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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2013.

La chicha

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Un chiste antiguo cuenta que en la sopa de la casa del pobre el pollo estaba pintado en el fondo del plato.

Hace tiempo publiqué en este mismo blog Una anécdota sobre la sopa que, conducido por las enseñanzas de Amin Maalouf en León el africano, inserté en Herencia de la cocina andalusí (Fundación Al Ándalus, publicado en el año 2000).

La historieta dice que “el sultán de Granada, el depravado Abu-l-Hasan, reunió una mañana a su séquito en el patio de los Arrayanes para que asistieran al baño de Soraya, Isabel de Solis, a quien eligió a cambio de su esposa Fátima. Una vez acabado el baño, el príncipe invitó a cada uno a beber un tazón pequeño del agua de la que acababa de salir su amada y todos comenzaron a extasiarse y a encumbrar, en prosa y en verso, el maravilloso gusto que había adquirido el líquido que albergaba a la hembra divina. Todos excepto el visir Abu-l-Kasem Venegas que, lejos de inclinarse sobre la piscina permaneció dignamente en su sitio. Actitud que no escapó al sultán que le preguntó la razón. Majestad, contestó Abu-l-Kasem, temo que al probar la salsa me apetezca de pronto la perdiz”.

Hace poco leí, para mi asombro, que redunda en el sentido apócrifo de estos relatos, en La mesa moderna del Doctor Thebussen, un artículo de un cocinero de S.M. Alfonso XII, que refiere: “Cuéntase de Ana Bolena, cuya hermosura á pasado a la historia revuelta con sus desdichas, que un día tuvo el capricho de bañarse en presencia de los caballeros de su córte. Eran cosas del tiempo. Uno de los que la rodeaban, admirado de su sin par belleza, cogió una copa, y llenándola del agua del baño, comenzó á beberla, ofreciéndole un toast a sus amigos por la salud de la linda soberana. Hubo entre los circunstantes quien se negó a beber, é interpelado por los otros sobre su extraña conducta, dijo: Yo quisiera reservarme el tostón”.

El paralelismo de estos modelos, me hace pensar que la anécdota en cuestión es comicidad antigua y que cada cual la arrima a su cuento según propia voluntad para destacar el ingenio de un personaje particular y por ende en la belleza exclusiva de la dama del momento.

* Saliendo del baño, de la Fundación Juan de Avalos.

Lunes, 01 de Julio de 2013 17:13 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Sobre la existencia de Dios

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El mundo está lleno de agnósticos y escépticos, incluso de ateos. No es una moda, como quien piensa que la homosexualidad es eco del momento. Todos los pensadores, en el amplio sentido del término y en todas las épocas, se han pronunciado sobre la existencia divina y sobre si su esencia en realidad es su existencia o viceversa, lo que me hace indicar que cuando el río suena, agua y piedras lleva.

A mediados del pasado siglo, Bertolt Brecht, en las Historias de almanaque, escribía: “Alguien preguntó al señor K. si existía un dios. El señor K. respondió:

—Te aconsejo que medites si tu comportamiento variaría según la respuesta que se diese a esa pregunta. Si permaneciese inalterable, la pregunta sería ociosa. Si, por el contrario, tu conducta variase, en tal caso puedo ayudarte diciendo que tú mismo habrías zanjado la cuestión: Efectivamente, necesitarías ese dios.”

Anteriormente Alfred Jarry, en sus Escritos breves se preguntaba: “—¿Acaso ha visto a Dios? —Si lo hubiera visto desconfiaría”.

“Si Dios no existiese habría que inventarlo”, pensaba Bakunin. Y daba su explicación: “Porque, comprenderéis, es precisa una religión para el pueblo. Es la válvula de seguridad”.

El grupo británico de rock progresivo Jethro Tull, en su álbum Aqualung  (cuarto de su discografía), cantaba: In the beginning Man created Gog; and in the image of Man created he him (Al principio el Hombre creó a Dios a su imagen y semejanza). Ya lo decía Sebastián Rajo: “Si no existe hombre que conciba a Dios, Dios no existe”. Incluso Voltaire, en pleno siglo XVIII, escribía (Le sottissier): Si Dieu nous a fair à son image, nous le lui avons bien rendu (Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, pero el hombre le ha pagado con la misma moneda).

Por su parte, Jordi Virallonga, en Ensayo de conversación con mi hija fregando los platos, afirmaba que “Ha de irte muy bien o muy mal para creer en Dios en esta vida, desde luego”.

* Voltaire en la imagen.

Jueves, 04 de Julio de 2013 12:17 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 7 comentarios.


Corriendo por el puente a mi presencia

Corriendo por el puente a mi presencia
bajo el sol de la tarde y tu sonrisa
te veo en el pretil de la inocencia,
tu pelo alborotado con la brisa.

Destaca sobre todo tu figura,
la esbeltez, la elegancia, tu sonrisa,
preguntando en mi afán si no es locura
lo que por ti siento; no tengo prisa.

Adelanto a llegar hasta la altura
de tu cuerpo ceñido cual violeta,
mi pecado de amor no tiene cura

ni la quiero y me alegra la saeta
que Cupido clavara en mi espesura
haciéndome volar como cometa.

Viernes, 05 de Julio de 2013 17:34 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro No hay comentarios. Comentar.

El abrelatas

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Por las tardes, para atravesar las horas de más calor, mi hijo y yo buscamos una película online y la vemos cómplices en nuestra pantalla de mediano formato. No tenemos preferencia, aunque nuestros intereses se decantan por la historia y el mito o directamente por el humor en sus múltiples épocas y facetas.

El otro día estuvimos viendo Amor en conserva (1949), de los Hermanos Marx, con una jovencísima Marilyn Monroe, que no parece ni ella, luciendo piernas y talento. Una apuesta segura, aunque los números musicales nos aburren un poco. Somos incondicionales de Groucho y las payasadas de Harpo tienen su punto, para mí asaz trasnochado.

No es mi intención desvelar la trama u opinar de la película y su desarrollo; ni siquiera mostrar nuestra interacción con ella o sus diferentes gags. Tan sólo comentaré que todo el filme gira en torno a una lata de sardinas, marcada con la cruz de malta, que contiene un collar de diamantes.

