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volandovengo

Pintadas 2

Pintadas 2

Como decíamos ayer (frase reconociblemente unamuniana pero de empleo nada simbólico, sino vulgarmente real) la pintada es un grito en la pared, la exaltación de un sentimiento o de una queja.

A raíz de "Pintadas" recibí dos comentarios al respecto, apuntando sendas pintadas que han dejado huella en dichos usuarios. Una la trae a la palestra Bukanero, que expresa a la sazón: "Nietzsche ha muerto. Firmado Dios". La otra la expone con magisterio Miguel Ángel González y dice: "¿Existe vida antes de la muerte?".

Esto me ha sugerido la idea de hacer un llamamiento a los lectores de este blog para que me dejen alguna de las pintadas que recuerden o le hayan impresionado (que viene a ser lo mismo) en el apartado COMENTARIOS.

Con todas las frases (que espero que sean bastantes) elaboraré una próxima entrega de "Pintadas".

A voz de pronto, se me viene a la cabeza una declaración que encontré en un muro por el barrio del Realejo, entrando en la plaza de Santo Domingo, que rezaba de esta guisa: "Dios es mariquita". Es tremenda. No se sabe si es algún tipo de menosprecio hacia el hacedor (quiero pensar que no) o, por el contrario, la vindicación del ser supremo hacia el tercer sexo, con todo lo que conlleva.

Echadme una mano. Es un juego divertido, además de ilustrado. Pueden salir notas más que interesantes, además de probar la interacción de esta bitácora. O sea, el poder de convocatoria de un servidor. 

Pintadas

Pintadas

Ayer, en una calle marginal en las afueras de la ciudad, hacia el norte, encontré una pintada en una pared (dónde si no) en la que nos convocaba a una huelga para dentro de unos días. Al no estar fechada, puede ser la cita para este año o, más probable, para años anteriores.

Las pintadas, los grafitos (grafitis en plural) constituyen una tradición social desde el principio de los tiempos. Expresarse, manifestarse, en los muros, en las piedras... nace con el hombre mucho antes que la escritura.

Las primeras manifestaciones artísticas de la humanidad se encuentran en las paredes de las cuevas. Son interesantísimos los petroglifos en las calles de Pompeya. Gran número de ellos de corte erótico (algún día haré una selección).

Es como un grito. Es una expresión desesperada, un manifiesto pasional.

La escatología está bien presente en los retretes públicos (hay varios estudios al respecto). Seguramente, el número más elevado de pintadas son políticas, de todos los colores, generalmente firmadas.

Pero, si tengo que elegir, me quedo con las declaraciones amorosas, los arrebatos, a veces desesperados, las inclinaciones de nuestro corazón: tal quiere a tal o me muero por tus huesos.

Rosa Montero se preguntaba, ante una de estas viscerales expresiones, qué le llevaba a un enamorado a grabar su nombre junto con el de su amada, o viceversa, a la vista de todos, quizá con un corazón, quizá atravesado por una flecha.

También los hay anónimos, que son como códigos secretos. "Te quiero nena", se puede leer subiendo por el río. Ellos sabrán.

Hay mucho de que hablar. Pero, para concluir, os dejo con una pintada de hace años en el metro de Madrid que decía "Se suspende el futuro por falta de participantes".

Una mirada al pasado cargada de futuro

Una mirada al pasado cargada de futuro

Flamenco viene del sur

“Retrospectiva” es un paseo por el tiempo con el que Gerardo Núñez se remonta a su infancia en las calles y barrios de Jerez, donde comenzaron sus devaneos con la guitarra de la mano de su primer maestro, Rafael del Águila, y donde, con sólo 14 años acompañaba a cantaores de la talla de Terremoto, La Paquera o Tío Borrico, que canta en la pantalla en algún momento de la actuación mientras Núñez en vivo le toca la sonanta. Desde esos comienzos, su música, y algunas instantáneas proyectadas en el fondo del escenario, nos irán mostrando los diferentes momentos de su vida y “recoger algunos retazos que me fui dejando por el camino”, según palabras del guitarrista.

Gerardo Núñez aparece desde un lateral del patio de butacas tañendo su guitarra, que se va imponiendo poco a poco entre tinieblas confusas y murmullos agotados, hasta sentarse a pie de escenario como quien se deja caer en un banco del parque. Mientras, se comienzan a proyectar diapositivas de su infancia en Jerez y de sus maestros. Esta evocación del pasado se completa con un grupo de niños del barrio de Santiago que juegan a saltar la comba, pero también juegan a tocar la guitarra y a bailar y a hacerle compás a los que tocan y bailan. A este aprendizaje casi sin quererlo, le sucede una adolescencia más precisa reflejada en la guitarra de Javier Conde interpretando “Donde duerme la luna”, del álbum “El Gallo Azul”, y continúa con “Cañaveral”, de “Andando el tiempo”, al que le acompaña uno de los chiquillos, dando a entender que tanto se aprende como se enseña.

El grupo al completo aparece en la siguiente entrega, “Templo del Lucero”, también de “Andando el tiempo”, donde la guitarra de Gerardo Núñez se impone íntegra, creando un mundo de sensaciones digitales, un vértigo preciso, una musicalidad y un ritmo virtuosos. Su incursión en el mundo del jazz hace improvisar sobre una base, recrear lo creado, imbricarse sobre sí mismo y sobre los demás. Prueba de ello la tenemos en el contrapunto del saxo de Perico Sambeat o en la cadencia del contrabajo de Pablo Martín y rematando con los sonidos negros del cajón de “Cepillo”.

