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Flamenco

Cargado de equipaje

Cargado de equipaje

Patrimonio Flamenco

Josele Ortiz, Josele de la Rosa, tiene mucho que decir, aunque se le agolpen las palabras. El sábado, en el Centro de Estudios Gitanos de La Chumbera, este joven guitarrista granadino ofreció lo que parece ser su primer montaje en solitario. Su puesta de largo, no obstante, estuvo ilustrada por algunos colaboradores y, quizá por exigencias de la sala, Carmen Yolanda, a los postres, bailó unas alegrías.

Para mí, sobraban la mitad de la cuadrilla. La Chumbera no es muy bondadosa con el sonido, por impedimentos técnico espaciales, pero cuando se impone la percusión o un cantaor satura la megafonía, el concierto puede estar echado por alto.

Quizá, la granaína con la que comenzó su entrega fuera de lo mejorcito. La interpretó en solitario y sin distorsión. El trabajo continuado regala sus frutos. Recordaba las fantasías de Luis Mariano.

A partir de ese momento comenzó a compartir escenario con violín y con un cajón y con distintas voces o con todo junto.

Un segundo tema, rico en matices, comienza con un poema de Benítez Carrasco y continúa con un solo percusionado para introducir los tangos del Camino. Es el marchamo de la ciudad. El soniquete que adquiere el guitarrista curtido en la zambra, no lo tiene nadie. Las voces, sin embargo, son estridentes y el resultado difuso.

El violín de Maya, como siempre fino y respetuoso, va enriqueciendo de vez en vez el toque de guitarra. Aunque tampoco es necesario.

De todas formas, como destaca Josele es en el acompañamiento y tocando atrás para el baile. Interpreta una soleá, que canta Iván Vallejo, y arropa a Fita Heredia por levante, una gran voz, muy gitana y muy flamenca, que puede llegar lejos. Entre estos dos temas, introduce una bulería con bastantes reminiscencias de tocaores de antes.

Terminan por alegrías que encierran fiesta y compases por seguiriyas, dándole aires a una bailaora muy colorida.

Para el fin de fiestas, Josele deja la guitarra y es el primero en echarse un bailecito, al que le sigue prácticamente el resto de los músicos.

* Josele de la Rosa (© Nono Guirado, foto de archivo).

La seguiriya del siglo

La seguiriya del siglo

Se me hace difícil comentar que Ana Mochón es la cantaora más completa de nuestra ciudad. Se me hace difícil afirmar que su seguiriya es de lo más auténtico que hemos oído en lo que llevamos de siglo. Y se me hace difícil porque Ana es una niña de quince años, que aún se está haciendo y tiene muchos precedentes; y porque la seguiriya es un cante de madurez, es un cante por derecho, de palabras mayores.

Exagero, sin embargo. Seguiriyeros buenos han pasado por nuestros escenarios (estoy recordando a Antonio ‘El Colorao’, a Nene de Santa Fe o a Miguel Lavi, por ejemplo). Pero el buen sabor de boca, la afinación, la ligazón de los tercios y el remate por cabales, levantó al público de sus asientos.

‘Solera y caña’ es una peña que se empeña en ser pequeña (valga la cacofonía), de Maracena. Una peña acogedora y coherente, en la que artistas y parroquianos se encuentran como en casa. Toda la verdad del flamenco pisa sus tablas y el duende, como dijo el presentador, planea entre los asistentes. Ana Mochón se sentía a gusto y el tocaor local, Alfredo Mesa, jugaba en su campo.

Ana tiene gran conocimiento del cante, domina los altibajos como pocos, está siempre afinada, tiene brillo en la voz y modula su torrente. Sus propuestas son arriesgadas y poco convencionales. Su entrega y profesionalidad la llevan a tal extremo que tiene la delicadeza de no repetirse en sus recitales, sobre todo si es un mismo foro la que la contempla. Así, si un día propuso alegrías y fandangos, al día siguiente hace caracoles y saeta. Si hace soleares, un día es de Triana y al otro de Alcalá.

Comienza el recital con la caña y continúa por malagueñas y abandolaos, que llegan a ser valientes cuando entona los fandangos de Granada. Ana vence y convence de una sola vez. Alfredo le va a la zaga, aunque a veces les falte la complicidad que se adquiere con la costumbre de tocar juntos. Lástima, una vez más, la megafonía.

Hay guitarristas que nacen y otros que se hacen. Hay artistas y hay artesanos de la guitarra. Mientras el artista estremece, el artesano sorprende. Mientras el artista nada en aguas mansas, el artesano lucha en la turbulencia. Alfredo crece, se expande, y siempre tiene algo nuevo que decir. Su toque limpio y canoro es toda una declaración.

Las milongas que siguen, La baladilla de los tres ríos, se la enseñó Antonio Trinidad. Ana la aborda derrochando belleza. Hermosa también es la farruca, como definitivos son los tangos del Camino con que termina el primer pase. Será una de las mayores representantes de nuestros cantes autóctonos.

La segunda parte comienza por caracoles y sigue por soleares. Una bella petenera precede a la seguiriya aludida en un principio. Termina por bulerías, cantadas de pie, como mandan los cánones, para acompañarlas con fresco braceo o graciosa pataílla. En éstas se acuerda de Alfileres de colores del jerezano Diego Carrasco.

Como bis, a los postres, interpretó una saeta. Tremenda.

* Ana Mochón en la peña de Huétor Tajar (foto de archivo).

 

La madurez de una idea

La madurez de una idea

De entre la luna y los hombres

No soy imparcial, confieso. Escribo desde la pasión. Pero quien esté libre de emociones que tire la primera piedra.

¿Cómo la luna plena, enorme en la noche, puede estar más llena? ¿Cómo a un vaso que rebosa, de gotas hasta el borde, le puede entrar más agua? ¿Cómo el grito supremo, que ahoga el mundo, puede expandirse hasta el huracán?

La Moneta. De entre la luna y los hombres, ese proyecto concreto, comprometido y hermoso. De una belleza minimalista, casi fría, si no fuera por el calor extremo que trasmite la bailaora. El negro y el blanco se dan cita. Y el rojo, como una gota de sangre, el dolor de la represión, las lágrimas de una mujer en un momento, que son todas las mujeres durante siglos.

La voz en off de Jaime Heredia, cantando a capela las bulerías desgarradas de Luis de la Pica, abre el telón. Ella, en sus trapos, descalza, sueña otra vida. Por malagueñas escapa de su cuerpo y es reina por una noche. Se desmelena con los abandolaos. No esconde nada. Calza sus tacones e interactúa con el espacio. Sus pies son tremendos, sus manos son tremendas, sus ojos son tremendos, su silencio es tremendo. No sólo habla la música y el baile, también canta el pensamiento.

Perdedora es una guajira que baila con abanico. Su desnudez se cubre con un solo abanico. “Sabes a beso frío”, retumba el verso de Ángeles Mora en un principio, mientras La Moneta emprende el vuelo. La música, el armazón rítmico, elaborado por Miguel Iglesias, es una de las claves de este espectáculo. El bajo eléctrico, en esta guajira y en otros momentos, tañido por Paco Iglesias, añade una profundidad y un contrapunto agradecidos.

La percusión de José Carrasco es tan respetuosa que pasa desapercibida. Los palmeros, ‘El Eléctrico’ y ‘Torombo’, con dos o tres más, son los mejores. La calidez de su compás es un latido permanente, el corazón de la noche.

