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Algunas cosas y demás verdades

El agua en la cocina andalusí

El agua en la cocina andalusí

El agua o las aguas eran, y son, indispensables para la vida, para calmar la sed y para elaborar las más variadas comidas de olla y cazuela. Es la esencia de los cultivos, con sus sistemas de irrigación, de norias y acequias. Y, si recordamos, fue de los señuelos que indujo a los árabes a atravesar el Estrecho.

Ibn-Bassal, en su Libro de Agricultura (siglo XI), estudia las diferentes clases o naturalezas de las aguas y la influencia que ejercen en las plantas.

Bassal distingue el agua de lluvia, la de los ríos y la de las fuentes y pozos (división que nos acerca a concepciones orientales a la hora de elaborar el té). "La más beneficiosa para las plantas es la de lluvia, por no dejar residuo salino alguno y por ser de complexión templada y húmeda. La de los ríos tiene una complexión más seca y áspera. Por último, la de las fuentes y pozos es pesada y terrana".

En al-Andalus, y concretamente en Granada, siempre ha habido buena agua fresca venida directamente de Sierra Nevada. La Acequia Gorda o la de Aynadamar y muchas otras canalizaciones y cursos de agua, que abastecen actualmente a la ciudad y su provincia, datan de aquellos tiempos. Así, cualquier participación de este elemento en la cocina, aseguraba su éxito.

El agua para beber era elemental, tan apreciada como la leche. La tomaban sola o perfumada con hojas de naranjo o rosa. Servía para amasar el pan, para rebajar la limonada y el vino y era imprescindible para preparar el té, elemento indispensable de la hospitalidad musulmana.

* Del libro "Herencia de la cocina andalusí", publicado por la Fundación Al Andalus en 2001 y escrito con el cocinero José Luis Vázquez, que 20 recetas originales de inspiración andalusí.

** FOTO: noria árabe en Cabo de Gata

Señora soledad

Señora soledad

Hace tiempo, en septiembre de 2001, me pedía Jesús un texto sobre la soledad para no sé qué presentación. Así que, a vuelapluma, cogí el papel e imaginé una pequeña escena que aquí reproduzco.

Un hombre se sienta en la cafetería un domingo a media mañana, mira el periódico y pide un café solo. Conoce el precio y paga por adelantado. Cuando termina, se asoma al abismo de la taza, donde unos granos de azúcar, que han quedado sin disolver, difícilmente se abren hueco entre los posos amargos de Colombia.

Dobla el diario, que nadie más leerá, y se lo coloca bajo el brazo. Sin volver la cabeza, abandona la cafetería. Entra en la calle, que está repleta luz, y comienza a caminar.

El bullicio de gente que pasa frente a él, en una soleada mañana de domingo, lo desconcierta. Cierra los ojos. Los vuelve a abrir. Mira, pero no ve a nadie. El hombre está solo. [Rodeado de gente, pero solo.]

El camino recuerda que de su brazo anduvo alguien. El hombre rememora quien le besaba los labios. Sus ojos recuerdan que vieron colores. Sus manos buscan en vano el filo de la nostalgia.

La soledad camina descalza. Se acuesta con los pies fríos. Tiene sed. La soledad nunca está satisfecha.

La soledad empieza por una ese siseante y termina por una esbelta de. Se agarra a la garganta, te anuda el pecho, te desgrana el corazón, te acorrala lentamente, hace añicos tu voluntad. El corazón es muy grande, más si está vacío, si tiene eco.

Hay soledades, sin embargo, que son elegidas, desiertos de luz, bellos silencios. "Los pájaros solitarios, como decía san Agustín, siempre se posan en la rama más alta".

* Texto remitido por correo ordinario a Jesús Herrera el 14 de septiembre de 2001.

Bienvenido a la cuarentena, su Majestad

Bienvenido a la cuarentena, su Majestad

Ayer, 30 de enero, cumplió el príncipe Felipe, futuro Rey de España, cuarenta años.

La cuarentena es una década especial, en la que has aprendido a fuerza de cachiporrazos. Entras en ese conformismo feliz de los altibajos, en el que piensas que todo es como es, las cosas están bien o están mal, pero están ahí, rodeándote, quieras o no quieras. Es un momento gozoso en que has encontrado tu sitio o lo que has hallado es que tu sitio no se encuentra.

A los cuarenta te resignas a que los sueños, sueños son, aunque la vida no sea un sueño, como preconizaba Calderón, como mucho el sueño que sueña el hombre borgiano que a su vez es soñado.

