Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2007.
Resumen
- 01/03/2007 10:44 - El cante en Granada se llama Marina
- 02/03/2007 11:39 - Mis siete yoes (4)
- 02/03/2007 11:39 - Mis siete yoes (5)
- 02/03/2007 11:44 - Mis siete yoes (6)
- 05/03/2007 13:06 - Más de diez años de solidaridad
- 06/03/2007 10:58 - Presentación Letra Clara
- 07/03/2007 17:55 - Bustitos
- 08/03/2007 19:20 - La selección
- 09/03/2007 12:12 - El marranillo de San Antón
- 12/03/2007 00:45 - Cuento chino
- 12/03/2007 00:46 - Patrimonio flamenco
- 13/03/2007 11:34 - Pase, pase
- 14/03/2007 11:59 - Flamenco viene del norte
- 15/03/2007 12:49 - Un año de volandovengo
- 16/03/2007 14:24 - Aprobado con nota
- 19/03/2007 10:48 - Mis siete yoes (y 7)
- 20/03/2007 12:16 - Pesadillas
- 21/03/2007 10:07 - Poesía entre las seis cuerdas
- 21/03/2007 11:42 - El peor taxista del mundo
- 22/03/2007 10:13 - Contraseñas
- 23/03/2007 16:45 - Encantado de reconocerte
- 26/03/2007 11:44 - Marina y Mayte en Huétor Tájar
- 26/03/2007 19:33 - La depre
- 27/03/2007 12:59 - Marzo
- 28/03/2007 10:09 - Abstenerse ortodoxos
- 29/03/2007 11:18 - Eva Yerbabuena
- 30/03/2007 08:57 - El asiento doble
El cante en Granada se llama Marina

La voz del agua
Noche de gloria, noche de duende, noche esperada, noche redonda. Me faltan calificativos para tildar el espectáculo de Marina Heredia en el teatro Isabel la Católica este lunes y martes para presentar su disco. Un lleno tan absoluto no se había visto en esta plaza desde que actuó por última vez Enrique Morente. Fue un recital de una cantaora granadina hacia su tierra. Fue un recital tan verdadero y justo como esta ciudad se merece. Y es que para hacer flamenco hoy día, flamenco puro me refiero, hay que andar con tiento, escuchar y aprender de continuo y tener, por último, una cabeza bien amueblada. Marina está sobrada de todo ello y además nos aporta una sensibilidad especial a la hora de interpretar, una humildad agradecida, un eco muy flamenco y una trayectoria personalísima dentro de la más sincera ortodoxia. Si a esto le sumamos el cuadro de músicos y técnicos con que ha sabido rodearse, rozamos la sabiduría. Si a esto le sumamos la complicidad con su tierra, con su gente, con su mundo, nos inclinamos hacia lo emotivo. Si a esto le sumamos su presencia en el escenario, la soltura y la gracia somática que le acompaña, señores, estamos hablando simplemente de belleza.
Comienza el recital con el “Tango de las madres locas”, de Carlos Cano. Es un tema conocido en el repertorio de la cantaora. En general, todo su disco ha sido ya escuchado en unas tablas u otras, pues su trabajo lleva dos años en cartera y su proyecto comenzó hace un lustro, casi recién acabado “Me duele, me duele”, su primer cedé en solitario. Marina rellena el escenario gritando “tu nombre por las esquinas”. Carlos Cano se habría sentido orgulloso. Con esto empiezan los homenajes. Su trabajo es un disco de homenajes. Su recital es un concierto de agradecimientos. Homenajea al coplista granadino y a las Madres de Mayo; se acuerda de su tierra, de La Penca y de Frasquito Yerbabuena; reverencia a Benítez Carrasco y a Rafael Alberti y a García Lorca y a José Bergamín; guiña el ojo a Lola Flores.
Desde el principio, la cantaora granadina domina la velada, se siente segura y querida. Las malagueñas entran de lleno en su registro. Mece la copla y se dispara cuando se abandolan con los fandangos del Albaicín. Hoy por hoy, Marina Heredia, es la mejor intérprete de los cantes de Granada. Afirmación que queda aseverada con creces cuando canta los tangos de La Penca. Los tangos más ricos de toda Andalucía son los del Sacromonte, y en Marina encuentran su mejor exponente.
La joven Heredia canta también algunos temas que no entran en “La voz del agua”. Canta por bulerías y por levante, como le enseñó su padre, con dolor y sentimiento, y canta “A tu vera” de Lola Flores, acompañada sólo por el piano exacto de Fidel Cordero. Un pedazo de copla que pasea a sus anchas con bata de cola negra y mantón a juego. “Mil vidas”, con aires de tangos, es una composición propia. Un poema de amor, una declaración de fidelidad.
El concierto prosigue con algunas incursiones en el toreo, como “La gran faena” de Manuel Benítez o “Illo y Romero”, un poema de Bergamín por bulerías. También nos conmueve la “balada del que nunca fue a Granada” de Alberti.
Para terminar, unas tonás fuera de programa rematan la velada. Y un final de fiestas por bulerías.
No deseo acabar sin darle un final aplauso a la sensibilidad de José Quevedo como director musical y mano derecha de nuestra cantaora. Repito, de nuestra cantaora.
Mis siete yoes (4)

Soy Jorge y nací varón. También soy mujer y soy animal, sobre todo animal. En mí vive un reptil. Soy saurio en mi frialdad. La imagen se congela bajo el sol que apenas calienta. Pienso con el cerebelo. Tengo la sangre azul, como de príncipe, y calculo mi jugada. Me anticipo a cada movimiento y soy exacto en la medida. Te siento con la lengua.
Paro en seco y vislumbro mi objetivo. Me arrastro sin piernas y enrosco mi cuerpo de loriga y escamas. Me mantengo alejado de la belleza del grito y de la suave caricia de mi cuerpo viscoso. Mudo la piel.
Mi lengua bífida mira de soslayo. Es un arma de doble filo que a veces se revuelve con quien la esgrime. Soy todo ojos que cubren el espacio, despacio. También puedo lucir cornamenta, colmillos, metal, cresta y veneno.
Soy todo oídos que filtran los colores. Soy todo muecas y poses y barro y esperma; pasado y futuro. Y tengo doble párpado que cierro de abajo arriba y de arriba abajo. Puedo desprenderme de alguno de mis miembros a voluntad, para volver a recobrarlos más tarde.
Tengo mil años. Soy un fósil viviente que tan sólo ha dictado un par de testamentos (a espaldas de notario). Puedo ser venenoso y, sin querer, pongo huevos de blanda membrana. Incubo a un basilisco.
Soy Jorge y nací varón. También soy mujer y animal y a veces sauróctono.
* Texto rescatado: publicado el lunes, 06 de febrero de 2007
Mis siete yoes (5)

Soy Jorge y nací varón. Tengo mi lado femenino y mi espíritu animal. También soy reptil y, a veces, vegeto. Soy una planta que necesita ser regada. Abonan mis raíces y me plantan más veces de las que deseo.
Adoro la vida contemplativa. Soy un anacoreta, ermitaño, eremita. Soy un santo sin cartera ni corona. Mis uñas crecen y no piden pan; mi cabello crece y no pide pan. Sólo aire, sólo luz, solo tierra, sólo agua, solo vida.
No me muevo. Me balanceo con la brisa, deprisa, que pasa. Soy veleta. Esparzo mis semillas con un golpe de viento. Necesito la luz y el calor. Soy diámbulo. Por la noche me cierro, descanso, vegeto. También soporto mi envoltura. También soportas mis espinas.
Soy estacionario. Florezco en primavera, sea cuando sea. Amarillo en el estío. Me desnudo en otoño, despetalándome. Soy perenne en invierno.
Ofrezco mi tronco, ofrezco mis ramas, ofrezco mi fruta. Soy carne de cañón, el árbol que oculta el bosque, el arbusto anónimo escondido en la floresta. Quisiera ser, sin embargo, todo follaje. Inmarcesible.
Fotosíntesis. Verde que me quiero verde. Doy oxígeno a quien me quiere. También carbónico.
Resina. Me quedo pegado. Soy una lapa. Beso y mancho. Chorreo. La sabia corre por mis venas y polinizo con los insectos. Me marchito al fin, incluso.
Soy Jorge. Hombre y mujer, animal y saurio. También vegetal.
* Texto rescatado: publicado el jueves, 08 de febrero de 2007
Mis siete yoes (6)

