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Flamenco

Lo que te hace cantar es la vida

Lo que te hace cantar es la vida

Curso de Flamenco en honor a Morente

Con presencia del cantaor homenajeado, ayer comenzó un curso de flamenco en el teatro Isidoro Máiquez de CajaGRANADA organizado por el mismo centro cultural “Memoria de Andalucía” y la Universidad de Granada, dentro del programa “Flamenco y Universidad”. Como no podía ser menos, la primera jornada del ciclo estaba destinada a Enrique Morente. Bajo el epígrafe “Flamenco de ayer y hoy: siempre flamenco”, el catedrático y director de dicho programa, Rafael Infante Macías, glosó la figura y trayectoria del granadino en forma de entrevista con insertos de grabaciones sonoras y de vídeo.

Para introducir su conferencia y meternos en ambiente, pudimos oír “Plaza de los Herradores” unos cantes de Frasquito Yerbagüena, pertenecientes a su primer trabajo discográfico, “Cante flamenco”. La primera pregunta se remontó hacia la infancia del cantaor. Nacido en el Albaicín, en 1942, sus primeros contactos con el flamenco fueron en las “tiendecillas y tabernillas” donde alguien echaba un cantecito, y la música radiada que salía por las ventanas. Enrique, pronto fue a Madrid. Al no tener padrinos ni ser de familia flamenca tuvo grandes dificultades profesionales. Pero dio con un grupo de aficionados “capitaneados” por Pepe el de la Matrona, que significó una influencia decisiva, no sólo en el cante, sino también en la poesía. Este grupo se reunía y actuaba en el tablao Zambra. Allí coincidió con Pericón de Cádiz, Rafael Romero, Juanito Varea, Perico el del Lunar, las hermanas de Utrera… De casi todos ellos destaca su grandeza artística, pero también su dimensión intelectual. De aquella época, vemos un vídeo donde le canta por peteneras a la bailaora Rosa Durán.

Reconoce, seguidamente, Enrique al venerable Chacón, clasificándolo como un clásico, comparable a Bach en la música clásica. Además era un creador de cante jondo. Tras escuchar su malagueña grande, damos un salto y nos situamos en el colegio mayor San Juan Evangelista y su influencia en el flamenco y la cultura de la época. Actuó por primera vez en el curso 68-69, junto a Gloria Fuertes, y en 1973 hizo que lo detuvieran y multaran al colegio por su cante comprometido. Dispuesto a remover las conciencias, grabó un disco homenaje a Miguel Hernández, cuando éste estaba perseguido. Así, inconscientemente, asegura, se convirtió en un verdadero ídolo para la juventud.

Un vídeo por tientos, grabado en 1972, con Manolo Sanlúcar, da pie a mostrar algunas citas. El mismo guitarrista gaditano elogia la naturalidad de Morente (“habla como canta y canta como habla”); Mairena destaca su honestidad; Juan de la Plata, su creatividad; y Agustín Gómez añade que es un lenguaje nuevo. Enrique dice al respecto que lo más importante es la intención y la profundidad, que el flamenco tiene un solo camino. No sólo innova en la música, sino que también innova en las letras: canta a los poetas, Hernández, Machado, Fray Luis de León, Al-Mutamid, Bergamín…, lo que lleva Rafael infante a dividir su creación discográfica en tres grandes periodos. El primero, que comprende sus seis primeros discos, sería la etapa ortodoxa. El segundo, desde “Despegando” hasta “Misa flamenca”, pertenecería también a la etapa ortodoxa, aunque bastante arriesgada. Por último, de su etapa innovadora destacarían “Negra, si tu supieras”, “Alegro, soleá y fantasía”, con la Orquesta Sinfónica de Europa, y, sobre todo, “Omega”, con Lagartija Nick. Oímos de este último trabajo las bulerías “El pastor bobo”.

Termina la charla aludiendo a “El pequeño reloj”, una obra basada en el tiempo, con mayúsculas, que rompe el concepto de disco flamenco y se aproxima al de libro de poesía. Así, nos encontramos con “un cantaor de ayer, de hoy y de mañana. Es decir, un cantaor de siempre”.

Para cerrar el acto, Segundo Falcón, cantaor morentiano, y el tocaor Miguel Ochando, ofrecieron un pequeño recital en honor del maestro.


NOTA: Al ser un artículo informativo, de un día para otro en el diario Granada Hoy, no admite ningún tipo de valoración. He intentado rescatar el espíritu de la noche, que, en general, era pasar un rato con Enrique Morente, oír anhelos desde sus mismos labios y reconocer en gran medida la labor que hace por el arte en general y por el flamenco en particular.

Hay impresiones, en cambio, que no quiero dejar pasar en esta página. En primer lugar no entiendo la poca difusión que se le dio a un evento de primera magnitud, que, aunque correspondiente a un curso (con su alumnado y profesores), la entrada era abierta y gratuita, hasta completar aforo. El teatro, siendo benévolos, rellenó su tercera parte.

En segundo lugar, que no en segundo orden, el enfoque de la entrevista me pareció trasnochado y falto de interés. Un recorrido por la vida del artista es tópico y redundante. Aunque aciertos y revelaciones, los menos, sí que los hubo y, supongo, se desprenden del texto precedente.

Tercero. Tanto el entrevistado como el entrevistador me parecieron obtusos, faltos de dinámica y comunicación. Más por deficiencias de este último, que es en realidad quien debe llevar las riendas, que por incapacidad del primero, que todos sabemos como es Morente de corto, aunque también de profundo cuando se le lleva por los caminos apropiados.

Parecían dos caracoles esperando a que escampara.

Y cuarto (por poner un límite), Segundo Falcón me pareció igual de espeso en todas sus entregas, con algún pellizco que otro. El mejor de la noche fue el guitarrista Miguel Ochando, que, no sólo estuvo en su sitio, sino que amortiguó en más de una ocasión los tropiezos y cabezadas del cantaor.

* Un momento con ojos en la entrevista (© Miguel Rodríguez, Granada Hoy).

Como en su casa

Como en su casa

Inauguración temporada de La Platería

La Platería quiso comenzar sus actividades para el curso 2009-2010 de una forma muy especial: llamando a alguien que se considera hija de la peña. No es para menos. Marina Heredia ha vivido siempre en el Albaicín, La Platería ha sido su segunda casa. Aquí empezó; aquí se formó; y aquí vio a los grandes, empezando por su padre, el cantaor de bronce. La peña ha querido que la presencia de Marina no sólo suponga la apertura de puertas a un año de entrega a su labor de salvaguarda y difusión del flamenco, sino que sirviera de colofón a sus sesenta años de existencia, proclamándose, con el aval del año 1949, en la decana de todas las peñas flamencas.

Marina, perfectamente arropada por la guitarra pulcra de Luis Mariano, se sintió como en casa y nos hizo sentir a los presentes como si también compartiéramos camilla y enaguas, a pesar de la multitud, a pesar de las sillas aglomeradas. Guapa en presencia y en entrega, la cantaora granadina anuncia sus cantes. Comienza por alegrías donde se trae la sal de la bahía a las murallas rojas de la Alhambra. Por soleá estuvo mayúscula y se rompe, aunque ya va siendo hora que incorpore en su repertorio los sones del ‘Niño de Jun’ y las cadencias de Cobitos. Por malagueñas domina, y se crece con los fandangos del Albaicín, con los que remata. En los tangos del Camino, de la pita, de la penca, como le gusta especificar, Marina se sabe grande. Es uno de nuestros mejores exponentes. Tiene además un colchón a su izquierda que suena a fuente, que suena moruno y envuelve el cante para darle más belleza si cabe.

