Blogia
volandovengo

Flamenco

Programa flamenco

Otra semana completita. Tras el Festival de Música y Danza, las ofertas culturales no acaban. El flamenco se muestra veraniego y los festivales provinciales cobran protagonismo.

La primera entrega la tenemos el martes, 11 de julio, con el baile de Manuela Heredia la Faraona, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00). Cante: Antonio el Manzana, guitarra: Agustín Carbonell y percusión: El Moreno (10 euros).

El jueves 13 (hasta el 27 de agosto) da comienzo la oferta municipal de flamenco veraniego en el Generalife. El pasado año fue "Diálogo del Amargo", dirigido por Mario Maya, en el Palacio de Carlos V. Este año tenemos al Ballet Flamenco de Andalucía versioneando "El romancero gitano" de García Lorca dirigido por Cristina Hoyos. Será a las 22,00 horas y cuesta 18 euros.

El mismo jueves en la Peña La Platería (22:30), gratuitamente, el baile joven de Estela Rubio y su grupo

Y el sábado 15, nos encontramos una delicia en la cuna de nuestro poeta. Es el Festival Flamenco Joven de Valderrubio, en el que se promete un delicioso paralelismo del baile antiguo y su misma interpretación por una bailaora del momento. No tengo todos los datos, así que más adelante especificaré algo de este acto imperdible (o sea, que no podemos perdérnoslo).

Bordón de trapo

Bordón de trapo

Granada fue la cuna, la que descifró todos los secretos, la que enseñó con grandeza y respeto los entresijos de la guitarra. Granada es la tierra. Sevilla le mostró el ritmo, otro aire, otro sentir. Sevilla es el universo.

Miguel Ángel Cortés, nacido en la ciudad de la Alhambra en 1972 y afincado en la capital hispalense desde hace siete años, eligió su cuna para presentar en el mes de abril, acompañado de amigos y colaboradores, “Bordón de trapo”, su segundo disco de guitarra flamenca. (Su primer trabajo en solitario “Patriarca” vería la luz en 1998.)

“Bordón de trapo” consolida a Miguel Ángel como un gran tocaor solista, ya que como acompañante, para el cante o para el baile, ha demostrado con creces su altura. Tocaor habitual de Esperanza Fernández y Arcángel, también ha acompañado a Enrique Morente, Carmen Linares o José Mercé.

Comienza el disco con unos tangos sacromontanos llamados “Abadía”, donde el oficio y el pellizco se hacen notar. Continua con “Aljibe de madera”, bulerías que siguen el rastro del maestro de Algeciras, y con una soleá, “Mi llanto”, llena de sentimiento y jondura. “Viento del sur” es el tema cantado por Arcángel. Son unas originales alegrías, en las que toma al cantaor –como ocurrirá en el resto del trabajo- como un instrumento más. Sin salir de Cádiz, Miguel Ángel nos propone “Salaílla”, donde viste de luces unos tanguillos.

Esperanza Fernández, una de los ecos más flamencas del panorama actual, aporta unas bulerías con todo el arte que tiene Triana, donde se regodea con la famosa letrilla de “A tu vera”. “De Graná pa Sevilla”, el séptimo tema, es una creación flamenca con aires festeros y sabor a guajira, donde encontramos al mejor Cortés que derrocha técnica y sabiduría. “Media vida” son las seguiriyas, encaje de bolillos, que interpreta Carmen Linares.

El disco termina con la granaína que le da nombre. “Bordón de trapo” es un homenaje a la tierra del tocaor. Es de una sensibilidad extrema, donde no hay trampa ni cartón, solo el artista con la sonanta. Es la gloria con seis cuerdas.

La alternancia rítmica y el dinamismo de cada uno de los cortes son dignos de encomio. El poder de evocación, el riesgo y el pellizco continuo, los largos arzapúas y los continuos “picaos”, elevan a Miguel Ángel Cortes al cenit de la creación en cuanto a guitarra flamenca se refiere. Un gran disco para enriquecer la discoteca de cualquier aficionado que busque la verdad del flamenco de hoy en día.

* Reseña aparecida en el nº2 de "Acordes de flamenco" 

El Sacromonte palpita en el Zaidín

Si atendemos al flamenco, uno de los espectáculos más interesantes, no sólo del FEX sino de todo el Festival de Música y Danza de Granada y sus actividades paralelas, ha sido sin duda esta “Zambra Sacromontana de Curro Albayzín”. Interesante y enriquecedor por su autenticidad, por su sabor, por su valor testimonial… La zambra, el flamenco en general, se debería estudiar en las escuelas. Es parte de nuestra vida, de nuestra identidad, de nuestra cultura. Lo que vimos la noche del martes en el Zaidín es un trocito de esencia arrancado a la historia, acertadamente traído por el FEX para que pudiéramos apreciarlo unos pocos de afortunados, poco más de doscientas personas que conseguimos la entrada, gratuita hasta completar aforo, en la puerta del teatro. Las puertas se cerraron con los elegidos dentro y otras cien personas con las ganas en el exterior protestaban sin mucha convicción, clamando que les dejaran pasar, aunque sea de pie, aunque fuera sentados en los escalones. Se preguntaban, nos preguntamos, y cuando acabó la función mucho más, por qué no se repite esta actuación varios días como otras ofertas del Festivalextensión, por qué no se programa en un escenario de más capacidad, por qué no da el salto al Festival oficial en vez del flamenqueo descafeinado que hemos visto hasta el momento. Debemos vindicar nuestras raíces, debemos buscar la esencia, debemos exigir que nos ofrezcan verdad. Y la Zambra Sacromontana es una gran verdad. A mí me consta, a todos nos consta.

Curro Albayzín, como demiurgo, como padre espiritual de la tradición sacromontana, arranca a un puñado de artistas de las cuevas de Valparaíso y los pone a hacer lo que siempre han hecho. No hay trampa ni cartón. En la medida de lo posible, así se nos dijo, se iban a rescatar los bailes y cantes autóctonos de los gitanos en Granada desde hace un par de siglos. El único elemento perturbador era el sonido que encima era defectuoso. Micrófonos fallaban o se acoplaban, unos músicos sonaban más que otros… Sin megafonía, aunque tuviéramos que haber aguzado el oído, el resultado habría brillado aún más.

En la zambra se representan los bailes y cantes típicos que los gitanos granadinos efectúan tradicionalmente en el rito de la boda. Por lo tanto, es un concierto festero y alegre, en el que no paramos de reír hasta que Angustias Ruiz “La Mona” bailó por soleá y se nos saltaron las lágrimas. De esta forma, por orden, pudimos contemplar la alboreá; los tangos de la flor o de falseta; la cachucha o el perdón de la novia, interpretados por Loles del cerro, una gitana de 80 años cargada de gracia y maestría; la presentación de los novios, tangos bailados por Raimundo Heredia y Angustias; el fandango del albayzín, verdadero estandarte del cante granadino; el petaco, en peligro de extinción, bailado magistralmente por Curro, a falta de mujer mayor que lo hiciera; la soleá de Arcas, antes aludida, emotiva y sabrosa; los tangos del cerro; una muestra por seguiriyas y alegrías presentadas por tres generaciones, el abuelo Raimundo, la madre Rafaela y la nieta Alba que, con sólo once años, rompe moldes bailando las cantiñas; y, para terminar, la mosca, un baile tan picante y atrevido como simpático y garboso. Como fin de fiestas, un poquito por tangos, como debe acabar y empezar la noche flamenca en Granada.

