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volandovengo

Flamenco

Toná

Si no es verdad

que Dios me mande la muerte

si me la quiere mandar

La toná, junto con el romance, se considera el cante más antiguo, el origen del flamenco (aunque hay teorías). El flamencólogo Blas Vega dicta que 'toná' es la forma dialectal andaluza de tonada, que es el cante tradicional, la copla popular. Juan Vergillos dice que proviene directamente del romance castellano, que "muchas tonás no son sino fragmentos de romance". Es de común acuerdo que nació en Triana (donde se mantienen como tal) y en Jerez y en Cádiz, evoluciona hasta la seguiriya.

Es un cante sin guitarra (llamado, en el argot flamenco, 'a palo seco'). Se compone de cuatro versos octosílabos (en que riman los pares), acabado, en muchos casos, con un terceto irregular. Es un cante trágico, un lamento.

Demófilo, el padre de los Machado, en 1881, ya le achacaba cien años de existencia. En su "Colección de cantes flamencos" recoge hasta 26 tonás distintas. Hoy día, más de siete tonás no se interpretan. De hecho, hogaño se censan exclusivamente cuatro estilos de tonás: el martinete, desarrollado en el seno de la fragua; la carcelera, que goza de mayor musicalidad, sus letras hablan de prisión y cárcel; la debla, recuperada por Tomás Pavón, que puede tener ascendencia litúrgica; y la toná propiamente dicha, en la que se distinguen la Grande, la Chica y la del Cristo (esta última popularizada por don Antonio Chacón). Se cantan por separado o todas juntas o se puede acabar cualquiera de sus estilos por la toná tradicional o continuarlas por cualquier otro cante. Así, es muy normal, que el martinete introduzca seguiriyas.

Para cantar estos palos se requieren una gran afinación y buenas facultades vocales. El cantaor que se precia suele incluir un ramillete de tonás en su repertorio. Hasta los años cincuenta del siglo XX no se bailaron estos estilos. Fue Antonio Ruiz Soler el que dotó al martinete de vueltas y zapateados, al estilo de Vicente Escudero. Hoy es habitual ver bailar sobriamente este dramático cante que estremece.

(Recomiendo a Morente, a Agujetas el Viejo, a Menese y a Tomás Pavón, hermano de la Niña de los Peines.)

 

Siempre volvemos a Carmen Linares

Siempre volvemos a Carmen Linares

Festival Flamenco de Armilla

Por muchas propuestas que se nos presenten, por muchos flamencos que se crucen en nuestro camino, por muchas noches por derecho y pellizco, siempre volvemos a Carmen Linares. Con diferencia, junto a la Niña de los Peines, es la mejor y la más completa de las cantaoras de todos los tiempos. Como dijo Juan Pinilla en su presentación, hay un antes y un después en la manera de hacer y de entender el cante femenino. No obstante (entre las nubes es difícil sobresalir), la de Linares no nos dijo nada nuevo. Fue previsible en su genio y acomodaticia en sus propuestas. La entrega, como siempre, fue absoluta. Carmen, antes de artista, es una gran aficionada y como tal ofrece integridad y respeto. Su actuación, empero, a pesar de hacer cinco cantes, dejó con ganas. Y es que esta cantaora enciclopédica ya no debe ser cabeza de festival, sino de un recitado en solitario que se pueda disfrutar  y admirar en toda su extensión.

Carmen Linares siempre ha tenido una predilección especial hacia nuestra ciudad, y ya sea en Armilla, en Cájar o en Huétor Vega, la linarense actúa como si estuviera en su casa. No en vano, es una de las mejores intérpretes, si no la mejor, de los cantes de Granada, y el guitarrista que le acompaña habitualmente es Paco Cortés e igualmente se acerca a los demás tocaores granadinos. Como en esta ocasión, en el Teatro de Armilla, que le acompañó un inspirado Miguel Ochando, formando un dúo de verdadera excepción.

Culmina el Festival Carmen, con su voz flamenca y reposada, haciendo alegrías, en las que se ciñó a sus grabaciones sobre “La mujer en el cante”. En general todo su recital estuvo basado en este trabajo antológico. Desde Cádiz pasó a su tierra estremeciéndose con unas tarantas de Linares. Una soleá muestra definitivamente que es la reina, que se enseñorea a continuación con unas seguiriyas, para terminar con bulerías. Sin ser propiamente festera, esta cantaora tiene grabadas algunas de las más bellas bulerías de los últimos tiempos.

Carmen Linares promoverá también un prolongado fin de fiestas, en el que se da una pataílla con arte y elegancia.

La riqueza de matices y la brillantez de la guitarra “ochandiana”, antes de la jienense, también acompañaría a su paisano Joselete de Linares, un cantaor de oficio, largo en recursos y conocimiento. Si la protagonista ya aludida fue previsible, este cantaor caracolero fue toda una agradable sorpresa. Pleno de facultades y dominador de la escena, comenzó con una soleá fenomenal, para hacernos seguidamente unos fandangos, que recordaron el buen hacer de Pepe Pinto, y culminar su entrega por bulerías, cantándolas de pie, como mandan los cánones, pues se presta a acompañarlas de un bailecito. Y Joselete no defraudó.

La primera parte estuvo protagonizada por la guitarra limpia y precisa de Ramón del Paso, que acompañó a un equivocado Alfredo Tejada que, forzando la voz innecesariamente y voceando sin medida, abordó unas mineras y se fue por bulerías. Este joven cantaor también le cantó unas seguiriyas para el baile temperamental de Isa Vega.

Del Paso arroparía seguidamente a la voz dulce y modulada de Inmaculada Martín. Esta joven sevillana se acercó a Chacón para brindarnos caracoles, unas seguiriyas que le quedaron algo grandes, una sabrosa granaína y media muy apropiada para su voz, y terminó con fandangos.

Para culminar esta primera parte, José Balao interpretó el poema de García Lorca “Baladilla de los tres ríos” por milongas, continuó con una soleá de buena factura y terminó con tientos-tangos de inspiración morentiana.

Como anécdota del festival podemos hablar de la aparición de Morfeo a uno de los espectadores casi al principio del recital. No es delito dormir, todos nos hemos quedado traspuestos alguna vez aplacados por el cansancio o por el sopor de la copla, pero sí es alarmante roncar como un descosido fuera de compás.

