto con él que le ha puesto su propio nombre, “Marina”. Es un disco de madurez, como ya dije. Un disco de madurez tanto fisiológica como artística que se desprende de los dedos. Una vez que se ha escuchado el disco, que se ha asistido al recital, se entiende que otro tipo de trabajo no podía haber sido grabado. Son las canciones de Marina, es el repertorio de su vida y de su quehacer creativo. Por eso suena familiar, por eso suena fresco y suena nuevo. Es el sonido de la tierra. Es profético y sincero. Si Granada tuviera voz sería la de Marina Heredia.

Una función bien estructurada, con tres partes meridianamente claras, sabiamente diseñadas, vertebran la obra. La redondez en forma de tonás con la que empieza y acaba el espectáculo ofrece una dimensión como de cuento. Una fórmula que ya hemos visto en otros trabajos, que terminan como empiezan, como en “Lluvia” de Eva Yerbabuena.

Un buen armazón musical y el sonido cuidado de Juan Benavides dan consistencia y profesionalidad a toda la noche. Unos intérpretes de lujo: José Quevedo ‘Bolita’ y Luis Mariano a la guitarra; Anabel Ribera, Toñi Nogaredo y Jara Heredia haciendo compás y coros; y Paquito González a la percusión, visten de largo un escenario de primera.

Las tres partes que dividen la velada están identificadas convencionalmente con el cambio de vestuario de la artista. Un entallado vestido blanco de volantes, con sinuosa abertura en la falda, marca una primera parte eminentemente granadina. Después del pregón preliminar con el que nos saluda formalmente, los tangos De los peroles reivindican su tierra y su esencia. Ya he dicho más de una vez que la mejor representante por tangos que tiene Granada es esta cantaora.

En el Cafetín son Fandangos del Albaicín, que comienzan por esa letrilla (“Lejos, muy lejos de España”) de Ángel Ganivet, que también borda la granadina, quizá, para mi gusto, un poco demasiado por arriba que aboca al desequilibrio.

La esplendorosa segunda parte comienza con Luis Mariano a pie de escenario, con su guitarra limpia, canora, sacromontana, brindando una generosa introducción por levante, mientras Marina aparece en escena con pantalón, chaquetilla corta y sombrero cordobés, y se sienta a su lado para ofrecer su jondura y aguardiente haciendo minera y levantica. Una malagueña de buena factura, El Perchel, también está en su sitio. Sus letras son pensadas y escogidas. Una de ellas, ‘Los peces mueran de pena’, de Bernardo de los Lobitos, también entraría en mi selección, es de una sencillez estremecedora.

Pal’ Parrón es la soleá que le dedica a su padre, al cual le debe entre otras cosas el sentimiento de este cante (el mismo que la apasiona en los cantes mineros).

Las seguiriyas Cruz vieja, con la que termina este tácito ecuador, dejan clara la dimensión de la granadina, su florecimiento y trayectoria. Su juicio y su compromiso. En medio del desgarro de esta pieza tuvo lugar el momento de oro de la velada. Con toda naturalidad, Marina se quitó la chaqueta y se destocó, se soltó el pelo cautivo bajo el sombrero y las horquillas y liberó las faldas de su camisa blanca, prietas bajo el pantalón flamenco. Comenzó a desabrocharse la blusa por abajo, rica en botones, y se la anudó en la cintura, con estudiada premeditación. La repensada espontaneidad de esta sensual metamorfosis arrancó sin cortapisas los reconocidos aplausos del respetable.

La pieza instrumental de ‘Bolita’, cercana a Cádiz, introduce la tercera parte, con sus sorpresas anunciadas. Para la esperada bulería No me lo creo, que abre su trabajo discográfico, se apoya en su primer invitado y autor del tema, Parrita, que se cruza y descontrola por momentos, pero al venerado todo se le perdona. Marina, con vestido entallado, palabra de honor, y pañuelo de gasa sobre su brazo izquierdo, de suave guinda (su atuendo menos acertado), secunda al creador mostrándole admiración.

Tanto en la seguiriya como en la bulería con Parrita, la cantaora se arropa de la guitarra de Diego del Morao, siempre preciso, sin una nota fuera de lugar, y un soniquete envidiable. 

