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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2012.

Buenos propósitos

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Poco después de salir de mi casa esta mañana, mi hijo me dijo que tenía hambre. No puede ser, le dije, pues había desayunado hacía un momento. Un vaso de leche y ocho galletas, me confesó. Me comería un caballo, dijo recordando alguna película o vete a saber qué. Bueno, un caballo no, reflexionó, porque es mi segundo animal favorito. El primero es, me dijo sin yo preguntarle, el guepardo. ¿El guepardo? Porque corre más que ninguno y es carnívoro, añadió como manifestando su preferencia por la carne. ¿Ya no te gusta el basilisco?, pregunté recordando un trabajo de clase donde dibujó a este animal mitológico ante la extrañeza de la maestra y los compañeros. El basilisco no existe, me respondió como decepcionado, quizá por la espeluznante clarividencia de algún “enteradillo”. Tampoco existe la felicidad completa y no dejamos de buscarla, fue mi respuesta encendida en una mañana de víspera de Reyes, mientras entramos en una panadería para comprarle tres rosquillos de anís, donde se nos colaron dos señoras pintarrajeadas con abrigos de piel.

A mi hijo sé que puedo darle esas repuestas y hablarle de lo divino y lo humano, de lo que se ve y de lo que se sueña. Por eso, cuando lo llevé a la tienda de música de un amigo y le preguntaron qué instrumento tocaba, dijo la batería y la guitarra y el órgano y todos los que veía e identificaba, y es que para él todo estaba a su alcance, con ocho años recién cumplidos el mundo es maleable, se ajusta perfectamente a la medida de nuestros deseos y así debe ser.

La Navidad es la Navidad, tiempo de vacaciones y regalos, aunque también de renovación, como la primavera, como el comienzo del curso, como el veraneo…

Los kioscos, las editoriales, lanzan colecciones en estos tiempos de cambio en los que nos proponemos adelgazar o dejar el tabaco o leernos por fin ese libro gordo o retomar nuestras clases de ikebana o pintar la fachada o hacerle más caso a nuestros padres o viajar a Florencia o mil cosas.

El Año Nuevo, con uvas o sin uvas, con ropa interior roja o sin ropa interior, con el pie derecho o el contrario… siempre conlleva un cambio, siempre admite un deseo que no siempre hace falta desear porque es lo que siempre estamos deseando. Un trabajo, un amor, un techo o la salud.

Son tiempos difíciles y nuestros deseos se han simplificado. Recuerdo un anuncio, aunque no recuerdo lo que anunciaba, que recomendaba: “¡vaya alegre por la vida!”. Y quizá ahí se encuentre la felicidad completa, el basilisco, en sonreír, en regalar sonrisas y alegría y en trasmitir esos buenos propósitos de trazar en el mundo una nueva franja de color.

Feliz 2012 a todos los lectores de este blog.

Jueves, 05 de Enero de 2012 18:00 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Como si no hubiera pasado nada

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Alicia Altozano, sin pretensión alguna, había asistido al concierto de Alexandro Estévez invitada por el mismo pianista que martes y jueves le daba clases de canto. La exquisita actuación donde se imbricaban magistralmente los “Nocturnos” de Mozart, Chopin y Malher no tuvo nada que ver con la presencia de ella en el patio de butacas. Entre flores y varios minutos de respetuosos aplausos con el respetable en pie, Alicia Altozano se sintió orgullosa en su fuero interno de contar con la estima con un concertista de esa categoría que, aunque pequeño y desaliñado en conjunto, en el escenario se crecía con una elegancia y una personalidad inusitadas. A los camerinos no acudió sin embargo. No deseaba incrementar el número de admiradores que se acercaban a participarle sus felicidades y beneplácitos. Más tarde, quizá más tarde, lo vería en la cafetería adyacente al teatro donde, ya relajado y con el frac enfundado sobre el hombro, acudiría a tomarse algunas copas.

Alicia Altozano tuvo que esperar más de una hora a que apareciera el pianista acompañado de dos de sus allegados y su representante. Ella estaba con el amigo que, con manifiesta complicidad, la quiso acompañar al concierto. Iban por la segunda copa y ajenos hablaban de cuestiones mundanas sin trascendencia cuando entraron el pianista y los suyos. Ella, que platicaba frente a la puerta, los vio llegar, pero no dijo nada de momento, prefirió que en su caso Alexandro Estévez se le acercara.

No tardó mucho el pianista en reparar en ella y se le iluminaron los ojos mientras se le aproximaba con un whisky en las manos, con vaso ancho y dos hielos. El acompañante de ella lo saludó en primer término, dándole la enhorabuena, aunque rápidamente se excusó para ir al excusado. (Parece que hubiera estado esperando este momento para satisfacer sus deseos más perentorios.)