Un abrazo a Curro Vega

Un homenaje es un acto solidario para con una persona o una buena causa. Las características de un homenaje a un flamenco deben ser, en primer lugar que sea verdad, que se haga con el corazón y que respondan los convocados, normalmente los amigos del homenajeado. En segundo lugar deben cubrirse los objetivos propuestos, en especial reivindicar la figura del artista y recaudar fondos en su apoyo. Por último, debe tener un mínimo de entrega y calidad.

El viernes pasado un grupo de amigos, contemporáneos de Curro Vega, incluido él mismo, se reunieron en el teatro del Zaidín para expresarle su reconocimiento. Fue, como digo, un acto lleno de verdad, distendido y de gran emoción, en el que se ensalzó la figura de Curro Vega, como maestro de su tiempo, y donde se ofreció un recital de alta flamencura.

Lo único malo, aparte de algunos reveses con el sonido, el acople y las chicharras, fue el escaso poder de convocatoria. Ya fuera por la poca difusión del evento, ya por el lugar inapropiado, ya por otras ofertas musicales ese mismo día, el caso es que se vendieron apenas un centenar de entradas, que no llenaron ni medio aforo, con las consecuencias lógicas de la flaqueza monetaria que se obtuvo.

De todas maneras, un emocionado Curro Vega, que actuó en primer lugar, agradeció infinitamente esa muestra de compañerismo y amor desinteresado, y la presencia del público asistente. Con buen criterio, cada cantaor hizo tan sólo dos cantes, pues con tantos nombres en el cartel se podía haber prolongado el concierto hasta la madrugada.

A la guitarra Miguel Vega, le tocó a su padre, que cantó una inspirada milonga de su cosecha y una malagueña. José Gómez "Colorao", el mayor de la saga familiar, ya retirado, se unió al homenaje y, con José María Ortiz a la guitarra, nos ofreció una soleá y un ramito de fandangos. El relevo lo cogió el cante maestro y sosegado de Curro Andrés que, arropado por Francisco Manuel Díaz, nos hizo unos tientos y otros naturales que desembocaron en Huelva y terminó acordándose de Toronjo. Antonio Trinidad fue muy “morentiano” en su entrega. Comenzó con los tangos “Mi pena”, que Enrique grabara en su disco “Sacromonte” inspirado por unos versos de Manuel Machado. Antonio los interpretaría muy ralentizados, sin llegar a ser tientos, impregnándolos de especial belleza. Y, sin dejar de cantar, pasó a hacer cantes de Málaga, que acabó por rondeñas.

Desde Alhama, Paco Moyano vino a poner su grano de arena en forma de serranas, Juan Pinilla, el más joven de la reunión, que también hizo de presentador, regaló a Curro Vega unas murcianas que hacía su maestro Manuel Ávila que, desde su desaparición, no había vuelto a oír. Terminó el cantaor de Huétor Tájar con una granaína que fue muy aplaudida. El torrente de voz lo puso Ángel Rodríguez “Chanquete”, proponiendo unos definitivos fandangos de Frasquito y otros del Sevillano. Enrique Gómez, el más pequeño de los coloraos, se templó con una soleá, que dedicó a su hermano mayor, para después romperse con un taranto. Para terminar, Antonio Gómez Colorao, el más activo de la familia, con Tente, que lo comprende bien, a la guitarra, cantó sus habituales marianas y las imprescindibles seguiriyas por las que es reconocido. Esperando a la bailaora, que se rezagaba por su trabajo en el Camino del Monte, Antonio nos sorprendió con unas alegrías y remató con unos fandanguitos, hasta que sus colegas se hicieron presentes en escena para improvisar todos juntos unas bulerías. Kika Quesada cerró la noche bailando una sabrosa soleá por bulerías.

* Siento no tener una foto del maestro 

Programa flamenco

Para ese fin de semana tenemos un programa espectacular de flamenco. Empieza hoy viernes, 29 de septiembre, con un homenaje flamenco a Curro Vega (21'30 horas),en el Centro Cívico del Zaidín, con los siguientes intérpretes (casi todos contemporáneos de Curro): al cante: Antonio Gómez "El Colorao", Antonio Trinidad, Curro Andrés, José Gómez, Chanquete, Juan Pinilla, Alfredo Tejada, Sergio Gómez "Coloraíto", entre otros; a la guitarra: Manuel Carvajal, Fco. Manuel Díaz, Miguel Vega, Vicente Márquez "Tente", entre otros; y al Baile Kika Quesada. Presenta Carlos Arbelos. (Entrada: 10 euros)

El sábado 30, hacemos doblete (o triplete, si se nos antoja). Por un lado está el "Festival Flamenco de Armilla", en el Teatro Municipal (22’00 horas), con la impresonante Carmen Linares, Joselete de Linares, Inmaculada Martín, Alfredo Tejada y José Balao al cante; la impetuosa Isa Vega y su grupo al baile.  Presenta  el fenomenal Curro Albaycín. (Entrada: 12 euros)

El sábado también tenemos (a esto no voy)  el "XIII Festival Flamenco Ciudad de Órgiva” (21’30 horas). Al cante de nuevo Antonio Gómez "El Colorao", Álvaro Rodríguez, Sergio Gómez "El Coloraíto", David Sorroche; las guitarras de José María Ortiz, Vicente Márquez, Jorge "El Pisao"; y el baile de Silvia Lozano y su grupo (José Fernández y Alfredo Mesa). Presenta: Sergio Cuesta (Ignoro el precio de las entradas pero rondará los 10 euros, si cuesta algo)

Creo que el sábado también hay algo de flamenco en el Palacio de los Córdoba, pero no estoy seguro ni sé quien va. 

Un clavel bajo la lluvia

Un clavel bajo la lluvia

XIX Festival Flamenco de Huétor Vega

Si no llega ser por el prodigio de Mozart, Antonio Salieri hubiera sido un músico más que sobresaliente en la Europa de finales del siglo XVIII; y si no llega a ser por el torrente de José Menese, Diego Clavel, nacidos los dos en la Puebla de Cazalla (Sevilla) en los años 40, no habría crecido en la sombra.

Diego Andrade Martagón es uno de los últimos maestros que nos quedan. Cantaor enciclopedista e incombustible que domina a la perfección el amplio abanico de los cantes. Se entrega con pasión y duende, con esa voz melismática y llena de flamencura.

