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Flamenco

Francisco Manuel Díaz

Francisco Manuel Díaz

La guitarra en Granada

Granada, sin pretensiones ni chovinismos, es la tierra de la guitarra. De la guitarra en todos sus aspectos, por fuera y por dentro. Conscientes de ello, se han venido organizando muestras y certámenes alrededor de ella que, por desgracia, no tienen la repercusión debida. Entre otras cosas, posiblemente, porque no existe un orden, un plan, una cooperación, como en todo lo referente al flamenco, y cada evento va por su lado afianzando el "yo me lo guiso y yo me lo como", tan propio de la ciudad.

Así tenemos el Festival de la Guitarra de Huétor Vega, La Guitarra en Otoño en la Casa de los Tiros, el Concurso de Guitarra de Ogíjares y ahora el ciclo de La guitarra en Granada organizado conjuntamente por la Asociación de la Prensa, en su sede, y el Ámbito Cultural de El Corte Inglés.

El jueves pasado, coincidiendo con bastantes otras propuestas en la ciudad (eché de menos no haber asistido a la charla Sacromonte, corazón flamenco de Granada de Miguel Ángel González), comenzaron estos diálogos ilustrados, que tomaron como protagonista a Francisco Manuel Díaz, bajo el epígrafe: “De constructor a tocaor”.

El acto está concebido en forma de entrevista ilustrada, en donde el periodista y directivo de la APGR Juan Antonio Ibáñez acertadamente lo gobierna.

Haciendo una semblanza del entrevistado, Ibáñez comienza su presentación recordando al escritor Eusebio Rioja que, en su Inventario de guitarreros granadinos (1983), nos dice que “es algo cierto que la tradición guitarrera en Granada viene desde antiguo. Es posible que nada más asentarse aquí los dominadores cristianos tras la llamada de la Reconquista, vinieran entre ellos artesanos que se dedicaban a la construcción de instrumentos musicales de cuerda y aquí ejercieran su labor e iniciaran la genealogía histórica hasta llegar a nuestros días. (…) Podemos apuntar, respaldados por nuestras fuentes y sin miedo equivocarnos, que en Granada, desde 1532, residían unos artesanos llamados vigoleros cuyo oficio no era otro que el de hacer instrumentos musicales”.

Actualmente, se puede decir que nuestra provincia es la primera en la construcción de guitarras, que se exportan a todo el mundo. Mientras en otras ciudades de tradición, Córdoba, Almería o Madrid, hay uno o dos guitarreros, en Granada hay cuarenta.

Seguidamente, siguiendo la fórmula pregunta respuesta, Francisco Manuel fue desgranando parte de su vida y de su trabajo, desde su infancia, que inicia su labor guitarrera en la Casa Ferrer y en la de Manuel de la Chica, hasta el estado actual de la sonanta, pasando por la construcción de una guitarra “de cristal” (para que se viera su interior) y otra de 15 cuerdas (que hacía las veces de cuatro instrumentos).

También salió a relucir su faceta como guitarrista de acompañamiento, el paradero de alguna de sus guitarras (destacando la fidelidad de Paco Jarana) y su finura para poner las guitarras a punto, aunque la autoría fuese de otro.

El acto termina con una pincelada por soleares trianeras y por tientos-tangos en la voz tan añeja y potente como olvidada de Arturo Fernández.

Y una reivindicación. La necesidad de crear una Escuela de Guitarristas oficial. Se da clases de guitarra en el Carmen de las Cuevas y en otras academias y, sobre todo, las que dan los tocaores en plan particular, pero una enseñanza “reglada” no existe.

* Retrato en blanco y negro (a la izquierda) realizado por Carlos Arbelos©.

En Granada se baila por orden alfabético

Adrián Sánchez, Agustín Barajas, Alba Heredia, Almudena Romero, Ana Calí, Ana Sola, Anabel Moreno, Andrés Giménez, Ángela Mendoza, Angustillas ‘La Mona’, Antonia Heredia, Carmen Gómez ‘La Pimienta’, Carmen Yolanda, David Córdoba, Elena López ‘La Sensa’, Eloy Aguilar, Encarna Heredia, Estefanía Martínez Puyol, Estela Rubio, Esther Marín, Estrella Fernández, Eva Esquivel, Eva Manzano ‘Manzanilla’, Eva Yerbabuena, Fuensanta ‘La Moneta’, Isabel Guerra, Isa Vega, Iván Vargas, Jara Heredia, Javier Martos, Javier Serrano, José Candela, José Cortés, Juan Andrés Maya, Kika Quesada, Kiko Anaya, La Caro, La Presi, La Samarona, Lidia Pousa, Lidia Torral, Lidia Valle, Lola Bustamante, Loli Cortés, Lucía de Miguel, Lucía Garrido, Lucía Guarnido, Luis de Luis, Mª Ángeles Narváez ‘La Niña de los Cupones’, Macarena Mulero, Maite Vílchez, Manolete, Manuel Liñán, María Bertos, María Granados, María Guardia ‘Mariquilla’, Miguel Ángel Rojas, Paquera, Patricia Guerrero, Pepa Molina, Pepe Flores, Pilar Fajardo, Pitita, Rafael Amargo, Raimundo Benítez, Raquel Heredia ‘La Repompa’, Rocío Montoya, Rocío Vargas, Rosa Zárate, Rosario Molina, Ruth Molinero, Silvia Lozano, Tatiana Garrido Guardia ‘La Españoleta’, Vanesa Vargas, Vero ‘La India’, Victoria López, Víctor Castro, Yesi ‘La Faraona’, Yolanda Cortés...

Pellizco gitano

Pellizco gitano

Flamenco en La Platería

El sábado se presentó tan caprichoso como desapacible. Las redes de Halloween, una fiesta importada y hortera, se iban extendiendo a través del largo fin de semana y amenazaba a no dejar a nadie con la cabeza sobre los hombros. (De hecho acabé la noche con una gran cicatriz dibujada en el pómulo izquierdo chorreando de rojo hasta la camiseta.)

Esos días intento encerrarme tortugamente y aparecer después de la tormenta. Pero cómo no ir a La Platería que cantaba Toñi Fernández. Así que, más tarde de lo acostumbrado partí para la peña.

A Toñi ya la había visto en Las Gabias hace unos años y me entusiasmó su frescura, su potencia y su pellizco gitano.

Ahora, con dos o tres años de diferencia, me apetecía ver su evolución y disfrutar nuevamente de esta voz joven y lamentablemente escasa.

Ricardo Rivera era el guitarrista, a quien nunca había visto y, después me enteré, era la primera vez que actuaban juntos. Aspecto que no trascendió realmente. Los cantes fueron básicos y, cuando un tocaor está hecho para acompañar, puede amortiguar a la perfección a cualquier cantaor.

Así, el guitarrista gaditano estuvo bastante correcto, exacto por momentos y brillante en los solos por alegrías, tarantas o bulerías.

Desde bambalinas salió Toñi cantando una zambra a palo seco. El aguardiente preciso ya empezaba a hacer vibrar, aunque un punto de inseguridad restaba calidez al conjunto y la voz algo tomada llegaba a traicionar. De cualquier forma, la noche se presentaba segura.

