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Algunas cosas y demás verdades

Lo que ven

Lo que ven

Hay un anuncio que se emite últimamente de un puñado de adultos (algunos realmente bordes) comportándose de forma radical en determinados momentos (fumando, gritando, maltratando...).

Yo tengo un ejemplo positivo:

El otro día fue mi niño al cine con sus primos para ver "Ratatouille", la última propuesta de Disney para pequeños consumidores. Juan salió de casa con una libreta y un bolígrafo para tomar buena nota de la función. Arriba se pueden ver sus apuntes.

A pesar de ser el más pequeño de todo el grupo, estuvo atento como ninguno, no perdía detalle y, de vez en cuando, apuntaba algo en su cuaderno.

Él ve a su padre que acude al flamenco con papel y lápiz para anotar las impresiones del concierto y poder así escribir su crítica para el diario.

El niño (de tres años, no hace falta que lo recuerde) aún escribió algo cuando, después del cine, nos fuimos a tomar unos helados.

Cuando le preguntabas qué estaba haciendo, obviamente respondía que escribía su artículo para "mañana para el periódico".

Una anécdota sobre la sopa

Una anécdota sobre la sopa

De un libro que publiqué por encargo hace algunos años: "Herencia de la cocina andalusí" (2001), recreo "Una anécdota sobre la sopa", que a su vez la refirió Amin Maalouf en su gran León el Africano.

El sultán de Granada, el depravado Abu-l-Hasan (Granada, 1214-Túnez, 1286), reunió una mañana a los más fieles entre su séquito en el patio de los Arrayanes de la Alhambra para que asistieran al baño de Soraya, Isabel de Solis, a quien eligió de entre sus esclavas cristianas a cambio de su esposa Fátima, que pasó a un segundo plano en el harén.

Una vez acabado el baño, bajo la mirada atenta de los nobles seleccionados, el príncipe invitó a cada uno a beber un pequeño tazón del agua purificada de la que acababa de salir su amada.

Todos comenzaron a extasiarse y a encumbrar, en prosa y en verso, el maravilloso sabor, el gusto tan exquisito que había adquirido el líquido que albergó las abluciones de la hembra divina.

¿Todos? Todos no. El visir Abu-l-Kasem Venegas (de los Venegas de Granada), lejos de inclinarse sobre la piscina, permaneció hierático, digna y silenciosamente en su sitio sin mover un ápice. La mano en la barbilla y el pie derecho ligeramente adelantado.

Tal actitud no escapó al sultán que, manifiestamente amoscado, le preguntó la razón al desvergonzado.

El visir Abu-lKasen dijo sin que ni siquiera le temblara el bozo: “Majestad, temo que al probar la salsa me apetezca de pronto la perdiz”.

Umbral

Umbral

Hace pocos días que murió Paco Umbral. Nunca ha sido para mí el autor de culto o de cabecera que ha podido ser, por ejemplo, parra mi amigo Juan Pinilla (se emocionaba hablando de él, leyendo y aprendiendo de su palabra). De hecho, tan sólo -que recuerde- me he leído un libro suyo. "Las ninfas" (1975) lo abordé en mi juventud, en una época en que buscaba un camino (aún lo sigo buscando).

Sin embargo, como articulista, como columnista, siempre que he tenido oportunidad lo he leído. Era la sección que más me interesaba del diario "El Mundo". Y, me consta, que a muchos lectores les pasaba eso mismo. De hecho, me temo, que dicho periódico bajará sus ventas drásticamente (no es una suposición emotiva, pues cuando hace poco estuvo enfermo y el diario sin su columna, muchos de sus seguidores hicieron también un descanso).

Lo leí en "El Mundo", cuando caía en mis manos, pero también lo conocí en "Interviú" y en "El País".

Siempre me impresionaba su cultura, el dominio de la lengua y su gracia incisiva. Y el respeto que sentía por sus contemporáneos, llámense Cela o Delibes, que trataba como a maestros.

También era considerable su mal humor y esa guerra amarga particular que siempre le precedía, un permanente mosqueo decimonónico, de otro mundo, que acentuaba detrás de unas gafas de pasta, una bufanda blanca, su gato y su voz de ultratumba.

Ha muerto el mismo día que un jugador de fútbol activo en el Sevilla, en plena juventud (22 años), en plenas facultades, padre inminente (su joven esposa embarazada de siete meses). No entiendo, por muy dolorosa, impensable y cruel, que haya sido esta última pérdida, cómo se le puede dar mayor cobertura mediática que a la muerte del escritor (ya no hay quien se acuerde del 98).

