Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2006.
Resumen
- 01/09/2006 12:08 - El preciosismo de Rocío Molina
- 02/09/2006 11:10 - El tiempo no se detiene
- 03/09/2006 12:44 - Guardacostas
- 04/09/2006 11:02 - El Festival de Ogíjares aún no toca fondo
- 05/09/2006 12:27 - Plagios y otras indecencias
- 06/09/2006 17:19 - Programa flamenco
- 07/09/2006 11:49 - Guitarra se escribe con mayúsculas
- 10/09/2006 11:55 - La última noche bajo la luna
- 11/09/2006 12:13 - Hipersensibilidades
- 12/09/2006 13:09 - Granada sostenible
- 12/09/2006 13:23 - Acordes de flamenco
- 13/09/2006 13:25 - Vindicación del plagio
- 14/09/2006 11:56 - Huellas de amor eterno
- 18/09/2006 11:18 - Más gente que entradas vendidas
- 19/09/2006 19:44 - Primeros en reventar
- 20/09/2006 10:10 - [Castidad y amigos]
- 21/09/2006 13:30 - El blog
- 22/09/2006 10:52 - XIX Festival Flamenco de Huétor Vega
- 23/09/2006 11:34 - Algo más sobre el plagio
- 24/09/2006 09:16 - El Otoño
- 25/09/2006 10:13 - Un clavel bajo la lluvia
- 26/09/2006 18:11 - ¿Un cafelito?
- 27/09/2006 18:51 - Meme musical
- 29/09/2006 11:08 - Programa flamenco
- 30/09/2006 13:19 - Los higos del hijo del mercader
El preciosismo de Rocío Molina

No cabe duda que el baile flamenco está cambiando. No es que se separe de la ortodoxia y del canon prefijado desde que una soleá levantara a una flamenca de su asiento y le llevara a alzar las manos. Es más bien la evolución lógica de este arte. Es la consecución necesaria para que el flamenco siga vivo y no sea una pieza intocable de museo. Al igual que el vino ya no es “lo que da la tierra”, sino que precisa una elaboración, el arte flamenco debe dejar de ser exclusivamente “lo que da la tierra” y debe convertirse en una disciplina de trabajo y estudio, de conocimiento y verdad, para que no nos sigan dando “flamenco de garrafón”.
En esta línea apuntada, por suerte, un nutrido grupo de artistas jóvenes han arrimado el hombro y nos ofrecen un baile más reposado, más simbólico e intelectual. Como decía Mario Maya, el baile no debe ser fuerza bruta. El baile flamenco no es puro arrebato. Debe de salir de dentro, pero expandirse como el aceite y comulgar con la realidad, saber de la existencia de otras artes y beber de todas las fuentes a su alcance.
Rocío Molina, nacida en Málaga en 1984 (obligado es hacer referencia a su juventud) encaja en el perfil de la nueva bailaora, convirtiéndose en intérprete y modelo, en tranquilo manantial y en río que se desborda. Su baile es un verdadero deleite, pañuelo de encaje, figura de Sèvres. Es eternamente femenina, de elegante braceo y exactitud en los pies. Se refleja en el pasado para, con conocimiento, alzar la cabeza y mirar al porvenir.
Su actuación toda es un cuento en forma de romance, donde ella es la princesa, el hada y el dragón. Érase una vez, en un lugar cercano, unas tonás en compás de seguiriyas que la bella bailaba como los ángeles y a los espectadores se les cortaba el aliento. Con una elegante bata de cola negra y una trenza oriental que despejaba su blanca cara de porcelana fina, Rocío tensa todo el cuerpo y gira sobre sí misma, haciendo bailar cada músculo de su ser. El romance continúa después de la primera entrega de Antonio Campos en forma de granaína. Antonio es un cantaor festero que, como Camarón, en vez de adaptarse al cante, adapta el cante a su persona. Así, aligera la media granadina filtrándola con fandangos de Frasquito, con ritmo de tangos. Más tarde hará soleá por bulerías, una gran muestra de vocación y poderío. La segunda entrega de la bailaora malagueña, como digo, es un romance por bulerías, en la que encierra algunos compases del popular “¡Anda jaleo!”. Es su pieza más simbólica y arriesgada. Con una vestimenta de camisa blanca, pantalón a media pierna y pañuelo al cinto, se asemeja al pescador típico de su tierra. Es un baile muy marinero, con sabor a espuma fresca y a sal. Es largamente aplaudida en sus silencios, con lo que se ve obligada a continuar su trabajo, pareciendo así que bailara los aplausos.
Continúa el cuento con unas alegrías exquisitas donde, sorprendentemente, la única critica que se le podría achacar a Rocío Molina, que es la falta de expresividad en el rostro, la supera con creces y deja relucir sus emociones y la sonrisa necesaria para este baile de fiesta.
Como fin de actos, termina el cuento como empezó, con un martinete en forma de bis semi improvisado, cerrando así un espectáculo redondo. Convenciéndonos, no sólo de que es una de las bailaoras del momento, sino que se encuentra en el buen camino.
El tiempo no se detiene

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Eso es lo que parece dar a entender Israel Galván en este nuevo espectáculo. “La edad de oro”, al igual que el título homónimo de Luis Buñuel en el que retrata brutalmente a la burguesía, expone una espiral que parte de ese supuesto tiempo mítico, pasando por las propuestas actuales y desembocando en un futuro aún no previsible. La parquedad del bailaor sevillano le lleva a acompañarse tan sólo de la inmensa desnudez de un cantaor y de una guitarra que complementan el simbolismo de toda la obra. Fernando Terremoto, fiel reflejo del cante de los años cincuenta y sesenta, dice los cantes como podría decirlos su mismo padre, Terremoto de Jerez, Sordera, Tía Anica la Piriñaca o Agujetas el Viejo. Desde su comienzo por tonás hasta su final por bulerías o su fandango a pleno pulmón, hace alarde de su torrente de voz, que justifica generosamente su sobrenombre. Alfredo Lagos, más libre, con su guitarra suelta, es una volaera que gira según sople el viento, sin ajustarse a ningún canon. La excelencia de su toque se refleja en cada uno de sus solos, de sus arpegios, de sus silencios, que van y vienen inmersos en la continua rueca del tiempo. Destacamos la seguiriya, la soleá, las alegrías… como cenit de ese devenir. Israel Galván, por su parte, va hilvanando esa espiral, concretando esa propuesta espacio-temporal que, como el oleaje de las mareas, viene y va y siempre es el mismo y siempre es cambiante.
Toda la obra son latidos, son impulsos, rellenos de silencios y de arrebatos para dejarse morir de nuevo en su misma quietud. Así las piezas son breves, que decrecen, se congelan para saltar de nuevo. Son chispazos líricos, son como los fotogramas de las películas de época, es como la lluvia de estrellas. Israel, influenciado por el bailaor y pintor Vicente Escudero, se levanta y se rompe, adopta posturas imposibles y roza lo sublime. Se acuerda de sus mayores, recuerda la fiesta y expone su verdad. Los brazos escapan de su cuerpo, sus pies temen abandonar la ortodoxia, su cuerpo se crece y se dobla como si fuera un hombre de goma. Sus movimientos encierran la feminidad y la hombría necesarias para llevar a pensar en un futuro también ambiguo. Los remates de sus apariciones, la propuesta final a cada una de sus piezas de danza, son posturas, a veces forzadas, a veces hilarantes, que recuerdan los cuadros de Escudero. “Tú que puedes”, es una de las voces que se oyó del patio de butacas.