Gerardo abandona la ortodoxia, el “cuarto de cabales”, y flirtea con otras culturas, enriquece otras músicas a la par que enriquece el flamenco. Con “Trafalgar”, del álbum “Jucal” rozamos el límite. En sus notas se aprecian seguiriyas, con tintes de rondeña y pellizcos de granaína. Los sabrosos arpegios de la guitarra se ven reforzados por el contrabajo que remeda a los barcos y a las gaviotas de la Bahía de Cádiz. A éstos, poco a poco, se le van sumando el resto del sexteto. Carmen Cortés, de solapada palmera, se alza y baila con magisterio y poderío unas bulerías por soleá. Punto de inflexión, donde el flamenco se salpica con soplos jazzísticos, y no al revés. Desemboca finalmente en calma definitiva, en el eco y el dolor de Jesús Méndez que borda una toná. Su metal gaditano continuará cantándole la “Soleá, un son eterno” a la bailaora barcelonesa. Para terminar, todos en escena, incluidos los niños que forman “Soniquete”, hacen “De regreso”, las imprescindibles bulerías jerezanas que, tanto para Núñez como para todos los asistentes, deben suponer la huella de un pasado en un presente que mira al futuro.

* FOTO: Gerardo Núñez con Tío Borrico (no tengo más datos)

No desprecies a la culebra por no tener piernas

No desprecies a la culebra por no tener piernas

Quién lo ha visto y quién lo ve. Era, como si dijéramos, el tonto del barrio. Un día llegó con la mandíbula abierta y la lengua gorda que se derramaba fuera de la boca, ofreciéndonos pesetas y comiéndose los papeles de los anuncios publicitarios que arrancábamos de paredes leprosas. Era grandote y grueso, torpe y sin entendederas. Bien lo echábamos de nuestro lado bien lo llamábamos para reírnos al punto de sus desvaríos. Si no llevaba la baba colgando, se le caían los mocos, que mal limpiaba con el mismo pañuelo sucio con que enjugaba su boca. Lo mandábamos a comprar tabaco, a tocar el culo de las niñas u otro sinfín de pruebas a superar para entrar en un supuesto club al que nunca tendría acceso. Detrás de las cristaleras de su portal, se asomaba sobándose los genitales al paso de alguna chica. La Rosa, fresca y hermosa, se preguntaba por qué el pene más grande pertenecía siempre a necios y a tarados. Divulgó, como si fuese una broma, que era su novio y, de esta manera, se lo llevó a la cama. A lo primero reconoció que era tonto sin remedio, que no se quitaba la gorra ni para follar; pero después no pudo pasar de unos encantos tan inocentes como descomunales. Llegó el día que su fama corrió y lo tuvieron por montura todas las mozas del barrio y de los alrededores. Los chicos casaderos del lugar, un buen día, le dieron una paliza que casi lo revientan de pura envidia. A raíz de esto, sus padres se lo llevaron lejos. Al tiempo volvió hecho un notario de prestigio, con el coche más lujoso que hayamos visto y una elegante morena por mujer. Cuentan que fue idiota por un golpe de pequeño o por un letargo voluntario al contemplar la violación de su madre. Un desajuste en el cerebro que se reajustó, probablemente, después de la magna paliza de sus cornudos vecinos.

* Un cuentecillo de juventud 

Baza se estremece con Marina

Baza se estremece con Marina

Granada Flamenco

Puede haber mejor artista, pero mejor comienzo para un festival de flamenco en la provincia de Granada con pretensión de futuro y tintes de evidente calidad, es difícil que se sucedan con este atino. Marina Heredia estuvo grandiosa. Parece que el foro reducido en un escenario casi anónimo le sienta bien. Baza puede que sea una ciudad con poca vocación flamenca. ¿No hay flamenco porque no se demanda o porque no se oferta? Más bien lo segundo, pues el público, las doscientas personas raspadas que acudieron a escuchar a la cantaora, la recibieron como agua de mayo, de abril en este caso. La respuesta fue positiva y cálida la acogida. Es normal que Marina, y su grupo, con quien forma una piña, yo diría que sobresaliente, se encontrara a gusto y derrochara ese eco tan flamenco que la caracteriza y el sublime grito que embelesa.

Con Bolita y Luis Mariano en la guitarra se unen dos sensibilidades que, aunque de origen y destinos distintos, se complementan a la perfección para lograr que encajen todas las piezas. Las alegrías con las que empieza, no sólo sirven para templarse y para medir a un público como digo entregado, sino que suponen una puerta abierta, una carta de presentación para todo lo que queda por venir. Los aplausos merecidamente siempre se prolongan. La soleá que canta la Heredia con sólo una guitarra comienza a estremecer. Es el punto de partida para un concierto que va a ir in crescendo hasta reventar por más de una costura. La malagueña sigue el mismo corte y se desborda en los fandangos de Frasquito. ¿Cuántas veces he dicho ya que Marina Heredia es la máxima exponente de los cantes de su tierra?

La “Balada del que nunca fue a Granada” es la primera entrega de su nuevo disco que, como es lógico, con algunas variaciones, está muy presente en esta velada. Son unas bulerías lentas, como las cantaban las de Utrera, muy sentidas, muy emocionadas. Por levante, ya sea cartagenera o taranto, Marina siempre seduce, por su duelo, por su remembranza. “La gran faena” un aplauso al toreo de Benítez Carrasco animan la función, que ya no decae. Los “Tangos de la Penca”, con su aire moruno, se han convertido en otra de sus señas de identidad que, en esta ocasión, remata por Morente. A un servidor el pelo se le erizó en más de una ocasión.