La seguiriya, con las que comienza la segunda parte, no es de sus palos habituales. Las hace bonitas, como todo lo que toca. No obstante se espera el quejío, que a veces queda diluido en su conjunto. Campea a voluntad por los altos, olvidando las bondades del mediotono. Por levante tiene buen ejemplo, a quien imita, en la figura de su padre. Y en las bulerías se acuerda de Lole y Manuel y de ese himno generacional llamado “Nuevo día” con el que abrieron su producción discográfica, allá por el 75. Un bello poema cantado con tanto respeto como flamencura. Con tres fandangos termina el recital sin antes hacernos gozar de un fin de fiestas carismático. Acompañan a los protagonistas en el escenario algunos de los artistas presentes. Y echan su pataílla Antonio Canales, ‘La Moneta’, Jara Heredia y la misma Marina, mientras Jaime Heredia se hecha un cantecito y hacen compás Curro Albayzín y Ana Heredia, hermana de la cantaora.

* Foto de archivo (© Nono Guirado).

Nono García tiene las ventanas abiertas

Nono García tiene las ventanas abiertas

La Guitarra en Otoño 

Nono García vive en una casa sin ventanas en la que entran todos los vientos a voluntad, y se sube a componer a la azotea donde domina todo el mar y las cinco tierras, impregnándose de los aromas y de las corrientes. Su música es rica en matices. Es un caballo que no conoce fronteras y va dejando una estela, como de arcoiris, que desprende flamenco y jazz, bossa nova y evos africanos, copla, boleros y baiaos. No es flamenco, lo sé. Mejor dicho: no es sólo flamenco. La raíz ortodoxa, aunque libre y creativa, la debería haber puesto, el jueves pasado en la Casa de los Tiros, la guitarra limpia de Miguel Ochando, pero por problemas de última hora no pudo acudir a la cita.

Así que el curtido Nono García tuvo que rellenar todo el espectáculo. Y vaya si lo rellenó. Como ciudadano del mundo, nos embarcó en un viaje cosmopolita en el que convocó a sus amigos. Abrió la velada con una libre versión de los campanilleros que, con un toque orientalista de los que usa Rubial, se mezcló con La Ruta de la Seda, un tema de su primer disco, Las quimeras del momento. En Cádiz comenzó su periplo con los Tanguillos del abanico, perteneciente a su grabación Atún y chocolate, que inspiraría la película, del mismo nombre, de Pablo Carbonell. De su tierra, nos lleva a través del Atlántico, haciendo Sombra y blues, de ese mismo trabajo. Aterrizamos en Brasil con Meditación, un tema de Antonio Carlos Jobim. De Suramérica nos asomamos a Francia, donde el guitarrista de Barbate remeda a Django Reinhardt, para volver de nuevo a Estados Unidos y hacer el primer tema de Atún y chocolate, llamado Mojama blues.

Rescatado de la banda sonora de la película, a continuación Nono hizo Los quereles, un homenaje a la copla, una recreación muy fresca. Volvemos a Cádiz, en ese viaje pendular, y escuchamos las Alegrías del Estrecho, también del trabajo aludido. Para terminar, aterrizamos nada menos que en la India con Improvisación en RE. Cercano a las bulerías, con una afinación (o desafinación) especial, nos recuerda al sonido del sitar, instrumento que también domina. En un momento, incluso, juega con el clavijero, tensando y aflojando las cuerdas en mitad de la pieza. Ante la avalancha de aplausos sentidos, García vuelve a afinar la sonanta para regalarnos otra Improvisación, con aires festeros, que le persigue desde la adolescencia y ahora retoma. El segundo bis es Verde que te quiero verde, una rumba de Manzanita (ese gran músico, no lo suficientemente reconocido), inspirado por el poema de Lorca, que, según Nono García es una letanía, como un mantra budista, que refleja la identidad andaluza. Este tema está incluido en su último disco, de 2008, Al filo de la medianoche.

Como digo, un concierto rico y variado. El guitarrista normalmente termina imitándose a sí mismo. Nono tiene muchas esquinas, no es monótono, y, si bien nada en todas las aguas, sobre todo destila flamenco.

* © Migue de Granada Hoy.

Estética en las tablas

Estética en las tablas

El mes pasado, sin comérmelo ni bebérmelo, me vi presentando el Festival de Flamenco Joven de Armilla. No es la primera vez que me lían para algo así. Además, sin previo aviso. Aquí te pillo, aquí te mato. O, lo que es lo mismo, ya que has venido, te suelto el micrófono y entiéndetelas como puedas.

No soy locutor ni soy de los que dan muchos datos. Mis presentaciones se reducen a conectar con el público e interactuar con los artistas, intentando pasarlo bien a todos los niveles. Lo hago así, porque no sé hacerlo de otra manera. Además, me cuesta mucho empezar.

Después me gusta que me feliciten y que me recompensen, con una cerveza al menos. En Armilla sólo hubo un choque de manos y un "muchas gracias". El próximo año, no sé...

Bueno, lo que quiero contar es otra cosa. En este festival ayudaba el ambiente. Y así lo dije. Buen sonido, buen teatro, buen público, artistas entregados y sillas de anea. Porque, no es lo mismo hacer flamenco con sillas de anea que con sillas de escay.

La estética es importante. La decoración puede colaborar casi tanto como el silencio, como el sonido, como la presencia. Hay formas y formas. El respeto, por ejemplo, es imprescindible. No se puede salir al escenario de cualquier manera, aunque el aspecto no contribuye a la hora de cantar. Que se lleven zapatillas playeras o zapatos no determina que se cante mejor o peor, pero contribuye al resultado final ir vestido de domingo.

Hay quien va con chaqueta o con traje de flamenco o con sombrero. Ole por las formas añejas. No digo tanto, pero un respeto... Al igual que, si al llevar chaqueta y agobia el calor, a nadie molesta que se la quite y la cuelgue en la silla y se remangue. Pero, si se pide con gracia permiso al respetable, no está de más (y no cuesta nada).

Respeta y te respetan. Tampoco se puede uno ensañar con el público por un mal día, por un abucheo o por problemas con la organización (cosas que hemos visto recientemente).

El otro día, viendo a Paco Moyano y Paco Cortés en Huétor Vega, sacaron una botella y dos catavinos y se sirvieron en una pequeña mesa de palo. El sabor de lo auténtico (además de su actuación tan personal y enraizada) terminó de redondear el goce.

Hogaño, es normal, salir al escenario con la botellita de agua. Es lo más sano. Dice bastante de la seriedad del artista, que se cuida. Pero, perdonadme, me parece un poco antiestético y artificioso (tampoco el vaso de cubata me parecía bien).

Rizando el rizo. Hay quien lleva un poco de güisqui en la botella de agua. Lo notamos por el color amarillento, cuando el color de los focos no es ambarino.

* Paco Moyano y Paco Cortés (© Pepe Morillas).

Cincuenta años en el escenario

Cincuenta años en el escenario

Homenaje a Curro Albayzín en Huétor Tajar

Una mentira piadosa llevó inocente a Curro Albayzín hasta el pueblo de Huétor Tajar donde se le preparaba un homenaje. Que iba a ver a Miguel Poveda, le dijeron. Y, cuando salió al escenario, su sorpresa fue tremenda y sus ojos de agua mostraban su agradecimiento. La excusa: sus más de cincuenta años “flamenqueando”. La verdad, aparte de estas asombrosas bodas de oro, fue su profesionalidad, su entrega, su aleccionamiento, su ejemplo y, en resumidas cuentas, por ser memoria viva del barrio del Sacromonte y por ser el mejor embajador de su tierra en el mundo.

Curro es un artista con letras mayúsculas. Canta, baila, recita, anima… Es un ser completo. Es una combinación de arte y de saber hacer. Rellena las tablas como nadie y arranca la sonrisa desde el primer momento. Cuando se destapó la sorpresa y cogió el micrófono dijo que prefería el reconocimiento como investigador y salvaguarda de la historia del Camino del Monte que como artista, ya que esto era su medio de vida y que así lo hacía y lo seguirá haciendo. En un video, que precedió el homenaje, donde se glosó su figura, bastantes amigos se aunaron en espíritu a esta velada: Manuel Liñán, Mariquilla, Curro Andrés, Anabel Moreno, Rafael Amargo, Francisco Manuel Díaz, María ‘La Coneja’, Angustillas…También se le nombró primer Socio de Honor de la peña local Juan Pinilla.

