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Flamenco

Canciones para voz y guitarra flamenca

Canciones para voz y guitarra flamenca

Concierto de Navidad

Las Navidades son unas fiestas que se expanden. Se sabe bien cuando terminan, pero no cuando empiezan realmente. Para algunos comienzan con el Sorteo de Navidad o con el primer polvorón, para otros cuando toman las vacaciones; para mí empezaron el martes con el Concierto Navideño para guitarra y voz que nos brindaron dos artistas granadinos interpretando a otros ilustres granadinos. Además, fue en beneficio de Cruz Roja, organizado por la Asociación de la Prensa y patrocinado por el Área de Cultura de la Diputación de Granada y el Centro de Documentación Musical de Andalucía. Los actuantes fueron, un delicado y preciso José Manuel Cano a la guitarra y Carmen García Segura, una dulce e imponente soprano. El toque fue flamenco cien por cien. La voz lírica. La comunión perfecta. Y es que en el Isabel la Católica no sólo se unieron dos conceptos o prolongaciones artísticas, sino también dos voluntades para un mismo fin y dos espíritus para rozar la magia.

La primera parte la ocupó por entero el virtuosismo de la sonanta de José Manuel con temas propios bajo las sombras del flamenco. De esta forma, bajo sus manos de fuego y espuma, sonaron unas tarantas y unas alegrías, un zapateado y una soleá. Cano fue grande y reconocido en la granadina y sobre todo en una serrana en tono de rondeñas de autoría de su padre, el maestro Manuel Cano.

José Manuel Cano es un artista profundo y sensitivo, que posee una gran técnica ejecutiva y un gran conocimiento. Los finales de sus temas son abiertos, como acabados sin querer, nada del ímpetu final de los guitarristas de ahora. Como es lógico, sigue los pasos de su predecesor, aunque no suena tan limpio y creativo como éste.

La segunda parte fue sorprendente. Es la que en realidad da sentido y consistencia al concierto. La voz amplia y abierta de la joven soprano se sumergió en el sentir de Federico García Lorca, de Manuel de Falla y de Ángel Barrios, se hizo piña con la guitarra, para cantar sus canciones bajo esquemas flamencos. El “Zorongo” sonó zorongo y la “Petenera” sonó petenera. La “Nana” y el “Café de Chinitas” fueron estremecedores, aunque se echara de menos el quejío flamenco, aunque se recordara el trabajo de Carmen Linares. La misma “Vidalita” que canta Mayte Martín en su disco “Querencia” brilló con un tinte especial. “El Paño Moruno” de Falla sonó por bulerías y “Los cuatro muleros” de Lorca con un agradable aire de guajiras acelerado. También se entonó la canción del “Fuego Fatuo” del “Amor Brujo” y la “Canción del Jinete”, un romance de Federico. La guinda final fue “Anda Jaleo” por bulerías que, según los autores, es el tema que más le había costado del disco. De inmejorable resultado.

Tras algunos minutos de aplausos, después de terminado el concierto, los artistas volvieron a salir para regalarnos “Recuerda” una bella canción de amor de Ángel Barrios.

FOTO: Nono Guirado

Se crea la Asociación de Periodistas Especializados en Flamenco

Este fin de semana, invitados por el Ayuntamiento de Cádiz, más de una cincuentena de escritores, críticos y comunicadores de flamenco, en prensa, radio y televisión, se constituyeron en asociación para hacer piña como colectivo a favor de sus intereses profesionales y reconocerse mutuamente en función de su cometido. Así, entre periodistas, locutores y fotógrafos, dedicados al mundo del flamenco, se firmó el acta fundacional de la Asociación de Periodistas Especializados en Flamenco, con sede provisional en Madrid.

Alfonso Eduardo Pérez Orozco, periodista, promotor y divulgador del flamenco, bastante apreciado en este mundo, se alzó por unanimidad como Presidente, el cual nombró a su equipo de gobierno, respaldado por la totalidad de la Asamblea allí presente.

Como primera y única actividad de la Asociación por el momento se contempla la concesión de los Premios “Flamenco Hoy”, que vienen a significar, desde hace siete años, el reconocimiento que la prensa especializada concede a los profesionales del flamenco por su trabajo en el año precedente a la edición de estos galardones.

Así mismo, de la mano de Teófila Martínez, alcaldesa de Cádiz, se pudo visitar el Centro Municipal de Arte Flamenco “La Merced”, que se inaugurará oficialmente hoy lunes y que pretende ser un centro abierto y gratuito de estudio, ensayo, promoción y difusión de los anhelos flamencos de los jóvenes gaditanos.

Superávit de Habichuelas

Superávit de Habichuelas

VII Festival de Otoño de Granada 2006

 

El flamenco en Granada siempre ha sido callado. Ha sido una hormiga trabajadora, que brilla, no por su maquillaje, sino por su luz interior. Echemos un vistazo, sin profundizar demasiado, en el panorama flamenco actual y nos daremos cuenta que un puñado de los grandes nombres son hijos de esta ciudad. Uno de esos insignes flamencos, maestro de maestros, es Pepe Habichuela. En realidad, toda la saga Habichuela que, desde hace casi un siglo, se dedican a acariciar las seis cuerdas, con una limpieza especial, con una sensibilidad única. Y no sólo de la guitarra, también del cante, de la percusión o del baile.

Sobre el escenario un racimo de Carmonas, o sea, de Habichuelas, que se disponen a pasárselo bien y hacernos pasar un buen rato presentando el trabajo impecable e intimista de “Habichuela en Rama”, editado en 1997. Nueve personas sobre el escenario: tres guitarras, contando a Pepe Habichuela, dos cantaores, un bailaor y, nos llama la atención, tres percusionistas que se acoplan a la perfección. Es todo ritmo y compás, sin alardes técnicos ni florituras efectistas, sólo maravillosos arpegios y rasgueos con denominación de origen. La parquedad de este tocaor hace parecer a veces fría y falta de ‘quejío’ su entrega.

El encargado de abrir la noche es Josemi Carmona, hijo de nuestro protagonista y miembro del recién desaparecido grupo Ketama. Es una extesión de su padre, tiene el marchamo Habichuela.

Después del calentamiento de Josemi, Pepe Habichuela entra en escena solo e interpreta una granaína que, aunque no pertenezca al disco, quiere que sea su carta de presentación. Parece que la guitarra por sí sola canta. A partir de aquí es más o menos fiel a esta grabación de hace casi una década. Quién lo diría. “Amanecer” es una seguiriya muy rítmica, que se apoya en la percusión para ofrecernos un fraseo más que estimable, y “A mi Manuel” es una soleá de una claridad desbordante, llena de ligados y arpegios. La bella rondeña “Canta la Guitarra” da paso a los cantaores y suenan unos fandangos naturales, también fuera de “Habichuela en Rama”.