“La edad de oro” en fin es el diálogo permanente entre el pasado que se aferra y el futuro que viene a empellones. Galván dialoga como un orate con esa tradición, escucha a la nada y propone su salto al vacío sin red que amortigüe su arte sin par.
Guardacostas
Cuando yo era joven, durante los meses de verano en la ciudad, acudía con algunos amigos (muchos) a una piscina privada. Era la piscina de Los Mondragones, un club social para oficiales del ejército. Entre el grupo de amigos, había varios hijos de militares que, gracias a ellos, pasábamos todos por hijos de condecorados. (A veces, ninguno de los que íbamos a aquellos jardines era del gremio, pero a fuerza de vernos, entrábamos como usuarios legalmente reconocidos.)
Había allí en la piscina algunos vigilantes que nos pedían de vez en cuando el carnet o nos llamaban la atención o nos echaban directamente cuando nuestros juegos no eran del agrado de los hijos más inmediatos de la patria o cuando cantábamos canciones subidas de tono. A esos vigilantes los llamamos 'guardacostas' en plan irónico, pues parecían guardias del litoral. Y, el cachondeo se armaba cuando alguien avistaba la gorra oscura y gritaba: "que viene el guardacostas".
A raíz de aquello, llamo 'guardacostas' a cualquier encargado, vigilante o portero que se cree con un poder superior, cabeza de ratón por unas horas. Gente (como los jueces) arrogante con los humildes y humilde con los arrogantes.
Anoche, por tercer año consecutivo, estuve, como periodista, en el XXVII Festival Flamenco de Los Oíjares (mañana sacaré la crítica) y por tercer año consecutivo tuve problemas para entrar a pesar de identificarme. Un grupo de guardacostas se pasaban mi carnet de prensa de uno a otro escrutándolo y mirándome de soslayo me preguntaban si no tenía algo más (yo pensaba que si tuviera entrada no me haría falta 'pelear' en la de esa forma y pasaría de todos aquellos liliputienses). Al final siempre me dejan pasar pero me vigilan de cerca. Parece que me hacen un gran favor dejándome que le dé cobertura y publicidad gratuita a su pueblo y a su festival. Me encuentro con Juan Pinilla, crítico de otro periódico (La Opinión), que le pasó un tanto de lo mismo.
El mundo está lamentablemente lleno de guardacostas, de catetos y de bodoques. También de rastacueros, pero eso es otra historia.
El Festival de Ogíjares aún no toca fondo
A las cuatro de la mañana seguía actuando Luis de Córdoba. Alguna vez lo he denunciado: el formato de estos macrofestivales cada vez tiene menos sentido. A la hora en que se anunció el fin de fiestas, con suerte, la mitad de los espectadores no habían desaparecido. Y el que acude atraído por las primeras figuras, que lógicamente actúan al final, se queda con las ganas y con una entrada para enmarcar. Por otra parte, este Festival va decayendo en calidad, aunque aún no toca fondo. La cabecera de cartel, sin desmerecer a nadie, no son artistas que hoy en día ocupen las primeras filas. Con todo y con eso, flamenco hubo y buen flamenco. Luis de Córdoba, con menos facultades de las acostumbradas, dio un concierto a medida de su público. Arropado por Manuel Silveria, admirado e imitado guitarrista, anunció seguiriyas, que fueron livianas en su comienzo. Continuó por alegrías y cantiñas, para pasar a unas peteneras con mucho gusto que, sin embargo, por su mal ramo tradicional, levantó a más de un supersticioso de su asiento. Después hizo unos tientos, la mejor de sus propuestas y unos fandangos, antes de pasar a los tangos finales, que los dedicó a José Fernández, el cantaor que abrió lo noche y sigue su estela. A petición de sus incondicionales, acabó con su éxito Agua fresca que fue bien recibido y coreado.
Como segundo de a bordo figuraba Pansequito que, por su peso específico y los resultados de la velada, justo hubiera sido que ocupara el primer lugar. Con un inmejorable Niño de Pura a la guitarra, se templó por alegrías, como buen gaditano, para exponer seguidamente su magisterio en una soleá. José Cortés Pansequito está en buenas facultades, imponiendo esa manera tan particular de decir los cantes y ligar los tercios. Después se fue por levante. Hizo bulerías y unos exquisitos fandangos que sonaron mejor cuando se apartó del micrófono.
Abriendo esta primera parte y cerrando la primera, tuvimos el colorido del baile de Eva Esquivel y su grupo, un buen grupo que marcaba sin fisuras su fría actuación. El baile es algo que también se pierde en los grandes espacios cuando la gente pulula sin parar, cuando el tablao no suena bien, cuando la distancia difumina las formas… Eva trasmitió poco en la soleá por bulerías y en las seguiriyas con las que comenzó su pase, a pesar de entreverle imitaciones de alguna de sus compañeras de baile.
La primera parte, aunque siempre para abrir boca, estuvo más que correcta. Abrió José Fernández que, con su voz laína y su buen gusto, fue muy chaconiano en sus granaínas y en sus caracoles. También haría fandangos y tangos muy aplaudidos. Fernando Rodríguez, cantaor muy morentiano, haría soleá, malagueñas, que recordaban al maestro Caracol, seguiriyas y fandangos.
La jienense Gema Jiménez levantó a los asistentes de sus asientos desde su primera copla por milongas. El bonito timbre de su voz se impuso en los caracoles y en la granaína. Fue como un homenaje a la tierra donde pisaba. Dádiva que continuó con tangos de Granada, en los que se acordó de La Repompa y de Estrella Morente. La ganadora de la Lámpara Minera del pasado año terminó su actuación con los socorridos fandangos festivaleros.
* NOTA: el de la foto es Pansequito (archivo de internet)
Plagios y otras indecencias
De un libro que me he leído este verano (La Montaña del Alma de Gao Xingjian, único premio Nobel chino, en el año 2000) extraigo este diálogo que trata sobre la profundidad de Gong Xian (pintor chino que vivió hacia 1660-1700):
¿Puedes certificar que esa pintura es suya?
¿Importa eso realmente? Si piensas que es suya, suya es.
¿Y si no?
Entonces no es suya.
También me encuentro en la revista Historia de National Geographic que han hallado en Cádiz (en un solar de la calle Sagasta) una lucerna del siglo II con información de su fabricante: Emite lucernas colatas ab assene (es decir: "Compra lucernas labradas por Asenio"). Lo importante no es el objeto, pues de esta lámpara de aceite de iluminación casera han aparecido miles en todo el ámbito mediterráneo, sino el autor de ese objeto, el personaje que fue capaz de darse a conocer mediante sus creaciones.
El arte y la literatura están llenos de anónimos. Cuanto más nos adentremos en el tiempo, la mano del artista será más desconocida, las autorías no son relevantes, se van difuminando en la masa, en la artesanía popular.
La firma es tan importante ahora que a veces es lo único que adquirimos, lo que apreciamos, lo que encarece un producto o, en cambio, es lo único que tiene valor. Pérez Reverte decía que si él firmara las páginas amarillas, se venderían como un bet seller. A veces un verso justifica un poema y éste un libro, que es el que justifica toda una obra, y ésta al poeta y así su firma.
Se duda de que Shakespeare escribiera sus obras. A Cervantes le salieron plagiadores y hubo un tal Avellaneda que escribió una segunda parte de El Quijote antes de que lo él lo hiciera. Homero, según algunas teorías, fue un nombre genérico que agrupaba a los 'homéridas', que eran cantores generalmente ciegos que se ganaban la vida recitando las aventuras y mitos populares de los dioses y los héroes helenos.
