Blogia

volandovengo

El Destino

El Destino

Escribía Torrente Ballester que "El Destino es como un río de muchos afluentes, como la red de tus venas, caminos que se recorren por aquí y por allá, se puede retroceder y avanzar, elegir éste o aquel otro, y todos llevan al mar, que es el morir", argumento que entronca con el jardín borgiano.

Posiblemente el Destino esté escrito, pero posiblemente sea como esas novelas que proponen varios finales, como Rayuela, podemos jugar nuestras cartas.

La suerte y nuestras circunstancias determinan este final que debemos ayudar a terminar de escribirlo.

Los budistas creen en la lógica consecución de los acontecimientos, no sólo de una vida, sino de todas las vidas. Todos los seres humanos estamos irremediablemente unidos a la Rueda de la Vida (Samsara) y pasamos continuamente por los mismos cielos y los mismos infiernos hasta nuestro fin relativo, hasta la transmigración de nuestra alma.

Abandonamos esta Rueda (la bestia del uso, que diría José Miguel Ullán), momentánea o definitivamente, cuando alcanzamos el nirvana.

El Destino es el futuro previsible. Es ese fin que puede ser cantado en una saga. Es el renglón torcido de Dios. Alimento para los futurólogos, adivinos, pitonisas, videntes, augures.

El Oráculo de Delfos, todos los oráculos de la antigüedad, eran ambiguos como es Destino, decían algo y todo su contrario, auguraban la felicidad y el más cruento final en una misma sentencia. Siempre, desde luego, tenían razón.

El Destino es cruel o caprichoso, que es otra forma de crueldad. El Destino es como Dios, que aprieta pero no existe.

*Rueda de la Vida

Ogíjares recupera el pulso

Ogíjares recupera el pulso

XXVIII Festival Flamenco de Los Ogíjares

Tras un par de años de relleno y cumplimiento, el Festival Flamenco de Los Ogíjares vuelve a mostrar su buen estado de salud y cumple una vez más con sus expectativas de convertirse, no solamente en un festival de prestigio, sino en la cita ineludible de los grandes aficionados al flamenco de toda Andalucía. Después de un desvío inexcusable por ninguneos políticos, este evento vuelve a estar organizado por la Peña Yerbabuena, por gente que entiende que los pasitos andados no se pueden desandar (¡ojalá al Festival de Otoño de Granada le pase lo mismo). Cada uno de los cinco cantaores, con sendos guitarristas, podría ser sin lugar a dudas cabeza de cartel en una noche que, a pesar de su extensión (hasta las cuatro y media de la madrugada), no defraudó. El sonido, con algún silencio inoportuno, fue más que correcto. Incluso el escenario, decorado para la ocasión, contribuyó a la redondez de la velada.

Tres mil personas, o tal vez más, ordenadamente sentadas, respetuosamente atentas, recibieron con placer la gloriosa entrega de sus actuantes. Antonio Gómez “El Colorao”, como podía haber sido cualquier otro, fue el encargado de romper el hielo con sus propuestas ortodoxas, yo diría que académicas. Antonio se templó con unas marianas, un cante cercano a los tientos-tangos, que rescató del olvido hace algunos años. Una soleá de Alcalá sirve para tendernos el abanico de su largura, que demostró también en sus seguiriyas, en las que destaco las de Curro Dulce. Entre estas dos propuestas jondas, El Colorao, sin abandonar su estilo ceremonioso, que acentúa Jorge Gómez con la sonanta a su lado, se acordó de Cádiz. Termina este cantaor granadino con unos cuantos fandangos naturales.

En escena lo releva una impresionante Aurora Vargas, arropada por Diego Amador a la guitarra y Rafael Junquera y “El Eléctrico” a las palmas. Ella sola rellena un escenario quizá demasiado grande. Las alegrías son su primera propuesta. Vemos a una cantaora en plenas facultades. El público responde y ella se engrandece. Es pura, es raza, es gitana. Su soleá llena de pellizco preludia su reinado por fiesta. Los tientos-tangos se prestan a un bailecito. Ya le estorba la silla, ya le sobra el áncora del micrófono, ya recorre las tablas para llegar a todo el mundo, para trasmitir su calor, su fuerza que le está sobrando. Está a gusto y lo demuestra en las bulerías, que interpreta también fuera de micrófono y acompañándose de su baile temperamental Levanta a los espectadores. Y en los postres se acuerda de Luis de la Pica. Y, después de estas bulerías, más bulerías. Y después, más bulerías, musicando “Derroche” de Ana Belén. Si el Festival hubiera acabado en ese momento, un servidor habría quedado ya satisfecho. Pero había más. El rizo se sigue rizando. La tuerca continúa dando vueltas.

El cante rotundo de José Menese llena el espacio. Para las granaínas, las cantiñas y las bamberas, se hace acompañar de la joven guitarra de su paisano José Talavera “El Francés”. El cantaor de La Puebla de Cazalla termina con soleá y con seguiriyas, con del preciso Antonio Carrión a la guitarra, que también arropará a Miguel de Tena. Menese es un maestro de maestros. Sus letras no son convencionales. Esconden el compromiso de quien grita y no sólo de quien se queja. Sin embargo, el sevillano, no es tan poderoso, no hila tan fino como en la visita anterior en el José Tamayo.

El baile de Andrés Peña y su grupo ponen fin a la primera parte de una noche memorable. Por mucho que su nombre se baraje entre las jóvenes realidades de la danza flamenca, por mucho triunfo que lo avalen, la soleá de este jerezano resultó floja y descafeinada. Cabe salvar de entre su grupo el cante arraigado de Miguel Rosendo y poco más.