Otra vez sin el patriarca, coge las riendas Josemi para abordar la pieza más identificativa de toda la velada. Son los tangos “A Machuca”, que originalmente canta Potito. Tienen éstos un armónico comienzo y alzapúas importantes.

La fiesta particular de Pepe comienza cuando pone la cejilla al 2 y aborda las alegrías “Recordando Esencias”, en las que se acuerda del maestro Sabicas. Baila un David Paniagua sobrado de fuerza y técnica, pero falto de sentimiento. A estos aires gaditanos les siguen las bulerías que dan título al disco, “Habichuela en Rama”, con letras relativas a su familia.

Como fin de fiestas, los Carmona, nos brindan unas generosas bulerías, donde algunos espontáneos dan unas ‘pataíllas’, entre ellos nuestro genial Manolete.

* Foto de Carlos Arbelos

La Rocío, el valor de la veteranía

La Rocío, el valor de la veteranía

VII Festival de Otoño de Granada 2006

 

La primera parte de la noche del viernes, penúltima entrega de estos Encuentros Flamencos, creo que sobró. Y más después de haber presenciado el extenso torbellino que se mostró en la segunda parte.

Manuel Palma El Zahareño es un cantaor de oficio que se recrea en los mismos cantes de siempre. Con su voz laina y sus excesivos gorgoritos nos mostró la misma granaína y media que viene haciendo hace por lo menos cinco años, los mismos tientos-tangos y los mismos fandangos de Vallejo y el Carbonero. Sólo nos sorprendió con una soleá de Graná, que es exacta a la grabada por el Niño de Jun y por los Campanilleros de Manuel Torre. De cualquier forma fue un buen recital para su público, apoyado por el dulce toque de Ramón del Paso.

Con un nutrido grupo de artistas, la cueva de La Rocío entró con fuerza. Más que una zambra, que es lo que venía anunciado, o un tablao al uso, que es lo que se espera en su defecto, estos flamencos ofrecieron todo un montaje escénico, coreografiado para la ocasión por Juan Andrés Maya, director espiritual de esta saga. Alfredo Tejada, acompañado él mismo con la guitarra, abrió es espectáculo con la canción “Cómo fue” que ya grabaran los hermanos Lucía en “Poetas en Nueva York”. Alfredo, que puede ser uno de los mejores cantaores de nuestra tierra, se empeña en forzar la voz buscando una potencia y un aguardiente que no tiene ni necesita. Desde la farruca, que sirve para presentar la escena y los personajes, nos acompaña un saxo o una travesera que endulzan o enturbian todo el conjunto. Los tangos son decisivos. Loles del Cerro, gitana de 75 años, los baila y los canta con todo el salero. La apuesta por la veteranía es todo un acierto. El tronco del espectáculo es una larga soleá por bulerías, al golpe, sin guitarra, que las aborda individualmente cada bailaora aportándonos todo su arte. Un baile se imbrica con el siguiente de forma elegante y bella. Así a Vanesa Flores la sustituye Carmen Yolanda y a ésta La Repompa de Málaga. Cada una con su estilo. Cada cual mejor.

Continúan con fandangos del Albaicín y con unas alegrías que retoma Vero La India, una bailaora arrebatada de la misma tierra cuando ésta latía a compás. Otros tangos que ilustra Estela Rubio dan paso a uno de los ases de la velada, el cuplé por bulerías que canta y baila La Repompa madre. Estremecedor. Un apunte por tanguillos sirve para presentar, de la mano de Iván Vargas, a la pequeña estrella de la familia. Alba Heredia es un valor seguro que, con sólo 12 años, desprende “furia” Maya de pies a cabeza. Alba se enfrenta a unas alegrías, su plato fuerte, que baila alternándose en el escenario con todas las bailaoras, incluido Iván, que se asoma a las cantiñas y nos deja con jaleos extremeños. Para finalizar, un villancico por tangos cantado por todos los actuantes, nos desean felices días venideros. Y, como fin de fiestas, unas bulerías que baila el mismo Juan Andrés, creador posiblemente de uno de sus mejores espectáculos.

Con la calidad de la zambra de La Rocío, salvo momentos puntuales, por fin se calienta el Festival.

FOTO: Juan Andrés Maya (Paco Sánchez)

 

La noche fue de Patricia Guerrero

La noche fue de Patricia Guerrero

VII Festival de Otoño de Granada 2006

 

Otra vez en el ruedo se me ocurren más preguntas que respuestas. ¿Cómo en un Festival, que lleva seis jornadas, no he empezado a disfrutar hasta el día de hoy? ¿Cómo se puede hablar de madurez en una bailaora que sólo tiene 16 años? ¿Ofrece el Tablao Albayzín cada noche el espectáculo que nos presenta o es tan sólo una muestra para la ocasión? ¿Cómo una cantaora, que es un número uno en el cante de ‘atrás’, resbala estrepitosamente cantando ‘alante’? Y ya que estamos con las preguntas, ¿por qué tenemos que sufrir por segundo año consecutivo la antiestética imagen del cartel anunciador de los Encuentros proyectado en el fondo del escenario? (El cartel puede ser bello pero, presidiendo la escena, rompe la imagen intimista del flamenco.) ¿Por qué aparece un presentador en unas veladas que se presentan por sí solas y éste se limita a leer lo que aparece en el programa? ¿Por qué la media de asistencia al Teatro es de doscientas o trescientas personas cuando el flamenco actualmente puede atraer a multitudes?

Algunas posibles respuestas. Rafaela Gómez pasa por ser una de nuestras flamencas con más fuerza, arte y poderío, cantando para el baile. Tiene un gran compás y jalea como nadie. Sin embargo, está aún verde para ponerse al frente de un escenario, y eso que contaba con el impagable respaldo de Rafael Habichuela a la guitarra y a El Moreno con la caja. Comienza con lamentables abandolaos. Se perdona al ser su primer tema. Pero con las alegrías pierde totalmente el norte. Su falta de naturalidad es alarmante. Esta no es la gratificante Rafaela que yo conozco.

El Tablao Flamenco, si ha expuesto más o menos lo que representa día a día en su local, es altamente recomendable, es un trabajo serio y de calidad. Aunque, me temo, que tendría algo de maquillaje. El concepto es acertado. “Evolución” hace un recorrido lógico a través de la historia. Buscan para la toná a un cantaor con solera, Antonio Colarao. Para el final de esta pieza aparece Luis de Luis con su baile desnudo y preciso, que hilvana con la soleá por bulerías que cantan Rudi de la Vega y Juan Ángel Tirado (magnífico en los tangos). Buenos también los tocadores César Cubero y David Carmona. Seguidamente se encadenan bamberas, alegrías y jaleos, que bailan correctamente Eva Esquivel, Vanessa Vargas y Kika Quesada respectivamente. Bailaoras que apuntan los primeros compases de los tientos-tangos que aborda Patricia Guerrero, la estrella de la noche.