Hay artistas que han tenido taller y han confeccionado obras en grupo o incluso han firmado lo que pintaban sus aprendices. Dalí firmaba lienzos en blanco y se los pasaba a sus alumnos. Alberti retocaba por encima los cuadros que se iban descolorando, regalados por su amigo Picasso.
Cuando escribir era cosa de hombres, había mujeres con seudónimo masculino (Cecilia Böhl de Faber alias Fernán Caballero) o maridos que firmaban por sus esposas.
De siempre ha habido suplantaciones, copias, plagios, remedos, imitaciones, falsificaciones... hasta el punto que la perfección de estas nuevas obras adquieren un valor en sí mismo o suplantan los originales cuando, por ejemplo éstos han desaparecido.
Me enorgullezco de haber sido plagiado varias veces, de haber sido copiado e imitado. El plagio (aparte de ser una putada para el que lo sufre) es un acontecimiento que puede hacernos harto felices. No por la recompensa económica que podemos obtener en un juicio defendiendo nuestra autoría, sino por el hecho de que nuestra obra, y por ende nosotros mismos, nos hallamos a tal altura que merece la pena hurtarnos un poquito de gloria.
Una vez, hace más de veinticinco años, asistí a un recital de poesía. El presentador, que era nada menos que Concejal de Cultura y se llamaba Fernando (se seguirá llamando, creo) dedicó un texto emotivo al protagonista de la noche, en el que venía a decir que todos somos poetas. No sólo comulgaba con la idea, sino que la cita que leyó al principio me resultaba familiar y el texto en general lo identifiqué como mío.
Al tiempo reconoció su descarada suplantación, pidió perdón con la boca chica y aludió a su falta de inspiración. Yo acepté las disculpas y le propuse que, si las ninfas se habían apartado de su camino, yo le podría escribir un poemita mensual.
Programa flamenco
El flamenco va remitiendo, se va preparando paulatinamente para un solapado otoño (la primavera de los solos). Acaban los festivales de provincia (aunque aún quedan algunos importantes), pero comienzan los de los barrios.
Ahora pondré la programación de lo que queda de mes:
Mañana jueves, 7 de septiembre, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,10), podemos ver el espectáculo “De Sanlúcar a Granada”. Al cante: Naike Ponce y Juan Dedel; baile: Lucia de Miguel; toque: Rubén Campos; compás: Charo López (10 euros)
El sábado 9 hay doblete. En el mismo Centro de Interpretación, a la misma hora (22,10) y al mismo precio (10 euros), será el último día para disfrutar del fresquito de este entorno privilegiado, en el que veremos “Los Habichuela y el Sacromonte”. Al cante: Pepe Luis Carmona Habichuela; baile: Benjamín Santiago; toque: Juan Habichuela “Nieto”; Compás: José Antonio Carmona (Sabor y herencia donde los haya)
El mismo sábado a partir de las 22'00 dará comienzo el Festival del Zaidín, con el lujo de José de la Tomasa y Tina Pavón, al cante, entre otros, y a la guitarra Miguel Ochando y alguno más. (Entrada gratuita).
El miércoles 13 está el añejo Festival Flamenco Plaza de Toros (no sé aún el programa)
El sábado 16 otra cita mítica: el Festival Flamenco Albayzín con Parita, Montse Cortés, Guadiana y Miguel el rubio, entre otros.
El jueves 21, volvemos al barrio alto de Granada para asistir por segundo año (después de una fría escisión) al Festival Flamenco Bajo-Albayzín con Manolete y la Zambra de Curro Albayzín, entre otros.
Para terminar el mes, el sábado 30, otro nuevo doblete, con el Festival Flamenco “Ciudad de Órgiva” y el Festival Flamenco “Encuentro con la Danza” de Armilla
Si me llegan nuevos datos, los iré publicando. Octubre será un mes más tranquilo en cuanto a flamenco, con protagonismo de las Peñas. Ya hablaremos.
Guitarra se escribe con mayúsculas

Ningún tocaor que se precie puede obviar la figura de Manuel Cano Tamayo (1925-1990) y su insigne aportación al mundo de la guitarra. En flamenco, Granada se ha distinguido por sus guitarristas. Tanto es así que el mismo Paco de Lucía confiesa que en nuestra ciudad actúa, si no con miedo, con cierto respeto. Pues bien, el pionero de esta leyenda es Manuel Cano, Medalla de Oro de la ciudad a título póstumo, que dejó una insigne obra sobre el mundo de la guitarra.
Este año, cuando Manuel cumpliría 81 años, se publica la tercera edición su libro “La Guitarra. Historias, estudios y aportaciones al mundo flamenco” por la firma hispalense Ediciones Giralda. Una obra que vería la luz por primera vez en la granadina peña de La Platería en 1986.
Es una edición muy cuidada, de gran formato, encuadernada con hilo vegetal sobre tapa dura imitando al terciopelo y completamente renovada. Incorpora dos CD -sonido remasterizado- con un largo recorrido por los temas del flamenco de su época que el maestro compiló para la ocasión. Con ella, Manuel Cano quiso dar respuesta a todas las preguntas que se le hacían alrededor del mundo acerca de la guitarra. Además, quiso que sirviera de compendio a sus alumnos, pues fue catedrático de guitarra en Córdoba y Granada.
José Manuel Cano, hijo del compositor, ha sido el artífice de esta edición, que ha pretendido ser un homenaje al flamenco en general y al maestro Cano Tamayo y a su mujer, Emilia Robles, en particular.
El libro consta de seis capítulos que van desde un estudio interesantísimo sobre los instrumentos de cuerda, hasta la evolución de la guitarra y las primitivas escuelas más importantes en su construcción, pasando por la aportación de la guitarra a las formas y bases rítmicas del flamenco, incluyendo numerosos estudios y partituras originales.
Aunque la obra es de contenido sencillo, para todos los paladares, es verdaderamente exhaustiva y técnica en determinados momentos, lo que viene a ser más aprovechable para el guitarrista iniciado o el experto en música.
La introducción y preliminares a la obra, que desliza algunos errores tipográficos difícilmente asimilables, son un poco simples, más motivados por la nostalgia y el sentimiento que por el rigor. El cuerpo de la obra se muestra en blanco y negro, pues lógicamente procede de las primeras ediciones; pero en general la calidad de las ilustraciones deja bastante que desear.
“La guitarra” es la obra cumbre de este instrumento, que cualquier aficionado debe manejar habitualmente como libro de consulta.
* Reseña aparacida en el nº3 de la revista "Acordes de flamenco" (agosto-septiembre 2006)
La última noche bajo la luna

Hoy sábado finalizan las actividades del Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte con el espectáculo “Los Habichuela y el Sacromonte”, con los representantes más jóvenes de una de las sagas más importantes del flamenco granadino. Situado en el Barranco de los Negros, el Centro de Interpretación ha optado por tercer año consecutivo apoyar a los flamencos de su entorno, a los artistas que han nacido, se han formado y han desarrollan su labor creativa en el barrio del Sacromonte. En su programa flamenco, que dio comienzo en la Noche de San Juan, imbricándose con el Festival de Música y Danza de Granada, hemos podido disfrutar de las tres vertientes y disciplinas de este arte, cante, guitarra y baile.
Por su escenario, al aire libre, han pasado una amplia representación de artistas del Sacromonte y de toda Granada, que abarca desde los jóvenes valores, algunos de familias tan conocidas como los Habichuela, los Morente o los Colorao, a artistas ya consagrados, como Antonio “El Colorao”, Jaime “El Parrón”, Agustín Carbonell “El Bola”, Carlos Zárate o el baile añejo de Angustias “La Mona”. También, casi siempre para la ocasión, han surgido nuevos grupos, como es el caso de “Malasjuntas” o “Savia Nueva” o espectáculos singulares, como “De Sanlúcar a Granada”.
