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Algunas cosas y demás verdades

Marzo

Marzo

Cuando marzo está dando sus últimos suspiros recuerdo que iba a escribir sobre los meses. Así que lo agarro por los pelos y os cuento.

Lo primero que se me ocurre de marzo es que este fue el mes en que asesinaron a Julio César, el primer emperador romano. El tiranicidio tuvo lugar en los idus de marzo, que viene a ser como a mediados de mes, el día 15.

En marzo empieza la primavera, el 21, que este año, como escribía Henry Miller (no recuerdo en qué libro), llegó como una liebre congelada. Nos esperan días alternos. Frío, sol, lluvias, viento y playa. Aunque ya se sabe, hasta el 40 de mayo...

La primavera es la renovación de la vida. La primavera la sangre altera. Marzo, los almendros en flor y los mozos en amor.

Aunque volverá el frío y la lluvia. Ya lo dice el refrán: marzo y septiembre, el tiempo revuelven; o marzo varía siete veces al día; o marzo marcero, tan pronto sol como aguacero; o marzo marceador, de noche llueve y de día hace sol; o marzo, trenta y un día tiene y trescientos pareceres; o marzo ventoso y abril lluvioso, hacen del año florido y hermoso...

Para terminar, un consejo: quien en marzo no poda la viña, pierde la vendimia (no sólo referido al mundo de las uvas.

Encantado de reconocerte

Encantado de reconocerte

Hay un amigo que siempre me presenta a su mujer cuando nos vemos. Incluso pregunta si nos conocemos. Sí, afirmamos casi al unísono (nos faltan todavía un par de encuentros). Él, como si no oyera nada o le diera totalmente igual si nos hemos visto o no antes de hoy, nos vuelve a presentar. Nosotros, su mujer y yo (sin ninguna premeditación), nos besamos en ambas mejillas mientras sonriemos.

Yo, sinceramente, agradezco tal honor, porque un rostro es difícil que se me olvide, pero un nombre... Así, en nuestro encuentro, él dice: esta es X, mi señora. Y yo: encantado, señora X. Y él: éste es Jorge y tal y tal (coletilla definitoria de mi ser que más le pueda interesar o impresionar a su mujer). (Hay quien presenta diciendo lo que tienes y no lo que eres.)

Este amigo no es el único que me "representa". Gentes de diferentes círculos caen en la misma repetición, en la misma repetición, en la misma repetición. No me refiero a quien te presenta a alguien por primera vez, ignorando que ya os conocéis, sino a ese que en cada encuentro te hace entrechocar la mano de su acompañante. Dan ganas de decir: "encantado de reconocerte" o "estoy harto de que nos presenten" o "ya va siendo hora de que se enteren de que nos conocemos".

También hay un reconocimiento, quizá más peliagudo. Y es cuando conoces a alguien que ya lo conocías y se te ha traspapelado en la memoria, bien porque hace una infinidad de años que no os veis, bien porque ha cambiado radicalmente de aspecto. No sé, se ha hecho punk o mormón o hermana ursulina; se ha teñido el pelo o se le ha caído del todo; se ha tatuado y se ha puesto piercings hasta en el cielo de la boca...

A veces él te conoce y tú no a él o tú lo conoces y él a ti no (puedes quedar como un marmolillo, de cualquier manera). O puede que os conozcáis y no sabéis de dónde o preferís olvidar o desearíais no haberos conocido.

Con todo y con eso, hay una agradable comicidad en el reconocimiento. Puede que sea la segunda oportunidad a un mal encuentro. Quizá sea la forma más auténtica de programar un inesperado encuentro. Es lo contrario a una cita a ciegas.

Contraseñas

Contraseñas

He optado por poner la misma contraseña a todo lo que lo requiera, siempre que se me pida. Al igual, las claves de acceso, intento unificarlas, pues en más de una ocasión las he olvidado.

En cierta ocasión no pude sacar dinero del cajero de la caja de ahorros porque no recordaba los números mágicos. El móvil se me bloqueó, hará un par de años, porque no acertaba a componer el código pin (y no digo nada cuando lo que te piden es el código pun) (que yo creo que por eso salieron los muñequitos pin y pon, para familiarizar a los niños).

Antes tenías bastante con recordar algunas fechas, media docena de números der teléfono, tu peso y tu estatura, algunos números de calle y letras de pisos... Pero ahora todo tiene un abracadabra.

Para colmo, para los de memoria cansada o cerebro rebosante, se nos impone una regla mnemotécnica para recordar la sucesión de números o la palabrita que te da acceso a lo que se supone que es de tú propiedad, donde teóricamente tú puedes entrar, sobre todo tú, exclusivamente tú.

Se ha demostrado, he leído últimamente, que, más que el paso de los años, interfiere en la memoria (o sea, en el olvido) los nervios. Ahora me entero de que debo ser muy nervioso, pues soy muy olvidadizo, muy desmemoriado.

