Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2006.
Resumen
- 01/07/2006 09:57 - Un día histórico
- 02/07/2006 10:53 - El oficio de Pepa Molina
- 02/07/2006 11:57 - Acordes de flamenco
- 03/07/2006 11:27 - Sara Baras, tan sólo una imagen
- 03/07/2006 12:29 - Programa flamenco
- 04/07/2006 12:19 - Tiempo africano
- 05/07/2006 18:17 - Giselle
- 06/07/2006 09:20 - El Sacromonte palpita en el Zaidín
- 07/07/2006 19:57 - Mi canastilla
- 08/07/2006 12:50 - Bordón de trapo
- 09/07/2006 13:58 - Programa flamenco
- 10/07/2006 11:53 - La sabiduría de Manuel Cuevas
- 10/07/2006 11:53 - Belén Maya se sabe la lección
- 11/07/2006 17:57 - Donde vierte la luna
- 12/07/2006 19:27 - Nueva vanguardia
- 13/07/2006 19:00 - Valderrubio
- 15/07/2006 11:46 - Cristina y Federico: la voz del poeta con ojos de flamenco
- 17/07/2006 13:06 - Programa flamenco
- 17/07/2006 13:16 - La Argentinita en Valderrubio
- 18/07/2006 12:23 - Bahí de la Pera
- 19/07/2006 11:45 - Por los pelos
- 20/07/2006 18:42 - Segundo manifiesto
- 21/07/2006 02:07 - El baile desnudo de Andrés Marín
- 22/07/2006 12:51 - Andrés Peña no se ríe
- 23/07/2006 23:07 - Programa flamenco
- 26/07/2006 11:21 - Parapanda Folk
- 27/07/2006 12:13 - Prueba superada
- 28/07/2006 12:02 - Chano entre los dioses
- 29/07/2006 11:38 - Excelencias de la escuela cordobesa
- 30/07/2006 23:26 - Programa flamenco
- 31/07/2006 18:23 - El pajarillo
Un día histórico

Si les digo que la noche del miércoles actuaron juntos Enrique Morente y Juan Carmona Habichuela, junto a alguno de los Coloraos, no les miento. Simplemente aclararé este dato para que sea totalmente cierto. Kiki Morente, es el hijo de Enrique y hermano de Estrella, con sólo 16 años; Juan Carmona, de 17 años, es el nieto del mítico tocaor granadino del mismo nombre; Raúl “El Mikei” (24 años), el más veterano, es sobrino de Antonio Gómez Colorao; y Benjamín Santiago “El Moreno”, de 21 años, es el hijo de Rafael Habichuela y de Rafaela Gómez emparentada también con los Coloraos. Todos ellos han formado para la ocasión el grupo “Savia Nueva” que, acompañados a la percusión por el experto José Antonio Carmona (también Habichuela), juntaron un poquito de su arte y herencia para hacer las delicias de un puñado de aficionados y visitantes en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte.
Este Centro etnográfico, recientemente denominado Museo por la Junta de Andalucía, es un oasis dentro del oasis de Valparaíso, que todos los años, en esta época, contando con el fresquito de los montes granadinos, programa, entre recitales y proyecciones, algunas de las actividades flamencas más interesantes de la provincia, homenajeando así a los artistas, nóveles o consagrados, que han nacido, se han formado y desarrollan su labor creativa en el Sacromonte.
En este concierto, el tercero de esta III Edición, se reúnen las ramas más tiernas de tres de las familias fundamentales del flamenco granadino. Estos son, como ya hemos apuntado, los Habichuela, los Coloraos y los Morente.
Un poco más tarde de la hora prevista, dio comienzo un espectáculo que hará historia. Todavía titubeantes e inmaduros en su comunión, los jóvenes, con la seguridad de quienes se sienten respaldados por sus raíces y con el camino expedito, brindaron sin excesivo esfuerzo lo mejor que almacenan en su corto bagaje. Juan Carmona, muy profesional y exacto, con mucho el mejor de un grupo algo desorientado, fue el encargado de abrir la velada con una taranta. A continuación, Kiki Morente, un joven afinado, pero con menos capacidad que sus mayores, nos cantó con muy buen gusto unas granaínas y una soleá. La influencia del padre es más que evidente. Para las alegrías, entra el resto del grupo. Raúl, aunque con la voz tomada, es el elemento catalizador. En principio, el más flamenco y acertado. El Moreno, también percusionista, al baile es un ciquitraque de fuerza y compás. La falta de rigidez y escasa elegancia la suple con gracia y poderío.
La segunda parte la protagonizan Juan y Raúl que se arrancan por levante. Seguramente lo mejor de la velada. Continúa con una soleá y unos tangos de Morente a los que se les suma Kiki. Termina la fiesta por bulerías, a las que invitan a cantar con ellos a dos niñas también de las familias aludidas. Las baila el Moreno con su entrega habitual.
Como conclusión, un día para ser recordado, la complicidad de una generación concebida para dar hermosos frutos. Esperemos que la tierra se abone y se riegue como es debido para que la savia crezca con justicia.
* Juan Habichuela Nieto (foto de archivo)
El oficio de Pepa Molina
Hemos tenido ocasión de verla recientemente en este mismo Festival, el día 28, con la compañía Arrieritos, haciendo “13 Rosas” de H. González, y el pasado año, acompañando a Rafael Amargo en su “DQ… pasajero en tránsito”, dejándonos claro su altura y su dominio técnico. Pepa Molina, que sustituye en los Trasnoches a Jara Heredia, mostró su seguridad y buen hacer en el escenario. Sin embargo, la muestra resultó algo escasa. Cinco temas en total uniendo las dos partes.
El espectáculo comenzó una hora después de la cita programada y el descanso también fue más prolongado de lo habitual. Resultado: un concierto largo y con poca chicha. Pepa, es una bailaora de oficio, antigua en su concepto y reflexiva en su ejecución; generosa con sus acompañantes y decidida ante el público. Su baile es creativo dentro de una añeja ortodoxia. El taconeo es la parte de un todo, a veces tan sólo testimonial, apoyando su baile en marcados movimientos y composiciones estudiadas. También se le advierten, por su formación y trayectoria, pinceladas de la danza contemporánea que, lejos de perturbar el baile flamenco, lo enriquecen con nuevas dimensiones.
Su primer pase fueron unos tientos-tangos de esmerada factura que sin embargo, ya fuera por el calor, la tardanza o su vestido gris perla, daban la sensación de pesadez. En la segunda parte, aún con bata de cola, sus alegrías resultaron más frescas y ligeras. Se siente segura con su vestido largo, que lo mueve con gracia y acierto. ¿Alguna influencia de Belén Maya? Y, sin apenas respirar, con el tiempo justo de cambiar su bata por un vestido negro constelado de lunares, acaba su entrega con unas bulerías que, bien mirado, justifican su esfuerzo.
Mención aparte merece el cuadro de atrás. La tocaora Antonia Jiménez es precisa y comedida. Su gran aportación es la de acompañar y dejar hacer. Pocas florituras pero exquisitas en sus momentos. Rafael Jiménez “El Falo” es un corredor de fondo. Su dominio del cante y de la tradición, junto con el conocimiento de su potencial y la dosificación de su voz, hacen de él un artista único, con el carisma indispensable para hablar de él con mayúscula. Como complemento, la voz flamenca y acompasada de “El Picúo”. A las palmas, inmensas, las también bailaoras Ana Romero y Mati Gómez, que se dieron unas pataíllas en las últimas bulerías. El grupo completo, para comenzar cada parte, hicieron tonás y soleá, respectivamente, dejando clara su cátedra y allanando el camino a la propuesta de Molina.
Acordes de flamenco

Ha salido el segundo número de la revista "Acordes de flamenco", una publicación altamente recomendable para los amantes del flamenco, en la cual colaboro. Es de tirada nacional y su primer número (según me comentan) fue muy bien acogido. La revista está enfocada tanto a aficionados como a profesionales. Es fresca, actual y profunda. Su diseño y maqueta, siguiendo la estética del momento, es atractivo y asaz llevadero. La revista posee partituras (menos que la anterior) por si sabes música, completar su redondez. Además, viene acompañado de un deuvedé en el que se enseñan, de manera fácil y práctica, algunos apuntes de guitarra y de baile.
Mis aportaciones son, nada más y nada menos, una intoducción a la revista, una reseña al disco "Bordón de Trapo" de Miguel Ángel Cortés y un amplio reportaje sobre las Rutas del famenco en Granada, intitulado genéricamente como "El Sacromonte granadino". Me acompaña la fotografía precisa de Nono Guirado, compañero inestimable, a quien me llevaría a una isla desierta junto a un libro de cuentos de Joan Perucho o la poesía completa de Cavafis.
Si queréis estar al día en el mundo flamenco, conocer su historia y entrever sus derroteros, no hay publicación especializada que en la actualidad supere a "Acordes de flamenco" (10 euros bien invertidos).
Sara Baras, tan sólo una imagen

