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Flamenco

En la cresta de la ola

En la cresta de la ola

X Festival de Otoño. “Tres voces y un bailaor”

Juan Andrés Maya lo está consiguiendo. En el mar, embravecido a veces, del flamenco granadino, el bailaor ha encontrado una ola a su medida donde hace gozar a todos sus incondicionales, sorprender y sorprenderse y reivindicar su tierra y su ombligo. ¿Por qué salir de este palacio de cristal si por fuera no hay ni marejadilla?

Tres de las mejores voces femeninas del momento, tres metales exclusivos, Montse Cortés, Chonchi Heredia y La Nitra, lo arropan en esta nueva aventura. La Nitra le canta alegrías. El bailaor, de blanco, como mandan los cánones, va desgranando la pieza basándose en su personal taconeo, plagiándose a sí mismo (los sentidos pasos de toreo le acompañan desde hace demasiados años)

Chonchi Heredia, con una luz por fuera y otra por dentro, se acerca a la mina, se arranca por levante y termina por tangos. Las guitarras siguen estando casi mudas, y la luz sigue siendo pobre y desatina (¡ese técnico!). Juan Andrés, caracterizado de minero, con frontal encendido y todo, cuenta sus pasos, mientras va entrando en trance, metiéndose en la película. El humo de atrezo, se extiende por todo el escenario y el patio de butacas. El recitador Jorge Lucas apunta y expande los textos de Juan de Loxa. Es cuando Chochi entona un emotivo fragmento de la “Elegía a Ramón Sijé”, ese enorme poema de Miguel Hernández, musicado por Morente.

“He comprado tres puñales para que me des la muerte...” de Rafael de León, interpretado por las tres cantaoras, donde el clarinete de Toto Fabris, el violín de David Moreira y la percusión de Miguel ‘El Cheyenne’ cobran protagonismo, inciden en el sentimiento trágico de Maya.

La primera sorpresa la vemos cuando el bailaor aparece con falda de cola, con los labios carminados y con castañuelas. De riguroso negro, baila unas seguiriyas. El poder dramático es una constante. El escenario es un teatrico donde “Juana” llora sobre un retrato de la madre desaparecida. Incluso debuta cantando copla (es la segunda sorpresa). ¡Tremendo!

Montse Cortés, flamenca y sentida, es grande por soleá, para seguidamente acercarse a la copla con “Dime que me quieres”, de León y Quiroga.

Las bulerías, entre todas las artistas, anuncian el final que viene a ser como otro homenaje a la insustituible madre.

La duquesa de Alba, madrina del bailaor, a quien brindó el espectáculo, Juan de Loxa, Antonio Canales, el Alcalde de Granada, el Concejal de Cultura… se pusieron en pie, aplaudiendo como el que más.

* La mirada atenta de la duquesa de Alba.

Qué bien se rodea Iván Vargas

Qué bien se rodea Iván Vargas

X Festival de Otoño. “De casta”

Iván Vargas tiene todas las facultades para ser un buen bailaor. Tiene planta y tiene estilo; tiene ritmo y un hacer que puede muy bien flirtear con la técnica. Tiene buen gusto y facilidad de transmisión. Tiene sangre y es flamenco, y baila gitano. Algo, sin embargo, entumece sus alas y, de una brillantez, que debería lucir por sí misma, su entrega queda truncada. ¿Será por un montaje en general simplista? ¿Será por un sonido pésimo, que anula las guitarras y ensucia las voces? ¿Será por exceso de orquestación? ¿Será por falta de reposo? ¿Será por no escuchar atento, argumentando ee baile? ¿Será por abisal desmotivación?

Diez músicos de reconocido prestigio arropan al bailaor. Tres guitarras: Miguel Iglesias, Emilio Maya y Pepe Maya ‘Marote’. Sobra una, quizá dos. Tres cantaores de excepción: Miguel Lavi, David ‘El Galli’ y Simón Román. Una caja: Miguel ‘El Cheyenne’. Y tres palmeras: Eli Maya, Alba Heredia y Rocío Vargas. O estas palmas o la percusión estaban de más, en pro de la limpieza.

Comienzan por martinete y seguiriyas, tan sólo con ritmo, las guitarras se unirán más tarde. Iván domina. Se muestra elegante, con una verticalidad gratificante. Un bastón y después un sombrero diversificarán una propuesta que se enriquece con el violín preciso de David Moreira, quien tomará un protagonismo espectacular en las bulerías finales. En las alegrías, Iván Vargas, se ve más suelto y seguro, aunque repite esquemas. La sonrisa del bailaor granadino, cara hasta el momento, se agradece y acumula puntos en su haber.

La artista invitada, Fuensanta ‘La Moneta’, como nos tiene acostumbrados, bordó una soleá, estremeció hasta las butacas. Lastima que el sonido, como una serpiente marina, enturbiara el fondo. Reconocemos, de ahora y siempre, el pellizco del jerezano Miguel Lavi, que arranca el cante desde sus adentros. Con ‘El Galli’ forma una buena pareja.

Y, para terminar, bulerías y más bulerías que desembocan en ritmos caribeños, que se hacen coda para refrescar el fin de fiestas.

Después del teatro, marchamos a La Platería, donde esperaban los trasnoches. El nieto de Juan Habichuela y el hijo de Enrique Morente (de nombres iguales), nos hicieron pasar grandes momentos. José Enrique, muy personal y queriendo empezar la casa por el tejado, había que cogerlo con pinzas. Juan Habichuela está llamado a ser el mejor tocaor de este país. No se puede tocar mejor.

* Iván Vargas en la cueva (© Antonio Arabesco).

Un éxodo muy particular

Un éxodo muy particular

X Festival de Otoño. “Salvajes”

Juan Andrés Maya no deja de sorprendernos. Durante las dos horas que dura su nuevo montaje, “Salvajes”, hace un compendio de la migración del pueblo gitano desde La India hasta el Sacromonte, además de mostrarnos claramente las claves de su creatividad. Grosso modo, éstas pueden resumirse en la preeminencia de la figura femenina, como sustento de la tradición; el tratamiento trágico de su propuesta, que viene aparejada inexorablemente a la alegría; el tamizado del momento histórico bajo su punto de vista; el resultado coral, descentralizando todo tipo de protagonismo; el mimetismo de sus personajes y el remedo de sí mismos; la inclusión del tópico como una novedad necesaria; el histrionismo crédulo; y las gracias al cielo y sus seguidores.

En esta obra, el bailaor y coreógrafo, se quita de en medio (otras veces ya lo hizo) para dedicarse solamente a dirigir, para observar desde fuera con su perspectiva espacial. Cuatro bailaoras “salvajes”, Raquel Heredia ‘Repompilla’ (que ganó el concurso de coreografía el día anterior en este mismo escenario), Alba Heredia, Vero ‘La India’ y Rocío Vargas, amortiguan, con su baile carismático, un espectáculo, que descansa, sin lugar a dudas, en sus artistas invitadas, Juana ‘La del Revuelo’ y Rafaela Reyes ‘La Repompa de Málaga’, y en la sorpresa final, Martín ‘Revuelo’ cantando con todo el arte por bulerías.

De La India pasamos por Arabia y Europa central para desembocar en la península por levante, que baila Raquel. Se le suman las otras tres “salvajes” danzando el “Himno de los Gitanos” y reivindicando su bandera a los postres. Los chavorrillos no abandonan ningún momento la escena y los traen y los llevan y bailan e improvisan. Todos, en general, actúan para adentro, como si, aparte de la representación, tuvieran su fiesta particular en el escenario. Esto lo confirma el tabaco y el alcohol, que traspasa el límite del atrezo.

Bailan seguiriyas (Alba y Vero), alegrías (Rocío), pero sobre todo tangos y bulerías. Se acercan a la zambra y al ceremonial de la boda gitana (Rocío y el tocaor Emilio Maya); y le hacen un guiño a ese extraordinario trabajo de Félix Grande y El Lebrijano, llamado “Persecución”. A los postres, recordando los días que nos llegan, no faltan los villancicos. La alegría del feliz enlace, se rompe (“como suele pasar en las bodas gitanas”), por la muerte (el percusionista Miguel ‘El Cheyenne’) por la navaja incontrolada de la bebida (el cantaor Simón Román).

