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Flamenco

Son flamenco

Son flamenco

Sacromonte cuna de flamencos

Segundo viernes de fusión en el Museo-Cuevas del Sacromonte. La nueva agrupación de Rubem Dantas, demostrando su buena forma, refrescaron con su música un viernes especialmente caluroso.

Un sexteto compenetrado tanto en la forma como en el seguimiento de su líder indiscutible. Su falta de ensayo y su inmadurez como banda queda paliada ampliamente por su formación y la capacidad improvisadora.

Siendo fusión con el flamenco, sus temas más acertados son los que se alejan de este espíritu.

La cantaora Ana Sola, bien temperada y con un timbre elogioso, queda supeditada al mandato rítmico del conjunto.

Es en el jazz, en el son o en la bossa, donde la voz participa como un instrumento más y donde se logran los más bellos laureles. La dimensión jonda, como digo, queda renqueante por amor al ambiente y por una guitarra que no alcanza el sonsonete flamenco. Siendo José Fernández ‘Petete’ un excelente guitarrista de otras melodías, no alcanza en la soleá o los tangos el contrapunto esperado.

Pero la buena madera siempre arde bien y dispensa su aroma. Así, lo cogido con alfileres si acaso, aparece cosido y bien cosido.

Se presenta el grupo con una soleá que, sin llegar a la bulería, es bastante rítmica y ligada. Rubem, verdadero director de orquesta, dirige con su preciso cajón toda la muestra.

Continúan con Carinhoso, que es un chorinho de principios del siglo XX del genial compositor brasileño Pixinguinha (1897-1973). Destaca claramente en este tema y hasta el final del concierto Joaquín Sánchez con los clarinetes y otros vientos. También tendremos en cuenta al guitarrista israelí Dan Ben Lior, aunque por momentos rellena demasiado; y al contrabajo preciso de Juan Manzano.

En los fandangos de Huelva, con una introducción originalísima con armónica (Joaquín Sánchez), se le reconoce el dominio a la cantaora, sobre todo cuando se tornan valientes por Alonso.

Un tema en hebreo, Jerusalem de Oro (ירושלים של זהב - Yerushalayim shel zahav), que es una canción popular israelí escrita por Naomi Shemer en 1967, demuestra la versatilidad y facultades de Ana.
Después de un breve descanso, la segunda parte se inicia con Só Louco de Dorival Caymmi (1914-2008), uno de los más influyentes cantautores de la música popular brasileña.

El salto al jazz viene como con vaselina al abordar Nardis, un tema de Miles Davis, aunque hay quien se lo atribuye a Bill Evans.

Una composición clásica de Dantas El árbol de Granada marca el ecuador de este segundo pase, que continúa por unos deslavazados tientos-tangos por las razones aludidas, interpretados tan sólo con guitarra y voz.

Ahora el escenario es ocupado por Rubem, con un instrumento llamado sanza o piano de pulgar y la guitarra eléctrica de Dan, rico en escalas, también interpretando un clásico de su repertorio, con el que dan por finalizado el concierto. Aunque, haciéndose rogar más de lo deseado, proponen un bis por bulerías.

* Foto de Raquel Rodríguez©, tomada del facebook.

A través del Estrecho

A través del Estrecho

XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

El Estrecho es más estrecho con la Checara Flamenca. El Corral del Carbón se reserva un día para asomarse a la ventana y contemplar el flamenco menos ortodoxo, que no más nuevo porque, desde “Macama Jonda” (1981) de José Heredia Maya, esta orquesta andalusí de Tetuán ha ido absorbiendo el flamenco en recitales y grabaciones, colaborando con Enrique Morente, Carmen Linares, Segundo Falcón o Arcángel. Quizá fueron los pioneros, junto a Lole y Manuel, en esto de fusionar música árabe y flamenco, pero a lo largo de estos años tenemos ejemplos tan reconocibles como El Lebrijano con la Orquesta Andalusí de Tánger, Ketama o Radio Tarifa.

Aunque es una apuesta necesaria que hizo vibrar al público, resultó un tanto simplista. En otros foros han estado más acertados. El contraste, la novedad, se acogió con expectativas. Pero puede que desde el segundo tema acabara la sorpresa. No sé, algo cansados, algo repetidos, faltos de luz…

El aire de fiesta impera en el primer tema. Fue la presentación novedosa de Jallal Chekara al violín, Youssef El Hossaieni con el laúd, Mouhssine Kuraichi percusionando la darbouka y su interacción con Alfredo Mesa a la guitarra y el compás de palmas.

Pronto aparece Mari Ángeles Gabaldón bailando unos tangos de Málaga algo acelerados. Las voces árabes se alternan con el cante flamenco de Vicente Gelo y de Alicia Acuña. La bailaora no se muestra muy fina. Tal vez más espesa que de costumbre. Límite que se suavizará en las siguientes entregas.

Habib el Kamar es la tercera pieza que se muestra, un éxito en su discografía, que se canta en su dimensión flamenca por rondeñas y abandolaos.

Mª Ángeles vuelve a aparecer con bello vestido irisado y manila para bailar soleá por bulerías. Buen intento de aunar el baile oriental y el flamenco. Notable vuelo del mantón. Exclusivo.

Los músicos quedan solos nuevamente para plantear una farruca clásica que se hace cuplé a los postres con La bien pagá por bulerías (bien por Vicente).

En los tanguillos llamados Amulati, Alicia se hace fuerte con el tradicional Ábreme la puerta verde, interpretando su segunda mitad a boca de escenario, a pulmón descubierto.

El recital termina con una seguiriya notable en la voz dulce de Vicente, que baila Ángeles con cola negra y palillos. Como bis, aunque más que programado, interpretaron La Tarara, un que los identifican desde sus primeros flirteos con el flamenco y la canción popular andaluza, haciendo participar el público.

La Chekara-flamenco volverá a actuar el 25 de agosto, miércoles, en el Museo Cuevas del Sacromonte, dentro de su programa estival Entre Moriscos y Gitanos.

Fuerza y temple en el Corral

Fuerza y temple en el Corral

XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

Con una levita extemporal el ’Nene de Santa Fe’ propone una toná. No hace falta decir que es un cantaor profundo y con temple. Pero el estremecimiento, la tensión habitual, el dominio ancestral, que lo convierten en uno de nuestros mejores intérpretes del cante jondo, no relució hasta los postres, hasta la soleá y seguiriya finales, que fueron verdaderamente sobresalientes.

Hasta llegar a ellas tuvimos que escuchar una larguísima soleá apolá, cercana al romance, cercana a la bulería, de José Fernández de Pinos; un mirabrás de nuestro insigne poeta romaní Pepe Heredia, recientemente fallecido (aunque el cantaor lo hacía todavía muy enfermo), con una generosa introducción del maestro Marchena; y una farruca preñada de campanilleros acelerados, tan sorprendente como innecesaria.

El que cuente con su hijo, Manuel Carmona, habitualmente para que le acompañe a la guitarra tiene sus cosas buenas, pero este cantaor necesita un guitarrista casi tan añejo como él, más flexible y preciso.

La segunda parte la protagonizó la fuerza exclusiva. Alba Heredia se deja querer y destila un poderío que hace pensar en condicional. Demasiado mediatizada, se parece a los suyos. Pero a quién se va a parecer si no. Tan sólo que los “suyos” son bailaores y ella bailaora. Tan sólo que buscas delicadeza y encuentras rozamiento. Tan sólo que vislumbras alas pero están enmohecidas.

Quizá desde Matilde Coral no vemos unas manos con esa gracia, con ese vuelo. Su presencia es radical y su estampa definitiva; sus caídas auténticas y su taconeo preciso. Entre sus aciertos está el de arroparse de El Galli, uno de los flamencos más en forma para el cante de atrás. Y contar también con el disciplinado Cheyenne en la caja. Al compás, emocionados, su madre, Rafi Heredia, y su tío, Juan Andrés Maya.

El cantaor de Morón abre con unos martinetes que Alba aborda desde una silla en medio de las tablas. Recuerda un poco demasiado a Iván Vargas. Las seguiriyas son híbridas y relucen de vez en vez bulerías y aires de Cádiz. Hay momentos conseguidos en el compás innegable, en el reposo exiguo, en el paseo severo. Pero es necesario dulcificar una entrega que coacciona desde un principio (radicalizada en la expresión del rostro).

La soleá se alarga reconocida en la voz del sevillano, mientras Basilio Jiménez y Pepe Maya ‘Marote’ lo inspiran con la guitarra. Nuevamente aparece la bailaora granadina con las fuerzas recuperadas para ofrecerle a su público lo que esperan de ella, que borda su camino, que de pura emoción es capaz de saltar por encima de las cabezas de sus músicos. Sus incondicionales y muchos foráneos convencidos vitorean su entrega, aplauden hasta el límite. Su familia presente se enorgullece de sus nuevos logros. Si no se desvía su futuro Maya está garantizado.

Mucho ruido y pocas nueces

Mucho ruido y pocas nueces

XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

‘El Farru’. Es más la expectación que levanta que el resultado final. No obstante hay seguidores de sus formas y de su dinastía, a los que les conforma con razón este baile tan efectista y masculino. No obstante, acumula cierta herencia y se hace notar, pero la estampa y el poderío de Farruco no la tiene y la precisión y el salero de Farruquito también quedan alejados. Sin embargo, un intento de renovación se vislumbraba en los primeros tangos. Unas ganas de recrearse en silencios acompasados, se apuntan como verdades que a la larga demuestran ser fachada. Un baile que como los fuegos de artificio sube y estalla para caer en picado y desfallecer en la soleá final, un baile donde se abusa de fuerza injustificada, paseos, poses y búsqueda del aplauso.