La soleá, posiblemente su mejor entrega, fue larga y sentida. Sin duda, la incondicionalidad estaba ya ganada.

Los tangos sin embargo dejaron algo que desear. Estamos acostumbrados a la impecable interpretación de los tangueros de la tierra. El titubeo no se concibe.

La promesa por levante no se correspondió con el resultado. Dos tarantas, preparadas junto a ‘El Pele’ y un taranto de Almería, su lugar de origen, dejaron algo indiferentes.

Para la segunda parte la cantaora llegó con nuevos bríos y seguridad. Las alegrías, sin embargo fueron un desconcierto, arreglado con creces por la seguiriya y su apoteósico macho final. Los fandangos tampoco llegaron a convencer. Pero por bulerías fue un dechado de arte y gracia, demostrando que lo suyo son los marcados cantes gitanos.

Pedazos de Verdad

Pedazos de Verdad

Flamenco en Le Chien Andalou

Me llamaron el domingo sobre el mediodía, que un grupo de irlandeses quería ver flamenco esa noche. Si se planteaban cenar podían ir a Jardines de Zoraya o a la Venta el Gallo; si sólo espectáculo al Tablao Albayzín o alguna cueva; si querían algo asequible y no muy lejano podían ir a Le Chien Andalou (los domingos no hay mucha oferta desde que está cerrado Eshavira).

Optaron por la última propuesta y me fui con ellos. Llegamos con tiempo para coger sitio. El local es pequeño y la expectación grande.

Después de hacerles una introducción apasionada del flamenco y de lo que podíamos ver, comenzó el espectáculo eminentemente festero. Tres bulerías, dos tangos, fandangos de Huelva, alegrías…

Ante el micrófono La Samarona, con bonito timbre y esfuerzo, pero no llega a romper porque no le alcanza la voz. A la guitarra Oscar Martínez, bastante correcto, tal vez lo mejor de la velada, quizá a falta de un poco de brillo, a la percusión Víctor Rodríguez y algunos palmeros espontáneos.

La soleá por bulerías y las alegrías, con las que acabaron las dos partes respectivamente, las ilustró Rosario Molina con su baile limitado, quizá por el espacio. El caso es que Rosario tiene presencia y ganas de contar. Es joven y necesita rodaje. Lo que tendría que corregir lo antes posible es su braceo, que peca de hombrera, es decir, sus manos raramente suben de los hombros, aunque también la altura del local truque las ganas.

La Samarona ilustra sus últimas bulerías a pie de escenario, sin megafonía, cosa que se agradece en un local con acústica deficiente. Y bailando con gracia ese cante.

Para el fin de fiestas, lo mejor de la noche sin duda, subieron al escenario algunos flamencos, presentes en la sala, que, con arte y frescura, pusieron un punto final rebosante de alegría.

Es necesario que existan estos escenarios que dan oportunidad a los más jóvenes. Es necesario cuidar nuestra cantera y abrirles su espacio y contar con ellos. Es necesario que quien se suba a un escenario, lo haga mejor o lo haga peor, esté siempre lleno de verdad.

* La Samarona (foto tomada prestada de su MySpace©).

Desde Sanlúcar

Desde Sanlúcar

Inauguración de la temporada de la peña Solera y Caña de Maracena

Este viernes, desde Sanlúcar llegó Mari Ángeles Rodríguez, que se hace apellidar Mezcle por atención a sus mayores, a la peña Solera y Caña de Maracena integrada en el circuito de peñas andaluzas. Nunca la había visto, aunque, siendo de la zona de Cádiz, su propuesta podía entreverse.

En su presentación relacionaron no sé cuántos premios, bastantes de ellos centrados en la saeta. No es época de cantar saetas ni volar incienso, pero alguna toná o cantes de labor sí que habría venido bien.

23 años tiene la artista y presencia flamenca, aunque aún no domina el escenario. Le acompaña el murciano Pascual de Lorca a la guitarra, que dicen ganador de un Bordón Minero. Puede que sí (no lo he comprobado) pero o no fue su noche o no está a la altura. Corrección y arpegios más o menos logrados, pero sin destacar ni en el solo ni en el acompañamiento.

María empieza por caracoles con voz brillante y rica en registros. Su tierra le tira tanto que, después de unas malagueñas mediocres rematadas por un infructuoso intento de hacer fandangos de Granada, canta por alegrías. Una redundancia de ninguna manera justificada.

Su propuesta por peteneras es bien aceptada, a pesar de no atender a sus silencios. Su mejor propuesta fueron las seguiriyas, donde se quejó por derecho. En las bulerías volvió a los aires gaditanos. Y, como regalo, ya sin megafonía, ofreció unos fandangos bastante potables.

Con esta actuación la peña Solera y Caña de Maracena inicia el nuevo curso con la misma ilusión (y con el mismo presidente) que hace 11 años. Para este día vino el alcalde para manifestar su apoyo al flamenco y a la peña en particular, a la que prometió públicamente un nuevo local de 250 o 300 metros cuadrados. En la mano de los peñistas está la labor de llenar ese nuevo espacio de gente y de contenido.

* Imagen de su primer trabajo discográfico.

Un Giraldillo para Granada

Un Giraldillo para Granada

David Carmona obtiene el Giraldillo “Revelación”

Teníamos seis representantes granadinos en la Bienal de Sevilla con espectáculo propio, la mayoría de estreno.

Tácitamente este encuentro, por derecho propio, se ha convertido en el templo del arte flamenco. Es el vórtice donde converge todo el latir de nuestro arte, el de hoy, pero también el de ayer y en gran medida el de mañana, pues es en este foro donde se dictan las directrices a seguir, donde se colocan las primeras piedras para las construcciones de los próximos dos años.

La Bienal es un escaparate al mundo. Es el imprescindible álbum de fotos que identifica a quién es quién, que recoge a todos los que son y en gran medida son todos los que están.

Granada, ya lo dije, a veces es muda para occidente. Salvo algunos nombres granadinos (Maya, Morente, Yerbabuena) nunca ha habido presencia en Sevilla, en Jerez, en Utrera...

Este año, los cantaores Marina Heredia (con una actuación brillantísima), Estrella Morente y Antonio Campos; las bailaoras Eva la Yerbabuena (Giraldillo a la mejor dirección escénica: Juan Ruesga) y La Moneta (y Patricia Guerrero, en el espectáculo de Rubén Olmo, distinguido con el Giraldillo a la mejor coreografía); y el tocaor David Carmona, Giraldillo “revelación”.

He ido siguiendo la Bienal día a día a través de los periódicos, internet y, cuando he podido, en presencia, y he constatado la seriedad y la buena salud de los flamencos de Granada. Desde estas páginas quiero dispensarles mi admiración y respeto a cada uno de ellos, y una felicitación muy especial a David Carmona que, haciendo posiblemente menos ruido que nadie, con sólo 21 años se ha traído el galardón más prestigioso del encuentro sevillano para el artista novel.