La taranta De entre la luna y los hombres, da nombre al espectáculo. Poetiza Teresa Gómez: “y la pasión florece en mis caderas / donde la luna guarda / el sueño de los hombres”, que, en la voz de Eva Durán, llegan a doler. El sentimiento se escribe con letras mayúsculas. La Moneta desafía a sus ancestros.

Una introducción musical de Miguel aguarda una nueva aparición, un nuevo sueño. La bailaora, vestida de pantalón y chaqueta corta, aunque muy femeninos, entrecruza los géneros. Baila con malicia y desespero, con angustia y rabia. Pero, cuando sonríe, derrumba cualquier defensa.

A solas es un momento virtual donde ella se enfrenta a sí misma. La interesante duplicidad esconde la clave para comprender la obra. Un momento vital que puede que fuera lo más disonante por cuestiones técnicas. La Moneta de la izquierda quiere volar. La Moneta de la derecha se conforma tragándose su orgullo. Cuando la realidad triplica la ficción, por suerte, de momento, gana La Moneta activa.

El reposo, el tempo, la complicidad con la soleá es absoluta. Faltan palabras para definir la sensibilidad y la fuerza, el silencio y la estridencia, la quietud y el vértigo.

Para terminar, Paco, con su guitarra, entona una creación muy flamenca. La tela roja adquiere protagonismo. Fuensanta aparece con un vestido de cola, del mismo rojo que la tela que cuelga, del mismo dolor que la tela que arrastra. La Moneta maneja la bata de cola a voluntad. Estamos contemplando a una bailaora completa.

El sueño es lo que vemos. El vídeo hace de nuevo aparición como una nueva realidad. En camisón nuevamente, envuelta en sus trapos, cruza la pierna sobre una sábana, como si fuera la bata de cola, como si espejeara con la figura de carne y hueso.

Si la granadina es grande por soleá, es igual o más grande por seguiriyas. “Flor que se abre como una loba”, canta Eva, como conclusión a todo un concepto, toda una idea que ha evolucionado de manera indecible desde que fue estrenada.

Las seguiriyas son las señas de identidad de La Moneta. Con ellas empezó a tener un lenguaje propio, con ellas nos convenció, con ellas cierra un espectáculo verdaderamente esférico.

* La Moneta en un momento del espectáculo (© Nono Guirado).

La Moneta baila esta noche

La Moneta baila esta noche

Fuensanta, más Moneta que nunca, presentará esta noche, a las 21,00 horas, en el teatro Isidoro Máiquez de CajaGranada su obra De entre la luna y los hombres.

(También Marina Heredia actúa esta noche en París, en el Instituo Cervantes.)

* La Moneta en un momento del espectáculo (© Nono Guirado).

Premios “Flamenco Hoy”

Premios “Flamenco Hoy”

Concedido por la Asociación Nacional de Críticos de Flamenco

Ya son once años consecutivos los que se vienen entregando estos premios. Los críticos y escritores de flamenco de toda España nos hemos reunido para reconocer el trabajo anual de los artistas más destacados en su modalidad.

Actualmente, los miembros de esta asociación, pasamos de setenta, reuniendo a profesionales de la prensa escrita, la radio, la televisión e Internet.

Como todas las iniciativas, comenzó de manera algo marginal, con poca difusión y con repercusión limitada. Las primeras entregas se hicieron en Madrid, en Casa Patas y después en el Corral de la Pacheca.

De la capital, bajamos a Jerez, pienso que con intención de quedarnos definitivamente en Andalucía, la cuna del flamenco. Después de tres años en esta localidad gaditana, hasta la décima edición, este año los galardones se han entregado en el Gran Teatro de Córdoba y, el año que viene, si no hay impedimento, la ceremonia se realizará en Granada.

Hoy por hoy, estos premios tienen un prestigio sobresaliente por la atención mediática, por el reconocimiento e impulso al artista, porque es un espaldarazo por parte de los entendidos, de quienes llevan muchas horas al año dedicados al flamenco, de quienes llevan muchos años escribiendo sobre el tema, de quienes, en la medida de lo posible, han visto y oído todo lo que se produce, lo han evaluado y analizado, para trasmitir una opinión contrastada, que no un veredicto inexorable.

Cada vez se parece más a los Goya la ceremonia que nos conlleva. Nuestro presidente Alfonso Eduardo Pérez Orozco, curtido periodista entre el mundo del flamenco, del jazz y del cine, se ha empeñado en vestir de largo esta gala y, de manera familiar, hacer el mayor ruido posible.

Así la sala estaba llena, cómo no, de periodistas, pero también de artistas y gentes de la cultura, políticos e instituciones.

Una mención primera se les hizo a Fosforito y Blanca del Rey, allí presentes, como flamencos universales, nacidos y queridos en Córdoba.

Los premios, después de algunos ajustes propiciados por el tiempo y la lógica, han quedado en doce categorías, que a continuación relaciono con el resultado final:

1.- Mejor labor de difusión del flamenco en medios: Paco Sánchez.

2.- Mejor promoción del flamenco: Instituto Cervantes.

3.- Mejor libro flamenco: Luis Clemente  por Kitsch y Flamenco.

4.- Mejor DVD: Antología ‘Casacueva’ de Estrella Morente (Virgin, 2009).

5.- Mejor disco de cante revelación: David Lagos, por ‘El Espejo en que me miro’.

6.- Mejor disco de guitarra de acompañamiento: Moraíto en la obra Mujerez.

7.- Mejor disco instrumental: Niño Josele por su trabajo ‘Española’.

8.- Mejor productor: Ricardo Pachón por el disco Sólo por eso de Tomasa  ‘La Macanita’.

9.- Mejor bailaor: Marco Flores.

10.- Mejor bailaora: Fuensanta ‘La Moneta’.

11.- Mejor disco de guitarra solista: Vicente Amigo por su obra Paseo de Gracia

12.- Mejor disco de cante flamenco: Mujerez (BBK), donde participan Juana ‘la del Pipa’, ‘La Macanita’ y Dolores ‘Agujetas’.

Quería comentar el desarrollo del acto, los artistas que llegaron a la final y algunas anécdotas que pasaron en el Gran Teatro, como los continuos comentarios de ‘El Pele’ que lo tenía justo en el asiento de atrás, pero, para no alargar demasiado este post, que ya ocupa algo más de lo deseado, me las guardaré para ocasión más adecuada.

Diremos para acabar que se proyectó un poquito de baile del maestro Mario Maya, granadino nacido en Córdoba (aunque allí solamente era cordobés), de su espectáculo Camelamos naquerar. Su mujer Mariana Ovalle dijo unas sentidas palabras, hurgando, sin querer, en la llaga que me atormenta, cuando anunció que el legado del creador quedará entre Sevilla y Córdoba.

‘Morao’ subió un par de veces al escenario, a recoger los dos premios al disco Mujerez, uno el que le correspondía y otro en nombre de las cantaoras, ausentes por motivos profesionales, y se despidió como yo voy a hacerlo ahora: “Larga vida al flamenco”.