Cada noche de este verano, en que ha habido programación flamenca sacromontana (martes o miércoles), el Centro-Museo ha reunido entre cien y doscientos espectadores que, a un precio asequible, han podido disfrutar de un espectáculo de calidad, al frescor del monte, con la luna como testigo, con unas vistas impresionantes al Barrio y a la Alhambra y saboreando una sangría o una cerveza.
La oferta se complementa con un ciclo de cine sobre flamenco. Durante el mes de agosto, con menor asistencia, aunque con un aforo considerable, se han podido contemplar las cintas de “Morente sueña la Alhambra”, de tremenda actualidad, “Por Oriente sale el sol (La Paquera en Tokio)”, sobre la jerezana recién fallecida, o “El Sacromonte y yo”, sobre la vida y el baile de Mariquilla.
Hipersensibilidades
Entre los muchos proyectos que se han quedado enredados en las entretelas de mi olvido, en el inconmensurable tintero de las ganas, está ese héroe de cómic, un superhéroe que llegó tarde al reparto de los superpoderes y fue de los últimos en elegir. Ya habían pasado Superman y Batman, el Hombre de Hielo y la Mujer Pantera (incluso hasta el hombre orquesta). Ante la oferta tan peregrina de especialidades que quedaban vacantes, nuestro personaje decidió hacer mutis a la francesa, pero con buenas palabras y con un garrote como de rey de bastos, lo conminaron a regresar al sorteo de habilidades (el juego es el juego).
Más que elegir su especialidad, como era su deseo, ésta le fue impuesta, al igual que el castigo de una divinidad clásica. Y, desde ese momento, el hombrecito rezagado quedó convertido ipso facto en el "Hombre Imán". Por la calle se le iba pegando todo objeto metálico que se hallaba por sus alrededores.
Cierto día, se enganchó a una señora gorda que había comido lentejas (pues estas legumbres tienen mucho hierro). La dama, ligeramente contrariada por el impulsivo abordaje, la emprendió a paraguazos con el pobre "Imán", como se llegó a conocer (pues "Imán Man" sería una redundancia o una extraña tartamudez cacofónica).
Desesperado por su fortuna anversa, decidió abandonar este mundo arrojándose por el puente de Brooklyn pero se quedó sin remedio pegado a su baranda...
Hasta aquí más o menos llegaron las desventuras de este alter ego, que quise llevar a las tiras de las historietas, antes de que la idea se diluyera como muchos otros sueños. Al menos fue divertido.
Pero verdaderamente de los poderes que quería hablar son más reales. Sé de un crítico de música clásica que puede advertir tras una hora de concierto que el cuarto violín ha sonado una octava más alta en tal pasaje. Mercedes (conocida por Búha) es enóloga de profesión y sabe sacarle al vino regustos extraordinarios entre madera, cereza y vainilla. Rosa trabaja en una industria perfumera y, si no me equivoco, es capaz de detectar más de trescientos olores diferentes (quizá exagero). Me recuerda, salvando mil distancias, al afamado perfumista Jean-Baptiste Grenouille, protagonista de "El Perfume" de Patrick Süskind que, entre otras cosas, recordaba su nacimiento.
Granada acogió recientemente el "XVII Congreso de la Sociedad Europea de Quimiorrecepción (ECRO)", una reunión científica internacional que se celebra de forma bienal desde 1974 y congrega a especialistas mundiales en gusto, olfato y sentidos químicos en general. Allí estuvo Cyrano y el hombre pegado a su nariz de Quevedo. O sea, las narices privilgiadas. Y las orejas. Y los paladares. Y los cerebros...
Super heroicidades o prodigios. Dones de la naturaleza, gracias del destino. Sentidos privilegiados, superpoderes terrenales. Un oído superfino, un vista de lince, un olfato hipersensible, un gusto exquisito, buen tacto (sobre todo mucho tacto), un cerebro privilegiado.
Los que estamos limitados no dejamos de admirar esas habilidades de nacimiento y miramos con cierta envidia a quien baila con nosotros, por ejemplo, y nos susurra al oído Aqua Fresca de Adolfo Dominguez.
Granada sostenible
A la derecha de este blog, algo abajo, he puesto algunos enlaces a otros blogs y páginas de internet en las que suelo bucear. Mi intención es hablar de todas y cada uno de estos links (no son muchos) y, si es posible, tratar de ellas coincidiendo con algún acontecimiento extraordinario. Este es el caso de la revista de ecología ciudadana "Granada Sostenible" (www.granadasostenible.org), que, con la Asociación "Granada al Pedal", mañana miércoles, 13 de septiembre, a las 19'00 horas, en el Palacio de los Condes de Gabia (C/ Varela, Granada), presentan el número cero de "Cuadernos de movilidad y ecología ciudadana", en el cual se inserta un hipercuento de mi cosecha.
Desde hace varios meses, la Asociación Granada al Pedal vienen publicando esta revista digital sobre ecología ciudadana con el objetivo de incidir en "un cambio cultural para la movilidad sostenible".
Muy en la tierra, sus propuestas son legítimas y totalmente factibles. Ellos se han pronunciado por ejemplo por el proyecto de metro en granada, la tala indiscriminada de olmos en la Avda. Constitución o sobre la realidad de las banderas de calidad en nuestras playas.
Es imprescindible echarle un vistazo y una manecilla cuando podamos, pues como decía ese proverbio masai: "La tierra no es un regalo de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos".
Os espero mañana.
Acordes de flamenco
Si os encontráis en Sevilla o alrededores, hoy (martes 12), se presenta la revista "Acordes de Flamenco", en el Museo de Baile Flamenco de Cristina Hoyos (Manuel Rojas Marcos, 3), a las 20.00 horas, con un reportaje que hice sobre este museo y una entrevista a su Directora Artística.Vindicación del plagio
Hace unos días me pronuncié en este mismo foro por una suerte de extensión artistica que es la copia, el plagio, o, más acertadamente, la recreación. No quiero decir que esté a favor de que se fusilen los cuadros, los textos o las ideas. Simplemente pienso que si no llega a ser por las copias romanas de gran parte de la escultura griega, ésta no se conocería. Si no llega a ser por los copistas árabes o la laborr de los monasterios medievales, la mayor parte del pensamiento antiguo se habría perdido.
Así, quiero inaugurar una sección dentro del blog, que no sé lo que dará de sí, en la que recrearé algunos cuentos que me han impresionado, que me han contado y los recuerdo muy difusos o he leido y se han precipitado al abismo del olvido. Son pequeños textos que he adaptado del original por imposibilidad de materializar ese cuento matriz, bien porque se me ha perdido, bien porque en realidad no existe.
Dentro de unos días, plasmaré el primero de estos perdonables "plagios" que comenzaba simplemente manifestando esta "vindicación del plagio":
Puede que fuera Sciacia, el siciliano Leonardo, quien dijera que a partir de los sesenta, toda tu vida anterior se vislumbra romántica. Yo, en cambio, no me esperaría a las puertas de la vejez para apoyar tal afirmación. A veces se confunde la realidad con la fantasía, y lo que cuentan, lo que se ve, lo leído o soñado, se introduce y se funde con algunas de las reminiscencias más ambiguas. Así, los recuerdos, al tiempo, no son más que una gavilla de buenos momentos y desafíos vitales encantadores.