A Redondo, el deportista, que me perdonen, yo no lo conocía hasta ayer. Umbral convive con mi memoria desde que empecé a tener razón de uso.

!Va por usted, maestro!

Para combatir el calor

Para combatir el calor

Hay pequeñas enfermedades, a veces inconfesables de tan nimias, que vienen a ser como las almorranas, para sufrir en silencio. Una pequeña artrosis que se manifiesta en los cambios de tiempo, ardor de estómago que retuerce cuando la comida no se asimila como se debe, el esperma vago que entra dentro de los secretos de alcoba, la alitosis que se aplaca con caramelos de menta, la caída del cabello, sin ser tiempos de berenjena, que duele como el oído, los michelines, las cartucheras, esa grasa que se pega como un perrillo faldero al que no podemos dejar en casa...

El calor que remite en un verano atípico, de altibajos como nunca, es pues como una pequeña enfermedad personal, intransferible, solapada, que se manifiesta a través de los poros y las bajadas de tensión. Los vestidos empapados, el olor de pies y el de los alerones, el cansancio supino, la imposibilidad de pensar, el agua en la nevera, el botellín en el bolso, los bellos quitasoles, las sombras abarrotadas, las calles desiertas, el abuso del aire acondicionado, las heladerías, las terrazas de verano, la poca ropa y las piernas largas.

La mejor forma de combatir el calor es impepinablemente estando de vacaciones. La playita o la piscina, la sombrilla, el chiringuito, el tinto de verano o la cervecita fresca (perdón por el epíteto) (aunque algunos pueblos bárbaros se la toman caliente) (los celtas la trajeron a España).

Hay muchas normas que funcionan más o menos. No hay reglas. Cada uno emplea lo que le sea más efectivo. Cada uno tiene sus armas. De cualquier manera, aunque se combata, el calor se traga (o nos traga).

Fernando no entendía a los extranjeros que se quejaban del calor que hace en Sevilla. Él decía, "pues que vayan por la sombra". El extranjero salmonete (no todos los foráneos) suelen salir a la hora en que las lagartijas llevan cantimplora y no advierten que bajo la marquesina se reducen los grados y no afecta al riego.

Mi sistema consiste en moverme lo menos posible, caminar despacio y por la sombra, aunque el camino sea más largo ("El descubrimiento de la lentitud" que poetizaba Enrique Ortiz), beber buchitos de agua cuando se puede (no suelo beber mucha agua) (soy un poco camello) (el agua abundante, no me sienta bien). La cervecita que no falte o el agua fría o el vinito blanco, que entra de bien... La ducha (o las duchas) diaria.

Y siempre los amigos, la conversación calma (no acalorada), las manos bajo la mesa y los ojos encendidos.

* ILUSTRACIÓN: "El quitasol", 1777, Museo del Prado (© Goya)


Casualidades

Casualidades

Esta vez no pienso teorizar sobre las casualidades. Hacer un pequeño tratado de las coincidencias fortuitas o programadas por no sé qué juguetillos del destino y mucho menos de sus consecuencias y efectos.

Tan sólo quiero referir una pequeña anécdota, un apunte curioso que me aconteció en el super (mercado) el otro día.

Llegué a la caja a pagar. Era poco, algo de verdura y fruta, una bandeja de pechugas de pollo, pizza y algo más. ¿Tiene Tarjeta Día?, pregunta la cajera. No, respondo de inmediato, pues la pregunta no encierra dificultad alguna. ¿Tiene puntos acumulados?, prosigue. No, vuelvo a responder con igual soltura. ¿Quiere usted una bolsa (cinco céntimos)?, termina el interrogatorio. , digo dispuesto, pues todo no me cabe en los bolsillos. Muy bien señor, exclama la chica a los postres, son doce con dieciocho. Saco veinte y me devuelve el resto. Me lo guardo íntegro en el pantalón, pues en los super (mercados) no es habitual dejar propina.

Cuando estoy acomodando mi compra en la bolsa que gentilmente me han cobrado (cinco céntimos), oigo que, después de las preguntas de rigor al cliente que me seguía los pasos (sin ser un espía ni nada parecido), le dice la chica: son doce euros con dieciocho. O sea, lo mismo que a mí. Qué coincidencia. ¿O le cobrará a todos lo mismo? ¿Será el día de los Santos Inocentes que se ha desplazado al verano?

Miro la compra del nuevo cliente por si había comprado lo mismo que yo, pero no tiene nada que ver. Miro mi cuenta a ver si hay algún error. La operación no es difícil y está correcta. Me demoro todavía para comprobar si a un tercer cliente le cobran lo mismo, pero la cifra es mucho más alta. Su carrito viene lleno.