La sola presencia de Patricia ha elevado varios enteros la valoración de este espectáculo. La joven bailaora albaicinera presenta un baile maduro, lleno de guiños a las bailaoras de antes, a los bailaores de siempre. Su lenguaje empieza a ser muy personal y las muchas horas que le dedica a los ensayos están dando sus frutos.

La “Evolución” acaba con un poco de fusión. A los flamencos se les une un piano eléctrico, un violín y un bajo, para ofrecernos un flamenco jazz al estilo de Corea o de Domínguez. Y un poquito por bulerías para cerrar la noche.

 

Te compraría en ‘Granᒠla cueva La Canastera

Te compraría en ‘Granᒠla cueva La Canastera

VII Festival de Otoño de Granada 2006

 

La noche del martes dio comienzo oficial el reconocimiento que el VII Festival de Otoño dedica al flamenco tradicional sacromontano. “Homenaje a las Zambras de Granada” quiere acercar la zambra desde su ubicación en el Camino del Monte hasta el corazón de la ciudad para que todos los granadinos podamos gozar de un espectáculo auténtico que, malamente, concebimos exclusivamente para extranjeros.

Todos los flamencos llegan a una conclusión a la hora de definir su arte o en el momento de imponerse una meta. Y esta conclusión es sencillamente cargarse de verdad, ofrecer el flamenco sin dobleces ni ambages. Ser puro, en definitiva. El Sacromonte, la cueva, la zambra, en general, no se plantea ese objetivo, puesto que lo posee innato.

La zambra que representa el ceremonial de la boda gitana, se representa como espectáculo desde el siglo XIX. Son una serie de cantes y bailes bien definidos que, con algunas variaciones, siguen un mismo esquema. Así, con la Zambra de María La Canastera, comenzamos a apreciar la verdad de nuestros flamencos.

Al acercarse la Navidad, nada mejor que brindar con un villancico y una copita de aguardiente. Lo primero que apreciamos en la zambra es su intervención coral, con protagonismos puntuales. El baile, de dos, de cuatro o de cinco, es simple, corto y repetido; lleno de gracia y de sabor. El ritual propiamente dicho se compone de la alboreá, los tangos de la flor o de falseta, el petaco, la cachucha, los fandangos del Albaicín y la mosca. Entre estos cantes y bailes establecidos pudimos apreciar también alegrías, soleá, bulerías y los imprescindibles tangos de Granada. Con una buena muestra de cante, en el que destacamos la participación de Sara Heredia, de guitarra y sobre todo de baile, siempre enérgico.

Antes de que este grupo “familiar” ocupara el escenario, un joven cantaor granadino, afincado en la ciudad vecina, Josele de Málaga, presentó unos temas claramente acamaronaos. Para todos los que se acercan al genio de la Isla, se le podría recomendar la búsqueda de un camino nuevo puesto que Camarón fue único e inimitable. Así Josele, un artista aún poco hecho, se atrevió con tarantos de Camarón, tangos de Camarón y bulerías de Camarón. Aburrido.

FOTO: Cueva La Canastera (Nono Guirado)

Un lejano Punto de Fuga

Un lejano Punto de Fuga

VII Festival de Otoño de Granada 2006

 

Siento que se me escapan todas las sensaciones ofrecidas por este nuevo grupo de danza y de Soledad Gallardo, su ideóloga. Siento que el compendio de todas las artes no se pueden filtrar por el mismo ojo que evalúa sólo, generalmente, el flamenco. Siento que el corpus escénico representado el domingo al atardecer acudió al foro equivocado.

Arriesgada y sugerente es la obra de Punto de Fuga-Danza. Valiente la propuesta como primera impresión. En “Restauración” comulgan la danza, el teatro, el flamenco, el sonido, la luz, el arte conceptual, el vídeo, la performance, la expresión corporal… sin que nada predomine. No es una elección baladí, responde a la necesidad de comunicar con todos los medios sensibles a nuestro alcance.

Así nos encontramos a un mismo cuerpo en tres estados diferentes: lo físico (Noemí Martínez Chico), lo mental (Marco Vargas) y lo emocional (Patricia Cabrero Ruiz), que interactúan con el público como si fuésemos las circunstancias orteguianas. En la primera parte, quizá demasiado larga, el aspecto físico se envuelve en la realidad cotidiana representada con papeles de periódico fijado en las paredes y en el piso. Parece que le pesan las noticias, se funde con ellas, las sufre y las destroza. Implica a los asistentes en su penar, en su abandono, y desaparece como la luz en el patio de butacas. Mientras tanto, el estado mental en una “caja de luz”, que no ha parado de grabar en circuito cerrado de vídeo todo lo que acontece en el exterior, que se proyecta sobre los velos que lo encierran, da sensación de prudencia, de miedo hacia su estado físico. Movido por una continua soleá, baila también obstinado, zapatea con faldas mostrando la ambigüedad de la memoria. Soleares que pronto serán tientos, para acabar con tangos. La emoción, el más visceral de los sentidos, que desde un primer momento ha estado quieta o trazando leves vaivenes con sus pies congelados, baila encerrada en la ternura de un vestido que la atrapa. Baila y se deshace poco a poco de su celda de seda, mientras se proyecta un poema que cobra vida en el lienzo. Como todo, como todos, crece, decrece y se trasforma, se restaura.

FOTO de Pepe Torres 

Tatiana, un aplauso para sí misma

Tatiana, un aplauso para sí misma

Tan sólo bonito. Una bella imagen. Un gran despliegue material y humano para una obra francamente exportable pero con poca enjundia. Y, para rematar, Tatiana, la dueña y señora de las quince almas que comparten escena con ella, baila poco en este espectáculo vacío de contenido. La idea “fuego y arena” está bien, a pesar del tópico; el concepto es oportuno y acertado, pero su materialización, salvo algunos detalles que nos recuerdan ese leitmotiv, se dispersa como la misma arena al viento que se pretende.

