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Flamenco

Cuatro puntos de luz

Cuatro puntos de luz

Festival Internacional de Música y Danza

Cámara Negra

Permítanme comenzar esta crónica con una objeción antes de que se me adelanten y es que el Festival Internacional de Música y Danza de Granada merece un estreno. “Cámara Negra” de Liñán y Pericet ya lleva una larga trayectoria desde su botadura en el Teatro de Madrid el año pasado. Aparte de esto, todo son parabienes en la obra presentada la noche del domingo en el Isabel la Católica.

Sin ningún argumento acordado se desarrolla “Cámara Negra”. Sin ninguna trama, como digo, pero con toda intención. Es el arte por el arte. Todo rigor, todo frescura. Pasado y presente, pero sobre todo futuro. La apuesta es arriesgada, la interpretación perfecta, el resultado impecable. Un escenario vacío, negro. Unos músicos a contraluz. Una obra sin fin ni principio. Sólo el juego de luces; sólo el vestuario; sólo el compás del baile confieren a la escena una profundidad inabarcable.

Comienza la danza con una coreografía de Olga Pericet. “Flash Back Caña” es la caña tradicional comenzada por detrás, por su remate, donde el cuerpo de baile se presenta. Cada uno en su estilo, cada uno con su verdad. Las castañuelas acompañan a una música también para ser escuchada, si el baile no acaparara todos los sentidos. Daniel Doña borda la pieza “Tarriá”, deteniendo el tiempo, mientras Manuel, su creador, y Olga lo arropan ajustadísimo, para dar paso, casi sin respiro a los fandangos que firma Marco Flores con elegancia y valentía. En “Composite”, nuevamente Doña, apunta como un toro la travesía del escenario por naturales. Y de aquí saltamos a uno de los momentos sublimes del espectáculo, sello de identidad creadora de Manuel Liñán, que tanto reconocimiento le ha brindado y tantas deudas artísticas ha contraído. Se trata de “Las carboneras”, un zapateado que realiza en blanco y plata con su compañero Marco Flores, mientras Tacha y Ana Romero realizan un acompañamiento, tan sólo de palmas, que estremece como la aparición de una nueva estrella.

La petenera, un palo relegado a un voluntario olvido, se impone por derecho. El tacón firme de Olga vestida de rojo, con mantón y flecos verdes en las enaguas, nos cuenta con sobriedad la versatilidad y delicias de una dama del baile. Y tras el vuelo reposado de un mantón, Liñán vuelve a tomar la palabra en “Madame Soledad”, una soleá, como su nombre indica, que se ha convertido en todo un clásico. Premiada en el Certamen de Danza Española y Flamenco de Madrid, esta pieza intimista recoge todo el potencial que el bailaor granadino lleva dentro. Es una apuesta introspectiva, en la que Manuel danza sus propias palabras. Dialoga consigo mismo y se sumerge con sencilla desnudez en el azogue del público, de su público, pues en esos momentos todos éramos el alma, el sueño y las alas de Manuel Liñán. El mundo se ha quedado pequeño. El flamenco se desborda. La danza contemporánea alarga sus dedos y se implanta en la “Suite en Cámara Negra”, donde el violín habla por sí mismo. Una declaración de intenciones, una exposición de sentimientos, un baile a dos: Pericet-Flores, un baile lleno de sensibilidad, rebosante de poesía. Para acabar con “Paréntesis”, la concesión íntegra a estos nuevos aires y a una comicidad sin ambages, que Daniel Doña rubrica magistralmente y toda la compañía nos ofrece distendida, al tiempo que nos guiña un ojo. Y en el negro virtual de la escena, relucen cuatro puntos de luz.

Te seguiré queriendo verde

Te seguiré queriendo verde Cristina Hoyos y el Ballet Flamenco de Andalucía, como en un efecto bumerang, vuelven a Granada para traernos nuevamente su “Romancero Gitano” de Lorca, que habitó los jardines del Generalife durante más de un mes en este pasado verano. El tiempo suele currar las heridas o termina por matar. Lo que sí es cierto es que el tiempo lo pone todo en su sitio. Y esta obra ha madurado con dignidad; su formato se ha reducido, de un gran espacio escénico a las tablas de un teatro, y ha cambiado alguno de los actores pero la esencia sigue siendo la misma.

El papel de Antonio el Camborio que hacía El Junco, como primer bailaor, en esta ocasión lo retoma Daniel Navarro, un artista del momento, con propuestas más arriesgadas y más creíble en su interpretación. De hecho, destacamos sus alegrías como uno de los mejores momentos del espectáculo, junto con los palillos de Cristina Hoyos en el “Romance de la Pena Negra”, el momento inmaculado del “Romance de la luna luna” o el erotismo manifiesto de los tanguillos de “La monja gitana”.

La obra se desarrolla en un recodo de la carretera, posiblemente hacia Alfacar y Víznar, donde se reúne un grupo de gitanos para contarse historias, propias y ajenas, recogidas en una decena de poemas del Romancero. A través del canto de esperanza del “Verde que te quiero verde”, se van hilvanando estas diez piezas cobrando entidad y dramatismo hasta crear una obra coherente, una lectura posible de los versos de Federico.

Lo mejor, la creación musical de Pedro Sierra y los intérpretes de esta música, entre los que destaca el eco flamenco de Reyes Martín. Destacamos igualmente las guitarras y casi la totalidad del baile individualizado. Las coreografías, también muy conseguidas, pecan en general de estar supeditadas a un guión escénico, que le resta autenticidad al resultado. Nunca me ha llegado el flamenco que pretende ser actor; aprecio un regusto de falsedad en su entrega. Junto con esta mediocridad dramática, el conjunto también hace agua con el recitado de los poemas. Ninguno es rapsoda, no sé si se pretende, pero la eficacia llegaría con voces menos lainas, más flamencas, más gitanas. Una honrosa dispensa a Cristina, que demuestra ampliamente su naturalidad y su bagaje interpretativo.

Suenan abandolaos, suenan tangos, que nunca son de Granada, suenan bulerías… Todo se integra en una función de hora y media, sobrada de recursos: vídeo de fondo, sonido en off, argumentos conceptuales, cuando se proyectan el título y algunos versos de los poemas, luces, el recurso del humo al principio… Una obra que sin ser redonda, brilla en sus aristas, pero en la que irremediablemente resplandecen también sus tópicos.

* FOTO: "Preciosa y el aire", la bailaora Rosa Belmonte en el Romancero gitano, este verano en el Generalife (© Nono Guirado).