Termina el recital con otro guiño al toreo. Se trata del poema de José Bergamín “Illo y Romero”. Abandona el micrófono en este momento y remata la bulería a pie de escenario. Como bis lanzará “De antaño” el pregón entre tonás con que cierra el disco. Y, antes de irse, otro regalo, otro poquito por bulerías.

Una semana de flamenco

Una semana de flamenco

Desde el día 7 de abril hasta el 26 de mayo (durante veinte días), se presenta en Madrid la 2ª Edición del Festival Suma Flamenca, en diversos escenarios de la capital y quince municipios de la Comunidad. Este grandioso evento (puede que el más grande en cantidad y calidad de la Comunidad) estarán presentes Sara Baras, El Güito, Fuensanta la Moneta, Pitingo, Diego el Cigala (11 de mayo), Arcángel (12 de mayo), Son de la Frontera con Martirio (18), Trío Benavent, Pardo, di Geraldo (19) o Gerardo Núñez (20).

También, desde hoy 13, con Marina Heredia en Baza, se inaugura el Festival Granada Flamenco (ciclo de la Diputación), que durará hasta el 18 de mayo.

Aparte del concierto de Baza, hoy viernes, 13 (mala suerte para los anglosajones) tenemos un Concierto didáctico de Flamenco en Monachil (21,00 – gratuito); y la cantaora extremeña Esther Merino, acompañada por la guitarra del también extremeño Juan Manuel Moreno en la peña “El Ciego de la Playa” de Huércal de Almería

El sábado, 14, “Furia Maya” en el teatro Isabel la Católica; el Cuadro Flamenco “Estela” en la Chumbera (21,30 – 5 euros); desde Málaga, Antonia Contreras acompañada por el guitarrista Chaparro de Málaga actuará en la Peña La Parra Flamenca de Huétor Vega (22'30); y Juan Pinilla en La Platería (23,30)

Y, este mismo sábado, por si faltaban ofertas, en Vélez Benaudalla dentro del ciclo “Festival Granada Flamenco” podremos ver a Antonio Colorao y Sergio Colorao con las guitarras de José María Ortiz y Rubén Campos.

El lunes, 16, termina Flamenco Viene del Sur con “Retrospectiva” de Gerardo Núñez (Teatro José Tamayo 21,00).

Y cerramos la semana con la actuación abierta de flamenco jóven, el jueves 19, en La Platería (no sé aún la actuación en concreto); y el viernes 20 con Morenito de Íllora y Juan Pinilla en el teatro Villa de Alfacar (21,00) dentro del Festival de Granada de Flamenco.

* FOTO: cuadro de los Coloraos (© Antonia Ortega)

Entre dos aguas

Entre dos aguas

XVIII Jornadas de Música Contemporánea de Granada

 

Después de pasadas las tres cuartas partes del concierto de música contemporánea del cuarteto de cuerda Diotima, apareció Arcángel en el escenario para colaborar en la cuarta y última pieza del recital. Para un servidor, crítico habitual de flamenco, encontrarse en un espectáculo de estas características, simplemente le sobrepasaba. Sería pretencioso por mi parte ofrecer una meridiana valoración de la velada del martes. Sin embargo podría apuntar algunas apreciaciones que obtuve de una música tan experimental como sugerente y, algo más preciso, comentaré la aportación del cante flamenco en tales obras.

El Cuarteto Diotima está formado por Naaman Sluchin, Yun-Peng Zhao, Franck Chevalier y Pierre Morlet que tocan respectivamente dos violines, una viola y un violonchelo. Las piezas que interpretaron fueron “Terres rouges” de la compositora japonesa Misado Mochizuki, que fue un estreno en España, “Grido” del alemán Helmut Lachenmann, “Landscape I” del también japonés Toshio Hosokawa y “Audéeis” (“Dotado con voz humana”) del madrileño Mauricio Sotelo. A este compositor ya lo pudimos ver en el crucero del Hospital Real en el Festival de Música y Danza de 2005, proponiéndonos los “Sonetos del amor oscuro: Cripta sonora para Luigi Nono” donde insertaba dos voces flamencas, Arcángel y Poveda. Es interesante el uso del cante jondo en su obra, de su frescura y de su tradición, al servicio de la obra final. Es decir, el cuarteto se conforma en quinteto haciendo de la voz flamenca un instrumento más. El cante a la sombra de la viola y de los violines, pero también el cuarteto bajo el prisma del flamenco. La riqueza sonora, el timbre de voz y el grito moderado de Arcángel se funden en los compases de las cuerdas creando una bella dependencia. Ni es flamenco ni es música de cámara. Es arte experimental y preciso, fruto de una larga maduración. La sincronía es perfecta. La improvisación, tan necesaria en el flamenco, aquí es cero. Todo está pentagramado y medido.

Mauricio, en este sentido, ha trabajado también con Enrique Morente, Carmen Linares, Esperanza Fernández, Marina Heredia y Eva Durán, todas voces selectivas, todos ecos seleccionados para lograr el fin pretendido, lo que Sotelo llama “micro-calidades del sonido”. Así se entretejen las tonás, las bulerías (que el mismo Arcángel acompaña con el cajón) y las seguiriyas que son ampliamente reconocibles, quizá con un tempo más pausado, entre los momentos estables e inestables de la exposición musical. Sin embargo, el silencio no existe. Los silencios se resuelven con el gemido leve y prolongado del arco sobre las cuerdas.