Dicen que dios les dio piernas a quien no le dio cabeza, es decir que si se te olvidaron las llaves por tu mala cabeza, por ejemplo, ya puedes estar corriendo a buscarlas (porque en la calle no nos vamos a quedar) (seguimos con el ejemplo aunque no lo parezca).

Propongo (seguro que ya está previsto) que cada uno tengamos un código de barras en el bolsillo, tatuado en la frente o en la palma de la mano que, como al Super Agente 86, nos abra todas las puertas. (Y de camino algunos corazones.)

Pesadillas

Pesadillas

En un apunte de juventud, cuando mi espíritu tendía impepinablemente al existencialismo, expresaba que "si mis sueños fuera mi vida y mi vida fueran mis sueños, sólo tendría pesadillas".

Algo extremo y poco real, pues las pesadillas se suelen caracterizar por la nebulosa surreal de lo incompleto. Por muy formado y bien armado que esté nuestro sueño, lagunas inmensas, lapsos de tiempo y situaciones borrosas las pueblan. Es como la pesadilla que se muerde la cola.

Una pesadilla constante es un sinvivir. Cuando pequeño, recuerdo, temía volverme a dormir pues sólo con cerrar los ojos volvían a aparecer las mismas imágenes que hacían revolverme en un insomnio obligado. A veces dormía por puro agotamiento.

Sabiendo que era una ensoñación que se diluiría con la vigilia, no se podía evitar el sudor, el temblor, las lágrimas. Es como el vértigo, que, como expresaba Milan Kundera, es la insoportable necesidad de seguir cayendo.

Es inevitable. Es intrínseco a nuestro ser de hombre que sueña mientras duerme. Que sueñes con los angelitos, me decían. Pero con los angelitos ya estaban soñando mis hermanos, que roncaban como benditos (bendito quien duerme a pierna suelta).

Mi niño se despertó el otro día sudando frío, llorando con ansiedad y gritando ¡Papito, papito! (cuando me llama papito, fruto de unas animaciones de doblaje sdamericano, me muero de amor). Acudo veloz a su lado y lo cojo diciéndole que no pasa nada, que ya estoy aquí, que ha sido un mal sueño, que ya ha pasado. Entre hipíos me explica que un hombre malo quería llevárselo. Ya ha pasado, repito con calma y me acuesto con él hasta que la sombra de la pesadilla veo que se aleja.

*ILUSTRACIÓN: El sueño de la razón produce monstruos (Goya, 1797-1799)

Mis siete yoes (y 7)

Mis siete yoes (y 7)

Soy Jorge y nací varón. También soy mujer y animal. Tengo participaciones sauróctonas en mi ser y vegeto como un cáctus. A veces me quedo de piedra, inerte como un mineral.

Soy Jorge y soy divino. Con toda la humildad, reconozco en mi devenir facetas de hacedor, participaciones de otro mundo. Sueño con los ángeles y me concibo inmaculado, sobresaliente, etéreo, tonante (aunque la propiedad que más venero es la omnipotencia).

Como Whitman, como dios, siento que estoy enamorado de mí, hay tantas cosas en mí que son tan deliciosas.

Tan divino como humano. Tan humano como diablo. El ángel caído que quiso ser dios. Un dios que quiso ser hombre. Un hombre que quiso... ¡Pobre diablo!

También aprendí a ser azul, que es la forma que tiene dios de ser mar*.

Creo sin temor a equivocarme que Nietzsche ha muerto. Y también Calígula y Saladino y Luis IVX y Napoleón y Mussolini... De lo único que estoy seguro es de la muerte. De la muerte y del olvido.

Cojo un papel vacío y lo mancho con mis manos, con mi entendimiento. Agarro un puñado de barro y le doy un soplo y le arranco una costilla y piso la cabeza de la sierpe que se enrolla sobre mí mismo. Soy un creador que sufre, un profeta impenitente puesto a prueba durante cuarenta días con sus cuarenta noches, incluso.

No le temo al fuego, no le temo a las tinieblas, no le temo a la muerte callada (enamorada, diría Miguel Hernández), sólo tiemblo ante el espejo que me grita las verdades. Caigo y me levanto. Pongo la otra mejilla y perdono a quien me hiere, a los pecadores. Levántate y anda. Y al séptimo día descansé.

Soy un icono, un fetiche con siete brazos. Soy una duda, soy una incógnita, nací al principio de los tiempos (de mi tiempo). Soy eterno, sempiterno, infinito, finito, mutable, inmutable. Soy una pulga, una milésima de segundo. Estoy vacío como un bostezo. Soy Pan. Soy todo y no soy nada. Desaparezco por el foro. No juego a los dados.