Soy Jorge y nací varón, también soy hembra y animal y vegetal. Ahora no me muevo. Me quedo de piedra. Mineral inerte que ni siente ni padece. Soy ligero como la piedra pómez y duro como el pedernal, negro como la obsidiana, amable como la serpentina, suave como el talco, noble como el mármol, falso como alabastro, brillante como la pirita. Peso como el plomo y valgo como el oro o como el barro. Soy líquido mercurio que inquieto baila en el piso.
Soy frío como una losa y sugerente como una pared (soy muro de las lamentaciones, grafiti en las paredes, tapia que protege o que evita, valla quitamiedos, mirador de piedra). Soy un canto rodado (rolling stones, ¿les suena?). Soy piedra de pecera, cristalina en la playa, guijarro en la estacada.
Me resbala la lluvia y me calienta el sol. Soy un banco de piedra en el que te puedes sentar para leer, para comer, para descansar, para amar.
Tengo mil años. Soy un fósil que participa de todos mis yoes. Llevo enterrado desde tiempo inmemorial. Me retuerzo como amonita y serpenteo como la luz. Soy lava que colea montaña abajo, roja y caliente como el Dios de la Guerra. Cuando me enfrío, negro y caprichoso como Eros.
Conservo tu huella; tus pasos de ayer. Quemo como cal viva que blanquea las calles. Piedra sobre piedra. Buen camino. Soy una estátua. El adorno más bello es la piedra virgen. Sus aristas, sus redondeces, su frialdad, su calor adocenado, su inmutabilidad, su testimonio, su tesón, su impermeabilidad, su espíritu inmarcesible.
Soy Jorge y nací varón. También soy mujer y animal y reptil y planta. Soy una piedra.
* ILUSTRACIÓN: "Contrapunto" (un hombre-piedra), de Victoria Boffil
** Para publicar esta sexta entrega de "Mis siete yoes" he tenido que rescatar los dos artículos anteriores (4 y 5) perdidos en la estratosfera de internet
Más de diez años de solidaridad

XI Festival Flamenco ASPROGRADES
Durante once años, un nutrido grupo de artistas sin condiciones acuden al llamado que realiza Manuel Ortega, en nombre de Aspogrades, para participar en su Festival. Prácticamente la totalidad del mundo flamenco granadino y algunos allegados han pasado por sus escenarios. Es una cita para músicos, como digo, pero también para aficionados que desean descubrir el flamenco floreciente, el flamenco más joven, que se impulsa en festivales como éste para emprender su carrera. Junto a ellos, también encontramos a artistas renombrados y a bastantes incondicionales, que llevan con este evento desde sus comienzos, como la familia Zárate, el tocaor Francisco Manuel Díaz o los cantaores “El Cuchilla” o José Fernández.
Como es lógico, este encuentro no se puede evaluar desde la dimensión artística de sus actuantes ni de la calidad de su conjunto, aunque la haya, que la hubo, sino desde un punto de vista solidario, amigable y sincero. También es importante observar el buen gobierno de su organizador y la dinamicidad de su presentadora, Carolina Murcia. De esta forma, las tres horas largas de Festival corrieron sin demasiada pesadez.
El Auditorio estaba llenísimo. Quizá debido a que este año ha habido tan sólo un día de actuación, mientras en años anteriores se repartían en dos citas distintas, en dos sábados consecutivos. Sea como sea, un considerable aplauso se merecen los asistentes por su aportación y fidelidad.
Más que un encuentro flamenco, el Festival de Aspogrades, se está convirtiendo en un espectáculo de variedades, dada su amplia oferta, que va desde el flamenco en sí hasta la danza contemporánea, pasando por la copla, el grupo rociero o la poesía.
Como ya he dicho, la veteranía esperada, se alternó con la juventud extrema, destacando bailaoras, tocaores y cantaores muy niños con un futuro prometedor.
No quiero dar nombres ni puntualizar actuaciones, pero sí puedo decir que sonaron granaínas, fandangos o guajiras, que se bailaron alegrías, soleares y tangos y que un duradero buen sabor de boca nos proporcionaron las dos bailaoras presentes, Alba Heredia y Violeta Ruiz.
Presentación Letra Clara

Con un poco (o un mucho) de retraso, como siempre, ha salido el número 19 de Letra Clara, la revista de la Facultad de Filosofía y Letras de Granada, la cual me enorgullezco de hacer (diseño, maqueta y alguna que otra colaboración) desde sus comienzos, hace ya diez años.
La presentación oficial será mañana, miércoles 7 de marzo, a las 13'00 horas en el aula García Lorca de la Facultad que nos patrocina (tenía que haber salido para Navidad).
Todos los números se muestran públicamente con mayor o menor festejo. Éste, me temo, que va a ser algo parco (aunque lo bueno si breve, dos veces breve). De todas formas, en el acto, tendrá lugar una lectura poética por parte de algunos de los escritores que han colaborado en este número y un pequeño concierto a cargo de alumnos del Conservatorio de Música de Granada.
La revista, como todas, tiene un amplio apartado de poesía, algo de cuento y algo de investigación y crítica. (A lo largo de estos diez años, por sus páginas han pasado las firmas de lo más granado de las letras de esta ciudad y parte de España).
Está hecha en dos colores (duotono) y con papel reciclado. Para este número se ha cambiado de imprenta, lo que incide directamente en la calidad del producto final.
Si os viene bien, allí os espero. Si no, y deseáis adquiridla, en bastantes librerías y en el kiosko de Filosofía se encuentra al precio casi testimonial de tres euros.
Bustitos

No hay duda de que el fruto máximo de la evolución tecnológica es el mundo de las comunicaciones y más en concreto la retícula de internet, que comienza a ser infinita (quizá sempiterna). Nosotros, los de mi generación y las inminentemente posteriores, hemos pillado este tren por los pelos, quizás una esquina en el vagón de cola, con polvo de carbonilla en los ojos.
Los jóvenes y niños de ahora han nacido y crecido en este universo informático como nosotros vivimos las primeras televisiones en color. Para ellos es natural el ordenador en casa y todas sus entrañas. La pantalla se ha convertido en una ventana al exterior, un gran angular para ver el mundo (el submundo y el inframundo); es una fuente inagotable de información y comunicación; es una posibilidad de descubrir, de viajar, de conocer...
Hace unos años (pocos) irrumpieron en todo el mundo el fenómeno de los blogs (o bitácoras, castellanizando y poetizando el término). Internet ya no es sólo una ventana por la que mirar, como dije antes, sino también por donde gritar, por donde asomarse para ver y para que nos vean (es el sofisticado tontódromo de algunas ciudades). El globo se estrecha y se reciben decenas de comentarios, cientos de visitas.
Puede que este mercado interactivo sea la solución a la intolerancia, el primer paso hacia la aldea global que muchos pretendemos.
Pues bien, todo este preámbulo, sirve para comentar que mi sobrino Álvaro, de ocho años (8), tiene un blog desde el 13 de octubre pasado (fecha en que data su primer post o entrada), en el que hablaba de "Mis muñecos". El blog se llama bustitos y es tan simple como delicado, interesante, aleccionador y adictivo, del cual, como se ha podido comprobar, dejo el enlace, que incorporo a mis links, y tomo buena nota.
Desde aquí os animo a que lo visitéis.
La selección