Me encuentro en un difícil reto. Me encuentro ante el antagonismo de elogiar una obra grandiosa en su concepto y con genialidades puntuales; y, por otro lado, desmontar toda una trama que se arguye para conseguir el fácil aplauso y la impresión generalizada. Sara Baras, con un amplio elenco de artistas que le acompañan y un aparato técnico desmedido, nos propone el espectáculo “Sabores”, dedicado a “Concha, mi madre”, sin ningún hilo argumental, dejándose llevar por el arte mismo, el baile por el baile. El flamenco no necesita argumentos. En principio, esto está muy bien y los resultados son espectaculares. Pero ése, siento, no es el camino. La entrega es total, absoluta, pero faltan atisbos de verdad. Tratémosle, sin embargo, como un ballet flamenco.
Desde el año 1998, en el que Sara crea su propia compañía y lanza su primera creación “Sueños”, el mundo se ha rendido a sus pies y a sus maneras perfeccionistas. Como una dama del Renacimiento, Sara siente la conjunción de las artes y no sólo baila, sino que crea elegantes coreografías, atrevidos montajes y refinados vestuarios. Tras “Sueños” vino “Juana la Loca” y después “Mariana Pineda” hasta desembocar en estos “Sabores” que son la esencia de Cádiz, su Bahía y sus cañaíllas.
Con un bolero comienza una función que no da tregua al descanso, pues un tema se imbrica con el siguiente, sirviéndole la coda del primero como preámbulo al segundo, creando así un todo continuo. Es la presentación de la compañía, es la demostración de horas de esfuerzo, de brillantez estética, de perfecta sincronía. La música, muy cuidada, respalda la acción, que en la mayoría de los casos se muestra convencional. La interpretación de los cantaores es más rumbera de lo deseado.
En los tangos se muestra Baras como alma mater de todo el conjunto. Su técnica es decisiva. Su fuerza, velocidad y belleza somática arrebatadoras. El carisma de la bailaora gaditana va dando paso a otras creaciones, más o menos identificables, en las que entra el resto de su equipo. Las seguiriyas las retoma Luis Ortega, uno de sus artistas invitados, que las ejecuta con castañuelas. El efecto es el deseado y el entreverado de las orejas apenas perceptible.
El rojo vino hace su entrada en forma de taranto. Cuando el baile es más reposado, cuando el cuerpo marca el compás, Sara se muestra más flamenca y el duende pugna por asomar la nariz. Sin abandonar el escenario, en el tanguillo se hace acompañar por su cuerpo de baile, para dar paso a un excelente José Serrano que interpreta unas alegrías poco convencionales. Es curioso, siendo las cantiñas el sello indiscutible de la tacita de plata, el abandono de su ortodoxia es cuanto menos anecdótico. Serrano, que es partenaire de Sara Baras desde el año 2000, es un buen complemento que se amolda a su estilo y su estética. Hay que destacar el control de un zapateado de vértigo.
La pieza más aplaudida de Sara fue el martinete bailado con pantalón y sajones. El común ya estaba volcado y las lágrimas a flor. Un pañuelo turquesa, sacado de la manga, comulga con el resto de las bailaoras que intentan llegar a la zambra que solapa a una soleá por bulerías que a su vez da paso a una bulería de Baras a Baras. O sea, es un claro homenaje a Concha, el apunte final a una obra tan estremecedora como convencional. La artista refleja en este baile un aire antiguo con buen paladar. Toda la compañía, antes de irse, nos deja el acostumbrado fin de fiestas por bulerías.
Programa flamenco
El mes de julio se vislumbra lleno fuerza. Después de la actuación descafeinada de Sara Baras el sábado, dentro del Festival de Música y danza; del impresionante Marco Flores, en sus Trasnoches; de Los Chichos el domingo en la Zona Norte; y de la película “Los Tarantos” en Plaza Nueva, dentro de las proyecciones del FEX; la programación flamenca es la que sigue:
El martes 4, FEX nos plantea, en el Centro Cívico del Zaidín (21.00), la Zambra Sacromontana de Curro Albayzín; con Sara Heredia, Rafi Heredia y Curro Albayzín cante, Antonio Heredia “Chonico” guitarra, Raimundo Heredia, Angustias Ruiz “La Mona”, Alba Heredia, Isa Vega y Loles del Cerro baile, Manuel “el Bandurria” bandurria. (Una gran propuesta gratuita, con aforo limitado.)
Ese mismo día, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00), tenemos el baile de Chúa Alba, con Ana Barba al cante, Andrés Vogel y Rubén Silva a la guitarra, y a la percusión: Rafa Lozano.
El jueves 6, veremos también en Plaza Nueva (FEX), el documental “Morente sueña la Alhambra” de mi amigo José Sánchez-Montes.
El mismo jueves, tenemos en la Peña La Platería (22:30), la guitarra arrogante de Luis de Córdova y su cuadro flamenco.El viernes 7 en la Peña La Platería (Trasnoches Festival, 24:00), el baile fenomenalm de Patricia Guerrero (16 años bien aprovechados).
El sábado 8, (22,30), lo mejor del festival en su oferta flamenca: Belén Maya, en el Isabel la Católica. y su continuación en Cueva La Fragua (Trasnoches Festival, 24:00), con el cantaor del sevillano Manuel Cuevas.
La semana próxima más.
Tiempo africano

Platón dijo que el hombre que lee es incompleto si no escribe. Siempre he creido exagerada esta sentencia, pero fue decisiva en su momento (junto con Kahlil Gibran) para que yo me animara a trascribir mis pensamientos. Remedando a este joven filósofo, podría decirse, que el viajero sin memoria es algo estéril. Ryszard Kapuscinski es un periodista polaco, viajero inpenitente, y escritor visionario. Recientemente (2003) galardonado con el premio Príncipe de Asturias en Comunicación y Humanidades, este autor, nacido en realidad en Bielorrusia (como mi amigo Andrei Smirnov), me puso en la pista del concepto de tiempo africano.
Él contaba en su obra "Ébano", sobre el futuro en África, que estando en Etiopía, creo (cuento de memoria), subió a un autobús para otro lugar. Pasó en su asiento trasero dos días, me parece recordar, viendo a familias enteras subiendo y bajando, comiendo y haciendo tertulias. Al acercarse al conductor, francamente amoscado, para preguntarle cuándo narices partía aquel vehículo, sin inmutarse, éste respondió que cuando estuviera lleno.
Yo tengo otra anécdota de tiempo africano. Estába con mis hermanos y mi padre en la casa de Blanca Li y su compañero Etienne en Marrakech, tomándonos un té con hierbabuena en el patio, esperando a un comerciante de alfombras que había prometido traernos a casa la que habíamos comprado esa mañana. "Después de comer" dijo el viejo vendedor. De vez en cuando mirábamos el relor y las bromas sobre el timo al incauto turista iban creciendo a medida que pasaban las horas. Poco después de las siete de la tarde, con una calma asombrosa, apareció el moro con la alfombra a cuestas y la depositó a nuestra puerta con el orgullo de quien ha cumplido una noble misión. Analizamos a posteriori el episodio y concluimos en que no hubo error alguno. Nuestro personaje no faltó a su palabra. "Después de comer" son las cuatro o las cinco de la tarde, pero también pueden ser las siete, las ocho o las nueve.
Mi mujer, aún sin conocer a Kapuscinski, es practicante de este concepto relativo de los minutos y de las horas. Para mí es un problema, para ella sólo son maneras, una filosofía que trasciende más alla de las convenciones relojeras. Yo soy lo contrario, soy aberrantemente puntual, tópicamente británico, prefiero esperar a que me esperen, soy un adelantado (como el personaje de Les Luthiers, que descubrió América un año antes que Cristobal Colón). Lo malo es que, cuando estamos juntos, se impone su parsimonia y siempre llegamos a los postres, después de haber discutido y con mi estómago tocado drásticamente.
De cualquier forma, llegaré a pensar como Carlos Fuentes cuando decía de su mujer Silvia: "La quiero porque yo soy el hombre más puntual de la tierra y ella, puntualmente, siempre llega tarde". Si no, tiempo al tiempo (aunque sea africano).
Giselle