A los cuarenta eres previsor, coges un paraguas cuando llueve y caminas bajo las marquesinas cuando el sol calienta. A los cuarenta eres mortal, como cualquier hombre que camina detrás de sus narices (Shaquespeare), pegado a sus narices (Quevedo).

Entre los griegos no se alcanzaba la edad madura, llamada el acme, hasta cumplir los cuarenta años.

A los cuarenta tienes una visión práctica de la vida. Tu cabeza se asienta. Podrás llamarte hijo de Kipling. O puede que no se asiente nunca. ¿Un bala perdida? ¿Complejo de Peter Pan?

Con suerte, atraviesas la mitad de tu vida, la mitad de tu esperanza de vida, que es mucho decir. Quiere decir nada menos que te queda todo lo que has vivido para volver a vivirlo. Distinto, claro. Pero cuarenta años son muchos.

No tienes tanta energía, pero sabes más (o no tienes remedio). No tienes más ganas, pero sí más posibles (o no tienes remedio). No te enamoras varias veces al día, pero has encontrado un equilibrio emocional (o no tienes remedio).

Quien llega a los cuarenta se pone triste. Mira hacia atrás y se pone triste. Se mira al espejo y se pone triste. Se mira los michelines y se pone triste. Se mira el bolsillo y se pone triste...

Hasta los príncipes cumplen años. "Los ricos también lloran".

Ahora que don Felipe sufre la cuarentena (dicho así parece el aislamiento obligado por sospecha de epidemia), no tengo nada más que apenarme por él:

A los cuarenta y no sabe lo que es pasar la revisión del paro, no conoce un trabajo precario, y el desempleo mucho menos. No sabe, ni sabrá nunca, lo que es apretarse el cinturón, no llegar a fin de mes. No conocerá la sumisión a un superior déspota, a un jefe abusador al que, encima, hay que reírle las gracias. Nunca sabrá lo que es echar horas extra o quedarse sin vacaciones.

No sabrá lo que es un pago a plazos o una hipoteca o pedir un préstamo. Nunca vivirá ahogado.

Felipe no se habrá comido una hamburguesa o un trozo de pizza, o habrá invitado a Letizia a comer en un chino porque no se puede permitir entrar en un restaurante. Y, en los cacharritos, su hija no se habrá quedado con las ganas, pues hay dinero tan sólo para columpiarse dos vueltas.

Y nunca se planteó el hijo único o la vasectomía por la precariedad de la vida, pues sus descendientes vendrán con un pan debajo del brazo y un apellido real, un puesto en la sucesión, una gran herencia. Tendrán una vida regalada sin agujeros en los bolsillos.

Bienvenido a la cuarentena, su Majestad, porque mía no lo es.

El ombligo de las sirenas

El ombligo de las sirenas

No encuentro documentación alguna de si las sirenas se reproducen (quiero decir si paren, si son madres, si tienen hijas -sirenitas- o ¿hijos?) y, si fuera así, cómo nacen y van medrando hasta convertirse en el más deseable de los antropomorfos.

Conocemos, sin darle mucho margen a la duda, que las sirenas tienen descendencia, pero no sabemos su manera de engendrar. Sin embargo, la sirena tiene siempre el mismo aspecto de doncella. Ya puedan tener doscientos años o más (Andersen, entre otros, aseguraba que la sirena podía vivir trescientos años), su apariencia física es siempre la misma, a saber, una joven sumamente bella con el pelo largo, de color dorado, azul o turquesa, que nos dispensa una larga sonrisa.

El cantar de Roldán cuenta que éste preñó a una sirena del mar de confusa procedencia, pues la obra no especifica dónde la conoció. Como tampoco nos dice cómo se aparearon ni como el señor de la marca de Bretaña, amigo de Carlomagno, se las ingenió para tal menester.

El caso es que a los nueve meses, la sirena, en una playa de Arosa, parió a un hijo llamado 'Palatinus', por ser su padre el paladín Roldán, según declaraciones de la misma sirena.

Recogido el niño, nos cuenta Cunqueiro, por corrupción de Palatinus, se dijo en lengua de Galicia Paadin [o Padin], y de él, por matrimonio con un infante del país, desciende todos los que llevan ese apellido en Galicia, y además los Mariño de Lobeira y los Goyanes.

De esta manera, en el extremo noroccidental de la península se encuentran bastantes descendientes de sirena. El mismo Cunqueiro es desciende de los Mariño de Lobeira por parte de padre y, por ende, de sirena.

Recapacitando, podemos atribuirle a la sirena la condición de mamífero, en cuanto tiene mamas, lo cual es taxativo, y se mantiene embarazada, según el 'Cantar', el mismo periodo de tiempo que corresponde a nuestra especie.

