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Flamenco

Eva Yerbabuena

Eva Yerbabuena

El martes conocí personalmente a Eva Yerbabuena después de que la Diputación le hubiera entregado el Premio de Turismo 2006 por su labor de "embajadora" de Granada en el mundo. A Eva Garrido la llevo mucho tiempo siguiendo. He escrito de ella, sobre ella, de su espectáculo. Hoy por hoy es la mejor bailaora que existe. Lo digo abiertamente y sin titubeos. Es la mejor bailaora que existe. Es grande (a pesar de ser bajita). La grandeza va unida irreversiblemente a la humildad y el agradecimiento.

Me la presentó la Diputada de Cultura al terminar el acto, en el ágape con que nos agasajó la Diputación a los asistentes, y fue un momento doblemente mágico. Los dioses bajaron de su pedestal y nos miraron a la cara. Pude contemplar de cerca a una mujer a la que había puesto varias caras diferentes (según el momento, según las fotos) (véase muestra en la ilustración).

Digo "doblemente mágico" porque yo estaba en la terraza destinada a la celebración tomándome un vinito y esperando a los flamencos y a la gente de la Diputación que me había invitado, y ellos estaban en otra terraza, haciendo lo propio, ajenos a mi existencia.

Solo como la una, no más pude saludar a algunos conocidos y medio tontear con las camareras. Al principio normal. Al segundo vino: ¿otra vez queso? Al tercer vino: ¿qué me traes ahora?, si son anchoas del Cantábrico coronadas con graciosas aceitunillas. Etc.

En mi devaneo observo a una pareja de mediana edad que vienen a cenar por la cara. Cada bandeja que pasa delante suya, la arrasan con las dos manos. Comen a dos carrillos. Incluso persiguen a la camarera que, con la boca llena, le piden un porfavor. No se relaccionan con nadie. Están situados en la esquina de una mesa donde almacenan provisiones. Pienso que cuando llegue la segunda tanda de bandejas, los aperitivos calientes, ya estarán saciados. Pero qué va, qué va (yo leo a Kierkegaard) (al viejo Søren). Siguen metódicamente rumiando, como al principio. ¡Qué barbaridad!

De pronto, en plena actividad etnográfica, me entero de existencia de la terraza vip. Abandono la tercera copa a la mitad y mi estado marginal y me dirijo con una sonrisa a la nueva sede, como quien descubre Eldorado. Allí están todos: Inma, Juan, Raul, Tere, Francisco Manuel, Paco... y Eva.

Saludo, hablo, río, cuento, sonrio, saludo, hablo, como... Me preguntan si acabo de llegar. Medio explico mi confusión primera, pero todo está bien. Sólo que una hora más tarde.

Pido otro vino y ya no queda, pero a los postres, cuando la mitad del personal había desaparecido, reponen de nuevo existencias. Así que la cuarta y última copa la tomo con pasteles, mientras me presentan a no sé quién de la Junta de Andalucía y a su señora.

Abstenerse ortodoxos

Abstenerse ortodoxos

Flamenco viene del sur

 

La primera idea que se nos viene a la cabeza es la desnudez. La desnudez de un bailaor que no esconde nada, que se ha puesto el compás por montera, que viene de vuelta; la parquedad de un escenario excesivamente oscuro y vacío, tal vez gélido; el minimalismo de un baile medido, tan sólo apuntes matemáticos, tan sólo arrebatos, impulsos, espasmos perfectos. Es posible confundir el baile de Andrés Marín con el de su paisano Israel Galván porque los dos tienen el mismo lenguaje, porque trascienden el flamenco, lo desnudan y, antes que elevarlo a las incomprensibles esferas de la élite, lo popularizan. El tiempo lo dirá.

Como trasfondo, la historia del flamenco centrado en tres momentos, en tres cafés de tres ciudades, Sevilla, Málaga y Granada. En la mesa de la taberna, con un vaso de vino se fragua todo, con un cubilete de dados emana un cante telúrico, más humano que divino, pues sabemos que dios no juega. No se busca el colorido, sino la sombra. No la fiesta, sino la pena.

Comienza Marín “El alba de un nuevo día” ilustrando los números del azar, el seis, el nueve, el doce… con un vídeo de fondo que trata de orientarnos o confundirnos. Y comienza la trilla, el cante primitivo en el sevillano Café Kursal. José Valencia releva a Falcón y hace martinetes. Andrés baila los silencios. Canta con su impresionante juego de pies. Hasta a su sombra le cuesta seguirlo. Se impone una soleá de Triana arropada con piano y la seguiriya se nos presenta en una plataforma elevada, mientras cientos de cabezas otean desde las imágenes al fondo. Es su pieza más ortodoxa. Es el compendio de lo hecho y lo que queda por hacer. El piano y la guitarra se suceden. A veces se acoplan.

Ya sabemos que en general el baile no interfiere. Andrés parece que aporta una explicación plástica del cante por venir y se sienta o hace mutis, para dejar que la música complete la faena. Y el vídeo se va repitiendo con Chaplin haciendo de camarero.

El “Café de Chinitas” se versionea con el piano. Estamos en Málaga. La caña da paso a los abandolaos que, por primera vez, preceden a la malagueña, que es de Manuel Torre. Falcón y Valencia derrochan sensibilidad cantándola al alimón. El martilleo constante del zapateado es hipnótico, necesario; el equilibrio perfecto.

Seguimos hacia levante. El taranto, la taranta, la granaína. El Café Suizo es un “Jardín abierto para pocos”. Coronel es un gran percusionista que, como decía Juan Carlos Romero, su mayor cualidad es no “molestar” (en el buen sentido). Antonio es preciso y envolvente. Opta por un pandero y no una caja, adoptando una presencia sin estridencias. Granada se identifica con el sonido del agua en un cubo de zinc, que da pie a unas bulerías morentianas, mientras al fondo se desmorona el país con tintes políticos, y la charanga de una batería cierra el concierto que se abrocha con una toná y unos acordes de piano que nos devuelven inevitablemente al comienzo de la historia.

* FOTO: Andrés Marín este verano en el Corral del Carbón (©  Nono Guirado).

 

Marina y Mayte en Huétor Tájar

Marina y Mayte en Huétor Tájar

 

El concejal de juventud de Huétor Tájar, respaldado por el concejal de cultura del mismo Ayuntamiento y la Diputada de Cultura de la Diputación de Granada, presentó el pasado viernes el Festival Flamenco Joven de dicha localidad, que, en esta tercera edición, cuenta con la participación de la cantaora granadina Marina Heredia, presente en el acto, y la también cantaora catalana Mayte Martín.

Todo un acontecimiento. Un mano a mano de las cantaoras más auténticas de su generación que, lejos de ser un duelo titanico, será el complemento idoneo para la consecución del duende. Dos temperamentos extraordinarios, dos maneras de sertir y de ser, de estar y de ofrecerse. Pero un mismo corazón flamenco, una misma afición, un mismo respeto por sus mayores.

Marina de Granada. Mayte de barcelona. Dos cantaoras profundas y ortodoxas. Dos cantaoras de culto. Dos verdades en el aire.

Dicho encuentro tendrá lugar el próximo 28 de abril (a las 22'00 horas) en la Casa de la Cultura, coincidiendo con la 5ª Semana Cultural de Huétor Tájar y la festividad del espárrago.

Esta población de la vega apuesta por el flamenco joven granadino. Marina, junto con el bailaor Manuel Liñán, estuvieron presentes en el primer Festival, y la bailaora Fuensanta “La Moneta” y el tocaor Miguel Ochando ocuparon el cartel de la segunda edición. O sea, Mayte será la primera invitada de fuera de nuestras fronteras. Una gran responsabilidad. Un gran acierto.

