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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2013.

Infidelidad

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Desde que me enteré que la infidelidad es hereditaria miro a mi padre con otra cara.

Después del crudo artículo de ayer dedicado a la bestial práctica del empalamiento, se imponía en este día escribir algo ligero o amoroso o humorístico. Descarto el poema por no encontrar verso que me seduzca en este momento. Desecho el cuento por no atinar a la redondez que me exijo. Descubro mis anotaciones y me doy cuenta que todas las frases de este artículo comienzan por la sílaba ‘des’.

Despierto, destemplado, descerrajado, descendiendo, descalificado, deshollinar, desemplumo, desbravado, descarriar, descarrilar (¡uy!), desear, desfondar, desairado, deshilachar, desgañitado, desidia, desternillar, desleír, desvaído, destino, déspota, despotricar, despilfarrar, despachurrar, despojar, despejar, despedir, descreer, desván, destellar, destartalado…

Desecho este juguete, que comenzó siendo del azar, y me detengo en la ‘i’. Me salto incesto (el último pecado) para futuras entradas y me instalo en infidelidad.

Sé infiel y no mires con quién es una película de Trueba, basada en una obra de teatro del mismo nombre, que no recuerdo haber visto pero su título viene pintado para este post.

Hablar de infidelidad es hablar de celos. Siempre he considerado los celos una tara equiparable a la envidia o el egoísmo. A veces los celos están en la cabeza del celoso. Isak Dinesen, en Cena en Elsinore (Siete cuentos góticos), dice: "Al hablar de Eva y del Paraíso, todos los hombres están todavía celosos de la serpiente". Los celos son los fantasmas en los que uno cree por miedo a peder su acomodadizo statu quo.

La infidelidad es una lacra en la cabeza de las personas temerosas. Cuanto más grande sea la conciencia del pecado, así más grande será la infidelidad soportada (o infligida).

Cela escribe “La castidad enmohece” y Oscar Wilde, que no para de hablar del amor en todas sus facetas (y esta es una de ellas) decía que “Los que son fieles conocen nada más que el lado trivial del amor: el infiel es el que conoce las tragedias del amor”.

Uno no es infiel si no se considera infiel. “Lo bueno de comerte un bocadillo de jamón en Marruecos, escribía yo en un viaje al país alauita, es que nadie te pide”. Aunque hay musulmanes que lo comen. Como mi amigo Duharris, que recita la prohibición de comerse el marrano de pezuñas hacia arriba. Pero aquí en España, concluye, colgamos al cerdo cabeza abajo.

El Corán observa dos excepciones respecto a la comida tabú. Puedes comer cerdo si no sabes que estás comiendo cerdo o tienes apremiante necesidad de llevarte algo a la boca. Con la fidelidad o la infidelidad puede que pase lo mismo.

Oscar Wilde, en otro de sus escritos, reflexiona: “Los jóvenes quisieran ser fieles, y no pueden, los viejos quisieran ser infieles, y tampoco pueden”. Quizá la infidelidad sea ley de pensamiento, de palabra o acto, incluso de omisión como el pecado.

La Maga, en Rayuela de Cortázar, le pregunta a Oliveira: “¿Por qué te acostaste con Pola?”, y Horacio, “sentándose en el riel al borde del agua”, responde: “Una cuestión de perfumes. Me pareció que olía a cantar de los cantares, a cinamomo, a mirra, esas cosas. Era cierto, además”. Y Groucho Marx confiesa: “¿Qué por qué estaba yo con esa mujer? Porque me recuerda a ti. De hecho, me recuerda a ti más que tú”.

Jueves, 01 de Agosto de 2013 18:15 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Segunda semana del Corral

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XV Muestra de flamenco. Los Veranos del Corral

El lunes 29 de julio pudimos ver al bailaor local Iván Vargas, que nace y bebe en el Sacromonte, pero con ansias de volar y de picar en otros platos. Lleva varios años readaptando una misma obra. Yo mismo se hace y se rehace a meced de estos vientos, posiblemente porque yo no soy el que era ayer, o soy el de ayer más el que hoy soy.

Un acierto de este bailaor es el de rodearse de un cuadro exclusivo, posiblemente uno de los mejores músicos de atrás que se pueden reunir. Miguel Lavi, David ‘El Galli’ y Juan Ángel Tirado al cante, son un espectáculo en sí mismo (destaquemos sus bulerías en torno a una mesa haciéndose compás con los nudillos); Luis Mariano, a la guitarra, con su delicadeza y su cólera, está llamado a dejar una huella indeleble en el panteón granadino (su taranta es conmovedora); Miguel ‘El Cheyenne’ no se limita a tañer el cajón, su concepto musical y su visión de conjunto lo llevan a limar las piezas y a dirigir el conjunto; David Moreira, al violín, aporta un contrapunto interesante y aplaudido, aunque a veces esté de más.

Con un pregón, trilla y romance, que esconde seguiriya en su vientre, se destapa Iván con su fuerza, a veces violenta, y su anhelo de transmitir. Una transmisión tan necesaria como arrebatada que se hará verbo por levante rematado por tangos, donde el sacromontano domina paseando su palmito con una seguridad y una gracia asaz agradecidas.

Termina por alegrías. Aunque, como acostumbra, será un falso final, pues vendrán a la postre generosidades musicales (solos de percusión o de violín) cercanos a la rumba. Cantiñas que recuerdan a sus mayores pero con un aire definitivamente personal, como él mismo.