Son varias las conservas de pescado las que se abren en directo. Pero (y aquí radica lo extraordinario) no se destapan con la actual anilla de abrefácil y tampoco con los abrelatas conocidos, por muy primitivos que sean. Nos remontamos posiblemente al primer abridor de la historia que consiste el una llave de alambre rígido con una ranura en medio de su fuste que se introduce en una pestañita de un lateral de la lata, preparado para el efecto, y, dando vueltas sobre sí, dicha tapa se va enrollando destapando consecuentemente el producto. (Creo que se entiende el mecanismo y, los mayores reconocerán conmigo haberlo usado.)

Durante mucho tiempo, entre mis objetos guardados, atesoraba yo una llavecita de este tipo. No con una actitud melancólica o de coleccionista, sino porque alguien, que conocí cuando niño y no recuerdo, tenía una aplanada en los raíles del tranvía y la empleaba como fiel ganzúa para abrir cualquier tipo de cerradura. Mi intención era, cuando pudiera, encaminarme a la estación del ferrocarril y tender mi llave en una de las paralelas a la espera de que un tren la aplanara para hacerla maestra y acceder a cualquier aposento encadenado. Pero la pereza, la falta de ocasión o la poca necesidad de descubrir lo que otros han ocultado, mantuvieron mi alambre tal cual. Mi llave continuó siendo abridor, aunque ya sin lata preparada para abrirse con tal mecanismo, hasta que se perdió definitivamente, sin dejar hueco su ausencia.

Sábado, 06 de Julio de 2013 11:34 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Tranca, la tranca

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Dice la cancioncilla popular: Tranca, la tranca rompió un jarro; / tranca, la tranca lo rompió; / adivina quién te dio / y quién te pegó. Es un juego infantil del año de Maricastaña que consiste en que uno se la queda y amaga en las rodillas de la madre (director del juego), con los ojos ciegos, y los demás niños se sientan enfrente de ellos(1).

Previamente se ha puesto cada uno un nombre secreto de fruta, de color, de animal o de lo que toque. Al final de la estrofa, que cantan todos juntos, la madre designa uno de estos nombres y sigiloso el aludido se levanta para darle un cachete al arrodillado en las haldas, que, dándose la vuelta debe adivinar quién le dio y quién le pegó, mientras los demás miembros del juego, girando el índice levantado, pueden ir cantando: lío, lío / que yo no he sido. Si acierta, el señalado ocupa su puesto; si no, se vuelve a quedar.

El otro día salió a colación este entretenimiento pueril. Recordé a Juan que de pequeño jugaba yo con él, con la salvedad de que yo hacía de madre y demás jugadores, mientras él siempre amagaba.

En vez de nombres de hortalizas o razas de perro, rememoraba con cierta comicidad, ponía nombres de guerreros de la antigüedad o de estrellas. Decía, por ejemplo: qué venga jenízaro, o mirmidón, o lacedemonio… o, por otra parte: Betelgeuse, o Aldebarán.

Lamentablemente mi hijo no recordaba nada de eso.

(1) Ya, en el siglo XIX, Guy de Maupassant habla de este juego de niños. Lo menciona en el cuento Chali, incluido en Les soeurs Rondoli (1884): “Nos lo pasábamos en grande jugando al escondite, al pilladilla y al adivina quién te dio…”.

Lunes, 08 de Julio de 2013 11:44 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

La Alhambra se tragó a Mercé

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Festival de Música y Danza de Granada

Flamenco del milenio

Hubo varias razones para que José Mercé no diera el cien por cien que se esperaba. A saber: el público no era eminentemente flamenco, sino que respondía a esa heterogeneidad media que acude habitualmente a este Festival; su dinámica, por otra parte, pasa por un respeto rayano en una desconsiderada frialdad; quizá, por último, el Patio de los Arrayanes de la Alhambra terminará por fagocitarlo.

A esto se le debe añadir la elección de un repertorio denominado Flamenco puro ‘Jondo’ que, a los no iniciados, les resultaría distante y a los aficionados se nos podría quedar corto.

No obstante, José, llegó dominando. Con su chaqueta roja y su estampa mediática, prometía arrasar. Reconoció que el sitio le imponía, pero que era un privilegio cantar en él. A la guitarra Diego del Morao, heredero directo del compás jerezano, ofrecía seguridad.

Unas correctas malagueñas, donde Chacón dio el punto de partida, sirvieron para templar al artista. No era mal comienzo. La soleá, que se supone que es uno de sus fuertes, estuvo comedido, sin arriesgar, como cumpliendo un compromiso.

Entiendo que hay cantaores, que hay artistas, que se les debe exigir según su altura y la largueza de su sombra. Un flamenco como Mercé no debe dejar rendijas por donde se cuele el aire; bebe romperse con cada tercio y hacer vibrar a la concurrencia.

La única vez que se nos erizó la piel un tanto así, la única vez que amagó el estremecimiento de un placentero pellizco, fue con la seguiriya. También Morao estuvo extraordinario, alternándose con el maestro, dando dos de cal y ninguna de arena.

Parecía que con esta entrega comenzaba el concierto, que Mercé bordaba de molde las letras que lo preceden. Pero fue el canto del cisne. Un quiero y no puedo, una apatía y un jota, caballo y rey determinaron el resto del recital.

La desgana posiblemente respondiera al efecto pescadilla: no terminaba de conectar con el público, ergo la parroquia no comulgaba con ese oficiante.

Los tientos-tangos fueron de mal en peor. Para el remate le faltó compás. No sé por qué llevó a dos palmeros consigo, Mercedes García ‘Merce’ y Manuel Pantoja ‘Chicharro’, si sólo lo arroparon a los postres. En los naturales se defendió acordándose de los grandes. Y para las alegrías ya se unieron los coros con menos eficacia que de costumbre: sus voces no se escuchaban.

Las bulerías, con las que acabó la función, sirvieron para elevar nuevamente el listón. El soniquete de su tierra se impuso como marchamo indiscutible, en el que Diego, dejando hacer, tuvo un papel protagonista.

Como fin de fiestas, un poquito más por bulerías, fuera de micrófono, pusieron la guinda a un pastel artificiosamente edulcorado.

