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Flamenco

Programa flamenco

Agosto es un mes bajo para los autóctonos y alto para los visitantes. Mientras esperamos días más benignos, os adelanto la programación flamenca para dos semanas, por si me pierdo unos días (que todo puede pasar, como el camino de Machado).

 

Hoy martes, 15 de agosto, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00 horas), a ver quien me acompaña al baile de Rosa Zárate y Nieves “la Rusa”; al cante de nuestra flamenca más científica: Sensi de Carlos, con Aurora Palomo, Marta García e Iban “El Centenillo”; la percusión de Manuel Vílchez y la guitarra del maestro Carlos Zárate (10 euros)

Mañana, miércoles, Mercedes Ruiz actuará, a las 22'30, en la VIII Muestra Andaluza de Baile Flamenco (Los veranos del Corral) (15 euros)

El Jueves 17 , también en el Corral del Carbón , a la misma hora y el mismo precio, tenemos al artista Rafael Campallo

Al día siguiente, viernes 18, será el Festival Flamenco de Víznar, con la cantaora sin par de Marina Heredia y el baile sacromontano de Jara Heredia. Después tendrá lugar el típico Homenaje a Federico García Lorca en el barranco de Víznar, sabiamente gobernado, como siempre, por Curro Albayzín.

El sábado 19, en Salobreña, tendrá lugar nada menoos que la XXXVII Edición Festival “Lucero del Alba” (37 ediciones, por si no nos lo creemos)
La semana siguiente: en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (el martes 22, a las 22,00 horas) , tendremos al baile "La Caro"; al cante: Raquel de Mónica; a la guitarra: David Heredia; al bajo: Rodrigo Cáceres; y a la percusión: José “Niño Rucho”

En el el Corral del Carbón, veremos, el miércoles 23, a Pedro Córdoba , y el jueves 24, a Juan de Juan  

El miércoles 23, también tenemos (a sólo 3 euros) en el Ciclo Cine Flamenco del Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00): “SACROMONTE: CUNA DE FLAMENCOS” – “AROUND FLAMENCO” - TERUO, UN SAMURAI FLAMENCO

Por último, el sábado 26, podremos asistir a Loja (es un pueblo, no me estoy despidiendo en japonés) el XXXV Concurso “La Volaera Flamenca” y en Albondón Bailes y cantes autóctonos.

Casi nada 

Deifontes Heredia

Deifontes Heredia

III Festival Flamenco "Villa de Deifontes"

 

Heredia es el padre, Jaime “El Parrón”, y Heredia es la hija, Marina. Los dos, el viernes pasado en Deifontes, apellidaron al pueblo con una muestra de su buen flamenco. Antes de esta saga familiar, empero, iluminaron la escena un grupo nutrido de niñas y niños que, bajo el nombre de agrupación flamenca “Cerro de la Cruz”, y bajo el gobierno de su maestra María Angustias, abren todos los años este Festival, con su baile por tientos, rumbas, alegrías o tangos. Con música en off de Camarón o Las Chuches, los jóvenes aprendices, algunas de cuatro o cinco años, hacen las delicias de sus familiares repartidos entre el público. El baile de alguna de estas chiquillas, aunque académico y encorsetado, realmente apunta maneras.

El Parrón, con voz de bronce y aguardiente, se arranca con una soleá. Es su palo estrella y así nos lo demuestra. Aunque su garganta y facultades ya no son las de antes, reconocemos que sigue siendo uno de los grandes en su estilo. Sus cantes de levante son muy aplaudidos y los conatos de ahogo en sus fandangos están bien cubiertos con la eficacia guitarrera de Luis Mariano.

Este guitarrista también le tocará a Marina que, con Carlos Grilo y Manuel Salado haciéndole compás, comenzará su entrega por alegrías. Una entrega que, me temo, no llegó al cien por cien. Quizás tratándose de un lugar al aire libre, donde el ruido de fondo se impone a los actuantes y el sonido no está muy ajustado (me consta que los monitores no se oían como es debido), es difícil tener una actuación sobresaliente. La malagueña constituyó el único tema jondo de esta cantaora. Marina esconde registros y quejíos extraordinarios. La costumbre granadina de rematar estos cantes de Málaga con fandangos del Albaycín debe ser una constante para nuestra identidad. Con las bulerías y los tangos, con los que acaba su pase, demuestran que Heredia es una gran flamenca, que hilvana la fiesta como nadie y que es la mayor representante en la actualidad de los tangos de Granada.

A petición del público asistente y fuera de previsión entonó su éxito “Me duele, me duele”, esos tangos-rumbas que le dan nombre a su primer, y por ahora único, trabajo discográfico, a los que acompañó con un poquito de baile.

 

Por fin se prendió el carbón

Por fin se prendió el carbón

Olga Pericet es la primera bailaora que ha puesto en pie a los asistentes del Corral del Carbón en lo que llevamos de Muestra. El lleno absoluto que cuenta este espacio escénico durante toda la temporada está más que justificado. Y con esta joven bailaora cordobesa es una doble satisfacción.

Olga Pericet es una bailaora completa que expuso un repertorio redondo con el que sorprendió gratamente tanto a los que la ven por primera vez como a los que ya conocemos su baile. Reconocimiento que quedó demostrado con la prolongada ovación final, aunque ella se quejara entre bambalinas por la dureza del público granadino.

Su primera entrega fue todo un detalle para la ciudad que la acogía. Con bata de cola bailó unas delicadas granaínas, que se difuminaron en la noche como el negro de su vestido al blanco de sus volantes. Su arriesgada propuesta y el respeto con que aborda cada uno de sus movimientos, junto con su sonrisa permanente y el beso suave que lanza al viento, a la ciudad y a su paisanaje, conquistaron rápidamente a los asistentes.