El triunfo de Eva

El triunfo de Eva

Granada Flamenco

Faltan adjetivos merecidamente halagadores para tildar a Eva Yerbabuena y a su espectáculo “Santo y seña”. Parece que me quedo corto diciendo simplemente que fue tremendo, espectacular, grandioso… Merecería la pena, sin embargo, insertar aquí un enlace de vídeo, como en las páginas web, en el que podamos ver tan sólo los minutos de aplausos y zapateados que les brindó en pie todo el público al final de la función. Eva y los suyos, con lágrimas en los ojos, tuvieron que saludar al menos siete veces. Y es que, aunque sea un tópico, Eva es profeta en su tierra. Un éxito tan grande no se había visto en el mundo flamenco por estos lares. Tenemos suerte de tener a la mejor bailaora del momento en España, que lo lleva siendo durante mucho tiempo y lo seguirá siendo, porque lo que sembró el viernes en Granada no se marchitará así como así en nuestro recuerdo. Nada volverá a ser ya igual.

La parquedad del escenario, con tan sólo una silla y una bombilla que iluminaría la primera pieza, se muestra suficiente para una bailaora que, con su presencia, rellena cualquier espacio. Detrás de ella, diez músicos de primera fila. Tanto es así, que la hipnosis de la danza a veces se difumina por escuchar esas voces cautivadoras, esas guitarras tan precisas, siempre afinadas, rozando lo imposible.

Ningún hilo argumental conduce la trama, solamente el baile por el baile, el arte por el arte, Eva por Eva. Es su “Santo y seña”, es su verdad suprema en forma de seguiriyas y de cantiñas y de tangos y de soleá, sobre todo de soleá. Toda la obra es redonda, cada pieza es redonda, cíclica, empiezan como acaban o acaban como empiezan, rozando siempre el infinito. De negro aborda la seguiriya con extrema elegancia. Su baile es completo: pies, brazos, cintura, hombros y cara. Su rostro es puro fuego, jalea real cuando te mira. Sus movimientos son lentos, equilibrados, modélicos. Se tensa y se destensa siguiendo la cadencia natural de la música. Nada esconde.

En las cantiñas (alegrías, mirabrás, caracoles) se aparta de lo convencional, de la escuela sevillana, de la siembra de las bailaoras gaditanas. Usa bata de cola y mantón, eso sí, que mueve espectacularmente en la largura de los aires de Cádiz. Mece sus movimientos, se ondula como la brisa en la Bahía, se explaya en cada vuelta y en la alegría de tu tacón, se regodea en su propia creatividad.

Los tientos-tangos son una delicia. Quizá menos suelta y desinhibida de lo deseado. Con todo y con eso, una lección de gracia y esfericidad. Se le puede poner en falta, sin embargo, que se queda en los tangos de La Repompa, no se acerca a Granada, si acaso en la breve introducción y el epílogo por granaínas que apunta la guitarra de Paco Jarana.

Vestida de oro, por fin, Eva nos premia con su verdadero sello en forma de soleá. Parte de la quietud y va poco a poco desperezándose hasta lograr los momentos más sublimes de su total entrega.

Entre medias, su cuerpo de baile, compuesto por cuatro chicos, mostrarán bellas coreografías en forma de farrucas, jaleos y zapateado, quizá más cercanas a la danza contemporánea que al baile flamenco, quizá demasiado parecidas entre sí, quizá insuficientes para rellenar el hueco imposible que Eva abandona.

* FOTO: Eva Yerbabuena (© Paco Sánchez)

Guantes de fieltro

Guantes de fieltro

Guadix Clásica - Granada Flamenco

Para manipular los grabados originales y otras obras de arte, para que no se deterioren ni sufran ningún tipo de desperfecto, se suelen manipular con guantes de fieltro o de gamuza. El cuadro se coge con sumo cuidado, se eleva a la altura de los ojos, se aleja un poco, la largura de los brazos si acaso, para verlo con cierta perspectiva, se acerca con cuidado para apreciar los detalles y, con el mismo, cariño se devuelve inmarcesible a su lugar de origen. Ese mismo efecto, ese sentimiento es el que nos produjo Arcángel y Miguel Ángel Cortés en el concierto de ayer, 17 de mayo, en su recital accitano.

A pesar de la poca asistencia, medio aforo acaso, el cantaor onubense hiló fino, hizo encaje con su voz, tremendamente modulada, dominando los altibajos como el vaivén de las olas, tuvo un gusto exquisito en su entrega. Morentiano declarado, Arcángel vuela a voluntad por los horizontes sin fronteras en que se está convirtiendo el flamenco, con un pie siempre posado en tierra firme, codeándose con los antiguos, respetando las raíces. Y, a su lado, el guitarrista granadino (¿hay que decirlo?) Miguel Ángel Cortés, un compendio de técnica, estudio y sensibilidad. Una guitarra que parecen tres. Una guitarra respetuosa y atenta que llena los silencios y amortigua el grito moderado de su partenaire.

El banquete comienza con una guinda intitulada “Limón amargo”, una soleá por bulerías con tintes de copla. Desde este primer momento, Arcángel muestra su sello de cantaor solemne y respetuoso, original y completo, que inserta en cada cante todos los cantes de su estilo. Un artista que mece la copla como nadie, que se regodea en el fraseo, que ralentiza las letras para que sean saboreadas a voluntad, que escucha y admira a la guitarra, que aprecia los silencios, que disfruta en el escenario. Morentiano, como digo, pero también caracolero y chaconiano. La caña es otro dulce (en realidad todo el recital es un postre). Pero cuando empieza a dominar de verdad es en las malagueñas de La Trini y de Chacón. Toca techo en su carrera creciente y no caerá, no desfallecerá, porque su entrega y conocimiento hace que su puesto esté entre las estrellas. La soleá es una gozada para los oídos. Es largo y delicado en este cante, en el que realizan una parada antes de terminar para apreciar los ecos del silencio. Los aplausos a cada tema ya se cuentan por minutos. La sonorización es impresionante. Y el juego de luces. Da gusto acudir a teatros tan profesionales.

La cejilla, que se había mantenido en el séptimo traste, imponiendo la agudeza del artista, sube drásticamente hasta el primero y abordan unas seguiriyas tradicionales en re mayor. Miguel Ángel, haciendo gala de su poder creador, interpreta solo con la sonanta una hermosa guajira de su disco “Bordón de trapo”. Vuelve Arcángel con unos tangos de influencia granadina y unas bulerías para ser escuchadas, que las empieza casi a capela, y unas alegrías exquisitas, donde practica el mismo silencio que en la soleá, que realza suculentamente su belleza.

Acaba el concierto, cómo no, con un recorrido por los fandangos de su tierra, que dedica admirado a la bailaora granadina Fuensanta “La Moneta”, presente en la sala.