El precedente de la obra lo tuvimos en la presentación de la película documental de Enrique Morente “Sueña la Alhambra”, que ahora, un año después, cuaja en un conjunto de piezas flamencas. En primer lugar el martinete a ritmo de bastón “Recuerdos de fragua”. Del fondo del teatro avanza un cantaor y después el otro y después le cantan a Barajas y después a El Charro y después baila Tatiana. Demasiado largo para una toná. Demasiado largo para una presentación. Una melódica travesera, da paso al “Amanecer grana” de Luis Mariano, director musical, con mucho lo mejor del espectáculo. Una granaína inmensa y sabrosa, si no fuera porque la tenemos más que sabida. La pieza acompaña al músico, como casi todo el repertorio, desde hace ya mucho tiempo, eliminando así el factor sorpresa. Tatiana baila la granaína. Tatiana se envuelve en sí y gesticula más que baila, se besa. Tatiana busca el aplauso en cada uno de sus desplantes.

Continúa la obra con la farruca “Contraluz”, otro tema antiguo, acompañado por el violín de Julio Muñoz, ilustrado por el bailaor Agustín Barajas, un baile descafeinado, una extensión del baile de Tatiana, falto de fuerza, que no marca los acentos que precisa la farruca.

Las alegrías “Olor a brisa” ya son otra cosa. El joven Moisés tiene algo que decir y encuentra su propio idioma. Con el baile, aprendido de sus mayores, el fuego y la arena empiezan a cuajar. Sin embargo, algunas propuestas enturbian el conjunto: la luz (como en todos los espectáculos que veo últimamente) es algo pobre; el vídeo de fondo, innecesario de tan ajeno. Para los fandangos del Albaicín “Recuerdo a mami”, más cercanos al verdial que a Frasquito, se aportan una flauta, una guitarra eléctrica y un poquito de percusión.

La justificación de todo el entramado, sin embargo, se llamó “Por derecho”. Fue una soleá por bulerías que Tatiana aborda con vestido de cola carmesí, mantón y peina, para despojarse rápidamente de la cola y aparecer ligera y danzar para convencer y exponer así una verdad que andábamos tiempo buscando. Arropada por seis violines, busca por enésima vez el aplauso y el clamor de los asistentes. Tanto es así, que el fin de fiestas que se anuncia por bulerías quedó difuminado, si es que en verdad se llegó a realizar.

Estrella de sólo cuatro puntas

Estrella de sólo cuatro puntas

Impresionante. Pero no emocionó. Estrella Morente una de las hijas más queridas de su tierra, que pronto emprendería el vuelo, dio un concierto ajustado para vencer pero no para convencer. Ella sabe que el público granadino es agradecido, pero también debe saber que es exigente. La ilusión y la entrega, quizá fueran los deseados, pero en conjunto la actuación tenía fisuras.

En primer lugar, la comunión del espectáculo “Pastora 1922” y del disco “Mujeres”, más que un acierto y una continuación lógica en su trabajo, sonó a pastiche que dejó a medias tanto una idea como la otra. También, podíamos plantearnos, la difusión del protagonismo con sus acompañantes, cuando a ella, la máxima estrella (léase Estrella), se la pretendía permanente. Para concluir, para terminar de satisfacer a un auditorio indeciso, podría haber concluido con un fin de fiestas personal, un bis, o un par de temas, siendo generosa, para abrochar la noche con sobresaliente y, por ende, toda la gira que en Granada ha terminado.

Con todo y con eso, Estrella Morente es una gran artista, que reúne los valores de su padre, o sea, un registro absoluto de los altibajos y los medios tonos, una riqueza melismática fuera de lo común y una cabeza muy bien amueblada, además de una voz dulce, privilegiada, una belleza natural y un dominio innato de la escena. Artistas tan completas como ella se dan una entre mil. Quizá demasiado histriónica, quizá bastante premeditada.

Enrique, como promotor y alma mater del proyecto, presta su voz, que lee la misma “Arquitectura del cante jondo” que leyó Federico en aquel Concurso de 1922, para ilustrar un vídeo sobre la época y sus intelectuales, sobre aquel acontecimiento y la tragedia, en forma de Guerra Civil, que se nos vino encima. La música de fondo pertenecía al “Amor brujo” de Falla, cerrando así el espíritu de la noche en los Aljibes.

Quitando la pantalla de proyección, aparecen al completo el Cuadro Gitano del Sacromonte y el Grupo de Laúdes y Bandurria del Albaicín, junto a los cantaores y a los guitarristas, lo más granado de la tierra, haciendo los mismos tangos que suenan incansablemente en las cuevas, cantados y bailados por los mismos flamencos que bailan y cantan en el Camino del Monte. Mi primer aplauso va para ellos, el rescate de estos artistas condenados a la sombra de la divisa extranjera es impagable. Su espontaneidad, gracia y esmero es necesario conservarlos como patrimonio del flamenco granadino.

Mi segundo aplauso sincero va para las púas mayores de las bandurrias y los laúdes por el acierto de su inclusión en el flamenco actual, como reivindicando una de las señas de identidad de la zambra, con la que empieza el recital la protagonista de la noche. Un comienzo exclusivamente granadino. A la zambra, incluida en su disco “Mujeres”, le siguen unos fandangos de Frasquito, una granaína, arropada por un preciso Miguel Ochando a la guitarra, y culmina con tangos de Granada, en los que se acuerda de La Gazpacho, La Repompa y la Tía Concha. No sabemos si es por la emoción, por las ganas de impresionar o porque tenía la voz tomada, su comienzo estuvo algo rayado. Traspiés que a veces enturbiaban demasiado. Sin embargo, la frescura y redondez de Estrella Morente en directo, no la tiene su último disco. Era cuestión de tiempo. Había que madurar y limar aristas.

Para una tácita segunda parte, como único tocaor, salió al escenario un indiscutible Pepe Habichuela que acompaña a la artista en sus temas menos ortodoxos. Con “Vuelvo al sur”, escrita para Rocío Jurado, comienza su particular homenaje de arte y sentimiento hacia la mujer. Estrella es luz. Estrella es profunda y es etérea. Continúa la diva con “Nostalgia'” de Enrique Cadicamo, tema que borda sin discusión, en que Habichuela hace una deliciosa incursión en la bossa nova. Seguidamente requiere compás y una segunda guitarra para la bulería que, acompaña con un bailecito, con la que da paso a su partenaire, Juan Andrés Maya, que baila la “Canción de los pastores” por soleares, de manera muy efectista y teatral, en el que seduce a Estrella, en el que seduce al respetable.

Acaba Estrella con unas bulerías ilustradas por el baile visceral de Iván Vargas y Jara Heredia. Después aparece con su vestido blanco de cola, como de novia, bailando como lo hizo en la Alhambra en 2004, aunque menos impresionante que entonces, para dejar a su equipo rematar la faena por tangos. Ni una triste despedida de la artista, ni un ligero bis que endulzara la salida. Es la mejor forma de alejar a los incondicionales.