No voy a hablar de fútbol, como sugiere el título, ni siquiera mal. No me refiero a unos jugadores seleccionados, entre los mejores (primus inter pares), para formar parte de un equipo, con el fin de jugar con otra alineación (que no alienación) de seleccionados de su correspondiente país o cualquier otra área geográfica.
De lo que quiero tratar, en cambio es de la "Selección Natural", de esa lucha por la vida y la supervivencia de los más aptos. Darwin ya nos lo explicó en aquel Origen de las especies por selección natural. Él afirmaba que el órgano crea la función, en contra de la teoría de Lamarck, el padre de la Biología, que decía lo contrario, que la función crea el órgano. Con un ejemplo esto se ve más claro: para Lamarck la jirafa tiene el cuello largo del sobreesfuerzo para alcanzar los brotes más altos y tiernos; para Charles, en cambio, ya que apareció una jirafa cuellilargo (gracias a una mutación), comenzó a comer los brotes más altos y tiernos.
O sea, el alimento no le falta a la jirafa pues donde ésta alcanza nadie llega. Es la más apta (o adaptada). También es apto quien más corre para cazar o para huir; el que mejor nada; el que mejor se camufla; el que tiene mayor descendencia; etc. Después aparecieron los neodarwinistas que daban igual o mayor importancia al factor suerte. Un cazador que le cae la presa sin buscarla, la peor víctima (quiero decir, la mejor víctima) no echada en cuenta, el gato que no siempre cae de pie...
Pero hay otra selección natural que me preocupa, y es el de las amistades. Los amigos vienen y se van, pero los enemigos se acumulan (algún día hablaré de la fidelidad de los enemigos).
Alfonso dice que entre sus amigos no encuentra a nadie de derechas. Alfonso selecciona a sus amigos. Los de derechas no seleccionan a Alfonso.
Los amigos fluctúan como la bolsa. A veces depende de lo que tengas para ofrecer (o puedas ofrecer): una buena conversación, una vida interesante, una posición destacada, un gran poder adquisitivo, diversión asegurada, un buen confidente (un buen pañuelo)... o problemas para compartir, pequeños sablazos, petición de favores, simplezas...
Cuando algo cambia, cuando bajas de tu pedestal, cuando en vez de ofrecer pides, cuando necesitas de alguien... se ven las amistades reales, los verdaderos compañeros. Se va alineando tu selección. Lástima que esos seleccionados los puedas contar con los dedos, con los dedos de una mano.
De cualquier manera, si gozo de alguna riqueza es la de ser rico en amigos. Confucio decía, en boca de Les Luthiers, "Si tu mejor amigo te apuñala por la espalda debes desconfiar de su amistad".
El tiempo pone cada cosa en su sitio, dicen. Yo digo que con el tiempo nos aguantamos más, somos más conformistas, somos más tolerantes y permisivos.
El marranillo de San Antón

Hace tiempo, el 17 de enero para ser exactos (día de su onomástica), escribí en este blog sobre san Antonio Abad, sus cuitas y sus tentaciones. Lo que no comenté fue su mano con los animales.
Según sus biógrafos, San Antonio Abad (o San Antón), en medio de la vida austera que llevó pudo descubrir la sabiduría y el amor divinos a través de observar a la naturaleza. Todos los 17 de enero, se llevan a los animales domésticos o de granja para que san Antonio los bendiga, como es la tradición.
Las cabras dan más leche, las gallinas ponen más huevos, los gatos no son tan promiscuos, el burro no es tan burro y el perro va al cielo de los perros.
Asociado a San Antón está el marranillo, o marranico, en torno al cual se celebran bastantes fiestas populares (casi todas alrededor del ceremonial de la matanza), (la famosa olla de san Antón). Estas fiestas, la mayoría, consisten en soltar a un marrano, que se ha cebado bien, y, antes de su sacrificio, torearlo, correrlo, intentar agarrarlo, etc. No es que esté a favor de estas prácticas, Tan sólo es un dato ilustrativo. El animal, si ha de servir de alimento, cuanto menos sufra, mejor.
Pero, en mi tierra, marranillo de san Antón, se le dice al que se come las sobras, los restos, el que come en demasía, el que no tiene fondo. Marranillo de san Antón suele ser el miembro de la familia que le toca apurar por ejemplo la fruta que se va a echar a perder, el pegotillo de comida que ha quedado en la fuente, el resto que se ha dejado el niño, ¡no lo vamos a tirar!
Este marranillo suele ser por voluntad propia, a veces a quien le cuesta la comida o sufre su desperdicio. Al final, somos los padres los que apuramos los productos al límite de su caducidad (o fuera ya de fecha).
Cómo comprendo ahora a mi padre y su manía por aprovechar la manzana quitándole el caprichoso recorrido del gusano.
Cuento chino

Pedro Soriano cantaba eso de América demostró con su bomba en Hiroshima que la vida es un cuento chino. Pues bien, no voy a hablar de América ni de Hiroshima ni de bombas. Os voy a contar, sin embargo, un cuento chino.
Esta pequeña historia entronca con la mitología y la poesía, con la filosofía y con la explicación oriental de las cosas, que es una forma de interpretar lo sobrenatural y lo desconocido por medio de ejemplos cotidianos, de anécdotas de andar por casa. En primer lugar, para ponernos en situación, habría que decir que en China, entre los dioses, entre lo divino, se encuentran una serie de animales celestiales que ayudan a éstos en su tarea. Y estos animales celestiales son simplemente los que tienen cuernos.
Así en el cielo amarillo se encuentran las vacas y los búfalos, el rinoceronte y el caracol. Pero también la serpiente, el dragón o la gallina. Incluso el pez retoza entre nubes. ¿Cómo lo hacen? Pues muy fácil: representando a estos animales con cuernos. De forma que la bóveda celeste está habitada por animales cornudos, los tengan o no los tengan en la realidad mundana.
«Un buen día, el dios celestial, se acordó de los hombres. Un buen día envió a su súbdito el buey, cornudo donde los haya, para averiguar la situación y los problemas de los seres inferiores. Fue hace mucho, mucho, tiempo. La mayoría de las cosas de la tierra aún no tenían nombre. Los hombres trabajaban de sol a sol. Sin descansar apenas. Y comían lo que podían. Devoraban como los animales más voraces. Comían sin freno. Necesitaban alimentarse sin parar para sobrevivir.
Nunca, los habitantes de la tierra, habían visto un buey, cuando éste se les apareció y les interrogó por sus cuitas. Que cómo va el mundo. Ellos sólo tenían una queja (la queja eterna) el trabajo. No hacían nada más que trabajar para bien comer. Trabajar sin descanso para medio alimentarse. El cornilargo subió al cielo y explicó lo que había visto y oído de los hombres. El dios misericordioso, cuando terminó de escuchar, dictó sentencia. Sólo tendrían necesidad los humanos de comer una vez al día y de descansar en tres momentos.
El buey (oído el cielo); bajó a traerles a los hombres (a traernos a los hombres) la buena nueva. Todo orgulloso y feliz, el enviado divino, reunió a los hombres y les dijo que tan sólo deberían descansar una vez al día, pero que era necesario comer tres veces para estar alimentados. Los hombres pensaron que la propuesta no era tan divina (su dios sería de Granada). Como es fácil colegir: el buey se había equivocado.
Al subir de nuevo al cielo, satisfecho como un marrano en un charco por haber cumplido su misión. El dios protector le tiró de las orejas. Pero qué has hecho alma de cántaro, le dijo. Has estropeado la noticia. Ahora tendrán que trabajar hasta que se ponga el sol para poder comer tres veces en una jornada. Así que, continuó el señor del cielo, baja y quédate junto a los hombres y trabaja con ellos. Ayúdalos en su tarea de abrir surcos, de sembrar, de recoger...
Y así, desde ese momento, el buey estuvo junto a los hombres y su trabajo, facilitando las tareas más pesadas, para poder comer por la mañana, al mediodía y al atardecer (y sólo descansar por la noche)».
Patrimonio flamenco