El público, cómplice de los artistas, jaleaba con ellos, hacía compás y aplaudía hasta deshacerse tras cada una de las doce propuestas que, sin embargo, parecieron pocas.

Programa flamenco

El mes de julio se vislumbra lleno fuerza. Después de la actuación descafeinada de Sara Baras el sábado, dentro del Festival de Música y danza; del impresionante Marco Flores, en sus Trasnoches; de Los Chichos el domingo en la Zona Norte; y de la película “Los Tarantos” en Plaza Nueva, dentro de las proyecciones del FEX; la programación flamenca es la que sigue:

El martes 4, FEX nos plantea, en el Centro Cívico del Zaidín (21.00), la Zambra Sacromontana de Curro Albayzín; con Sara Heredia, Rafi Heredia y Curro Albayzín cante, Antonio Heredia “Chonico” guitarra, Raimundo Heredia, Angustias Ruiz “La Mona”, Alba Heredia, Isa Vega y Loles del Cerro baile, Manuel “el Bandurria” bandurria. (Una gran propuesta gratuita, con aforo limitado.)

Ese mismo día, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00), tenemos el baile de Chúa Alba, con Ana Barba al cante, Andrés Vogel y Rubén Silva a la guitarra, y a la percusión: Rafa Lozano.

El jueves 6, veremos también en Plaza Nueva (FEX), el documental “Morente sueña la Alhambra” de mi amigo José Sánchez-Montes.

El mismo jueves, tenemos en la Peña La Platería (22:30), la guitarra arrogante de Luis de Córdova y su cuadro flamenco.

El viernes 7 en la Peña La Platería (Trasnoches Festival, 24:00), el baile fenomenalm de Patricia Guerrero (16 años bien aprovechados).

El sábado 8, (22,30), lo mejor del festival en su oferta flamenca: Belén Maya, en el Isabel la Católica. y su continuación en Cueva La Fragua (Trasnoches Festival, 24:00), con el cantaor del sevillano Manuel Cuevas.

La semana próxima más. 

Sara Baras, tan sólo una imagen

Sara Baras, tan sólo una imagen

Me encuentro en un difícil reto. Me encuentro ante el antagonismo de elogiar una obra grandiosa en su concepto y con genialidades puntuales; y, por otro lado, desmontar toda una trama que se arguye para conseguir el fácil aplauso y la impresión generalizada. Sara Baras, con un amplio elenco de artistas que le acompañan y un aparato técnico desmedido, nos propone el espectáculo “Sabores”, dedicado a “Concha, mi madre”, sin ningún hilo argumental, dejándose llevar por el arte mismo, el baile por el baile. El flamenco no necesita argumentos. En principio, esto está muy bien y los resultados son espectaculares. Pero ése, siento, no es el camino. La entrega es total, absoluta, pero faltan atisbos de verdad. Tratémosle, sin embargo, como un ballet flamenco.

Desde el año 1998, en el que Sara crea su propia compañía y lanza su primera creación “Sueños”, el mundo se ha rendido a sus pies y a sus maneras perfeccionistas. Como una dama del Renacimiento, Sara siente la conjunción de las artes y no sólo baila, sino que crea elegantes coreografías, atrevidos montajes y refinados vestuarios. Tras “Sueños” vino “Juana la Loca” y después “Mariana Pineda” hasta desembocar en estos “Sabores” que son la esencia de Cádiz, su Bahía y sus cañaíllas.

Con un bolero comienza una función que no da tregua al descanso, pues un tema se imbrica con el siguiente, sirviéndole la coda del primero como preámbulo al segundo, creando así un todo continuo. Es la presentación de la compañía, es la demostración de horas de esfuerzo, de brillantez estética, de perfecta sincronía. La música, muy cuidada, respalda la acción, que en la mayoría de los casos se muestra convencional. La interpretación de los cantaores es más rumbera de lo deseado.

En los tangos se muestra Baras como alma mater de todo el conjunto. Su técnica es decisiva. Su fuerza, velocidad y belleza somática arrebatadoras. El carisma de la bailaora gaditana va dando paso a otras creaciones, más o menos identificables, en las que entra el resto de su equipo. Las seguiriyas las retoma Luis Ortega, uno de sus artistas invitados, que las ejecuta con castañuelas. El efecto es el deseado y el entreverado de las orejas apenas perceptible.

El rojo vino hace su entrada en forma de taranto. Cuando el baile es más reposado, cuando el cuerpo marca el compás, Sara se muestra más flamenca y el duende pugna por asomar la nariz. Sin abandonar el escenario, en el tanguillo se hace acompañar por su cuerpo de baile, para dar paso a un excelente José Serrano que interpreta unas alegrías poco convencionales. Es curioso, siendo las cantiñas el sello indiscutible de la tacita de plata, el abandono de su ortodoxia es cuanto menos anecdótico. Serrano, que es partenaire de Sara Baras desde el año 2000, es un buen complemento que se amolda a su estilo y su estética. Hay que destacar el control de un zapateado de vértigo.

La pieza más aplaudida de Sara fue el martinete bailado con pantalón y sajones. El común ya estaba volcado y las lágrimas a flor. Un pañuelo turquesa, sacado de la manga, comulga con el resto de las bailaoras que intentan llegar a la zambra que solapa a una soleá por bulerías que a su vez da paso a una bulería de Baras a Baras. O sea, es un claro homenaje a Concha, el apunte final a una obra tan estremecedora como convencional. La artista refleja en este baile un aire antiguo con buen paladar. Toda la compañía, antes de irse, nos deja el acostumbrado fin de fiestas por bulerías.

Acordes de flamenco

Acordes de flamenco

Ha salido el segundo número de la revista "Acordes de flamenco", una publicación altamente recomendable para los amantes del flamenco, en la cual colaboro. Es de tirada nacional y su primer número (según me comentan) fue muy bien acogido. La revista está enfocada tanto a aficionados como a profesionales. Es fresca, actual y profunda. Su diseño y maqueta, siguiendo la estética del momento, es atractivo y asaz llevadero. La revista posee partituras (menos que la anterior) por si sabes música, completar su redondez. Además, viene acompañado de un deuvedé en el que se enseñan, de manera fácil y práctica, algunos apuntes de guitarra y de baile.

Mis aportaciones son, nada más y nada menos, una intoducción a la revista, una reseña al disco "Bordón de Trapo" de Miguel Ángel Cortés y un amplio reportaje sobre las Rutas del famenco en Granada, intitulado genéricamente como "El Sacromonte granadino". Me acompaña la fotografía precisa de Nono Guirado, compañero inestimable, a quien me llevaría a una isla desierta junto a un libro de cuentos de Joan Perucho o la poesía completa de Cavafis.