Me adhiero y aplaudo la literatura oral, la cultura del núcleo familiar, historias de los antepasados, contadas tradicionalmente de padres a hijos durante generaciones.
En la Plaza de Jemma el Fna en Marraquech ─y me imagino que en todos los pueblos y lugares que laten en el mundo─ se pueden ver sin extrañeza contadores de cuentos, recitadores del Corán, cantores populares, narradores de su propia vida, vendedores de ensalmos, dichos, juramentos y demás palabrería.
Cuando comenzó la escritura, no cercenó el recuerdo de la palabra, los mitos, las canciones, las sagas o las tradiciones familiares, sino que le dio un soporte para que pasara íntegro y original a los hijos venideros. Aun escritos y registrados, son susceptibles de ser aprendidos y contados, trasmitidos a otros que a su vez se los contarían a otros, quienes los relatarían a los de más allá que, quizá, los escribieran con sus modificaciones. Lo cual, de ninguna manera entraría dentro del plagio, acaso del plagio genial. No sería creación absoluta, sino recreación, que no deja de ser original, enriquecedor y auténtico.
¡Chapeau por las correcciones, las ampliaciones, las acepciones, las versiones, las interpretaciones, las notas marginales, las continuaciones, las redundancias, las antologías, los estudios, los pleonasmos, las explicaciones, los comentarios, los doblajes y las demás formas de recreación de lo que ya ha sido creado!
De esta manera, me atrevo a comenzar algún relato que posiblemente ya esté relatado, que quizás esté empezando en otra época o en otro lugar, igual o distinto, pero siempre diferente. Narraciones que se asemejan y que un día u otro rivalizarán, se complementarán u ocuparán el mismo anaquel en esa librería universal que soñara Borges, en la Biblioteca de Babel.
Huellas de amor eterno

Ayer, como ya anuncié, estuve en la presentación del cuaderno de "Movilidad y ecología ciudadana". Un acto entrañable lleno de lecturas, música y cine, dando a entender que la ecología debe partir de la cultura. Me recuerda a Mao Zedong (ese exterminador tan visionario como orate) cuando entendía como mérito en la defensa nacional en que sus oficiales fueran músicos, bailarines, artistas circenses... pues decía: "Un ejército sin cultura es un ejército estúpido y un ejército estúpido no puede ganar guerras".
En este cuaderno, incluyo un cuentecito ecológico (of course) que, con el título de "Huellas de amor eterno" reproduzco a continuación:
Un joven abeto y una bella encina pasean por la Gran Vía en hora punta cogiditos muy juntos de las ramas. Huelga decir que están rematadamente enamorados.
Al tiempo, con un calor intermedio, se tumban bajo la tersa pierna de una chica de pelo alborotado.
El joven e impulsivo abeto, en un arrebato de salvaje amor, extrae de las oquedades de su corteza una navaja suiza, enviada directamente desde los Alpes por sus frondosos paisanos, y deja constancia de su inmutable amor en la pantorrilla anónima del insensible bosque humano.
Más gente que entradas vendidas
Cuando un espectáculo es institucional, cualquier acto fraudulento incide en todos y en nadie, pero cuando es un particular, o son unos particulares, los que arriesgan su dinero y su tiempo en organizar un concierto de calidad, cualquier ilegalidad puede acabar con los sueños de dichos promotores. El sábado, en el Festival Flamenco del Albaicín, según los organizadores se vendieron poco menos de mil entradas, pero en la puerta accedieron muchos más al recinto. ¿Qué paso? Que vivimos en un país de sinvergüenzas. Que con la venta anticipada, algún listo, se anticipó también un sustancioso pellizco. Con el fácil acceso a las nuevas tecnologías, se falsificaron un puñado de localidades que fueron distribuidas como buenas. Habrá que tomar medidas para próximos eventos. Curiosamente, Parrita, cabeza de cartel, actuaba en primer lugar. Con sus grandes baladas gitanas, su presencia en el escenario rozó la media noche. Cantó gran parte de sus éxitos, Contando las horas, Y no pasa nada, Quitaba el sentío… haciendo las delicias de sus seguidores que, viendo como coreaban sus canciones y como lo ovacionaban, superaría al 75 por ciento del aforo reunido. Pedro Sierra, previendo que actuaba en un festival flamenco, no se limitó a su rumba catalana habitual, sino que también apuntó soleá y bulerías, y fue valiente en los fandangos. Para terminar, cedió el micrófono a su ahijada Tati Román, artista local, que sigue su estela.Como broche de un festival, que acabaría pasadas las tres de la mañana, el personalísimo Guadiana fue generoso en la soleá y en las bulerías, con aires extremeños, con las que puso el punto hasta el próximo año. Fue un gran final de fiestas al que sólo llegó la tercera parte de los asistentes. Los que no se rindieron por las altas horas, abandonaban por las bajas temperaturas.
Antes de Guadiana actuó Montse Cortés, una de las voces más apreciadas del flamenco actual, con ecos y desgarros asombrosos. La cantaora catalana, con Dani Méndez a la guitarra, hizo soleá, tangos y bulerías. Miguel el Rubio, arropado por Camarón de Pitita, haría tarantos, soleá, bulerías y los fandangos personales que llevan el sello de su padre. Anteriormente, para abrir la segunda parte, después del tronío de Parrita, el onubense Jesús Corbacho y las granadinas Estrella y Macarena rejuvenecieron la noche con su cante ortodoxo y 'arcangeliano' el primero y sus propuestas eléctricas las segundas.
Para ilustrar la velada con el color de sus volantes, tuvimos una buena muestra del baile sacromontano de raíz, con la veterana y temperamental Isa Vega y la jovencísima Silvia Heredia que se fue por bulerías.
* FOTO: La cantaora catalana Montse Cortés
Primeros en reventar

En unas jornadas, que en Australia reunió nada menos que dos mil quinientos expertos de todas dimensiones corporales y adiposas, advirtieron que "en el mundo hay más obesos que personas con hambre". Yo pensaba que estábamos locos, pero después de esta noticia creo que no tenemos remedio. O sea que el primer mundo (que englobaría a todos los que se pueden comprar un bollicao al día) está tocando límites catastróficos por los abusos de grasa, de azúcares y de edulcorantes adulterados, por sobrealimentación y hormonas irregulares...
En un diarío apócrifo, Lope de Aguirre, conquistador de El Dorado" cuenta que en sudamérica, en la selva amazónica, le sorprendieron unos mosquitos, chupadores de sangre que eran insaciables (como una amiga mía, pero eso no viene a cuento), que empezaban a succionar sin compasión a hombres y bestias, hasta adquirir un color sanguinolento y engordar y engordar hasta caer por su propio peso y explotar reventados en el piso.
* Ilustración: "Esclavo gordo" de un tal Matthius
[Castidad y amigos]

Es plausible que ocurriera en la Inglaterra de Ricardo I, en la segunda mitad del siglo XII. Seguramente cuando dicho rey de corazón de león y vida legendaria, partiera a la cabeza de unos 8.000 hombres y una flota de 300 navíos hacia la III Cruzada en favor de la religión verdadera.
Acaso entre esos miles de hombres se encontrara un joven bastardo, apellidado Plantagenet, un soldado que ocultaría su nombre, un cristiano, como otros muchos, hijo del pecado de la pasión, del verdadero amor (como calificó Shakespeare a la bastardía, unos siglos más tarde y en ese mismo país). Fácilmente, este cruzado se llamaría Arthur, nombre simbólico de su estirpe, y que fuera caballero, por qué no.
