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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2012.

Mefisto

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Hace mucho tiempo, incluí en un dibujo de adolescencia un rostro sin rostro, que creo quería simbolizar a Eolo, dios de los vientos. Cuando mi hermano vio el trabajo me preguntó si el personaje era Mefisto. Entonces le prometí que, del mismo parecido, le dibujaría al dios del mal que quiso reconocer. Y así quedó (fechado en octubre de 1980).

Miércoles, 01 de Febrero de 2012 10:58 volandovengo #. Aprendiz de pintor Hay 4 comentarios.

A la Luna y a las dos

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Viajes Valtí falló hace poco el Premio de relatos de viajes Pasapágina. Me presenté con un viaje de ficción, el cual se quedó tiritando entre las estrellas (ni una mención). Lo reproduzco a continuación:

Como siempre llegué tarde a la salida del trasbordador. Como siempre todos me estaban esperando para ese nuevo viaje a la Luna. ¿Cómo no me iban a esperar si yo fui uno de los lunáticos (obsérvese el doble sentido del término) que pagó 74 millones de euros por tal aventura?
La agencia de viajes estaba encantada, pues con tres de estos periplos orbitales tenía salvado económicamente un año entero, sin necesidad de inventarse ofertas gancho para atraer a los clientes, ni siquiera en Navidad.
Era mi quinto viaje interespacial con el mismo destino. ¿Qué tendrá la Luna que nos atrae tanto? Poetas de todos los tiempos le han cantado a la reina de la noche. Luciano de Samosata, Cyrano de Bergerac o Julio Verne ya idearon un viaje fantástico a la Luna en sus escritos, donde describían con detalle a los selenitas, y, posteriormente, ha sido motivo o excusa de multitud de filmes. Por otra parte, influye en la fecundación/reproducción, en las cosechas y en las mareas. Etcétera.
Para mí, constituye mi vida. Desde que fui por primera vez, en la primavera de 2021, he necesitado volver, volver, volver, como en la canción. La Tierra se ve como una bola azul, como un astro que tirita en paz, que se pone y se oculta, como normalmente hace el satélite desde casa. Nunca he visto un eclipse de Tierra.
Antes de cada uno de estos desplazamientos es necesario pasar unos meses de entrenamiento tanto físico como psicológico. Te prueban el traje para que te habitúes a él y almuerzas comida concentrada en forma de pastillas. Es asombroso, tragar una píldora es como haberse comido un pollo en salsa, deshuesado y sin piel, masticar una galleta supone ingerir no sé cuántas calorías de fruta y verdura.
Otras veces entras en una cabina, que es como un tío vivo extraordinario, que alcanza una velocidad de vértigo, como la máquina de fisión nuclear, que las primeras veces echas todas las pastillas y galletas con sus colores y sabores correspondientes y, cuando se te pasa el mareo, tienes gana de comerte una sopita bien caliente o un bocadillo de atún encebollado en su defecto.
Pero lo más alucinante es la descompresión. Entras en la sala con todo el equipo, respirando por un tubo, y empiezan a sacar el aire, como si fuera un castigo de la mafia, y cada vez sientes que pesas menos, sin necesidad de dietas milagro, hasta que flotas en el aire. Es lo más parecido a volar que conozco.
Después está la falta de gravedad, que es mejor si cabe, pues levitas igualmente pero sin necesidad de escafandra ni de respiración artificial.
A la hora de partir, sin embargo, siempre llego tarde, como digo. Posiblemente a caso hecho, pero involuntario a decir verdad, aunque parezca una contradicción. La cuenta atrás debe empezar por un número bastante elevado para darme tiempo a llegar, prepararme y tomar asiento. “Perdón, señores”, les digo, “Señor capitán, señorita Luisa”, que es la azafata, que alegra el viaje sólo con su presencia y el uniforme que se le pega al cuerpo revelando sus pecados.
Todos me miran con caras largas, aunque nadie se atreve a decir nada. El dinero, el poder y la fama valen para eso. Para callar bocas y crear servidumbre.
“Siéntese y abróchese el cinturón, que vamos a despegar”. “Gracias Luisa, eres un encanto”, le digo mientras me acompaña a mi escaño y me ayuda con los arneses sin abandonar la ensayada sonrisa. Ella sabe que, después del viaje, recibirá una sabrosa propina en forma de sobre cerrado con billetes de alto colorido y una invitación a cenar. Aunque después del primer viaje no me hace el caso deseado.
Luisa trabajaba en una de mis empresas, una inmobiliaria de lujo, que tuve que traspasar cuando la tercera crisis global, allá por el 2016. Ya intimábamos en aquel tiempo sin plantearnos nada en serio. Cuando perdió su empleo, como tantos otros, por reubicación del personal, le propuse formar parte de una tripulación para vuelos espaciales, o especiales, si quieren. Las ausencias eran largas, pero los viajes eran pocos. Cobraría bien y se le daría de alta en la SS, o sea, en la seguridad social (extraña coincidencia). Y, quién sabe, pasado el tiempo quizá formalizáramos nuestra relación.
El anuncio no se hizo esperar y en el primer viaje a la Luna, en el que iba como único pasajero, le declaré las intenciones de casarme con ella. Después de un casto beso, tras la mirada del capitán y el copiloto, sacó del bolso un anillo heredado y custodiado con cariño por si llegaba este momento.
Me emocioné. Vive Dios que me emocioné, aunque me quedara un poco holgado. Juré que nunca me lo quitaría hasta el día de nuestra boda, cuando ella me lo volviera a poner en el corazón de la mano izquierda. Pero fue alunizar, mi primer alunizaje, y el consiguiente paseo espacial que se me cayó el anillo, además en la cara oculta.
Al volver a tierra, Luisa me preguntó por él, que no se casaría hasta que no lo encontrara. Ahora soy yo el cazador cazado, que me veo obligado a embarcarme en todas las expediciones a la Luna, con mi detector de metales, marca X-Terra 5400, para ver si encuentro el dichoso aro dorado que haga realidad mis sueños.