Sus entrañables granaínas tan sólo abrieron boca. Constituyó esa delicatessen que nos prepara para un excelente menú. El plato fuerte llegó en forma de alegrías. Aires de Cádiz plenos de sentimiento, especialmente interpretados para ella, que repite bata de cola, llenando de sal el patio del Carbón como ninguna de sus predecesoras. Las guitarras son una gozada y su comunión perfecta, destacando este toque por cantiñas cargado de arpegios y sutilezas. Leo Triviño, un cantaor muy flamenco, con ecos camaronianos, raja el cante y desgarra la brisa. Fabiola, una de las pocas voces femeninas que hemos escuchado en este ciclo, con su buen gusto, da el contrapunto necesario al cante de ‘atrás’. Lamentablemente, su efusivo cante por bulerías resultó algo largo y fuera de lugar. Sobre todo porque lo acompañó con unos pasitos de baile innecesarios en un recital de danza. Sobre todo porque, a su término, Leo interpretaría una soleá con sólo guitarra y el tiempo de aparición de la protagonista se prolongó sin razón alguna. Sobre todo porque adquirió un protagonismo que no le correspondía. Las palmas y jaleos de Tacha y Popi recordaron que este complemento de compás es imprescindible en un recital flamenco, pero que muy a menudo se ahorra.

Olga, a veces fuego desbocado, otras porcelana fina, nos baila para finalizar unas peteneras, otro palo desacostumbrado en el baile flamenco, otra muestra de arrojo, que viene mostrando junto a Manuel Liñán, en su espectáculo “Cámara negra”.

El acostumbrado bis por bulerías fuera de programa relajó a una artista exigente consigo misma.

Adela Campallo y la elegancia

Adela Campallo y la elegancia Unas tonás bien templadas, en el bronce de Juan José Amador padre, dan paso a las seguiriyas con las que comienza la joven bailaora sevillana su velada. Adela Campallo (1977) es una bailaora de oficio que ha pasado por los grandes maestros de la danza flamenca. Su entrega sin condiciones es reconocida por un público que ovaciona sin parar. Varios minutos de aplausos a su término harán que la bailaora propine un improvisado fin de fiestas por bulerías. En lo que llevamos de Muestra, éste es el remate más serio y profesional de cuantos se han propuesto. Las "pataíllas" finales no tienen que deslucir la velada. No se trata de que sin sentido se prolongue la fiesta a su término. Tampoco se trata de poner el punto cómico a los postres y hacer bailar hasta a las jirafas de los micros, aunque todo se agradece. En lo que debe consistir un bis flamenco es en que, con tono desenfadado, se ofrezca una nueva guinda, cuasi preparada (pues todos saben se les va a pedir), que termine de endulzar la noche, con alguna sonrisa cómplice.

Tras estas seguiriyas en blanco y negro, los dos tocaores, Mariano Campallo y Paco Iglesias, nos sorprenden con unas deliciosas granaínas a cuatro manos. Es de agradecer que en la ciudad de la Alhambra se interprete este palo por músicos foráneos con tanto sentimiento.

Adela vuelve, tras estos minutos musicales, con su habitual fuerza, a bailarnos unos aires de Cádiz. Su temperamento ciego le hace a veces hasta perder el equilibrio y su elegancia sólo queda mermada por las bastedades que propone en sus alegrías, que si bien son comunes en la tradición flamenca, hoy por hoy, cuando la suerte de provocar ya no es necesaria, se deben ir relegando con recursos más sutiles.

Después de unas bulerías que hace el cuadro de atrás, Campallo se prepara para terminar la faena por tangos. El soniquete seduce a la bailaora como en una ceremonia de trance, al tiempo que seduce a los asistentes al espectáculo. La finura de sus movimientos es sobresaliente y su baile en general muy femenino. Un gran futuro aguarda a los flamencos que trabajan y estudian día a día.

El mercado del arte

Bajo el título común de "Por peteneras", el sábado pasado comencé una columna sobre flamenco, de periodicidad incierta, con este artículo (el cual publiqué hace tiempo en la edición digital de Granada Hoy y por ende en este blog):

El flamenco, sobre todo el cantaor flamenco, ha tenido siempre fecha de caducidad. Los trasnoches continuos; el alcohol, a veces obligado para templar la voz y los nervios o para aguantar los reveses de la vida; las drogas, sin adivinar muy bien sus consecuencias; y, en definitiva, su malvivir, hacían de los flamencos fuegos de artificio, que se elevan y estallan en un cenit la mayoría de las veces improbable. Hogaño, el flamenco, en el mejor de los casos, se equipara a otras artes, los artistas se cuidan e invierten salud y facultades para su futuro. Tanto se prestigia el flamenco hoy día que, como nos descuidemos, va ha hacerse prohibitivo. Algunos artistas comienzan a mostrarse intocables por el caché que están adquiriendo. Distinción económica que no siempre se corresponde con la calidad. El artista se debe valorar. Está bien que a los veinte o a los treinta años de andadura por los escenarios, con una merecida carrera y un prestigio reconocido, se cotice como es debido, pero que al mínimo éxito la cuantía de contratación se multiplique varios enteros hace que la lógica se tambalee. Muchas veces es la pescadilla que se muerde la cola, como si su elevado precio fuera muestra de sus dones y las cualidades adquiridas justifiquen su alto caché. Causas de la cresta ascendente son, por un lado, el prestigio artístico, social e internacional que viene adquiriendo el flamenco durante estos últimos años, la demanda creciente entre un público incondicional y que instituciones oficiales y centros privados no duden en programar lo que se reclama. Por otro lado, están las agencias y los productores que pretenden sacar el mayor provecho de sus protegidos, aunque esto sea a corto plazo, jóvenes promesas hay muchas, cada vez más, y que alguna se quede en el camino es una ‘pérdida’ por suerte reemplazable. Las consecuencias son previsibles, meridianamente claras. Un artista con un caché elevado puede ser llamado cinco veces, pongamos el caso, cuando con un precio de contratación asequible serían requeridos veinte veces, que quizá sea lo que interesa con vistas a la promoción y a la divulgación del arte. El formato del macro festival de flamenco también va a cambiar, pues un evento de este tipo tiene una subvención determinada y si un sólo artista, dos a lo sumo, se la reparten íntegra, la fiesta queda truncada, y a la postre, los nuevos flamencos, que hallan en estos recitales un buen espaldarazo para poder codearse con artistas ya consagrados y ser contemplados por un gran número de espectadores que de otra forma les sería difícil reunir, se verán relegados al olvido hasta que un supuesto ‘pelotazo’ haga multiplicar sus expectativas.