Tengo noventa y nueve nombres. Mi ojo es un triángulo que desde arriba otea. Mi esencia es mi existencia. Me siento sobre una duna, me acomodo en una nube. A mi derecha la bondad, a mi izquierda la templanza. Por ti vuelo.

Cuando dos hablan de mí, quisiera estar entre ellos. Quiero y me quieren. Odio y me odian. Soy un río que redondea las cantos, que canta a su paso, que riega tu huerta, que muere en el mar, infinito, eterno, oscuro, misterioso.

Si soy Jorge y nací varón. Si soy mujer y sobre todo animal. Si soy reptil y planta y piedra.

¿Soy divino?

Sólo yo lo sabe.

* Trastocando una frase de Manuel Vicent, en la que dice "También está el már, que es la forma que tiene dios de ser azul".

Un año de volandovengo

Un año de volandovengo

El 15 de marzo de 2006 comencé esta aventura, empecé este blog de volandovengo, con la pura intención de publicar los artículos de flamenco (críticas de los espectáculos, sobre todo) que envío regularmente al diario Granada Hoy para su publicación. Constatando que estas colaboraciones aparecen sesgadas o levemente manipuladas o simplemente no llegan a ver la luz, decidí reproducirlas íntegras en esta bitácora.

Una extensa base de datos de amigos y conocidos, recibieron mis primeros titubeos con el título "Incipiente primavera", con la advertencia de que si no querían recibirlo, lo denunciara y al momento les daba de baja.

Como el flamenco es limitado. Me explico, como flamenco no hay todos los días o todos los días no escribo de flamenco, empecé a escribir de otros asuntos más personales bajo los temas de:

Comencé escribiendo a diario sin ningún motivo, sólo por el placer de decir cosas (como he hecho el bachillerato). Después dejé los fines de semana sin comentarios, entre otras cosas, porque los fines de semana recibo menos visitas (tengo un contador), prueba más que evidente de que cuando se leen los blogs es en el trabajo.

Así que, el día que más visitas he tenido han sido 124, el 29 de enero de este año, cuando comencé las entregas de Mis siete yoes (1). Hasta la fecha, he recibido más de 11.500 visitas (lo cual no es real del todo porque hay que descontar mis entradas, que no son pocas, y las repeticiones de un mismo usuario).

Comentarios tengo pocos, poquísimos (suerte si paso de cinco). Aunque a veces me sorprende una nota a un artículo antiguo, ya pasado, que me satisface. Suelo responder a estos comentarios, aunque no sé si son leídos.

Una de las satisfacciones más grandes es cuando el aludido se hace presente. Me vuelvo a explicar, cuando hice una crítica de Belén Maya (Belén Maya se sabe la lección), una de las mejores bailaoras del panorama nacional, ella me lo agradeció con un comentario (y otro de su director artístico), cuando escribí sobre la muerte de Pinochet (Pinochet ha muerto), dos o tres chilenos se pronunciaron en mi página, cuando lamenté la muerte de una amiga (Adiós), su hijo lloró conmigo es la bitácora...

Un tiempo de Navidad, durante un par de semanas dejé de escribir por enfermedad (un enfriamiento traicionero) y, un poco más tarde, a finales de enero, se cayó uno de los servidores de blogia, afectándome de lleno. Perdí algunos artículos, otros rehice y los fui publicando y muchos se quedaron sin siquiera ser pensados. Las consecuencias seguimos pagándolas aún.

Por último, para acabar de alguna forma, diré que quien más accede a volandovengo son los nacionales, pero recibo visitas de bastantes países. Por orden de mayor a menor, refiero los principales: México, Argentina, Estados Unidos, Italia, Chile, Francia, Perú y Colombia.

El marranillo de San Antón

El marranillo de San Antón

Hace tiempo, el 17 de enero para ser exactos (día de su onomástica), escribí en este blog sobre san Antonio Abad, sus cuitas y sus tentaciones. Lo que no comenté fue su mano con los animales.

Según sus biógrafos, San Antonio Abad (o San Antón), en medio de la vida austera que llevó pudo descubrir la sabiduría y el amor divinos a través de observar a la naturaleza. Todos los 17 de enero, se llevan a los animales domésticos o de granja para que san Antonio los bendiga, como es la tradición.

Las cabras dan más leche, las gallinas ponen más huevos, los gatos no son tan promiscuos, el burro no es tan burro y el perro va al cielo de los perros.

Asociado a San Antón está el marranillo, o marranico, en torno al cual se celebran bastantes fiestas populares (casi todas alrededor del ceremonial de la matanza), (la famosa olla de san Antón). Estas fiestas, la mayoría, consisten en soltar a un marrano, que se ha cebado bien, y, antes de su sacrificio, torearlo, correrlo, intentar agarrarlo, etc. No es que esté a favor de estas prácticas, Tan sólo es un dato ilustrativo. El animal, si ha de servir de alimento, cuanto menos sufra, mejor.