Lo malo es que el teatro sólo tiene capacidad para trescientas cincuenta personas (aunque me dicen que para la ocasión pondrán un suplemento de sillas plegables ocupando los pasillos). Lo bueno, que estaremos en familia. Lo mejor, que yo tengomi par de entradas reservadas en un asiento estratégico.

A pagar (una ridiculez): 12 euros. La recompensa puede que no tenga precio. Las entradas se vende en el mismo auditorio o en la peña de La Platería.

Poesía entre las seis cuerdas

Poesía entre las seis cuerdas

Flamenco viene del sur

 

A voz de pronto, encuentro tres razones poderosas para ver a Miguel Ángel Cortés y su “Bordón de trapo”. La primera y más importante es porque “Bordón” es un gran trabajo reconocido y aplaudido en gran parte del mundo, premiado en la revista on-line DeFlamenco.com por votación popular (15.000 encuestas recibidas). En segundo lugar podemos decir que Miguel Ángel está en un buen momento, su toque es exclusivo y es uno de nuestros flamencos más exportables. Prueba de ello es que los artistas más venerados del panorama nacional, como Arcángel, Esperanza Fernández o Carmen Linares, lo solicitan para que toque a su lado. Y por último, y no menos importante, diremos que Cortés es un hijo de Granada, que se entrega sin condiciones a su tierra, que aquí suena como en ningún sitio.

Por qué entonces tan poca expectación, por qué el teatro de tan vacío tenía eco, por qué ni siquiera los mismos flamencos, tan sólo un honroso puñado de ellos, que se cuentan con las manos, acudieron a arroparlo. Poco más de cien personas nos reunimos el lunes en el José Tamayo de la Chana para saborear a un Miguel ángel Cortés inmenso.

Encuentro igualmente alguna razón para este absentismo. Puede que, al presentar este mismo programa hace unos meses en el Isabel la Católica, los que lo vieron no quisieran repetir. Pero si allí nos quejábamos de lo mismo, de la poca asistencia, del escaso apoyo. Puede que al coincidir con San José, algunos posibles espectadores hayan optado por celebrar el día del padre de otra forma… No sé. Es un poco vergonzoso. Es un poco el análisis de Curro Albayzín: “Qué vamos a esperar de una tierra que emboveda sus ríos y mata a sus poetas”.

Cortés, como digo, sobreponiéndose a cualquier contradicción, estuvo como nunca, hiló fino e hizo filigranas mientras Daniel Méndez le sujetaba la madeja. Un buen concierto. Una labor minuciosa de taracea en que todas sus piezas encajan hermosamente hasta componer el mosaico de un trabajo de culto.

El disco sonó íntegro, empezando por la apasionada granaína y terminando por los sugerentes tangos. Estos dos temas granadinos constituyen unas de las piezas más ricas de todo el abanico flamenco. Riqueza que se engrandece en las manos de nuestros tocaores. Léase Habichuela, Cortés, Ochando o Luis Mariano. El estudio, la técnica y la reverencia conforman las granaínas. Con seda andalusí se tejen los tangos de Granada.

El cajón de Joselito siempre está en su sitio. Su compás se hace imprescindible en la fiesta, donde echamos en falta las palmas o la voz de Esperanza. Miguel Ángel domina la seguiriya y la soleá, pero sorprende por la exactitud de sus propuestas, por su dulzura concentrada, por su valentía, en las bulerías, alegrías o tanguillos.

Un concierto importante. Un artista en su espléndida madurez. Unos acompañantes de lujo. Un momento único. Quien no estuvo presente, simplemente se perdió una de las veladas clave de esta temporada.

 

Aprobado con nota

Aprobado con nota

Después de la academia, la cueva y el tablao constituyen la escuela imprescindible de la bailaora y el bailaor granadinos. Bailar a diario para el visitante, con mayor o menor conocimiento, que llega a esta ciudad, no sólo es la fragua donde se forja el flamenco, sino el trampolín donde se prepara el bailaor, se le exige y se autoexige y se liman sus impurezas para entrar a formar parte de una compañía o remar su canoa en solitario.

Por otra parte, tanto el tablao, como la cueva, como el artista en particular, se deben al turista, que desea ver flamenco a grandes rasgos, con sus tópicos, con sus vestidos y peinetas, con sus jaleos... Es por esto que, cualquier obra que se presente en estos foros siempre tendrá el marchamo de flolklore-para-turistas.

El miércoles, el Tablao Flamenco Albayzín, inauguro nuevo espectáculo coincidiendo con la nueva temporada 2007-2008. “Flamenco Puro” es un recorrido por los palos más festeros de este arte protagonizado por el baile singular de cada uno de los miembros de la compañía. Al comienzo, cada bailaora dio un apunte por bulerías, para continuar con el baile individual. Kika Quesada abordó unas admirables seguiriyas, Lidia Pousa bailó por soleares, Isa Vega se fue a Cádiz y Patricia Guerrero paseó con duende los tangos del Camino. Si Kika es la pasión y Lidia la frescura, Isa es la fuerza y Patricia un poquito de todo. Muy aplaudidos y ovacionados los dos bailaores en su reto por bulerías.

Las guitarras, el violín y la flauta estuvieron a la altura. El cante, correcto, aunque quizá con menos fuerza de lo esperado. Lo que chirriaba se cogiera por donde se cogiera era la danza del vientre en mitad de la sesión, aunque su trasfondo fuera “La Tarara” de García Lorca. Su justificación sólo se entiende cuando el visitante demanda algo distinto, un quiebro en el torbellino flamenco que se le ofrece.

Como conclusión ya digo: la obra en sí es de flamenco a granel; cada artista por separado tiene su verdad, merece la pena ver su entrega; el Tablao Albayzín es francamente recomendable para quien se acerca a Granada y quiere ver nuestro arte en esencia, sin aspavientos, nuestro flamenco puro.

Flamenco viene del norte

Flamenco viene del norte

Flamenco viene del sur

 

¡Eres el mejor, pese a quien le pese!, se oyó entre el público en la mitad de la actuación. Afirmación radical que otros parroquianos apoyaron y nadie contradijo. Nadie defendió lo contrario porque todos sabemos que es verdad. Hoy por hoy, el catalán Miguel Poveda, pasa por ser el cantaor más en forma del panorama nacional. Su trayectoria así lo avala. Sus discos, sus directos, sus colaboraciones… se acercan sin discusión a lo que cualquier aficionado exigente espera.

Es una prueba de la globalidad del flamenco. Basta de mirarnos al ombligo. Basta de otorgarnos una exclusividad artística que en realidad no tiene dueño. Basta de encasillar nuestro cante entre las fronteras pacatas de un Estatuto.

Poveda emprende una carrera ascendente y sin parangón desde 1993 que obtiene la “Lámpara Minera” en el Festival de Cante de las Minas de la Unión. Ahora, con “Tierra de Cama”, su último disco en el mercado, acapara todos los galardones y elogios. Su voz madura, bien afinada y melódica, sus altibajos, su dulce fraseo y sus pellizcos controlados, junto con su entrega sin concesiones y su conocimiento y permanente estudio, engrandecen su puesta en escena.

Una ligera variación del programa, un homenaje a la tierra que lo acoge, hace que empiece por granaínas. Flamenquísima su entrega, perfecta la cuadratura de los tiempos, emocionante su quejío. El sonido es impecable, ortodoxo, sorprendente. Juan Ramón Caro, también catalán, acaricia o sacude su guitarra como la belleza del oleaje rompiendo en los arrecifes. El compás viene desde Jerez con denominación de origen. Se llaman Carlos Grilo y Luis Cantarote, imprescindibles en las palmas de éste y bastantes de los artistas del momento, que ilustran las alegrías. Con la malagueña y abandolaos, Poveda entra en su trabajo más reciente, necesario, aplaudido por la afición en general y galardonado con el Premio de la Crítica Especializada. Continúa por “Alfileres de colores”, unas bulerías que le presta Diego Carrasco para este disco. Una pequeña fiesta que estremece y que desemboca en una soleá que llega a ser su mejor entrega, aparte de las seguiriyas que interpreta a continuación, con las que toca techo, roza el cielo y hace volar a los asistentes. Miguel se rompe en una interpretación única que quedará para el recuerdo. El resto del concierto es un regalo, con la seguiriya hemos roto la camisa.