Terminando sus tientos-tangos en el escenario al aire libre de Huerta Cercada de Huétor Vega comenzó a llover, a la guitarra Ramón del Paso, se miraron y decidieron seguir adelante. Era un calabobos más molesto que alarmante pero podía haber crecido en forma de diluvio. Con el aguacero y todo, Diego Clavel, hizo una consulta a un público que inquieto se refugiaba bajo los árboles y las cornisas (los más siguieron estoicamente sentados en sus asientos) y, sin esperar respuesta, acabó su actuación por seguiriyas.

El maestro de Cazalla comenzó con la caña, que encierra entre dos soleares, y siguió con una bella serrana, que la empezó con livianas y la terminó con seguiriyas. Intérpretes como él quedan pocos, nos tenemos que remontar al recientemente desaparecido Chocolate o a su paisano Menese.

El festival lo abrió el baile galán de Silvia Lozano que, con traje corto, abordó una soleá por bulerías. Silvia es una bailaora de oficio que se crece en el escenario. Trasmite y seduce. Lástima que el tablao no fuera el adecuado. En general, el tablao, su sonoridad, es lo que menos se cuida en un festival y, para la participación del baile, supone casi el cincuenta por ciento de su efectividad.

Para abrir la segunda parte, volvería la bailaora de Huétor Tájar interpretando sus deliciosas alegrías, que cada vez domina con más soltura. Quizás influyera en su incondicionalidad que su maestro Mario Maya estaba bien atento entre el público.

Juan Pinilla abre la noche, después del baile, con unas malagueñas y abandolaos que remata con fandangos de Granada, para marcharse a levante y dejarnos las mineras con las que ganó el concurso de La Unión. A la guitarra un perfeccionista Luis Mariano, todo sensibilidad y buen gusto, que se adapta a la perfección a los devaneos de Pinilla. Muestra de su buena simbiosis fue la farruca que logró por primera vez el silencio absoluto en el alboroto del ambigú. El joven cantaor, acogido a la tradición, acabo su recital con fandangos naturales.

Desde Almonte llega Manuela Laíno para deleitarnos con un pase poco convencional. Con buen timbre y eco marismeño, Manuela nos ofrece guajiras, peteneras y milongas, para terminar con tonás y martinetes e improvisar, a petición de los presentes, unos fandangos de su tierra, en los que se acordó de Paco Toronjo.

La sorpresa de la noche vino de la mano María José Pérez desde Almería, que llenó los jardines de desgarro y frescura. Comienza regalándonos una granaína y media granaína que, con Luis Mariano a la guitarra, fueron un dulce. Continúa sintiendo las tarantas de su tierra, e irse al otro extremo de Andalucía haciendo alegrías de Cádiz y fandangos de Huelva, que cantó en su final sin micrófono, llenando el recinto de sabor y verdad.

XIX Festival Flamenco de Huétor Vega

Hoy viernes, 22 de septiembre, a las 22 horas, se celebrará el XIX Festival Flamenco de Huétor Vega. Una cita imprescindible, un festival de categoría, que, bajo el buen gobierno de la peña flamenca "La Parra" de Huétor Vega, ha reunido entre sus diecinueve ediciones a los mejores flamencos del orbe nacional.

Tendrá lugar en los Jardines de Huerta Cercada (antes de llegar al pueblo, a mano izquierda) e intervendrán al cante: el imprescindible, aunque poco valorado, Diego Clavel, Manuela Laíno, María José Pérez y mi colega y amigo Juan Pinilla, que arroparán con sus guitarras: Ramón Del Paso, ganador del premio flamenco joven 2005, Luis Mariano, la sensibilidad en seis cuerdas y un sólo corazón, e Isidoro Pérez. Al baile estará la guapa Silvia Lozano y su grupo.

Pero, si preferimos quedarnos en la ciudad, en el Palacio de los Córdova (al principio de la Cuesta del Chapiz) se celebra el Festival del Bajo Albaycín, con dos figuras imprescindibles del arte granadino: el bailaor y coreógrafo Manolete, premio nacional de danza, y el carísmático Curro Albaycín.

Más gente que entradas vendidas

Más gente que entradas vendidas Cuando un espectáculo es institucional, cualquier acto fraudulento incide en todos y en nadie, pero cuando es un particular, o son unos particulares, los que arriesgan su dinero y su tiempo en organizar un concierto de calidad, cualquier ilegalidad puede acabar con los sueños de dichos promotores. El sábado, en el Festival Flamenco del Albaicín, según los organizadores se vendieron poco menos de mil entradas, pero en la puerta accedieron muchos más al recinto. ¿Qué paso? Que vivimos en un país de sinvergüenzas. Que con la venta anticipada, algún listo, se anticipó también un sustancioso pellizco. Con el fácil acceso a las nuevas tecnologías, se falsificaron un puñado de localidades que fueron distribuidas como buenas. Habrá que tomar medidas para próximos eventos. Curiosamente, Parrita, cabeza de cartel, actuaba en primer lugar. Con sus grandes baladas gitanas, su presencia en el escenario rozó la media noche. Cantó gran parte de sus éxitos, Contando las horas, Y no pasa nada, Quitaba el sentío… haciendo las delicias de sus seguidores que, viendo como coreaban sus canciones y como lo ovacionaban, superaría al 75 por ciento del aforo reunido. Pedro Sierra, previendo que actuaba en un festival flamenco, no se limitó a su rumba catalana habitual, sino que también apuntó soleá y bulerías, y fue valiente en los fandangos. Para terminar, cedió el micrófono a su ahijada Tati Román, artista local, que sigue su estela.

Como broche de un festival, que acabaría pasadas las tres de la mañana, el personalísimo Guadiana fue generoso en la soleá y en las bulerías, con aires extremeños, con las que puso el punto hasta el próximo año. Fue un gran final de fiestas al que sólo llegó la tercera parte de los asistentes. Los que no se rindieron por las altas horas, abandonaban por las bajas temperaturas.

Antes de Guadiana actuó Montse Cortés, una de las voces más apreciadas del flamenco actual, con ecos y desgarros asombrosos. La cantaora catalana, con Dani Méndez a la guitarra, hizo soleá, tangos y bulerías. Miguel el Rubio, arropado por Camarón de Pitita, haría tarantos, soleá, bulerías y los fandangos personales que llevan el sello de su padre. Anteriormente, para abrir la segunda parte, después del tronío de Parrita, el onubense Jesús Corbacho y las granadinas Estrella y Macarena rejuvenecieron la noche con su cante ortodoxo y 'arcangeliano' el primero y sus propuestas eléctricas las segundas.

