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volandovengo

Ya lo entenderemos

Ya lo entenderemos

Flamenco viene del sur

 

Digo yo que algo tiene que tener Pitingo para que la familia Habichuela al completo apueste por él, lo arrope y lo aplauda. Antonio Álvarez, natural de Ayamonte y afincado desde hace unos años en Madrid, viene con un aire nuevo a aportar frescura al flamenco. Como la mayoría de los artistas inquietos son conscientes de la horizontalidad entre todas las artes, entre todas las músicas. Amante del soul y del gospel, ha logrado impregnar el flamenco de esos ritmos (y no viceversa), aportando un sonido diferente, otra vuelta de tuerca a este gazpacho, a este cajón de sastre (léase desastre), en que a veces se convierte el flamenco. Pero crear, innovar, saltar al vacío, puede que sea la razón del progreso, el sentido de la evolución. Dónde estaría ahora Enrique Morente si de vez en cuando no se hubiera tapado los ojos (y los oídos); dónde estaría Paco de Lucía y Camarón y don Antonio y la de Los Peines. Así Pitingo, con una voz bien matizada y gran sentido del ritmo, con un conocimiento profundo y una jondura innata, se atreve a matizar lo que ya existe con soniquetes afroamericanos, llegando al cenit de su creación, en lo que ha dado en llamar “soulería”, que es una armonía de gospel o soul metida a ritmo de bulería acelerada. Un sonido nuevo, un estilo heterodoxo, que tiene sus detractores, al igual que goza de incondicionales.

Pitingo, parcamente, con la inconfundible guitarra del ex Ketama Juan Carmona, se templa con una soleá que parece que no cuaja, que no llega, que no remata como se pretende. A ésta, le sigue una granaína que suena aún peor, a excepción de algunos quiebros y arrojos. Siento, en ese momento, que la guitarra está muy por encima del cantaor. La frialdad del principio, sin embargo, se palia con bulerías, con las que entra de lleno en su propuesta soul. Se trata del tema “Wendolin”, popularizado por Julio Iglesias. Para ello se hace acompañar de un coro de color y del cajón de “El Moreno”, otro Habichuela. Desde ahora comienza a crecer el recital en calidez y complicidad. El patriarca de los Habichuela, Juan Carmona, sale al escenario para aportar su arte sin igual en “Los Quereles”, unas malagueñas de El Mellizo culminadas por pasodoble. Juan Habichuela es único. Su sensibilidad, su limpieza, su naturalidad, su aparente sencillez, su ortodoxia… son encomiables. “Caramelo”, según el cantaor onubense. El abuelo Juan también acompaña por bulerías, que tienen mucho de cuplé, antes de pasar a los fandangos de su tierra, precedidos por dos naturales y rematados valientemente por Toronjo, a pie de escenario. Reconocemos también las letras como suyas, juntamente con el maestro Gamboa, productor de su disco. Para terminar, Pitingo nos brinda su carta de presentación: las soulerías propiamente que le abren un hueco especial en el flamenco de este milenio. Y, como él dice, “ya me entenderán”.

The End

The End

Ya he confesado en más de una ocasión que no soy cinéfilo. No tengo gran tradición peliculera. Siempre, cuando había películas en mi casa, en casa de mis padres, yo estaba en la calle o en el campo. Antes del cine había otras muchas cosas que hacer. Así que mi cultura fílmica está muy limitada.

Es una laguna, desde luego es una laguna, pero hoy por hoy prefiero desecar otras. Admiro no obstante a la gente que sabe de cine y que puede hablar con criterio, opinar y criticar con cierto rigor sobre películas, actores, directores, guiones, etc. Personas como José Abad, Jesús Lens o Alfonso Salazar, son referentes en mi norte cinéfilo.

Sin embargo, como todo nuestro mundo, tenemos vídeo y DVD. El vídeo está casi en desuso y el DVD no funciona bien. O sea, se atranca, acaba la película a tirones (mi niño dice que la tele tiene hipo) o se para de buenas a primeras. Lo que representa otro obstáculo a la hora de ver películas. A mí, casi me da igual, pues las películas siempre me han parecido muy largas y a la hora, u hora y media, estoy deseando que se acaben; pero a quien maneja mi barca le fastidia hasta el extremo.

Resultado: tenemos varios DVD inacabados, con hipo o con el final precipitado. Cuando tengamos nuevo reproductor, veremos tan sólo finales de películas. Nos especializaremos en The End.

Canales baila poco

Canales baila poco

Un espectáculo se valora tanto en su conjunto como en los detalles. El argumento, el mensaje, la realización y la puesta en escena, son importantes. También las luces y el sonido, la decoración y el vestuario. Pero sobre todo los actuantes, el cuadro y el cabeza de cartel. Antonio Canales presenta “Bailaor”, un evento de reflexión creativa, una obra que se va construyendo a medida que avanza, sin disponer un fin concreto. Una de las ideas, que Canales comenta en su programa, es cierta:”Me aprovecharé de los mejores intérpretes sin importarme su edad y condición”. De esta forma, los músicos que lo arropan son excelentes, empezando por los bailaores, continuando por los cantaores y los guitarristas y terminando por la caja que, aunque precisa, innecesaria en muchos momentos.

El conjunto en sí, vacío de contenido, con algunos momentos de gloria. Léase la soleá que baila Adela Campallo interpretada por el Pulga; léanse las alegrías-mirabrás que pasea elegantemente Oscar de los Reyes. Y es que Adela está en un buen momento. Y es que Oscar asume lo mejor de sus mayores (Farruco, Maya) y de sus contemporáneos (Flores, Grilo) y lo muestra con naturalidad. Y es que el Pulga; se sale, conoce a la perfección sus posibilidades y le saca provecho. Es un cantaor de estudio; es un cantaor de oficio. Y es que Miguel Iglesias y Juan Campallo a la guitarra forman un dúo de excepción, con arpegios, punteos y alzapúas que sobrepasan su labor de acompañamiento.