Arthur nacería alrededor de 1170 en Normandía o Anjou, se casaría entre los dieciséis o diecisiete y al año siguiente se embarcaría hacia Tierra Santa a luchar contra los impíos. Su padre no lo reconocería (¡estaría bueno aceptar como suyos todos los hijos del arrebato!) y él tampoco diría nada a nadie (¡cómo reconocer su ilegitimidad!).
Poco antes de su partida acompañaría a su mujer, creíblemente Ginebra, o si no Helena, o Christina, al lecho y se despediría como un soldado de Dios, sin apenas desvestirse. El último coito hasta su vuelta.
La criada, o su solitaria madre, prepararía un baño caliente con aguas aromáticas. El último baño hasta su vuelta.
Un vistazo a su joven esposa, desnuda de cuerpo entero. Una mirada rápida y sobria, para no pecar contra la lujuria. Sería la última vez que se desnudaría íntegramente hasta su vuelta.
Un beso y un abrazo, antes de colocar ceremoniosamente el gélido cinturón de castidad, hermético estrangulador de la doncellez.
Ella se viste con ropas finas y saca el pañuelo de las despedidas más sentidas. Se parapeta al lado del caballo y se convierte en Magdalena resucitada. No sabe si llora por el marido que se va, por ella que se queda, por su juventud truncada o por que no entiende nada. El caso es que vomita lágrimas amargamente con ojos vidriosos.
El marido, en un arrebato de raciocinio, comprende que puede no volver y ha condenado a su virginal esposa al yugo perpetuo de la clausura vaginal. Arthur cae en la cuenta que ella necesitará a alguien que la cuide en su definitiva ausencia. Él recuerda que tiene un amigo, un íntimo amigo, como un hermano, que no va a la guerra porque renquea o porque no es caballero o porque es muy viejo o porque no cree en de las Cruzadas (siempre ha habido insumisos) o, simplemente, porque no queda sitio en los barcos para más valerosos. Está seguro que obra bien al dejarle la llave del cinturón ferroso de la sumisa esposa a este amigo entre los amigos, a este hermano entre los hermanos, sangre de su sangre, primus inter pares de su confianza.
Pero, a escasa media hora de su partida, asombrosamente, el caballero siente tras de sí ruido de cascos de caballos y violento polvo que se alza difuminando el horizonte. El cruzado se detiene, se vuelve, seca el sudor de su frente y observa a su amigo del alma que se acerca, el paticojo se les une, el viejo decide hacer la guerra, el hombre común descubre la Santa Causa. Con una sonrisa sir Arthur desmonta de su blanco corcel (o negro, o pinto, o pardo), se quita el yelmo y abre los brazos ante su fiel amigo convertido, quien se precipita a su abrazo y le dice sin preámbulos y un poco indignado que se ha equivocado de llave.
* Ilustración de Pablo Ruiz (exprofesa para este cuento).
El blog

Desde el mes de marzo funciona este blog. Comenzó siendo casi un experimento, pues no sabía si iba a poder alimentarlo regularmente. Se me antojaba como un tamagotchi, que si no lo mimas a diario se te muere. Por otra parte, no llegaba a adivinar el interés que pudiera tener mi incursión en el flamenco, por lo general, y mis desvaríos en lo particular.
El nacimiento del blog, como la mayoría de mis visitantes saben, es, como he dicho, de contenido flamenco. Desde un principo mi pretensión era publicar todo lo que escribiera para el periódico y otros medios (crítica de espectáculos flamencos en especial) con su contenido completo, puesto que las diversas publicaciones o lo recortaban o lo castigaban directamente al cajón de lo inédito.
Como es lógico, no hay flamenco a diario. Así que en los días alternos, en la medida de lo posible, comento retazos de mi pensamiento ordenados más o menos en varios temas, que se pueden consultar íntegros a la derecha de esta página.
Desde un principio (hasta el momento) le mando el enlace a bastantes direcciones que poseo en mi correo con la siguiente advertencia algo jocosa: Hasta la fecha, tan sólo cuatro o cinco de esos mail se han dado de baja (algunos me han seguido el juego de BESO-VERDAD-ATREVIMIENTO, con lo cual no me ha dolido tanto su ausencia. Actualmente le mando el link a unas 75 direcciones que no todos acceden a él, pero ahí queda eso.
Por lo demás, me divierte escribir casi a diario y, aunque me gustaría que se hicieran más comentarios en las entradas, las poquitos que se animan a proponer algunas letras bajo mis artículos, me llenan de satisfacción y alardean mi ánimo.
En el mes de julio, para hacer un seguimiento de las visitas a este blog, alimentando así la vanidad y el ego que, solapadamente si quieren, nos caracteriza a todos los blogueros (es público, cualquiera puede consultarlo, el iconillo está a la derecha, debajo de los temas). El día que más entradas tuve alcanzó los 54 internautas (que se repitieron en el día de ayer), el de menos 16, lo cual es un buen número, si consideramos que coincide con los fines de semana.
Según el contador, he tenido visitas de casi toda sudamérica, de Estados Unidos, de Italia, de Israel, de Suecia...
Gracias a todos.
XIX Festival Flamenco de Huétor Vega
Hoy viernes, 22 de septiembre, a las 22 horas, se celebrará el XIX Festival Flamenco de Huétor Vega. Una cita imprescindible, un festival de categoría, que, bajo el buen gobierno de la peña flamenca "La Parra" de Huétor Vega, ha reunido entre sus diecinueve ediciones a los mejores flamencos del orbe nacional.
Tendrá lugar en los Jardines de Huerta Cercada (antes de llegar al pueblo, a mano izquierda) e intervendrán al cante: el imprescindible, aunque poco valorado, Diego Clavel, Manuela Laíno, María José Pérez y mi colega y amigo Juan Pinilla, que arroparán con sus guitarras: Ramón Del Paso, ganador del premio flamenco joven 2005, Luis Mariano, la sensibilidad en seis cuerdas y un sólo corazón, e Isidoro Pérez. Al baile estará la guapa Silvia Lozano y su grupo.
Pero, si preferimos quedarnos en la ciudad, en el Palacio de los Córdova (al principio de la Cuesta del Chapiz) se celebra el Festival del Bajo Albaycín, con dos figuras imprescindibles del arte granadino: el bailaor y coreógrafo Manolete, premio nacional de danza, y el carísmático Curro Albaycín.
Algo más sobre el plagio

De tiempo en tiempo nos asalta la polémica, el descaro de un plagio al pie de la letra. Han sido muchos. Últimamente la patata está sobre el tejado de Lucía Etxebarría y su libro "Lazarillo de Tormes", en el que además del título, Rafael Reig acusa a la autora en "El cultural" de El Mundo, de copiar Saúl ante Samuel, de Juan Benet (noticia de la que hace eco Enrique Ortiz en su blog). Una cosa es la recreación y otra es la fotocopia.
Muchos han sido merecidamene acusados de plagio (como Ana Rosa Quintana que, curiosamente, prologa el libro de Etxebarría) o falsamente, por ejemplo, sin fundamento alguno, Vladimir Nabokov y su Lol¡ta, obra cumbre de la literatura universal y todo un mito de sensualidad y transgresión.
El notas en cuestión es un tal Heinz von Lichberg que a principios del siglo XX escribió un cuentecito de una adolescente afortunadamente llamada Lolita. Aparte de estos dos datos: la condición de 'adolescente' y el nombre de 'Lolita' no hay ningún parecido con la obra maestra que escribió Navokov en 1955. (Parece que 'Lolita' es un nombre la mar de sugerente para los alemanes y otros paisanajes.)