Noche de comunión

Noche de comunión

Trasnoches en la Feria del Libro

Sabemos que mayo es el mes de las comuniones. Dejadme que yo escoja las mías. Antes de ver al niño marinerito y a la niña de princesa, prefiero que comulguen las artes, como se impone en este año de la horizontalidad. El flamenco sin duda es un arte, el acompañamiento de piano requiere horas de estudio, la poesía es de las manifestaciones artísticas más antiguas que se conocen.

Alguien dijo, refiriéndose a unos versos, que eran de tal belleza que se podrían cantar por bulerías. Aunque hay quien es capaz de cantar por bulerías lo que se tercie, como Chano Lobato o Tomasito, que metía a compás el anuncio de Mister Proper. No fueron bulerías ni tangos ni rumbas, que se hacen más pegadizos a cualquier letra lo que se oyó en el patio del Corral del Carbón anteayer, sino soleares, seguiriyas y granaínas, donde el esfuerzo es manifiesto.

Ángeles Mora fue la poeta, el aedo de sí misma y de sus sentimientos, el pregonero del amor y el desamor (que es otra manifestación del amor) y de sus derivados, como son la soledad, la tristeza, el sentido de la vida, la amargura… Cosas que tienen mucho que ver con el flamenco. Antonio Campos fue la voz, esa voz modulada y flamenca, dolorida y bondadosa, que encajó como de antiguo los versos de la poeta. Pablo Suárez fue el piano, el pianista que equilibraba la voz, que sustentaba el poema, que mantenía el aire, la emoción en movimiento.

Ángeles leyó poemas de antes, de siempre y de ahora. Rescató para amar “La canción del olvido” y para olvidar “La dama errante”. Fue feminista y comprometida con los “Gastos fijos” y fue pasión de ausencia en “Elegía y postal” y pasión de vida con “Las hojas muertas” o “Buenas noches, tristeza”. Después recitó dos poemas para ser cantados y después otro más, ya mecidos con los acordes del piano. Luego entró Antonio campos a coger el relevo. Comenzó templándose con una farruca un poco fría, en la que el público se mostró indiferente. A continuación, como anunció Mora, retomó sus poemas y cantó “Tu nombre” por soleá y “Noche de río” por seguiriyas. Primero encorsetado por la poca costumbre de la capela con fondo de piano y por los versos ajenos. Después más caldeado, horneado, hasta parecer estremecido. Cayeron bien los dos cantes que comenzaban, quizá por seguridad, con una letrilla del pueblo.

Para terminar, Ángeles leyó “Una lágrima” y el pianista barcelonés no descansó hasta que Campos cantara esa misma letra por granaínas. Una letra que, sin querer o por esas coincidencias de las artes, calzaba a la perfección con ese fandango chaconiano que regaló a la ciudad de Granada.

* FOTO: Patio del Corral del Carbón.

Redondeo flamenco

Redondeo flamenco

El martes pasado, 8 de mayo, en vez de ver a Enrique Morente con motivo de la inauguración del 4º del Festival Internacional de Poesía Ciudad de Granada, vimos aposeósica a su hija Estrella, su mejor creación, incluyendo los tangos de Morente.

Como siempre, fue algo milagroso, su figura, su pose, su manera de estar, la medida de sus movimientos... pero sobre todo la calidad de su voz y ese compromiso con lo jondo y con la creación, con la innovación que le reclama su apellido.

Es de agradecer, además, que fuera algo casi improvisado, que, más que segundo plato, fuera directamente el postre, el dulce, la guinda. Como si toda la cena hubiera consistido en eso, en el nectar y la ambrosía que se guardan para mantener el buen sabor.

Estrella, continente y contenido, fue cien por cien lorquiana, flamenca, señora, artista. Un largo poema introdujo unas alegrías de sabor perleño. A la guitarra Alfredo Lagos. La mayor virtud de un guitarrista es el respeto. Dejar hacer. Pasar desapercibido cuando el cantaor se queja. Ser evidente cuando el cantaor calla. Ser arrecife que espera inerme el enviste de las olas, la sal de Estrella, la espuma de Estrella.

A continuación se fueron a levante en forma de tarantas. Y qué bonita mezcla: tarantas de Almería y tarantas jienenses, de Linares, de la Carolina. Y después otro poema en forma de balada con tintes magrebíes. Tanto, que al principio creímos que estaba cantando en árabe. "Tres moricas me enamoran / en Jaén: / Axa y Fátima y Marién", nos estremece el poema, nos estremece la voz, nos estremece Federico que parece que de un momento a otro se va a asomar por una de las ventanas de su casa en la Huerta o que se va a poner al frente de su piano y va a componer la constelación perfecta con la otra Estrella.

Y para terminar, otro poemita cercano a la nana flamenca terminado por bulerías. Esas bulerías desenfadadas que regalaba casi sin querer la Niña de los Peines. Y, como dios manda, con su pataílla y golpe de efecto, voleando el mantón y soltándose el pelo (sin mucha eficacia, todo hay que decirlo). Un diez sobre diez.

Para terminar, dejadme ampliar la relación de las citas flamencas de este sábado 12 de mayo pues me han llegado buenas nuevas:

Ya sabemos que en el Centro Cultural “Carlos Cano” de La Zubia (a las 21’00 horas), se presenta la segunda edición de “Flamenco tiene nombre de Mujer”, a cargo de Mayte Martín.

Coincidiendo día y hora, en la Chumbera (5 euros) podremos ver el baile de Lucía Guarnido.

El mismo sábado (a las 23’30 horas), por si acaso, en La Platería actuará el veterano cantaor madrileño premiado en La Unión y en el Concurso Nacional de Córdoba, Jesús Chozas, con Rafael Andujar a la guitarra.

También, en la Peña La Parra Flamenca de Huétor Vega tendremos a José León, cantaor de Mairena del Alcor (Sevilla), que estará acompañado por el guitarrista sevillano Manolito Herrera. (a las 22’30 horas)

Y, si nos encontramos cerca de Almería, en peña flamenca “El Ciego de la Playa” de Huercal, podremos ver a Morenito de Íllora acompañado de David Carmona, los dos granadinos. (a las 22’30 horas)

* FOTO: Estrella Morente (© Nono Guirado)

Toma nota en Montejícar

Toma nota en Montejícar

Granada Flamenco

Una completa lección es lo que sacamos el viernes en Montejícar. No por lo que aprendimos, que también, sino por el planteamiento de la obra y la manera de comunicar. Octupussy Teatro, con un atrezzo sencillo y sin más pretensión que conectar con el público e introducir a los no iniciados en el mundo del flamenco de una manera cómica y desenfadada, presentaron su “Concierto flamenco didáctico”. Hay que tener tablas y profesión para adaptarse a un personal tan variopinto e improvisar de manera tan natural como lo hizo “La Bruja”. Tan sólo bastó una hora para crear la simiente del flamenco en las almas blancas de los niños que ocupaban los primeros asientos y salpicaban el resto de la sala. Una hora bastó para que los mayores despertaran el gusano que tenían dentro y nos planteáramos el flamenco como un bien cultural que hay que cuidar y fomentar. Una hora bastó para convencernos de que obras como ésa son imprescindibles para llevar a todos los centros de enseñanza y así crear cantera de aficionados y amantes o tan sólo conocedores del flamenco, para que este arte de raíz andaluza no venga impregnado de tintes orientales.