Por error en el periódico, llegaron a mi poder un par de entradas para el Ballet Clásico Arte 369 que, bajo la dirección de María Giménez, se representó el pasado jueves (29 de junio) en los jardines del Generalife. Pensando que tenía algún tinte flamenco, me las guardé sin más. El miércoles llamé a la redacción para confirmar mi asistencia y con extrañeza me dijeron que muy bien, si quería asistir que lo disfrutara, pero que no tenía nada que opinar de una materia que no es la mía, ni domino (ni me interesa, pensaba yo). Pedí devolver las entradas por si alguien las reclamaba. Que no, respondieron, que no se va a hacer crítica, que me las quede y no moleste.
Así, que encajamos al niño con los abuelos y mi dueña y yo fuimos a pasar un buen rato al fresquito de la Alhambra. El Generalife es una maravilla (perdón por el epíteto). No había estado en este espacio escénico después de su reforma y sí que ha mejorado varios enteros. Ya no es un escenario al aire libre que se aprovecha para bailar, ya es un teatro bajo las estrellas que funciona en el verano.
Al día siguiente y al otro, todo fueron elogios en los periódicos. Menos mal que no hice algo de crítica, pensaba, porque voy a contrariar a todos. El ballet era muy profesional, de una belleza y maestría impresionantes (en dos palabras) y la música esplendida, sólo que enlatada (creo que una orquesta en directo es lo menos que se le podría pedir a un festival de esta categoría). Pero ya está. Giselle es un pastel; tiene un argumento tan peregrino como los malos cuentos de hadas, angustiosos y trasnochados. La puesta en escena era simplista, pueril y estancada en el más casposo adocenamiento que puede haber. El vestuario y el decorado era como de baile de disfraces de fin de curso.
Sin embargo, el baile individual y coral era impresionante. Cuánta sensibilidad, qué sincronía, qué flexibilidad, que movimientos tan etéreos, (a veces parecían los bailarines literalmente volar)... Qué buen contenido en tan pobre continente. Qué belleza de almas condenadas a la mediocridad velada de ese purgatorio.
Cada vez el flamenco me llena más.
El Sacromonte palpita en el Zaidín
Si atendemos al flamenco, uno de los espectáculos más interesantes, no sólo del FEX sino de todo el Festival de Música y Danza de Granada y sus actividades paralelas, ha sido sin duda esta “Zambra Sacromontana de Curro Albayzín”. Interesante y enriquecedor por su autenticidad, por su sabor, por su valor testimonial… La zambra, el flamenco en general, se debería estudiar en las escuelas. Es parte de nuestra vida, de nuestra identidad, de nuestra cultura. Lo que vimos la noche del martes en el Zaidín es un trocito de esencia arrancado a la historia, acertadamente traído por el FEX para que pudiéramos apreciarlo unos pocos de afortunados, poco más de doscientas personas que conseguimos la entrada, gratuita hasta completar aforo, en la puerta del teatro. Las puertas se cerraron con los elegidos dentro y otras cien personas con las ganas en el exterior protestaban sin mucha convicción, clamando que les dejaran pasar, aunque sea de pie, aunque fuera sentados en los escalones. Se preguntaban, nos preguntamos, y cuando acabó la función mucho más, por qué no se repite esta actuación varios días como otras ofertas del Festivalextensión, por qué no se programa en un escenario de más capacidad, por qué no da el salto al Festival oficial en vez del flamenqueo descafeinado que hemos visto hasta el momento. Debemos vindicar nuestras raíces, debemos buscar la esencia, debemos exigir que nos ofrezcan verdad. Y la Zambra Sacromontana es una gran verdad. A mí me consta, a todos nos consta.
Curro Albayzín, como demiurgo, como padre espiritual de la tradición sacromontana, arranca a un puñado de artistas de las cuevas de Valparaíso y los pone a hacer lo que siempre han hecho. No hay trampa ni cartón. En la medida de lo posible, así se nos dijo, se iban a rescatar los bailes y cantes autóctonos de los gitanos en Granada desde hace un par de siglos. El único elemento perturbador era el sonido que encima era defectuoso. Micrófonos fallaban o se acoplaban, unos músicos sonaban más que otros… Sin megafonía, aunque tuviéramos que haber aguzado el oído, el resultado habría brillado aún más.
En la zambra se representan los bailes y cantes típicos que los gitanos granadinos efectúan tradicionalmente en el rito de la boda. Por lo tanto, es un concierto festero y alegre, en el que no paramos de reír hasta que Angustias Ruiz “La Mona” bailó por soleá y se nos saltaron las lágrimas. De esta forma, por orden, pudimos contemplar la alboreá; los tangos de la flor o de falseta; la cachucha o el perdón de la novia, interpretados por Loles del cerro, una gitana de 80 años cargada de gracia y maestría; la presentación de los novios, tangos bailados por Raimundo Heredia y Angustias; el fandango del albayzín, verdadero estandarte del cante granadino; el petaco, en peligro de extinción, bailado magistralmente por Curro, a falta de mujer mayor que lo hiciera; la soleá de Arcas, antes aludida, emotiva y sabrosa; los tangos del cerro; una muestra por seguiriyas y alegrías presentadas por tres generaciones, el abuelo Raimundo, la madre Rafaela y la nieta Alba que, con sólo once años, rompe moldes bailando las cantiñas; y, para terminar, la mosca, un baile tan picante y atrevido como simpático y garboso. Como fin de fiestas, un poquito por tangos, como debe acabar y empezar la noche flamenca en Granada.
El público, cómplice de los artistas, jaleaba con ellos, hacía compás y aplaudía hasta deshacerse tras cada una de las doce propuestas que, sin embargo, parecieron pocas.
Mi canastilla

Una pregunta frecuente cuando yo era niño (hace ya...) era la de "qué vas a ser de mayor". Se daba por sentado que uno llegaría a ser lo que se propusiera. Mi imaginación volaba desde el astronaúta ingrávido hasta el artista de cine, desde el bohemio más radical al viajero solitario, desde un cazador en Alaska hasta un conductor de camiones gigantes. A medida que el niño fue creciendo la pregunta cambió ligeramente por esta otra: "qué te gustaría ser de mayor". Los gustos, aunque seguían muy parecidos, ese gustaría condicional, limitaba un poco las cosas. Ya adolescente, enfrentado a la realidad, la pregunta venía a decir: "qué estás estudiando". Que era como la advertencia de "si eres aplicado podrás aspirar a...". Hoy día, en el mejor de los casos nos preguntamos: "a qué te dedicas" o "qué haces ahora" o, en traducción simultánea, "cuánto ganas", "cuánto tienes". Hemos pasado irremediablemente en unos años de la importancia del ser al único valor de tener.
Yo sigo soñando (así me va). De niño fui construyendo mi canastilla para alzarme en vuelo. Nunca he pretendido que este vuelo fuera alto o espectacular. Sólo he querido alzar los pies y, puede que rasante, planearpara ver el suelo desde lo alto. Decido elevarme del piso inflando pequeños globos, cientos de globos y no uno solo. Un gran globo aerostático da seguridad y competencia, pero miriadas de pequeños espacios de aire caliente da diversidad y riqueza.
No es mi intención concretar. Así que, a vuelapluma sigo con la metáfora. Pero qué difícil es levantarse incluso un palmo cuando hay vientos contrarios. Qué difícil es remontarse cuando hay mas lastre de la cuenta. Qué difícil resulta volar si alguien se dedica a pinchar esos globos, si alguien amarra la canastilla a una estaca clavada en el piso, si alguien te pone la zancadilla, si alguien te corta la cabeza.
Ahora, descabezado, sigo deseando con volar, sigo tiritando en los sueños de Ícaro.
Bordón de trapo

Granada fue la cuna, la que descifró todos los secretos, la que enseñó con grandeza y respeto los entresijos de la guitarra. Granada es la tierra. Sevilla le mostró el ritmo, otro aire, otro sentir. Sevilla es el universo.
Miguel Ángel Cortés, nacido en la ciudad de la Alhambra en 1972 y afincado en la capital hispalense desde hace siete años, eligió su cuna para presentar en el mes de abril, acompañado de amigos y colaboradores, “Bordón de trapo”, su segundo disco de guitarra flamenca. (Su primer trabajo en solitario “Patriarca” vería la luz en 1998.)
“Bordón de trapo” consolida a Miguel Ángel como un gran tocaor solista, ya que como acompañante, para el cante o para el baile, ha demostrado con creces su altura. Tocaor habitual de Esperanza Fernández y Arcángel, también ha acompañado a Enrique Morente, Carmen Linares o José Mercé.
Comienza el disco con unos tangos sacromontanos llamados “Abadía”, donde el oficio y el pellizco se hacen notar. Continua con “Aljibe de madera”, bulerías que siguen el rastro del maestro de Algeciras, y con una soleá, “Mi llanto”, llena de sentimiento y jondura. “Viento del sur” es el tema cantado por Arcángel. Son unas originales alegrías, en las que toma al cantaor –como ocurrirá en el resto del trabajo- como un instrumento más. Sin salir de Cádiz, Miguel Ángel nos propone “Salaílla”, donde viste de luces unos tanguillos.
Esperanza Fernández, una de los ecos más flamencas del panorama actual, aporta unas bulerías con todo el arte que tiene Triana, donde se regodea con la famosa letrilla de “A tu vera”. “De Graná pa Sevilla”, el séptimo tema, es una creación flamenca con aires festeros y sabor a guajira, donde encontramos al mejor Cortés que derrocha técnica y sabiduría. “Media vida” son las seguiriyas, encaje de bolillos, que interpreta Carmen Linares.
El disco termina con la granaína que le da nombre. “Bordón de trapo” es un homenaje a la tierra del tocaor. Es de una sensibilidad extrema, donde no hay trampa ni cartón, solo el artista con la sonanta. Es la gloria con seis cuerdas.
La alternancia rítmica y el dinamismo de cada uno de los cortes son dignos de encomio. El poder de evocación, el riesgo y el pellizco continuo, los largos arzapúas y los continuos “picaos”, elevan a Miguel Ángel Cortes al cenit de la creación en cuanto a guitarra flamenca se refiere. Un gran disco para enriquecer la discoteca de cualquier aficionado que busque la verdad del flamenco de hoy en día.
* Reseña aparecida en el nº2 de "Acordes de flamenco"
Programa flamenco
La primera entrega la tenemos el martes, 11 de julio, con el baile de Manuela Heredia la Faraona, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00). Cante: Antonio el Manzana, guitarra: Agustín Carbonell y percusión: El Moreno (10 euros).
El jueves 13 (hasta el 27 de agosto) da comienzo la oferta municipal de flamenco veraniego en el Generalife. El pasado año fue "Diálogo del Amargo", dirigido por Mario Maya, en el Palacio de Carlos V. Este año tenemos al Ballet Flamenco de Andalucía versioneando "El romancero gitano" de García Lorca dirigido por Cristina Hoyos. Será a las 22,00 horas y cuesta 18 euros.El mismo jueves en la Peña La Platería (22:30), gratuitamente, el baile joven de Estela Rubio y su grupo
Y el sábado 15, nos encontramos una delicia en la cuna de nuestro poeta. Es el Festival Flamenco Joven de Valderrubio, en el que se promete un delicioso paralelismo del baile antiguo y su misma interpretación por una bailaora del momento. No tengo todos los datos, así que más adelante especificaré algo de este acto imperdible (o sea, que no podemos perdérnoslo).
La sabiduría de Manuel Cuevas
Los Trasnoches flamencos del Festival de Música y Danza se han convertido en un escaparate para visitantes noctámbulos de la ciudad, nada más lejos sin embargo que un espectáculo para guiris. Manuel Cuevas supo eso nada más llegar a la cueva La Fragua en el Sacromonte y remodeló su programa hacia cantes más ligeros y bondadosos, sin olvidar ni por un momento su buen hacer y la ortodoxia de sus propuestas. Con todo y con eso, en cada parte, pudimos escuchar la jondura de formas tan flamencas como los cantes de Málaga o las tarantas. Manuel se templó por malagueñas en las que puso de manifiesto sus cualidades y su potencial de gran cantaor lleno de frescura y sabiduría, desbordado de pasión y fuerza. Sus referencias a los antiguos eran continuas. De los Pavón pasaría al Niño Gloria y se regodearía en aires maireneros. Las peteneras recordaron a Menese y la dulzura de sus bamberas a Pastora. El control es suyo y el público está volcado con su agudeza de timbre y sus remates llenos de melismas, cuando remata con unas cantiñas su primer bloque de cantes. José Luis Postigo, a la guitarra, da el contrapunto preciso a un cante sin fisuras. Deja hacer y modera sus falsetas al encaje del silencio.Después del descanso, cuando los duendes de la primera toma de contacto se han aplacado, Manuel se muestra más seguro. Unos tangos que encierran guajiras y garrotín, es su propuesta definitiva. Los asistentes malamente palmean con el cantaor de Osuna hasta hacerse un poco insoportable en las bulerías, donde el sevillano se mostró largo y generoso, abarcando desde Cádiz y los Puertos, desde Jerez a Utrera y Triana. Entre medias de esta fiesta, Cuevas expondrá sus tarantas primitivas, rescate personal del olvido para su antología del cante minero, justificando su dominio del levante y los cinco premios recibidos en La Unión. Remata la noche con un ramillete de fandangos naturales que culmina sin micrófono, envolviendo la cueva con su voz como si lo tuviera. Como regalo, ante la insistencia de los asistentes, también sin amplificar, aportó otro fandanguito valiente.
Un recordatorio para finalizar. El sonido de los Trasnoches y del FEX, cuando sonorizaba Benson, ha sido exacto y muy profesional. Un abismo en cuanto ellos faltaban. En cada espectáculo buscaba con la mirada a Juan Benavides detrás de la mesa para tomar mis notas con la tranquilidad de que el equipo técnico funcionaría como un reloj.
Belén Maya se sabe la lección
La parquedad de un pizarrón como único elemento decorativo en un escenario desnudo, preside el baile sin ambages de Belén Maya. En el encerado, el listado de temas a bailar y un esquema de figuras geométricas, marcados con tiza, que pueden sugerir desde los incipientes trazos de un niño hasta la geografía del cante. Sobre la pizarra, una bombilla pelada. Después, el silencio… Silencio roto por la bailaora de riguroso negro, tan sólo enturbiado por un pañuelo azul que dará color a un baile tan austero y delicado como la escena. Un magistral violín, como único instrumento, va marcando la chacona, que Belén aborda acercándose a la danza contemporánea y haciendo guiños a los planteamientos orientales que siempre la han acompañado. El foulard pasa a ser abanico que se abre y se cierra en pos de la danza, dejando una estela de índigo vuelo o regalándonos en la espalda de la bailaora un pavo real de cien ojos que miran al futuro. Maya finaliza la pieza, saliendo de su bata de cola que, como una crisálida, abandona su envoltura de formas cuadriculadas.La obra entera es un ir y venir del flamenco, es una lección que se aprende y se aprehende para, con todo ese saber, volar hacia algo nuevo. Unos acordes de Ramón Montoya, introducen la guitarra de José Luis Rodríguez, que es la piedra angular y el punto de apoyo necesario para mover el mundo. Un mundo que tiembla cuando expone sus fandangos de excepción. La voz de El Picúo es la tierra y las raíces que en ella se asientan. Los dos músicos hacen una montañesa y acto seguido una rondeña. El baile sabe a hoguera y a pastizal. Todo el cuerpo es tensión y equilibrio al servicio de los deseos de la bailaora. El zapateo es algo más, es un apoyo preciso.
Una de las entregas más flamencas de Belén Maya la encontramos en una tácita segunda parte, cuando aparece con vestido pistacho de volantes y refajo granate, interpretando una bulería a tres con acompañamiento de sólo compás, rematado por el calor de un rasgueo de guitarra. Los tangos están llenos de detalles. Nos faltan ojos para apreciar tanta sensibilidad en tan pequeño recipiente.
Ana Cali y Vanesa Coloma son dos palmeras exactas, flamencas de oficio, que elevan el compás a otro panteón divino. En solitario con sus palmas, con sus jaleos y su tacón entreverado, harán la bulería que venían apuntando desde lejos. El público, volcado, reconocido, con la risa floja, aplaude con sinceridad a esta muestra de virtuosismo sin igual. Para terminar, la artista vuelve al origen, el triángulo se cierra, abraza unas alegrías con roja bata de cola, demostrando una vez más que nadie en la actualidad mueve este vestido como la hija de Mario Maya.
La lección ya está sabida. Los cantes propuestos se han llevado a cabo con satisfacción. Así que Belén borra con descuido el pizarrón y la luz se apaga. Aunque vuelve con un Revés del tiempo para bailarnos la bulería que hizo para la película Flamenco, de Carlos Saura.
El buen sabor de boca que deja siempre Belén Maya es algo insuperable. Es una bailaora que tiene mucho que decir y sabe cómo decirlo. Por suerte, tiene muchos seguidores que, como ella, creen en unas formas reposadas, en un baile más racional.
Donde vierte la luna

