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Resumen

Un hombre justo

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Lo que son las cosas, mi cuñada se fue a Egipto y yo me fui a Madrid. Ella estuvo una semana yendo y viniendo, viendo cosas, aprendiendo, conviviendo... Yo, apenas pasé un par de horas en la exposición dedicada al antiguo Egipto, llamada "Faraón". Compré el catálogo (20 euros).

Esta muestra estaba dividida en salas muy ilustrativas e interesantes. Me gustó especialmente la dedicada al palacio, a la casa del Faraón, a su vida cotidiana, con su cama y su urinario. Me gustó por lo humano. Me gustó por la cercanía. Me llamó sin embargo, la atención una pieza que descansaba en una de las vitrinas de la sala anterior dedicada a "Faraón, guardián del equilibrio del mundo" (casi nada), (tremendo, si no fuera cierto). El elemento en cuestión era un dibujo del faraón en su carro sobre un trozo de caliza llamada ’ostracón’. Y, aquí es donde voy: la ostraca u ostracón (en plural) era un trozo de vasija, un gijarro, que los antiguos griegos utilizaban para hacer anotaciones rápidas, efímeras, al momento. Como nosotros podemos emplear una libretilla o la servilleta de un bar. Entre sus usos se hallaba la votación. En la primera democracia que existió, todos los ciudadanos libres podían votar.

Curiosamente, una vez al año, si una asamblea ordinaria así lo decidía, se votaba el ostracismo (que viene de ostraca, que viene de ostra), es decir, se condenaba a una persona al destierro preventivo durante un periodo de diez años. El elegido solía ser algún personaje popular suceptible de conjurar o convertirse en tirano, pues el desterrado no había cometido delito alguno. Así, fue desterrado, por ejemplo, Jantipo, el padre de Pericles.

Otro de los expulsados fue Arístides, llamado el justo. Plutarco cuenta que este "insigne magistrado" se dirigía a la Asamblea, cuando se encontró a un campesino analfabeto que seguía su mismo destino. El rústico le pidió un favor a este antiguo general de los enfrentamientos púnicos. Extrajo de su jubón un tejuelo en blanco y dijo que escribiera en él a quien pensaba votar para el exilio. Con mucho gusto, Arístides se dispuso a apuntar. El joven agricultor dictó su mismo nombre. Arístides, sin identificarse, preguntó qué tenía en contra de ese hombre. "Nada en absoluto, contestó, ni siquiera lo conozco, pero estoy harto de escuchar que todo el mundo lo llama el justo". Arístides sin más escribió en la piedra su propionombre y se lo devolvió al campesino.

Cuando acabó la Asamblea, efectivamente, Aristides tuvo diez días para despedirse de sus seres queridos, para pasar después diez años fuera de su patria. Antes de irse, cuenta Plutarco, alzó sus manos y rogó a los dioses que los atenienses no sufrieran ningún peligro que les hiciera recordar el nombre de Arístides.

¿Cuántos de nuestros políticos o personajes públicos serían capaces de dirigirse así?, ¿Zapatero?, ¿Rajoy?, ¿tal vez los ínclitos Alcaldes de Marbella?

 

* En la ilustración, más o menos dice: Varios ostracones con los que se votó el destierro de Temistocles.

Miércoles, 03 de Mayo de 2006 19:12 Autor: volandovengo. #. Tema: Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Mercé no llenó el Palacio

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Sin duda una de las mejores voces del flamenco actual es la de José Mercé cuando hace flamenco. Este jerezano es el cantaor que más discos vende en la actualidad. Acogido a una fórmula de canción aflamencada, en la que se siente realmente cómodo ha sabido conquistar a miles de personas del mundo flamenco y ajenas a él. Cada cual entiende su camino y vislumbra su meta. Mercé ha escogido, se aleja de la ortodoxia, puede que aporte algo nuevo a la fusión (como aflamencar canciones de otros estilos), pero el flamenco ha perdido en él a uno de sus mayores representantes.

Con todo y con eso, el concierto del sábado, 29 de abril, fue impecable. Pudimos ver al mejor Mercé, y a un tremendo Morao a la guitarra, ofreciéndose por entero a un público también entregado. Lástima que apenas ocuparan la cuarta parte de las localidades de la sala. Quizás debido al puente, a otras ofertas primaverales o a la incipiente botellona del Día de la Cruz.

Mi concierto, sin embargo, terminó a los diez minutos de empezar, después de que José Mercé diera unas pinceladas de cante por derecho, demostrando así que si quiere puede. Este preconcierto, lo abrió con unas malagueñas chaconianas, siguió con una magistral soleá y terminó con unos fandangos naturales (echamos de menos unas seguiriyas). A continuación llamó a “Mi gente” para comenzar con la presentación de su disco Lo que no se da, sus últimas simplezas comerciales.

Con unas alegrías comienza la entrega de este trabajo. El público lo sigue como a un cantante popular: canta con él, baila en sus asientos y le sigue con las palmas. Quizás hubo un exceso de orquestación. Dos guitarras, un piano, un violín, una flauta travesera un bajo eléctrico, una generosa percusión y tres personas en los coros y palmas, resulta abrumador para el flamenco. Para rematar, los efectos del humo en el escenario son francamente innecesarios.

Moraíto cobra protagonismo absoluto (lo que después hará el segundo tocaor y el resto del grupo) haciendo un tema en solitario.

El grupo de Mercé vuelve con Fresas un tema muy del estilo de los tangos de sus anteriores trabajos, desde Aire hasta Confí de fuá. Esquema que repetirá en Hojas de limonero y en Te pintaré. Un giro en la velada fueron las sevillanas Como una veleta de Romero Sanjuán, compositor desaparecido hace un año- y dedicadas a él mismo, en las que el cantaor, con un fondo de piano, prescindió de las guitarras, muestra como un tema populoso puede ser elegante. Otro de sus fuertes está en las canciones prestadas de otras músicas. Así, interpretó de su cedé el tema Mammy blue con aires de tangos y Qué bonito es vivir basado en el tema What a wonderful world de Louis Armstrong. Destacaría en este recital las bulerías Tú me roneas por la parquedad y estilo. Mercé despidió la noche con su éxito Aire, perteneciente al disco del mismo nombre grabado en el año 2000, coreado al unísono por todos los presentes. Ante varios minutos de aplausos a compás, el artista a pie de escenario, improvisó un poquito por bulerías que acompañó con algunas pataditas con salero jerezano.