Sueltos

Sueltos

Últimamente he atendido a varios recitales de flamenco sin hacer mención de ellos, simplemente por falta de oportunidad o trascendencia, pero que sin embargo prevalecen en mi memoria jalonando mi programa. (No quiero hacer mención de lo que no he podido ver.)

Cronológicamente el primero que deseo atender se pierde en un día de entre semana del pasado mes. Actuaron Verónica Giménez, al cante, y Pepe Agudo, a la guitarra. De Pepe, natural de Huétor Vega, sabía de su afición pero no de su profesionalidad. Le queda mucho qué aprender. Debe estudiar, echarle horas y soltarse, sobre todo en el acompañamiento. Digamos que de amateur es bueno pero en el escenario deja que desear.

Vero, de estirpe flamenca de Montefrío, tiene mucho que decir, en cambio. La conocí hace cinco o seis años y ya me impresionó su afrontamiento, su estilo y sus formas, pero sobre todo su voz gitana, clara y afinada.

Esta cantaora hizo un paréntesis, por motivos que no vienen a cuento, y ha vuelto con ganas, todavía joven, muy joven. Aunque, como les digo a todos, esta no es una carrera fácil, hay que estudiar, trabajar, cuidarse y exigirse. Porque, para cantar flamenco, como dice nuestro amigo Antonio Gallegos, son imprescindibles poseer cuatro cosas: oído, talento, corazón e instrumento.

No recuerdo lo que interpretaron y menos su orden. Sí puedo afirmar que la guitarra se quedaba corta, y que la cantaora, aunque con la voz sensiblemente tomada, no podía volar con gusto.

Recuerdo con buen sabor su soleá de Triana, sus tangos y sus granaínas. Pero sobre todo un fandango de Montefrío, que debe mimar y vindicar allá donde vaya.

El 9 de octubre, en La Chumbera, asistí al espectáculo de baile de Adrián Sánchez. Este bailaor granadino ha emprendido una carrera en solitario que le sienta bien. Hasta ahora siempre lo había visto en compañía, rodeado de su mujer y de sus alumnas aventajadas, que le restaban fuerza y personalidad.

Parte de los bailes los presentó en Jérez con bastante éxito que, al no ser flamenco occidental, tiene doble merecimiento. Su baile es estiloso y tecnificado, basado en un perfecto tacón punta y un cuidado programa que trasciende hasta en el vestuario.

Su cuadro, sin embargo, siendo grandes en su estilo, queda disminuido para acompañar, máxime en una sala con sonido de ultratumba. Sergio Colorao, con su buen gusto, no es cantaor de atrás. Rubén Campos, con su creatividad, no es tocaor de atrás. El Turri ofrece una dimensión interesante con la travesera, sobre todo por bulerías. Cristina García acompaña a las palmas.

Es de destacar por soleá y por tarantos, sobre todo su roneo con gracia y con peso en los tangos.

El domingo pasado estuve en Le Chien Andalou viendo bailar a la bailaora algecireña afincada en Granada Pilar Fajardo. Bueno, intentando verla, puesto que el lugar es pequeño, estaba lleno y un parroquiano no me quiso abrir un hueco en la delantera, a pesar de que tenía posibilidad y un servidor ocupa poco y molesta nada.

Así, la primera parte tan sólo escuché que bailaba por levante y remataba por tangos. Tras el intermedio sí pude calzarme por detrás y entrever la propuesta por bulerías del guitarrista Josele de la Rosa, menos eficaz que otras veces, pero con un toque progresivo y personal; y el cante por tangos de Sara la Samarona, también de Algeciras, con letras bellas por inusuales, con poca voz aunque bonita y canastera.

* De izquierda a derecha: Sara La Samarona, Josele de la Rosa y Pilar Fajardo, ese mismo día (foto cedida por Josele).

La miel en los labios

La miel en los labios

Apertura de temporada de la Platería

El sábado fue un día difícil para el aficionado. Complicado, no por la carencia, sino por la abundancia. En mi conocimiento estaba el baile flamenco de Lola Bustamante en el Auditorio de la Chumbera, en su ciclo sabático “Patrimonio Flamenco”; Ana Serrano y Hugo de Dogma estaban en la Peña Flamenca Manuel Ávila de Montefrío, en el Circuito de jóvenes andaluces por las peñas autonómicas; en el Centro Sociocultural Fernando de los Ríos de Albolote, en recuerdo de Miguel Hernández, dentro de la 11 Semana de la Oralidad, tenía lugar un concierto flamenco de Manuel Gerena, Juan Pinilla y Esther Crisol; José de Pinos estaba en Le Chien Andalou; Pilar Marchena en el Teatro Martín Recuerda de Salobreña; y Arcángel y Miguel Ángel Cortés abrían la temporada de la Peña de la Platería. Casi nada (el viernes también estuvo cargado).

Dónde ir. Difícil dilema si el deseo se multiplica. Decidí hacer un recorrido local del Sacromonte al Albaycín. De La Chumbera a La Platería.

Después de haber visto en el Centro de Estudios Gitanos el espectáculo más mediocre de los últimos tiempos (la nieta de Loles del Cerro, bastante alejada del arte de su abuela, tenía sus pellizquitos por tangos), puse mis esperanzas en la decana de las peñas.

Cuando a un artista le precede su nombre y es punta de lanza, la exigencia de su público debe ser mayor y la satisfacción declarada. Arcángel, que nos sorprendió con su primer trabajo Arcángel en 2001 (aunque después grabara dos discos de semejante factura) y se colocó entre los primeros cantaores de su generación, ofreció un concierto poco arriesgado.

La sola palabra “correcto” no debe ser suficiente para un artista de esta categoría. Reconocemos no obstante su bello timbre y su voz colorida y amable, su conocimiento del cante, su largura y su compás. Fiel representante de su tierra destaca en los temas fandangueros y en los estilos libres.

La soleá que principiaba el recital, lleno de esperanza la sala del cante. Los tangos, en los que se notó su influencia morentiana, bonitos no más (sobre todo su final), pero quedaron desleídos. Miguel Ángel Cortés, a su lado, reivindicó los sonidos del camino. La malagueña goza también del beneplácito del respetable, aunque se notara alguna ausencia. Necesidad rompedora de la que carecieron las seguiriyas descompasadas con las que acabó la primera parte. Ya sabemos que es una propuesta novedosa, ya sabemos que se tiende a redondear y a romper moldes por sonidos más vanguardistas, pero cuando los cimientos sufren, cuando la esencia se desvirtúa, se tambalea todo el edificio.

La segunda parte puede que estuviera más conseguida. Posiblemente por la abundancia de cantes fuera de compás. Incomprensiblemente vuelven al escenario con soleares, aunque más aceleradas. Por levante (taranta, cartagenera y levantica) tuvo sus cosas y los fandangos naturales terminaron de situarlo en su sitio. Las alegrías adquirieron un tempo lento, diferente y, con alguna confusión en las letras que le restó profundidad al mensaje, eficaz.

