Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2007.

Resumen

03/09/2007

Lo que ven

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Hay un anuncio que se emite últimamente de un puñado de adultos (algunos realmente bordes) comportándose de forma radical en determinados momentos (fumando, gritando, maltratando...).

Yo tengo un ejemplo positivo:

El otro día fue mi niño al cine con sus primos para ver "Ratatouille", la última propuesta de Disney para pequeños consumidores. Juan salió de casa con una libreta y un bolígrafo para tomar buena nota de la función. Arriba se pueden ver sus apuntes.

A pesar de ser el más pequeño de todo el grupo, estuvo atento como ninguno, no perdía detalle y, de vez en cuando, apuntaba algo en su cuaderno.

Él ve a su padre que acude al flamenco con papel y lápiz para anotar las impresiones del concierto y poder así escribir su crítica para el diario.

El niño (de tres años, no hace falta que lo recuerde) aún escribió algo cuando, después del cine, nos fuimos a tomar unos helados.

Cuando le preguntabas qué estaba haciendo, obviamente respondía que escribía su artículo para "mañana para el periódico".

Lunes, 03 de Septiembre de 2007 18:03 Autor: volandovengo. #. Tema: Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

04/09/2007

Uso y abuso de los puntos suspensivos

Existe una abundancia de textos, a veces sesudos y harto literarios, con un mal empleo de este signo diacrítico. Encontramos a veces una multiplicación ilógica de dichos puntos como refiriendo que lo omitido es de mayor identidad, como si lo que quedara por decir superara lo previsto, como si la duda fuera mayor.

Otras veces los puntos suspensivos los encontramos precedidos de espacio. O en cambio, no les sigue ninguno y la palabra siguiente va unida a ellos como si fuera una sola palabra compuesta. O, asombrosamente más común, aparecen los tres puntos a continuación de la abreviatura etc.

Y esto sólo por citar algunos de los atentados lingüísticos contra el derecho consentido de omitir.

Recopilo y expongo brevemente el significado y uso de este socorrido signo de ortografía.

Los puntos suspensivos señalan algo que se deja por expresar, bien porque se sabe o bien porque se prefiere callar.

1.- Los puntos suspensivos son tres, nunca menos ni más.

2.- Los puntos suspensivos que siguen a una palabra y dependen de ella o de la oración o período de que ella forme parte, se escriben a continuación de la palabra, sin espacio alguno.

3.- Tras ellos siempre se dejará un espacio.

4.- Los puntos suspensivos van después de los signos de interrogación y de exclamación, excepto cuando no se termina una palabra o la oración no tiene sentido completo (¡Qué barbaridad!... o ¡Cuántas veces tengo que decirte...!)

5.- Cuando se emplea el etcétera o su abreviatura (etc.) (Pepín Bello, amigo de Lorca, Dalí y Buñuel en la Residencia de Estudiantes, lo escribía ‘ect.’), no se ponen puntos suspensivos. Es una redundancia, aparte de una afrenta.

Martes, 04 de Septiembre de 2007 18:31 Autor: volandovengo. #. Tema: Cuestión de estilo Hay 2 comentarios.

07/09/2007

Deporte y cultura

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"Tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor", decía el viejo bolero. El que tenga esas tres cosas se puede dar con un canto en los dientes.

El amor es lo que más nos interesa en nuestra juventud (que se lo pregunten a Nono que decía vivir del humo y del amor, en indistinto orden), es el leitmotiv de nuestros días, es el sentimiento que guía nuestros pasos (Dmitri Karamazov se quitó la vida por exceso de amor). El dinero es una enfermedad, necesaria, imprescindible a medida que se va madurando (¿madurando?). (¿No es la madurez ese sentimiento de que la vida se nos va limitando?)

La salud se aprecia cuando no se tiene, cuando la vamos perdiendo, cuando nos abandona. Es propia de la vejez, incluso de la vejez de la juventud). Así, cronológicamente diremos: amor, dinero y salud, en la mañana de nuestra vida; para continuar con el dinero hacia el mediodía, siempre el dinero, poderoso caballero; para terminar con la salud al anochecer, en el ocaso.