Después del aséptico saludo, la chica alabó la sensibilidad y precisión de la manera de tocar del artista, de su hermosa presencia sobre el escenario y de la divina atmósfera que había sabido trasmitir en toda la sala. ¿De verdad te ha gustado?, preguntó retóricamente el concertista necesitado que le regalaran la oreja, sobre todo una joven tan bella como la que tenía delante, en la que había estado pensando toda la noche. Ha sido una gozada, hasta he llorado en algunos momentos, dijo ella, y se te veía tan a gusto. Sí, admitió él, me olvidé de dónde estaba y toqué para mí y, si me creyeras, toqué también para ti. ¡Anda ya!, exclamó ella. De verdad, le confesó, sabía que estabas en el centro de la sexta fila, no advertiste mi mirada continua. Si tenías los ojos cerrados, repuso ella. No siempre, respondió, además tenía que mirar también la partitura. ¿De verdad te fijabas en mí?, preguntó ella halagada. Te tengo en la cabeza desde el día en que nos conocimos, se lanzó al vacío sin libreto alguno. Eres un sol, comentó ella inclinándose para darle un beso en los labios en el momento que el acompañante de ella tornaba del baño.

El pianista hizo el amago de asirle la mano a ella pero, cuando el grupo de dos se convirtió en multitud de tres, desistió de la idea y se alejó momentáneamente ante el reclamo de sus amigos que le proponían volver a llenar las bebidas.

No pasó mucho tiempo cuando Alexandro Estévez volvió al lado de Alicia Altozano declarándole en un aparte su amor desmedido. Ella, satisfecha por conquista tan prestigiosa, dijo que lo quería como amigo, que lo admiraba como artista y que lo respetaba como maestro. Él, confundido, preguntó por qué entonces le había dado un beso en la boca. Ha sido un beso de pura emoción, respondió Alicia Altozano, un beso de amistad y reconocimiento. Ante la mirada baja del compositor añadió que un beso en la cara le hubiera parecido vulgar, escaso, repetido, que su impulso le llevó a manifestar lo especial del momento.

Pero yo te quiero más que a una simple amiga, siguió confiando mientras intentaba repetir el beso y sellar así lo que podía redondear la noche definitivamente. Alicia Altozano retiró los labios y dejó que la besara en la mejilla. Herido en su amor propio, Alexandro Estévez se dio la vuelta y, cogiendo la funda de su traje, se fue sin despedirse de nadie.

Camino de su casa sólo pensaba en el contraste que sentía entre el éxito tan rotundo en su faceta como artista ante el piano y su fracaso tan escandaloso con la mujer de su vida, a la que el jueves por la tarde volvería a dar clases de solfeo como si no hubiera pasado nada.

Sábado, 07 de Enero de 2012 11:27 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro No hay comentarios. Comentar.


Caminando

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Entre mis últimos, ultimísimos, devaneos con el pincel y la tinta se encuentran estos monigotes que especialmente me gustan.

Lunes, 09 de Enero de 2012 18:35 volandovengo #. Aprendiz de pintor No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias olvidadas

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Cuando se juntan dos antiguos amigos se habla más del pasado que del presente. La otra tarde, tomando una cerveza con CS y rememorando momentos de antaño, me habló de M. Por muchos datos que me dio, no lograba recordarlo. Es de las personas conocidas que han pasado por mi vida sin dejar huella de ninguna clase. Que si no llega a ser por un nuevo encuentro o mención (como en este caso), es como si no hubieran existido.

Una de las referencias que me dio CS del amigo común, me revolvió la memoria, sin llegar a reconocerlo apenas como una nebulosa en las entretelas del olvido. Según yo, me comentó, M. era el hombre más puntual del mundo, siempre llegaba exactamente media hora tarde.

Reconocí la ocurrencia como mía, con toda probabilidad, pero si la hubiera leído dudaría de ella como autor. Así, no me extraña que cite algo que yo dijera, pensara o escribiera, diciendo que “alguien dijo…” o que “leí en no sé dónde…”.

A raíz de esto, recuerdo otra anécdota. IV me dijo que nunca olvidaría cuando en la evaluación de un curso que yo dirigía saqué un papelito menudo, la octava parte de una octavilla, escrito por una cara. Todos pensaban que mi reflexión iba a ser breve e incompleta. Después de llevar media hora hablando, el director general me preguntó si todo lo que estaba diciendo lo tenía apuntado en el papelito. Le dije que no, pero que sabía leer entre líneas.

Hasta que mi amiga no me contó este episodio era inexistente. No me acordaba de él para nada. Incluso, después de haberlo escuchado, tardé en asimilarlo como mío.