Si queréis estar al día en el mundo flamenco, conocer su historia y entrever sus derroteros, no hay publicación especializada que en la actualidad supere a "Acordes de flamenco" (10 euros bien invertidos).

 

El oficio de Pepa Molina

Hemos tenido ocasión de verla recientemente en este mismo Festival, el día 28, con la compañía Arrieritos, haciendo “13 Rosas” de H. González, y el pasado año, acompañando a Rafael Amargo en su “DQ… pasajero en tránsito”, dejándonos claro su altura y su dominio técnico. Pepa Molina, que sustituye en los Trasnoches a Jara Heredia, mostró su seguridad y buen hacer en el escenario. Sin embargo, la muestra resultó algo escasa. Cinco temas en total uniendo las dos partes.

El espectáculo comenzó una hora después de la cita programada y el descanso también fue más prolongado de lo habitual. Resultado: un concierto largo y con poca chicha. Pepa, es una bailaora de oficio, antigua en su concepto y reflexiva en su ejecución; generosa con sus acompañantes y decidida ante el público. Su baile es creativo dentro de una añeja ortodoxia. El taconeo es la parte de un todo, a veces tan sólo testimonial, apoyando su baile en marcados movimientos y composiciones estudiadas. También se le advierten, por su formación y trayectoria, pinceladas de la danza contemporánea que, lejos de perturbar el baile flamenco, lo enriquecen con nuevas dimensiones.

Su primer pase fueron unos tientos-tangos de esmerada factura que sin embargo, ya fuera por el calor, la tardanza o su vestido gris perla, daban la sensación de pesadez. En la segunda parte, aún con bata de cola, sus alegrías resultaron más frescas y ligeras. Se siente segura con su vestido largo, que lo mueve con gracia y acierto. ¿Alguna influencia de Belén Maya? Y, sin apenas respirar, con el tiempo justo de cambiar su bata por un vestido negro constelado de lunares, acaba su entrega con unas bulerías que, bien mirado, justifican su esfuerzo.

Mención aparte merece el cuadro de atrás. La tocaora Antonia Jiménez es precisa y comedida. Su gran aportación es la de acompañar y dejar hacer. Pocas florituras pero exquisitas en sus momentos. Rafael Jiménez “El Falo” es un corredor de fondo. Su dominio del cante y de la tradición, junto con el conocimiento de su potencial y la dosificación de su voz, hacen de él un artista único, con el carisma indispensable para hablar de él con mayúscula. Como complemento, la voz flamenca y acompasada de “El Picúo”. A las palmas, inmensas, las también bailaoras Ana Romero y Mati Gómez, que se dieron unas pataíllas en las últimas bulerías. El grupo completo, para comenzar cada parte, hicieron tonás y soleá, respectivamente, dejando clara su cátedra y allanando el camino a la propuesta de Molina.

Un día histórico

Un día histórico

Si les digo que la noche del miércoles actuaron juntos Enrique Morente y Juan Carmona Habichuela, junto a alguno de los Coloraos, no les miento. Simplemente aclararé este dato para que sea totalmente cierto. Kiki Morente, es el hijo de Enrique y hermano de Estrella, con sólo 16 años; Juan Carmona, de 17 años, es el nieto del mítico tocaor granadino del mismo nombre; Raúl “El Mikei” (24 años), el más veterano, es sobrino de Antonio Gómez Colorao; y Benjamín Santiago “El Moreno”, de 21 años, es el hijo de Rafael Habichuela y de Rafaela Gómez emparentada también con los Coloraos. Todos ellos han formado para la ocasión el grupo “Savia Nueva” que, acompañados a la percusión por el experto José Antonio Carmona (también Habichuela), juntaron un poquito de su arte y herencia para hacer las delicias de un puñado de aficionados y visitantes en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte.

Este Centro etnográfico, recientemente denominado Museo por la Junta de Andalucía, es un oasis dentro del oasis de Valparaíso, que todos los años, en esta época, contando con el fresquito de los montes granadinos, programa, entre recitales y proyecciones, algunas de las actividades flamencas más interesantes de la provincia, homenajeando así a los artistas, nóveles o consagrados, que han nacido, se han formado y desarrollan su labor creativa en el Sacromonte.

En este concierto, el tercero de esta III Edición, se reúnen las ramas más tiernas de tres de las familias fundamentales del flamenco granadino. Estos son, como ya hemos apuntado, los Habichuela, los Coloraos y los Morente.

Un poco más tarde de la hora prevista, dio comienzo un espectáculo que hará historia. Todavía titubeantes e inmaduros en su comunión, los jóvenes, con la seguridad de quienes se sienten respaldados por sus raíces y con el camino expedito, brindaron sin excesivo esfuerzo lo mejor que almacenan en su corto bagaje. Juan Carmona, muy profesional y exacto, con mucho el mejor de un grupo algo desorientado, fue el encargado de abrir la velada con una taranta. A continuación, Kiki Morente, un joven afinado, pero con menos capacidad que sus mayores, nos cantó con muy buen gusto unas granaínas y una soleá. La influencia del padre es más que evidente. Para las alegrías, entra el resto del grupo. Raúl, aunque con la voz tomada, es el elemento catalizador. En principio, el más flamenco y acertado. El Moreno, también percusionista, al baile es un ciquitraque de fuerza y compás. La falta de rigidez y escasa elegancia la suple con gracia y poderío.

La segunda parte la protagonizan Juan y Raúl que se arrancan por levante. Seguramente lo mejor de la velada. Continúa con una soleá y unos tangos de Morente a los que se les suma Kiki. Termina la fiesta por bulerías, a las que invitan a cantar con ellos a dos niñas también de las familias aludidas. Las baila el Moreno con su entrega habitual.

Como conclusión, un día para ser recordado, la complicidad de una generación concebida para dar hermosos frutos. Esperemos que la tierra se abone y se riegue como es debido para que la savia crezca con justicia.

* Juan Habichuela Nieto (foto de archivo)

Tocando fondo

Tocando fondo

Los artistas se quejaban, y con una buena dosis de razón, por las condiciones en las que tuvieron que actuar. Personalmente comprobé que el conglomerado, que hace las veces de tablao, aparte de no tener micrófono, era un queso de Gruyere, por los agujeros, lo que para el taconeo continuo del baile flamenco puede ser hasta peligroso. El sonido, aunque correcto, era escaso. Si la plaza se hubiera llenado en su totalidad, los decibelios se habrían perdido. De cualquier forma, me decían a su término, que ellos se entregaban tanto en un gran teatro como en una calle peatonal, pero se sentían dolidos pensando que un concierto de rock en el mismo sitio habría estado más cuidado.

Está bien llevar el flamenco a todos, pero dignificándolo como se merece, ocuparía en la apreciación colectiva el lugar que le corresponde. Y no sólo el flamenco se sentiría realizado, sino también el público, el mismo barrio de La Chana, que puede sentirse quizá discriminado. De cualquier forma, el artista debe estar por encima de las circunstancias y las condiciones externas. Y así lo demostró el joven cuadro programado por el FEX el primer día de esta semana en la Plaza de la Paz.