 

“Yo me sigo viendo como alumna”

“Yo me sigo viendo como alumna”

La Moneta gana el premio “Flamenco Hoy” como mejor bailaora del año 2009 concedido por la Asociación Nacional de Críticos de Flamenco

El próximo día 27 presentará en Granada su espectáculo    De entre la luna y los hombres

Ayer miércoles, 23 de febrero, Fuensanta ‘La Moneta’, bailaora granadina, recibió el premio “Flamenco Hoy”, en el Gran Teatro de Córdoba, como mejor bailaora del año 2009 concedido por casi setenta críticos de flamenco de toda España, tanto de prensa como de radio, televisión e Internet. Tras un largo proceso de selección, quedaron como finalistas Rocío Molina, Lola Greco y ‘La Moneta’, alzándose esta última con el triunfo.

Mejor bailaora del año según la crítica especializada. ¿Qué te parece?

Me parece que es un aliento, porque un premio es algo que siempre a uno le gusta recibir. Tiene dos caras; es un aliciente pero también es una responsabilidad. Ahora tengo que demostrar que de verdad me lo merezco. Acepto y asumo esa responsabilidad hace que me exija un poquito más. Además, siendo el premio de los entendidos, de los que nos critican, es doblemente valorado. Es un premio que tiene peso, y da categoría a quien lo recibe por quien lo da.

En el 2003 ganaste el Desplante, en el Concurso de La Unión, ahora, en el 2010 se te concede este premio Flamenco Hoy, ¿y los siete años que quedan en el camino?

Han sido siete años de trabajo constante, de esfuerzo, de dar salida a mis inquietudes y de no parar. Ha habido un proceso natural entre estos dos premios que creo que ha sido necesario. La evolución es evidente.

En estos siete años has pisado medio mundo.

Sí, he estado en Nueva York, en México, en Japón, en Francia, en Alemania, en Italia, en los Países Bajos…

¿Cuál es el mejor de los públicos?

Para mí son los japoneses. Es el público más respetuoso y el más sensible que me he cruzado en mi carrera. Entre el público de Japón y yo se ha establecido una relación muy especial. Cuando he bailado para ellos, ha pasado algo. De alguna forma hemos conectado.

¿Para ser alguien en el flamenco hay que salir de Granada?

Yo vivo en Granada. Pero hace falta salir. Conocer otros escenarios y que te conozcan.

¿Triunfar en Jerez, en Sevilla o en Madrid?

Es necesario triunfar en las tres ciudades. Cada una en su momento y cuando tenga que ser. Pero las tres son importantes para una artista flamenca.

El año pasado, llegas a Madrid para presentar tu espectáculo “De entre la luna y los hombres”, compartiendo esos días espacio con Eva Yerbabuena y Sara Baras, que también estrenaban en la capital. ¿Cómo fue tu aventura en el Teatro de la Zarzuela?

Fue una experiencia muy importante. Porque hablamos de Madrid, hablamos del Teatro de la Zarzuela… Supongo que ha tenido más repercusión en mi persona que en mi carrera. A mí personalmente me supuso dar un paso más hacia delante. Compartir espacio con estas dos grandes bailaoras era un orgullo y una responsabilidad. Era consciente, y ahora estoy segura, de estar en un lugar enriquecedor para mi carrera. Además llegó en un momento de reflexión, en el que me planteaba qué había hecho hasta ese momento y qué iba a hacer a partir de entonces. Lo que había hecho hasta ese momento estaba llegando a su fin y había que abrir puertas nuevas. De hecho, mi próximo espectáculo, que voy a estrenar en la Bienal de Sevilla, habla de esa sensación. Y nace en ese momento, en Madrid.

¿Qué dificultades encuentras como bailaora sobre el escenario?

Nosotros somos los que damos la cara y se supone que somos los que mandamos en el escenario, pero la verdad dependemos completamente de quien llevemos atrás. Se tiene que establecer una relación, un diálogo…

Tú siempre te has sabido rodear.

Yo he intentado siempre rodearme de buena gente y de gente que a mí me aporte. Si no son buenos profesionales, no van a estar a la altura, no van a responder y no te van a dar lo que tú necesitas. Yo, personalmente, necesito a gente que cuando me canten o cuando me toquen me peguen “bocaos”. Gente que me revuelva las entrañas para sacar lo que yo ni sé que tengo.

Empezaste en las cuevas y después, quizá a raíz del “Desplante”, diste el salto para bailar en solitario. ¿Has echado de menos pertenecer a una compañía?

Mi carrera comenzó en solitario antes de recibir el “Desplante”. Precisamente, después de ganar el premio fue cuando entré en una compañía, que parece una contradicción, pero yo lo veo como un acierto, porque el “Desplante” me vino muy joven. En el momento que me dieron el premio me planteé qué hacía a partir de entonces. Me vuelvo loca y empiezo a montar compañías y ya soy la figura con 19 años. No, es un aliciente, un empuje, para que yo siga aprendiendo y evolucionando. Así que entré en la compañía de Javier Latorre.

Has estudiado con Latorre, con Mario, con Juana, con Matilde… Ahora eres tú la que da clases. ¿Prefieres ser alumna o profesora?

Yo me sigo viendo como alumna. Creo que lo poquito que sé puedo trasmitirlo a gente que está en otro nivel y que vienen a mis clases porque me quieren o me aceptan como artista. Por eso, creo que puedo trasmitirles lo que sé, pero indudablemente soy alumna porque sigo aprendiendo de los maestros.

¿Cuales son tus referencias?

Siempre he tenido tres referencias, pero no son las únicas, Carmen Amaya, Manuela Carrasco y Eva La Yerbabuena. Han sido para mí espejos donde mirarme. Pero, curiosamente, con ninguna de ellas he dado clases. He aprendido de verlas, de lo que ellas trasmiten cuando bailan.

¿Y otros bailaores jóvenes para tener en cuenta?

Bailaores jóvenes del momento que tienen mucho que decir, veo a Manolo Liñán, Rocío Molina, Pastora Galván, Amador Rojas, por ejemplo.

Te distingues por tu fuerza, pureza y flamencura. Tienes un baile reconocible, muy personal. Pero hay otros estilos. Te hemos visto últimamente compartir escenario con Rafael Estévez. ¿Cómo te influye ese tipo de baile tan vanguardista?

Yo me quedaría de ese baile con el concepto, con la manera de conceptualizar el flamenco tradicional, beber constantemente de la fuente, para darle la vuelta y descomponerla, para luego volver a desembocar en ella. Es la búsqueda de un lenguaje propio sin abandonar los orígenes. Porque si te olvidas de eso, no estás pisando sobre firme.

El 27 de este mes de febrero traes al teatro Isidoro Máiquez de Granada “La luna y los hombres”. ¿Qué te ha reportado esa obra en la que llevas un peso tan grande?

En principio, me he obligado a abrirme a nuevas formas. Venía de ser una bailaora de formato tradicional, pero mis inquietudes y necesidades me impulsaron a coger un formato de más envergadura, en el que tuviera que expresarme de otra manera, sin dejar de ser yo.

El espectáculo depende de ti completamente.

Depende de mí porque es un monólogo y me echo a la espalda hora y media de baile sin parar.

¿Ha cambiado respecto al montaje original? ¿Veremos algo nuevo?

Habrá algo distinto porque la escenografía se ha reducido un poco. Los músicos siguen siendo los mismos y los bailes también. Es el mismo concepto, pero más maduro.

Para terminar, ¿cuáles son tus próximos proyectos?