Solamente fue una casualidad. Uff.

La soledad

La soledad

Mientras desayunábamos, preguntó Inma a bocajarro: "¿qué opináis de la soledad?".

Que qué opinamos de la soledad. La soledad cuando es voluntaria, escogida, puede ser una delicia; cuando es impuesta, obligatoria, es una condena. Si buscas la soledad y la encuentras has triunfado; cuando la soledad te busca y te encuentra estás hundido.

El eremita es un sabio que renuncia a las bondades del mundo. La persona ladeada, sin amigos ni esperanzas es un desgraciado. La soledad es más cruel en medio del tumulto, del ruido, la estridencia.

Los demás son el color. El uno es siempre gris. La primavera es del conjunto, el otoño es la primavera de los solos. El drama de la soledad es un sentimiento muy flamenco (soleá). El quejío, el dolor, el desgarro.

San Agustín (354-430) decía "El pájaro solitario siempre se posa en la rama más alta". La soledad es imprescindible para la consecución del proceso creativo. El artista es solitario (como el Llanero) aunque después se relacione. Las musas son muy celosas y se le aparecen al creador en soledad.

O, como diría fray Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764): "Siempre alcanzará más un discreto solo que una gran turba de necios; como verá mejor el sol un águila sola que un ejército de lechuzas". 

Cuando el mundo comenzó a rodar regularmente, apareció un único dios, el hacedor. Con su abracadabra creó todas las cosas, aunque fue el hombre, según Bob Dylan, quien le puso nombre a los animales (in the beginning). Si Dios no juega a los dados es porque está solo. Si Dios es vengador es porque está solo. Si Dios es maniqueo (premia a los buenos y castiga a los malos) es porque está solo. Después vino la justicia divina pero tiene una venda en los ojos que no se puede quitar porque tiene una espada en una mano y una romana en la otra.

Pirómanos

Pirómanos

Desgraciadamente es el tema de moda, los párrafos más calientes (perdón por la broma) de los articulistas van sobre fuegos fortuitos o provocados. Que si todas las letras que escribimos fueran chorros de agua, contribuiríamos algo en su extinción. Ahora mismo, en el mejor de los casos, tan sólo removemos conciencias.

El incendio fortuito es una desgracia. Ya sea la negligencia culposa de tirar una colilla encendida, que estalle algún artefacto militar o que el cristal de una botella "olvidada" actúe como lupa.

Sin embargo el fuego provocado es imperdonable. No sólo debería recibir el máximo castigo por malhechor, sino también, como apuntaba Jesús Lens hace poco en las páginas de Ideal, por estupidez. Es como quien escupe para arriba.

En el pueblecito de Beas en Granada, relato de memoria, todos los jueves ardía el monte por varios focos, claramente provocados. Al coger al pirómano con las manos en la masa, confesó que era el amante de la mujer de uno de los trabajadores, quizá el responsable, del retén de incendios. Y, cuando estos estaban ocupados en el sofoco de la fumarola, él, con menos sofoco, se beneficiaba a la susodicha.

Conozco, como proverbio masai, aquel que dice "la tierra no es un regalo de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos".

El más fuerte

El más fuerte

Mi padre añadía un nuevo verso al recitado de las bienaventuranzas. Decía: "Bienaventurado el que cree en los pasos de cebra porque pronto verá a dios". El coche lleva las de ganar, es el más grande, es el más fuerte, es el que te puede mandar al otro barrio y no tú a él, que como mucho le bollas el capó, que como mucho le amargas el día, que como poco pierde los seis puntos.

Imaginémonos que fuera al revés, que el peatón quedara ileso y el coche se destrozara. Como el sueño que, sobre los insectos, concibiera Verrill: "Sería terrible que las libélulas del riachuelo tuvieran la envergadura de las águilas, que mantis grandes como lobos infectaran los jardines, que feroces avispas asesinas, corpulentas como osos merodearan por las ciudades, o que las moscas de los cadáveres, con alas de más de dos metros, aguardaran revoloteando la hora del fatal desenlace para abalanzarse sobre nuestros cuerpos aún calientes y depositar sus huevos".

Seguro que todos paraban ante los peatones. Seguro que se respetaba un paso de cebra sin necesidad de semáforos. (Aunque, desde luego, se pide el respeto al conductor, pero también debe respetar el viandante) (a buen entendedor...).