Como testigo de excepción, Juan Andrés Maya, a punto de marchar con el “Diálogo del Amargo” a Montparnasse, venía a apoyar a su familia. Comienza el espectáculo, a modo de presentación, con un poquito de tangos, que los tres bailaores abordan al alimón demostrando su potencial. Iván Vargas, un torbellino, el baile furioso y el brío de quien le quema el compás. Anabel Moreno, más racional y pausada, con arrebatos de poder y estampas de gran belleza. Alba Heredia, por último, la más joven (poco más de una decena de años) ha nacido para la danza. Sus alegrías son de encaje, su figura angelical y su baile está impregnado del toque diabólico de los Maya. Para reponer fuerzas, los músicos abordan en solitario unas rondeñas que suenan a monte y vergel. Rafi Heredia y Juan Ángel Tirado le dan timbre los delicados arpegios de Luis Mariano. Todo suena gitano y sabe a fiesta. Anabel baila una soleá por bulerías, destacándose como una gran promesa de la tierra. Iván, con su temperamento innato, le da vida a unas romeras en las que le hace los guiños goyescos típicos de sus mayores, recordándonos que Cádiz en las cantiñas se hermana con la capital aragonesa. Como remate de la velada, cada uno de los bailaores da una patailla por bulerías que endulza el paladar.

* Foto de archivo: Iván Vargas (me hubiera gustado poner a Anabel Moreno pero, por desgracia, no tengo foto).

Programa flamenco

Mi atalaya privilegiada como cronista del flamenco vivo que se presenta en nuestra provincia me coloca en un lugar destacado en cuanto se trata de rellenar la agenda. Algún que otro amigo me ha interrogado sobre las previsiones de flamenco en general o la oferta concreta en un día determinado. Aparte de un recorrido flamenco que hago en la revista Acordes de flamenco, que sale esta semana y unas previsiones veraniegas que publicaré en Granada Hoy a principios de julio, deseo, creo de interés, apuntar en este blog las actividades flamencas por venir y no limitarme a colgar la crítica de un espectáculo concreto dos días despues de haberse realizado (cuando sale en el periódico).

De esta forma, y sin querer ser demasiado exhaustivo, os dejo con el programa más o menos comentado del resto de la semana (cada lunes, si puedo, anotaré el flamenco que nos aguarda).

Dentro del FEX (la Extensión del Festival de Música y Danza de Granada), tenemos a diario, desde el sábado pasado hasta el 1 de julio, un Taller de palmas que, por medio del método “Takatá”, con el que se asegura que aprenderemos a distinguir y ejecutar cada palo de manera divertida, jugando con el propio cuerpo, imparte Yolanda Maro. El Taller se imparte a las 20,00 y a las 21,00 horas. Hoy martes estará en la Plaza del Carmen, mañana en el Parque García Lorca, el jueves 29 en el Parque del Zaidín, el viernes en Plaza Nueva y el sábado, 1 de julio, en la Plaza de las Pasiegas (gratuito).

El miércoles 28, si nos vamos al fresquito, a veces extremo, del Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte, en el Barranco de los Negros, a las 22,00 horas, podemos presenciar “Savia Nueva”, un grupo formado por los más jóvenes exponentes de unas de las más prestigiosas sagas flamencas de Granada. A saber, al baile, siempre sembrado Benjamín Santiago “El Moreno”, hijo de Rafalín "Habichuela" y Rafaela Gómez, emparentada con los Colorao. Al cante: Raul “El Mikel” y Kiki Morente, hijo de Enrique; y a la guitarra: Juan Carmona “Habichuela Nieto”, huelga decirlo, pero es nieto de Juan Habichuela (entrada 10 euros).

El jueves 29, la oferta es más clásica. En los Jardines del Generalife, a las 22:30 horas, podremos asistir al estreno de Giselle, interpretado por el ballet clásico "Arte 369", dirigido por María Giménez, con connotaciones de flamenco (ya veremos su extensión) (entradas agotadas). Y si nos encontramos por la costa, exactamente en Motril, podremos apreciar el baile con mayúsculas de Fuensanta “La Moneta” y su grupo (ignoro el sitio, la hora y el precio).

Enmarcado en los Trasnoches del Festival, el viernes 30, en la Peña La Platería (24:00) veremos el baile elegante de Jara Heredia (no sé lo que valen los Trasnoches).

Ya en julio, el sábado, tenemos en Jardines del Generalife otro de los platos fuertes del Festival, a las 22:30 horas el Ballet Flamenco Sara Baras dará gusto a todos los paladares (agotadas las entradas). Después, a la media noche, el sevillano Marcos Flores dará buena muestra de su baile alegre y sin complejos en la Peña La Platería (Trasnoches Festival).

Para terminar, el domingo, 2 de julio, el FEX nos tiene programado , dentro de su Ciclo de cine “Los Tarantos”, una película de Rovira Beleta, que, a finales de los sesenta, rueda en los suburbios de Barcelona una versión gitana de Romeo y Julieta. Será en Plaza Nueva, a las 22,00 horas (gratuito).

El lunes continuaremos con esta programación flamenca veraniega. Que la disfrutéis y que os vea.

La mejor savia nueva en Huétor Vega

La mejor savia nueva en Huétor Vega

El sábado 24, día de San Juan, fue una jornada eminentemente flamenca, en la que los aficionados tuvimos que elegir y evaluar. Con suerte, podríamos haber asistido a un par de eventos, pues nada menos que cinco espectáculos se solapaban ese día. Por ejemplo, la II Muestra de Flamenco Joven de Huétor Vega en el bello Carmen de San Rafael, por lo que optó un servidor; el primero de los Trasnoches Flamencos del Festival de Música y Danza, que presentaba a Gema Jiménez en la cueva La Fragua, que hubiera asistido si me hubiera dado lugar; o el baile joven de Lucía Garrido, en la Chumbera.

Por segundo año consecutivo la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Huétor Vega ha convocado esta Muestra para dar a conocer a las figuras más deslumbrantes del flamenco joven de nuestra provincia. Aunque algo mejor que la primera entrega, el sonido era mediocre y el escenario de contrachapado, que afectaba negativamente al taconeo en que se basa el baile elegante de Rocío Montoya. La programación estuvo bien ajustada y el ambiente muy agradable. Un buen sabor de boca es lo que nos quedó después del Festival. En primer lugar actuó el principiante Miguel Barroso, con Vicente Márquez a la guitarra. Destaca de este cantaor de Jun su buen gusto y sentimiento, aunque aún se le ve algo inseguro. Nos cantó una mariana, unas granaínas, una soleá por derecho, unas milongas de Pepe Marchena y terminó por alegrías.

