Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2007.
Resumen
- 01/06/2007 12:11 - Proporción de la pena
- 04/06/2007 14:03 - Corrientes subterráneas
- 05/06/2007 10:22 - MAYUUUSCULAS
- 06/06/2007 18:23 - Sobre la Alhambra
- 11/06/2007 12:30 - Te seguiré queriendo verde
- 12/06/2007 11:25 - Un problema de fechas
- 13/06/2007 11:00 - Que sueñes con los angelitos
- 15/06/2007 11:06 - La historia interminable
- 18/06/2007 16:33 - Una enfermedad hereditaria
- 19/06/2007 18:28 - Algunos monosílabos
- 20/06/2007 11:09 - Manchas
- 22/06/2007 11:04 - Por mi complejo de sacapuntas
- 25/06/2007 09:33 - Himno nacional (entrega urgente)
- 26/06/2007 10:53 - Cuatro puntos de luz
- 27/06/2007 13:18 - La cueva en el centro
- 29/06/2007 12:30 - Lejana sombra de Antonio Gades
Proporción de la pena

Algunos presos que están en la cárcel son inocentes. Mucha gente que pasea por la calle es culpable, sinvergüenzas, delincuentes. No desvelo nada. El ladrón de guante blanco queda impune, en muchas ocasiones. El ladrón a mano desnuda siempre paga.
¿La condena está proporcionada con la culpa? Se supone que sí, se espera que sí. Salvo excepciones, quien la hace la paga en proporción.
Pero, lamentablemente no es así. A mis oídos llegan las noticias de presos que delinquieron en su juventud, por su mala cabeza, por sus malas compañías, y siguen pagando una pena de varios años, que se agravan tontamente. Y el preso ya es maduro y se ha rehabilitado y se ha casado y tiene un hijo y debe seguir pagando...
Un estafador, con dinero y padrinos, ve la cárcel sólo para la foto y poco más. Hay excepciones, como digo, y desconozco el mundo presidiario.
Una de las funciones de la justicia a lo largo de los siglos ha sido buscar esa proporción delito-pena. Al principio de los tiempos era tremendo (a veces, es tremendo en nuestros días). Si robas te cortan la mano, si miras mal te sacan los ojos.
Después llegó Hammurabi con su código: la Ley del Talión, el ojo por ojo y diente por diente. Hoy día una salvajada. En su momento, una exquisitez. Si me empujan, yo empujo, y no le parto las piernas.
Todo esto viene a cuento de que, alternado con Capote, entre otros, estoy leyendo a Voltaire, ese genio de la Ilustración en Francia. En un cuento largo llamado "El hombre de los cuarenta escudos", de alto contenido social, habla de esto mismo: de la proporción de la pena.
Voltaire pone multitud de ejemplos dando por conclusión que en su época (principios del XVIII) los castigos no se acomodaban al delito cometido. Deplora y condena, en su condición de librepensador, estas prácticas. Con multitud de ejemplos nos va demostrando las excelencias de una sentencia justa.
Cuenta este pensador de un prior que ahorca a dos de sus jornaleros por robar un puñado de trigo; o de molinero, que resultó ser inocente, al que le impusieron el tormento "ordinario y extraordinario". La tortura ordinaria de la rueda trataba de ser roto en vivo por un sistema de poleas que tiraban de los cuatro miembros; el tormento extraordinario consistía en ingerir gran cantidad de agua a través de un embudo.
Imaginaros al inocente molinero, Jean Calas (ha trascendido hasta su nombre). Y a su mujer, que lo contemplaba y a sus hijas y a sus amigos...
Voltaire relata "la espantosa aventura de una virtuosa madre encarcelada (que también fue presa), unas hijas desconsoladas y fugitivas, su casa entregada al pillaje, un respetable padre de familia quebrantado por la tortura, agonizando en la rueda y expirando e medio de las llamas" (porque después quemaron sus despojos).
Es preferible que cien culpables salgan impunes a que un solo inocente pague.
Luigi Pirandello decía: "Si el errar es propio de humanos, ¿no es la justicia una crueldad".
Corrientes subterráneas