Y, antes de acabar por Huelva, lo que domina a la perfección, saludó por fin a los presentes, lo que definió el cambio del título de este artículo que se iba a llamar “Ni las buenas noches”.

* Foto de Daniel Muñoz para flamenco-world.com©.

Para aprender flamenco

Para aprender flamenco

La salida del baile flamenco, si no se tiene una carrera regular y medianamente reconocida, es la enseñanza. Incluso si el nombre precede al bailaor y el trabajo no falta, el llamado de academias para sesiones puntuales e impartir magisterio es continuo.

Granada es una ciudad flamenca indiscutible, donde hay unos particularismos evidentes. El cante suele ser más cerrado y estudioso, la guitarra rica en rasgueo y limpieza, el baile fuerte y extremo.

Al llegar esta fecha otoñal de principio de curso el horizonte se amplía, nuestros deseos son incluso más ambiciosos que para un nuevo año. Los propósitos para con nuestra vida, nuestros hábitos, nuestro cuerpo, son serios (aunque duren un par de meses).

Comenzamos coleccionables, dejamos de fumar, elegimos gimnasio, nos apuntamos en clases de... o decidimos aprender a bailar flamenco.

El baile flamenco, como toda actividad artística, requiere disciplina, responsabilidad, entrega, atención, seriedad y entendimiento.

Hay muchas madres que matriculan a sus hijas en academias flamencas (aún creemos que el baile es de chicas y el fútbol de machotes). Algunas también a sus hijos, aún desconociendo que el varón lo tiene más fácil simplemente por pura estadística. No tiene tanta competencia.

A la mayoría de estos alumnos les va a servir para poco estas clases. Como mucho para recordar cuando sean mayores que cuando niños aprendieron a bailar sevillanas, la reja o un poquito por tangos. A otros les entrará el gusanillo del flamenco y seguirán y si valen y tienen suerte encontrarán un hueco en este difícil mundo del espectáculo.

Pero cómo empezar. Fácil: yendo a una academia. Casi todas tienen niveles básicos y de perfeccionamiento, para principiantes e iniciados.

¿Cuál elegir? En principio la que se adapte mejor a las circunstancias de cada uno: cercanía y facilidad de acceso, horarios, precio...

Superada la base, nos podremos fijar en el profesorado, acompañamiento, carisma, cursos especiales...

No quiero inclinarme por ninguna academia en general ni mucho menos por un profesor en particular. Pero sí me gustaría hacer una relación de enclaves granadinos de confianza para prestarles nuestro cuerpo y nuestro tiempo y recompensarles con nuestro dinero (que bien mirado es mejor que invertirlo en un gimnasio).

En el Albaycín está el prestigioso Carmen de las cuevas y en el Sacromonte la Escuela Internacional de Flamenco ’Manolete’ en La Chumbera; Jara Heredia comienza este año a dar clases en la peña Luis Habichuela; y no sé si sigue funcionando la Academia La Presy.

En la ciudad tenemos la Escuela Flamenca Mariquilla en Santa Clotilde, la Escuela Superior de Arte Flamenco (de lo Zárate) en la calle Palencia, la Academia Andaluza de Baile Adrián y Cristina en la Carretera Antigua de Málaga, el Estudio Luis de Luis y Esther Marín en la calle Pasaje Andaluces.

En Cartuja está el recientemente inaugurado Centro de Estudios Flamencos, en la Acera del Triunfo la Escuela Flamenca Chua Alba, en Arabial la Academia Mónica Gómez, en Parque Luz la Escuela de Danza Española Maite Galán, en la calle Pablo Picasso la Academia de Marichu, en Torre de los Siete Suelos la Escuela de Danza Mariola de Burgos y en San José Baja la Escuela de Danza María del Puerto.

Si salimos a la provincia, en Ogíjares da clases Eva Esquivel, en Armilla Violeta Ruiz, en Huétor Vega hay una Escuela de Flamenco en la peña La Parra, en Bubión el Centro Flamenco La Fuente y en Motril la Academia Lunares.

Seguro que faltan nombres y locales, pero están fuera de mi control. Iré ampliando esta relación conforme tenga nuevas noticias.

Y ahora el concepto

Y ahora el concepto

XVI Bienal de Flamenco de Sevilla

Primero fue la sangre. La sangre y la fuerza y la cueva y el fuego en los ojos. Después vino el vuelo y la técnica y el silencio y la razón. A continuación el espejo y el desinterés y la ventana abierta y una vena contemporánea que le da paso al infinito. Ahora llega el concepto.

El baile se sintetiza y dice más de lo que se ve. El interior sale por la boca y, como en un jardín borgiano, la bailaora se pronuncia, salta al vacío, y hace coincidir el flamenco con la vida y la vida con el baile.

En la parrilla del teatro Lope de Vega de Sevilla, para la XVI Bienal de Flamenco, La Moneta rasca en su ordenado cerebro y rasca en su corazón, enorme de pura verdad, y sale al escenario para jugárselo todo a una carta.

Se arriesga planteando una Duda al empezar. Una introducción vanguardista difícil de digerir para el público hispalense. El zapateado Claro oscuro rápidamente palia con gracia cualquier desajuste en la mente ortodoxa.

Los dos cantaores, Miguel Lavi y David Sánchez ‘El Galli’, se lucen con toda el alma en las tonás, sólo superadas en la soleá con la que cierran.

A estas alturas se evidencia una dimensión coreográfica en la bailaora granadina sensata y eficaz. Por momentos recuerda a Mario Maya, a Eva tal vez. Dos grandes aciertos sobresalen en este concepto grupal. El primero es la convencida ruptura de la simetría, de un cuerpo unísono y monótono, a favor del equilibrio y la apuesta individual o el alterno paso a dos. El segundo radica en la imbricación de un tema con el final del anterior y el comienzo del siguiente ofreciendo un estimulante dinamismo.

Estos puntos se evidencian con toda claridad en las Intenciones por peteneras, uno de los preciosismos de la obra, que Fuensanta baila con palillos y manga bolera y se solapa con los Aires a ritmo de Raimundo, apuntando el final de esta pieza. Benítez es un bailaor con clase e ideas que tiene bastante que decir. El público reconoció su entrega.

Totanera es un taranto, donde destaca el guitarrista Miguel Iglesias, que adquiere evidencia cuando se convierte en tango. Correcta la bailaora con vestido de cuadros y mandil, que se desmelena dominando como pocos en los guiños del camino. Ronea es sus pasos y estremece con las caídas.

La sorpresa de la noche llega frente al piano. Es Diego Amador que remata los tangos e improvisa por fiesta para aliviar la próxima entrada de La Moneta. Quizá un poco larga su intervención, quizá necesaria para enriquecer el momento. Como es habitual, el inspirado juego de las teclas, Diego lo colorea rascando el piano por dentro, en su empeño de demostrar que también es un instrumento de cuerda.

La pieza se va serenando hasta trocarse en zambra caracolera que canta el mismo pianista con su voz desgarrada y su aura gitana. La Moneta baila con un atrevido vestido de cola leopardiano que la convierte en mujer fatal entre sus partenaires.