Hoy, viniendo a casa, en un paso difícil para cruzar, para parar... Alertado de tal dificultad, aguardé el momento más propicio para atravesar la calzada. De pronto un coche, un gran coche oscuro (no entiendo de marcas ni cilindradas ni motores...) frenó en seco y me dejó paso.

Entonces comprendí quien era el más fuerte. El más fuerte no es el que arrasa como un abanto. El más fuerte es el que, consciente de su fuerza, protege al más débil. La grandeza va unida irremediablemente a la humildad. La sabiduría es discreta, como la elegancia (la ignorancia es atrevida).

Me recuerda a una de las enseñanzas de Lao Tse (o Laozi, según la nueva grafía) en su Tao Te Ching (o Dao De Jing), cuando advierte: Quien vence a los demás es fuerte, quien se vence a sí mismo es la fuerza (o es poderoso, en otras traducciones).

* EN LA IMAGEN: Ideograma del Tao (Dao)

Alzheimer

Alzheimer

El Alzheimer es la enfermedad del olvido. Es un pozo, cada vez más angosto, iluminado por miles de bombillas que se van apagando poco a poco. El que cae en él no es consciente de que las luces languidecen, y no es que se acostumbre a la penumbra progresiva, sino que no recuerda que las paredes estuvieron un día iluminadas.

El enfermo de alzheimer primero olvida las llaves y las calles y los nombres. Después se olvida de la gente y del mundo. Se olvida de sí mismo. Se olvida amar. Se olvida de comer y de las funciones más vitales. Hasta que se olvida respirar y se le olvida vivir.

El alzheimer es una muerte blanca, feliz, como quien muere de frío. Sin embargo, es la enfermedad más cruel que conozco. Ya no para el enfermo, sino para los seres más cercanos. Los que lo quieren. Los que lo cuidan.

El enfermo sufre los posibles momentos de lucidez que experimenta (más evidentes en sus inicios que a medida que progresa la enfermedad). Esos momentos de racionalidad son tremendos antes de volver a las tinieblas de la mente, al caos de la vida. Saber que algo ocurre, pero no saber qué. Es durísimo. Es una condena sin fin por un crimen que no has cometido.

Una persona empieza a involucionar. Es un niño cada vez más pequeño que necesita cada vez más atención, más cuidados, más amor desinteresado.

Murió el otro día el padre de una amiga. Es un dolor difícil de encajar. Contradictorio. La muerte por alzheimer es una doble muerte. La muerte física llega a los años de una muerte cerebral, de una ausencia, de un vacío.

El dolor se convierte en pregunta, por qué tiene que pasar esto, por qué no vivimos bien hasta que nos toca desaparecer, por qué la vida se reduce a polvo, por qué termina en aplastante decadencia, por qué se pierde el norte... Y más importante, ¿qué nos queda?, ¿vacío?, ¿soledad?, ¿descanso?, ¿impotencia?, ¿rabia?...

Ahora sólo queda pensar en que quizá haya sido lo mejor, que por fin le llega la paz a todos, que el amor perdura y el dolor se apacigua, que recordaremos al desaparecido como fue antes de antes y no en su desvarío.

Debe haber un cielo especial para los que mueren de alzheimer donde recobren sus facultades. Que dure tanto que les dé tiempo a recordar todo todo lo que han olvidado.

Si me necesitas silba

Si me necesitas silba

Hubo una época, a veces nos parece casposo, que un gran número de canciones iban acompañadas por silbidos. Cada vez se oye menos (a excepción del relativamente reciente "Don't Worry, Be Happy " de Boby McFerrin). En el fútbol, sí que se oyen pitadas, y en los conciertos, tanto de aprobación (silbidos y aplausos) como de desaprobación (silbidos y abucheos). Poco más.

Las niñas no silban, decían antes. Silbar era de hombres. Aunque había chicas que silbaban la mar de bien, y que decían tacos bien dichos y que fumaban (a la primera mujer, la hermana mayor de un amigo, que le oí decir coño, me harté de reír, aparte de parecerme una chica especial, libre y sin complejos).

Si me necesitas silba. Cuando estamos en peligro, siguiendo la tradición, silbamos para que nos oigan, si es que el miedo nos permite silbar, a veces ni hablar. En la película de Pinocho (obligatoria en mi papel de padre), Pepito Grillo, haciendo de conciencia, le canta al muñeco de madera, por si lo necesita, "Dame un silbidito".

También silbaba el arpista Harpo Marx, el hermano mudo de Groucho, con su característica peluca naranja y su gabardina con los bolsillos siempre llenos.

Los marineros dicen que silbar al viento atrae las tormentas.