El sábado estuvimos en el cortijo de Juan Pérez, celebrando la mayoría de edad de Isabel Maynés, su familia, sus amigos y nuestros hijos. Un día agradable que se prolongo hasta el anochecer. Comimos, bebimos, reímos y disfrutamos (huelga decirlo).
Pero, quienes mejor saborean esos acontecimientos, para mí que son los niños. El niño se olvida de la realidad y entra en el paréntesis de una fantasía, en el sueño irreal de ser lo que se imagina. Mi hijo, con una espada o un pedazo de palo, vigilaba un castillo que se alzaba a sus espaldas donde todos no vemos nada más que aire (los demás niños también, de una forma u otra, palpaban las torres y las almenas).
La vuelta a casa fue dura. La realidad siempre duele. Con el niño en brazos, puro churrete medio dormido, lo aseé en el lavabo, pues un baño no aguantaría. Comió poco y se quedó dormido.
Y, como a mí me pasa, cuando está muy cansado no descansa bien. Así que a media noche, lo rescaté de sus incubos y lo acosté en mi cama, con su madre. Yo me tendí en la suya, que es donde mejor se duerme de la casa.
Nos lo dijo un brujo, un hombre de campo, un zahorí, que hace unos seis o siete años nos cobró diez mil pesetas, a instancias de mi dueña, por pasearse por toda la casa con unas varillas, comentando algo sobre los “muros geodésicos” y las “corrientes subterráneas”, que la casa, en plena vega, padecía.
Su conclusión fue tajante: la casa estaba mal orientada, debíamos mudarnos. Si acabamos de llegar, nos quejamos. Sólo era un consejo.
Mi mujer se quedó preocupada. Yo era una pizca más feliz antes de saber todo eso.
También nos dijo las zonas de la casa donde la energía era más positiva. Y una de ellas es donde duerme ahora mismo Juan Fernández.
* FOTO: Juan Fernández en el cortijo de Juan Pérez el año pasado (© Manuel Mateo)
MAYUUUSCULAS

Gutenberg inventó la imprenta. Pregunta regalo en un examen de cultura general. A principios del siglo XVI. Aunque existen sus detractores. Aparte de los precedentes habituales a cada invento y de los chinos, que utilizaban algo parecido, la imprenta de tipos móviles de hierro la inventó el doctor Faustus.
La imprenta era considerada como un invento diabólico, propio de la creación mefistotélica de este personaje alemán (del que da buena cuenta Goethe). Gutenberg sólo se quedó con la patente, con no muy buenas artes, todo hay que decirlo: robo, extorsión, compra fraudulenta, intercambio con su alma (por eso el infierno está lleno de propaganda panfletaria)...
En estas primeras imprentas cada letra, con sus variantes, necesitaba un tipo diferente, una matriz individualizada. Así una vocal podía tener cinco o seis piezas diiferentes: con acento, diéresis, circunflejo, tres puntitos, etc. Las mayúsculas, al ocupar toda esta pieza entera, dificultaban tal variedad.
Después, ya en época moderna, apareció la máquina de escribir que, igualmente, impedía colocar el acento en las letras capitales. Con lo cual nos otorgamos una tácita dispensa a la hora de acentuar las mayúsculas en escritos mecánicos. La comodidad e incultura popular, trasladó esta bula a los textos manuales.
Así, se ha creído, desde hace bastantes años que las mayúsculas no se acentúan. Craso error. La Real Academia en su Ortografía dice: el uso de mayúscula no quita la obligatoriedad de la tilde exigida por las normas.
Señores, nunca ha existido esa oficial vista gorda, nadie ha decidido tal barbaridad, que atenta contra las buenas formas. Las máquinas de hoy día, los ordenadores y demás artilugios de la palabra escrita, no tienen problemas para tildar las letras, sean del tamaño que sean. No acentuar una mayúscula, por tanto, es una falta de ortografía inexcusable.
Sobre la Alhambra