Muchos han usado genéricamente la música clásica para arropar el flamenco. Sotelo se sirve del flamenco para enriquecer sus propuestas musicales, haciendo de ello una seña de identidad, colaborando así a la universalidad de nuestro arte.

Elegancia

Elegancia

Conozco la anécdota por habersela leído al perfumista francés Eugene Rimmel (1820-1887). No recuerdo los detalles, sin embargo. Aconteció, posiblemente, en la corte de Luis XVI de Francia, un rey tan exquisito que concibió la forma de la copa baja de champán haciéndole un molde al seno de su amada. O, puede que fuera, con menos probabilidad, en tiempos de su abuelo Luis XIV, ese monarca excesivo. Pantagruélico en el comer, Príapo en el amor, tonante en gobernar.

Un personaje de la corte. Un marqués o un conde acudió a una fiesta galante, una lujosa llamada real o de alguno de los satélites de la corona. Al llegar este indivíduo, le tendió la mano anillada la anfitriona del convite para que se la besara, comentando llanamente: qué elegante viene usted.

Él caballero, con una leve sombra de indignación, preguntó a su vez: ¿se me nota?

"Sí", respondió fielmente la dama principal, adornando su aseveración con las flores más hermosas de un buen cumplido.

Se dio la vuelta entonces nuestro personaje y marchó a su casa para cambiarse, queriendo decir que la elegancia es discreta, cuanto es tremendamente manifiesta pasa por cursilería, artificio o pastiche.

La elegancia debe ser natural, ni forzada ni extridente. El mejor perfume deja de ser eficaz cuando de él se abusa. La excesiva finura en el trato te hace parecer sospechoso. Saber comer quiere decir comportarse con moderación, ser educado, respetuoso y natural en el uso de los utensilios. Nada más ridículo que utilizar instrumentos sin saber. Nada más patético que alzar el dedo cuando se bebe, mojar sopas con el tenedor, partir el huevo con cuchillo.

Te diré quien eres

Te diré quien eres

Dice el dicho (valga la redundancia): "Dime con quien andas y te diré quien eres", achacándole a tus compañías la imagen de tu persona. Las buenas gentes se juntan entre ellas y la bondad se comparte, se expande, se contagia (A quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija). De igual manera, quien se junta con malas compañías, algo se le pegará, si no es él quien (también) influye en los demás.

Esto es de cajón. Y, muy lejos de mis intereses es dar una tópica lección moral. Lo que deseo es abarcar un poco más. "Con quien andas", describiría nuestras inclinaciones y preferencias, nuestros gustos y nuestras acciones, nuestro entorno y nuestros anhelos, eso que Ortega y Gaset (¡vaya dos!) llamaba nuestras circunstancias ("yo soy yo..." ya saben). (Otro pensador dijo "soy el que soy"). (Y otro, ratificó "ergo sum"). (Ballester, sin embargo, novelizó "Yo no soy yo, evidentemente).

Jugando con el concepto, escribí en cierta ocasión: "Dime en que escaparates te paras y te diré quien eres". O sea, lo que te define es hacia lo que se dirigen tus narices, tus intereses, tus ganas. O sea, tú, además de tú, eres lo que deseas ser.

Ahora me encuentro, en un libro llamado "Viajes con Herodoto", del polaco impronunciable Ryszard Kapuscinski, muerto recientemente, Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2003 y modelo de periodista exterior y viajero impenitente: "Dime cómo te vistes, cómo te comportas, qué costumbres tienes, a qué dioses adoras y te diré quien eres".

* IMAGEN ideal de Herodoto, pues nadie sabía cómo en realidad era.

Sobre la perfección

Sobre la perfección

Al principio fue el verbo que habitó entre los hombres. Y el verbo era perfecto. Y la perfección era Dios.

Después vinieron los verbos irregulares, que éramos nosotros. Gloriosamente imperfectos.

Lo perfecto es siempre pretérito. “El mejor tiempo ya pasó”, decimos. Pero sólo es nuestro instinto de supervivencia. Intentamos borrar lo malo para dulcificar nuestro pasado y así continuar viviendo. Olvidamos los momentos tristes, borrascosos, para construir un pasado romántico, alegre, heroico incluso.

Pero sólo somos irregulares en nuestra existencia, imperfectos muchos, pluscuamperfectos los más.

Sonreímos a nuestro futuro y ocultamos los trapos sucios del ayer. Nadamos y guardamos la ropa sin nadie que la vigile. Presumimos de nuestros logros, cuando son en realidad nuestros fracasos los que nos definen.

Y nos creamos un Dios. Un ser supremo cuya esencia es la perfección. El Ser con mayúsculas, el Ser a imitar, a temer, a envidiar, a odiar.

Sin embargo, la perfección lleva un alto grado de imperfección, y viceversa. Dios no sería Dios si no fuera un poquito imperfecto. Satanás envidia la imperfección del Supremo.

Nuestros primeros padres tuvieron al alcance de la mano seguir los senderos de Dios a pies juntillas, y caminar hacia la perfección. Pero lo tuvieron claro, y en vez de elegir la perfección imperfecta que divinamente se les ofrecía, escogieron la imperfecta perfección que les brindaba el diablo. Aprendieron a pecar con la mano izquierda. Tuvieron el buen gusto, como dijo alguien, de decir “no, gracias” a las propuestas de eternidad que Dios vendía por aquel entonces.