* Bandera romaní.

Todos a bailar

Todos a bailar

X Festival de Otoño. I Concurso Coreográfico Flamenco y Clásico español para jóvenes.

Raquel Heredia ‘La Repompilla’ se alzó con el galardón a la mejor coreografía solista.

Después del acto inaugural, a modo de pregón, desde los ventanales del hotel Victoria y de la presentación, en Granada 10, a cargo de José el Francés, los días 26 y 27 de noviembre respectivamente, el jueves pasado dio comienzo, con gran expectación, el Festival de Otoño de Granada, con la final del I Concurso Coreográfico Flamenco y Clásico español para jóvenes. Encuentros flamencos y certamen dirigidos, por segundo año consecutivo, por el bailaor Juan Andrés Maya.

Más de sesenta coreografías se presentaron a concurso, de las cuales nueve fueron las seleccionadas. Con meridiana calidad y emotivas sorpresas de adaptación y compromiso, se lo pusieron difícil al jurado.

Los galardones a la mejor agrupación y a la mejor coreografía solista fueron concedidos por las bodegas Pago de Almaraes, en la persona de Javier Rodríguez. La Ganadora solista fue Raquel Heredia “La Repompilla”, con su gran ejecución por bulerías, donde destacaron sus pies y el acompañamiento a la guitarra de Rafael ‘Habichuela’. El premio a la composición grupal, resultó ex aecuo entre dos agrupaciones: “Al Alba”, por su obra “Fragua”, con martinete y seguiriya; y la compañía de José Duende, bailando un popurrí de cantiñas (sonido disco), que dieron en llamar “Con Aire de Cai”.

La noche se abrió con la Asociación “Ruedas con ritmo”, una pareja de chicas que abordaron un pasodoble en off, donde una de las participantes andaba en silla de ruedas. Bien merecido, obtuvieron una mención especial, por parte del Ayuntamiento y la dirección del festival. Quienes también dieron otro premio honorífico al grupo “Down Baila”, ofreciéndonos “Con otro mirada”. Una labor impresionante, que rezuma belleza, buen gusto, afán de superación y un trabajo ingente de preparación y puesta a punto. [Para mí, opinión que no ha sido publicada, fueron los ganadores.]

El resto de participantes fueron los que siguen. Nelia García, con vestido rojo y palillos, interpretó “Mi sentido”, basado en “The heart asks pleasure first”, perteneciente a la banda sonora de “El piano” de Michael Nyman, donde se apreciaron su tratamiento clásico y sus silencios. Las tres bailaoras que conforman “La Sabica”, acercándose a la escuela bolera, con castañuelas y zapatillas de ballet, danzaron la obra llamada “Ser Mujer”, una obra simbólica y llena de contenido. La música de este montaje es original de Jaume, un pianista de Granada.

La compañía “A Contratiempo”, con música en directo, propuso  “Un paseo flamenco”, un recorrido por varios palos, seguiriyas, fandangos, bulerías o tangos. El solista José Candela bailó por seguiriyas en su obra “Siento”, donde la cantaora Marta ‘La Niña’ tuvo un papel estelar.

El Festival de Otoño durará hasta el martes próximo, con la actuación de Belén Maya y los finalistas en este concurso. Tras las actuaciones oficiales en el teatro Isabel La Católica, el Encuentro se prolonga en la peña de La Platería. Este primer día, tuvimos la distinguida presencia de la bailaora Eva Esquivel y la no menos elegante cantaora Aroa Palomo.

* En la foto Raquel Heredia, ganadora indiscutible.

Un arco iris en la escena

Un arco iris en la escena

Carlos Zárate presentó “Placeta 7” en el Isabel la Católica

El guitarrista granadino, Carlos Zárate, presentó su disco “Placeta 7” en el teatro Isabel la Católica durante la velada del miércoles pasado. El aforo no se cubrió en su totalidad, pero los asistentes, muchos de ellos flamencos, estuvieron entregados en aplauso y ovación. Lástima que el sonido no estuviera del todo ajustado. Lástima que el alumbrado fuera pobre.

Una voz en off, que acompaña un montaje de diapositivas, presenta el objeto del disco. A saber, “Placeta 7” es un homenaje a la infancia, a esa infancia perdida y al niño que todos llevamos dentro. Y, por otro lado, a la crudeza de la madurez y la “violencia” del día a día.

Comienza la presentación con la Escuela de Danza el Bolero, un grupo de 18 jóvenes que, con ligereza y buena coordinación, abordaron una pieza del compositor londinense Michael Nyman. Seguidamente, Armando Linares remeda a Carlos cuando tenía 14 años y más o menos empezaba en el mundo de la guitarra (ya lleva cerca de 40 años guitarreando). El joven tocó por levante, arrumbándose a los postres. Zárate sube al escenario y propone una soleá, acompañado por Armando, que acaban por bulerías, donde la percusión de Ismael García tiene mucho que decir. Para las alegrías requirió un poquito de compás y la introducción generosa de la flauta de Eloy Heredia. Aroa Palomo cantó en solitario unas granaínas, bastante floreadas por la guitarra del maestro. Continúa el espectáculo con un zapateado de Sabicas, a quien el guitarrista venera, bailado con elegancia y limpieza por Rosa Zárate, con traje crudo de pantalón. Ella sufrió más que nadie la carencia de iluminación.

Entre dos bulerías: “Placeta 7”, que le da nombre al disco, y una composición del pamplonés Sabicas, suena la Tangeri Café Orchestra fusionando música andalusí con las propuestas flamencas de los Zárate. Una farruca y unos tangos anuncian el final, que se muestre estremecedor y semanasantero con la Coral Virgen del Rosario y Orquesta Polifónica de la Basílica de San Juan de Dios de Monachil. Esta última muestra, de un disco rico y heterogéneo, un arco iris en escena, se enriquece el recitado de María Montiel.

Varios minutos de aplausos, con el público en pie, dan el respaldo a un doble cedé, en el que han intervenido unas ciento treinta personas, de las que más de cien son músicos, que participan directamente en su grabación.

* Carlos Zárate en concierto con la Orquesta de la Basílica de San Juan de Dios de Monachil, foto de archivo (© Nono Guirado).

“Soy embajador de mí mismo”

“Soy embajador de mí mismo”

Carlos Zárate presenta esta noche su disco “Placeta 7”

Carlos Zárate es un corredor de fondo. Desde muy joven, este granadino, ha prestado la precisión de su guitarra a los más diversos cantaores a lo largo de todo el mundo. Su primer disco en solitario, Placeta 7, le llega con una madurez tranquila. En este trabajo, que le ha supuesto varios años, da lo mejor de sí. Placeta 7 es un disco fresco y abierto, adaptado a cualquier paladar, donde todos beben y todos caben.

 ¿Has hecho el disco de tu vida?

Sí, es el disco de mi vida. En él he puesto todo mi saber, todos mis conocimientos guitarrísticos y de flamenco. Más que un disco es como un hijo. Es mi hijo.

 ¿Anteriormente ya habías grabado?

Sí. He participado en unos veinticuatro o veinticinco discos, acompañando a otros artistas. Éste es mi primer disco en solitario. Está dedicado a la infancia. A los niños de ahora y a los niños que fuimos. Es, por otra parte, un homenaje a mi tierra y a mi barrio. Algunos títulos de los temas hacen referencia a Granada, como “Silla del Moro” o “Plaza de Santo Domingo”.

¿Por qué “Placeta 7”?

Placeta 7, porque es en donde yo me crié, en el barrio del Zaidín, cuando las plazas estaban numeradas. Yo viví en la Placeta 7, en la que fui feliz jugando con los demás niños, disfrutando ese estado de la vida en el que no tienes responsabilidades, tan sólo ir al colegio y estudiar. Allí esperábamos a nuestras madres, que bajaban con el bocadillo a las cinco de la tarde, que tenía un sabor especial…

Es un disco doble. ¿En un principio lo concebiste así o es que uno solo, a la larga se te quedó corto?