Lo confieso, yo no he votado a favor de la Alhambra como séptima maravilla del mundo. Puedo ser tachado de esquirol y antipatriota. Incluso habrá quién me retire el saludo. Pero no pienso caer en ese juego mediático.
La Alhambra es una maravilla por sí sola. Y no porque lo digan los entendidos o una supuesta votación universal. Sino porque yo la he visto, he paseado por ella, me da sombra cuando subo por el Paseo de los Tristes, me mira cuando camino por el Albaicín o recorro el Sacromonte.
Es una maravilla tan mía como yo de ella. De todos los granadinos, de todos los españoles, de todos los habitantes de la tierra.
Que ahora hay que votar. Por qué. ¿Porque lo diga un millonario inglés? ¿Porque lo respalden nuestras autoridades? ¿Porque es el pan y circo del momento?
Y porque vamos a votar por ella, ¿acaso conocemos a sus competidoras?, ¿acaso entran en el ranking todas las maravillas existentes en el planeta construidas por el hombre?
Y maravilla para quién. ¿Para quien ha votado?, ¿para quien emita más votos?, ¿para quien mejor se promocione?...
Las siete Maravillas del Mundo Antiguo eran las Pirámides de Egipto, los jardines colgantes de Babilonia, la estatua de Zeus en Olimpia, el Artemision de Éfeso, el Mausoleo de Halicarnaso, el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría. De ellas sólo quedan en pie las pirámides, que se pueden considerar lo que eran, Maravillas del Mundo Antiguo. Pero nadie las votó. No hubo ninguna reunión. Ninguna decisión de hombres sesudos (u oportunistas).
Fue fruto de los años. Las siete se impusieron por derecho. Los viajeros, todos los viajeros, de la antigüedad así lo atestiguaban. No había duda. No hay duda que las siete maravillas eran esas y punto.
Con estas nuevas siete maravillas quién se beneficia ¿la ciudad?, ¿el monumento?, ¿el notas que ha tenido la idea?, ¿las compañías de teléfonos?, ¿la política social?, ¿las casas de apuestas?, ¿el orgullo patrio?, ¿el ego de cada votante?, ¿los dispersores de la historia?...
Está bien colgarle medallas a nuestro monumento. Está bien que cuidemos nuestro patrimonio. Está bien que mimemos el turismo, querámoslo o no, primera industria granadina. Pero no así. Que no cuenten conmigo.
Te seguiré queriendo verde
Cristina Hoyos y el Ballet Flamenco de Andalucía, como en un efecto bumerang, vuelven a Granada para traernos nuevamente su “Romancero Gitano” de Lorca, que habitó los jardines del Generalife durante más de un mes en este pasado verano. El tiempo suele currar las heridas o termina por matar. Lo que sí es cierto es que el tiempo lo pone todo en su sitio. Y esta obra ha madurado con dignidad; su formato se ha reducido, de un gran espacio escénico a las tablas de un teatro, y ha cambiado alguno de los actores pero la esencia sigue siendo la misma. El papel de Antonio el Camborio que hacía El Junco, como primer bailaor, en esta ocasión lo retoma Daniel Navarro, un artista del momento, con propuestas más arriesgadas y más creíble en su interpretación. De hecho, destacamos sus alegrías como uno de los mejores momentos del espectáculo, junto con los palillos de Cristina Hoyos en el “Romance de la Pena Negra”, el momento inmaculado del “Romance de la luna luna” o el erotismo manifiesto de los tanguillos de “La monja gitana”.
La obra se desarrolla en un recodo de la carretera, posiblemente hacia Alfacar y Víznar, donde se reúne un grupo de gitanos para contarse historias, propias y ajenas, recogidas en una decena de poemas del Romancero. A través del canto de esperanza del “Verde que te quiero verde”, se van hilvanando estas diez piezas cobrando entidad y dramatismo hasta crear una obra coherente, una lectura posible de los versos de Federico.
Lo mejor, la creación musical de Pedro Sierra y los intérpretes de esta música, entre los que destaca el eco flamenco de Reyes Martín. Destacamos igualmente las guitarras y casi la totalidad del baile individualizado. Las coreografías, también muy conseguidas, pecan en general de estar supeditadas a un guión escénico, que le resta autenticidad al resultado. Nunca me ha llegado el flamenco que pretende ser actor; aprecio un regusto de falsedad en su entrega. Junto con esta mediocridad dramática, el conjunto también hace agua con el recitado de los poemas. Ninguno es rapsoda, no sé si se pretende, pero la eficacia llegaría con voces menos lainas, más flamencas, más gitanas. Una honrosa dispensa a Cristina, que demuestra ampliamente su naturalidad y su bagaje interpretativo.
Suenan abandolaos, suenan tangos, que nunca son de Granada, suenan bulerías… Todo se integra en una función de hora y media, sobrada de recursos: vídeo de fondo, sonido en off, argumentos conceptuales, cuando se proyectan el título y algunos versos de los poemas, luces, el recurso del humo al principio… Una obra que sin ser redonda, brilla en sus aristas, pero en la que irremediablemente resplandecen también sus tópicos.
* FOTO: "Preciosa y el aire", la bailaora Rosa Belmonte en el Romancero gitano, este verano en el Generalife (© Nono Guirado).
Un problema de fechas