A veces saben de ti las personas que te rodean cosas que desconoces. Haremos caso al comentario ese de que una cosa es cómo crees que eres y otra cómo los demás creen que eres. Y, para ser más exactos (o enrevesar más la cosa), cómo crees que los demás creen que eres o como los demás piensan que tú te crees o cómo eres en realidad…

Martes, 10 de Enero de 2012 19:39 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Me encantan los finales de los cuentos de Chéjov

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Me encantan los finales de los cuentos de Chéjov. El cuento no acaba con un the end definitivo, sino con un pensamiento suave, como con un punto y aparte que deja abierto todo el texto, como si el relato pudiera extenderse por cualquiera de sus esquinas. De hecho alguno de sus cuentos continúa en otro distinto, que funciona con autonomía plena, pues son narraciones impares, pero es como si fueran dos capítulos consecutivos de la misma novela, que vuelven a acabar de forma intrascendente para no cerrar el libro; dejarlo en cambio abierto entre las manos y atender el inmenso horizonte de ese final.

Miércoles, 11 de Enero de 2012 09:50 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Corredores

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Todos los martes y jueves, desde hace tres años, recojo a mi hijo de la escuela y lo acompaño a otro colegio, donde tres palmeras calvas presiden su fachada, para asistir a clases de judo, porque en el suyo no ofertan esta actividad. Ya está a punto de pasar a cinturón naranja.

Mientras se desfoga en el tatami, tengo una hora para pasear, tomar café o leer (o todo junto). Me suelo sentar, cuando el tiempo lo permite, en un banco de los jardines del Salón, junto al río. Despliego mi libro y viajo sin moverme a otro mundo, a otra época, a otras vidas. En medio de la lectura, entre párrafo y párrafo, pasan ante mí otros paseantes, con o sin perro, y bastantes corredores, con o sin perro, jóvenes atléticos (o no tanto) de ambos sexos que castigan su cuerpo para mantenerse en forma, sobre todo estos días, después de la Navidad (pasado el verano ocurre lo mismo).

A la mayoría, según una visual de superficie, no le hace falta correr. Ya son esbeltos y apretados. A otros en cambio, me temo, que por mucho que corran la grasa los alcanza.

Hay quien está habituado a este ejercicio y lo realiza de forma natural. Pero normalmente el corredor se autoimpone la carrera como autogastigo por el “abuso” que se comete en estos días pasados, o el que se piensa cometer. También es muy corriente que, en llegando el verano, se haga todo tipo de ejercicio para disfrazarnos de Tarzán.

Así, sentado, oculto bajo mi libro, veo al corredor que, como un toro, no para de dar vueltas, con su trote acompasado y respiración a juego; veo la chica que anda más que corre, sin estar muy convencida de esta actividad; veo a quien combina el footing con otros ejercicios, flexiones o estiramientos; veo quien corre en pareja o en grupo, como si fuera un divertimento, y hablan y ríen a la par; veo quien lleva cascos con su música diseñada y corre a compás; veo quien va a exhibirse con su nuevo equipamiento; veo quien corre porque a su chico o a su chica les gusta correr; veo quien corre para que su perro, entrado en carnes, haga ejercicio; veo quien se pica con otros corredores y necesita adelantar a todos, ponerse el primero, aunque en un circuito cerrado eso es relativo; veo quien jadea más que corre; veo quien salta más que corre; veo quien corre que te corre…

Todos tienen algo en común: no huyen de nadie. O, más bien sí: huyen de esos kilos de más que acumula todo el que vive bien. Las dos empresas más necesarias y quizá más lucrativas de nuestra sociedad tienen que ver o con la manera de engordar o con la manera de adelgazar.

Jueves, 12 de Enero de 2012 11:18 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

El frío en Granada

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Recuerdo los días ateridos de mi infancia. Recuerdo que en casa de mis abuelos, lindando con el río Darro, se recogían las sábanas como cartones helados mientras se secaban en el patio. Recuerdo las paredes de nieve subiendo a la Sierra. Recuerdo los sabañones en los dedos de las manos y de los pies y en los lóbulos de las orejas, incluso. Recuerdo las continuas vaharadas en las conversaciones con tus amigos. Recuerdo los guantes, el pasamontañas, la bufanda y los leotardos para ir al cole. Recuerdo el hielo en los charcos, la nariz goteando y los pies como témpanos. Recuerdo la escarcha en los coches, los tejados blancos y los chupones en los aleros. Recuerdo cuando no había escuela por tiempo extremo. Recuerdo hogueras en las calles y castañas asadas y también las patatas, que aquí llamamos perdices. Recuerdo que se salaban las calles para paliar la helada, llena de resbalones y accidentes. Recuerdo la cama fría y la bolsa de agua caliente y los ramones crepitando en la chimenea, que le prestaba ascuas al brasero. Recuerdo cuando Granada alcanzaba las mínimas.