No. Tenía pensado un trabajo sencillo, de sólo un disco. Pero, al haber tantos músicos colaboradores, me dijeron los técnicos que había sobrepasado los minutos. Tendría que dejar algunos temas o desdoblar la grabación. No quise dejar a nadie fuera, pues todos habían respondido sin condiciones. Todas las puertas a las que llamé se abrieron.

¿Cuántos músicos han participado entonces?

Hay 104 músicos, más 25 ó 30 colaboradores indirectos, que trabajaron para que este disco viera la luz.

¿Alguien se ha quedado fuera?

No. Como te digo, todos los que he llamado han acudido. Incluso, hay gente que se enteró que estaba grabando el disco y a mí se me pasó llamarlos, que me dijeron: “Carlos, yo quiero colaborar…”.

¿No crees, con todas esas aportaciones, que el disco es bastante heterogéneo?

Sí. Es lo que me apetecía. A los ortodoxos no les gusta la fusión, enriquecer el flamenco con nuevos caminos, las mezclas… Pero el flamenco tiene una evolución lógica, que pasa por la introducción de otras músicas. Yo, como guitarrista flamenco, distingo entre el flamenco puro y la necesidad de fusionar.

Pero tu toque es muy flamenco.

Yo soy flamenco porque he mamado el flamenco, he aprendido de todos los maestros del flamenco. Yo toco flamenco y trato que suene flamenco. Pero no me niego que mi guitarra se fusione con otras músicas.

Por otra parte, el sonido de tu guitarra es muy clásico. Salvando las distancias, recuerda a Sabicas.

Me acuerdo bastante del maestro Sabicas. De hecho, tengo una bulerías, “Recuerdo a Sabicas”, que son suyas. Y su huella puede verse en algunos otros temas. Pero también tengo influencias de Diego del Gastor, Paco Cerero, Juan y Pepe Habichuela, que, cuando yo era niño aún, coincidí con ellos en muchos escenarios, en muchos festivales. Me ha influido también, que no hace falta nombrarlo, Paco de Lucía, que lo busco un poco en mis composiciones. También Vicente Amigo que es el gran proyector de la guitarra moderna.

¿Todos los temas están compuestos para el disco?

La mayoría sí, aunque hay dos o tres que son antiguos, e incluso alguno que no es mío como el de Sabicas que te comento o el de “Tico-tico que estás en los cielos” o algún tema andalusí en el que sólo he hecho los arreglos.

También he encontrado en el disco algo de sicodelia y sonidos de los años 70.

Más que sonidos sicodélicos, a mí me recuerdan a bandas sonoras de películas.

Algún comentario sobre Carlos Zárate, en general, y Placeta 7, en particular, hablan de honestidad y de amor. ¿Cuánto de corazón tiene el disco?

Todo. No digo ni un noventa ni un noventa y cinco por ciento. El disco tiene un cien por cien de corazón. Estar dedicado a la infancia lo dice todo. Los niños se merecen el cien por cien del cariño, toda la bondad.

La poesía está también muy presente en el disco, que incluso tiene algunos recitados. ¿Con qué tres poetas te quedarías?

Bueno, el primero que yo escogería es mi paisano Manuel Benítez Carrasco, que era un poeta y un rapsoda. Él mismo recitaba sus poesías y a mí me llegaba al alma. Llegué a tocarle en más de una ocasión, pues él recitaba con una guitarra de fondo. Lorca sería mi segundo gran poeta con sus versos crecí. Y, un tercer poeta, no sé. Machado, Miguel Hernández… No sé.

Retomando el disco y la infancia. Tienes un tema llamado “Fantasía flamenca” dedicado a tu hija.

Sí, Rebeca. Ya que está en cierta manera el disco dedicado a los niños, rescaté esta composición que hice hace muchos años y se la dediqué

Tu toque de guitarra se caracteriza por el empuje, por la pulsión. ¿Es necesario imprimirle esa fuerza a la guitarra?

No necesariamente. Aunque, a diferencia de otras guitarras acústicas o clásicas, una de las características de la guitarra flamenca es la fuerza. De todas maneras, yo he tocado siempre para bailar. Se necesita tener mucha fuerza en las manos para acompañar al baile.

¿Prefieres entonces tocar para el baile, tocarle a un cantaor o, con este disco, le has cogido el gusto a la guitarra de concierto?

Me gusta todo. Tocar solo, exige mucha creatividad. Pero, si tengo que elegir, yo soy un guitarrista de acompañamiento. No me siento incómodo en mi faceta como solista, pero para ser un guitarrista de concierto, debes tener, muchos dedos, mucho estudio y mucha técnica. Hay que demostrar que eres un fuera de serie.

¿La guitarra duele? Es decir, ¿cuándo tocas la guitarra con toda intención y sentimiento, como quien se queja por soleá, realmente desgarra por dentro, como parece?

Más que dolor es intensidad y esa necesidad de trasmitirle al público los sentimientos. Hay veces que el cuerpo se contrae, se cierran los ojos y se aprietan los dientes…

¿Cómo ves el futuro? ¿Tienes algún otro trabajo en mente?

Siempre tengo proyectos. Me gustaría hacer un disco que se llamara “Palabra de Mujer” en el que haría de acompañante para únicamente cantaoras. Y también me gustaría trabajar uno que fuera “Zárate y amigos”, con otros guitarristas. El mundo de la guitarra hoy día es muy difícil, con esa cantidad de gente tocando muy bien. Es muy difícil. Para vivir de la guitarra tienes que ser un fuera de serie, estudiar mucho, ser creativo y tener mucha suerte.

Eres un artista local. ¿No tienes necesidad de salir fuera?

En mi juventud tuve la oportunidad de irme a Madrid y hacer allí mi carrera. Pero nunca he querido dejar mi Graná que tanto quiero y tanto me gusta. Si hubiera salido habría llegado más lejos o no. Nunca se sabe. Aquí estoy bien. Lo que falta es el apoyo institucional. Es de lo único que me quejo. No se defiende al artista granadino y tienen más repercusión los de fuera. Pero cuando salimos fuera somos como embajadores de nuestra tierra. Así, yo no soy embajador de nadie. Soy embajador de mí mismo.

* Carlos Zárate y un servidor, en un momento de la entrevista (© Nono Guirado).

** Presentación de Placeta 7 esta noche en el teatro Isabel la Católica, a las 21’30 horas.

Flamenco a cambio de una sonrisa

Flamenco a cambio de una sonrisa

La Platería dedicó una jornada a los niños de Asprogrades

Una niña llamada Jessica espontáneamente y sin escrúpulos comenzó a bailar por rumbas. Ayer, martes, los responsables de la regencia del bar de ‘La Platería’, capitaneados por Almudena Álvarez, decidieron dedicarles la jornada a los niños de Asprogrades. Durante la mañana fueron recibidos y, tras un aperitivo, disfrutaron de un pequeño recital de flamenco, para terminar con un plato de arroz y unos refrescos. Todo a cambio de una sonrisa.

Nunca es bastante lo que se hace por los demás. El mes de diciembre está cargado de buenos propósitos. La Navidad, el Año Nuevo, los Reyes…, son fechas para reflexionar, para ver lo que tenemos y lo que nos falta, para atender carencias y olvidar errores. Aparte de la gripe A, nuestros días se conocen por una crisis inmisericorde que arrastra al egoísmo. Guardemos lo poco (o lo mucho) que nos queda y que el prójimo se busque la vida. Sin embargo, una campanita se sigue agitando en la conciencia de algunos samaritanos. No todo es negocio, sin embargo. No todo es oficialidad y desconfianza. Vivimos inmersos en la sociedad y una cadena es tan débil como el más débil de sus eslabones.

Asprograd está dedicada a las personas con discapacidad intelectual. Hay quien dijo que discapacitados somos todos, aunque no todos tengamos la misma discapacidad. Año tras año, desde 1964, esta Asociación lucha por la calidad de vida y la integración social de las personas disminuidas. Hace más de diez años esta Asociación está vinculada al flamenco. Sobre la primavera se celebra un festival multitudinario destinado a incrementar su potencialidad social y económica. Voluntarios de todas las edades colaboran con ellos, desde dentro de su organización o desde fuera.

