Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2008.
Resumen
- 02/07/2008 13:41 - El calor
- 04/07/2008 10:42 - Flamenco al fresco
- 07/07/2008 09:44 - Deconstruyendo el flamenco
- 08/07/2008 13:42 - Murciélagas
- 10/07/2008 18:42 - Andalucía crece
- 11/07/2008 18:26 - Isotérmico
- 14/07/2008 13:31 - Viernes flamenco
- 15/07/2008 11:37 - Noche del viernes (cont.)
- 17/07/2008 11:22 - Lorca regresa de la Gran Manzana
- 18/07/2008 09:46 - La hiena
- 21/07/2008 13:40 - Made in Sacromonte
- 21/07/2008 13:41 - Huétor Vega, una cita necesaria
- 22/07/2008 09:55 - Cortar la manga
- 23/07/2008 11:40 - El cielo
- 24/07/2008 13:36 - Patricia salvó el estreno
- 25/07/2008 08:59 - El baile varonil de David Pérez
- 28/07/2008 11:44 - Jerez sin tacones
- 28/07/2008 13:33 - Maracena, un Festival con mayúsculas
- 29/07/2008 09:04 - Las rimas de Juan
- 31/07/2008 11:58 - Juana Amaya, purasangre
El calor

El camino del trabajo a mi casa es más largo pero me asombra, es decir, tiene más sombras donde refugiarse. Atajo (quiero decir, alargo) el camino como un lagarto antagónico. Y voy más despacio. Eso sí, muy despacio, aletargado, como un oso en invierno ("Descubrimiento de la lentitud", recuerdan). Procurando colaborar lo menos con el sol implacable. Voy al sol que menos calienta, alejo el ascua de mi sardina.
Jesús Quintero, en uno de sus programas, decía, que su padre a su vez decía, que lo mejor para el calor era no moverse.
Los animales, los bichos, saben mucho de esto y descansan en la sombra cuando el calor aprieta (que, a veces, ahoga) (no como Dios). Y reducen su respiración al mínimo, que es el secreto de una larga vida.
El calor (o la calor, que suena más grande, como la mar frente al mar). El calor, repito, en Granada llega a bocajarro. Viene a quemarropa. Es una bofetada, un disparo, una celada. No hay intermedio apenas. De los 20º pasamos a los 40º. El entretiempo es ficticio. Del abrigo pasamos a la camiseta.
Menos mal que aquí por la noche refresca. Es un respiro. Sobre todo esta noche pasada, que tuve que cubrirme con la sábana.
Flamenco al fresco

Museo Cuevas del Sacromonte
Con una actuación casera, familiar, comienza la temporada de flamenco en el Museo Cuevas del Sacromonte. Hay que dar un pequeño paseo para llegar a este escenario al aire libre, pero merece la pena. Entre las permanentes vistas a la Alhambra y el fresquito que se impone a esas horas, la visita resulta de lo más agradable. También hay un autobús, inexplicablemente tan sólo uno cada hora, el 34, que nos deja al principio de la cuesta del Barranco de los Negros. Pero la subida no nos la quita nadie.
Arriba, con un precio asequible y durante todos los miércoles y viernes hasta septiembre, podemos saborear el mejor flamenco local, un flamenco autóctono que, en general, se suscribe a Valparaíso y sus alrededores. El Museo es como un oasis donde nos podemos entrecorchetear tomando algún refrigerio mientras saboreamos el arte sacromontano.
Abren el ciclo, como digo, una agrupación de flamencos emparentados con la saga de los Habichuela. Es un flamenco fresco, de consumo inmediato, en el que predomina el cante festero. Sus propuestas no son trascendentes. Parece más como un entrenamiento, como una fiesta privada, que no un conjunto de raíz con perspectiva. Su mejor baza es el entendimiento y el filing que destilan en el escenario. Aunque jóvenes, es reconocible su veteranía entre las tablas y el micrófono. Destaquemos el baile de “La Repompa” por alegrías y por fiesta; destaquemos la voz de Irene Molina que, cuando es más pausada, rezuma gusto y pureza; destaquemos al fin las percusiones de José Antonio Carmona Habichuela y “El Moreno”, sobre todo haciendo un mano a mano al final del primer pase, con el acompañamiento del bajo de Juan Masana.
Como puntos más oscuros podíamos citar una segunda guitarra que, tañida por el cantaor Raúl Molina “Mikel” o por José Antonio Carmona, actuaba como una chicharra enturbiando el toque limpio habichuela de Rafael Santiago; o la verbena formada cuando los coros se arrimaban a la voz principal; o los gallos en el cante descontrolado de Raúl. De cualquier modo, superando el aprobado, supone un buen comienzo para el rosario de noches con sabor que nos esperan en este escenario bajo las estrellas, que cuenta con el sonido cuidado de quien conoce las necesidades del flamenco.
Por este foro pasarán, entre otros, los cantaores Jaime el Parrón, Pepe Luís Carmona, Sergio Gomez “Coloraito” o David Sorroche; los guitarristas Paco Cortés, Miguel Ochando, Luis Mariano, Emilio Maya, Rafael Fajardo o Antonia Jiménez; y los bailaores Angustias la Mona, Juan Ramírez, Ana Cali, Encarni Heredia, Luís de Luís o Jara Heredia.
* Una anécdota no publicada fue cuando, en medio del baile, le hice un comentario técnico a mi padre, que me acompañaba, y una chica detrás nuestra, disfrutando como si fuera su primera vez, me llamó la atención preguntándome si me interesaba el flamenco. Estuve a punto de decirle que sí pero que no entendía mucho.
** FOTO: Rafael Santiago en La Platería.
*** Este artículo no fue publicado en prensa.
Deconstruyendo el flamenco