Hoy, bien mirado, hace un día más benigno que ayer. El lunes, salías a la calle con el cigarro en la boca y se encendía solo. No es que no haga calor (nos vamos a morir hasta en la sombra), sino que yo no he visto lagartijas con cantimplora. Sin embargo, tenemos suerte aquí en Granada, por la Sierra, por la oscilación térmica, por esos extremos que nos hacen pasar del verano al invierno sin entretiempos que perturben este radical. Por la noche y de madrugada hace fresco o al menos una temperatura agradable. De manera que buscamos la noche como las brujas, nos identificamos con la luna y con las estrellas, más como terapia que por convicción romántica.
Lástima que los nublos de hoy nos impidan ver la hermosa luna llena de julio. Cuando hay luna llena, decía alguien, me convierto en el hombre bobo. No sé si nos afecta la luna, pienso que sí. Y no solamente en las mareas, en las cosechas o en los periodos hormonales. También en el estado de ánimo. Una noche sin luna o con la señora de la noche escondida es más triste que cuando tenemos un diáfano plenilunio. Hay quien se considera noctámbulo y hay quien trabaja de noche. Yo prefiero el día, el sol y una cervecita fresquita.
En árabe la luna se llama 'kamar'. Me lo dijo Kamar, una amiga musulmana que, por lógica aplastante, se llama Luna. ¡Qué nombre más bonito y no el de Jennifer! En griego la luna es Selene. Y el sol Elios. ¡Qué lejos de nuestro Lorenzo y Catalina! Sol y Luna eran los señores del universo, dadores de vida y regidores de todo fenómeno, desde el nacimiento (Elios) hasta el ciclo de las cosechas (Selene). Por eso, los hijos de Cleopatra Séptima (así, con letras) y de Marco Antonio, destinados a gobernar el mundo y a todo cuanto hay en él, fueron llamados Alejandro Elios y Cleopatra Selene.
Los habitantes de la luna, si los hubiera, se llamarían 'selenitas', que, en realidad, son las piedras lunares (no confundir con los lunares de las piedras). Hace poco leí que la tierra (¿?) en la luna huele a pólvora quemada. Cuando vayamos a la luna, por si acaso, no encendamos un cigarrillo, por si acaso.
Algunas civilizaciones orientales y africanas conceden el sexo másculino al astro nocturno y al sol (nuestro poco agraciado "Lorenzo", como digo), más bondadoso, sin ambages, es femenino. El jefe de la tribu de los Dan (leí hace tiempo en Cunqueiro, que a la vez leyó de algún otro), que es una tribu de negros sudaneses, creo, fabricó un escudo nuevo de árbol jóven. A fin de que se ablandase la madera para herrarlo con más facilidad, llenó de agua su concavidad y lo dejó a la intemperie. Una noche la verticalidad de la luna llena se reflejó íntegra en el brocal del escudo. Sus esposas, que por allí andaban, entusiasmadas por el prodigio, llevaron la buena nueva a su señor, quien, con suma habilidad, cubrió el cuenco con una piel de leopardo bien curtida para atrapar aquel disco de luz, dejándolo al cuidado de las mujeres. La más joven y atrevida, corría de hito en hito para destapar y tapar de contínuo esta maravilla de luz atrapada. Así explica esta tribu las fases lunares. Y, cuando la negrita oía el entrechocar de los aros metálicos en los tobillos de su amo que se acercaba, soltaba de golpe la piel de felino, explicando así el fenómeno del eclipse.
La luna tiene embrujo. La luna ha inspirado muchas leyendas, muchos cuentos y poemas... que no necesitan más explicación. Aunque sí quiero dejar constancia de un haiku que publiqué hace un par de años en "Manos de seda" un cuaderno de poesía, dentro de la colección "Vitolas del Anaïs":
Mengua la luna
hay tantas cosas, sabes,
que me entristecen.
Nueva vanguardia
Hace poco, mi primo Enrique Ortiz publicó en su inestimable blog (http://elblogdeenriqueortiz.blogspot.com) un manifiesto sin desperdicio de la Compañía Poética Momentánea, organización poética que funcionó en Madrid a finales de los ochenta y principios de los noventa, que proponía, entre otras actividades, la de hacer recitales de poesía por teléfono mediante llamadas anónimas al azar o el diseño de chanclas con frases o versos en las suelas.
Esto, me recordó a mis años de instituto que, con mi amigo Guillermo, formamos un grupo de tendencia dadaísta al que nunca llegamos a ponerle nombre. Pero sí lanzamos varios sentidos manifiestos.
Rescato uno de ellos y lo reproduzco como esparcimiento y regodeo, pensando en el Jorge adolescente (más adelante posiblemente colgaré otro algo más reciente):
Nueva Vanguardia - MANIFIESTO -A LA MINORÍA, SIEMPRE (J.R.J.)
PROPONEMOS a los Novísimos como catecismo (sin olvidar a la mujer de Juan Ramón Jiménez). PROPONEMOS a Henry Miller como la biblia. PROPONEMOS a nosotros mismos como la hostia en verso.
TeNdReMoS SiEmPrE PrEsEnTe a todos los movimientos de vanguardia que han existido, existen y existirán (especialmente los que aparezcan en verano). TeNdReMoS SiEmPrE PrEsEnTe a Poeta en Nueva York de F.G. Lorca. TeNdReMoS SiEmPrE PrEsEnTe a Caperucita Roja y a Marilyn Monrroe. TeNdReMoS SiEmPrE PrEsEnTe a Golpes Bajos y a Peor Imposible.
ANTONIO MACHADO HA MUERTO Y GÓNGORA NO DIGAMOS. El arte no está deshumanizado. El humano es antiarte. Por eso no seremos humanos. El poeta no cree ni descubre. El poeta pare.
RECHAZAMOS Toda mujer con medias de colores. RECHAZAMOS Toda literatura desinfectada o escrita con vaselina. RECHAZAMOS La cama unitaria.
Verificamos que la gente compra libros por metros para espolvorearlos sobre grandes anaqueles. Aceptamos a la nínfula como ideal de belleza y la rechazamos por su madre.
REPETIMOS: la rechazamos por su madre.
DENUNCIAMOS la pintura realista. DENUNCIAMOS la literatura anticuada. DENUNCIAMOS la masa de gentes pasando... DENUNCIAMOS la masa de gentes pensando... DENUNCIAMOS la masa encefálica.
NOS INCLINAMOS por la cerveza bien fría. NOS INCLINAMOS por vivir el momento. NOS INCLINAMOS por una poesía comprometida. NOS INCLINAMOS por la leche a granel.
Año 85
Valderrubio