* el premió lo ganó una joven granadina, Mónica Sánchez Moreno, con el cuento Parar el tráfico en Madrid. Lo leeremos con atención.

** imagen de una viñeta de Tintín.

Jueves, 02 de Febrero de 2012 11:15 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 4 comentarios.


Pilar Fajardo en La Platería

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Los jueves flamencos en La Platería tienen un saborcillo especial. Aparte de que son abiertos a la totalidad del público que quiera asistir, a un precio asequible (no sólo socios), se suelen programar a jóvenes flamencos de Granada, donde ven una oportunidad de bailar en un escenario de “categoría”. La mayoría de los asistentes son turistas que visitan la ciudad de Granada, pero sobre todo estudiantes de alguna academia (Carmen de las Cuevas) que acuden a contemplar el flamenco en su raíz, el flamenco profesional.

Pues, siempre lo repetiré, los flamencos jóvenes de los que hablamos, no son noveles, pues vienen bailando desde los cuatro años o los seis o los ocho. Así, un flamenco de veinticinco años, puede que lleve diez, doce o quince años pisando los escenarios. La segunda o tercera fila en este arte es muy relativa.

Pilar Fajardo, bailaora algecireña, afincada desde hace tiempo en Granada, me sorprendió por su madurez estilística. El jueves pasado, 2 de febrero, en el escenario de La Platería se mostró segura y exigente. Hacía tiempo que no había coincidido con ella y, lo que siempre terminaba por pensar, que su baile,  aunque bello y completo, consistía en rellenar el silencio y en contentar al respetable, está adquiriendo una seguridad y presencia dignas de admiración.

Le acompañó a la guitarra Rafael Fajardo, un tocaor de oficio, con un sabor flamenco y un soniquete sacromontano de primer orden. Abrió el recital con un solo por granaínas lleno de pellizco e intención. Al cante, Manuel Heredia, uno de nuestros imprescindibles cantaores de atrás, estableció su reinado en forma de cuplé por bulerías lleno de referencias, en las que se acordó de Cecilia o Bambino, entre otros.
Pilar entró por soleares, en las que domina el espacio y se siente a gusto. Es una buena muestra de su evolución y sobre todo de su perspectiva, que es lo más importante.

La segunda parte comienza por tangos. Estrella, que se había limitado a llevar las palmas se muestra como una cantaora de compás y con buen eco flamenco.

Acaba la velada por alegrías, donde Pilar tiene su sello, aunque no son tan redondas como la soleá por bulerías de un principio. Su entrega es reconocible y su compromiso importante.

* Foto sacada de su Facebook.