Pero, en mi tierra, marranillo de san Antón, se le dice al que se come las sobras, los restos, el que come en demasía, el que no tiene fondo. Marranillo de san Antón suele ser el miembro de la familia que le toca apurar por ejemplo la fruta que se va a echar a perder, el pegotillo de comida que ha quedado en la fuente, el resto que se ha dejado el niño, ¡no lo vamos a tirar!

Este marranillo suele ser por voluntad propia, a veces a quien le cuesta la comida o sufre su desperdicio. Al final, somos los padres los que apuramos los productos al límite de su caducidad (o fuera ya de fecha).

Cómo comprendo ahora a mi padre y su manía por aprovechar la manzana quitándole el caprichoso recorrido del gusano.

La selección

La selección

No voy a hablar de fútbol, como sugiere el título, ni siquiera mal. No me refiero a unos jugadores seleccionados, entre los mejores (primus inter pares), para formar parte de un equipo, con el fin de jugar con otra alineación (que no alienación) de seleccionados de su correspondiente país o cualquier otra área geográfica.

De lo que quiero tratar, en cambio es de la "Selección Natural", de esa lucha por la vida y la supervivencia de los más aptos. Darwin ya nos lo explicó en aquel Origen de las especies por selección natural. Él afirmaba que el órgano crea la función, en contra de la teoría de Lamarck, el padre de la Biología, que decía lo contrario, que la función crea el órgano. Con un ejemplo esto se ve más claro: para Lamarck la jirafa tiene el cuello largo del sobreesfuerzo para alcanzar los brotes más altos y tiernos; para Charles, en cambio, ya que apareció una jirafa cuellilargo (gracias a una mutación), comenzó a comer los brotes más altos y tiernos.

O sea, el alimento no le falta a la jirafa pues donde ésta alcanza nadie llega. Es la más apta (o adaptada). También es apto quien más corre para cazar o para huir; el que mejor nada; el que mejor se camufla; el que tiene mayor descendencia; etc. Después aparecieron los neodarwinistas que daban igual o mayor importancia al factor suerte. Un cazador que le cae la presa sin buscarla, la peor víctima (quiero decir, la mejor víctima) no echada en cuenta, el gato que no siempre cae de pie...

Pero hay otra selección natural que me preocupa, y es el de las amistades. Los amigos vienen y se van, pero los enemigos se acumulan (algún día hablaré de la fidelidad de los enemigos).

Alfonso dice que entre sus amigos no encuentra a nadie de derechas. Alfonso selecciona a sus amigos. Los de derechas no seleccionan a Alfonso.

Los amigos fluctúan como la bolsa. A veces depende de lo que tengas para ofrecer (o puedas ofrecer): una buena conversación, una vida interesante, una posición destacada, un gran poder adquisitivo, diversión asegurada, un buen confidente (un buen pañuelo)... o problemas para compartir, pequeños sablazos, petición de favores, simplezas...

Cuando algo cambia, cuando bajas de tu pedestal, cuando en vez de ofrecer pides, cuando necesitas de alguien... se ven las amistades reales, los verdaderos compañeros. Se va alineando tu selección. Lástima que esos seleccionados los puedas contar con los dedos, con los dedos de una mano.

De cualquier manera, si gozo de alguna riqueza es la de ser rico en amigos. Confucio decía, en boca de Les Luthiers, "Si tu mejor amigo te apuñala por la espalda debes desconfiar de su amistad".

El tiempo pone cada cosa en su sitio, dicen. Yo digo que con el tiempo nos aguantamos más, somos más conformistas, somos más tolerantes y permisivos.

 

Bustitos

Bustitos

No hay duda de que el fruto máximo de la evolución tecnológica es el mundo de las comunicaciones y más en concreto la retícula de internet, que comienza a ser infinita (quizá sempiterna). Nosotros, los de mi generación y las inminentemente posteriores, hemos pillado este tren por los pelos, quizás una esquina en el vagón de cola, con polvo de carbonilla en los ojos.

Los jóvenes y niños de ahora han nacido y crecido en este universo informático como nosotros vivimos las primeras televisiones en color. Para ellos es natural el ordenador en casa y todas sus entrañas. La pantalla se ha convertido en una ventana al exterior, un gran angular para ver el mundo (el submundo y el inframundo); es una fuente inagotable de información y comunicación; es una posibilidad de descubrir, de viajar, de conocer...

Hace unos años (pocos) irrumpieron en todo el mundo el fenómeno de los blogs (o bitácoras, castellanizando y poetizando el término). Internet ya no es sólo una ventana por la que mirar, como dije antes, sino también por donde gritar, por donde asomarse para ver y para que nos vean (es el sofisticado tontódromo de algunas ciudades). El globo se estrecha y se reciben decenas de comentarios, cientos de visitas.

Puede que este mercado interactivo sea la solución a la intolerancia, el primer paso hacia la aldea global que muchos pretendemos.