En general, quizá más por la calidad que por la cantidad, el recital quedó cojo. Así que, después de retirarse y con el público yéndose, regresó para cantar post festum su éxito Aire en el que paradójicamente creí adivinar algunos ahogos.

Martes, 09 de Julio de 2013 17:41 volandovengo #. Flamenco Hay 9 comentarios.

Dorantes iluminado

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Festival de Música y Danza de Granada

Sin muros! 

David Peña ‘Dorantes’ es sobre todo un músico. Su nacimiento y experiencia lo forman como flamenco, pero su apertura de miras lo acunan más allá.

Ayer, en el Palacio de Carlos V, quiso presentar Sin muros!, según dicen, su trabajo más personal. Sin muros! es el delta coherente donde desemboca el río que nos lleva desde que en 1996 grabara Orobroy. Es la culminación de una etapa o el comienzo de otra que rezuma precisamente libertad, ausencia de corsé y de paredes.

El pianista sevillano se rodea de una serie de grandes músicos restándose él mismo un protagonismo tentador y creando así el gran combo necesario para ofrecer su propuesta orbital.

Su incursión en el jazz no es tan profunda como la que concede al clásico contemporáneo en los primeros temas en donde expone su oferta. En la guajira Atardecer el contrabajo de Javier Moreno desentona (se recuperará, aunque no determinante, en los temas sucesivos). La percusión de Javi Rubial se hace tan necesaria como memorable un poco más adelante.

Otro par de temas, Ante el espejo y Errante, para declarar, corto de palabras, no de sentimiento, que dedica el concierto a Enrique Morente y que nos tiene preparada la sorpresa de contar entre sus filas con Marina Heredia, que hará una fabulosa presentación por granaína y media.

Arcángel toma el relevo de la granadina, interpretando Aliento, una seguiriya rica en melodía y con un obstinato a compás digno de elogio.
A partir de aquí, con el sexteto en pleno, se alternarán Marina, con las alegrías Caracola y el onubense con un romance. Un aplauso aparte merecen los músicos, Ricardo Moreno a la guitarra acústica, Faikal Kourrich al violín y sobre todo Marcelo Mercadante al bandoneón, dimensionando toda la obra con sonidos porteños y orientales.

Las bulerías 4 Leguas de amor nos precipitan a un final claramente reconocido con el respetable por derecho aplaudiendo de pie.

Como bis casi obligado, Dorantes interpretó su Orobroy, preñándolo en su mitad con una gavilla de fandangos dichos en alternancia por los dos cantaores. Una delicia.

* Un momento del espectáculo (foto expoliada de la edición digital de Ideal firmada por González Molero).

Miércoles, 10 de Julio de 2013 17:11 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Con Saura llegó la luz

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Festival de Música y Danza de Granada

Flamenco hoy de Carlos Saura

Tratándose de Carlos Saura, asistimos a un largometraje. Más de dos horas de función, con su intermedio en el ecuador y unos asientos que se iban trocando en piedra a medida que pasaban los minutos, merman cualquier atisbo de buena voluntad.

Destacamos el juego de luces (Paco Belda y Joaquín Osuna); el aprovechamiento del espacio (Laura Martínez) que, con cuatro grandes bastidores y cuatro espejos, dinamizan la escena con decenas de ambientes; y el vestuario (Antonio Alvarado), más de las chicas que de los chicos, que agrada el conjunto y da versatilidad a ese diseño lumínico. Destacamos sobre todo el armazón musical creado por Chano Domínguez y Antonio Rey, guitarrista sin fisuras del espectáculo, ganador del Premio Nacional de Guitarra en sus tres categorías; la genérica plasticidad coreográfica de Rafael Estévez y Valeriano Paños, dos de los bailaores actuales que más tienen que decir; y la propuesta escénica y primera obra en vivo dirigida por el cineasta español.

Sin argumento reconocible y un afán por mostrarlo ‘todo’ y homenajear al flamenco a través de sus grandes figuras y momentos, se nos presenta una obra sin duda bella pero sobrecargada de intención. Nada menos que diecisiete momentos (a veces subdivididos en varias escenas) constelan la función.

Citando no más a los bailarines de buen nivel: Ana Morales y Rosana Romero, como solistas (además de los coreógrafos aludidos), y como elenco: Carmen Manzanera, Sara Jiménez, Macarena López, Andoitz Ruibal, Oscar Manhenzane, Daniel Morillo, Jesús Perona; a los músicos de altura Javier Galiana (piano), Ernesto Aurignac (saxofón/flauta), Martín Meléndez (bajo/chelo), José Córdoba (percusión); y a los meridianos cantaores: Sandra Carrasco, Blas Córdoba, Israel Fernández; se nos iría un artículo que pretende no ser demasiado ancho.

Así, no desgranaré todo el programa, sino, permitidme,  que dé sólo unas pinceladas. Después de una breve presentación, Sandra Carrasco interpreta unas nanas, Hágase la luz, con una voz tan hermosa y sentida que puede le traicionara en otras entregas (Piensa en mí).

Al mejor Paños lo veremos en la farruca, como al mejor Estévez lo veremos en la zambra caracolera casi a los postres.

La propuesta por sevillanas y su comparación entre las bíblicas de Alosno, con su lentitud acentuada, y las corraleras de Lebrija, con su comicidad vertiginosa. Quizá, la parsimonia de las primeras, hizo alargar innecesariamente una escena que llegará a apuntarse un poco más tarde.

La Danza de los ojos verdes y el Fandango de Bocherini, donde se da paso a la escuela bolera y al clásico español, quizá fueran las piezas más cansinas, aparte del piano de Galiana y las humoradas de Rafael.

La guajira de Ana Morales fue una gozada de sensibilidad y estilo.

En la segunda parte, más deslavazada, tiene lugar hasta el pasodoble. Las bulerías divididas en cuatro (tierra, aire, fuego y agua) también son dignas de mención. La luz, el estilo y la sal de los actuantes (Estévez, Morales, Paños, Romero) ofrecen parte de los mejores minutos.
Aplaudo, como los dos días pasados, la entrega por seguiriyas y la novedosa y eficaz soleá blues masticada gozosamente por el piano, saxo, bajo eléctrico y escobillas de jazz.