Tengo dos estrenos. Uno es el 9 de julio en el teatro Isabel la Católica, dentro del Festival de Música y Danza de Granada. Que es un espectáculo algo minimalista. Y otro el 8 de octubre en la Bienal de Sevilla, en el teatro Lope de Vega, que es una obra completamente diferente, en la que llevo conmigo a tres bailaores. También voy a ir este año al Festival de Avignon. Tengo contratos cerrados en Holanda y en Suiza, y participaré en el Festival del Taranto en Almería, en el Festival de Moguer…

Nuevos aires desde Córdoba

Nuevos aires desde Córdoba

Patrimonio Flamenco

En Córdoba hay una estela muy personal en cuanto al baile se refiere. Javier Latorre, como creador y maestro, encabeza la propuesta. Pero se deben recordar otros nombres propios en la ciudad de la Mezquita que pesan por sí solos, como pueden ser el de Olga Pericet, Dani Navarro o Fran Espinosa. A este grupo, por derecho, se le puede unir el nombre de Ana María García, ‘Ana María de Córdoba’, por su trabajo personal, por su elegancia y sensualidad. El sábado, en La Chumbera, me llevé una grata. Mira que no iba a ir. Las ofertas se multiplican cuando algo interesa. Otros días, por más que busques, no encuentras nada.

Lucía Guarnido, amiga y compañera de la bailaora, glosó su figura, a falta del presentador habitual, José Manuel Rojas. José Luis Medina, con su guitarra, fue el encargado de romper el hielo con una granaína. Es un atrevimiento en Granada romper con sabores de la tierra cuando eres de fuera. Se echó de menos la sonoridad de la guitarra granadina, pero el joven cordobés salió airoso. Sus arpegios están a la altura, aunque el sonido, asignatura pendiente en esta sala, no fuera el deseado. El guitarrista será más contundente en próximas entregas, como las malagueñas o los tanguillos.

Para la soleá descubrimos dos voces nuevas en nuestros foros. Se trata de Rosi Navarro ‘La Divi’, con una voz muy flamenca y entregada, y de la simpatía de Juan Murube que, bajo la sombra de Chano Lobato, demostrado con creces en los tanguillos y las alegrías, sufrió también los problemas de una sonorización descompensada. Ana María de Córdoba, vestida de oro, se presenta creativa y seductora. Remueve el espíritu y alegra el semblante y trasmite nuevos aires que soplan desde córdoba, siempre callada pero constante.

Las malagueñas de Rosi, muy en su sitio, se abandolan por rondeñas y otros aires serranos. En los tanguillos, como decimos, Juan Murube se identifica como seguidor del compás gaditano. Prima la modulación y el fraseo antes que la comprensión. El compás manda y el sonido sigue revuelto.

Por alegrías acaba el recital. Son variadas y generosas. Ana María impone su presencia, seduce con su estampa y sus paseos. A veces se echa de menos el reposo. Ella manda y, en la escobilla, se impone como algo precioso que descubrir, como una llama que arde por sí sola, a la que no hay que perder de vista.

El fin de fiestas, casi obligatorio, fue una pincelada de sal.

* Fotografía extraída de su blog.

Flamenco familiar

Flamenco familiar

Flamenco Viene del Sur

Comienza Flamenco Viene del Sur con más sombras que luces. El programa no sólo es pobre sino repetitivo. A Pepa Montes ya la vimos en la edición pasada y a Calixto Sánchez; Pedro Ricardo Miño repite dos veces este año; no hay ningún participante de Granada, ni aquí ni en ninguna de las provincias que programa Flamenco Viene del Sur… Bueno, el 10 de mayo tendremos a Miguel Ángel Cortés, pero me temo que, afincado en Sevilla, de donde viene, no se justifica el despropósito.

La sombras también estuvieron presentes en la obra que el jueves pasado inauguró el ciclo. No sólo porque la gran mayoría del espectáculo se desarrollara en una inexplicable penumbra (la luz escaseaba como en un cuadro de Rembrant), sino por el desatino general que envolvía el espectáculo en sí.

En primer lugar, choca un nominativo tan pretencioso como carente de resultado. Llamar “Flamenco Universal” a un recital crudo de flamenco, casi de andar por casa, con una línea argumental tan fina que pasa por no existir, es como poco oportunista. Una posible explicación, en cambio, se me ocurre, si entendemos que el flamenco de raíz, el de toda la vida, el de tablao y patio, el de cuartito y de jarana, sea en realidad el arte universal que quieren presentarnos.

Obra sin argumento, como digo, y sin enjundia. Más le hubiera valido un planteamiento simple, de recital, donde tocara el arriesgado Ricardo Miño y bailara por derecho Pepa Montes. Un baile clásico, puro y elegante, que se ve reforzado por los jóvenes bailaores Abel Harana y Jesús Ortega. Complemento que enturbiaba más que complementar, aunque con la farruca (como homenaje a Gades), ilustrada tan sólo el piano de Pedro Ricardo Miño(1), hermosearan su presencia.

Del piano, extraordinario, se abusa; como se abusa de la improvisación. Aunque uno de los mejores momentos participa de estos dos excesos. El diálogo entre la guitarra y el piano, entre el padre y el hijo, fue de gran inspiración. Ricardo Miño suena muy fresco y muy flamenco, a pesar del desafinado, a pesar de que no siempre se entendiera con la segunda guitarra de Paco Vargas. Juan Ruiz a la percusión también andaba despistado.

Las mejores escenas, aparte del dúo ya mencionado, son los bailes de Pepa, la caña, el garrotín y las cantiñas (que en el programa se limitan a poner mirabrás).

Un espectáculo demasiado largo para las prestaciones que ofrece, que se hizo extensivo con el fin de fiestas.

(1) El piano en el flamenco, aunque se adapta a la perfección y de da un espacio vertiginoso a la voz del cantaor, alcanza una especie de cultismo donde la queja contenida se abre paso a duras penas.

* Pepa Montes (© deflamenco.com).

 

La flor en la sombra

La flor en la sombra

Los jueves de Sugarpop

Un haiku de Munárriz viene a decir que en el fragor de la contienda vuela una mariposa. Un lugar de copas, una sala oscura, cargada de humo y alcohol, en las entrañas del centro de Granada, es uno de los lugares menos apropiados para convocar el duende. Sin embargo, los responsables de la Sala Sugarpop han decidido dedicar los jueves a la música en directo, empezando nada menos que con flamenco. Pepe Luis Carmona, hombre curtido en el escenario y en la vida, fue el encargado de inaugurar este ciclo.

Pepe Luis es flamenco por los cuatro costados, es gitano como los de antes, que se crece ante las condiciones adversas, que se estimula con el ole bien dicho de un aficionado. No busca el cante, sino que el arte lo busca a él.

Como cantaor de antes, el tiempo le hace mella, cada arruga es una muesca más en las cachas del revolver de la vida, cada copa es una nueva puerta abierta. Y en su cara, la fatiga. Y en su espíritu, la queja.

Comienza por derecho. La soleá, que se asoma a Alcalá, siendo su primera entrega, es el plato fuerte. Con pellizco y enjundia, el cantaor se duele, como nos duele a los espectadores. A su lado, Rafael Santiago, otro Habichuela, arranca fantasías a su guitarra.

Para los tientos tangos requiere compás. Sube a las tablas José Antonio Carmona con su caja. Ya son tres Habichuelas en la escena. El cante es llevadero y el fraseo con gusto.