Los cementerios están llenos de ricos. El rico no lo tiene todo. El hombre feliz, en cambio, no tenía camisa. Hay quien muere enamorado (como el Dmitri de Dostoyevski o el joven Werther de Goethe). Hay quien muere pobre pero con una salud envidiable. Y también, los más, quien desaparecen con mil achaques, con dinero o sin dinero (hago siempre lo que quiero), con amor o sin amor. 

Aunque salud, dinero y amor (o amor, salud y dinero o el dinero en primer término) son tres patas de una misma mesa. Quizá, como decía Aristóteles, en el término medio esté la virtud. Las tres cosas pero sin exceso, con moderación. Tener dinero sin estar podrido. Tener algunos achaques. Y querer con sus aristas. Todo esto para hablar del deporte y de la cultura.

Llevo al menos dos discusiones recientes sobre el mayor beneficio. Dicotomía que no debe estar enfrentada, sino ser complementaria. Son dos aspectos de la salud. La salud corporal y la salud mental, espiritual.¿El deporte es cultura? En sí no, a no ser que se suban y se bajen veinte veces las gradas del Coliseo recitando la lista de los reyes godos. ¿La cultura es deporte? En sí no a no ser que veamos el canal Historia pedaleando en una bicicleta estática.Aunque todo participa. La cultura, el deporte (el amor es también saludable).

No es lo mismo, sin embargo, como en todo, ser protagonista que observador. No es lo mismo practicar deporte que desgañitarnos delante del televisor. No es lo mismo hacer cultura, estar inmerso en sus múltiples tentáculos, que apoltronarse con el chubasquero puesto, como el que espera que llueva café en el campo.

Viernes, 07 de Septiembre de 2007 08:44 Autor: volandovengo. #. Tema: Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

12/09/2007

Hombre rico, hombre pobre

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“Es más difícil que un rico se salve a que un camello entre por el ojo de una aguja”, dijo Jesús un día que estaba especialmente inspirado. Y es que ya, en los albores de la historia, se sabía que, en general, ningún hombre honrado se puede hacer rico con su exclusivo trabajo. Sin embargo, el hijo de dios no le dedicó en ese momento ni una mínima sentencia al hombre pobre. Si después de su frase lapidaria, que nos ha hecho pensar en camellos muy pequeños o en agujas excesivamente grandes, hubiera dicho, aunque fuera en petit comité, que “es más fácil que un pobre se salve que encontrar una aguja en un acerico”, otro gallo nos cantaría. Pero, si encima de ser pobres, no tenemos garantizada la gracia de una segunda vida, una nueva oportunidad más afortunada, apaga y vámonos.

Tampoco se asegura, por otra parte, la condena del millonario, sino que su salvación es más dificultosa. Y, poniéndonos a elegir, es preferible un probable infierno (quizá ventilado, como apuntaba Pirandello) tras una vida opulenta, que un cielo dudoso después de haber vivido arrastrado.

Seguramente, lo ideal sería que todo el mundo fuera igual de rico (o igual de pobre, que quizá sea más fácil, pues muchos son los que no tienen y los que tienen mucho son pocos). Y, puestos a soñar, que fuéramos todos iguales ante la ley, que tuviéramos todos las mismas oportunidades... Habría que luchar por esta equidad, pero no acabando con los pobres -como muchos dirigentes se plantean- ni eliminando a los ricos -como se puede pensar. ¿Quizá repartiendo?

Yo, humildemente, me afilio a Mario Moreno “Cantinflas” ─que no es Dios, pero sí divino─ cuando dijo en una de sus películas: “yo no estoy en contra de que haya ricos, yo estoy en contra de que haya pobres”.

Porque la pobreza es un mal que se siente a cada minuto y para la riqueza es algo incómodo. Es incómodo y hasta peligroso que los pobres se organicen, se manifiesten en contra de su estado y hasta que deseen el dinero de los que tienen. ¡Dónde vamos a parar!