Tácita figura del Festival es José Domínguez “El Cabrero”, que fue generoso en su entrega. A su lado, Rafael Rodríguez, hacía hablar a las seis cuerdas. Comienza con una soleá, de la que pasa directamente a “La lluvia”, un soneto de Borges que mete por bulerías con apuntes de milonga. A esto le siguen unas seguiriyas. Pero el público será suyo incondicionalmente cuando canta sus reivindicativos fandangos, con letras propias, que nos retrotraen a los años setenta. El Cabrero canta de pie, alza su flamenco, escupe sus verdades. Antes de otro poquito por fandangos, esta vez de Alosno, el cantaor sevillano interpreta otro poema, “Luz de luna”, una bella nana por bulerías. Termina con unos martinetes muy rítmicos, también de su estilo, acompasados con el golpeteo de la guitarra.

El Festival termina como muy bien podía haber empezado, con el cantaor Miguel de Tena, que se alzó con la Lámpara Minera en 2006. El extremeño presenta sus credenciales en forma de malagueñas y abandolaos. Su voz laína no convence a todos los presentes, aunque su entrega es exclusiva. Su mejor entrega quizá fueran las tarantas y los tangos extremeños. Sin embargo, de puro cumplimiento fueron las bulerías, cercanas al cuplé, con el tema “María de la O”, y las anquilosadas milongas dedicadas a las madres. Acabó con unos festivaleros fandangos.

*Impresionante Aurora Vargas (© Paco Peña)

 

 

La mayoría de edad de un festival

La mayoría de edad de un festival

XVIII Noche Flamenca. Asociación de Vecinos Plaza de Toros, Doctores y San Lázaro

Desde hace dieciocho años se viene celebrando en las inmediaciones de la Plaza de Toros una Noche Flamenca organizada por la Asociación de Vecinos de los barrios adyacentes, el de losDoctores y el de San Lázaro. Desde hace dieciocho años el flamenco toma literalmente la calle y reúne a varios cientos de parroquianos y allegados, que no dejan pasar esta cita. Pero también acoge a bastantes de los viandantes que pasan fortuitamente por el lugar y desean disfrutar de un poco de cante del bueno.

No es una muestra con grandes aspiraciones ni grandes nombres, de hecho nos sorprenden año tras año con alguna cara nueva. Pero, en cambio, es un festival con la total entrega y la verdad de sus participantes.

La bailaora Ana Guadalupe, y su grupo, es la encargada de abrir y cerrar la noche. Comienza con una guajira, un palo para el baile poco visto (aunque pudimos disfrutar con esta misma propuesta con Patricia Guerrero recientemente en el Corral del Carbón); y termina con una soleá. Ana es una bailaora reposada y flexible, de bella estética y futuro halagador. Tras el primer baile, Miguel Barroso, con solemnidad, cantó por granaínas, serranas, milongas y unos bellos fandangos de Vallejo muy rítmicos. Es de agradecer cuando un flamenco interpreta los cantes con conocimiento. A la guitarra José María Ortiz, un músico que evoluciona al margen de las modas.

El descubrimiento de la noche fue Ángela Cuenca, una joven almeriense (Almería cuenta hoy día con un racimo de cantaoras muy interesante). Ana comenzó con unos tientos-tangos de influencia de Carmen Linares y de Morente, para continuar con unas malagueñas que abandoló con fandangos de Almería y fandangos de Granada; y culminó con unas alegrías muy agradecidas. Acompañándola con la guitarra, el estudioso y profesor Vicente Márquez que sonó mejor que en otros escenarios.

El plato fuerte de la velada fue el albaicinero Antonio Fernández, que empezó por seguiriyas, continuó con alegrías, fandangos y tangos de Morente. Antonio es sensible, muy flamenco y con un gusto exquisito, que redondea y endulza los cantes.

* Plaza de Toros de Granada (© granadafoto.com)

Hombre rico, hombre pobre

Hombre rico, hombre pobre

“Es más difícil que un rico se salve a que un camello entre por el ojo de una aguja”, dijo Jesús un día que estaba especialmente inspirado. Y es que ya, en los albores de la historia, se sabía que, en general, ningún hombre honrado se puede hacer rico con su exclusivo trabajo. Sin embargo, el hijo de dios no le dedicó en ese momento ni una mínima sentencia al hombre pobre. Si después de su frase lapidaria, que nos ha hecho pensar en camellos muy pequeños o en agujas excesivamente grandes, hubiera dicho, aunque fuera en petit comité, que “es más fácil que un pobre se salve que encontrar una aguja en un acerico”, otro gallo nos cantaría. Pero, si encima de ser pobres, no tenemos garantizada la gracia de una segunda vida, una nueva oportunidad más afortunada, apaga y vámonos.

Tampoco se asegura, por otra parte, la condena del millonario, sino que su salvación es más dificultosa. Y, poniéndonos a elegir, es preferible un probable infierno (quizá ventilado, como apuntaba Pirandello) tras una vida opulenta, que un cielo dudoso después de haber vivido arrastrado.

Seguramente, lo ideal sería que todo el mundo fuera igual de rico (o igual de pobre, que quizá sea más fácil, pues muchos son los que no tienen y los que tienen mucho son pocos). Y, puestos a soñar, que fuéramos todos iguales ante la ley, que tuviéramos todos las mismas oportunidades... Habría que luchar por esta equidad, pero no acabando con los pobres -como muchos dirigentes se plantean- ni eliminando a los ricos -como se puede pensar. ¿Quizá repartiendo?

Yo, humildemente, me afilio a Mario Moreno “Cantinflas” ─que no es Dios, pero sí divino─ cuando dijo en una de sus películas: “yo no estoy en contra de que haya ricos, yo estoy en contra de que haya pobres”.