También cuentan con el zapateado y a veces el mimetismo coreográfico de Antonio el Bailarín, Vicente Escudero o Carmen Amaya. Son muchos los que han querido desmontar el flamenco en escena, muchos los que han querido partir de lo añejo para exponer su revolución, léase Belén Maya, Israel Galván o Rocío Molina, pero nadie hasta ahora ha fusionado la pizarra con la fibra de vidrio en una misma composición, nadie comienza con la danza española para, acto seguido, ponerse en la órbita del transmetal. Algunas propuestas ya venían dadas, como las colaboraciones de Sabicas con Joe Beck en Nueva York o hill o’ the wisp de Miles Davis sobre Manuel de Falla y el Ensayo sobre el fuego. Sólo había que interpretarlas, con una mente abierta, con un minucioso conocimiento, con una técnica desbordada. Resultado, Flamenco XXI, una obra coral, fresca y distendida; muy trabajada y con mucho talento; donde, los veinticuatro artistas en escena son excelentes. Nadie se queda descolgado, no hay peros que valgan. Y, como prolongación del título, Ópera, café y puro, hace referencia a la época dorada del flamenco, a los cafés cantantes, de donde proceden todos los número uno para prestar su voz y sus dotes a este espectáculo.
Una gran labor de rescate. Inmejorable la forma de destilar el baile, de liberarlo de sus corsés clásicos, y, sin abandonar la raíz, como digo, llevarlo a un definido extremo de vanguardia. Se copian los guiños de entonces, se remedan sus actos, sus bailes, sus intenciones. Una gran labor el diseño del vestuario de Dospormedio y la caracterización de los personajes Rescatamos la escuela bolera, el baile español, la escuela sevillana, y la fundimos con el jazz, con la danza contemporánea, de la cual se abusa en varias ocasiones. Creo que es una manera de acceder a todos los paladares. Pienso que es la forma de acercar, el baile sobre todo, a quien lo encasilla en la queja y el volante.
Son dos partes bien definidas. En la primera se muestra la tradición y el deseo de traspasarla, de romper. Los moldes se van deshaciendo por sus costuras. Unas tonás sirven para presentarnos los personajes y ponernos en conocimiento de su buen hacer. Las producciones corales, conseguidas, no pretenden ser simétricas, sino equilibradas. Los movimientos de uno se imbrican en la pose del otro, lográndose un continuo agradable. En Café para piano apreciamos algunas individualidades, reflejo de nuestros mayores, dignas de elogio. Desde este momento, la ironía y la comicidad se añaden al conjunto, siempre bienvenidas en la manifestación de un arte de por sí serio y umbrío. La luz, aunque cierta, sigue siendo tan escasa como el recuerdo. Nos persigue la penumbra del flamenco. Siguen, en la misma tónica, las propuestas de Soleá, ópera y cine, con pasajes muy aplaudidos. Las milongas se presentan con cigarro, y La gran seguiriya es delicada y sabrosa. Después del intermedio, la obra se desboca, ya no hay paso atrás, el pasado está aprendido y demostrado. La electrónica impera.
Se impone un continuo ritmo de seguiriyas machacón, infernal, contagioso. El flamenco es pura esencia. Sus propuestas se estiran, sin llegar a partirse, hasta sus límites. Pasaje 2 es la farruca definitiva. Tres bailaores y una bailaora con bata de cola ponen toda la carne en el asador. De ahí al cielo. El espectáculo va creciendo en intensidad. El flamenco parte del día y de la hora que se estrenó esta obra, en Málaga en Flamenco 2007. La danza del fuego de Davis es espectacular, recuerda cuando Zappa interpretó el Bolero de Ravel. Un toque oriental tiene la zambra. El romance y el final mantienen el este buen nivel.
Murciélagas

Entre el canto de los grillos y una uña de luna blanca apenas esbozada en el cielo, que, conforme oscurecía, iba imponiendo su majestad, cenamos en el chalet con los abuelos. Alguien advirtió entonces un bichito de luz. ¡Una luciérnaga!, exclamó dirigiéndose directamente a mi niño. Juan, siempre cómplice, me cogió de la mano y me guió al trozo de jardín donde brillaba el gusano y, como si lo conociera de toda la vida, me dice: "Mira, papá, una murciélaga".
Por tres veces insistí en que se llamaba luciérnaga. Por tres veces él repitió convencido murciélaga. Así que lo dejé estar. Pero no era una, sino dos, tres, cuatro, que fosforecían verdes o amarillas en la noche.
Las luciérnagas hembras son las que se iluminan, para atraer a los machos, más desarrollados, que vuelan por encima.
Su prima Lucía, unos meses más pequeña que Juan, pero más alta y más rubia, dijo: "Yo he visto tres, dos verdes y una rosa". Esta especie rosada, aunque agudicé la mirada, no la vi. La buscaré la próxima noche y, en caso de que reluzca para mí también, haré sin tardanza algunas fotografías para la posterior rueda de prensa y su publicación en "Naturaleza viva" o en "Ciencia popular", por ejemplo.
Andalucía crece