La segunda parte estuvo protagonizada por uno de nuestros mejores exponentes del flamenco actual. Aun con la voz un poco tomada, Juan Pinilla nos ofreció un flamenco de lujo, meciendo el cante, alargando los tercios y alcanzando medio tonos difíciles de escuchar entre los jóvenes. Entró sólo al escenario, para interpretar a pelo unos cantes del campo en forma de temporeras y tonás. Seguidamente, acompañado por el sentimiento hecho guitarra de Luis Mariano, el artista de Huétor Tájar nos ofreció unas malagueñas, de difícil ejecución, rematadas por fandangos de Granada, una farruca de gran sensibilidad (exquisita la guitarra), unos cantes mineros dedicados a Pepe Agudo, Presidente de la Federación de Peñas, allí presente, y con unos fandangos naturales remató su actuación.

El baile de Rocío Montoya y su grupo sirvió para cerrar cada una de las partes. Tras el cante de Barroso, unos jaleos extremeños fueron los encargados de poner el primer toque de color a la velada. Como ya he apuntado, el tablao no sonaba bien y la artista se desconcentraba. De todas formas, el baile es un conjunto, donde el taconeo es algo más. Así, la estética general y el resultado final fueron dignos de admiración. Con su apuesta arriesgada y su baile poco convencional, Rocío convence y deja con ganas. Su segundo, pase tras el cante de Pinilla, fueron unas cantiñas, en las que pudimos apreciar, aparte del baile alegre y sin complejos de Montoya, algunas falsetas de encaje de Rubén Campos. La largura de este palo acabó con una coda en la que Enrique Morente se acordaba de las hermanas de Utrera.

* La foto es de una actuación en La Chumbera

Cristina Hoyos, el vuelo de un haiku

Cristina Hoyos, el vuelo de un haiku

Octavio Paz nos comentaba acerca del haiku, ese poemita de tradición japonesa que consta de dos versos pentasílabos que encierran a oto heptasílabo, que su comienzo es el silencio, la calma, el vacío, mientras que el segundo verso es lo contrario, el ruido, la estridencia, la luz, para desembocar en su efecto, en la huella que el grito deja en la noche o la estela que el reactor dibuja en el espacio.

Como un haiku, Cristina Hoyos, nos propone un “Viaje al Sur” con tres movimientos bien definidos. La alegría y la tragedia se funden para engendrar la pasión. El Sur es eso, puro arrebato entre risas y dolor, entre fiesta y quejío. El Sur es rojo, pero también es blanco y es negro en sus entrañas.

Las palabras de Luis Cernuda, recitadas por la misma Cristina, introducen cada una de las partes. Las primeras letras del poeta, encerradas en melodía de vals, dan paso a la apoteósica presentación. El escenario, lleno de luz y alegría, rebosa frescura. Unas acuarelas proyectadas en su fondo, con motivos naturales, ayudan a componer el sentimiento y unas maletas indican la necesidad del viaje, la necesidad de regresar al sur. Un velo blanco, que después será negro para terminar rojo, cae al piso del escenario alumbrando el espíritu abierto que nos cautiva en esa primera parte, en la que sobresale un vestuario crudo, que nos trasporta a otros tiempos, a otros lugares. El cuadro de atrás sostiene a la perfección toda la trama y una cantaora, Reyes Martín, con pellizco gitano, hace las delicias del más exigente. La música no descansa y un tema se imbrica a otro como parte de un mismo sueño. De la guajira pasamos al zapateado y de éste a las alegrías, quizá demasiado largas, que termina bailando con sabia maestría El Junco que, de vez en vez, se le reconocen guiños a Mario Maya.

El segundo tiempo, como el primero, lo introduce la maestra con bata de cola negra bailando por soleá. Su juego de brazos es exquisito y la pose a destacar, pero ya no responde como antes, parece un paréntesis dentro de la obra en su conjunto, a veces fuera de lugar. El negro se impone en la tragedia y el cuerpo de baile comulga con la soleá por bulerías, con la toná y con las serranas.

Con la pasión terminan los momentos propuestos. El rojo de la sangre, el rojo del fuego, nace con la fuerza del poema “Gracias a la vida”, de Violeta Parra, que es cantado por bulerías con todo el arte que destila Reyes Martín. El escenario es una fiesta, pero ya no tan inocente como al principio, más madura y desairada. Una soleá por bulerías, bailada dos a dos con ayuda de las mesas, nos acercan al final, que viene en forma de tangos con el éxito de Alejandro Sanz “Corazón partío”. A veces todo resulta un poco tópico. Concluye el espectáculo con un fin de fiestas por bulerías que, en coda final, nos canta el viaje de Cristina Hoyos, dejando claro que el Sur no es sólo un lugar en el espacio.

Rocío Montoya se abre camino

Los jueves, sobre las diez y media, La Platería mantiene una programación estable de flamenco local. Este día, la peña abre sus puertas para dar paso a toda clase de público. Algunos aficionados y muchos visitantes se dan cita allí para impregnarse de buen flamenco. Esta semana, para terminar el mes de mayo, se hizo doblete. El baile joven y fresco de Rocío Montoya se complementó con el cante sabio del veterano Paco Moyano y su hija. Comenzó Rocío bailando unos jaleos extremeños muy bien arropada por su grupo. La bailaora, de traje corto negro, tuvo una entrada de taconeo y percusión que creó una gran expectativa entre los presentes. Su baile es seguro, arriesgado y novedoso. Todo esta medido. No da tregua a la improvisación, aunque el pellizco se siente tras cada envite. Rocío abrirá también la segunda parte con unas interesantes romeras que fueron aplaudidas durante varios minutos.

Paco Moyano, con su hija como acompañante y un magnífico Rafalín Habichuela a la guitarra (a quien tendremos ocasión de saborear el 17 de junio en La Chumbera), abrió su actuación por tonás. Desde ese primer momento, notamos tanto el oficio del padre como el tanteo pueril de Ámala. Bastante gusto, pero falta de voz y algo desorientada. En las bulerías obligó al tocaor a cambiar la cejilla por su salida fuera de tono. Pronto, sin embargo, se enmendó y culminó con acierto Paco Moyano, quién también acomodó unas granaínas a sus posibilidades, hizo un polo muy particular y acabó con un garrotín la primera parte, que remató su hija por tangos.

Después del baile elegante y sentido de Montoya, Paco nos brindó una deliciosa soleá para dar paso a un bis a bis más festero que ocupó el resto de la segunda parte. Los Moyano cantaron alegrías, fandangos de Huelva (la mejor aportación de la niña) y las comentadas bulerías.

La Zubia vuela alto

La Zubia vuela alto

Un sobresaliente incondicional al pueblo de La Zubia por su programación cultural que, desde hace algunos años, viene siendo motor y ejemplo en la provincia de Granada; y en concreto por su apuesta por el papel de la mujer en el flamenco a lo largo de la historia en el ciclo “El flamenco tiene nombre de mujer”, que se desarrolló la semana pasada, incluyendo cursos intensivos de cante, guitarra y baile, con profesores tan prestigiosos como Antonio “El Colorao” o Paco Cortés; una mesa redonda sobre este tema, de la que probablemente la Diputación de Granada elaborará una publicación; y culminó el sábado, como decimos con un espectáculo flamenco de categoría. Nada más y nada menos que contaron en escena con el buen hacer de Marina Heredia y Fuensanta “La Moneta”, las mejores representantes del flamenco granadino que reside actualmente en nuestra ciudad.