Entre Chinos es la bulería jerezana con la que se homenajea al cantaor malagueño José Ruiz Rosa ‘El Chino’. Las alegrías Sed son una composición de Juan Fernández Montoya ‘Farruquito’, quien sale a los postres para ofrecer una pincelada de su arte sin igual. Domina su cuerpo y vence el compás. Sabio, temperamental, innato.

Bambineando no tiene más ciencia de ser un reconocimiento por rumbas merecidísimo al gran Bambino, que precede al final, como ya se ha dicho, por tonás, imprimiéndole esfericidad al conjunto.

Un poquito por fiesta bisea la noche.

Marina en concierto

Marina en concierto

Empiezo a escribir este post mientras escucho el nuevo disco de Marina Heredia, a quien voy a ver esta noche en el Palacio de Congresos, precisamente para la presentación de este trabajo, que es el tercero de su carrera.

Después de Me duele, me duele (2001) y de La voz del agua (2007), llega una tercera grabación tan necesaria como esperada, llamada simplemente Marina.

Este cedé goza de una hermosa madurez, en el que Heredia se ha sentido a gusto, ha grabado exactamente lo que quería grabar. Es ortodoxo “como se puede ser añejo a mis treinta años”, confesó la artista.

Para mí es el sonido de Granada. No sólo por sus temas, eminentemente granadinos (tangos de Graná, fandangos del Albaizín, solea del Parón), sino que se rodea de músicos de la tierra: las guitarras de Luis Mariano y de Miguel Ochando, las castañuelas de Angustias ‘La Mona’ o los jaleos de Curro Albayzín y de Jara Heredia.

En el concierto estará arropada, además de por sus habituales, encabezados por José Quevedo ‘Bolita’, verdadero coartífice de este trabajo, por Parrita, quien le presta una sabrosa bulería, por la sensible guitarra de Diego del Morao, que acompaña casi toda la grabación y de Farruquito, que compone la letra y música de las alegrías.

También deja espacio para la nostalgia e interpreta unas bulerías de ‘El Chino’, con mucho compás. Y se hace grande en la jondura de una malagueña popular, en unas seguiriyas, en las que adapta una bella creación de Curro Durse y unos cantes de levante.

En principio, si tengo que elegir un tema, me quedo con la soleá acertadamente llamada Pal’ Parrón, pues sigue la estela de su padre, "el mejor solearero", la misma cadencia, el mismo timbre e, incluso, el mismo sentimiento.

No hay que perdérsela.

Nuevamente Eva

Nuevamente Eva

Este lunes, se concedieron los XIII premios nacionales de artes escénicas. La SGAE tuvo el acierto y el buen gusto de galardonar a Eva Yerbabuena como la mejor intérprete femenina de danza por su espectáculo "Lluvia". Una obra intimista, de una curiosa vanguardia, que ya prometía desde sus comienzos. A la que le hice un seguimiento en este blog desde que tuve contacto con ella.

Dejo algunas entradas:

Y que cumplas muchos más

El descubrimiento de la lentitud

Siempre que bailo intento cantar con el cuerpo

Las intimidades de Eva

* Fragmento de una foto de Nono Guirado©.

Jóvenes guitarras andaluzas

Jóvenes guitarras andaluzas

El pasado martes, 27 de abril, tuvo lugar en el Teatro Alhambra la Semifinal del I Certamen Andaluz de Jóvenes Flamencos en su modalidad de Toque.

Este Concurso lo instituye el Instituto Andaluz de la Juventud de la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía, dentro del Programa “DESENCAJA”, en colaboración con la Agencia Andaluza del Flamenco de la Consejería de Cultura y la Confederación Andaluza de Peñas Flamencas.

El certamen se dirige a cantaores, bailaores y guitarristas andaluces o residentes en Andalucía, hasta los 25 años. Una vez recibidas las solicitudes el 19 de octubre, comenzará el proceso de selección de los finalistas. (La Semifinal de guitarra, como digo, la tuvimos en Granada.)

La primera sensación que tuve era el buen nivel de los participantes. La guitarraflamenca es riquísima y bien interpretada roza la obra de arte.

Cada participante expuso dos temasd a su elección, uno en solitario y otro acompañando al baile, que, en caso de ser seleccionados, no pueden repetir en la Final, en Jerez de la Frontera.