Domingo, 07 de Mayo de 2006 20:28 Autor: volandovengo. #. Tema: Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Sacromonte

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Estos últimos días he subido varias veces al Sacromonte. La razón es porque he tenido que hacer un artículo para una publicación de flamenco sobre lugares flamencos de Granada. La revista, llamada "Acordes de Flamenco", es de reciente creación. Ya está en los quioscos el nº 1,con el que regalan un vídeo para aprender a tocar algo de flamenco con guitarra y a bailar también (o a poner los dientes largos a quienes queremos y no podemos).

Es increible la cantidad de flamenco que hay en Granada. Aparte de festivales, ciclos, programaciones culturales, etc. existe una programación estable al menos en una media docena de locales o cuevas. No digo que todo sea de calidad, pero para satisfacer deseos y hallar el duende en algún rincón, seguro que sí.

El Sacromonte, que cada es más monte y menos sacro, es un lugar privilegiado (Valparaiso se llama su enclave). Tiene las mejores vistas de la Alhambra, del Generalife, del Carmen de los Rodríguez Acosta... que puede haber.

A pesar de que muchos tablaos y zambras ya no funcionan, en los que quedan puedes perder la noción del tiempo y amanecer escuchando tangos. Además, si tenemos suerte, podemos coincidir con algunos profesionales que se refugian tras una copita después de acabar su faena, que se arrancan a cantar o a tocar o a bailar expontáneamente que, según Antonio Gala, entre muchos, es cuando lo hacen mejor. Es cuando el arte hace uso del artista. Es el hombre un puro instrumento que increíblemente es cuando está más cansado, más cascado, más bebido... es cuando menos se juega.

Llevé a Nono para hacer fotos, pues las mías son de juzgado de guardia, que no sé para que tengo cámara, si no fuera por el Photoshop. Cogimos material de sobra. Visitamos lo que pudimos. Agradable el rato con Curro Albayzín; fantasmal Enrique el Canastero; interesante el Centro de Interpretación; ignorados en la Cueva de la Rocío; literatura Negra la visita a la Venta del Gallo. En esta útima, no me pude contener y le mostré a Nono una de las fotos que cuelgan en sus paredes que, desde el primer momento que la vi me enganchó. Mi compañero, como era de desear, cayó también bajo su embrujo y la fotografió a su vez. Es la metafotografía: fotografiar la foto (como la metalimpieza es limpiar la aspiradora, por ejemplo).

La instantánea es la que precede este artículo, así que omito su descripción. Sólo pienso en que si nos impacta hoy día, qué habría sido en los años 60, a los que seguramente pertenezca este contraste.

¡Que la disfrutéis!

Lunes, 08 de Mayo de 2006 17:16 Autor: volandovengo. #. Tema: Día a día Hay 1 comentario.

Juan Fernández

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Juan Fernández, además de ser un archipiélago chileno en el Pacífico que contiene entre otras las islas de Robinsón Crusoe o Santa Clara, es mi hijo, que tiene algo más de dos años. Toda una vida. Se me parece, dicen, aunque con con los ojos más grandes y la boca más pequeña, sin embargo no se calla nada. Todo lo casca, todo lo canta y tiene sentido del ritmo.

Todos los padres pecan de engordar a su hijo con alabanzas y virtudes únicas. Yo sé de bastantes logros de mi niño, pero no los voy a comentar. Sólo sé que pretendo que me adelante en todo. Estoy seguro de ello. A su edad... ni me acuerdo. Pero los niños hoy día no nacen con un pan bajo el brazo (por lo menos los nuestros, los que shakespirianamente caminamos detrás de nuestras narices); muy al contrario, llegan con un agujero en el bolsillo y una vara de mando para oficiar de capataz en cuanto tienen razón de uso. Y si no, se lo digo a la abuela.

Curiosamente, mi hijo es estacionario. Más bien solsticio invernal y veraniego. Nació el 25 de diciembre, como Jesús, como Enrique Morente, pocos días después del solsticio de invierno. Su día es san Juan, el 24 de junio, la noche más corta del año, unos días después del solsticio de verano. Astronómicamente no podía estar más equilibrado. Además, así celebramos su cumpleaños y sus mediocumpleaños, pues seis meses exactamente separan las dos fechas.

No sé en que influye todo esto, además de que es Capricornio y cabezón como su padre y su madre juntos. Lo que sí he deducido en los dos años y medio que lo conozco es que es algo surrealista. Me llama Jorge y le río la ocurrencia. Pero cuando me dice ¿dónde está papá?, llega a preocuparme.

Un día me dice: "apaga la estufa que en la calle hace mucho frío" (¿?).

Martes, 09 de Mayo de 2006 13:15 Autor: volandovengo. #. Tema: Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

Adiós

Ayer murió una amiga mía. Remedando a Miguel Hernández en la elegía más bella de nuestro corpús poético, puedo decir: se me ha muerto como el rayo Angelina Torné. Murió hace días, pero yo me enteré ayer, que es una doble muerte. Un cáncer se la ha llevado y, aunque sea una muerte anunciada, el hueco que deja en mi memoria es estremecedor. Su teléfono sigue aun en mi agenda y su figura se pasea por el álbum de fotos de mi casa. En realidad era una amiga de mi madre que me la traspasó. No como se traspasan las aguas del Tajo-Segura, sino como una conquista de cupido. Era una señora elegante como pocas. Su sonrisa y estilo la precedían por donde fuera. Hacía tiempo que no la veía, pero estoy seguro que su cabeza estuvo erguida hasta el último momento. Me sacaba unos quince años de edad y unos doscientos en madurez e integridad. Aunque su biografía es oscura para mí (nunca me interesa lo que no me cuentan de primera mano), se que era licenciada en Bellas Artes y que se dedicaba a promocionar el arte. Tenía una galería, "Laberinto", y una pléyade de artistas jóvenes a los que apoyaba y daba los primeros empujones. Me da bastante pudor confesarlo, pero ella quería que yo pintara, que depurara mi estilo, que le llevara obra... Llegó a vender, a buen precio, alguna aguatinta que hice ante su insistencia. Y me regañaba porque no firmaba mis láminas. Así que a las que le dio salida las firmo ella con mi nombre. Nunca me cobró comisión.