Con una gran expectación y un lleno absoluto dio comienzo la velada con los ecos flamenquísimos de Marina Heredia cantando por soleá. A la guitarra Luis Mariano, en vez de “El Bolita”, su acompañante habitual. Pero la química entre ambos artistas no desmejoró ni un ápice su compenetración y entrega. Quizá perdimos en espontaniedad y vanguardia, pero ganamos en sentimiento y contenida emoción. Los tarantos fueron de buena factura, pero no sería hasta los fandangos de Granada cuando reconocimos a la mejor Marina. La cantaora se siente segura con los palos de la tierra, lo siente y trasmite. Es muy aplaudida. Siguiendo en está línea, bordará unos tangos sacromontanos interpretados con sumo gusto y gran poderío. Terminará la joven Heredia con unas bulerías en la que se acordó a su final de ese gran cantaor llamado Luis de la Pica, al que le hace un homenaje en su primer, y por ahora único, disco.

La segunda artista invitada está arrasando. La fuerza, la valentía y la estética de La Moneta le han valido para escribir su nombre en el libro de los bailaores imprescindibles en nuestro país. Fuensanta ha bebido de muchas fuentes, como Mariquilla, La Yerbabuena o Mario Maya, pero cuando se mira al espejo, cuando bebe de ella misma, es cuando resulta arrebatadora. Su primer pase son unas bulerías poco acostumbradas, a las que le falta algo de reflexión y reposo y le sobra algo de furia y desplante, quizá por culpa de esa influencia Maya que está adquiriendo. Sus músicos: Antonio “El Pulga”, Antonio Campos, Miguel Iglesias y Dani Méndez, se hacen unas extraordinarias malagueñas mientras la bailaora se cambia el vestido y recobra fuerzas, para volver a entrar con la rueda de martinetes para bailar unas seguiriyas, su pieza estrella, con la que reafirma su conquista cada vez que la vemos.

Para cerrar el círculo con broche de oro, un servidor encaminó sus pasos hacia La Platería, donde actuaba el tocaor Jerónimo Maya, que había sido considerado un niño prodigio. Llegué en el ecuador de su concierto, pero me bastó para confirmar la certeza de que es un gran guitarrista, descendiente de grandes flamencos y aprendiz de los mejores. Me alabaron las granaínas que había interpretado en la primera parte, pero si se puede entresacar algo de la perfección, me quedo con la zambra, que estrenó este día, y se lo dedicó a la desaparecida Lola Flores.

Noche de flamenco y poesía

Noche de flamenco y poesía

A veces necesitamos que venga alguien de fuera para recordarnos qué bella es nuestra ciudad. El granadino suele pecar de patrioterismo fuera de nuestro paisaje, pero entre las calles de Granada llora y se queja de su suerte. Sin embargo, esa galanura que los foráneos aplauden es manifiesta. Quiero pensar, por otro lado, que la belleza está en el interior, que también nuestra ciudad es guapa por dentro. Así quedó demostrado la noche del martes en La Chumbera donde se inauguró el Tercer Festival Internacional de Poesía Ciudad de Granada con la lectura de poemas de la salvadoreña-nicaragüense Claribel Alegría y un ajustado concierto flamenco para la ocasión.

Granada se ha constituido en un referente de la poesía nacional. De esta forma lo reconoció Juan García Montero, apuntando como puntales imprescindibles, e increíblemente recientes, el Premio Federico García Lorca, el Premio Javier Egea y este encuentro poético. También es un peso pesado en cuanto al flamenco se refiere. Y, si hablamos de flamenco joven, su futuro inmediato romperá moldes.

Son dos sentimientos, son dos manifestaciones endógenas, telúricas, espermáticas, que cuando se juntan saltan chispas. Es una buena simbiosis, la mejor combinación: el flamenco y la poesía. Y Granada.

Claribel, poeta vitalista de 82 años bien llevados, nos desnudó el alma, para después, con los músicos, terminar de estremecernos. Juan Pinilla abre la sesión con “Una noche de verano”, un poema de Antonio Machado musicado por Calixto Sánchez en forma de milongas. Le acompaña la guitarra de Luis Mariano, que no abandonará la escena en todo el espectáculo, y el violín de Julio Muñoz. El sentimiento del cantaor llega con una calidez asombrosa. Se nota su estudio y su trabajo. A continuación, Antonio Campos y Manuel Heredia hacen su entrada por martinetes que se abren a los postres apuntando tonás. La pieza más redonda y trabajada de la noche llega en la tercera entrega. Es un solo de guitarra y violín en el que la farruca le hace un guiño a los tangos y desemboca en un homenaje a Cuba donde la sonanta hace la base mientras el violín perfila el son. Escuchar a Luis Mariano como acaricia la guitarra da un cierto pudor, si no es nuestro tocaor más sensible, seguro que es el más delicado, y su trato con la guitarra es poco menos que un acto amoroso.

El cuerpo del recital se apoya en la entrega de Antonio Campos y Manuel Heredia, dos cantaores imprescindibles atrás que, poco a poco, demuestran también sus virtudes para cantar alante. Mientras Campos canta “Romancillo del niño que todo lo quería ser” de Manuel Benítez Carrasco por bamberas, ese cante tan delicioso y tan poco escuchado, Heredia interpreta una soleá con la “Canción de la madre del Amargo” de García Lorca, para volver a Antonio que hará los tangos morentianos “Sacerdotes”, basados en un texto de Leonard Cohen, en su disco “Omega”, y cerrar de nuevo el círculo con Manuel que, por bulerías, abordará la “Baladilla de los tres puñales” de Rafael de León.

Juan Pinilla, a petición del público, hará unas alegrías muy del estilo de Chano Lobato y, para terminar, Jara Heredia nos bailará unos tarantos con concesiones al tango amable para ser bailado. Jara es completa, pies brazos y faz. Pero si hay que destacarle algo es su estilo elegante y su comedida planta.

Mercé no llenó el Palacio

Mercé no llenó el Palacio

Sin duda una de las mejores voces del flamenco actual es la de José Mercé cuando hace flamenco. Este jerezano es el cantaor que más discos vende en la actualidad. Acogido a una fórmula de canción aflamencada, en la que se siente realmente cómodo ha sabido conquistar a miles de personas del mundo flamenco y ajenas a él. Cada cual entiende su camino y vislumbra su meta. Mercé ha escogido, se aleja de la ortodoxia, puede que aporte algo nuevo a la fusión (como aflamencar canciones de otros estilos), pero el flamenco ha perdido en él a uno de sus mayores representantes.

Con todo y con eso, el concierto del sábado, 29 de abril, fue impecable. Pudimos ver al mejor Mercé, y a un tremendo Morao a la guitarra, ofreciéndose por entero a un público también entregado. Lástima que apenas ocuparan la cuarta parte de las localidades de la sala. Quizás debido al puente, a otras ofertas primaverales o a la incipiente botellona del Día de la Cruz.