Unas palabras de las autoridades, que apoyan esta ofrenda, dieron paso a las actuaciones. La mayoría de los participantes eran jóvenes seguidores, que siguen su memoria, que pasan por su tamiz. Iván ‘El Centenillo’ recordó que Curro tiene siempre su casa abierta para ofrecer cualquier consejo y enseñanza. Josele de la Rosa, notable y fiel, actuó como guitarrista durante toda la velada, apoyado por el jovencísimo Álvaro ‘El Martinete’. El escenario, con cobres y foto de las Angustias en su centro, recreaba el rinconcito de una cueva. Juan Pinilla, con clara emoción, condujo la función y las gracias. Unos tangos de Granada, verdadero himno “sacromontano”, comenzaron la noche. Fernando Rey propuso a continuación unos fandangos de Huelva, que terminó valiente al pie del escenario. Un momento entrañable lo protagonizaron dos hermanos, profundos hueteños, con sus fandangos y Zurrapa con sus trovos. Juanillo ‘El Maero’ cantó algunas letras alusivas al homenajeado. Manuel ‘El Maero’ hizo unos fandangos bestiales para tomar nota y recordar. Zurrapa improvisó tres letrillas rimando en octosílabos. El “albaicinero” Paco Olit aportó su grano de arena cantando “Carcelero” de Caracol y recitando un poema, donde Benítez Carrasco recuerda a Ramón Montoya, remedando una de las mejores facetas de Curro. Juan Pinilla, como no podía ser menos, impuso su presencia y respeto, con una malagueña chaconiana rematada con nuestros abandolaos. Para el fin de fiestas, Curro se subió al escenario y recitó, también de Manuel Benítez, los “Cinco toritos Negros”, que terminó por tangos. Los ilustró al baile su hermana, Teresa Guardia, quién, de una manera u otra, también recibió la ofrenda. Todos los actuantes, pusieron la guinda por bulerías, en las que destacaron el cante modulado de Ana Mochón, que ya había participado en los tangos del principio, y el cierre, cada vez más bailongo, de Juan Pinilla.

*Curro Albayzín (© José Luis Pérez Martínez).

Sangre y razón en la Casa de los Tiros

Sangre y razón en la Casa de los Tiros

La Guitarra en Otoño 

La Casa de los Tiros se ha convertido en un escaparate donde contemplar la buena salud de las guitarras granadinas. Es un ciclo corto, de tan sólo cinco sesiones, pero equilibrado y exacto. Como es lógico no están todos los que son, pero esta muestra ayuda a acercar el público a la guitarra y, casi más interesante, la guitarra al público.

El jueves pasado cruzamos el meridiano de los conciertos, con un recital tan creativo como sorprendente. La juventud vino marcada por Rubén Campos, la veteranía por Rafael Santiago ‘Habichuela’. En un principio, intérpretes bastante distintos. En la realidad, bastante compenetrados. No en vano, Rafael le dio clases a Rubén. Éste dijo que en su maestro advierte “la poca savia que queda en el flamenco puro”.

Rubén, más académico y sofisticado, comenzó con una granaína, la misma que grabó recientemente en un disco homenaje a Diego del Gastor, avalado por las peñas de Andalucía. Continuó con un zapateado y con una rondeña, que se hizo zambra a los postres. Una afinación personal, en la que destensó la tercera y el bordón, propuso para unas seguiriyas que estrenaba ese mismo día. Acordándose de su tierra, terminó su actuación por tangos.

Rafael, especialmente inspirado y sensible, abrió la segunda parte con una farruca bastante particular, dedicada a su madre, desaparecida hacía unos días. Para la soleá, bien construida, no tuvo sombra alguna. Redonda y gitana. Su toque es pausado y rotundo. Sus silencios grandiosos y elegantes. El taranto, al compás de un bolero, rezuma belleza y melodía. Y, para terminar, se fue por Huelva, que, según sus palabras era un “rebujao” entre jaleos y fandangos. Con todo esto, se le empieza a advertir a este guitarrista un toque propio y distinto.

José Antonio Carmona, en la percusión, se entendió mejor con su tío Rafael que con Rubén. De todas maneras, para mí, sobran los tambores, los platos y las cajas en conciertos tan íntimos como estos. Quizá un poquito de compás con las palmas…

Como fin de fiestas, los dos guitarristas terminaron de endulzar la noche con un vals, creado por el maestro, a la manera de Niño Miguel.

* Rafael ’Habichuela’ en la foto.

Siempre que bailo intento cantar con el cuerpo

Siempre que bailo intento cantar con el cuerpo

Entrevista a Eva Yerbabuena

Con motivo de la presentación en Granada del último espectáculo de Eva Yerbabuena, Lluvia, el próximo 31 de octubre en el Palacio de Congresos (no faltéis), publico esta entrevista que le hice a la bailaora hace algún tiempo y, por circunstancias adversas quedó inédita.

***

La agenda de Eva siempre está apretada. Tanto, que en persona es difícil hablar con ella. Nos dedica unos minutos, pero siempre da la impresión de que su cabeza se encuentra en otro sitio. Así que tuvimos que contactar con ella por teléfono. Eva se desplazaba en el Ave de Sevilla a Madrid, así que no podría ir muy lejos dentro del vagón. Pero el tren es rápido y, cuando nos dimos cuenta, ya estaba en Atocha. De manera que, de mil preguntas que corrían por nuestra cabeza, tuvimos que limitar la entrevista.

Naciste en Frankfur, aunque te criaste en Granada, entre los Ogíjares y Armilla. Ahora vives en Sevilla. Todo el año estás viajando. ¿Qué te queda de granadina?

Yo estuve hasta los ocho años en los Ogíjares. Después me trasladé a Armilla. Mi padre es de Armilla y mis abuelos vivían allí. De granadina me queda el alma. Eso es algo que siempre va contigo. Aunque no puedas vivir día a día, hay cosas que llevas contigo y no olvidas. A veces necesitas coger el cochecito e irte directamente para Granada y, aunque sean unas pocas de horas, ya con eso basta.

¿Vienes muy a menudo?

Sí, voy muy a menudo. Cada vez que puedo. Aparte, mi espíritu está lleno de Granada.

Llevas 7 espectáculos con tu compañía. ¿Por qué no todos han pasado por Granada?

Hay veces que me gustaría estar ahí. Que vieseis toda la evolución desde que uno empieza hasta que uno termina, pero unas veces no depende de mí y otras no depende de los que quieren que esté. A veces el espacio al que te han invitado es un espacio al aire libre y hay espectáculos que no se pueden realizar al aire libre, y otras veces te piden un espectáculo concreto, el que estés trabajando en ese momento. Pero mi intención es llevarlo todo a Granada.

¿Traerás Lluvia? [Cuando evidentemente no se sabía nada]

A mí me encantaría.

¿Por qué prefieres trabajar con hombres?

Bueno. Pues no lo sé. Quizá, como yo siempre digo, haya una parte de mí que también forme parte de lo masculino. Otras veces, puede que te sientas más femenina, que necesites estar más protegida. No lo sé. A mí me encanta trabajar con hombres.

¿Por qué son más fáciles de manejar?

[Risas] No, no creo. Tampoco se trata de eso. Tú sabes que mujeres guitarristas hay pocas y, además, tengo a mi marido, a Paco Jarana. Y me gustan las voces de hombres. No es que no me gusten las de mujeres, que me encantan

Te gustaría haber sido cantaora, por eso cuidas tanto el cante. ¿Es necesario sentir el cante para bailar?

A mí me gustaría ser cantaora. Siempre que bailo intento cantar con el cuerpo. Es algo que me gusta y realmente es lo que uno refleja.

El armazón musical también es imprescindible. ¿Qué le debes a Paco Jarana? ¿Qué tanto por ciento de Eva Yerbabuena es Paco Jarana?

Hay un porcentaje que es difícil de medirlo artísticamente. Cuando miramos un espectáculo, y no pensamos que el compositor es pareja de la coreógrafa, sabemos que la música es un cincuenta por ciento de un espectáculo. La música, la coreografía, la luz… todo es importante. Lo que pasa es que, al ser pareja, hay como más inquietud, en saber cómo, de qué manera… e incluso a la hora de medir el porcentaje, que es algo que nosotros nunca hacemos. Simplemente yo tengo una idea, una inquietud, y se la cuento a Paco. Y él me ayuda a ponerla en escena a través de la música.