Pues bien, todo este preámbulo, sirve para comentar que mi sobrino Álvaro, de ocho años (8), tiene un blog desde el 13 de octubre pasado (fecha en que data su primer post o entrada), en el que hablaba de "Mis muñecos". El blog se llama bustitos y es tan simple como delicado, interesante, aleccionador y adictivo, del cual, como se ha podido comprobar, dejo el enlace, que incorporo a mis links, y tomo buena nota.

Desde aquí os animo a que lo visitéis.

Mis siete yoes (6)

Mis siete yoes (6)

Soy Jorge y nací varón, también soy hembra y animal y vegetal. Ahora no me muevo. Me quedo de piedra. Mineral inerte que ni siente ni padece. Soy ligero como la piedra pómez y duro como el pedernal, negro como la obsidiana, amable como la serpentina, suave como el talco, noble como el mármol, falso como alabastro, brillante como la pirita. Peso como el plomo y valgo como el oro o como el barro. Soy líquido mercurio que inquieto baila en el piso.

Soy frío como una losa y sugerente como una pared (soy muro de las lamentaciones, grafiti en las paredes, tapia que protege o que evita, valla quitamiedos, mirador de piedra). Soy un canto rodado (rolling stones, ¿les suena?). Soy piedra de pecera, cristalina en la playa, guijarro en la estacada.

Me resbala la lluvia y me calienta el sol. Soy un banco de piedra en el que te puedes sentar para leer, para comer, para descansar, para amar.

Tengo mil años. Soy un fósil que participa de todos mis yoes. Llevo enterrado desde tiempo inmemorial. Me retuerzo como amonita y serpenteo como la luz. Soy lava que colea montaña abajo, roja y caliente como el Dios de la Guerra. Cuando me enfrío, negro y caprichoso como Eros.

Conservo tu huella; tus pasos de ayer. Quemo como cal viva que blanquea las calles. Piedra sobre piedra. Buen camino. Soy una estátua. El adorno más bello es la piedra virgen. Sus aristas, sus redondeces, su frialdad, su calor adocenado, su inmutabilidad, su testimonio, su tesón, su impermeabilidad, su espíritu inmarcesible.

Soy Jorge y nací varón. También soy mujer y animal y reptil y planta. Soy una piedra.

* ILUSTRACIÓN: "Contrapunto" (un hombre-piedra), de Victoria Boffil

** Para publicar esta sexta entrega de "Mis siete yoes" he tenido que rescatar los dos artículos anteriores (4 y 5) perdidos en la estratosfera de internet

Mis siete yoes (4)

Mis siete yoes (4)

Soy Jorge y nací varón. También soy mujer y soy animal, sobre todo animal. En mí vive un reptil. Soy saurio en mi frialdad. La imagen se congela bajo el sol que apenas calienta. Pienso con el cerebelo. Tengo la sangre azul, como de príncipe, y calculo mi jugada. Me anticipo a cada movimiento y soy exacto en la medida. Te siento con la lengua.

Paro en seco y vislumbro mi objetivo. Me arrastro sin piernas y enrosco mi cuerpo de loriga y escamas. Me mantengo alejado de la belleza del grito y de la suave caricia de mi cuerpo viscoso. Mudo la piel.

Mi lengua bífida mira de soslayo. Es un arma de doble filo que a veces se revuelve con quien la esgrime. Soy todo ojos que cubren el espacio, despacio. También puedo lucir cornamenta, colmillos, metal, cresta y veneno.

Soy todo oídos que filtran los colores. Soy todo muecas y poses y barro y esperma; pasado y futuro. Y tengo doble párpado que cierro de abajo arriba y de arriba abajo. Puedo desprenderme de alguno de mis miembros a voluntad, para volver a recobrarlos más tarde.

Tengo mil años. Soy un fósil viviente que tan sólo ha dictado un par de testamentos (a espaldas de notario). Puedo ser venenoso y, sin querer, pongo huevos de blanda membrana. Incubo a un basilisco.

Soy Jorge y nací varón. También soy mujer y animal y a veces sauróctono.

* Texto rescatado: publicado el lunes, 06 de febrero de 2007

Mis siete yoes (5)

Mis siete yoes (5)

Soy Jorge y nací varón. Tengo mi lado femenino y mi espíritu animal. También soy reptil y, a veces, vegeto. Soy una planta que necesita ser regada. Abonan mis raíces y me plantan más veces de las que deseo.

Adoro la vida contemplativa. Soy un anacoreta, ermitaño, eremita. Soy un santo sin cartera ni corona. Mis uñas crecen y no piden pan; mi cabello crece y no pide pan. Sólo aire, sólo luz, solo tierra, sólo agua, solo vida.