Alberto Sellés, el 30 de junio, fue la sorpresa foránea. El jovencísimo bailaor de San Fernando (1991) es una caja de sorpresas. Quiso venir acompañado de Javier Barón, un peso pesado del baile nacional, quizá para darse una seguridad que, viendo sus hechuras y su técnica, resultó innecesaria.

Con un fuerte y seguro taconeo, Alberto comenzó con seguiriya, precedida por una estela de martinetes. Al cante Manuel Romero, Ana Gómez y David ‘El Galli’; a la guitarra Juan Campallo; y a la percusión José Carrasco.

Después de un poquito de bulerías de Barón y algunas incursiones por parte de los músicos (taranta guitarreada y malagueñas en la voz de ‘el Galli’), un breve paso a dos por cañas trasciende el nivel de la pareja casi de equilibrio. Todavía quedaba tiempo para unas rotundas alegrías por parte del isleño y unas graciosas bulerías, que acabaron por soleares, firmadas por el maestro.

El último día de esta semana (31 de julio) tuvo también sabor local pero de universal trascendencia. David Carmona, detrás de su guitarra, no sólo da un concierto, sino que hace una tesis de su espectáculo y da una ponencia sobre su concepto personal de convivir con las seis cuerdas que tanto le deben al maestro de Sanlúcar y a la escala mexolidia.

En solitario nos hace entrega de una taranta y de una soleá y de esas bulerías que le acompañan llamadas Motivo impertinente donde expone parte de su mundo. Igualmente interpretará un toque libre de clara influencia fandangueril (entre minera, granaína y taranta) donde pone a prueba su escala oriental demostrándonos que hay territorios posibles aún no hollados.

Con la misma escala mexolidia, propone bulerías que apunta Patricia Guerrero, su artista invitada, su artista fetiche, al baile con pantalón. Patricia se ciñe a lo elemental. Como un perfume, concentra su arte en los minutos necesarios para hacernos estremecer. A la vez rotunda y delicada; sus brazos, sus caderas, su rostro, sus pies, su palmito todo, hacen de ella una isla hermosa entre las bailaoras del momento. No temo en afirmar que el mejor día del Corral, de lo que llevamos, el mejor momento es precisamente este en que Patricia baila para David y David toca para Patricia, porque lejos de que el baile acompañe a la guitarra, la guitarra se hace exclusiva, David compone directamente para el baile (posiblemente para el baile de Patricia). Esta jugada la repetirán generosamente en las bulerías finales.

Antes de este final por fiesta, ya con el resto del grupo (Carmen Molina al cante; Agustín Diassera a la percusión), meros instrumentos a su servicio, David apostará por unos ricos fandangos de Huelva y unos curiosos tangos que, entre otras cosas, expresan anormalmente dolor en sus letras, también compuestas por él.

* Foto de Naemi Utea©.

Sábado, 03 de Agosto de 2013 11:14 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.


Entrevista para “Hola, vecinos”

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En los años 80 (tendría yo veinti pocos) me entrevistaron en un programa de radio en Almanjáyar. Una emisora independiente que dedicaba uno de sus espacios a la poesía, llamado Hola, vecinos, dirigido por Pepe Gilabert y Antonio Megías, poetas al mismo tiempo. (Aunque también podría ser una revista o todo lo contrario, mi memoria se diluye. Podría ser otra emisora y otro programa y otro entrevistador…) El caso es que, entre mis archivos, ha aparecido este cuestionario:

PREGUNTA: Háblame sobre el comienzo de tu dedicación a la literatura.

RESPUESTA: Nunca fui un niño precoz y comencé a leer, a leer de verdad a los quince o dieciséis años. Se puede decir que pasé directamente de los comics de Spiderman y del Sargento Furia a la literatura existencial de Camus, Sartre o Kafka. En esa misma época comencé a escribir, garabatear frases en una pequeña agenda, que, si bien comenzaron siendo mutilaciones y desvirtuaciones de refranes y dichos populares (“No por mucho madrugar amanece más temprano, pero desayunas antes”, “Hoy te quiero más que ayer y mañana, ya veremos”...), acabaron en verdaderos relatos y poemas al modo de Gibran, Tagore o Gómez de la Serna. Este escribir fue fomentado por nuevas lecturas y consejos de los consagrados (Platón dijo algo como El hombre que lee, es incompleto si no escribe). Así, a los 18 años ya estaba haciendo verdaderos libritos encuadernados e ilustrados por mí mismo que reservaba a la crítica de un reducido grupo de amigos incondicionales (¿verdad Guillermo?). Actualmente, esos libritos, exceden de los 20 y son conocidos por mucha más gente, por algún recital o la radio. Me he presentado a algunos concursos, sin suerte y por ahora me encanta mi virginidad, el ser un escritor inédito hasta que no encuentre el momento y la forma oportunos.

P.: ¿Qué opinas sobre el momento actual de la poesía?

R.: Nunca ha habido un “momento actual de la poesía”, al igual que nunca hubo un momento actual de la prosa. Han aparecido corrientes, estilos o grupos por vínculos comunes o generaciones, por parentesco temporal, pero estos fueron reconocidos o designados a posteriori por académicos empeñados en encasillar el librepensamiento. Ahora se escribe poesía, como se ha escrito siempre, y se lee lo que siempre se ha leído. Los escribientes de poesía leen a poetas y los lectores poéticos escriben poemas. Es un círculo vicioso. La poesía es siempre marginal, quizá por su deseo de ser minimalista. Para concluir podemos decir como anunciaba en una poética José Luis Jover después de citar a cientos de poetas actuales publicados en los años 70: “... la verdad es que somos demasiados”.

P.: Granada como ciudad de cultura, ¿qué opinión te merece?