¿Es más perfecto un ángel sin sexo que el hermafrodita con los dos? ¿Es más perfecto el homosexual (que según Carlos Cano es la mujer perfecta) que el heterosexual, que se complementa?

La perfección no puede existir sino en el mundo de las ideas, en un mundo platónico donde todo es blanco o negro, en un estadio maniqueo en el que se glorifica o se castiga por las acciones de un sólo día.

Los griegos esculpían torsos perfectos. Hombres y mujeres ideales que educaban nuestro gusto. Nosotros elegimos, hace ya años, a una mujer como el animal perfecto. Un profesor de filosofía decía que quien se cree perfecto es un perfecto imbécil.

Pero, ¿no será la perfección un espíritu abierto y global?, ¿no será la tolerancia?, ¿o la humildad? Recordemos que el hombre feliz no tenía camisa.

* Radiado el 1 de febrero del 2000 en La plaza humana

*ILUSTRACIÓN: MC. Escher, Main dans une boule de cristal, 1935

Ladrones de tiempo

Ladrones de tiempo

Denuncio públicamente a las instituciones granadinas y en concreto al Ayuntamiento de Granada por jugar con nuestro tiempo, por malversar los minutos de sus ciudadanos.

Digo que el bien más preciado que poseemos es el tiempo. Un valor que a medida que pasa vamos apreciando más y más. El tiempo pasado es eso y sólo eso: tiempo pasado, tiempo que no vuelve, que se fue por el desagüe de nuestras vidas para honra o vergüenza nuestra.

Es un atentado la política vial de nuestra ciudad y, me costa, de otras muchas. Es un crimen sufrir un permanente atasco. Es excesivo el número de vehículos que transitan por nuestras angostas calles.

No me cansaré de alzar el grito y denunciar a los que delinquen, a los hombres grises que, como en el libro "Momo" de Michael Ende consumen el tiempo de sus vecinos.

Necesitamos una concejalía de horas, de minutos, de segundos. Necesitamos un ministerio para el tiempo. Una entidad que luche por el respeto, el buen uso y la protección del latir ciudadano.

El tiempo se aprovecha o no, pero es privado. Cada uno con su tiempo puede hacer lo que quiera: aprovecharlo, invertirlo, prestarlo o perderlo. Pero es su dueño quien decide.

Las esperas deberían estar sancionadas, los atascos subvencionados. A quien guarde una cola más de un tiempo prudencial se le debería indemnizar.

Ayer comencé a esperar el autobús cerca de las catorce horas en la puerta del hotel Saray (que en hebreo significa "mi princesa"). A la media hora me puse delante del coche número siete, que era el único que me llevaría a mi destino, increpándole al conductor: "llevo esperando media hora, dos sietes que han venido, de tan llenos, no han querido abrir la puerta, así que hasta que no nos deje subir no me quitaré de en medio".

¿Locura, heroicidad, desesperación? Es lo mismo. El caso es que se levantó el chófer y obligó a la gente a avanzar, a juntarse un poco más. Así que los tres que estábamos en la parada, pudimos llegar a nuestro destino.

Los dos autobuses anteriores descargaron a gente, pero no dejaron subir. Un señor cogió un taxi, una chica y después una señora decidieron empezar a caminar.

La solución no es coger el coche particular o comprarse una moto o ir en bici o caminar siempre o montar en taxi. La solución radica en poner un servicio público de trasportes eficaz, rápido y económico (gratuito a ser posible), de forma que miles de razones nos impulsen hacia ese medio de locomoción antes de atestar las calles con nuestro "monoplaza".

La danza de la lluvia

La danza de la lluvia

Llevamos ya varios días de primavera que ha venido cargada de lluvia, ese elemento líquido que cae del cielo en forma de constantes gotas. Nunca llueve a gusto de todos. Llueve ahora, en Semana Santa. Y llueve en los ojos de los cofrades que no pueden sacar su paso.

La lluvia, por lo general, en mi tierra, nos encuentra desacostumbrados por los largos meses de sequía que la anteceden. Tanto es así, que se nos olvida cómo caminar debajo de ella. O quizás, nunca hemos sabido cantar bajo la lluvia en una ciudad tan seca como Granada.

Las bajas temperaturas, cuando ya nos sobraba la rebeca, el ambiente húmedo, tras el lengüetazo seco de la Sierra, los innumerables charcos, después de pisar las desérticas calles, nos sorprenden como la visita de alienígenas.

Los coches, a los que antes nos acercábamos como toreros, ahora nos salpican sin compasión. De una vez a otra no nos acordamos que hay losetas sueltas en las aceras, rellenas de agua que salta, que son bombas de relojería para quien las pise.

Y entre otras cosas, el paraguas. Sí, el paraguas, eso que venden los nigerianos por las esquinas. Cerrado, decía Unamuno es de una elegancia completa. Pero su utilidad sólo se encuentra cuando está abierto. A veces un paraguas sin lluvia, cerrado y en la mano, pasa a ser algo ridículo.

Se deberían dar unos carnets especiales para portar paraguas. Las normas más elementales de levantar el brazo cuando se nos cruza otro paraguas más bajito, ceder las marquesinas, lo cubierto, a los peatones sin protección, cuidar de las gotas que resbalan por sus varillas... parece que se nos ha olvidado.

De cualquier forma -propongo-, podíamos salir descubiertos a la calle y disfrutar del agua que tanto se ha hecho esperar. Granada, debería dedicar un día a la lluvia, el primer día del año pasado por agua, y salir todos a mojarnos. Y chapotear alegres como Gene Kelly.