Jueves, 09 de Febrero de 2012 11:11 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Yo sé que el fondo llama a la caída

Yo sé que el fondo llama a la caída
y que la pierna floja
lleva a un tropiezo tras otro
haciéndome más débil cada paso,
aunque me levante del barro
una vez y otra,
aunque luche con todo el ánimo
para seguir hacia adelante.
Yo sé que el vértigo
es la necesidad de andar seguro,
que la inseguridad
aboca al desconcierto
y que el espejo siempre me devuelve
la mirada más turbia.

Domingo, 12 de Febrero de 2012 10:34 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 2 comentarios.

El lirismo de Esther Crisol

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Prestación del disco Aguacibera

Lo que antes sospechaba, ahora se ha confirmado. Esther Crisol tiene una gran capacidad musical, grandes dotes de afinación, interpretación y facultades; lo que no llega a alcanzar con el flamenco desgarrado lo palia con lirismo y sensibilidad. Prueba de ello lo tenemos en la presentación de su segundo trabajo discográfico Aguacibera el pasado viernes en el teatro CajaGRANADA y, sobre todo, en la interpretación del tema libre Schabat, de Juan Cruz Guevara, acompañada tan sólo del pianista Darío Moreno.

La Fundación Corda, tiene la misión de compilar, preservar y difundir la obra del poeta chileno David Rosenmann-Taub (Santiago de Chile, 1927). Entre sus labores ha tenido a bien  ofrecer a la cantaora Esther Crisol la posibilidad de realizar una grabación algunos de sus textos.

De ahí nace Aguacibera, un trabajo metódico y minucioso de adaptación de dichos poemas al lenguaje flamenco, de manera que parecieran escritos para él. Aguacibera es ‘el agua con que se riega una tierra sembrada en seco’, que corresponde a uno de los poemas de David Rosenmann-Taub, dedicado a su abuela, cantado como vidalita y que le da nombre al disco.

Acertadamente varios cortes de la grabación son cantes de ida y vuelta, no sólo más libres y versátiles, adaptados a los melismas de la cantaora, sino que también recogen el espíritu del sur de América en su concepto y a las palabras del otro lado del océano. Así, aparte de la vidalita, Esther propondrá colombianas, que irán acompañadas del baile esbelto y medido de Lucía Guarnido o rumbas, con la eficaz participación, a pesar de su estridencia momentánea, del trompetista David Defries.

Otros músicos que le acompañan y que dan extensión al ambiente son el guitarrista Luis Mariano, partícipe en la puesta de largo de gran parte de los temas, Miguel ‘El Cheyenne’ en la percusión, Cuni Mantilla en el contrabajo, con un interesante rasgueo en los estilos a compás, y Nina Rishad en el violín, instrumento que va de la mano con las creaciones de Crisol.

El concierto se completa o se alterna con unos cabales, una soleá, una toná de gran belleza, unos tientos agradecidos y su final por bulería en forma de jam session.

Ante los aplausos del respetable, que abarrotaba la sala, el combo al completo ofreció unos tangos en los que se desliza con toda evidencia el soniquete de Granada que Luis Mariano borda con maestría comparada.

* Esther risol en la foto.

Miércoles, 15 de Febrero de 2012 16:29 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

21

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21. La chica morena del autobús llevaba en su camiseta el número veintiuno. Su camiseta era de esas sin mangas ni tirantes que se sujetan dificultosamente sobre el pecho, incluso si se carece de él. Tal era el caso de la chica morena del autobús que me miró al entrar. Su pelo oscuro le caía sobre los hombros, todo lo ordenado que puede caer un pelo suelto. Al subir en el vehiculo público, la chica me miró un momento, quizá segundos o menos. Es la mirada de inercia ante lo que pensamos puede ser una novedad, y que cargamos de indiferencia cuando deducimos que su interés resulta nulo. Fijó sus ojos en mí durante un instante fugaz y los retiró antes de decir amén. Sin embargo, yo sí me fijé en ella, en su pelo moreno perfectamente desordenado sobre los hombros desnudos, en su camiseta negra sin mangas ni tirantes con el número veintiuno impreso en su pecho. La chica a la que miré no era especialmente guapa, aunque sí joven, sin pecho apenas. No me llamó la atención su inocente juventud, ni sus hombros descubiertos, ni su pelo descuidado, sino el número veintiuno que ocupaba gran parte del frontal de su cuerpo. Pensé que por qué ese número y no otro, creo que llegué a pensar por qué ese número y no otro, pues siempre me han llamado la atención esas arbitrariedades. Aunque es posible que no fuera puesto al azar, sino que fuera premeditado, elegido expresamente. Lo digo, porque el veintiuno era el número favorito de un antiguo amor. Desconozco por qué razón había escogido este número o esta cifra (cuando un número es compuesto se podrá llamar cifra, no sé) entre la infinidad de combinaciones numéricas que existen. Quizá sea el número 21 como tal o puede que sea la combinación del dos y el uno, y en ese orden, o la suma de ambos, aunque si es así podría ser simplemente un tres. A ver, el 21 es múltiplo de siete, es decir, tres veces siete, y el siete es un número mágico: los días de la semana, los signos zodiacales... Nunca lo he sabido y nunca se lo pregunté. Así que cuando cumplí veintiuno, me sentí algo privilegiado, especialmente admirado, querido. Pero cuando yo cumplí veintiuno, ella estaba con alguien de dieciocho.