Porque la pobreza es un mal que se siente a cada minuto y para la riqueza es algo incómodo. Es incómodo y hasta peligroso que los pobres se organicen, se manifiesten en contra de su estado y hasta que deseen el dinero de los que tienen. ¡Dónde vamos a parar!

El mundo ha quedado reducido a dos estados, a dos clases sociales antagónicas, separadas por el dinero. El mundo tiende al feroz capitalismo y, salvo algunos reductos, el dinero llama al dinero, y la falta de éste a la carencia total. Ya no nos importan los de otra raza, los de otro color, si traen divisas. Las puertas del mundo, las fronteras se derrumban ante el todopoderoso dólar (o el euro, que ya lo aventaja), ante un jeque árabe, blanco por fuera y negro por dentro, que te ofrece de propina un reloj de oro.

Con dinero, en muchos casos, se acabaría el racismo y la xenofobia. Los negros pasarían a ser personas de color, los moros magrebíes y los sudacas serían sudamericanos.

Cuanto más avance el mundo ─me temo─, cuantos más logros alcancemos de bienestar, de calidad de vida, menos adelantaremos en igualdad de clases, más diferencia habrá entre el hombre rico y el hombre pobre.

* Radiado en el 88.8 de FM-Granada, “Mujeres en las Ondas”, el 21 de diciembre de 1999.

Deporte y cultura

Deporte y cultura

"Tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor", decía el viejo bolero. El que tenga esas tres cosas se puede dar con un canto en los dientes.

El amor es lo que más nos interesa en nuestra juventud (que se lo pregunten a Nono que decía vivir del humo y del amor, en indistinto orden), es el leitmotiv de nuestros días, es el sentimiento que guía nuestros pasos (Dmitri Karamazov se quitó la vida por exceso de amor). El dinero es una enfermedad, necesaria, imprescindible a medida que se va madurando (¿madurando?). (¿No es la madurez ese sentimiento de que la vida se nos va limitando?)

La salud se aprecia cuando no se tiene, cuando la vamos perdiendo, cuando nos abandona. Es propia de la vejez, incluso de la vejez de la juventud). Así, cronológicamente diremos: amor, dinero y salud, en la mañana de nuestra vida; para continuar con el dinero hacia el mediodía, siempre el dinero, poderoso caballero; para terminar con la salud al anochecer, en el ocaso.

Los cementerios están llenos de ricos. El rico no lo tiene todo. El hombre feliz, en cambio, no tenía camisa. Hay quien muere enamorado (como el Dmitri de Dostoyevski o el joven Werther de Goethe). Hay quien muere pobre pero con una salud envidiable. Y también, los más, quien desaparecen con mil achaques, con dinero o sin dinero (hago siempre lo que quiero), con amor o sin amor. 

Aunque salud, dinero y amor (o amor, salud y dinero o el dinero en primer término) son tres patas de una misma mesa. Quizá, como decía Aristóteles, en el término medio esté la virtud. Las tres cosas pero sin exceso, con moderación. Tener dinero sin estar podrido. Tener algunos achaques. Y querer con sus aristas. Todo esto para hablar del deporte y de la cultura.

Llevo al menos dos discusiones recientes sobre el mayor beneficio. Dicotomía que no debe estar enfrentada, sino ser complementaria. Son dos aspectos de la salud. La salud corporal y la salud mental, espiritual.¿El deporte es cultura? En sí no, a no ser que se suban y se bajen veinte veces las gradas del Coliseo recitando la lista de los reyes godos. ¿La cultura es deporte? En sí no a no ser que veamos el canal Historia pedaleando en una bicicleta estática.Aunque todo participa. La cultura, el deporte (el amor es también saludable).

No es lo mismo, sin embargo, como en todo, ser protagonista que observador. No es lo mismo practicar deporte que desgañitarnos delante del televisor. No es lo mismo hacer cultura, estar inmerso en sus múltiples tentáculos, que apoltronarse con el chubasquero puesto, como el que espera que llueva café en el campo.

Uso y abuso de los puntos suspensivos

Existe una abundancia de textos, a veces sesudos y harto literarios, con un mal empleo de este signo diacrítico. Encontramos a veces una multiplicación ilógica de dichos puntos como refiriendo que lo omitido es de mayor identidad, como si lo que quedara por decir superara lo previsto, como si la duda fuera mayor.

Otras veces los puntos suspensivos los encontramos precedidos de espacio. O en cambio, no les sigue ninguno y la palabra siguiente va unida a ellos como si fuera una sola palabra compuesta. O, asombrosamente más común, aparecen los tres puntos a continuación de la abreviatura etc.

Y esto sólo por citar algunos de los atentados lingüísticos contra el derecho consentido de omitir.

Recopilo y expongo brevemente el significado y uso de este socorrido signo de ortografía.

Los puntos suspensivos señalan algo que se deja por expresar, bien porque se sabe o bien porque se prefiere callar.

1.- Los puntos suspensivos son tres, nunca menos ni más.

2.- Los puntos suspensivos que siguen a una palabra y dependen de ella o de la oración o período de que ella forme parte, se escriben a continuación de la palabra, sin espacio alguno.

3.- Tras ellos siempre se dejará un espacio.

4.- Los puntos suspensivos van después de los signos de interrogación y de exclamación, excepto cuando no se termina una palabra o la oración no tiene sentido completo (¡Qué barbaridad!... o ¡Cuántas veces tengo que decirte...!)

5.- Cuando se emplea el etcétera o su abreviatura (etc.) (Pepín Bello, amigo de Lorca, Dalí y Buñuel en la Residencia de Estudiantes, lo escribía ‘ect.’), no se ponen puntos suspensivos. Es una redundancia, aparte de una afrenta.