Para ilustrar la velada con el color de sus volantes, tuvimos una buena muestra del baile sacromontano de raíz, con la veterana y temperamental Isa Vega y la jovencísima Silvia Heredia que se fue por bulerías.

 * FOTO: La cantaora catalana Montse Cortés

La última noche bajo la luna

La última noche bajo la luna

Hoy  sábado finalizan las actividades del Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte con el espectáculo “Los Habichuela y el Sacromonte”, con los representantes más jóvenes de una de las sagas más importantes del flamenco granadino. Situado en el Barranco de los Negros, el Centro de Interpretación ha optado por tercer año consecutivo apoyar a los flamencos de su entorno, a los artistas que han nacido, se han formado y han desarrollan su labor creativa en el barrio del Sacromonte. En su programa flamenco, que dio comienzo en la Noche de San Juan, imbricándose con el Festival de Música y Danza de Granada, hemos podido disfrutar de las tres vertientes y disciplinas de este arte, cante, guitarra y baile.

Por su escenario, al aire libre, han pasado una amplia representación de artistas del Sacromonte y de toda Granada, que abarca desde los jóvenes valores, algunos de familias tan conocidas como los Habichuela, los Morente o los Colorao, a artistas ya consagrados, como Antonio “El Colorao”, Jaime “El Parrón”, Agustín Carbonell “El Bola”, Carlos Zárate o el baile añejo de Angustias “La Mona”. También, casi siempre para la ocasión, han surgido nuevos grupos, como es el caso de “Malasjuntas” o “Savia Nueva” o espectáculos singulares, como “De Sanlúcar a Granada”.

Cada noche de este verano, en que ha habido programación flamenca sacromontana (martes o miércoles), el Centro-Museo ha reunido entre cien y doscientos espectadores que, a un precio asequible, han podido disfrutar de un espectáculo de calidad, al frescor del monte, con la luna como testigo, con unas vistas impresionantes al Barrio y a la Alhambra y saboreando una sangría o una cerveza.

La oferta se complementa con un ciclo de cine sobre flamenco. Durante el mes de agosto, con menor asistencia, aunque con un aforo considerable, se han podido contemplar las cintas de “Morente sueña la Alhambra”, de tremenda actualidad, “Por Oriente sale el sol (La Paquera en Tokio)”, sobre la jerezana recién fallecida, o “El Sacromonte y yo”, sobre la vida y el baile de Mariquilla.

Guitarra se escribe con mayúsculas

Guitarra se escribe con mayúsculas

Ningún tocaor que se precie puede obviar la figura de Manuel Cano Tamayo (1925-1990) y su insigne aportación al mundo de la guitarra. En flamenco, Granada se ha distinguido por sus guitarristas. Tanto es así que el mismo Paco de Lucía confiesa que en nuestra ciudad actúa, si no con miedo, con cierto respeto. Pues bien, el pionero de esta leyenda es Manuel Cano, Medalla de Oro de la ciudad a título póstumo, que dejó una insigne obra sobre el mundo de la guitarra.

Este año, cuando Manuel cumpliría 81 años, se publica la tercera edición su libro “La Guitarra. Historias, estudios y aportaciones al mundo flamenco” por la firma hispalense Ediciones Giralda. Una obra que vería la luz por primera vez en la granadina peña de La Platería en 1986.

Es una edición muy cuidada, de gran formato, encuadernada con hilo vegetal sobre tapa dura imitando al terciopelo y completamente renovada. Incorpora dos CD -sonido remasterizado- con un largo recorrido por los temas del flamenco de su época que el maestro compiló para la ocasión. Con ella, Manuel Cano quiso dar respuesta a todas las preguntas que se le hacían alrededor del mundo acerca de la guitarra. Además, quiso que sirviera de compendio a sus alumnos, pues fue catedrático de guitarra en Córdoba y Granada.

José Manuel Cano, hijo del compositor, ha sido el artífice de esta edición, que ha pretendido ser un homenaje al flamenco en general y al maestro Cano Tamayo y a su mujer, Emilia Robles, en particular.

El libro consta de seis capítulos que van desde un estudio interesantísimo sobre los instrumentos de cuerda, hasta la evolución de la guitarra y las primitivas escuelas más importantes en su construcción, pasando por la aportación de la guitarra a las formas y bases rítmicas del flamenco, incluyendo numerosos estudios y partituras originales.

Aunque la obra es de contenido sencillo, para todos los paladares, es verdaderamente exhaustiva y técnica en determinados momentos, lo que viene a ser más aprovechable para el guitarrista iniciado o el experto en música.

La introducción y preliminares a la obra, que desliza algunos errores tipográficos difícilmente asimilables, son un poco simples, más motivados por la nostalgia y el sentimiento que por el rigor. El cuerpo de la obra se muestra en blanco y negro, pues lógicamente procede de las primeras ediciones; pero en general la calidad de las ilustraciones deja bastante que desear.

“La guitarra” es la obra cumbre de este instrumento, que cualquier aficionado debe manejar habitualmente como libro de consulta.

* Reseña aparacida en el nº3 de la revista "Acordes de flamenco" (agosto-septiembre 2006)

Programa flamenco

El flamenco va remitiendo, se va preparando paulatinamente para un solapado otoño (la primavera de los solos). Acaban los festivales de provincia (aunque aún quedan algunos importantes), pero comienzan los de los barrios.

Ahora pondré la programación de lo que queda de mes:

Mañana jueves, 7 de septiembre, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,10), podemos ver el espectáculo “De Sanlúcar a Granada”. Al cante: Naike Ponce y Juan Dedel; baile: Lucia de Miguel; toque: Rubén Campos; compás: Charo López (10 euros)

El sábado 9 hay doblete. En el mismo Centro de Interpretación, a la misma hora (22,10) y al mismo precio (10 euros), será el último día para disfrutar del fresquito de este entorno privilegiado, en el que veremos “Los Habichuela y el Sacromonte”. Al cante: Pepe Luis Carmona Habichuela; baile: Benjamín Santiago; toque: Juan Habichuela “Nieto”; Compás: José Antonio Carmona (Sabor y herencia donde los haya)

El mismo sábado a partir de las 22'00 dará comienzo el Festival del Zaidín, con el lujo de José de la Tomasa y Tina Pavón, al cante, entre otros, y a la guitarra Miguel Ochando y alguno más. (Entrada gratuita).

El miércoles 13 está el añejo Festival Flamenco Plaza de Toros (no sé aún el programa)

El sábado 16 otra cita mítica: el Festival Flamenco Albayzín con Parita, Montse Cortés, Guadiana y Miguel el rubio, entre otros.