Pero donde el silbido ha alcanzado cotas increibles es en las islas Canarias, donde aparece como un lenguaje empleado por los pastores para comunicarse entre ellos (hay estudios al respecto). Los silbadores de la Isla de la Gomera utilizan diferentes modulaciones del silbido para significar distintas palabras en idioma español.

Se silva también a veces cuando se ronca. Sobre todo si se tiene una llave, de las de antes, de canutillo, en la boca (releer el Lazarillo de Tormes). Sobre todo entre quienes tienen alma.

También los delfines utilizan los silbidos (los gruñidos y chasquidos con la garganta) para comunicarse entre ellos y compartir sus zonas de pesca.

*Escena del Lazarillo de Tormes.

 

Los perros no saben leer

Los perros no saben leer

Antes de aprender: "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor..." y bastante antes de conocer: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo...", mi joven memoria recordaba este otro comienzo de novela: "Como «Buck» no leía los periódicos, estaba lejos de sospechar la nube amenazadora que se cernía sobre él...". Es el comienzo de La llamada de lo salvaje (o de la naturaleza) de Jack London.

Como sabéis, «Buck» era un pastor alemán que atraparon en su regalado hogar de Santa Clara (California) para que tirara de un trineo en las norteñas tierras de Alaska cuando estaba en efervescencia la febril borrachera del oro.

¿Cómo «Buck» va ha leer el diario y cuidarse de los desaprensivos buscadores de recios animales para venderlos en el inmenso blanco? ¿Cómo un animal va ha conocer lo que el hombre escribe, comenta o piensa de él?

Así cuando leemos: "Cuidado con el perro", habría que preguntarse si el perro lo sabe, si está de acuerdo en ser agresivo y defender la frontera objeto de su destino y de dicho letrero. O en el zoo, cuando contemplamos el cartel: "No le echen de comer a los monos", por ejemplo. ¿Los macacos sabrán eso? ¿Estarán de acuerdo? ¿Se plantearán regímenes los animales? ¿O harán huelga de hambre?

Un día, creo que ya lo he contado, fui a visitar a un amigo que vivaqueaba al pie de la sierra. Al llegar me saludó una suculenta careta de cerdo que se braseaba en la lumbre y los ladridos de su perra canela que estaba atada al parachoques de su coche rojo (es lo más que entiendo de automóviles). No te preocupes, ante mi alarma al ver los colmillos del can mi amigo decía, que perro ladrador, poco mordedor. ¿Pero él lo sabe?, preguntaba yo sin bajar la guardia.

Dijo que ya lo comprobaría yo mismo. Así que soltó al can. Éste se abalanzó sobre mí. Y, ese día, que yo recuerde, batí mi record de velocidad campo a través y entre los árboles. Y de noche, para más inri. Y detrás nuestra el dueño diciendo: "Párate".¿A quien se lo dices, al perro o a mí?, respondía yo sin ninguna intención de comprobar las buenas intenciones.

Agarró por fin al guardián del erebo, y entre jadeos, le rogué que mientras yo estuviera allí se abstuviera de experimentar tales dichos con esa fiera.

Esto viene a cuento porque estuve en San Fernando (Cádiz) en un viaje relámpago este fin de semana siguiendo las difuminadas huellas de Camarón. Dormí, mejor dicho, pasé la noche en casa de buenos amigos. Una granja de pollos próxima se colaba por la ventana, que estaba abierta para recaudar un poco de brisa. Los gallos cantaron la madrugada, como es debido, pero sin parar desde media tarde hasta media mañana.

O sea que el ki-ki-ri-ki que nos despierta de amanecida era continuo. Los gallos, por mucha tradición que haya, no saben que deben cantar sólo a la salida del sol y hacerlo unas pocas de veces (mínimo tres, según la oreja de San Pedro, que se adelantó algunos cientos de años a la de Van Gogh). Pues según una teoría harto científica "el canto del gallo esta sometido a un ritmo circadiano, es decir, un ciclo diario de 24 horas".

¿Habrá que enseñarle a los animales las normas más elementales de su comportamiento? ¿O tendremos que cambiar nuestro refranero? (Aunque mi refranero personal rece: "el gallo lejano es menos peligroso que un perro desconocido") (por muy amigo tuyo que sea su dueño) (añado).

Muerte de Esquilo

Muerte de Esquilo

Debía ser por esta fecha, cuando todo se paraliza, cuando no ocurre nada o todo acontece, cuando las noticias parecen bromas o de una realidad, de una veracidad, aplastante, tanto que nos desborda por lo cruel, por lo absurdo, porque sí o porque no.