Me atrevo a afirmar, según lo comentado, que la fantástica creación participa más de su condición humana que de su mitad de pez. Quizá sus órganos más elementales: toda la cabeza, presumimos, que con cerebro incluido; los brazos y los hombros; los pechos y el ombligo, suponiendo que lo tenga; el corazón y los pulmones; el vientre, los riñones y las vísceras; y la columna, si no es una raspa.

Las dudas, así pues, continúan. Por fuera son doncellas, pero por dentro no sabemos. Parece que no tienen agallas, pero sí escamas en la cola y quizá más arriba. Y una gran aleta, como la fantasía sea capaz de crear.

Es hembra, de eso no hay duda. Aunque hay quien habla de sirenos o sirénidos y de tritones, amen de otros dioses marinos.

Si admitimos, como todo pretende demostrar, que las sirenas se reproducen, que nacen, crecen y mueren, al igual que cualquier ser vivo, es necesario encontrar su pareja, con quien se aparean normalmente, a no ser que broten sin ayuda del elemento espermático masculino a imagen de la espuma y la venera de Afrodita.

O que la sirena, como varias especies en el reino marino (el pez globo, por ejemplo), cambien de sexo en algún momento de su vida o, retorciendo algo más mi elucubración, que sean seres andróginos y autosuficientes para concebir.

En algunos cuentos galeses, escoceses o de la Isla de Man, aparecen sirenas que tienen trato carnal con los hombres en la tierra o simplemente los seducen y se los llevan al fondo del mar.

El padre Freijóo no creía en sirenas, nunca existieron, asegura, aunque sí tritones. En Ruán, Normandía, al contrario, se creía tanto en ellas que los canónigos quisieron cobrarles impuestos para contemplar el espectáculo de la quema pública de las brujas.

Cunqueiro, quien opina que las sirenas tienen cola de salmón, que es la más perfecta que existe, se pregunta si las sirenas tienen ombligo y él mismo trata de darse una respuesta aunque únicamente vale para aumentar la duda: “...la sirena carece de ombligo, y cómo engendra de humano y pare es un misterio”.

Análisis

Análisis

Hay quien va al médico para que le saque algo (alguna enfermedad, digo, que dolencia ya se encargará él mismo de ponerla), son los hipocondríacos. Hay quien no va al médico a ver si le saca algo, son los temerosos. Hay quien va al médico porque no tiene otra cosa qué hacer, son los temerarios. Hay quien va al médico en horario laboral, para saltarse horas en el trabajo justificadamente, son los buscavidas. Hay quien va al médico porque no tiene más remedio, son los más jodidos. Hay quien va al médico por si acaso, son los jugadores, los precavidos. Hay quien, ya que está en el médico, que le miren todo lo posible, son los ahorradores.

Quien maneja mi barca me dijo: "ya que vas al médico, que te hagan unos análisis".

Al término de las Navidades, aquejado de fuertes dolores de estómago y malestar general, tuve que acudir al Centro de salud, por lo que yo achacaba a una empachera supina.

Resultó ser un virus (los médicos llaman virus a cualquier cosa de origen incierto). Un protector de estómago y unas Buscapinas me solucionaron el problema en una semana.

Una semana que estuve pensando en los resultados de los análisis (de sangre y de orina) que me tuve que hacer, of course. Qué me dirían. Que debo beber más agua y menos alcohol, que debo comer menos, nada de fritos, nada de grasa, que no me den morcilla, que fuera el tabaco, si yo no fumo, doctor, pues déjelo de todos modos.

Ayer me dieron los resultados, y casi me ofenden los buenos resultados. No tengo nada. Cómo que nada. Que está usted sano. Nada de nada. Vamos, doctor. Que si quiere siga con el protector gástrico, pero ya está. Bueno, hasta la Navidad que viene.

Rosemarinus officinalis

Rosemarinus officinalis

Resulta que los estores de los ventanales de la cocina de mi casa, haciendo juego con el mantelito de la mesa del desayuno, están estampados con dibujos de plantas aromáticas y medicinales. Resulta que algunas de esas plantas tienen su nombre en latín en su base. Y resulta que siempre me fijo en ellos (cómo no mirarlos entre sorbo y sorbo de café). Pero, como son latines muy rebuscados y forman parte de la tela, no les hago mucho caso, como quien mira la espetera de útiles que apenas se utilizan (acaso para limpiarlos de vez en vez).

Pues llevo un tiempo fijándome con más detalle por si alguna de estas muestras de la floresta campestre soy capaz de identificarla. Y, efectivamente, algunas plantas me son familiares, por ejemplo el romero. Miro su nombre científico: rosemarinus officinalis. Lo vuelvo a mirar. Lo intento memorizar. Empleo algún método pnemotécnico (rosa-marino-oficina...). Hasta que me lo aprendo.