En cuanto Antonio Canales podemos decir que bailo poco, aunque dejó traslucir chispazos de sabiduría. Su baile es efectista y su taconeo definitivo (incluso lleva su propio tablao que sonoriza en demasía para que sus pasos queden patentes). Su ausencia de brazos es alarmante, las llamadas al reconocimiento son demasiadas, sus desplantes son parecidos y sus silencios sospechosos. Es difícil, no obstante, que un bailaor de bandera, como lo fue Antonio Canales hace años, con una farruca que cortaba el aliento, no retenga algo de lo que fue. Así fueron grandes algunos retazos de su soleá y de la seguiriya.

Como todo artista, sin embargo, tiene su público. El teatro estaba lleno y los aplausos y ovaciones constantes. Por mi parte, permitidme que me quede, como antes dije, con la segunda fila y conservar la primera para la foto.

* FOTO: Nono Guirado ©

** Texto rescatado: publicado el lunes, 07 de febrero de 2007

La ropa tendida

La ropa tendida

La ropa tendida siempre me ha parecido un símbolo de felicidad. Aparte del buen tiempo, que se supone que hace (secar los trapos al sol), infunde una suerte de sentimiento pacífico y tranquilo a quien lo mira. Ondean las sábanas, blancas, inmaculadas, y parece que no hay nada más, que no pasa nada, que la misma ropa de cama es la cortina del paraíso.

Y cuando hay ropa interior supone un despliegue de sencillo erotismo; y cuando hay ropa de bebé es como un beso a nuestros pliegues más sensibles; y la ropa de trabajo desprende un olor a hogaza de pan y embutidos caseros...

En otros tiempos, mi madre que vivía en la Carrera del Darro, asomados al río, recogían la ropa tiesa, hecha un cartón por el frío. Frente a la chimenea era su siguiente destino.

Tengo unos vecinos que siempre tienen el tendedero lleno, haga frío o calor, llueva o haya ventisca. Yo tengo secadora, que es menos romántica, aunque lo alterno. El sol es imprescindible y la ceremonia de tender la colada, añeja, emotiva e incluso cooperativa. Recomiendo que se tienda en pareja, que se recoja en pareja (también la ropa).

Una de las tradiciones que han pasado más desapercibidas y que pocos se preocupan de fomentar es esa costumbre de subir a la azotea o bajar al ojopatio, o rodear la vivienda o salir al balcón en comunidad para tender la ropa, para admirar las prendas del vecino, para ver su blancura y su color, para hablar de la vida de los demás (cotillear, lo llaman algunos).

* FOTO: Ropa tendida en una de las calles laterales a la Via Garibaldi (Venecia)

Premios 'Flamenco Hoy' 2006

Premios 'Flamenco Hoy' 2006

El jueves 1 de febrero, el día del "apagón", estuve en Madrid para asistir a la entrega de los premios ‘Flamenco Hoy’ del año 2006, que concede la Crítica Nacional de Flamenco, de la cual soy partícipe. El acto fue en el legendario Corral de la Pacheca y duró hasta cerca de las dos de la madrugada. (De cómo llegué a mi hotel a las cinco, ésa es otra historia.)

Se concedieron nada más y nada menos que 17 premios a los flamencos más destacados del año (muchos de ellos incuestionables). Entre los premiados hubo poquita presencia de artistas granadinos, pero entre los finalistas sí que asomaron.

Los premiados son:

1.- MEJOR DIFUSION EN MEDIOS para mi amigo Teo Sánchez y su programa "Duendeando" de Radio 3 (el segundo programa más oído de esta emisora). Como finalistas quedaron la revista "Acordes de Flamenco", en la cual colaboro, y nuestro colega y colaborador, el fotógrafo Paco Sánchez.

2.- PROMOCION DEL FLAMENCO para la buena labor de "Suma Flamenca". Finalistas fueron la Editorial Almuzara y el Ayuntamiento Cádiz.

3.- El mejor LIBRO de flamenco fue el "Flamenco en Madrid" del imprescindible José Blas Vega. Mención obtuvieron "Aluricán en azul y verde" de Alfonso H. Herrera y "Alcalá de la Soleá" de Manuel Martín.

4.- El MEJOR DVD fue "Rito y Geografía del Cante" dirigido por J.M. Velásquez Gaztelu. Tuvimos en cuenta "Iberia" de Carlos Saura y "El Ángel" de Ricardo Pachón.

5.- La MEJOR REEDICIÓN (Libro- disco- DVD) volvió a repetir "Rito y Geografía del Cante" reeditado por Circulo Digital. Otros trabajos fueron "Al aire de Jerez" de Nuevos Medios y "El Ángel" de Flamenco Vivo.

6.- El MEJOR ARTISTA BAILE REVELACIÓN fue la bailaora malagueña Rocío Molina (aunque el calificativo de "revelación" es más que dudoso). Quedaron en la puerta, la granadina Fuensanta "La Moneta" (con muy poca diferencia) y la sevillana Pastora Galván, hermana del gran Israel. (También, en algún momento, salió a relucir el nombre de Patricia Guerrero) (Curiosamente todas chicas).

7.- El MEJOR BAILAOR, muy reñido, fue el jerezano Joaquin Grilo. Pisándole el zapateado estaba Israel Galván y Javier Barón. (Se estuvo barajando al principio el nombre de Manuel Liñán para dos o tres categorías distintas, pero inexplicablemente no salió ni de finalista.)

8.- La MEJOR BAILAORA asombrosamente fue la gaditana Sara Baras y su espectáculo escaparate (el premio más político), quedándose en la cuneta la mejor Eva Yerbabuena (Granada) y la mística Isabel Bayón.

9.- El MEJOR ESPECTÁCULO FLAMENCO fue "Tabula rasa" de Israel Galván, seguido de "El Huso de la Memoria" de Eva Yerbabuena y (nuevamente asombroso) "Sabores" de Sara Baras.