Lunes, 20 de Febrero de 2012 10:42 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro No hay comentarios. Comentar.

Sensa en La Platería

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Entre los tocaores de base granadinos se encuentra Kiki Corpas y, aunque se echa de menos a veces la fuerza en su pulsión, el soniquete sacromontano y la sensibilidad flamenca suelen acompañarlo. El jueves, 16 de febrero, abre la actuación en La Platería este tocaor con un agradecido zapateado en solitario que da paso a la voz potente y conservadora de Aroa Palomo que se templa por soleares. Carente de medios tonos, es larga en el cante y conoce los estilos. Se acerca a la tierra y continúa en ella con unos tangos de Granada llenos de guiño y complicidad, en los que se hace acompañar de las palmas de Inmaculada Bandera y Marta de Vicente.

Elena López ‘La Sensa’, protagonista de la noche, entra a continuación con unas seguiriyas. Cuadra los tercios y aspira a la novedad, pero se encuentra encorsetada, pendiente del próximo paso. Lleno de aciertos su drama y muy trabajado en su fondo no acaba de cuajar. No así, como veremos, en las alegrías finales, donde aparece más suelta, segura y redonda, a pesar de que exige menos a sí misma.

La segunda parte, paralela a la primera, comienza con el toque de Corpas en solitario meciendo unas granaínas de buen cuño. Aroa se incorpora por peteneras y, todo el cuadro, como dijimos, por alegrías.

El recital acaba con un fin de fiestas por bulerías, donde se ve a una Sensa más desinhibida, pero la frescura la encontramos en la pataílla de sus dos jóvenes palmeras.

* Foto de J.Antonio Martín (tomada de su web).

Martes, 21 de Febrero de 2012 11:39 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Miedo

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Los maderos hacían rebotar las pelotas de goma en las paredes de las calles estrechas con tal virulencia y efectividad que si no te golpeaban de derecha a izquierda, te machacaban de izquierda a derecha. Eran los años setenta, cuando la policía era gris (los grises), después, con la democracia pasaron a ser marrones y después azules, el color del “servicio”.

Pensábamos que este miedo visceral a las “fuerzas del orden” ya se había acabado. Creíamos que el grito de “disolución de las fuerzas represivas” había quedado para la historia, para la historia negra de este país.

Pero no sé lo que tiene un uniforme, lo que tiene una porra, lo que tiene un cargo, que llega a cegar hasta convertirnos en animales, en lobos para el hombre (homo hómini lupus), que diría Hobbes.

Parece un concurso, un reality show para a ver quién pega mas fuerte, de a ver quién es más salvaje.

Desde hace unos años, la policía de todo el mundo “libre” ha abierto el grifo de la violencia, de la intolerancia. Lo que creíamos sagrado, nuestro deber de manifestarnos, de protestar, de pedir democráticamente mejoras o de simplemente quejarnos, ya es peligroso, como antes era peligroso vestir diferente, llevar el pelo largo o pensar otra cosa que no fuera la impuesta por el sistema.

Ya lo sufrimos con los indignados. Y lo sufrimos con los recortes. Desde Nueva York hasta Grecia hubo palos y los sigue habiendo. Desde Chile hasta Estambul hubo palos y los sigue habiendo.