¿Qué le debes a la improvisación, a la casualidad?

Las casualidades casi no existen. Las cosas que tienen que pasar, tienen que pasar. Yo le debo a todo aquello que hace que pueda compartir en un escenario. Y, además, es mi vida.  Es todo aquello que me inquieta, que me preocupa, que me divierte. Todo aquello que hace sentirme viva. Hay momentos que te dejas llevar. Y que te gusta hacerlo. Dejarme llevar por la música, el cante, el momento, la situación. Habrá días que me gusta lo que ha surgido y días que no. Ése es el riesgo.

El otro día, hablando con Paco Moyano sobre Lluvia, me dio una definición enigmática. Me dijo que no había sufrido con la obra, que no era nada angustiosa.

[Interrumpiéndome antes de lanzar la pregunta] Como dijo Einstein: “de la angustia nace la creación”.

¿Crees que has entrado a otra fase? ¿Crees que has madurado artísticamente?

Indiscutiblemente. Diez años de trayectoria te hace madurar por narices. Bueno, hay gente que llevan toda la vida y no madura. Yo creo que sí. Lo dije en su momento, cuando cumplimos diez años, que había una etapa que se cerraba y otra que empezaba. Y en Lluvia, está reflejado.

Has conquistado el mundo con la soleá. Siempre te la piden. En una ocasión intentaste dejar de hacerla (El huso de la memoria) para que no te encasillaran. En este último montaje has vuelto a ella. Aunque no lo quieras ¿Eva es soleá?

Yo le tengo mucho que agradecer a la soleá. Sí siempre la he hecho. Lo que pasa es que en El huso de la memoria y en Santo y seña hago una soleá diferente, una forma diferente de trasmitir, de moverme a través de la soleá. Es un baile al que le debo mucho. Te identifica. Dices soleá y la gente tiene a Eva en la cabeza. Es una forma de definirte, de que la gente te relacione con ella. Yo me siento agustísimo. Pero luego piensas que el flamenco no es solamente una soleá. Hay tarantas, hay alegrías, hay tangos… Entonces no me molesta. Cuando haces un espectáculo no solamente hay una soleá. Hay muchísimas cosas, a nivel coreográfico, a nivel de luces… lo que es el concepto de un espectáculo. Así, de alguna manera, te da pena de que al final la gente se haya quedado nada más con eso. Aunque, a lo mejor, es lo que más les llena y acaban hablando de eso. Pero no es que me moleste. Al contrario.

Eres empresaria, productora, guionista, coreógrafa, bailaora. ¿No te fías de los demás?

Como fiarme sí. No de todo el mundo. Pero sí que me fío. Aunque más me fijo. No de mucha gente me fío, pero fijarme, de todo el mundo. Nadie mejor que uno sabe lo que quiere y lo que necesita. Creo que es la mejor manera de encontrar. A veces te cuesta mucho contarle a los demás…E incluso es imposible que lleguen a imaginarse… O que se confundan… O que tú misma los confundas a la hora de explicar que es lo que quieres y lo que necesitas. Aparte que es algo que por mi situación y mis vivencias he tenido que hacer antes casi inconscientemente. Así que forma parte casi de la costumbre.

Para ser la mejor… Bueno, una de las mejores bailaoras de flamenco [para no ser categórico], que de ti han salido muchas chicas y chicos, no tienes seguidores-imitadores como el resto de los flamencos, quizá con menos nombre. El estilo de Eva no lo tiene nadie. ¿A que es debido?

Yo procuro a la hora de enseñar, que es lo que más me importa, precisamente hacerles ver que no se debe imitar a nadie. Y eso es algo, que si es así, me alegra, que se lo hayan tomado tan en serio. Lo peor es imitar. Cada uno tiene que ser uno mismo.

Te voy a referir algunos nombres para que me digas qué te sugieren. Si yo te digo Francisco Manuel Díaz.

Uff. Compañero. Padrino de nombre artístico. Compañero de comienzo. Un gran amigo. Conoce mi carrera de pe a pa. Forma parte de mi vida, de mi trayectoria y mi carrera.

Paco Moyano.

Bueno, pues Paco y Lola (su mujer) han sido como mis padres artísticos, de alguna manera, a través de FMD, que nos presentó en Granada. Con ellos partí por primera vez a Sevilla donde después me quedé. Los quiero muchísimo, les tengo mucho cariño y me han enseñado artísticamente y a nivel personal.

Mariquilla.

María Guardia formó, en su momento, durante dos años y pico parte de mi enseñanza, como maestra. Con la que tuve la oportunidad, aparte de dar clase con ella, de impartir clases, que eso también es muy importante.

Estuvimos en la inauguración de la Peña Yerbabuena de los Ogíjares. ¿Qué relación mantienes con ella?

Muy buena. La tengo al lado de casa. Cada vez que puedo voy a visitarla. Muy bien. Yo creo que me conocen todos desde pequeña. Hay un cariño muy grande. Y la labor, que siempre agradeceré, y el empeño que han puesto.

¿Te sientes querida en tu tierra?

Sí. Como dice mi amigo Paco Moyano, yo sólo sé que hay gente que me quiere y gente que no me quiere. Eso nos pasa a todos.

¿Percibes que eres embajadora de Granada?

Nunca me planteo si soy embajadora o no. Simplemente, fuera de Granada, me encanta cuando voy a cualquier sitio a trabajar y a comunicarme con la gente y compartir este arte nuestro, la verdad, me halaga muchísimo cuando dicen “eres de Granada”, pues sí soy de Granada. Y lo dices con ese orgullo… Eso es lo que yo me siento. Yo me siento, más que embajadora, granaína.

Ha nacido una estrella

Ha nacido una estrella

Primer aniversario Peña Juan Pinilla de Huétor Tájar

Nunca en el flamenco se ha visto un grupo de seguidores tan extenso y compacto como los que tiene Juan Pinilla. Desde que este chico alzó la voz en su pueblo, numerosos vecinos le brindaron su apoyo. Tanto es así que se fletan autobuses para sus actuaciones. Tanto es así que la peña flamenca de Huétor Tájar lleva su nombre, y el sábado, 3 de octubre, cumplió su primer aniversario, nombrándolo Presidente de Honor. Un cumpleaños feliz, al que acudieron numerosos artistas, amigos, autoridades y representantes de otras peñas (‘La Platería’ de Granada, ‘La Parra’ de Huétor Vega, ‘Manuel Ávila de Montefrío’, ‘Sonsonete’ de Ogijares). En el emotivo “acto sorpresa” se le reconoció su valía como cantaor, como persona y como embajador de Huétor Tájar en el mundo.

Para ilustrar la velada, como no podía ser menos, se programó un poquito de cante. Nada mejor en esta ocasión que una de sus alumnas aventajadas, una niña que sigue sus pasos. Ana Mochón tiene tan sólo catorce años y ya es capaz de erizar los pelos de los espectadores. En el último concurso de La Unión, se alzó con el premio de granaínas. Su edad, me consta, ha afectado a la concesión de otros galardones, “es joven, todavía tiene tiempo”. Pero, al César lo que es del César, la brillantez no tiene edad, los escollos están en el camino, no demos más cornadas de las que de por sí da la vida.

Aunque hayamos visto a Ana en más ocasiones, y haya preparado el vestido desde su papel en las Minas, este recital puede suponer su puesta de largo. Nunca la habíamos visto tan segura y contundente. Una afección de la voz, sin embargo, la llevó a estar poco afinada en el cante más ligero, pero, cuando la jondura nos visitaba, su control era perfecto.

Comenzó a templarse por alegrías. Pasó a levante, donde se acodó de Manuel Ávila. Fue grande en la soleá de la tierra y realmente notable en los tangos del Sacromonte. Hay que destacar en esta cantaora su dominio en la modulación. Se pasea en los bajos con holgura y estalla con sabiduría cuando hay que subir. También hay que reconocer la elección de sus letras, variadas y poco convencionales.