R.: Parece que fue en Granada donde se inventó el dicho de que “nadie es profeta en su tierra”. No sólo las letras sino también la pintura, el ballet, la música... ha sido necesario triunfar fuera para ser reconocido en esta ciudad. En vez de potenciar jóvenes noveles, “Granada ciudad de cultura” ofrece al pueblo un Festival Internacional de Música y Danza, un Festival Internacional de Teatro, un Festival Internacional de Jazz... y lo Local ¿dónde lo dejamos? Además estos actos son de elite, de una minoría pudiente económica y culturalmente, espectáculos para el pueblo pero sin el pueblo. La Ilma. Diputación publica un folleto mensual (que lo recibo cuando ya ha pasado medio mes) con una lista interminable de representaciones de todo tipo en diferentes puntos de la provincia y puedo constatar que todo lo anunciado no es cierto. Así que Granada cultural es como las migajas de pan de Garbancito que cuando deseas volver a casa, mirar atrás, cuando necesitas seguridad y apoyo, se las han comido los pájaros.

P.: ¿Crees que en Granada hay más poetas de los que caben?

R.: Si Jesús hubiera estado aquí, la multiplicación no sería solo de panes y peces sino también de poetas. En Granada no hay muchos poetas sino escribidores de versos y lo mismo que Suramérica “es una tierra negra que late”, en la que renace el germen de la revolución de su propio exterminio, como el ave fénix que renace de sus cenizas o el Dalai Lama que nace cuando muere el Dalai Lama; Granada es una tierra blancaverde que canta, Granada es poesía y sus hombres hacen poemas por la pena o la ventaja de ser ciegos.

P.: Háblame de tu poesía, forma, temática, motivaciones...

R.: El menos indicado para hablar de uno mismo es uno mismo, pero te puedo decir algo que te acerque a mi forma de hacer. En primer lugar te diré que para mí escribir es un deber para conmigo, es una necesidad impuesta desde el momento que supe que escribiendo puedo unir mis sentimientos con el mundo que me rodea, puedo soñar en voz alta, puedo volar... No sólo hago poemas sino de todo (caligramas, relatos, máximas, escenas teatrales...), según lo que me apetezca, para eso soy muy visceral, incluso poesía ahora mismo es a lo que menos me dedico, por eso al pedirme dos poemas, no más te entrego uno y alguna otra cosa.

La forma siempre ha sido libre, excesivamente libre, buscando el ritmo más que la rima, la sorpresa más que el estilo. Me motiva lo que veo, lo que leo, lo que escucho, lo que digo y pienso, todo. Me sorprendo a mí mismo. Incluida esta encuesta, que no podía imaginar como está desembocando (léase desbocando).

P.: Granada de noche, La Tertulia, Arcadia, Liberia. Háblame de tu parecer sobre el ambiente nocturno de la intelectualidad granadina.

R.: Aunque no se lleve, me considero diámbulo y la noche la considero apta para dormir o para amar. De todas formas me gusta el ambiente nocturno, aguanto bien el trasnochar y reconozco encantadoras, lúcidas y lucidas noches mágicas que no las cambiaría por el mejor de los días. En cuanto al ambiente nocturno de la intelectualidad, me parece demasiado enrevesado para opinar. Al hombre lobo le favorecía la luna llena y “las estrellas le dan gracias a la noche, porque encima de otro coche no pueden lucir tan bellas”, pero los artistas, intelectuales y demás fauna sensible cada vez son más urbanos y necesitan del neón y de estimulantes de todo tipo para crear, me recuerda al Dirty Realism norteamericano. Tampoco creo que se concentren en lugares como Liberia, Arcadia o La Tertulia, sino que todo tipo de local es apropiado, es apto para parir y conversar, vagabundean por toda Granada y toda la noche. Con luna y estrellas, el hombre de a pie se vuelve artista, filósofo o profeta.

P.: La amistad, los grupos. ¿Qué opinas de esto?

R.: Son imprescindibles para superarte, corregirte y autoexigirte. Aunque nunca he compartido los formalismos ni las agrupaciones de este tipo, estoy feliz de pertenecer a Grama, un grupo poético que en realidad no existe, que está pero no es.

Martes, 06 de Agosto de 2013 10:46 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

El Marqués de Villena

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Los favores del demonio no se pagan solamente con el alma, con la sombra también es posible, ese otro yo que se evidencia con la luz.

En Salamanca existe una cueva donde dicen que Hércules impartió lecciones a sus discípulos. Esta labor docente, pasado el tiempo, la asumió Asmodeo (identificado con Samael, la serpiente que sedujo a Eva) o algún otro demonio, que, bajo la apariencia de sacristán, en oscuridad de la noche, daba clase de ciencias ocultas, adivinación, astrología y magia a siete alumnos universitarios, durante siete años. Terminada la carrera, se echaba a sorteo y uno de ellos quedaba en manos del Demonio.

Enrique de Aragón, tercer marqués de Villena (1384-1434), según se cuenta, deseoso de introducirse en las artes ocultas, fue uno de los estudiantes aventajados del Maligno. Después de quedarse en la cueva en pago por los servicios prestados, pues a él le tocó en suerte, consiguió escapar con vida aunque dejó en manos de Satanás su sombra, quedando así marcado de por vida como uno de sus adeptos.

Parece que, para librarse de esta servidumbre, el discípulo se metió en una gran tinaja de vino escapando cuando Asmodeo, creyéndolo huido, dejó abierta la puerta de la Cueva para ir a buscarlo. (Otras leyendas dicen que el Marqués de Villena llegó a un pacto por el que el recuperaba la libertad a cambio de ceder su sombra, o incluso su alma, al diablo.)