El flamenco al alcance de todos

El flamenco al alcance de todos

I Festival de Flamenco ONCE Andalucía

 

La organización de la ONCE en Granada celebró el viernes pasado el I Festival de Flamenco de la ONCE de Andalucía, con la intención de «democratizar» este arte y descubrir nuevos valores del flamenco entre personas discapacitadas. El año pasado un modesto minifestival sembró la semilla de lo que hoy es este evento con visión de futuro.

Los premiados en esta ocasión, sin sufrir ninguna minusvalía, han estado siempre sensibilizados por esta causa y han arrimado el hombro a sus necesidades. El primer premiado fue Vicente Fernández Maldonado, Vicente el Granaíno (1927), músico invidente, al que se le reconoció haber abierto camino. Éste declaró que la ceguera no ha sido un obstáculo en su vida, pero sí ha dificultado las cosas.

Los jóvenes premiados, después de recoger su galardón, dieron muestras de su buen hacer artístico y defendieron sin discusión el porqué de este reconocimiento. La encargada de abrir y cerrar la noche fue Rocío Montoya con su baile arriesgado y novedoso. Su primera entrega, con traje y pantalón, fueron unos jaleos extremeños con bulerías. Un baile reposado y verdadero; intimista y lleno de sentimiento. Rocío clausuró la noche con unos extraordinarios tangos en los que rebosaba el cante de Morente. Como una pantera blanca, fue sigilosa y elegante, disciplinada y orgullosa.

El cante joven lo pusieron Esther Crisol haciendo una granaína y unas alegrías, en donde dejaba entrever claramente su influencia de Carmen Linares. Su inseguridad y un sonido recortado no fueron obstáculos para apreciar su valentía y el dominio de su cante. A continuación, Álvaro Rodríguez, natural de Órgiva, cortó el aliento con su potencia de voz y su eco flamenco. Su previsible soleá fue suficiente para convencer de su grandeza, pero fue la milonga “Una noche de verano” de Calixto Sánchez, basada en un poema de Antonio Machado, la que levantó algunas pasiones. A la guitarra de los dos debutantes, la sensibilidad de Vicente Márquez, prolongaba la belleza.

La veteranía, otro de los objetivos del festival, estuvo formada por tres cantaores de excepción, corredores de fondo del flamenco granadino, fiel azogue de los jóvenes que quieren seriamente adentrarse en este mundo.

La maestría enciclopédica de Antonio Gómez 'El Colorao' comenzó a iluminar esta segunda parte con unos sorprendentes cantes de trilla. A la guitarra, preciso, Rubén Campos. Se marchó con sus imprescindibles seguiriyas, señas de identidad de este cantaor. Antonio Trinidad le sustituyó en el escenario, con un académico Isidoro Pérez a la guitarra. Con su cante bondadoso y modulado, que gusta recrearse alargando los tercios y ralentizando el tempo, Trinidad expuso unas farrucas y “La baladilla de los tres ríos” de Federico. Para concluir, antes del baile final, Ángel Rodríguez 'Chanquete', asociado a la ONCE, arropado por el maestro Francisco Manuel Díaz, remató una noche grande con unas granaínas y unos abandonaos en los que se acordó de todas las provincias andaluzas.

* En la foto, Rocío Montoya (FOTO: Nono Guirado)

 

¡Arriba Gitanos! Ahora es el momento

¡Arriba Gitanos! Ahora es el momento

VII Festival Flamenco “Día de los Gitanos Andaluces”

 

El 22 de noviembre de 1462, según las crónicas llegaron los primeros gitanos a Andalucía. Con objeto de conmemorar este acontecimiento, el Parlamento Andaluz, estableció en 1996 esa fecha como el Día de los Gitanos Andaluces, que se puede considerar como una jornada de puertas abiertas, que dura una semana, destinada a difundir la cultura del pueblo gitano.

Desde hace siete años, coincidiendo con la entrega del Premio Andaluz Gitano, se viene celebrando un Festival Flamenco, vindicando el protagonismo de este pueblo en una de las señas de identidad más reconocibles de la comunidad andaluza.

Los Premios recayeron este año en el guitarrista gitano Pedro Peña Fernández, hijo de la mítica María la Perrata, que habló de tolerancia y acabó su intervención con estos versos: “Dándose un abrazo, ni el negro es tan negro ni el blanco es tan blanco”; y del investigador Antonio Gómez Alfaro, que dijo sentirse gitano de espíritu.

Doña Micaela Navarro, Consejera para la Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía, encargada de entregar estos galardones, recalcó uno de los pensamientos de Alfaro, donde afirmaba que más que gitanos andaluces, este colectivo lo integran andaluces gitanos.

El comienzo de lujo del Festival vino en forma de piano y voz. Esperanza Fernández, una de los ecos más flamencos que tenemos, interpretó el Himno de los Gitanos en romanó, acompañada por la sensibilidad en las teclas de David Peña Dorantes.

Con el bello de punta, tras el dulce quejío de Esperanza (véase el doble sentido), dio comienzo un festival tan atractivo como dinámico. Quizá la solución sea conjuntar una buena organización y un buen programa de mano y prescindir del presentador, que no hace sino ralentizar el evento. El Grupo Salazar propone unos tientos con laúd, violín, guitarra y voz; Los Farruquitos de Granada, que reúne las voces de Juan Antonio Amador y Fernando Rodríguez, hacen martinetes que terminan siendo seguiriyas y rematan con unos caóticos tangos de Morente que, inexplicablemente, son muy aplaudidos. Los Fernández de Íllora, el sabor más añejo de la noche, hacen soleares y tangos; y, para concluir la primera parte, los Jóvenes de la Zona Norte vienen y van con tangos muy de ahora que baila con gracejo gitano Tamara Fernández.

La segunda parte la abre Marina Heredia, una cantaora de oficio que poco a poco va robando corazones y sentimientos hasta hacerse imprescindible en nuestro panteón flamenco particular. La calidad de una voz flamenca se puede entrever cuando las malagueñas se abandolan. Más cercano al fandango de Frasquito que al verdial, Marina modula el grito y se impone como señora en un recital que ahora comienza. Acompañada por Luis Mariano a la guitarra, un buen guante para tan delicada mano, continúa con una soleá, para pasar seguidamente a los tangos de Granada, demostrando una vez más que es de las mejores exponiendo estos cantes. Y termina con unas sabrosas bulerías que las aborda, como soñara Botticelli, desde su mitad, a pie de escenario, apoyándose en el somero baile que adorna inevitablemente a la fiesta.