Estamos de enhorabuena los amantes del flamenco de raíz, aún se siguen grabando discos de la más estricta ortodoxia. El cantaor Curro Lucena, parcamente acompañado de una guitarra (Manolo Franco, Ángel mata o Román Carmona) y, en los cantes donde se precisa, el compás de unas palmas desnudas, hace un recorrido por cada una de las provincias andaluzas, cantando, con todo academicismo, el cante (o uno de los cantes) que la identifica.
Así, por orden alfabético, de Almería nos propone tarantos, de Cádiz alegrías, de Córdoba también alegrías, locales en este caso, (palo que se agradece por lo poco que se escucha y lo menos que se graba), de Granada granaína y media, de Huelva varios fandangos personales, de Jaén tarantos, de Málaga malagueñas del Canario y jabera y de Sevilla soleares de Alcalá.
Este recorrido se completa con dos nuevos aportes locales, un ramillete de fandangos personales provenientes de Lucena, la tierra que vio nacer a este añejo cantaor, y la caña de Ronda, que es la ciudad en donde vive actualmente. Con estos aportes, que, junto a los cantes mineros, es lo mejor del disco, Andalucía crece con dos nuevas provincias. Todo esto convierte a Ocho más 2. Andalucía, Lucena & Ronda en un documento de estudio, imprescindible en cualquier discografía.
* Título: Ocho más 2. Andalucía, Lucena & Ronda.Autor: Curro Lucena.Guitarras: Manolo Franco, Ángel Mata, Román Carmona.Edición: 2007
** Publicado en Acordes de Flamenco, nº 14.
Isotérmico

Viernes flamenco

El sábado me iba a la Sierra, a una especie de curso de astronomía, así que no quise concordar con el periódico ningún tipo de colaboración para ese día, que llegaría a enturbiar mis planes, además no deseaba enfrentarme de nuevo a una insegura publicación (ya llevo este mes un par de artículos que no han salido en prensa, con el engorro que supone subir al concierto, estar lógicamente atento, analizarlo, volver a casa, escribirlo al día siguiente y enviarlo). Así que pensé tan sólo disfrutar de la velada.
Tenía varias alternativas, pasarme por el Museo Cuevas del Sacromonte, para escuchar a Jaime Heredia y ver bailar a Ana Calí, que me apetecía mucho (al final fue lo que hice); podía ir a Huétor Vega donde presentaban la semana flamenca de esta localidad, con recital flamenco incluido; o podía pasarme por Churriana para ver a la agrupación “Atroz”, de mi amigo Manuel Mateo, que se sumergen en la música berebér que, aunque no es flamenco, quiero disfrutar de su música en directo.
El flamenco en lo alto del Barranco de los Negros, con el agradable fresquito sacromontano y una birra en las manos, es un placer asequible. Depués, si el flamenco es bueno, agradable o sorprendente, mucho mejor. César Cubero, con su guitarra, faltó a la cita. Lo sustituyó el toque sabio y limpio de Emilio Maya, que interpretó unas mineras para abrir boca. Son ocho o diez las grandes sonantas de Granada en la actualidad, y Emilio ocupa un puesto destacado. El cantaor Manuel Heredia continúa por levante haciendo unos tarantos. Su voz no está en la mejor forma y se le va de de la queja al gallinero. Su segunda entrega, un cuplé por bulerías, sigue por la misma línea de juzgado de guardia. Pero su voz gitana y sus continuos guiños a Manuel Molina y a Fernanda de Utrera encumbran su apuesta hasta engrandecerla. Para terminar esa primera parte, Ana Calí nos baila por cantiñas. Refuerza la voz Jaime Heredia, que se incorpora al cuadro.
Ana Calí es posiblemente la bailaora de Granada con mejor compás, con unos pies muy limpios y un gran sentimiento en el rostro. Aunque se prodiga poco sabe estar, domina el escenario y busca el lugar donde las tablas le son más propicias. Hecho de menos, como en otras ocasiones, la abundancia de luz, que realce el palmito de esta bailaora y eleve su estampa, flamenca donde las haya.
El protagonista de la segunda parte es Jaime, el Parrón. Con una voz recuperada, hace la soleá que le ha dado fama. Heredia es un cantaor de oficio, afillao y con temple. En sus días buenos es capaz de darle pellizcos a los mejores aficionados. En segundo lugar, hizo unos fandangos con grandísimas verdades del poemario popular. De este cantaor, podemos repetir, que está en buena forma.
De nuevo Ana Calí cerró esta segunda parte con una soleá. Si su primer baile fue bueno, su propuesta por soleares fue exquisita. Ana hace música con sus pies. Es de las bailaoras que no necesitan percusión. Si acaso un poquito de compás con las palmas. A veces nos recuerda a Belén Maya, sobre todo el movimiento de sus brazos, y a veces se remonta a Carmen Amaya, pero su sello personal es evidente y así lo impone.
El público respetuoso sabe aplaudir un concierto que recordaremos, un concierto presentado por Antonio Gallegos, conocedor como pocos que, además canta con mucho gusto y enjundia. Los merecidos aplausos que se prolongan, son agradecidos a su vez con un mandaíco por bulerías.
* El Parrón ©. Acuarela de Nono Guirado para "Acordes de Flamenco".
Noche del viernes (cont.)