El mundo ha quedado reducido a dos estados, a dos clases sociales antagónicas, separadas por el dinero. El mundo tiende al feroz capitalismo y, salvo algunos reductos, el dinero llama al dinero, y la falta de éste a la carencia total. Ya no nos importan los de otra raza, los de otro color, si traen divisas. Las puertas del mundo, las fronteras se derrumban ante el todopoderoso dólar (o el euro, que ya lo aventaja), ante un jeque árabe, blanco por fuera y negro por dentro, que te ofrece de propina un reloj de oro.

Con dinero, en muchos casos, se acabaría el racismo y la xenofobia. Los negros pasarían a ser personas de color, los moros magrebíes y los sudacas serían sudamericanos.

Cuanto más avance el mundo ─me temo─, cuantos más logros alcancemos de bienestar, de calidad de vida, menos adelantaremos en igualdad de clases, más diferencia habrá entre el hombre rico y el hombre pobre.

* Radiado en el 88.8 de FM-Granada, “Mujeres en las Ondas”, el 21 de diciembre de 1999.

Miércoles, 12 de Septiembre de 2007 19:25 Autor: volandovengo. #. Tema: ochentayochopuntoocho Hay 3 comentarios.

14/09/2007

La mayoría de edad de un festival

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XVIII Noche Flamenca. Asociación de Vecinos Plaza de Toros, Doctores y San Lázaro

Desde hace dieciocho años se viene celebrando en las inmediaciones de la Plaza de Toros una Noche Flamenca organizada por la Asociación de Vecinos de los barrios adyacentes, el de losDoctores y el de San Lázaro. Desde hace dieciocho años el flamenco toma literalmente la calle y reúne a varios cientos de parroquianos y allegados, que no dejan pasar esta cita. Pero también acoge a bastantes de los viandantes que pasan fortuitamente por el lugar y desean disfrutar de un poco de cante del bueno.

No es una muestra con grandes aspiraciones ni grandes nombres, de hecho nos sorprenden año tras año con alguna cara nueva. Pero, en cambio, es un festival con la total entrega y la verdad de sus participantes.

La bailaora Ana Guadalupe, y su grupo, es la encargada de abrir y cerrar la noche. Comienza con una guajira, un palo para el baile poco visto (aunque pudimos disfrutar con esta misma propuesta con Patricia Guerrero recientemente en el Corral del Carbón); y termina con una soleá. Ana es una bailaora reposada y flexible, de bella estética y futuro halagador. Tras el primer baile, Miguel Barroso, con solemnidad, cantó por granaínas, serranas, milongas y unos bellos fandangos de Vallejo muy rítmicos. Es de agradecer cuando un flamenco interpreta los cantes con conocimiento. A la guitarra José María Ortiz, un músico que evoluciona al margen de las modas.

El descubrimiento de la noche fue Ángela Cuenca, una joven almeriense (Almería cuenta hoy día con un racimo de cantaoras muy interesante). Ana comenzó con unos tientos-tangos de influencia de Carmen Linares y de Morente, para continuar con unas malagueñas que abandoló con fandangos de Almería y fandangos de Granada; y culminó con unas alegrías muy agradecidas. Acompañándola con la guitarra, el estudioso y profesor Vicente Márquez que sonó mejor que en otros escenarios.

El plato fuerte de la velada fue el albaicinero Antonio Fernández, que empezó por seguiriyas, continuó con alegrías, fandangos y tangos de Morente. Antonio es sensible, muy flamenco y con un gusto exquisito, que redondea y endulza los cantes.

* Plaza de Toros de Granada (© granadafoto.com)

Viernes, 14 de Septiembre de 2007 18:09 Autor: volandovengo. #. Tema: Flamenco No hay comentarios. Comentar.