El jueves 21, volvemos al barrio alto de Granada para asistir por segundo año (después de una fría escisión) al Festival Flamenco Bajo-Albayzín con Manolete y la Zambra de Curro Albayzín, entre otros.

El viernes 22 tendrá lugar el XIX FESTIVAL FLAMENCO DE HUÉTOR VEGA (Jardines Municipales de “Huerta Cercada”) (22,00) - Al cante: Diego Clavel, Manuela Laíno, María José Pérez, Juan Pinilla. Al baile: Silvia Lozano y su grupo. A las guitarras: Ramón Del Paso, Luis Mariano, Isidoro Pérez.

Para terminar el mes, el sábado 30, otro nuevo doblete, con el Festival Flamenco “Ciudad de Órgiva” y el Festival Flamenco “Encuentro con la Danza” de Armilla

Si me llegan nuevos datos, los iré publicando. Octubre será un mes más tranquilo en cuanto a flamenco, con protagonismo de las Peñas. Ya hablaremos.

 

 

El Festival de Ogíjares aún no toca fondo

El Festival de Ogíjares aún no toca fondo A las cuatro de la mañana seguía actuando Luis de Córdoba. Alguna vez lo he denunciado: el formato de estos macrofestivales cada vez tiene menos sentido. A la hora en que se anunció el fin de fiestas, con suerte, la mitad de los espectadores no habían desaparecido. Y el que acude atraído por las primeras figuras, que lógicamente actúan al final, se queda con las ganas y con una entrada para enmarcar.

Por otra parte, este Festival va decayendo en calidad, aunque aún no toca fondo. La cabecera de cartel, sin desmerecer a nadie, no son artistas que hoy en día ocupen las primeras filas. Con todo y con eso, flamenco hubo y buen flamenco. Luis de Córdoba, con menos facultades de las acostumbradas, dio un concierto a medida de su público. Arropado por Manuel Silveria, admirado e imitado guitarrista, anunció seguiriyas, que fueron livianas en su comienzo. Continuó por alegrías y cantiñas, para pasar a unas peteneras con mucho gusto que, sin embargo, por su mal ramo tradicional, levantó a más de un supersticioso de su asiento. Después hizo unos tientos, la mejor de sus propuestas y unos fandangos, antes de pasar a los tangos finales, que los dedicó a José Fernández, el cantaor que abrió lo noche y sigue su estela. A petición de sus incondicionales, acabó con su éxito Agua fresca que fue bien recibido y coreado.

Como segundo de a bordo figuraba Pansequito que, por su peso específico y los resultados de la velada, justo hubiera sido que ocupara el primer lugar. Con un inmejorable Niño de Pura a la guitarra, se templó por alegrías, como buen gaditano, para exponer seguidamente su magisterio en una soleá. José Cortés Pansequito está en buenas facultades, imponiendo esa manera tan particular de decir los cantes y ligar los tercios. Después se fue por levante. Hizo bulerías y unos exquisitos fandangos que sonaron mejor cuando se apartó del micrófono.

Abriendo esta primera parte y cerrando la primera, tuvimos el colorido del baile de Eva Esquivel y su grupo, un buen grupo que marcaba sin fisuras su fría actuación. El baile es algo que también se pierde en los grandes espacios cuando la gente pulula sin parar, cuando el tablao no suena bien, cuando la distancia difumina las formas… Eva trasmitió poco en la soleá por bulerías y en las seguiriyas con las que comenzó su pase, a pesar de entreverle imitaciones de alguna de sus compañeras de baile.

La primera parte, aunque siempre para abrir boca, estuvo más que correcta. Abrió José Fernández que, con su voz laína y su buen gusto, fue muy chaconiano en sus granaínas y en sus caracoles. También haría fandangos y tangos muy aplaudidos. Fernando Rodríguez, cantaor muy morentiano, haría soleá, malagueñas, que recordaban al maestro Caracol, seguiriyas y fandangos.

La jienense Gema Jiménez levantó a los asistentes de sus asientos desde su primera copla por milongas. El bonito timbre de su voz se impuso en los caracoles y en la granaína. Fue como un homenaje a la tierra donde pisaba. Dádiva que continuó con tangos de Granada, en los que se acordó de La Repompa y de Estrella Morente. La ganadora de la Lámpara Minera del pasado año terminó su actuación con los socorridos fandangos festivaleros.

* NOTA: el de la foto es Pansequito (archivo de internet) 

El tiempo no se detiene

El tiempo no se detiene

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Eso es lo que parece dar a entender Israel Galván en este nuevo espectáculo. “La edad de oro”, al igual que el título homónimo de Luis Buñuel en el que retrata brutalmente a la burguesía, expone una espiral que parte de ese supuesto tiempo mítico, pasando por las propuestas actuales y desembocando en un futuro aún no previsible. La parquedad del bailaor sevillano le lleva a acompañarse tan sólo de la inmensa desnudez de un cantaor y de una guitarra que complementan el simbolismo de toda la obra. Fernando Terremoto, fiel reflejo del cante de los años cincuenta y sesenta, dice los cantes como podría decirlos su mismo padre, Terremoto de Jerez, Sordera, Tía Anica la Piriñaca o Agujetas el Viejo. Desde su comienzo por tonás hasta su final por bulerías o su fandango a pleno pulmón, hace alarde de su torrente de voz, que justifica generosamente su sobrenombre. Alfredo Lagos, más libre, con su guitarra suelta, es una volaera que gira según sople el viento, sin ajustarse a ningún canon. La excelencia de su toque se refleja en cada uno de sus solos, de sus arpegios, de sus silencios, que van y vienen inmersos en la continua rueca del tiempo. Destacamos la seguiriya, la soleá, las alegrías… como cenit de ese devenir. Israel Galván, por su parte, va hilvanando esa espiral, concretando esa propuesta espacio-temporal que, como el oleaje de las mareas, viene y va y siempre es el mismo y siempre es cambiante.