Lo que ven

Lo que ven

Hay un anuncio que se emite últimamente de un puñado de adultos (algunos realmente bordes) comportándose de forma radical en determinados momentos (fumando, gritando, maltratando...).

Yo tengo un ejemplo positivo:

El otro día fue mi niño al cine con sus primos para ver "Ratatouille", la última propuesta de Disney para pequeños consumidores. Juan salió de casa con una libreta y un bolígrafo para tomar buena nota de la función. Arriba se pueden ver sus apuntes.

A pesar de ser el más pequeño de todo el grupo, estuvo atento como ninguno, no perdía detalle y, de vez en cuando, apuntaba algo en su cuaderno.

Él ve a su padre que acude al flamenco con papel y lápiz para anotar las impresiones del concierto y poder así escribir su crítica para el diario.

El niño (de tres años, no hace falta que lo recuerde) aún escribió algo cuando, después del cine, nos fuimos a tomar unos helados.

Cuando le preguntabas qué estaba haciendo, obviamente respondía que escribía su artículo para "mañana para el periódico".

Una anécdota sobre la sopa

Una anécdota sobre la sopa

De un libro que publiqué por encargo hace algunos años: "Herencia de la cocina andalusí" (2001), recreo "Una anécdota sobre la sopa", que a su vez la refirió Amin Maalouf en su gran León el Africano.

El sultán de Granada, el depravado Abu-l-Hasan (Granada, 1214-Túnez, 1286), reunió una mañana a los más fieles entre su séquito en el patio de los Arrayanes de la Alhambra para que asistieran al baño de Soraya, Isabel de Solis, a quien eligió de entre sus esclavas cristianas a cambio de su esposa Fátima, que pasó a un segundo plano en el harén.

Una vez acabado el baño, bajo la mirada atenta de los nobles seleccionados, el príncipe invitó a cada uno a beber un pequeño tazón del agua purificada de la que acababa de salir su amada.

Todos comenzaron a extasiarse y a encumbrar, en prosa y en verso, el maravilloso sabor, el gusto tan exquisito que había adquirido el líquido que albergó las abluciones de la hembra divina.

¿Todos? Todos no. El visir Abu-l-Kasem Venegas (de los Venegas de Granada), lejos de inclinarse sobre la piscina, permaneció hierático, digna y silenciosamente en su sitio sin mover un ápice. La mano en la barbilla y el pie derecho ligeramente adelantado.

Tal actitud no escapó al sultán que, manifiestamente amoscado, le preguntó la razón al desvergonzado.

El visir Abu-lKasen dijo sin que ni siquiera le temblara el bozo: “Majestad, temo que al probar la salsa me apetezca de pronto la perdiz”.

Umbral

Umbral

Hace pocos días que murió Paco Umbral. Nunca ha sido para mí el autor de culto o de cabecera que ha podido ser, por ejemplo, parra mi amigo Juan Pinilla (se emocionaba hablando de él, leyendo y aprendiendo de su palabra). De hecho, tan sólo -que recuerde- me he leído un libro suyo. "Las ninfas" (1975) lo abordé en mi juventud, en una época en que buscaba un camino (aún lo sigo buscando).

Sin embargo, como articulista, como columnista, siempre que he tenido oportunidad lo he leído. Era la sección que más me interesaba del diario "El Mundo". Y, me consta, que a muchos lectores les pasaba eso mismo. De hecho, me temo, que dicho periódico bajará sus ventas drásticamente (no es una suposición emotiva, pues cuando hace poco estuvo enfermo y el diario sin su columna, muchos de sus seguidores hicieron también un descanso).

Lo leí en "El Mundo", cuando caía en mis manos, pero también lo conocí en "Interviú" y en "El País".

Siempre me impresionaba su cultura, el dominio de la lengua y su gracia incisiva. Y el respeto que sentía por sus contemporáneos, llámense Cela o Delibes, que trataba como a maestros.

También era considerable su mal humor y esa guerra amarga particular que siempre le precedía, un permanente mosqueo decimonónico, de otro mundo, que acentuaba detrás de unas gafas de pasta, una bufanda blanca, su gato y su voz de ultratumba.

Ha muerto el mismo día que un jugador de fútbol activo en el Sevilla, en plena juventud (22 años), en plenas facultades, padre inminente (su joven esposa embarazada de siete meses). No entiendo, por muy dolorosa, impensable y cruel, que haya sido esta última pérdida, cómo se le puede dar mayor cobertura mediática que a la muerte del escritor (ya no hay quien se acuerde del 98).

A Redondo, el deportista, que me perdonen, yo no lo conocía hasta ayer. Umbral convive con mi memoria desde que empecé a tener razón de uso.

!Va por usted, maestro!

Para combatir el calor

Para combatir el calor

Hay pequeñas enfermedades, a veces inconfesables de tan nimias, que vienen a ser como las almorranas, para sufrir en silencio. Una pequeña artrosis que se manifiesta en los cambios de tiempo, ardor de estómago que retuerce cuando la comida no se asimila como se debe, el esperma vago que entra dentro de los secretos de alcoba, la alitosis que se aplaca con caramelos de menta, la caída del cabello, sin ser tiempos de berenjena, que duele como el oído, los michelines, las cartucheras, esa grasa que se pega como un perrillo faldero al que no podemos dejar en casa...

El calor que remite en un verano atípico, de altibajos como nunca, es pues como una pequeña enfermedad personal, intransferible, solapada, que se manifiesta a través de los poros y las bajadas de tensión. Los vestidos empapados, el olor de pies y el de los alerones, el cansancio supino, la imposibilidad de pensar, el agua en la nevera, el botellín en el bolso, los bellos quitasoles, las sombras abarrotadas, las calles desiertas, el abuso del aire acondicionado, las heladerías, las terrazas de verano, la poca ropa y las piernas largas.