17/09/2007

Ogíjares recupera el pulso

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XXVIII Festival Flamenco de Los Ogíjares

Tras un par de años de relleno y cumplimiento, el Festival Flamenco de Los Ogíjares vuelve a mostrar su buen estado de salud y cumple una vez más con sus expectativas de convertirse, no solamente en un festival de prestigio, sino en la cita ineludible de los grandes aficionados al flamenco de toda Andalucía. Después de un desvío inexcusable por ninguneos políticos, este evento vuelve a estar organizado por la Peña Yerbabuena, por gente que entiende que los pasitos andados no se pueden desandar (¡ojalá al Festival de Otoño de Granada le pase lo mismo). Cada uno de los cinco cantaores, con sendos guitarristas, podría ser sin lugar a dudas cabeza de cartel en una noche que, a pesar de su extensión (hasta las cuatro y media de la madrugada), no defraudó. El sonido, con algún silencio inoportuno, fue más que correcto. Incluso el escenario, decorado para la ocasión, contribuyó a la redondez de la velada.

Tres mil personas, o tal vez más, ordenadamente sentadas, respetuosamente atentas, recibieron con placer la gloriosa entrega de sus actuantes. Antonio Gómez “El Colorao”, como podía haber sido cualquier otro, fue el encargado de romper el hielo con sus propuestas ortodoxas, yo diría que académicas. Antonio se templó con unas marianas, un cante cercano a los tientos-tangos, que rescató del olvido hace algunos años. Una soleá de Alcalá sirve para tendernos el abanico de su largura, que demostró también en sus seguiriyas, en las que destaco las de Curro Dulce. Entre estas dos propuestas jondas, El Colorao, sin abandonar su estilo ceremonioso, que acentúa Jorge Gómez con la sonanta a su lado, se acordó de Cádiz. Termina este cantaor granadino con unos cuantos fandangos naturales.

En escena lo releva una impresionante Aurora Vargas, arropada por Diego Amador a la guitarra y Rafael Junquera y “El Eléctrico” a las palmas. Ella sola rellena un escenario quizá demasiado grande. Las alegrías son su primera propuesta. Vemos a una cantaora en plenas facultades. El público responde y ella se engrandece. Es pura, es raza, es gitana. Su soleá llena de pellizco preludia su reinado por fiesta. Los tientos-tangos se prestan a un bailecito. Ya le estorba la silla, ya le sobra el áncora del micrófono, ya recorre las tablas para llegar a todo el mundo, para trasmitir su calor, su fuerza que le está sobrando. Está a gusto y lo demuestra en las bulerías, que interpreta también fuera de micrófono y acompañándose de su baile temperamental Levanta a los espectadores. Y en los postres se acuerda de Luis de la Pica. Y, después de estas bulerías, más bulerías. Y después, más bulerías, musicando “Derroche” de Ana Belén. Si el Festival hubiera acabado en ese momento, un servidor habría quedado ya satisfecho. Pero había más. El rizo se sigue rizando. La tuerca continúa dando vueltas.

El cante rotundo de José Menese llena el espacio. Para las granaínas, las cantiñas y las bamberas, se hace acompañar de la joven guitarra de su paisano José Talavera “El Francés”. El cantaor de La Puebla de Cazalla termina con soleá y con seguiriyas, con del preciso Antonio Carrión a la guitarra, que también arropará a Miguel de Tena. Menese es un maestro de maestros. Sus letras no son convencionales. Esconden el compromiso de quien grita y no sólo de quien se queja. Sin embargo, el sevillano, no es tan poderoso, no hila tan fino como en la visita anterior en el José Tamayo.

El baile de Andrés Peña y su grupo ponen fin a la primera parte de una noche memorable. Por mucho que su nombre se baraje entre las jóvenes realidades de la danza flamenca, por mucho triunfo que lo avalen, la soleá de este jerezano resultó floja y descafeinada. Cabe salvar de entre su grupo el cante arraigado de Miguel Rosendo y poco más.