Mi concierto, sin embargo, terminó a los diez minutos de empezar, después de que José Mercé diera unas pinceladas de cante por derecho, demostrando así que si quiere puede. Este preconcierto, lo abrió con unas malagueñas chaconianas, siguió con una magistral soleá y terminó con unos fandangos naturales (echamos de menos unas seguiriyas). A continuación llamó a “Mi gente” para comenzar con la presentación de su disco Lo que no se da, sus últimas simplezas comerciales.

Con unas alegrías comienza la entrega de este trabajo. El público lo sigue como a un cantante popular: canta con él, baila en sus asientos y le sigue con las palmas. Quizás hubo un exceso de orquestación. Dos guitarras, un piano, un violín, una flauta travesera un bajo eléctrico, una generosa percusión y tres personas en los coros y palmas, resulta abrumador para el flamenco. Para rematar, los efectos del humo en el escenario son francamente innecesarios.

Moraíto cobra protagonismo absoluto (lo que después hará el segundo tocaor y el resto del grupo) haciendo un tema en solitario.

El grupo de Mercé vuelve con Fresas un tema muy del estilo de los tangos de sus anteriores trabajos, desde Aire hasta Confí de fuá. Esquema que repetirá en Hojas de limonero y en Te pintaré. Un giro en la velada fueron las sevillanas Como una veleta de Romero Sanjuán, compositor desaparecido hace un año- y dedicadas a él mismo, en las que el cantaor, con un fondo de piano, prescindió de las guitarras, muestra como un tema populoso puede ser elegante. Otro de sus fuertes está en las canciones prestadas de otras músicas. Así, interpretó de su cedé el tema Mammy blue con aires de tangos y Qué bonito es vivir basado en el tema What a wonderful world de Louis Armstrong. Destacaría en este recital las bulerías Tú me roneas por la parquedad y estilo. Mercé despidió la noche con su éxito Aire, perteneciente al disco del mismo nombre grabado en el año 2000, coreado al unísono por todos los presentes. Ante varios minutos de aplausos a compás, el artista a pie de escenario, improvisó un poquito por bulerías que acompañó con algunas pataditas con salero jerezano.

Huétor Tájar, un festival redondo

¿Qué se le pide a un festival? ¿Cuáles son las características que debe reunir un encuentro flamenco para que sea satisfactorio? En principio, sin ninguna discusión, la programación debe ser atractiva, con figuras reconocidas y con alguna que otra sorpresa. El evento tiene que ser dinámico y variado, que se alterne cante y toque y que tenga su poquito de baile. Las presentaciones deben ser parcas y meramente ilustrativas. Cuántas veces un presentador a menoscabado un festival por su exceso de palabrería, por su explicaciones gratuitas, por sus comentarios laterales. El sonido debe estar cuidado al máximo para no desmerecer ni un ápice el trabajo de los músicos, muy al contrario, debería amplificar sus dotes y su entrega. Que haya micrófonos individuales, inalámbricos, si se precisan, de ambiente, en su caso, y de suelo, si tenemos baile y zapateado. Que los músicos tengan sus monitores, para que se oigan y no vaya cada uno por su lado. Las luces, el decorado, la puesta en escena, los técnicos y “pipas” que cuidan todo el atrezzo… Huétor Tájar cumplió estas premisas y añadió alguna condición más a su festival. Por ejemplo, como el año pasado, apostaron por los flamencos de Granada y cumplieron su objetivo de crear afición entre los jóvenes del pueblo.

Antonio Campos fue el encargado de abrir la noche. Una de nuestras mejores voces masculinas para el flamenco y, sin duda, el mejor para cantar detrás. Acompañado por Juan Requena a la guitarra, se templó por tarantos y taranta de la Gabriela. Un buen aperitivo, para seguidamente darse por entero con unas bulerías por soleá. Su entrega y perfecta ejecución estremecieron la sala. Continuó con malagueñas y abandolaos y terminó por bulerías. Una gran faena.

David Lagos, el único artista foráneo, con Alfredo Lagos a la guitarra, comenzó con una milonga que concluyó en malagueña de difícil calificación. Cogió las riendas prontamente y, yéndose a su Cádiz natal, bordó unas alegrías, regalándonos la altura de su timbre. A continuación, fue grande por seguiriyas, un palo que, según el mismo confesó, “es el cante más difícil que hay”. David cerró por bulerías.

Miguel Ochando, elegante y preciso hasta el extremo de parecer algo soso, interpretó parte de “Memoria” su primer y único trabajo como solista. En primer lugar hizo las guajiras que le dan nombre al disco. Dejando claro su dominio, clasicismo y rectitud, el tocaor granadino continuó con un zapateado de Esteban Sanlúcar, para después tocar el corazón de los oyentes con unas granaínas e irse con “Ímpetu”, una creación flamenca con aires festeros. Ochando fue muy aplaudido.

Con el terreno ya más que abonado, Fuensanta Fresneda “La Moneta” nos bailó unos tarantos y nos encandiló con sus seguiriyas. Fuensanta vuelve a tomar las riendas de su baile e imponer sin contemplaciones su rabia flamenca y la finura de su estampa. Mejor arropada que la última vez que la vimos en “Flamenco viene del sur”, la bailaora granadina bailó para adentro, más encerrada en su baile y en la pasión que debe destilar, como si en un escenario “menos exigente” se olvidarade la galería y girara para sí. Bienvenida de nuevo Moneta.

Bordón de trapo, prima de oro

Granada fue la cuna, la que descifró todos los secretos, la que le enseñó con grandeza y respeto los entresijos de la guitarra. Granada es la tierra. Sevilla le mostró el ritmo, otro aire, otro sentir. Sevilla es el universo.

Miguel Ángel Cortés, nacido en la ciudad de la Alhambra en 1972 y afincado en la capital hispalense desde hace siete años, eligió su cuna para presentar, acompañado de amigos y colaboradores, “Bordón de trapo”, su segundo disco de guitarra flamenca.

Lo primero que llamó la atención al llegar al teatro fueron las ausencias, localidades vacías, poco más de medio aforo, y la poca asistencia de los flamencos. Algunos extranjeros rellenaban un poco más, pero la acogida que se merece un artista de la talla de Miguel Ángel brilló por su ausencia. ¿Debido al fútbol u otras alternativas? ¿Debido a una escasa difusión? ¿Debido a la apatía generalizada de los granadinos que no dudan en dejar un día que las flores se marchiten y después estar cien años lamentando su muerte? Ellos se lo pierden. Nosotros nos lo perdemos.