Toda la obra son latidos, son impulsos, rellenos de silencios y de arrebatos para dejarse morir de nuevo en su misma quietud. Así las piezas son breves, que decrecen, se congelan para saltar de nuevo. Son chispazos líricos, son como los fotogramas de las películas de época, es como la lluvia de estrellas. Israel, influenciado por el bailaor y pintor Vicente Escudero, se levanta y se rompe, adopta posturas imposibles y roza lo sublime. Se acuerda de sus mayores, recuerda la fiesta y expone su verdad. Los brazos escapan de su cuerpo, sus pies temen abandonar la ortodoxia, su cuerpo se crece y se dobla como si fuera un hombre de goma. Sus movimientos encierran la feminidad y la hombría necesarias para llevar a pensar en un futuro también ambiguo. Los remates de sus apariciones, la propuesta final a cada una de sus piezas de danza, son posturas, a veces forzadas, a veces hilarantes, que recuerdan los cuadros de Escudero. “Tú que puedes”, es una de las voces que se oyó del patio de butacas.

“La edad de oro” en fin es el diálogo permanente entre el pasado que se aferra y el futuro que viene a empellones. Galván dialoga como un orate con esa tradición, escucha a la nada y propone su salto al vacío sin red que amortigüe su arte sin par.

El preciosismo de Rocío Molina

El preciosismo de Rocío Molina

No cabe duda que el baile flamenco está cambiando. No es que se separe de la ortodoxia y del canon prefijado desde que una soleá levantara a una flamenca de su asiento y le llevara a alzar las manos. Es más bien la evolución lógica de este arte. Es la consecución necesaria para que el flamenco siga vivo y no sea una pieza intocable de museo. Al igual que el vino ya no es “lo que da la tierra”, sino que precisa una elaboración, el arte flamenco debe dejar de ser exclusivamente “lo que da la tierra” y debe convertirse en una disciplina de trabajo y estudio, de conocimiento y verdad, para que no nos sigan dando “flamenco de garrafón”.

En esta línea apuntada, por suerte, un nutrido grupo de artistas jóvenes han arrimado el hombro y nos ofrecen un baile más reposado, más simbólico e intelectual. Como decía Mario Maya, el baile no debe ser fuerza bruta. El baile flamenco no es puro arrebato. Debe de salir de dentro, pero expandirse como el aceite y comulgar con la realidad, saber de la existencia de otras artes y beber de todas las fuentes a su alcance.

Rocío Molina, nacida en Málaga en 1984 (obligado es hacer referencia a su juventud) encaja en el perfil de la nueva bailaora, convirtiéndose en intérprete y modelo, en tranquilo manantial y en río que se desborda. Su baile es un verdadero deleite, pañuelo de encaje, figura de Sèvres. Es eternamente femenina, de elegante braceo y exactitud en los pies. Se refleja en el pasado para, con conocimiento, alzar la cabeza y mirar al porvenir.

Su actuación toda es un cuento en forma de romance, donde ella es la princesa, el hada y el dragón. Érase una vez, en un lugar cercano, unas tonás en compás de seguiriyas que la bella bailaba como los ángeles y a los espectadores se les cortaba el aliento. Con una elegante bata de cola negra y una trenza oriental que despejaba su blanca cara de porcelana fina, Rocío tensa todo el cuerpo y gira sobre sí misma, haciendo bailar cada músculo de su ser. El romance continúa después de la primera entrega de Antonio Campos en forma de granaína. Antonio es un cantaor festero que, como Camarón, en vez de adaptarse al cante, adapta el cante a su persona. Así, aligera la media granadina filtrándola con fandangos de Frasquito, con ritmo de tangos. Más tarde hará soleá por bulerías, una gran muestra de vocación y poderío. La segunda entrega de la bailaora malagueña, como digo, es un romance por bulerías, en la que encierra algunos compases del popular “¡Anda jaleo!”. Es su pieza más simbólica y arriesgada. Con una vestimenta de camisa blanca, pantalón a media pierna y pañuelo al cinto, se asemeja al pescador típico de su tierra. Es un baile muy marinero, con sabor a espuma fresca y a sal. Es largamente aplaudida en sus silencios, con lo que se ve obligada a continuar su trabajo, pareciendo así que bailara los aplausos.

Continúa el cuento con unas alegrías exquisitas donde, sorprendentemente, la única critica que se le podría achacar a Rocío Molina, que es la falta de expresividad en el rostro, la supera con creces y deja relucir sus emociones y la sonrisa necesaria para este baile de fiesta.

Como fin de actos, termina el cuento como empezó, con un martinete en forma de bis semi improvisado, cerrando así un espectáculo redondo. Convenciéndonos, no sólo de que es una de las bailaoras del momento, sino que se encuentra en el buen camino.

Elena Camacho gana la “Volaera Flamenca” de Loja y Alberto Sánchez se alza con el premio especial a la mejor granaína y media granaína

Desde hace treinta y cinco años se viene celebrando en la localidad de Loja el prestigioso concurso de cante jondo la “Volaera Flamenca”, organizada por la Peña Flamenca Alcazaba, con el fin de promover y fomentar el cante flamenco y contribuir al descubrimiento y lanzamiento de nuevas figuras, configurándose así en el primer concurso de la provincia y posiblemente de Andalucía. Ganadores de la Volaera de Plata han sido cantaores tan reconocidos como el Perro de Paterna, Luis de Córdoba o Julián Estrada o los granadinos Antonio Cuevas “El Piki”, Luis Heredia “El Polaco” o el Nene de Santa Fe. Este último sería el ganador de 1998; desde entonces ningún artista local ha ostentado este galardón.

El último sábado de agosto, coincidiendo con la Feria Grande de Loja, tras bastantes audiciones y eliminatorias, que han tenido lugar desde el mes de mayo, la onubense de Bollillos Par del Condado, Elena Camacho Pérez se alzó con la “Volaera Flamenca” de Loja de este año, rebasando a más de sesenta cantaores que se presentaron a concurso. En segundo lugar, no obstante el favorito del público y de un servidor, fue el jerezano Alberto Sánchez Sánchez, que también se le concedió el “Premio Especial a la Mejor Granaína y Media Granaína”, dedicado a Frasquito Yerbabuena desde 1978. Su quejío fue el más flamenco y su entrega y finura hilvanando los cantes lo hicieron merecedor de un premio que inexplicablemente se le fue de las manos. Antonio Ortega Sánchez, de Mairena del Alcor, y Antonio José Nieto, de Lucena, ocuparon respectivamente el tercer y cuarto puesto.

Con unas letras del “Poema del Cante Grande” de Federico García Lorca dio comienzo la final de la trigésimo quinta edición de este premio dedicado a la memoria de la recién fallecida Fernanda de Utrera, para la que todos los finalistas tuvieron sentidas palabras y especiales recuerdos. Si la bulería murió con la Paquera de Jerez, la soleá ha desaparecido con Fernanda.