Tácita figura del Festival es José Domínguez “El Cabrero”, que fue generoso en su entrega. A su lado, Rafael Rodríguez, hacía hablar a las seis cuerdas. Comienza con una soleá, de la que pasa directamente a “La lluvia”, un soneto de Borges que mete por bulerías con apuntes de milonga. A esto le siguen unas seguiriyas. Pero el público será suyo incondicionalmente cuando canta sus reivindicativos fandangos, con letras propias, que nos retrotraen a los años setenta. El Cabrero canta de pie, alza su flamenco, escupe sus verdades. Antes de otro poquito por fandangos, esta vez de Alosno, el cantaor sevillano interpreta otro poema, “Luz de luna”, una bella nana por bulerías. Termina con unos martinetes muy rítmicos, también de su estilo, acompasados con el golpeteo de la guitarra.

El Festival termina como muy bien podía haber empezado, con el cantaor Miguel de Tena, que se alzó con la Lámpara Minera en 2006. El extremeño presenta sus credenciales en forma de malagueñas y abandolaos. Su voz laína no convence a todos los presentes, aunque su entrega es exclusiva. Su mejor entrega quizá fueran las tarantas y los tangos extremeños. Sin embargo, de puro cumplimiento fueron las bulerías, cercanas al cuplé, con el tema “María de la O”, y las anquilosadas milongas dedicadas a las madres. Acabó con unos festivaleros fandangos.

*Impresionante Aurora Vargas (© Paco Peña)

 

 

Lunes, 17 de Septiembre de 2007 09:13 Autor: volandovengo. #. Tema: Flamenco Hay 3 comentarios.

18/09/2007

El Destino

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Escribía Torrente Ballester que "El Destino es como un río de muchos afluentes, como la red de tus venas, caminos que se recorren por aquí y por allá, se puede retroceder y avanzar, elegir éste o aquel otro, y todos llevan al mar, que es el morir", argumento que entronca con el jardín borgiano.

Posiblemente el Destino esté escrito, pero posiblemente sea como esas novelas que proponen varios finales, como Rayuela, podemos jugar nuestras cartas.

La suerte y nuestras circunstancias determinan este final que debemos ayudar a terminar de escribirlo.

Los budistas creen en la lógica consecución de los acontecimientos, no sólo de una vida, sino de todas las vidas. Todos los seres humanos estamos irremediablemente unidos a la Rueda de la Vida (Samsara) y pasamos continuamente por los mismos cielos y los mismos infiernos hasta nuestro fin relativo, hasta la transmigración de nuestra alma.

Abandonamos esta Rueda (la bestia del uso, que diría José Miguel Ullán), momentánea o definitivamente, cuando alcanzamos el nirvana.

El Destino es el futuro previsible. Es ese fin que puede ser cantado en una saga. Es el renglón torcido de Dios. Alimento para los futurólogos, adivinos, pitonisas, videntes, augures.

El Oráculo de Delfos, todos los oráculos de la antigüedad, eran ambiguos como es Destino, decían algo y todo su contrario, auguraban la felicidad y el más cruento final en una misma sentencia. Siempre, desde luego, tenían razón.

El Destino es cruel o caprichoso, que es otra forma de crueldad. El Destino es como Dios, que aprieta pero no existe.

*Rueda de la Vida

Martes, 18 de Septiembre de 2007 19:37 Autor: volandovengo. #. Tema: Algunas cosas y demás verdades Hay 1 comentario.

20/09/2007

Caer

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El vértigo es la insoportable necesidad de seguir cayendo
Milan Kundera

Ya no estoy seguro de nada. No sé si lo que voy a relatar sucedió como lo cuento o difiere mucho de lo que aconteció. Aun no sé si ocurrió realmente. No comprendo siquiera si estoy escribiendo o se trata del último sueño de un moribundo aferrado a la vida, las fantasías de un reciente cadáver, de un fallecido asomado al alféizar de la vida, a la que le une el filamento de una conciencia poco tranquila e insatisfecha.