Ahora qué. Otro dato, probablemente inútil, que ocupa mi mente. Hasta que se me olvide.

Ya sé. Escribiré un post con ese título (aquí lo tenéis).

Diré no obstante algo más. Mi curiosidad va más allá. Miro el "Dioscórides renovado", que para eso lo tengo, un extraordinario tratado de botánica, y advierto:

1º Que conservo intacta una hermosa hoja de cannabis sativa (marihuana) precisamente entre las páginas que hablan de ella.

2º Que el nombre correcto del romero es rosmarinus officinalis.

3º Que el nombre se cree formado por ros (rocío) y marinus (marino), porque siendo el romero una planta mediterránea, que no suele alejarse mucho de las costas, su nombre, rosmarinus, venía a expresar esa característica.

4º Pero actualmente, los entendidos se inclinan a favor de otra explicación: ros, viene del griego 'rhops' y significa arbusto, y marinus, de 'myrinus', es decir, aroma.

5º Que es estimulante, antiespasmódico y ligeramente diurético. Los herbolarios levantinos lo recomiendan para "rebajar la sangre". Al exterior se emplea para combatir los dolores articulares, así como para tonificar el cuerpo fatigado por trabajos violentos o por haber andado mucho.

Así que ¡a tomar infusiones de romero!

Propaganda otoñal

Propaganda otoñal

Una de las imágenes definitorias de la soledad, el desamparo y el abandono en el antiguo Oeste son esas grandes bolas vegetales rodando, por el polvo que las acompaña, a merced del viento y los postigos de las ventanas descontroladas golpeando sobre sus marcos desencajados.

La calle en la que se ubica mi casa (número 13) se parece a esos paisajes desérticos de las películas cuando el viento sopla.

El otoño ha acabado. Los árboles no tienen hojas ya con qué alfombrar el piso. Pero los folletos de propaganda (sin cosido de ningún tipo) siguen cayendo por fuera de los buzones, en las escaleras o en el puro suelo.

Basta un poquito de brisa, un empujoncito fresco, para que se liberen y corran libremente, asemejándose a esas plantas rodantes (tumbleweed), a esas bolas de paja que tanto tienen que ver con el descuido.

Toda la calle se empapela multicolor. Su limpieza es un poco inútil, porque al día siguiente vuelve a llover propaganda, ofertas imprescindibles (no sé cómo hemos estado media vida prescindiendo de ese aparato que, además de asequible, se puede pagar a plazos, para empezar su desembolso dentro de dos meses).

Ahora, cuando llueve, mi barrio es peor. Recuerda el taller de papel maché después de un largo día de infructuoso trabajo.

Silencio

Silencio

Después de este largo silencio obligado, y antes de configurar totalmente mi nuevo equipo, he decidido introducir un pequeño post de bienvenida (de mi bienvenida, porque vosotros habréis estado al pie del cañón en todo este tiempo).

Quiero desearos, con el lógico retraso de quien vuelve al mundo, un inmejorable año nuevo. Al menos mejor que el que dejamos (aunque eso no es difícil).

Mi blog ha cambiado de aspecto un poquito, con la intención de comenzar a renovarme.

Por mi parte sigo con mis historias: mi niño, mi casa, el flamenco, el mundo que me rodea, el único que existe, el que me ha tocado vivir.

Y sigo con mi idea del slow. Saborear lentamente el mundo, los momentos. No intentar vivir cada minuto, sino que cada minuto que vivamos sea auténtico. Hoy comenzamos a contemplar la vida y mañana ya veremos.

Vindico la lentitud a la rapidez, la discreción a la estridencia, la quietud al movimiento, el silencio al ruido.

Shakespeare decía: prefiero ser rey de mis silencios que no esclavo de mis palabras.

Un proverbio árabe reza: si lo que vas a decir es más bello que el silencio, dilo.

IMAGEN: Leonarda (© Nono Guirado)

Paro informático

Hoy, viernes lluvioso, y sin que sirva de precedente, robo unos minutos al trabajo para anunciar que, por problemas informáticos, me veo obligado a echar la persiana a este blog durante unos días.

Son unas vacaciones obligadas, un paro informático, que, en contra del paro biológico, nada se retroalimenta, nada se recupera. Al contrario, dejaré varias ideas que mueran en mi olvido inmediato.

Quedan más cosas en el tintero que palabras vertidas.