“La radio de mi madre” es un ramillete de coplas (coplerías, llamará él), también incluidas en “Tierra de calma”, donde mezcla las mejores frases de Quintero, León, Quiroga, Solano, Perelló… Un homenaje a su madre y a la radio de su infancia. Continúa Miguel con unos tientos-tangos algo acamaronados y termina por bulerías, demostrando que sabe nadar en todas las aguas, aunque lo suyo es el cante grande. Como bis, se despide por fandangos, que remata “Contando los eslabones” que Morente grabara en 1975 en su disco “Se hace camino al andar”. La única objeción, si acaso, que se le puede hacer al concierto de Poveda, es un punto de frialdad y algunos lapsos de memoria.

Patrimonio flamenco

Patrimonio flamenco

El viernes estuve en Huétor Tajar invitado por los artistas. El viernes disfruté de un espectáculo que yo definiría imprescindible. El viernes además, terminó la noche con una copita y un tapeo bueno y abundante, casero, de pueblo, de Huétor (abundante en espárragos).

El sábado, al llamar al periódico, me dijeron que no había espacio ni siquiera para una breve nota. Así que con las ganas, me refugio en este blog, lamentándolo mucho, más por los actuantes y los organizadores que por mí.

Granada es una ciudad rica en flamenco, muy rica, me atrevería a decir. La tradición flamenca granadina está bien documentada desde la segunda mitad del siglo XIX, aunque podemos, sin ningún miedo, retrotraer esta fecha unos doscientos años hacia atrás, con nuestra herencia mozárabe, con el folklore autóctono, con la llegada de los primeros gitanos.

Sin embargo, es notorio el ninguneo, e incluso el desprecio, que hemos sufrido por algunos estudiosos, flamencólogos obtusos (Morente los llamaría flamencólicos), y aficionados patrioteristas, que no ven más allá de sus narices, pasando por su ombligo. Son flamencos de occidente que piensan que todo lo que se sale del triángulo Cádiz-Trana-Ronda es un sucedáneo.

Señores, ¿dónde queda Extremadura y dónde queda todo Levante, desde Málaga hasta Murcia? ¿Dónde dejamos los intérpretes del resto de España? ¿Dónde se queda Madrid, centro neurálgico y cuartel de invierno de todo el flamenco que se hace en la Península? ¿Dónde se queda Cataluña que cuenta entre sus hijos algunos de los mejores exponentes del flamenco actual?...

Juan Pinilla hacía referencia a parte de estas verdades tras un preámbulo de fandangos del Albaycín, de tangos del Camino y de granaínas. Un estudio reciente de Juan Vergillos sitúa el germen del flamenco en la provincia de Granada, el los primitivos fandangos locales de La Peza, con África la Peceña al frente, los de Güejar Sierra o los de la costa.

Juan Pinilla, cantaor ortodoxo, con eco añejo y un conocimiento enciclopédico, capaz de remedar a los grandes, enamorado del conocimiento y la transmisión, actuó como maestro de ceremonias. Sensi Martos, con más voluntad que eficacia, le ayudó en los cantes más festeros, en el jaleo y el compás. A la guitarra el hombre orquesta, el incombustible José Carlos Zárate, que suena como tres, que su oficio es casi tan grande como su corazón. A la percusión Manuel Vílchez. Un cajón que llegó a convertirse en una mosca cojonera por culpa del mal sonido. Una sonorización más que deficiente que afectó también al zapateado de las dos bailaoras, al taranto reposado y elegante de Rosa Zárate, vestida de perla, y a las alegrías de una tremenda Ana Calí, la sensibilidad y la estampa en un vestido de volantes, la poderosa presencia del baile por derecho.

Se hizo referencia a los viajeros decimonónicos y a los primeros turistas del veinte atraídos por la Alhambra y por los gitanos del Sacromonte y esa zambra enraizada de sangre y fuego que creara El Cujón a finales del XIX en el Humilladero.

Se habló de los Amaya (la gran Carmen, la barcelonesa nacida en el Monte granadino), los Maya, los Fajardo, los Heredia, La Gazpacha y la Golondrina. Se cantó y se bailó la cachucha, la alborea y la mosca (baile picante donde los haya).

Después de esta etapa preflamenca, vinieron los nombres propios de Cobitos y su delicada soleá apolá (que Pinilla ilustró con sumo gusto), el del Niño de Jun, el de Frasquito Yerbabuena, y sus imprescindibles fandangos, el de la saga de los Habichuela, Manolete, Mario Maya, Mariquilla... y la Granada tocaora. Y bailaora. Y cantaora.

Hablamos del festival de 1922 y la defensa de los intelectuales (Lorca, Falla), de la cueva de Curro Albayzín y su referente inexcusable y de la peña La Platería, la primera peña (desde 1949), el templo supremo del flamenco, un corazón vivo, un pulmón a pleno rendimiento.

Terminamos, cómo no, con Enrique Morente, que marca un antes y un después en este arte, el indiscutible maestro que sabe lo que canta, frente a los que cantan lo que saben (Gamboa). Innovador impenitente y aficionado hasta la saciedad. Modelo a seguir, maestro venerado e imitado. Creador de estilos y trapecista sin red. Alma sensitiva, corazón abierto, garganta privilegiada, oído finísimo.

Acaba el recital con las Canciones de la romería del disco Lorca que grabara Morente en 1998. Unos tangos morentianos que siguen con Fragmentos de la romería de Yerma, esas bulerías tan personales que Enrique nos lega y sigue por bamberas y no sé qué más.

Un final que podría ser el principio, pues el flamenco siempre está naciendo y los artistas de Granada son los que ocupan el Olimpo flamenco en la actualidad. Véase el caso de Manuel Liñán y de Eva Yerbabuena, Estrella Morente y los Habichuela, La Moneta y Marina Heredia...

Más de diez años de solidaridad

Más de diez años de solidaridad

 

XI Festival Flamenco ASPROGRADES

Durante once años, un nutrido grupo de artistas sin condiciones acuden al llamado que realiza Manuel Ortega, en nombre de Aspogrades, para participar en su Festival. Prácticamente la totalidad del mundo flamenco granadino y algunos allegados han pasado por sus escenarios. Es una cita para músicos, como digo, pero también para aficionados que desean descubrir el flamenco floreciente, el flamenco más joven, que se impulsa en festivales como éste para emprender su carrera. Junto a ellos, también encontramos a artistas renombrados y a bastantes incondicionales, que llevan con este evento desde sus comienzos, como la familia Zárate, el tocaor Francisco Manuel Díaz o los cantaores “El Cuchilla” o José Fernández.

Como es lógico, este encuentro no se puede evaluar desde la dimensión artística de sus actuantes ni de la calidad de su conjunto, aunque la haya, que la hubo, sino desde un punto de vista solidario, amigable y sincero. También es importante observar el buen gobierno de su organizador y la dinamicidad de su presentadora, Carolina Murcia. De esta forma, las tres horas largas de Festival corrieron sin demasiada pesadez.

El Auditorio estaba llenísimo. Quizá debido a que este año ha habido tan sólo un día de actuación, mientras en años anteriores se repartían en dos citas distintas, en dos sábados consecutivos. Sea como sea, un considerable aplauso se merecen los asistentes por su aportación y fidelidad.