Montefrío, por y para el flamenco

XXXIII Festival Flamenco “Manuel Ávila”

Montefrío es una población flamenca donde las haya. Su festival, dedicado desde la muerte de Manuel Ávila, a este insigne cantaor local, cumple nada menos que treinta y cuatro años. Pocas citas flamencas, no sólo en Granada, sino en toda Andalucía, se pueden vanagloriar de tan longuísimo acontecimiento, tan sólo superado por el “Lucero del Alba” de Salobreña, con 37 años, y la “Volaera Flamenca” de Loja, con 35.

Esta edición ha servido para homenajear a ese personaje tan entrañable del mundo flamenco granadino que es Pepe Guardia, aún no suficientemente reconocido. Por este motivo, por su legendaria tradición flamenca y por el respeto a su afición, el Ayuntamiento de Motefrío ha programado un cartel completo y variado, donde se pudo disfrutar desde el flamenco más añejo al más fresco y juvenil, desde la seriedad más extrema hasta la euforia más liviana, desde la extremada juventud hasta la sabiduría de mil arrugas reconocidas. Así pudimos ver la resonancia del octogenario Manolo Osuna, amigo personal de Manuel Ávila, haciendo soleá, tientos y fandangos; la gracia y majestad de Curro Albayzín y su manera única de ser en el escenario, cantando, bailando y recitando a sus imprescindibles García Lorca o Manuel Benítez Carrasco, con tangos del Sacromonte como fondo musical, interpretados magistralmente por un incombustible Luis Mariano; o el poderío picante de María La Coneja comenzando por tangos y acabando por los graciosos tanguillos que interpretara con Antonio Canales en su espectáculo “La casa de Bernarda Alba” y que dan cierto sentido a su apodo. Entre estos dos temas, María hace un alarde de castañuelas, a lo que ella llamó “Preludios” con aires festeros, que interpretaba “hace mil años”; y un poquito por fandangos. A su término, La Coneja llamará al escenario a Toni Maya, otra leyenda viva sacromontana, que se hallaba entre el público y que improvisó unas bulerías.

La vertiente más joven se inclinó también por el flamenco de raíz. Mercedes Hidalgo nos brindaría la caña y un ramillete de fandangos; Juan Pinilla hará temporeras y granaínas; Verónica “La Hindú”, jovencísima artista local, bordó una soleá de Triana y unos tangos granadinos; y Álvaro Rodríguez, que abrió la noche, se templó con una soleá y elevó la temperatura flamenca con unas malagueñas.

Para terminar, Silvia Lozano, con el cante de José Fernández y David Sorroche y la guitarra de Alfredo Mesa, bailará sus famosas alegrías depuradas con un nuevo encanto. Se ve que el ensayo diario y los nuevos modelos le son hartamente provechosos.

A altas horas de la mañana y con la sensación de haber visto un gran Festival, nos retiramos hasta el próximo año.

 

Programa flamenco

Programa flamenco

Antes de poner la programación de esta semanade flamenco en Granada y provincia, os voy a mencionar el XXXIII Festival Flamenco “Manuel Ávila” que tuvo lugar ayer Domingo en Montefrío con un gran cartel, cuyo comentario sacaré en el periódico de mañana y colgaré en este blog. ¿Por qué no os di la referencia antes? Buena pregunta. Porque en mi agenda figuraba este antiquísimo festival el 8 martes, dos días después. Así que me pilló por sorpresa.

Para esta semana, seguimos con el Romancero todas las noches en el Generalife (18 euros). Continuamos también con las noches mágicas del Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte. Este martes (22,00 horas) podremos ver el baile remozado y fresco de Silvia Lozano; con el cante sereno de José Fernández; la guitarra de Alfredo Mesa; y la percusión del amigo José García “El Puche”, quien creó el Taller de Compás de Cartuja y se codea con Carlinhos Brown. (10 euros)

El miércoles 9, en la imprescindible Muestra Andaluza de Baile Flamenco, en el Corral del Carbón veremos a la joven Adela Campallo (1977), con Juan José Amador y David Sánchez "El Galli" al cante, Juan y Mariano Campallo a la guitarra y José Carrasco a la caja. (15 euros)

Ese mismo día, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00 horas), tenemos el Ciclo Cine Flamenco: “SACROMONTE: CUNA DE FLAMENCOS” y “POR ORIENTE SALE EL SOL (LA PAQUERA EN TOKIO)”; y el cortometraje “LOS ALMENDROS-PLAZA NUEVA”. (3 euros)

El jueves 10, en la VIII Muestra Andaluza de Baile Flamenco (Los veranos del Corral), será excepcional la propuesta de la cordobesa Olga Pericet, con Leo Triviño y El Picúo al cante, José Luis Montón y Jesús Pimentel a la guitarra y Tacha y Popi a las palmas. (15 euros)

Para terminar la semana, el viernes 11, en Deifontes, asistiremos al III Festival Flamenco “Nuestras Raíces”.

Completita la semana ¿eh?

 

*FOTO: La Paquera en Tokio (facilitada por el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte)

El temperamento de Pastora Galván

El temperamento de Pastora Galván

Hermana del personalísimo Israel Galván, que podremos ver en este mismo escenario el 31 de agosto, Pastora Galván nos ofrece un baile joven, lleno de soltura y brío. A pesar del calor desmedido, la bailaora sevillana se entregó a un público que respondía a cada uno de sus requerimientos. Comenzó con unas alegrías bastante convencionales en su ejecución. Si bien, hay que destacar un completo juego de manos y la expresividad de su rostro. Tras esos toques gaditanos, Miguel Iglesias, un tocaor de bandera a quien hay que tener en cuenta, y Antonio Zúñiga, abordaron unas seguiriyas algo aceleradas para no acompañar al baile. Después le tocará el turno a José Valencia que, con simpatía y predisposición, hará unas malagueñas bien templadas, comenzando con la grande de Chacón.

La propuesta de tres bailes con dos cantes entre ellos que se está llevando en todas las jornadas de la Muestra, no sólo da resultado, sino que creo que es la más natural y honesta de las fórmulas posibles.

Pastora hará también unos tarantos rematados con tangos. Es su oferta más arriesgada. En ella se advierte un cambio de registro completo, que trasciende desde un vestuario menos aflamencado hasta unos pasos más endógenos, más hacia adentro. Su taconeo centra su tensión y sus movimientos de raíz pugnan por saltar a otros mundos. Puede que se entrevea la mano de Israel en estos bailes levantinos.