Al bajar del concierto, me pasé por la peña de Pepe Luis Carmona, que tenía mucha vida. Los viernes, a partir de ya, van a programar actividades. Ese día hubo poesía y algo de música hindú.
Allí encontré algunos flamencos que me arrastraron (me dejé arrastrar, más bien) a la Cueva de la Rocío, que celebraban el cumpleaños de Iván (en la foto) y de Johnatan.
(Es de las primeras veces que he visto a Iván realmente feliz, sonriendo con ganas.)
Tenían música disco que alternaban con música en vivo. Una gran fiesta. Un buen ambiente. Muchos conocidos.
Me limité a tomarme una copa, a hablar más con unos que con otros y en disfrutar observando. ¡Cualquiera movía un pie entre tanto artista, entre tantos bailaores y bailaoras con el ritmo en las venas!
Lorca regresa de la Gran Manzana

Poeta en Nueva York de Blanca Li
Por razones quizá políticas, quizá económicas o por simple falta de previsión el actual estreno de Lorca en el Generalife no es tal, sino una repetición. Gran reconocimiento y aplauso tuvieron en los inmediatos años pasados las anteriores propuestas de Blanca Li y Cristina Hoyos, que sustituirá a la primera durante el mes de agosto. No hay que restarle ningún mérito a estas dos reconocidas compañías. Pero la ciudad de Granada, sus habitantes y la memoria del poeta se merecen una constante renovación. Es como decir: "nos faltan ideas" o "faltan creadores que puedan ofrecer un espectáculo de altura". Yo me temo que la primera opción sea la que cuajara en el cerebro escurrido de los promotores de este evento, por la cortedad de miras de la Junta de Andalucía, que prefiere el éxito conocido que el riesgo por conocer. El pueblo, sin embargo, se inclina por la sorpresa de una novedad que por la quemazón, por muy bien que estén, repito, de dos obras ya vistas. Porque artistas de gran altura, que apuesten por una obra de igual calidad, no nos faltan en el panorama andaluz. Hay multitud de creadores, coreógrafos, músicos, bailarines… que están esperando una oportunidad como ésta para exponer su arte.
Esto, como es lógico, es ajeno a la obra y sus actuantes, que gozan de una extraordinaria salud. "Poeta en Nueva York" no despierta la sorpresa y admiración de cuando la descubrimos hace exactamente un año, pero ha ganado en consistencia y redondez. A lo largo de este tiempo, se han limado algunas aristas; se ha cuidado la dinamicidad en la sucesión de escenas, que no dan tregua; pero, sobre todo, se le ha dado un impulso definitivo a la música. La sonoridad está ajustada, milimetrada, sin fisuras. El zapateado de Andrés Marín, por ejemplo, que al principio era un apunte que se difuminaba, hoy cobra todo el protagonismo que, se supone, debe tener. El poeta de Fuentevaqueros habla a través de los tacones de Andrés tanto como con el recitado preciso de Javier Viana.
De todas las versiones de Lorca en Nueva York, es la más fidedigna. Quiero decir, que si nuestro ilustre paisano pudiera evaluar estaría encantado con esta representación cosmopolita y multidisciplinar, como él mismo. No se puede encasillar al poeta. Su mente estaba abierta, al igual que sus ojos. Así, Federico se convierte en un observador privilegiado que con su mirada crítica va descubriendo las bondades, pero también la crueldad de un mundo deshumanizado. Las encomiables voces de Carmen Linares y de Rob-Li sacuden el ambiente con sus tersuras acercándonos aquí y al infinito.
Tras un trabajo minucioso, Tao Gutiérrez compone y dirige el corpus musical que nos sumerge en otra dimensión. Sin ser flamenco, todo está lleno de flamencura. Sin ser un poema, todo se cuaja de poesía. Como resultado, más de una veintena de bailarines, de distintas disciplinas, y una docena de músicos, también de variado son, nos hacen disfrutar un espectáculo trepidante. Si quien lee estas notas, no formaba parte de los cincuenta y cinco mil espectadores, según las estadísticas, que vimos esta obra el año pasado, no duden ni un minuto en reservar su asiento. Si, en cambio, lo han visto ya y quieren ver la evolución y la natural frescura del mejor espectáculo que ha visto este escenario en el ciclo lorquiano, no duden ni un minuto en reservar su asiento.
* Fotografías y montaje ©: Nono Guirado.
La hiena