Con el sonido de un tren que llega y la música de unas sevillanas corraleras, se presentan en escena Inmaculada Pérez “La Bruja”, conductora del espectáculo; Paco Lara, acompañante hierático a la guitarra; y un gran muñeco que se presenta como “Tío Tobalo”, manipulado por Inma Román. La Bruja, con un gran atril, va desgranando a modo de conferencia los entresijos del flamenco: su origen incierto, el compás, los palos, los intérpretes… haciendo participar a los asistentes. Esta charla venía ilustrada con salero con algunos de los cantes representativos de esta disciplina, en donde se reflejaban claramente las enseñanzas que se acababan de exponer. Así, de Cádiz, sonaron los tanguillos y su humor un tanto surrealista. De Huelva, los fandangos. Y de Jerez, las bulerías. Entre medias, se presentó a la marioneta, su nombre y procedencia, que interpreto en playback un polo Tobalo cantado a capela. Para terminar, con ayuda de todos los asistentes, se cantaron unos tangos, acompañados de palmas, donde la directora marcaba las estrofas y el público el estribillo. El sabor a insuficiente, confirmó el éxito de este teatro, tan certero como necesario.

Antes de irnos, una espontánea de la tierra, Nuria Castillo de 17 años, pidió permiso para salir a escena y cantarnos algunos fandangos naturales, que acabaron por endulzar el ambiente con la recompensa de que esa cantera deseada ya está en marcha.

* En la foto: panorámica de Montejícar. 

Programa flamenco

Programa flamenco

Próximamente, y siguiendo en la manera de lo posible el buen hábito de informar sobre las actuaciones flamencas que se nos ofertan (aunque, todo hay que decirlo, con poquísimo eco) tenemos un cartel de excepción:

Mañana, 8 de mayo (a las 20’00 horas), en la Huerta de San Vicente, el recital inaugural del Festival Internacional de Poesía Ciudad de Granada, con el poeta argentino Juan Gelman y la participación de Enrique Morente.

El sábado, 12 de mayo (a las 21’00 horas), en el Centro Cultural “Carlos Cano” de La Zubia, se presenta la segunda edición de “Flamenco tiene nombre de Mujer”, a cargo de Mayte Martín. Coincidiendo día y hora, en la Chumbera (5 euros) podremos ver el baile de Lucía Guarnido. El mismo sábado (a las 23’30 horas), por si acaso, en La Platería actuará el veterano cantaor madrileño premiado en La Unión y en el Concurso Nacional de Córdoba, Jesús Chozas, con Rafael Andujar a la guitarra.

El jueves 17, en el Teatro “Mira de Amescua” de Guadix (a las 21’00 horas), dentro del ciclo anual “Guadix Clásica”, tenemos la presencia de Arcángel. (No tengo la referencia, pero supongo que le tocará Miguel Ángel Cortés).

Al día siguiente, 18 de mayo, Granada se viste de largo con la Clausura del festival provincial “Granada Flamenco” con la actuación de la mejor bailaora del momento, indiscutiblemente. Eva la Yerbabuena nos cortará el aliento en el Palacio de Congresos, a las 21’00 horas.

Otivar en familia

Otivar en familia

Granada Flamenco

Por una cuestión de fechas, el flamenco que se ofertó en Otivar el jueves 3 de mayo no tuvo la repercusión esperada. Sin embargo, la acogida fue inmejorable. Apenas cincuenta personas rellenaban las primeras filas de un salón de gran capacidad. Como argumento, como posible excusa, el alcalde y el concejal de cultura, allí presentes, aludían a que era el tiempo de la níspola y todo el pueblo, con tierras de labor y huertas de explotación, andaban recolectando estos frutos, antes de que las abundantes lluvias los malograsen. Que era mejor haber esperado un mes o haberlo hecho un mes antes. Que la fecha óptima era el Día de la Níspola, celebrada a mitad de abril, en que se daban cita para beber y comer gratuitamente unas dos mil o tres mil almas, que acudirían sin ningún problema a las actividades que se programasen.

Después de tomar buena nota de esta reivindicación y en familia, como nos encontrábamos, comenzó el recital de cante. Ni por la ausencia de público ni por la frialdad del salón ni por la limitada sonorización, los músicos minimizaron su entrega. Muy al contrario, encontrándose realmente a gusto, se volcaron con los presentes y se portaron como si el aula estuviera llena.

Con alegrías comenzó Antonio Campos a templarse. Fue un comienzo algo frío que pronto se caldeó con la guitarra maestra de Paco Cortés. Las malagueñas solemnes de El Mellizo se abandolaron con fandangos de Frasquito. Antonio, con la cejilla de la guitarra en el quinto traste, fue largo por soleares. Unas soleares bien ejecutadas, con su dolor y su pellizco. Paco arrancó algunas ovaciones sinceras del público. Se encontraban a gusto y así lo demostraron.

El siguiente tema fueron unos fandangos naturales a petición de los presentes. El fandango es un palo que no debe faltar en determinadas plazas. Es muy requerido a la vez que versátil, asequible y con buenos resultados. La velada acabó con bulerías, donde Antonio, a pesar de un resfriado que le apagaba la voz, demostró su potencia y sentido del compás.

PS.- A renglón seguido, un servidor con los músicos y organizadores, invitados por el alcalde, nos dimos una mano indecente de morcilla del lugar, regada con los buenos caldos que se elaboran en Jete, el pueblo vecino, pago de mis antepasados para más señas.

* FOTO: Antonio Campos en La Chumbera (© Nono Guirado).