Otro compás de espera se encuentra en los fandangos. Puede que lo más flojo de la noche por su inconsecuencia, que pasan sin embargo al apoteósico desenlace final por soleá y su remate.

Una reflexión antes de acabar. Por muy clara que tengamos la obra y por muy atados que veamos los cabos, un director de escena es necesario para poner a cada uno en su lugar y lo mismo que para el sonido y las luces se cuenta con dos grandes profesionales, el aspecto teatral debe ser supervisado.

Los cantaores cantan, si no serían actores o bailaores. El pedir de ellos que ocupen puestos avanzados e interpreten es un juego nada ventajoso.

Alma mía es la soleá donde Fuensanta La Moneta en verdad reivindica su espacio y su poderío, donde convence con la fuerza de su cuerpo e hipnotiza con su mirada. Es la conclusión lógica y trascendental de casi dos horas de espectáculo (demasiado largo). Soleá que se prolonga con aires de fiesta y termina con toda la fuerza y el poder de su arte, en un crescendo arrebatado por bulerías.

* ...que Fuensanta baila con palillos y manga bolera... (Luis Castilla© para deflamenco.com).

Una mijilla de Graná en Graná

Una mijilla de Graná en Graná

Flamenco en Le Chien Andalou

Mi teoría se confirma. Granada es la única ciudad donde se puede escuchar/ver flamenco a diario con meridiana calidad. Si no es en un teatro o un festival, es en una cueva o un tablao y si no en una peña o cualquier local alternativo. Lo que falta en este reino de taifas es una mínima y, por lo que llevamos visto, imposible organización.

Empieza la temporada fuerte. Las peñas se están desperezando. Tenemos los jueves La Guitarra en Otoño en la Casa de los Tiros; los sábados el Patrimonio Flamenco en la Chumbera; los viernes y sábados espectáculo flamenco en la sala Vimaambi; los domingos en los Jardines de Soraya; las cuevas funcionan los fines de semana; el tablao Albayzín; fiestas en los barrios; el Concurso de Guitarra de Ogíjares…

Y ahora también en Le Chien Andalou. Todos los días, a partir de las 22,00, podremos disfrutar en este mes de octubre de una representación de los flamencos de la tierra, desde el ínclito Niño de las Almendras hasta Emilio Maya, pasando por Pilar Fajardo, Almudena Romero, Luis de Melchor o José de Pinos (miren el calendario a la derecha).

El local no es muy grande y, más que se llena, se abarrota en seguida. Pero todos encuentran su sitio. Tiene un pequeño escenario en una semi cueva abovedada donde se puede beber y se puede comer.

El martes estuve viendo a un trío de flamencos que llevan su arte y el nombre de Granada por todo el mundo. Sobre todo por los países del Este. Con algún añadido  (Lidia Valle, Marcos ‘Palometas’ y ahora Fita Heredia) mueven el espectáculo “Una mijilla de Graná”.

De protagonista figuraba Jorge ‘El Pisao’ con su guitarra, aunque la verdad forma piña indisociable con el cantaor David Sorroche y el bailaor Víctor Castro.

Destaca de ellos su profesionalidad y su sentido de la medida. Su actuación, adaptada para el local que le dio refugio, fue sincera y entregada, fresca y distinta. Sobre todo distinta. Tantas giras fuera de España le han llevado a destilar el flamenco ofreciendo lo preciso, arriesgando y comunicando nítidamente que el flamenco no es un escenario ni cuatro voces, cuatro patadas y el rasgueo de una guitarra. El flamenco es un modo de sentir, una ontología en la que influye el estado de ánimo, la acogida y hasta el tiempo atmosférico.

Como el camino de Machado, el espectáculo se va haciendo a cada paso. Por eso el nivel de complicidad e improvisación, siempre dentro del respeto y la alegría, un leiv motiv, es indispensable en un grupo que empezó en Málaga (malagueñas y abandolaos) y terminó en el Camino del Monte (zambra y tango), pasando por Cádiz (alegrías) y Huelva (fandangos), y encerrando en las bulerías todo el orbe musical.

En Granada se toca por orden alfabético

Alfredo Mesa, Álvaro ‘El Martinete’, Ángel Alonso, Antonio Heredia ‘El Chonico’, Antonio Carmona, Antonio de la Luz, Armando Linares, Bettina Flater, Carlos Zárate, César Cubero, Daniel Heredia, David Carmona, David Heredia, Emilio Maya, Enrique de Melgárez, Fco. Manuel Díaz, Francisco Jiménez, Isidoro Pérez, Jonatan Morillas, Jorge ‘El Pisao’, José de Pinos, José Fajardo, José Fernández hijo, José Manuel Cano, José María Ortiz, Josele de la Rosa, Juan Carmona ‘Habichuela’, Juan Habichuela Nieto, Juan Habichuela Ketama, Kiki Corpas, Luis Mariano, Luis de Melchor, Manuel Carmona, Manuel Carvajal, Manuel Heredia, Marcos García ‘Palometas’, Melchor de Córdoba, Miguel Ángel Cortés, Miguel Ochando, Oscar Martínez, Oscar Valor, Paco Cortés, Pepe Habichuela, Pepe Maya ‘Marote’, Pilar Alonso, Rafael Fajardo, Rafael Hoces, Rafael Santiago Habichuela, Rafael Soler, Ramón del Paso, Rubén Campos, Rubén Silva, Tomate de Montefrío, Vicente ‘El Granaíno’, Vicente Márquez "Tente”...

Una Estrella al alcance de la mano

Una Estrella al alcance de la mano

Una de las voces más valoradas en el panorama flamenco actual

En la Navidad de 2001, el mismo año en que vio la luz su disco debut, Mi cante  y un poema, aunque ya había tenido colaboraciones gloriosas en los discos de su padre (recuérdese el tema Manhattan en Omega de 1996), Estrella se dio el capricho de grabar Calle del Aire, en el que incluía un pequeño Regalo de Navidad, una taranta de Almería de cuando tenía siete años, acompañada por la guitarra del maestro pamplonés Sabicas. Corría el año 1988.

Esta incipiente grabación principiaba, quizá sin advertirlo, un hilo invisible en su manera de hacer que aún se está estirando. Con la voz todavía insegura de una niña, ya en esos años entonaba con suficiente afinación y gusto desmedido. El poso de lo que es y lo que llegará a ser ya se iba asentando.

No basta tener un nombre, aunque ayuda, no nos engañemos, no basta venir de una familia flamenca, tener como padre al número uno de la creación flamenca actual y de madre a una bailaora de raza. Hace falta tener cualidades, ser buena aficionada y poner pasión en lo que se hace. Si a todo esto le unimos una imagen arrolladora encontramos al animal de escena en que se ha convertido Estrella Morente Carbonel.

Su presencia la precede, su estilo y su elegancia, al igual que saber moverse en un escenario, pero si estas cualidades no se acompañan de una interpretación única y evidente, ya no en el panorama flamenco, sino en el orbe musical, la artista se diluiría.