A Esquilo, gran dramaturgo de la escena griega, junto con Sófocles y Eurípides, del siglo quinto antes de nuestra era (el Siglo de Pericles, para situarnos), le anunciaron los dioses que moriría aplastado al caérsele la casa encima.

El poeta heleno, negándose a su destino, lo deja todo y se abandona errático a vagar por el campo, al puro raso, donde no hubiera construcción alguna que pudiese caerle.

Entonces un águila, un quebrantahuesos según otras versiones (en realidad un Guyapetus barbatus, 'buitre/águila barbuda'), buscando firme roca para romper el caparazón de una tortuga que había asido con sus garras, vio clara y lisa la redonda calva de Esquilo y, creyéndola la piedra idónea, le lanzó con tal puntería la preciada carga que el vagabundo cayó muerto ipso facto.

El azar y la fuerza de gravedad, la casualidad al fin y al cabo de que en el momento en que el autor de Los Persas paseara justo por donde un ave de presa estaba cazando y, por muy aguda que tuviera la vista, confundiera el brillo de la testa con una roca pulida, hicieron que se cumplieran los designios de los dioses, la profecia, el destino.

Dice Ferrer Lerín en su impagable Bestiario "que aunque alimentada normalmente de huesos aprovecharía en aquellos tiempos -en los que los quebrantahuesos y tortugas frecuentaban el arco mediterráneo- otras fuentes alimenticias a las que trataría de igual manera: lanzándolas desde el aire hasta las rocas para quebrantarlas y devorar su interior, aquí no tuétano sino tortoise soup".

Un recuerdo

Un recuerdo

Mi familia es bien corta. La familia directa. lo que se viene en llamar consanguinidad de primer y de segundo grado.

No sólo corta, sino también distante. Por la distancia, la palabra lo dice. También por el espacio (por el espacio eterno) (aunque suele morboso).

Son familiares que a veces se cruzan en tu mente y te dejan una estela de dulzura o ansiedad o las dos cosas.

Ayer, con mi padre, recordamos una anécdota de mi tío Nico. El hermano mayor de mi predecesor. Grande en todos los aspectos. Ancho de hombros y de casi dos metros de envergadura, con un gran bigote, en mis recuerdos infantiles, un gigante bueno.

Resulta que en un tiempo fue picador. En Motril se organizó una corrida en la que él participaba, con tan mala fortuna, que le metió la pica al toro por el ojo. O sea, que desgració al toro y por ende la corrida y parte del festejo local.

No hay que explicar la reacción del público. Lo iban a linchar. Así que el apoderado, de tapadillo, le puso la capa del torero sobre los hombros, como única vestimenta por encima del traje de luces, y le aconsejó que tomara un taxi y que abandonara el pueblo lo más rápidamente posible, que los motrileños cuando se les provoca... (y cuando no, pensaría mi tío).

Así que, antes de decir amén, cogió ese taxi y salió por patas del olor de la plaza.

Pero, resulta, que ese mismo día, por los mismos motivos patronales, el arzobispo visitaba la ciudad costera.

Al ver a mi tío dentro del taxi con la estola roja y el sombrero dorado en la cabeza, los lugareños empezaron a aplaudirlo y a ovacionarlo como si fuese el prelado.

Mi tío Nico, no pudo más que adoptar el papel y sonreír mientras saludaba quedamente al gentío, hasta que el taxi desapareció del pueblo, dejando a sus habitantes, como poco, algo desconcertados.

Al finalizar nuestro recuerdo, mi padre me dijo que no me lo creyera, que el tío Nico, como los viejos flamencos, era muy mentiroso. Para mí, sin embargo, mi tío fue picador y desgració un toro en la plaza de Motril y lo confundieron con el arzobispo.

Veo, veo

Veo, veo

Mi hijo me sorprendió hace unos días jugando al veo, veo. Lo aprendería en el colegio, supongo. Pero en vez de recitar la cantinela tradicional, entona la versión que Teresa Rabal popularizó para la infancia.

Así no ve una cosa, sino una cosita. Y yo le tengo que preguntar, con el mismo soniquete, ... y qué cosita es. Pero el juego es igual. Aunque algo surrealista con un chiquillo de tres años.

Todas sus palabras empiezan por "u". Y la respuesta es: "una pelota" o "un coche" o "una lámpara".