Bien por el cantaor ’Rubio de Pruna’ y su pureza conmovedora. Es una pena que no estuviera bien sonorizado. Traer técnico propio donde no hace falta es una merma que se acaba pagando. Así se amplificaron la percusión y las guitarras, restándole protagonismo a las palmas y la voz.

Entre medias, Antonio Rey, a solas, con su guitarra interpreta una precisa taranta, con formas sobresalientes. La modernidad que entremete por otra parte, resta quejío.

La soleá aludida comienza con la voz en off del bailaor sevillano haciendo una semblanza de dicha pieza. Es como una declaración de intenciones. El alcance pleno de su sentimiento. En primer lugar, el bailaor ’Polito’, que hace de palmero la aborda sin mucho fondo. Pronto será sustituido por El Farru que prosigue su incomunicación.

La pieza se extiende por bulerías y se convierte en fin de fiestas, en el que bailan, como artistas invitados, ’Barullo’ y el niño Manuel ’El Carpetilla’, llamado a ser el mejor bailaor de la saga familiar.

Foto: Antonia Ortega©.

La tranquilidad de jugar en casa

La tranquilidad de jugar en casa

XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

Los Veranos del Corral, uno de los festivales flamencos más añejos y perseguidos de la península, tuvo el lunes pasado un comienzo de altura. La primera edición del Corral, a finales de los 90, acogió a varios artistas jóvenes (Marina, Estrella, Segundo Falcón…) cuya proyección se ha avalado con creces. Ahora Marina Heredia vuelve a este escenario, después de once años, más moderada que nunca, hilvanando un concierto a medida, con un guitarrista de su elección, Rafael Riqueni, al que admira. Se ha dado un capricho y nos ha invitado a mirar por la cerradura. Ha sido como el descanso del guerrero, el hogar dulce hogar del que lleva una vida de vértigo.

Rafael, como acostumbra, hace encaje con su guitarra, hace que cada nota tenga su espacio, que suene clara, que sea distinta. Es un concertista que se admira con el encanto de su guitarra y trasmite ampliamente esa querencia. Opina que está junto a una gran cantaora, se deja llevar y almohada con precisión sus propuestas. Aunque se nota la distancia entre dos sensibilidades muy distintas que ha unido el azar o la suerte, que no es lo mismo pero es igual.

La mesura inicial fue un arma filosa por ambas caras. Así se buscaban más a menudo de la cuenta, así se entrecortaba lo que debía ser fluido, así la delicadeza llegaba a ser laxitud claramente manifiesta en las palmeras, Reyes Heredia y Jara Heredia, que resultaron desabridas de tanto en tanto. Pero también esa estructura dejó momentos memorables. La admiración del uno por el otro fue manifiesta, convocando un duende lleno de sugerencias e inspiración. Esta fascinación cuajó en reverenciados silencios, en solapados matices y en un delicioso abuso de falsetas que interpolaban la visual.

La albaycinera, de maravilloso blanco (abanico incluido) y peineta dorada, comienza con las mismas seguiriyas que contienen su último disco (Marina, 2010). Quizá la emoción le hizo parecer un poco fría, aunque con un Cádiz de letras populares alcanza calidez. Riqueni pone la cejilla al seis anunciando una soleá antológica que Marina interpreta a media voz, que es como duele. Es un gran momento, como el levante que viene a continuación donde sigue la estela de su padre, Jaime Heredia ‘El Parrón’. Y se hace grande en la minera y más grande si cabe en la cartagenera (¡Ay mi Gabriela!).

Rafael se queda solo en un pactado intermedio demostrando su faceta de concertista y dejando claro el camino armónico y conceptual que emprendió en su momento y ha dejado clara huella en sus contemporáneos. Magnífica bulería, donde se acordó del maestro de Algeciras, que sirvió para que la cantaora se cambiase y él cogiera la confianza de rellenar con guiños el resto del concierto.

Con vestido negro volandero con lunares blancos y peina de brillantes, a juego con los zarcillos (también ha cambiado el abano por uno negro), Marina aborda una granaína preciosista, donde la variedad de tonos dulcifican la pieza. También mantiene su elegante copa de blanco y no el antiestético botellín de agua, por muy sano y correcto que sea.

Los tangos no pueden faltar, enseña de una cantaora que se pasea por el Monte con más soltura que nadie y a los postres se acuerda de Enrique. El tempo se ralentiza y el tocaor trianero se encuentra distante del soniquete del Camino. Lo mismo le pasará con los fandangos del Albaycín que regalan al fin del concierto, donde Riqueni propone genérico abandolao.

Termina la velada, antes de este bis, con unas bulerías, con la cantaora en pie, como mandan los cánones, y descalza, como ella acostumbra, que se convierten en un sabroso mano a mano entre guitarra y voz y terminan haciéndose cuplé con la copla de Madrina a pie de escenario.

* Foto de promoción.

Fresco por fuera y fresco por dentro

Fresco por fuera y fresco por dentro

Sacromonte cuna de flamencos

Tremenda la banda. El viernes dio comienzo el ciclo más fresco del verano. En lo alto de Valparaíso, subiendo el Barranco de los Negros, se encuentra el Museo-Cuevas del Sacromonte, donde todos los años por estas fechas, hasta principios de septiembre, avalados por la Diputación de Granada, se oferta un flamenco de raíz, acompañado por la luna y por los grillos y por las ranas (que no siempre croan a compás). Las mejoras año tras año son evidentes pero arrastradas hasta este momento. La buena salud de una buena propuesta viene a refrescar doblemente a los parroquianos. El flamenco da un paso más y se hace mestizo, como en su origen. El flamenco es pura fusión y descansa con las ventanas abiertas. Es un acierto empatar el flamenco y el jazz en un mismo escenario; con un mismo octeto; con un sentimiento común.

El flamenco tiene sus fieles, que están abastecidos con creces de ofertas paralelas. Era necesario buscarle un hueco a otros anhelos que alternasen la demanda. Así se renueva Sacromonte cuna de flamencos. Así el público, diverso y disperso, responde alegremente a estos nuevos reclamos.

Como logros puntuales del espacio que nos ocupa, como decimos,  en primer lugar destaca la apuesta alternativa en el programa, seguido de una ajustada sonorización más que notable (sorprendentemente con el mismo equipo que el pasado año).

Sergio Pamies es un pianista inspirado, a medio camino entre el flamenco y el jazz, que compone la mayoría de sus temas, tanto la música como la letra (aunque el verso a veces forzado y algo simplista desmerece la ejecución). Se rodea de un equipo de jazzistas y flamencos por igual que aportan su saber. Pero el flamenco es flamenco y el jazz es jazz. Nada de híbridos sin cabeza que más que funden confunden. El piano es el nexo de unión entre estas dos músicas. Es más, Pamies lleva todo el peso armónico de la sesión, concediendo protagonismos virtuosos al resto de sus componentes.

La primera prueba de ello lo tenemos en Borrachito, un habanero por bulerías, donde el piano lleva todo el peso armónico y tan sólo se deja arropar por el contrabajo de Marco Lohikari, la batería de Gonzalo del Val, la percusión de Miguel ‘El Cheyenne’ y Benjamín Santiago ‘El Moreno’ y las voces de Sergio Gómez ‘El Colorao’ y José Cortés ‘El Pirata’, que pulen el brillo que destila.

Para el segundo tema, Ask Me Now, del pianista estadounidense Thelonious Monk, Sergio se deja impregnar por el aire de tangos y se hace acompañar de excelentes vientos: el saxo de Víctor de Diego y la trompeta del granadino Julián Sánchez, que plantean alternancia de solos con gran acierto, que será tónica general de la velada.

1312 Kendolpm Drive es el domicilio de Pamies en Nueva York, que le da título a una soleá bien hilvanada donde las voces de los cantaores alcanzan breve protagonismo ligando los tercios a favor del desarrollo musical.

Por tanguillos (Isfahan) se da paso al intermedio. Como su maestro Diego Amador, nuestro teclista convierte el piano también en un instrumento de cuerda y se introduce por Cádiz rasgando las tripas de la cola descubierta.

Comienza el segundo pase con las Alegrías de la Paquita, una deuda con su madre, una propuesta sentida y redonda que, según dicen, humedeció los ojos de su progenitora, allí presente. Del buen conseguido Fandango in Boskovice se da paso al tema más libre de la noche, Yes or No, del saxofonista Wayne Shorter, por bulerías, donde cada interprete, empezando por los dos percusionistas, desarrolla un espontáneo solo. Es donde nos damos cuenta que la improvisación jazzística ha planeado durante todo el concierto, que ha servido de ensayo general para la grabación de un disco inminente.

Como no podía ser menos, un regalo en forma de bolero, Cuando dos personas bailan, con la magistral interpretación de Sergio Gómez, puso la guinda a una noche tan sorprendente como esperada. Un buen comienzo para este ciclo cargado de promesas.

* FOTO: Lucía Rivas ©.

Flamenco en La Tertulia

Flamenco en La Tertulia

Todos se suben al carro del flamenco. Todos los que tienen una visión meridianamente clara y son capaces de adivinar la dimensión intrínseca de nuestro arte. Aunque parece ser que quienes debían conservarlo, protegerlo y difundirlo, se olvidan de él a favor, en el mejor de los casos, de manifestaciones foráneas. Así se recortan los presupuestos, se minimiza la representación, se ningunea en los mass media.