Invertiré en esta Navidad en un nuevo equipo (aunque la pereza de ponerlo a punto es grande), esperando que para fin de año pueda aportar algunos deseos y buenas proposiciones para los nuevos días que comienzan.

Para gozar tu luz

Para gozar tu luz

Anoche estuve en La Tertulia, uno de los rincones culturales de Granada. Hacía años que no iba. En los 80 y los 90 era asiduo. Además, alguno de mis mejores amigos trabajó allí.

Siempre encontrabas a alguien. La noche en La Tertulia podía ser mágica.

Allí se han fraguado las obras de muchos de los poetas, de los artistas en general que hay en mi tierra.

Aprecio a su dueño Tato a pesar de todo. Me aprecia él a mí a pesar de todo. Nos respetamos y nos alegra encontrarnos.

Pero no quiero hablar de La Tertulia y su paisanaje (del cual escribí una fábula en su tiempo que puede que la refleje en este blog en algún momento). Tan sólo me voy a referir a su servicio, su aseo, su excusado...

Alguien (no sé yo quién es ni nadie lo sabe) escribió en la puerta del wc de la derecha un impresionante poema que ha superado con buena salud el paso de los años y las reformas del local.

Estas puertas se saneaban y se pintaban completamente menos el recuadrito que contenía el poema.

Ahora, con desilusión, comprobé que estas puertas se ha forrado íntegramente de corcho, ocultando uno de los callados distintivos de este local.

Sobre el corcho se ha reproducido el poema que ya está algo deteriorado. Mi desilusión fue grande. Sólo me consuela saber que debajo de la cubierta de alcornoque deben mantenerse impolutos los versos originales de puño y letra de ese autor anónimo, que en futuras y sabias reformas volverán a ver la luz.

Generaciones de usuarios tertulianos, no sólo habrán leído esa poesía, sino como yo se la sabrán de memoria.

Para gozar tu luz he dado muerte a la luz de mis ojos,

he parido aguijones como toros ansiosos,

he descendido al pozo de la oscura luna,

para gozar tu luz.

No tengo prisa

No tengo prisa

Quien me conoce sabe que soy lento. Soy tardo en todo menos en mi pensar, que no siempre lo alcanzo. Sé que todo llega (o no): Es decir, todo lo que tiene que llegar llegará, todo lo que tiene que ser será.

No es abandonarse a un destino predefinido, sino ajustarse al devenir de la vida, dejar que la historia marque los surcos, dejar que el viento, el sol y el agua, embellezcan las arrugas. Saborear los momentos. Sorber cada rayo de sol, cada gota de lluvia, cada mota de noche.

No hay mayor tontería que morirse pronto por haber aprovechado la vida.

Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar... escribía el poeta. No forcemos la máquina. Que cada paso justifique el anterior y apoye al siguiente. Seamos más felices con nuestras huellas que ya se han grabado en la arena que al vislumbrar la meta que nos espera.

Sabemos desde hace tiempo que el norte no es un punto sino una dirección. Avancemos pues sin anteojeras y tumbémonos en la hierba de vez en cuando, al pie de un sicomoro. Vindiquemos la vida contemplativa. Se contaba de un vago que madrugaba para estar más tiempo sin hacer nada.

Hay suficiente metafísica en no pensar en nada, decía Caeiro.

No digo que perdamos el tiempo (que puede rozar el pecado), sino saborear el tiempo que es nuestro; parar la maquinaria; hacer huelga de brazos caídos; y contemplar las formas de las olas y las nubes. No hablar, no ver la tele, por supuesto, ni siquiera leer, sólo mirar por la ventanilla al paisaje que pasa y, cuando lleguemos a la última estación, comprar el billete de vuelta. Es como ponerse un día a fruta.

Un error común son las necesidades ficticias. La pirámide de Maslow se ensancha en nuestro primer mundo y sigue engordando a medida que cumplimos años, a medida que nuestro poder adquisitivo aumenta. Ya no trabajamos para vivir, vivimos para trabajar. Porque una cosa es nivel de vida y otra calidad de vida y otra intensidad de vida y otra autenticidad de vida.

Contar hasta diez

Contar hasta diez

La propuesta que voy a hacer es como poco una aventura. Es un atrevimiento porque, convencido de su buena energía, no sé si yo mismo seré capaz de emprender ese camino. Además, hacerlo extensivo a un limitado número de internautas que me visitan (muchos de ellos por error), se me presenta inane y sin fuerza alguna.

De todos modos, voy a ello. Alejo Carpentier dijo en El siglo de las luces: "la revolución no se piensa, se hace". Así voy a lanzar un reto que puede parecer un paso atrás, la eyaculación interrumpida que siempre nos deja un sabor agridulce. No pretendo convencer, tal vez, quizá unicamente, ordenar algunas ideas, una intuición sauróctona que tengo desde siempre.