El patriarca Enrique Morente dijo en una ocasión que la voz de su hija era la más parecida a la de un pájaro que había escuchado nunca. Es un gran piropo y, conociendo que su padre no opina gratuitamente, es una gran verdad.

Las cualidades de su voz, afinación, calidez, brillo, altibajos, mediotonos, notas inalcanzables… son indiscutibles; su poder escénico es hipnótico; su evolución da vértigo. En buenos maestros se ha fijado, que van desde su padre hasta su adorada Pastora Pavón, ‘La Niña de los Peines’, pasando por Marchena o Lola Flores. Y, aunque se considera cantaora flamenca por encima de todo, no duda en abrir la ventana e impregnarse de Frank Sinatra, Nina Simone, Chavela Vargas o Rocío Jurado, como evidencia en su último trabajo Mujeres (2006). No duda en prestar su voz a otras manifestaciones artísticas más o menos alejadas del flamenco, como lo demuestran sus incursiones cinematográficas, con Saura, con Almodóvar, en las que seguirá insistiendo, propuestas no le falta, asegura.

A este último trabajo tan heterodoxo, según los planes de la artista,  le sucederá próximamente un nuevo disco “que va a ser muy flamenco”. Habrá que estar atento.

Granada tiene en ella una buena embajadora. El nombre de su patria chica lo pasea con orgullo allá por donde camina. Se casó en esta ciudad y, aunque por circunstancias laborales sobre todo, vive en Málaga, confiesa que su destino es el Albaicín y más pronto que tarde volverá a Granada donde, entre otras cosas, "te traen el pan a la puerta de casa".

No todo son rosas, sin embargo. El escenario, gracias al cielo, no es una ciencia exacta, como las matemáticas. Hay días y días, existen altibajos, respuestas positivas y no tanto, incluso dolorosas. Los paladares no son todos iguales. El valor de una artista, de cualquier persona, se demuestra en los malos momentos, en las adversidades. Y, Estrella, ha demostrado que sabe levantarse cuando tropieza, que es optimista, que mira hacia delante fijando su meta en lo más alto. Detrás de ella (o delante) está su trabajo desde que la vimos adolescente actuando en La Platería, en el Corral del Carbón, con su compañera Marina Heredia, o en la Gala de presentación de los Campeonatos de Esquí Alpino de Sierra Nevada. Imparable.

Sin embargo, la natural ambición de toda artista, choca con la responsabilidad. Consciente de que en el mundo del flamenco la política del “pelotazo” es efímera o simplemente inexistente, de que andar se demuestra andando y que, como en los tangos de Morente, “…el mundo da muchas vueltas y ayer se cayó una torre”, se plantea la vida como una trabajadora y como una madre (una de sus facetas más queridas).

Por eso es exigente consigo misma, por eso no deja de luchar, por eso es humilde, como aprendió de sus mayores. Humilde y asequible. Una Estrella al alcance de la mano.

* Publicado hoy, domingo, 3 de octubre, en IDEAL.

** Ilustración de Antonio Mesamadero para la ocasión.

Manuel de Falla se reencuentra con el flamenco

Manuel de Falla se reencuentra con el flamenco

Concierto extraordinario

Reapertura del Manuel de Falla

Lamentablemente, lo más llamativo de la actuación de Estrella Morente y la OCG, en la reapertura del Manuel de Falla, el último día de septiembre, fueron los imperdonables crujidos de los altavoces, que limitaron manifiestamente la entrega de la artista.

En una inversión de más de cuatro millones de euros para la remodelación del Auditorio (acústica, asientos, cubierta, entrada, taquillas…), que falle algo tan simple como la megafonía es incomprensible. No lo he llegado a comprobar, pero debía ser la conexión de un cable en el micro o en uno de los altavoces. Cuando la cantaora subía, un craqueo tapaba su voz, así que, con tiento, se ofreció de una manera un tanto menguada. Lo suyo hubiera sido cantar a pelo, pero la orquesta se habría comido la canción. Las Siete canciones populares y El amor brujo, escritas por Manuel de Falla para una mezzosoprano, aunque Estrella tiene facultades, cualquier voz hubiera quedado reducida.

Juanjo Mena, director invitado, responsable de la BBC Philarmonic Orchestra, fue un ejemplo de dinamismo y perfección. La delicadeza milimétrica de su buen hacer fue ampliamente reconocida, no sólo por el público, sino sobre todo por los impecables resultados.

La noche comenzó con el Interludio y la Danza de La vida breve, una promesa de eternidad. Pero al abordar, ya con la artista granadina, una selección de las Siete canciones populares (El paño Moruno, Asturiana, Nana y Polo), el accidente aludido restó brillo a la obra. Estrella, una flamenca con tablas, superó no obstante el escollo con valentía. Dio lo mejor que pudo y fue agradecida su tesitura, sobre todo en la nana, pero el desajusté le afectó visiblemente.

Tras el interludio, donde Enrique Morente, presente con toda su familia, indignado con razón fue a quejarse, un micrófono de pie vino a sustituir al de cabeza.

La Suite Número 2 de El sombrero de tres picos superó el sobresaliente, para recibir nuevamente a la solista en El amor brujo, una tácita prueba de fuego para toda cantaora, por la que han pasado Rocío Jurado, Carmen Linares o Esperanza Fernández.

Un breve chispazo al principio anunciaba lo peor, pero no se volvió a repetir. Estrella, con un vestido rojo fuego con mucho vuelo, fue cogiendo confianza hasta llegar a dominar absolutamente. El segundo movimiento de este ballet fue poco menos que apoteósico. La cantaora encontró su sitio y se entregó como sabe. Para mí sobró el baile que protagonizó Estrella en los momentos musicales, a toda vista improvisado. El paseo alrededor de la orquesta, el movimiento del vestido y sobre todo el zapateado estuvieron de más. Elegante hubiera sido el sólo braceo o la simple pose en que la granadina arrebata.

Ante los aplausos continuados, fuera de programa ofreció un bis a capela, esta vez sin megafonía, lo que se terminó agradeciendo. Se trataba de las dos primeras estrofas de la Habanera Imposible de Carlos Cano. Lo que terminó de dejar un buen sabor de boca y la conciencia de que “Granada es como una rosa…”.

27 de septiembre

27 de septiembre

Hoy hace dos años que nos dejó el maestro y coreógrafo Mario Maya y pienso que su hueco sigue siendo irrellenable y su recuerdo doloroso. Me niego a olvidar esta fecha, me niego a olvidar su figura, me niego a no soñar en sus sueños...

El 27 de septiembre debería ser fiesta local para los flamencos, para los gitanos. ¿Qué otro granadino ha alcanzado las cotas de universalidad de Mario Maya? ¿Qué otro flamenco estaba en efervescencia, en plena madurez creadora, a los 71 años? ¿Qué otro gitano ha llevado el nombre de su sangre con orgullo por todos los rincones del mundo?