Después de un breve descanso vuelve con martinetes. Para mí uno de sus palos estrella, donde no depende de nadie, donde el aguardiente de su voz desgarra el silencio e impone un eco que llega a aturdir. José Antonio, casi de improviso, le da el contrapunto con la percusión.

Unos compases de alegrías y un manojo de fandangos, que ganan incondicionalmente cuando el hijo de Luis Habichuela se aparta del micrófono, terminan de caldear el ambuente.

Como fin de fiesta, reivindicando la tierra, nos deja unos tangos, donde se aprecia sin igual el soniquete de la sonanta sacromontana de la estirpe de los número uno.

De regalo, antes de irse, coreado por el público entusiasmado, entonan el Se dejaba llevar de Antonio Vega, ese tema inmenso que el gran músico, lamentablemente desaparecido, grabó con los Ketama, también Habichuela. En esta pieza colaboran dos músicos asociados al local: José Manuel Rojas, en la voz, y Cipri, a la guitarra.

* En la foto, Pepe Luis Habichuela y José Manuel Rojas (© Granada Hoy).

Flamenco se escribe con ele

Flamenco se escribe con ele

Inauguración de la Peña Cultural de Arte Flamenco de Las Gabias

Lo mejor son las ganas que tienen de hacer cosas nuevas, de mirar por el flamenco, de volver a ser lo que fueron. Un grupo de jóvenes gabinenses o gabirros (que los dos gentilicios son aptos para designar a los habitantes de Las Gabias) han decidido recuperar la antigua peña flamenca de su localidad. Una peña que sabiamente se denomina cultural y artística. Desde los años 70, en que se creó, tuvieron claro que el flamenco no es sólo una diversión ni una manifestación folklórica, sino que es una parte importante de nuestro patrimonio.

Pedro Benzal, Delegado de Cultura, presente en el acto de apertura, prometió apoyar, desde la Junta de Andalucía en Granada, el flamenco en general y a las peñas en particular; y recordó el dato que puso de manifiesto Manuel Pimentel cuando se presentó por primera vez el flamenco como Patrimonio Oral de la Humanidad, que las señas de identidad españolas son en realidad las señas de identidad andaluzas, encabezadas por el flamenco.

Vanesa Polo Gil, alcaldesa de la localidad, hizo un poquito de historia de la peña, en su etapa anterior, contó anécdotas y mencionó algunos de los artistas de prestigio que habían puesto los pies en su escenario, como ‘El Agujetas’, José Menese, Chocolate o José Mercé (también estuvo Fosforito, por ejemplo). La primer edil citó que Flamenco se escribe con ele, parafraseando a ‘El Lebrijano’.

Mario Morente, presidente de la peña, agradeció la presencia y el apoyó y homenajeó a los antiguos presidentes de la institución, entre ellos su padre, allí presente.

Por circunstancias de traslado, me imagino, el plato fuerte se sirvió al principio. Desde Huércal de Almería, entorno a la peña “El Ciego de la Playa”, viene Toñi Fernández arrasando con su viveza y ecos de fragua. Su puesta en escena es intachable para una dama tan joven, y su cante fresquísimo y gitano.

Toñi, apuesta fuerte desde el principio. Unas seguiriyas tan llenas de quejío que recuerdan a la Piriñaca fueron su primera entrega. Continúa por tangos canasteros, que la guitarra de Alfredo Mesa almohada a la perfección. Su soniquete limpio y preciso le hace entrar por derecho en el grupo de élite de los tocaores granadinos. La almeriense se vuelve a romper en la soleá, demostrando que hay palos que duelen (perdón por el chiste involuntario). Como buena gitana, acaba por fiesta, despejando el escenario para darse su pataílla y su agradable braceo. En momentos también recuerda a Aurora Vargas.

Marta ‘La Niña’ es socia de la peña. De la escuela de Antonio ‘El Colorao’, lleva un tiempo buscando su camino. Un camino que sin duda está encontrando. La evolución de Marta es manifiesta. Destaca su voz clara y poderosa. Sus letras se entienden y las lanza al público como si no le quedaran más días para cantar. Con conocimiento se despereza con un martinete, que se vuelve debla y termina por cabales, con la complicidad de Alfredo Mesa. Su soleá es apolá, la que cantaba ‘El Niño de Jun’. Continúa con una bella vidalita y termina con granaína y media. Como regalo final hace un fandango a capela en honor de su madre.

Tras el descanso, también de la escuela de Antonio Gómez, ‘El Gambimbas’, con su entrega y su gracia particular, empieza con seguiriyas y sigue con tientos-tangos, recuerda a su maestro con Mi mama y termina con soleá por bulerías, ilustradas con el baile lozanero (1) de Ana Velázquez. ‘El Melgares’, ha relevado a Alfredo a la guitarra.

Como artista invitado, Rafa hoces borda una granaína con las seis cuerdas. Al final de la velada acompañará a Marta por cantiñas.

Otra de las invitadas de excepción fue María Reyes con su familia, haciéndole un compás gracioso y casero. María tiene todo el sabor del que canta para los suyos, tendiendo la ropa o moviendo el perol. Le acompaña ‘El Melgares’ pero como si no estuviera. La matriarca de los Reyes comienza con una letrilla por levante y en seguida cambia a bulerías por soleá, como arrepentida. Su voz es gitana y eterna, llena de sabiduría, pero indómita. Unos tímidos fandangos demuestran que ella no es artista para escenario. Termina por tangos, en colaboración con sus niños que le hacen compás y coros. Varias de las estrofas son en calé.

Todos los participantes nos dejan con un sabroso fin de fiestas por bulerías.

(1) de Silvia Lozano.

* En la foto Toñi Fernández.

Prueba superada

Prueba superada

Hubo un condenado a muerte en madrugada de invierno. Cuando los guardias lo despertaron para dormirlo para el resto de sus días, es decir, de sus noches, el ajusticiado notó el relente. A uno de sus captores, el más complaciente, bonachón o aburrido, le pidió capa o manta, quejándose del frescor de la mañana, no quería que temblando de frío pensaran que era de miedo.

Yo experimenté el efecto contrario al salir a presentar el viernes el “X Festival Flamenco de Monachil”: el frío camuflaba el miedo. Siempre me pasa que cuando tengo que salir al escenario, la congoja me asalta. Hasta que pasan los primeros minutos y escucho las primeras risas y siento la complicidad del público, me siento como si estuviera atravesando un cable finísimo por encima de una catarata gigante.

Al final, sin embargo, le cojo tal gusto que me da pena que se acabe. Y, sobre todo, cuando me vienen felicitaciones y palmaditas en la espalda.

José Balao abrió la noche, con unas facultades desconocidas. Para una próxima operación ha adelgazado 22 kilos, lo que ha repercutido positivamente en el control de su respiración y en su eco flamenco, últimamente apagado. El presentador, es decir, yo mismo, dije que había perdido barriga, pero había ganado sabiduría. Empezó por malagueñas y abandolaos, que fueron de Granada. Después hizo una milonga, La baladilla de los tres ríos, de García Lorca, que le había pedido entre bambalinas. En los tientos-tangos evidenció su inclinación morentiana. Terminó con unos “fandangazos” de buena factura.