Cuenta Manuel Mujica Láinez en El laberinto que el Marqués de Villena “tenía sellada amistad con el Demonio. Se encerró en el palacio de Leví, con su marquesa, con su biblioteca, con sus manuscritos nefandos, arábigos y hebreos, y con cuanto brujo, nigromante, alquimista y astrólogo halló en la ciudad mágica [Toledo]. En aquel aislamiento peligroso, pues las paredes hedían a azufre, se consagró a la hechicería. Anhelaba fabricar un elixir que lo redujera a un tamaño mínimo, para que lo introdujesen en una botella, de la cual saldría vivo y completo al cabo de centurias”.

En otra parte leo que el origen de esta leyenda se encuentra en las clases de astrología, geomancia, hidromancia, piromancia, quiromancia y otras técnicas adivinatorias que, en esa época impartía el párroco en la sacristía de la iglesia. Se llamaba Clemente Potosí, y llegó a ser identificado con el diablo. Los alumnos que acudían a las clases no revelaban que era lo que aprendían y este hermetismo fomentó la leyenda.

Según la leyenda el número de alumnos era siempre siete (número con implicaciones místicas). Uno de los alumnos, por sorteo, debía pagar por todos las clases recibidas, aunque si no podía pagar debía permanecer encerrado en la cueva.

La reina Isabel, aterrada del culto que se le profesaba al diablo, ordenó tapiar el acceso a la Cueva, pero el Marqués continuó celebrando estos ritos de iniciación en una torre cercana conocida popularmente como Torre de Villena, a la que se accedía por las ruinas de una carbonería.

* Entrada a la Cueva de Salamanca.

Miércoles, 07 de Agosto de 2013 11:59 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Dos realidades sacromontanas

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XV Muestra de flamenco. Los Veranos del Corral

La tercera semana del Corral fue topográficamente definida. Los primeros días de agosto (5 y 6), con un calor de justicia, pudimos disfrutar en cambio con el aire fresco de dos bailaoras de raza, telúricas, con brío y con sueños.

Alba Heredia y Ana Calí, por citarlas en orden de actuación, son dos realidades sacromontanas; dos hijas de la tierra y de la cueva, del Camino y del Monte, del trote diario y de la economía de fortuna.

Ana y Alba, por citarlas de mayor a menor, son dos frutas sabrosas, que saben de sus jugos, que liman el carozo, que alimentan con sus pieles.

Si de Ana son los pies, de Alba son las manos. Si Ana tiene una meta, Alba busca el camino. Si Ana se desnuda apenas con la música apuntada, Alba se rodea con una gran orquestación mercenaria. Si Ana fija su compromiso, Alba nos sorprende con nuevos vuelos. Si Ana rema su propia canoa, Alba aún se mece en el globo cautivo de los Maya.

Alba Heredia firmará con fuerza una soleá y unos tientos-tangos y unas seguiriyas. Ana Calí se afianza con tientos-tangos y con zambra y con soleares.

Dos realidades, como digo. La veteranía y la sombra alargada. Dos fuerzas diferentes, capaces de ser trágicas y de sonreír según fije el guión. Dos hijas de su tierra, como digo, que pisan fuerte, que ronean como nadie en los cantes locales, que tienen mucho que decir, que reparten flores con la mirada.

* Ana Calí en una foto de Joss Rodríguez (fragmento)©, perteneciente al muro de la bailaora.

Viernes, 09 de Agosto de 2013 10:49 volandovengo #. Flamenco Hay 9 comentarios.

Atrapado en el laberinto de Rayuela

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Llevo años leyendo la novela más conocida del genio argentino Julio Cortázar. El autor propone en Rayuela dos formas de lectura. A saber, se puede abordar convencionalmente, como un libro cualquiera, en orden el correlativo que disponen sus páginas, o de forma discontinua siguiendo una suerte de damero propuesto al comienzo de la obra, donde se van alternando los distintos capítulos de la obra.

Yo, aventurero de principios, me incliné por la segunda opción. De modo que, desde el sector 73, con que comienza la trama, pasa al corte 1, y después al 2, para saltar nuevamente al 116 y así sucesivamente hasta acabar en una especie de espiral, quizá malintencionada, donde del capítulo 131, nos manda al 58, y de éste otra vez al 131, con la lógica misma vuelta en periódico puro que lo hace interminable.

Las secciones son cortas o meridianamente alargadas. Siempre densas y experimentales, lingüísticamente hablando.

No sé cuándo, hará meses que me extravié en su contenido, como la bella dama Egeira, soñada por Perucho, perdida entre las páginas de un códice medieval mientras bordaba en un bastidor de marfil. Señalé una página en un descanso. Intermedié un punto de lectura entre dos hojas, izquierda y derecha, par impar, donde, en ambos lados, daban comienzo sendos capítulos. El episodio de la izquierda comenzaba y concluía en tal página; el título diestro, a saber dónde terminaba.

Al retomar Rayuela, un error, un despiste o la influencia de hados invisibles, inclinaron mi decisión a proseguir la lectura en la parte equivocada y continuar la guía de Cortázar.

Al rato de ir leyendo, reconocí algún pasaje. Dando por seguro que el mundo onírico de esta guisa cojeaba y que los tintes surrealistas que tachonan la obra vuelven como las olas en la orilla, continué saltando a la pata coja y venda en los ojos.