Estos últimos días, sin ser tan extremos, me han recordado esos tiempos de tiritones y me ha venido al pensamiento un poema que escribió en 1123 el poeta Ben Sara de Santaren cuando llegó a Granada un invierno procedente de la taifa aftasí de Badajoz y quedó tan impresionado por las gélidas temperaturas al pie de Sierra Nevada (Shulayr), que compuso El frío en Granada:

     En esta tierra se puede dejar de hacer la
oración y hasta beber vino, aunque sea cosa
prohibida,
     para poder ganar el fuego del infierno,
que siempre será más dulce y agradable que
el frío de Sierra Nevada.
     Cuando sopla el viento del norte, ¡qué
felicidad para el creyente hacerse acreedor
al infierno!
     Y añadiré, sin poner exageración en mis
palabras, lo que ya ha dicho antes que yo
otro poeta:
     Si mi Señor me arroja al infierno,
en un día como hoy, me parecerá
delicioso.

Lunes, 16 de Enero de 2012 12:03 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Las tentaciones de san Antonio

Hoy, 17 de enero, día de san Antón, recuerdo que no hace mucho acabé un poemario, que necesita algunas revisiones, pues ha viajado a la bandeja de algún poeta amigo y no ha obtenido respuesta. Va sobre la vida de san Antonio Abad, patrón de los animales, centrándome en sus tentaciones desérticas. De esta parte extraigo uno de los poemas que, como todos, es simple, fácil y directo.

Os hablaré del miedo.

La soledad callada,
el silencio escogido,
el desierto sin fondo,
la fiebre ingrata,
son participaciones
de un sólo amor.

El miedo está en el hombre,
el verdadero miedo
es la voluntad que se acaba,
el espíritu que traiciona;
es la vanidad que decrece,
los sueños de grandeza;

es la flaqueza de la mente,
el corazón rendido
y el alma que se muere.

Nuestro miedo es de bronce.

Os hablaré del miedo.

 

La soledad callada,

el silencio escogido,

el desierto sin fondo,

la fiebre ingrata,

son participaciones

de un sólo amor.

 

El miedo está en el hombre,

el verdadero miedo

es la voluntad que se acaba,

el espíritu que traiciona;

es la vanidad que decrece

los sueños de grandeza;

 

es la flaqueza de la mente,

el corazón rendido

y el alma que se muere.

 

Nuestro miedo es de bronce.

Martes, 17 de Enero de 2012 20:56 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 1 comentario.

El flamenco y el jazz caminan del brazo

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‘Borrachito’ de Sergio Pamies

La savia del flamenco y el jazz se mezclan en las venas de Sergio Pamies y se derraman por los dedos impregnando las teclas de su piano de ‘soníos negros’ altamente reconocibles. Sergio es un pianista granadino, afincado en Estados Unidos, que no ha perdido el amor a su patria chica y a su gente.

Lo conocí dando un concierto en el Corral del Carbón y ya me sorprendió el diálogo de su piano. Habitualmente los pianistas que hacen flamenco tratan de remedar la guitarra con sus teclas, Sergio se acerca a la voz, complementando así un todo sonoro riquísimo con sus melismas. Allí estuvo con Diego Amador, su maestro, que casi improvisaron una bulería a cuatro manos, con sendos pianos de cola enfrentados.

Con su mismo grupo, más o menos, hará un par de años, coincidimos en el Museo-Cuevas del Sacromonte presentando su primer disco, Entre Amigos, una concepción genérica de la música donde todo se complementa en una sola armonía que puede ser infinita.

Ahora, el pasado viernes, 13 de enero, vino al Teatro CajaGRANADA para exponer su segundo trabajo, Borrachito, que puede ser perfectamente la continuación del primero, como si hubiera terminado en puntos suspensivos, con permanente idea de continuar.

Se rodea sabiamente de buenos músicos en directo de ambas ramas (José Cortés ’El Pirata’ y Sergio Gómez ’Colorao’ al cante y las palmas; Éric Sánchez a la trompeta; Víctor de Diego en los saxos, tenor y soprano; Francis Pose al contrabajo; Gonzalo del Val a la batería; Benjamín Santiago ’El moreno’ y Miguel Fernández ’El cheyenne’ en la percusión flamenca; y Julián Heredia ’Pipote’ al bajo eléctrico) que le hacen navegar con seguridad y soltura por ambas aguas, pero también con algunos maestros en el disco (la voz de Pepe Luis Carmona, la percusión de Rubem Dantas, la Armónica de Antonio Serrano y la trompeta de Christian Scottque) que le despejan el camino hacia el norte.