A su lado, la guitarra emocionada y certera del joven lojeño Kiki Corpas, que la arropaba con precisión. Para los tangos entró Álvaro Pérez ‘El Martinete’, de trece años, como segundo guitarrista, que sumó sus esfuerzos durante toda la segunda parte. Es más, abrió ésta con una rumba de Cepero muy aplaudida. Ana entró con unas tonás de buena factura, para pasar después a la granaína y media que ganó en La Unión, aunque allí estuviera más afinada y precisa. Para la amable guajira, siempre agradecida, estaba fuera de tono. Pero, si hay que quedarse con un palo, aparte de la soleá, elegiría la seguiriya, que bordó primorosamente, a pesar de su juventud. Terminó por bulerías. Correctas y bien acompasadas.

Seguidamente, lo que pasa en las peñas, el escenario queda abierto para que cualquiera aporte su granito de arena. Cristian Delgado, con la voz de sus doce años, todavía no hecha, aunque potente, nos cantó por malagueñas rematadas por Frasquito y unos fandangos. La velada concluyó con el protagonismo de Juan Pinilla, con otro par de fandanguitos.

* En la foto: Ana Mochón, Juan Pinilla y José Fernández.

El carisma de Paco Moyano

El carisma de Paco Moyano

XXII Festival Flamenco de Huétor Vega

El temor de un tiempo inestable en este principio otoñal ha obligado que el Festival Flamenco de Huétor Vega se haga sobre cubierto. La misma sede de la Peña ha servido de escenario para este evento. Al ser un sitio tan recogido, por otra parte, y no habilitado para albergar todo un festival en uso, se ha dividido en tres jornadas. Perentoriamente, es un poco chocante, y da pie a pensar que este festival se ha perdido, por la propuesta tan descafeinada. A toro pasado (escribo este artículo cuando sólo ha pasado el primer día del ciclo), ha propiciado otro enfoque para estas manifestaciones. Quizá sea una fórmula.

Pero ni las sesiones maratonianas y multitudinarias del habitual aire libre, donde, en muchos casos, consumimos flamenco a granel, ni el flamenco fragmentado y modesto, que da la sensación de todo menos de festival. ¿El término medio? Dejadme que piense…

Paco Moyano es particular, como el patio de mi casa. El primer aplauso es para la peña ‘La Parra’ y su intención de rescatarlo del olvido. Para Paco, el cante es su segunda actividad. Su vida no depende del flamenco. Quizá esto haya precipitado su paso a la retaguardia. Pero hubo un tiempo en que su voz se alzaba contra la injusticia. Paco Moyano es un cantaor comprometido, que ha cantado a poetas sociales, como Miguel Hernández, y ha cantado sus propias letras y ha aprendido de los grandes y ha creado escuela (Juan Pinilla grabó una mariana suya en su disco “Lámpara Minera”).

No esperemos de Paco una tremenda exactitud ni un pellizco gitano. No esperemos un cante arraigado y de reconocida altura. Encontraremos, sin embargo, conocimiento, entrega, gusto y emoción. Su recital no es nada convencional. Parece guiado por impulsos. El ambiente, las horas, conforme pasan, le dan los tonos. Se despereza con abandolaos y sigue con el polo. Por levante se acuerda de Manuel Ávila y acaba como él abandolándolo. Remata su primer pase con tangos del Piyayo. Tras el intermedio, nos sorprendió la vidalita, a la que siguieron cantiñas, seguiriyas y serranas. Y, para acabar su escueta actuación, hizo un romance mairenero por bulerías.

A su lado, la guitarra de Paco Cortés es un dulce salvavidas, que envuelve y recoge el cante como pocas. Si alguien quiere escuchar el toque granaíno por antonomasia que pregunte a Paco Cortés. Y entre Pacos se encuentra el juego. Dos seres carismáticos, que, junto a un cuidado sonido, hicieron pasar una velada entrañable.

Este festival continuó el sábado con la presencia de Luis Heredia ‘El Polaco’ y la guitarra sevillana de Manuel Herrera; y se cerrará el próximo día 17, también sábado, con el recital del bastetano Alberto López.

* Un momento de la actuación (© Pepe Morillas).

 

Calendario flamenco

Calendario flamenco

Al igual que en la web de la Federación de Peñas y animado por un lector, inauguro este mes un calendario flamenco, inserto a la derecha.

Hoy por hoy no es muy estético, se sale de la pantalla y hay que utilizar las barras de desplazamiento para consultarlo. Pero intentaré mejorarlo e incluso hacerlo interactivo.

Es decir, yo colgaré, con tiempo suficiente, a ser posible, los eventos de flamenco que consten en mi conocimiento, pero si algún visitante sabe de alguno que aquí no esté puesto, que pueda añadirlo con un solo clic de ratón*.

Espero que os sea útil.

* Ya se pueden añadir eventos, corregir o especificar los que existen. Tan sólo hay que pinchar en el botón de Google que aparece en el ángulo inferior derecho del calendario.

En la fábrica de ruido

En la fábrica de ruido

XVI Festival Flamenco “Frasquito Yerbagüena” de Cúllar Vega 

No tenemos perspectiva suficiente para evaluar a nadie en un festival, por las condiciones adversas. Sería injusto clasificar a cualquier flamenco por una actuación multitudinaria y mariatoniana. No siempre ha sido así. El festival, aparte de la peña, era el único sitio donde se podía escuchar en directo a un cantaor. Las cartas estaban echadas y las circunstancias eran tan intrínsecas a la función como puede ser el acompañamiento de la guitarra. Hoy, por suerte, podemos disfrutar de una voz, de un sonido, de una imagen en foros reducidos y acondicionados. El flamenco desde que entra en el teatro, en la intimidad de las doscientas o trescientas personas es otra cosa. Quizá pierda espontaneidad y pellizco. Pero gana fuerza y genera verdad.

Hay festivales, sin embargo, muy cuidados, que almohadan y engrandecen a los artistas. Hay otros que parecen carreras de obstáculos, que piden un sobreesfuerzo a los actuantes, para salvar los escollos, y piden un sobreesfuerzo al público asistente para comprender y desmenuzar lo que están viendo.

No sé por qué regla de tres el Festival Flamenco de Cúllar Vega se tuvo que celebrar en plena feria, cuando el chichimpún de la caseta de al lado vencía cualquier deseo de concentración y el vocerío amplificado de los columpios, de la tómbola o de la churrería era más fuerte que el sonido en el escenario. Para colmo, se sumaba a esto, el continuo murmullo, subido de tono para entenderse, de la gente en la barra, que flanqueaba toda la carpa. El técnico del festival, quizá con buena voluntad, saturó el sonido, queriendo que se impusiera en aquella torre de Babel. La distorsión, los acoples, los excesivos agudos… llegaban a hacer daño. Incomprensible todo esto en una localidad que tiene un excelente teatro, con una acústica envidiable. Incomprensible entre unos lugareños que pretenden dignificar el flamenco y recuperar el nombre que Cúllar llegó a moldear. Me gustaría ser uno de esos marcianos con muchas orejas para dedicar cada una a un sonido y tapar con cera las estridencias.

Dicho esto, los comentarios serán marginales. Sí podemos destacar la actuación de ‘El Polaco’, cantaor curtido en los festivales más adversos, aunque su previsible entrega y su remedo morentiano le restan interés. Más en su sitio estuvo Antonio Gómez ‘El Colorao’, prudente, largo, dominador, en buena forma. A Montse Pérez le venció el ambiente, aunque brillara por fandangos. José Fernández, que le tocó abrir el festival, también está por encima de los contratiempos, pero su buen gusto lo tuvimos que buscar buceando entre los ruidos, leyendo en los labios.

Reconocimiento merecen también los tocaores José Fernández ‘hijo’, tan flamenco, tan exacto, apoyando a su padre; pero, sobre todo, Ramón del Paso, acompañando a Luis Heredia y a Montse. Él solo es el espectáculo, limpio, certero, impasible.