Cuando una frase se me hizo tan nítida y evidente que era imposible su doblez, quise rebobinar el hilo de Ariadna hasta el origen de la confusión que, al no hallarlo fácilmente, los palos de ciego se sucedían a mansalva. De forma que una sección me lleva a otra. Esta la conozco, la otra no. Vuelvo y retomo al azar otro numerito y salto al siguiente. Me voy de nuevo al principio y de nuevo caigo en la duplicidad, en el dilema o en el camino que se bifurca, emparentando así a dos paisanos, coetáneos, contemporáneos.

La palabra fin no existe. Rayuela es una obra sempiterna y yo seguiré perdido en su laberinto.

Lunes, 12 de Agosto de 2013 12:00 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 1 comentario.

Walt Whitman, el profeta de Long Island (1)

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En el frutal año de 1992 y armado con un ramito de hierbabuena, impartí en La Tertulia, para quienes quisieron oírlo, y un grupito de incondicionales, unas palabras sobre el ’hermoso’ neoyorquino Walt Whitman.

Aún no había mediado el mes de octubre y, con más ganas que acierto, fui desgranando parte de sus versos.

’El profeta de Long Island’ rezaba el subtítulo y unas palabras del prólogo de la segunda edición de Hojas de hierba encabezaban a manera de cita dicho escrito: Camarada, esto no es un libro. / Quien lo toca, toca un hombre.

Los tópicos, no por ser tópicos dejan de ser verdad. ¡El mejor homenaje que se le puede hacer a un poeta es leerlo!

El mismo Whitman escribía en Yo y lo mío: Exijo que no haya teoría o escuela fundadas sobre mi persona; / os exijo que dejéis todo libre, como yo he dejado todo libre.

Se negaba a que lo analizaran, a que lo estudiaran, a que lo endiosaran. (Flaco deseo, pues lo analizan, estudian y endiosan continuamente.)

Su poesía es gruesa y difícil, de versos largos y proféticos, poemas muy largos o excesivamente cortos llenos de preguntas sin respuesta (nos recuerda a Cavafis), como en ¡Oh, himen! ¡Oh, himeneo! (traducido por Borges):

¡Oh, himen! ¡Oh, himeneo! ¿Por qué me tantalizas así?
¿Por que me punzas un instante y me dejas?
¿Por qué no puedes proseguir? ¿Por qué cesas ahora?
¿Será porque si duraras un solo instante más me matarías?

Hay quien dice de sus versos que pueden formar un todo independiente, que cada uno de ellos tiene una fuerza y un sentido únicos.

Traducciones al castellano hay varias: León Felipe, Borges, Concha Zardoya, Pablo Mañé, José Valverde...

Influencias en Rubén Darío (bello como un patriarca sereno y santo), L.A. de Villena (poeta de la libertad, del versículo y de la homosexualidad viril), Lorca (viejo hermoso Walt Whitman), Borges (poeta de vastedades cósmicas u hombre plural e infinito)...

Comenzó a escribir en 1855, a los 37 años, seguro de lo que hacía. Y no que decidiera hacer poesía, sino que la Poesía en forma de musa inspiradora se apoderó de él. Fue una necesidad vital, no sólo para él sino para todo el pueblo de Norteamérica. Era un pueblo joven que ya contaba con Emerson como filósofo, con Melville como narrador, con Thoreau como insurgente y con Mark Twain como humorista. Le faltaba el poeta.

Él mismo se nos presenta en el primer poema de Canto de mí mismo:

Yo me celebro y yo me canto,
Y todo cuanto es mío también es tuyo,
Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca.

Indolente y ocioso convido a mi alma,
Me dejo estar y miro un tallo de hierba de verano.

Mi lengua, cada átomo de mi sangre, hechos con esta tierra, con este aire,
Nacido aquí, de padres cuyos padres nacieron aquí, lo mismo que sus padres,
Yo ahora, a los treinta y siete años de mi edad y con salud perfecta, comienzo,
Y espero no cesar hasta mi muerte.

Me aparto de las escuelas y de las sectas, las dejo atrás; me sirvieron, no las olvido;
Soy puerto para el bien y para el mal, hablo sin cuidarme de riesgos,
Naturaleza sin freno con elemental energía.

Jueves, 15 de Agosto de 2013 12:26 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

La muerte enamorada

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Nunca he comprendido el amor a la muerte si no es por el odio a la vida, y eso tiene fácil solución. Aunque metafóricamente, que es como decir poéticamente, tiene un sentido paliativo. La muerte, el infierno incluso, es dolor breve comparado con la tristeza de la pérdida o del abandono. A veces, figuradamente, la vida atormentada se nos supone más acibarada que la muerte.

Cuando nuestra legión canta Soy el novio de la muerte, en cambio, están diciendo que no les importa morir por su bandera, por su patria, por un deber que no sé hasta que punto entienden y comparten.

El otro día, revisando libros, me topo con unas obras seleccionadas de Khalil Gibran. Repaso sus títulos y brujeleo al azar por las páginas de El loco, de El profeta, de Arena y espuma… y me detengo en Lázaro y su amada (1925). Lázaro encontró su amor en la muerte. El Paraíso es tan (así, sin comparación posible, como propone Cortázar), que no comprende haber sido arrebatado de sus brazos. Es un drama breve donde se ensalza el más allá como un anhelo, como amante enamorado (para el creyente, se supone).

De aquí los famosos versos de santa Teresa de Jesús: Vivo sin vivir en mí, / y tan alta vida espero, / que muero porque no muero. Porque sabemos lo que sabemos, y aún así, pues todo indica que la mística abulense atesoraba un ‘amor’ más mundano que todo eso, como el otro monje que, como loa al Altísimo, escribió aquello de Si tu me dices ven lo dejo todo, que hogaño se prefigura como un entrañable bolero de amor y renuncia (¿sinónimos?).