Un diamante pulido en Armilla

Un diamante pulido en Armilla

Granada Flamenco

El conjunto fue sorprendente. Sin llegar a ser una obra al uso, con argumento y tintes dramáticos, el espectáculo de La Moneta y su grupo el martes en Armilla fue redondo y muy completo. Gusta ver a Fuensanta de tarde en tarde para así apreciar su evolución. Desde que ganó “El Desplante”, Primer Premio del concurso de baile en el Festival de Las Minas de La Unión (2003) y aún antes, esta bailaora granadina ha sido un diamante en bruto, con algún altibajo, pero con una encomiable trayectoria. Hoy por hoy, pasados cuatro años de ese prestigioso galardón, se puede decir que La Moneta ha encontrado su sitio, se va ubicando en el mundo del flamenco, tiene una carrera definida… Esa piedra preciosa va adquiriendo la forma que le dará su valor definitivo, se va puliendo lentamente pero sin pausa. Coge los mejores frutos que tiene a su alcance pero sin olvidar la tierra, las raíces, que en definitiva constituyen la fuerza de sus comienzos; y la intuición, ese crear espontáneo, ese dejarse llevar por los latidos del flamenco, después de un minucioso estudio, después de horas y horas de ensayo. Resultado: un baile visceral en donde la bailaora recupera su garra, pero se muestra más introspectiva que nunca, con un baile más reposado, lleno de silencios y de regodeos en su propia imagen sinuosa.

Una presentación de los músicos por malagueñas abre la velada. El sonido no es perfecto y la entrega tiene carencias. De cualquier modo, este comienzo deja mucho que desear. Se olvida, sin embargo, cuando comienzan a sonar las alegrías y aparece la bailaora con bata de cola blanca ribeteada en rojo y mantón a juego. Es un bombón. Fuensanta mueve el vestido con gracia y soltura arrancando oles a cada paso. Su baile es más distendido y racional. Más maduro. Es una artista completa que saca partido a todo su cuerpo, como lo saca de los músicos que le acompañan y aprovecha como pocas todo el escenario que la acoge.

David Carmona interpreta una creación propia, llena de profundidad, de horizontes levantinos. Y esta es otra de las virtudes del espectáculo: el protagonismo que se le da a cada uno de los actores. Así, Miguel Iglesias aporta una farruca que La Moneta baila con pantalones y torera. Es un baile sincero e intimista que no esconde nada, que sugiere perspectivas impensadas. La mejor oferta de los cantaores es la soleá que interpretan a capela, sin micrófono, cada uno a su estilo, que viene a ser el mismo o su complemento. José Valencia aporta toda la sabia de Utrera, Antonio Campos liga los tercios de forma asombrosa, Miguel Lavi es un descubrimiento de buen gusto y pellizco jerezano.

La noche acaba, como no podía ser menos, con el plato fuerte de esta joven artista, las seguiriyas llenas de fuerza y verdad con que convenció al pueblo murciano, las seguiriyas con que ha rendido a medio mundo a sus pies, las seguiriyas con las que puse mi mano en el fuego y prometí incondicionalidad.

* FOTO: La Moneta (© Víctor L. Gómez)

El Flamenco tiene nombre de Mujer

El Flamenco tiene nombre de Mujer

Llega a mis manos esta convocatoria bastante recomendable.

(Perdón por el tamaño) 

El concierto del año

El concierto del año

III Festival Flamenco Joven

Por dónde empiezo. Marina Heredia es un torrente que hay que ver. Mayte Martín hay que escucharla, hay que sentarse con los oídos abiertos y el corazón limpio y apreciar de poquito en poco sus matices. Marina es una artista importante, de preciso aguardiente, de silencios cómplices, de ecos telúricos. Mayte es de temperamento dulce, de fraseo redondo y afinado, es vino añejo en odre nuevo. Marina es el color, la primavera que renace, el dolor ahogado en sonrisas. Mayte de una elegante parquedad, es oro viejo que con su estética en blanco y negro va reluciendo a poco que se muestre.

Marina Heredia, como una diosa, entra por Cádiz, soltando las riendas de su arte y su pasión desde el primer momento. Le arropa con la guitarra Luis Mariano, que suena como nunca, es el tocaor insignia de Granada. Su sensibilidad creadora, su exquisito sentido del ritmo, su pasión interpretativa, lo hace único, un valor en alza. Carlos Grilo y Luis Cantarote, a las palmas, dan la dimensión necesaria a la fiesta. Son el eco y la espuma del cante que se desborda. La percusión, tan sólo correcta, a mi parecer, innecesaria, molesta a veces. No lo digo por González. Hay artistas que no necesitan el lazarillo constante de un cajón, por muy bien que suene.

La soleá nos acerca a Triana. La cejilla al seis promete matices inalcanzables. Quejíos que se transforman en pura materia que se pueden masticar dejando el sabor agridulce de la pena compartida. Y de una pena se va a otra pena y nos muestra los atardeceres de levante. Murciana, taranto y taranta, precipicio heredado, que desemboca en malagueñas perladas con fandangos del Albaicín, dejando paso de esta manera al universo único de esta cantaora y su tierra. Si quieren saber cómo son los tangos del Camino pregúntenle a Marina. Ese soniquete moruno, inigualable en la guitarra de Luis Mariano, ese compás marcado y cadencioso, ese vaivén onírico de sedas y rostro velado. Son los tangos de la Penca, donde la Heredia se da la vuelta y saca de sus entrañas todo lo que lleva dentro, sube y grita, se rompe y no se vuelve a recomponer hasta las bulerías que parten desde la efusión. Es una fiesta que implica a los presentes. Algunos de sus seguidores se acercan al escenario y jalean el compás de tintes jerezanos. Para terminar, como regalo, con aires caracoleros. Un pregón a pie de escenario termina por romper los corazones. Un aplauso aparte al sonido impecable de Juan Benson que cuaja toda evidencia.

Mayte Martín, nada convencional. Es una artista que se presenta fría y calculada, pero que infunde un calor y una familiaridad reconocibles. Es rigurosa como desenfadada. Con un ojo que mira al pasado y el otro vuela en un ilimitado infinito. Comienza su entrega por peteneras. Calladamente nos dice que sus temas son duales, son pareados. Su primer cante es un dado al aire, su segundo es una apuesta segura. Así, las malagueñas acaban siendo de Chacón que se abandolan pronto derramándose, a modo de homenaje, en fandangos de Frasquito. La sequedad primera se va humedeciendo con el tacto delicado de una voz que sólo acaricia. Los tercios se ligan en una misma armonía que tiene mucho que ver con el paladar. Su grito es inaudible. No grita, porque no necesita gritar. Modula su voz y sube al cielo o rompe el terruño sin estridencias. Unas seguiriyas de culto dan paso al garrotín, con el que se va a levante. Con aires colombinos hace una guajira, demostrando su enciclopedismo. Y acaba por bulerías. Esas bulerías antiguas, para ser escuchadas y saboreadas. Para crispar por fin el ojo y dejar resbalar esa lagrimita que pide paso desde la petenera o desde los primeros arpegios de Juan Ramón Caro a la guitarra dándole paso a una de las voces imprescindibles en el ahora flamenco.