10.- El MEJOR AUTOR (coreógrafo, música, letra): Manolo Sanlúcar por "La danza de los pavos". Finalistas: Israel Galván por "Tabula rasa" y Juan Carlos Romero por "Tierra de Calma" de Poveda. O sea, dos guitarristas y un bailaor.

11.- El MEJOR PRODUCTOR DE DISCO fue Enrique Morente por "Mujeres" de Estrella Morente, único premio para Granada. También se lo merecían J.M.Gamboa por "Pitingo con Habichuelas" de Pitingo y Isidro Muñoz por "Ropavieja" de Arcángel.

12.- El MEJOR DISCO INSTRUMENTAL: "Cal" de Son de la Frontera. Otros fueron "Sumandos" de Josemi y Carles Benavent y "NFS" de Chano Domínguez.

13.- La MEJOR GUITARRA DE ACOMPAÑAMIENTO: Daniel Méndez por su labor en "Ropa Vieja". Después quedaron Chicuelo por "Mi forma de vivir" y Juan Carlos Romero por "Tierra de Calma".

14.- El MEJOR GUITARRA SOLISTA REVELACIÓN (una verdadera joya) José Manuel León por "Sirimusa". Otros grandes tocaores: Miguel Rivera por "Contrastes" y Paco Fernández por "Satispen talí".

15.- DISCO CANTE REVELACIÓN: (indiscutible) "Al Compás" de Argentina (aunque en directo gana mucho). "Pitingo con Habichuelas" y su flamenco soul de Pitingo y "Gema Jiménez" de Gema Jiménez (quien también gana en directo) también se lo merecieron.

16.- DISCO GUITARRA SOLISTA, en cambio, se lo llevó un discutido "Medea" de Manolo Sanlúcar; quedando tras él "Bordón de Trapo" de Miguel Ángel Cortés y "Sinfonía Flamenca" de Juan Carmona, los dos granadinos.

17.- DISCO DE CANTE: o sea, el premio de los premios (que el año pasado recayó en Enrique Morente), merecidamente se alzó Miguel Poveda con su "Tierra de Calma". Como finalistas, tremendo el disco póstumo "Cobre Viejo" de Antonio Núñez Chocolate y "Ropavieja" de Arcángel.

Para no aburrirse.

* En la foto: carátula del disco de Miguel Poveda "Tierra de Calma"

** Texto rescatado: publicado el lunes, 05 de febrero de 2007

Un sucedáneo

Un sucedáneo

Hay quien prefiere un sabroso gato de grandes dimensiones a una ligera y modesta liebre de campo, como hay quien no le hace ascos a las redondeces de unos pechos siliconados. Hay personas que, sin ningún tipo de escrúpulos, alimentan su concentrado onanismo con la imagen siempre seductora de la Bibi Anderssen de antaño, aún sabiendo que fue Manolo. Gente antidopaje, que no les importa los estímulos de Ben Johnson (o cualquier otro deportista sobreestimulado), y sólo afirman haber visto al hombre más veloz sobre una pista (o a un campeón sobre la bicicleta o un émulo artificial de Maradona).

Asimismo, reverenciamos el dopaje metafísico de Teresa de Ávila, que hay quien asegura que levitaba varios centímetros del suelo, o el resto de nuestros místicos, que cantaban al amor divino con más carnalidad casi que lo pudiera hacer Iriarte (el padre, of course).

Dejadme que prefiera la venera con la que flota sobre las espermáticas aguas marinas la Venus de Botticelli que la misma concha prendida en el bordón de un peregrino santiaguero, por muy bendecida que esté.

Lo que quiero decir es que a veces lo sucedáneo estimula nuestro paladar antes que el crudo realismo de lo convencional establecido. A veces lo oculto, la arruga, la tara, el desperfecto, la mancha, el exabrupto, la imperfección en suma, es lo que hace a un objeto único, lo que nos hace a las personas exclusivas.

He reivindicado en más de una ocasión el cambio, la diferencia, más que lo estático, la igualdad. ¿Puede que la copia supere el original? ¿Puede que el sucedáneo mejore lo auténtico? ¿Puede que la ficción sea más grande que la realidad? ¿Puede que el mundo no sea redondo, completamente redondo? ¿Puede que yo no sea yo, evidentemente, como reconocía Torrente Ballester?

Apagón

Apagón

El día 1 de febrero, de ocho menos cinco a ocho de la tarde, me encontraba yo caminando por las calles de Madrid. Así que la intención de sumarme a la iniciativa de los cinco minutos sin luz, lamentablemente, no tenía cómo secundarla.

De todas formas, como inútil acto solidario (a veces la ideología es ramplona) apagué el móvil. Miré a mi alrededor y todo seguía como antes. No se apagaron ni los cigarros. Un tanto desilusionado, seguí mi camino.

Al día siguiente, leo con asombro en los periódicos, el efecto mediático de este apagón. No sólo hicieron mutis las luces de los particulares de media Europa, sino que también se hicieron eco de este umplugged las instituciones, ayuntamientos y gobiernos autonómicos que, para no ser una medida oficial (parida por ellos), sinceramente hay que aplaudirla.

Se apagó la Alhambra, la Puerta de Alcalá, La Torre Eiffel, la Giralda... y se ahorraron no sé cuántos megavatios. Pero eso es lo de menos. Lo importante es la solidaridad de la gente (que ya se venía viendo en manifestaciones a favor de la paz, en contra de la guerra); lo importante es el respiro del planeta; Lo importante es el poder de convocatoria de internet; lo importante es haber removido conciencias; lo importante es luchar por el futuro; lo importante es nuestro granito de arena.

Ahora que vemos los resultados, es hora de tomárnoslo en serio. ¿Y si todos los uno de febrero apagamos la luz cinco minutos? ¿Y si la apagamos todos los jueves? ¿Y si a las ocho menos cinco de todos los días nos desenchufamos un rato? ¿Y si, en vez de cinco minutos, desconectamos diez, quince...?