Ahora la recuerdo preocupada por todos. Ahora la entreveo cuando me cruzaba con ella: "tienes que venir a verme", decía, "tienes que venir a la galería", "cuando organicemos algo en mi casa os vamos a invitar"... Pero nunca nos veíamos, nunca nos invitamos, siempre se difuminaba nuestra intención en las vaharadas imperturbables del paso del tiempo. Cómo lamento no haber acudido a su llamada, cuánto siento no habernos conocido más a fondo. Sé que se ha ido una gran persona. Interesante por todos los lados que la mires. Quizás algo esclava de su tiempo y su familiar condición nacional-catolica.

Nunca la he echado más de menos. Descansa en paz, Angelina.

Miércoles, 10 de Mayo de 2006 12:01 Autor: volandovengo. #. Tema: Día a día Hay 2 comentarios.

Noche de flamenco y poesía

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A veces necesitamos que venga alguien de fuera para recordarnos qué bella es nuestra ciudad. El granadino suele pecar de patrioterismo fuera de nuestro paisaje, pero entre las calles de Granada llora y se queja de su suerte. Sin embargo, esa galanura que los foráneos aplauden es manifiesta. Quiero pensar, por otro lado, que la belleza está en el interior, que también nuestra ciudad es guapa por dentro. Así quedó demostrado la noche del martes en La Chumbera donde se inauguró el Tercer Festival Internacional de Poesía Ciudad de Granada con la lectura de poemas de la salvadoreña-nicaragüense Claribel Alegría y un ajustado concierto flamenco para la ocasión.

Granada se ha constituido en un referente de la poesía nacional. De esta forma lo reconoció Juan García Montero, apuntando como puntales imprescindibles, e increíblemente recientes, el Premio Federico García Lorca, el Premio Javier Egea y este encuentro poético. También es un peso pesado en cuanto al flamenco se refiere. Y, si hablamos de flamenco joven, su futuro inmediato romperá moldes.

Son dos sentimientos, son dos manifestaciones endógenas, telúricas, espermáticas, que cuando se juntan saltan chispas. Es una buena simbiosis, la mejor combinación: el flamenco y la poesía. Y Granada.

Claribel, poeta vitalista de 82 años bien llevados, nos desnudó el alma, para después, con los músicos, terminar de estremecernos. Juan Pinilla abre la sesión con “Una noche de verano”, un poema de Antonio Machado musicado por Calixto Sánchez en forma de milongas. Le acompaña la guitarra de Luis Mariano, que no abandonará la escena en todo el espectáculo, y el violín de Julio Muñoz. El sentimiento del cantaor llega con una calidez asombrosa. Se nota su estudio y su trabajo. A continuación, Antonio Campos y Manuel Heredia hacen su entrada por martinetes que se abren a los postres apuntando tonás. La pieza más redonda y trabajada de la noche llega en la tercera entrega. Es un solo de guitarra y violín en el que la farruca le hace un guiño a los tangos y desemboca en un homenaje a Cuba donde la sonanta hace la base mientras el violín perfila el son. Escuchar a Luis Mariano como acaricia la guitarra da un cierto pudor, si no es nuestro tocaor más sensible, seguro que es el más delicado, y su trato con la guitarra es poco menos que un acto amoroso.

El cuerpo del recital se apoya en la entrega de Antonio Campos y Manuel Heredia, dos cantaores imprescindibles atrás que, poco a poco, demuestran también sus virtudes para cantar alante. Mientras Campos canta “Romancillo del niño que todo lo quería ser” de Manuel Benítez Carrasco por bamberas, ese cante tan delicioso y tan poco escuchado, Heredia interpreta una soleá con la “Canción de la madre del Amargo” de García Lorca, para volver a Antonio que hará los tangos morentianos “Sacerdotes”, basados en un texto de Leonard Cohen, en su disco “Omega”, y cerrar de nuevo el círculo con Manuel que, por bulerías, abordará la “Baladilla de los tres puñales” de Rafael de León.

Juan Pinilla, a petición del público, hará unas alegrías muy del estilo de Chano Lobato y, para terminar, Jara Heredia nos bailará unos tarantos con concesiones al tango amable para ser bailado. Jara es completa, pies brazos y faz. Pero si hay que destacarle algo es su estilo elegante y su comedida planta.

Jueves, 11 de Mayo de 2006 11:47 Autor: volandovengo. #. Tema: Flamenco Hay 1 comentario.

Saludos

Tatiana Garrido, la hija de Mariquilla, no me saluda porque no sabe quien soy o porque sabe perfectamente quien soy. El padre de Raquel me da la mano como si estrujara un limón. Hasta su último jugo. Andrés Tarifa parece que tiene el baile de sambito cuando te estrecha entre sus cinco y son varios minutos los que te zarandea el brazo mientras muestra una sonrisa verdadera. Un representante de muebles valenciano, creo, te lanza la mano doblada para que, en un ejercicio circense, se la agarres (la mano) y se la aprietes (otra vez la mano) cómplice. Hay quien te ofrece su diestra flácida como un plumero de trapo y quien atrapa tu mano entre las dos suyas. Hay quien tiende la mano y después te da un abrazo, generalmente acompañado de golpes en la espalda o fricciones de colega, los cuales te ves obligado a imitar. Hay quien prefiere los besos directamente, aunque, si no estás iniciado, no sabes cómo encajarlos, en sentido de que le echas la mano, después pones la cara cuando él acepta chocar su mano, después vuelves a sacar la mano cuando él ya te ha encajado dos besos. Entre chicas o chico y chica esto es más fácil al estar el beso establecido tras generaciones. Woody Allen decía que a él sólo le habían besado los rusos. Él se lo pierde. Deberíamos establecer los besos para todos.

Los franceses se besan tres veces y los rusos cuatro. Los esquimales se besan con la nariz y las mariposas con las pestañas, según mis sobrinos.

A Marcos Flores, un bailaor sevillano que conocí en Madrid de la mano de nuestro gran Manuel Liñán, le lancé la mano del compromiso, la mano tímida de la primera vez. Sin cortarse, con la sonrisa perfecta y su pañuelo al cuello, ignoró mi gesto y, después de poner sus labios en mi cara y poner su cara para recibir mi beso, dijo: "Yo sólo doy besos".