Para Miguel Hernández, en Elegía a Ramón Sijé (esos maravillosos tercetos encadenados), el enamorado no es el que muere sino la muerte caprichosa (y la apatía de una vida despegada): No perdono a la muerte enamorada, / no perdono a la vida desatenta, / no perdono a la tierra ni a la nada.

El amor, el dolor de amor, abre sus puertas en Tirante el Blanco, de Joanot Martorell, cuando exclama: ¡O muerte cruel! ¿Por qué a quien te quiere no quieres, e huyes a quien te desea?

La vida se paga con la muerte, escribe José Luis Sanpedro en La vieja sirena. O sea, la muerte llega, queramos o no. Nuestro ‘amor’ está asegurado. El suicidio es un atajo deseado. La muerte por accidente o voluntad (de otro, se supone) es también un camino recto. La dureza en gran parte es directamente proporcional a nuestra participación de la vida, regida por nuestra edad.

Los que mueren jóvenes son los amados de los dioses, dice una sentencia clásica. Bien mirado tiene la misma lectura que la muerte enamorada del poeta de Orihuela.

Cunqueiro propone una ideal oportunidad en unos versos de Abriendo las puertas. En este bello poema nos dice el soñador: La tierra que va a cubrirte, se detiene / porque quizá no terminaste de soñar.

Hay quien no teme a la muerte, como los legionarios, o incluso la anhelan, como los fanáticos en continua guerra santa. Epicuro, irremediable idealista, en Carta a Meneceo escribe: La muerte no es nada para nosotros… No importa ni a vivos ni a muertos, porque para aquellos no es, y estos ya no son. Antonio Machado retoma la idea (no sé si fijándose o remedando al maestro de Samos) y, en Juan de Mairena, lo explica diciendo que a la muerte no debemos temer porque mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos

Lunes, 19 de Agosto de 2013 10:12 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Causa y efecto

Soy continente y contenido;
causa y efecto;
polvo, alma y raspadura.
Las flores del almendro;
las nieves que acumulan;
el sol que las derrite.

Martes, 20 de Agosto de 2013 11:19 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 1 comentario.

Walt Whitman, el profeta de Long Island (2)

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La obra de Whitman es eterna (Infinita como dice Borges); la hizo y la rehízo toda su vida: ocho ediciones de Hojas de hierba estando vivo, y una más después de su muerte (que supongo él no intervino.

La primera edición, de 800 ejemplares, fue retirada del mercado por inmoral, por sus escandalosos ’himnos homosexuales’. La segunda, lleva una carta de Emerson y es necesario tenerla en consideración.

Unió en su poesía la ciencia (que llamó ’Ciencia positiva’, la política (Democracia) y, por encima de todo, la religión. (La ciencia era imprescindible para depurar la religión, para desterrar todos los mitos y abusos de los temerarios.)

¡Viva la ciencia positiva! ¡Vivan las demostraciones precisas!
Traed uvas y cedro y ramas de lilas,
Éste es el lexicógrafo, éste es el químico, éste el que compuso una gramática de los antiguos jeroglíficos,
Estos navegantes hicieron que la nave atravesara mares desconocidos y peligrosos,
Éste es el geólogo, éste trabaja con el escalpelo y éste es un matemático.

Como político, fue el poeta de América, el cantor de la democracia, el testigo irrefutable de esa Nación ejemplar, del país de la libertad, que pasaba de su infancia a una madurez ejemplar durante el siglo XIX.

Es el patriota estadounidense por antonomasia. Pero no el limitado chovinista enamorado de su tierra y sus leyes, no el falso patrioterista que desprecia todo lo que no se asemeje a su país o sus gentes.

Alabó a la América del XIX como sociedad de naciones, como conjunto de personas independientes (pg. 30/T1 «A los Estados Unidos»).

Cantó la integridad de los ciudadanos comunes y la belleza en sus vidas cotidianas. Elogió al nuevo granjero colonizador y al nuevo obrero industrial urbano. Se amó él mismo y a los demás por medio de sí mismo.

Expuso su idea de democracia panhumana y pansexual. La denominaba "democracia atlética", de la gente corriente. Los proponía como individuos prototipos para la construcción de la "Unión": un experimento sin precedentes en materia de libertad humana.

Amó a los débiles, a los perseguidos, a los que sufren:

Vosotros, malvados, que comparecéis ante la justicia Vosotros, convictos, que estáis en celdas; vosotros, asesinos juzgados, que lleváis cadenas y ataduras de hierro
¿Quién soy yo, que no me encuentro, como vosotros, ante el juez o el encarcelado?
Soy despiadado y demoníaco como el que más. ¿Por qué no están mis muñecas y mis tobillos encadenados de hierro?

Y criticó a los dirigentes de oficina:

Vosotros, mentirosos a sueldo para mancillar al pueblo,
Anotad ahora:
Por las innumerables agonías, asesinatos, lascivias,
Por robar en los tribunales en sus múltiples formas despreciables,
Despojando de su sencillez los salarios del hombre pobre;
Por muchas de las promesas juradas por labios reales
Y rotas, y ridiculizadas en su ruptura;
Luego, en su poder, por todo esto,
No recibisteis un sólo golpe en venganza personal,
Ni se os manchó de sangre un sólo cabello:
El pueblo desdeñaba la ferocidad de los Reyes.