El mayor acierto de este cuentecito, de la editorial Funambulista, además de ser tan sólo curioso, es que está prologado por Rosa Montero que, más que nada, se dedica a desmontar la trama plagística en la que algún crítico teutón, algo descerebrado, quiere envolver al escritor americano, de origen ruso.
Os dejo con un estracto de este preliminar de la autora de Historia del rey transparente:
"En realidad todos los temas ya están escritos centenares de veces, todos escribimos desde lo que hemos heredado, leído, conocido, y el reto está en volver a nombrar el mismo mundo con palabras y emociones tan distintas que lo recreen como si fuera nuevo. La valía de un autor se mide precisamente por esa capacidad de regeneración y de reinvención (...). El auténtico plagio, en fin, consiste en imitar ciegamente los recursos estilísticos de un autor, el diseño y la peripecia exacta de algún personaje o alguna escena, por el mero hecho de copiar, sin añadir nada nuevo, sin ningún afán de renombrar el mundo. Porque es en ese esfuerzo por iluminar tinieblas nunca antes transitadas en donde se reconoce al verdadero escritor. De hecho, la historia de la literatura está llena de novelas muy parecidas (...) y que, pese a una innegable influencia, han sido construidas con tanta potencia creativa, con un mundo propio tan evidente, que a la postre son obras completamente distintas. Como, por ejemplo, Madame Bovary, de Flaubert, y La Regenta, de Clarín. Sin duda Clarín leyó y asimiló la novela de Flaubert, la hizo propia, la convirtió en su carne, como todos hacemos con nuestras lecturas; pero a partir de ahí creó su Ana Ozores viva y coleando, y consiguió escribir una novela espléndida".
Llama la atención que los escritores más creativos son los que más infuencias se atribuyen. Borges decía que en El Quijote todo estaba escrito.
Si queremos de verdad rastrear las huellas de Lolita, debemos buscar en una novelita, "El hechicero", que escribió Nabokov en los años 20, pero que no llegó a publicarse hasta transcurridos diez años de la muerte. Aquí está el germen de la joven nínfula y la posible paidofilia de un caballero acomodado y no en otro lugar.
El Otoño

Como reconocimiento a estos tres meses nebulosos que nos aguardan, rescato del barbecho un par de poemas cortos e inocentes como el sabor del sueño otoñal.
Uno
Me gusta pisar el otoño
cuando el suelo se tiñe de árbol,
cuando los charcos atrapan el cielo,
arreboles rojos en tu cara
y regueros de viento
donde la hojarasca deja paso
a las lágrimas del sueño.
Y dos
Me gusta cuando llueve
para poder gozar
la dulce confusión
que ofrece la capucha.
Aunque prefiero el sol
con los ojos cerrados
y la brisa temprana
que tu pelo alborota.
Feliz otoño.
Un clavel bajo la lluvia

XIX Festival Flamenco de Huétor Vega
Si no llega ser por el prodigio de Mozart, Antonio Salieri hubiera sido un músico más que sobresaliente en la Europa de finales del siglo XVIII; y si no llega a ser por el torrente de José Menese, Diego Clavel, nacidos los dos en la Puebla de Cazalla (Sevilla) en los años 40, no habría crecido en la sombra.
Diego Andrade Martagón es uno de los últimos maestros que nos quedan. Cantaor enciclopedista e incombustible que domina a la perfección el amplio abanico de los cantes. Se entrega con pasión y duende, con esa voz melismática y llena de flamencura.
Terminando sus tientos-tangos en el escenario al aire libre de Huerta Cercada de Huétor Vega comenzó a llover, a la guitarra Ramón del Paso, se miraron y decidieron seguir adelante. Era un calabobos más molesto que alarmante pero podía haber crecido en forma de diluvio. Con el aguacero y todo, Diego Clavel, hizo una consulta a un público que inquieto se refugiaba bajo los árboles y las cornisas (los más siguieron estoicamente sentados en sus asientos) y, sin esperar respuesta, acabó su actuación por seguiriyas.
El maestro de Cazalla comenzó con la caña, que encierra entre dos soleares, y siguió con una bella serrana, que la empezó con livianas y la terminó con seguiriyas. Intérpretes como él quedan pocos, nos tenemos que remontar al recientemente desaparecido Chocolate o a su paisano Menese.
El festival lo abrió el baile galán de Silvia Lozano que, con traje corto, abordó una soleá por bulerías. Silvia es una bailaora de oficio que se crece en el escenario. Trasmite y seduce. Lástima que el tablao no fuera el adecuado. En general, el tablao, su sonoridad, es lo que menos se cuida en un festival y, para la participación del baile, supone casi el cincuenta por ciento de su efectividad.
Para abrir la segunda parte, volvería la bailaora de Huétor Tájar interpretando sus deliciosas alegrías, que cada vez domina con más soltura. Quizás influyera en su incondicionalidad que su maestro Mario Maya estaba bien atento entre el público.
Juan Pinilla abre la noche, después del baile, con unas malagueñas y abandolaos que remata con fandangos de Granada, para marcharse a levante y dejarnos las mineras con las que ganó el concurso de La Unión. A la guitarra un perfeccionista Luis Mariano, todo sensibilidad y buen gusto, que se adapta a la perfección a los devaneos de Pinilla. Muestra de su buena simbiosis fue la farruca que logró por primera vez el silencio absoluto en el alboroto del ambigú. El joven cantaor, acogido a la tradición, acabo su recital con fandangos naturales.
Desde Almonte llega Manuela Laíno para deleitarnos con un pase poco convencional. Con buen timbre y eco marismeño, Manuela nos ofrece guajiras, peteneras y milongas, para terminar con tonás y martinetes e improvisar, a petición de los presentes, unos fandangos de su tierra, en los que se acordó de Paco Toronjo.
La sorpresa de la noche vino de la mano María José Pérez desde Almería, que llenó los jardines de desgarro y frescura. Comienza regalándonos una granaína y media granaína que, con Luis Mariano a la guitarra, fueron un dulce. Continúa sintiendo las tarantas de su tierra, e irse al otro extremo de Andalucía haciendo alegrías de Cádiz y fandangos de Huelva, que cantó en su final sin micrófono, llenando el recinto de sabor y verdad.¿Un cafelito?

Reconozco en él un vicio (de los pocos legales que nos quedan). Un café después de comer es el lujo más asequiblle que conozco. Sé que un café es bueno cuando tomo el primer sorbo y, antes de soltar la taza al plato, me la vuelvo a llevar a los labios y la beso nuevamente. Digo "está bueno" para mí. A cada uno le gusta el café de una forma distinta. Coincidimos más en los gustos estéticos, de una chica, de un chico, que en las apetencias del licor colombino. Yo lo prefiero corto y no muy fuerte. Sigiendo mi instinto seductor (me temo que a la manera de Woody Allen) le comenté a una chica, que ni si quiera me lee, que a mí el café me gustaba como yo: muy dulce y muy caliente.
Nosotros le decimos ’cafelito’. En otros lugares dicen ’cafetito’. Sea como sea, qué bien sienta. Para mí, a veces me resulta contradictorio: me viene muy bien para la tensión baja que me acerca al sueño de la Bella Durmiente ('la muerte dormida'), me da la vida, es terapéutico: pero me sienta como el rayo para los problemas estomacales que padezco. Por eso lo prefiero poco cargado. Y recién hecho. Con hielo no, me parece adulterado. Es como poner casera a un reserva de somontano. La mezcla que aplaudo en el Irish coffee en determinados momentos (sin comentarios).