Para terminar, Pastora vuelve a sus orígenes, al baile puro y temperamental. Nos ofrece una soleá por bulerías llena de fuerza y arrebato, en la que se distinguen influencias de la familia Maya.

Un gracioso toque por bulerías fuera de programa, que animan a José Valencia a acompañar a la bailaora en sus pasitos postreros, ponen el punto final a una noche asaz calurosa.

Esencias número cinco

Esencias número cinco

La quinta apuesta de Los Veranos del Corral, tiene nombre de mujer. Desde Sevilla nos viene Manuela Ríos, una veterana del baile, a pesar de su juventud, que nos ofrece un espectáculo lleno de sentimiento. Su baile maduro y sereno desborda flamencura y belleza. En cambio, su entrega en general se advierte algo pobre y previsible. La soleá por bulerías, sin guitarra, con la que comienza su pase, es tan sólo correcta. Destaca, sin embargo, su elegancia y expresividad, sus movimientos sinuosos y su juego de hombros y de caderas, realizando guiños de alto contenido sensual. Manuela conoce su oficio y domina el escenario y a un cuadro de atrás que se esfuerza por servirla. Miguel Pérez, tocaor de grandes registros y limpieza expositiva, interpreta en solitario, apoyado con las palmas de sus compañeros, unos aires gaditanos. Antonio Núñez “El Pulga”, Antonio Campos y Moi de Morón, cataores con gran bagaje, dejaron patente su buen hacer y su dominio del compás y del jaleo. Sus voces, casi siempre solapadas, podían ser una delicia cuando sonaban al unísono (aunque a veces el abuso de este recurso pudiera resultar peligroso). Recordamos, en este sentido, la coda final de la soleá por bulerías, cantando a tres voces, “Pa’ mi Manuela”, la letra que escribiera Diego Carrasco para el disco “Sacromonte” de Enrique Morente, regalándole de paso los oídos a la bailaora.

Una rueda de martinetes sin micrófono da paso a las seguiriyas. Palo que se ha convertido en una muestra imprescindible para todo bailaor. La seguiriya para el baile está concebida para la exhibición, es un tema muy completo, en el que el protagonista puede mostrar todo su arsenal de valores dancísticos. Con todo y con eso, salvo instantes gloriosos, Manuela no logro conectar con el público. Conexión, sin embargo, que logró con creces, en su última entrega por alegrías con bata de cola. Estuvo arrebatadora y fue merecidamente aplaudida y requerida para saludar varias veces. La última, con una pataílla por bulerías.

* FOTO: Nono Guirado 

Programa flamenco

Programa flamenco

Aquí va el programa flamenco de la semana entrante (y ya estamos en agosto).

Comenzamos recordando que todos los días (hasta el 27 de agosto) tenemos en el tearo del Generalife (muchos lo llaman anfiteatro porque suena más erudito, pero hay que recordar que el anfi es redondo u ovalado y no direccional), a las diez de la noche, el Romancero Gitano de García Lorca del Ballet Flamenco de Andalucía, dirigido por Cristina Hoyos.

El martes, primer día de mes, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00 horas) tendremos a una bailaora sacromontana, entrada en años, con un arte que no se puede aguantar. Me refiero a Angustias "la Mona", con cante afillao de Jaime Heredia “El Parrón” y el de Manuel Heredia; a la guitarra Rafael Fajardo.

Al día siguiente, miércoles 2, Los veranos del Corral nos presentan (22,30) a la joven sevillana Manuela Ríos (1970), con Antonio Campos, Moi de Morón, José Anillo y "El Pulga" al cante y Miguel Pérez a la guitarra (¡Cuatro cantaores, qué escándalo!).

El mismo miércoles, algo más reposado, en el Centro de Interpretación (22,00), comienza un Ciclo de Cine Flamenco, con dos documentales interesantes: “SACROMONTE: CUNA DE FLAMENCOS” y “MORENTE SUEÑA LA ALHAMBRA”.

El jueves 3, otra vez en el Corral del Carbón (22,30), veremos a otra sevillana, Pastora Galván (diez años más joven que Manuela). La arroparán José Valencia y Antonio Zúñiga al cante y Miguel Iglesias a la guitarra.

Y prepararos porque desde la semana próxima comienzan los festivales de los pueblos y tendremos flamenco casi a diario.

* FOTO: saludo final del 'Romancero gitano', con Cristina Hoyos a la cabeza (Nono Guirado)

Excelencias de la escuela cordobesa

Excelencias de la escuela cordobesa

Córdoba, en muchas ocasiones, es una ciudad olvidada de la mano blanca del flamenco. Córdoba destaca, sin embargo, por sus tocaores, no en vano anualmente celebran su Festival de la Guitarra. Pero en Córdoba, esa ciudad de ojos grandes y boca pequeña, se está fraguando un baile muy personal en sus pequeñas academias, en sus escuelas de baile o, sobre todo, en los cursos magistrales que imparte Javier Latorre, a los que acuden bailaores y coreógrafos de toda España, convirtiéndose así, este bailaor valenciano, en maestro de maestros.

La Muestra de Baile Flamenco en el Corral del Carbón, no puede ser ajena a este filón que despunta, y nos acerca desde la ciudad de la Mezquita a dos representantes de su joven escuela. Estos son Daniel Navarro, que pudimos ver bailar este jueves, y Olga Pericet, de la que podremos admirar su buen gusto el 10 de agosto en este mismo ruedo.

Daniel Navarro también estuvo presente el pasado año en la Muestra, arropado por la sabiduría del maestro Guadiana. Daniel, desde su primera entrega por tangos, demuestra su equilibrio y su excelente sentido del ‘tempo’. Se le ve más maduro que la vez anterior, canalizando su fuerza de manera más racional y armonizando como pocos su desenfrenado zapateo. Daniel se ha convertido en un bailaor elegante y lleno de sentimiento. Elegancia sin discusión que demuestra en una soleá bien templada. Se agradece por otra parte la expresividad de su rostro y su complicidad con el respetable.