Desde hace tiempo (quizá desde sus comienzos, hace ya 30 años) La Tertulia, local de copas y de letras, emporio librepensante y catalizador de la cultura granadina, ha apostado por el flamenco, junto con el tango y la canción de autor, la poesía y el jazz…

Este caluroso mes de julio, su escenario se sensibiliza para guitarra y voz gemebunda o festera, para el viento endógeno que vibra para la humanidad (si la UNESCO ayuda).

El jueves 8, Elisa ‘la del Horno’, una entrañable cantaora que rondará los 80 años, matriarca de las artistas granadinas, abrió este ciclo. A la guitarra le acompañaba en contraste un jovencísimo Jonathan Morillas. Elisa cantó. Domina las saetas, las cantiñas, los fandangos, los cantes de ida y vuelta… Pero son sus palabras las que llenan el ambiente. Como los cantaores de antes, va desgranando su vida con innumerables anécdotas, mezclando un asombroso pasado con un presente esperanzador.

Lamentablemente, pocos presenciamos su entrega sin desperdicio. Lamentablemente la sala estaba más vacía que de costumbre. ¿Sería el calor? ¿Sería esa afección febril llamada fútbol? El caso es que hay momentos irrepetibles donde se aplaude tanto el arte como la humanidad, en los que es necesario dar calor y aplauso a partes iguales.

El miércoles 14 (o sea, hoy a las 22,00), el guitarrista imparable Josele de la Rosa acompañará al cantautor Fran Rodríguez haciendo “versiones de Triana y otros”.

Este mismo tocaor, el miércoles 21, estará acompañado de Iván ‘El centenillo’, cantaor inquieto donde los haya, en continua búsqueda.

Al día siguiente, jueves 22, para terminar la oferta flamenca de la temporada, el cantaor capaz Miguel Barroso, estará arropado por Pepe Agudo ‘El Agüita’, verdadero Lord Byron de la guitarra granadina, aunque más alto y con buena salud.

La dimensión contemporánea de La Moneta

La dimensión contemporánea de La Moneta

Festival Internacional de Música y Danza de Granada

El único espectáculo propio de flamenco en el 59 Festival de Música y Danza de Granada, aparte de su excelencia, produjo la general insatisfacción de un arte discriminado. El esfuerzo de vestir a nuestros artistas con las mejores galas y asemejarlos con las grandes orquestas, ballets y compañías de danza parece que en esta ciudad no sirve. Volvemos a condenar a lo jondo al escenario menor de la cultura en penumbra. Cómo se puede entender que justo el año en que pedimos para el flamenco la categoría de patrimonio de la UNESCO lo ninguneemos como calderilla. Cómo se puede permitir un Festival Internacional granadino orillar de esa forma nuestra manifestación por antonomasia, una propuesta que desborda teatros y corazones en todo el mundo. Cómo no somos capaces de establecer un tácito “sistema de cuotas”, como hace el cine, por ejemplo, y obligarnos a programar un tanto por ciento de producción autóctona. Cómo es capaz Enrique Gámez, director del Festival, de fotografiarse con la nueva directora de la Agencia para el Desarrollo del Flamenco, María de los Ángeles Carrasco, con el consejero de Cultura, Paulino Plata, y con el compositor Daniel Barenboim firmando la candidatura del flamenco, después del flaco favor que le está haciendo.

Esperemos que en 2011, para la 60 edición de este evento, en el que ya se está trabajando, bajo el lema “Hacemos Festival”, se rectifique esta afrenta y al menos tengamos tres espectáculos flamencos de primer orden. Tanto como “Extremo jondo”, la nueva apuesta de ‘La Moneta’.

Granada, siempre a la sombra de sí misma, ha enriquecido el mundo del flamenco con personajes alternos. Cuando en el resto de Andalucía se destaca por la ortodoxia y los cánones (“este es bueno porque se parece a…”), desde la ciudad de la Alhambra se proponen particularismos intachables. Hablando del baile, que es lo que nos ocupa, sólo mencionaré tres nombres que ocupan un lugar específico: Eva ‘La Yerbabuena’, Manuel Liñán y, ahora, Fuensanta ‘La Moneta’.

Esta joven bailaora granadina sigue atesorando en su interior la fuerza y la savia de sus raíces sacromontanas, la capacidad de sorpresa enraizada y la frescura, pero paso a paso va limando sus formas para lograr un baile más universal, como un buen arqueólogo va incorporando en su haber todo lo útil que va hallando en el camino hasta lograr una identidad propia con la que seguir venciendo, con la que seguir convenciendo.

De dos partes consta un espectáculo que se nos quedó corto. Intentamos comprender cómo esa hora completa tenía sus imprescindibles sesenta minutos, con todos sus segundos, sin faltar ni uno. Los temas se entrelazan sabiamente a través de la guitarra de Miguel Iglesias y el baile fluye como si esa fuera su dinámica natural. Nueve sillas de anea presiden la escena. Dos para los músicos, siete como parco decorado. El sonido es una garantía en las manos de Benson.

Enrique ‘El Extremeño’, con su voz poderosa, añeja y templada, entona un romance que tiene mucho que ver con la toná (o una toná que tiene mucho que ver con el romance). Cuando esta capela se hace caña, aparece la bailaora con vestido de vuelo y color tierra para escuchar la música, para dejarse seducir por la copla, para mostrarnos sus nuevos hallazgos. Aparte del compás, aparte de la fuerza, aparte de la flamencura y aparte de sus ojos, aparece en ella una vena contemporánea, fruto posiblemente de sus contactos con Rafael Estévez (aunque quizá más redonda, menos minimalista), que unen sin dudar la plástica y el espíritu, la escena y lo invisible, lo inmediato y la ilación interna entre movimiento y música, sentándole como anillo al dedo y descubriendo un horizonte infinito para explorar.

Al poco las cantiñas estimulan las tablas y ‘La Moneta’ se hace grande en las escobillas sin apenas sonido, con su solo taconeo o con el respetuoso cajón de Miguel ‘El Cheyenne’, para volver al sentimiento de la minera, un magnífico solo de guitarra del sevillano Iglesias.

El ecuador aparece en forma de vidalita que interpreta Enrique, con la misma tónica que el resto, lo que limita su sentimiento e incide en planitud, para dar paso a Fuensanta nuevamente, vestida de fiesta, con una impagable flor en lo alto del moño que nos recuerda a las gitanas de la tierra. Unas ricas bulerías abren esta segunda entrega, que pasan suavemente a ser liviana y serranas (creo que uno de los mejores momentos del cantaor), y desembocan en tientos-tangos, donde la granadina demuestra que se puede ser diferente haciendo lo de siempre, acordándose de los mayores y sus contemporáneos.

El fin de fiestas es generoso, iluminado, agradecido. Enrique se quita la chaqueta, se remanga, se saca la camisa, sacando a su vez lo que lleva dentro, que es mucho. ‘El Cheyenne’ se lanza a dar una pataíta y ‘La Moneta’ remata el bis entre varios minutos de aplausos a compás.

* Foto de archivo, fragmento (© Nono Guirado).

El camino de los poetas

El camino de los poetas

FEX

Lo que me extraña es que no todos los poetas de la época estuvieran influenciados de alguna forma por el flamenco, como Lorca, como Alberti; más si era un poeta del pueblo, al que rápidamente se le tiñó de rojo, como Hernández.

El miércoles 7 de julio, San Fermín y semifinal de la Copa del Mundo de fútbol (tanto que se tuvo que cantar el gol en el escenario), como segunda y última actuación flamenca en el FEX, pudimos disfrutar de una velada diferente, que se vino en llamar Miguel Hernández: cantes flamencos, que consistía en una conferencia sobre la inclinación flamenca del poeta alicantino, a cargo del periodista Eladio Mateos, ilustrado al cante por Juan Pinilla y a la guitarra por Antonia Jiménez.

Hernández se rodea en Orihuela de otros poetas y aficionados al cante, con los que acude al Café España, a todas luces uno de los locales más flamencos del pueblo, regentado por Luis Pérez ‘Españita’ que, animado por su entusiasmo, pide a Miguel “unas letras para cantar”. De esta anécdota resultan siete cantes flamencos, que son la base del recital que nos corresponde.

Una conferencia dinámica y libre nos presenta a un poeta interesado por la música (tocaba la armónica e imitaba el canto de los pájaros), comprometido con las coplas del momento y el devenir del día a día. Toda su poesía está llena de ritmo. Parece que la música la llevara intrínseca. Así lo han musicado para el flamenco Enrique Morente, Manuel Gerena o Calixto Sánchez.

No sólo los siete poemas del Café España fueron flamencos. Si se desmenuza, la vena jonda atraviesa toda su obra. Una savia que culmina en su Cancionero y romancero de ausencias, donde expone seguiriyas, soleares o cuartetas.

Juan musica alguno de estos poemas antes de llegar a los específicos. El cantaor hueteño canta desde un chotis a una evidente carcelera, pasando por alboreas o peteneras.

Un solo de guitarra, que propone un tácito ecuador en el programa, nos acerca una finísima farruca, trenzada con el hilo fino de los dedos de Antonia. Después la conferencia gozará de algunos recitados por parte de Pinilla (algo exagerados, demasiado histriónicos, forzados) y de algún dialogo en el que se coliga fantasiosamente la intención musical del poeta. Para lo cual se escogen cantes libres como cartagenera, la liviana, la serrana.