Con Borrachito, la bulería que le da nombre al disco (con la carátula de Mariscal), comienza una noche efervescente, donde vemos a un pianista bastante más maduro, aunque sólo han pasado dos años desde su última entrega, con una comunión encomiable con su grupo, que se hace y se rehace a conveniencia para, en los momentos cumbre, reunirlos a todos, nada menos que una oncena, sobre el escenario.

Continúa con Ask me now de Thelonious Monk, alternando así algunos temas más jazzíticos que definen su lenguaje. Los músicos se van alternando en solos encomiables. Otras piezas se suceden, destacando la soleá por bulerías 1312 Kendolph Drive (calle donde vivía Pamies en Nueva York), con el cante meritorio de Sergio Gómez, quien aporta después una composición por tangos, que no entra en el disco, con una generosa introducción percutida con las dos cajas de Cheyenne y el Moreno y una bella coda final repetida incansablemente, como un obstinato improviso.

Llegado el momento del reconocimiento, Sergio comienza a dedicar temas, desde su abuela, presente en la sala, a la que le compuso las Alegrías de la Paquita, hasta a Juan Santos, del Eshavira, pasando por sus padres, Rubem Dantas, Antonio Serrano o Diego Amador.

Una de las sorpresas estremecedoras de la noche fue la aparición del pianista junto a Soleá Morente, interpretando uno de los temas de la banda sonora de la película Chico y Rita. Las apariciones de la mediana de los Morente son puntuales pero impagables.

Quiero destacar igualmente el control y el swing del baterista, no sólo por sus solos, sino por su continuo contrapunto que elevaba la atmósfera varios enteros. Destaco también sin lugar a dudas la labor del bajista Julián Heredia, flamenquísimo, artista local cuya sombra será alargada. Reconozco igualmente las voces de ’El Pirata’ y ’El Colorao’. Así como sancionar de alguna forma el exceso general de dos cajones flamencos a veces, solapados, y el incomprensible bailaor (José Cortés ‘El Indio’), por momentos fuera de contexto.

Termina la fiesta con algún bis, un poquito por bulerías y varios minutos de aplausos, bien merecidos.

Jueves, 19 de Enero de 2012 12:02 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Horror vacui

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No es un mito. No es la primera vez que le pasa. El hombre tiene un papel en blanco frente a sí y una pluma enristrada a la derecha. Un vacío que llega a doler. Un horror vacui que se trasmite desde el folio a la mente o viceversa. Nunca son tan lentos los minutos. El tiempo pesa como si tuviera volumen, la masa de los segundos. El oído del hombre se agudiza. El tráfico en la calle, alguna sirena lejana, conversaciones anónimas, una mosca que aletea insistente en el cristal, un aparato eléctrico en la cocina, tal vez el frigorífico, el goteo continuo aunque pausado de algún grifo, hasta el estallido de sus propios pensamientos resuenan como en sala vacía.

De pronto una idea original comienza a deletrear palabras, a hilvanar frases amontonando párrafos. Y el papel que era blanco acaba por crear un escritor.

Viernes, 20 de Enero de 2012 19:43 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 2 comentarios.

Marejada en La Platería

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Lo he visto actuar un par de veces en Cádiz, solo y en compañía, también ha venido por estas tierras (Corral del Carbón) y quizá hayamos coincidido en Sevilla o Madrid. Con el pelo corto, sin embargo, no lo conocía. Comenzó el cante y ya fue inconfundible. David Palomar, o ‘el Palomar’, ese cantaor, aunque joven, imprescindible en la escena gaditana, heredero, por cuna, simpatía e inclinaciones del Mellizo, Sellés o Chano, ganador de varios premios en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba (2007), Premio Joven de la Cátedra de flamencología de Cádiz y autor de Trimilenaria (2008) galardonado como Mejor Primer Disco por la web especializada deflamenco.com, sembró de sal el escenario de La Platería, este sábado pasado.
Un retraso considerable, le animó a condensar su actuación en una sola parte. Su primera intención fue la frescura del chiste gaditano, pero ya sea porque no estaba inspirado o por la frialdad del público platero, sus deseos hicieron agua. Aunque su actuación, centrada en los aires de su tierra, no tuvo apenas resquicio. Quizás, por conformar un pero, el guitarrista que le acompañaba, Ricardo Rivera, con momentos notables, sonó algo farragoso en su conjunto.
David comenzó, “como todo el mundo acaba”, por bulerías de Cádiz, llamadas por él chuflillas, como se conocen en su tierra, tal vez asociándolas más directamente con la supuesta etimología del cante como ‘burlería’, de ‘burla’.
Continuó por seguiriyas, que se las dedicó a Enrique Morente, cantaor admirado, según dijo, y al que le deben mucho los artistas de su generación.
Con las alegrías que sonaron a continuación, dejó innegable constancia de su origen y el soniquete inconfundible de La Bahía.
Las malagueñas contaron con una generosa introducción. Fueron del Mellizo, aunque la primera de las letras se atribuye a Fosforito el Viejo, aunque todo eran suposiciones, porque ninguno de los dos grabó. No obstante, tenemos estas noticias a través de Aurelio, yerno de Enrique el Mellizo.
Después de la soleá, correcta y marcada, aunque de estrofa larga, de hasta seis versos, volvió a reivindicarse por tanguillos, acordándose de Chano, Beni, Cornejo o Pericón, y de esas letras tan manidas y populares, que ya es difícil oírlas.
Acaba Palomar por bulerías, poniéndose en pie y ofreciéndonos de vez en vez sendas pataíllas, con y sin micrófono, mostrando el artista completo que lleva dentro (en la obra Cádiz, de finales del 2007, no sólo cantaba y bailaba con gracia, sino que también tocaba la guitarra). En dichas bulerías, donde el guitarrista iba medio tono por encima, David que empezó a acordarse de la Paquera, terminó remedando a Camarón.