Juan José Garrido es un cantaor joven, que tiene la voz bonita y gusto en el fraseo, aunque su inmadurez aún es manifiesta. Con un repertorio eminentemente granadino, dejó su impronta. La soleá del Niño de Jun, los tangos del Camino y las malagueñas, rematadas con fandangos del Albaicín, fueron su propuesta. Unas alegrías de Córdoba, en las que se fue un par de veces, rompieron el monográfico.

Desde Málaga, José Parra, cantaor camaroniano donde los haya, bordó unos tarantos del maestro. No estuvo tan fino sorprendentemente en los tangos canasteros ni en las bulerías. No se encontraba bien físicamente. Las “almóndigas” de la tapa no le habían sentado bien.

Después del descanso, Isa Vega, bailaora de fuerza incombustible, plantó su palmito para colorear la noche con unas generosas soleá por bulerías. Su cuadro, eminentemente sacromontano, redunda en la justa medida que esta flamenca necesita. Al cante, Sara Heredia, a la guitarra, Antonio ‘El Chonico’, y a la percusión, ‘Luki’, hermano de la bailaora.

Judith Urbano está sentando las bases como cantaora a tener en cuenta. De momento tiene decenas de festivales a sus espaldas y se sigue santiguando para salir al escenario. Su voz es potente y grave y tiene presencia. Abre con granaína y media y cierra con tangos, cercanos a Marina (aunque ella dice que le inspira más Esperanza Fernández). Muy festera, completó su actuación con Alegrías y con fandangos de Granada.

Para terminar, Luis Heredia ‘El Polaco’ hizo gala de su poderío y de sus años. Su conocimiento y buen hacer recogen los mejores aplausos. Sus habituales romances por bulerías templan su entrada. Sigue con alegrías, acordándose también de Morente. A petición del respetable interpreta una vidalita. Después unos fandangos naturales (algunos a boca de escenario). Y se va por bulerías.

Las guitarras excepcionales del Festival fueron la del preciso Manuel Carvajal, de pulsión fuerte, que acompañó a Balao, Juanjo y Judith; y la del sonoro y dulce Ramón del Paso que arropó a José Parra y a Luis.

(El sonido, mejor que otras veces, pero sin llegar a estar fino.)

* Cuando me ponen detrás de un micro...

Festival Flamenco de Monachil

Festival Flamenco de Monachil

No suelo avanzar una actividad flamenca. Soy, como sabéis, un analizador desde la barrera. Con sus pros y con sus contras, he evaluado en caliente casi todo lo que he visto, durante más de seis años.

La inmediatez de la noticia muestra algunos alfileres. Aunque la crítica se publicara a los dos días del evento, un servidor tenía que rumiarla a la mañana siguiente, si no la misma noche.

Lo cual tiene sus ventajas (frescura, primera mano, emoción) y sus inconvenientes (equívocos, escritura casi automática, falta de reflexión). Aunque el hábito era un valor en sí mismo. La praxis jugaba en mi favor. El día a día ayudaba a la fluidez.

Mañana viernes, 5 de febrero, se celebra el "X Festival Flamenco de Monachil" el cual presento.

Es la primera vez que oficialmente hago de maestro de ceremonias en este escenario. Otras veces lo he presentado pero de rebote. Pidieron mi ayuda cuando falló el presentador (y yo soy muy facilón).

El Festival tendrá lugar a las 22,00 horas en la Casa de la Cultura de Monachil e intervendrán, al cante, ’El Polaco’, José Parra, Judith Urbano y José Balao; a la guitarra, Antonio Carvajal y Ramón del Paso; y al baile Isa Vega y su grupo.

La entrada es 5 euros (la salida gratis).

En días posteriores, segurá este décimo aniversario con un Concierto Didáctico (el 19 de febrero), Jerez, cuna del flamenco (13 y 14 de febrero) y un Curso de Introducción al Flamenco (el 20 y 21).

Flores por Haití

Flores por Haití

Hace años que el efecto mariposa anidó en nuestras mentes. Lo que ocurre en cualquier punto del globo, gracias a la eficacia de los medios de comunicación, nos estremece. La solidaridad es un deber moral, un deber social, un deber mundial. Si para algo vale la aldea global es para tendernos las manos unos a otros y dar la vuelta a la esfera terrestre sumando nuestros anhelos.

Hace años que los flamencos son conscientes de que una cadena se rompe por su eslabón más débil. Por eso hay que reforzarlo, hay que mimarlo como mejor se pueda. Los flamencos, desde su posición, saben que su granito de arena es necesario, que su altruismo está pagado en sus corazones, que mañana quizá los necesitados seamos nosotros.

El terremoto de Haití, como tantos desastres naturales (y, lamentablemente, artificiales) ha movido actuaciones en todos los países desarrollados (y no tanto) para recaudar fondos, para ofrecerles la ayuda que necesitan. Algunos particulares (asociación de vecinos y otros) del pueblo de Monachil decidieron celebrar un Festival Flamenco el viernes pasado en beneficio de los afectados haitianos, del que se han recaudado uno 3.000 euros, que han sido entregados a la Cruz Roja para hacérselos llegar de la mejor manera posible.

Los artistas granadinos a los que se ha llamado han respondido sin condiciones. Representantes de la Cueva de la Rocío, con Rafi Heredia a la cabeza, abrieron la velada con un apunte de su habitual zambra: alegrías, bulerías y boda incluida. Nada más acabar, marcharon a su lugar de trabajo.

Esther Crisol, con una trayectoria muy particular, comenzó con la caña, siguió con unas granaínas muy aplaudidas y terminó por cantiñas.

Un paréntesis en la velada lo puso Encarnita Martínez, que con gracia y memoria hizo un recitado sobre la “Feria en Granada”, acompañada de un grupo de chicas bailando sevillanas y adornando la escena con sus abanicos.

Antonio Gómez ‘El Colorao’ impuso su dominio cantando por tientos-tangos, unos cuantos fandangos estremecedores y “Mi Mama”, su gran balada flamenca.

Para terminar, con elegancia y color, Silvia Lozano, acompañada de Sergio Gómez al cante y Alfredo Mesa a la guitarra, bailó unas bulerías.

* Antonio 'El Colorao' y 'Tente' (foto de archivo, © Antonia Ortega).

Don de lenguas

Don de lenguas

Estévez y La Moneta

Lo más importante en el flamenco de hoy es encontrar un lenguaje nuevo. Nuevo y coherente. Un habla flamenca, entroncada en la tradición, sin perder de vista a quienes dignamente nos preceden, pero mirando hacia delante, por nuevos caminos, y con las ventanas abiertas para que nos salpiquen los aires de otras corrientes, de otras vanguardias.

La guitarra es la más versátil. Nuestros tocaores, de tan virtuosos y mestizos, se han puesto en órbita. Giros galácticos imposibles envuelven algunos concertistas de guitarra. El cante quizá sea el más anquilosado. Aunque la vanguardia del cante es no salirse de los carriles marcados por Chacón y Manuel Torre y la Niña de los Peines.

El baile, sin embargo, es un terreno propicio. Es la manifestación más plástica y maleable del flamenco. El baile puede crecer y expandirse o concentrarse y explotar en sí mismo, creando un proceso de fisión que afecta consecuentemente a los cinco sentidos.