El camino de la poesía le viene como anillo al dedo a Juan Pinilla. Hace tiempo se acercó a Ángel González o a José Hierro y a otros poetas menores con gran sentimiento, con gran eficacia, con respetuoso convencimiento. Sus facultades así encauzadas le llevan a un necesario cultismo, que se diluirían en el popularismo si a la vez no fuera un preciso cantaor.

* Foto de archivo (© Nono Guirado).

Potaje en el Potaje

Potaje en el Potaje

LIV Potaje Gitano de Utrera

Calculo como cubero (aunque no de los buenos) que alrededor de dos mil almas estábamos presentes la noche del sábado en el patio del Colegio Salesiano de Utrera para participar del legendario Potaje Gitano, que cumplía la friolera de cincuenta y cuatro años, el festival flamenco más antiguo de España. A la entrada, que tuve que pagar, como cualquier hijo de vecino, sin que valieran para nada mis credenciales y el compromiso de escribir sobre el evento, nos dieron una cuchara de madera (para degustar el tradicional Potaje de Frijones con muchos ajos, pan y vino tinto) y un programa de mano que no servía para nada.

Con puntualidad flamenca (unos tres cuartos de hora más tarde) dio comienzo curiosamente con la única propuesta de baile. Antonio ‘El Pipa’ tiene un baile muy personal, gitano y redondo. Con generoso braceo, lo suyo son arrebatos de puro placer cuando escucha a su madre, Juana la del Pipa, cantarle por fiesta (sabroso). Aunque la verdad no lo pude apreciar mucho, pues estaba bastante lejos (véase la precaria foto).

Con más suerte por mi parte, pues cuando el cante está bien sonorizado la distancia es relativa, me dispuse a atender a Esperanza Fernández, que, sin olvidar su grandeza por seguiriyas, también destacó por fiesta, reivindicando su origen trianero y acompañándose con pataíllas, sobresalientes para ser cantaora. Esperanza cuenta con un eco flamenco insuperable. Para ese momento de la noche, la organización ya había habilitado una pantalla para acercarnos a los actuantes por el mismo precio, que antes el viento había tumbado.

Y llegó el intermedio con palabras múltiples de reconocido agradecimiento a las ‘Niñas de Utrera’, Fernanda y Bernarda, a las que se les dedicaba el festival. Entre los presentes se encontraba Matilde Coral que, con todo su encanto (última representante de su generación), dedicó unas sentidas palabras, mirando al cielo y acordándose de Chano; la también bailaora Pepa Pontes, que después se echaría un bailecito con Matilde; y la sobrina de las homenajeadas, Inés de Utrera, que resultó ser una gran cantaora, con un bello timbre que atesora para su pueblo.

Entre el público, ya que estamos, se encontraba Antonio Resignes, María Barranco, Paz Padilla y no sé si alguno más. Se está poniendo de moda que nuestras estrellas se acerquen al flamenco.

En ese in pass nos trajeron el potaje, unos platitos y el vino tinto. Sacamos las cucharas y compartimos la olla con una pareja de nipones que no dejaban de hacer fotos (al final el japonés se quedó dormido y por poco se cae de la silla).

Un grupo de gitanos de Utrera en el escenario (incluída Inés) hicieron una rueda de bulerías en la que se iban pasando el testigo. En general bien, con algunos altibajos. Merece la pena escuchar bulerías de Utrera en su lugar de origen.

Para mí, el plato fuerte fue Estrella Morente, aunque no es santa de devoción en esas tierras sevillanas. Abrió por Cádiz y terminó con un popurrí muy bien ensamblado, en el que se acordó de su padre, de las de Utrera, de Bambino… que, por muy agitanado y occidentalista que seas, hay que reconocer que rozó la perfección. En todo el acto se fue acompañando de amagos de baile y poses bien estudiadas, con rico juego de un maravilloso mantón turquesa. Como bis bien programado (Estrella no deja nada al azar) entonó el Volver que entusiasmó a Pedro Almodóvar.

Cerró la noche un Pitingo descafeinado, que no se quitó las gafas de sol en toda la noche. Le acompañaba a la guitarra Juan Carmona ‘El Camborio’, que destacó por encima del cantaor, sobre todo en unas granaínas que se atrevió a hacer en las que evidentemente se quedó corto. Sin embargo, no estuvo mal en las bulerías, que en los postres fueron soulerías. Fue muy aplaudido.

El trance de Jara Heredia

El trance de Jara Heredia

FEX

Remedando las bulerías de Morente, Pa’ mi Manuela, incluidas en el disco Sacromonte (1982), Jara Heredia intitula su espectáculo Pa’ mi Gabriela, dedicándoselo a su hija, que la mira desde la grada, al tiempo que hace un guiño a la tradición más innovadora del espectro sacromontano. Con un cuadro eminentemente gitano del terruño, capitaneado sabiamente por el toque de guitarra de Emilio Maya y Rafael Fajardo, Jara se lanza al ruedo con dominio pero con respeto. Una mala caída, con la afección de una pierna, la mantuvo apartada de los escenarios durante bastantes meses.

Su gran formación y la necesidad vital de separarse de convencionalismos le hacen reflexionar, reposar el baile, sentir la música. Es como si entrara en trance durante los primeros minutos de cada pieza. Llega en silencio y pasea sobria, para despegar como un ave y llegar a ser huracán, despertando el genio de su raza. El terciopelo de su vestido y la chaquetilla corta, que realza aún más su esbeltez, ya nos presenta a una bailaora distinta.

Comienza por levante. El dolor del recuerdo se hace metáfora en el taranto y los tacones dimensionan ese pesar que se torna esperanza cuando los tangos aparecen. Tanto sabe ser introspectiva y contrita como suelta, roneando sin par con los sonidos del Camino.

El sonido es perfecto. Qué descanso cuando se advierte tras la mesa a Benavides o a sus chicos. Con todo y con eso el escenario del Centro Cívico del Zaidín es duro y los pies no sonaron todo lo óptimamente esperado. Igualmente advertí las tablas algo escurridizas, dificultando la distensión del zapateado.

La bailaora hace mutis para preparar su segunda entrega. Mientras deja en el escenario a Sergio Gómez ‘El Colorao’ cantando una milonga cargada de sentimiento con su bello timbre y su voz templada, arropado por la guitarra de Rafael Fajardo.

Por Cádiz, el baile es una fiesta, aunque vuelva a vestir de oscuro y la concentración le impida sonreír. Bien llevado desde en comienzo, destaca en las escobillas, donde vuelve a demostrar su capacidad y su sentido del compás. Juega con su cuerpo a voluntad e impone el tacón-punta, sin embargo no abusa del braceo.

El segundo intermedio es de Jony Cortés, que se expande por seguiriyas, con un tremendo Emilio Maya a la guitarra, que roza lo sobresaliente apenas sin esfuerzo, casi sin querer. El eco de Jony es gitano y sentido. Trasmite en cada tercio la profundidad y amargura que ese cante lleva intrínseco.

El último baile es la notable soleá que atesora todo el saber y el instinto de la sacromontana. Pone toda la carne en el asador y el público entregado se lo agradece. Ella vislumbra el triunfo y un ápice de felicidad resalta sus ojos.

El fin de fiestas también es por bulerías, donde se incorporan para dar sendas pataíllas sus dos hermanas, que han actuado de palmeras hasta el momento, manifestando que el arte viene de familia, nietas de ‘La Gallina’ e hijas de Juanillo, el de la casa, cada una a su estilo. Antonia con su sabor desenfadado, Encarna se descalza atesorando en sus vueltas el acervo indomable. Tres gitanas necesarias para entender el baile de Valparaiso.

* Lamento la foto tan deficiente hecha con el móvil a pie de escenario.

Virtuosa clausura de La Chumbera

Virtuosa clausura de La Chumbera

Patrimonio Flamenco

Destaca en el concierto de Juan Habichuela ‘Nieto’ su coherencia y esfericidad. Un recital sin fisuras donde la guardia no se puede bajar. De principio a fin, el virtuosismo del joven guitarrista cercena cualquier objeción. Y es que ya lo he dicho en algún otro momento, Juan Habichuela está llamado a ser uno de los grandes. Por las venas de Juan corre inevitablemente la savia de sus mayores, desde que ‘Habichuela el Viejo’ improvisara su primer soniquete por tangos. El rasgueo y la limpieza familiar son sus señas de identidad. Más la ligereza ejecutiva, la constancia creadora y una cabeza muy bien puesta sobre los hombros.

Sin embargo, circunstancias adversas, dentro de la notabilidad, crean esas pequeñas aristas que hacen que la redondez aludida en un principio no aparezca totalmente pulida. La Chumbera es una sala difícil. Su vacío incontrolado y su gran cristalera (con hermosas vistas a la Alhambra) la hacen difícil de sonorizar y de iluminar. Los técnicos, con muchas horas de prácticas, palian estas carencias como mejor pueden. Pero me temo que La Chumbera es sólo una gran habitación con vistas.

Por otro lado, el músico diez hace agua cuando no se rodea de un cuadro que sobresalga igualmente, que le vaya a la zaga y que al menos no le haga sombra. No es así, sin embargo, Juan se arropa de una segunda guitarra de base (Pepe Maya ‘Martote’), de unas voces descoordinadas (Alicia Morales y Santisteban), de la percusión de José Antonio Carmona (sorprendentemente más integrada que de costumbre), con el violín cartesiano de Maya Yoshida y del protagonismo inexplicable de Juan Andrés Maya e Iván Vargas en el baile.