Encuentro a amigos y conocidos que me cogen el pulgar y yo el suyo como miembros de una secta o amigos aventajados. Según las películas, los romanos se cogían el antebrazo e inventaron el movimiento del futbolín. Algunas tribus africanas (asantis, zulues, matabeles, no recuerdo) chocan la mano izquierda porque está más cerca del corazón. En Marruecos, quien te saluda, después de rozar tu palma, acercan la suya al pecho, como diciendo que te saludan de verdad, de corazón.

A veces saludas a alguien sin saber muy bien quién es. Puede pasar que al rato caigas: a) en que es un amigo de tu infancia; b) en que es un amigo de tu hermano o de otro amigo; c) que realmente no lo conozcas de nada y lo hayas saludado porque te suena o no dejaba de mirarte, y él te ha saludado a su vez por pura cortesía y se va diciendo, en el mejor de los casos: "quién era ese" o "me ha confundido" o, lo más preocupante, "será gilipollas, que no me conoce de nada".

Nuestro antiguo alcalde Antonio Jara me saludaba porque no sabía muy bien quien era. Habíamos coincidido en muchos foros y tan distintos que no me retiraba el saludo porque no sabía el peso político o social que podía tener. Mi querido enemigo Gustavo me veía y, a los tres o cuatro metros de cruzarnos, levantaba la vista como diciendo "te he visto pero no te pienso saludar".

En circulos cerrados, generalmente bohemios, los amigos, las amigas, los artistas... se dan un delicioso piquito. García Márquez y Vargas Llosa se dieron unas trompadas en un escenario, según Jaime Bayley, que se dio repetidos morreos con Boris Izaguirre en Crónicas Marcianas...

Lo importante es el roce. Los seres humanos somos gremiales y nos gusta conocernos y reconocernos. Y, si en la prehistoria nos olisqueábamos los cuartos traseros, hoy necesitamos ese contacto físico de la mano, el espaldarazo o el beso, para decir símplemente "hola", "estoy aquí", "me alegro de verte", "somos iguales", "mua, mua".

Viernes, 12 de Mayo de 2006 18:48 Autor: volandovengo. #. Tema: Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

La Zubia vuela alto

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Un sobresaliente incondicional al pueblo de La Zubia por su programación cultural que, desde hace algunos años, viene siendo motor y ejemplo en la provincia de Granada; y en concreto por su apuesta por el papel de la mujer en el flamenco a lo largo de la historia en el ciclo “El flamenco tiene nombre de mujer”, que se desarrolló la semana pasada, incluyendo cursos intensivos de cante, guitarra y baile, con profesores tan prestigiosos como Antonio “El Colorao” o Paco Cortés; una mesa redonda sobre este tema, de la que probablemente la Diputación de Granada elaborará una publicación; y culminó el sábado, como decimos con un espectáculo flamenco de categoría. Nada más y nada menos que contaron en escena con el buen hacer de Marina Heredia y Fuensanta “La Moneta”, las mejores representantes del flamenco granadino que reside actualmente en nuestra ciudad.

Con una gran expectación y un lleno absoluto dio comienzo la velada con los ecos flamenquísimos de Marina Heredia cantando por soleá. A la guitarra Luis Mariano, en vez de “El Bolita”, su acompañante habitual. Pero la química entre ambos artistas no desmejoró ni un ápice su compenetración y entrega. Quizá perdimos en espontaniedad y vanguardia, pero ganamos en sentimiento y contenida emoción. Los tarantos fueron de buena factura, pero no sería hasta los fandangos de Granada cuando reconocimos a la mejor Marina. La cantaora se siente segura con los palos de la tierra, lo siente y trasmite. Es muy aplaudida. Siguiendo en está línea, bordará unos tangos sacromontanos interpretados con sumo gusto y gran poderío. Terminará la joven Heredia con unas bulerías en la que se acordó a su final de ese gran cantaor llamado Luis de la Pica, al que le hace un homenaje en su primer, y por ahora único, disco.

La segunda artista invitada está arrasando. La fuerza, la valentía y la estética de La Moneta le han valido para escribir su nombre en el libro de los bailaores imprescindibles en nuestro país. Fuensanta ha bebido de muchas fuentes, como Mariquilla, La Yerbabuena o Mario Maya, pero cuando se mira al espejo, cuando bebe de ella misma, es cuando resulta arrebatadora. Su primer pase son unas bulerías poco acostumbradas, a las que le falta algo de reflexión y reposo y le sobra algo de furia y desplante, quizá por culpa de esa influencia Maya que está adquiriendo. Sus músicos: Antonio “El Pulga”, Antonio Campos, Miguel Iglesias y Dani Méndez, se hacen unas extraordinarias malagueñas mientras la bailaora se cambia el vestido y recobra fuerzas, para volver a entrar con la rueda de martinetes para bailar unas seguiriyas, su pieza estrella, con la que reafirma su conquista cada vez que la vemos.

Para cerrar el círculo con broche de oro, un servidor encaminó sus pasos hacia La Platería, donde actuaba el tocaor Jerónimo Maya, que había sido considerado un niño prodigio. Llegué en el ecuador de su concierto, pero me bastó para confirmar la certeza de que es un gran guitarrista, descendiente de grandes flamencos y aprendiz de los mejores. Me alabaron las granaínas que había interpretado en la primera parte, pero si se puede entresacar algo de la perfección, me quedo con la zambra, que estrenó este día, y se lo dedicó a la desaparecida Lola Flores.

Lunes, 15 de Mayo de 2006 11:35 Autor: volandovengo. #. Tema: Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Rigoberto

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De vez en cuando, sin que ello me cree un hábito inexcusable, me acerco a la prosa desbordada de Vargas Llosa. Mario, como muchos otros, no me gusta como ser humano: hace agua por demasiadas fisuras. Pero no por eso me voy a abrir una lista de autores malditos. No dejaré de leer a Borges ni a Luis Alberto de Cuenca, por ejemplo. Ni vedaré a mi hijo las creaciones de Disney por ser un agente del nacismo, dicen.