Y, aquí en España, “la tierra del amor”, hubo palos y los sigue habiendo. No hay diferencias entre hombres y mujeres, grandes y chicos, la guerra es la guerra. Se sueltan a los toros y arrasan a una orden todo lo que ven (hay que mantener el orden).

¿Y esos policías armados no sufren los recortes? ¿Y esos policías ciegos no se sienten indignados por la situación? ¿Y esos policías indignos no tienen hijos que protestan? ¿Y esos policías salvajes no viven en un país democrático que está en crisis?

¿Y esos políticos gobernantes cómo los justifican? ¿Y esos políticos cerrados cómo miran a otro lado? ¿Y esos políticos confusos no ven que el país hace agua?

Las cargas policiales en Valencia contra chavales (muchos de ellos menores de edad) que se manifestaban pacíficamente en contra de los recortes en educación que les afectaba directamente en sus lugares de estudio es una aberración. Las cargas en Barcelona, en Castellón, en Granada, en Madrid… contra los indignados o los desahuciados es una aberración.

Tengo miedo de quejarme, de decir lo que pienso. Además de que nos dan por detrás debemos pedir disculpas por darles la espalda.

Y lo peor es que temo que estamos empezando.

* Foto tomada al azar de las miles y miles que se pueden escoger cuando se teclea "carga policial en España" en el buscador de imágenes de google.

Miércoles, 22 de Febrero de 2012 10:49 volandovengo #. Denuncia Hay 2 comentarios.

“Son ganas de bailarle al cante”

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Cuando ya tenía la grabadora apagada, al final de la entrevista, Fuensanta La Moneta hizo que la encendiera para ampliar los comentarios que había vertido durante la misma. Tal es su pasión y sus ganas de trasmitir.

Nacida en Granada, lleva una carrera ascendente y muy personal desde que en 2003 fue reconocida con el Desplante flamenco en el Concurso Internacional de las Minas de La Unión.

Con su baile ha recorrido medio mundo y es admirada en todas las latitudes. Extremo Jondo es tu tercer montaje escénico, el cual, después de un año de rodaje, ha decidido pasarlo a DVD para su constancia.

Nos interesamos por este trabajo y le preguntamos en qué se diferencia de sus anteriores espectáculos.

Respuesta.- Se diferencia sobre todo en que no es un espectáculo coreográfico en el que el baile es el protagonista y la música está al su servicio, sino que está basado en el cante y tanto es baile, como la guitarra y la percusión estamos al servicio de él. Mi expresión en el baile, por tal característica, llega a ser otra. Estoy totalmente relajada y libre en el baile.

Pregunta.- ¿Qué te llevó a trasladar Extremo Jondo a DVD?

Respuesta.- Teníamos gran interés de que de este trabajo quedara constancia para que el día de mañana fuera un referente para la posteridad. No es la primera vez que se hace una obra con los mínimos elementos, pero éste es un espectáculo donde destaca el esfuerzo, el trabajo en equipo, con una calidad musical contrastada y el planteamiento novedoso. De ahí mi interés de que quedara grabado y era una forma de darle salida a nuestro trabajo, que no se limitara simplemente a los escenarios.

Pregunta.- Lo estrenaste en el Festival de Música y Danza de Granada en 2010, en el teatro Isabel la Católica, y lo has grabado en agosto de 2011, en la clausura de Los Veranos del Corral, ¿ha cambiado mucho durante este año de rodaje?

Respuesta.- Sí, la obra ha sufrido algún cambio como todos los espectáculos. Cuando se estrena un trabajo y se va rodando, siempre se le hacen cambios que se crean convenientes. El más evidente es que Extremo Jondo se estrenó con Enrique el Extremeño y se ha grabado con Miguel Lavi. Se ha cambiado el cante, lo que permanece es el concepto y la comunión entre el cante, el baile y la guitarra.

Pregunta.- Me consta, por otra parte, que esta obra sigue cambiando, que está viva. ¿Cómo te planteas esa evolución?

Respuesta.- En realidad, la obra cambia cada vez que expone al público, porque hay una libertad de expresión… Incluso una misma se sorprende de cosas que salen de, de cosas que se crean en ese momento. Después, en otra función, serán otras cosas. Tenía muy claro que, al basar el espectáculo en el cante, el baile no tenía tanta responsabilidad. Al tenerlo tan claro, y el resto del equipo también, el proceso de montaje ha sido muy natural. Desde que se estrenó hasta hoy ha mejorado pero no es muy distinto de la primera vez.