Todo se reduce simplemente a frenar la vida. Ser consciente de los días, con sus horas y sus minutos. Ralentizar nuestros pasos, nuestros movimientos y aun nuestros latidos. Quizá los reptiles vivan tanto por su parsimonioso respirar.

Una de las más bellas baladas del rock español es La noche en que la luna salió tarde, de 0'91. Comienza diciendo: "Me tumbé en el suelo sólo para oír crecer la hierba". Es un pensamiento budista. Puro zen. Es donde quiero ir a parar. Lü Yen decía a sus seguidores: "Si piensas en el pasado, tu yo antiguo no morirá. Si piensas en el futuro, el camino parece largo y difícil de recorrer".

Mi primo, Enrique Ortiz, publicó un libro de poesía intitulado Descubrimiento de la lentitud. Siempre me ha gustado, siempre lo he hecho mío.

Ahora, por lo visto, hay un movimiento social, nacido en Estados Unidos, que predican el "slow" (lento). Pararse, pasear, no hacer nada, huir de la prisa, del estrés, de la ansiedad, el infarto.

María, acostumbrada al ritmo de Madrid, me decía que Granada era una ciudad lenta. Puede que sí. Estamos más cerca del trópico. Estamos al lado de África. Allí el concepto del tiempo es distinto, relativo, se dilata hasta límites insoportables. Kapuscinski, imprescindible viajero, comentaba en Ébano que se pasó un día subido en un autobús en Etiopía, creo recordar, sin que éste arrancara, cuando le preguntó al conductor que cuándo partiría, le dijo sin ningún complejo que cuando estuviera lleno.

Es difícil en nuestra época. Es difícil con el ritmo de las ciudades, con el costo de la vida, con las ofertas continuas, con los trenes que pasan... Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente, se dice por estas tierras. Habría que preguntarse si no es mejor dejarse arrastrar, contar hasta diez, darle más protagonismo al azar, tirar los dados, ya que Dios no juega.

Durmiendo con su enemigo

Durmiendo con su enemigo

Fernando Pessoa escribía a principios de siglo (¿1912?): Senhor, protegeme e amparame. Dáme que eu me sinta teu. Senhor, livrame de mim.

Tengo una amiga que duerme con una máscara de cuero porque se agrede mientras duerme. Amanecía con arañazos y marcas de uñas de su propia mano. Tuvo que hacerse con una máscara de cuero, tipo Hannibal Lecter, por recomendación psiquiátrica, me imagino.

Sin llegar a esos extremos, muchas veces somos nosotros mismos los que menos nos queremos. No nos cuidamos como deberíamos. Nos infravaloramos sin razón.

Una de las particularidades del éxito es estar en paz consigo mismo, ser consciente de nuestras posibilidades, estar orgullosos de nuestra persona.

Walt Whitman escribía en su eterno Hojas de hierba: "Estoy enamorado de mí, hay tantas cosas en mí que son tan deliciosas". Y Baudelaire sentenciaba: "Hay que ser sublime sin interrupción".

Es difícil, no obstante, querernos después de un revés, tras un fracaso, en la caída. Sobre todo si contemplamos la felicidad a nuestro alrededor, el éxito ajeno, la sonrisa permanente, participaciones de la perfección.

Pero, pensemos, quién nos va a querer si nosotros no nos queremos, quién será nuestro amigo si nosotros mismos somos nuestro enemigo.

Hay razones para la tristeza. Hay razones para la felicidad. Pero, nos guste o no, lo único cierto es que vamos a seguir conviviendo con nosotros el resto de nuestra vida.

(También está la cirugía estética).

(¿Y si probamos la cirugía espiritual y nos ahorramos el quirófano y una pasta importante para darnos un homenaje estas fiestas?).

Lo que cuenta el siete (y 5)

Lo que cuenta el siete (y 5)

Siete años, desde 1756 hasta 1763, duró el conflicto que enfrentó a Gran Bretaña y Francia por el dominio de los mares, las colonias norteamericanas no españolas y la India (la Guerra de los Siete Años).

El archipiélago canario está compuesto por siete islas principales: El Hierro, La Gomera, La Palma, Tenerife, Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote (más seis islotes, pertenecientes todos ellos a la provincia de Las Palmas, aunque esto no entra en esta historia).

En otro tiempo, cuando un hombre moría, era preciso velar su alma cuarenta y nueve días en siete periodos de siete días cada uno.