Acabo de terminar Los cuadernos de don Rigoberto (con bastantes ganas de llegar al punto final, pues me esperaban Los mejores cuentos de Sergio Pitol presentados por Vila-Matas, que prometen como pocos). Los cuadernos..., ese canto al amor y a sus aristas, los firmó Vargas Llosa en Londres en 1996 y, sin ser de lo mejor que he leído de este autor, me ha dejado cierto regusto de satisfacción. De este escritor hispano-peruano me quedo con las novelas amazónicas de La casa verde, Lituma en los Andes o, sobre todo, con Pantaleón y las visitadoras, que considero casi una obra maestra, no sólo por su trama argumental, sino por su tratamiento narrativo y esa fusión espacio-temporal que nos impele a estar en varios lugares a la vez y en distintos momentos).

Con esta obra me ha pasado con lo mismo que con El amante lesbiano de José Luis Sampedro, que me parecieó el devaneo anhelante de un abuelo en su delirio. Las dos obras tienen —más la de Llosa— momentos deliciosos de excelente estilo narrativo y de erotismo extremo, pero el hilo principal que le da cuerpo y estructura a la obra, símplemente, chochea.

Siendo una obra sensual en la que ensalza todas las manifestaciones del erotismo, se desinfla por sí sola al entrometer como uno de sus principales personajes a un tal Fonchito, a un niño repelente, hijo de Rigoberto, enterado y nínfulo (cojo la palabra de la Lolita de Nabocov que viene a significar: personita, ente angelical y demoníaca, que no es consciente de su lúbrico poder.)

La parte dedicada a don Rigoberto y a sus minuciosos cuadernos de arte, literatura y erotismo rozan lo sublime. El devenir de su segunda esposa, Lucrecia, es realmente placentero y aleccionador. Pero sus toques de humor, uno de los supuestos ganchos de la novela, es, si no casposo, extremadamente pueril.

Sinceramente, le sobran unas cien páginas a este recorrido por las fantasías de un intelectual maniático, lo cual es una redundancia.

Martes, 16 de Mayo de 2006 11:45 Autor: volandovengo. #. Tema: Día a día No hay comentarios. Comentar.

Lagunas y otros continentes acuíferos

Augusto Monterroso, escritor guatemalteco (los gentilicios siempre son bellos), fallecido recientemente (2003), confesaba que tenía una cultura lacustre, o sea, llena de lagunas. Pensé, cuando encontré esa desnudez de espíritu un par de cosas, que yo recuerde. Primero: que no me lo creo, que el paño de un intelectual de la talla del genio del microrrelato no puede tener agujeros. Aunque ya se sebe, sólo sé que no sé nada. En segundo lugar pensé que si él tiene lagunas, yo tengo mares epicontinentales y, en algunas materias, verdaderos océanos. Después llegó Albert Einstein a salvarnos diciendo que todos somos ignorantes, lo que pasa es que no todos ignoramos lo mismo.

Reflexiono entonces: qué son las lagunas del intelecto. Yo no sé física cuántica ni entiendo de mecánica del automóvil ni miles de cosas que ni siquiera conozco de su existencia. Pero creo, hoy por hoy, que no me interesa saberlas. También soy un ignorante respecto al fútbol, a los deportes en general, y al cine. Y ésa si es una verdadera laguna, pués me gustaría saber de cine, de todo lo que concierne al mundo cinematográfico. El cine por dentro y por fuera. Sus técnicas, actores, películas, fechas, directores, fotografía, música, guionistas, productores... El tren del septimo arte no lo cogí, a cambio de otros vagones, y puede que de vez en cuando me arrepienta.

También desconozco por lo general el mundo de las plantas. Me gustaría distinguir las clases de árboles, sus hojas y la corteza. Cuándo dan frutos y si echan flores. El tiempo de su siembra, plantones e injertos. Cómo me gustaría distinguir el canto de los pájaros y hablar bien algún idioma... Pero no saber de fútbol, de deportes en general, para mí no es una laguna (como no conocer el rangos de los soldados). No me molesta más que dediquen quince o veinte minutos al fútbol en los noticiarios, en detrimento de la cultura casi siempre. Nada me estorba más que el mamotreto que ocupan las páginas de los deportes en los periódicos. Me gustan los lunes, cuando el deporte ocupa las páginas centrales del diario en forma de cuadernillo que puedes abandonar en cualquier papelera en el camino.

Quise entrar en una ocasión en un gimnasio, porque mi barriga crecía sin remedio, porque me dolían los huesos, porque me sentía oxidado. Fue entrar por la puerta, oler su aroma de sudor y esfuerzo, oír los jadeos de la superación, ver a la gente concentrada sufriendo o disfrutando, algún recien duchado saliendo por la puerta con el pelo engominado que rezumanba colonia de marca... y se me quitaron las ganas de entrar nunca más en un gimnasio.

Miércoles, 17 de Mayo de 2006 10:41 Autor: volandovengo. #. Tema: Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Despedirse con estilo

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César, mi hermano menor y sin embargo mayor que yo, me contó hace poco una anécdota que puede parecer un chiste. En un funeral, uno que se acerca al círculo de las condolencias y, no se sabe si por la emoción o por ser original, dio el pésame al afectado familiar diciendo "que la fuerza te acompañe". Sobre óbitos hay mucho que contar. Sin ir más lejos, se dice que no hay velorio en que no se ría ni boda en que no se llore. Me lo explico (pero me ahorro los detalles).

De todas maneras, no es de esa despedida de la que quería hablar, sino de la elegancia que algunos moribundos desprenden ante sus estertores últimos. Es famoso el epitafio de Groucho Marx: "Perdone señora que no me levante". Cuentan que José Recuerda, camino del cadalso, confeso a sus guardianes: "Sólo una cosa no me habéis quitado: el miedo que tengo".

Todos conocemos el dicho de: "Después de cien años, todos calvos". Hace poco, sin embargo, dudé de esa aseveración cuando escribí sobre nuestro centenario literato Francisco Ayala, que aún tiene pelo y se le mantiene recio.

También tengo noticia de aquel aristíocrata francés, que refería Rosa Montero en alguno de sus artículos, el cual estaba leyendo un libro cuando, de madrugada, vinieron a por él, porque madame guillotina lo esperaba. Él, con toda calma, se levantó para acudir a su último destino, no sin antes doblar la esquina de la hoja por donde iba leyendo.