* Foto extraida de deflamenco.com©.

Martes, 24 de Enero de 2012 11:03 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

Extremo Jondo

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Presentación DVD de La Moneta

Esta mañana hemos presentado en la Mediateca de CajaGRANADA un trabajo videográfico de la bailaora granadina Fuensanta ’La Moneta’. Estas son las palabras que he leído:

La Moneta es una bailaora inconformista que empezó en la Zambra y terminará, si mi intuición y su progreso no fallan, entre las estrellas. En 2003 (fecha en que la conocí) fue reconocida con el Desplante flamenco en el “Concurso Internacional de las Minas de La Unión”. Sin embargo este galardón no fue una meta, sino un punto de partida para demostrar su arte y su bravura. A partir de ahí marchó fuera de nuestras fronteras provinciales para aprender los variados caminos del baile flamenco, que son muchos. Sin abandonar su fuerza innata se dejó impregnar por todos los demiurgos de la danza, aprendiendo humildemente desde sus iguales hasta los consagrados, comprendiendo que no todo es sangre y arrebato, sino también reposo y silencio.

Cuando se siente segura, estrena sus primeros montajes, siempre en solitario, Lo que trae el aire, en el “Corral del Carbón” en 2006, y De entre la luna y los hombres, presentado en “Málaga en Flamenco”, en 2007.

Siempre ha sido independiente. La soleá, como tema básico del flamenco, se instaló en su vida desde un comienzo y decidió saltar a su personal ruedo. De vez en vez, con algún compañero que la complementa, de cuando en cuando, con un reducido cuerpo de baile que alarga su sombra.

De sus contactos con otros bailaores de su generación, especialmente con Rafael Estévez, hace un par de años, con quien compartió escenario en Sevilla, adquirió una vena contemporánea que dimensiona su baile –permitanme la humorada- desde la raíz a las puntas.

No en vano, fue reconocida por la Asociación de Periodistas y Críticos de Flamenco, otorgándole el premio Flamenco Hoy como la mejor bailaora en el año 2009.

Una cosa tiene muy clara desde un comienzo, y es que, aunque ella protagonice la escena, forma parte de un todo homogéneo al servicio del arte, al servicio del flamenco. Por eso se rodea de un cuadro impecable de músicos y cantaores. Porque La Moneta no baila porque sí, con un baile de relleno o circunstancia, como un toro cuando abandona el chiquero, sino que contempla el cante, se detiene y se deja llevar por los sones de la guitarra haciendo de cada baile un instante único, pues con esta premisa le da holgado margen a la intuición del momento y su estado anímico.

Así se ha ido rodeando de artistas de primera fila, como los guitarristas: Miguel Iglesias, de Sevilla, compositor de la mayor parte de las músicas de sus espectáculos, o el granadino David Carmona, acompañante habitual de Manolo Sanlúcar; de los cantaores Enrique “El Extremeño”, de Badajoz, Miguel Lavi, de Jerez, o David ‘el Galli’ de Morón de la Frontera; y del percusionista Miguel Fernández ‘el Cheyenne’, también de Granada.

Ahora llega con Extremo Jondo, estrenada el 7 de julio de 2010, en el Teatro Isabel La Católica, dentro del Festival Internacional de música y Danza de Granada, con el que ha recorrido medio mundo. Es aclamada sin límites, por ejemplo, en el sur de Francia o en Japón.

El DVD que presentamos fue grabado en directo, el 11 de agosto de 2011, en la clausura de Los Veranos del Corral. Le acompañan en esta ocasión Miguel Iglesias, a la guitarra, Miguel Lavi, al cante y Miguel ‘el Cheyenne’ a la percusión, que por ahora conforman su grupo permanente.