Más que un encuentro flamenco, el Festival de Aspogrades, se está convirtiendo en un espectáculo de variedades, dada su amplia oferta, que va desde el flamenco en sí hasta la danza contemporánea, pasando por la copla, el grupo rociero o la poesía.

Como ya he dicho, la veteranía esperada, se alternó con la juventud extrema, destacando bailaoras, tocaores y cantaores muy niños con un futuro prometedor.

No quiero dar nombres ni puntualizar actuaciones, pero sí puedo decir que sonaron granaínas, fandangos o guajiras, que se bailaron alegrías, soleares y tangos y que un duradero buen sabor de boca nos proporcionaron las dos bailaoras presentes, Alba Heredia y Violeta Ruiz.

El cante en Granada se llama Marina

El cante en Granada se llama Marina

La voz del agua

 

Noche de gloria, noche de duende, noche esperada, noche redonda. Me faltan calificativos para tildar el espectáculo de Marina Heredia en el teatro Isabel la Católica este lunes y martes para presentar su disco. Un lleno tan absoluto no se había visto en esta plaza desde que actuó por última vez Enrique Morente. Fue un recital de una cantaora granadina hacia su tierra. Fue un recital tan verdadero y justo como esta ciudad se merece. Y es que para hacer flamenco hoy día, flamenco puro me refiero, hay que andar con tiento, escuchar y aprender de continuo y tener, por último, una cabeza bien amueblada. Marina está sobrada de todo ello y además nos aporta una sensibilidad especial a la hora de interpretar, una humildad agradecida, un eco muy flamenco y una trayectoria personalísima dentro de la más sincera ortodoxia. Si a esto le sumamos el cuadro de músicos y técnicos con que ha sabido rodearse, rozamos la sabiduría. Si a esto le sumamos la complicidad con su tierra, con su gente, con su mundo, nos inclinamos hacia lo emotivo. Si a esto le sumamos su presencia en el escenario, la soltura y la gracia somática que le acompaña, señores, estamos hablando simplemente de belleza.

Comienza el recital con el “Tango de las madres locas”, de Carlos Cano. Es un tema conocido en el repertorio de la cantaora. En general, todo su disco ha sido ya escuchado en unas tablas u otras, pues su trabajo lleva dos años en cartera y su proyecto comenzó hace un lustro, casi recién acabado “Me duele, me duele”, su primer cedé en solitario. Marina rellena el escenario gritando “tu nombre por las esquinas”. Carlos Cano se habría sentido orgulloso. Con esto empiezan los homenajes. Su trabajo es un disco de homenajes. Su recital es un concierto de agradecimientos. Homenajea al coplista granadino y a las Madres de Mayo; se acuerda de su tierra, de La Penca y de Frasquito Yerbabuena; reverencia a Benítez Carrasco y a Rafael Alberti y a García Lorca y a José Bergamín; guiña el ojo a Lola Flores.

Desde el principio, la cantaora granadina domina la velada, se siente segura y querida. Las malagueñas entran de lleno en su registro. Mece la copla y se dispara cuando se abandolan con los fandangos del Albaicín. Hoy por hoy, Marina Heredia, es la mejor intérprete de los cantes de Granada. Afirmación que queda aseverada con creces cuando canta los tangos de La Penca. Los tangos más ricos de toda Andalucía son los del Sacromonte, y en Marina encuentran su mejor exponente.

La joven Heredia canta también algunos temas que no entran en “La voz del agua”. Canta por bulerías y por levante, como le enseñó su padre, con dolor y sentimiento, y canta “A tu vera” de Lola Flores, acompañada sólo por el piano exacto de Fidel Cordero. Un pedazo de copla que pasea a sus anchas con bata de cola negra y mantón a juego. “Mil vidas”, con aires de tangos, es una composición propia. Un poema de amor, una declaración de fidelidad.

El concierto prosigue con algunas incursiones en el toreo, como “La gran faena” de Manuel Benítez o “Illo y Romero”, un poema de Bergamín por bulerías. También nos conmueve la “balada del que nunca fue a Granada” de Alberti.

Para terminar, unas tonás fuera de programa rematan la velada. Y un final de fiestas por bulerías.

No deseo acabar sin darle un final aplauso a la sensibilidad de José Quevedo como director musical y mano derecha de nuestra cantaora. Repito, de nuestra cantaora.

 

Ya lo entenderemos

Ya lo entenderemos

Flamenco viene del sur

 

Digo yo que algo tiene que tener Pitingo para que la familia Habichuela al completo apueste por él, lo arrope y lo aplauda. Antonio Álvarez, natural de Ayamonte y afincado desde hace unos años en Madrid, viene con un aire nuevo a aportar frescura al flamenco. Como la mayoría de los artistas inquietos son conscientes de la horizontalidad entre todas las artes, entre todas las músicas. Amante del soul y del gospel, ha logrado impregnar el flamenco de esos ritmos (y no viceversa), aportando un sonido diferente, otra vuelta de tuerca a este gazpacho, a este cajón de sastre (léase desastre), en que a veces se convierte el flamenco. Pero crear, innovar, saltar al vacío, puede que sea la razón del progreso, el sentido de la evolución. Dónde estaría ahora Enrique Morente si de vez en cuando no se hubiera tapado los ojos (y los oídos); dónde estaría Paco de Lucía y Camarón y don Antonio y la de Los Peines. Así Pitingo, con una voz bien matizada y gran sentido del ritmo, con un conocimiento profundo y una jondura innata, se atreve a matizar lo que ya existe con soniquetes afroamericanos, llegando al cenit de su creación, en lo que ha dado en llamar “soulería”, que es una armonía de gospel o soul metida a ritmo de bulería acelerada. Un sonido nuevo, un estilo heterodoxo, que tiene sus detractores, al igual que goza de incondicionales.

Pitingo, parcamente, con la inconfundible guitarra del ex Ketama Juan Carmona, se templa con una soleá que parece que no cuaja, que no llega, que no remata como se pretende. A ésta, le sigue una granaína que suena aún peor, a excepción de algunos quiebros y arrojos. Siento, en ese momento, que la guitarra está muy por encima del cantaor. La frialdad del principio, sin embargo, se palia con bulerías, con las que entra de lleno en su propuesta soul. Se trata del tema “Wendolin”, popularizado por Julio Iglesias. Para ello se hace acompañar de un coro de color y del cajón de “El Moreno”, otro Habichuela. Desde ahora comienza a crecer el recital en calidez y complicidad. El patriarca de los Habichuela, Juan Carmona, sale al escenario para aportar su arte sin igual en “Los Quereles”, unas malagueñas de El Mellizo culminadas por pasodoble. Juan Habichuela es único. Su sensibilidad, su limpieza, su naturalidad, su aparente sencillez, su ortodoxia… son encomiables. “Caramelo”, según el cantaor onubense. El abuelo Juan también acompaña por bulerías, que tienen mucho de cuplé, antes de pasar a los fandangos de su tierra, precedidos por dos naturales y rematados valientemente por Toronjo, a pie de escenario. Reconocemos también las letras como suyas, juntamente con el maestro Gamboa, productor de su disco. Para terminar, Pitingo nos brinda su carta de presentación: las soulerías propiamente que le abren un hueco especial en el flamenco de este milenio. Y, como él dice, “ya me entenderán”.

Canales baila poco

Canales baila poco

Un espectáculo se valora tanto en su conjunto como en los detalles. El argumento, el mensaje, la realización y la puesta en escena, son importantes. También las luces y el sonido, la decoración y el vestuario. Pero sobre todo los actuantes, el cuadro y el cabeza de cartel. Antonio Canales presenta “Bailaor”, un evento de reflexión creativa, una obra que se va construyendo a medida que avanza, sin disponer un fin concreto. Una de las ideas, que Canales comenta en su programa, es cierta:”Me aprovecharé de los mejores intérpretes sin importarme su edad y condición”. De esta forma, los músicos que lo arropan son excelentes, empezando por los bailaores, continuando por los cantaores y los guitarristas y terminando por la caja que, aunque precisa, innecesaria en muchos momentos.