En pleno Romanticismo, cuando los duelos a pistola o a florete estaban a la orden del día, y batirse era una una cuestión de honor, los oponentes solían pasarse en vela gran parte de la noche anterior, si no toda, meditando sobre su decisión, buscando a los padrinos adecuados, ensayando su disparo o estoque y —lo que alcanza lo sublime— preparando sus últimas palabras por si, al rayar el alba, era herido de muerte.

Trascurridos unos años, cuando el duelo era algo trasnochado, el suicidio ocupó su lugar y grandes cartas de despedida desplazaron a las postreras palabras del malherido. El autoasesinato (si me permiten la palabra) era casi siempre por amor o por desazón vital. Aunque preferían la muerte lenta de la tuberculosis (peste blanca la llamaban), que se imponía más bohemia y seductora. Siempre los he admirado. Nerva, un senador de tiempos de Nerón, que se vio obligado a darse muerte, dijo (o dicen que dijo): "quien dispone de su vida, se burla así de su propia muerte".

Por último, o para empezar esta elegante despedida, os cuento que me sedujo el valor y el amor del autor japonés Yukio Mishima (no me cansaré de admirar su prosa minuciosa y delicada) que se hizo el harakiri. Según dicen, llegó hasta el final (harakiri significa 'rajarse el estómago'), pues esta ceremonia, propia del bushido, no consiste tan sólo en agujerearse el vientre con una catana, sino en empujarla unos centímetros hacia la derecha, mientras un buen amigo espera con el samurai desenvainado, por si dudas, cortarte la cabeza (eso es un amigo). Pero me defraudó cuando supe que su suicidio ancestral fue por razones políticas y no por una mujer o, mejor dicho, por un hombre, en este caso.

Viernes, 19 de Mayo de 2006 12:41 Autor: volandovengo. #. Tema: Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Pequeñas perversiones

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Cuenta un conocido y viejo chiste, aunque no por ello menos efectivo, que una señora lleva a un inspector a su vivienda con la indignada queja de que su vecino se pasea escandalósamente desnudo por su casa. El agente, después de mucho mirar, aclara que, por muy desnudo que se encuentre el exhibicionista colindante, desde la ventana del dormitorio de la buena mujer no se ve nada. La señora indignada explica que hay que trepar al armario para poder verlo en toda su extensión.

Y es que el arte de mirar lo tenemos todos bien arraigado, aunque no lo reconozcamos. El hombre es mirón de nacimiento. Somos voyeur sin remedio. Y, en gran medida, también exhibicionistas. Pues estas dos pequeñas perversiones de cada día van tan unidas como la movida al escándalo.

Ya no esperamos para mostrar nuestras rosadas redondeces a la canícula de una discreta cala en el verano o a un febril tiempo de carnestolendas. Cualquier ocasión es buena para lucir nuestro palmito y para admirar el cuerpo serrano del vecino con la brandónica camiseta sudada.

Nunca hemos sentido más la necesidad de gustar. Nunca hemos sentido con más delectación la necesidad de ver. De verlo todo, de que nos vean, de observar y de criticar, sin connotaciones positivas o negativas (que casi siempre es el objetivo del ojeador).

Hace unos, en Inglaterra se hizo la experiencia de exhibir una casa transparente con una inquilina dentro durante algún tiempo. (Recuerdo la noticia, no los detalles.) La chica hacía vida normal y los transeúntes la observaban. Ella se levantaba y se duchaba, desayunaba y realizaba las labores más habituales, se desnudaba y se dormía. Todo con la mayor naturalidad. Y la gente miraba con curiosidad, con asombro, con alarma o con morbo. Provocó aplausos y escándalos, pero la performance (el hapening, dirían los hijos del 68) estaba consumado. (Me abstengo de comentar Gran Hermano, La Isla de los Famosos o La Casa de tu Vida.)

Ignoro si, en el tiempo en que duró la experiencia, la chicha metería algún amante en su cama. Pero, si así fuera, esto no aumentaría el efecto causado. Pues el exhibicionismo consistía más en violar la intimidad de un ser humano que en actos concretos, como ponerse el pijama, untarse crema o defecar.

Esto demuestra:

Primero: el mirón no sólo fisga la desnudez, o sea, que nuestra ansia de espectadores dista mucho de encontrar en el sexo su argumento exclusivo. Miramos con igual intensidad a alguien que se desnuda, como a un accidentado, como a alguien que trabaja.

Segundo: una condición impepinable del mirón es ser anónimo. Tanto la chica del fanal, como la película en la televisión, como la ranura de la llave en la puerta, nos permiten ver sin ser vistos, pasar desapercibidos, ocultar nuestros deseos.

Tercero: siempre que alguien se exhibe es muy probable que haya alguien dispuesto a mirarlo. Es decir, el que se muestra lo hace porque sabe que lo van a mirar. Confirmándose así una tácita teoría de los contrarios. Al igual que el sádico encuentra la horma de su zapato en un masoquista, el exhibicionista se complementa con un voyeur, y viceversa. (Si no coinciden las dos inclinaciones en una sola persona, que es de lo más habitual y lo más sano.)

La reina Victoria ya murió y el pudor y el sonrojo pasó a mejor vida. Hoy nos preciamos porque nos vean y por ver a los demás. Hay páginas de internet que muestra fotos de sus poseedores desnudos en zonas poco habituales, como un supermercado o un parking, hay videos de “pornografía” casera que se comercializan con gran éxito...

Quizá el observador y el mirón, el ojo y el cuerpo desnudo, signifiquen el principio de una vida más igualitaria, el comienzo de un mundo sin fronteras. Recemos para que la autopista de la comunicación no sea sólo virtual.

Lunes, 22 de Mayo de 2006 18:38 Autor: volandovengo. #. Tema: ochentayochopuntoocho No hay comentarios. Comentar.

Trabas urbanas

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Una de las carencias de los años es la falta de sinceridad en determinados asuntos. Cuando se llega a cierta edad ya no somos tan flexibles como para confesar nuestros dolores y debilidades abiertamente. Cuando uno es joven, los deslices suelen ser por la mala suerte, por la mala cabeza o por el abuso de nuestras facultades, que al fin y al cabo es lo mismo. Cuando se es mayor, cuando se pasa de los treinta y cinco, de los cuarenta, estos desequilibrios se llaman directamente achaques. Y cuesta reconocerlos y mucho menos publicarlos.