Ejemplos tenemos muchos, variados y buenos. Desde la observación, la admiración, la creación y el inconformismo, el baile flamenco se ha convertido en la apuesta más importante de nuestro arte. Citar nombres sería un error, por miedo a los olvidos. Pero todos tenemos en nuestras mentes los conceptos de los que hablo en una docena de bailaores, al menos.

Dos lenguajes muy diferentes y carismáticos se dieron cita el jueves pasado, 28 de enero, en la Sala Joaquín Turina, del Centro Cultural Cajasol de Sevilla. Rafael Estévez es un prodigio de compás, minimalismo y control corporal. Fuensanta ‘La Moneta’ es la esencia del baile destilado, es la fuerza domeñada, es la transmisión rendida. Ellos se conocen y se admiran. Ellos se quisieron mimetizar, entablando un diálogo entre dos sensibilidades. Ellos eran los emisores. El público, los destinatarios. La fuente es el flamenco. El canal sus cuerpos. Y nada más. No hay teatro ni conejos en la chistera. No hay paseos de funambulista ni flores a la salida. Tan sólo el flamenco de siempre. Los palos, que se imbrican hasta lograr un todo continuo, donde el tiempo se ralentiza de tal forma que puede dejar de existir.

Un cuadro de gran peso musical los arropan por detrás, comprendiendo que el armazón rítmico, junto con la megafonía, son las armas de un buen espectáculo danzístico. ‘El Galli’ y Miguel Lavi, especialmente motivados, al cante; los hermanos Iglesias a la guitarra; y Patricia Guerrero y Eduardo Leal, dos bailaores cargados de respeto y sabiduría, tomaban nota haciendo compás.

Las alegrías, donde se presentan los bailaores a su forma y compenetración, se solapan con tonás, que continúan por seguiriyas, siguiendo por granaína-malagueña y abandolaos, donde Estévez se queda sólo bailando hasta los silencios, impregnando el aire con su saber y su sabor orientalizante.

Fuensanta vuelve a escena y aborda una granaína con bata de cola negra y volantes rosados en su envés. Reivindica su tierra y su poderío, mientras Miguel Iglesias borda con sus acordes ese fandango preciosista chaconero. Un interludio musical, en forma de rumba, preludia tácitamente un segundo pase.

Un triunfo, orillado en el total, fue el roneo por tangos del Camino en plena capital hispalense. La soltura de un paso a dos, tan cómplice como espontáneo, hace poner la sala en ebullición. La pieza se calma por tientos. Y, en la colombiana, es Paco Iglesias quien impone la rotundidez de su guitarra.

La noche termina con soleares y corridos. Soleares de artistas únicos y diferentes. Corridos de lágrimas de emoción y aplauso satisfecho. Cada uno habla a su modo. Fuensanta y Rafael se entienden a la perfección, aprenden entre ellos y se comunican con el público anhelante. Eso se llama “don de lenguas”.

* Rafael Estévez y Fuensanta la Moneta en el Corral del Carbón (© MAYO)

El Gallo valiente

El Gallo valiente

Durante estas dos últimas semanas, en la Venta el Gallo le han echado valor y han programado algunas veladas de excepción. Durante los días jueves, viernes y sábado, poco antes de la media noche, destacadas figuras del mundo flamenco han pasado por su escenario. Estos Trasnoches comenzaron con el baile limpio y profundo de Ana Calí, complementado con la sangre y elegancia de ‘La Pitita’; continuaron, el día 11, con el carisma de ‘El Extremeño’; para pasar, durante los dos sábados, a ‘Los nietos de la rumba’ y su propuesta de frescura y fiesta; el baile coherente de Raimundo Benítez, y Yolanda Cortés de compañera, alumbró el comienzo de esta semana; y, como plato fuerte, el viernes 18, tuvo lugar, venido desde Extremadura, al cantaor Guadiana.

En la poca asistencia de público, salvo en este último cantaor, estuvo el riesgo de “El Gallo”. Sea como sea, hay que aplaudir la valentía de esta cueva y sus gestores. Hay que seguir apostando por el flamenco de primera fila e intentar crear adicción.

Guadiana estuvo acompañado a la guitarra por un impecable Juan Habichuela y del percusionista, siempre exacto, Benjamín Santiago ‘El Moreno’. Fue como viajar en primera. El mismo cantaor, profundo, cadencioso, morentiano, aplaudía las falsetas del tocaor. Se encontraba a gusto y así lo demostró, en un concierto que fue creciendo desde la entrada hasta los postres. Se abrió el recital con una soleá, larga y templada. Por levante, mirando a Cartagena, continuó el extremeño, con toques de guitarra exclusivos. ¡No se puede tocar mejor! Los tientos fueron ligeros y acabaron por tangos, donde ‘El Moreno’ impuso su compás. No obstante, donde  convenció definitivamente Guadiana, fue en los jaleos extremeños, el guiño a su tierra.

Un intento de retomar el concierto, después del descanso, dejo solo a Juan Habichuela, luciendo guitarra, y a ‘El Moreno’, que lo acompaño en las bulerías. Unos minutos después, entrarían los tres músicos con nuevos bríos, para dejarnos malagueña y abandolao; tangos; seguiriyas, bastante rítmicas, como para baile; y redondear la noche por bulerías.

Flamenco jondo

Flamenco jondo

Perdonen el chiste fácil en el título de este artículo. El escenario en la Cueva de las Ventanas de Píñar está a 22 metros debajo de tierra.

Este impresionante asiento paleolítico se habilitó el verano pasado para ofrecer espectáculos musicales sin megafonía y con un aforo limitado. Aparte de algunos conciertos clásicos de cuerda o con pocos instrumentos, que no distorsionen ni retumben en las paredes de la cueva, el sábado tuvo lugar el primer recital de flamenco.

Ana Mochón, la joven promesa de 15 años, acompañada de Álvaro Pérez ‘El Martinete’, de 14 recién cumplidos, a la guitarra, ofrecieron un concierto liviano y agradable. La alcaldesa de Píñar, María Inmaculada Oria, fue la encargada de presentar el evento y los actuantes.

La cantaora granadina, como viene siendo habitual, se presenta con unas alegrías: “…me sale del corazón. Que todo el mundo se entere, me llamo Ana Mochón”. El recital continúa con la balada flamenca La Mama, de Antonio Gómez ‘El Colorao’, homenajeando así a uno de sus maestros.

La malagueña, en realidad, es el mayor acercamiento a lo jondo de la velada, que se remata con un surtido de abandolaos, donde no faltaron los de Paco ’El del Gas’ y los de Frasquito. Una bella farruca y la Baladilla de los tres ríos, de García Lorca, cantada por milongas, nos acercan a un final que se engrandece con tangos de Granada, uno de los platos fuertes de la cantaora, que aborda de pie con apuntes de braceo y otros gracejos. Antes de irse, nos regala un par de fandangos.

Una gran experiencia. El flamenco a viva voz, con la acústica de la cueva, con el buen gusto de sus intérpretes, el timbre melodioso de la joven Mochón y la madera de ‘El Martinete’ supuso un pequeño lujo, el anticipo adecuado a las bondades navideñas.

La noche continuó en La Platería, donde vimos a Curro Lucena, un cantaor tan ortodoxo como particular. Se agradecieron sus incursiones en cantes inhabituales, como las bamberas y las alegrías de Córdoba. También se le reconoció que se acordase de Cobitos (sus nietos estaban presentes) y de su soleá apolá. Lo que costó un poco más en asimilar es que estuviera desafinado, más en la primera parte que en la segunda, y que no cuadrara los cantes.