Valderrubio vindica con toda legitimidad la figura de García Lorca. No en vano, allí nació el poeta y pasaba temporadas vacacionales en un pequeño cortijo familiar. En el gran patio de esa casita de campo, que está en medio del pueblo, se organizan actividades municipales con un gran sabor costumbrista.
Esta mañana asistí a una rueda de prensa en la que el ayuntamiento de esta localidad presentaba su programación de julio (la undécima edición y la segunda, que yo sepa, dedicada a Federico). El programa cuenta desde una muestra de copla española (un tácito homenje al adiós de la chipionera, dejó leer entrelíneas la alcaldesa de Valderrubio) hasta el teatro aficionado, pasando, y esto es lo que me interesa, por un poquito de flamenco este sábado mitad de mes.
En la programación de flamenco que lancé a principios de semana hice mención de esta actividad. Una noche que merece ser presenciada y recordada. Os cuento:
La velada gira en torno a la figura de La Argentinita, de la cual se proyectará un video documental de su baile, característico de toda una época. Paralelamente, dos bailaoras del momento Marría Jesús Ocaña "Marichú" e Inmaculada León (de 16 años), remedarán esos mismos bailes y darán una pincelada de la danza actual. Al cante, el gusto gitano, el pellizco de arrebato, de José Fernández. A la guitarra, el tocaor del momento, Carlos Zárate, y el academicista Rafael Hoces, de origen cordobés.
La segunda parte estará protagonizado por el cante de raíz de Verónica "La Indú", de Montrefrío (pueblo de larga tradición flamenca) y el torrente de voz de Aroa Palomo. Con las mismas guitarras y el baile de la maestra Marichú.
Casi nada. Si queréis, allí os espero a partir de las diez de la noche. (Es posible que también conozcáis un pavo que alza su voz al soniquete del flamenco. Lo malo es que no lo hace a compás y desconcentra a los músicos.)
Cristina y Federico: la voz del poeta con ojos de flamenco

Cristina Hoyos y José Carlos Plaza, conscientes del sentimiento trágico del pueblo gitano, miran a los ojos del poeta en su 'Romancero gitano'
García Lorca ha sido, es y será, mil veces interpretado, cantado y bailado. García Lorca es un poeta infinito con versos eternos. Por eso, Federico no tiene edad, nunca caduca, no muere, sino que renace como la primavera cuando se lee con ojos nuevos. Federico aparece y reaparece siempre con otra frescura, con otra fuerza, con otro matiz. Quien se sumerge en su obra, en su espíritu y en su ser, sabe estas cosas y abre sus libros como si estuvieran recién editados.
El primer flamenco, el primer gitano, era Federico. Sus letras huelen a luna y a fragua. Sus poemas se han escrito para ser cantados, con la alegría o con el grito desesperado del flamenco; se han escrito para ser bailados, con la fuerza y el embrujo de una bailaora. Cristina Hoyos es un alma sensible que queda impresionada por el poeta de Fuentevaqueros. Al igual que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, Cristina vuelve a Granada que, lejos de ser una metáfora, es el lugar donde nació el eterno soñador, pero también donde encontró su muerte, donde fue asesinado. Cristina Hoyos dijo que "el espíritu de Lorca, que es muy nuestro en el sentido de que le gustaba mucho el flamenco y la música... es muy musical toda su obra y se presta a poder desarrollarla con la danza. Por lo tanto, intentamos entrar en el espíritu de Lorca y transmitirlo lo mejor posible". En 2003, la bailaora sevillana, vino con Yerma, el conflicto de una mujer casada que busca sin éxito la maternidad. Ahora, tres años después, tras Los caminos de Lorca, de Pepa Gamboa en 2004 y Diálogo del Amargo, de Mario Maya el año pasado, vuelve para entregarnos el Romancero gitano en forma de diez momentos, basados en diez de los poemas de este mismo título, que van desde la muerte a la sensualidad, a la infidelidad, al dolor… Cristina Hoyos y José Carlos Plaza, conscientes de este sentimiento trágico del pueblo gitano, miran a los ojos del poeta y vislumbran una esperanza, descubren el grito verde que recorre toda la obra, el canto eterno de "verde que te quiero verde". Y aquí comienzan los paralelismos. Las dos obras se representan en los Jardines del Generalife. José Carlos Plaza, el director escénico de ambas obras, comenta: "Federico García Lorca nos provoca sensaciones maravillosas. Fue un poeta del pueblo y decía cosas cercanas a nosotros. No hay nada mejor que poner en movimiento todo lo que él escribió". El Ballet Flamenco andaluz cuenta en las dos ocasiones, como primeros bailaores, con Juan José Jaén El Junco, con Susana Casas, con José Luis Vidal o con Cristina Gallego y, cómo no, con la creación y entrega de Cristina Hoyos. Como compositor musical, para Yerma contó con el guitarrista José Luis Rodríguez y para su último espectáculo con Pedro Sierra. De cualquier manera, no son las primeras veces que Cristina se acerca a García Lorca. El vate granadino ha marcado los pasos de baile, el taconeo endógeno, de esta maestra de la danza. Ya en 1981, con la compañía Ballet Antonio Gades, ruedan, a las órdenes de Carlos Saura, el drama lorquiano Bodas de Sangre, en la que también colaboraba El Güito. Y aún no es tiempo de abandonarlo. Al Romancero gitano le queda mucho camino por recorrer, a Cristina le queda mucho por bailar y a Federico le queda mucho por escribir.
Programa flamenco
"No se me amontonen", decía Mario Moreno Cantinflas en sus películas, y eso mismo os digo yo a todos los receptores de este blog. Llevo casi un mes colgando la programación de flamenco en nuestra ciudad para ver si alguien se anima. Ante mi escaso poder de convocatoria decido hacer caso omiso, no darle la mayor importancia, y tiendo a pensar que las alternativas a las fechas propuestas son más atractivas. También puede ser la corta vista de un miope progresivo lo que hace que no os vea en ninguno de estos recitales. Pero, con la esperanza de quien clama en el desierto, yo seguiré alimentando este blog, yseguiré poniendo, como me propuse, la programación flamenca semanal en Granada y provincia, al menos, como manifiesto marginal del latido constante de este arte.Así, el martes 18, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte, a las 22,00 horas, como siempre, tendremos a la familia Colorao en pleno. Al cante Antonio el Colorao y su hijo Sergio Coloraíto y a la guitarra Rubén Campos. Como bailaora, que se prodiga poco -yo aún no la he viso-, otra hija de Atonio: Ana Gómez. (10 euros). Tiene que estar bien.
El miércoles 19, comienza la VIII Muestra Andaluza de Baile Flamenco (Los veranos del Corral), el mejor baile flamenco en la actualidad. Este día tendremos a Andrés Marín y al día siguiente, jueves 20 , a Andrés Peña.
El mismo jueves 20, en la Peña La Platería (22:30) podremos ver el Cuadro flamenco de Kiko Carmona.
Y, si nos encontramos en la costa y queremos ver una gran alternativa, en el Parque El Majuelo de Almuñécar (22:30), también este jueves, a Chano Domínguez y su espectáculo "New Flamenco Sound" en el festival Jazz en la Costa.
La Argentinita en Valderrubio