Extremo Jondo, como su nombre indica, se trata de llevar la jondura, o sea la dimensión flamenca que ha adquirido esta bailaora hasta el extremo. Es un guiño a todos los bailaores que le han precedido y una mirada a un horizonte abierto donde seguir explorando. Pero, al mismo tiempo, es una mirada intensa hacia su interior, una puesta en escena de sentimientos y sensaciones. Así aparece fuerte y delicada, alegre y dramática, pícara e inocente.

Extremo Jondo es un recorrido arbitrario por los distintos estilos del flamenco, dividiéndose claramente en dos partes que abarcan a voluntad sendos racimos de cantes más o menos imbricados entre sí, convencionalmente diferenciados por el cambio de vestuario de la protagonista.

El primer bloque comienza con un romance, que Fuensanta baila con vestido acampanado y mantón naranja a juego. Esta capela, se hace caña, para terminar por cantiñas, de ricas escobillas, donde destacan los silencios.

Un solo de guitarra y voz por mineras sirve de interludio para pasar a la segunda parte.

Este segundo bloque principia con bulerías que pasan a ser liviana y serranas, con letra original, que desemboca en un impagable macho por seguiriyas. Termina por tientos-tangos, en los que se pueden apreciar los sabores de herencia sacromontana.

Extremo Jondo, como se dice en el vídeo, contiene todo el embrujo del vino añejo en odre nuevo.

* El DVD se puede adquirir por 15 euros en discos Gran Vía o en las direcciones web de Los Veranos del Corral, de flamenco-world o deflamenco.com

Jueves, 26 de Enero de 2012 20:18 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Llamadme Diciembre

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El otro día le dije a mi hijo que había quedado con Mateo, músico y artista variado, para tratar un tema que en principio desconocía. ¿Quién es Mateo?, me preguntó. ¿Recuerdas que estuvimos en su casa y que te enseñó su colección de instrumentos y que tenía una niña pequeña que se llamaba Abril?, le refresqué la memoria. Pues yo quiero llamarme Diciembre, respondió. ¿Por qué?, me extrañé. Porque así se celebra mi santo durante todo el mes, concluyó.
Y, es verdad, cuando le presentamos a Abril, le hice la bromo de que durante todo el mes florido sería su día, al igual que quien se llama Julio, continué ilustrando, y no digamos el que se llama Domingo.

Sábado, 28 de Enero de 2012 09:54 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Flamenca flamenca

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La labor de un crítico, además de reconocer los valores de un artista, elogiar su buen camino y describir la función, estriba en denunciar los vicios y advertir los escollos. Así, dando cal y arena en la proporción adecuada, se elabora un artículo. El problema se encuentra cuando asistimos a un espectáculo que no hay por dónde cogerlo por agobiante, casposo, manido o chirriante; o, el caso contrario, cuando una obra no admite queja. El recital de baile de La Moneta, este sábado pasado en La Platería, no tuvo fisura posible, si acaso un sonido insuficiente.

Fuensanta ofreció su baile desnudo, sin conservantes ni colorantes. Su fuerza innata, su sentido del compás, sus paradas, sus silencios, sus arrebatos, sus éxtasis, su roneo, su sonrisa, sus desplantes, sus recuerdos, su picardía, sus ojos, su generosidad, su estilismo, su flamencura, su inteligencia, sus pies, su control, su aprendizaje, su contemporaneidad, su quejío, su espontaneidad, su compañerismo, su cabeza, su alegría… toda La Moneta estaba sobre las tablas. El salón de La Platería a rebosar y su cuadro, de referencia incomparable. Como cantaores llevó a tres de las mejores voces de Granada, Jaime Heredia ‘El Parrón’, Antonio Amador ‘El Nitro’ (Manzanita de Santa Fe) y Juan Ángel Tirado; a la guitarra, sin igual, Miguel Ochando y su alumno aventajado, Álvaro Pérez ‘El Martinete’; y a la caja Miguel Fernández ‘El Cheyenne’.

Comenzaron por tonas, que pasaron a ser seguiriyas cuando entró la bailaora. Parece que no había pasado, que no había futuro, tan solo un denso presente que se mascaba en cada paso y se aligeraba con cada vuelta. La dosis de improvisación, de vivir el momento, de fabricarse alas con cada cante, con cada arpegio, parecían únicos, parecían nuevos pero a la vez repetidos de tan medidos, de tan exactos.
Un par de rondas por fandangos naturales, nos hacen apreciar las exclusivas voces de los cantaores y sus ecos sin fronteras. Apreciamos con placer el torrente y el bello timbre de Manzanita; el aguardiente y la voz afillá de ‘El Parrón’, aunque su esfuerzo por rellenar huecos inexistentes no le sienta bien; y la acentuación y la cajita de música que tiene Juan Ángel en la garganta, quizá, si se lo creyera, el mejor cantaor de España. Como anécdota diremos que Jaime olvidó a la mitad la letra de un fandango, tras varios rasgueos de guitarra, cantó una estrofa completamente distinta.