Termina el espectáculo por cantiñas. Unas alegrías que vindican más que nunca su hermandad con el pueblo zaragozano, visiblemente en sus letras, y que terminan, para mayor abundamiento, en una jota aragonesa, o sea, en una jota gaditana.

* Uno de los carteles anunciadores de Flamenco hoy de Carlos Saura.

Jueves, 11 de Julio de 2013 19:11 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

El baile denuncia de Israel Galván

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Festival de Música y Danza de Granada

Lo Real/Le Réel/The Real

A ver cómo lo cuento. Israel Galván no es el único bailaor que abandera la vanguardia del baile flamenco. Ni siquiera es el primero. Lo han precedido Vicente Escudero o Mario Maya, por citar sólo a dos de sus referentes. Pero sí encontramos en Israel una coherencia en sus extremos, otra vuelta de tuerca cuando parece que los pernos están apretados, un trasfondo canastero en tanta avanzadilla, un compás de excelencia en todo el conjunto.

Israel, desde el principio, ha hecho gala de su rebeldía. Obras como El final de este estado de cosas, y su depuración, apellidada redux, basadas en los textos del Apocalipsis, encumbran, no sólo su trasgresión, sino también su compromiso.

En octubre de 2012, se inauguró en Berlín un monumento en memoria de los gitanos víctimas del Holocausto. Según fuentes oficiales, unos 500.000 gitanos de Europa fueron asesinados durante el Tercer Reich por ser racialmente inferiores, como los judíos, los homosexuales, los testigos de Jehová y los comunistas.

El bailaor sevillano recoge el testigo de esta memoria histórica y nos ofrece una obra de poco más de cien minutos donde se mete en la piel de uno de estos gitanos en un campo de exterminio para darnos su especial visión de este suceso.

Como si se tratara de un documental, la función está dividida en partes, que se anuncian conceptualmente en paneles que se alzan al efecto. Así, después de un preámbulo (Se corta el aire), donde vemos todo el escenario lleno de ‘herramientas’ y su esqueleto, es decir, sin bambalinas que oculten el foro, comienza la primera parte: Un hombre, de los muertos crecen flores.

Con el flamenco, en forma de granaínas, malagueñas y verdiales (David Lagos), comienzan el relato. Pero es un flamenco desgarrado, lleno de silencios y estridencias. Como tónica general, la música será interrumpida por miles de ruidos y la impertinencia de instrumentos ajenos. A la guitarra Juan Gómez ‘Chicuelo’ armoniza el conjunto.

Galván es un hombre solo que no entiende nada, que se interroga a sí mismo y a los objetos con que interactúa. A pecho descubierto y con tirantes (a veces descalzo) lanza su discurso epiléptico, lleno de poses y de movimientos imposibles, pero con un compás y un trasfondo de flamencura reconocibles. Un piano desvencijado, al que arrastra y golpea, puede ser la imagen de la burguesía, del fascismo, de su impotencia.

Tomás de Perrate canta en caló, parece, una tona, antes de dar paso a Belén Maya, una mujer: el cielo tiembla y se cae. Con ritmo de tangos la bailaora remeda al bailaor. No se luce, sin embargo. La interpretación exagerada merma su eficacia. (En unas cajas de tablas de madera se proyecta al tiempo el vídeo Canta Gitano (1982), de Tony Gatlif, donde actúa Mario Maya.)

Con soleá y bulerías llega el intermedio, protagonizado por Isabel Bayón: Carmen, la chinche y la pulga. Sus maneras irónicas arrancan sonrisas. Su baile es más lucido y provocador. Hasta canta un poco.

Una gitana entrada en carnes sale a escena y, con las manos, mantiene el mismo lenguaje que sus predecesores. También entona el anuncio de Neoclor por tanguillos. El cuadro de músicos continuará esta cantinela y después el anuncio de Cucal: hay que dejar todo limpio y acabar con las cucarachas.

Unas bulerías nos precipitan al final. La muerte es un maestro bienvenido. El escenario va mudándose con diversos objetos (maderas, columnas y rejillas metálicas…), que sirven para dimensionar los pies de Israel.

Gran protagonismo tienen el resto de actuantes: Juan Jiménez Alba al saxofón, Alejandro Rojas Marcos al piano, Antonio Moreno a la percusión, Eloísa Cantón al violín, Bobote a los jaleos y palmas, Pablo Pujol y Pepe Barea, actores, pero sería interminable una crónica que podía haber contado de mil formas diferentes.

Como fin inesperado, los tablones que han servido para anunciar las partes del drama, se levantan, ocultando el escenario, pero dando la impresión que los cautivos somos los espectadores.

Viernes, 12 de Julio de 2013 19:03 volandovengo #. Flamenco Hay 5 comentarios.

Paco, el número uno

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Festival de Música y Danza de Granada

Paco de Lucía

Lo más fácil y lo más difícil es hablar de Paco. Posiblemente el mejor tocaor de todos los tiempos cerró el Festival de Música y Danza. Con todas las entradas vendidas aproximadamente a la hora de abrir la taquilla y alcanzar en la reventa precios espectaculares, Paco vuelve a Granada con un octeto para dar una visual sobre parte de su trabajo.

La interpretación del algecireño es magistral, como no podía ser menos. Sus manos son de oro; su limpieza admirable; y el soniquete que descansa en su mano derecha admirable. Pero dejadme destacar su labor compositiva. Paco ha marcado un antes y un después en la guitarra flamenca. Sus incursiones, en cualquiera que sea la pieza, son obras de filigrana y entran por la puerta grande a formar parte indiscutible de la memoria clásica del flamenco.

El viernes, 12 de julio, se agolpaba casi el mismo número de espectadores en el Teatro del Generalife como por sus alrededores. El derroche de decibelios hacía que el concierto se oyera nítidamente a varios kilómetros a la redonda.

El maestro suele cambiar de agrupación, manteniendo algunos de sus circunstantes durante varias temporadas. Es como si quisiera dar oportunidad a claras promesas de caminar a su lado o de disfrutar en directo del arte y el pellizco de los demás (esto mismo le ocurría a Morente).

Algunas constantes sin embargo adjetivan esta elección, como la inclinación camaroniana en las voces, la incorporación de instrumentos en principio distanciados de los esquemas flamencos o el baile de arrebato en su parte plástica.