El viernes estuve en Huétor Tajar invitado por los artistas. El viernes disfruté de un espectáculo que yo definiría imprescindible. El viernes además, terminó la noche con una copita y un tapeo bueno y abundante, casero, de pueblo, de Huétor (abundante en espárragos).
El sábado, al llamar al periódico, me dijeron que no había espacio ni siquiera para una breve nota. Así que con las ganas, me refugio en este blog, lamentándolo mucho, más por los actuantes y los organizadores que por mí.
Granada es una ciudad rica en flamenco, muy rica, me atrevería a decir. La tradición flamenca granadina está bien documentada desde la segunda mitad del siglo XIX, aunque podemos, sin ningún miedo, retrotraer esta fecha unos doscientos años hacia atrás, con nuestra herencia mozárabe, con el folklore autóctono, con la llegada de los primeros gitanos.
Sin embargo, es notorio el ninguneo, e incluso el desprecio, que hemos sufrido por algunos estudiosos, flamencólogos obtusos (Morente los llamaría flamencólicos), y aficionados patrioteristas, que no ven más allá de sus narices, pasando por su ombligo. Son flamencos de occidente que piensan que todo lo que se sale del triángulo Cádiz-Trana-Ronda es un sucedáneo.
Señores, ¿dónde queda Extremadura y dónde queda todo Levante, desde Málaga hasta Murcia? ¿Dónde dejamos los intérpretes del resto de España? ¿Dónde se queda Madrid, centro neurálgico y cuartel de invierno de todo el flamenco que se hace en la Península? ¿Dónde se queda Cataluña que cuenta entre sus hijos algunos de los mejores exponentes del flamenco actual?...
Juan Pinilla hacía referencia a parte de estas verdades tras un preámbulo de fandangos del Albaycín, de tangos del Camino y de granaínas. Un estudio reciente de Juan Vergillos sitúa el germen del flamenco en la provincia de Granada, el los primitivos fandangos locales de La Peza, con África la Peceña al frente, los de Güejar Sierra o los de la costa.
Juan Pinilla, cantaor ortodoxo, con eco añejo y un conocimiento enciclopédico, capaz de remedar a los grandes, enamorado del conocimiento y la transmisión, actuó como maestro de ceremonias. Sensi Martos, con más voluntad que eficacia, le ayudó en los cantes más festeros, en el jaleo y el compás. A la guitarra el hombre orquesta, el incombustible José Carlos Zárate, que suena como tres, que su oficio es casi tan grande como su corazón. A la percusión Manuel Vílchez. Un cajón que llegó a convertirse en una mosca cojonera por culpa del mal sonido. Una sonorización más que deficiente que afectó también al zapateado de las dos bailaoras, al taranto reposado y elegante de Rosa Zárate, vestida de perla, y a las alegrías de una tremenda Ana Calí, la sensibilidad y la estampa en un vestido de volantes, la poderosa presencia del baile por derecho.
Se hizo referencia a los viajeros decimonónicos y a los primeros turistas del veinte atraídos por la Alhambra y por los gitanos del Sacromonte y esa zambra enraizada de sangre y fuego que creara El Cujón a finales del XIX en el Humilladero.
Se habló de los Amaya (la gran Carmen, la barcelonesa nacida en el Monte granadino), los Maya, los Fajardo, los Heredia, La Gazpacha y la Golondrina. Se cantó y se bailó la cachucha, la alborea y la mosca (baile picante donde los haya).
Después de esta etapa preflamenca, vinieron los nombres propios de Cobitos y su delicada soleá apolá (que Pinilla ilustró con sumo gusto), el del Niño de Jun, el de Frasquito Yerbabuena, y sus imprescindibles fandangos, el de la saga de los Habichuela, Manolete, Mario Maya, Mariquilla... y la Granada tocaora. Y bailaora. Y cantaora.
Hablamos del festival de 1922 y la defensa de los intelectuales (Lorca, Falla), de la cueva de Curro Albayzín y su referente inexcusable y de la peña La Platería, la primera peña (desde 1949), el templo supremo del flamenco, un corazón vivo, un pulmón a pleno rendimiento.
Terminamos, cómo no, con Enrique Morente, que marca un antes y un después en este arte, el indiscutible maestro que sabe lo que canta, frente a los que cantan lo que saben (Gamboa). Innovador impenitente y aficionado hasta la saciedad. Modelo a seguir, maestro venerado e imitado. Creador de estilos y trapecista sin red. Alma sensitiva, corazón abierto, garganta privilegiada, oído finísimo.
Acaba el recital con las Canciones de la romería del disco Lorca que grabara Morente en 1998. Unos tangos morentianos que siguen con Fragmentos de la romería de Yerma, esas bulerías tan personales que Enrique nos lega y sigue por bamberas y no sé qué más.
Un final que podría ser el principio, pues el flamenco siempre está naciendo y los artistas de Granada son los que ocupan el Olimpo flamenco en la actualidad. Véase el caso de Manuel Liñán y de Eva Yerbabuena, Estrella Morente y los Habichuela, La Moneta y Marina Heredia...
Pase, pase

Tan sólo un apunte. Llegaba mi autobús a la parada esta mañana y disponía de más de cinco minutos para comprar el pan del mediodía. En la panadería no había ningún cliente. Estupendo (de la raíz estup-, del latín stupere, quedarse estupefacto, de la que también derivan estúpido o estupor), me daría tiempo con creces. Los dos dependientes se afanaban por atenderme.
Una barra de pan casero, dije casi automáticamente con el dinero ya preparado en la mano (0'65 euros). Al momento fui servido y, como un rayo, salté a la puerta para salir, cuando ví a una anciana dispuesta a entrar. ¡Pase, pase!, le animé sujetando la puerta. Ella, con toda parsimonia, me dio las gracias y, al cabo de interminables segundos, levantó una pierna para no avanzar. Un caracol le habría ganado la carrera.
Pasito a pasito (literalmente), centímetro a centímetro, franqueo el umbral. Yo miraba el reloj, que corría más que nunca; miraba a la mujer, con ganas de decirle señora que es pa' hoy, que se nos va a poner el pan duro; miraba a la panadera con intención de preguntarle la salida de emergencia, por favor.
Por fin pasó la vieja y corrí hacia la parada cuando el autobús cerraba las puertas. Lo cogí por los pelos, jadeando más de ansiedad que por la carrera.
Una buena acción que casi me cuesta quince o veinte minutos, hasta el próximo autobús. Una buena acción que me da pie a escribir esta nota que ahora comparto.
Flamenco viene del norte

Flamenco viene del sur
¡Eres el mejor, pese a quien le pese!, se oyó entre el público en la mitad de la actuación. Afirmación radical que otros parroquianos apoyaron y nadie contradijo. Nadie defendió lo contrario porque todos sabemos que es verdad. Hoy por hoy, el catalán Miguel Poveda, pasa por ser el cantaor más en forma del panorama nacional. Su trayectoria así lo avala. Sus discos, sus directos, sus colaboraciones… se acercan sin discusión a lo que cualquier aficionado exigente espera.
Es una prueba de la globalidad del flamenco. Basta de mirarnos al ombligo. Basta de otorgarnos una exclusividad artística que en realidad no tiene dueño. Basta de encasillar nuestro cante entre las fronteras pacatas de un Estatuto.
Poveda emprende una carrera ascendente y sin parangón desde 1993 que obtiene la “Lámpara Minera” en el Festival de Cante de las Minas de la Unión. Ahora, con “Tierra de Cama”, su último disco en el mercado, acapara todos los galardones y elogios. Su voz madura, bien afinada y melódica, sus altibajos, su dulce fraseo y sus pellizcos controlados, junto con su entrega sin concesiones y su conocimiento y permanente estudio, engrandecen su puesta en escena.
Una ligera variación del programa, un homenaje a la tierra que lo acoge, hace que empiece por granaínas. Flamenquísima su entrega, perfecta la cuadratura de los tiempos, emocionante su quejío. El sonido es impecable, ortodoxo, sorprendente. Juan Ramón Caro, también catalán, acaricia o sacude su guitarra como la belleza del oleaje rompiendo en los arrecifes. El compás viene desde Jerez con denominación de origen. Se llaman Carlos Grilo y Luis Cantarote, imprescindibles en las palmas de éste y bastantes de los artistas del momento, que ilustran las alegrías. Con la malagueña y abandolaos, Poveda entra en su trabajo más reciente, necesario, aplaudido por la afición en general y galardonado con el Premio de la Crítica Especializada. Continúa por “Alfileres de colores”, unas bulerías que le presta Diego Carrasco para este disco. Una pequeña fiesta que estremece y que desemboca en una soleá que llega a ser su mejor entrega, aparte de las seguiriyas que interpreta a continuación, con las que toca techo, roza el cielo y hace volar a los asistentes. Miguel se rompe en una interpretación única que quedará para el recuerdo. El resto del concierto es un regalo, con la seguiriya hemos roto la camisa.
“La radio de mi madre” es un ramillete de coplas (coplerías, llamará él), también incluidas en “Tierra de calma”, donde mezcla las mejores frases de Quintero, León, Quiroga, Solano, Perelló… Un homenaje a su madre y a la radio de su infancia. Continúa Miguel con unos tientos-tangos algo acamaronados y termina por bulerías, demostrando que sabe nadar en todas las aguas, aunque lo suyo es el cante grande. Como bis, se despide por fandangos, que remata “Contando los eslabones” que Morente grabara en 1975 en su disco “Se hace camino al andar”. La única objeción, si acaso, que se le puede hacer al concierto de Poveda, es un punto de frialdad y algunos lapsos de memoria.
Un año de volandovengo