El baile de Silvia Lozano, como siempre, flamenco y elegante, muy medido. A veces falto de pellizco. El dúo “La Sabica”, por su parte, se sujeta con alfileres. Tienen trasfondo, pero los descuidos y vicios de un baile demasiado académico pasan factura sin contemplaciones.

* Antonio Gómez 'El Colorao' en La Platería.

El flamenco empieza en Armilla

El flamenco empieza en Armilla

Festival de Flamenco Joven 

Un poco de miedo guiaba mis pasos al Festival Flamenco de Armilla, pues los cambios no siempre dan buenos resultados. De seguir la línea y, casi siempre, el mismo cartel de otros eventos veraniegos en la provincia, pasa a ser un encuentro de flamenco joven y además gratuito. Las papeletas para la decadencia estaban garantizadas. Pero la sorpresa fue doble al constatar que no se pierde una muestra flamenca, sino que se gana con el cambio. El artista joven, que aquí en Granada, por suerte, abunda con apuestas notables, tiene los dientes de leche, si me permiten la expresión a cambio de dientes retorcidos; es más claro y maleable y casi siempre más entusiasta. Un festival gratuito se populariza. A él acude quien quiere y no quien puede, que, en el caso del flamenco, es quien tiene interés realmente de asistir, pues no pierde nada, no se juega nada, y fuera hay otras alternativas.

Las edades de los actuantes irían desde los trece o catorce años hasta los veintipocos. Todos muy flamencos, todos muy entregados. Y con esa dosis de seriedad necesaria que la da el conocimiento y el estudio. Iván ‘El Centenillo’ abre la noche nada menos que con una granaína de buena factura, es generoso en los tangos de Granada y termina con fandangos, el último, sin micrófono, a pie de escenario, que se convertirá en una constante entre todos los cantaores de la noche. ‘El Gambimbas’ entra por seguiriyas. La mano de ‘El Colorao’, su maestro, es evidente. La prueba está en su segunda entrega. Canta la rumba “Mi mama” de Antonio Gómez. Unos fandangos rematan su actuación. Mª Ángeles Pérez ‘La Niña la Plata’ se atreve con una toná, para continuar con milongas y acabar con los fandangos habituales. Por último, Judith Urbano, con la voz más hecha que en pasadas ocasiones, festera y potente, se despereza con soleá por bulerías, alegrías y termina por tangos, interpretados de pie porque son acompañados por unas pataíllas, como en otros lugares las bulerías.

Los dos guitarristas de la velada, Enrique de Melgárez y Jonatan Morillas, se alternan entre los cantaores, aportando la buena madera que comienzan a destilar. Josué Heredia ‘El Cheíto’, con su caja, acompaña los temas festeros a discreción. Entre la actuación de cada cantaor, para enriquecer el festival y colorearlo un poquito más, David Córdoba y su grupo (María Sánchez, Victoria Macías y María Isabel Cortés) ilustran las tablas con su baile creativo.

Para el prolongado y bien recibido fin de fiestas por bulerías, asombrosamente, participaron todos los artistas, y algunos más presentes entre el público, demostrando el buen hacer y la sana complicidad de nuestros jóvenes flamencos.

* Como dato marginal os diré que un servidor presentó este festival con mucho gusto (aunque no hubo ni frutos secos).

Mario Maya en el recuerdo

Mario Maya en el recuerdo

Se cumple un año de la desaparición del maestro sacromontano

Hoy domingo, 27 de septiembre, hace un año justo que las complicaciones hospitalarias se llevaron al artista multidisciplinar Mario Maya. Aunque nació en Córdoba y murió en Sevilla, donde estableció su residencia, todos sabemos que fue granadino, amamantado en el Sacromonte, su fuente constante de inspiración. Mario fue un artista orgulloso (perdonen la redundancia) y, por tanto, un artista callado e introspectivo. Una de sus enseñanzas hacía preferible el prestigio a la fama. Él decía que “la fama es el prestigio en calderilla”. Como García Lorca, la inspiración siempre le llegaba trabajando. Mario era bailaor y bailarín, músico y compositor, profesor y coreógrafo. Pero, sobre todo, era un ser creativo, un espíritu inquieto e inconformista, que basaba su vida en la experiencia y en la búsqueda. El tiempo se le quedó pequeño. El hoy no existe, sólo el pasado, como punto de referencia, y el porvenir, que nunca llega, que se solapa con un nuevo futuro.

Hablo de Mario y creo que todo está dicho, que me repito, que nos repetimos. Ha pasado, sin embargo, un año sin su presencia y el hueco que nos ha dejado en Granada sigue siendo hueco. Algunas iniciativas particulares han surgido y el reconocimiento profesional lo tiene de forma permanente. Haciendo memoria (algo flaca en mi caso, lo reconozco), aplaudo a Juan Andrés Maya cuando dedicó el pasado Festival de Otoño y parte de su montaje a la figura de Mario; aplaudo a sus alumnos y amigos Anabel Moreno, Iván Vargas y Raimundo Benítez, cuando en la Platería hicieron un homenaje al maestro con su última creación contemporánea; aplaudo al Festival Internacional de Música y Danza cuando trajo el montaje de Belén Maya dedicado a su padre, donde se hacía un resumen de todas sus obras; aplaudo a Silvia Lozano, a Patricia Guerrero y a tantos bailaores que le han dedicado sus actuaciones y lo mantienen vivo en su recuerdo.

Pero su hueco, repito, no tiene flores institucionales. Granada dio la espalda a la Fundación Mario Maya. Su sede estará en Sevilla y en Córdoba. Aunque su universalidad está por encima de las ciudades y las fronteras, los puntos de referencia siempre son imprescindibles. No podemos quedarnos al margen de su memoria. No podemos permitirnos cerrarle las puertas a otro de nuestros hijos.

En este triste primer aniversario tendríamos que reflexionar y arrimar nuestro hombro a los esfuerzos e iniciativas de la Fundación. Es hora de sentarse y tender nuestras manos para que el flamenco no tenga espinas, para que Granada levante la cabeza.

La Casa de los Tiros hace agua

La Casa de los Tiros hace agua

La Guitarra en Otoño

El flamenco es un arte participativo. Aparte de los músicos habituales, en el ritual de la manifestación flamenca intervienen los oyentes con sus oles y jaleos, según el caso. Así, se crea toda una atmósfera rica en expresiones y en complicidad, inigualable en otras musicas. Siendo un patrimonio vivo, estos vítores van cambiando, se enriquecen o caen en desuso. Se dice, sobre todo de una guitarra, que es agua, cuando suena con determinada limpieza, con pulcritud tan cristalina que se asemeja a un manantial.

El jueves, en Casa de los Tiros, durante la segunda entrega del ciclo “La Guitarra en Otoño”, pudimos ver y escuchar tres guitarras que son agua. Los flamencos Alfredo Mesa y Ramón del Paso, cada uno a su estilo, y el clásico Karim dieron un recital de gran altura. El maracenero Alfredo Mesa, alumno de Miguel Ochando, apostó por la interpretación, remedando el toque, a veces circense, de Rafael Riqueni. Del maestro sevillano escogió una rondeña, una seguiriya y un garrotín. Karim es un concertista motrileño de 23 años. Su manejo de la guitarra y su sensibilidad son asombrosos. Para su debut entre flamencos, glosó “Asturias” de Isaac Albéniz y el “Adagio del Concierto de Aranjuez” de Joaquín Rodrigo, dos piezas interpretadas en su momento por Paco de Lucía. Karim terminó acercándose al compositor contemporáneo Roland Dyens. De este maestro tunecino, seleccionó los allegros “Tango en Skay” y “Fuoco”, dos temas para los que se requiere dominio y habilidad. El público, acostumbrado al flamenco, lanzó más de un ole a una música tan refinada.

Ramón del Paso, último intérprete de la velada, fue más tradicional en su elección. Su toque, limpio como el de los demás, está impregnado de notable mesura y sentido del ritmo. Natural de Huétor Vega, Ramón se recreó en una soleá, una granaína y unos tangos de Granada. Todo de factura propia. Para los tangos, realmente personales, confesó que “son un poquillo raros, le he metido unas cosillas…”.