Como buen director, en cambio, sabe dosificar el trabajo de su equipo. Potencia algunos momentos y acalla otros. Quiere crear un diálogo continuo con el baile (lo que vemos en la seguiriya primera), con el violín (farruca), con las voces (alegrías).

Es un acierto comenzar con el baile rotundo de los Maya. Un baile cerrado y medido al servicio de la guitarra. Una discusión sin discusión entre los imposibles arpegios del protagonista y los bastones de los bailaores.

Continúa en solitario por rondeñas y por fiesta. Son los momentos más conseguidos. “El pájaro solitario siempre se posa en la rama más alta”, decía San Agustín. Las desnudeces, en este caso, son las mejores galas. Las farrucas son bellas y fantasiosas. Se dimensionan emotivas con la grave cadencia del violín.

Otro poquito de baile, que empieza en Cádiz y desemboca por bulerías, arropado por todo su grupo, vuelve a dimensionar la sala. De aquí, las alegrías vienen cantadas. Un poquito por rumbas distensiona los artistas, para acabar por las vertiginosas bulerías a que Juan nos tiene acostumbrados.

De este Centro de Estudios Gitanos marchamos a La Platería, donde se le impuso la Insignia de Oro de la peña a Manuel Santiago Maya ‘Manolete’. Después de unos dudosos preliminares en los que hablaron Enrique Seijas, como presentador del acto; Miguel Clavero, presidente de la peña; José Torres Hurtado, alcalde de Granada; y el mismo Manolete; tuvo lugar un espectáculo más entrañable que eficaz, desarrollado por la familia del bailaor, encabezada por su hija Judea Maya.

No estuvo mal a pesar de que el sonido no tuviera la finura deseada (aunque el equipo estaba sobrado) y el escenario fuera una ofensa para el baile.

* (FOTO: © Antonia Ortega Urbano)

Verano flamenco

Verano flamenco

Tenemos un verano cargadito. Nada más tenemos que echar un vistazo al calendario que se derrama por la derecha de este blog.

En primer lugar, me gustaría reseñar algunos actos que han tenido lugar estos días, de los que me haya enterado, porque siempre hay algo que se me escapa. Es uno de los problemas que tiene Granada. En esta ciudad hay mucho flamenco, bueno y variado, pero le falta un hilo conductor, ese mínimo de coherencia que le dé solidez, continuidad y solvencia.

Ya que desde arriba, por más vueltas que se le dé, por más intentos que se hagan, por más energías que se desperdicien, no hay nada que hacer; propongo que la revolución sea endógena, que parta desde la base, desde los mismos artistas. Si fueran capaces estos de "sindicarse", o sea, de estar por una labor globalizadora dentro del flamenco granadino, otro gallo nos cantaría (con perdón).

En el pub Liberia, todos los miércoles está habiendo algo de cante. Ya han pasado por allí  Esther Crisol y  Sergio Gómez ‘Coloraíto’; pero queda todavía Antonio Gómez ‘El Colorao. 

En la peña Luis Habichuela del Sacromonte se están realizando unos ciclos de flamenco los jueves y los domingos. La semana pasada estuvo Emilio Maya, con la violinista Maya, y Estela ’La Canastera’. Y esta semana actuarán Jaime ’El Parrón’ y ’El Centenillo’, respectivamente.

El barrio de Cervantes está en fiestas y hoy tiene una "Velada Flamenca" con ’El Zahoreño’, José Fernández y Marta ’La Niña’; pero el martes vimos a Lucía Guarnido, con su baile preciosista y la esfericidad de sus propuestas.

La Universidad también propone su semana flamenca para que perdure en los años. Ayer estuvimos disfrutando del baile reposado e inteligente de Eva Esquivel. Hoy habrá flamenco joven con Ana Mochón y Tomás García. Y el sábado tendremos a Segundo Falcón con la guitarra de Paco Jarana.

El sábado también se cierra la temporada de La Chumbera con la guitarra imparable de Juan Habichuela, nieto. E, igualmente, termina la actividad en la peña flamenca La Parra de Huétor Vega con la actuación de Joselete de Linares y Ramón del Paso a la guitarra.

Y, también el sábado, La Platería le impondrá la Insignia de Oro de la Peña a ‘Manolete’. Bailará su hija Judea Maya. En esta misma sede, los días 18 y 19 de este mes, tuvo lugar la Semifinal del Festival Internacional del Cante de Las Minas, con gran representación de flamencos de nuestra provincia. El primer día excusé mi presencia, pero dicen que destacó el cante de Sergio ’Colorao’, el baile de Alba Heredia y la guitarra de José Luis Campos. El sábado, de primera mano, puedo decir que sobresalió únicamente la guitarra de Alfredo Mesa y el cante de Cristian Delgado (Manolo Caracol también desafinaba).

En estos días también comienza el Festival Internacional de Música y Danza, con una sola actuación de flamenco: ‘La Moneta’ en Teatro Isabel La Católica; y su extensión (FEX) en el que actuarán Jara Heredia y Juan Pinilla.

Podía hablar también del programa del Museo-Cuevas del Sacromonte o de los Veranos del Corral o de las fiestas provinciales, pero lo dejaremos para más adelante. Y si no ir consultando el calendario que para eso lo he puesto.

* Eva Esquivel (la foto la hizo mi niño con el móvil).

Premios de la Cátedra de Flamencología

Premios de la Cátedra de Flamencología

Granada sigue sin existir.

A veces parece que salimos a flote, que vemos la luz, pero son terrones de azúcar dentro del profundo amargor de la ignorancia.

El flamenco granadino, a pesar de ser rico en calidad y cantidad, como nunca, como pocos, está en peligro de extinción.

Cómo se asimila eso. Te contradices, Jorge. Es casi más antagónico tu pensamiento que un país con monarquía parlamentaria.

Me explico. Somos muchos y gozamos de salud. Pero ninguneados hasta atravesar las paredes.

Sé, sin embargo, que no sirve de nada mi queja.

En el ciclo Flamenco Viene del Sur (ya lo denuncié en su día) ningún artista granadino tuvo cabida, ni en Granada ni en el resto de Andalucía. A excepción de Miguel Ángel Cortés, que viene desde Sevilla.

Ahora, en el Festival Internacional de Música y Danza sólo tenemos una representación flamenca (La Moneta), que tiene un papel casi testimonial. En su extensión (FEX), tendremos dos pinceladas: el baile de Jara Heredia y el acompañamiento de Juan Pinilla a una conferencia sobre los devaneos flamencos de Miguel Hernández [mirar calendario a la derecha].

Se acaban de dar los Premios Nacionales de la Cátedra de Flamencología y nadie nadie es de Granada. Os dejo la relación:

PREMIO DE HONOR A LA MAESTRÍA.- Al cantaor Diego Clavel, de La Puebla de Cazalla (Sevilla).

PREMIO DE CANTE. A Alonso Núñez  “Rancapino”, de Chiclana (Cádiz).

PREMIO DE BAILE.- A la pareja compuesta por Toni el Pelao y La Uchi, de Madrid.

PREMIO DE GUITARRA.- A “Tomatito”, de Almería.

ENSEÑANZA.- Al maestro de baile flamenco, Manolo Marín, de Sevilla.

INVESTIGACIÓN Y CRITICA.- A Manuel Bohórquez, por la totalidad de su obra literaria de investigación, su blog “La Gazapera” y sus trabajos de crítico en el diario “El Correo de Andalucía”, de Sevilla.

ARTES PLÁSTICAS.- Al artista de la fotografía, Paco Sánchez, de Sevilla.

MEDIOS DE COMUNICACIUÓN.- Al programa “FlamencoRadio.com”, de Canal Sur Radio Andalucía.

MEJOR DISCO.- A la cantaora gaditana Carmen de la Jara por su obra “Tesoros de los Cantes Antiguos de Cádiz”.

PROMOCIÓN. Al Festival Internacional del Cante de las Minas, de La Unión (Murcia), en sus Bodas de Oro.

Para todos los paladares

Para todos los paladares

Madrid. Suma Flamenca. Ruido. José Mercé

Sin lugar a dudas, uno de los cantaores con más popularidad en la escena nacional es el jerezano José Mercé. Tanto es así que en el año 2007 lanzó al mercado sus Grandes éxitos, después de más de 15 años de carrera. Como razón principal nos podemos quedar con su carisma, sus grandes facultades o con una de las mejores voces de la actualidad. Pero no, la causa suprema estriba en su apuesta por aflamencar algunos temas populares que, en su voz canastera, suenan como himnos contemporáneos, lo que se le dio en llamar ‘Flamenco 2000’ (Al alba, Te recuerdo Amanda o Mammy Blue…).

Por esta inclinación ha sido criticado largamente. Pero, como él dice, en un momento de su carrera decidió arriesgar y popularizar el flamenco, relajando lo jondo, desvirtuando lo puro, pero sin salirse de la esencia. Aunque entre líneas leemos que el mercado está mal, que hay que sacar nuevas formas y justificar los desvaríos.

En esa línea graba Ruido, que presentó en Jerez el pasado septiembre y ahora expone en Madrid, en la SUMA Flamenca. Es un trabajo de buena factura que el de la Mercé lo borda, con un excelente equipo a sus espaldas. Apto para todos los paladares, que, a los que lo buscan por derecho, deja un poco fríos.