El 15 de marzo de 2006 comencé esta aventura, empecé este blog de volandovengo, con la pura intención de publicar los artículos de flamenco (críticas de los espectáculos, sobre todo) que envío regularmente al diario Granada Hoy para su publicación. Constatando que estas colaboraciones aparecen sesgadas o levemente manipuladas o simplemente no llegan a ver la luz, decidí reproducirlas íntegras en esta bitácora.
Una extensa base de datos de amigos y conocidos, recibieron mis primeros titubeos con el título "Incipiente primavera", con la advertencia de que si no querían recibirlo, lo denunciara y al momento les daba de baja.
Como el flamenco es limitado. Me explico, como flamenco no hay todos los días o todos los días no escribo de flamenco, empecé a escribir de otros asuntos más personales bajo los temas de:
- Denuncia
- Día a día
- Poesía/Cuento
- Algunas cosas y demás verdades
- ochentayochopuntoocho
- Pintura/fotografía
- Vindicación del plagio
Comencé escribiendo a diario sin ningún motivo, sólo por el placer de decir cosas (como he hecho el bachillerato). Después dejé los fines de semana sin comentarios, entre otras cosas, porque los fines de semana recibo menos visitas (tengo un contador), prueba más que evidente de que cuando se leen los blogs es en el trabajo.
Así que, el día que más visitas he tenido han sido 124, el 29 de enero de este año, cuando comencé las entregas de Mis siete yoes (1). Hasta la fecha, he recibido más de 11.500 visitas (lo cual no es real del todo porque hay que descontar mis entradas, que no son pocas, y las repeticiones de un mismo usuario).
Comentarios tengo pocos, poquísimos (suerte si paso de cinco). Aunque a veces me sorprende una nota a un artículo antiguo, ya pasado, que me satisface. Suelo responder a estos comentarios, aunque no sé si son leídos.
Una de las satisfacciones más grandes es cuando el aludido se hace presente. Me vuelvo a explicar, cuando hice una crítica de Belén Maya (Belén Maya se sabe la lección), una de las mejores bailaoras del panorama nacional, ella me lo agradeció con un comentario (y otro de su director artístico), cuando escribí sobre la muerte de Pinochet (Pinochet ha muerto), dos o tres chilenos se pronunciaron en mi página, cuando lamenté la muerte de una amiga (Adiós), su hijo lloró conmigo es la bitácora...
Un tiempo de Navidad, durante un par de semanas dejé de escribir por enfermedad (un enfriamiento traicionero) y, un poco más tarde, a finales de enero, se cayó uno de los servidores de blogia, afectándome de lleno. Perdí algunos artículos, otros rehice y los fui publicando y muchos se quedaron sin siquiera ser pensados. Las consecuencias seguimos pagándolas aún.
Por último, para acabar de alguna forma, diré que quien más accede a volandovengo son los nacionales, pero recibo visitas de bastantes países. Por orden de mayor a menor, refiero los principales: México, Argentina, Estados Unidos, Italia, Chile, Francia, Perú y Colombia.
Aprobado con nota

Después de la academia, la cueva y el tablao constituyen la escuela imprescindible de la bailaora y el bailaor granadinos. Bailar a diario para el visitante, con mayor o menor conocimiento, que llega a esta ciudad, no sólo es la fragua donde se forja el flamenco, sino el trampolín donde se prepara el bailaor, se le exige y se autoexige y se liman sus impurezas para entrar a formar parte de una compañía o remar su canoa en solitario.
Por otra parte, tanto el tablao, como la cueva, como el artista en particular, se deben al turista, que desea ver flamenco a grandes rasgos, con sus tópicos, con sus vestidos y peinetas, con sus jaleos... Es por esto que, cualquier obra que se presente en estos foros siempre tendrá el marchamo de flolklore-para-turistas.
El miércoles, el Tablao Flamenco Albayzín, inauguro nuevo espectáculo coincidiendo con la nueva temporada 2007-2008. “Flamenco Puro” es un recorrido por los palos más festeros de este arte protagonizado por el baile singular de cada uno de los miembros de la compañía. Al comienzo, cada bailaora dio un apunte por bulerías, para continuar con el baile individual. Kika Quesada abordó unas admirables seguiriyas, Lidia Pousa bailó por soleares, Isa Vega se fue a Cádiz y Patricia Guerrero paseó con duende los tangos del Camino. Si Kika es la pasión y Lidia la frescura, Isa es la fuerza y Patricia un poquito de todo. Muy aplaudidos y ovacionados los dos bailaores en su reto por bulerías.
Las guitarras, el violín y la flauta estuvieron a la altura. El cante, correcto, aunque quizá con menos fuerza de lo esperado. Lo que chirriaba se cogiera por donde se cogiera era la danza del vientre en mitad de la sesión, aunque su trasfondo fuera “La Tarara” de García Lorca. Su justificación sólo se entiende cuando el visitante demanda algo distinto, un quiebro en el torbellino flamenco que se le ofrece.
Como conclusión ya digo: la obra en sí es de flamenco a granel; cada artista por separado tiene su verdad, merece la pena ver su entrega; el Tablao Albayzín es francamente recomendable para quien se acerca a Granada y quiere ver nuestro arte en esencia, sin aspavientos, nuestro flamenco puro.
Mis siete yoes (y 7)

Soy Jorge y nací varón. También soy mujer y animal. Tengo participaciones sauróctonas en mi ser y vegeto como un cáctus. A veces me quedo de piedra, inerte como un mineral.
Soy Jorge y soy divino. Con toda la humildad, reconozco en mi devenir facetas de hacedor, participaciones de otro mundo. Sueño con los ángeles y me concibo inmaculado, sobresaliente, etéreo, tonante (aunque la propiedad que más venero es la omnipotencia).
Como Whitman, como dios, siento que estoy enamorado de mí, hay tantas cosas en mí que son tan deliciosas.
Tan divino como humano. Tan humano como diablo. El ángel caído que quiso ser dios. Un dios que quiso ser hombre. Un hombre que quiso... ¡Pobre diablo!
También aprendí a ser azul, que es la forma que tiene dios de ser mar*.
Creo sin temor a equivocarme que Nietzsche ha muerto. Y también Calígula y Saladino y Luis IVX y Napoleón y Mussolini... De lo único que estoy seguro es de la muerte. De la muerte y del olvido.
Cojo un papel vacío y lo mancho con mis manos, con mi entendimiento. Agarro un puñado de barro y le doy un soplo y le arranco una costilla y piso la cabeza de la sierpe que se enrolla sobre mí mismo. Soy un creador que sufre, un profeta impenitente puesto a prueba durante cuarenta días con sus cuarenta noches, incluso.
No le temo al fuego, no le temo a las tinieblas, no le temo a la muerte callada (enamorada, diría Miguel Hernández), sólo tiemblo ante el espejo que me grita las verdades. Caigo y me levanto. Pongo la otra mejilla y perdono a quien me hiere, a los pecadores. Levántate y anda. Y al séptimo día descansé.
Soy un icono, un fetiche con siete brazos. Soy una duda, soy una incógnita, nací al principio de los tiempos (de mi tiempo). Soy eterno, sempiterno, infinito, finito, mutable, inmutable. Soy una pulga, una milésima de segundo. Estoy vacío como un bostezo. Soy Pan. Soy todo y no soy nada. Desaparezco por el foro. No juego a los dados.
Tengo noventa y nueve nombres. Mi ojo es un triángulo que desde arriba otea. Mi esencia es mi existencia. Me siento sobre una duna, me acomodo en una nube. A mi derecha la bondad, a mi izquierda la templanza. Por ti vuelo.
Cuando dos hablan de mí, quisiera estar entre ellos. Quiero y me quieren. Odio y me odian. Soy un río que redondea las cantos, que canta a su paso, que riega tu huerta, que muere en el mar, infinito, eterno, oscuro, misterioso.
Si soy Jorge y nací varón. Si soy mujer y sobre todo animal. Si soy reptil y planta y piedra.
¿Soy divino?
Sólo yo lo sabe.
* Trastocando una frase de Manuel Vicent, en la que dice "También está el már, que es la forma que tiene dios de ser azul".
Pesadillas