Made in Sacromonte

Museo Cuevas del Sacromonte
Desde principios de julio hasta principios de septiembre, todos los miércoles y viernes hay una muestra de flamenco en el Museo Cuevas del Sacromonte, en lo alto del Barranco de los Negros. Allí, entre vegetaciones y estrellas, además de hallar una brisa que en Granada no se encuentra, podemos saborear el arte más autóctono del que tengamos noticia. El Museo tiene la doble virtud de juntar un flamenco de gran interés con artistas casi exclusivamente de la tierra. Por su escenario pasarán, entre otros, los cantaores Juan Pinilla, Pepe Luís Carmona, Sergio Gomez “Coloraito” o David Sorroche; los guitarristas Paco Cortés, Miguel Ochando, Luis Mariano, Emilio Maya, o Antonia Jiménez; y los bailaores Angustias la Mona, Ana Calí, Jara Heredia o Luís de Luís. Varios veranos lleva programándose flamenco en este rincón sacromontano. Por sus tablas han pasado prácticamente la totalidad de los cantaores, músicos y bailaores de nuestra provincia. Cada año hay mejoras. Pero es en 2008 cuando se profesionaliza el pequeño teatro al aire libre. El escenario crece en amplitud, las luces están más conseguidas, pero sobre todo se preocupan de cuidar el sonido, de manera que haya las menos fisuras posibles y, por ejemplo, los pies del zapateado, que es la asignatura pendiente en estos eventos, se oye con bastante nitidez.
La noche del viernes tuvimos un buen cuadro que, sin embargo tardó en calentarse. Jaime el Parrón y Manuel Heredia al cante, con las guitarras de César Cubero y Rafael Fajardo, dedicaron su buen hacer al baile de Encarni Heredia, Raimundo Benítez y Yolanda Cortés. Una presentación en forma de tangos sirvió para conocer a todos los actuantes. La única incursión de cante fue un cuplé de la mano de Manuel Heredia, en concreto una adaptación por bulerías de la “Baladilla de los tres puñales” de Rafael de León, esa copla que bordaba Marifé de Triana. Para terminar la primera parte Yolanda Cortés baila unas alegrías con toda la fuerza y la raíz que imprime la cueva. La segunda parte, mejor que la primera, la abre un espontáneo. Es decir, sin estar programado, Antonio Gallegos, que hace las veces de presentador e ilustra con su conocimiento la entrada de la función, canta una soleá por bulerías, con la guitarra precisa de César Cubero. Acto seguido, Encarni Heredia baila unos tarantos bien llevados por las sonantas y por el cante, que le hace un guiño a Remedios Amaya. Encarni es la esencia, es el Camino, su baile se ve fresco a la vez que recoge varias décadas de bailaoras del lugar, especialmente de su madre “La Gallina”. Raimundo Benítez, que repetirá el sábado en el Festival de Huétor Vega, aborda unas seguiriyas con fuerza y compás. Lo tiene todo medido y bien medido. Sus pies limpios adquieren una velocidad de vértigo sin perder ni por un momento la compostura y la redondez del cuerpo en sus movimientos. Unas bulerías, pasada la media noche, marcan el final de esta velada que tuvo a la luna llena de testigo.
* FOTO: Venta El Gallo, en el Barranco de los Negrtos, camino del Museo
Huétor Vega, una cita necesaria

XXI Festival Flamenco de Huétor Vega
Innecesariamente se alargan los tiempos de un Festival que en un par de horas tenía que estar resuelto. Fueron cuatro momentos, cada cual más sabroso. Pero también fueron cuatro horas de duración. Huétor Vega, proclamada “Ciudad del Flamenco”, cumplió la noche del sábado veintiún años de su Festival. Veintiuna citas imprescindibles para los aficionados, para los que quieran tomarle el pulso a nuestro arte. Este año la velada se ha abierto nuevamente a los ecos foráneos. Del año pasado, eminentemente localista, se ha pasado a la alternancia de artistas de la tierra con flamencos de fuera. No se ha echado de menos un cabeza de cartel con nombre de peso. Álvaro Rodríguez abre la noche con su torrente de voz bien modulada. Aunque muy joven, este cantaor, natural de Órgiva, tiene tablas, sabe estar encima de un escenario. Su repertorio, nada convencional, comienza con peteneras y termina por milongas. Esa milonga que Calixto Sánchez musicó con un precioso poema de Machado dedicado a la muerte de su amada esposa Leonor. Álvaro se destaca por su jondura, por la elección de cantes de raíz, los cuales domina. Aunque quizá estuviera un poco denso en sus propuestas. “Carcelero”, la zambra de Caracol, y la soleá fueron sin duda sus mejor entregas. Asombrosamente no hizo seguiriyas, cante que lo identifica y con el que lleva ganando primeros premios desde hace dos o tres años. Le acompañaba, con bastante gusto y limpieza, la guitarra de Ramón del Paso. María Toledo lo sustituye en el escenario, arropada por Paco Cortés. La excesiva parsimonia es sustituida igualmente por la fiesta. Entre cantiñas, tangos y bulerías, también propone soleares y cantes de levante. Una actuación tan aplaudida como artificiosa. Sus estallidos y su queja saben a academia. El calor se lo imprime la magistral guitarra de Paco Cortés, que demuestra su sabiduría en cada rasgueo, su humildad y su primer puesto como acompañante. Destacan los tangos, que se almibaran cuando son de Graná. Para los cantes festeros, María se hace acompañar por la caja de Miguel, El Nene de Málaga. Tras un descanso demasiado largo, una rifa, la entrega de reconocimientos y demás protocolo, hacen que la segunda parte comience bastante tarde. Su rotundidez, sin embargo, hizo que mereciera la pena esperar. Raimundo Benítez, bailaor local, con un cuadro sacromontano, aborda una soleá con sus pies de vértigo. Soleá preñada de seguiriyas y rematada con jaleos. Lástima que el tablao no se escuchara bien. La oquedad y las vibraciones del entarimado añadían un extraño eco a una actuación generosa y personal. Flamenquísima, por otro lado. En último lugar, el extremeño Miguel de Tena, llena la noche con su prodigiosa voz y con su timbre colorido. El valor asegurado de la guitarra de Paco Cortés le acompaña. El frasco de esencias se destapa con malagueñas y abandolaos, para pasar a unos caracoles y, a petición del público, una granaína y media. Como si fuera un tácito homenaje, la cuarta entrega de Miguel fue “La Salvaora”, otra zambra de Manolo Caracol. Para terminar, el extremeño nos ofrece un ramillete de fandangos naturales, en los que abandona el micrófono y, a boca de escenario, rellena el silencio. Los fandangos toman aires de bulerías, a la manera de Vallejo y, sin abandonar su puesto, culmina un festival bastante aplaudido por menos público que de costumbre.
* Autor del cartel: David Zaafra
Cortar la manga