El broche de la velada lo puso Susana Amador Santiago, La Susi, que no fue dorado pero brilló por su carisma. La cantaora alicantina, que le hablaba de tú a Camarón, hizo un concierto más jondo de lo que esperaba su público. De la milonga pasó a levante y de allí a la malagueña de Chacón que lógicamente se animó en sus tercios finales. La Susi no llegó a entenderse con los palmeros que llevaba, excelentes por otra parte, y volvió a internarse en una soleá. Y es que no llegó a redondear nada. Se iba de compás y remezclaba unos palos con otros. Aunque, era de prever, acabó por fiesta, su especialidad. Arropada con tres guitarras gindó la noche con unas esperadas bulerías de Jeréz, en las que, por fin, se encontró en su terreno.

* El título del post es un verso del Himno de los Gitanos

** En la foto, Marina Heredia y su entrega sin condiciones (FOTO: Nono Guirado)

 

María Toledo en La Platería

María Toledo en La Platería

Una mezcla un poco anormal en una joven cantaora (1983), premiada en las Minas de La Unión en el 2002, es lo que llamó mi atención el pasado mes de marzo en el ciclo "Flamenco viene del sur". Y es que María Toledo es una flamenca de La Mancha, rubia y estudiante de derecho y de piano, todo poco convencional. Y si además habla bien, marcando las eses, y demuestra su conocimiento y su largura en los estilos, es digna de encomio. La primera vez, como digo, me impresionó. Compartió escenario con otra joven promesa, la jerezana Carmen Grilo, y salimos muy satisfechos aquel entonces del teatro. Esta vez, sin embargo, no sé si por la responsabilidad de actuar en este templo del cante, como es la peña de La Platería, por el frío de Granada que le cogió de improviso o por una extraña inclinación a remedar a sus mayores, sobre todo a Carmen Linares, su actuación resultó encorsetada y falta de pellizco, con algunos momentos relucientes, justo es decirlo.

De cualquier forma, el conjunto de su recital fue más que correcto, rico en matices y en referencias, sabroso en sus propuestas. Y, si a todo esto unimos la sensibilidad de la guitarra de Luis Mariano, la noche mereció la pena.

La primera entrega de María Toledo fueron unos tangos que resultaron deslavazados y chirriantes. Su voz sonaba encorsetada, muy de escuela, y fingida, tanto que desconcertó al personal. Poco a poco, sin embargo, fue enmendando sus propuestas sin llegar en ningún momento a emocionar. Quizá la mejor entrega de la primera parte fue una soleá de Jerez y de Triana o, por momentos, las alegrías en las que se acordó de La Perla de Cádiz o de Aurelio Sellés.

La segunda parte, por desgracia, fue igual de sosa que la primera, en la que hizo un buen intento por acariciar la fibra del espectador comenzado con una zambra, que culminó con el "Carcelero carcelero" de Caracol, siguió por levante, haciendo una levantica y una preciosa cartagenera. También hizo unas seguiriyas y culminó por bulerías. Como bis, un par de fandangos.

En general, bastante flojo para las expectativas esperadas. Tan sólo sobresaliente por una de las mejores guitarras del panorama granadino, que es como decir de las mejores guitarras de andalucía.

Una Gema tallada en La Platería

Una Gema tallada en La Platería

Gema Jiménez, joven cantaora de Jódar, hizo honor a su nombre y fue una piedra preciosa el sábado en la peña de La Platería. Ganadora en el 2005 de la Lámpara Minera en el Festival de las Minas de la Unión, demostró con creces el merecimiento de este premio. No se equivocaba el vicepresidente de la Peña en su presentación, diciendo que la Lámpara no le da prestigio a Gema Jiménez, sino que la cantaora jienense ensalza estos galardones. Y es más, añado yo, cuando se conceden premios tan merecidos, se justifica todo el entramado de un Festival que año tras año señala a un ganador que después se queda en la cuneta.

El exigente público de esta asociación flamenca quedó satisfecho con la entrega de una cantaora que se volcó como nunca, según los que la habíamos visto en más ocasiones, y fue brillante en sus propuestas, más en la primera parte que en la segunda, rompiendo algunas previsiones.

Muy segura de sí, dominando la escena y a gusto, como si estuviera en su casa, los cantes fluían por una garganta privilegiada y un timbre especialmente bello, que domina los altibajos y se apodera del compás y de un quejío moderado que arrancaba oles de absoluta complicidad.

Gema abrió la noche con una granaína y media, fue grande en los caracoles chaconianos, en las tarantas demostró su dominio por levante y acabó esta primera parte con tangos en los que viajó de Badajoz a Granada pasando por Málaga.

Después del descanso, interpretó con su habitual belleza unas milongas dedicadas al maestro Valderrama, unas seguiriyas, en las que no se rompió como se esperaba, unos fandangos, quizá demasiado largos, y un fin de fiestas por bulerías.

Eduardo Rebollar, excelente a la guitarra.

* FOTO: carátula del CD de Gema Jiménez, a raíz de haber ganado la Lámpara Minera en el Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión

La Parra inaugura su temporada sin su Presidente

Con algunas semanas de retraso, inaugura su actividad la peña La Parra flamenca de Huétor Vega. Esto es debido al fallecimiento reciente de su Presidente, Pepe Agudo, motor y dinamizador tanto de esta peña como del flamenco granadino en general. Con este dolor inmenso y con el hueco irremplazable que se queda en la asociación, sus más de setenta socios, con Pepe Rubio, como Presidente en funciones, y con el apoyo de la Concejalía de Cultura de Huétor Vega, el flamenco de esta población reanudó su labor el pasado sábado con una actuación que abrió la temporada.

Con Pedro Cintas, un cantaor venido de Badajoz, y Ramón del Paso, artista local, a la guitarra, se ofrece un recital tan sólo correcto, con algunas pinceladas de emoción.

En la primera parte, en la soleá, en su primera entrega, escuchamos lo mejorcito de ese cantaor extremeño. Ya fuera por la sorpresa del comienzo, ya por su fuerza inicial, el caso es que arrancó muestras de aprobación entre los peñeros. A partir de ahí, todo fue previsible. Su buena modulación, los socorridos gorgoritos y el abuso de bajos, que recordaban al buen hacer de Calixto Sánchez, unido a la longitud desmesurada de sus cantes, llegaron a cansar. Correcto también en las cantiñas y alegrías, en los tangos y en los fandangos finales. Más sobresaliente por malagueñas, en las seguiriyas y, sobre todo, en las bulerías. El tocaor, Ramón del Paso, que estuvo muy por encima de un cantaor falto de precisión, tenía que estar atento a su constante pérdida de ritmo. Siendo cantaor extremeño, se echó en falta una muestra de tangos y jaleos de su tierra.