Las iniciativas se agradecen. Podemos decir que el niño deficiente es la persona más agradecida del mundo. Da gusto ver los rostros de estas decenas de alumnos disfrutando y dando palmas, intentando llevar el compás, elevando los brazos o lanzándose al escenario con los brazos levantados y marcándose unos tangos o un poquito por bulerías.

Los protagonistas son ellos. Los importantes son los niños y sus monitores. Han sido treinta y nueve alumnos, cuatro clases de transición del colegio Santa Teresa, los que han asistido y han compartido el homenaje. Había quien no miraba si quiera al escenario, disfrutando tan sólo del ambiente y de la música. Hasta el cielo se portó. Aunque hacía frío, el sol dispensaba sus rayos con benevolencia.

Un puñado de artistas, solidarios como los organizadores, prestaron su tiempo y su arte en esta buena causa. Ana Mochón, la más joven del grupo, abrió el recital con unas alegrías, que calaron entre el público. Álvaro ‘El Martinete’ le acompañó en la guitarra, e Israel a la percusión. Continúa el pequeño concierto Mari Ángeles Pérez, ‘La Niña la Plata’ con guajiras. La arropa su hermano Luis Manuel.

A continuación, un grupo de artistas, confinados en la prisión de Albolote, terminaron de redondear el cuadro, redundando de esta manera en una doble labor de inserción.

A la guitarra sorprendió Juan Carmona con su auténtico soniquete sacromontano, que acompañó, en primer lugar a Jesús Fernández, cantando unos fandangos, y después a Ángel Romero remedando el “Vino amargo” de Rafael Farina; y, por último, a Mari cantando las rumbas que Jessica bailó. La niña, cogiendo el micrófono, como una profesional, le dedicó su actuación a dos de sus compañeros. Otros bailaban en sus asientos y jaleaban la actuación.

Otra rumba personal de Juan Carmona, próxima al nuevo flamenco, continuó animando a los espectadores, hasta que, todos en el escenario, acabaron por tangos. Unos villancicos, premonitorios del tiempo que llega, y protagonizados por la platera anfitriona, despidieron la sesión y dieron paso al almuerzo.

Miguel Clavero, presidente de la peña, quiso dirigirse a los presentes, diciendo que estaban en su casa y que este encuentro sin duda se repetiría.

* Jessica en la foto (© Miguel Rodríguez, Granada Hoy).

Ana Mochón, marcando el paso

Ana Mochón, marcando el paso

Cuando se unen estudio, buen gusto, respeto y frescura a grandes facultades y buena voz, el flamenco entra suave y el triunfo se asegura. La jovencísima Ana Mochón lleva una trayectoria intachable. Del pasado certamen de La Unión se trajo el Premio de granaínas. No fue una sorpresa en su coherente carrera, pero sí un espaldarazo y una llamada de atención para los observadores del flamenco. Por eso, hay que tenerla en cuenta en festivales y recitales. Su paso por las peñas es imprescindible para su madurez artística y para solaz del aficionado. El viernes pasado arrasó en la peña “Solera y Caña” de Maracena. El público, atento como nunca, salía por la puerta y dispensaba sin cesar halagos y aplausos. No es para menos. La soltura de esta niña, su gracia, encima de las tablas, llega a emocionar. Estuvo acompañada por el guitarrista local Alfredo Mesa, cada vez más sonoro, cada vez más preciso.

Empezó su actuación por alegrías, dejando claro desde un principio su dominio y conocimiento. Para este cante festero, requirió el compás de algunos otros flamencos que se hallaban entre el público: el cantaor Curro Andrés y el guitarrista  José Fernández hijo. Pronto se fue por todo lo jondo, siendo grande por soleares. Prosiguió con unos cantes de levante de buena factura, para bordar esta primera parte por tangos, demostrando su empaque  y elegancia.

En el segundo pase, se impuso por granaínas, guajiras, seguiriyas y bulerías. A petición del público continuó en el escenario para guindar con fandangos.

* Ana Mochón y Alfredo Mesa (© Rafael Ramos).

La dimensión de Juan Habichuela

La dimensión de Juan Habichuela

Curso de flamenco en honor a Morente

El último día del ciclo “Flamenco y Universidad”, el martes pasado, estuvo dedicado a Juan Habichuela, maestro incuestionable de la guitarra. El flamencólogo Miguel Ángel González fue el encargado de acercarnos la figura “artística y humana” del genio granadino. La conferencia llamada “La guitarra de Juan Habichuela”, podría titularse, según la apreciación sentimental del ponente, como “El tocaor que iba para bailaor queriendo ser cantaor”.

Miguel Ángel hizo una clasificación de la guitarra granadina, dividiéndola en escuela clásica (Manuel Cano, Miguel Ochando, Jorge Gómez, Isidoro Pérez…) y sacromontana (los Ovejilla, los Cortés, los Habichuela…). Juan, como es lógico, pertenece a esta última, con su rasgueo característico y fuerte pulsación. La conferencia se remontó a la infancia del tocaor, a su abuelo Habichuela el Viejo, a Tía Marina, a su padre, Tío José, y a sus hijos y sobrino, los integrantes de Ketama; para hacer seguidamente un recorrido por su vida, aprendizaje, primeros acompañamientos, actuaciones en solitario, premios y homenajes, insistiendo en su dimensión artística y humana, uniendo ética con estética. Juan ha acompañado a todos los grandes cantaores de flamenco, que coinciden en su carácter sensitivo, su sonoridad y el cuidado que dispensa al cantaor.

La velada continuó con una conferencia ilustrada sobre “Poesía del flamenco de ayer y de hoy”, impartida por Rafael Delgado, desde la perspectiva del sentimiento estético, donde destacó la palabra emocionada de la poesía popular, su magia y su dramaturgia. Todo esto acompañado de sus propios poemas cantados por Fernando Barros y Nazareth Marcos, con la guitarra de Ángel Alonso.

Para terminar, el guitarrista Paco Cortés, dio un pequeño recital en solitario (granaínas, soleá, alegrías y bulerías), poniendo de manifiesto su toque clásico, limpio y virtuoso.

 

Entre mujeres

Entre mujeres

Patrimonio Flamenco

No es habitual, y por tanto sorpresivo, ver una agrupación tan sólo de chicas haciendo flamenco, o algo parecido. No es común encontrar, en la monotonía mimética, que nos asalta continuamente, una actuación fresca y sin complejos. Que tienen que madurar, lo sé. Que tienen que especificar algo más su discurso, lo sé. Que tienen que afinar su compenetración y el resultado instrumental, también lo sé.

Bajo el nombre de ‘Las Flamenc@s’ se reúnen la cantaora Ana Sola y las instrumentistas, Pilar Alonso a la guitarra, María José Quesada a la bandurria, María José Martínez al laúd y al chelo y Nasrine Romaní a la percusión. Estas jóvenes profundizan en el flamenco y en una de sus raíces, que es el folklore. Por eso, además de soleares, se acercan a la canción popular y a otros temas con aires aflamencados. La soleá referida comienza la velada. Es su presentación. Observamos una voz potente y muy flamenca, con ganas de comerse el mundo. Una guitarra normalita (aunque se irá soltando, para escribir con mayúsculas al final de la actuación) y una percusión limitada. La zambra “El gitanillo Errante” de Luis Mejías, grabada por Estrella Morente en su disco “Mujeres” (2006), acompañada por el “Grupo de Laúdes Albaicín”, convence por su resultado, aunque Ana no es Estrella. Hay que aplaudir, en un aparte, la exactitud de las María José con el laúd y la bandurria. Esta zambra termina con aires brasileños. El baile moderado de Macarena Mulero ilustra la pieza. A continuación dos canciones, cercanas a la balada, y una con ritmo festero, muestran sin bagajes la búsqueda de belleza de este grupo.