El conjunto en sí, vacío de contenido, con algunos momentos de gloria. Léase la soleá que baila Adela Campallo interpretada por el Pulga; léanse las alegrías-mirabrás que pasea elegantemente Oscar de los Reyes. Y es que Adela está en un buen momento. Y es que Oscar asume lo mejor de sus mayores (Farruco, Maya) y de sus contemporáneos (Flores, Grilo) y lo muestra con naturalidad. Y es que el Pulga; se sale, conoce a la perfección sus posibilidades y le saca provecho. Es un cantaor de estudio; es un cantaor de oficio. Y es que Miguel Iglesias y Juan Campallo a la guitarra forman un dúo de excepción, con arpegios, punteos y alzapúas que sobrepasan su labor de acompañamiento.

En cuanto Antonio Canales podemos decir que bailo poco, aunque dejó traslucir chispazos de sabiduría. Su baile es efectista y su taconeo definitivo (incluso lleva su propio tablao que sonoriza en demasía para que sus pasos queden patentes). Su ausencia de brazos es alarmante, las llamadas al reconocimiento son demasiadas, sus desplantes son parecidos y sus silencios sospechosos. Es difícil, no obstante, que un bailaor de bandera, como lo fue Antonio Canales hace años, con una farruca que cortaba el aliento, no retenga algo de lo que fue. Así fueron grandes algunos retazos de su soleá y de la seguiriya.

Como todo artista, sin embargo, tiene su público. El teatro estaba lleno y los aplausos y ovaciones constantes. Por mi parte, permitidme que me quede, como antes dije, con la segunda fila y conservar la primera para la foto.

* FOTO: Nono Guirado ©

** Texto rescatado: publicado el lunes, 07 de febrero de 2007

Premios 'Flamenco Hoy' 2006

Premios 'Flamenco Hoy' 2006

El jueves 1 de febrero, el día del "apagón", estuve en Madrid para asistir a la entrega de los premios ‘Flamenco Hoy’ del año 2006, que concede la Crítica Nacional de Flamenco, de la cual soy partícipe. El acto fue en el legendario Corral de la Pacheca y duró hasta cerca de las dos de la madrugada. (De cómo llegué a mi hotel a las cinco, ésa es otra historia.)

Se concedieron nada más y nada menos que 17 premios a los flamencos más destacados del año (muchos de ellos incuestionables). Entre los premiados hubo poquita presencia de artistas granadinos, pero entre los finalistas sí que asomaron.

Los premiados son:

1.- MEJOR DIFUSION EN MEDIOS para mi amigo Teo Sánchez y su programa "Duendeando" de Radio 3 (el segundo programa más oído de esta emisora). Como finalistas quedaron la revista "Acordes de Flamenco", en la cual colaboro, y nuestro colega y colaborador, el fotógrafo Paco Sánchez.

2.- PROMOCION DEL FLAMENCO para la buena labor de "Suma Flamenca". Finalistas fueron la Editorial Almuzara y el Ayuntamiento Cádiz.

3.- El mejor LIBRO de flamenco fue el "Flamenco en Madrid" del imprescindible José Blas Vega. Mención obtuvieron "Aluricán en azul y verde" de Alfonso H. Herrera y "Alcalá de la Soleá" de Manuel Martín.

4.- El MEJOR DVD fue "Rito y Geografía del Cante" dirigido por J.M. Velásquez Gaztelu. Tuvimos en cuenta "Iberia" de Carlos Saura y "El Ángel" de Ricardo Pachón.

5.- La MEJOR REEDICIÓN (Libro- disco- DVD) volvió a repetir "Rito y Geografía del Cante" reeditado por Circulo Digital. Otros trabajos fueron "Al aire de Jerez" de Nuevos Medios y "El Ángel" de Flamenco Vivo.

6.- El MEJOR ARTISTA BAILE REVELACIÓN fue la bailaora malagueña Rocío Molina (aunque el calificativo de "revelación" es más que dudoso). Quedaron en la puerta, la granadina Fuensanta "La Moneta" (con muy poca diferencia) y la sevillana Pastora Galván, hermana del gran Israel. (También, en algún momento, salió a relucir el nombre de Patricia Guerrero) (Curiosamente todas chicas).

7.- El MEJOR BAILAOR, muy reñido, fue el jerezano Joaquin Grilo. Pisándole el zapateado estaba Israel Galván y Javier Barón. (Se estuvo barajando al principio el nombre de Manuel Liñán para dos o tres categorías distintas, pero inexplicablemente no salió ni de finalista.)

8.- La MEJOR BAILAORA asombrosamente fue la gaditana Sara Baras y su espectáculo escaparate (el premio más político), quedándose en la cuneta la mejor Eva Yerbabuena (Granada) y la mística Isabel Bayón.

9.- El MEJOR ESPECTÁCULO FLAMENCO fue "Tabula rasa" de Israel Galván, seguido de "El Huso de la Memoria" de Eva Yerbabuena y (nuevamente asombroso) "Sabores" de Sara Baras.

10.- El MEJOR AUTOR (coreógrafo, música, letra): Manolo Sanlúcar por "La danza de los pavos". Finalistas: Israel Galván por "Tabula rasa" y Juan Carlos Romero por "Tierra de Calma" de Poveda. O sea, dos guitarristas y un bailaor.

11.- El MEJOR PRODUCTOR DE DISCO fue Enrique Morente por "Mujeres" de Estrella Morente, único premio para Granada. También se lo merecían J.M.Gamboa por "Pitingo con Habichuelas" de Pitingo y Isidro Muñoz por "Ropavieja" de Arcángel.

12.- El MEJOR DISCO INSTRUMENTAL: "Cal" de Son de la Frontera. Otros fueron "Sumandos" de Josemi y Carles Benavent y "NFS" de Chano Domínguez.

13.- La MEJOR GUITARRA DE ACOMPAÑAMIENTO: Daniel Méndez por su labor en "Ropa Vieja". Después quedaron Chicuelo por "Mi forma de vivir" y Juan Carlos Romero por "Tierra de Calma".

14.- El MEJOR GUITARRA SOLISTA REVELACIÓN (una verdadera joya) José Manuel León por "Sirimusa". Otros grandes tocaores: Miguel Rivera por "Contrastes" y Paco Fernández por "Satispen talí".

15.- DISCO CANTE REVELACIÓN: (indiscutible) "Al Compás" de Argentina (aunque en directo gana mucho). "Pitingo con Habichuelas" y su flamenco soul de Pitingo y "Gema Jiménez" de Gema Jiménez (quien también gana en directo) también se lo merecieron.

16.- DISCO GUITARRA SOLISTA, en cambio, se lo llevó un discutido "Medea" de Manolo Sanlúcar; quedando tras él "Bordón de Trapo" de Miguel Ángel Cortés y "Sinfonía Flamenca" de Juan Carmona, los dos granadinos.

17.- DISCO DE CANTE: o sea, el premio de los premios (que el año pasado recayó en Enrique Morente), merecidamente se alzó Miguel Poveda con su "Tierra de Calma". Como finalistas, tremendo el disco póstumo "Cobre Viejo" de Antonio Núñez Chocolate y "Ropavieja" de Arcángel.

Para no aburrirse.