Bostezo

Bostezo

Los griegos llamaban bostezo al vacío, a la ausencia, al caos, a la nada. Bostezo es lo que existía (o sea, lo que no existía) antes del Océano y de la Noche, antes de la Madre Tierra y de padre de los dioses, incluso antes que el Huevo Universal.

Cuando bostezamos, mientras dura el bostezo, pasamos de ser a no ser, se anulan nuestros sentidos más elementales. Cerramos los ojos. Se apaga también una luz en nuestro interior. Clausuramos nuestro entendimiento. El bostezo es hermano de la amnea.

Todos bostezan, desde el más rico al más pobre, desde el rey al último plebeyo, desde el más féliz al más desgraciado. Ya no hay diferencia entre hombres y bestias. Los animales bostezan igual que los humanos y el vacío es el mismo, la nulidad es semejante.

Es algo primitivo. Bostezábamos en tiempos de dinosáurios y bostezaremos teletrasportándonos (si llega el caso) (que llegará) o en la máquina del tiempo que, si existiera algún día, ya existe, porque el tiempo no tiene fronteras, no tiene límites y, en este caso, no tiene tiempo.

No sólo se bosteza de sueño. También bostezamos de cansancio, de aburrimiento o por hambre. Se bosteza igualmente al cambiar de actividad. Y los bostezos suelen ser empecinados. Ahoguemos un bostezo y pugnará por manifestarse más pronto que tarde. Y disimulemos la boca abierta que el bostezo nos vencerá.

Casi siempre aparece doble o múltiple en sus dictados. Y vienen acompañados de lágrimas que no son de dolor ni de alegría, sino involuntarias de ausencia de deseo.

Cuando bostezamos bajamos la guardia. Somos vulnerables. Somos animales indefensos, formamos parte de la nada, del universo caótico sin agua y sin luz (y no porque la haya cortado el ayuntamiento).

El asiento doble

El asiento doble

En los autobuses urbanos de Granada, y supongo que de algunos otros lugares, han puesto algunos asientos individuales un poco más anchos que los demás, pensando en las personas de más envergadura o simplemente para aprovechar el espacio sobrante. Muchas veces me veo obligado a ocupar esos asientos y me da cierta fatiga porque no lo lleno ni a la mitad. Cuando voy cargado con alguna bolsa o equipaje lo agradezco, pero cuando voy pelado, ligero, los recorro como un garbanzo en una lata con los vaivenes del conducir.

Me da alegría en cambio cuando un señor o una señora los rellena. Pasajeros que se les queda pequeño el asiento convencional, usuarios que sin querer ocupan dos plazas y desplazan al compañero de asiento o lo arrollan casi literalmente. Pero más alegría me da cuando ese butacón lo comparten un chico y una chica, una pareja que a veces, de tan juntos, les sobra espacio.

Eva Yerbabuena

Eva Yerbabuena

El martes conocí personalmente a Eva Yerbabuena después de que la Diputación le hubiera entregado el Premio de Turismo 2006 por su labor de "embajadora" de Granada en el mundo. A Eva Garrido la llevo mucho tiempo siguiendo. He escrito de ella, sobre ella, de su espectáculo. Hoy por hoy es la mejor bailaora que existe. Lo digo abiertamente y sin titubeos. Es la mejor bailaora que existe. Es grande (a pesar de ser bajita). La grandeza va unida irreversiblemente a la humildad y el agradecimiento.

Me la presentó la Diputada de Cultura al terminar el acto, en el ágape con que nos agasajó la Diputación a los asistentes, y fue un momento doblemente mágico. Los dioses bajaron de su pedestal y nos miraron a la cara. Pude contemplar de cerca a una mujer a la que había puesto varias caras diferentes (según el momento, según las fotos) (véase muestra en la ilustración).

Digo "doblemente mágico" porque yo estaba en la terraza destinada a la celebración tomándome un vinito y esperando a los flamencos y a la gente de la Diputación que me había invitado, y ellos estaban en otra terraza, haciendo lo propio, ajenos a mi existencia.

Solo como la una, no más pude saludar a algunos conocidos y medio tontear con las camareras. Al principio normal. Al segundo vino: ¿otra vez queso? Al tercer vino: ¿qué me traes ahora?, si son anchoas del Cantábrico coronadas con graciosas aceitunillas. Etc.

En mi devaneo observo a una pareja de mediana edad que vienen a cenar por la cara. Cada bandeja que pasa delante suya, la arrasan con las dos manos. Comen a dos carrillos. Incluso persiguen a la camarera que, con la boca llena, le piden un porfavor. No se relaccionan con nadie. Están situados en la esquina de una mesa donde almacenan provisiones. Pienso que cuando llegue la segunda tanda de bandejas, los aperitivos calientes, ya estarán saciados. Pero qué va, qué va (yo leo a Kierkegaard) (al viejo Søren). Siguen metódicamente rumiando, como al principio. ¡Qué barbaridad!

De pronto, en plena actividad etnográfica, me entero de existencia de la terraza vip. Abandono la tercera copa a la mitad y mi estado marginal y me dirijo con una sonrisa a la nueva sede, como quien descubre Eldorado. Allí están todos: Inma, Juan, Raul, Tere, Francisco Manuel, Paco... y Eva.

Saludo, hablo, río, cuento, sonrio, saludo, hablo, como... Me preguntan si acabo de llegar. Medio explico mi confusión primera, pero todo está bien. Sólo que una hora más tarde.