La belleza de “La Flor de Estambul”, de Erik Satie y Javier Ruibal, termina de convencernos. Con una farruca casi tradicional regresan a terrenos más flamencos. Versioneando “La Tarara” de “Macama Jonda”, donde la percusionista abandona el cajón neutro y se magnifica con las congas, no hay duda del sentido plural de Las Flamenc@s. Termina la noche con alegrías, donde Macarena, de rojo intenso, hace una gran propuesta de baile.

* La bailaora Macarena Mulero en la foto.

Flamenco, punto de encuentro entre payos y gitanos

Flamenco, punto de encuentro entre payos y gitanos

Día de los Gitanos Andaluces

Hoy, 22 de noviembre, se celebra la llegada de los gitanos a Andalucía, hace 547 años. El viernes se festejó este aniversario de la mejor manera posible. Un recital de flamenco, cargado de arte calé, tuvo lugar en el Centro Internacional de Estudios Gitanos La Chumbera. Paqui Fernández, directora del Centro Sociocultural Gitano Andaluz, después de los agradecimientos pertinentes, quiso dedicar este día al granadino José Heredia Maya, poeta, dramaturgo y ensayista de este pueblo, y reconoció el festival como un espacio de convivencia entre payos y gitanos.

La primera parte estuvo cuajada de sentimiento y emoción. Una representación de la veteranía sacromontana, recordó al maestro cantando sus poemas y acercándose a su obra exclusiva. Así, algunas pinceladas de “Camelamos naquerar” (“Queremos hablar”, 1976), “Macama Jonda” (1983) o “Un gitano de ley” (1997), desfilaron a través de sus voces de fragua. Planteada como una obra coral, tres cantaores: ‘Nene de Santa Fe’, Jaime Heredia ‘El Parrón’ y Amaro Carmona; y las guitarras de Paco Cortés, Rafael ‘Habichuela’ y Pepe ‘El de los Peines’, fueron alternándose o solapándose en las soleares, entre romances, o en los abandolaos. ‘Nene de Santa Fe’ abordó en solitario un mirabrás y Luis Heredia ‘El Polaco’, que se les unió en ese momento, unos tangos enriquecidos con los coros polifónicos de los demás cantaores. La última sorpresa de estos inicios fue la presencia de Carmen Carmona y de ‘La Nitra’, uno de los mejores metales del último flamenco, haciendo al alimón unas bulerías. El testigo pasó a los hombres, que cantaron también bulerías. Para despedirse, todos juntos cantaron “Hermanos”, que se puede convertir en todo un himno gitano.

La segunda parte la ocupó el baile de raíz de Antonio Fernández Montoya, ‘Farru’, nieto de ‘Farruco’ y hermano de ‘Farruquito’, presente en el escenario, haciéndole compás y jaleos. Con un cuadro de excepción, el bailaor sevillano entró por seguiriyas, concentradas y briosas. Los músicos en solitario hicieron bulerías con soleá. Las guitarras se acercaron a Paco de Lucía. Incluso, en su final, remedaron el duelo que se hacía el maestro de Algeciras con Al Di Meola y John Mc Laughlin. Para terminar, ‘Farru’ bailo una soleá donde puso todo su genio, siguiendo la estela familiar de fuerza, hombría y elegancia. Aunque levante pasiones incontroladas, este joven bailaor no alcanza la grandeza y el arte de sus mayores.

Unas pataíllas por bulerías de dos de los miembros más jóvenes de la familia, dieron a entender que la saga continúa, que la esencia y la sombra del abuelo ‘Farruco’ no se pierde.

* 'El Farru' en la foto (© flamenco-world).com

Antonio Mairena vuelve a la Universidad

Antonio Mairena vuelve a la Universidad

Curso de flamenco en honor a Morente

 

Después de dedicar una de las jornadas del curso de flamenco universitario a Manolo Caracol, en el centenario de su nacimiento, era de ley, por este mismo motivo, que se le dedicara otra sesión a Antonio Mairena, tercera Llave del Cante, como eminente cantaor, pero también como “escritor y estudioso del flamenco”. El martes 19, en CajaGRANADA, como viene siendo habitual, tuvo lugar uno de los días más completos del ciclo. En primer lugar, José Antonio Esquivel, mairenista reconocido y Coordinador del programa “Flamenco y Universidad”, glosó la figura artística de Antonio Mairena, para después exponer algunas ideas sobre flamenco extraídas de su libro “Mundo y formas del cante flamenco” (1936), escrito en colaboración con el profesor Ricardo Molina. Como dato interesante diremos que Mairena fue el primer cantaor que llevó el flamenco a la Universidad, en los años 60.

 

La didáctica de ese día continuó con un interesante tema, “Los pilares de la música flamenca”, que el ponente, Antonio Martín Moreno, Coordinador de Docencia en este mismo programa, terminó de complementar añadiendo “… en el nacionalismo musical español”, llegando a decir que los pilares del flamenco no son distintos a los de la música en general en nuestro país. Remontándose al siglo XVII, el profesor Martín Moreno, comentó el proceso de ida y vuelta de la tradición musical española, radicalizada en la composición flamenca; la influencia en compositores europeos, desde la List hasta Debussy; y la impronta en el género español, Albéniz, Falla o Turina. Para terminar en el Concurso de cante Jondo de 1922, auspiciado por Falla y otros intelectuales, donde se le dio un respaldo definitivo a la música flamenca, con su internacionalización.

 

Una de las propuestas más interesantes del curso, fue el recital que ilustro la velada. Nano de Jerez, como amigo personal y discípulo de Antonio Mairena, no se limitó a remedar sus cantes, acompañado de la guitarra de Ismael Heredia, sino que contó algunas anécdotas, en primera persona, del maestro de Mairena del Alcor.

El baile telúrico de Vero ‘La India’

El baile telúrico de Vero ‘La India’

Patrimonio Flamenco

Como ese viento que se alza de improviso y levanta remolinos hasta ser un vendaval; como ese vino que nace directamente de la tierra, que prensa las uvas y, sin más pretensiones, fermenta en la cava. Así es el baile de Vero ‘La India’. Pasional, brioso, seductor, espermático.

Una sola idea rondaba mi cabeza al salir el sábado de La Chumbera: este baile no se debe perder, la dulce violencia de la danza sacromontana debería tener marchamo de origen. Es un baile analfabeto, si se quiere, pero su enraizamiento destila esa dulce violencia que llega a estremecer.

Vero abre la noche con unos tarantos, que terminan por tangos. Su sello está claro. Su sello es la ausencia de sello, que hace, como en una ceremonia de trance, que el baile se apodere de la bailaora.

La gitana tiene presencia, tiene cuerpo, tiene expresión. Es un torbellino que llega a agotar. Sus jadeos, sus silencios, no son más que un amago para retomar el esfuerzo, para multiplicar su vigor.

Hace mutis con frescura, sin embargo, mientras sus músicos ofrecen malagueñas, rematadas con fandangos del Albaicín, cantadas por Juan Ángel Tirado. Emilio propone una espléndida granaína con la guitarra, que quizá se alarga demasiado. José Fernández comienza unas bulerías bambineras, que terminan siendo el “Ten cuidao” de Mayte Martín, aunque bastante alejado de la cantaora catalana.

‘La India’ vuelve para brindarnos su último baile. La soleá por bulerías no deja indiferencias. Convence o convence. Se puede ahondar en la técnica, en el estudio, en el ensayo, pero no en el sentimiento y en la sangre. Se puede ser más bailaora pero no más montuna, no más telúrica.

* Foto de archivo (© Gabi Pape).

Sin espejo desde la desaparición de Mario Maya

Sin espejo desde la desaparición de Mario Maya

Curso de Flamenco en honor a Morente

Quizás, la jornada más redonda de este Curso Universitario en honor a Morente fuera la que se dedicó a Mario Maya el martes pasado en el teatro Isidoro Máiquez de CajaGRANADA. Una sesión completa y coherente, que comenzó con la ponencia “En la esencia del baile: Mario Maya”, de la experta en danza contemporánea y periodista Marta Carrasco; y terminó con una muestra de baile.