** Texto rescatado: publicado el sábado, 03 de febrero de 2007

La vanguardia de mirar atrás

La vanguardia de mirar atrás

Flamenco viene del sur

 

Antonio El Pipa no sorprende. Muestra lo de siempre. Es el flamenco más tradicional, el convencional baile de taconeo, brazos en remolino y rostro desencajado y sonriente. De primeras puede parecer una obra escaparate, pensada exclusivamente para gustar, más a los extraños que a los propios. Pero, poco a poco, va cogiendo forma, se va engrandeciendo por sí sola, hasta que todo el espectáculo cobra la vida y la razón que tildan a la calidad. Porque no hay mayor vanguardia que mirar atrás y no perder el norte. Porque no hay mejor propuesta que recrearse en la esencia una y otra vez. Antonio El Pipa no sólo se fija en sus mayores (Antonio Gades), sino que se rodea de ellos (Juana la del Pipa, Mariana Cornejo y Concha Vargas) comprendiendo y demostrando el indisoluble nexo de unión del presente y el pasado.

“De Tablao” consta de cuatro partes que se imbrican entre sí formando un todo coherente, que disminuyen en longitud pero aumentan en intensidad. Las canciones de Lorca, tan sólo apuntadas a capela, “Café de Chinitas” y “Anda Jaleo” nos introducen en “El Tablao”, donde se reivindica, con cantes de fiesta, el baile de siempre. El Pipa aborda unas cantiñas, haciendo alarde de su dominio y buen gusto. Sobrado en brazos, elegante y efectista, el bailaor jerezano cautiva desde el principio. Las seguiriyas, bailadas por María José Franco y cantadas por Morenito de Íllora, son el respiro a tanto jaleo y dan pie a “Noche de Resaca”, en la que el tempo se hace más profundo y se sienten la soleá, la taranta y la soleá por bulerías, que interpretan los dos primeros bailaores. Desde aquí, podemos apreciar la capacidad improvisadora de El Pipa recogiendo una peineta de su partenaire y devolvérsela a la cabeza como si de una suerte de banderillas se tratara. Apreciable es también la labor de Concha Vargas y Juana la del Pipa rompiéndose por soleares.

Completamente dedicada a Cádiz, la tercera parte “La Atracción” comienza con unos tanguillos, más recitados que cantados, por la gracia de la especial colaboradora Mariana Cornejo. Las alegrías anunciadas se convierten en cuplé por bulerías cantadas por esta misma intérprete, imponiéndose como lo mejorcito de la velada.

Todo desemboca en “Bailaor”, fruto de la evolución desde los míticos tablaos. Es donde El Pipa se desborda y vuelca su potencial. Llega a un público incondicional que reconoce su talento y su labor conservadora, que muestra en la soleá final y su coda por bulerías, con grandes momentos de virtuosismo y de la fresca capacidad improvisadora ya aludida. Nosotros, al fin, recogemos su arte de de tradición, añejo, aunque de poco riesgo, y quizás echemos de menos un lenguaje más reposado, un baile más visionario.

Febrerillo loco

Febrerillo loco

Amanece esta mañana con una copiosa y constante lluvia. Ayer, nublado, pero estable. Anteayer despejado y con un sol primaveral, casi de justicia cuando el cuerpo aún soporta ropajes invernales. Estos brotes imprevistos de calor acaban conmigo. Tengo la tensión baja, como saben algunos, y las primeras subidas de temperatura me desarman, me aplatanan, lentifican mi devenir, que ya de por sí es lento, hasta extremos alarmantes.

Y así estamos, con el sistema margarita: un día bueno, el otro no; ahora sí, ahora no (como los intermitentes del coche).

Ya lo dice nuestro refranero: Febrero, ¡vaya un mes puñetero! o Febrero, mes fullero o En febrero, un rato al sol y otro al humero o Nieve en febrero, buena si es a primeros o Cuando no llueve en febrero, tiene el año mal tempero o Para febrero, guarda leña en tu leñero o Agua de febrero, mejor que la de enero o La flor de febrero no llega al frutero o Avena de febrero, llena el granero o El mes de febrero lo inventó un casero o Febrero cebadero o Febrero, siete capas y un sombrero...

Los pueblos son sabios, nuestros dichos veraces. Hagámosle caso antes que el adebacle del cambio climático cambie también nuestra experiencia. Es como si nos quitaran lo bailado.

El flamenco de un poeta

El flamenco de un poeta

Doña Rosita la Soltera

 

Si hay un poeta andaluz –que los hay, y muchos- nacido para ser cantado, ése es Federico García Lorca. Todos sus poemas, sus obras dramáticas e incluso sus escritos y conferencias tienen una musicalidad interna que, casi sin querer, se pronuncian con soniquete. Lorca era músico; tocaba el piano. Sus poesías y sus composiciones a veces se confunden o se aúnan creando un todo inseparable. Lorca es el maestro de la  melodía, el maestro de la metáfora, el maestro de lo simbólico, el maestro de la canción popular. Y, cómo no, uno de los padres, de los adalides, del flamenco, de su puesta de largo, de su dimensión cultural. Es un poeta del  pueblo, de lo gitano y de lo jondo.

El viernes pasado se estrenó en el teatro Isabel la Católica el drama “Doña Rosita la Soltera”. Una obra en tres actos que nos habla, como sabemos, de “la vida mansa por fuera y requemada por dentro de una doncella granadina, que poco a poco se va convirtiendo en esa cosa grotesca y conmovedora que es una solterona en España” en esos años.

No es mi función analizar la representación o los actores, ni la puesta en escena o el tratamiento dramático, ni siquiera a nuestro insigne poeta (posiblemente, lo mejor de la velada). Sí, en cambio, desearía dejar un apunte sobre la ambientación musical dentro de la obra como elemento lorqueño indisociable y el tratamiento temporal a través de los estilos y acordes.

El tiempo, como el desamor, como la muerte, es una constante en Lorca y, en Doña Rosita, se puede considerar como un personaje más dentro de la tragedia. Los tres actos se desarrollan en momentos diferentes desde finales del siglo XIX, primer año del XX y termina en 1911, con una Rosita ya madura. El comienzo de cada acto lo introducen una soprano, Carmen Soto, y un pianista, Pablo Sánchez de Medina, adoptando en cada parte las formas y el vestuario acorde con el momento. Así, con las mismas palabras, inician el primer acto con una canción lírica, el segundo con un cuplé y el tercero con un tango.