Después de los tangos, sus músicos hacen un poquito por bulerías que sirven para calmar la posible tensión. Y después de la soleá, los cantes de levante elevan varios enteros a la parte musical del concierto. El cuadro, como digo, se porta y se comporta. Están a gusto y así lo demuestran. Cantan a rabiar y se jalean unos a otros, demostrando que están en la elite del flamenco de ‘atrás’. Antonio Campos, José Valencia y Juan Manzano “El Coco” son tres cantaores de base muy solicitados. A la guitarra Juan Requena, un tocaor versátil, sobrado de ritmo y exactitud.

Navarro, terminará la velada por alegrías. Un baile tradicionalmente femenino que, bailado en solitario, ha trascendido y ya no existe bailaor que no lo incluya en su repertorio. Dentro de la estructura cerrada de estos pasos, Daniel improvisa y sorprende por su actitud dominada y por sus dotes de comunicador, en el que se advierten retazos del mejor Grilo.

José Valencia no se puede resistir y, como en otros foros, apunta su fin de fiestas particular en forma de bulerías.

Chano entre los dioses

Chano entre los dioses

Con cerca de ochenta años (1927), Chano Lobato es el rey del escenario. Su generosidad y gracia no tienen parangón. Es el último representante de esa saga de cantaores gaditanos, como Beni o Pericón, que ilustraban sus actuaciones con increíbles anécdotas que, lejos de romper el ritmo del concierto, le añaden un nuevo aroma.

Chano, con el desparpajo gaditano ya comentado, se metió al público en un puño. Ya no sólo por sus chascarrillos, sino por su entrega y su gusto extremo al decir los cantes. Un gusto que palia sin discusión una voz algo apagada por la edad y la batalla.

Fue el encargado de cerrar la noche, cerca de las dos de la mañana, y, si fuera por él, habría continuado hasta la madrugada. La crítica especializada le ha otorgado la distinción III Compás del Cante y no sin razón. Si el paladar, comentado más arriba, fue la tónica de su concierto, su sentido del ritmo es insuperable. Un hombre como Lobato, hecho para cantar ‘atrás’, está sobrado de compás. El cantaor se centró en Cádiz, recordándonos una vez más que los cantes de su tierra no se conciben en la actualidad sin el aporte de Chano Lobato. Comenzó por tangos, en los que se acordó de Granada y continuó por sus alegrías que han creado escuela. Un punto de inflexión fue la soleá “para los de mi edad”, puntualizó. Después, sin bajar la guardia, dio una buena muestra de sus deliciosas bulerías salpicadas de colombianas. Capaz de cantar cualquier cosa por bulerías, es de los primeros cantaores que introdujeron el cuplé en este cante.

Y, puestos a la realeza, también fue rey en los tanguillos, a los que contribuyó a su reconocimiento, y en las rumbas con las que se despidió, dando unas ‘pataíllas’ con salero y con duende. El público, la afición sin fisuras del pueblo de Íllora, no deseaba que se fuera el maestro gaditano, como tampoco querían que abandonara el escenario ninguno de los que le precedieron.

Carmen Carmona, artista local, fue profeta en su tierra. Hizo las delicias de su gente, que coreaba sus canciones como si se tratara de una estrella del pop. De una familia flamenquísima emparentada con los Habichuela, con Diego el Cigala o con Morenito de Íllora, Carmen se templó con una soleá. La belleza de su timbre y la altura de sus registros nos pueden recordar a Esperanza Fernández y sus ecos y encajes a Camarón. De su disco “Calvinaca” tomó una rumba y unos tangos llenos de energía y color. Y, para despedirse, repitió tangos. En esta ocasión, los llamados “Mi abuela” que, antes de incluir en su próximo trabajo discográfico, son ya un verdadero éxito. A la guitarra, el soniquete especial del veterano Niño Jero.

Patricia Guerrero, siempre lo diré, hoy baila mejor que ayer pero peor que mañana. Es una bailaora que no para de aprender, de exigirse, de experimentar nuevas formas… Patricia es una buena prueba del artista que nace con determinadas facultades, pero que se hace día a día, estando al pie del cañón, o, en este caso, al pie del tablao. Hizo seguiriyas y apuntó un poco por bulerías en el fin de fiestas. Supo a poco.

Juan Pinilla, cantaor de Huétor Tajar, tiene una proyección tremenda. Ha traído cinco primeros premios del Festival de las Minas de la Unión, el galardón más prestigioso de flamenco joven de nuestro país, y se ha quedado finalista de esta edición. Lo mismo nos sorprende con la Lámpara Minera de este año. Cantó por tonás, por fandangos de Granada y por granaínas, no sin antes dedicarle una farruca excepcional a Chano Lobato.

El primer intérprete de la noche fue Álvaro Rodríguez que, con voz torrentosa y bien modulada, hizo soleá y milongas, demostrando su buena forma y el merecido galardón recibido recientemente en el concurso “Flamenco en los Montes”.

* FOTO: Paco Sánchez 

Programa flamenco

Programa flamenco

Sigo en mis trece, empeñado en proporcionar la programación flamenca semanal a todos mis lectores (que, estoy llegando a la conclusión, son menos de los que pienso). (Cómo me gustaría tener un blog plagado de comentarios.)

En estos meses de verano la actividad flamenca se centra más entre semana que los weekend. Así, sin más preámbulos, os comento que para el martes 25 tenemos, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00 horas), el baile de Jessica la Faraona, Luís de Córdoba a la guitarra y al cante de Curro de la Chucuela y no sé quien sustituirá a Víctor Quero "El Charico" en estado de coma hace un mes (un espíritu sensible a merced de la envidia y las malas compañías, que le arrastraron a consumir demasiados estupefacientes), la mejor voz flamenca que teníamos en Granada y posiblemente en toda España.

El miércoles 26, hacemos doblete. En primer lugar en el Corral del Carbón (VIII Muestra Andaluza de Baile Flamenco), a las 22'30, podremos ver a una bailaora de las grandes, a pesar de su juventud, Fuensanta "La Moneta" (muero con sus seguiriyas). Y, ese mismo día, a esa misma hora, a unos kilómetros de distancia, un servidor presenta el Parapanda Folk de Íllora con Chano Lobato, como cabeza de cartel, acompañado de Niño Jero, Juan Pinilla, Carmen Carmona y Álvaro Rodrígez, casi nada (entrada gratuita). Esto sí que es un festival.