Entre las esporádicas lecturas de este fin de semana una volvió a llamar mi atención. En verdad no era una lectura de primera mano, sino la relectura de un libro de contenido antropólogo, que me sirvió de base para una charla sobre erotismo que dimos en Ronda hará unos diez años, cuando llevábamos la revista de literatura erótica El erizo abierto (Alfonso tiene que acordarse).
El libro Guerreros, chamanes y travestis, de Alberto Cardín, se editó por Tusquets en su colección exclusiva, siempre interesante, Cuadernos ínfimos.
Muchas costumbres sexuales vuelvo a recordar. Muchas costumbres sexuales vuelven a asombrarme.
Por lo delicado y emocionante, reproduzco un pequeño texto sobre la homosexualidad en la China clásica, tomada del original de Robert van Gulik, La vie sexuelle dans la Chine Ancienne, de 1561.
"El último de los emperadores Han, Ai-ti (siglo I a.C.), tuvo toda una serie de jóvenes amantes, de los que el más conocido fue un tal Tong Hsien. Un día en que el emperador compartía el lecho con Tong Hsien, éste se durmió apoyado en su manga. Cuando el soberano fue avisado para conceder una audiencia, tomó su espada y se cortó la manga, para no despertar a su amado. De ahí el término toan-hsieo, ’cortar la manga’, para designar literalmente la homosexualidad masculina."
Después de leerla recordé otra historia, antagónica en cierta manera. Es sobre el origen de la palabra sibarita. Un rey de la antigua ciudad de Sybaris, una de las más importantes colonias griegas en la Magna Grecia, se hacía confeccionar cada día un lecho de pétalos de rosa para descansar. La leyenda cuenta que detectaba cuando uno de estos aterciopelados labios floridos estaba doblado y mandaba rehacer nuevamente aquel delicado jergón caduco.
De ahí ha trascendido el término ’sibarita’, que designa a la persona en extremo refinada, amante de la buena mesa y de la buena vida en general. Dicho de una persona: Que se trata con mucho regalo y refinamiento, apunta el Diccionario de la Real Academia.
El cielo

Patricia salvó el estreno

Los veranos del Corral
X Muestra Andaluza de Flamenco
No puedo precisar el tanto por ciento que influye un buen cuadro en el éxito de una bailaora. Lo que puedo afirmar sin ninguna duda es que unos músicos que dejen desprotegida a una bailaora, que no la arropen como es debido, seguramente precipiten su entrega al fracaso. El grupo que acompañaba a Patricia Guerrero el martes por la noche en la inauguración del ciclo “Los veranos del Corral” era inmejorable. Cuando hay entendimiento, complicidad en el escenario, los duendes planean en el recinto.
Patricia comienza por alegrías. Desde un primer momento rellena el escenario, impone su mandato. Tal vez, su preocupación por el paso siguiente hace que comience tensa y con movimientos bruscos, que se dulcifican a manera que las cantiñas avanzan. De todas maneras, se echa en falta un poquito más de distensión, en el rostro, sobre todo. Un rictus algo forzado que le abandona sólo en determinados momentos afea su pose. Debería explotar más su sonrisa. Los músicos, como digo, están a gusto y disfrutan oyéndose entre ellos. Antonio Campos tiene uno de los mejores días que lo hemos podido escuchar últimamente. De Miguel Lavi soy incondicional. Su voz es tan flamenca que destila a partes iguales almíbar y aguardiente. David Carmona y Luis Mariano llevan tocando juntos poco tiempo, pero se entienden a la perfección. Acolchan el cante, creando ese soniquete tan especial del que los guitarristas granadinos hacen gala. Tocarán techo en los tangos de la penca.
Mientras Patricia se prepara para la siguiente pieza, los músicos nos regalan una soleá por bulerías. Con tonás comienzan las seguiriyas que vencen y convencen definitivamente. La bailaora granadina, con pantalón y chaquetilla, sorprende al respetable. No es habitual. Pero el resultado lo merece, el pantalón no esconde nada, la verdad está desnuda Patricia termina con unos tangos de Granada exclusivos, que aquí se escuchan y se bailan como en ningún sitio (si es que existen fuera de nuestras fronteras).
Y fueron estos momentos con Patricia Guerrero los que salvaron la noche de estreno. Juan José Amador, el cantaor sevillano que abrió la velada, confundido de foro completamente, no estuvo a la altura. Tanto él como sus acompañantes, excepto la honrosa guitarra de Juan Requena, dejaron mucho que desear. La percusión sobraba desde las malagueñas con las que empezó su recital, a pesar del solo que hizo, bastante correcto, pero injustificado. Los palmeros eran aprendices. La soleá fue demasiado larga y monótona. Por salvar algo, las seguiriyas obtuvieron mejores resultados. En general, un cantaor poco esforzado y con límites evidentes. Para colmo, subió al escenario a una compañera, Triana Heredia, que, insegura, interpretó unos tangos sin pasión. Amador terminó por bulerías, evidenciando que se equivocó de plaza.
* Cartel de Los veranos del Corral (© Nono Guirado)
El baile varonil de David Pérez