Cuando se sueña, según los tratados oníricos, este número vaticina victoria, éxito, verdad y justicia. Sin embargo, tradicionalmente, los países que manejaban el mundo eran Estados Unidos, Japón, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia (conocidos como el Grupo de los Siete -G7-), los más ricos, los más desarrollados, los más poderosos. A los que se les ha añadido un octavo, rompiendo esta cifra mística, como a los enanitos se les unió la nívea hijastra o a las Maravillas del Mundo se le suma una más.

Según cuenta Gao Xingjian en La Montaña del Alma Siete es un día fausto para los espíritus.

Matasiete es sinónimo de fanfarrón.

Cuando se guarda algo material o cualquier secreto bajo siete llaves, es que está bien guardado. Es prácticamente inexpugnable.

Dañar el espejo, por último (o para terminar de empezar), es hacer lo mismo con el alma, por eso, la superstición popular dicta, que la rotura de un espejo trae mala suerte durante siete años.

Por lo demás, el siete es un número convencional, un número de orden que sucede al seis y precede al ocho. El siete es arbitrario, aunque importante cuando siete es lo que te cuento.

Apostillas

Apostillas

Apostilla a la pobreza

El pobre es más pobre cuando a su alrededor todo es opulencia. El rico es menos rico cuando su poder adquisitivo no alcanza sus deseos.

Apostilla a la memoria

Olvido para beber.

Apostilla al amor

Sentirse querido embellece a las personas.

Apostilla al carpe diem

Hay que cuidar del presente para justificar el pasado en un futuro.

Apostilla metereólogica

A buena cara, malos tiempos.

Apostilla al vino

Decidí no dejar la bebida cuando fui consciente de que las mayores locuras las hacía estando cuerdo.

Apostilla a la soledad

Es mejor la soledad sin remedio que la compañía impuesta.

Apostilla a la muerte

Muchas veces el descanse en paz habría que dedicárselo al sobreviviente y no al difunto.

Apostilla a la felicidad

La felicidad no es una meta. Ni siquiera el camino, como sugiere Cavafis. La felicidad se encuentra en la manera de caminar.

Apostilla a la vida

La vida es una prostituta a la que pagas más de lo que te ofrece.

Dos respuestas

Dos respuestas

Hace tiempo que nos estamos tragando el tufo de la Navidad por los televisores, en los supermercados y grandes almacenes, por las calles y en algunas casas, que ya se comen mantecados y se cantan villancicos al pie de la vídeo consola, me confiesan.

El año se jalona por acontecimientos comerciales: Halloween, Navidad, Reyes, Día de los enamorados, Día del padre... El materialismo ha sustituido al calendario espiritual, generalmente religioso: Día de los Difuntos, el Pilar, la Inmaculada, Pascua, Carnestolendas, Cuaresma...

Cuando llegue la Navidad, ya estamos hartos. "Vuelve a casa por Navidad", que dura tres meses.

Ayer pusieron, sin ir más lejos (ni más cerca), una película "tierna" de corte navideño. Las primeras escenas las vio mi hijo, terminando de cenar, antes de irse a la cama. En ella salían árboles luminosos y adornos en todas las casas. En una de ellas, nos recibía la silueta de un angelito.

Juan, entendido ya en seres extraordinarios, preguntó al vuelo: ¿Por qué los ángeles tienen alas? Su madre, rápidamente, tomó el testigo y dijo: Para subir volando al cielo. Por esta vez el niño se quedó convencido y, como las escenas se seguían sucediendo, no le dio mayor importancia.

En ese momento recordé que esa misma pregunta me la hizo a mí no hace mucho, cuando hojeábamos un cuento. ¿Por qué los ángeles tienen alas? Yo, más surrealista, ambiguo o ácido que su madre, respondí: Porque algo tienen que tener. El niño se quedó algo extrañado, pero no le dio mayor importancia. Y continuamos leyendo el libro.

Qué importa el número

Qué importa el número

Hubo un tiempo que me divertía comparar las predicciones meteorológicas de las distintas cadenas televisivas, pues no siempre coincidían. En Canal Sur siempre llovía más que en Antena 3, en la Cinco siempre había claros y nubes y en la uno, también chubascos, cuando en la 3 escampaba.

Mucho menos anecdótico, por la seriedad del tema, es el número de víctimas por violencia machista.

Ayer me enteré del último asesinato en las islas. Lo oí en Canal Sur, la primera cadena que veo al mediodía. Dijeron que el número de víctimas en nuestro país ascendía a 64 (el número es más evidente que la palabra, en esta ocasión). A continuación, en las noticias de la primera cadena estatal (¿estatal?) decían que, con esa muerte, eran 68 los asesinatos cometidos.