Desde una perspectiva personal y directa, la conferenciante partió desde los últimos días del maestro. Se remontó a septiembre de 2008, en plena Bienal de Sevilla, cuando cubría el evento para el diario ABC de esta ciudad. En el frenético desarrollo del, posiblemente, encuentro flamenco más importante de nuestro país, cuajado de estrenos, en el que Mario, no sólo era un espectador privilegiado, sino que presentaba su montaje postrero “Mujeres”, dejaba notar su ausencia. Las noticias de su paso hospitalario se sucedían y, una gastroenteritis se complicó de tal modo que el 27 de ese mes desaparecía el bailaor y coreógrafo más completo que hemos tenido, seis meses después de su maestra Pilar López, a la que profesaba un gran respeto y admiración.

Tras estos datos, la ponencia fue desgranando recuerdos biográficos destinados a reafirmar la dimensión artística de Maya. Comenzando por la anécdota de las botas con dos agujeros que de niño le compró a un trapero y rellenaba con cartones para poder bailar, fuimos entreviendo algunos de los momentos más significativos de su vida: su nacimiento en Córdoba (1937), su casi inmediato traslado al Sacromonte y sus cuevas, la pintora inglesa que lo retrató y le hizo llegar las doscientas mil pesetas del premio que le dieron por él, su marcha a Madrid con esa donación, su paso por los tablaos de la capital (Villarosa y Zambra), su descubrimiento por Pilar López que le enseñó “la estética de la danza”, su afición a la poesía (Lorca, Hernández), sus primeras compañías, su marcha a Nueva York y su visión contemporánea, su comunión con Juan de Loxa, sus montajes revolucionarios, dignificantes del flamenco y del pueblo gitano, su internacionalización, la creación de la Compañía Andaluza de Danza… Así, hasta terminar con sus proyectos, entre otros, su vuelta a Federico con “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, y reconocer que Mario Maya era un precursor del flamenco y que, tras su desaparición, “la danza española se va quedando sin espejos donde mirarse”.

Para terminar, se proyectó la obra “¡Ay jondo!” de Mario Maya, con textos de Juan de Loxa, estrenada en 1977, una función tan sencilla como eficaz, tan auténtica como rompedora, que fue aplaudida con la sinceridad con que se reconoce a un creador y a un maestro.

El baile varonil, creativo y distendido de Víctor Castro fue un buen colofón a la velada. Estas tres características entre otras definían el baile de Mario. A su lado, el preciso tocaor Jorge ‘El Pisao’ y el cantaor David Sorroche, con su entrega personalísima, dieron un recital de excepción. Hicieron tangos y alegrías, con el bailaor. En solitario se aproximaron al fandango, cantando la malagueña de la Peñaranda, abandolándose con el fandango lucentino y los fandangos que cantaban en Granada Frasquito Yerbagüena y Paco ‘el del Gas’.

Marichu, la primera maestra de Víctor Castro, algo desangelada y falta de norte, aportó también su grano de arena (hizo lo que pudo) con tientos-tangos y caña. Su cuadro también sonó flojo. La única que se salvó, aunque cohibida y todavçia verde, fue la cantaora novel Mamen Ruiz.

Los dos bailaores, en algún momento, pasaron por las manos de Mario Maya.

Manolo Caracol con alfileres

Manolo Caracol con alfileres

Curso de Flamenco en honor a Morente

El programa “Flamenco y Universidad” se hizo menos popular y más académico. Desde la jornada del martes, el Curso pasó del teatro Isidoro Máiquez al Taller de María Zambrano, también en el centro cultural “Memoria de Andalucía” de CajaGRANADA, con un aforo de poco más de cincuenta plazas, lo que limitó su asistencia exclusivamente a los alumnos.

Bajo el título “Dedicado a Manolo Caracol, en el centenario de su nacimiento”, se impartió una charla que poco tenía que ver con el cantaor sevillano. El profesor Miguel Ángel Berlanga Fernández fue el encargado de glosar someramente la vida de Manuel Ortega Juárez, al que Chacón llamaría “El cantaor del siglo XX”. El ponente reafirma este calificativo, y se remonta al concurso de 1922 en Granada, cuando, junto con ‘El Tenazas’, se alza con el primer premio, con cantes de Silverio. Desde ahí, se da una relación de fechas y acontecimientos (43, creación de la Zambra; 58, grabación de su “Antología; 72, último trabajo discográfico) hasta su muerte en Madrid (1973), para sugerir que estos datos se pueden encontrar fácilmente.

“La musicología del flamenco” fue en realidad la ponencia central de ese día, en lo que Berlanga es especialista. También esta lección fue breve. Acuciado por el tiempo, y por el recital que a continuación ilustraría el tema, el profesor se limitó a dar unas directrices, las líneas de investigación por las que él opera y se destinan sus trabajos. Como buen ponente universitario, las citas bibliográficas no podían faltar. Así, salpicó sus veinte minutos de exposición con estudiosos del folklore y las esencias musicales, como pueden ser Hipólito Rossy, Manuel García Matos, García Gómez, los hermanos Hurtado, Vicente Marrero, Lola Fernández o los músicos Faustino Núñez y Norberto Torres, desde Almería. Estos autores lo acompañan en sus clases y trabajos. Un dato significativo fue al afirmar que entre los cursos que imparte de esta misma materia (“cada vez menos folklore y más flamenco, por la demanda”) más del cincuenta por ciento del alumnado son extranjeros.

Para terminar (o como punto de partida) propuso tomar los palos flamencos desde su creación y emparentarlos con los de igual compás, las estructuras flamencas de los cantes e ilustrándolo con grabaciones sonoras. Comenzando por los fandangos y su familia (granaínas, malagueñas, cantes de levante), pasamos a los tanguillos (tangos, tientos, habaneras) o a las zambras granadinas, como el mejor ejemplo de continuidad histórica y folklórica, quizá igualado con el barrio de Santiago en Jerez.

El profesor terminó apostando por la renovación del flamenco y su mestizaje con el jazz o con el rock que lo enriquece y le abre fronteras.

Como remate de la noche, tuvo lugar un recital los cantaores más veteranos de Granada: el Niño de las Almendras y Elisa la del Horno, natural de Aldeira, que se impuso como otro homenaje. De forma que, un curso en honor de Morente, que se dedica a Caracol, se homenajean a dos flamencos. Como guitarrista, Carlos Zárate, hizo verdaderos malabarismos para adaptarse a las formas de estos cantaores. Elisa andaba perdida, desafinaba y no encontraba el tono. Destacó sin embargo en la granaína y media. El niño de las Almendras está más en forma. Domina las seguiriyas y la soleá. Hace agradable su entrega, aunque entra y sale cuando quiere.

* Ignoro de quien es la ilustración.

Las intimidades de Eva

Las intimidades de Eva

Lluvia. Ballet Flamenco Eva Yerbabuena 

Lluvia es un trabajo íntimo, a veces desgarrado. Eva lo cuenta así: “Quiero sumergirme en un profundo y silencioso viaje, donde el miedo no impida que cierre los ojos, huela los recuerdos hasta calarme la vida y amasar el placer que, ausente de emoción, puedo degustar en este presente que vivo”. Es una obra gris, como el bajo estado de ánimo, pero lleno de luz, de explosiones de color, que dan lugar a la esperanza. Es una obra lenta, sin prisas, que se masca desde el principio y se saborea hasta el final. El mundo se detiene en una pose, en una falseta, en cada minuto de espectáculo.

Eva pone de manifiesto la soledad y el amor, y el desamor, que no es más que su extensión. Se sumerge en un mundo de ciegos y de sordos para experimentar sus sentimientos, para gozar con la grandiosidad de los demás sentidos. Así, con el tacto, con el oído atento o con la vista aguda, se va desmenuzando una función que tiene mucho de recuerdo y de ausencia, que no es nada más que la melancolía. “Porque a veces he tenido que callar y no lo he hecho. Porque a veces no me hubiera importado ser no oyente y poder comprobar aquello en lo que nunca he creído. Porque a veces existe una invitación que me arrastra con fuerza hacia esa puerta donde la imaginación habita”.