Los veranos del Corral. X Muestra Andaluza de Flamenco
Será por el calor abrasador de aquella noche, será por el letargo del público, poco más de medio aforo, que comenzó a reaccionar a los postres, será porque David Pérez y los suyos comenzaron ajenos sus propuestas. El caso es que la comunión entre artistas y espectadores tardó en llegar más de lo deseado. La farruca, varonil, estilizada y elegante, con pasos reconocibles (¿Antonio?, ¿Manolete?, ¿Canales?), resultó de una inexplicable frialdad. No se puede responder a la pasividad del oyente con visos de apatía.
David tiene un cuerpo estilizado, flexible, que sabe aprovechar. Su zapateado es preciso. Pero hay algo en su expresión, en los movimientos aprendidos de este bailaor sevillano que no termina de encajar.
El cuadro, con más voluntad que eficacia, propone unas malagueñas con abandolaos mientras el bailaor se prepara para la siguiente pieza. La guitarra de Mariano Campallo, bastante correcta, no tiene el sabor del toque de la tierra. No destaca ni por arriba ni por abajo. Nada sobresaliente. El valor seguro del cante de Miguel Ortega queda eclipsado por la entrega sin condiciones de Juan Ángel Carmona.
Para acompañar al baile, mejor que dos cantaores y una guitarra, apostaría por dos guitarras y un cantaor o mejor por dos y dos, ya que es la guitarra la piedra angular del baile la que le imprime el ritmo y le marca el compás.
Los cantes de Levante comienzan por una agradable levantica que aborda Ortega y termina por tangos. Pero no es en la minera o el taranto donde un David Pérez más relajado y seguro empieza a conquistar al respetable.
Ya, con un público entregado, el recital termina por bulerías. David se siente seguro, respaldado, y da lo mejor de sí mismo. Ante la generosa reacción final, con el patio aplaudiendo en pie, los flamencos volvieron a subir al escenario y alargar sus bulerías con otra pataíllla.
* Foto extraida de la web de David Pérez.
Jerez sin tacones

Los veranos del Corral. X Muestra Andaluza de Flamenco
Después del torbellino jerezano cualquier cosa nos parecería poco. Por eso, entre otras cosas, a María José León se le notó desabrida. Melchora Ortega, una de las voces más solicitadas del momento, vino a conquistar la plaza. Muy de tarde en tarde tenemos oportunidad de contemplar una fiesta con el compás y el soniquete de una de las cunas del flamenco.
Melchora se arrancó a palo seco, con unos martinetes repletos de ecos y melismas. Continuó por tangos, en los que se descalzó, para seguir así el resto del concierto. Es muy comprometido exponer tangos en Granada. Estuvo suelta y graciosa, sin embargo. Airosa, se acompañó con su propio baile, muy propio de las artistas de aquella zona de Andalucía, y remató con un guiño morentiano. Pero serían las bulerías finales donde impondrá su magisterio, fue rotunda, sin objeciones. La seguiriya nace de las entrañas mismas, es desgarradora, impregnada con el aguardiente y empaque propio de los artistas de Jerez. Nos recordó en momentos, salvando las distancias, a Aurora Vargas. También hizo fandangos.
Es necesario ahora presentar a los músicos, un guitarrista, Juan de la Isla, inmejorable, con bastante protagonismo; y tres palmeros, David Lagos, Manuel Macano y Carlos Grilo, que dieron dimensión a la fiesta.
María José León y los suyos comienzan por un popurrí de zambra y copla caracolera (“Carcelero”, “Salvaora”, “Malvaloca”…) con aires festivos. En realidad, todo su recital fue bastante buleaero. La joven sevillana baila con mantón y cola. Deja mucho que desear. Tiene buenas formas, estilo y presencia. Ganaría puntos si el cuadro que la arropa fuera más fino y reciclado. Los músicos hacen fandangos, mientras María José se prepara para la que será sin duda su mejor entrega. Conoce la soleá y la domina por los cuatro costados, y así lo demuestra. Terminan por bulerías. Unas bulerías en la voz de El Ecijano, que comienzan, por increíble que parezca, musicando canciones infantiles. Ella cierra la noche incorporándose a este palo.
* En la foto, Melcxhora Ortega (© Paco Sánchez).
Maracena, un Festival con mayúsculas