Hasta hace poco diseñaba y maquetaba una revista de una asociación de abogados. La imprenta, que no quería intermediarios y comerse ellos el pastel, y el rastacuero del presidente de dicha asociación que quiso soplar las velas sin apenas sombras, me liberaron de esa tarea.
La cuestión que deseo anunciar no es ésa. Sino el escrito de los juristas, allegados y otros gremios. Durante cuatro o cinco años llegaban a mis manos artículos y textos, sentencias y doctrinas con errores históricos, imposibles de erradicar, simplemente porque así estaba establecido y quién era quien para cambiar la costumbre y menos un asalariado por obras y servicios (por llamarlo de alguna forma).
Uno de estos problemas asumidos e inamovibles era el formato de fecha. Los años siempre aparecían con un punto y los meses en mayúscula (y los días de la semana y las estaciones del año).
Bien sabido es que los nombres propios se escriben con mayúscula. En su contra, lo común, lo genérico, lo vulgar, si quieren, utiliza la minúscula. Por tanto, los meses del año son comunes, son minúculos (permítaseme el término) (y los días de la semana y las estaciones del año). No hay razón para tal encumbramiento. Es un anglicismo sin más el empleo de la mayúscula en estos nombres que no son propios.
Sólo irán en mayúscula si se refieren a un mes concreto de una fecha exacta. O sea, aparte de las reglas generales de ortografía, un mes aparece mayúsculo si es claro y distinto de los demás. Así los "Idus de Marzo" o las "Madres de Mayo" o la "Feria de Abril".
Sin embargo, la Real Academia en su Ortografía, complace a los agresores con su manga ancha, diciendo: "Se recomienda escribir con minúscula inicial los nombres de los días de la semana, de los meses y de las estaciones del año".
Igualmente los años no llevan punto. Es una forma de distinguirlos de las cifras. De esta forma, 2007 es el año en que estamos y 2.007 es un símbolo contable, que pueden ser euros (que no vienen mal) o peras o años que faltan para el 4014.
Me imagino que hasta el año 999 no tenían este problema, pero al acercarse al supuesto fin del mundo del año 1000, se planteó la duda.
Que sueñes con los angelitos

Que sueñes con los angelitos viene a ser una frase hecha que significa 'que tengas dulces sueños', 'que duermas bien', en definitiva.
Anoche, cuando arropé a mi hijo y, después de un beso, le deseé buenas noches, de esta manera: Que sueñes con los angelitos, el niño me respondió: Sí, papá, como si fuera una orden, un ruego o un consejo; imperativo, en todo caso. O, lo más desconcertante, como si el pequeño tuviera voluntad sobre sus sueños.
Después de mucho, parece de birlibirloque, ésta es una de las mejores noches que le he conocido: ha dormido de un tirón y ha tenido un buen despertar a las 7'30 de la mañana que lo he llamado para ir al cole.
FOTO: ninguno es hijo mío, que yo sepa, la foto la saqué de internet (© Cristina García Rodero)
La historia interminable

Aún no hemos mediado el año y ya se cuentan en nuestro país treinta y cinco (35) mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas. Algunos tenían denuncias, otros orden de alejamiento, otros nada.
Una infidelidad, un abandono, un ninguneo, una contrariedad, una desobediencia, una discusión, una mirada atravesada, una palabra mal dicha (o bien dicha), un palo al agua, la comida fría, el niño que llora, la vecina que llama al timbre, el teléfono que no para de sonar, el mando a distancia, que no hay cerveza, maldito gato, otra vez tu madre, por qué llama el cartero dos veces...
Cualquier excusa es buena para el uso y el abuso (o el uso del abuso).
Dónde dice que somos dueños de las personas, de nuestra pareja, de nuestros hijos. La esclavitud en nuestro siglo, en nuestra geografía, está erradicada. El servilismo tampoco tiene razón de ser. El servicio es voluntario. El servicio remunerado, sea cual sea la paga, no es servicio, que es comercio.
Quién nos autoriza a disponer de la vida de los demás. Somos lobos hambrientos, somos aves de rapiña, somos sanguijuelas para con nuestros semejantes (¿semejantes?).
Por mucho que lo denunciemos sigue sucediendo. Por mucho que nos avergoncemos lo tenemos muy cerca: detrás de la esquina, en el piso de al lado, en nuestra casa.
¿Qué podemos hacer? ¿Qué defensa tenemos? ¿Qué solución hay? ¿Qué ejemplo? ¿Qué castigo? Yo no sé. Quizá la educación, la igualdad real (no el sistema de cuotas), la tolerancia, la unión de todos...
Os dejo un poema de César Vallejo que acabo de recordar:
MASA
Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar .
Una enfermedad hereditaria