Otra vez García Lorca. Otra pincelada sobre la vida del poeta que, lejos de convertirse en un tópico, es nuestra referencia e identidad. Es la deuda razonable hacia el granadino más universal silenciado durante tanto tiempo. Esta vez, en su casa de Valderrubio, se recordó a una de las amigas del poeta: la musa y colaboradora Encarnación López, más conocida como La Argentinita. Bajo una idea de la Delegación de Cultura de la Diputación de Granada, que pretende acercar cada año a esta localidad la figura de Federico y “evocar sus inquietudes artísticas a través de su obra”, se estableció un paralelismo entre la figura de La Argentinita, proyectada en un cortometraje de los años 20, y una artista del momento que, en el escenario remeda a la artista argentina. Así, María Jesús Ocaña “Marichú”, en una encomiable labor de aprendizaje, convertida en un clon de la figura de celuloide, adopta el gusto y la gracia del baile de la época y, no quedando satisfecha, mimetiza el peinado, el vestido, los complementos y, sin ser cantaora, hasta las canciones que hacía mientras bailaba, con el riesgo de parecer algunas veces artificiosa.
El vídeo, sin sonido, se proyecta sin fin en el fondo del escenario, mientras Marichú muestra el mismo baile en vivo sobre las tablas. Los Tangos del Escribano son su primera propuesta. Es un baile seductor, que ensalza la figura femenina por encima de todo. Mucho movimiento de caderas y de piernas, sin necesidad de llegar al zapateado. Giros de cintura y de cabeza, sonrisas y guiños llenos de sensualidad. Le siguen tanguillos y alegrías que María Jesús calca del alter ego en blanco y negro que sonríe a sus espaldas. El rigor viene también unido a la guitarra de Rafael Hoces que, nota a nota, rasgueo a rasgueo, reproduce con toda exactitud el toque sincero y parco de Manolo de Hueva, quien acompaña a la artista en el documental. Un toque primitivo, lleno de compás y sabiduría que contribuyó a establecer los cimientos de lo que hoy en día es el mundo de la guitarra. Marichú-Argentinita continua con unas bulerías muy marcadas y, para terminar esta primera parte, con su alumna aventajada Inmaculada León, en el papel de Pilar López, hermana del ídolo argentino, que también aparece en el documental, se entrecruzan por sevillanas acompañadas por unos palillos que suenan a albores de siglo XX.
La segunda parte, estará enfocada al flamenco joven actual. Verónica La Indú, con su torrente de voz telúrico y de sublime limpieza, irrumpe con unas granadinas donde homenajea a García Lorca. Oyendo a esta joven cantaora de Montefrío, cabe preguntarse si el cante nace o se hace. El cantaor se va haciendo, pero en el caso de Verónica el flamenco emana de su garganta y se deja caer ante un público ensimismado. Nos recuerda a los inicios de Aurora Vargas o La Macana. La Indú continua con una soleá de Triana llena de matices y unos tangos que se esfuerzan por ser de Granada. A la guitarra, su hermano Paco Jiménez llena el aire de pellizco gitano y convence con un toque enraizado en las entrañas.
José Fernández, arropado por su hijo a la guitarra, dos deja, con su inestimable buen gusto y quejío flamenco una granaína y media de Chacón y un ramillete de fandangos naturales.
Para apreciar la evolución de la danza en nuestros días, Inma León abrirá una tercera parte bailando por tientos-tangos con precisión y simpatía, que será relevada por el magisterio de Marichú haciéndolo por soleares. Terminará la velada con todos los artistas reunidos brindándonos unas bulerías bien musicadas por Zárate y Víctor Ruiz.
Bahí de la Pera

A mediados del siglo XIX y por tierras catalanas cabalgaba, sin ser rondeño, un famoso bandolero que operaba en la Garrotxa y en el Gironés, de quien nos hablan sesgadamente las exquisitas letras de Joan Perucho.
Aparte de esta afición de buen ladrón, Bahí de la Pera fue una indiscutible eminencia en el arte de curar los males más diversos y extraños. Las ideas y recetas de Bahí de la Pera fueron en su tiempo despreciadas y sospechosas por ineficaces, sin embargo, llegando a nuestros días, se inaugura todo un proceso de rehabilitación y al bandido se le titula como “célebre doctor”.
También se afirma que, habiendo hecho un pacto con el demonio, podía transformarse en mujer de gran belleza, si bien con aliento fétido y corrompido. Así, el curandero catalán, fue temido, envidiado y remedado hasta nuestros días.
El admirado Perucho en su libro Estética del gusto, nos ha brindado algunas fórmulas de Bahí de la Pera, de las que nos asegura sus bondades y excelencias.
De estas pócimas y tisanas, seleccionamos una gavilla de recetas, que transcribimos para nuestros fieles oyentes, dejándolas en su pintoresco lenguaje.
REMEDIO PARA EL HÍGADO PAJIZO: «Cójanse tres boñigas gordas de caballo o bien cuatro pequeñas y secas; bien desmenuzadas, mézclese con medio porrón de vino digestivo, déjese reposar y guárdese en una botella que permanecerá al sereno por espacio de veinticuatro horas; cuélense y háganse tres porciones que se tomarán por la mañana en ayunas durante tres días; si en los tres días no se logra la curación, repítase la misma operación. Es conveniente preparar al paciente ocho días antes de tomar dicho remedio, dándole una bebida de agua de cebada después del chocolate.»
REMEDIO PARA LA SORDERA: «Cójanse unos pocos escorpiones y, con unas tijeras, arránquense cabeza y cola, cójase una porción de huevos de hormiga y, colocado todo ello en un plato, cuézase con aceite común, jugo de cebolla y aguardiente; hiérvase hasta que el jugo de cebolla se haya consumido untándose con dicho aceite las orejas por dentro.»
REMEDIO PARA LAS LOMBRICES Y PARA HACER DE VIENTRE, NIÑOS Y MAYORES: «Cójase pepinos silvestres o pepinillos, trujetas, lombrices de tierra y piel de serpiente y, una vez cocido con aceite natural, úntese el vientre.»
REMEDIO PARA CURAR LLAGAS CENCERADAS: «Cójase una porción de tocino muy rancio o viejo, déjese fundir en un plato y luego mézclese con una porción de polvos de vendín y un poco de agua de arroz; remuévase fuera del fuego hasta que se haya enfriado y, una vez hecho el ungüento, aplíquese a la llaga o cáncer con un paño pequeño.»
REMEDIO SEGURO PARA EL MAL DE PIEDRA: «Cójase en primavera una porción de flor de nogal, déjela secar a la sombra y en el momento de su uso y, una vez hecha polvo, por la mañana échese lo que quepa en una moneda de media peseta en un vaso de vino blanco y tómese en ayunas; si sigue con el tratamiento se curará.»
Por los pelos

Llevé a mi niño a pelar la semana pasada y ha quedado muy bien. Parece un hombrecito. Ya va creciendo y nos vamos entendiendo mejor. A veces me desespera y a veces hacemos piña contra su madre, que ahora trata de educar a dos niños. Dos mozalbetes recién pelados. Porque yo también me he cortado. ¡Pero qué diferencia! Él ha mejorado sensiblemente y yo, en cambio, no tengo remedio: parezco un pueblerino, un pardillo pelón.
Juan se peló en un peluquero de pago que se llama Antón. (Para animarnos cantamos eso de "Antón, Antón peluquero..."). Yo, en cambio, me he trasquilado en una academia de peluquería, por eso del ahorro. Me aficioné hace tiempo, cuando estaba en la calle Alhamar y la llamabamos "Pelillos a la mar", pero han quitado ésa y voy a otra un poco más arriba.
Aparte del ahorro, si tienes suerte, te tratan con otra deferencia (¿como a un conejillo de indias?), te pones en manos de una joven agradable o dos o tres (a veces un chico con aceite) y al final te coge la maestra para emparejarte.
Cuando pagué el pelado de mi hijo, me cercioré de que sólo había economizado un euro en mi cabeza. Euro que di de propina a la chica que me atendió.
Creo que, a partir de ahora, me pelaré con las nuevas generaciones.
* FOTO: mi hijo intimando en la feria.
Segundo manifiesto
Hace días publiqué un manifiesto de la "Nueva vanguardia" que, tácitamente, uno de sus postulados requería manifestarse de continuo. Algo así como el revolucionario que no para de revolucionar. Cuando la Revolución ha triunfado se anquilosa como el régimen anterior y se impone otra revolución (contrarevolución, incluso) y así continuamente hasta el fin de nuestros días verdes (digo, rebeldes) (contrarebeldes, quiero decir) (¡Qué verdes eran mis días!) (Rebelde sin causa) (Verde que te quiero verde)...
Aquí os dejo un manifiesto más reciente que el anterior, de principios del año 1993. O sea, de finales del siglo pasado:
MANIFIESTO PERSONAL
Me pides un manifiesto, y yo sigo pensando que la mejor manifestación es quedarse sentado, pensando inamovible lo que piensas.
Es necesario ser único. Bueno o malo, pero único, íntegro, sin interferencias ni incongruencias. No venderse. Vivir de pie y a lo que venga. No dejarte sobornar, si no quieres. No dar tu brazo a torcer ante la moda, los estilos, los grupos, las estéticas.
¡Alejémonos de las banderas y de los uniformes, de los himnos y los rezos, de las cruces, las imágenes y las medallas! ¡Desertemos de las armas y las batallas, de las políticas de ficción y de los amigos con intereses! Y cantémonos a nosotros mismos, como Whitman, y a los nuestros y a la vida que nos rodea. Cantemos al hombre, que es un ser estupendo por naturaleza hasta que lo sabe.
¡Huyamos de toda tentación de encasillar la poesía! Midamos si se nos antoja, rimemos si nos sale del entendimiento, pero no sucumbamos ante los grilletes de un deber ficticio.
No intentemos hacer lo que queramos, sino queramos lo que hacemos. Amemos nuestros versos, adoremos nuestra prosa y vivamos al día. Soltemos el pájaro de nuestras manos por los cien que están volando. Abandonémoslo todo. Ser sublime sin interrupción, ¿recuerdas? Carpe diem. Sólo vivir. Vivir como dioses, que mañana está muy lejos. Vivir y observar, aprender y crear, recrear y seguir creando. Pero sobre todo amar. Sin amor llegamos a la muerte asqueados de nuestra vida, con ese regusto bilioso del egoísta admirador de su ombligo.
Reconozcamos la belleza que, aunque efímera, despierta nuestros instintos, la confianza en el mundo y el arte en su esencia. Rechacemos la cama unitaria.
El poeta no es nada más que el instrumento de la poesía. Es la pluma del arte puro que se manifiesta por medio del ser humano. Por eso somos contingentes, y a veces inconscientes e ignorantes de este arte.
No te he dicho todo lo necesario, pero todo lo que te he dicho es necesario.
El baile desnudo de Andrés Marín