La Parra de Huétor Vega, creada en 1981, retoma también la programación de sus bodas de plata y, con el apoyo de la Diputación de Granada y el Ayuntamiento de su localidad, editará un libro y un CD con las actuaciones más sobresalientes de estos 25 años de flamenco. Además, se ofrecerán algunas conferencias ilustradas con cante durante los días 30 de noviembre y lo dos primeros días de diciembre.

Marianas

Yo vengo de Hungría,

con mi mariana,

pasando la vía.

En principio la palabra nos puede llevar a pensar en oraciones y cantos religiosos referentes al culto a María. Nada más lejos de la realidad. Nunca un tema tan pagano se ha acercado al flamenco, pues con el nombre de 'mariana' designaban los gitanos titiriteros a la mona, a la cabra o a los demás animales que usaban para pedir voluntaria remuneración por su baile equilibrista o cualquier otra habilidad al compás de sus instrumentos de percusión.

La mariana es un cante derivado claramente de los tangos (más bien de los tientos), de indeterminado número de versos y de sílabas. Tiene un estribillo y acaba por tangos, como los tientos. Sus temas tienen que ver con la vida de los gitanos.

La versión flamenca de este cante se debe a Luis López, El Niño de las Marianas (o El Cojo de las Marianas). Según González Climent, El Cojo tomó este cante, cuando tenía 17 años (1905), de unos gitanos húngaros que cantaban y bailaban con un pandero deambulando por tierras andaluzas.

El cantaor sevillano grabó estas marianas en 1910, con la guitarra de Ramón Montoya. (Aunque hay quien dice que ya estaban grabadas, pero nunca con la jondura flamenca de esta pareja.)

Joaquín Turina utilizó parte de la melodía de las marianas en su obra Jueves Santo a media noche como contraste a la saeta, lo que llevó a pensar que era una creación de éste compositor sevillano.

Actualmente es un cante en desuso que Antonio Gómez El Colorao se empeña en rescatar (lo viene interpretando, junto a la seguiriya, en todos los festivales que se presentan). Han interpretado también marianas Bernardo el de los Lobitos, Menese, Lebrijano y Miguel Vargas.

Bamberas

La bamba está bien sujeta

con dos sogas una en ca lao

meciéndote se te aprietan

mis manos a tu costao

Las bamberas o bambas surgen de aflamencar el 'cante de columpio' del folclore tradicional andaluz. Estos cantes eran conocidos como bambas o mecederos, que eran cantados al ritmo del bamboleo del columpio.

José de Bisso en su Crónica de la provincia de Sevilla (1868) lo cuenta así: "Las Vampas o Bambas son un doble columpio que se suspende de un grueso árbol, por lo ordinario nogal, y se atraviesa con una tabla bastante resistente; colócase en ella la pareja que se mece mientras hace el corro y cantan e impulsan la vampa. Regularmente cada copla de uno de los del corro es contestada por otra de los del columpio; pero lo original es que para estas ocasiones guardan los amantes todas sus quejas, sus celos, desdenes, y, con una imaginación viva y perspicaz, improvisan expresivas canciones, de un momento en que median reconvención y ternezas, galanterías o resentimientos, desaires o desahogos de contenida pasión".

El origen de la bambera se debe a la Niña de los Peines en compás de fandangos, reelaborada en 1970 por Naranjito de Triana, acompañado de Paco de Lucía, que le impuso el ritmo definitorio al compás de doce tiempos de la soleá (algo acelerada). Morente, en su disco Lorca, hace este cante por tangos.

La bamba tiene cuatro versos octosílabos o el primero y tercero heptasílabos y el segundo y el cuarto pentasílabos. Se repiten generalmente los dos primeros versos al final de la copla, o bien forma una quintilla repitiendo tan sólo el segundo.

Bamberas han sido grabadas por muchos. Son interesantes las de Pastora Pavón (of course), Enrique Morente, Carmen Linares o Rocío Jurado (que fue de las primeras a quien yo le escuché este precioso cante.

Pansequito inaugura la temporada flamenca de La Platería

Pansequito inaugura la temporada flamenca de La Platería

Al filo de la medianoche del sábado, la peña flamenca de La Platería se vistió de largo para comenzar la temporada de sus actuaciones y propuestas para todo el curso flamenco que ahora comienza. La Peña más antigua de España quiso apostar fuerte subiendo a sus escenarios a un cantaor de enjundia y raíz. Pansequito, en buena forma, hizo las delicias de los aficionados, entregándose por entero en esta gala e improvisando con valentía cuando advirtió problemas acústicos. El carismático artista gaditano llegó acompañado de quien ahora es su compañera, la gran cantaora Aurora Vargas, que hacía compás entre bambalinas.

Unas cantiñas de Cádiz de elegante factura abrieron la actuación, que fue creciendo en calidez interpretativa a lo largo de la velada que, con tan sólo seis cantes, se alargó hora y media. José Cortés Jiménez, en buena forma como digo, no es el mismo de siempre. La brillantez de su timbre y la ligazón de los tercios, antes habituales, hoy son esporádicos. De cualquier forma, este renovador del flamenco, junto a Camarón y Morente, es uno de los grandes y así lo percibimos. Sus soleares siguen gozando de una originalidad y jondura únicas. Su barroquismo habitual que alarga el verso haciéndole rozar el desequilibrio pero que nunca pierde el compás es objeto de incondicional aplauso. Los ecos flamencos, el rajo y el pellizco, arrancaron oles y sinceras ovaciones.

Pansequito, a continuación, fue largo en los cantes de levante y exacto en los tientos-tangos, en los que tuvo que apartar el micrófono y cantar a viva voz por problemas de sonido. Sus bulerías, muy esperadas, fueron generosas, moviéndose libremente desde la comicidad de su tierra hasta las de compás jerezano, pasando por las reconocidas como cuplé, en las que este cantaor tiene mucho que decir. Remata este cante de fiesta acordándose de la sensibilidad del jerezano Luis de la Pica, fallecido el último año del siglo pasado. El recital, como los de antes, culminó con un ramillete de fandangos naturales que acabaron de endulzar la velada.

Un sobresaliente aparte merece el guitarrista Diego Amador. Hacía tiempo que no veíamos un tocaor tan delicado y respetuoso, dándole entradas precisas a quien acompaña y tan sólo apuntando los cantes para otorgar toda la dimensión posible a los melismas y la cadencia de la voz. Para las falsetas, elaboradas con mimo, extemporalmente, se vale del bordón y los graves demostrando las bondades de un recurso bastante desusado.

* FOTO: Nono Guirado

Paco Cortés premiado con el Trofeo Taranto

Paco Cortés premiado con el Trofeo Taranto

En la noche del viernes, la prestigiosa peña flamenca El Taranto de Almería, con más de cuarenta años de existencia, le concedió al tocaor granadino Paco Cortés su Trofeo “al mejor guitarrista de acompañamiento”.