Así, el baile del Farru, otras veces de desbocado lucimiento, hogaño, a las órdenes del de Lucía y finalizando algunos de sus temas es eficaz y agradecido. El resto de los músicos están en su sitio y alcanzan el nivel requerido con tan buen rey. Destaco la percusión de El Piraña y el bajo de Alain Pérez, con solos memorables. Pero sobre todo aplaudo la espectacular armónica de Antonio Serrano Dalmas, que rellena el espacio y casa de una manera especial con el flamenco y el ambiente exigido.

Antonio Sánchez Palomo, como segunda guitarra, es reconocible y preciso en los diálogos que entabla con la sonanta del jefe. Los cantaores, por último (David de Jacoba y Antonio Flores Cortés), con sus voces rajadas y algún que otro altibajo en su entrega, dulcifican y popularizan tangos y bulerías, que es lo que primó en el recital.

Con todo y con eso, dejadme que prefiera la guitarra desnuda de Paco de Lucía. Oportunidad que sólo tuvimos con la rondeña del principio y con la introducción de la Canción de amor, sólo constelada con la percusión y con algunas notas en el aire de un sintetizador arrancadas por Serrano Dalmas. Esta ‘balada flamenca’, que introduce la bulería Volar y apuntes de Luna que habita en los mares, forma parte del disco Zyryab de 1990 que, junto con Cositas Buenas (2004), jalonan genéricamente este concierto.

Con estas remezclas y guiños (hay piezas que agrupan tres o cuatro formas distintas, bulerías, seguiriyas y tangos, por ejemplo), se desarrolló un recital eminentemente festero.

Fuera de programa y después de una generosa introducción a la caja, la banda nos regala Entre dos aguas la rumba con la que comenzó todo.

Dentro de la excelencia y el respeto, quizá eché de menos, repito, escuchar algo más la guitarra solitaria del maestro y algún que otro toque más ‘profundo’ como una soleá, una taranta o unos tientos.

Domingo, 14 de Julio de 2013 12:41 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Diabolus est Deus

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Dios es amor, pero en la espalda guarda un látigo. Dios es permisivo y benevolente, pero también es justiciero y cruel. Es nuestro padre bondadoso. Es nuestro padre severo.

Todo cabe en su persona. Es el bien y es el mal (quizá más allá de los conceptos). Brilla en el paraíso y desborda las tinieblas con su sombra, que, como la del ciprés, es alargada.

Dios es inteligente en su unicidad, que astutamente se torna en multitud.

Dios es géminis. Tiene dos caras como la luna. Nos mira con su luz, pero se precipita con el ángel caído con su faz de negrura.

Dios necesita nuestra bondad, pero necesita también nuestro pecado, pues necesita a su vez perdonar, al igual que sonreírnos con promesas y albricias. Bataille decía que es blasfemando como el hombre se convierte en Dios. ¿Dios somos todos? ¿Dios está en nuestro interior como está el diablo? ¿O el demonio es Dios?

En Los monederos falsos, André Gide escribía: “El diablo y Dios son uno solo; se entienden. Nos empeñamos en creer que todo lo malo que hay en la Tierra viene del diablo; pero es porque, de otra forma, jamás encontraríamos en nosotros mismos la fuerza necesaria para perdonar a Dios. Se divierte con nosotros como un gato con el ratón que atormenta... Y, encima, nos exige que le estemos agradecidos”.

Y Saramago, en Caín, explica que “Lo más seguro es que Satán no sea nada más que un instrumento del señor, el encargado de llevar a cabo los trabajos sucios que dios no puede firmar con su nombre”.

Ya hablé en otro momento del infierno. Creo que apuntaba la frase de Georges Bataille entresacada del prefacio a Madame Edwarda a este respecto: “El infierno es la idea amortiguada que Dios nos da involuntariamente de sí mismo”.

O quizá no sea más que lo que pensaba Salvador Dalí: “No sabes que no existe el diablo, es dios cuando está borracho”.

Martes, 16 de Julio de 2013 12:48 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Superlativísmo

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Leo en El sueño del celta, de Vargas Llosa, novela carente de la magia de sus historias tropicales (Lituma en los Andes, La casa verde o Pantaleón y las visitadoras), la expresión “muchísimo más después”, lo que en un Nóbel de Literatura (2010) me choca un tanto.

Ignoro si esas fórmulas de extender el superlativo son válidas, o sea si están o no admitidas (él sabrá que es académico de número). Quizá en su habla local sea común o se haya dejado llevar por las nuevas corrientes de que todo es super o es mega, si no las dos cosas (supermegadivertido).

En julio de 2007, en este mismo blog, en un artículo llamado Mi más sincero agradecimiento ya denuncié el abuso de esta redundancia innecesaria, pero es hasta ahora que no me lo encuentro en la pluma de una autoridad mediática. No sé, no obstante, si en realidad este desliz es intencionado, como el claro loísmo o la repetición machacona de alguna palabra. La cuestión es que estas manchas pasan a ser faltas en un texto, tanto más graves cuanto más ancho sea el nombre del que las comete.

Es igual que cuando leemos en un cartel de la calle: “Se ofrece persona muy responsable…”. La responsabilidad es una y completa. El ‘muy’ sobra. Aunque quien ha fijado ese aviso en la marquesina de un autobús, por razones evidentes está excusado.

En general no deben tener superlativo las palabras que ya expresen los extremos. El universo no puede ser muy infinito, ni Dios bastante eterno…

Jueves, 18 de Julio de 2013 10:56 volandovengo #. Denuncia No hay comentarios. Comentar.

Sobre la responsabilidad de los sueños

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Nunca me han interesado sobremanera los sueños, ese producto del subconsciente alimentado con nuestros más recientes fantasmas, aconteceres y circunstantes. Llama la atención, no obstante, y, supongo, que en el momento que tuve que elegir intereses, éste no fue señalado.

Reconozco, sin embargo que estoy en débito con los sueños. A veces me han dado argumentos para escribir o para fantasear. A veces he distinguido entre sus entretelas el amor perdido, la solución a mis problemas, la luz en la penumbra que me envuelve.

También podíamos hablar de uno de mis deportes favoritos que se concreta en soñar despierto, pero eso es otra historia.