Fue un concierto memorable. De los recitales de guitarra mejores que yo recuerdo. Estuvo bien compactado, fino y redondo. La puesta en escena parca y elegante, los músicos en el mejor de sus momentos. La alternancia rítmica y el dinamismo de cada una de las entregas fueron dignas de encomio. Comenzó Cortés en solitario haciendo la granaína que cierra el disco y le da nombre. Es el homenaje a su tierra. Es la gloria con seis cuerdas. El poder de evocación, el riesgo y el pellizco continuo elevan a Miguel Ángel Cortes al cenit de la creación en cuanto a guitarra flamenca se refiere. Para el segundo pase, le arropa una segunda guitarra. Daniel Méndez se acopla a la perfección con el protagonista de la noche. Es verdaderamente su “mano derecha”, como reconoce Cortés. Tras de este “De Graná pa Sevilla”, con aires festeros y sabor de guajira, entran los percusionistas, a veces más estridentes de la cuenta, que dan el compás necesario “Viento del sur”, unas originales alegrías. De Cádiz vuelve a Granada con unos tangos sacromontanos, que Miguel Ángel se hace acompañar de laúd y pandero, impregnándolos de reminiscencias magrebíes. Un nuevo diálogo entre el laúd y la guitarra en forma de tanguillos nos devuelve a occidente, antes de que entre Arcángel, el primer invitado de la noche, que nos brinda un extraordinario homenaje a Juan Valderrama y nos muestra, a continuación, la largura de sus fandangos onubenses.

Un poquito de percusión, posiblemente fuera de lugar en este foro, da paso a unas bulerías abordadas por la primera guitarra, mientras Arcángel y Méndez le hacen compás con las palmas.

Para finalizar la velada, Esperanza Fernández, una de las voces más flamencas del panorama actual, hace acto de presencia para hacernos las seguiriyas, que en el disco canta Carmen Linares, y unas bulerías que cierran el concierto.

Una gran noche, grandes artistas y un gran disco para enriquecer la discoteca de cualquier aficionado que busque la verdad del flamenco de hoy en día.

De Sevilla a Jeréz

De Sevilla a Jeréz Para cerrar el ciclo Flamenco viene del sur con broche dorado, sus organizadores programaron para el último día la actuación estelar de Merche Esmeralda. Todos los aficionados nos sentimos de enhorabuena por esto, porque sería un buen happy end, donde la ortodoxia, la experiencia y la estética de un referente del baile nacional nos brindaría todo su arte en estado puro.

Y en eso estábamos, cuando se empezaron a escuchar ecos de que la bailaora compartiría escenario con Diego El Cigala. Las predicciones se hicieron realidad y, mientras Merche rellenaba una escasa primera parte, el cantaor jerezano fue generoso en su entrega sobre el escenario.

Merche, posiblemente, sabiéndose cabeza de cartel, no le cuadraba abrir ella la velada, pero lo hizo porque su partenaire se rezagaba. Quizás esto fuera la justificación de su frialdad, aunque también fuera que pesaba su edad y la exigencia de seguir ocupando un primer plano, o más bien la lejanía de su cuadro que se mostraba ajeno y a veces sin sentido.

De cualquier forma, quien tuvo retuvo. La belleza de los movimientos y el juego de manos de la sevillana gozan del sabor y la frescura de siempre. En la soleá por bulerías estuvo algo mejor que en la seguiriya, en la que destacó el aire que levantaba su mantón. Faltó tiempo y faltó cocción. Fue visto y no visto. Incluso, resultó precipitado la vuelta a escena entre pieza y pieza, tan sólo con unos breves compases al violín de Juan Pablo Muñoz, donde se adivinaban algunas notas de Granada de Agustín Lara. El cuadro, totalmente correcto pero algo ausente.

Diego El Cigala, que ocupó la prolongada segunda parte, traía un conejo en la chistera y un par de ases en la manga. Para muchos espectadores su actuación fue una sorpresa continua. El gaditano no hizo puro flamenco, sino que retozó, como acostumbra desde su complicidad con Bebo Valdés y sobre todo con Fernando Trueba y Calle 54, que le introdujo al jazz, la bossa nova o el son cubano.

Sonaron bastantes temas de Lágrimas negras y otras piezas del mismo corte, pero con un aire más flamenco –excelente la versión de Dos gardenias–, y algo de Picasso en mis ojos, como el romance o el fandango La paloma, basado en el poema de Alberti. La última sorpresa fue su bis por bulerías. Cuando ya se habían apagado las luces, cuando ya se había ido parte del público, El Cigala, con un desaprovechado Diego del Morao a la guitarra, sacó brillo a la guinda más flamenca de su noche.

Destacaría, sin discusión, los músicos que acompañaban al maestro El Cigala: Yumitus al piano, Yelsi Heredia al contrabajo y Sabú a la percusión. Un extraordinario concierto sin contrariedades si no estuviera anunciado como flamenco y menos para cerrar un ciclo que debería ser pureza y raíz. Esmeralda y el Cigala pusieron el epílogo de este ciclo que programa el Teatro Alhambra en Granada.

Flamenco, kilómetro cero

Flamenco viene del sur


Si alguien quiere saber lo que es el flamenco, si alguien quiere conocer el principio de las cosas, el kilómetro cero, no tiene nada más que acercarse a José Menese y Diego Clavel (el lunes pasado, por ejemplo) y escucharlos un poquito. Es el flamenco en su esencia, es el cante desnudo, telúrico como las flores silvestres y de una parquedad tan necesaria como estremecedora. Menese y Clavel, Clavel y Menese, dos grandes del flamenco compartiendo escenario, compartiendo público, compartiendo tocaor. Para el buen cante no hace falta más.

Diego Andrade Martagón, Diego Clavel, natural de la Puebla de Cazalla, como Menese, se ajustó al programa. Desde la caña, su primer tema, que introdujo por soleá, ya comprobamos en qué buena forma mantiene sus cuerdas vocales, la finura de su estilo, el paseo sin esfuerzo entre altos y bajos, la proyección de su cante hasta lo indecible. En la misma tónica continúa por tientos. Pero es en la granaína, donde empezamos a vislumbrar la altura de un cantaor lleno de matices, donde nos quitamos el sombrero con veneración. La soleá, que comienza en Alcalá, es igualmente grande, y en la seguiriya, que nos recuerda a Manuel Molina, vuelve a tocar el cielo.

Antonio Carrión, a la guitarra, arropará a la perfección a los dos cantaores. Empero, su conocimiento y su perfecta ejecución hacen desmarcarse de su condición de acompañante, y arpegios y florituras acaban por importunar. Clavel, más prudente, deja que cante con libertad la sonanta que se siente autónoma, pero Menese, celoso de su cante, por momentos, debe frenar al tocaor y el protagonismo que desborda.

José Menese Scott, con más facultades que su paisano, le dio un puntapié a su programa e hizo un concierto más coherente a su estado. Abrió su extraordinaria actuación, que dedicó al cumpleaños de su hijo José, cantando por tonás. A lo que le siguieron farrucas y marianas. Hasta aquí, dentro de su extraordinaria interpretación, estuvo comedido, algo tenso e inseguro. Es a partir de la soleá donde se reconoció al Menese de siempre, uno de los grandes cantaores no gitanos de nuestro país. Con una voz límpida y llena, rotunda y cargada de ecos jondos, supo elevar su entrega hasta los límites más exigentes de una audiencia anhelante. En las seguiriyas, como en la soleá, fue grande, un cantaor de oficio, cada día más fino, cada día más sensible. Acabó el maestro de Cazalla a pleno pulmón cantando por guajiras, rematando así una velada de cinco estrellas.