Sin ir más lejos, a un servidor, desde hace algún tiempo, dos años y cuatro meses para ser exactos, algo le impide caminar con normalidad. Me armo de valor y, en este foro abierto, confieso que el trascurso del tiempo ha hecho mella en mi estado físico y la simple capacidad de desplazarme. No es una tara física —no se alarmen mis amigos y no se alegren mis enemigos (¿o viceversa?)—, no es una enfermedad (ni siquiera venerea), no es una desviación psíquica (lo siento, tengo que poner la 'p'), un capricho pasajero o una neurona rebelde. Aunque se suaviza con el tiempo y os aseguro que se me pasará.

Simplemente, desde que nació mi hijo, empujo un carrito. Desde hace más de dos años he emprendido una carrera de obstáculos que me preocupa. Me alarma por todos los que epujan los capazos de sus retoños. Lo siento por si tienen que llevar mellizos o trillizos. Pero sobre todo lo lamento por los disminuidos físicos que deben caminar con muletas o desplazar su silla de ruedas de por vida. Me duelen esos ancianos que ambulan con bastón o cualquier otro lazarillo. Me apenan los ciegos aprendiendo y reaprendiendo los caminos, las esquinas, las vaguadas, porque se han abierto nuevas zanjas, porque aparcamos el coche o la moto, donde nos viene en gana, porque el Ayuntamiento ha puesto chirimbolos, mobiliario unbano, que nos cierra el paso, porque las aceras son pequeñas, porque los alcorques son grandes y no hay árboles, porque las farolas se plantan en medio de nuesto paseo, porque las baldosas estan levantadas, porque allá donde el camino está expedito hay una caca de perro o dos o veinte o una vomitura del derecho a la botellona o tres tirados en la acera o esa señal de circulación que se cayó y nadie ha levantado, por la falta de accesos, por los embotellamientos, por la ausencia de rampas, por la carencia de autoridad o por la existencia de esos mismos policías, que en Granada no se sabe si hay guardias porque hay atasco o hay atasco porque hay guardias.

Granada la bella...

Aunque esto ocurre en todos lados. Madrid, desde Carlos III, está contínuamente en obras. Alguien importante (?), no recuerdo, llegó a la capital de España, y en su traslado del aeropuerto a la recepción oficial, le pidió a Gallardón que cuando encontraran el tesoro que se lo hicieran saber.

Jueves, 25 de Mayo de 2006 12:28 Autor: volandovengo. #. Tema: Denuncia Hay 2 comentarios.

Granaínos

Mejor "granaínos" que "granadinos" que suena a refresco o a gominola.

Siempre me han reventado las generalizaciones. Los ingleses son puntuales, los españoles tienen la nariz y las ojejas muy grandes, los indios caminan en fila... Habrá ingleses tardones, españoles sin orejas (Dalí decía que "la mujer elegante no tiene nariz") e indios que no guarden la fila ni para cobrar la pensión. Me fastidian sobre todo las generalidades de los hombres y de las mujeres. Cada cual es como es; de su padre y de su madre; y, gracias al cielo, irrepetible. (Algún día hablaré del cielo y del infierno.)

Nada hay tan falso como la pretención del dicho de que todos somos iguales. Y una eme así de gorda; todos somos diferentes, distintos y por suerte bien distintos. Quien quiera ser como éste o cómo aquél es un papanatas. Ya nos invadirán los clones cuando se levante la veda.

Los granaínos, dicen, decimos, tienen mala follá. Hay tantos mala follá como granaínos, como españoles, como humanos... Aunque su manifestación, nuestra manifestación, es evidente. ¿Lo dará el clima, el ambiente, la herencia? A uno de los camareros del bar Aliatar en el Albaycín, famoso por sus tapas de moluscos testáceos, un turista, después de pedir una ración, le pregunta cuántos caracoles entran en el plato. Detrás de la barra, sin inmutarse ni para bien ni para mal, el camarero responde simplemente: "no los he contado". ¿Es eso mala follá? ¿Es gracioso? ¿Es ofensivo? ¿Todos los granaínos son así?

Tierra del chavico, también dicen. Agarrados y peseteros (dentro de poco no se entenderá esta palabra). El otro día comí fuera. En un local conocido, del que he sido asiduo parroquiano. El restaurador se alegra de verme, me palmea la espalda y me recomienda lo qué comer. Buena comida, buen servicio, buen precio. Pero, tras el café, al pedir la cuenta, graciosamete le pido a mi amigo un chupito de orujo. ¡Al momento, caballero! Pero la copa y la cuenta me la trae una empleada. Cuarenta euros justos más uno setenta y cinco del digestivo. Es decir, que pagué para no volver hasta que se me olvide. ¿Es eso mala follá? ¿Lo suyo o lo mío? ¿Somos iguales? ¿No debería haberme cobrado el vasito? ¿Debo apencar por no haber esperado que él me lo ofreciera? (Se me ocurren cien preguntas más pero lo voy a dejar así.)

Viernes, 26 de Mayo de 2006 12:17 Autor: volandovengo. #. Tema: Denuncia Hay 8 comentarios.

Rocío Montoya se abre camino

Los jueves, sobre las diez y media, La Platería mantiene una programación estable de flamenco local. Este día, la peña abre sus puertas para dar paso a toda clase de público. Algunos aficionados y muchos visitantes se dan cita allí para impregnarse de buen flamenco. Esta semana, para terminar el mes de mayo, se hizo doblete. El baile joven y fresco de Rocío Montoya se complementó con el cante sabio del veterano Paco Moyano y su hija. Comenzó Rocío bailando unos jaleos extremeños muy bien arropada por su grupo. La bailaora, de traje corto negro, tuvo una entrada de taconeo y percusión que creó una gran expectativa entre los presentes. Su baile es seguro, arriesgado y novedoso. Todo esta medido. No da tregua a la improvisación, aunque el pellizco se siente tras cada envite. Rocío abrirá también la segunda parte con unas interesantes romeras que fueron aplaudidas durante varios minutos.