Bajo el calificativo tan poco acertado de “Vanguardia jonda”, este bailaor granadino, de padres también flamencos, abre la VIII Muestra de Baile Flamenco en el Corral del Carbón. Su baile es el justo y necesario, es escueto y tenso. Abandona toda floritura, ejercicio circense y efectismo teatral, para mostrarse sincero y desnudo ante el público.
Desde su primera entrega, una soleá por bulerías, con sonido en off de voces polifónicas femeninas, deja trascender su verdad minimalista. Su concisión extrema y sus movimientos quebrados le hacen parecer frío. Frialdad que palia con un exacto taconeo y unos silencios sugerentes. Su cuerpo enjuto y su ropa negra acentúan esta parquedad. La iluminación, en un continuo claroscuro, no engrandece lo que no existe.
Así vemos una nueva propuesta, una gran propuesta, un baile personalísimo que casa a la perfección con los sentimientos, que comulga sin discusión con el cuadro que le arropa detrás. Unos músicos de excepción que, entre las actuaciones del bailaor, hacen unos temas de profundo sabor flamenco y de una entrega desmesurada. Se demuestra en las alegrías y en las malagueñas, con un José Valencia que se sale, y dos tocaores de lujo, que se complementan y logran momentos imposibles cuando sus falsetas se solapan y los arpegios se funden a favor de un todo.
Los tarantos no dejan duda. Andrés es un pincel que va garabateando la escena, dejando manchas de tinta en los lugares que más le duelen. Son pesares que tiemblan en la garganta del cantaor y el taconeo los siente como suyos. De hecho, las letras están muy cuidadas, seleccionadas especialmente por Marín.
Novedoso también, y natural, muy natural, es que el bailaor en ningún momento abandona el tablao, sólo se difumina. Sus propuestas acaban como empiezan: fundidas en negro, sentado en la silla, haciendo compás cuando se precisa y disfrutando de la música como un nuevo usuario. Nada de estridencias, nada de cantos de cisne, nada de cambios de traje que enturbien ese vuelo desnudo.
Para terminar, el baile definitivo en forma de seguiriyas. Un baile que aúna las propuestas de Andrés Marín. Todo un manifiesto, una declaración de principios que nos recuerdan que el baile importante es el que dice algo y el bailaor interesante es el que sabe cómo decirlo.
* Foto: Nono Guirado
Andrés Peña no se ríe

Desde Jerez nos llega este bailaor con fuerza y solera. Ha bailado para Duquende y ha formado parte de la compañía de Eva la Yerbabuena, hasta que en el año 2000 es considerado el mejor intérprete en la Bienal de Sevilla y se lanza a bailar en solitario, exponiendo un baile que rezuma flamenco por todos los poros. Si el baile tiene género, que lo tiene, el de Andrés Peña es un baile macho, que se sustenta sobre todo en el juego de piernas, en el taconeo exacto y en un compás innato. Arropándolo por detrás, nombres de altura que, sin embargo, en conjunto no estuvieron demasiado finos. Luis Moneo, familia de Juan Moneo El Torta, fue muy ajustado. Quedó corto en las malagueñas que hizo en solitario. Tan sólo destacó, como buen jerezano, en la soleá y en las bulerías. Javier Patino, a la guitarra, es una apuesta segura, que se mostró frío y fuera de lugar. Inmaculada Rivero, que no aparecía en el programa, en cambio, sí estuvo en su sitio. Para las bulerías, que canta de pie en primer plano, se echó un bailecito, como mandan los cánones.
Visto lo visto, el peso del espectáculo recayó tan sólo en el bailaor que abrió con unos martinetes y se fue por bulerías, quizá demasiado largas. El sonido -espero que para toda la muestra-, estuvo muy cuidado, sin embargo, la iluminación fue algo pobre y el calor excesivo, uno de los principales enemigos de la danza. Con todo y con eso, Andrés es un bailaor de oficio, que sienta sus credenciales desde un principio: no le doblegarán los factores externos. Desde las tonás convence al respetable y la ortodoxia impera en toda la muestra. La farruca es un baile muy agradecido a quien el jerezano supo sacarle buen partido. Sus pies hablan y el cuerpo le acompaña, pero su rostro es inexpresivo, hierático. Fija un punto en el infinito y no deja de mirarlo. Ni una sonrisa.
No obstante, su seriedad triunfa y el público aplaude con sinceridad su entrega incondicional. Termina la velada con una soleá por bulerías en la que, una vez más, nos recuerdan que los reyes son de Jerez. Como fin de fiestas un poquito por bulerías a pie del escenario, a las que se sumó al baile Javier Patino, que dejó la guitarra en manos de Moneo. Ante la insistencia del público, tuvieron que salir varias veces a saludar.
Programa flamenco

Sigo en mis trece, empeñado en proporcionar la programación flamenca semanal a todos mis lectores (que, estoy llegando a la conclusión, son menos de los que pienso). (Cómo me gustaría tener un blog plagado de comentarios.)
En estos meses de verano la actividad flamenca se centra más entre semana que los weekend. Así, sin más preámbulos, os comento que para el martes 25 tenemos, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00 horas), el baile de Jessica la Faraona, Luís de Córdoba a la guitarra y al cante de Curro de la Chucuela y no sé quien sustituirá a Víctor Quero "El Charico" en estado de coma hace un mes (un espíritu sensible a merced de la envidia y las malas compañías, que le arrastraron a consumir demasiados estupefacientes), la mejor voz flamenca que teníamos en Granada y posiblemente en toda España.
El miércoles 26, hacemos doblete. En primer lugar en el Corral del Carbón (VIII Muestra Andaluza de Baile Flamenco), a las 22'30, podremos ver a una bailaora de las grandes, a pesar de su juventud, Fuensanta "La Moneta" (muero con sus seguiriyas). Y, ese mismo día, a esa misma hora, a unos kilómetros de distancia, un servidor presenta el Parapanda Folk de Íllora con Chano Lobato, como cabeza de cartel, acompañado de Niño Jero, Juan Pinilla, Carmen Carmona y Álvaro Rodrígez, casi nada (entrada gratuita). Esto sí que es un festival.
Orgulloso de presentar mi primera velada flamenca y algo amoscado por no haber podido ver a La Moneta, el jueves acudiré al Corral (VIII Muestra Andaluza de Baile Flamenco) para disfrutar con el baile festero del cordobés Daniel Navarro. Le acompañarán Antonio Campos y Juan Manzano "El Coco" al cante y la guitarra precisa de Juan Requena.
Ese mismo dia y a esa misma hora (22'00), para repetir el delito, tendremos en la Peña La Platería a Javier Martos y su grupo.
* Foto: de la imprescindible Fuensanta
Parapanda Folk
Tan sólo un apunte, un recordatorio en este día de vértigo y el hueco que abro en mis quehaceres. Hoy es un día si no grande, bastante interesante para mi trayectoria mediática.
Aunque no es la primera vez que subo a un escenario, aunque no es la primera vez que hablo por un micrófono, aunque no es la primera vez que me dirijo a cientos de personas, quizá miles... el miedo escénico no me lo quita nadie.
Quien me conoce, me habrá visto lidiando diferentes toros, bien presentando, bien leyendo poesía, bien haciendo humor. Pero presentar un festival flamenco como el de Íllora en calidad de entendido y profesional nunca lo he hecho.
Siempre, confesar tu primera vez es cuanto menos delicado (¿arriesgado?), pero lo intentaré. Sólo necesito empezar a hablar, entrar en calor, que la gente se identifique con mi voz y comprenda cuanto antes los mensajes subliminares que puedo enviar... Pero qué difícil se me hace romper el hielo, saltar al vacío, como quien hace puenting o se tira con paracaidas, lo realmente complicado es decidir que tus pies no se apoyen en ningún sitio, que has decidido trasgredir las leyes naturales y nos disponemos a caer sin saber muy bien qué nos espera (¿habra una red que amortigue esta locura?, ¿se romperá la cuerda?, ¿se abrirá el paracaidas?, ¿para qué será el casco?).
Lo único que sé es que si se me da bien, si estoy a gusto, si tengo aceptación, repetiré la hazaña y un nuevo presentador tendrá el flamenco.
Os recuerdo el programa: Chano Lobato, Carmen Carmona, Niño Jero, Juan Pinilla y Álvaro Rodrígez (al cante) y Patricia Guerrero (al baile).
Vuestra presencia y apoyo contribuirá a mi posible bienestar.
Prueba superada
¿Prueba superada? Al menos lo hice. Presenté el día flamenco en el Parapanda Folk y no salí muy decepcionado, aunque los nervios vencían desde el principio. Creo que aparecí cinco o seis veces en público, pero sólo estuve tranquilo en la última de mis salidas. No sé si es porque ya me iba o porque al final encontré el equilibrio exacto (siempre he sido lento). El caso es que ha sido mi primera presentación flamenca y creo (ahora, espero) que no sea la última.
Los focos me abrumaban. Salir al escenario y no ver nada, no recibir la posible complicidad del público asistente me desconcierta y abunda en mi inseguridad, ya de por sí crecida. Además, nos rodaron para la televisión.
Salí sin papel alguno donde apoyarme. Así que, por suerte o por desgracia, se me olvidó la mitad de lo que quería decir. A medida que avanzaba mi presencia, mi ánimo iba decayendo. Sin embargo, sin yo proponérmelo demasiado, al final obtuve algunas felicitaciones, por mi conocimiento, por mi parquedad, por mi gracia...
La próxima vez lo haré un poco mejor. Aunque nunca llegaré a ser un animal de la escena.
Chano entre los dioses