En un apunte de juventud, cuando mi espíritu tendía impepinablemente al existencialismo, expresaba que "si mis sueños fuera mi vida y mi vida fueran mis sueños, sólo tendría pesadillas".
Algo extremo y poco real, pues las pesadillas se suelen caracterizar por la nebulosa surreal de lo incompleto. Por muy formado y bien armado que esté nuestro sueño, lagunas inmensas, lapsos de tiempo y situaciones borrosas las pueblan. Es como la pesadilla que se muerde la cola.
Una pesadilla constante es un sinvivir. Cuando pequeño, recuerdo, temía volverme a dormir pues sólo con cerrar los ojos volvían a aparecer las mismas imágenes que hacían revolverme en un insomnio obligado. A veces dormía por puro agotamiento.
Sabiendo que era una ensoñación que se diluiría con la vigilia, no se podía evitar el sudor, el temblor, las lágrimas. Es como el vértigo, que, como expresaba Milan Kundera, es la insoportable necesidad de seguir cayendo.
Es inevitable. Es intrínseco a nuestro ser de hombre que sueña mientras duerme. Que sueñes con los angelitos, me decían. Pero con los angelitos ya estaban soñando mis hermanos, que roncaban como benditos (bendito quien duerme a pierna suelta).
Mi niño se despertó el otro día sudando frío, llorando con ansiedad y gritando ¡Papito, papito! (cuando me llama papito, fruto de unas animaciones de doblaje sdamericano, me muero de amor). Acudo veloz a su lado y lo cojo diciéndole que no pasa nada, que ya estoy aquí, que ha sido un mal sueño, que ya ha pasado. Entre hipíos me explica que un hombre malo quería llevárselo. Ya ha pasado, repito con calma y me acuesto con él hasta que la sombra de la pesadilla veo que se aleja.
*ILUSTRACIÓN: El sueño de la razón produce monstruos (Goya, 1797-1799)
Poesía entre las seis cuerdas

Flamenco viene del sur
A voz de pronto, encuentro tres razones poderosas para ver a Miguel Ángel Cortés y su “Bordón de trapo”. La primera y más importante es porque “Bordón” es un gran trabajo reconocido y aplaudido en gran parte del mundo, premiado en la revista on-line DeFlamenco.com por votación popular (15.000 encuestas recibidas). En segundo lugar podemos decir que Miguel Ángel está en un buen momento, su toque es exclusivo y es uno de nuestros flamencos más exportables. Prueba de ello es que los artistas más venerados del panorama nacional, como Arcángel, Esperanza Fernández o Carmen Linares, lo solicitan para que toque a su lado. Y por último, y no menos importante, diremos que Cortés es un hijo de Granada, que se entrega sin condiciones a su tierra, que aquí suena como en ningún sitio.
Por qué entonces tan poca expectación, por qué el teatro de tan vacío tenía eco, por qué ni siquiera los mismos flamencos, tan sólo un honroso puñado de ellos, que se cuentan con las manos, acudieron a arroparlo. Poco más de cien personas nos reunimos el lunes en el José Tamayo de la Chana para saborear a un Miguel ángel Cortés inmenso.
Encuentro igualmente alguna razón para este absentismo. Puede que, al presentar este mismo programa hace unos meses en el Isabel la Católica, los que lo vieron no quisieran repetir. Pero si allí nos quejábamos de lo mismo, de la poca asistencia, del escaso apoyo. Puede que al coincidir con San José, algunos posibles espectadores hayan optado por celebrar el día del padre de otra forma… No sé. Es un poco vergonzoso. Es un poco el análisis de Curro Albayzín: “Qué vamos a esperar de una tierra que emboveda sus ríos y mata a sus poetas”.
Cortés, como digo, sobreponiéndose a cualquier contradicción, estuvo como nunca, hiló fino e hizo filigranas mientras Daniel Méndez le sujetaba la madeja. Un buen concierto. Una labor minuciosa de taracea en que todas sus piezas encajan hermosamente hasta componer el mosaico de un trabajo de culto.
El disco sonó íntegro, empezando por la apasionada granaína y terminando por los sugerentes tangos. Estos dos temas granadinos constituyen unas de las piezas más ricas de todo el abanico flamenco. Riqueza que se engrandece en las manos de nuestros tocaores. Léase Habichuela, Cortés, Ochando o Luis Mariano. El estudio, la técnica y la reverencia conforman las granaínas. Con seda andalusí se tejen los tangos de Granada.
El cajón de Joselito siempre está en su sitio. Su compás se hace imprescindible en la fiesta, donde echamos en falta las palmas o la voz de Esperanza. Miguel Ángel domina la seguiriya y la soleá, pero sorprende por la exactitud de sus propuestas, por su dulzura concentrada, por su valentía, en las bulerías, alegrías o tanguillos.
Un concierto importante. Un artista en su espléndida madurez. Unos acompañantes de lujo. Un momento único. Quien no estuvo presente, simplemente se perdió una de las veladas clave de esta temporada.
El peor taxista del mundo

El peor taxista del mundo no es ese que no sabe muy bien dónde está, que no conoce las calles, las plazas o los barrios, que no sabe bien dónde se encuentra. El peor taxista del mundo no es ese temeroso que conduce con exagerada precaución. El peor taxista del mundo no es ese ávido conductor, temerario y arriesgado, dueño de la ciudad que tiene la mano floja y presiona el claxón a todos los que no son como él (que son la mayoría). El peor taxista del mundo no es ese que tiene su coche como un altar (no religioso) con pegatinas y olor a sándalo y con una inclinación al proselitismo. El peor taxista del mundo no es ese mal hablado o que fuma en su trayecto o que escucha Radio Olé o que tiene el fútbol a todo volumen o que es un descamisado y huele a sudor o a perfume barato...
El peor taxista del mundo es ese que abusa económicamente de sus viajeros. Aquel caradura que saca tajada de los extranjeros y de los niños, de los cándidos y de los despistados. Aquel que raspa unos céntimos en cada carrera, que redondea al alza, que se rezaga en los semáforos sin necesidad, que pasa por las calles más transitadas para participar en los atascos...
Ayer, a media tarde, llevé a mi niño al Albaycín que tenía que resolver unos asuntos. Era un engorro, pues tendría que cargar con él (muchas veces en brazos) para llegar hasta allí y regresar al hogar, pero él deseaba venir conmigo para ver "el flamenco". Yo había quedado con unas bailaoras en el Carmen de las Cuevas y él quería verlas. Así que, a pesar del leve aguacero, lo llevé conmigo.
Debíamos coger dos autobuses para llegar y tres para volver a casa, recorriendo media Granada. Llegamos al Carmen, sin novedad. Además coincidimos con algunas clases de baile y con Juan Habichuela, nieto, que estaba haciendo dedos con la guitarra.
Resueltos mis asuntos, nos fuimos por bulerías. En el segundo autobús de vuelta, sus tres añitos se rindieron, y Juan se durmió. Al llegar a la parada, razonablemente, paré un taxi que me llevara lo más rápidamente a casa, antes de montarme con el niño a cuestas en oto autobús.
El taxista iba fumando, con las ventanillas abiertas, a pesar del frío del atardecer. Antes de llegar al "límite de la tarifa urbana", el hombre multiplicó por tres el precio del trayecto. Y, al llegar, cantó a boleo el precio que quiso. Dijo: cinco euros. Cuando protesté porque el marcador marcaba cuatro con treinta y algo. Graciosamente dijo que me lo dejaba en cuatro y medio.
Debería haberlo denunciado o pedido factura, para denunciarlo, pero era más inminente acostar al niño que seguir discutiendo. No es mucho, pero indigna la forma y el abuso. Este es de los "profesionales" que dan mala fama al conjunto de colegas taxistas. En todas las profesiones hay manzanas podridas, sanguijuelas, que echan por tierra la buena voluntad del resto de sus compañeros.
* Artículo del 24 de febrero, que despareció por manipulación indebida
Contraseñas