Veinte personas se alinean en el escenario, en filas imperfectas, inmóviles, con el latido monótono y sentido de la guitarra. Es un trémolo llamado El sin fin de la vida. Extraordinaria la música de Paco Jarana. Eva atraviesa descalza el patio de butacas y danza en la escena. De parternaire el suelo, el aire, el silencio. Por turnos, el cuerpo de baile, se va desperezando. Sus movimientos son pausados, esquemáticos, asimétricos. La huella contemporánea se adivina en esta coreografía. Una puerta ancha, el número 2 de una calle cualquiera, como único decorado de la función, se erige en el centro del escenario, algo desplazada a la izquierda. La rodea un muro ajado, que descubre sus ladrillos. Un lienzo traslúcido que esconde a los músicos como si fueran algo más del sueño. La puerta puede que esconda el flamenco más personal. Eva atraviesa el umbral y se sienta en los escalones, en las gradas que acercan la calle a la casa. Toda la fuerza, la intención de esta obra, se dibuja en esta escena, en la fotografía de la bailaora en el peldaño, triste, descalza, con las manos enmarcando su cara. Es la víctima del desamor, de la soledad y de esa introspección melancolía que los portugueses llaman Saudade. Es un momento de transición que en la obra se llama precisamente Peldaño.

La percusión crece. Las guitarras también estallan apuntando un ligero compás de seguiriyas, con una constante nota de fondo. Eva quiere bailar. Taconea en solitario, con movimientos laterales. Atraviesa el escenario, pero su imagen, nos la oculta otro bailaor, Alejandro Rodríguez, que se interpone delante, simbolizando la impotencia, “porque a veces he tenido que callar”.

Barro es una taranta que interpreta un impresionante Enrique el Extremeño y se baila con movimientos quebrados. Jeromo entona Soledades, una milonga que verá a Eva esconderse bajo la mesa y arrastrarse para no perder su refugio. Una de las sorpresas de la noche la encontramos con la mesa entre Eva y Alejandro, que bailan, pero no se pueden ver. Sus manos se tocan atravesando el tablero. Se abrazan, se evaden, juegan con la mesa como si fuera un bailarín más, inerte, impasible.

El baile se intensifica y se quiebra. Las dos bailaoras de la compañía, Mercedes de Córdoba e Irene Lozano nos hablan con signos. Un lenguaje de sordos que se repetirá más tarde. El escenario nunca está vacío. Es una de las constantes de Eva, un horror vacui, una constante imbricación de sonido, movimiento, imagen, que no deja resquicio ni para el aplauso.

A continuación se baila el silencio. Sin música y sin voz. Otro signo de impotencia. Son las Palabras rotas, frecuencias que se rompen definitivamente con la voz en off de Alejandro Peña e Isabel Lozano recitando El silencio hace daño cuando es puro, un poema de Horacio García escrito expresamente para este espectáculo. Vuelve el lenguaje de signos. Eva, en sus coreografías, huye de la simetría y busca el equilibrio, sin olvidar los movimientos paralelos de una buena composición.

En este momento la obra se dulcifica, el color se desborda. Eva aparece con otro estado de ánimo. De un baúl, del que saldrá un bailaor, Fernando Jiménez, extrae un vestido que se pone detrás de un biombo. El resto del cuerpo hace lo propio y comienzan los tanguillos La Querendona, dedicados a sus abuelos, Concha Ríos y José Garrido. La alegría se apodera de las tablas. El baile es también jocoso. En su solo, Eva ronea como en Carnaval. Los tanguillos terminan con aires de chirigota. Bien por la percusión de Manuel José Muñoz ‘El Pájaro’. Y, sin romper el ritmo, sin apenas respirar, las alegrías Lluvia de sal, que cantan todos los cantaores por turnos, y acaban a capela, terminan de construir la esperanza.

Como fin, o como principio, de esta historia interminable, la pena vuelve a reinar. Enrique el Extremeño aborda Llanto, una soleá que baila La Yerbabuena en solitario con vestido de cola negro, roto a los postres con un intenso mantón rojo de maravilloso movimiento. Por qué te vistes de negro, comienza Enrique su soleá, preguntando al tiempo que afirma. Es el momento definitivo. Estremece la pasional entrega de Enrique y la rotundidez extrema de Eva bailando por soleares, enrollada en la pena, protegida con grana. Pero la esperanza vuelve a asomar sus níveos dedos por una rendija entreabierta. Los sueños verdes vuelven en forma de bulerías, que son cuplés, un guiño al Compromiso de Antonio Machín (Pepe de Pura) o al Se nos rompió el amor de Rocío Jurado (José Valencia).

Se cierra el espectáculo, como empezó, con inmóviles figurantes en el escenario, mientras Eva hace mutis por el patio entre aplausos.

* Foto: © Patri Díez (Granada Hoy).

En la peña empieza todo

En la peña empieza todo

Curso de Flamenco en honor a Morente

Como se trata de un curso, la finalidad de la mesa redonda sobre “Las peñas como dinamizadoras del flamenco”, estriba sobre todo en informar y en crear inquietudes. La segunda jornada expositiva del flamenco, organizada por la Universidad de Granada, dentro del programa “Flamenco y Universidad” y CajaGRANADA, en el teatro Isidoro Máiquez del centro cultural “Memoria de Andalucía”, quiso descender a los estamentos básicos del aprendizaje, desarrollo y difusión de este arte, como son las peñas flamencas. El formato elegido para participar estas cuestiones fue un breve coloquio, moderado por Carlos Orte, coordinador de actividades del “Grupo de Estudios Flamencos de la Universidad”, en el que participaron Isidoro Pérez, Presidente de la Federación de Peñas, quien se encargó de introducir el tema; Rafael Valenzuela, Secretario de la Federación y Tesorero de La Parra Flamenca; Sergio Cuesta, coordinador de actividades de la Federación; Miguel Clavero Vicepresidente de la Federación y Presidente de la Platería; y un servidor en nombre de la prensa.

Sólo unas pinceladas y un pequeño debate, por parte de los ponentes, y algunas cuestiones expresadas por los oyentes, pusieron de manifiesto la necesidad y la labor permanente de estas asociaciones. En la provincia de Granada hay unas diecisiete peñas federadas y alguna más en trámite, que, con su carácter privado, trabajan para acercar, semana tras semana, el mejor flamenco posible a sus socios y allegados. Sus puertas no están cerradas, aunque quien paga, tiene preferencia. La Platería en concreto, decana de todas las peñas, programa un flamenco joven y abierto todos los jueves, de enero a julio, con un total de 25 actuaciones. Como piedra angular de las ofertas y contrataciones, está la financiación de las peñas. La cual se solventa con la cuota de sus asociados y con alguna subvención esporádica y puntual, tanto pública como privada (en las peñas provinciales es más dable el apoyo de los ayuntamientos). Chocamos aquí con el caché del artista (porque el flamenco es un arte con mayúsculas). Una peña no puede invertir todo su presupuesto en traer a uno o dos flamencos de renombre. Para esto, lo ideal sería la colaboración. El prestigio, la intimidad y cercanía de actuar en una peña cómplice podría estar por encima de algunos otros valores.

La peña salvaguarda la raíz del flamenco. Se instituye en el instrumento más crítico y autocrítico con la ortodoxia y las vanguardias. Aunque el tiempo es el que da realmente la razón, la peña vela por las formas, vela por la tradición, vive el presente y contempla el futuro. La peña viene a ser como el consejo. De ancianos, en este caso, porque la media de edad de los peñistas ronda los cincuenta años. Así deviene el segundo gran problema. ¿Por qué los jóvenes no se acercan a las peñas si el flamenco les interesa? Está probado que en festivales y teatros donde el flamenco es protagonista, la juventud ocupa un tanto por ciento importante en las gradas. ¿Puede ser que sea árida la entrada en la peña?, ¿exigente?, ¿cerrada? Por el futuro, hay que rejuvenecer las peñas y sus juntas directivas. Quizá una incorporación de nuevas tecnologías contribuya a ello.