Hoy ya me he enterado definitivamente. El Madrid le ganó al Barcelona en la tarde de ayer. Una noticia trascendente. Lo único capaz de movilizar (o inmovilizar) a la población de un país medianamente civilizado.
Ayer, anoche, se oían berridos por las ventanas. Muchos vecinos se habían reunido con sus amistades, familiares, camaradas, para ver el encuentro definitivo. Los hombres más poderosos de la nación se arrostraban con calzones cortos.
Y, al final, los vencedores (que por mi barrio eran bastantes) se tiran a la calle a festejar lo que han hecho sus ídolos. En mi puerta sonaban petardos, voces de victoria e improperios al contrario. Eran voces infantiles (también en calzón corto).
Yo, a pesar del calor, dormí con la ventana cerrada, pensando que el tinglado futbolero era una enfermedad, como tantas otras (siempre lo he creído así), y que traspasa de padres a hijos, como la soriasis.
Algunos monosílabos

Una de las características de las lenguas del mundo es su viveza, su continua evolución. Las lenguas crecen, se enriquecen, se depuran.
Hace siglos, las lenguas, como las cucarachas, nacían, crecían, se morían y desaparecían, como el cahuarano en América, el elamita o el acadio en Asia o el gálata y el protovasco en Europa.
Sin embargo estamos acostumbrados a otras lenguas llamadas "muertas", que son el latín y el griego arcaico. Son lenguas que se siguen estudiando, se siguen traduciendo y se siguen hablando. Si no en su totalidad, sí en sentencias y decires (así los latines o latinajos con que sembramos los sesudos textos para aumentar las posibles dudas que tengamos).
Hay otra lengua que nació ya muerta (o por lo menos moribunda sin llegar a ser nonata, como las transcripciones de Tolkien). Me refiero al esperanto. Miles de esperantistas que lean esto se me echarán encima. Pues el esperanto existe, hay una liga mundial de esperantistas, se escriben libros y canciones en este idioma y hay congresos donde no se habla otra cosa que esperanto. Yo lo he estudiado.
Bueno, intenté estudiarlo por correspondencia, con altas calificaciones, pero con la frustración de no poder practicarlo con nadie. Como mucho, decirle a los amigos: ¿sabéis que el esperanto cuenta solamente con dieciséis reglas de ortografía? Y acompañar esta sentencia con una parrafada en esa lengua de vocación universal.
Cuando yo era pequeño (y muchos de los libros antiguos que gravitan en los anaqueles de esta habitación así lo corroboran), los monosílabos que conforman el pasado de los verbos en su tercera persona se acentuaban. Es el caso de 'fue' o 'vio', que antes se escribían con acento. Así 'fué' y 'vió'.
Muchos, sobre todo las personas mayores que no están muy acostumbradas a escribir, siguen acentuando estos monosílabos que, repito, desde hace unos cincuenta años estas palabras no llevan tilde que valga.
Lo que no ha estado acentuado en la vida ni estará es el pronombre 'ti'.
Una de las reglas especiales de la lengua castellana dice que los monosílabos se acentúan para distinguirlos de sus homónimos. De esta manera, pondríamos la tilde a 'más' (adverbio) para diferenciarlo de 'mas' (conjunción) o 'dé' (verbo dar), 'de' (preposición) o 'té' (infusión), 'te' (pronombre)...
Pero nunca 'tí', término que no tiene homónimo. Su uso acentuado es de los errores más corrientes. Me parece sencillamente imperdonable.
Manchas