Pido otro vino y ya no queda, pero a los postres, cuando la mitad del personal había desaparecido, reponen de nuevo existencias. Así que la cuarta y última copa la tomo con pasteles, mientras me presentan a no sé quién de la Junta de Andalucía y a su señora.

Abstenerse ortodoxos

Abstenerse ortodoxos

Flamenco viene del sur

 

La primera idea que se nos viene a la cabeza es la desnudez. La desnudez de un bailaor que no esconde nada, que se ha puesto el compás por montera, que viene de vuelta; la parquedad de un escenario excesivamente oscuro y vacío, tal vez gélido; el minimalismo de un baile medido, tan sólo apuntes matemáticos, tan sólo arrebatos, impulsos, espasmos perfectos. Es posible confundir el baile de Andrés Marín con el de su paisano Israel Galván porque los dos tienen el mismo lenguaje, porque trascienden el flamenco, lo desnudan y, antes que elevarlo a las incomprensibles esferas de la élite, lo popularizan. El tiempo lo dirá.

Como trasfondo, la historia del flamenco centrado en tres momentos, en tres cafés de tres ciudades, Sevilla, Málaga y Granada. En la mesa de la taberna, con un vaso de vino se fragua todo, con un cubilete de dados emana un cante telúrico, más humano que divino, pues sabemos que dios no juega. No se busca el colorido, sino la sombra. No la fiesta, sino la pena.

Comienza Marín “El alba de un nuevo día” ilustrando los números del azar, el seis, el nueve, el doce… con un vídeo de fondo que trata de orientarnos o confundirnos. Y comienza la trilla, el cante primitivo en el sevillano Café Kursal. José Valencia releva a Falcón y hace martinetes. Andrés baila los silencios. Canta con su impresionante juego de pies. Hasta a su sombra le cuesta seguirlo. Se impone una soleá de Triana arropada con piano y la seguiriya se nos presenta en una plataforma elevada, mientras cientos de cabezas otean desde las imágenes al fondo. Es su pieza más ortodoxa. Es el compendio de lo hecho y lo que queda por hacer. El piano y la guitarra se suceden. A veces se acoplan.

Ya sabemos que en general el baile no interfiere. Andrés parece que aporta una explicación plástica del cante por venir y se sienta o hace mutis, para dejar que la música complete la faena. Y el vídeo se va repitiendo con Chaplin haciendo de camarero.

El “Café de Chinitas” se versionea con el piano. Estamos en Málaga. La caña da paso a los abandolaos que, por primera vez, preceden a la malagueña, que es de Manuel Torre. Falcón y Valencia derrochan sensibilidad cantándola al alimón. El martilleo constante del zapateado es hipnótico, necesario; el equilibrio perfecto.

Seguimos hacia levante. El taranto, la taranta, la granaína. El Café Suizo es un “Jardín abierto para pocos”. Coronel es un gran percusionista que, como decía Juan Carlos Romero, su mayor cualidad es no “molestar” (en el buen sentido). Antonio es preciso y envolvente. Opta por un pandero y no una caja, adoptando una presencia sin estridencias. Granada se identifica con el sonido del agua en un cubo de zinc, que da pie a unas bulerías morentianas, mientras al fondo se desmorona el país con tintes políticos, y la charanga de una batería cierra el concierto que se abrocha con una toná y unos acordes de piano que nos devuelven inevitablemente al comienzo de la historia.

* FOTO: Andrés Marín este verano en el Corral del Carbón (©  Nono Guirado).

 

Marzo

Marzo

Cuando marzo está dando sus últimos suspiros recuerdo que iba a escribir sobre los meses. Así que lo agarro por los pelos y os cuento.

Lo primero que se me ocurre de marzo es que este fue el mes en que asesinaron a Julio César, el primer emperador romano. El tiranicidio tuvo lugar en los idus de marzo, que viene a ser como a mediados de mes, el día 15.

En marzo empieza la primavera, el 21, que este año, como escribía Henry Miller (no recuerdo en qué libro), llegó como una liebre congelada. Nos esperan días alternos. Frío, sol, lluvias, viento y playa. Aunque ya se sabe, hasta el 40 de mayo...

La primavera es la renovación de la vida. La primavera la sangre altera. Marzo, los almendros en flor y los mozos en amor.

Aunque volverá el frío y la lluvia. Ya lo dice el refrán: marzo y septiembre, el tiempo revuelven; o marzo varía siete veces al día; o marzo marcero, tan pronto sol como aguacero; o marzo marceador, de noche llueve y de día hace sol; o marzo, trenta y un día tiene y trescientos pareceres; o marzo ventoso y abril lluvioso, hacen del año florido y hermoso...

Para terminar, un consejo: quien en marzo no poda la viña, pierde la vendimia (no sólo referido al mundo de las uvas.

La depre

La depre

Por más que he hecho para moralizarme, llevo todo el lunes deprimido. No creo que sea la enfermedad esta moderna, prima hermana de la ansiedad. Sino la desazón de toda la vida. El hastío de sentirse una nimiedad en el macrocosmos que conforma la vida, herencia de los románticos y post románticos decimonónicos.

Mi hijo se despertó caprichoso a las 6'45 de la mañana. Logré calmarlo y dormirlo en veinte minutos más o menos y yo ya no me dormí (no merecía la pena). Y en esa madrugada inesperada, se me vino encima todo el futuro (el inmediato y el más remoto) y todo el pasado, los momentos más crueles del pasado, me refiero, hasta la tarde del domingo.