El orden de participación fue por sorteo. En primer lugar actuó Francisco Vinuesa de Málaga (quizá el toque más preciso), que hizo bulerías y soleá por bulerías para la cantaora Rosi Navarro Villanueva, La Divi; después le tocó el turno a Antonio Jesús Zamorano Gómez de Morón de la Frontera (Sevilla), que interpretó guajiras (muy aceleradas) y acompañó por soleá a Jesús Carrillo; Alberto López, nuestro representantye, de Baza, se decantó por bulerías (demasiado cortas) y por la caña, dándole todo el protagonismo al cantaor David Bastidas; David Rodríguez, de Almería, hizo taranta (recordaba a Niño Josele) y le tocó alegrías a Judith Alférez.

Tras un descanso, desde Úbeda (Jaén), Julio Romero comienza con mineras y acompaña a Agustín Navarro; el representante de Córdoba José Luis Medina se decanto por soleares y por cantes de levante, arropando a Juan Murube (cantaor particular donde los haya);Martín Fayos, ’Niño Martín’, de Huelva, también se inclinó por soleá y, a Juan Fernando, acompañó por mineras; por último, desde el Puerto de Santa María de Cadiz, Francisco León fue muy flamenco por bulerías y, con Andrés de Jerez, hizo tarantas. Punta Umbría,

Como ganadores de esta Semifinal quedaron, sin mucha sorpresa, Martín Fayos (Punta Umbría, Huelva) y Francisco León (El Puerto de Santa María, Cádiz). Son los que se veían más sueltos y los que llevaron los cantaores más íntegros e interesantes (que todo influye). Yo, sin embargo, habría cambiado a alguno de ellos, posiblemente al de Cádiz, por Francisco Vinuesa de Málaga.

Los jóvenes ganadores, uno por modalidad, actuarán en el programa ’Flamenco viene del Sur’ y en la Bienal de Flamenco 2010, así como en los circuitos que organice la Agencia Andaluza del Flamenco. Además, los ganadores de cada modalidad recibirán un premio de formación valorado en 3.000 euros.

El poeta que escribió un sólo verso

El poeta que escribió un sólo verso

“Yo aprendí a amar con un cielo de borreguitos”, escribió sin más y se tumbó a la sombra de un cerezo en primavera. Reflexionó sobre lo anotado y entrevió el alcance de este verso, el acierto de su significado, la redondez del sentimiento; una declaración de principios, una manifestación de sentimientos tan íntimos que se ruborizan en alguna esquina del corazón. Representaba toda una época. Exponía un ideal. Era su primer amor, amor de juventud, amor inocente, donde un beso es el mejor regalo, donde una brizna de hierba, un ocaso, un río... dejan de ser simplemente pasto verde, final de un día o agua corriente, y cobran su valor romántico, que no es otra cosa que una identidad propia, una razón de ser, de existir en un momento único, irrepetible, feliz.

Se arrellanó algo más bajo el frutal y, en silencio, mirando hacia arriba, repitió: “Yo aprendí a amar con un cielo de borreguitos”. Verso que dejaba constancia también de la primavera de su amor. Es Amor quien asalta en esa época, quien lanza su saeta emponzoñada de cariño. Es inútil la resistencia. Como mucho, se aprieta el corazón para que no salte, para que sus latidos no delaten la jalea.

¡Hacer el amor por primera vez bajo un cielo aborregado! Ya está todo, para qué más explicaciones. Pensó, la verdad, en continuar, pero cómo alcanzar la sublimidad de ese primer verso en los postreros. No quería que su obra fuera como la de otros muchos que se dicen poetas (sobre todo aquí, en provincias); no deseaba tener un gran verso que justificara un poema, que a su vez le diera sentido a un libro, que elevara una obra por encima de la mediocridad y, por ende, que consagrara a un poeta. No, su verso quedaría huérfano, sería único en un poema; él sólo conformaría un pequeño libro de poesías, es decir, un poeta con un solo libro, un libro con un solo verso. Así, todo en singular, lo breve si bueno... La parquedad, lo necesario, y no lo superfluo, el relleno y lo marginal, lo contingente.

Hasta, posiblemente, tendría el mismo título. El mismo verso ilustraría la portada y la portadilla como anticipo íntegro del contenido de la obra, como adelanto fidedigno de lo que el lector de poesía (generalmente, el mismo escribidor de poesía) se va a encontrar dentro, sin ningún misterio ni información falaz o ausente del contenido del libelo.