El concurso obligaba a escoger entre tres riquísimos grupos de cantes, pero todos los prticipantes se inclinaron por los mismos. O sea, todos hicieron alegrías, malagueñas y seguiriyas. Tan sólo los dos antonios cambiaron este último cante por tonás y soleá.

Elena, la triunfadora de la noche, estuvo corta y destemplada en las malagueñas, algo más acertada en las alegrías y seguiriyas. Su inmadurez manifiesta estuvo paliada por una voz muy flamenca.

Alberto, un delicioso segundo premio, justificadísimo si el primero hubiera quedado desierto, fue un cantaor con pellizco, que nos recordó al gaditano Aurelio Sellés, maestro en la distancia de Enrique Morente.

Antonio Ortega tiene un gusto antiguo muy reconocido al decir los cantes, recorta los tercios y mece la copla de forma agradable. Antonio José Nieto fue grande en las tonás, que encerraban martinetes y deblas, y correcto en la malagueña; sin embargo sus alegrías sonaron a cantiñas, algo a tener en cuenta por un jurado riguroso.

Carlos Zárate fue el tocaor de excepción de toda la velada. Él recogió la mayor parte de los oles que sonaron en una muestra en general de poco nivel.

Programa flamenco

Una paradita en mi descanso estival me permite comentaros lo que queda de flamenco en el mes de agosto y el prrimer apunte de septiembre. Seré breve:

 

Para hoy sábado, dos grandes festivales: “La Volaera Flamenca” de Loja (final del XXXV Concurso de flamenco joven). O, si estamos por la costa, el festival de Bailes y cantes autóctonos de Albondón.

El martes 29, bailaba Patricia Guerrero en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00), pero ha habido un cambio y no sé quién la sustituye.

El miércoles 30, en la VIII Muestra Andaluza de Baile Flamenco (Los veranos del Corral), será un placer volver a coincidir con el baile cuasiperfecto de la malagueña Rocío Molina. O, si deseamos algo más tranquilo, el mismo día podremos ver en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00), en su Ciclo Cine Flamenco: “SACROMONTE: CUNA DE FLAMENCOS” y TANTO TIEMPO (MADRID-PARIS) EL CAMINO DEL FLAMENCO” (por sólo 3 euros).

El jueves 31, otro día grande, disfrutaremos con el número uno en el Corral del Carbón: el baile arriesgado de Israel Galván.

El sábado 2, ya en septiembre, podremos ir a uno de los festivales más prestigiosos de la provincia de Granada: el XXVII Festival de Cante Flamenco de Los Ogíjares.

Ya vuelvo. 

 

El festival más longevo

XXXVII Festival Flamenco "Lucero del Alba" de Salobreña

El Lucero del Alba, con sus 37 ediciones, es el festival decano de la provincia de Granada. Sus múltiples escenarios han visto desfilar los artistas de primer orden de la escena nacional, desde El Chocolate a José Menese, Carmen Linares, Paco de Lucía o Chano Lobato. Este año, en el inmejorable marco de la Casa Roja de Salobreña, acude como cabeza de cartel uno de nuestros artistas más carismáticos, el cante académico de Calixto Sánchez, precedido por Julián Estrada, los hermanos Fajardo y el grupo de baile de Silvia Lozano.

El maestro de Mairena del Alcor culminará el Festival cubriendo con creces las expectativas de un auditorio entendido. Calixto se templaría con unas tonás, para continuar con granaínas, a petición de los organizadores de este evento, la Peña Flamenca La Trilla. Desde los primeros tanteos, este largo cantaor destaca por la selección de sus letras, nada ortodoxas y llenas de mensaje. Muestra de ello, apreciamos en su tercera entrega, un poema de Machado por la pérdida de su amada Leonor, en forma de milongas. Muy aplaudidas son también son seguiriyas, ese sentimiento trágico y desgarrado. Y, después de la pena, vienen unas alegrías que se acercan más por su contenido a la guasa de los fandanguillos que a las cantiñas. Canta también unos fandangos naturales y finaliza con unas preciosas bulerías que remata con una habanera del inmortal Carlos Cano.

La guitarra de Manolo Franco es precisa y respetuosa. Su experiencia y la finura de sus formas, hacen de él la perfecta pareja para cualquier cantaor. Anteriormente, también acompañaría al cordobés Julián Estrada que, con su potencia y los altibajos de su voz, impone su presencia y su larga proyección. Comenzará por malagueñas y abandonaos, a los que seguirá una soloeá, unas alegrías, unas milongas y unos fandangos valientes.

Los Hermanos Fajardo, José a la guitarra y Julio con su voz, ponen el tinte local en un festival de lujo. Con su cante antiguo y su tono agudo, abordan los palos con sentimiento pero algo acelerados en su plenitud. Rápidamente, abrirán con malagueñas, que hilvanan con tientos-tangos, farruca, alegrías y fandangos.

Con una pincelada por alegrías al comienzo y otra por soleá por bulerías antes de la actuación de Calixto Sánchez, el grupo de baile de Silvia Lozano, llena el espacio de luz, con profesionalidad y buen gusto. No en vano, Silvia, oriunda de Huétor Tájar, se destaca entre las bailaoras granadinas más prometedoras del momento.

Víznar, rumbo al norte

Víznar, rumbo al norte

Coincidiendo con la Festividad del Rosario de la Aurora y con el aniversario del nefasto asesinato de Federico en sus montes, el pueblo de Víznar celebra su semana cultural con multitud de actos y conciertos. Entre estos, el día 18 (coincidiendo con la noche exacta del fusilamiento), se programa su Festival Flamenco que, con pocos medios, se ha constituido en una cita imprescindible en el calendario flamenco veraniego. Hay que destacar, por otra parte, su perfecta organización y su absoluta gratuidad.

Todos los artistas en uno u otro momento se acuerdan del poeta, a quien tácitamente le dedican su actuación. Entre fragmentos lorquianos, Juan Pinilla abre la noche con unos cantes de trilla. Domina la escena y, tras esta temporera, dirige unas sentidas palabras al respetable en honor a García Lorca y a favor de la libertad. Juan dará muestras se su generosidad haciendo cinco cantes más. Con la guitarra exclusiva de Luis Mariano, bordará unas peteneras, se alzará con fandangos de Frasquito y dará gusto a los más exigentes con unas granaínas, donde el tocaor introduce preciosos arpegios de su cosecha. El joven cantaor de Huétor Tájar, con sus formas añejas, rematará su actuación con una farruca y unos fandangos naturales con una selección de letras harto comprometidas.