Creo que todo ocurrió esta misma mañana. Como todas las madrugadas desde que recuerdo, me levanté a estudiar con más inercia que vocación. Como si fuera un ritual, abandono el cálido abrazo de la cama y, sin llegar a vestirla de nuevo hasta más tarde, me dispongo a desayunar (¿o es al revés, salgo del ayuno nocturno y de camino compongo la cama?), me lavo un poco para enfriar el sueño y preparo los apuntes. Estudio toda la mañana e imagino cosas. Mis pensamientos se evaden de los folios garrapateados, resaltados de multicolores. Escucho la radio y pienso cómo sería mi vida en otras circunstancias, con un trabajo estable, con otros estudios; si fuera un virtuoso del violín, o si me dedicara a vagabundear pidiendo un par de euros a todo el que se cruzara en mi camino...

Pues bien, no llegué a sentarme a desayunar esa mañana, cuando oigo un jaleo en la calle, bajo mi ventana abierta que el calor precisa. Y comienzan a acercarse sirenas indefinidas (nunca he distinguido el sonido exacto de los coches de emergencia). Me asomo al exterior, perdiendo el interés del examen inmediato. Los vanos de mi alrededor están del mismo modo llenos de observadores que miran alternativamente a la calle y hacia donde yo oteo. ¿Estaré mal vestido, me habré puesto el saco del revés o no me he puesto ropa alguna?, pienso.

A mi ventana llega mi madre y mi hermano, algo menor que yo, que la abraza fuerte, que la agarra (no parecen verme). ¡Hola madre! (ni escucharme). Parece que alguien se había arrojado de madrugada. Ella llora y repite: “¿por qué lo has hecho?”. Llaman a la puerta, es la policía y un señor con bata blanca y un bombero y una comitiva de mil vecinos, que dicen si podemos bajar a identificar a la víctima. Mi madre parece una Magdalena y mi hermano llora también, golpea las paredes y traga saliva. Yo bajo tras ellos.

En la calle, bajo la ventana de mi habitación, el de la bata blanca levanta la sábana que oculta un bulto amorfo. El hombro de mi hermano se ha convertido en pañuelo, papel secante, muro de las lamentaciones, confesionario de mi madre que se está cayendo.

Yo me alzo en las puntas para ver el cadáver. Me asomo y descubro con asombro que el suicidado soy yo.

* Otro cuentecito existencialista de juventud, fechado en junio de 1990.

Jueves, 20 de Septiembre de 2007 11:01 Autor: volandovengo. #. Tema: Poesía/Cuento/Teatro Hay 6 comentarios.

22/09/2007

Nunca llueve a gusto de todos

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El otoño ha llegado con rotundidad (al menos en mi tierra). Ha sido como el pataleo de los dioses que, después de mucho aguantar, han estallado y han vaciado sobre la tierra todo el agua que han acumulado en el cielo después de un verano alterno. Me gusta la lluvia. Me gusta el otoño. Es época de renovación. El mundo se desnuda para volver a vestirse en la empalagosa primavera.

¡Que levante el dedo quien prefiere los colores del otoño a los de la primavera!

Es como el coyote y el correcaminos. Se supone que el pajarraco es el bueno, pero todos nos identificamos con las desgracias del chucho. ¡Si alguna vez lo hubiera cogido! ¡Si alguna vez le hubiera retorcido ese pescuezo de manguera ambulante!

La lluvia debe ser moderada para que sea beneficiosa. Con todo y con eso, siempre viene bien el llanto de los dioses. Aunque este tiempo es más bien una plaga que una bendición. Riadas/evacuados, granizo/pérdidas.

Nunca llueve a gusto de todos y ahora menos, en este mundo inconformista. Antes se sacaban a los santos para que lloviera. Ahora cuando llueve se mete al santo bajo cubierto y el penitente se harta de llorar.

El otoño (la primavera de los solos) siempre inspira. Las hojas, el aguacero, el viento, la bufanda, los primeros fríos, los primeros coleccionables en los kioscos, la vuelta al cole, los nuevos amigos, los viejos rockeros...

Permitidme acabar con un pequeño poema que escribí hace unos años, que, además, lo pintaré de rojo otoñal.