He optado por poner la misma contraseña a todo lo que lo requiera, siempre que se me pida. Al igual, las claves de acceso, intento unificarlas, pues en más de una ocasión las he olvidado.
En cierta ocasión no pude sacar dinero del cajero de la caja de ahorros porque no recordaba los números mágicos. El móvil se me bloqueó, hará un par de años, porque no acertaba a componer el código pin (y no digo nada cuando lo que te piden es el código pun) (que yo creo que por eso salieron los muñequitos pin y pon, para familiarizar a los niños).
Antes tenías bastante con recordar algunas fechas, media docena de números der teléfono, tu peso y tu estatura, algunos números de calle y letras de pisos... Pero ahora todo tiene un abracadabra.
Para colmo, para los de memoria cansada o cerebro rebosante, se nos impone una regla mnemotécnica para recordar la sucesión de números o la palabrita que te da acceso a lo que se supone que es de tú propiedad, donde teóricamente tú puedes entrar, sobre todo tú, exclusivamente tú.
Se ha demostrado, he leído últimamente, que, más que el paso de los años, interfiere en la memoria (o sea, en el olvido) los nervios. Ahora me entero de que debo ser muy nervioso, pues soy muy olvidadizo, muy desmemoriado.
Dicen que dios les dio piernas a quien no le dio cabeza, es decir que si se te olvidaron las llaves por tu mala cabeza, por ejemplo, ya puedes estar corriendo a buscarlas (porque en la calle no nos vamos a quedar) (seguimos con el ejemplo aunque no lo parezca).
Propongo (seguro que ya está previsto) que cada uno tengamos un código de barras en el bolsillo, tatuado en la frente o en la palma de la mano que, como al Super Agente 86, nos abra todas las puertas. (Y de camino algunos corazones.)
Encantado de reconocerte

Hay un amigo que siempre me presenta a su mujer cuando nos vemos. Incluso pregunta si nos conocemos. Sí, afirmamos casi al unísono (nos faltan todavía un par de encuentros). Él, como si no oyera nada o le diera totalmente igual si nos hemos visto o no antes de hoy, nos vuelve a presentar. Nosotros, su mujer y yo (sin ninguna premeditación), nos besamos en ambas mejillas mientras sonriemos.
Yo, sinceramente, agradezco tal honor, porque un rostro es difícil que se me olvide, pero un nombre... Así, en nuestro encuentro, él dice: esta es X, mi señora. Y yo: encantado, señora X. Y él: éste es Jorge y tal y tal (coletilla definitoria de mi ser que más le pueda interesar o impresionar a su mujer). (Hay quien presenta diciendo lo que tienes y no lo que eres.)
Este amigo no es el único que me "representa". Gentes de diferentes círculos caen en la misma repetición, en la misma repetición, en la misma repetición. No me refiero a quien te presenta a alguien por primera vez, ignorando que ya os conocéis, sino a ese que en cada encuentro te hace entrechocar la mano de su acompañante. Dan ganas de decir: "encantado de reconocerte" o "estoy harto de que nos presenten" o "ya va siendo hora de que se enteren de que nos conocemos".
También hay un reconocimiento, quizá más peliagudo. Y es cuando conoces a alguien que ya lo conocías y se te ha traspapelado en la memoria, bien porque hace una infinidad de años que no os veis, bien porque ha cambiado radicalmente de aspecto. No sé, se ha hecho punk o mormón o hermana ursulina; se ha teñido el pelo o se le ha caído del todo; se ha tatuado y se ha puesto piercings hasta en el cielo de la boca...
A veces él te conoce y tú no a él o tú lo conoces y él a ti no (puedes quedar como un marmolillo, de cualquier manera). O puede que os conozcáis y no sabéis de dónde o preferís olvidar o desearíais no haberos conocido.
Con todo y con eso, hay una agradable comicidad en el reconocimiento. Puede que sea la segunda oportunidad a un mal encuentro. Quizá sea la forma más auténtica de programar un inesperado encuentro. Es lo contrario a una cita a ciegas.
Marina y Mayte en Huétor Tájar

El concejal de juventud de Huétor Tájar, respaldado por el concejal de cultura del mismo Ayuntamiento y la Diputada de Cultura de la Diputación de Granada, presentó el pasado viernes el Festival Flamenco Joven de dicha localidad, que, en esta tercera edición, cuenta con la participación de la cantaora granadina Marina Heredia, presente en el acto, y la también cantaora catalana Mayte Martín.
Todo un acontecimiento. Un mano a mano de las cantaoras más auténticas de su generación que, lejos de ser un duelo titanico, será el complemento idoneo para la consecución del duende. Dos temperamentos extraordinarios, dos maneras de sertir y de ser, de estar y de ofrecerse. Pero un mismo corazón flamenco, una misma afición, un mismo respeto por sus mayores.
Marina de Granada. Mayte de barcelona. Dos cantaoras profundas y ortodoxas. Dos cantaoras de culto. Dos verdades en el aire.
Dicho encuentro tendrá lugar el próximo 28 de abril (a las 22'00 horas) en la Casa de la Cultura, coincidiendo con la 5ª Semana Cultural de Huétor Tájar y la festividad del espárrago.
Esta población de la vega apuesta por el flamenco joven granadino. Marina, junto con el bailaor Manuel Liñán, estuvieron presentes en el primer Festival, y la bailaora Fuensanta “La Moneta” y el tocaor Miguel Ochando ocuparon el cartel de la segunda edición. O sea, Mayte será la primera invitada de fuera de nuestras fronteras. Una gran responsabilidad. Un gran acierto.
Lo malo es que el teatro sólo tiene capacidad para trescientas cincuenta personas (aunque me dicen que para la ocasión pondrán un suplemento de sillas plegables ocupando los pasillos). Lo bueno, que estaremos en familia. Lo mejor, que yo tengomi par de entradas reservadas en un asiento estratégico.
A pagar (una ridiculez): 12 euros. La recompensa puede que no tenga precio. Las entradas se vende en el mismo auditorio o en la peña de La Platería.
La depre

Por más que he hecho para moralizarme, llevo todo el lunes deprimido. No creo que sea la enfermedad esta moderna, prima hermana de la ansiedad. Sino la desazón de toda la vida. El hastío de sentirse una nimiedad en el macrocosmos que conforma la vida, herencia de los románticos y post románticos decimonónicos.
Mi hijo se despertó caprichoso a las 6'45 de la mañana. Logré calmarlo y dormirlo en veinte minutos más o menos y yo ya no me dormí (no merecía la pena). Y en esa madrugada inesperada, se me vino encima todo el futuro (el inmediato y el más remoto) y todo el pasado, los momentos más crueles del pasado, me refiero, hasta la tarde del domingo.
Pero, sobre todo, soy consciente del presente y del desajuste del mundo. La lucha diaria por la SUPERvivencia. Recalco "super" porque no se trata de vivir, de vivencia, sino de vivir por encima, de vivir cada vez mejor. Y eso es lo difícil.
¿Qué es vivir mejor? ¿Tener cada vez más dinero? ¿Que no nos falte de nada a mí y a los míos? ¿Ayudar a los demás? ¿Luchar por la justicia social? ¿Educar a mi hijo en valores? ¿Ser un hombre respetado? ¿Llevar una vida sana? ¿Denunciar y castigar los abusos cometidos hacia los más débiles? ¿Hacer gimnasia a diario? ¿Acordarme cada día de un amigo y llamarlo, si es posible? ¿Ser bondadoso sin esperar recompensa? ¿Adoptar un niño? ¿Enseñar a pescar a un pueblo? ¿Almacenar provisiones temiendo una posible guerra preventiva? ¿Comprarnos otro coche (a ser posible anti golpes)? ¿Cenar cada día en un sitio distinto? ¿Coger más a menudo la bicicleta? ¿Jugar media hora más con mi niño al día? ¿Leer menos el periódico? ¿Invitar a un pobre a comer?...
Mañana será otro día.
Marzo