La mejor forma de combatir el calor es impepinablemente estando de vacaciones. La playita o la piscina, la sombrilla, el chiringuito, el tinto de verano o la cervecita fresca (perdón por el epíteto) (aunque algunos pueblos bárbaros se la toman caliente) (los celtas la trajeron a España).

Hay muchas normas que funcionan más o menos. No hay reglas. Cada uno emplea lo que le sea más efectivo. Cada uno tiene sus armas. De cualquier manera, aunque se combata, el calor se traga (o nos traga).

Fernando no entendía a los extranjeros que se quejaban del calor que hace en Sevilla. Él decía, "pues que vayan por la sombra". El extranjero salmonete (no todos los foráneos) suelen salir a la hora en que las lagartijas llevan cantimplora y no advierten que bajo la marquesina se reducen los grados y no afecta al riego.

Mi sistema consiste en moverme lo menos posible, caminar despacio y por la sombra, aunque el camino sea más largo ("El descubrimiento de la lentitud" que poetizaba Enrique Ortiz), beber buchitos de agua cuando se puede (no suelo beber mucha agua) (soy un poco camello) (el agua abundante, no me sienta bien). La cervecita que no falte o el agua fría o el vinito blanco, que entra de bien... La ducha (o las duchas) diaria.

Y siempre los amigos, la conversación calma (no acalorada), las manos bajo la mesa y los ojos encendidos.

* ILUSTRACIÓN: "El quitasol", 1777, Museo del Prado (© Goya)


Un hombre bueno

Un hombre bueno

Noli me tangere

Inconmensurablemente bueno era aquel hombre. Bondadoso hasta lo impensable. Quizás el hombre más bueno sobre la tierra.

Un verano, cuando los bichos revolotean y se pegan como pequeñas limaduras de hierro a los grandes imanes humanos, se dio cuenta que si espantaba las moscas que impepinablemente se posaban en su cuerpo, podían llegar a molestar a otros compañeros, haciéndolos justamente enfurecer. Así, que estoicamente decidió soportar aquellos puntitos negros alados.

Pasó el tiempo y el hombre reconoció que su pasividad no era suficiente: las golosas hijas del diablo seguían molestando a sus amigos. De esta forma, aquel hombre bueno (en el sentido machadiano de la palabra), untó miel por todo su cuerpo, para, no sólo soportar a las familiares que ciertamente le correspondían por derecho porculizador, sino también atraer a todas sus golosas congéneres que pululaban por los alrededores, liberando, de este modo, a las personas que le hacían compañía en aquel momento.
Aquel hombre, inconmensurablemente bueno, al tiempo murió mosqueado, creo.

* Más de veinte años tiene este cuentecito.

Hacer agua

Hacer agua

Hacer agua es una frase hecha, una expresión marinera que, metafóricamente ha invadido el lenguaje, tanto el coloquial como el culto.

Se dice que un buque, o cualquier otra embarcación, hace agua cuando es invadido por ésta a través de alguna grieta o abertura. O sea, que si no se achica rápidamente, el barco se hunde, se va a pique.

(También, siguiendo el mismo argot marinero, hacer agua es hacer aguada, surtirse de agua potable la nave en cuestión.)

Por extensión, como ya he dicho, hacer agua se dice de un proyecto, generalmente que presenta debilidad o síntomas de ir a fracasar. También, familiarmente, aunque no es lo suyo, se puede aplicar a las personas, a sus vidas, a las parejas o sociedades, tomando éstas como si de un proyecto se tratara.

Hasta aquí todo bien. Lo malo es cuando intentamos pluralizar el dicho. Hacer aguas, popularmente aceptado con el mismo significado que su homólogo sin ese, no tiene nada que ver. Nada con los barcos, nada con los fracasos y nada con los marineros, a no ser que estos alivien sus vejigas. Porque hacer aguas significa ni más ni menos que orinar, es decir, expeler la orina.

Así, cuando hace poco escuché en la radio que tal equipo de fútbol hacía aguas, no tuve más remedio que partirme de risa al imaginar a todos sus jugadores orinando en la linea de fuera de juego.

* EN LA FOTO: Barco hundido en el Lago Ness.

Casualidades

Casualidades

Esta vez no pienso teorizar sobre las casualidades. Hacer un pequeño tratado de las coincidencias fortuitas o programadas por no sé qué juguetillos del destino y mucho menos de sus consecuencias y efectos.

Tan sólo quiero referir una pequeña anécdota, un apunte curioso que me aconteció en el super (mercado) el otro día.

Llegué a la caja a pagar. Era poco, algo de verdura y fruta, una bandeja de pechugas de pollo, pizza y algo más. ¿Tiene Tarjeta Día?, pregunta la cajera. No, respondo de inmediato, pues la pregunta no encierra dificultad alguna. ¿Tiene puntos acumulados?, prosigue. No, vuelvo a responder con igual soltura. ¿Quiere usted una bolsa (cinco céntimos)?, termina el interrogatorio. , digo dispuesto, pues todo no me cabe en los bolsillos. Muy bien señor, exclama la chica a los postres, son doce con dieciocho. Saco veinte y me devuelve el resto. Me lo guardo íntegro en el pantalón, pues en los super (mercados) no es habitual dejar propina.

Cuando estoy acomodando mi compra en la bolsa que gentilmente me han cobrado (cinco céntimos), oigo que, después de las preguntas de rigor al cliente que me seguía los pasos (sin ser un espía ni nada parecido), le dice la chica: son doce euros con dieciocho. O sea, lo mismo que a mí. Qué coincidencia. ¿O le cobrará a todos lo mismo? ¿Será el día de los Santos Inocentes que se ha desplazado al verano?