Pasó un gorrión y con él, por unos segundos, volaron sus ensoñaciones, digamos que simplemente se evadieron un instante. Tuvo, lo que se suele llamar, un lapsus. Pero una pequeña piedra sobre la hierba, una guijarro debajo suya, al pie del cerezo, le hizo regresar a su obra cumbre. Se podría retirar como Juan Rulfo, que fue y será grande con una novelita y un librito de cuentos en su haber. Aunque éste fuera narrador, en esencia eran semejantes, él escribió, él dijo a través de su pluma lo que quería decir, ni más ni menos. Sí, murió joven, pero tuvo tiempo de regalar al mundo algo más de su magia, y, sin embargo, no lo hizo. No quiso hacerlo porque no hacía falta. No paría literatura como las conejas crían conejitos. No jugaba, como otros provincianos, al oportunismo, a vivir de las rentas, a dar gato por liebre.

Escribir es una necesidad vital, es un quemar las naves, que, una vez calcinadas, ya no queda nada que incinerar. Tienes una espina y la sacas y les dices a todos: ésta era mi espina, y punto. Y nada más. Si con el tiempo se te clava otra púa, es dable que, al igual que la anterior, la extraigas de tu cuerpo y digas era así de grande o así de pequeña, pero basta de regodearte en la herida. Dicen algunos: tenía clavado un pincho, ahora tengo una herida, más tarde tendré una cicatriz o el recuerdo de ese dolor punzante. Es decir: espina, herida, cicatriz. Ya son tres excusas para decir lo mismo. Es el perro que cambia de collar, supone llover sobre mojado, o rizando el rizo, llover sobre la lluvia.

Él no. Él daría solamente lo imprescindible, lo evidente. Más o menos reconocible, le daba igual. Eso era superfluo. Él ofrecía todo lo que tenía en ese momento, que era un verso, que era una declaración. Él simplemente diría, afirmaría, gritaría: “Yo aprendí a amar con un cielo de borreguitos”. Es, salvando distancias, como decir “La noche está estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos”. Aunque Pablo no se quedó sólo en esos dos versos, continuó el poema, que hacía el número veinte de una gran obra. Aunque se podía haber quedado ahí, con eso era suficiente, pero el poeta chileno tendría más necesidad de contar, de escribir, de confesar, su espina sería grande.

Lo firmaría. Eso sí, pondría su nombre bajo el verso. Se confesaría autor de haber escrito una sola obra de un sólo verso. Le diría a los lectores, a los estudiosos: yo fui quien aprendió a amar con un cielo de algodón. ¿Y? Y nada más. Es todo lo que quería decir y así lo dije.

La noche iba tendiendo sus redes sobre el cerezo, sobre el poeta de un sólo verso, sobre la hierba que lo soportaba. La noche caía al igual que sus párpados. La noche oscurecía su visión lo mismo que su vista ocultaba el cielo. La noche y el poeta soñaban. La noche soñó estrellas, el poeta soñó un verso, soñó un universo, una gran biblioteca monotemática, la biblioteca de Babel que anunciara Borges con un sólo volumen, con un sólo autor, con un sólo verso. Todo un mundo que dijera simplemente: “Yo aprendí a amar con un cielo de borreguitos”.

* Este cuento está fechado en junio de 1994.

Un sueño simple

Un sueño simple

Flamenco Viene del Sur

La simplicidad de un argumento puede deslucir una obra. La puerilidad en el mensaje hace de sus escenas continua comicidad. Juan José Jaén ‘El Junco’ trajo el lunes pasado al teatro Alhambra su montaje “Por un sueño”, que resultó ser el intento de apretar una tuerca en un tornillo romo.

 

Zapatero a tus zapatos, que es como decir, bailaor dedícate a bailar y no a justificar filosóficamente más de una hora. No sé porqué todos tienen que contar cosas. No sé porqué la representación flamenca se tiene que teatralizar, sobre todo si es el baile el que está en juego (que siempre, de una manera u otra, se la juega).

No, aunque lo parezca, no estoy en contra de la dramaturgia en el espectáculo flamenco. Es más, agradezco cuando se aúnan todo tipo de artes, enriqueciendo así la oferta. Pero el instituto ya lo dejamos y es necesario exigir profundidad y rigor.

Me recuerda a los montajes de otro afamado bailaor granadino, que difícilmente superan el abecé.

Quizá falte una buena idea. Quizá falte un desarrollo coherente. Quizá falte una base dramática. Pero lo que sin duda falta es un buen directo de escena (aunque en el programa se alude a alguien encargado de la “dirección y dramaturgia”).