Quedan en el recuerdo sus obras siempre rompedoras como una nueva manera de sentir, como un intento de dignificar el flamenco, de glorificar su raza. Títulos como Ceremonial (1974), Camelamos naquerar (1976), Ay! jondo (1977), Amargo (1986), El amor brujo (1987) o Mujeres (2008), quedarán en mi mente y en la de todos los aficionados como estallidos de amor, como obras de arte.

Pero no quiero engañarme, Mario también tenía sus detractores, víctimas de su carácter, mendigos de su éxito, celosos de su persona... Todos los genios tienen sus manías, su lado amargo, sus luces y sus sombras.

Es necesario olvidar rencores y que trascienda el talento. Ha llegado el tiempo de la hermandad y de reivindicar su figura. No nos podemos permitir, como ya he denunciado alguna vez, desatender a Mario Maya Fajardo y ensalza su nombre y su memoria, por lo que tiene de granadino (que es la mayoría de su persona y todo su sentir) como uno de los hijos más grandes de nuestra ciudad de estos últimos tiempos.

* Mario Maya (grafito/papel), dibujo de David Padilla, tomado de su blog, con fecha 6 de noviembre de 2009, para "Presencias Andaluzas" de Víctor Márquez Reviriego en el diario El Mundo de Andalucía.

David Carmona por derecho

David Carmona por derecho

XVI Bienal de Flamenco de Sevilla

Un artista de Granada tiene un doble trabajo: primero valer y después demostrar su valía. Y ese talento pasa por “conquistar” varias plazas. Son importantes Barcelona y Madrid, que está considerada en esto del flamenco como la novena capital andaluza. Pero sobre todo por el sur hay que sentar los reales en Jerez y Sevilla, sin olvidar el resto de ciudades de nuestra autonomía.

David Carmona lleva una evolución bastante coherente. Desde que lo tomó Manolo Sanlúcar bajo su ala en 2005, entendió que la guitarra va más allá del mero instrumento, que es necesaria una formación musical compacta y una cabeza bien amueblada para abrirse un espacio en este mundo.

Como resultado, el jueves, 16 de septiembre, presentó en la Bienal de Sevilla un recital con un peso específico digno de admirar en un chico que da sus primeros pasos como concertista en solitario. Su madurez artística unida a su humildad como persona llenaron el Teatro Alameda de una gran verdad, además de una esperanza seria de futuro.

Las horas de ensayo y el minucioso afán de perfeccionismo tuvieron su recompensa que hubiera sido más efectiva si todas las localidades hubieran estado cubiertas, si un mayor número de flamencos y de entendidos y de críticos se encontraran entre el público, diluidos por dudosa lógica de las variadas ofertas de la Bienal, supongo.

Algunos guitarristas granadinos (Miguel Ángel Cortés, Alfredo Mesa, Jorge ‘El Pisao’), en cambio, sí asistieron al estreno para apoyar a su paisano y reconocer su prestigio.

Como buen director de orquesta, gobernaba un grupo que se movía a expensas de su guitarra. Carmen Molina al cante, con su dulce voz, afinada y flamenca, tuvo que hacer encajes de bolillos para cuadrar las necesidades de David (las letras son del mismo Carmona). Oscar, con su segunda guitarra, extendía como en un eco necesario las propuestas rítmicas del concierto, Agustín Diassera y Miguel ‘Cheyenne’, los dos percusionistas, ofrecían un contrapunto tan moderado como eficaz en los momentos deseados.

Una taranta en solitario, como plato fuerte en los inicios con Sanlúcar, abre el recital. El frío de un comienzo se torna calidez cuando sus notas rellenan el teatro. Para la soleá llama a la cantaora y ambos se apoyan en la percusión cuando abordan la bulería llamada Motivo impertinente por la repetición insistente de unos acordes que emparentan la pieza con un breve ostinato clásico o un son cubano.

Las alegrías son también exclusivas en su dimensión sonora y la letra original y conseguida, aunque Carmen dudara en las entradas. Por fiesta continua su puesta en escena con unas bulerías desarrolladas en el sistema ‘mixolidio’, basado en la escala mixolidia griega, que Manolo emplea por ejemplo en su disco Locura de brisa y trino.

Los tangos, compuestos con estas mismas notas helénicas, ofrecen una visión completamente distinta a los convencionalismos existentes en toda la geografía tanguera.

Unos fandangos de Huelva, fuera de programa, vuelve a trasladarnos a las alas del más puro flamenco, que se remata sin lugar a dudas con una soleá por bulerías para baile, que aborda sin fisuras la bailaora Patricia Guerrero como artista invitada, más madura y sólida que nunca.

* Programa de mano (autor de la foto: Nono Guirado©).

En Granada se canta por orden alfabético

Alberto Funes, Alejandro Luján ‘El Gambimbas’, Alfredo Arrebola, Alfredo Tejada, Alicia Morales, Álvaro Rodríguez, Ana Mochón, Ana Sola, Ángel Rodríguez ‘Chanquete’, Antonio Campos, Antonio Carmona, Antonio Fernández, Antonio Gallegos, Antonio Gómez ‘Colorao’, Antonio Trinidad, Aroa Palomo, Arturo Fernández, Carlos Cruz hijo, Carmen Carmona, Cristián Delgado, Curro Albayzín, Curro Andrés, Curro Vega, David Bastidas, David Sorroche, Elisa la del Horno, Encarnación Amador ‘La Nitra’, Enrique Morente, Enrique Morente hijo ‘Kiki’, Estela ‘La Canastera’, Esther Crisol, Estrella Morente, Familia Fernández de Íllora, Fernando Rey, Fita Heredia, Gema Caballero, Gilberto de la Luz, Irene Gómez, Isa la Jazmín, Iván Vílchez ‘El Centenillo’, Iván Vallejo, Jaime Heredia ‘El Parrón’, Joni Cortés, José Balao, José Cervera ‘El Cuchilla’, José de la Porrona, José de Pinos, José Fernández, José ‘Pasita’, Juan Ángel Tirado, Juan de Granada, Juan José Garrido, Juan Miguel, Juan Pinilla, La Porrona, Lorena ‘de la Cumbre’, Luis Heredia ‘El Polaco’, Magdalena Ramos, Macarena Rodríguez, Mamen Ruiz, Manolo Osuna, Manuel Carmona ‘Nene de Santa Fe’, Manuel Heredia, Manzanita, Manuel Palma ‘El Zahoreño’, María ‘La Coneja’, María José Pérez, Mª Ángeles Pérez ‘La Niña la Plata’, Mari Ángeles Trigueros, Marina Heredia, Marta García ‘La Niña’, Mati Gómez, Mayte Maya, Mercedes Hidalgo, Miguel Barroso, Miguel Burgos ‘Cele’, Miguel Soler, Morenito de Íllora, Nati la Faraona, Nazaret Marcos, Niño de las Almendras, Paco Moyano, Pepe Fernández ‘Chure’, Pepe Luis Carmona, Rafaela Gómez, Rafael Muñoz ‘Niño del Cerval’, Rafi Heredia, Rudy de la Vega, Raúl Molina ‘Mikey’, Sara Heredia, Sensi de Carlos, Sergio Cuesta, Sergio Gómez ‘Colorao’, Verónica Jiménez “La Hindú”, Yudith Urbano...