Reforzando “el regusto amargo” al final de cada acto en la boca de Rosita, se incorpora un quejío, una apuesta flamenca que recrea los fragmentos del poema de la “Rosa Mutabile”, que crece, florece y se deshoja como Rosita misma, con aires de granaínas, soleares o tonás, interpretados por Concha Medina y David Colomo “Pajarillo” a la guitarra. Por último, es preciso destacar el tema flamenco “Vive”, compuesto por Antonio Campos y Emilio Maya, que resume fielmente el espíritu de la obra.

Arcángel, pasado, presente y futuro

Arcángel, pasado, presente y futuro

Flamenco viene del sur

Posiblemente la mejor propuesta del ciclo Flamenco viene del sur hasta la fecha. Quizá, junto a su paisano Juan Carlos Romero, el flamenco más serio que hemos podido apreciar. ¿Todo queda en Huelva? Arcángel está actualmente entre los cinco cantaores más solicitados del panorama actual y entre los dos mejores de su generación. Tiene una gran proyección y posee un gran conocimiento, con ecos y reflejos del pasado. Arcángel es maestro y discípulo. Tiene un sello indiscutible que es seguido e imitado. Su voz es aguda, incluso abusa del falsete. Su cante es melódico y su grito más moderado que de costumbre. Une los tercios, logrando un fraseo agradable. Sin ser un artista que rellena el escenario, la calidez de su presencia la trasmiten pocos.

El primer cante-homenaje de la noche fue “Limón Amargo” de Valderrama, una composición recreada por Miguel Ángel Cortes que se encuentra a medio camino entre el cuplé por bulerías y la soleá. Igual de ambigua fue su segunda entrega, en la que confesaba tener “el alma en los huesos y el amor descamisao”. Su comienzo es frío, sin embargo. No se templará hasta la caña chaconiana, una de sus mejores propuestas. Continúa el concierto por levante. ¿Unas mineras?, ¿una taranta?, ¿cartagenera?, ¿quizá levantica?

Las seguiriyas son muy bien recibidas. Tienen un ritmo de bulerías y son muy marcadas, casi de fiesta. Dan paso a Miguel Ángel Cortes para interpretar “Salaílla”, de su disco “Bordón de trapo”. La introducción recae en la mandola de Daniel Méndez, artista galardonado recientemente por la crítica especializada como “Mejor guitarrista de acompañamiento”. En estos tanguillos abundan las enarmonías y las disonancias, que lejos de ser un desliz, son recursos más que estudiados en el trabajo del tocaor granadino, al que podremos ver en solitario el 19 de marzo en este mismo ruedo. Las bulerías de Arcángel, comenzadas a capela, se prestan a ser escuchadas, si acaso con un amago de echarse pa’ lante. Desde este momento comenzamos a apreciar problemas de afinación en las guitarras por culpa del frío y de la intensidad de los focos. Contrariedades que afectan al onubense. El final de la bulería trasciende el cuplé. Con “La bien pagá” se hace abiertamente una concesión a la copla. Son muy morentianas, al igual que los tangos, en los que incluye alguna letra del artista granadino, e inserta la “Baladilla de los tres puñales” de Rafael de León.

Las alegrías son grandiosas. Expande la melodía y expone unos cambios de ritmo muy efectivos. Y, como no, acaba por Huelva. Sus fandangos, dedicados a Enrique, presente en el teatro, son largos, llenos de resonancias y guiños a sus mayores. Evidentemente su estilo se basa en recrear todos los estilos.

Arcángel fue honesto y generoso. Mostró su verdad y cantó todo y más. Sin embargo, a fuerza de redondez y planitud, no rompe ni quiebra el quejío necesario para pellizcar por dentro.

Foto: Daniel Muñoz (flamenco-world)

En bragas

En bragas

Una expresión muy extendida es la de estrar "en bragas", o sea, andar con lo puesto o pillarte in fraganti o estar a dos velas o encontrarse en una situación desesperada, tocar fondo...
Pues bien, nuestros amigos de blogia, o sea, la compañía que permite este blog y, en concreto, el servidor que lo aloja, se han caído, han sufrido una avería, un resvalón, un traspiés, como todos los tropezones involuntarios, ajenos a su voluntad.
El resultado es que durante una semana esta bitácora ha dejado de funcionar, mi vida, como el universo, tiene un agujero negro, una laguna, un abismo, la sima de seis días con sus noches. Los lectores habituales han emigrado, mis contactos no saben de mí (¿unas vacaciones?, ¿otra recaída febril?, ¿la retirada inoportuna de quien piensa en voz alta?...
Y lo peor, algunos os habréis dado cuenta, hemos retrocedido varios días en el cuaderno. La última entrada que aparece es del día uno, debiendo ser del día nueve. Unos artículos irrecuperables (pues los escribo directamente en el blog), sin copia de seguridad, sin anestesia alguna y sin posible indemnización moral, incluso.
Así que pido perdón a los incondicionales, pido perdón a los que han tenido que trabajar los minutos que tardaban en leer "volandovengo" y pido perdón a los que pensaban que el título de este artículo sería más literal.

Mis siete yoes (3)

Mis siete yoes (3)

Soy Jorge y nací varón y soy mujer. Pero también soy animal, sobre todo animal. Pensar con el vientre, sentir con las entrañas. Mi alma concupiscente hace sentirme un león a veces, una gacela casi siempre, saltarina y temerosa. Soy un dragón, un fauno antropomórfico que se esconde en mi estómago.

Soy un animal insaciable, que devora sin tregua y bebe y ama pantagruélicamente. No tiene fin, no tiene medida, como un monarca absoluto. Tan sólo mi instinto me frena, tan sólo el orgullo pone (impone) barreras. Tengo mi instinto (no sólo de supervivencia), no tengo memoria, mi pretérito es imperfecto. A veces, veo en blanco y negro.