El baile despunta en Motril

El baile despunta en Motril Granada Flamenco

El jueves, con menos aforo del esperado, se presentó en Motril uno de los bailaores jóvenes que más tienen qué decir en la danza flamenca actual. Mientras el cante se ancora en la ortodoxia y la guitarra es inalcanzable, desde que Paco de Lucía dio el pistoletazo de salida, el baile flamenco comienza a ubicarse, a encontrar un nuevo lenguaje, a universalizarse. Comienza este siglo con una docena de bailaoras y bailaores imprescindibles para escuchar el latido del flamenco actual.

Hay nombres y caras, cuerpos y coreografías tan impresionantes que, sin temor a confundirme, pienso, no sólo que el baile flamenco está atravesando el mejor momento de su historia, sino que pasa a ser hoy por hoy la pata más importante de ese trébede con que se sostiene todo este movimiento artístico. Hasta el momento, las grandes bailaoras y bailaores se podían contar con los dedos de una mano, y aún sobraban apéndices. Hogaño, nos faltarían dedos, incluso contando los de los pies, para hacer una somera relación de los grandes profesionales del taconeo en plena actividad.

Daniel Navarro es uno de los personajes necesarios para la consecución de lo que acabo de afirmar. Así lo demostró en el Teatro Calderón de Motril el pasado jueves. Comenzó por jaleos extremeños, quizá por influencia del cantaor Guadiana que solía acompañarlo, y acabó por bulerías. También nos deslumbró con alegrías, muy aplaudidas, y con soleares. Es un bailaor muy completo, pero destacaríamos de él su técnica, su juego de pies, el vértigo de su taconeo, y su extrema elegancia. Así como el hipnotismo solapado en sus silencios y requiebros. No abandona, no obstante, la mirada al pasado. Su puesta en escena es compartida. Introduce al público en sus sentimientos, los mete en escena, los envuelve con una controlada epilepsia que no se debilita hasta que el cuadro acaba la pieza. Unos acompañantes que le van a la zaga, que no les hacían falta los micrófonos para hacerse oír, para rellenar el espacio con sus voces y su compás.

* FOTO: Daniel Navarro (© Gabi Pape)

Programa flamenco

Programa flamenco

Próximamente tenemos algunas citas flamencas:

Mañana, sábado 28, en Huétor Tájar, se celebra el III Festival Flamenco Joven, con la actuación histórica de Marina Heredia y Mayte Martín. Será en la Casa de la Cultura del municipio, a las 21'00 horas.

Este mismo día, en la Peña La Parra de Huétor Vega tendrá lugar un recital de cante a cargo de José de la Tomasa. A la guitarra Paco Cortés (22'30 horas). Y, en La Platería, el baile de raíz sacromontana de Angustillas "La Mona".

El martes, 1 de mayo, en el Teatro Municipal de Armilla veremos a Fuensanta "La Moneta", la bailaora de mayor proyección del panorama actual granadino (20'00 horas). Le acompaña David Carmona, Miguel Iglesias, Miguel Lavis, Antonio Campos y José Valencia, quizá el mejor cantaor de atrás del momento.

El jueves, 3 de mayo (el Día de la Cruz), en Otivar (buena morcilla), disfrutaremos de uno de los cantaores mencionados anteriormente, Antonio Campos, cantando alante, arropado por, el también mencionado, David Carmona.

El viernes, 4 de mayo, en Montejícar (buenos embutidos), encontraremos un Concierto Flamenco Didáctico en la Cooperativa de Aceites (21:00 h.) a cargo de Octupussy Teatro, Paco Lara, Inmaculada Pérez “La Bruja” e Inma Román.

El sábado, por si no hemos quedado satisfechos, otra vez el dúo Campos-Carmona actuarán en La Platería.

* FOTO: La Moneta (©  flamenco-world.com)

Fiesta gitana en Pinos Puente

Fiesta gitana en Pinos Puente

Granada Flamenco

Noche de fiesta en Pinos Puente. Noche gitana. Dos de los grandes cantaores jerezanos, Fernando de la Morena y Luis “El Zambo”, junto al artista local Juan Ángel Tirado, protagonizaron una velada de compás, un recital de flamenco añejo y con sabor. Juan Ángel, uno de nuestros grandes representantes en el cante de atrás, que alante está demostrando que tiene también mucho que decir, fue el encargado de abrir el recital. Pecó de un exceso de orquestación, quizá por inseguridad, quizá por emparejar su presencia a los dos monstruos que le venían a la zaga. Tirado, se hizo acompañar por la guitarra ejemplar de Emilio Maya y de dos palmeros, hasta ahí bien, pero también venía un cajón, una travesera y un bajo eléctrico, lo que le hizo forzar la voz en demasía y que sus propuestas se fundieran con el soniquete de la banda. De esta guisa nos mostró soleá por bulerías, tangos, seguiriyas y bulerías. Como regalo, para finalizar, se desnudó de ése innecesario camuflaje, y tan sólo con la sonanta, cantó por derecho unos fandangos naturales en la boca del escenario.

Los artistas jerezanos, en cambio, con la parquedad de una guitarra, con la limpieza y el oficio de Antonio Higuero, impusieron su cátedra sin discusión en el “Martín Recuerda” de Pinos Puente. Luis “El Zambo”, representante de una de las familias míticas de Jerez, se templó con una soleá por bulerías, tal vez demasiado larga. Es posible que algunos artistas alarguen ciertos palos que bien dominan, pues su repertorio es limitado. Por tarantas, su mejor entrega, fue grande y preciso. Continuó con seguiriyas y fandangos y terminó por bulerías, la estrella de la corona, pero, como él reconoció entre bambalinas al final del concierto, le hubieran hecho falta dos o tres palmeros que le hubieran hecho compás para que la fiesta no quedara sosa.

Fernando de la Morena, participante en “Flamenco”, la película de Carlos Saura, con tres bulerías históricas, fue el encargado de cerrar la noche. Su sola presencia rellenaba el escenario. Con gracia y conocimiento, comenzó con una soleá y unos “fandanguitos”. Su enorme capacidad sonora y la modulación en su fraseo le han encumbrado al panteón de los grandes. Apuntó seguidamente unas seguiriyas y terminó con la marca de la casa, un par de bulerías, una de ellas a petición del público.