Silvio Rodríguez cantaba en una famosa composición que soñaba con serpientes. Alguien dijo, o leí en no sé dónde, que soñar con reptiles es símbolo de homosexualidad. No supe qué pensar.

Hay quien le da gran importancia a este mundo onírico e incluso lo concibe como premonitorio. Hay muchos psicoanalistas, filósofos y pensadores en general que han escrito sobre la interpretación de los sueños. Pero, repito, su entendimiento escapa a mis inquietudes.

Sé, sabía desde hace tiempo, que los vuduistas se consideraban responsables de sus sueños, viviendo así ‘conscientemente’ las veinticuatro horas del día. Y en algún momento supe sobre la comunión de los sueños. Gemelos que sueñan lo mismo, destinos que se encuentran soñando, etcétera.

Pero lo más fuerte quizá sea la creencia en tiempos de Torquemada y compañía de la acusación por ‘delinquir’ en los sueños ajenos.

En el siglo XV y siguientes, como material inquisitorial, se usaba el Malleus Maleficarum (El Martillo de las Brujas), de Heinrich Institor y Jakob Sprenger, publicado en Alemania en 1486. este libro, además de dar un informe detallado de cómo se podían identificar, acusar, procesar, torturar, declarar culpables y sentenciar a las brujas, nos advertía de que “¡sois responsables de lo que hacéis en los sueños de otros!”.

Cuenta Marvin Harris, en Vacas, cerdos, guerras y brujas, que por esta ‘responsabilidad’ tuvieron que morir 500.000 personas: “por crímenes cometidos en los sueños de otras personas”. Lo que le da pie para arremeter contra los alienados defensores de la contracultura:

“Sostengo, concluye Harris, que es totalmente imposible subvertir el conocimiento objetivo sin subvertir la base de los juicios morales. Si no podemos saber con certeza razonable quién hizo qué cosa, cuándo y dónde, no podemos esperar proporcionar una descripción moral de nosotros mismos. Si no somos capaces de distinguir entre el criminal y la víctima, el rico y el pobre, el explotador y el explotado debemos defender la suspensión total de los juicios morales, o adoptar la posición inquisitorial y considerar responsable a la gente de lo que hace en los sueños de los demás”.

El sueño de la razón produce monstruos, grabado de la serie Los Caprichos de Goya.

Sábado, 20 de Julio de 2013 09:51 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 1 comentario.

Una de fantasmas

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Sandra Martínez de la Torre, la de zapaterías Martínez, dijo que iba a subir al desván a buscar un cordel para anudar este fardo.

—¿Un fardo de qué?

—No sé. Un paquete. Algunos productos de la granja que le mandaría a su novio.

—¿No me digas que tiene novio?

—Pues sí, de antiguo. Andresito, Andrés, el de la taberna, que se ha ido de guardiacivil a Bilbao.

—Pobrecito.

—No se crea. Cobra un plus por servir en el norte.

—Incluso así.

 

Sandra era una chica espigada, que todas las faldas le venían cortas. Tuvo problemas con don Anselmo Avellaneda, que venía de Extremadura, y quería que a las mujeres no enseñasen las rodillas en la parroquia. Ahora para la boda…

—¿Es que se casa?

—Con Andresito. ¿No te digo? Ya tienen fecha y todo. Será para san Juan.

—La noche más corta.

—Andresito siempre fue precoz.

—Hasta en eso.

 

Yo le dije que la acompañaba. No sólo para verle las piernas, populares aún, antes de que se apareara definitivo, sino porque la noche anterior habíamos intercambiado algunas noticias de miedo, no vaya a ser que se tropezara en lo oscuro con algún aparecido.

—Buena estrategia.

—No sé si es buena, pero así me evadía un rato de la cocina.

—Ya. El fastidio de los cacharros y de la comida.

—No; más bien para dejar solos a Luis, que ponía inyecciones, y a Luisa, que en lo íntimo empiezan a hablarse.

—¡Dios los cría…!

 

Los padres de Luis tienen una carnicería con fama en productos manufacturados, donde amasan las hamburguesas con tres tipos de carne. Ella entró a cubrir una baja por embarazo. La chica de antes, la que sufría de reuma, estuvo mucho intentándolo y por fin… Luisa, de tanto visitar al practicante, terminó el practicante visitándola a ella.

—Lo que suele pasar.

—Pues eso.

 

Luis se fijó en Luisa nada más verla. Luisa, me consta, tardó algún tiempo más en fijarse en Luis. El caso es que se entienden y entre hamburguesa y hamburguesa…

—¡Un perrito!

—Pero qué bestia es usted.

—Usted perdone, me lo ha dado hecho.

—Bueno, continúo.

 

La noche anterior, la de las brujas, los novios habían discutido. Y hoy eran todo caras mohínas e indirectas de esas que pican.

—Las conozco. Pero hacen más daño al que las lanza que al que las recibe.

—¡Cómo lo sabe!

 

Había que dejarlos solos que se sincerasen y lo que fuere fuera siendo. Así que subí detrás de las piernas de Sandra y de camino buscaría yo también algo.

—¿Algo como qué?

—Qué se yo. Un trapo, un libro, alguna antigüedad…

—Sí, algo indefinido.

—Eso le digo.

 

Ella encontró la cuerda rápidamente y dijo de bajar enseguida. Le dije que esperase, que yo también quería coger algo y que así le dábamos tiempo a los luises a que hicieran las paces. Quise hacerla cómplice.

—Es lo mejor en estos casos.

—Así lo pensé.

 

En el fondo encontré algo que podía serme de utilidad o servir para distraerme durante algún tiempo. Interesante de cualquier forma. Un atadijo de vetustas postales se esquinaba al lado de la gran luna enmarcada. Fui a agacharme para asirlas y en el espejo vi reflejada la imagen de un ser grotesco que me sonreía.

—¿Un fantasma?

—Eso pienso. Pero no me interrumpa más que no acabamos.

—Usted perdone.

 

Era grandote y medio calvo. La chaqueta de cuadros, abrochada nada más que de una botonadura, le quedaba estrechísima y los pantalones, de un amarillo pálido, dejaban ver sus calcetines verdosos alzados como con agujetas y sus zapatones de payaso. Di un salto y corrí hacia Sandra Martínez que me esperaba en la boca de la escalera arrollando su cordón ya desanudado.