José bastante más delgado que en otras ocasiones se enfrenta a un público ya conocido. “Yo siempre he dicho que Madrid es la capital del flamenco”, llegó a decir.

Comienza el recital con el acompasado Contigo, el tercer corte del cedé, para dar paso a temas de raíz, “del flamenco de toda la vida”. Corto a mi entender. Las malagueñas fueron de Manuel Torre y del Mellizo, a las que le siguen soleá y seguiriyas. Su voz poderosa suena más apagada que de costumbre.

Perfectamente arropado con dos guitarras, Manuel Moreno ‘Morao’ y Dani de Morón, que se armonizan con precisión, un bajo eléctrico (Manolo Nieto); la percusión de Cesareo Moreno ‘Güito’, que le dan el contrapunto; y el grato compás y coros, verdadera seña de identidad de esta nueva era, de Marcelino Fernández y los hermanos de los Reyes, el jerezano va dibujando coherentemente un trabajo cargado de fiesta.

Después de las alegrías, Si me llamaras, deja solo a ‘Morao’ que dicta su magisterio guitarrístico con bulerías de su tierra, para entrar de lleno en Ruido. De los tangos Amanecer, que abren el disco, continúa por Ruido, las bulerías que le da nombre y que compendian toda su filosofía.

Para interactuar con su público, algo flojo en realidad, cantó Al alba por bulerías, ese tema de Aute dedicado a los últimos fusilados del franquismo.

Retoma el trabajo con los tangos arrumbaos De rima en rama, las bulerías La llave y con un tema de salsa, al que misteriosamente llama colombiana, llamado Compai no más.

Un fin de fiestas por bulerías de Jerez, en el que canta sin megafonía y se da una graciosa pataílla (y otra ‘Morao’), pone el punto y final a un concierto siempre acertado, apto para cualquier tipo de paladar.

No hay dios…

No hay dios…

Suma Flamenca. Israel Galván

El final de este estado de cosas, redux

La muerte es algo personal. No le podemos encargar a alguien que muera por nosotros, ni siquiera pagando. El fin del mundo posiblemente nos llegue con esta muerte. Así, el Apocalipsis también es personal; es una cadena llena de interrogantes; es un balance de inutilidades.

El bailaor borgiano Israel Galván, se enfrenta a la oscuridad y a este fin íntimo, se pregunta y se responde con otra pregunta para redondear su existencialismo. Se enfrenta solo al escenario, solo en la noche, solo en el mundo. Una máscara borra su identidad. Medio desnudo, como en una tragedia griega, si no fuera por el pantalón atemporal. Baila descalzo sobre la arena. Improvisa. Nadie sabe el resultado de las piedras al caer, su impresión en los micrófonos.

Con silencio y compás nos trasmite la angustia anónima de movimientos quebrados, antes que el vídeo se imponga. Sobre un lienzo negro se escribe una carta ilustrada. Es de una alumna libanesa, Yalda Younes, que le habla de la guerra en su país. La carta comience con un ambiguo “Hola Israel”. Ella baila los mismos pasos de su maestro Galván, quizá más hieráticos, menos maduros, sobre el sonido real de las balas en el cielo de Beirut en la reciente guerra entre Israel y Líbano. Es la imagen del Apocalipsis, también como lo concibió Coppola (Apocalypse now). Puede ser la justificación de toda la obra. Es el fin de la humanidad. Para qué la religión. No hay dios…

Sobre una tarima móvil de objetos en desequilibrio, después de la reflexión videográfica, Israel baila por seguiriyas, se rompe por seguiriyas, se impone por seguiriyas. El ruido tiene mucho que decir. Es una pieza apoteósica. Para mí lo mejor del espectáculo, junto el colofón. Es la rabia a flor de piel. Es el flamenco arrojado por necesidad y por despecho. Es el momento sublime, en el que interactúa tabla y bailaor y muelles y bisagras, para remover las entrañas del respetable. Después de esta entrega todo parece diferido y truncado.
El baile avanza concatenado con saeta y con los extremos metálicos del grupo de heavy Orthodox, vestidos de nazarenos, encapuchados, anónimos. La Semana Santa sobrevuela censurada. Después arremete contra la Navidad y después contra el Rocío y con la falsa beatitud, para terminar cuestionando la muerte. Pero no es la religión lo que está de más; es la hipocresía lo que sobra.

Los villancicos y los verdiales, cantados por Juan José Amador, con la guitarra sabia de Alfredo Lagos, y un violín (Elisa Cantón) casi inexplicable, acompañan un baile cómico, con tambor rociero que termina derrotando literalmente al bailaor. Es la fatiga de una fiesta interminable. Incluso en el suelo, cuando se reanuda la música, el romero exhausto es capaz de seguir danzando. Oiremos la salve y otros himnos rocieros.

También veremos a Israel con pechos y compungida, antes del baile de Bobote vestido de corto, descalzo y sin camisa. Es un sosias de Galván que, como en un espejo deforme, devuelve sus mismos pasos al compás de la percusión y el saxo de Proyecto Lorca.

Acaba la función con un decorado de cajas de muerto en distintas posiciones. Sobre un ataúd suspendido entre caballetes, José Carrasco, percusiona un solo rotundo, antes que Galván aparezca danzando sobre las cajas, a su alrededor y en su interior. Es la muerte por bulerías, la fiesta final. Interminable.

Para terminar, sobre un ataúd levantado observamos el taconeo, los movimientos, el agobio, los estertores de los últimos momentos. Como en La cabina de Mercero, donde José Luis López Vázquez expresa la angustia del destino, la inutilidad de la muerte, Israel remata su lectura del Apocalipsis.

* Foto: en la Bienal de Sevilla, 2008 (© Luis Castilla).

“Todo discípulo es continuador del legado de su maestro”

“Todo discípulo es continuador del legado de su maestro”

  ¡Pobre del discípulo que no deja atrás a su maestro!
(‘Aforismos’, Leonardo da Vinci)

David Carmona, pertenece a una familia granadina de etnia gitana, en la que el flamenco constituye su natural medio de expresión, manifestándose en situaciones cotidianas y en los acontecimientos más importantes e íntimos de la vida familiar.

Se trata de la dinastía de los Fernández de Íllora, a la que pertenecen el guitarrista Guillermo Fernández y los cantaores Evangelino Fernández ‘El Rubio’, José de Íllora, Isabel Fernández, Carmela Fernández o, ya en un ámbito más profesional ‘Morenito de Íllora, ‘El Moreno’ (padre de Diego ‘El Cigala’) y el más antiguo de todos Ramón de Loja.

David comenzó con siete años a tocar la guitarra; con doce grabó su primer disco, Tratante (Hispamusic, 1997), como resultado de un premio en el programa de Canal Sur “Veo-Veo”, presentado por Teresa Rabal, en el que estuvo acompañado por cantaores de primera línea (Juana la del Revuelo, Potito, Nene de Santa Fe…).

Su presencia musical en peñas, festivales y concursos ha sido siempre destacada. En 2002 actuó en el ciclo “Los veranos del Corral” y en 2003 en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Después de una densa trayectoria, en 2009 gana el XXIII Certamen Internacional de Guitarra Flamenca en Concierto de Jerez, en el Teatro Villamarta, organizado por la Peña Flamenca Los Cernícalos y el Premio Música Original para Danza en el XVIII Certamen de Coreografía de Danza Española y Flamenco de Madrid.

En estos años ha prestado su guitarra para el cante de Esperanza Fernández, Diego ‘El Cigala’, Antonio Campos o ‘Morenito de Íllora’ y a bailaores como Antonio Canales, Fuensanta ‘La Moneta’ o Patricia Guerrero.

Desde 2005 forma parte del grupo de Manolo Sanlúcar como segundo guitarrista, quien dice de él que es mi hijo adoptivo, mi único heredero, es el referente del futuro en la guitarra.

A raíz de su participación en la próxima Bienal de Flamenco de Sevilla, con 25 años cumplidos, nos concede esta larga entrevista.

Llevas tocando la guitarra desde los siete años. Es como si hubieras nacido con ella. ¿Crees que es necesaria tal precocidad para ser un buen instrumentista? Es favorable, desde luego, pues a lo largo de los años te vas haciendo con el instrumento, tu técnica va creciendo. Pero ha habido guitarristas y compositores que sin embargo  han comenzado a una edad más avanzada y han logrado alcanzar lo máximo. Pero por lo general la precocidad ayuda.

Desde el premio “Veo-veo” y la grabación del disco, con sólo 12 años, tanto la crítica como el público te han tratado de niño prodigio. ¿Qué tiene de verdad esta afirmación? No soy consciente de que me llamaran niño prodigio. De cualquier forma no creo que lo haya sido. He sido siempre responsable. Desde que era chico le he dedicado muchas horas. Más que prodigio lo mío ha sido trabajo y constancia.

¿Cuántas horas le dedicas al día a la guitarra? Ahora mismo, desde hace unos cinco años, le dedico muchísimas horas diarias. Antes, como es lógico, con los estudios y todo eso, empleaba menos tiempo.

¿Prefieres la peña y el cuartito o el gran formato del festival o del teatro? Nunca me lo he planteado. Me gusta tocar en cualquier sitio donde haya silencio y respeto. En realidad me da igual cualquier tipo de escenario. Si el público responde como es debido.

¿A simple vista pareces tímido? ¿Te trasformas en el escenario? Bueno, la guitarra es el medio por el que me manifiesto, es mi lenguaje. Con ella me siento seguro.