* En la foto: carátula del disco de Miguel Poveda "Tierra de Calma"

** Texto rescatado: publicado el lunes, 05 de febrero de 2007

La vanguardia de mirar atrás

La vanguardia de mirar atrás

Flamenco viene del sur

 

Antonio El Pipa no sorprende. Muestra lo de siempre. Es el flamenco más tradicional, el convencional baile de taconeo, brazos en remolino y rostro desencajado y sonriente. De primeras puede parecer una obra escaparate, pensada exclusivamente para gustar, más a los extraños que a los propios. Pero, poco a poco, va cogiendo forma, se va engrandeciendo por sí sola, hasta que todo el espectáculo cobra la vida y la razón que tildan a la calidad. Porque no hay mayor vanguardia que mirar atrás y no perder el norte. Porque no hay mejor propuesta que recrearse en la esencia una y otra vez. Antonio El Pipa no sólo se fija en sus mayores (Antonio Gades), sino que se rodea de ellos (Juana la del Pipa, Mariana Cornejo y Concha Vargas) comprendiendo y demostrando el indisoluble nexo de unión del presente y el pasado.

“De Tablao” consta de cuatro partes que se imbrican entre sí formando un todo coherente, que disminuyen en longitud pero aumentan en intensidad. Las canciones de Lorca, tan sólo apuntadas a capela, “Café de Chinitas” y “Anda Jaleo” nos introducen en “El Tablao”, donde se reivindica, con cantes de fiesta, el baile de siempre. El Pipa aborda unas cantiñas, haciendo alarde de su dominio y buen gusto. Sobrado en brazos, elegante y efectista, el bailaor jerezano cautiva desde el principio. Las seguiriyas, bailadas por María José Franco y cantadas por Morenito de Íllora, son el respiro a tanto jaleo y dan pie a “Noche de Resaca”, en la que el tempo se hace más profundo y se sienten la soleá, la taranta y la soleá por bulerías, que interpretan los dos primeros bailaores. Desde aquí, podemos apreciar la capacidad improvisadora de El Pipa recogiendo una peineta de su partenaire y devolvérsela a la cabeza como si de una suerte de banderillas se tratara. Apreciable es también la labor de Concha Vargas y Juana la del Pipa rompiéndose por soleares.

Completamente dedicada a Cádiz, la tercera parte “La Atracción” comienza con unos tanguillos, más recitados que cantados, por la gracia de la especial colaboradora Mariana Cornejo. Las alegrías anunciadas se convierten en cuplé por bulerías cantadas por esta misma intérprete, imponiéndose como lo mejorcito de la velada.

Todo desemboca en “Bailaor”, fruto de la evolución desde los míticos tablaos. Es donde El Pipa se desborda y vuelca su potencial. Llega a un público incondicional que reconoce su talento y su labor conservadora, que muestra en la soleá final y su coda por bulerías, con grandes momentos de virtuosismo y de la fresca capacidad improvisadora ya aludida. Nosotros, al fin, recogemos su arte de de tradición, añejo, aunque de poco riesgo, y quizás echemos de menos un lenguaje más reposado, un baile más visionario.

El flamenco de un poeta

El flamenco de un poeta

Doña Rosita la Soltera

 

Si hay un poeta andaluz –que los hay, y muchos- nacido para ser cantado, ése es Federico García Lorca. Todos sus poemas, sus obras dramáticas e incluso sus escritos y conferencias tienen una musicalidad interna que, casi sin querer, se pronuncian con soniquete. Lorca era músico; tocaba el piano. Sus poesías y sus composiciones a veces se confunden o se aúnan creando un todo inseparable. Lorca es el maestro de la  melodía, el maestro de la metáfora, el maestro de lo simbólico, el maestro de la canción popular. Y, cómo no, uno de los padres, de los adalides, del flamenco, de su puesta de largo, de su dimensión cultural. Es un poeta del  pueblo, de lo gitano y de lo jondo.

El viernes pasado se estrenó en el teatro Isabel la Católica el drama “Doña Rosita la Soltera”. Una obra en tres actos que nos habla, como sabemos, de “la vida mansa por fuera y requemada por dentro de una doncella granadina, que poco a poco se va convirtiendo en esa cosa grotesca y conmovedora que es una solterona en España” en esos años.

No es mi función analizar la representación o los actores, ni la puesta en escena o el tratamiento dramático, ni siquiera a nuestro insigne poeta (posiblemente, lo mejor de la velada). Sí, en cambio, desearía dejar un apunte sobre la ambientación musical dentro de la obra como elemento lorqueño indisociable y el tratamiento temporal a través de los estilos y acordes.

El tiempo, como el desamor, como la muerte, es una constante en Lorca y, en Doña Rosita, se puede considerar como un personaje más dentro de la tragedia. Los tres actos se desarrollan en momentos diferentes desde finales del siglo XIX, primer año del XX y termina en 1911, con una Rosita ya madura. El comienzo de cada acto lo introducen una soprano, Carmen Soto, y un pianista, Pablo Sánchez de Medina, adoptando en cada parte las formas y el vestuario acorde con el momento. Así, con las mismas palabras, inician el primer acto con una canción lírica, el segundo con un cuplé y el tercero con un tango.

Reforzando “el regusto amargo” al final de cada acto en la boca de Rosita, se incorpora un quejío, una apuesta flamenca que recrea los fragmentos del poema de la “Rosa Mutabile”, que crece, florece y se deshoja como Rosita misma, con aires de granaínas, soleares o tonás, interpretados por Concha Medina y David Colomo “Pajarillo” a la guitarra. Por último, es preciso destacar el tema flamenco “Vive”, compuesto por Antonio Campos y Emilio Maya, que resume fielmente el espíritu de la obra.

Arcángel, pasado, presente y futuro

Arcángel, pasado, presente y futuro

Flamenco viene del sur

Posiblemente la mejor propuesta del ciclo Flamenco viene del sur hasta la fecha. Quizá, junto a su paisano Juan Carlos Romero, el flamenco más serio que hemos podido apreciar. ¿Todo queda en Huelva? Arcángel está actualmente entre los cinco cantaores más solicitados del panorama actual y entre los dos mejores de su generación. Tiene una gran proyección y posee un gran conocimiento, con ecos y reflejos del pasado. Arcángel es maestro y discípulo. Tiene un sello indiscutible que es seguido e imitado. Su voz es aguda, incluso abusa del falsete. Su cante es melódico y su grito más moderado que de costumbre. Une los tercios, logrando un fraseo agradable. Sin ser un artista que rellena el escenario, la calidez de su presencia la trasmiten pocos.

El primer cante-homenaje de la noche fue “Limón Amargo” de Valderrama, una composición recreada por Miguel Ángel Cortes que se encuentra a medio camino entre el cuplé por bulerías y la soleá. Igual de ambigua fue su segunda entrega, en la que confesaba tener “el alma en los huesos y el amor descamisao”. Su comienzo es frío, sin embargo. No se templará hasta la caña chaconiana, una de sus mejores propuestas. Continúa el concierto por levante. ¿Unas mineras?, ¿una taranta?, ¿cartagenera?, ¿quizá levantica?

Las seguiriyas son muy bien recibidas. Tienen un ritmo de bulerías y son muy marcadas, casi de fiesta. Dan paso a Miguel Ángel Cortes para interpretar “Salaílla”, de su disco “Bordón de trapo”. La introducción recae en la mandola de Daniel Méndez, artista galardonado recientemente por la crítica especializada como “Mejor guitarrista de acompañamiento”. En estos tanguillos abundan las enarmonías y las disonancias, que lejos de ser un desliz, son recursos más que estudiados en el trabajo del tocaor granadino, al que podremos ver en solitario el 19 de marzo en este mismo ruedo. Las bulerías de Arcángel, comenzadas a capela, se prestan a ser escuchadas, si acaso con un amago de echarse pa’ lante. Desde este momento comenzamos a apreciar problemas de afinación en las guitarras por culpa del frío y de la intensidad de los focos. Contrariedades que afectan al onubense. El final de la bulería trasciende el cuplé. Con “La bien pagá” se hace abiertamente una concesión a la copla. Son muy morentianas, al igual que los tangos, en los que incluye alguna letra del artista granadino, e inserta la “Baladilla de los tres puñales” de Rafael de León.