—Qué susto, oye.

—Ni que lo digas.

 

Yo, el valiente, que no creía en apariciones ni en cuestiones extracorporales, de pronto veo a un clon que se ríe reflejado en una lámina. Al otro lado nada.

—Espeluznante.

—Calla, que sigo.

 

Y, cuando me vuelvo con el corazón encogido para alcanzar a la bella y el calvero de luz que me volviera el aliento, en vez de Sandra veo al caricato del azogue con flores ajadas en la mano en vez de la cuerda recogida.

—¿Y qué hiciste?

—Me quedé helado.

—Normal.

 

Miré otra vez atrás y después otra vez a Sandra, que esta vez sí era la Sandra Martínez de la Torre que todos conocemos, que me preguntó que qué me pasaba, aunque yo no podía articular palabra. Después me quiso dar la mano para bajar al menos el primer tramo de peldaños, hasta el descansillo, y se la rechacé con las ganas que tenía yo de un contacto físico con la casadera desde que llegamos a la granja.

—¿Y su novio?

—Está muy lejos. Además, aún no están casados.

—Hasta san Juan.

—Hasta san Juan.

Lunes, 22 de Julio de 2013 12:07 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 2 comentarios.

Alegraos por mí

Alegraos por mí:
he perdido mi gran amor;
ya no tengo cadenas.

* A la manera de Aretino.

Jueves, 25 de Julio de 2013 01:05 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 3 comentarios.

La redonda hombría de Rafael Campallo

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XV Muestra de flamenco. Los Veranos del Corral

Siempre es una apuesta segura atender el baile de algunos artistas. Rafael sorprende a cada paso con un baile personal, lleno de guiños y de una comicidad digna de agradecer, que hace de los espectadores verdaderos cómplices de su propuesta. 

Familiarmente arropado por un preciso Jeromo Segura al cante (con una soleá antológica), por su hermano Juan Campallo a la guitarra (exclusiva rondeña) y por la percusión de José Carrasco.

Si a esto le sumamos el marco perfecto, en cuanto a belleza, temperatura y dimensiones; un perfecto sonido; y un juego de luces muy cuidado (aunque no terminan de convencerme los fundidos totales al final de las piezas); tenemos los ingredientes perfectos para disfrutar de la velada.

En realidad, salvo contadas excepciones, las quince muestras de flamenco del Corral del Carbón que ahora celebramos han contado con estas características haciendo de este ciclo uno de los mejores festivales de flamenco joven de la nación.

Rafael, al que pudimos ver este lunes pasado inaugurando la Muestra, goza de un baile eminentemente masculino, pero lleno de redondeces y de un braceo que lo aleja gratamente del puro macho y del baile de arrebato de gusto exhibicionista.

El bailaor sevillano comenzó bailando por malagueñas para, después de la rondeña aludida, abordar unos tarantos con un tempo muy relajado hasta mascar de vez en vez el puro silencio. Esta incursión por levante culminó, como suele suceder, por tangos, donde el protagonista roneó a placer con la gracia que lo tilda.

Acaba la entrega del cuadro hispalense por alegrías precedidas por una generosa entrega a la caja. Si acaso faltara soltura y dominio, Campallo por Cádiz, termino por desatarse arrancando los minutos de aplausos que sin duda merecía.

Viernes, 26 de Julio de 2013 12:14 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El flamenco prendido de Eiko

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XV Muestra de flamenco. Los Veranos del Corral

Eiko Takahashi es como si ya fuera de aquí. Sus treinta años de continua visita, empapándose del todo lo que huela a flamenco (cuanto más de raíz mejor) y codeándose continuamente con los granadinos lo avala.

No es primicia ni descubrimiento alguno que el flamenco cautivó Japón. Es posible que en Tokio existan más academias de baile que aquí; amen de tablaos, salas de fiesta, publicaciones especializadas… Con ese poder de mimetismo, los japoneses abrazan nuestro arte y lo reproducen con pasmosa exactitud.

¿Objeciones? Sí, puede haber muchas, como también hay sorpresivos aplausos. Basta con mirar el plantel de bailaores o tocaores nipones que están afincados en España.

El flamenco para Eiko comenzó aprendido; después, como alma inquieta y pasional, fue aprehendido; para terminar, el miércoles pasado pudimos verlo en el Corral del Carbón, el flamenco ha prendido en el saber y el trasmitir de esta gitana oriental.

Sus miradas recorren todo el panorama del baile flamenco durante medio siglo. Su propuesta es clásica y respetuosa. A veces demasiado marcial y encorsetada; otras, tan libre como los pájaros. La técnica y el remedo la invaden en un comienzo, pero nos descubre a los postres una capacidad de improvisación inesperada. Su necesidad de contar es vital; su trabajo, evidente; su entrega, verdadera.

Con sus sesenta años ya cumplidos, Eiko ha sabido dar y recibir, respetar y agradecer, escuchar y gobernar. Se rodea de un cuadro contundente. La seguridad de la guitarra de Marcos ‘Palometas’, que a veces rellena el espacio como si fuera dos; la voz rotunda y segura de Manuel Heredia; y la prodigiosa de Sergio Gómez ‘El Colorao’ (encomiable por levante); y las palmas y jaleos de Mati Gómez (lástima que no cantara, aunque para el fin de fiestas se dio una graciosa pataílla por bulerías).

Dos bailes conforman un trabajo de encaje. Dos bailes que se desglosan como el jardín de Borges para mostrarnos su globalidad. Así, comienza por malagueñas, que encierran tangos de Triana y del Piyayo, y sabores de farruca, para desembocar por rumbas y por fiesta. Tanto el baile, como el vestuario y la expresión del rostro son muy cuidados. A veces, en algunos movimientos o vuelos de manos, trasciende el alma oriental y la delicadeza de quien contempla una flor sin arrancarla de su tallo.

Después de los tarantos de Sergio y de unas bulerías de Utrera de Manuel, en las que se acuerda de Perrate y de Fernanda, vuelve la bailaora a repartir emoción con una soleá de Triana, unas cantiñas y unas bulerías de Cádiz en una misma pieza, posiblemente un poco largas, quizá un cante de cisne agradecido.