Pregunta.- ¿Tiene mucho de improvisación, de espontaneidad cada vez que representas la función?

Respuesta.- Claro. Hay muchos momentos de espontaneidad. Tiene que ser así

Pregunta.- Dices que la responsabilidad es compartida, pero sólo abandonas el escenario, en una hora de duración, los minutos imprescindibles que dura un cante para cambiarte de vestido. ¿Ganas de bailar o presunción de energía?

Respuesta.- Que hay energía en este cuerpo es evidente. No tengo que demostrar nada en ese sentido, no tengo que hacer alardes de ningún tipo. Son ganas de bailar, ganas de mucho bailar y de bailarle al cante… Parece una paradoja, es un espectáculo de cante pero lo bailo todo, bailo los silencios, bailo las transiciones. Lo bailo todo. Y porque tengo que salir a cambiarme que si no…

Pregunta.- ¿Cómo eliges los cantes apropiados?

Respuesta.- Bueno, la elección de los cantes es compleja. En principio había muchos más cantes. Yo había elegido muchos palos que, por diferentes motivos, tenía ganas de bailar; unos porque no los había hecho todavía y otros porque necesitaba darles otra vuelta de tuerca. La elección de los cantes fue una cosa natural, fueron entrando por sí solos y acoplándose en las transiciones.

Pregunta.- ¿Los seleccionas tú misma?

Respuesta.- Los elijo yo misma, pero comparto esta decisión con el director musical [el guitarrista Miguel Iglesias] y con el cantaor. Es un trabajo muy a fondo y muy pensado.

Pregunta.- ¿Se te ha quedado algo en el tintero?

Respuesta.- Sí. Ya los tocaremos más adelante. Había más, pero había que descartarlos porque la obra no puede ser eterna.

Pregunta.- ¿Cuáles son tus referentes a la hora de crear? ¿De quién te acuerdas?

Respuesta.- En este espectáculo, como el trabajo no era tan coreográfico, mis referentes han sido todos de cante. En los espectáculos anteriores he mirado a los maestros que han influido directamente en mi carrera, con los que yo he trabajado. Maestros como Javier Latorre o Mario Maya. Y también otros maestros que, aunque no haya trabajado con ellos, he sido testigo de su trabajo.

Pregunta.- ¿Concedes mucho terreno a la vanguardia y a la contemporaneidad?

Respuesta.- Esa vena contemporánea me sale de vez en cuando porque soy joven, porque creo que estoy en la actualidad del flamenco y porque he crecido con otros artistas que ahora son coreógrafos y hacen hincapié en esas técnicas.

Pregunta.- ¿Por ejemplo tu contacto con Rafael Estévez?

Respuesta.- Efectivamente. He tenido la oportunidad de trabajar con él y empaparme de sus formas.

Pregunta.- ¿Tus músicos gozan también de ese margen de espontaneidad?

Respuesta.- Sí. Todos formamos parte del mismo equipo y todos tenemos que caminar en la misma onda. Si yo me siento libre y estoy cómoda también es gracias a ellos. Así ellos también se deben sentir libres dentro del escenario. Hay que darles esa oportunidad. Si no, no hay diálogo ni aparece ese duende que tiene que aparecer.

Pregunta.- Sí, se os ve cómplices a todo equipo. ¿Cómo has llegado hasta ellos?

Respuesta.- Bueno, todos estamos en este mundo y todos nos conocemos. Hay veces que los buscas y veces que se coincide en el camino. Eso es lo que ha pasado. Este espectáculo nació de una experiencia en Japón donde estaban la mayoría de los que trabajan conmigo. Personas que artísticamente me marcaron y por eso quise hacer este espectáculo, contar esa experiencia precisamente con ellos.

Pregunta.- Ya que hablas de Japón. Extremo Jondo lo has movido por parte del extranjero ¿Qué respuesta has obtenido de esos diferentes lugares?

Respuesta.- Buena, siempre buena. Les ha resultado sorprendente el formato tan novedoso y minimalista, tan reducido, con los mínimos elementos. Lo cual ha sido aceptado porque la calidad no ha disminuido. Por ejemplo, el último lugar donde hemos estado es en Nimes y realmente no me sorprendo de que en el extranjero lo entiendan y les guste, pues están muy preparados tanto para ver un trabajo vanguardista que uno más tradicional. De hecho hemos movido más este espectáculo fuera que dentro de España. Tengo mucho interés en cómo se desarrollará de aquí adelante porque lo vamos a mover más a nivel nacional.