Orgulloso de presentar mi primera velada flamenca y algo amoscado por no haber podido ver a La Moneta, el jueves acudiré al Corral (VIII Muestra Andaluza de Baile Flamenco) para disfrutar con el baile festero del cordobés Daniel Navarro. Le acompañarán Antonio Campos y Juan Manzano "El Coco" al cante y la guitarra precisa de Juan Requena.

Ese mismo dia y a esa misma hora (22'00), para repetir el delito, tendremos en la Peña La Platería a Javier Martos y su grupo.

* Foto: de la imprescindible Fuensanta 

Andrés Peña no se ríe

Andrés Peña no se ríe

Desde Jerez nos llega este bailaor con fuerza y solera. Ha bailado para Duquende y ha formado parte de la compañía de Eva la Yerbabuena, hasta que en el año 2000 es considerado el mejor intérprete en la Bienal de Sevilla y se lanza a bailar en solitario, exponiendo un baile que rezuma flamenco por todos los poros. Si el baile tiene género, que lo tiene, el de Andrés Peña es un baile macho, que se sustenta sobre todo en el juego de piernas, en el taconeo exacto y en un compás innato. Arropándolo por detrás, nombres de altura que, sin embargo, en conjunto no estuvieron demasiado finos. Luis Moneo, familia de Juan Moneo El Torta, fue muy ajustado. Quedó corto en las malagueñas que hizo en solitario. Tan sólo destacó, como buen jerezano, en la soleá y en las bulerías. Javier Patino, a la guitarra, es una apuesta segura, que se mostró frío y fuera de lugar. Inmaculada Rivero, que no aparecía en el programa, en cambio, sí estuvo en su sitio. Para las bulerías, que canta de pie en primer plano, se echó un bailecito, como mandan los cánones.

Visto lo visto, el peso del espectáculo recayó tan sólo en el bailaor que abrió con unos martinetes y se fue por bulerías, quizá demasiado largas. El sonido -espero que para toda la muestra-, estuvo muy cuidado, sin embargo, la iluminación fue algo pobre y el calor excesivo, uno de los principales enemigos de la danza. Con todo y con eso, Andrés es un bailaor de oficio, que sienta sus credenciales desde un principio: no le doblegarán los factores externos. Desde las tonás convence al respetable y la ortodoxia impera en toda la muestra. La farruca es un baile muy agradecido a quien el jerezano supo sacarle buen partido. Sus pies hablan y el cuerpo le acompaña, pero su rostro es inexpresivo, hierático. Fija un punto en el infinito y no deja de mirarlo. Ni una sonrisa.

No obstante, su seriedad triunfa y el público aplaude con sinceridad su entrega incondicional. Termina la velada con una soleá por bulerías en la que, una vez más, nos recuerdan que los reyes son de Jerez. Como fin de fiestas un poquito por bulerías a pie del escenario, a las que se sumó al baile Javier Patino, que dejó la guitarra en manos de Moneo. Ante la insistencia del público, tuvieron que salir varias veces a saludar.

El baile desnudo de Andrés Marín

El baile desnudo de Andrés Marín

Bajo el calificativo tan poco acertado de “Vanguardia jonda”, este bailaor granadino, de padres también flamencos, abre la VIII Muestra de Baile Flamenco en el Corral del Carbón. Su baile es el justo y necesario, es escueto y tenso. Abandona toda floritura, ejercicio circense y efectismo teatral, para mostrarse sincero y desnudo ante el público.

Desde su primera entrega, una soleá por bulerías, con sonido en off de voces polifónicas femeninas, deja trascender su verdad minimalista. Su concisión extrema y sus movimientos quebrados le hacen parecer frío. Frialdad que palia con un exacto taconeo y unos silencios sugerentes. Su cuerpo enjuto y su ropa negra acentúan esta parquedad. La iluminación, en un continuo claroscuro, no engrandece lo que no existe.

Así vemos una nueva propuesta, una gran propuesta, un baile personalísimo que casa a la perfección con los sentimientos, que comulga sin discusión con el cuadro que le arropa detrás. Unos músicos de excepción que, entre las actuaciones del bailaor, hacen unos temas de profundo sabor flamenco y de una entrega desmesurada. Se demuestra en las alegrías y en las malagueñas, con un José Valencia que se sale, y dos tocaores de lujo, que se complementan y logran momentos imposibles cuando sus falsetas se solapan y los arpegios se funden a favor de un todo.

Los tarantos no dejan duda. Andrés es un pincel que va garabateando la escena, dejando manchas de tinta en los lugares que más le duelen. Son pesares que tiemblan en la garganta del cantaor y el taconeo los siente como suyos. De hecho, las letras están muy cuidadas, seleccionadas especialmente por Marín.

Novedoso también, y natural, muy natural, es que el bailaor en ningún momento abandona el tablao, sólo se difumina. Sus propuestas acaban como empiezan: fundidas en negro, sentado en la silla, haciendo compás cuando se precisa y disfrutando de la música como un nuevo usuario. Nada de estridencias, nada de cantos de cisne, nada de cambios de traje que enturbien ese vuelo desnudo.

Para terminar, el baile definitivo en forma de seguiriyas. Un baile que aúna las propuestas de Andrés Marín. Todo un manifiesto, una declaración de principios que nos recuerdan que el baile importante es el que dice algo y el bailaor interesante es el que sabe cómo decirlo.

* Foto: Nono Guirado 

La Argentinita en Valderrubio

La Argentinita en Valderrubio

Otra vez García Lorca. Otra pincelada sobre la vida del poeta que, lejos de convertirse en un tópico, es nuestra referencia e identidad. Es la deuda razonable hacia el granadino más universal silenciado durante tanto tiempo. Esta vez, en su casa de Valderrubio, se recordó a una de las amigas del poeta: la musa y colaboradora Encarnación López, más conocida como La Argentinita. Bajo una idea de la Delegación de Cultura de la Diputación de Granada, que pretende acercar cada año a esta localidad la figura de Federico y “evocar sus inquietudes artísticas a través de su obra”, se estableció un paralelismo entre la figura de La Argentinita, proyectada en un cortometraje de los años 20, y una artista del momento que, en el escenario remeda a la artista argentina. Así, María Jesús Ocaña “Marichú”, en una encomiable labor de aprendizaje, convertida en un clon de la figura de celuloide, adopta el gusto y la gracia del baile de la época y, no quedando satisfecha, mimetiza el peinado, el vestido, los complementos y, sin ser cantaora, hasta las canciones que hacía mientras bailaba, con el riesgo de parecer algunas veces artificiosa.