Su guitarrista, Ángel Mata, aunque preciso, fue autónomo. Entre la necesidad de lucimiento y la pelea constante con el sonido (siempre deslavazado en esta peña), emprendió una guerra santa, en parte ajena al cantaor cordobés, afincado en Ronda.

* Bajada al escenario en la Cueva de las Ventanas.

El Extremeño, un animal de escena

El Extremeño, un animal de escena

Trasnoches flamencos en la Venta el Gallo

¿Dónde se mete el público de Granada? ¿Dónde se mete el público de flamenco? Es difícil movilizar a todos los aficionados. Es complicado concentrarlos en un objetivo concreto. Pero, cuando se trata de un cantaor de primera fila, de un artista que por su sólo nombre es capaz de llenar teatros, puede resultar algo sintomático. Enrique ‘El Extremeño’ actuó el viernes en la Venta el Gallo del Sacromonte con una mínima e injusta expectación. Fue un recital más que notable, de complicidad, entrega y buen hacer. No por falta de público, el artista se achantó, sino que le sirvió de acicate para echar toda la carne en el asador y comerse la escena, ofreciendo el cien por cien de sus posibilidades.

Esta ausencia de público, ¿podría ser por falta de difusión del evento?, ¿por multiplicidad de espectáculos de ese día?, ¿por el precio, quizá, excesivo de la entrada?, ¿por la dificultad de acceso a la cueva?, ¿por el frío?, ¿por apatía general?... Posiblemente, el participante potencial del flamenco en nuestra ciudad, esté un poco quemado. Se encuentra castigado por una oferta demasiado dispar, por la suspensión de conciertos (El Cigala, José Mercé, Belén Maya) o porque se le dé gato por liebre, jugando con su capacidad cognitiva.

El Extremeño, curtido en el cante de atrás, esta sobrado de compás. Para el cante festero no tiene parangón. Las primeras figuras del baile se rifan su presencia en sus cuadros. Por tonás comienza su actuación, poniendo de manifiesto su voz poderosa y bien templada. Se mostró rico por Cádiz, para pasar, siguiendo los consejos de Valderrama, con todo cariño, por una vidalita a media voz. Emilio Maya lo supo arropar bien con la guitarra, mientras Eloy Heredia improvisaba, como pez en el agua, con su travesera. Unos tientos-tangos dan paso a un breve descanso.

Emilio y El Moreno, a la percusión, convocan a la segunda parte con un poquito por bulerías. El Extremeño, acompañado de un espontáneo recitador “venido de Argentina”, llamado Antonio, se resta grandeza en la soleá. Unas seguiriyas anhelantes y los bellos tarantos de ‘El Gallina’ y José Salazar, dan paso a la gran fiesta. Hay que descubrirse cuando Enrique canta por bulerías y remata por cuplés. Con micrófono o sin micrófono, sentado o de pie, con su amago de pataílla, se convierte en un animal de escena.

* El Extremeño (© Paco Sánchez).

El baile limpio de Ana Calí

El baile limpio de Ana Calí

Trasnoches flamencos en la Venta el Gallo

El Gallo se despereza a media noche en estos días de finales de otoño para regalarnos un poquito del mejor flamenco antes de que acabe el año. Seis días ocuparán los “Trasnoches flamencos” en la Venta el Gallo del Sacromonte. Seis noches de duende en los que intervendrá ‘El Extremeño’, ‘Guadiana’ o Raymundo Benítez.

La poca asistencia del jueves pasado, no fue una excusa, sin embargo, para restar entrega y autenticidad a los flamencos programados. Un cuadro de la casa, podíamos decir, compuesto por Jaime Heredia ‘El Parrón’ y Manuel Heredia al cante y Rafael Fajardo a la guitarra; y, en los temas que lo precisaran, Eloy Heredia a la flauta y ‘El Moreno’ al cajón, dieron color a una velada agradecida en el corazón de Valparaiso.

En la primera parte, donde Manuel Heredia hizo una entrada por levante, se acordó de las de Utrera con unos cuplés por bulerías y ofreció un anticipo navideño con los Campanilleros de Manuel Torre, todos los artistas se volcaron en unas seguiriyas y martinete para el baile enraizado y elegante de ‘La Pitita’.

La segunda parte, sin esperar demasiado, Jaime tomó la alternativa, demostrando su capacidad solearera y su aguardiente en los fandangos. Remató por tangos, antes de saborear, con el resto del cuadro, las alegrías que bailó Ana Calí, con su imagen añeja, con sus pies limpios, con su pose flamenquísima, con su compás sin parangón.

Un pequeño apunte por bulerías, con todos los artistas, sirvió de fin de fiestas para rematar la actuación.

Flamenco de las dos orillas

Flamenco de las dos orillas

La Chekara y el Flamenco, 1ª Parte

El flamenco se desmarca doblemente de su continente habitual. Por un lado, se fusiona con los ecos hermanos de la música andalusí. Por otro, se concentra en un local alternativo, con un aforo de medio centenar de personas, inhabituales del flamenco.

La Orquesta Chekara de Tetuán, en su formato reducido, para espacios limitados, sigue ofreciéndonos, como es natural desde hace más de veinticinco años, el enlace de su música magrebí con los cantes andaluces. Tampoco hay distancia, por otra parte. Incluso los nombres de los palos (seguiriya, fandango o tango) se comparten en ambas orillas.

La Orquesta Chekara, desde “Macama Jonda” (1983) de José Heredia Maya ha ido absorbiendo el flamenco en recitales y grabaciones. Colaborando habitualmente con Enrique Morente, pero también con Carmen Linares (“Dos Orillas”), Segundo Falcón y Arcángel (“Cus Cús Flamenco”), Mª Ángeles Gabaldón (“Inmigración”)…

El jueves y viernes de esta semana, Jallal Chekara, descendiente de los creadores de la Orquesta en 1958, con la guitarra de Emilio Maya y la voz flamenca de la algecireña Rosa Ángeles García Clavijo, dieron un recital en la sala El Apeadero, consistente en una pequeña introducción, tangos de Málaga, abandolaos, soleá, “Amulati” (tanguillos) y seguiriyas, la mayoría pertenecientes a su disco “La Chekara y el Flamenco” (2008). Todo bien ensamblado con profundidad y sabiduría entre las dos músicas. La sevillana Silvia de Paz fue la encargada de poner la sal y el duende con su baile en los tangos, la soleá y las seguiriyas.

Para finalizar, a petición del público, interpretaron su tema estrella, “La Tarara”, que los identifican desde sus primeros flirteos con el flamenco y la canción popular andaluza.

Marina Heredia en Montevideo

Marina Heredia en Montevideo

La artista granadina, Marina Heredia, se encuentra en Montevideo (Uruguay), para colaborar en tres funciones extraordinarias junto al Ballet y Orquesta Sinfónica del Sodre (Servicio Oficial de Difusión, Radiodifusión y Espectáculos).

El compositor chileno, Víctor Hugo Toro, será el encargado de dirigir “El Amor Brujo” de Manuel de Falla, del 11 al 13 de diciembre, en el Auditorio Nacional Adela Reta de Montevideo, con coreografía de Alejandro Godoy, Marina Heredia pondrá su voz y su pellizco sacromontano.

* Foto: © Bernardo Doral.