Pero la dulzura de la misericordia fue el fermento de una amarga destrucción
Y retornan los gobernantes atemorizados
Todos viven en el lujo, con su séquito,
Verdugo, sacerdote, y recaudador de contribuciones,
Soldado, jurista y sicofante;
Una horrible procesión de cigarras,
Y se pavonea de nuevo grandiosamente.

En cuanto a la religión, fue profeta, promulgó una nueva creencia: el amor a uno mismo. Como lo demuestra en todo el «Canto a mí mismo». Veamos el poema 24:

Walt Whitman, un cosmos, de Manhattan el hijo,
Turbulento, carnal, sensual, comiendo, bebiendo, engendrando,
Ni sentimental, ni sintiéndose superior a otros
hombres y mujeres, ni alejado de ellos,
No menos modesto que inmodesto.

¡Arrancad los cerrojos de las puertas!
¡Arrancad las puertas de los goznes!

El que degrada a otro me degrada,
Y todo lo que se dice o se hace vuelve a mí al fin.

A través de mí surge la voluntad creadora, a través de mí, el torrente y el índice.

Digo el primordial santo y seña, hago el signo de la dedocracia,
¡Por Dios! No aceptaré nada que no sea ofrecido a los demás en iguales condiciones.

Muchas voces largo tiempo calladas brotan de mí,
Voces de las interminables generaciones de prisioneros y de esclavos,
Voces de los enfermos y de los inconsolables, de los ladrones y de los enanos,
Voces de ciclos de preparación y de crecimiento,
De los hilos que unen a las estrellas, y de los vientres, y de la simiente paterna,
Y del derecho de aquellos a quienes oprimen los otros,
De los deformes, triviales, simples, tontos y despreciados,
De neblina en el aire, de escarabajos arrastrando bolas de estiércol.

Brotan de mí voces prohibidas,
Voces del sexo y del apetito, voces veladas y yo aparto el velo,
Voces indecentes clarificadas y trasfiguradas por mí.

Yo me cubro la boca con la mano,
Me conservo tan puro en las entrañas como en la cabeza y en el corazón,
La cópula no es para mí más vergonzosa que la muerte.
Creo en la carne y en los apetitos,
Ver, oír, tocar, son milagros y cada parte de mí es un milagro.

Divino soy por dentro y por fuera, y santifico todo lo que toco y me toca,
El aroma de estas axilas es más fino que las plegarias,
Esta cabeza es más que las iglesias, las biblias y todos los credos.

Miércoles, 21 de Agosto de 2013 20:35 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El latido del flamenco

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Más que una expresión artística, el flamenco es un estilo de vida, es un sentimiento difícil de explicar. Como igualmente es difícil de definir el ‘pellizco’ o el ‘duende’.

Federico García Lorca, en su conferencia Teoría y juego del duende, cuenta que Manuel Torre (“el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido”), escuchando Nocturno del Generalife de Manuel de Falla, dijo: “Todo lo que tiene soníos negros tiene duende”.

Y de ‘sonidos negros’ se trata. Pero sin ninguna connotación racial o externa, sino de esa amargura vital que hace que la garganta tenga pellejos de aguardiente. Felix Grande escribe que “el flamenco es una de las músicas más desconsoladas del mundo”. El flamenco nació de la pena y del dolor, de la marginalidad y de la explotación, de la persecución y del hambre. El flamenco es un grito desgarrado; es la vindicación de la existencia, como puede ser el blues; es un perpetuo caminar por la sombra, como puede ser el tango.

En 1425 llegaron los gitanos a España, procedentes de la India, después de un largo éxodo por los países europeos. En la península Ibérica, con su arte del engaño, con su nomadismo y con su vida de fortuna, pudieron convivir en paz cosa de medio siglo. Después, como en el resto de Europa, fueron perseguidos por las aberrantes pragmáticas de los reyes, de mayor o menor dureza, que les prohibían explícitamente vivir como gitanos.

De esa represión surgió la queja. Y esa queja desembocó en el cante. A finales del siglo XVIII ya se entonaban tonás y sus derivados (siempre sin acompañamiento instrumental, como hoy en día): martinetes, deblas, livianas, carceleras. (Se ha dicho de la carcelera que “si la desgracia tuviera un himno, ese himno sería la carcelera”)

Como es natural, con estos sones a capela, se hicieron también cantes de labor (trilleras o temporeras), pregones o saetas. Seguidamente surgió la seguiriya, la seguiriya gitana, el cante dramático por antonomasia.

El primer cantaor conocido de la historia, gran seguiriyero, fue Tío Luis de la Juliana, que era aguador en Jerez de la frontera. A él le siguieron el Ciego de la Peña, el Planeta, Manuel Cagancho, Merced la Serneta, el Fillo… Todos de origen gitano.

Pero no nos engañemos. El flamenco es el choque del gitano con el poso musical de Andalucía. Los romances o corridos (castellanos, moriscos o fronterizos), los cantos mozárabes (jarchas, casidas), las tonadas, las seguidillas, los fandangos, los cantos sinagogales… sirvieron de cimientos para edificar el grueso andamio del flamenco.

No es hasta mitad del siglo XIX, sin embargo, cuando empiezan a destacar nombres de cantaores no gitanos. Silverio Franconetti, de padre italiano y madre andaluza, con su “grito terrible”, según Lorca, que “abría el azogue de los espejos”, partió en dos la historia del flamenco (como hoy día ha podido hacerlo Paco de Lucía y Camarón de la isla).

Ya en tiempos de Franconetti existían un puñado de cantes: los básicos (tonás, seguiriyas, soleares y fandangos) y sus derivados (tangos, bulerías, cantiñas o los cantes de levante).