El vídeo, sin sonido, se proyecta sin fin en el fondo del escenario, mientras Marichú muestra el mismo baile en vivo sobre las tablas. Los Tangos del Escribano son su primera propuesta. Es un baile seductor, que ensalza la figura femenina por encima de todo. Mucho movimiento de caderas y de piernas, sin necesidad de llegar al zapateado. Giros de cintura y de cabeza, sonrisas y guiños llenos de sensualidad. Le siguen tanguillos y alegrías que María Jesús calca del alter ego en blanco y negro que sonríe a sus espaldas. El rigor viene también unido a la guitarra de Rafael Hoces que, nota a nota, rasgueo a rasgueo, reproduce con toda exactitud el toque sincero y parco de Manolo de Hueva, quien acompaña a la artista en el documental. Un toque primitivo, lleno de compás y sabiduría que contribuyó a establecer los cimientos de lo que hoy en día es el mundo de la guitarra. Marichú-Argentinita continua con unas bulerías muy marcadas y, para terminar esta primera parte, con su alumna aventajada Inmaculada León, en el papel de Pilar López, hermana del ídolo argentino, que también aparece en el documental, se entrecruzan por sevillanas acompañadas por unos palillos que suenan a albores de siglo XX.

La segunda parte, estará enfocada al flamenco joven actual. Verónica La Indú, con su torrente de voz telúrico y de sublime limpieza, irrumpe con unas granadinas donde homenajea a García Lorca. Oyendo a esta joven cantaora de Montefrío, cabe preguntarse si el cante nace o se hace. El cantaor se va haciendo, pero en el caso de Verónica el flamenco emana de su garganta y se deja caer ante un público ensimismado. Nos recuerda a los inicios de Aurora Vargas o La Macana. La Indú continua con una soleá de Triana llena de matices y unos tangos que se esfuerzan por ser de Granada. A la guitarra, su hermano Paco Jiménez llena el aire de pellizco gitano y convence con un toque enraizado en las entrañas.

José Fernández, arropado por su hijo a la guitarra, dos deja, con su inestimable buen gusto y quejío flamenco una granaína y media de Chacón y un ramillete de fandangos naturales.

Para apreciar la evolución de la danza en nuestros días, Inma León abrirá una tercera parte bailando por tientos-tangos con precisión y simpatía, que será relevada por el magisterio de Marichú haciéndolo por soleares. Terminará la velada con todos los artistas reunidos brindándonos unas bulerías bien musicadas por Zárate y Víctor Ruiz.

Programa flamenco

Programa flamenco "No se me amontonen", decía Mario Moreno Cantinflas en sus películas, y eso mismo os digo yo a todos los receptores de este blog. Llevo casi un mes colgando la programación de flamenco en nuestra ciudad para ver si alguien se anima. Ante mi escaso poder de convocatoria decido hacer caso omiso, no darle la mayor importancia, y tiendo a pensar que las alternativas a las fechas propuestas son más atractivas. También puede ser la corta vista de un miope progresivo lo que hace que no os vea en ninguno de estos recitales. Pero, con la esperanza de quien clama en el desierto, yo seguiré alimentando este blog, yseguiré poniendo, como me propuse, la programación flamenca semanal en Granada y provincia, al menos, como manifiesto marginal del latido constante de este arte.

Así, el martes 18, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte, a las 22,00 horas, como siempre, tendremos a la familia Colorao en pleno. Al cante Antonio el Colorao y su hijo Sergio Coloraíto y a la guitarra Rubén Campos. Como bailaora, que se prodiga poco -yo aún no la he viso-, otra hija de Atonio: Ana Gómez. (10 euros). Tiene que estar bien.

El miércoles 19, comienza la VIII Muestra Andaluza de Baile Flamenco (Los veranos del Corral), el mejor baile flamenco en la actualidad. Este día tendremos a Andrés Marín y al día siguiente, jueves 20 , a Andrés Peña.

El mismo jueves 20, en la Peña La Platería (22:30) podremos ver el Cuadro flamenco de Kiko Carmona.

Y, si nos encontramos en la costa y queremos ver una gran alternativa, en el Parque El Majuelo de Almuñécar (22:30), también este jueves, a Chano Domínguez y su espectáculo "New Flamenco Sound" en el festival Jazz en la Costa.

Valderrubio

Valderrubio

Valderrubio vindica con toda legitimidad la figura de García Lorca. No en vano, allí nació el poeta y pasaba temporadas vacacionales en un pequeño cortijo familiar. En el gran patio de esa casita de campo, que está en medio del pueblo, se organizan actividades municipales con un gran sabor costumbrista.

Esta mañana asistí a una rueda de prensa en la que el ayuntamiento de esta localidad presentaba su programación de julio (la undécima edición y la segunda, que yo sepa, dedicada a Federico). El programa cuenta desde una muestra de copla española (un tácito homenje al adiós de la chipionera, dejó leer entrelíneas la alcaldesa de Valderrubio) hasta el teatro aficionado, pasando, y esto es lo que me interesa, por un poquito de flamenco este sábado mitad de mes.

En la programación de flamenco que lancé a principios de semana hice mención de esta actividad. Una noche que merece ser presenciada y recordada. Os cuento:

La velada gira en torno a la figura de La Argentinita, de la cual se proyectará un video documental de su baile, característico de toda una época. Paralelamente, dos bailaoras del momento Marría Jesús Ocaña "Marichú" e Inmaculada León (de 16 años), remedarán esos mismos bailes y darán una pincelada de la danza actual. Al cante, el gusto gitano, el pellizco de arrebato, de José Fernández. A la guitarra, el tocaor del momento, Carlos Zárate, y el academicista Rafael Hoces, de origen cordobés.