Soy todo sentidos (cinco, seis...) y pasiones. Soy Epicuro; el dueño del mundo. Mi visceral apetito se sobrepone a mi razón, emigra de un lugar a otro siguiendo el devenir del viento, detrás del olor a carne, a carroña, a sexo, a comida, a fiesta y a goces irreprimidos.

El carpe diem horaciano es el pan. Rompo mi hucha a diario. El mañana no existe.

Soy arrogante con los débiles y humilde con el fuerte. Rehuyo su mirada. Y siento miedo al ruido, a la oscuridad, a lo desconocido, a los demás. Huyo buscando el sol. No me gusta el agua. Sí, en cambio, el aseo y los aromas.

Me siento libre. Salto cuando puedo saltar. Corro y vuelo. Duermo a pierna suelta o con un ojo abierto, tomo el sol, aúllo a la luna e incubo huevos. Saboreo mi sangre como un vampiro y me atrae la crudeza desnuda de la carne. El viento golpea mis ventanales y la nieve se agolpa en mi puerta, mientras me enrosco y tapo mi hocico con el rabo.

Gimo, jadeo, grito y susurro. Me lamo las heridas y me asombra caminar erguido. Orino en las farolas. Rasco mi espalda con los árboles y las esquinas.

Soy Jorge, nací varón y soy mujer; también animal.

Cinco minutos de apagado global por la salud del planeta

Cinco minutos de apagado global por la salud del planeta

Llega vía mail a mi ordenador una propuesta "simple y concreta" que deseo compartir con quienes os asomáis a mi blog:

«El día 1 de febrero, desde las 19'55 (siete y media de la tarde) hasta las 20'00 (ocho) (o sea , cinco minutos), participad en la más grande movilización de ciudadanos contra el cambio climático.

La Alianza por el Planeta (grupo de asociaciones medio-ambientales) lanza una llamada sencilla a todos los ciudadanos, 5 minutos de respiro por el planeta: todo el mundo apaga sus luces y lámparas y todo lo que esté conectado a la red eléctrica el día 1 de febrero de 19'55 a 20'00 horas.

No se trata de ahorrar 5 minutos de electricidad únicamente este dia, sino de llamar la atención de los ciudadanos, de los medios de comunicación y de los que dirigentes sobre el despilfarro de energía y la urgencia de pasar a la acción.

5 minutos de respiro por el planeta: no exige mucho tiempo, no cuesta nada, y demostrará que el cambio climático es un tema que tiene que pesar en todo debate político.

¿Por qué el día uno de febrero? Este día saldrá, en París, el nuevo informe del grupo de expertos climáticos de las naciones Unidas. Este acontecimiento tendrá lugar en Francia (en Europa) y no hay que dejar pasar la ocasión de apuntar los proyectiles sobre la urgencia de la situación climática mundial.

Si todos participamos, esta acción tendrá un peso mediático y político real.»

Cuando Mercé canta por derecho

Cuando Mercé canta por derecho

Flamenco viene del sur

 

Se quiso templar por unas malagueñas de Manuel Torre y de Enrique el Mellizo, alterando sensiblemente el programa. José Mercé domina como pocos el escenario, se siente seguro e intenta trasmitir. Esta decisión, sin embargo, merma su entrega y no logra caldear el ambiente hasta la soleá que aborda en segundo lugar. El compás es su fuerte y la soleá su insignia. Un público frío, más expectante que entregado, anhela el momento de estremecerse con el torrente y el quejío del jerezano, que canta con atril, vaya a ser que la memoria traicione la redondez de las letras.

A su lado, un ajustado Moraíto Chico a la guitarra, no hace sino cumplir siguiendo a pies juntillas al maestro, brindando momentos de efecto, más por costumbre que por inspiración. Como el cantaor, se luce en los palos de su tierra, pero cuando se pierde el soniquete, cojea la estructura.

De las seguiriyas se esperaba algo más. Con los acordes de “Ojos verdes”, Morao le da la entrada a Mercé que, a pesar de haberse allanado el camino con la soleá, no logra cuajar esta tercera entrega. Sin embargo las alegrías que encierran mirabrás son amables. De un gusto especial. La cal y la arena se agradecen no obstante en un cantaor inclinado a la fiesta facilona y al disco comercial. Y es que cuando Mercé canta por derecho no hay más remedio que quitarse el sombrero.

Los fandangos también dejan que desear. Tan sólo correctas son unas verdades que no llegan a convencer. Remata cada fandango de pie, fuera de micrófono, lo que hace que se pierda la coda final, imprescindible para el registro del oyente.

José Mercé tiene su público y a él se debe. Son incondicionales desde que remedaba a Camarón, siendo uno de sus más fervientes continuadores. Hace tiempo ya que despego en solitario, con una carrera definida, con un hacer personal. Sello de identidad que sobre todo infunde en sus bulerías. Como buen jerezano es el rey en este cante de fiesta, que acompaña, como mandan los cánones con unas generosas pataíllas en sus postres. E introduce en ellas inevitablemente alguna letrilla postmoderna, lo que dio en llamar “flamenco del 2000”.

Como regalo, fuera de programa, canta “Al alba” por bulerías, ese éxito que le prestó Luis Eduardo Aute y que grabó en el año 2000, en su trabajo “Aire”. Tema que borda y el público agradece y aplaude su incursión en la canción de autor. Incluso le piden “Te recuerdo Amanda” o “Mammy Blue”. Antes de irse, apunta un segundo bis por bulerías, en el que hace bailar a sus palmeros.

Mis siete yoes (2)

Mis siete yoes (2)

Soy Jorge y nací varón. Pero también soy mujer. No entro en temas sexuales sino en sentires y entendimiento. Hace años descubrí en mí una parte femenina que manifiesto y fomento, la cultivo sin llegar a conseguir todo lo que deseo. Una intuición nueva me asalta por momentos, las lágrimas y las risas pugnan a ver quienes saltan primero, ya no sé estar sólo.