Con un sencillo acto, que tuvo lugar en la misma peña, un antiguo aljibe árabe, el tocaor granadino, acompañante habitual de Carmen Linares, por ejemplo, recogió en persona de manos de su presidenta, Lola Benavides, este prestigioso galardón que se entrega por primera vez a un guitarrista.

La Peña viene entregando estos trofeos, en el mes de mayo, a los cantaores que se han destacado por su actuación durante el año. La junta directiva decidió el pasado año premiar también la labor, quizás más solapada, pero sin duda imprescindible, de estos profesionales del acompañamiento, en la que se valora tanto el conocimiento de los cantes, como el arropamiento del cantaor y la comunión con éste, dándole las entradas precisas y rellenando los silencios con precisos arpegios y falsetas.

El Trofeo consiste en una original estatuilla, que representa una guitarra, original del artista italiano Marco Dessardo, que viene realizando exclusivamente para esta peña almeriense desde 1992 con motivo de la celebración del centenario de Antonio de Torres, afamado constructor de guitarras almeriense, que dotó, tanto a la guitarra flamenca como a la clásica, de su actual fábrica y ligereza.

La noche se remató con un recital de flamenco, en el que el homenajeado Paco Cortés acompañaba al también granadino Luis Heredia Fernández, El Polaco, demostrando una vez más su buen hacer al lado de cualquier cantaor sea cual sea su capacidad y largura.El Polaco glosó brevemente las coincidencias y recitales con el gran tocaor recién reconocido y la altura de sus inicios comunes con Mario Maya, con el que recorrieron toda Hispanoamérica y parte de Europa.Cortés, en unas declaraciones que le hizo a la peña al enterarse del galardón, confesó: “Estoy superfeliz y superorgulloso de que la peña se haya acordado de mí como acompañante al cante. He hecho dos o tres recitales ahí en la temporada pasada y… bueno, parece que todos los del jurado han salido satisfechos”.

* FOTO: Nono Guirado

Peteneras

El que se tenga por grande

que se vaya a un cementerio

y verá lo que es el mundo:

¡es un metro de terreno!

 

Siempre me ha gustado la petenera. Es un cante muy asequible, pausado, melódico y sentimental, aunque triste, que no lo cantan los gitanos (ni los payos supersticiosos) porque dicen que trae mala suerte.

Juanito Valderrama cuenta en Mi España querida, las memorias que le escribió Antonio Burgos en 2002, que, representando la obra Cancionero (o Cabalgata) de León y Quiroga, en 1946, con Concha Piquer, Juanita Reina y una tal Mari Paz que protagonizaba el número Gloria a la Petenera y que salía a hombros, con los pies por delante, un día se puso tan mala del pecho que se murió de verdad, “en la flor de la edad, muy guapa”. Desde entonces, los gitanos no quieren oír hablar de la petenera por ese mal fario.

Nacida hace ya dos siglos en el pueblo gaditano de Paterna de la Ribera, la petenera (que adoptó el nombre de su creadora) consta de seis versos octosílabos o de cuatro, repitiéndose dos de ellos.

Hay quien le da también un origen sefardita, ya en el siglo XX, que puede ser simplemente una recreación de la petenera que ya existía. Esta teoría se puede ilustrar con la letrilla: “¿Dónde vas, bella judía, / tan compuesta y a deshora? / Voy en busca de Rebeco / que está en la sinagoga”.

Fue Medina el Viejo (según Blas Vega fue Paco el Sanluqueño) quien le dio aire flamenco a este antiguo cante, lo perfila y lo define. Don Antonio Chacón lo enriquece y la Niña de los Peines lo populariza.

En la petenera podemos distinguir, aparte de la sefardí, otras versiones, pero tratandose siempre de un mismo cante. Destacamos las variaciones de la Rubia de Málaga, la de Marchena, la corta de Chacón y la larga de Juan Breva o la de la Niña de los Peines. También podemos destacar formas particulares de decir la petenera como la de Manuel Torre, la de Menese o como Morente hace la larga de Chacón.

También hay que destacar a Naranjito de Triana, Carmen Linares o José Sorroche.

Su baile es propio de mujer, con pasos como de seguiriya. La bailaora se cubre la cabeza con un mantón y puede acompañarse de castañuelas. Las palmas son sordas.

 

Alegrías

Ole, ole, ole

¡Viva Zaragoza!

y la Pilarica

que es la más hermosa

Con esta letra remataba La Niña de los Peines unas alegrías. Un cante del que llevo acordándome desde el 12 de octubre, o sea, desde ayer, o sea, el Día de la Virgen del Pilar.

Es común en las alegrías citar a la patrona de Aragón, a los mañicos o a Zaragoza. Y es que las alegrías provienen de la jota aragonesa. Incluso, en sus comienzos, se llamaron "jota de Cadiz". Fue un hermanamiento a principios del siglo XIX. Fue una comunión entre las dos ciudades que se resistieron al envite napoleónico (¡Viva la Pepa!). Esta jota ligera y rítmica fue aflamencada, al compás de la soleá, por el cantaor Enrique el Butrón casi en su origen (hay quien le da este protagonismo a oto Enrique, en este caso El Mellizo), pasando a ser el cante identificativo de la tacita de plata y el cante festero por antonomasia, hasta ser, sino desplazado, bastante paliado, por los tangos y por las bulerías.

Como el mismo nombre indica, es un cante alegre que trata sobre todo de temas marineros con la bahía de Cádiz como centro y también, como ya hemos visto, de guiños zaragozanos y liberales propios de la rebeldía en la Guerra de la Independencia. Consta de grupos de cuatro versos octosílabos independientes entre sí, intercalando juguetillos (según Demófilo) o estribillos de parecido compás pero de distinta melodía (como la coda que introduce este artículo)*.

Las alegrías es el palo más extendido de la gran familia de las cantiñas, a la cual pertenece además el mirabrás, los caracoles, las romeras y las cantiñas propiamente dichas que, a su vez, recogen modos personales o locales como 'Las Mirris' y las 'rosas', propias de Sanlúcar; las cantiñas de Utrera; las cantiñas de Cádiz; y las alegrías de Códoba. Éstas con una cadencia más melancólica, con un compas más relajado.

Grandes intérpretes de alegrías son, entre un listado interminable, El Beni, Pericón, La Perla, Camarón y el gran Chano Lobato (todos estos muy cerquita de Puertatierra). También deberemos tener en cuenta a Morente en Granada, Mercé en Jerez, Onofre en Córdoba...

* También muy conocida la letra popular de: Con las bombas que tiran / los fanfarrones / se hacen las gaditanas / tirabuzones.