La segunda parte estará protagonizado por el cante de raíz de Verónica "La Indú", de Montrefrío (pueblo de larga tradición flamenca) y el torrente de voz de Aroa Palomo. Con las mismas guitarras y el baile de la maestra Marichú.

Casi nada. Si queréis, allí os espero a partir de las diez de la noche. (Es posible que también conozcáis un pavo que alza su voz al soniquete del flamenco. Lo malo es que no lo hace a compás y desconcentra a los músicos.)

Belén Maya se sabe la lección

Belén Maya se sabe la lección La parquedad de un pizarrón como único elemento decorativo en un escenario desnudo, preside el baile sin ambages de Belén Maya. En el encerado, el listado de temas a bailar y un esquema de figuras geométricas, marcados con tiza, que pueden sugerir desde los incipientes trazos de un niño hasta la geografía del cante. Sobre la pizarra, una bombilla pelada. Después, el silencio… Silencio roto por la bailaora de riguroso negro, tan sólo enturbiado por un pañuelo azul que dará color a un baile tan austero y delicado como la escena. Un magistral violín, como único instrumento, va marcando la chacona, que Belén aborda acercándose a la danza contemporánea y haciendo guiños a los planteamientos orientales que siempre la han acompañado. El foulard pasa a ser abanico que se abre y se cierra en pos de la danza, dejando una estela de índigo vuelo o regalándonos en la espalda de la bailaora un pavo real de cien ojos que miran al futuro. Maya finaliza la pieza, saliendo de su bata de cola que, como una crisálida, abandona su envoltura de formas cuadriculadas.

La obra entera es un ir y venir del flamenco, es una lección que se aprende y se aprehende para, con todo ese saber, volar hacia algo nuevo. Unos acordes de Ramón Montoya, introducen la guitarra de José Luis Rodríguez, que es la piedra angular y el punto de apoyo necesario para mover el mundo. Un mundo que tiembla cuando expone sus fandangos de excepción. La voz de El Picúo es la tierra y las raíces que en ella se asientan. Los dos músicos hacen una montañesa y acto seguido una rondeña. El baile sabe a hoguera y a pastizal. Todo el cuerpo es tensión y equilibrio al servicio de los deseos de la bailaora. El zapateo es algo más, es un apoyo preciso.

Una de las entregas más flamencas de Belén Maya la encontramos en una tácita segunda parte, cuando aparece con vestido pistacho de volantes y refajo granate, interpretando una bulería a tres con acompañamiento de sólo compás, rematado por el calor de un rasgueo de guitarra. Los tangos están llenos de detalles. Nos faltan ojos para apreciar tanta sensibilidad en tan pequeño recipiente.

Ana Cali y Vanesa Coloma son dos palmeras exactas, flamencas de oficio, que elevan el compás a otro panteón divino. En solitario con sus palmas, con sus jaleos y su tacón entreverado, harán la bulería que venían apuntando desde lejos. El público, volcado, reconocido, con la risa floja, aplaude con sinceridad a esta muestra de virtuosismo sin igual. Para terminar, la artista vuelve al origen, el triángulo se cierra, abraza unas alegrías con roja bata de cola, demostrando una vez más que nadie en la actualidad mueve este vestido como la hija de Mario Maya.

La lección ya está sabida. Los cantes propuestos se han llevado a cabo con satisfacción. Así que Belén borra con descuido el pizarrón y la luz se apaga. Aunque vuelve con un Revés del tiempo para bailarnos la bulería que hizo para la película Flamenco, de Carlos Saura.

El buen sabor de boca que deja siempre Belén Maya es algo insuperable. Es una bailaora que tiene mucho que decir y sabe cómo decirlo. Por suerte, tiene muchos seguidores que, como ella, creen en unas formas reposadas, en un baile más racional.

La sabiduría de Manuel Cuevas

La sabiduría de Manuel Cuevas Los Trasnoches flamencos del Festival de Música y Danza se han convertido en un escaparate para visitantes noctámbulos de la ciudad, nada más lejos sin embargo que un espectáculo para guiris. Manuel Cuevas supo eso nada más llegar a la cueva La Fragua en el Sacromonte y remodeló su programa hacia cantes más ligeros y bondadosos, sin olvidar ni por un momento su buen hacer y la ortodoxia de sus propuestas. Con todo y con eso, en cada parte, pudimos escuchar la jondura de formas tan flamencas como los cantes de Málaga o las tarantas. Manuel se templó por malagueñas en las que puso de manifiesto sus cualidades y su potencial de gran cantaor lleno de frescura y sabiduría, desbordado de pasión y fuerza. Sus referencias a los antiguos eran continuas. De los Pavón pasaría al Niño Gloria y se regodearía en aires maireneros. Las peteneras recordaron a Menese y la dulzura de sus bamberas a Pastora. El control es suyo y el público está volcado con su agudeza de timbre y sus remates llenos de melismas, cuando remata con unas cantiñas su primer bloque de cantes. José Luis Postigo, a la guitarra, da el contrapunto preciso a un cante sin fisuras. Deja hacer y modera sus falsetas al encaje del silencio.

Después del descanso, cuando los duendes de la primera toma de contacto se han aplacado, Manuel se muestra más seguro. Unos tangos que encierran guajiras y garrotín, es su propuesta definitiva. Los asistentes malamente palmean con el cantaor de Osuna hasta hacerse un poco insoportable en las bulerías, donde el sevillano se mostró largo y generoso, abarcando desde Cádiz y los Puertos, desde Jerez a Utrera y Triana. Entre medias de esta fiesta, Cuevas expondrá sus tarantas primitivas, rescate personal del olvido para su antología del cante minero, justificando su dominio del levante y los cinco premios recibidos en La Unión. Remata la noche con un ramillete de fandangos naturales que culmina sin micrófono, envolviendo la cueva con su voz como si lo tuviera. Como regalo, ante la insistencia de los asistentes, también sin amplificar, aportó otro fandanguito valiente.

Un recordatorio para finalizar. El sonido de los Trasnoches y del FEX, cuando sonorizaba Benson, ha sido exacto y muy profesional. Un abismo en cuanto ellos faltaban. En cada espectáculo buscaba con la mirada a Juan Benavides detrás de la mesa para tomar mis notas con la tranquilidad de que el equipo técnico funcionaría como un reloj.