Voltaire, en un pequeño cuento sobre el "Sueño de Platón", comienza diciendo: "Había soñado que la naturaleza humana era en otro tiempo doble, y que en castigo a sus culpas fue dividida en macho y hembra". Me atrae el ser andrógino, el pensamiento ambiguo, la mezcla, el mestizaje, la diferencia... Quiero ser drag queen.

Abotono a veces mi camisa desde arriba y aprecio las fragancias, el cumplido, un presente. Gozo de rapidez mental y me acuso de actuar dando una y mil vueltas. Soy zalamero, un poco gato, y renuncio a la armadura que me imponen. Soy frágil y delicado, pero a la vez fuerte y resistente, irrompible.

El dolor físico también duele en el espíritu y guardo cola en los andenes esperando al vagón que me mire a la cara o la maleta perdida o el alma de mano. A veces interrogo al espejo o busco belleza en mi interior, donde me responde otro azogue.

La piel suave, que se eriza con un roce, que se turba con tu mirada. En mi maleta cabe de todo y sin colorete no piso el umbral.

Tengo una cara oculta, puede que fases como la luna. Un secreto en su núcleo.

Soy Jorge y nací varón y también soy mujer.

Mis siete yoes (1)

Mis siete yoes (1)

Soy Jorge y nací varón. Me abotono la camisa desde abajo y nunca llevo faldas (aunque podría llevarlas). Me estremezco cuando veo a una bella mujer, en todos los sentidos (lo de bella, no lo de estremecerse), y de los hombres soy amigo nunca rival, generalmente (aunque tengo amigas, buenas, casi más).

Tengo el privilegio de orinar de pie, casi siempre, sin embargo, me siento en la taza, cuando es de fiar, sobre todo en casa, si no tengo excesiva prisa. Tengo pelo en el pecho y afeito mi barba. Tengo también sueños de seductor, aunque la mayoría de las veces desemboque más en un elefante rosa que un príncipe azul.

En mi boda ocupaba el lugar izquierdo e iba de negro. Ella, algo más baja, de blanco y de largo vuelo, del brazo de su padre. Soy padre y mi hijo lleva mi apellido en primer término (convencionalismos pacatos). Podría ser indistinto el orden. Se puede cambiar, pero por defecto antecede el apellido del varón (¿herencia machista?). En América toda, creo, y en algunos otros países, la mujer adopta el apellido de su hombre al casarse. Recupera su nombre de soltera cuando se separa o divorcia.

Admiro la inteligencia sin distinción de ninguna clase y tengo caros modelos entre los que descarto los grandes estrategas, padres de la patria y rastacueros en general*. Me identifico (me gustaría parecerme, quiero decir) a los pensadores y escritores, a los artistas y a los cineastas, a los músicos y a algunos bohemios. También a los suicidas, antes de quitarse la vida, cuando su fin es por amor (o por desamor que, según algunos, es el verdadero amor: quererte sin que me quieras).

Podría tener bigote y dejarme las patillas largas (de hecho, una vez creció mi barba). Podría dejarme el pelo largo y hacerme una cola (alguna vez lo hice). Podría adornar mis dedos con anillos, mis brazos con pulseras, mis orejas con pendientes (llevo un arito en la oreja izquierda).

Podría amar al hombre, pero quiero a la mujer. Soy Jorge y nací varón.

* Tarea para esta tarde: buscar la palabrita "rastacuero" en cualquier diccionario fiable.

Meme

Hace ya muchos días mi amigo blogero Hueso me propuso un meme, que es simplemente una cadena, en lenguaje de Internet. Le prometí que me pronunciaría en volandovengo, pero hasta hoy no he cogido el toro por los cuernos y me he lanzado a ese vacío. Porque él, que a su vez viene de otro, y éste de otro, me imagino, propone nada menos que "escribir cinco cosas que la gente no sabe de mí", como si fuera tan fácil, como si cinco secretos confesables tuviera al alcance de la mano, como si no me hubiera ya dado bastante a conocer, como si ocultara algo a conciencia para este día.

Voy a intentarlo, no obtante. A ver:

PRIMERO: Suelo contar internamente todas las acciones que hago en solitario. Así, empezando por el uno, cada actividad tiene su cantidad. Regar las plantas requieren verter la garrafa del agua sobre ellas de 5 a 25 (dependiendo del tamaño de la maceta); subir la persiana del patio son 26 vueltas de manivela cuando está en el fondo (subirla son otras tantas); dormir al niño, en su tiempo, eran de 300 a 500 mecidas; y así casi todo.

SEGUNDO: No me gustan nada las medias de colores. Los pases de modelos en la televisión no los busco, pero cuando coincido con ello no los quito. La moda me gusta, aunque hay aberraciones a mi entender, unas más que otras. Me encanta que se vea el ombligo de las mujeres o las calzas largas combinadas con mini (dejando al descubierto la franja de muslo imprescindible para rozar el culmen de la sensualidad). Odio, sin embargo, los pantalones que se arrastran con un campanón enorme en cada pierna o la falda-pantalón (por muy cómoda que sea) o los pantalones cortos encima de las medias, por ejemplo.

TERCERO: Como pan con la fruta. Soy muy panero (como Leopoldo María). Sin pan no puedo comer. Siempre me guardo un pellizco de pan para después de la comida. Me da rabia cuando, en un restaurante, por ejemplo, me lo retiran de la mesa. Acompaño la fruta con pan e, incluso después de haber comido, sigo rumiando harina.

CUARTO: Tengo las manos siempre frías. Antes me salían sabañones todos los inviernos en las manos, en los pies, sobre todo, y en las orejas. Mi niño no quiere que lo vista por la picadura gélida de mi roce en su piel desnuda. Y, cuando lo baño, debo meter las manos un buen rato en agua caliente para que se templen. Hace tiempo leí en un texto freudiano que las manos frías era signo de sadismo sexual y me preocupó por la verdad que podía encerrar. Aunque prefiero pensar que "manos frías, corazón caliente".