No me muevo. Me balanceo con la brisa, deprisa, que pasa. Soy veleta. Esparzo mis semillas con un golpe de viento. Necesito la luz y el calor. Soy diámbulo. Por la noche me cierro, descanso, vegeto. También soporto mi envoltura. También soportas mis espinas.

Soy estacionario. Florezco en primavera, sea cuando sea. Amarillo en el estío. Me desnudo en otoño, despetalándome. Soy perenne en invierno.

Ofrezco mi tronco, ofrezco mis ramas, ofrezco mi fruta. Soy carne de cañón, el árbol que oculta el bosque, el arbusto anónimo escondido en la floresta. Quisiera ser, sin embargo, todo follaje. Inmarcesible.

Fotosíntesis. Verde que me quiero verde. Doy oxígeno a quien me quiere. También carbónico.

Resina. Me quedo pegado. Soy una lapa. Beso y mancho. Chorreo. La sabia corre por mis venas y polinizo con los insectos. Me marchito al fin, incluso.

Soy Jorge. Hombre y mujer, animal y saurio. También vegetal.

* Texto rescatado: publicado el jueves, 08 de febrero de 2007

The End

The End

Ya he confesado en más de una ocasión que no soy cinéfilo. No tengo gran tradición peliculera. Siempre, cuando había películas en mi casa, en casa de mis padres, yo estaba en la calle o en el campo. Antes del cine había otras muchas cosas que hacer. Así que mi cultura fílmica está muy limitada.

Es una laguna, desde luego es una laguna, pero hoy por hoy prefiero desecar otras. Admiro no obstante a la gente que sabe de cine y que puede hablar con criterio, opinar y criticar con cierto rigor sobre películas, actores, directores, guiones, etc. Personas como José Abad, Jesús Lens o Alfonso Salazar, son referentes en mi norte cinéfilo.

Sin embargo, como todo nuestro mundo, tenemos vídeo y DVD. El vídeo está casi en desuso y el DVD no funciona bien. O sea, se atranca, acaba la película a tirones (mi niño dice que la tele tiene hipo) o se para de buenas a primeras. Lo que representa otro obstáculo a la hora de ver películas. A mí, casi me da igual, pues las películas siempre me han parecido muy largas y a la hora, u hora y media, estoy deseando que se acaben; pero a quien maneja mi barca le fastidia hasta el extremo.

Resultado: tenemos varios DVD inacabados, con hipo o con el final precipitado. Cuando tengamos nuevo reproductor, veremos tan sólo finales de películas. Nos especializaremos en The End.

La ropa tendida

La ropa tendida

La ropa tendida siempre me ha parecido un símbolo de felicidad. Aparte del buen tiempo, que se supone que hace (secar los trapos al sol), infunde una suerte de sentimiento pacífico y tranquilo a quien lo mira. Ondean las sábanas, blancas, inmaculadas, y parece que no hay nada más, que no pasa nada, que la misma ropa de cama es la cortina del paraíso.

Y cuando hay ropa interior supone un despliegue de sencillo erotismo; y cuando hay ropa de bebé es como un beso a nuestros pliegues más sensibles; y la ropa de trabajo desprende un olor a hogaza de pan y embutidos caseros...

En otros tiempos, mi madre que vivía en la Carrera del Darro, asomados al río, recogían la ropa tiesa, hecha un cartón por el frío. Frente a la chimenea era su siguiente destino.

Tengo unos vecinos que siempre tienen el tendedero lleno, haga frío o calor, llueva o haya ventisca. Yo tengo secadora, que es menos romántica, aunque lo alterno. El sol es imprescindible y la ceremonia de tender la colada, añeja, emotiva e incluso cooperativa. Recomiendo que se tienda en pareja, que se recoja en pareja (también la ropa).

Una de las tradiciones que han pasado más desapercibidas y que pocos se preocupan de fomentar es esa costumbre de subir a la azotea o bajar al ojopatio, o rodear la vivienda o salir al balcón en comunidad para tender la ropa, para admirar las prendas del vecino, para ver su blancura y su color, para hablar de la vida de los demás (cotillear, lo llaman algunos).

* FOTO: Ropa tendida en una de las calles laterales a la Via Garibaldi (Venecia)

Apagón

Apagón

El día 1 de febrero, de ocho menos cinco a ocho de la tarde, me encontraba yo caminando por las calles de Madrid. Así que la intención de sumarme a la iniciativa de los cinco minutos sin luz, lamentablemente, no tenía cómo secundarla.

De todas formas, como inútil acto solidario (a veces la ideología es ramplona) apagué el móvil. Miré a mi alrededor y todo seguía como antes. No se apagaron ni los cigarros. Un tanto desilusionado, seguí mi camino.

Al día siguiente, leo con asombro en los periódicos, el efecto mediático de este apagón. No sólo hicieron mutis las luces de los particulares de media Europa, sino que también se hicieron eco de este umplugged las instituciones, ayuntamientos y gobiernos autonómicos que, para no ser una medida oficial (parida por ellos), sinceramente hay que aplaudirla.