Con cerca de ochenta años (1927), Chano Lobato es el rey del escenario. Su generosidad y gracia no tienen parangón. Es el último representante de esa saga de cantaores gaditanos, como Beni o Pericón, que ilustraban sus actuaciones con increíbles anécdotas que, lejos de romper el ritmo del concierto, le añaden un nuevo aroma.
Chano, con el desparpajo gaditano ya comentado, se metió al público en un puño. Ya no sólo por sus chascarrillos, sino por su entrega y su gusto extremo al decir los cantes. Un gusto que palia sin discusión una voz algo apagada por la edad y la batalla.
Fue el encargado de cerrar la noche, cerca de las dos de la mañana, y, si fuera por él, habría continuado hasta la madrugada. La crítica especializada le ha otorgado la distinción III Compás del Cante y no sin razón. Si el paladar, comentado más arriba, fue la tónica de su concierto, su sentido del ritmo es insuperable. Un hombre como Lobato, hecho para cantar ‘atrás’, está sobrado de compás. El cantaor se centró en Cádiz, recordándonos una vez más que los cantes de su tierra no se conciben en la actualidad sin el aporte de Chano Lobato. Comenzó por tangos, en los que se acordó de Granada y continuó por sus alegrías que han creado escuela. Un punto de inflexión fue la soleá “para los de mi edad”, puntualizó. Después, sin bajar la guardia, dio una buena muestra de sus deliciosas bulerías salpicadas de colombianas. Capaz de cantar cualquier cosa por bulerías, es de los primeros cantaores que introdujeron el cuplé en este cante.
Y, puestos a la realeza, también fue rey en los tanguillos, a los que contribuyó a su reconocimiento, y en las rumbas con las que se despidió, dando unas ‘pataíllas’ con salero y con duende. El público, la afición sin fisuras del pueblo de Íllora, no deseaba que se fuera el maestro gaditano, como tampoco querían que abandonara el escenario ninguno de los que le precedieron.
Carmen Carmona, artista local, fue profeta en su tierra. Hizo las delicias de su gente, que coreaba sus canciones como si se tratara de una estrella del pop. De una familia flamenquísima emparentada con los Habichuela, con Diego el Cigala o con Morenito de Íllora, Carmen se templó con una soleá. La belleza de su timbre y la altura de sus registros nos pueden recordar a Esperanza Fernández y sus ecos y encajes a Camarón. De su disco “Calvinaca” tomó una rumba y unos tangos llenos de energía y color. Y, para despedirse, repitió tangos. En esta ocasión, los llamados “Mi abuela” que, antes de incluir en su próximo trabajo discográfico, son ya un verdadero éxito. A la guitarra, el soniquete especial del veterano Niño Jero.
Patricia Guerrero, siempre lo diré, hoy baila mejor que ayer pero peor que mañana. Es una bailaora que no para de aprender, de exigirse, de experimentar nuevas formas… Patricia es una buena prueba del artista que nace con determinadas facultades, pero que se hace día a día, estando al pie del cañón, o, en este caso, al pie del tablao. Hizo seguiriyas y apuntó un poco por bulerías en el fin de fiestas. Supo a poco.
Juan Pinilla, cantaor de Huétor Tajar, tiene una proyección tremenda. Ha traído cinco primeros premios del Festival de las Minas de la Unión, el galardón más prestigioso de flamenco joven de nuestro país, y se ha quedado finalista de esta edición. Lo mismo nos sorprende con la Lámpara Minera de este año. Cantó por tonás, por fandangos de Granada y por granaínas, no sin antes dedicarle una farruca excepcional a Chano Lobato.
El primer intérprete de la noche fue Álvaro Rodríguez que, con voz torrentosa y bien modulada, hizo soleá y milongas, demostrando su buena forma y el merecido galardón recibido recientemente en el concurso “Flamenco en los Montes”.
* FOTO: Paco Sánchez
Excelencias de la escuela cordobesa

Córdoba, en muchas ocasiones, es una ciudad olvidada de la mano blanca del flamenco. Córdoba destaca, sin embargo, por sus tocaores, no en vano anualmente celebran su Festival de la Guitarra. Pero en Córdoba, esa ciudad de ojos grandes y boca pequeña, se está fraguando un baile muy personal en sus pequeñas academias, en sus escuelas de baile o, sobre todo, en los cursos magistrales que imparte Javier Latorre, a los que acuden bailaores y coreógrafos de toda España, convirtiéndose así, este bailaor valenciano, en maestro de maestros.
La Muestra de Baile Flamenco en el Corral del Carbón, no puede ser ajena a este filón que despunta, y nos acerca desde la ciudad de la Mezquita a dos representantes de su joven escuela. Estos son Daniel Navarro, que pudimos ver bailar este jueves, y Olga Pericet, de la que podremos admirar su buen gusto el 10 de agosto en este mismo ruedo.
Daniel Navarro también estuvo presente el pasado año en la Muestra, arropado por la sabiduría del maestro Guadiana. Daniel, desde su primera entrega por tangos, demuestra su equilibrio y su excelente sentido del ‘tempo’. Se le ve más maduro que la vez anterior, canalizando su fuerza de manera más racional y armonizando como pocos su desenfrenado zapateo. Daniel se ha convertido en un bailaor elegante y lleno de sentimiento. Elegancia sin discusión que demuestra en una soleá bien templada. Se agradece por otra parte la expresividad de su rostro y su complicidad con el respetable.
Después de los tangos, sus músicos hacen un poquito por bulerías que sirven para calmar la posible tensión. Y después de la soleá, los cantes de levante elevan varios enteros a la parte musical del concierto. El cuadro, como digo, se porta y se comporta. Están a gusto y así lo demuestran. Cantan a rabiar y se jalean unos a otros, demostrando que están en la elite del flamenco de ‘atrás’. Antonio Campos, José Valencia y Juan Manzano “El Coco” son tres cantaores de base muy solicitados. A la guitarra Juan Requena, un tocaor versátil, sobrado de ritmo y exactitud.
Navarro, terminará la velada por alegrías. Un baile tradicionalmente femenino que, bailado en solitario, ha trascendido y ya no existe bailaor que no lo incluya en su repertorio. Dentro de la estructura cerrada de estos pasos, Daniel improvisa y sorprende por su actitud dominada y por sus dotes de comunicador, en el que se advierten retazos del mejor Grilo.
José Valencia no se puede resistir y, como en otros foros, apunta su fin de fiestas particular en forma de bulerías.
Programa flamenco

Aquí va el programa flamenco de la semana entrante (y ya estamos en agosto).
Comenzamos recordando que todos los días (hasta el 27 de agosto) tenemos en el tearo del Generalife (muchos lo llaman anfiteatro porque suena más erudito, pero hay que recordar que el anfi es redondo u ovalado y no direccional), a las diez de la noche, el Romancero Gitano de García Lorca del Ballet Flamenco de Andalucía, dirigido por Cristina Hoyos.
El martes, primer día de mes, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00 horas) tendremos a una bailaora sacromontana, entrada en años, con un arte que no se puede aguantar. Me refiero a Angustias "la Mona", con cante afillao de Jaime Heredia “El Parrón” y el de Manuel Heredia; a la guitarra Rafael Fajardo.
Al día siguiente, miércoles 2, Los veranos del Corral nos presentan (22,30) a la joven sevillana Manuela Ríos (1970), con Antonio Campos, Moi de Morón, José Anillo y "El Pulga" al cante y Miguel Pérez a la guitarra (¡Cuatro cantaores, qué escándalo!).
El mismo miércoles, algo más reposado, en el Centro de Interpretación (22,00), comienza un Ciclo de Cine Flamenco, con dos documentales interesantes: “SACROMONTE: CUNA DE FLAMENCOS” y “MORENTE SUEÑA LA ALHAMBRA”.
El jueves 3, otra vez en el Corral del Carbón (22,30), veremos a otra sevillana, Pastora Galván (diez años más joven que Manuela). La arroparán José Valencia y Antonio Zúñiga al cante y Miguel Iglesias a la guitarra.
Y prepararos porque desde la semana próxima comienzan los festivales de los pueblos y tendremos flamenco casi a diario.
* FOTO: saludo final del 'Romancero gitano', con Cristina Hoyos a la cabeza (Nono Guirado)
El pajarillo

El otro día cayó en nuestro patio un pajarillo. Fui a regar las macetas y allí me lo encontré. Vi algo que se movía entre ellas. Desde el principio supe que era un gorrión que no podía volar. Asomé la cabeza tras un granaíllo macho y efectivamente, era un-gorrión-que-no-podía-volar. Qué hacer. Lo primero, no espantarlo más de lo que estaba. En segundo lugar, ponerle agua cerca, pues el calor es de justicia y el sol era macho, como el granaíllo.
A continuación, llamar a mi amigo Nono, que es el que sabe de pájaros, de pájaras y de pajarracos. Me explicó que, dejándolo tranquilo, sus padres se ocuparían de él y que a los tres días alzaría el vuelo.
Tenía razón, los gorriones mayores se acercaban al patio y, entre el laurel y un rosal, lo alimentaban con mimo. Daba gusto verlo piar hacia arriba. Daba gusto verlo alzar el pico y comer lo que le dispensaban sus mayores.
Temía por los gatos que rondan por el barrio o, mejor dicho, tenía miedo por el pajarillo, no le echaran mano -quiero decir garra- algún maullador hambriento. Pero los felinos no aparecieron (gracias a 2).
El pajarillo se fue soltando. Por muy dulce que le hablara, por mucha agua limpia que le pusiera, por mucho cuidado en mis movimientos... el pajarillo seguía huyendo de mí. Sus vuelos cada vez eran más grandes (todos rasantes). Del granaíllo macho, donde había fijado su residencia, saltaba hasta el jazmín, a la izquierda o hasta el níspero a la derecha.
El último aleteo que le vi realizar a media altura alcanzó los acantos y las enredaderas de la pared opuesta. Y dejé de verlo. Temía porque hubiera saltado al patio del vecino, temía por el gato... Pero prefiero pensar que, como Juan Salvador, encontró la libertad del cielo abierto.
De hecho, mi niño y yo, seguimos poniéndole el cacharrito de agua fresca todos los días y, sin ver lo que pasa, lo encontramos vacío a la madrugada siguiente. Lo único que lamento es que no se despidió, que no ha dejado ni una triste nota.
* El pajarillo de la foto no es el mío (lo he pirateado de internet), pero el tamaño viene a ser el mismo y el brillo en los ojos es igualito.