Los cantaores Manuel Heredia y Juan Ángel Tirado, dos de nuestros mejores exponentes del cante de ‘atrás’, se pasan ‘alante’ e interpretan a pie de escenario unos martinetes que dan buena prueba de su potencial. Después de las tonás, acompañados por la franqueza del guitarrista de la noche y de la caja de El Cheyenne, harán tangos. Y, para terminar, unas bulerías que ilustra el baile de raíz sacromontana de Jara Heredia. Es el toque de color, de fuerza y de belleza que precisa un festival. Jara, reponiéndose aún de un reciente esguince de tobillo, se entregó a un público totalmente convencido.

Como cabeza de cártel, Marina Heredia puso la guinda esperada en esa noche tan especial. La frialdad con que abordó la soleá, pronto quedó en el recuerdo, y sus cantes de levante, aunque con una pequeña traición de su garganta, fueron fuego y encaje. Los matices y el eco flamenco de esta cantaora son sus reconocidas señas de identidad. Resonancias que por suerte van engrandeciéndose con el tiempo. Sus malagueñas son siempre un plato destacado en su menú, que remata, como siempre, con fandangos del Albaycín. Estos fandangos de Yerbabuena, junto con los tangos con los que acaba su actuación, hacen de Marina Heredia la mejor intérprete los cantes de Granada. Lástima que la soleá de Cobitos o la del Niño de Jun no aparezcan todavía en su repertorio.

Termina la fiesta como se merece, con todos los artistas en el escenario haciendo un poquito por bulerías.

Entre Víznar y Alfacar

Entre Víznar y Alfacar

Desde el año 1972, desde los últimos años de vida de Franco, se viene celebrando un homenaje popular a la figura de nuestro poeta más universal en el barranco donde se cree que está enterrado hace ya 70 años. La madrugada del 18 al 19 de agosto en el Barranco de Víznar, en el Camino de Fuente Grande, paraje en el que se encuentran Los Pozos, lugar de masivos fusilamientos de la Guerra Civil Española, se reúnen un grupo de gitanos, intelectuales y artistas (calificativos no excluyentes), encabezados por Curro Albayzín (promotor de la idea) para mantener viva la memoria de Federico García Lorca y sus ideales libertarios. Con pasmosa fidelidad y respeto, entre velas y silencio, se depositan en la misma tumba mariposas y ramas de nardos y a su alrededor se recitan poemas con trasfondo de guitarra y se cantan soleares y bulerías, fandanguillos y tientos. Se interpreta el flamenco al que Federico, quizá sin querer, le puso letra. Nunca falta quien se arranca a bailar.

Se trata, sin duda, de uno de los actos más íntimos y emotivos que se puedan dar en el flamenco. Sin publicidad ninguna, tan sólo el boca a boca, sin escenarios y sin focos, sin micrófonos ni florituras, los gitanos del Sacromonte, el pueblo de Víznar, encabezado por sus políticos, los artistas allí presentes y el público en general, aguantando un frío de justicia, aplacado con aguardiente y salaíllas esperan la madrugada que los ve alejarse en silencio y contención, como llegaron.

Mercedes Ruiz, la dama elegante del baile jerezano

Mercedes Ruiz, la dama elegante del baile jerezano

Mercedes Ruiz, nacida en Jerez de la frontera en 1980, empezó a bailar a los seis años. O sea, lleva veinte años pisando las tablas de un escenario. Ha viajado por medio mundo, ha estado en las compañías de Antonio El Pipa o de Eva Yerbabuena y ha compartido cartel con Belén Maya o Andrés Marín. Con estas referencias, y algún que otro premio, esta joven bailaora en el Corral granadino llevaba las de ganar. Vino, actuó y venció.

Se hizo esperar, pues, antes de abrir el espectáculo como el resto de los bailaores de la Muestra, el cuadro de atrás, como buenos jerezanos, abrieron con unas bulerías. Destaca desde los primeros compases la exactitud de la guitarra de Santiago Lara. También son reconocibles los ecos flamencos de El Londro o la finura de Palomar, aunque no terminaran de entenderse con los micrófonos.

La primera entrega de Mercedes vino por levante culminada por tangos. La elegancia y el sentimiento son señas de identidad que no abandona en ninguno de sus pasos. Alejo Carpentier decía que la revolución no se piensa, se hace. La jerezana piensa, se concentra, contiene su fuerza y su arte y se derrama, se destensa, impone la revolución de sus tacones precisos. Un ejemplo de compás, un derroche de expresión, un cuadro de sensaciones.

Cuando los aplausos dejan el aire expedito, los dos cantaores, a pie de escenario, abordan unas tonás, apuntan la debla y terminan con un sabroso pregón vendiendo “caramelos de menta”.

Como remate de la velada, los cantaores ceremoniosamente se levantan de sus aneas para hacer bulerías (tradicionalmente este palo se presta a echarse un bailecito, por eso se canta de pie). Es una soleá por bulerías donde Mercedes da el todo por el todo. Es la reina de la bulería, es la señora del baile, es la dama jerezana que, con terciopelo azul y chaquetilla torera impone su verdad como si fuera de ella no existiera nadie más.

Y de regalo, la distendida continuación por bulerías, que se lanza a bailarlas Perico Navarro, David Palomar y, cómo no, la misma Mercedes Ruiz. El soniquete es único. Jerez se ha instalado en el Corral por espacio de dos horas.

Algunas noticias

Ayer acudí, como de costumbre, a la cita de baile flamenco en el Corral del Carbón, para ver a un prometedor Rafael Campallo. Pero el recital se había suspendido a pesar de la buena noche que hacía. Me imagino que, como estuuvo diluviando al mediodía y el bailaor venía desde Sevilla, el anuncio de suspender la función estaría ya dada. Una pena.

Hoy iré a Viznar. Merece la pena el lugar, Marina Heredia y Jara Heredia, que, aunque no son familia, comparten apellido.

Mañana me voy a la playa una semanita, así que no escribiré hasta la vuelta. Pero aprovecharé para asistir, mañana sábado en Salobreña, en la Casa Roja, a las 22'30 horas, al XXXVII Festival Flamenco "Lucero del Alba” con Calixto Sánchez, Manolo Franco (guitarra), Julián Estrada, Silvia Lozano y su grupo y un Grupo de flamenco local.

Si os apetece, nos vemos en la sierra o en la costa. Adiós y adiós.