El café a veces es sólo una excusa para la reunión, la tertulia, el amor o para ausentarse media hora del trabajo. Hay quien ve el futuro en los posos de café y quien utiliza éstos para desatascar las tuberías o para echárselo a las macetas. En los tiempos de posguerra, desde la Revolución Francesa, los desechos de la elaboración de esta bebida negra eran reutilizados y vendidos desde las casas principales por sus sirvientes. Así, teníamos café de varias categorías (según el número de reciclados), aparte del cafeto, la moka o la achicoria (que es otra historia). Ahora tenemos el "café descafeinado de máquina" que, con sacarina, creo que dormimos mejor.
El maestro de historiadores Fernand Braudel (1902-1985) en su libro Civilización material, economía y capitalismo, siglos XV-XVIII (magnífica obra si no dejara, como buen galo, un poco de lado a España), en el primer tomo Las estructuras de lo cotidiano, en el capítulo Bebidas y escitantes, nos cuenta que el café no se popularizó en Europa hasta la segunda mitad del siglo XVII y, en muchos casos con usos medicinales. Cuenta Braudel que en un tratado de medicina anónimo, aparecido en Lyon en 1671, especificaba las cualidades de dicho brebaje:
"deseca todo humor frío y húmedo, expulsa los vientos, fortifica el higado, alivia a los hidrópicos por su naturaleza purificadora; resulta también excelente contra la sarna y la corrupción de la sangre; refresca el corazón y el latido vital de éste, alivia a los que tienen dolores de estómago y a los que han perdido el apetito; es igualmente bueno para las indisposiciones de cerebro frías, húmedas y penosas. El humo que desprende es bueno contra los flujos oculares y los zumbidos de oídos; resulta excelente también para el ahogo, los catarros que atacan al pulmón, los dolores de riñón y las lombrices, es un alivio extraordinario después de haber bebido o comido en exceso. no hay nada mejor para los que comen mucha fruta."
No obstante, prosigue Blaudel, otros médicos y la opinión pública pretendían que el café era un anafrodisiaco, que era una "bebida de castrados".
Meme musical
Ayer me propuso Enrique Ortiz a través de su blog que respondiera a un cuestionario musical, que a su vez le propusieron a él, y que consiste en contestar con canciones de nuestros grupos favoritos a un tándem de preguntas seleccionadas. Y, cómo no, respondió con la sensibilidad que le caracteriza.
Por mi parte, le comenté que me parecía una idea al menos curiosa, pero que yo, lejos de abrirme al inmenso orbe musical, me centraría en el flamenco (más en el título y el artista que la canción en sí, pues –como sabemos- el cante flamenco se compone de estrofas sueltas, que poseen como única relación la motivación del cantaor en un momento determinado).
De esta manera, expongo mis respuestas:
¿Eres hombre o mujer?: Yo soy el viento (bulerías de Camarón)
Descríbete: Agua fina por salobre (tarantas de Carmen Linares)
¿Qué sienten las personas cerca de ti?: Los locos buscando (aires de Huelva de El Cabrero)
¿Cómo te sientes?: Sembré una esperanza (tangos de Enrique Morente)
¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?: Procuro olvidarte (de Bambino)
Describe tu actual relación con tu novio/a o pretendiente: El que la lleva la entiende (bulerías de Arcángel)
¿Dónde quisieras estar ahora?: Huyendo del Rey Herodes (villancicos de Marina Heredia)
¿Cómo eres respecto al amor?: Volar sin alas (tangos de La Susi)
¿Cómo es tu vida?: Voy tirando (Soleá de Aurora Vargas)
¿Qué pedirías si tuvieras sólo un deseo?: A mis soledades voy (soleá de José Menese)
Escribe una cita o frase famosa: Quien maneja mi barca (de Remedios Amaya)
Ahora despídete: Al que le dé, que perdone (soleá de Chano Lobato)
Programa flamenco
El sábado 30, hacemos doblete (o triplete, si se nos antoja). Por un lado está el "Festival Flamenco de Armilla", en el Teatro Municipal (22’00 horas), con la impresonante Carmen Linares, Joselete de Linares, Inmaculada Martín, Alfredo Tejada y José Balao al cante; la impetuosa Isa Vega y su grupo al baile. Presenta el fenomenal Curro Albaycín. (Entrada: 12 euros)
El sábado también tenemos (a esto no voy) el "XIII Festival Flamenco Ciudad de Órgiva” (21’30 horas). Al cante de nuevo Antonio Gómez "El Colorao", Álvaro Rodríguez, Sergio Gómez "El Coloraíto", David Sorroche; las guitarras de José María Ortiz, Vicente Márquez, Jorge "El Pisao"; y el baile de Silvia Lozano y su grupo (José Fernández y Alfredo Mesa). Presenta: Sergio Cuesta (Ignoro el precio de las entradas pero rondará los 10 euros, si cuesta algo)
Creo que el sábado también hay algo de flamenco en el Palacio de los Córdoba, pero no estoy seguro ni sé quien va.
Los higos del hijo del mercader
Hace tiempo, pasando noche en un refugio de la sierra de Cázulas, yendo para la costa granadina, la señora que regentaba aquel pintoresco mesón de montaña, nos contaba cosas de su infancia en ese lugar inhóspito. Nos contó que los últimos bandoleros de aquellas tierras desaparecieron hace apenas cincuenta años. Relató diversos modos de supervivencia y del comercio basado en el trueque. También nos enseñó algunos artilugios antiguos para pesar, medir y calcular (su negocio estaba relacionado con el vino "que da la tierra", altamente alcohólico, pues se le echa azúcar para elevar la gradación).Entre tantas cosas al amor de lo chimenea, en la que ardían grandes troncos de encina (con poca llama, pero con alto poder calórico y buenas brasas), la anciana nos regaló esta anécdota que, al tiempo, rehíce de memoria, intitulándola apocrifamente Los higos del hijo del mercader
"Se cuenta la historia del hijo de un mercader que, cierto día, viajó en lugar de su enfermo padre al pueblo vecino -a una jornada de camino-, portando en la mula algunos enseres y baratijas, que cambiaría por varias mantas, para a su vez trocarlas al día siguiente por más víveres y cacharros.
Se levantó al alba y preparo la bestia, le dio de beber y llenole los serones con la mercadería y, para sí, colgose una buena talega de higos con los que yantar en el camino.
Aconteció que, entrándole hambre, fue extrayendo los frutos del morral y comiendolos hasta el hartazgo. Cuando ya se encontró satisfecho y no quedole sitio para higo alguno, fue arrojando los sobrantes con guasa a los cuartos traseros de la acémila hasta llegar a su destino.
Habiendo terminado los trueques y los negocios oportunos en la aldea vecina, al caer la tarde, comenzó su regreso el mozo. Y como empezole a entrar el hambre, ya sin nada que comer y hallando en su bolsa más que talega, acordose con lamentos y borborigmos de los higos que había lanzado a las posaderas del cuadrúpedo con tanto jolgorio y mofa. Así que, cuando más le rechinaban las tripas, tragose su orgullo y dispuso recoger y engullir los higos reventados en el suelo, diciendo para sí, “éste no le dio justamente en el culo”, “éste pasó rozándole”, “aquel pegó no más que en su grupa”...
De tal guisa, el mozo hincado de hinojos fue comiendo todo lo que antes hubo rechazado por un momento carente de necesidad. Como el bueno de José que cagose en el manantial después de haber saciado su sed, pero, al acuciarle de nuevo las ganas de beber, tuvo que apartar con cuidado los moñigos, maldiciendose y jurando no volver a cometer tal vileza".