Se apagó la Alhambra, la Puerta de Alcalá, La Torre Eiffel, la Giralda... y se ahorraron no sé cuántos megavatios. Pero eso es lo de menos. Lo importante es la solidaridad de la gente (que ya se venía viendo en manifestaciones a favor de la paz, en contra de la guerra); lo importante es el respiro del planeta; Lo importante es el poder de convocatoria de internet; lo importante es haber removido conciencias; lo importante es luchar por el futuro; lo importante es nuestro granito de arena.

Ahora que vemos los resultados, es hora de tomárnoslo en serio. ¿Y si todos los uno de febrero apagamos la luz cinco minutos? ¿Y si la apagamos todos los jueves? ¿Y si a las ocho menos cinco de todos los días nos desenchufamos un rato? ¿Y si, en vez de cinco minutos, desconectamos diez, quince...?

** Texto rescatado: publicado el sábado, 03 de febrero de 2007

Febrerillo loco

Febrerillo loco

Amanece esta mañana con una copiosa y constante lluvia. Ayer, nublado, pero estable. Anteayer despejado y con un sol primaveral, casi de justicia cuando el cuerpo aún soporta ropajes invernales. Estos brotes imprevistos de calor acaban conmigo. Tengo la tensión baja, como saben algunos, y las primeras subidas de temperatura me desarman, me aplatanan, lentifican mi devenir, que ya de por sí es lento, hasta extremos alarmantes.

Y así estamos, con el sistema margarita: un día bueno, el otro no; ahora sí, ahora no (como los intermitentes del coche).

Ya lo dice nuestro refranero: Febrero, ¡vaya un mes puñetero! o Febrero, mes fullero o En febrero, un rato al sol y otro al humero o Nieve en febrero, buena si es a primeros o Cuando no llueve en febrero, tiene el año mal tempero o Para febrero, guarda leña en tu leñero o Agua de febrero, mejor que la de enero o La flor de febrero no llega al frutero o Avena de febrero, llena el granero o El mes de febrero lo inventó un casero o Febrero cebadero o Febrero, siete capas y un sombrero...

Los pueblos son sabios, nuestros dichos veraces. Hagámosle caso antes que el adebacle del cambio climático cambie también nuestra experiencia. Es como si nos quitaran lo bailado.

En bragas

En bragas Una expresión muy extendida es la de estrar "en bragas", o sea, andar con lo puesto o pillarte in fraganti o estar a dos velas o encontrarse en una situación desesperada, tocar fondo...
Pues bien, nuestros amigos de blogia, o sea, la compañía que permite este blog y, en concreto, el servidor que lo aloja, se han caído, han sufrido una avería, un resvalón, un traspiés, como todos los tropezones involuntarios, ajenos a su voluntad.
El resultado es que durante una semana esta bitácora ha dejado de funcionar, mi vida, como el universo, tiene un agujero negro, una laguna, un abismo, la sima de seis días con sus noches. Los lectores habituales han emigrado, mis contactos no saben de mí (¿unas vacaciones?, ¿otra recaída febril?, ¿la retirada inoportuna de quien piensa en voz alta?...
Y lo peor, algunos os habréis dado cuenta, hemos retrocedido varios días en el cuaderno. La última entrada que aparece es del día uno, debiendo ser del día nueve. Unos artículos irrecuperables (pues los escribo directamente en el blog), sin copia de seguridad, sin anestesia alguna y sin posible indemnización moral, incluso.
Así que pido perdón a los incondicionales, pido perdón a los que han tenido que trabajar los minutos que tardaban en leer "volandovengo" y pido perdón a los que pensaban que el título de este artículo sería más literal.

Mis siete yoes (3)

Mis siete yoes (3)

Soy Jorge y nací varón y soy mujer. Pero también soy animal, sobre todo animal. Pensar con el vientre, sentir con las entrañas. Mi alma concupiscente hace sentirme un león a veces, una gacela casi siempre, saltarina y temerosa. Soy un dragón, un fauno antropomórfico que se esconde en mi estómago.

Soy un animal insaciable, que devora sin tregua y bebe y ama pantagruélicamente. No tiene fin, no tiene medida, como un monarca absoluto. Tan sólo mi instinto me frena, tan sólo el orgullo pone (impone) barreras. Tengo mi instinto (no sólo de supervivencia), no tengo memoria, mi pretérito es imperfecto. A veces, veo en blanco y negro.

Soy todo sentidos (cinco, seis...) y pasiones. Soy Epicuro; el dueño del mundo. Mi visceral apetito se sobrepone a mi razón, emigra de un lugar a otro siguiendo el devenir del viento, detrás del olor a carne, a carroña, a sexo, a comida, a fiesta y a goces irreprimidos.