En una entrevista que te hizo Miguel Ángel González, cuando tenías 13 años, reconociste que lo que te gustaba era acompañar al cante. ¿Sigues con la misma idea o te sientes más cómodo tocando como concertista? A mí en realidad me gustan las tres cosas. Últimamente me he dedicado bastante al baile. También me encanta acompañar al cante. La guitarra de concierto es donde uno puede desarrollar más ampliamente sus ideas. Creo que las tres cosas son complementarias.

Dices que últimamente acompañas a bailaoras y bailaores. ¿Qué valores encuentras formando parte de un cuadro de baile? Con el baile se fomenta el sentido del ritmo. La capacidad rítmica del individuo como mejor se desarrolla es acompañando a una bailaora o a un bailaor, en el tablao o en el escenario. Acompañando al cante lo que se perfecciona es el concepto armónico. Lo importante es saber recoger el espíritu de cada género. Porque es en el cante donde está todo. Donde todo se concentra. El carácter de cada uno de nuestros géneros se desarrolla en el cante.

Has acompañado a grandes cantaores: Esperanza Fernández, Diego El Cigala, Antonio Campos, Morenito de Íllora… ¿Hay diferencia en la manera de tocar? ¿Te sientes mejor con unos que con otros? No es lo mismo acompañar a un cantaor más tradicional, como Agujetas por ejemplo, que acompañar a otro contemporáneo, con el que puedes proponer un concepto armónico más desarrollado. Incluso él lo agradece. Me gusta acompañar a todo tipo de cantaores. Me siento igual arropando al más viejo y añejo que al más joven y vanguardista.

En el año 2000, con 15 años, representas a la Federación de Peñas Granadinas en la Feria Mundial del Flamenco; en 2002 presentas Suenan los Bordones en el “Corral del Carbón”; en 2003 participas en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, desde 2005 acompañas a Manolo Sanlúcar, en 2009 ganas el Certamen de Jerez… ¿Te da vértigo esta carrera? No, al contrario. Todos los logros me han dado ánimos para seguir trabajando, para seguir tomándome la guitarra en serio y no dejarla en un segundo plano. He ido consiguiendo cosas importantes, lo que me ha motivado, pero a la vez me ha impuesto una gran responsabilidad.

¿Cómo fue la historia con Manolo Sanlúcar? La relación con Manolo no es de ahora. Fui por primera vez a uno de sus cursos a los 13 años, cogido de la mano de mi padre, que fue quien me llevó. Después fui otros dos años más y después hice otro curso intensivo en Sanlúcar. Hasta el año 2005, que ya me quedé solo con él, como en otro tiempo se quedó Vicente Amigo, Juan Carlos Romero o Riqueni. Ya no era en plan de curso, sino que me quedaba allí en su casa, con otra disciplina donde trabajábamos todo lo relacionado con la guitarra flamenca, la composición, etc.

¿Te ha corregido muchos vicios? Me corrigió y continúa haciéndolo desde el punto de vista técnico hasta el musical, el concepto de ver la música, analizarla, diferenciar los diferentes caracteres de los géneros… (cada género tiene un carácter, un espíritu). En general, me ha enseñado y sigue enseñándome todo lo relacionado con la composición y las cuestiones que debe tener en cuenta un compositor. De esta labor podríamos hablar días (risas). Todo lo que aprendo con Manolo intento plasmarlo en los temas que compongo y, como es lógico, él me ayuda en su elaboración.

¿Te sientes sucesor de Manolo, como él ha dicho? Todo discípulo de un maestro, al recoger sus enseñanzas y su herencia, de alguna manera es continuador de su legado. Y, si pudiera ser, tendría que dar un paso más. Uno va desarrollándose y después vienen las generaciones de atrás y avanzan un poco más de donde su maestro lo había dejado. De todas formas, me siento muy honrado. Es al mismo tiempo un honor y una responsabilidad.

¿Qué admiras en él? Pues su genialidad, su música, talento, su creatividad y conocimientos musicales y además su manera de enseñar, ayudarte y de explicarte las cosas para que no te lleves a casa ninguna duda. Manolo, junto con Paco de Lucía, ha revolucionado la guitarra flamenca llevándola a lo más alto.

Manolo no sólo te apadrina en la guitarra, sino que insiste en una formación cultural completa (arte, literatura, pintura…). ¿Cómo entiendes este aprendizaje? Manolo es el artista, el compositor, el filósofo, el intelectual del flamenco en sí. Él siempre habla de que la música es una disciplina que interactúa, porque en realidad sólo existe un arte, el Arte con mayúsculas, donde la música se entrelaza con la poesía, con la pintura, con la filosofía… sólo que el artista suele desarrollar una de ellas, pero en realidad todo es un Arte único, una sola expresión artística.

El pasado año, en El País, le preguntaron a Manolo Sanlúcar qué opinaba sobre la fusión en el flamenco, él se reía diciendo que eso no era nada nuevo, que el flamenco es mestizo desde su nacimiento, es un crisol de culturas. ¿Tú qué opinas de esto? ¿Te ha sabido trasmitir el maestro esta idea de universalidad en la música flamenca? Esta idea es palpable. Podemos decir que armónicamente somos de Occidente y melódicamente venimos de Oriente. Por lo tanto ahí ya hay dos mundos que se entrelazan. De hecho, músicos de todas las corrientes han valorado el flamenco como una de las músicas más ricas. En esto podemos apreciar la magnitud de la cultura que tenemos.

Este verano participas en la Bienal de Sevilla, ¿las composiciones serán tuyas? Todos los títulos están compuestos por mí, aunque Manolo, como ya he dicho, me ha ayudado en la elaboración de los temas y ha supervisado continuamente todo el trabajo. Quisiera llevar siete temas a la Bienal, de los cuales tengo cinco cerrados. Son cuatro temas más tradicionales donde hago taranta, solea, bulerías, alegrías, pero bajo una mirada más actual, y tres más vanguardistas, sobre todo un tema con ritmo de tangos que he compuesto, y que se desarrolla en el sistema “mixolidio” (así lo llama Manolo, refiriéndose a la escala mixolidia griega, reflejado en su disco Locura de brisa y trino), que abre muchas puertas a la guitarra flamenca. Yo he partido de este sistema para componer este tema. Dos de estos temas llevarán cante, para lo cual estoy leyendo poesía en general, de la Generación del 27, (Lorca, Alberti, Cernuda...), Machado, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, San Juan de la Cruz, Bécquer...

¿Cuáles son tus referentes aparte de Sanlúcar? Cuando tengo dudas sobre si estoy recogiendo el espíritu, el carácter del género flamenco que estoy tratando, sobre todo acudo a los antiguos, a los primeros maestros: Ramón Montoya, Sabicas, Ricardo, Miguel Borrull, Mechor de Marchena... En el cante me pongo a escuchar a Manuel Torre, Chacón, ‘La Niña de los Peines’, Tomás, Vallejo, Marchena, Mairena, Caracol...

¿Tradición o vanguardia? Me acojo a esa frase que utiliza Manolo muy significativa: “mitad tallo, mitad paloma”. Debemos recoger los cimientos de la tradición para así poder volar. Manolo también me dice unos versos de Machado: “No te puedes deshacer de aquello que no posees”. Un poquito es eso. Debes de conocer la tradición para poder salirte de ella.

Ahora te llueven las actuaciones tanto en solitario, como con Manolo, o para acompañar al cante y al baile. ¿Tu vida está enfocada definitivamente al mundo de la guitarra? Se me presentan dudas, porque es un mundo muy difícil y muy complejo, sobre todo si escoges el camino de la composición. Es un camino que tiene bastante de renuncia.

También hay mucha competencia… Yo no considero la competencia de los demás, sino la competencia de uno mismo. Si compites con los demás nunca vas a llegar a nada. Debes ser tú el mejor  juez, el mayor crítico contigo mismo.

¿Cómo te definirías con la guitarra? No sabría definir mi música, ya que la música es difícil de explicar con palabras. Lo que si puedo decirte es que trato de encontrar gestos o comportamientos que sean de interés. Alguna vez los hallo y otras veces no. Por lo tanto debo de seguir buscando.

¿Te has planteado un próximo disco? De momento no. A ver si acabo con estos siete temas y si surge… Manolo siempre me ha dicho de meternos en su estudio y grabar, pero ahora mismo no. Paso a paso.

¿Qué más proyectos tienes a la vista aparte de la Bienal? Con Manolo Sanlúcar tenemos galas este verano. También acompañaré a Esperanza Fernández en la misma Bienal y, si va bien lo de la composición, podría plantearme grabar… También me gustaría meterme en la composición para orquesta, un camino que desarrolló Manolo en Aljibe, Medea u Ocho monumentos, que pude estrenar con él.

¿Cómo es David sin su guitarra, con su familia, con sus amigos…? Me considero un joven normal, que se ha marcado objetivos a largo plazo y con grandes ilusiones en el futuro. Con mi familia muy bien, puesto que ellos me ayudan en todo momento. Con mis amigos trato de pasarlo bien cuando estoy con ellos.

* David Carmona en El Tesorillo, Almúñecar (© Nono Guirado).

Hacia dónde vamos

Hacia dónde vamos

Reflexiones sobre la universalidad del flamenco

El flamenco, por derecho, está a punto de ser proclamado Patrimonio Oral de la Humanidad por la UNESCO. Debemos estar orgullosos por lo que nos toca. Es un derecho innegable que esta música de Andalucía, España y la Humanidad, como dice nuestro himno, sea reconocida como un monumento a la creación popular y a un estilo de vida muy particular. Porque el flamenco es un mundo que se extiende por el mundo. Al decir de muchos entendidos (¿de todos?), es una de las músicas más ricas que existen.