Miro la compra del nuevo cliente por si había comprado lo mismo que yo, pero no tiene nada que ver. Miro mi cuenta a ver si hay algún error. La operación no es difícil y está correcta. Me demoro todavía para comprobar si a un tercer cliente le cobran lo mismo, pero la cifra es mucho más alta. Su carrito viene lleno.

Solamente fue una casualidad. Uff.

De feria en feria

De feria en feria

Festival Flamenco de Beas de Granada

Hay artistas de la escena, ya sean flamencos, rockeros, teatreros o circenses, que se pasan como los titiriteros la temporada veraniega (y tal vez más) mostrando sus habilidades de plaza en plaza, recorriendo los pueblos de toda la geografía nacional. "Vivo en la carretera", que cantaba Miguel Ríos.

Resulta que el Festival de Beas, que fue el lunes pasado (madrugada del martes más bien), salvo algún cambio considerable, fue bastante similar al Festival de Monachil.

Esta noche actuaron: los flamantes ganadores de La Unión (Juan Pinilla) y de Córdoba (María José Pérez), la joven Judiht Urbano que, con bastante acierto, escogió temas festeros para ilustrar su entrega. Otro de los cantaores fue Manuel Palma "El Zahoreño" que, con su voz laína y bien modulada, sustituyó al tremendo Luis el Zambo del que disfrutamos en Monachil.

Entre los guitarristas, estuvo presente de nuevo el preciso Ramón del Paso, que no siempre se entiende con los cantaores, y el siempre inspirado Miguel Ochando, que acaba de sacar su primer disco, después de algunos ruegos y escaños, que se llama "Memoria".

En el baile también repitió, fuerte y convincente, Isa Vega y su grupo (César Cubero a la guitarra, Rudi al cante y Rafa Vega al cajón).

Previsible como el anterior (Monachil), pero distinto. Cada actuación es única. El ambiente cambia. El recinto era más grande, había mucho más público, quizá por ser gratuita la entrada, aunque era menos familiar, las palabras, los sones, los cantes... se perdían en el horizonte (¿agorafóbia?).

Como maestro de ceremonias, como ya anuncié, ofició el que suscribe. Hasta que no acaba el Festival no se aprecia el resultado. O sea, la tensión se mantenía de principio a fin. Incluso había momentos de titubeo, indecisión, agobio. Alguna voz anónima que enturbia tu presencia (la fiesta, el alcohol, ayuda mucho).

Pero al final recibo parabienes y felicitaciones, del público, de los actuantes, del alcalde (que si voy a volver el año que viene). El concierto entonces se apodera de mí. Yo pensaba que recibiría huevos y tomates. El promotor, sin embargo, quien me contrató, sólo valoró lo negativo, ni una palmada en la espalda. Aunque presiento que me seguirá llamando. Ésa es una de las manifestaciones del poder: mirar por encima del hombro. ¿Será un complejo de inferioridad?

La soledad

La soledad

Mientras desayunábamos, preguntó Inma a bocajarro: "¿qué opináis de la soledad?".

Que qué opinamos de la soledad. La soledad cuando es voluntaria, escogida, puede ser una delicia; cuando es impuesta, obligatoria, es una condena. Si buscas la soledad y la encuentras has triunfado; cuando la soledad te busca y te encuentra estás hundido.

El eremita es un sabio que renuncia a las bondades del mundo. La persona ladeada, sin amigos ni esperanzas es un desgraciado. La soledad es más cruel en medio del tumulto, del ruido, la estridencia.

Los demás son el color. El uno es siempre gris. La primavera es del conjunto, el otoño es la primavera de los solos. El drama de la soledad es un sentimiento muy flamenco (soleá). El quejío, el dolor, el desgarro.

San Agustín (354-430) decía "El pájaro solitario siempre se posa en la rama más alta". La soledad es imprescindible para la consecución del proceso creativo. El artista es solitario (como el Llanero) aunque después se relacione. Las musas son muy celosas y se le aparecen al creador en soledad.

O, como diría fray Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764): "Siempre alcanzará más un discreto solo que una gran turba de necios; como verá mejor el sol un águila sola que un ejército de lechuzas". 

Cuando el mundo comenzó a rodar regularmente, apareció un único dios, el hacedor. Con su abracadabra creó todas las cosas, aunque fue el hombre, según Bob Dylan, quien le puso nombre a los animales (in the beginning). Si Dios no juega a los dados es porque está solo. Si Dios es vengador es porque está solo. Si Dios es maniqueo (premia a los buenos y castiga a los malos) es porque está solo. Después vino la justicia divina pero tiene una venda en los ojos que no se puede quitar porque tiene una espada en una mano y una romana en la otra.

Pequeño gran festival

Pequeño gran festival

VIII Festival Flamenco de Monachil

El flamenco en la periferia granadina es un valor a tener en cuenta. Pueblos como los de Ogíjares, Santa Fe o Armilla celebran todos los años por estas fechas su festival veraniego. El desplazamiento es mínimo, son como barriadas de la misma capital, y tienen el sabor y el frescor de salir de ella. El sábado 18, le tocó el turno a Monachil, que cumplía la octava edición de su fiesta flamenca. Sin ninguna pretensión y con un cartel no muy extenso, se dieron cita un puñado de artistas de peso reconocido. A saber: desde Jerez, y como cabeza de lista, vino Luis Fernández Soto, Luis el Zambo, que cerró el encuentro; Juan Pinilla, reciente ganador de la Lámpara Minera en el Festival de las Minas de la Unión; María José Pérez que, también este año, se hizo con el premio Don Antonio Chacón en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba; y la joven Judith Urbano. A la guitarra estuvieron dos sensibilidades de las seis cuerdas del panorama granadino. En la primera parte Luis Mariano y en la segunda Ramón del Paso. El toque de color lo dio el baile de Isa Vega y su cuadro flamenco.