Las alegrías son grandiosas. Expande la melodía y expone unos cambios de ritmo muy efectivos. Y, como no, acaba por Huelva. Sus fandangos, dedicados a Enrique, presente en el teatro, son largos, llenos de resonancias y guiños a sus mayores. Evidentemente su estilo se basa en recrear todos los estilos.

Arcángel fue honesto y generoso. Mostró su verdad y cantó todo y más. Sin embargo, a fuerza de redondez y planitud, no rompe ni quiebra el quejío necesario para pellizcar por dentro.

Foto: Daniel Muñoz (flamenco-world)

Cuando Mercé canta por derecho

Cuando Mercé canta por derecho

Flamenco viene del sur

 

Se quiso templar por unas malagueñas de Manuel Torre y de Enrique el Mellizo, alterando sensiblemente el programa. José Mercé domina como pocos el escenario, se siente seguro e intenta trasmitir. Esta decisión, sin embargo, merma su entrega y no logra caldear el ambiente hasta la soleá que aborda en segundo lugar. El compás es su fuerte y la soleá su insignia. Un público frío, más expectante que entregado, anhela el momento de estremecerse con el torrente y el quejío del jerezano, que canta con atril, vaya a ser que la memoria traicione la redondez de las letras.

A su lado, un ajustado Moraíto Chico a la guitarra, no hace sino cumplir siguiendo a pies juntillas al maestro, brindando momentos de efecto, más por costumbre que por inspiración. Como el cantaor, se luce en los palos de su tierra, pero cuando se pierde el soniquete, cojea la estructura.

De las seguiriyas se esperaba algo más. Con los acordes de “Ojos verdes”, Morao le da la entrada a Mercé que, a pesar de haberse allanado el camino con la soleá, no logra cuajar esta tercera entrega. Sin embargo las alegrías que encierran mirabrás son amables. De un gusto especial. La cal y la arena se agradecen no obstante en un cantaor inclinado a la fiesta facilona y al disco comercial. Y es que cuando Mercé canta por derecho no hay más remedio que quitarse el sombrero.

Los fandangos también dejan que desear. Tan sólo correctas son unas verdades que no llegan a convencer. Remata cada fandango de pie, fuera de micrófono, lo que hace que se pierda la coda final, imprescindible para el registro del oyente.

José Mercé tiene su público y a él se debe. Son incondicionales desde que remedaba a Camarón, siendo uno de sus más fervientes continuadores. Hace tiempo ya que despego en solitario, con una carrera definida, con un hacer personal. Sello de identidad que sobre todo infunde en sus bulerías. Como buen jerezano es el rey en este cante de fiesta, que acompaña, como mandan los cánones con unas generosas pataíllas en sus postres. E introduce en ellas inevitablemente alguna letrilla postmoderna, lo que dio en llamar “flamenco del 2000”.

Como regalo, fuera de programa, canta “Al alba” por bulerías, ese éxito que le prestó Luis Eduardo Aute y que grabó en el año 2000, en su trabajo “Aire”. Tema que borda y el público agradece y aplaude su incursión en la canción de autor. Incluso le piden “Te recuerdo Amanda” o “Mammy Blue”. Antes de irse, apunta un segundo bis por bulerías, en el que hace bailar a sus palmeros.

La nota imposible de Juan Carlos Romero

La nota imposible de Juan Carlos Romero

Flamenco Viene del Sur

 

La guitarra de concierto quizá tenga menos adeptos que las otras disciplinas del flamenco. Esto explica el medio aforo que tuvo Juan Carlos Romero la noche del lunes y su forma tan particular de entender el este arte. Romero bucea en los estilos, retuerce las notas, se extiende melódico, contrae la armonía. Resultado: una música que trasciende el flamenco, un sentir para todos los paladares, no necesariamente entendidos, no necesariamente convencionales. Separado de la ortodoxia, Juan Carlos busca la estética y la fragancia en sus composiciones que en el fondo rebosan flamencura. Y, para ayudarse en este camino, se rodea de un grupo de reconocidos artistas que los lleva por nuevos horizontes a la vez que le impiden perder el norte. En primer lugar, destaca la presencia de José Valencia, un cantaor que ha crecido atrás, donde ha adquirido un eco flamenco digno de admiración y un compás desmedido. Compás que refuerza sin par el maestro Bobote a las palmas y Antonio Coronel al pandero y al botijo dando la pincelada foránea al conjunto. Paco Cruzado, como segunda guitarra, es a la vez el eco y azogue donde se mira Juan Carlos Romero.

Las composiciones y la dirección artística corren de la cuenta del guitarrista onubense, quien se arropa con el bailaor sevillano Rafael de Carmen para extender plásticamente sus sueños. Sin embargo, tanta búsqueda y tanta técnica, tanto mimar el detalle, hacen a veces que se difumine el todo hasta parecer frío, hasta no reconocer los estilos, hasta llenar el teatro de algunos interrogantes.

Con la farruca que da comienzo el espectáculo, ya nos damos cuenta de que el músico que tenemos enfrente es especial. Exclusividad que acentúa en una taranta que interpreta en solitario llamada “Ríotinto”. La luz cenital y su toque preciso, lleno de notas imposibles, le dan una solemnidad desacostumbrada. La soleá-bulería tocada en fa, a la que presta su voz flamenquísima José Valencia, se acerca a los cantes levantinos. A ésta le siguen dos temas aflamencados, la “Fantasía” flamenca, que nos puede recordar por momentos a algunas variaciones de Paco de Lucía, donde sale por primera vez el bailaor subrayando la pieza; y un “Cante libre”, cercano nuevamente a la mina, interpretado con el segundo guitarrista con una bombilla pelada entre ambos como única iluminación. Las alegrías, con todo el cuadro, restan solemnidad a la noche. “La sombra” son unos tientos-tangos dedicados al Niño Miguel, tocaor en la indigencia en su ciudad natal, donde los músicos se descalzan por respeto.

El fin de la noche viene en forma de tanguillos y de bulerías. Y, fuera de programa, la rumba “Isla canela".

La memoria de Pepe Agudo

La memoria de Pepe Agudo

Siento que no sería de buen gusto hacer crítica de un concierto homenaje, por muy bien que haya estado, por muy mal que se resuelva. La reunión de amigos flamencos en torno a la figura de Pepe Agudo se venía considerando en sus últimos meses de vida, sin llegar a creer en ningún momento que eran sus últimos meses. Pero su muerte repentina truncó la idea de su presencia en el festival. El miércoles por la noche, al precio simbólico de diez euros, se reunió en el teatro Isabel la Católica un cartel de excepción.

De manera gratuita y con gran emoción todos los artistas fueron desfilando por el escenario dejando un poquito de su arte y algunas palabras emotivas sobre su relación y encuentro con Pepe. Carmen Linares, como cabeza de Cartel, con Paco Cortés a la guitarra, cerró con llave dorada, en forma de tarantas, soleá o alegrías, el emotivo encuentro. Se cerró la noche, como digo, pero se volvió a abrir la esperanza.