Para terminar, los tres guitarristas en común, hicieron unas bulerías que levantaron al público en su totalidad.

Como anécdota, podemos decir que, entre los comentarios guitarrísticos en bastidores, surgió la coincidencia de que las tres guitarras estaban hechas en los talleres de los hermanos Marín.

* Ramón del Paso, en la foto, acompañando a María José Pérez (de la web de esta última).

Un festival modesto

Un festival modesto

XVIII Festival de Flamenco del Barrio Fígares-Río Tenerías

Va a resultar que sí hay clases entre los festivales de barrio. Quizá el problema no sea genérico sino particular de cada zona. Puede que el presupuesto y el interés se enfoquen hacia otros servicios y prestaciones. La realidad es que los festivales flamencos que se organizan en los barrios más céntricos de Granada dejan mucho que desear. Un escenario mediocre, falta de iluminación, un sonido pésimo… es lo que caracteriza a estos recitales. A veces, se complica aún más, con una barra próxima, que impone el ruido de fondo, o con un cartel pobre.

El jueves 24, el Barrio Fígares-Río Tenerías celebró la edición dieciocho de su Festival de Flamenco, en memoria de Francisco González “Paquillo”. Es una historia que se repite. Es una muestra mediocre que, año tras año, salvo excepciones, trae el mismo cartel, en el mismo marco. La belleza del Palacete del marqués de Mondéjar, ahora remodelado, es un verdadero lujo.

En este foro hemos visto crecer a Johnatan Vallejo, cantaor local, que empezaría con doce o trece años, y a su guitarrista Enrique de Melgarez. Ellos abrieron la noche con una soleá, y terminaron por fiesta con tangos y bulerías. Son jóvenes. Aún tienen mucho que aprender.

Manuel Palma El Zahoreño’ es la estrella continua de esta fiesta. Con su guitarrista, José María Ortiz, están como en casa. Complacen al público y son reposados y certeros. Comienzan con una milonga que principia con vidalita. Siguen por alegrías, tientos y granaínas, el plato fuerte de Manuel. Termina, como es habitual, con fandangos naturales. El último a pie de escenario, sin micrófono, y, se vuelve a repetir, la calidad se multiplica al no estar sonorizado. El daño de un mal técnico o un mal equipo suele abocar al fracaso cualquier actuación.

Tampoco estaría mal, para futuras muestras, plantearse la posibilidad de traer un poquito de baile.

* Fachada del Palacete del marqués de Mondéjar.

Peñas Flamencas

Peñas Flamencas

En Granada está La Platería, que es la primera peña flamenca del mundo, con sesenta años recién cumplidos. En nuestra provincia hay una docena de peñas federadas y otras cuantas "clandestinas".

Desde el mes de octubre, desde sus comienzos, las peñas programan un día por semana recitales de flamenco, generalmente los viernes o los sábados, a veces difícil de seguir.

Ayer me llegó una buena noticia: comienza a funcionar una web de la Federación de Peñas Granadinas (http://www.federacionflamencagranada.com), donde podremos ver sus actividades, memoria, fotos, vídeos....

Es una gran noticia que deseo compartir con todos los lectores de este blog.

El Albayzín recupera su noche flamenca

El Albayzín recupera su noche flamenca

Festival Flamenco del Albayzín

No llego a comprender como en un festival popular, en un campo comunitario, se ha acotado el terreno. Juan Andrés Maya, como director del Festival, no ha necesitado arrimar el ascua a su pescado, pues todas las sardinas de la parrilla eran suyas. Puede que responda, sin embargo, al esquema parcelario de nuestro Ayuntamiento.

Pero, dejando aparte las cuestiones políticas para foros más apropiados, hablemos del Festival en sí, que es lo que nos ocupa. En primer lugar, una serie de aciertos han precedido este evento. Su recuperación, después de dos años de olvido, es motivo de aplauso (aunque el anuncio de dicho Festival no tiene número, como si fuera el primero, como si la tradición no contara). Su ubicación en el Palacio de los Córdova, más que un punto positivo, es un verdadero lujo. El escenario puede ser la envidia de muchos otros barrios de la ciudad (¿más pobres?, ¿de menos categoría?). Pero las tablas no sonaban todo lo deseado, pero las luces no estaban bien reguladas y deslumbraban a los espectadores, pero un farol encendido castigaba a los músicos a la penumbra… El sonido, a pesar de los acoples, ha mejorado considerablemente. El ambigú estaba lo bastante retirado del escenario como para no interferir.

En cuanto a la función viene a ser más de lo mismo. La Cueva de la Rocío, vestida de fiesta, que baja al río. Una obra cerrada, llamada “Canastera”, creada por Juan Andrés Maya y dedicada a Loles del Cerro, ocupa la primera parte del espectáculo. Siendo repetitivo, el espejo en el espejo, puede que sea de los montajes más maduros de Juan Andrés, que se ha limitado ha dirigir. Lleno de individualidades, el espectáculo es vistoso, idóneo para contentar al visitante, a la medida de sus incondicionales.

En cuatro bailaoras del clan, o asociadas a éste, se sustenta la exhibición. Tras una presentación por tangos, un apunte por seguiriyas y un poquito por bulerías, por parte de los músicos, Rocío Vargas baila por alegrías, Vero ‘La India’ soleá por bulerías, Alba tarantos (los que llevó al Corral del Carbón este verano) y Raquel Heredia soleares. Son cuatro firmas del Camino. Son cuatro formas de destilar “lo que da la tierra”. Si nos quedamos con las manos de Alba, con los pies de Raquel, con las formas de Rocío, con la intuición de Vero, tendríamos el modelo de la bailaora gitana del Sacromonte, sin reposo alguno, con sus caracoles y sus flores en lo alto del moño.

Rafaela Reyes ‘La Repompa’ de Málaga, una de las artistas invitadas, hace copla por tangos y después bulerías, enriquecidos con cuplé. Es una artista como las de antes. Iván Vargas, otro supuesto invitado, baila unas alegrías, apoyado en una silla. Quizá no sea su mejor día, pero destila fuerza y belleza. Ha ganado en seguridad y control. Ya ríe en sus pasos. Unos pasos que tienen mucho de Mario, de Manolete, de Juan Andrés.

Antonio Cortés ‘Chiquetete’, auténtica estrella calé, imitado y venerado, con la voz más en forma que en otras ocasiones, hizo un recorrido por soleares, tientos-tangos y alegrías, antes de retomar algunas de sus exitosas canciones y terminar con sus sevillanas “Puerta de Toledo”.

Con un fin de fiestas por bulerías terminó un ¿primer Festival? que empieza a necesitar una revisión.

* Vero 'La India' (© Miguel Bervel).

Flamenco en la calle

Flamenco en la calle

XX Noche Flamenca  Plaza de Toros, Doctores, San Lázaro

Esta Noche flamenca se tenía que haber celebrado el miércoles, 16 de septiembre, pero, debido al continuo aguacero del precipitado otoño que nos envuelve, se pasó a la noche del jueves. De ahí la escasez de público. Una asistencia bastante reducida, que se fue incrementando a lo largo de la velada. Esto, sin contar los transeúntes que por allí pasaban y se quedaban un poco escuchando el cante. Tiene su encanto, tiene su sabor. Pero este flamenco en la calle, que no callejero, tiene el peligro de convertirse en flamenco tirao. Parece mentira que un festival de barrio, con el patrocinio del Ayuntamiento, cumpla veinte años en condiciones tan precarias. Va siendo hora de vindicar para el flamenco más medios y más apoyo, lo que simplemente quiere decir más dignidad. El escenario es cutre, con ese telón de fondo de tela verde arrugada; las tablas se mueven y se levantan, además, no suenan bien (que se lo pregunten a Silvia); la sonorización deja mucho que desear, no está compensada; la iluminación es pésima; y no sigo, para no aburrir. No echo culpas, sólo denuncio y que cada cual se mire por dentro. Menos mal que la calidad de los artistas es meridiana. Su entrega y sobre todo su voluntad, esconden los desperfectos bajo la alfombra (por si viene la suegra).