El mayor de los Zambos sabe llegar al público. Es un cantaor rotundo, bien afinado y con un compás envidiable. Hizo tientos-tangos, soleá, malagueñas, fandangos y terminó por bulerías. Todos cantes de añeja tradición gitana, que terminaron de elevar la temperatura varios grados. Para abrir la noche, Juan Pinilla, cantaor tan enciclopédico como ortodoxo, dio muestras de su bien merecido galardón en Murcia. El cantaor de Huétor Tájar, con la voz algo rozada, nos dejó con la zambra que grabara recientemente Estrella Morente en su disco “Mujeres”, mineras, su palo estrella, alegrías y un recorrido por los cantes de Huelva. La almeriense María José Pérez, fuerte y delicada, rica en matices, muy chaconiana, brilló con la caña, granaínas, cantiñas y fandangos, que remató sin micrófono. No le hacía falta. De hecho, el sonido, sin grandes deficiencias, además de impertinente, fue un lastre que tuvimos que soportar toda la velada. A Judith Urbano se le dieron mejor los cantes de fiesta que los palos jondos. Con todo y con eso, la cantaora de la Zubia, con una voz aguda y aún por trabajar, interpretó granaínas, alegrías, tangos y fandangos. Para terminar, todos los artistas y algún añadido, cerraron con un fin de fiestas por bulerías.

P.S.- Como presentador de este Festival ofició el que suscribe. Es la segunda vez que actúo de maestro de ceremonias en un encuentro flamenco (el primero fue la noche flamenca del Parapanda Folk 2006). Fue una noche agradable, de risas y complicidad. Cuando se está a gusto las cosas salen redondas.

Mañana martes, 21 de agosto, presentaré el Festival Flamenco de Beas de Granada. Será otro reto: cada escenario, cada público es distinto. El jueves, en estas mismas páginas, daré una somera impresión de los resultados. Si sale bien, ya pueden contar conmigo para seguir gobernando desde el micrófono las citas flamencas que se presenten, pues a la tercera va la vencida.

En la foto: Luis el Zambo (© Daniel Muñoz).

La Moneta, el mejor broche para un encuentro

La Moneta, el mejor broche para un encuentro

 

 

Los Veranos del Corral. IX Muestra de Andaluza Flamenco

 

Sin guitarras. Tan sólo con el compás de las palmas y los jaleos en su sitio, comienza la primera entrega de La Moneta por bulerías. Fuensanta evoluciona con pasos agigantados. Qué lejos queda ya la chiquilla que hace apenas tres años se alzó con el Desplante, el primer premio de baile en el Festival de las Minas de La Unión. Qué lejos queda esa bailaora desbocada, con todo el sabor de la raza, con la desbordante intuición de quien quiere comerse el mundo, con la sal de cuatro mares y con todo un futuro por delante. La Moneta hoy día conserva su fuerza y su carisma, sigue siendo un purasangre que se va domesticando, que sigue buscando, que encuentra un sentido a la danza que va más allá del puro arrebato, de la fuerza bruta, del río sin márgenes. La Moneta entra con desafío. Mide sus pasos y sus miradas. Es dulce y es amarga. Es delta y manantial.

 

Un cuadro de lujo la acompaña. Tres cantaores y dos guitarristas. Cada uno es un peso pesado. Cualquiera de ellos puede llenar un teatro. Enrique el Extremeño, el más veterano, es un maestro del compás y del quejío. El Galli y Miguel Lavis son el contraste. Tres voces distintas y complementarias. Con apuntes levantinos, los dos tocaores, Miguel Iglesias y David Carmona, introducen una farruca, que la bailaora granadina aborda con traje corto de pantalón y torera negros. Una farruca ya conocida por sus incondicionales, pero que Fuensanta pule hasta la perfección. Es su mejor propuesta. Es un baile maduro, reposado, lleno de silencios y complicidades. Paralelo a los tiempos. Compañero de las mejores vanguardias. Las voces ausentes no las necesita, pues va cantando con los pies. Las guitarras también callan a veces y la bailaora recurre a los palillos. La tensión, a veces hierática, se rompe con una sonrisa.

 

Para hacer tiempo mientras se prepara el último baile, los músicos se asoman a Málaga y nos dejan con varias ruedas de abandolaos. Hasta que aparece La Moneta de rojo y negro, con brillantes en el pelo y zarcillos dorados. Parece una dama luciendo el tesoro de Príamo. Escoge su imagen para bailar por seguiriyas. Ha sido su carta de presentación. Es el palo que la precede y la representa. Es el palo que siempre la acompaña y muestra con toda la pulcritud, la fuerza y el arte de que es capaz. Termina la seguiriya con algunos martinetes que cantan los cantaores alrededor de su reina. Enrique el Extremeño hace una letra que alude al Corral del Carbón. Fuensanta, siento a la postre, que no dejará de aprender, pero que ya es maestra, modelo a seguir.

Me venden

Me venden

Me imagino que es como todo. El primero que tuvo una ocurrencia, que es original, puede que sea un genio. Los demás que repiten esa propuesta, pueden ir desde los respetables admiradores hasta los burdos imitadores o directamente los cretinos.

El otro día vi por la calle tres o cuatro coches con el cartelito "Me venden". Es gracioso al principio. Pero después de tenerlo visto, puede ser un agobio. Como el ejemplo que he sacado de internet del coche de la fotografía. Su texto dice: "¡Me venden! Soy un Volkswagen Beetle 1303 Cabriolet (familiarmente conocido como «escarabajo descapotable» o «bug») del año 1976. Llegué desde Alemania a España en 1992, cuando me matricularon. Color blanco...".