Por su parte, acompañado por Ramón del Paso, Diego Clavel, que visitó últimamente un par de veces la peña de La Parra, que gobernaba con sabiduría y rectitud Pepe Agudo, fue el encargado de inaugurar el cante con la caña y unas granaínas. Cancanilla, acusado de un enfriamiento, denunció ante el público su mal estado físico, pero quiso venir desde Madrid para compartir este día de memorias. Y, a pesar de su enfermedad, hizo un par de letras por bulerías acompañándolas de unas pataíllas desenfadadas. Pitingo, el artista de moda, el único que no conoció en persona a Pepe, nos sorprendió con lo que él llama “soulerías”, un flamenco literalmente preñado de sonidos negros y acompañado de Juan Carmona a la sonanta, miembro de los ex Ketama, un valor seguro. De esta guisa versioneó, por ejemplo, el “Yesterday” de Paul McCartney. María José Pérez, la cantaora más joven del grupo, a quien Agudo llamaba cariñosamente “mi niña”, recordó a alguien que la había ayudado mucho en sus comienzos con unos tientos-tangos y unas seguiriyas. Arropándola a su lado, la guitarra de Luis Mariano.

También hubo algunas sorpresas. Además de las presentaciones de Curro Albaycín y de Juan Pinilla, que también tuvieron palabras de consideración hacia el maestro de Huétor Vega, su hija Cristina, en representación de su madre y de sus hermanos, pronunció unas palabras de agradecimiento y leyó un texto de su padre en el que viene a decir que el flamenco es un arma eficaz contra el dolor. Palabras que corroboró Félix Grande, que saltó al escenario para recordar el abrazo y los besos de su “hermano”. La bailaora Mariquilla también tuvo palabras de semblanza y agradecimiento para Pepe.

Otra sorpresa fueron José Manuel Cano y la soprano Carmen Segura que interpretaron una vidalita y el “Anda Jaleo” de Federico, arregladas para guitarra flamenca y voz.

Y, para acabar, el público todo, desde la familia Agudo hasta el último aficionado que reconocía en Pepe un modelo de conocimiento, bondad y respeto hacia el mundo flamenco.

*RETRATO de Pepe Agudo como cantaor (David Zaafra ©)

Isabel Bayón, perdida en el concepto

Isabel Bayón, perdida en el concepto

Flamenco viene del sur

 

A Isabel Bayón ya la vimos en este mismo ciclo hace un par de años. En 2005 la bailaora sevillana nos expuso la obra “La mujer y el pelele” del escritor francés Pierre Louÿs. Era una obra valiente, muy cercana al teatro. Ahora nos trae “La puerta abierta”, también dirigida por Pepa Gamboa; una apuesta conceptual y sin duda bastante intimista. Tanto es así que parte de la idea se queda para ellos, no traspasa el escenario. Habría preferido no disponer de programa de mano, que en su difuminada introducción explica exactamente lo que no llegamos a ver.

La obra en sí es estéticamente bella, muy aplaudida en la Bienal de Sevilla, donde se estrenó. Bella, reposada y sensual, donde una Isabel Gilda (a lo Rita Hayworth, me refiero) viste y se desviste en el escenario haciéndonos cómplices de las caras que nos quiso mostrar. Isabel es una gran bailaora de cintura para arriba. Su baile reposado repercute en su ausencia de piernas. Un baile cercano a la danza contemporánea que, fiel reflejo de la estela que deja Belén Maya, sembró frialdad en más de una ocasión. Frigidez paliada satisfactoriamente por la presencia de Miguel Poveda, el cantaor más en forma que hay ahora mismo en España.

Un martinete en off de Tía Anica la Piriñaca abre la velada. Isabel Bayón salta a escena dejando “la puerta abierta” y apuntando el dolor de la jerezana, que prosigue con las “Variaciones Goldberg” en una grabación de piano, única referencia argumental de la obra. En la soleá aparece un Poveda impresionante, un Poveda que cautiva y convence (habrá que volver a verlo el 12 de marzo que retornará a “Flamenco viene del sur” en solitario).

En la milonga es donde apreciamos más el paralelismo Gilda, cuando se despoja del guante. Su baile es tan sereno, seductor, delicado que crea ausencia. Jesús Torres, compositor musical de la obra, junto a Paco Arriaga, interpreta unas redondas tarantas a la guitarra, mientras Bayón se coloca la bata de cola para bailar las alegrías, quizá el baile más completo de la noche. Alegrías que encierran una sorpresa, se congelan literalmente a su mitad para desgarrar el aire y el sentimiento con unos martinetes de Agujetas el Viejo, recordándonos que incluso las alegrías contienen un importante margen del dolor y el quejío del pueblo andaluz.

Un pasodoble bonito, aunque fuera de contexto, en el que la bailaora saca al cantaor para apuntar unos pasitos, nos acercan al final, que se cierra como empezó con el martinete en off de Tía Anica la Piriñaca, a quien sustituye El Agujetas, en el que se oye hasta el celofán del disco, que Isabel baila con la suavidad y gracia acostumbradas. El fin de fiestas, la pataíta por bulerías, sorprendentemente, también viene anunciada en el programa.

Foto: Paco Sánchez ©

Zambombas y panderetas

Zambombas y panderetas

El periódico en el que trabajo no me deja escribir sobre todo lo que acontece relativo al flamenco. Es más, no todo lo que escribo lo publica. Y si se publica, a veces, aparece sesgado o modificado para ofrece una mejor "coherencia". En especial me tienen vetado el acontecimiento marginal, de poca entidad o el privado. Se inclinan en el diario (acertadamente, se puede pensar) por el espectáculo público, de gran repercusión y de asistencia multitudinaria.

Valoramos más el ruido que por las nueces, el bosque que el árbol, la cantidad que la calidad. Es mejor el gitanerío de miles de seguidores que el 'duende' en la mesa de camilla.

La Peña de la Platería es privada y por tanto vacía de interés para los medios. A no ser alguna programación puntual y extraordinaria. Comprendemos al periódico no dándole cuartelillo a un puñado de cabales. Comprendemos a la peña, con su manga estrecha, ya que son más de 300 socios que suelen venir con amigos, simpatizantes y allegados. A veces, más de 500 personas nos reunimos en el precioso carmen.

Yo, intento verlo todo e intento escribirlo todo, pero cuando asisto a algún lugar maldito o artista non grato (que también los hay), el medio para el que trabajo no se entera ni que me he movido de casa. Prefiero callar a que me callen. Prefiero disfrutar sin bloc de notas y mirada analítica.

Así, esta Navidad ha estado sembrada de "panderetas flamencas" (en Andalucía Occidental se conocen como "Zambombas"), que son noches de fiesta de villancicos, en algunas cuevas del Camino del Monte, en la Casa de los Tiros, en La Chumbera y en La Platería (¡ay, amigo!). A esta última fui y me quedé con las ganas de hacer alguna anotación.

Fue la noche del 23 de diciembre. Todas las mesas estaban repletas. Llegué solo, pero pronto me junté con un puñado de aficionados para celebrar la fiesta. En el escenario la última mohicana, María "La Coneja", su hija Maite Maya, la gran Nati "La Faraona", la todo terreno Sara Heredia, como la presentó Juan Pinilla, y Luis Mariana, inmejorable a la guitarra.

Sonaron villancicos, por supuesto, pero también cante grande y muy flamenco. Sara Heredia estuvo como nunca, se entregó como sólo una artista sabe hacerlo, se rompía en la soleá y en todo lo que vino después (imprescindibles los tangos del Sacromonte). Nati "La Faraona", una artistaza, con su paseillo y sus desplantes, el folklore hecho mujer, mejor que María Jiménez y muchas de las 'divas' de nuestras pantallas.

Los fandangos del Albaicín no han sonado tan auténticos como aquella noche en la garganta y el compás de Maite Maya, que nos remontó a los tiempos de Frasquito o de Paquillo el del Gas. Y, por último, el verdadero lujo, María La Coneja, su gracia y su poderío, última representante de toda una generación legendaria del Camino del Sacromonte.

Una noche inolvidable. Una verdadera fiesta que celebramos con cava y dulces de Navidad a los que fuímos graciosamente invitados por una peña privada pero no clandestina.

FOTO: fachada de la peña La Platería (Nono Guirado)