IX Festival Flamenco de Maracena
La calidad de un festival no sólo radica en el cartel propuesto. Gran parte del peso específico de un evento de este tipo lo pone el público que acude a presenciarlo, su complicidad y su respetuoso silencio. El viernes en Maracena, impulsado por el Ayuntamiento de la localidad, la peña “Solera y Caña” presentó su noveno festival. Un encuentro del más alto nivel, diseñado para satisfacer a todos los paladares. Para abrir la noche, un elenco de artistas, bajo la batuta (y la guitarra) de Miguel Ochando, se presentan con el nombre genérico de “Oriente Andaluz”. Su propuesta viene a ser la representación de “Memoria”, disco de este notable tocaor granadino. María José Pérez y Juan Ángel Tirado cantan al alimón unos martinetes, para retirarse y dejar al resto del grupo interpretar una guajira, que baila con gran estilo Anabel Moreno. Mueve con gracia la bata de cola y tiene un bonito juego de brazos, porque del taconeo, tan mal sonorizado en un tablero que retumbaba, mejor no comentar nada.
El sonido en general era mediocre. A veces se confunden decibelios con calidad sonora. “Oriente Andaluz”, con una actuación un poco larga, en un escenario que no es el apropiado (en un teatro cerrado habría lucido), también hicieron, soleá por bulerías (Tirado); granaína y media, con la voz espléndida de María José; que también cantó alegrías; tangos del Sacromonte; un excelente zapateado de Ochando, con la segunda guitarra de Alfredo Mesa; y se marchan con algún cante minero rematado por tangos, que también baila con claro acento oriental, a la manera de Belén Maya, Anabel. Curro Andrés, a continuación, pone de manifiesto su sobriedad y academicismo. En cierto sentido recuerda a Calixto Sánchez. Nos deja cantiñas, milongas y fandangos. Le acompaña a la guitarra Antonio de la Luz.
Después del descanso llegan los platos fuertes. (A propósito, en el ambigú no había nada para comer, tan solo bebida). Luis el Zambo desespereza esta segunda parte con bulerías por soleá. El aire de Jerez marca una entrega de gran pureza. Sigue con seguiriyas y fandangos, con el mismo desgarro agitanado que crea adicción. Y vuelve a ser grande por bulerías. A su lado, el joven sevillano Manuel Herrera le da el pie preciso con un soniquete ajustado. Continúa la pureza con José de la Tomasa, que impone el dominio de sus registros en la soleá. No se esfuerza demasiado y expone un repertorio puramente festivalero, en el que hace alegrías, fandangos y bulerías. Se echaron de menos las granaínas, con su estilo ejemplar.
Cierra la noche un cantaor en buena forma y muy requerido. El extremeño Manuel de Tena es el más ovacionado de la velada. Desde la farruca, con su voz laína, conquista al respetable, para hacerlos incondicionales definitivamente con la granaína. Para la zambra caracolera “La Salvaora” abandona definitivamente el micrófono. Arrasa finalmente con su generosidad por fandangos, también a boca de escenario. Acompañó a estos dos últimos artistas la guitarra sabia y limpia del sevillano Antonio Carrión.
Las rimas de Juan

Juana Amaya, purasangre

Los veranos del Corral
X Muestra Andaluza de Flamenco
Vuelvo a repetir, que en gran medida, la calidad de un concierto, de unos artistas, se puede deducir por la cantidad de flamencos que acuden a su encuentro como espectadores. El martes, como nunca en lo que llevamos de ciclo, se dieron cita para ver el baile de Juana Amaya más de una veintena de artistas granadinos, que, considerando la época, que quien no está de vacaciones está de gira, es una buena estadística. Siempre me alegra que los flamencos vayan a ver a otros flamencos. Es la manera de estar al día, de conocer lo que hacen los demás, del continuo reciclaje.
El sonido se fue ajustando hasta rozar la brillantez a los postres en un concierto que tuvo mucho de improvisado. Los tres cantaores, Miguel Lavi, El Galli y El Extremeño, abren con una rueda de tonás antes de abordar las seguiriyas con las que comienza su entrega Juana Amaya. La que fuera pareja artística de Mario Maya, Joaquín Cortés o Antonio Canales, viene a ser una de las bailaoras más importantes del momento y sin duda la más pura, la más gitana. Sin salirse de la estricta ortodoxia, tiene un lenguaje propio que cautiva. Es tan reposada como frenética. Destacan sus limpios pies, siempre precisos, el muelle abanico de sus manos y la expresión de su rostro. Un rictus de quien está de vuelta, de quien domina sin aspavientos, de quien conoce las entretelas del flamenco. La bailaora de Morón de la Frontera hace la seguiriya menos dramática que de costumbre, aunque al final acaba con un triste abandono. Excelente.
La mayoría de los espectadores son extranjeros, turistas de la ciudad que incorporan el flamenco en su lote de visitas. Se llevan calidad en un escenario exclusivo, por la belleza y por la cercanía. Puede que se vayan sabiendo algo más de este arte. Aunque yo les diría que esto no es un circo para aplaudir cada pirueta. Las palmas continuas incordian más que favorecen, desconcentran más que animan. Habría que plantearse la figura del regidor con su cartel de “aplaudir”. Al igual que esto, me sobró la flauta de Eloy Heredia, por muy bien que toque, y, si me apuran, la percusión de Tete Montoya.
Los hermanos Campallo sólo estuvieron correctos y dejaron bastante que desear en los tangos, en los que los cantaores tampoco estuvieron a la altura. Sin duda la mejor aportación de todos fueron las bulerías, jaleos y soleá que se imbricaron para cerrar la noche, donde Juana impuso su magisterio incuestionable, demostrando que es una bailaora completa, una bailaora de raíz, una purasangre.