Me gusta pisar el otoño
cuando el suelo se tiñe de árbol,
cuando los charcos atrapan el cielo,
arreboles rojos en tu cara
y regueros de viento
donde la hojarasca deja paso
a las lágrimas del sueño.

P.S. - Estimados blogueros, visitadores de este blog apasionado, os habréis dado cuenta que las entradas ya no son diarias, que los post son más espaciados, y es que tengo menos tiempo, más trabajo y más niño (el niño es el mismo, lo que pasa es que se queda casi todas las tardes conmigo en casa). Así que os ruego paciencia hasta que pueda volver a retomar el ritmo. No abandonéis.

*EN LA IMAGEN: "Puddle" ('Charco'), Maurits Cornelius Escher, 1952

Sábado, 22 de Septiembre de 2007 09:58 Autor: volandovengo. #. Tema: Algunas cosas y demás verdades Hay 7 comentarios.

24/09/2007

La edad

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Hace tiempo salía en televisión un anuncio de algún alimento dietético en el que se veía a una persona mayor haciendo ejercicio con una amplia sonrisa y con la impresión de que no le costaba trabajo alguno aquel sube-baja (en el buen sentido de la expresión), mientras el narrador decía contundente: "no pesan los años, pesan los kilos".

La edad es relativa. La edad es una convención, como lo es el tiempo. No como el tiempo en sí, su existencia o su entendimiento, sino la manera tan humana de medirlo (a los animales le resbalan los cumpleaños). La escritura nació por esa manía contable que tiene el ser humano. O sea, antes de las letras fueron los números (menos el cero, concepto altamente metafísico que inventaron los árabes).

¿Y qué cosa hay mejor para medir que no sea el tiempo, que es eterno, infinito, dimensional?

Todas las civilizaciones se han ocupado de temporizar, de crear relojes y calendarios, desde oriente a sudáfrica, desde los esquimales a los fueguinos. Todos los grandes hombres, Julio César, Octavio Augusto, el papa Gregorio..., se han ocupado de reformar el calendario.

Estamos , desde el principio de los tiempos (nunca mejor dicho), supeditados al factor tiempo (menos Zenón que negaba su existencia).

(Hay un pueblo africano que cuenta a partir del seis, puesto que la media docena es evidente. Si en un prado se ven seis vacas, no hacen falta contarlas para evidenciar su número).

La edad se lleva por dentro, dice el viejo tópico. Cuanto más viejo seas, sin embargo, más comulgas con él. La edad es un lastre que nos estorba para seguir subiendo. El tiempo pasa; el tren se nos escapa.

La edad es relativa, como digo. Según los años que que dura una vida, los 25 pueden ser el ocaso o el comienzo.

"El tiempo es una invención humana, la definición de algo irreversible e impenetrable" (Torrente Ballester).

Hay gente sin edad como Cortázar, hay eternos adolescentes (complejo de Peter Pan), hay viejos desde la infancia, hay quien se quita años, hay quien se pone años o se deja bigote... Hay quien vive de recuerdos, hay quien espera un futuro que nunca viene, hay quien se le escapa el presente pensando en el mañana.

Lunes, 24 de Septiembre de 2007 19:14 Autor: volandovengo. #. Tema: Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

26/09/2007

Aproximación a una teoría del beso

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Me vienen a las mientes unos versos de Pablo Neruda, escritos quizá en su única obra dramática: Fulgor y muerte de Joaquín Murieta, escrita en spanglish (otra exclusividad), también llamado este uso de palabras inglesas como parte del idioma español, ingañol, espanglish, espanglés, espangleis o espanglis. Musicado en los años 70, para más señas, por Olga Manzano y Manuel Picón.

En ellos poetiza de esta guisa: No es verdad que el amor quema y se para/ no es verdad que se apaga con un beso.