Los primeros cafés-cantantes surgieron, a partir de 1842, en toda Andalucía, levante, Madrid, Barcelona (Silverio regentó uno en Sevilla). De la intimidad y el ‘cuartito’, el flamenco se vistió de largo y se hizo profesional. De un sentimiento familiar, se convirtió en una manifestación popular. Es la llamada edad de oro del flamenco.

En estos cafés, donde se ofrecían comidas y espectáculos, se casan definitivamente el cante, la guitarra y el baile. El café cantante es una escuela donde se forja y se desafían los artistas; donde beben unos de otros, donde se aprende y se crece.

Le preguntaron a Manolito de María, un gitano de Alcalá de Guadaira, que por qué cantaba. Él sencillamente dijo: “porque me acuerdo de lo que he vivido”. (Caballero Bonald hace poco manifestó que “el cantaor no inventa: recuerda”.)

Y es así, se canta la vida, la pena y el sudor, pero también, a veces con ironía, se canta al amor, a la alegría y la fiesta. El pueblo andaluz se ríe de su suerte, de sus duquelas. Sabe sobreponerse al dolor y a veces prefiere los laureles de un día de festejo, que el pan seguro de cada día.

En 1922, otro hito volvió a dar un impulso al flamenco. Este arte andaba denostado por las autoridades y por el pueblo fino. Fue en Granada que se juntaron Manuel de Falla, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Zuloaga y otros cuantos intelectuales para organizar el primer Concurso de cante jondo de la historia y luchar contra este incomprendido antiflamenquismo.

Tres baluartes tildaron este concurso no profesional. En primer lugar, formaba parte del jurado el vastísimo don Antonio Chacón, que tiene en su haber la creación (granaínas, caracoles) o recreación (malagueña) de la mayoría de los cantes como ahora los conocemos. En segundo lugar, cantó fuera de concurso el tremendo Manuel Torre, uno de los nombres imprescindibles del cante. Y, por último, consiguió un premio un chiquillo de trece años llamado Manolo Caracol, una de las dos grandes influencias, junto con Antonio Mairena, de los cantaores y aficionados del cante flamenco de la segunda mitad del siglo veinte.

(Las cuevas del Sacromonte granadino funcionaban a pleno pulmón en aquella época. Una asistente al concurso de cante, conocida como la Argentina, posiblemente la mejor bailaora de España, visitó las cuevas en compañía de Chacón y Ramón Montoya (gran guitarrista, creador de la rondeña que ha marcado la base para las creaciones posteriores). Después de bordar una soleá de Enrique ‘el Mellizo’, de un rincón se levantó una viejecita desarrapada y enteca, que le dijo a los artistas que siguieran por ‘ahí’, que quiere decir que continuarán con el compás por soleares. Todos se quedaron cómicamente extrañados, pero le hicieron caso a la anciana y se arrancaron por Ramón ‘el de Triana’. Fue salir al centro y levantar los brazos esa mujer que, cuenta la crónica, todos se quedaron helados. A su fin, la Argentina se preguntó: “¿y yo bailo? Si trasmitiera al público la mitad de la emoción que siento ahora viendo a esta bailaora...”. Era María Gracia Cortés ‘La Golondrina’. Tenía 79 años)

Un periodo de nublos, gobernado por la Guerra Civil y la dictadura, oscurecieron el flamenco. La ópera flamenca era la única manifestación posible. Muchos cantes pasaron al olvido. Tan sólo los sones aflamencados, la copla y los fandangos estaban de moda. Puede que estos espectáculos hicieran daño al flamenco, pero también fueron el salvavidas que lo mantuvo a flote hasta mejores tiempos.

Fue en 1956 que Córdoba tomó el relevo del 22 organizando el Concurso nacional de arte flamenco (que sigue vigente en nuestros días). A éste le siguieron otros premios en el resto de Andalucía y se prodigaron los tablaos (sucesores de los cafés cantantes) y los festivales flamencos. Festivales que este verano pueden cumplir más de 50 años.

El flamenco se prodiga como nunca. Empieza a haber recitales por toda la Península y entra en las aulas universitarias (Morente, Menese, Gerena); se extiende por todo el mundo hasta que el 11 febrero de 2011, fue considerado por la UNESCO Patrimonio Oral de la Humanidad.

Hogaño son centenares los intérpretes de flamenco en cada una de las tres disciplinas: cante, toque y baile y otros instrumentistas (piano, percusión, flauta, violín). No sólo en España, sino también en el resto del mundo. El flamenco se expande y sigue creciendo como un animal vivo. El flamenco tiene las ventanas abiertas. Desde que nació es mestizo, como decía Manolo Sanlucar. Pero el flamenco nunca olvida su pasado, su origen y su cuna. En cada quejío del cantaor se advierten las palabras que, en la primera mitad del siglo XX, dijera Tía Anica la Piriñaca: “cuando canto a gusto me sabe la boca a sangre”.

* Jorge Fernández Bustos, ponencia dictada en Lorica (Calabria) el 25 de agosto de 2013 (traducido al italiano por Gilda Rogato)

** Ilustración: Cante flamenco en el patio, dibujo de Enrique Simonet (1900)

Martes, 27 de Agosto de 2013 09:23 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Una pequeña historia de amor

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A veces el amor y el odio van de la mano. Éramos una pareja perfecta. Yo la quería de manera enfermiza. Ella me odiaba con todas sus fuerzas.

Miércoles, 28 de Agosto de 2013 20:24 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 5 comentarios.


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