Me acabo de manchar el pantalón desayunando. Una mancha de nada, una gota de café. Lo suficiente para ir manchado. Le he puesto quitamanchas. Ya veremos.
La cuestión es que llevo una semana... Cinco camisetas en tres días. Y es que, cuando digo de mancharme, soy único. Siempre estoy en medio. Siempre salpica o me arrimo o me empujan o se me cae.
Uno se mancha por torpeza, por descuido o por ansia. Yo, modestamente, participo de las tres condiciones en indistinto orden. El manchado, muchas veces, coincide con el bribón. O con el que no se calla, que suele comer para afuera. Y, por su puesto, con Murphy, con la persona torpe de por sí, a esa que le faltan manos y le sobran dedos.
Por otra parte, una mancha es representativa. En España -todos sabemos- hay una región llamada La Mancha (ahora Comunidad compartida con León), de donde era nuestro ilustre hidalgo Don Quijote (aunque esa no es realmente una mancha al uso, un manchurrón, como quien dice).
Cruelmente -recuerdo-, en nuestra juventud, que a un compañero que salía con una chica obesa, lo llamábamos "don Quijote de la más ancha" (pero ésa es otra historia).
Es famosa la mancha de huevo (con la que te dan con el índice en la nariz). También, es auténtico, el borrón y cuenta nueva del paso de los años o las tachaduras que uno se impone cuando decide cambiar de vida, generalmente para mejorar algunas costumbres.
Caín, dicen, tenía una mancha en la frente. Un estigma definitorio que dominaba su conducta. Era malvado por condición. Por la misma razón, algunos lo absuelven. Sobre ese rasgo, sobre ese estigma han hablado Hermann Hesse en su Demian o Manuel Vicent en La balada de Caín (recomendables).
Es la mancha de los elegidos, es el estigma de los dirigentes. Una mancha igual en la frente la tiene Gorbachov.
Carmen Linares canta por bulerías estos versos: Que con la mancha que llevo en la frente / murmura la gente que yo soy pecadora / mientras yo me metía en mi pecho / mientras que en mi pecho / la traición me llora...
Los animales están orgullosos de sus manchas. Los colores manchados enriquecen la gama. La leche me la tomo manchada con el café con que me he manchado los pantalones.
* FOTO: la mancha de Gorbachov.
Por mi complejo de sacapuntas

Ayer noche, aún lo recuerdo, en la Peña de la Platería, saboreando un delicioso baile por alegrías de Lidia Pousa, se acercó por mi mesa la chica que dispensa las bebidas y le pregunté escorzadamente, pues se dirigía a otros parroquianos: ¿me podrías traer un Rioja?
Me dijo que sí y se me quedó mirando. Yo le dije, por amor al absurdo: pues tráeme una cerveza.
Así que tuve que tomar zumo de cebada en vez de degustar mi vinito correspondiente.
Recordé entonces otra anécdota que me pasó en un local de Almería estando con un amigo.
Después de la comida y el café, nos dispusimos a tomar una copa. Fui el primero en pedir: me pone un Torres 10 (conocido brandy catalán algo denso y oscuro como la melaza). No, dijo el camarero, tenemos Torres 5 (el mismo brandy catalán pero, como su nombre indica, con menos años reservado).
Entonces, por amor al absurdo anterior, dije: pues me pone dos. Y va el barman y me los pone, a bocajarro y sin anestesia. Menos mal que mi amigo, un poco más lento en decidirse, se tomó el segundo.
De la misma manera, pienso que cuando nos acodamos a una barra y me pregunta quien me acompaña qué quiero y le canta al camarero que se acerca: me pone dos cañas, y yo digo, absurdamente: y a mí otras dos, temo que algún día me las ponga.
Himno nacional (entrega urgente)

Una espina que siempre hemos tenido en España es que nuestro himno carece de letra para poderse corear a voz en grito como La Marsellesa, verbi gratia. Aunque algunos sesudos (a los que generalmente les carga a la derecha) nos intenten ilustrar con algún cartapacio caduco de honrosas (u horrorosas) aproximaciones.
También recordamos la mofa popular del Generalísimo, cuando entre risas entonamos: Franco, Franco / tiene el culo blanco / porque su mujer / lo lava con Ariel...
Ahora me tropiezo con una bella versión, compuesta por Gomaespuma, que no tiene desperdicio. Ideal para salir al extranjero donde la letra no se entiende o no importa. ¿O alguien sabe lo que dice Dios bendiga a África, el himno del continente negro (exquisito, por otro lado)?
Pinchad en el enlace (o copiadlo en vuestro navegador): http://www.youtube.com/watch?v=3mSCOYyoq_g (espero que podáis acceder).
* El humorcito gráfico es de Idígoras y Pachi a raíz del aumento de las tasas de la SGAE por los derechos para escuchar música.
Cuatro puntos de luz