La soleá con la que termina la primera parte, de más de una hora, es un ejemplo de exquisita redondez. Fuensanta domina la escena e hipnotiza por momentos. El remate por bulerías es un ejemplo de guasa contenida, de explosivo control.

La segunda entrega comienza con un solo de guitarras, unos verdiales de Gerardo Núñez, llamados Cañaveral, donde alumno y maestro se entienden y se complementan a la perfección. Es el sonido del agua, de una limpieza y un colorido sin igual. Denuncio, sin embargo, la deficiente sonorización del conjunto y, sobre todo, un cajón que está de más, por muy respetuoso que sea ‘El Cheyenne’. Para terminar, para rematar con guinda y matrícula, los sones por levante introducen tarantos, que a los postres serán tangos, con los que la granadina goza y hace gozar.

Un fin de fiestas por bulerías, llevó a Juanito, hijo de Juan Ángel Tirado, al escenario, que bailó con gracia y acierto, demostrando la proyección que puede encerrar un chiquillo de apenas diez años.

* Foto de Miguel Ángel Molina©.

Lunes, 30 de Enero de 2012 11:05 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Clausura Circuito Provincial de Peñas

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Permitidme que sea aséptico en gran medida en los comentarios de este festival peñístico, pues oficié de presentador y estuve entre bastidores, a veces yendo y viniendo sin atender como hubiera sido mi gusto. Además, el sonido tras el escenario no era el deseado.

Por otra parte, a la salida, los comentarios contradictorios de los aficionados, no iluminaron mi cortedad. Me temo, sin embargo, que los guitarristas superaron por puntos a los cantaores.

El Circuito Provincial de Peñas, y por ende su clausura, estuvo dedicado al cantaor granadino Manual Ávila Rodríguez (1912-1993), natural de Montefrío y ganador, en 1983, de la Lámpara Minera en el XXIII Festival de las Minas de La Unión (aunque el año anterior fue accésit, junto a ‘Curro Lucena’ y ‘Juan Casillas’); fue seguidor de Antonio Chacón y del ‘Niño de Cabra’. Sobresalió en los cantes de minas, sobre todo en las murcianas. En 1985 forma parte del espectáculo Los últimos de la Fiesta y en 1992, en la Expo de Sevilla. Murió el 13 de marzo de 1993 en su pueblo natal.

Con este precedente, todos los intérpretes se acordaron más o menos del cantaor, dedicándole parte del repertorio.

En primer lugar, muy a su estilo, David Sorroche, acompañado por Jorge ‘El Pisao’ a la guitarra, hizo soleá y tangos de Granada, en los que se acordó a los postres de Enrique Morente y el Lenguaje de las flores.

Arturo Fernández, que conoció personalmente a Manual Ávila, contó algunas de sus vivencias, antes de interpretar unos tientos de Manolo Caracol y unas malagueñas de Chacón que cantaba el mismo homenajeado. A la guitarra, brillante como siempre, Ramón del Paso.

José Romero ‘Pasitas’, al lado del guitarrista de origen canadiense David Sinclair, intentó una temporera de Manual Ávila, pero recitada y con un extraño fondo por soleá. Fue acertado en las serrana y ajustado en la malagueña, mejor en la segunda estrofa, donde se presentaba él mismo, que en la primera.

Desde Montefrío, el mismo pueblo de Manuel, llegó Verónica ‘La Hindú’ simplemente para excusarse de no actuar, pues un resfriado habitual cegaba su voz y enriquecía su ronquera.

Un solo de guitarra sirvió de ecuador a un recital que, a pesar del gran número de actuantes, resultó dinámico. Jorge Espejo, ganador del último premio de jóvenes flamencos de la diputación, arpegió una taranta, donde se acordó en gran medida de Juan Habichuela y cerró con una soleá de Sabicas, guitarrista pamplonés, que habría cumplido en este 2012 los cien años.

Mª Ángeles Pérez, arropada por Kiki Corpas, hizo granaína y media y soleá. El mismo guitarrista, acompañó seguidamente a Cristián Delgado, de sólo 15 años, que volvió a hacer malagueñas (el palo estrella de la noche), rematadas por rondeñas y fandangos del Albaicín, para los que llevó a Elena y Marta como palmeras, y culminó con tangos de la tierra.

Por último, Alicia Morales, acompañada nuevamente por Ramón del Paso, hizo una soleá de Antonio ‘el Arenero’ y unos fandangos naturales que le dedicó a José Manuel Rojas, crítico de flamenco del periódico Ideal de Granada, presente en la sala.

* Manuel Ávila en la foto.

Martes, 31 de Enero de 2012 11:41 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.


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