El carpe diem horaciano es el pan. Rompo mi hucha a diario. El mañana no existe.

Soy arrogante con los débiles y humilde con el fuerte. Rehuyo su mirada. Y siento miedo al ruido, a la oscuridad, a lo desconocido, a los demás. Huyo buscando el sol. No me gusta el agua. Sí, en cambio, el aseo y los aromas.

Me siento libre. Salto cuando puedo saltar. Corro y vuelo. Duermo a pierna suelta o con un ojo abierto, tomo el sol, aúllo a la luna e incubo huevos. Saboreo mi sangre como un vampiro y me atrae la crudeza desnuda de la carne. El viento golpea mis ventanales y la nieve se agolpa en mi puerta, mientras me enrosco y tapo mi hocico con el rabo.

Gimo, jadeo, grito y susurro. Me lamo las heridas y me asombra caminar erguido. Orino en las farolas. Rasco mi espalda con los árboles y las esquinas.

Soy Jorge, nací varón y soy mujer; también animal.

Mis siete yoes (2)

Mis siete yoes (2)

Soy Jorge y nací varón. Pero también soy mujer. No entro en temas sexuales sino en sentires y entendimiento. Hace años descubrí en mí una parte femenina que manifiesto y fomento, la cultivo sin llegar a conseguir todo lo que deseo. Una intuición nueva me asalta por momentos, las lágrimas y las risas pugnan a ver quienes saltan primero, ya no sé estar sólo.

Voltaire, en un pequeño cuento sobre el "Sueño de Platón", comienza diciendo: "Había soñado que la naturaleza humana era en otro tiempo doble, y que en castigo a sus culpas fue dividida en macho y hembra". Me atrae el ser andrógino, el pensamiento ambiguo, la mezcla, el mestizaje, la diferencia... Quiero ser drag queen.

Abotono a veces mi camisa desde arriba y aprecio las fragancias, el cumplido, un presente. Gozo de rapidez mental y me acuso de actuar dando una y mil vueltas. Soy zalamero, un poco gato, y renuncio a la armadura que me imponen. Soy frágil y delicado, pero a la vez fuerte y resistente, irrompible.

El dolor físico también duele en el espíritu y guardo cola en los andenes esperando al vagón que me mire a la cara o la maleta perdida o el alma de mano. A veces interrogo al espejo o busco belleza en mi interior, donde me responde otro azogue.

La piel suave, que se eriza con un roce, que se turba con tu mirada. En mi maleta cabe de todo y sin colorete no piso el umbral.

Tengo una cara oculta, puede que fases como la luna. Un secreto en su núcleo.

Soy Jorge y nací varón y también soy mujer.

Mis siete yoes (1)

Mis siete yoes (1)

Soy Jorge y nací varón. Me abotono la camisa desde abajo y nunca llevo faldas (aunque podría llevarlas). Me estremezco cuando veo a una bella mujer, en todos los sentidos (lo de bella, no lo de estremecerse), y de los hombres soy amigo nunca rival, generalmente (aunque tengo amigas, buenas, casi más).

Tengo el privilegio de orinar de pie, casi siempre, sin embargo, me siento en la taza, cuando es de fiar, sobre todo en casa, si no tengo excesiva prisa. Tengo pelo en el pecho y afeito mi barba. Tengo también sueños de seductor, aunque la mayoría de las veces desemboque más en un elefante rosa que un príncipe azul.

En mi boda ocupaba el lugar izquierdo e iba de negro. Ella, algo más baja, de blanco y de largo vuelo, del brazo de su padre. Soy padre y mi hijo lleva mi apellido en primer término (convencionalismos pacatos). Podría ser indistinto el orden. Se puede cambiar, pero por defecto antecede el apellido del varón (¿herencia machista?). En América toda, creo, y en algunos otros países, la mujer adopta el apellido de su hombre al casarse. Recupera su nombre de soltera cuando se separa o divorcia.

Admiro la inteligencia sin distinción de ninguna clase y tengo caros modelos entre los que descarto los grandes estrategas, padres de la patria y rastacueros en general*. Me identifico (me gustaría parecerme, quiero decir) a los pensadores y escritores, a los artistas y a los cineastas, a los músicos y a algunos bohemios. También a los suicidas, antes de quitarse la vida, cuando su fin es por amor (o por desamor que, según algunos, es el verdadero amor: quererte sin que me quieras).

Podría tener bigote y dejarme las patillas largas (de hecho, una vez creció mi barba). Podría dejarme el pelo largo y hacerme una cola (alguna vez lo hice). Podría adornar mis dedos con anillos, mis brazos con pulseras, mis orejas con pendientes (llevo un arito en la oreja izquierda).

Podría amar al hombre, pero quiero a la mujer. Soy Jorge y nací varón.

* Tarea para esta tarde: buscar la palabrita "rastacuero" en cualquier diccionario fiable.