Festival Internacional de Música y Danza
Cámara Negra
Permítanme comenzar esta crónica con una objeción antes de que se me adelanten y es que el Festival Internacional de Música y Danza de Granada merece un estreno. “Cámara Negra” de Liñán y Pericet ya lleva una larga trayectoria desde su botadura en el Teatro de Madrid el año pasado. Aparte de esto, todo son parabienes en la obra presentada la noche del domingo en el Isabel la Católica.
Sin ningún argumento acordado se desarrolla “Cámara Negra”. Sin ninguna trama, como digo, pero con toda intención. Es el arte por el arte. Todo rigor, todo frescura. Pasado y presente, pero sobre todo futuro. La apuesta es arriesgada, la interpretación perfecta, el resultado impecable. Un escenario vacío, negro. Unos músicos a contraluz. Una obra sin fin ni principio. Sólo el juego de luces; sólo el vestuario; sólo el compás del baile confieren a la escena una profundidad inabarcable.
Comienza la danza con una coreografía de Olga Pericet. “Flash Back Caña” es la caña tradicional comenzada por detrás, por su remate, donde el cuerpo de baile se presenta. Cada uno en su estilo, cada uno con su verdad. Las castañuelas acompañan a una música también para ser escuchada, si el baile no acaparara todos los sentidos. Daniel Doña borda la pieza “Tarriá”, deteniendo el tiempo, mientras Manuel, su creador, y Olga lo arropan ajustadísimo, para dar paso, casi sin respiro a los fandangos que firma Marco Flores con elegancia y valentía. En “Composite”, nuevamente Doña, apunta como un toro la travesía del escenario por naturales. Y de aquí saltamos a uno de los momentos sublimes del espectáculo, sello de identidad creadora de Manuel Liñán, que tanto reconocimiento le ha brindado y tantas deudas artísticas ha contraído. Se trata de “Las carboneras”, un zapateado que realiza en blanco y plata con su compañero Marco Flores, mientras Tacha y Ana Romero realizan un acompañamiento, tan sólo de palmas, que estremece como la aparición de una nueva estrella.
La petenera, un palo relegado a un voluntario olvido, se impone por derecho. El tacón firme de Olga vestida de rojo, con mantón y flecos verdes en las enaguas, nos cuenta con sobriedad la versatilidad y delicias de una dama del baile. Y tras el vuelo reposado de un mantón, Liñán vuelve a tomar la palabra en “Madame Soledad”, una soleá, como su nombre indica, que se ha convertido en todo un clásico. Premiada en el Certamen de Danza Española y Flamenco de Madrid, esta pieza intimista recoge todo el potencial que el bailaor granadino lleva dentro. Es una apuesta introspectiva, en la que Manuel danza sus propias palabras. Dialoga consigo mismo y se sumerge con sencilla desnudez en el azogue del público, de su público, pues en esos momentos todos éramos el alma, el sueño y las alas de Manuel Liñán. El mundo se ha quedado pequeño. El flamenco se desborda. La danza contemporánea alarga sus dedos y se implanta en la “Suite en Cámara Negra”, donde el violín habla por sí mismo. Una declaración de intenciones, una exposición de sentimientos, un baile a dos: Pericet-Flores, un baile lleno de sensibilidad, rebosante de poesía. Para acabar con “Paréntesis”, la concesión íntegra a estos nuevos aires y a una comicidad sin ambages, que Daniel Doña rubrica magistralmente y toda la compañía nos ofrece distendida, al tiempo que nos guiña un ojo. Y en el negro virtual de la escena, relucen cuatro puntos de luz.
La cueva en el centro

FEX
Zambra tradicional del Sacromonte
Hay granadinos que sólo conocen la Alhambra por fuera. Hay granadinos que sólo han visto la Sierra de lejos. Hay granadinos que sólo saben del Sacromonte, de sus cuevas y de sus bailes de oídas. Un sabio dijo: “si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña”. Remedándolo podemos decir: “si Granada no sube al Monte, el Monte baja a Granada”. Y así fue. Por segundo año consecutivo, enmarcado en las actividades del FEX, un grupo de gitanos, gobernados por Curro Albayzín, pusieron el sabor y el color de las cuevas al alcance de mil doscientos granadinos y visitantes, tal vez más. Llama la atención la expectación que el flamenco despierta, la acogida respetuosa de los artistas y el orden perfecto de los espectadores guardando su turno y ocupando sus localidades (por fin parecemos europeos).
Un servidor, aunque tiene pase de prensa y otros hilos que mover, guardó religiosamente una cola de casi hora y media para entrar al recinto y poderse sentar. Más de la mitad de los espectadores aguantaron de pie hasta el final que los gitanos repartieron “volaeras, volaeras, volaeras”.
El ambiente estaba conseguido. Un derroche de color en los vestidos, las gitanas de Granada con flores como toca, un humillo que sale de poco a poco representando el hogar, una voz anuncia al comienzo, “que hay danza”, “que han venio’ los señores”…, al igual que gritaban las “avisaoras” en un pasado no muy lejano, cuando los “orejas” subían público a las cuevas.
En la zambra se representan los bailes y cantes típicos que los gitanos granadinos efectúan tradicionalmente en el rito de la boda. Es una manifestación alegre, una fiesta, donde suena la alboreá y la cachucha o el perdón de la novia (Angustias "La Mona", Encarna Heredia "La Gallina" Isa Vega y Anabel Moreno); los tangos del Sacromonte, bailados por La Gallina, los tangos de la flor o de falseta, interpretados por Loles del cerro, una gitana de 80 años cargada de gracia y maestría y los tangos de la Penca; los fandangos del albayzín, verdadero estandarte del cante granadino, el petaco, en peligro de extinción, bailado por Curro, que lo aprendió de María La Vizca y de Pataperro y las bulerías (Anabel Moreno); unos poemas de Lorca bordados por Curro, la soleá de Arcas, que bailó estremecida Angustias Ruiz “La Mona” y una muestra por seguiriyas y alegrías presentadas por tres generaciones, el abuelo Raimundo, la madre Rafaela y la nieta Alba que, con doce años, tiene una trayectoria desbordante; y, para terminar, la mosca, un baile tan picante y atrevido como simpático y garboso.
* FOTO: Curro Albayzín, el año pasado en este mismo espectáculo (© Jesús Montoya)
Lejana sombra de Antonio Gades