* FOTO: Fernando de la Morena en el Festival de Cante de las Minas de la Unión 2005 (© José Albadalejo)

El conocimiento y la raza en Alfacar

El conocimiento y la raza en Alfacar

Granada Flamenco

La sabiduría la puso Juan Pinilla; la savia Morenito de Íllora. Uno payo, el otro gitano. Fue una noche de color, una noche de contraste, en la que no queda más que hacer una comparativa sin ningún deseo de rozar el agravio. Juan actuó en primer lugar. Comenzó frío y algo desorientado, quizá por la escasez de público, cien personas escasas. Morenito salió al trapo bien templado y a tono con unas malagueñas y abandolaos. Pinilla fue largo y novedoso en su entrega. Más que correcto en sus tercios y el fraseo dulce y armónico. Su grito bien modulado. El de Íllora más previsible y ajustado en su repertorio. Cante de raíz, con queja y pellizco. Su grito ingobernable, sólo se desborda. Las dos guitarras de excepción. Luis Mariano, preciso y afinado, arropa a Juan. El prodigioso David Carmona acompaña a su tío Guillermo Campos “Morenito”.

El primero comenzó por granaínas y dejó buena muestra de cantiñas de nivel. Siguió por malagueñas de la Trini abandolándolas con fandangos de Frasquito. Con el garrotín ya estaba en su salsa, que remató con los bellos tangos del Piyayo y salpicó de farruca. Para terminar hizo fandangos de Huelva y naturales. Se despidió valiente con una temporera muy aplaudida.

Morenito, después de las malagueñas, con “El paño moruno” de Manuel de Falla comenzó una soleá llena de jondura. Los fandangos fueron puro dolor y sentimiento. Y para la bulería le faltó compás. Quiero decir, se notó la ausencia de palmeros que dieran color a la fiesta. Como agradable sorpresa, estas bulerías se extendieron al término de la velada con parte de su familia colaborando. Su hijo cantaba, su mujer y él acompañaban a las palmas, David tocaba la guitarra y el pequeño Miguel, de unos cuatro años, mientras se comía las uñas, dio una pataíta por bulerías.

Una mirada al pasado cargada de futuro

Una mirada al pasado cargada de futuro

Flamenco viene del sur

“Retrospectiva” es un paseo por el tiempo con el que Gerardo Núñez se remonta a su infancia en las calles y barrios de Jerez, donde comenzaron sus devaneos con la guitarra de la mano de su primer maestro, Rafael del Águila, y donde, con sólo 14 años acompañaba a cantaores de la talla de Terremoto, La Paquera o Tío Borrico, que canta en la pantalla en algún momento de la actuación mientras Núñez en vivo le toca la sonanta. Desde esos comienzos, su música, y algunas instantáneas proyectadas en el fondo del escenario, nos irán mostrando los diferentes momentos de su vida y “recoger algunos retazos que me fui dejando por el camino”, según palabras del guitarrista.

Gerardo Núñez aparece desde un lateral del patio de butacas tañendo su guitarra, que se va imponiendo poco a poco entre tinieblas confusas y murmullos agotados, hasta sentarse a pie de escenario como quien se deja caer en un banco del parque. Mientras, se comienzan a proyectar diapositivas de su infancia en Jerez y de sus maestros. Esta evocación del pasado se completa con un grupo de niños del barrio de Santiago que juegan a saltar la comba, pero también juegan a tocar la guitarra y a bailar y a hacerle compás a los que tocan y bailan. A este aprendizaje casi sin quererlo, le sucede una adolescencia más precisa reflejada en la guitarra de Javier Conde interpretando “Donde duerme la luna”, del álbum “El Gallo Azul”, y continúa con “Cañaveral”, de “Andando el tiempo”, al que le acompaña uno de los chiquillos, dando a entender que tanto se aprende como se enseña.

El grupo al completo aparece en la siguiente entrega, “Templo del Lucero”, también de “Andando el tiempo”, donde la guitarra de Gerardo Núñez se impone íntegra, creando un mundo de sensaciones digitales, un vértigo preciso, una musicalidad y un ritmo virtuosos. Su incursión en el mundo del jazz hace improvisar sobre una base, recrear lo creado, imbricarse sobre sí mismo y sobre los demás. Prueba de ello la tenemos en el contrapunto del saxo de Perico Sambeat o en la cadencia del contrabajo de Pablo Martín y rematando con los sonidos negros del cajón de “Cepillo”.

Gerardo abandona la ortodoxia, el “cuarto de cabales”, y flirtea con otras culturas, enriquece otras músicas a la par que enriquece el flamenco. Con “Trafalgar”, del álbum “Jucal” rozamos el límite. En sus notas se aprecian seguiriyas, con tintes de rondeña y pellizcos de granaína. Los sabrosos arpegios de la guitarra se ven reforzados por el contrabajo que remeda a los barcos y a las gaviotas de la Bahía de Cádiz. A éstos, poco a poco, se le van sumando el resto del sexteto. Carmen Cortés, de solapada palmera, se alza y baila con magisterio y poderío unas bulerías por soleá. Punto de inflexión, donde el flamenco se salpica con soplos jazzísticos, y no al revés. Desemboca finalmente en calma definitiva, en el eco y el dolor de Jesús Méndez que borda una toná. Su metal gaditano continuará cantándole la “Soleá, un son eterno” a la bailaora barcelonesa. Para terminar, todos en escena, incluidos los niños que forman “Soniquete”, hacen “De regreso”, las imprescindibles bulerías jerezanas que, tanto para Núñez como para todos los asistentes, deben suponer la huella de un pasado en un presente que mira al futuro.

* FOTO: Gerardo Núñez con Tío Borrico (no tengo más datos)

Baza se estremece con Marina

Baza se estremece con Marina

Granada Flamenco

Puede haber mejor artista, pero mejor comienzo para un festival de flamenco en la provincia de Granada con pretensión de futuro y tintes de evidente calidad, es difícil que se sucedan con este atino. Marina Heredia estuvo grandiosa. Parece que el foro reducido en un escenario casi anónimo le sienta bien. Baza puede que sea una ciudad con poca vocación flamenca. ¿No hay flamenco porque no se demanda o porque no se oferta? Más bien lo segundo, pues el público, las doscientas personas raspadas que acudieron a escuchar a la cantaora, la recibieron como agua de mayo, de abril en este caso. La respuesta fue positiva y cálida la acogida. Es normal que Marina, y su grupo, con quien forma una piña, yo diría que sobresaliente, se encontrara a gusto y derrochara ese eco tan flamenco que la caracteriza y el sublime grito que embelesa.