Y CINCO: No me gustan mucho las cadenas. Los memes pueden ser divertidos, pero la obligación del sendero me parece un tanto borreguil. Que a un notas se le ocurre una idea (genialidad o patochada) y se la envía a otros cinco lumbreras para que a su vez entren en el juego y se la manden a otros tantos... La verdad, se encuentra fuera de mi razón.

Y ahora, para dar sentido al meme, se la tengo que mandar a otros cuantos. Pero no conozco tantos blogueros que me lean. Probaré con algunos:

El blog de Enrique Ortiz

Trepar árboles

Programandoando

El principio de acumulación

El principio de acumulación

El efecto-dos-mil me cayó de lleno: me casé ese año. El 23 de abril, el día de mi santo, que resultó ser, para redondear, Domingo de Ramos, decidí tener dueña, dormir con mi amiga o enemiga, que alguien manejara mi barca, que se sentara en el pescante de la diligencia...

San Jorge es también el día del libro (el 23 de abril de 1616, aunque según distintos calendarios, fallecieron tres grandes escritores de la literatura universal: Miguel de Cervantes (calendario gregoriano), William Shakespeare (calendario juliano) y el Inca Garcilaso de la Vega. También coincide con la fecha de nacimiento de Vladimir Nabokov en 1899 y fallecimiento de Josep Pla en 1981).

San Jorge es el patrón de Cataluña y de Aragón, de Ingleaterra y de Dinamarca, de la Caballería y de la Marina.

Me encantan estas coincidencias. Mi hijo nació el 25 de diciembre (de 2003), es tonto decirlo, pero es el Día de Navidad, cuando nació Jesús (y Enrique Morente) (y el padre de una amiga mía) y cuando viene Papa Noel, fun, fun, fun.

Son fechas que no se olvidan, son celebraciones múltiples que aumentan en calidad pero disminuyen en cantidad. O sea, matamos varios tiros de un pájaro. Que mi santo es mi aniversario, mejor, así el postre es doble; que mi hijo cumple en Navidad, mejor, todo el mundo está de fiesta y los aborrecibles locales para niños están cerrados y nos ahorramos que al colegio lleve caramelos o las infectas "chuches".

Es lo que yo llamo el "principio de acumulación". Acumular acontecimientos puede convertirse en todo un acontecimiento. Es como invitar a gente muy dispar a una fiesta o que te toque un coche el mismo día que te dan el carnet o cantar línea y bingo en un mismo cartón o que llueva sobre mojado...

Cuando cogemos el teléfono, ya aprovechamos para hacer varias llamadas; cuando vamos al centro, preparamos un recorrido interesante para aprovechar el viaje; cuando visitamos una ciudad diferente, nos hacemos una relación de amigos que podemos ver, de lugares imprescindibles para hacerles unas instantáneas...

Mi peso real ronda (por cierto, mañana me voy a Ronda) los 60 kilos. Desde joven, siempre he pesado lo mismo. Ahora algo más. La edad no perdona. Tengo más grasa y menos fibra. Me gusta, no obstante, decir que he estabilizado en los 62 kilos de peso, como mi año de nacimiento, así cumplo con mi estúpido "principio de acumulación".

La nota imposible de Juan Carlos Romero

La nota imposible de Juan Carlos Romero

Flamenco Viene del Sur

 

La guitarra de concierto quizá tenga menos adeptos que las otras disciplinas del flamenco. Esto explica el medio aforo que tuvo Juan Carlos Romero la noche del lunes y su forma tan particular de entender el este arte. Romero bucea en los estilos, retuerce las notas, se extiende melódico, contrae la armonía. Resultado: una música que trasciende el flamenco, un sentir para todos los paladares, no necesariamente entendidos, no necesariamente convencionales. Separado de la ortodoxia, Juan Carlos busca la estética y la fragancia en sus composiciones que en el fondo rebosan flamencura. Y, para ayudarse en este camino, se rodea de un grupo de reconocidos artistas que los lleva por nuevos horizontes a la vez que le impiden perder el norte. En primer lugar, destaca la presencia de José Valencia, un cantaor que ha crecido atrás, donde ha adquirido un eco flamenco digno de admiración y un compás desmedido. Compás que refuerza sin par el maestro Bobote a las palmas y Antonio Coronel al pandero y al botijo dando la pincelada foránea al conjunto. Paco Cruzado, como segunda guitarra, es a la vez el eco y azogue donde se mira Juan Carlos Romero.

Las composiciones y la dirección artística corren de la cuenta del guitarrista onubense, quien se arropa con el bailaor sevillano Rafael de Carmen para extender plásticamente sus sueños. Sin embargo, tanta búsqueda y tanta técnica, tanto mimar el detalle, hacen a veces que se difumine el todo hasta parecer frío, hasta no reconocer los estilos, hasta llenar el teatro de algunos interrogantes.

Con la farruca que da comienzo el espectáculo, ya nos damos cuenta de que el músico que tenemos enfrente es especial. Exclusividad que acentúa en una taranta que interpreta en solitario llamada “Ríotinto”. La luz cenital y su toque preciso, lleno de notas imposibles, le dan una solemnidad desacostumbrada. La soleá-bulería tocada en fa, a la que presta su voz flamenquísima José Valencia, se acerca a los cantes levantinos. A ésta le siguen dos temas aflamencados, la “Fantasía” flamenca, que nos puede recordar por momentos a algunas variaciones de Paco de Lucía, donde sale por primera vez el bailaor subrayando la pieza; y un “Cante libre”, cercano nuevamente a la mina, interpretado con el segundo guitarrista con una bombilla pelada entre ambos como única iluminación. Las alegrías, con todo el cuadro, restan solemnidad a la noche. “La sombra” son unos tientos-tangos dedicados al Niño Miguel, tocaor en la indigencia en su ciudad natal, donde los músicos se descalzan por respeto.

El fin de la noche viene en forma de tanguillos y de bulerías. Y, fuera de programa, la rumba “Isla canela".