En el Telediario de la noche, de esa misma cadena, volvieron a referir el atentado mortal, comentando que ya eran 69 mujeres muertas por sus hombres vivos.

La verdad, da igual el número. Sesenta y cuatro, setenta o una sola. Es una aberración. Es un acto de cobardía de quien no soporta que su compañera tenga voz propia, que tenga alas, que no sea esclava, que no sólo sueñe (como antes).

Una pregunta se me viene a la cabeza y me da miedo su respuesta, me da vértigo nada más pensar en ella. ¿Qué sentirá el próximo asesino potencial cada vez que vea esta macabra estadística?

La esclavitud se abolió hace mucho. Huyamos del posesivo.

Cada vez que una mujer es asesinada todos somos un poco asesinados, nuestros más altos principios de libertad, de igualdad, de tolerancia... quedan mermados.

¿Las sirenas se comen?

¿Las sirenas se comen?

Está claro, las sirenas son seres antropomórficos, mitad mujer, mitad animal: ave o, más amablemente, pez. Y si viven en el mar y nadan como un pez ¿cuánto tienen de pescado?

Cunqueiro, uno de los autores gallegos más interesantes, descendiente de sirenas por parte de padre, para más señas, y estudioso de éstas, en un arrebato de curiosidad, le preguntó un día al profesor Fernando Pires de Lima, autor también de un memorable libro sobre las sirenas, si la sirena era comestible.

El profesor respondió: “En primer lugar, la parte de la cola, la parte pez, comerla no sería antropofagia. En segundo lugar, sería más una cuestión de imaginación que de apetito. E isto fica fora da cozinha*.”

Cela, por otro lugar, en su gran novela Madera de boj, escribe algo sobre la edad de las sirenas: "las mejores sirenas son las que tienen cola de pescada, a las de cola de pixota (merluza) les falta madurar y las de cola de carioca (pescadilla pequeña) son demasiado pequeñas", y más adelante añade con crueldad: "las sirenas con cola de carioca no valen más que para echarlas en la sartén mordiéndose la cola, dan pena pero los estudiantes de derecho y de magisterio también tienen que comer".

* Y esto está fuera de la cocina.

** IMAGEN: sirena del parque de la Magdalena, en Santander, Cantabria.

El avión está triste

El avión está triste

(A falta de una ilustración a propósito para este artículo, he encontrado un chiste del insuperable Forges, que poco acompaña al texto que prosigue, pero tiene gracia.)

El otro día cuando fui a bañar a mi niño, se llevó un par de juguetes al cuarto de baño. A saber: un avión y un camión de bomberos. No sé si los escogió por puro azar o siguiendo un preciso método que escapa a mi conocimiento (la lógica de los niños es a veces más inescrutables que los caminos del señor).

Mientras lo desvestía, cuando la estufa caldeaba la habitación y la bañera se llenaba a su temperatura, dijo, sin dirigirse a mí directamente: "El avión está triste".

Mire al avioncito de color rojo. Imitaba a uno de esos a reacción con la trompa baja y los cristales oblicuos plateados. Quizá fuera un caza o cualquier otro aparato de guerra (mi ignorancia en este apartado es supina).

Le pregunté por qué estaba triste y me dijo que tiene los ojos tristes. "Y el camión le pregunta -continuó monologando él sólo-, apuntando con el cañón (la escalera de incendios): ¿por qué estás triste? Porque estoy solito".

No tuve más que reírme de las ideas, pero también empecé a meditar que nunca se me habría ocurrido a mí (o a otro adulto) referir el estado de ánimo de un avión, y mucho menos deducirlo por su cara.

Los pecados capitales. La envidia

Los pecados capitales. La envidia

Por aquellos increíbles golpes del destino, por medio de una lámpara y su genio, un hada y su varita o una estampita escondida en el vientre de una galleta, tienes la oportunidad de pedir un deseo. El que sea; material o espiritual; constante y sonante o especial y delicado, etéreo.

Es la suerte que llama a tu puerta, es la oportunidad vestida de fiesta para ti. La única condición, casi como una extensión a esa dádiva, es que tu vecino también será favorecido. Lo que pidas, tu ardiente deseo, le será entregado a tu vecino multiplicado por dos. Lo que a ti se te conceda, al de enfrente se le otorgará doble.

Después de mucho pensar, pues quieres sacar el mejor partido a esta escalera de color y, al mismo tiempo, no deseas favorecer a ese prójimo que ni te va ni te viene, y que quizá, incluso, sea tu enemigo, manifiestas en alta voz el don que pretendes. Y enuncias sin vacilar: "¡Que me saquen un ojo!".