Pero, sobre todo, soy consciente del presente y del desajuste del mundo. La lucha diaria por la SUPERvivencia. Recalco "super" porque no se trata de vivir, de vivencia, sino de vivir por encima, de vivir cada vez mejor. Y eso es lo difícil.

¿Qué es vivir mejor? ¿Tener cada vez más dinero? ¿Que no nos falte de nada a mí y a los míos? ¿Ayudar a los demás? ¿Luchar por la justicia social? ¿Educar a mi hijo en valores? ¿Ser un hombre respetado? ¿Llevar una vida sana? ¿Denunciar y castigar los abusos cometidos hacia los más débiles? ¿Hacer gimnasia a diario? ¿Acordarme cada día de un amigo y llamarlo, si es posible? ¿Ser bondadoso sin esperar recompensa? ¿Adoptar un niño? ¿Enseñar a pescar a un pueblo? ¿Almacenar provisiones temiendo una posible guerra preventiva? ¿Comprarnos otro coche (a ser posible anti golpes)? ¿Cenar cada día en un sitio distinto? ¿Coger más a menudo la bicicleta? ¿Jugar media hora más con mi niño al día? ¿Leer menos el periódico? ¿Invitar a un pobre a comer?...

Mañana será otro día.

Marina y Mayte en Huétor Tájar

Marina y Mayte en Huétor Tájar

 

El concejal de juventud de Huétor Tájar, respaldado por el concejal de cultura del mismo Ayuntamiento y la Diputada de Cultura de la Diputación de Granada, presentó el pasado viernes el Festival Flamenco Joven de dicha localidad, que, en esta tercera edición, cuenta con la participación de la cantaora granadina Marina Heredia, presente en el acto, y la también cantaora catalana Mayte Martín.

Todo un acontecimiento. Un mano a mano de las cantaoras más auténticas de su generación que, lejos de ser un duelo titanico, será el complemento idoneo para la consecución del duende. Dos temperamentos extraordinarios, dos maneras de sertir y de ser, de estar y de ofrecerse. Pero un mismo corazón flamenco, una misma afición, un mismo respeto por sus mayores.

Marina de Granada. Mayte de barcelona. Dos cantaoras profundas y ortodoxas. Dos cantaoras de culto. Dos verdades en el aire.

Dicho encuentro tendrá lugar el próximo 28 de abril (a las 22'00 horas) en la Casa de la Cultura, coincidiendo con la 5ª Semana Cultural de Huétor Tájar y la festividad del espárrago.

Esta población de la vega apuesta por el flamenco joven granadino. Marina, junto con el bailaor Manuel Liñán, estuvieron presentes en el primer Festival, y la bailaora Fuensanta “La Moneta” y el tocaor Miguel Ochando ocuparon el cartel de la segunda edición. O sea, Mayte será la primera invitada de fuera de nuestras fronteras. Una gran responsabilidad. Un gran acierto.

Lo malo es que el teatro sólo tiene capacidad para trescientas cincuenta personas (aunque me dicen que para la ocasión pondrán un suplemento de sillas plegables ocupando los pasillos). Lo bueno, que estaremos en familia. Lo mejor, que yo tengomi par de entradas reservadas en un asiento estratégico.

A pagar (una ridiculez): 12 euros. La recompensa puede que no tenga precio. Las entradas se vende en el mismo auditorio o en la peña de La Platería.

Encantado de reconocerte

Encantado de reconocerte

Hay un amigo que siempre me presenta a su mujer cuando nos vemos. Incluso pregunta si nos conocemos. Sí, afirmamos casi al unísono (nos faltan todavía un par de encuentros). Él, como si no oyera nada o le diera totalmente igual si nos hemos visto o no antes de hoy, nos vuelve a presentar. Nosotros, su mujer y yo (sin ninguna premeditación), nos besamos en ambas mejillas mientras sonriemos.

Yo, sinceramente, agradezco tal honor, porque un rostro es difícil que se me olvide, pero un nombre... Así, en nuestro encuentro, él dice: esta es X, mi señora. Y yo: encantado, señora X. Y él: éste es Jorge y tal y tal (coletilla definitoria de mi ser que más le pueda interesar o impresionar a su mujer). (Hay quien presenta diciendo lo que tienes y no lo que eres.)

Este amigo no es el único que me "representa". Gentes de diferentes círculos caen en la misma repetición, en la misma repetición, en la misma repetición. No me refiero a quien te presenta a alguien por primera vez, ignorando que ya os conocéis, sino a ese que en cada encuentro te hace entrechocar la mano de su acompañante. Dan ganas de decir: "encantado de reconocerte" o "estoy harto de que nos presenten" o "ya va siendo hora de que se enteren de que nos conocemos".

También hay un reconocimiento, quizá más peliagudo. Y es cuando conoces a alguien que ya lo conocías y se te ha traspapelado en la memoria, bien porque hace una infinidad de años que no os veis, bien porque ha cambiado radicalmente de aspecto. No sé, se ha hecho punk o mormón o hermana ursulina; se ha teñido el pelo o se le ha caído del todo; se ha tatuado y se ha puesto piercings hasta en el cielo de la boca...

A veces él te conoce y tú no a él o tú lo conoces y él a ti no (puedes quedar como un marmolillo, de cualquier manera). O puede que os conozcáis y no sabéis de dónde o preferís olvidar o desearíais no haberos conocido.

Con todo y con eso, hay una agradable comicidad en el reconocimiento. Puede que sea la segunda oportunidad a un mal encuentro. Quizá sea la forma más auténtica de programar un inesperado encuentro. Es lo contrario a una cita a ciegas.