Paco Moyano, con su hija como acompañante y un magnífico Rafalín Habichuela a la guitarra (a quien tendremos ocasión de saborear el 17 de junio en La Chumbera), abrió su actuación por tonás. Desde ese primer momento, notamos tanto el oficio del padre como el tanteo pueril de Ámala. Bastante gusto, pero falta de voz y algo desorientada. En las bulerías obligó al tocaor a cambiar la cejilla por su salida fuera de tono. Pronto, sin embargo, se enmendó y culminó con acierto Paco Moyano, quién también acomodó unas granaínas a sus posibilidades, hizo un polo muy particular y acabó con un garrotín la primera parte, que remató su hija por tangos.

Después del baile elegante y sentido de Montoya, Paco nos brindó una deliciosa soleá para dar paso a un bis a bis más festero que ocupó el resto de la segunda parte. Los Moyano cantaron alegrías, fandangos de Huelva (la mejor aportación de la niña) y las comentadas bulerías.

Sábado, 27 de Mayo de 2006 11:02 Autor: volandovengo. #. Tema: Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La española cuando obesa es que obesa de verdad

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Inma asegura que ya ha perdido ocho kilos. Ese 'ya' indica su deseo de seguir perdiendo peso. Conozco a pocas mujeres (y cada vez a más hombres) que estén de acuerdo con lo que denuncia la báscula. Todas (todos) pretenden conseguir su peso ideal, generalmente para dejar algunas grasas, michelines, cartucheras, panza cervecera... Cuando le comentas a alguien qué barrigón tiene, graciosamente contesta, mientras se acaricia la oronda barriga que le cuelga por encima del cinturón: "mi trabajo me ha costado"; dan ganas de contestarle: "más trabajo cuesta quitársela, desgraciado". Y es que la vida no perdona. La vida que llevamos. La comida, la rápida y la tradicional, la falta de ejercicio, el estres, el exceso de comodidad... El caso es que todo se acumula donde menos queremos. Una letrilla flamenca cantada por Rafael Amador dice: Todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda.

La obesidad, la gordura, las carnes, al fin y al cabo, no son un problema. El problema grave es la insatisfacción. Este desacuerdo con nuestro cuerpo es lo que nos acarrea problemas, es lo que merma nuestra autoestima y puede desembocar en graves enfermedades.

El otro día, mirando la tele, vi desfilar a esqueletos luciendo ropa por una pasarela, que es la mejor forma de saber cómo quedaran en el armario colgada de las perchas, y me acordé de Rubens y de sus Gracias, de la voluptuosidad y el erotismo que destilan unos cuerpos rellenos, sonrosados y alegres (y desnudos). Es la estética. Ayer vi a una portuguesa con un bigote que tiraba para atrás, que te da un beso y te cepilla el traje (Gila), y recordé que en La Regenta de Clarín se alababa a la mujer con una leve sombra de bello bajo la nariz.

Es producto de nuestro tiempo: la delgadez extrema frente a la obesidad enfermiza. Los extremos son peligrosos, enfermizos, antinaturales. No defiendo yo un exceso de carne, un 'complejo de Botero', se podría decir, pero sí me inclino por las curvas frente a las aristas, las redondeces frente a planitud. La mujer (perdonadme que enfoque al sexo fuerte) debe rellenar sus pantalones y, si las carnes son serranas, gurruchagamente apretadas, se merecen un ole castizo. Esto es mejor que la obesidad americana, por ejemplo, que se derrama de tanta hamburguesa y bollo envasado.

Lunes, 29 de Mayo de 2006 11:29 Autor: volandovengo. #. Tema: Algunas cosas y demás verdades Hay 1 comentario.

Soy un peatón

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Hace poco se hizo una encuesta nacional para ver cuál era la palabra más bella del idioma castellano. Sin embargo, la intención del concurso se desvirtuó porque nos saltó el alma de hombres de buena voluntad, la vena romántica que todos llevamos dentro cuando no nos jugamos nada, y elegimos el contenido en vez del continente, el significado en vez del significante, el simbolismo en vez de la fonética, de la sonoridad, de la grafía. Elegimos la palabra "amor" que, bien mirado, es una palabra agradable, que bien se destila (sobre todo en sus participios). Pero la palabra más bella... no lo creo. Un sustantivo podría ser bello, pero un verbo... (a no ser que sea el verbo que se hizo carne).

Se me ocurren algunas palabras, muchas de ellas de origen árabe, pero mi intención no es hablar de nombres hermosos, sino de todo lo contrario. Palabra fea donde las haya es "peatón" (que designa a la persona que va a pie por una vía pública). Es fea la palabra y, si me apuran, su significado. Además, tiene un cierto paralelismo con "pueblo", "vulgo", "plebe"... frente a la gente motorizada que son los elegidos, los privilegiados, los patricios o aristócratas de esta sociedad urbana. El peatón tiene los derechos restringidos. Sufre por partida doble, porque va a pie y coge el autobús (léase "sube" al autobús, que en suramérica me ponen problemas).

El autobús, o sea, el transporte público, es un caos. La circulación es criminal, como ya he denunciado en alguna ocasión, la espera inhumana, el hacinamiento bestial (en el amplio sentido del término), la amabilidad de los conductores legendaria. Algunos autobuses, incluso, como muchos saben, son líneas fantasmas, que sólo existen porque siempre los vemos pasar en dirección contraria.

Por suerte o por desgracia yo soy un peatón, con todo el infravalor que encierra esta confesión. Pero creo que, dentro de la pena, alcanzo una libertad que el esclavo de la autonomía motorizada no la tiene. Elijo mi destino, incluso por dirección prohibida, no necesito buscar aparcamiento, siempre llevo un libro para engañar las esperas o hacerme invisible en el autobús (que ahora tiene aire acondicionado), no tengo que pelearme con otro conductor por no sé qué derechos, no voy a gasolineras, ni temo pisar la raya contínua, el semáforo es mi aliado si no hay vehiculos a la vista, puedo ir hablando por el móvil y un poco bebido y, encima, hago ejercicio.

Soy un peatón. Soy un hombre con suerte, aunque no me guste la palabra (¡anda que viandante!).

Martes, 30 de Mayo de 2006 18:15 Autor: volandovengo. #. Tema: Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.