Pregunta.- Con lo cual, sigue evolucionando.

Respuesta.- Claro. Porque está vivo, porque está vivo.

Pregunta.- Por otra parte vemos algunas constantes en tu baile, que te han ido acompañando a lo largo del tiempo. ¿Cuáles son esas constantes?

Respuesta.- Sí hay constantes que se ven en mi baile hoy. Características de mi baile de siempre. Aunque me venga esa vena contemporánea, siempre está La Moneta que empezó a bailar, que no tenía tanto conocimiento, que estaba aprendiendo y se morirá aprendiendo. Cuando empecé a bailar, sólo eran ganas de bailar e ilusión. Había mucha intuición y yo creo que eso no se ha perdido. Esa característica de La Moneta se sigue viendo.

Pregunta.- ¿Una de esas constantes puede ser el remate por tangos?

Respuesta.- Claro que sí, porque es uno de los bailes con los que yo empecé y por la tierra, la tierra de los tangos que es Granada. Sí, esa es una de las características. Y, aunque yo creo que la fiera se ha domado un poco, no falta el espíritu.

Pregunta.- ¿Cómo ves el futuro? ¿Cuál será tu próximo proyecto?

Respuesta.- Proyectos siempre tenemos, porque no me gusta pararme, me gusta seguir dándole vueltas a mi trabajo. Tengo uno en mente, que voy a empezar a darle forma y a trabajarlo en el estudio. Espero que se pueda ver antes de que acabe este año.

* Entrevista realizada para deflamenco.com

** Foto de Miguel Ángel Molina©.

Domingo, 26 de Febrero de 2012 10:06 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Otra vez Pilar Fajardo

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Lo hablé con Pilar hace tiempo. Le dije que su baile debía ser más reflexivo, más reposado, que no se baila sólo con el cuerpo y el corazón, sino también con la cabeza; que tenía todas las papeletas para convertirse en la mejor bailaora de tablao de esta tierra; que podría ver el mundo frente a frente, pero tendría dificultad para mirar al cielo.

Pilar Fajardo es la segunda vez que baila en La Platería en menos de un mes. Es la segunda vez que me sorprende con su baile maduro. Difícilmente la veíamos arrostrando las formas más sentidas, dramáticas y profundas del flamenco, pero, con la soleá de la vez anterior y el taranto de esta ocasión, ha adquirido una perspectiva interesante.

El cuadro que le acompaña este día es completamente distinto e igual de eficaz. Para mostrar el buen hacer en las tablas, es necesario estar rodeado de buenos músicos. Un cuadro que haga agua puede desvirtuar la actuación de un bailaor o de una bailaora en más de un cincuenta por ciento.

Jaime Heredia ‘El Parrón’ se templa para empezar con una soleá, demostrando su universo único indiscutible en este palo básico. Su voz ya es limitada y se casca con facilidad. Sus tres, cuatro, temas para el cante alante pueden ser sublimes. Incluso hace buen papel apoyado por otros cantaores para cantarle al baile. Pero, me temo, que se le hace cuesta arriba cuando sólo él lleva el peso del cante atrás. Lo que se evidenció en los tarantos rematados con tangos con los que terminó la primera parte.

El baile, como digo, fue circunspecto y bien estructurado. Los postreros tangos también fueron merecedores de elogio. Ricos en roneo y gracia sacromontana.

Entre medias, Melchor de Córdoba y Luis de Melchor, padre e hijo, hilvanaron unas bulerías con sus guitarras sin desperdicio alguno, a pesar del alto margen de improvisación, a pesar de que Melchor se comía a Luis, a pesar de que la guitarra de éste último se oyera poco. Son de los pocos representantes, si no los únicos, del toque bravo del desaparecido Marote.

La segunda parte comienza con los nuevos bríos de Jaime que propone unos fandangos naturales para acabar cantándole alegrías a la algecireña, que logra redondearlas un poco más que la vez anterior. Es su baile de referencia, que rememora su tierra, aunque actualmente se halla impregnado de tintes de cueva y escenario granadino. Quizá le vendría bien un viaje de ida y vuelta para volver a salpicar de sal gaditana sus escobillas.