Luna azul

Luna azul

“Blue moon of Kentucky keep on shining shine on the one that's gone and left me blue…”. Recuerdo oír esta balada country, un clásico de Hank Locklin, en un disco doble (“Sesión de banyo de París”) que compré a principios de los 80. (Versionada por famosos cantantes como Billie Holiday, Frank Sinatra, Ella Fitzgerald, Louis Armstrong, Bob Dylan, Elvis…).

Nunca me he preocupado demasiado de las letras de las canciones (el flamenco es otra cosa), y menos cuando no son en español.

Hasta que una traducción, en forma de poema, llegaba a mis manos. Hasta que una sentencia poderosa saltaba a mi cara. Hasta que su espíritu me conmovía y me llamaba como un extraño paralelismo, como si lo que oyera en realidad lo estuviera pensando, como si cada una de las frases, de los sentimientos fuesen míos.

Hoy, es decir ayer o anteayer, descubrí las lunas azules, gracias a la noticia de una revista de divulgación.

Resulta que una Luna Azul es la segunda luna llena que aparece durante un mes. Normalmente los meses tienen solamente una luna llena, cada 29 días (la mayoría de los meses, salvo febrero, tienen 30 ó 31 días de duración), pero ocasionalmente se cuela una segunda. Así, es posible contemplar dos lunas llenas en un mismo mes. Esto sucede, en promedio, cada dos años y medio.

El sábado, 30 de junio, fue la segunda luna llena del mes. O sea, una luna azul. No es que sea azul literalmente, de hecho muestra un color gris perla, como siempre. Sólo que se conoce de esa manera.

Es lo popularmente admitido. Aunque, más exactamente, es la décimo tercera luna en un año. Me explico, el calendario lunar (que influye en las mareas, en el cuerpo y en las emociones, por ejemplo) es el que determina la ubicación de las fiestas en el calendario católico, así que una luna llena adicional desencajaba estas cuentas.

Cuando la luna aparecía llena trece veces en un año, se consideraba una circunstancia muy desafortunada, en especial por parte de los monjes que tenían a su cargo la elaboración del calendario (de hecho, la luna azul está asociada a algunos fenómenos y acontecimientos extraordinarios).

De esta forma, era necesario la creación de un calendario de trece meses para el año de sendas lunas, y eso distorsionaba la disposición habitual de las fiestas religiosas. Por esta razón el trece pasó a ser considerado un número de mala suerte.

* Kostian Iftica obtuvo una luna azul utilizando un filtro de este color.

 

Himno nacional (entrega urgente)

Himno nacional (entrega urgente)

Una espina que siempre hemos tenido en España es que nuestro himno carece de letra para poderse corear a voz en grito como La Marsellesa, verbi gratia. Aunque algunos sesudos (a los que generalmente les carga a la derecha) nos intenten ilustrar con algún cartapacio caduco de honrosas (u horrorosas) aproximaciones.

También recordamos la mofa popular del Generalísimo, cuando entre risas entonamos: Franco, Franco / tiene el culo blanco / porque su mujer / lo lava con Ariel...

Ahora me tropiezo con una bella versión, compuesta por Gomaespuma, que no tiene desperdicio. Ideal para salir al extranjero donde la letra no se entiende o no importa. ¿O alguien sabe lo que dice Dios bendiga a África, el himno del continente negro (exquisito, por otro lado)?

Pinchad en el enlace (o copiadlo en vuestro navegador): http://www.youtube.com/watch?v=3mSCOYyoq_g (espero que podáis acceder).

* El humorcito gráfico es de Idígoras y Pachi a raíz del aumento de las tasas de la SGAE por los derechos para escuchar música.

Por mi complejo de sacapuntas

Por mi complejo de sacapuntas

Ayer noche, aún lo recuerdo, en la Peña de la Platería, saboreando un delicioso baile por alegrías de Lidia Pousa, se acercó por mi mesa la chica que dispensa las bebidas y le pregunté escorzadamente, pues se dirigía a otros parroquianos: ¿me podrías traer un Rioja?

Me dijo que sí y se me quedó mirando. Yo le dije, por amor al absurdo: pues tráeme una cerveza.

Así que tuve que tomar zumo de cebada en vez de degustar mi vinito correspondiente.

Recordé entonces otra anécdota que me pasó en un local de Almería estando con un amigo.

Después de la comida y el café, nos dispusimos a tomar una copa. Fui el primero en pedir: me pone un Torres 10 (conocido brandy catalán algo denso y oscuro como la melaza). No, dijo el camarero, tenemos Torres 5 (el mismo brandy catalán pero, como su nombre indica, con menos años reservado).