El Gallo de Cristal

El Gallo de Cristal

El miércoles pasado tuvo lugar en el Museo Casa de los Tiros la presentación el nº 45 de la revista literaria Extramuros por parte de la Asociación Cultural del mismo nombre a la cual fui invitado. Qué tiene de extraordinario y por qué me hago eco de ello.  Las razones son bien sencillas.

Primero: porque una revista de letras tan longeva merece admiración y presencia.

Segundo: porque se le hace un homenaje, dedicándole sus páginas centrales, al escritor granadino Arcadio Ortega, al cual le profeso una admiración incondicional como poeta, narrador o ensayista.

Y tercero: porque el Grupo de Estudios Flamencos de la Universidad de Granada ha comenzado a colaborar en dicha propuesta. En ella han inaugurado una sección dirigida a la investigación flamenca, en la cual puede que colabore.

Querría explicar el acto, que terminó con poesía flamenca y recital de guitarra, soleá y bulerías, por parte de Isidoro Pérez. Quisiera también comentar el contenido de la revista, que casi no tiene desperdicio. Pero no lo haré.

Diré en cambio, que la presentación, aunque larga, fue emotiva y que las firmas prestigiosas.

Esa misma noche decidí montar mi particular celebración yéndome a la XXI Noche Flamenca de la Asociación de Vecinos de la Plaza de Toros y, aunque llegué tarde por haber recogido mal la hora de comienzo, pude contemplar cómo los artistas soportaban estoicamente el desastre de sonido que caracteriza este festival desde sus comienzos.

Tenía interés en ver y escuchar a Alicia Morales, pero cantó en primer lugar y me la perdí. Pude ver el segundo baile de Almudena Romero, que algo más reposado sería más efectivo. José Fernández, con su tónica festivalera, estuvo acertado. De Esther Crisol puedo decir que la he visto mejor otras veces.

El Capullo en Granada

El Capullo en Granada

Hoy viernes 17, a las 22’30 tenemos a El Capullo de Jerez en la sala Sugarpop.

Dos veces al menos he visto a este cantaor en directo. La última en el Festival de los Ogíjares hará dos o tres años ante unos 2.000 espectadores de todas las edades a los que puso en pie indiscutiblemente con el soniquete de su fiesta y sus originales letras, que bien podían estar firmadas por Raymond Carver ("Apágame la luz / enciéndeme la luz...").

La primera vez en cambio fue un recital íntimo, de unas 20 personas, en el patio del Colegio de Abogados. Allí lo disfrutamos con ganas, pues le pilló en buena forma.

Entre risas y muecas nos contó de donde venía su sobrenombre y es que cuando nació dijo su madre: "Qué niño más guapo, parece un capullo...". Y así se quedó.

Ahora, véte tú a saber si era verdad.

*Foto: deflamenco.com©

Un festival a escala

Un festival a escala

XVI Festival Flamenco Frasquito Yerbabuena

Aunque el número dieciséis preceda al nombre del Festival Flamenco de Cúllar Vega, en realidad es el segundo que se realiza desde esta nueva época. Frasquito Yerbabuena y su puesta de largo tenían un merecido prestigio nacional. Era un referente entre los festivales por su calidad y valoración. La peña desapareció y este evento con ella. El año pasado, sin embargo, un grupo de aficionados y flamencos del lugar volvieron a coger las riendas, a reordenar papeles e intentar llegar a ser lo que siempre han sido.

Después de un intento malogrado en el 2009 en una carpa del ferial donde el ruido externo mandaba en el cante, este año han decidido con gran acierto llevar esta muestra a la misma sede de la peña, al patio de las antiguas escuelas Pío XII.

Pero más aciertos rodean al primer festival serio de esta segunda época. El cuadro de artistas es variado y de un equilibrio agradecido; gran parte de los espectadores eran flamencos o peñeros, en una palabra aficionados (que eleva el nivel hasta en las butacas); la barra estaba en un recodo fuera de la vista, lo que evitó interferencias y exabruptos. Por otra parte, es un recital modesto y recogido, apenas 250 personas conformaban el público.

El baile es uno de los caballos de batalla de los festivales. Simplemente porque no se le da importancia. Es un instrumento de intermedio, que raya en el folclore y es un anticipo al flamenco “de verdad”. Por eso no se le presta la atención debida. Por eso el tablao es catastrófico tanto en textura como en sonido. Por eso los bailaores y bailaoras se encuentran marginados.

No debemos programar baile puramente por estética, únicamente para rellenar momentos vacíos. El baile no es un elemento bisagra sino que constituye una de las tres manifestaciones del flamenco, quizá la más completa, tal vez la más enriquecedora.

Ana Calí, con su cuadro (Sergio ‘Colorao’ al cante, Alfredo Mesa a la guitarra y Miguel ‘Cheyenne’ a la caja), abre la noche con una soleá. Contar con esta bailaora tan flamenca y experimental, sin olvidar la esencia, es un punto a favor. Un talento excesivamente íntimo unido a su desmedida humildad la ancoran a una ciudad sin perspectiva.

Su segunda entrega, en el ecuador del concierto, será definitiva. La granadina reivindica su tierra con una zambra, muy cercana al tango, donde la gracia, la frescura y el continuo roneo marcan algo que bien limado puede llegar a ser una de sus mejores cartas de presentación.

Esther Crisol, con José María Ortiz a la guitarra, es la primera cantaora. Su tónica es la habitual, quizá más segura que en otros momentos. Su cante grave tiene guiños al pasado que son muy agradecidos, aunque no trasmite todo lo que su voluntad apuesta. Comienza por la media granaína de Mariana Habichuela y, pasando por cantiñas y malagueñas, termina con un tango argentino por bulerías que tiene su punto.

El hijo de José Fernández, que acompaña a su padre con las seis cuerdas, empieza a superar a éste en flamencura y perspectiva. El cantaor no se la juega y apuesta por lo seguro, bulerías, cantiñas, malagueñas y fandangos, casi igual que el repertorio de Crisol. Los dos intentan rematar la malagueña con los fandangos de frasquito. Ninguno lo consigue.

Sin duda el mejor cantaor de la noche fue Antonio Gómez ‘El Colorao’ con Vicente Márquez ‘Tente’ arropándolo, sobre todo por soleá. Dijo que iba a cantar flamenco para los flamencos. Y vaya si lo hizo. Estuvo especialmente sembrado y se quedó con ganas de seguir. También destacó en lo tientos-tangos, fandangos y seguiriyas. Culminó con su éxito ‘Mi Mama’, dedicada con cariño, al que todos nos unimos, a Asunción Pérez como seria impulsora del flamenco desde la institución.

Como broche y cabeza de cartel, Luis El Zambo, con Isaac Moreno dándole el tono, hizo un recital previsible y monográfico. Del martinete pasó a la bulería por soleá, de ésta a las bulerías y después a la soleá. Acabó por fandangos. De cualquier forma es un cantaor puro y necesario, grande en lo suyo y con un eco jerezano digno de admiración.