* Foto de Nacho Martín©.

Martes, 28 de Febrero de 2012 12:20 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Los excesos de un bailaor

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Flamenco Viene del Sur

Si Luis XIV hubiera sido bailaor se llamaría Antonio ‘El Pipa’. Rabelais habría escrito de él. Antonio es excesivo en su cuerpo, en sus formas, en su lenguaje. Protagonista de su mundo, sabe lo que desea destacar. Con una puesta en escena muy cuidada, nos enfrentamos al tópico de la vida errante del pueblo gitano y el orgullo de serlo. Repetición por otra parte necesaria para atender a unas raíces que ya, al menos en nuestra tierra, atienden al pasado. Por este sedentarismo que domina en la actualidad, el caló o lengua de los gitanos se ha ido perdiendo. Aunque El Pipa lo reivindica en sus canciones y en su programa. Así, por ejemplo, Nuevo día, como se llama la segunda parte de un espectáculo que se hizo largo, es ‘Nebó chibel’ o Por amor (cuarta parte) es ‘Per Jelem’.

De esta forma, con cuatro partes, veremos brujulear a los actuantes para desembocar en una historia de amor, con boda y todo, como marca la tradición. Antonio atesora esas costumbres y, como mero espectador o testigo privilegiado, va dando cuenta de cada uno de los pasos de su gente. Una gente que no hace sombra, tan sólo una primera bailaora llamada Macarena Ramírez, con una gracia y un control desmedido, que, cuando aparece, a pesar de ser pequeña, ocupa todo el escenario, se lo bebe, eclipsando al resto de sus semejantes.

Una proyección en el telón de fondo, difumina a los bailaores. Lo que puede ser un interesante juego de luces y de sombras, tan sólo desvirtúa la escena. Las bambalinas blancas, en vez de las habituales negras, en cambio son un acierto de pureza y esperanza. Un abuso de la música en off, por último, termina desconcertando.

A partir de ahí, se suceden bailes evidenciables del hilo narrativo que, individualmente (Antonio o los solistas), en pareja (Macarena Ramírez e Isaac Tovar) o en grupo (todo el cuerpo de baile), nos llevan a un final feliz. El Pipa baila abandonaos, tientos, seguiriya o soleares de un mismo corte. Su baile es redondo y muy flamenco, a veces repetitivo, siempre histriónico y exagerado. Gusta regodearse en su mismo cuerpo y tiene pellizquitos reconocibles, como demostró por bulerías. Lleva al cantaor a su lado, aunque su discurso está por encima, e interactúa con él como si fuera un elemento imprescindible en su dictado. Uno de sus aciertos es contar entre con Morenito de Íllora, un cantaor de oficio, que se rebusca por dentro, con un eco gitano encomiable y un buen momento en su dominio. Un desacierto a su vez fue silenciar el micrófono de este maestro y reforzar el de la cantaora protagonista, Mara del Rey, a todas luces con menos facultades que el de Íllora.

La obra sigue con momentos bellos y otros inexplicables. El cuadro de de baile es mediocre para una compañía profesional y el primer bailaor pasable. Me quedo, como he dicho antes, con Macarena y su desenfado, a pesar de algunos desequilibrios al principio. Su baile es alegre y completo, seductor y preciso. Una farruca tan solo musical nos muestra un paso a dos, con estos primeros danzantes, tan sensual como extemporáneo, con beso final incluido, mientras la luna se va llenando a sus espaldas.

Choca igualmente un villancico, o un canto metido por villancicos, que, fuera de su ambiente, se hace extraño (por no hacer mención de la mala suerte que conlleva entre las creencias gitanas). Destacamos por otra parte un baile breve de los chicos con chapas de metal mientras rueda una música polifónica. El sonido de esos metales, sobre todo cuando bailan encima de ellos, nos hacen pensar en las vanguardias agradecidas de Galván.

Termina la historia con un canto de alabanza, cercano al culto, con la boda antedicha y con la bandera gitana proyectada sobre el fondo. Besando el suelo, a la manera Maya, se despide un bailaor que sin duda tiene sus incondicionales.

* Foto Antonio Konde©.

** La chica de la derecha, la que se arregla el pelo, es Macarena Ramírez.

Miércoles, 29 de Febrero de 2012 11:33 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.


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