Quizá en este ejemplo no se vea demasiada clara mi denuncia, pero ¿qué os parece que cuando digamos que queremos un café solo, el graciosillo de turno nos diga "pues nos vamos todos"? o ¿cuando digamos que vendemos una moto, por ejemplo, este mismo graciosillo salte con eso de "y yo para qué quiero una moto vendada"?

A veces el flamenco se escribe con mayúscula

A veces el flamenco se escribe con mayúscula

Los Veranos del Corral. IX Muestra de Andaluza Flamenco

A veces el flamenco se escribe con mayúscula. A veces, sin pensarlo, en una noche se confabulan los duendes y, lo que venía a ser un recital, un encuentro más, se convierte en una jornada antológica. Miguel Lavis (quédense con este nombre porque dará mucho que hablar), con una voz muy gitana, con un eco muy flamenco, despertó la velada con unos desgarradores martinetes, que le encumbraron, desde esta primera pieza, al olimpo junto a Manuel Torre o Camarón. Una rueda muy completa a pie de escenario, sin micrófono, que culminó con la toná tradicional de “si no es verdad…”. Para las malagueñas, recibe al tocaor Pepe del Morao, una sensibilidad personal se une al soniquete de su familia. En estos parcos cantes de Málaga, se acordó de maestro Torre y de Enrique el Mellizo. Para la solea por bulerías, requirió el compás exacto (y los jaleos, imprescindibles cuando el flamenco empieza a tomar tintes de fiesta), de Carlos Grilo y Luis Cantarote, dos palmeros de oficio, que llevan una década acompañando a lo más granado del flamenco en discos y conciertos. Otra vez a solas con la sonanta, Lavis se rompió por seguiriyas, para terminar con unas generosas bulerías que impregnaron el ambiente del más puro sabor jerezano.

Y, como si de una confabulación se tratara, después del estremecimiento de Miguel, qué mejor que el baile desenfadado y redondo de Fran Espinosa. Entre París, donde vive habitualmente, y Córdoba, su ciudad de origen, llega este bailaor al Corral del Carbón, recomendado nada menos que por Javier Latorre, uno de los maestros más referidos en el baile flamenco. Fran es un bailaor poco convencional, es flexible y femenino, con grandes dotes de improvisación y con gracia para regalar. Su primera entrega es una conversación espontánea entre la voz que apunta cantes de faena y martinetes y el zapateado. Llama la atención desde un primer momento su juego de manos, su moderación en el tacón punta, la enorme facilidad que parece su ejecución. Culmina esta primera pieza con un apunte por seguiriyas. La guitarra de Isaac Muñoz se queda sola para brindarnos una farruca. Fran Espinosa vuelve por tangos. No hay vuelta de hoja, su baile es sincero, fino y delicado. Sin complejos. Sus finales son un guiño al respetable, una invitación a esperar el siguiente baile. Churumbaque hijo, con su cantes de levante, demuestra, sin discusión, su merecido premio de tarantas con que ha sido galardonado recientemente, el sábado pasado, en el concurso de La Unión. Su compañera Eva de Dios, lamentablemente, no estuvo a la altura. Sus fandangos naturales, después de las alegrías de Fran, fueron sosos y planos. El bailaor cordobés terminó por bulerías de Utrera, esas bulerías lentas, muy marcadas, que bordaba Fernanda. Su gracia en este cante festero, su dominio y frescura, terminaron de redondear una noche escrita con mayúsculas.

* EN LA FOTO: Fran Espinosa (© Toni Blanco)

Grosso modo

Grosso modo

Leo con asombro, nada menos que en Torrente Ballester (La saga / fuga de J.B., página 71 de mi edición), la expresión: "a grosso modo". Conociendo que esta locución, como otras, por ejemplo motu propio (nunca con a o con de), tiene implícita la preposición, me extraña sobremanera en pensador tan veraz. O sea, al traducir grosso modo (o motu propio) siempre le añadimos el prefijo apropiado.

De cualquier manera, por si acaso, acudo en seguida a mis volúmenes de consulta e intento justificar esta creencia.

Grosso modo viene del latín (es de perogrullo) 'grosus -a -um', que significa 'grueso', 'gordo', 'recio' y del adverbio modo que, para el caso que nos ocupa, lo podemos traducir por 'sólo', 'solamente'.

Así, en conjunto, significa: aproximadamente, a grandes rasgos, en líneas generales, sin detallar o en conjunto. O, directa y burdamente, como a grueso modo. Es decir, castellanizándolo con la correspondiente proposición.

El libro de estilo de El País lo expresa con claridad: "...En cualquier caso, se escribe en cursiva y nunca anteponiéndole la preposición a". Y el de ABC redunda en la misma recomendación: "No debe usarse esta locución latina precedida de a". Aunque ninguno da una clara explicación.

El error me parece inapropiado en un escritor de oficio como don Gonzalo, que domina los latinajos a las mil maravillas. El desliz, con la mano en el fuego, se lo podría achacar a algún copista despistado o a un corrector pretencioso, pero al maestro gallego nunca.

Ante la imposibilidad de encontrar otra edición de esa misma obra en este momento y casi seguro que no ha utilizado esa locución latina en otras obras (como Los gozos y las sombras uno, dos y tres), recurro a otros autores de prestigio y, por tanto, padres de la lengua, como pueden ser los argentinos Borges y Bioy Casares que, en Seis problemas para don Isidro Parodi, se puede leer: "Le expondré los hechos grosso modo, sin subterfugios que son ajenos a mi carácter."

Así, grosso modo, queda explicada la expresión grosso modo.