Basten los nerudianos versos para introducir esta Aproximación a una teoría del beso que, a la manera de Soren Kierkegaard, escribí como prolegómeno para ilustrar un cuento que publiqué hace unos años, formando parte de una antología de cuentistas granadinos o relacionados con la ciudad, en total 75, entre los que estaban Saramago, Muñoz Molina o Justo Navarro*.

Un beso. El acto de besar necesita muy poca energía para ser efectivo pero puede desprender un gran contenido emocional. Un simple acercamiento cutáneo, una imperceptible mueca bilabial, un posible guiño de ambos párpados, una involuntaria muestra sonora y ya está: el beso ha sido realizado. Después, quizás, un estremecimiento, una sonrisa, un deseo de continuidad o, por el contrario, la indiferencia más atroz.

El beso siempre es dulce. Aunque puede ser asaz amargo, como el beso de Judas o el beso del adiós. Puede ser largo, sonoro, suspirado, pegadizo, cálido, intenso, húmedo, desnudo, involuntario o travieso. El beso puede ser el primero, con toda su carga emotiva, o pueden venir después, que serán los sucesivos, los demás, que serán más expertos o más rutinarios o más acostumbrados o más sentidos, pero nunca serán el primero (ni siquiera en el reino de los cielos).

* "El coleccionista de besos perdidos" en Granada en cuento. Granada: Dauro, 2002

** EN LA IMAGEN: "El beso", escultura de Antonio Canova, Roma, 1793. Conservada en el Museo del Louvre.

Miércoles, 26 de Septiembre de 2007 18:02 Autor: volandovengo. #. Tema: Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

28/09/2007

¿Cuánto dura el amor?

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El amor, al no ser una ciencia exacta, no se puede medir. Por lo menos su duración en el tiempo, porque en intensidad es posible que vaya desde fuerte hasta a irresistible. El amor puede ser eterno en diez minutos, sostenía entre otros Antonio Gala (lo que incide también en su intensidad).

El amor puede llegar hasta a doler. Alguna otra vez he referido el caso del hermano Kamarazov que se quitó la vida porque no podía soportar tanto amor. Duele el amor, pero más duele su carencia.

El amor es uno de nuestros más fuertes sentimientos. Cuando surge, nuestra intención es que crezca, que dure siempre, siempre. Su duración eterna es la conditio sine qua non que todo amor requiere en su comienzo.

Pero la realidad es muy distinta. El amor, por suerte o por desgracia tiene fecha de caducidad. En el mejor de los casos, cuando acaba, se convierte en costumbre, en realidad acomodaticia, en la que es menos grave lo malo conocido... que la incertidumbre por venir.

En mi niñez y juventud existía una medalla del amor (muchos la recordarán) que era toda una declaración de tal intención. Ésta decía: "Hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana". Desde un primer momento recrudecí esta sentencia, proponiendo una nueva máxima: "Hoy te quiero más que ayer y mañana ya veremos".

El matrimonio es la conformidad de ese amor, es el compromiso de futuro, es un voluntario encierro en pronombres posesivos...

Nietzsche preguntaba en uno de sus escritos: "Pero, ¿tú estás loco?" y seguidamente se respondía: "No, casado solamente". Para Henry James la pareja era una crueldad. Gila contaba que el matrimonio era como el metro, "quien está fuera quiere entrar y quien está dentro quiere salir".

Ahora, y a esto voy, propone una diputada alemana que el matrimonio dure siete años. Al cabo de los cuales, si ambos cónyuges están de acuerdo, se renovaría o se extinguiría. Consciente de la volubilidad del amor, piensa que poniéndole un límite institucional se ahorrarían, entre otras cosas, los engorros del divorcio.

Lo que no ha pensado la señora ésta es la multiplicación de las propósiciones de matrimonio por tan endeble futuro. Y, lo más importante, los hijos tenidos en esos años, que, si la pareja es constante y fructífera, pueden llegar a ser siete u ocho (sin contar los partos múltiples).

Viernes, 28 de Septiembre de 2007 13:25 Autor: volandovengo. #. Tema: Algunas cosas y demás verdades Hay 10 comentarios.


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