Entonces, por amor al absurdo anterior, dije: pues me pone dos. Y va el barman y me los pone, a bocajarro y sin anestesia. Menos mal que mi amigo, un poco más lento en decidirse, se tomó el segundo.

De la misma manera, pienso que cuando nos acodamos a una barra y me pregunta quien me acompaña qué quiero y le canta al camarero que se acerca: me pone dos cañas, y yo digo, absurdamente: y a mí otras dos, temo que algún día me las ponga.

Manchas

Manchas

Me acabo de manchar el pantalón desayunando. Una mancha de nada, una gota de café. Lo suficiente para ir manchado. Le he puesto quitamanchas. Ya veremos.

La cuestión es que llevo una semana... Cinco camisetas en tres días. Y es que, cuando digo de mancharme, soy único. Siempre estoy en medio. Siempre salpica o me arrimo o me empujan o se me cae.

Uno se mancha por torpeza, por descuido o por ansia. Yo, modestamente, participo de las tres condiciones en indistinto orden. El manchado, muchas veces, coincide con el bribón. O con el que no se calla, que suele comer para afuera. Y, por su puesto, con Murphy, con la persona torpe de por sí, a esa que le faltan manos y le sobran dedos.

Por otra parte, una mancha es representativa. En España -todos sabemos- hay una región llamada La Mancha (ahora Comunidad compartida con León), de donde era nuestro ilustre hidalgo Don Quijote (aunque esa no es realmente una mancha al uso, un manchurrón, como quien dice).

Cruelmente -recuerdo-, en nuestra juventud, que a un compañero que salía con una chica obesa, lo llamábamos "don Quijote de la más ancha" (pero ésa es otra historia).

Es famosa la mancha de huevo (con la que te dan con el índice en la nariz). También, es auténtico, el borrón y cuenta nueva del paso de los años o las tachaduras que uno se impone cuando decide cambiar de vida, generalmente para mejorar algunas costumbres.

Caín, dicen, tenía una mancha en la frente. Un estigma definitorio que dominaba su conducta. Era malvado por condición. Por la misma razón, algunos lo absuelven. Sobre ese rasgo, sobre ese estigma han hablado Hermann Hesse en su Demian o Manuel Vicent en La balada de Caín (recomendables).

Es la mancha de los elegidos, es el estigma de los dirigentes. Una mancha igual en la frente la tiene Gorbachov.

Carmen Linares canta por bulerías estos versos: Que con la mancha que llevo en la frente / murmura la gente que yo soy pecadora / mientras yo me metía en mi pecho / mientras que en mi pecho / la traición me llora...

Los animales están orgullosos de sus manchas. Los colores manchados enriquecen la gama. La leche me la tomo manchada con el café con que me he manchado los pantalones.

* FOTO: la mancha de Gorbachov.

Una enfermedad hereditaria

Una enfermedad hereditaria

Hoy ya me he enterado definitivamente. El Madrid le ganó al Barcelona en la tarde de ayer. Una noticia trascendente. Lo único capaz de movilizar (o inmovilizar) a la población de un país medianamente civilizado.

Ayer, anoche, se oían berridos por las ventanas. Muchos vecinos se habían reunido con sus amistades, familiares, camaradas, para ver el encuentro definitivo. Los hombres más poderosos de la nación se arrostraban con calzones cortos.

Y, al final, los vencedores (que por mi barrio eran bastantes) se tiran a la calle a festejar lo que han hecho sus ídolos. En mi puerta sonaban petardos, voces de victoria e improperios al contrario. Eran voces infantiles (también en calzón corto).

Yo, a pesar del calor, dormí con la ventana cerrada, pensando que el tinglado futbolero era una enfermedad, como tantas otras (siempre lo he creído así), y que traspasa de padres a hijos, como la soriasis.

Que sueñes con los angelitos

Que sueñes con los angelitos

Que sueñes con los angelitos viene a ser una frase hecha que significa 'que tengas dulces sueños', 'que duermas bien', en definitiva.

Anoche, cuando arropé a mi hijo y, después de un beso, le deseé buenas noches, de esta manera: Que sueñes con los angelitos, el niño me respondió: Sí, papá, como si fuera una orden, un ruego o un consejo; imperativo, en todo caso. O, lo más desconcertante, como si el pequeño tuviera voluntad sobre sus sueños.

Después de mucho, parece de birlibirloque, ésta es una de las mejores noches que le he conocido: ha dormido de un tirón y ha tenido un buen despertar a las 7'30 de la mañana que lo he llamado para ir al cole.

FOTO: ninguno es hijo mío, que yo sepa, la foto la saqué de internet (© Cristina García Rodero)