Cuando marzo está dando sus últimos suspiros recuerdo que iba a escribir sobre los meses. Así que lo agarro por los pelos y os cuento.
Lo primero que se me ocurre de marzo es que este fue el mes en que asesinaron a Julio César, el primer emperador romano. El tiranicidio tuvo lugar en los idus de marzo, que viene a ser como a mediados de mes, el día 15.
En marzo empieza la primavera, el 21, que este año, como escribía Henry Miller (no recuerdo en qué libro), llegó como una liebre congelada. Nos esperan días alternos. Frío, sol, lluvias, viento y playa. Aunque ya se sabe, hasta el 40 de mayo...
La primavera es la renovación de la vida. La primavera la sangre altera. Marzo, los almendros en flor y los mozos en amor.
Aunque volverá el frío y la lluvia. Ya lo dice el refrán: marzo y septiembre, el tiempo revuelven; o marzo varía siete veces al día; o marzo marcero, tan pronto sol como aguacero; o marzo marceador, de noche llueve y de día hace sol; o marzo, trenta y un día tiene y trescientos pareceres; o marzo ventoso y abril lluvioso, hacen del año florido y hermoso...
Para terminar, un consejo: quien en marzo no poda la viña, pierde la vendimia (no sólo referido al mundo de las uvas.
Abstenerse ortodoxos

Flamenco viene del sur
La primera idea que se nos viene a la cabeza es la desnudez. La desnudez de un bailaor que no esconde nada, que se ha puesto el compás por montera, que viene de vuelta; la parquedad de un escenario excesivamente oscuro y vacío, tal vez gélido; el minimalismo de un baile medido, tan sólo apuntes matemáticos, tan sólo arrebatos, impulsos, espasmos perfectos. Es posible confundir el baile de Andrés Marín con el de su paisano Israel Galván porque los dos tienen el mismo lenguaje, porque trascienden el flamenco, lo desnudan y, antes que elevarlo a las incomprensibles esferas de la élite, lo popularizan. El tiempo lo dirá.
Como trasfondo, la historia del flamenco centrado en tres momentos, en tres cafés de tres ciudades, Sevilla, Málaga y Granada. En la mesa de la taberna, con un vaso de vino se fragua todo, con un cubilete de dados emana un cante telúrico, más humano que divino, pues sabemos que dios no juega. No se busca el colorido, sino la sombra. No la fiesta, sino la pena.
Comienza Marín “El alba de un nuevo día” ilustrando los números del azar, el seis, el nueve, el doce… con un vídeo de fondo que trata de orientarnos o confundirnos. Y comienza la trilla, el cante primitivo en el sevillano Café Kursal. José Valencia releva a Falcón y hace martinetes. Andrés baila los silencios. Canta con su impresionante juego de pies. Hasta a su sombra le cuesta seguirlo. Se impone una soleá de Triana arropada con piano y la seguiriya se nos presenta en una plataforma elevada, mientras cientos de cabezas otean desde las imágenes al fondo. Es su pieza más ortodoxa. Es el compendio de lo hecho y lo que queda por hacer. El piano y la guitarra se suceden. A veces se acoplan.
Ya sabemos que en general el baile no interfiere. Andrés parece que aporta una explicación plástica del cante por venir y se sienta o hace mutis, para dejar que la música complete la faena. Y el vídeo se va repitiendo con Chaplin haciendo de camarero.
El “Café de Chinitas” se versionea con el piano. Estamos en Málaga. La caña da paso a los abandolaos que, por primera vez, preceden a la malagueña, que es de Manuel Torre. Falcón y Valencia derrochan sensibilidad cantándola al alimón. El martilleo constante del zapateado es hipnótico, necesario; el equilibrio perfecto.
Seguimos hacia levante. El taranto, la taranta, la granaína. El Café Suizo es un “Jardín abierto para pocos”. Coronel es un gran percusionista que, como decía Juan Carlos Romero, su mayor cualidad es no “molestar” (en el buen sentido). Antonio es preciso y envolvente. Opta por un pandero y no una caja, adoptando una presencia sin estridencias. Granada se identifica con el sonido del agua en un cubo de zinc, que da pie a unas bulerías morentianas, mientras al fondo se desmorona el país con tintes políticos, y la charanga de una batería cierra el concierto que se abrocha con una toná y unos acordes de piano que nos devuelven inevitablemente al comienzo de la historia.
* FOTO: Andrés Marín este verano en el Corral del Carbón (© Nono Guirado).
Eva Yerbabuena

El martes conocí personalmente a Eva Yerbabuena después de que la Diputación le hubiera entregado el Premio de Turismo 2006 por su labor de "embajadora" de Granada en el mundo. A Eva Garrido la llevo mucho tiempo siguiendo. He escrito de ella, sobre ella, de su espectáculo. Hoy por hoy es la mejor bailaora que existe. Lo digo abiertamente y sin titubeos. Es la mejor bailaora que existe. Es grande (a pesar de ser bajita). La grandeza va unida irreversiblemente a la humildad y el agradecimiento.
Me la presentó la Diputada de Cultura al terminar el acto, en el ágape con que nos agasajó la Diputación a los asistentes, y fue un momento doblemente mágico. Los dioses bajaron de su pedestal y nos miraron a la cara. Pude contemplar de cerca a una mujer a la que había puesto varias caras diferentes (según el momento, según las fotos) (véase muestra en la ilustración).
Digo "doblemente mágico" porque yo estaba en la terraza destinada a la celebración tomándome un vinito y esperando a los flamencos y a la gente de la Diputación que me había invitado, y ellos estaban en otra terraza, haciendo lo propio, ajenos a mi existencia.
Solo como la una, no más pude saludar a algunos conocidos y medio tontear con las camareras. Al principio normal. Al segundo vino: ¿otra vez queso? Al tercer vino: ¿qué me traes ahora?, si son anchoas del Cantábrico coronadas con graciosas aceitunillas. Etc.
En mi devaneo observo a una pareja de mediana edad que vienen a cenar por la cara. Cada bandeja que pasa delante suya, la arrasan con las dos manos. Comen a dos carrillos. Incluso persiguen a la camarera que, con la boca llena, le piden un porfavor. No se relaccionan con nadie. Están situados en la esquina de una mesa donde almacenan provisiones. Pienso que cuando llegue la segunda tanda de bandejas, los aperitivos calientes, ya estarán saciados. Pero qué va, qué va (yo leo a Kierkegaard) (al viejo Søren). Siguen metódicamente rumiando, como al principio. ¡Qué barbaridad!
De pronto, en plena actividad etnográfica, me entero de existencia de la terraza vip. Abandono la tercera copa a la mitad y mi estado marginal y me dirijo con una sonrisa a la nueva sede, como quien descubre Eldorado. Allí están todos: Inma, Juan, Raul, Tere, Francisco Manuel, Paco... y Eva.
Saludo, hablo, río, cuento, sonrio, saludo, hablo, como... Me preguntan si acabo de llegar. Medio explico mi confusión primera, pero todo está bien. Sólo que una hora más tarde.
Pido otro vino y ya no queda, pero a los postres, cuando la mitad del personal había desaparecido, reponen de nuevo existencias. Así que la cuarta y última copa la tomo con pasteles, mientras me presentan a no sé quién de la Junta de Andalucía y a su señora.
El asiento doble

En los autobuses urbanos de Granada, y supongo que de algunos otros lugares, han puesto algunos asientos individuales un poco más anchos que los demás, pensando en las personas de más envergadura o simplemente para aprovechar el espacio sobrante. Muchas veces me veo obligado a ocupar esos asientos y me da cierta fatiga porque no lo lleno ni a la mitad. Cuando voy cargado con alguna bolsa o equipaje lo agradezco, pero cuando voy pelado, ligero, los recorro como un garbanzo en una lata con los vaivenes del conducir.
Me da alegría en cambio cuando un señor o una señora los rellena. Pasajeros que se les queda pequeño el asiento convencional, usuarios que sin querer ocupan dos plazas y desplazan al compañero de asiento o lo arrollan casi literalmente. Pero más alegría me da cuando ese butacón lo comparten un chico y una chica, una pareja que a veces, de tan juntos, les sobra espacio.