Tampoco entiendo una pantalla que da poco juego y que se oculte a los músicos tras un telón y la falta de luz casi permanente en toda la obra.

Por lo demás correcto. Con sus altibajos habituales. La altura y delgadez de ‘El Junco’ le hace parecer desgarbado, pero tiene unos pies envidiables y unos quiebros sugerentes, destacando en la seguiriya y la soleá, sobre todo. La farruca, interpretada con piano (Ale Romero), de tan novedosa se hace irreconocible como tal y sin enjundia.

El armazón musical es excelente, desde las dos guitarras (Keko Baldomero y Juan Carlos Berlanga) hasta el cante de ‘El Gallí’, aunque en otros foros lo hemos visto más acertado, y de David Palomar, como artista invitado.

Juan Carlos Guajardo, con su baile contemporáneo, adopta el papel de “Mortal” en esta obra maniquea. Salvo momentos con su toque de exclusividad y buen gusto, deja mucho que desear.

Quien obtiene notable alto en su intervención es la bailaora Susana Casas que, quitando algunas escenas forzadas simbolizando “La Creatividad”, tanto en sus pasos por levante, rematados con tango, y sobre todo sus alegrías, con cola y mantón, suponen por igual el peso que se espera y el aire fresco que se encuentra.

* Calixto Sánchez por Paco Sánchez ©.

 

Atrás quedó

Atrás quedó
—como una polución nocturna—
el tiempo en que me puse en venta.
Añadía a la singular oferta
el reclamo de seminuevo
para animar al comprador.
Que devolviera su dinero
si no estaba conforme
con esta adquisición.
Me quedaría como estaba,
en cambio,
con una triste mano atrás
y delante el cartel
de poco usado
para cubrir mis vergüenzas.

Por África

Por África

II Festival Flamencos por África

Por enésima vez los flamencos se han volcado por una causa benéfica. En esta ocasión se apoya a la asociación Calor y café, que se centra en la ayuda genérica al continente africano, el más pobre del globo. Ya creo que está de más alabar la conciencia solidaria de estos artistas.

Está demostrado con creces que el arte y el tiempo de los flamencos se ofrece sin condiciones cuando una causa justa está en juego. Motivos hay muchos, individuales y genéricos. Quizá influya, como causa última, el haberse visto también en dificultades como gitanos, como andaluces, como trabajadores, como marginados.

Todos los que fueron avisados se presentaron sin contemplaciones, a excepción de Jaime Heredia ‘El Parrón’, atrapado en el aeropuerto de Madrid, y de Curro Andrés que, aunque presente, no pudo cantar por tener la garganta afectada.

La Academia de Miguel Medina abre la noche, con Francisco Manuel Díaz a la guitarra e Iván ‘El Centenillo’ al cante, que después se hace una malagueña alante. Antonio Campos hará unas bamberas y Kiki Morente, con Juan Habichuela nieto, se deciden por los tangos, en los que recuerdan a Enrique. Sergio Gómez, arropado por Alfredo Mesa, canta una bella farruca y su padre Antonio Gómez ‘El Colorao’, con Tente a la guitarra, canta su tradicional balada Mi mama. Ana Calí, con Sergio, Juan Pinilla y Alfredo Mesa, baila por tangos.

José Carlos Zárate, con su guitarra, abre un tácito segundo pase tocando aires de Cádiz. El ‘Nene de Santa Fe’ borda una soleá, mientras Juan Habichuela le almohada con su guitarra. Agustín Barajas, de intenso traje blanco, baila unas bellas alegrías, con Luis Mariano y Sergio Gómez haciendo de improvisado cuadro. Curro Albayzín se acuerda de García Lorca en su recitado, con el ritmo solearero de Francisco Manuel. Fernando Rey será valiente por fandangos. Arturo Fernández, después de mucho tiempo sin cantar en público, fue correcto por malagueñas, llevado casi en volandas por la guitarra de Ramón del Paso. Pepe Luis Carmona, con Juan Habichuela, a media voz aborda la soleá de Alcalá. Ana Mochón, acompañada por Antonio ‘La Luz’, remata la noche por bulerías.

Dinamizando este Festival estuvimos Juan Pinilla y un servidor, que hicimos lo que pudimos.

* Nene de Santa Fe, en la foto (© deflamenco.com)