Con Bolita y Luis Mariano en la guitarra se unen dos sensibilidades que, aunque de origen y destinos distintos, se complementan a la perfección para lograr que encajen todas las piezas. Las alegrías con las que empieza, no sólo sirven para templarse y para medir a un público como digo entregado, sino que suponen una puerta abierta, una carta de presentación para todo lo que queda por venir. Los aplausos merecidamente siempre se prolongan. La soleá que canta la Heredia con sólo una guitarra comienza a estremecer. Es el punto de partida para un concierto que va a ir in crescendo hasta reventar por más de una costura. La malagueña sigue el mismo corte y se desborda en los fandangos de Frasquito. ¿Cuántas veces he dicho ya que Marina Heredia es la máxima exponente de los cantes de su tierra?

La “Balada del que nunca fue a Granada” es la primera entrega de su nuevo disco que, como es lógico, con algunas variaciones, está muy presente en esta velada. Son unas bulerías lentas, como las cantaban las de Utrera, muy sentidas, muy emocionadas. Por levante, ya sea cartagenera o taranto, Marina siempre seduce, por su duelo, por su remembranza. “La gran faena” un aplauso al toreo de Benítez Carrasco animan la función, que ya no decae. Los “Tangos de la Penca”, con su aire moruno, se han convertido en otra de sus señas de identidad que, en esta ocasión, remata por Morente. A un servidor el pelo se le erizó en más de una ocasión.

Termina el recital con otro guiño al toreo. Se trata del poema de José Bergamín “Illo y Romero”. Abandona el micrófono en este momento y remata la bulería a pie de escenario. Como bis lanzará “De antaño” el pregón entre tonás con que cierra el disco. Y, antes de irse, otro regalo, otro poquito por bulerías.

Una semana de flamenco

Una semana de flamenco

Desde el día 7 de abril hasta el 26 de mayo (durante veinte días), se presenta en Madrid la 2ª Edición del Festival Suma Flamenca, en diversos escenarios de la capital y quince municipios de la Comunidad. Este grandioso evento (puede que el más grande en cantidad y calidad de la Comunidad) estarán presentes Sara Baras, El Güito, Fuensanta la Moneta, Pitingo, Diego el Cigala (11 de mayo), Arcángel (12 de mayo), Son de la Frontera con Martirio (18), Trío Benavent, Pardo, di Geraldo (19) o Gerardo Núñez (20).

También, desde hoy 13, con Marina Heredia en Baza, se inaugura el Festival Granada Flamenco (ciclo de la Diputación), que durará hasta el 18 de mayo.

Aparte del concierto de Baza, hoy viernes, 13 (mala suerte para los anglosajones) tenemos un Concierto didáctico de Flamenco en Monachil (21,00 – gratuito); y la cantaora extremeña Esther Merino, acompañada por la guitarra del también extremeño Juan Manuel Moreno en la peña “El Ciego de la Playa” de Huércal de Almería

El sábado, 14, “Furia Maya” en el teatro Isabel la Católica; el Cuadro Flamenco “Estela” en la Chumbera (21,30 – 5 euros); desde Málaga, Antonia Contreras acompañada por el guitarrista Chaparro de Málaga actuará en la Peña La Parra Flamenca de Huétor Vega (22'30); y Juan Pinilla en La Platería (23,30)

Y, este mismo sábado, por si faltaban ofertas, en Vélez Benaudalla dentro del ciclo “Festival Granada Flamenco” podremos ver a Antonio Colorao y Sergio Colorao con las guitarras de José María Ortiz y Rubén Campos.

El lunes, 16, termina Flamenco Viene del Sur con “Retrospectiva” de Gerardo Núñez (Teatro José Tamayo 21,00).

Y cerramos la semana con la actuación abierta de flamenco jóven, el jueves 19, en La Platería (no sé aún la actuación en concreto); y el viernes 20 con Morenito de Íllora y Juan Pinilla en el teatro Villa de Alfacar (21,00) dentro del Festival de Granada de Flamenco.

* FOTO: cuadro de los Coloraos (© Antonia Ortega)

Entre dos aguas

Entre dos aguas

XVIII Jornadas de Música Contemporánea de Granada

 

Después de pasadas las tres cuartas partes del concierto de música contemporánea del cuarteto de cuerda Diotima, apareció Arcángel en el escenario para colaborar en la cuarta y última pieza del recital. Para un servidor, crítico habitual de flamenco, encontrarse en un espectáculo de estas características, simplemente le sobrepasaba. Sería pretencioso por mi parte ofrecer una meridiana valoración de la velada del martes. Sin embargo podría apuntar algunas apreciaciones que obtuve de una música tan experimental como sugerente y, algo más preciso, comentaré la aportación del cante flamenco en tales obras.

El Cuarteto Diotima está formado por Naaman Sluchin, Yun-Peng Zhao, Franck Chevalier y Pierre Morlet que tocan respectivamente dos violines, una viola y un violonchelo. Las piezas que interpretaron fueron “Terres rouges” de la compositora japonesa Misado Mochizuki, que fue un estreno en España, “Grido” del alemán Helmut Lachenmann, “Landscape I” del también japonés Toshio Hosokawa y “Audéeis” (“Dotado con voz humana”) del madrileño Mauricio Sotelo. A este compositor ya lo pudimos ver en el crucero del Hospital Real en el Festival de Música y Danza de 2005, proponiéndonos los “Sonetos del amor oscuro: Cripta sonora para Luigi Nono” donde insertaba dos voces flamencas, Arcángel y Poveda. Es interesante el uso del cante jondo en su obra, de su frescura y de su tradición, al servicio de la obra final. Es decir, el cuarteto se conforma en quinteto haciendo de la voz flamenca un instrumento más. El cante a la sombra de la viola y de los violines, pero también el cuarteto bajo el prisma del flamenco. La riqueza sonora, el timbre de voz y el grito moderado de Arcángel se funden en los compases de las cuerdas creando una bella dependencia. Ni es flamenco ni es música de cámara. Es arte experimental y preciso, fruto de una larga maduración. La sincronía es perfecta. La improvisación, tan necesaria en el flamenco, aquí es cero. Todo está pentagramado y medido.

Mauricio, en este sentido, ha trabajado también con Enrique Morente, Carmen Linares, Esperanza Fernández, Marina Heredia y Eva Durán, todas voces selectivas, todos ecos seleccionados para lograr el fin pretendido, lo que Sotelo llama “micro-calidades del sonido”. Así se entretejen las tonás, las bulerías (que el mismo Arcángel acompaña con el cajón) y las seguiriyas que son ampliamente reconocibles, quizá con un tempo más pausado, entre los momentos estables e inestables de la exposición musical. Sin embargo, el silencio no existe. Los silencios se resuelven con el gemido leve y prolongado del arco sobre las cuerdas.

Muchos han usado genéricamente la música clásica para arropar el flamenco. Sotelo se sirve del flamenco para enriquecer sus propuestas musicales, haciendo de ello una seña de identidad, colaborando así a la universalidad de nuestro arte.