Abrió la noche la principiante Mamen Ruiz, natural de Iznájar. Su tímida intervención estuvo paliada por la belleza de su voz. Su cante, lógicamente festero, consistió en colombianas, una farruca muy libre y unos tangos a los que les faltó decisión. A la cordobesa le acompañó José María Ortiz a la guitarra, su maestro y mentor. El dominio de Ana Mochón, elevó varios enteros la calidez de una noche especialmente fresca. Comenzó por alegrías y fue realmente grande en las granaínas, con las que fue premiada recientemente en La Unión. Su voz, un poco tomada, quizá sirviera para añadirle un poco de aguardiente y pellizco a su entrega llena de altibajos y mecidos fraseos. La belleza de una guajira puso fin a su intervención, que estuvo acompañada por Vicente Márquez. Tanto cantaora como guitarrista se quedaron en el escenario para arropar por seguiriyas a la bailaora Silvia Lozano, ya habitual en este escenario. Con su baile bien medido, con elegancia y flamencura, fue sufriendo como nadie las deficiencias del festival, uniéndose, por si fuera poco, la ausencia de su cuadro oficial.

Tras el baile, el orgiveño Álvaro Rodríguez, con Vicente Márquez a su lado, evidenció su potencia de voz y el dominio de los cantes más añejos. Comenzó por soleá, a la que le siguieron tientos-tangos. Su última entrega fueron fandangos naturales, acabando sin micrófono, a boca de escenario. Sonó mejor que cuando estaba sonorizado. Con Antonio Fernández volvió Ortiz a la guitarra. Antonio tiene el regusto granadino y la sabiduría del aficionado cuando canta por seguiriyas, por malagueñas y, sobre todo, con esos tangos morentianos de sombra y luz. Luces por su buen decir y su afinación, sombras por el grito continuo y el paseo exclusivo por los altos.

* Ana Mochón en la foto (© Granada Hoy).

Granada reclama su protagonismo en la guitarra

Granada reclama su protagonismo en la guitarra

Emilio Maya y Eduardo López inauguran la segunda edición de “La Guitarra en Otoño”

Nadie puede negar que Granada es una tierra de guitarristas y de guitarreros. De los talleres granadinos han surgido algunas de las mejores guitarras que hay actualmente en el mundo. El soniquete de las cuerdas de los tocaores de la tierra es legendario. A vuelapluma, y sin irnos demasiado lejos en el tiempo, podemos acordarnos de Manuel Cano, de Juan y Pepe y Luis Habichuela, de Vicente ‘El Granaíno’, de los hermanos Cortés, de Miguel Ochando, de Luis Mariano y de toda una pléyade de guitarristas jóvenes y no tan jóvenes que compiten con el sonido del agua. Sin embargo, la guitarra en Granada, ha estado incomprensiblemente relegada a un segundo plano. Este instrumento en sí mismo puede parecer árido si lo comparamos con la transmisión del cante o, más claramente, con las bondades del baile. Los músicos lo saben. Saben que un disco de guitarra es difícil venderlo. Sabiamente, la mayoría de los tocaores, se rodean de algunos otros músicos y cantistas para acolchar la salida de su producto.

En el Festival de Música y Danza, alguna vez, recuerdo, la guitarra ha tomado protagonismo. En Flamenco Viene del Sur se programa a veces, las menos, a un destacado guitarrista. En Los Veranos del Corral, últimamente, algún tocaor joven comparte el escenario con el cante o el baile. También está cogiendo cierta solidez el Festival de la Guitarra de Huétor Vega. Ahora, por segundo año consecutivo, tenemos en la capital un festival dedicado exclusivamente al arte de las seis cuerdas. “La Guitarra en Otoño” es el primer encuentro flamenco con que se inicia el curso, después del verano. Pretende, además de exponer el estado actual de la guitarra en Granada, englobar en un mismo escenario a figuras consagradas y a jóvenes noveles de la guitarra, tanto flamenca como clásica.

El lugar elegido para la representación del ciclo es el patio del Museo Casa de los Tiros, uniendo así, si me lo permiten, el virtuosismo de la sonanta, sus sensibles trinos, eternos, frescos, extemporáneos, con la monumentalidad de un palacio del siglo XVI. Esto hace que la vida se detenga, que nuestro mundo se entrecorchetee y que sintamos, como Stendhal, un vahído de pura belleza.

La entrada es gratuita y el aforo limitado. Ciento cincuenta plazas, algunas de ellas sin posibilidad de sentarse, lo que explica las colas en la puerta durante una hora o más antes del comienzo del espectáculo. Alguno de estos aficionados, sin remedio, se quedarán en la puerta, sin poder participar en la velada. Otro día será. El ciclo se mostrará todos los jueves hasta el 22 de octubre, que lo clausura el flamencólogo sevillano José Luis Ortiz Nuevo y el guitarrista barcelonés Pedro Barragán.

El jueves 17, se inauguraron estos encuentros con Emilio Maya, una de las referencias guitarrísticas de Granada, y Eduardo López. Emilio, siendo flamenco, es un tocaor muy versátil, que retoza habitualmente con otras músicas, sobre todo con el jazz, aunque también ha colaborado en proyectos con músicos de clásica. Emilio siempre ha mantenido las ventanas bien abiertas y, no sólo se ha impregnado de los aromas que traen los aires de todos los puntos cardinales, sino que no ha rechazado ninguna propuesta de colaboración. Con un disco en la calle, llamado “Temple”, que próximamente lo presentará en Japón, está trabajando en un nuevo trabajo, del que nos participó en solitario unas sugerentes granaínas, con el nombre de “Tres piropos para Granada”. Su recital, acompañado de la violinista japonesa Maya, continuó con zapateado, taranto y seguiriya.

Antes que Emilio, la guitarra limpia y canora del guitarrista y profesor Eduardo López, nos hizo entrega de un repertorio clásico, muy cercano al flamenco. Fueron la rondeña, la petenera y el zapateado de Regino Sainz de la Maza. Para terminar, ambos guitarristas se encontraron en Manuel de Falla, donde coincidieron la sensible sonoridad de López con el ardor espontáneo y la flamencura de Maya. Ante la pregunta por su complicidad, Eduardo nos dijo que había sido muy fácil, mientras Emilio confesó que sólo habían ensayado dos minutos.

* Portada de Temple de Emilio Maya.

Si el tiempo lo permite

Si el tiempo lo permite

XX Noche Flamenca  Plaza de Toros, Doctores, San Lázaro

El otoño, al menos aquí en el sureste, se ha precipitado. Cuando otros años el verano se prolongaba hasta entrado octubre, incluso. Este loco 2009 ha mandado con urgencia unas lluvias y unas tormentas que, últimamente, tardaban en aparecer.

Pero, ya lo dice el refrán: "a mal tiempo, buena cara" (aunque habría que discutir lo que se concibe por mal tiempo). Y, lo que sí es cierto: "nunca llueve a gusto de todos" (véanse las inundaciones, por ejemplo.

En este caso, y para lo que nos ocupa, hoy podemos decir: "nunca llueve a gusto de toros", pues es este Festival, el de la Asociación de Vecinos de la Plaza de Toros, Doctores y San Lázaro, que cumple su vigésima edición, el que no se pudo celebrar anoche por las lluvias.

Encomendándose a los cielos y a los traviesos dioses, han decidido probar suerte hoy jueves, día 17 de septiembre, por si el cielo puede esperar. (Aunque, ya puestos, que espere un poco más, porque mañana viernes es la Noche Flamenca del Albayzín en el Palacio de los Córdova.)

En veinte años, como es lógico, han pasado por este encuentro flamenco la práctica totalidad de los flamencos de Granada. Organizado por los vecinos y respaldado por el Ayuntamiento, el Festival comenzará a las 22’00 horas, a espaldas de la Plaza (Calle Doctor Mesa Moles). La entrada, como siempre es gratuita.

Actuarán, para ir abriendo boca: al cante: Álvaro Rodríguez, Ana Mochón y Mamen Ruiz; a la guitarra: José María Ortiz y Vicente Márquez "Tente"; y al baile: Silvia Lozano y su grupo.