Puedo excusar a la Junta de Andalucía cuando en sus Estatutos reflejó el flamenco como materia exclusiva de su competencia con la idea de salvaguardar sus raíces, pero no perdono el intento interlineal de querer encasillar una música que es de por sí universal y mestiza, como dijo Sanlúcar. Puede que naciera en Andalucía y que echara los dientes en los rincones de nuestra tierra y que el folklore tradicional confluyera con la llegada de los gitanos y que germinara en una expresión tan categórica, pero, por suerte, el flamenco no cerró los ojos ni atrofió sus alas y, con el mismo arte, fue creciendo en Extremadura y en Levante y en Galicia y otros puntos. Para escuchar flamenco y tener oportunidades, para conocer todas las sensibilidades hay que ir a Madrid o aterrizar en Barcelona. Hay grandes flamencos en toda la geografía, en Toledo y en Pamplona y en Alicante y en Oviedo… Así, quitadme la etiqueta de “sólo andaluz”.

La península se impregna de sonios negros que traspasan nuestras fronteras enriqueciendo los rincones del mundo. Que le pregunten a los artistas, es un bautizo de fuego pasar por Japón, por Nueva York, por París, por Londres. Existen festivales prestigiosos en muchos países. Hay miles de academias de flamenco por todo el globo. Hay intérpretes, de la guitarra y del baile, que no tienen nada que envidiar. El cantaor David Sorroche, me escribía no hace mucho del norte de Europa, diciendo que había que ponerse las pilas, pues por allí se estudiaba flamenco con rigor y entusiasmo, y que una guitarra sonaba como si fuera del Camino. El padre de Dorantes, comentaba en una entrevista en Radio 3, que descubrió en Japón a un guitarrista apodado con su mismo nombre, ‘Pedro Peña’, que era capaz de reproducir a la perfección todos sus discos, incluso milimétricamente los fallos que se pudieran haber deslizado en la grabación.

Así, cuando el flamenco se ningunea, se margina, se aparta como una manifestación anquilosada de segundo nivel, cuando a propósito se oscurece su mundo, me revuelvo y me digo que llegará el día que echemos de menos no haber mimado a nuestro arte por antonomasia, que no hayamos respetado a sus intérpretes, que no hayamos cuidado su cantera. Y cuando tengamos que ir a ver buen flamenco a Luxemburgo, a Nueva York o a Milán, nos daremos cuenta que el universo es nuestro, pero la carrera espacial la hemos perdido.

 

Un debate sin objeto

Un debate sin objeto

Fue más el ruido que las nueces. Mi ausencia y la de muchos (¿la de todos?) respondió a un "olvido involuntario" (léase "olvido inexplicable"). La mesa redonda El flamenco en Granada a debate, al ser en la sede de la Asociación de la Prensa, convocó a la gente de la prensa, no a la gente del flamenco. Suerte que entre los periodistas se encuentran aficionados; suerte que algunos fuimos atraídos por tambores lejanos.

La mesa no sorprendió. El moderador, Juan Antonio Ibáñez, anquilosado y faraónico, estaba más interesado en la forma que en los resultados. A Tito Ortiz, igualmente trasnochado, arremetió contra el irreparable carácter granadino y (todos) los "trenes" que dejamos pasar. Su discurso se sostiene con la falsa sentencia de que "cualquier tiempo pasado fue mejor".

Paco Espínola, con su autoridad exclusiva, no sólo difería de los demás, sino que se contradecía a sí mismo. Juan Pinilla abrió el debate tras la pregunta absurda del capitán de a bordo. A saber: qué época ha sido la mejor de la historia del flamenco. Si dos y dos son cuatro, Pinilla respondió que la época dorada de Pastora, Chacón, Torre, Vallejo, Tomás... pero sabiamente se remontó al momento actual, diciendo que si desnudamos al flamenco de toda la mentira que le rodea hoy día y lo despolitizamos, podemos estar en su mejor momento.

Yo, ante esa pregunta, no me habría desvinculado mucho de la opinión de Juan. Aunque simplemente diría que el mejor momento es el que viene, la segunda "edad de oro" está por llegar, que es lo que nos mueve a seguir reinventando el flamenco, dentro de la autenticidad y la honestidad.

Raúl Comba, posiblemente el más realista de la mesa, concretó algunos proyectos truncados y algunos "trenes", no perdidos, sino estrellados o de los que nos hemos bajado en marcha o, cuando han alcanzado la velocidad de crucero, los hemos malvendido. Vinculó el flamenco con el turismo, con la economía, con el trabajo... El flamenco es industria.

Nacho García sabe que la batalla está perdida de antemano. Nacho, al que se le dejó hablar poco, piensa que pasará un nuevo "tren" en el que todos cabemos o en el que no cabe ni Dios.

También se habló de la necesidad de dignificar el flamenco y sus trabajadores, que da la casualidad que también son artistas, para lo bueno y para lo malo. La necesidad de sindicar de alguna forma ese colectivo. De tapar sus vías de agua y evitar las recaídas.

Como temía, sin embargo, faltó conclusión y proyecto. Faltó latido y evidencia.

Todas las acciones que ronden en torno al flamenco son positivas. Cualquier iniciativa que lo reivindique desde el respeto es bienvenida. Seré el primero que aplauda cualquier apuesta que valore este arte como una de nuestras indiscutibles señas de identidad.

Pero la única solución (no una solución, sino la única) estriba en vertebrar el flamenco a través del mismo hilo, que todos vayamos a una, que las acciones no se propongan aisladas sin base ni continuidad (verbigracia: este debate), que haya una evolución (¿revolución?) global, que se encaucen las energías.

Estamos sobrados de iniciativas y de buenas voluntades. Como estamos cansados de partidismos, palos de ciego, autocastigos y autogalardones.

No me vale que el Ayuntamiento, al que se le criticó a base de bien, tenga una visión sesgada del flamenco, que tenga a "su gente" y que esté tan mal asesorado. No me basta que la Diputación haga la guerra por su lado y empiece de cero en cada legislatura. No me basta la independencia engreída de la Universidad que proclama el voluntariado por encima de la profesionalidad. No me basta una Junta que mira para occidente y nos da palmadas en la espalda. No me bastan las iniciativas privadas que sólo cubren expediente. No me bastan los celos y el secretismo de los artistas. No me bastan las sardinas que se arriman a las mejores ascuas cuando el resto están frías y escuálidas. No me bastan los "desfacedores de tuertos" que después son molinos de viento, y si no son sus aspas es la brisa que las mueve...

El flamenco en Granada a debate

El flamenco en Granada a debate

Esta tarde, y bajo el nombre que intitula este post, tendrá lugar una mesa redonda en la Asociación de la Prensa de Granada, dentro del ciclo El Sacromonte patrimonio flamenco. En ella intervendrán los ínclitos señores Juan Pinilla, cantaor y periodista flamenco; Tito Ortiz, periodista; Francisco Espínola, periodista; Raúl Comba, productor y manager de artistas, y Nacho García, director de la escuela de flamenco "Carmen de las Cuevas". El acto será conducido y presentado por el periodista y directivo de la APGR, Juan Antonio Ibáñez.

Es una gran noticia que se hable largo y tendido sobre este tema, que se evalúe, que se saquen conclusiones y que trasciendan. Llevamos mucho tiempo quejándonos del tratamiento que al flamenco se le da en nuestra ciudad, que, para un cierto sector de público y algunas instituciones, viene a rozar el folklore más castizo, alimento para turistas y puterío solapado.

Toda iniciativa es insuficiente para intentar prestigiar a este arte que constituye nada más ni nada menos una de nuestras más fidedignas señas de identidad. Para comprender nuestra historia más reciente es imprescindible contemplar el nacimiento, la evolución y el alcance del flamenco.

Yo soy yo y mis circunstancias. Somos hijos de nuestras tradiciones, de la cultura, el conocimiento y el arte que nos rodea que, aunque no lo queramos ver, constituye lo que nos distingue realmente de los animales.

Esta tarde, como digo, El flamenco en Granada a debate. Pero con qué criterio. ¿Están todos los que son y son todos los que están? ¿Los integrantes de la mesa tienen el conocimiento y la perspectiva suficientes para tratar este tema? Y lo más importante, ¿están comprometidos con la realidad del flamenco en nuestra ciudad para poder dictar de manera objetiva las necesidades del colectivo que forma la gran familia flamenca granadina?

Parece pataleo, quizás lo sea. La indignación una vez más llama a mi puerta. Llevo cerca de siete años, día tras día, dedicado al flamenco, viendo todo lo que se propone. Peñas, teatros, festivales, concursos... y no sólo no se me ha invitado a formar parte de la mesa, que no digo que me tuvieran obligatorio que haber llamado (en la vida me he considerado necesario y mucho menos imprescindible), pero al menos debería haber recibido formalmente la invitación a tal evento, del que me enteré de rebote.

A rey muerto rey puesto. El muerto al hoyo y el vivo al bollo. Al burro caído se le dan los palos. ¿Porque ya no sea oficialmente crítico de flamenco de un periódico he dejado de tener alcance?

De todas formas haré acto de presencia en este interesante debate y, en la medida de lo posible, intentare enterarme del olvido, seguramente involuntario, de mi ausencia.