Festival Internacional de Música y Danza
Carmen
Un espectáculo se valora en su conjunto, en su resultado final, y no en sus aciertos e individualismos. El ballet “Carmen”, inspirado en la obra de Prosper Mérimée, representado la noche del miércoles en el teatro del Generalife por la Compañía de Antonio Gades le faltó dinamismo y profundidad. Los abundantes silencios, las lecturas entre líneas y los momentos sobreentendidos, junto con un esquema de baile asombrosamente repetitivo y algunas escenas demasiado forzadas, imprimieron a la obra una laxitud inesperada. Incluso, los momentos cómicos resultaron deslavazados y algo burdos.
“Carmen” es una obra de sobra conocida. El público asistente, aparte del programa que añade algunas pinceladas, acudía de sobra aleccionado. Alguien, sin embargo, ajeno al texto, o a las innumerables producciones, de este drama francés, dudo que haya entendido el argumento. El concepto de amour fatal de una trabajadora en la Sevilla de principios del siglo XIX, su espíritu liberal y rebelde, su independencia y poder de decisión, quedan diluidos en la muestra. Porque, según Antonio en el estreno de esta obra en París en 1983, “Carmen no es una mujer frívola ni una devoradora de hombres sino una mujer honesta que cuando ama dice que ama y cuando no ama dice que no ama”.
La firma de Antonio Saura, que colaboró con Gades en el argumento y coreografía, no bastó para infundir valor al espectáculo. El prestigio de un espectáculo se lo da la puesta en escena y el reconocimiento del público. Los veinticinco actuantes sobre las tablas sólo ofrecieron un poder numérico. La sombra de Antonio se entreveía muy lejana.
Sin embargo, no cabe duda, que los bailarines o bailaores son espléndidos en su técnica y sincronía, tal vez demasiado parecidos entre sí, remedos del baile de Gades; que la música está conseguida, quizás a falta de riqueza cromática; y que los cantaores y guitarristas son de gran nivel; pero el resultado final, repito, fue monótono y aburrido. Lleno de aciertos, hay que reconocer, pero pobre para la ocasión.
Personalmente, me quedo con algunas coreografías puntuales, como la obertura con toda la compañía; me quedo con la perfecta sincronía del baile en grupo; me quedo con el vuelo de las faldas y el baile individualizado; me quedo con la soleá y las bulerías, con los tangos de Morente y las sevillanas, con el martinete inacabado y el Verde que te quiero verde por rumbas, aquel que popularizaron Manzanita y los Ketama en la película “Flamenco” de Saura.
Hay que reconocer también la parquedad y versatilidad del escenario, la calidad del sonido y el juego de luces; lo bien resueltas que están las coreografías de las dos, tres, peleas, ya sean a cuchillo o con bastón, que siempre han sido una asignatura pendiente en el baile; y, sobre todo, la participación de la protagonista, Stella Arauzo, ya fuera sola o en el baile a dos, en la que recaía el peso de la trama.
Un aplauso también, de ahora y de siempre, para la composición musical de Bizet, que sonaba en off durante algunos pasajes de la obra. Es lo que sirve de andamiaje a cualquier versión de “Carmen” siendo, como dijeron los creadores de esta representación bailable, “inseparables ya las dos versiones”.
Y una alabanza final a la entrega de toda la compañía que incluso, a la hora de marcharse, quisieron regalar unos bises cuasi improvisados al respetable.