Lo verdaderamente importante es “hacer peña”. Una peña flamenca no es el edificio ni el escenario, ni siquiera quién actúe, sino sus asociados y su espíritu, la afición y la búsqueda. Cuatro, cinco, trescientos se reúnen para hablar de cante, de estilos, de formas y de fraseo. Y entre medias se canta a media voz y alguien saca una guitarra y surgen fandangos y soleares. Cantan los viejos y cantan los jóvenes, creando peña, creando esa cantera tan necesaria para retroalimentarse, para lograr que el flamenco siga siendo nuestra seña de identidad, para lograr que el flamenco sea patrimonio del mundo. La Universidad, conciente de todo esto, decide llevar el flamenco a sus aulas, a miles de estudiantes que, algunos de ellos, seguramente harán peña.

Para terminar el acto, la juventud y la madurez se dieron cita en escena. Un recital de flamenco cerró la velada. Desde arriba, el cante de Paco Moyano, arañó la sensibilidad y la conciencia. Desde abajo, Tomás García, de sólo 12 años, cantó la esperanza. A la guitarra Isidoro Pérez.

* De derecha a izquierda: Miguel Clavero, Rafael Valenzuela, Carlos Orte, Jorge Fernández Bustos (o sea, yo) y Sergio Cuesta en un momento del debate.

La Chumbera expone sus cartas

La Chumbera expone sus cartas

Patrimonio Flamenco

El sábado 24 dio comienzo la temporada de otoño en el Centro Internacional de Estudios Gitanos La Chumbera. A partir de entonces, todos los sábados, a las nueve, tendremos una cita con el flamenco local más joven y asequible. Su precio, de siete euros, junto con su ubicación, convierten a este local en el apropiado para acercarse a este arte en nuestra tierra. El baile, como siempre, imperará en este escenario. Siendo la aportación más plástica y colorida de las ramas del flamenco, es lo ideal para nutrir las expectativas de un público medio, compuesto, casi en su totalidad, de visitantes extranjeros y de estudiantes. Algunos nombres, los menos, son desconocidos. La mayoría, habituales de esta sala. Otros, no hay que perderse. De esta manera, destacan las bailaoras Ana Calí, el 5 de diciembre; Vero ‘la India’, el 14 de noviembre, o Eva Esquivel, el próximo sábado, 31 del corriente. Quizá, en este primer cartel, echemos en falta la presencia varonil. La propuesta acaba el 12 de diciembre con una “pandereta flamenca”, que es una forma gitana y flamenca de celebrar la Navidad. El grupo “Flamenco Alhucema” propondrán bailes y villancicos con sabor a mazapán.

En este primer día, Ángela Mendoza no cubrió las expectativas. Aunque su entrega fue completa, su baile carecía de propuestas. Un buen intento, al comienzo, quedó en un quiero y no puedo. El “Tango de las madres locas” de Carlos Cano, que lo recuperara para el flamenco Marina Heredia, bien interpretado por la voz dulce de Alberto Funes, no llegó a romper. La ausencia de pies y dinamismo empobreció la pieza. Los músicos, en solitario, hicieron tangos, esperando que la bailaora de Maracena entrara por levante. Sus pies no llegan, pero sus manos tampoco son exactas. Remata por tangos estos cantes mineros que despuntan unas gotas de frescura.

Otro intermedio, donde los músicos interpretan una canción por bulerías (Alberto Funes), por un lado, y unas malagueñas con excelentes fandangos de Granada (Gilberto la Luz), por otro, dan paso a la última y entrega de Ángela por soleá, lo mejor de su función. Marcando con precisión y sacando punta a las tablas, esta soleá, con sus bulerías, marca lo que debía haber sido el punto de partida.

* En la foto, Alberto Funes con Susana Guerrero, los dos representantes granadinos en "Enamorados Anónimos", un homenaje a la copla que se representó en Madrid durante todo un año.

A buen paso

A buen paso

Inauguración temporada de ‘Solera y Caña’ de Maracena

La peña ‘Solera y Caña’ de Maracena comienza a buen paso su andadura con Rubito de Pará y Antonio el de Patrocinio, la segunda generación de flamencos con el mismo nombre. Con un lleno hasta los topes y un ambiente tan respetuoso como comprometido, dio lugar a un recital de total entrega que fue ganando en energía y eficacia conforme pasaba la noche.

El torrente de voz, dubitativo y desafinado en un principio, se fue imponiendo con poderosa nitidez en los postres. Si bien, al principio cabe destacar el polo, pocas veces usado, y sobre todo la riqueza por tangos, desde las alegrías comienza una carrera ascendente, aunque sin llegar a convencer, hasta los fandangos, con que remató la velada, pasando por seguiriyas y bulerías, ricas en cuplé y guiños a nuestra copla y bolero.

Antonio el de Patrocinio a su lado, enriquecía cada propuesta con su guitarra limpia y creativa. No en vano, fue el ganador en 2008 del Concurso Nacional de Arte Flamenco Córdoba, dejando fuera a competidores de la talla de Manolo Franco o Niño de Pura, por ejemplo.

* Antonio de Patrocinio.

La verticalidad de Adrián Sánchez

La verticalidad de Adrián Sánchez

Un paseo flamenco

La falta de promoción o la multiplicación de eventos, impiden que se llenen los teatros. Llevamos varias jornadas en las que se acumulan al menos tres o cuatro ofertas de flamenco. Aunque podamos estar agradecidos por el público, numeroso y dispar, la afición no puede desdoblarse. Así, el viernes pasado, nos pudimos ver, en el teatro José Tamayo de La Chana, poco más de un centenar de personas viendo un espectáculo tan rico como novedoso.

Adrián Sánchez, bailaor granadino afincado en Madrid, quiso mostrar un íntimo “paseo flamenco” en la ciudad donde dos veces por semana acude a impartir clases en su academia. Al tocar multitud de palos, alguna de sus propuestas quedó escasa. Lo peor fue el sonido. En un espectáculo de baile, lo que hay que potenciar es el suelo, aparte del arropamiento musical. Ni lo uno ni lo otro. Adrián parecía bailar con zapatillas de andar por casa y los músicos sufrieron desagradables acoples, silencios inoportunos y desentendimiento general. Con todo y con eso, un cuadro avezado, está por encima de los contratiempos, y, el aparato musical, diseñado por el guitarrista Rubén Campos, se regenera por peso específico. A su lado, César Cubero, como segunda guitarra, ofrece una dimensión flamenca agradecida. Aplaudamos también las voces de Sergio ‘El Colorao’ e Irene Molina, con bastantes protagonismos. Eloy Heredia, con la travesera, y Miguel ‘El Cheyene’, en la caja, completan una escena redonda.

Desde la rondeña (un solo de guitarra de Rubén) podemos comprobar en Adrián un bailaor completo de pies, brazos, cuerpo y expresión. En el que destacan su verticalidad y equilibrio, su técnica y compás. Logrando, con estas cualidades, una discreta elegancia y un buen hacer tan descansado como el paseo que nos propone. La rondeña pronto se convierte en tientos, en la voz gitana de Irene, donde el bailaor expone su fuerza. Las bulerías son un paso a dos con su artista invitada, Cristina Gracia. Es una danza cerrada, breve y de salón. Muy llevadera. En el primer “paseo flamenco”, Adrián se muestra como pez en el agua, tocando todas las piezas y, como en un menú de degustación, ofrece lo mejor de cada plato. Así se hilvanan, de forma natural, granaínas, abandolaos y farrucas, una caña acelerada y un remate por peteneras. En estos cambios rápidos, sobre todo, es donde percibimos la falta de atención de los técnicos.

Unos tangos sin baile alguno sirven de ecuador a un programa sin descanso. “Aire” es una pieza, compuesta de romera y fandangos de Graná, que aborda Cristina con bata de cola y Manila. Su falta de sal y la pesadez en sus movimientos, unido a una cierta cojera en su pie izquierdo, restan varios enteros al resultado final. Un final que enmienda la plana con su segundo “paseo flamenco”. Adrián, vestido de blanco, con desparpajo y soltura, a veces improvisada, vuelve a entretejer tarantos y soleares, tangos y alegrías, para rematar, generoso y cautivo, por fiesta.