* Foto de Naemi Utea©.

Domingo, 28 de Julio de 2013 18:43 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Mosquitos

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Tengo una condición insolidaria que no me importa confesar y es que no me pican habitualmente los mosquitos hembras que dicen son las que pican sobre todo si hay alguien a mi lado a quien picar puede ser que mi sangre no le agrade puede que me corra más acre por las venas de la que a ellos gusta rellenar sus estómagos para dar pie a algunas fantasías futuristas si es que le gustase la sangre ‘dulce’ o de cualquier otra tipología puede quizá que tenga la piel dura y desistan de horadar un terruño que se les resiste prefiriendo en su caso a mi vecino de epidermis más transparente en cambio sí hurgan en los cueros de las bestias por comparación o deducción harto más recias que la mía aunque en mi defensa si acaso se puede considerar que a los cuadrúpedos se les adhieren a las mataduras sobre todo quiero pensar en fin que me pican como a todo cristiano pero que no suele empozoñárseme el arete de su tino ni hay espacio para la rojez ni para rascar la roncha aunque alguna vez sí he notado la hinchazón la moradura más extensa cuanto más le aplicaba las uñas o quizá la mordedura de una mosca con saña o el aguijón de una avispa que he corrido a untarlo con tierra y vinagre para cuando se secara el barrillo estar como nuevo o sea primero paz y después gloria como en mi comunión que toda la chiquillería corrimos a lapidar avisperos y todos se retiraron raudos cuando alguno acertó en la diana menos yo con mi traje de marinero recuerdo aún el calor de la tirantez de su tejido blancoyazul con su cruz dorada colgando de un cordón como de leontina en vez de un silbato de viejo lobo que llame a la niebla y hable con gaviotas estilizadas y parlanchinas y me picaron antes de decir amen y volví creo que no llorando pero prometiendo que en la próxima vida al menos en mi segunda comunión correría como el que más o en otra ocasión cuando a solas emprendía caminatas dominicales que me compré una sandía pequeña que pesaba como la más grande en el pueblo donde paró el autobús con mi moreno de sierra y mis vaqueros excesivamente cortos más pronto que tarde se me hincó una avispa a la que perdoné de inmediato como el de Asis y corrí a embarrarme el punto del brazo infecto y al rato nada pensando en mi inmunidad y en la flaca defensa del insecto rayado que si fuera una abeja habría dado su vida por nada como los suicidas cegados por la promesa de un paraíso incierto mucho más veneno en mis carnes no recuerdo aunque sí en mi corazón bastantes sin embargo en mi partenaire o en mis circunstantes como por ejemplo caminando el Cabo de Gata con ocho o diez y el anuncio de plaga de mosquitos del que tomamos precauciones con pomadas y repelentes varios que acribillaron a todos unos más que a otros menos a mí que vergonzosamente acabé ileso y comiendo erizos con precaución no más recordando algunas lecturas de Lampedusa o una escapada a las Cícladas donde descubrí en sus mares el color azul que creía conocerlo de siempre y me vino a la memoria todo el Homero y el Durrel de Corfú donde cuando con Henry Miller tomaban el sol desnudos en sus orillas

* Mar Egeo.

Martes, 30 de Julio de 2013 10:18 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Empalamiento

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Quiero advertir antes de empezar, nunca ha pasado, que por la crudeza del texto que a continuación refiero, se abstengan de leerlo personas sensibles, empáticas o propensas a las lágrimas por el sufrir ajeno. Si el hombre se aleja rotundamente de los otros seres animados es por su capacidad de infligir daño gratuito a sus semejantes, desproporcionando la pena al delito, a no ser que el delito se pague con el ‘deleite’ de ser contemplado mientras se entrega el alma.

Leo en los Diálogos de Pietro de Aretino: Y clavándose encima, se agitaban como reos en los palos turdescos. Cita que viene acompañada con su llamada a pie de página, donde el traductor Joaquín López Barbadillo ofrece extensa explicación, en un facsímil de su edición de 1914, en la que expresa que “pocos suplicios pueden concebirse que igualen en horror a éste de la pena del palo. Tiéndese a la víctima en el suelo boca abajo y, para que no pueda valerse y resistir, se la aprisiona adaptándole al tronco la albarda de un burro. Luego, a golpes de mazo, le va el verdugo metiendo lentamente por el ano un palo que tiene la punta embotada, de modo que comprima y separe los órganos sin desgarrarlos; cuando ya ha entrado en el cuerpo cosa de media vara, se alza la roma lanza de madera, y se clava en tierra”.

“Así queda el reo, prosigue Barbadillo, abandonado en el campo, bajo el sol. Su propio peso le va ahondando la fuerte vara en las entrañas, y al fin muere. Casos se han dado de resistir tres días un hombre el atroz sufrimiento, mientras el organismo, terriblemente sacudido por el dolor, se va espetando, espetando en la pértiga, hasta que al cabo le sale ella por la espalda o por el vientre o por lo alto del pecho”.

Me viene a la memoria, como no, Vlad Draculea o Vlad Tepes, conocido como ‘el Empalador’, príncipe de Valaquia (hoy, sur de Rumanía), en el que se inspiró el irlandés Bram Stoker para escribir Drácula (1897). Se supone que Vlad III condenó de 40.000 a 100.000 personas, a veces tan sólo por el pecado de ser pobre o gitano, a morir por empalamiento o a través de otros métodos de tortura de semejante exquisitez (la amputación de miembros, nariz y orejas, la extracción de ojos con ganchos, el estrangulamiento, la hoguera, la castración, el desollamiento, la exposición a los elementos o a fieras salvajes, la parrilla y la lenta destrucción de pechos y genitales), durante los siete años que duró su reinado. De hecho, nos recuerda Stephen King en El umbral de la noche que, La novela (Drácula) también narra el empalamiento —la penetración ritual, se podría decir— de una joven y bella vampira, y el asesinato de un bebé y su madre. Puesto que la penetración de la estaca puede realizarse por un costado, por el recto, la boca o por la vagina, siendo a veces el empalamiento doble.

Su origen puede remontarse a la antigua Asiria. Aunque no se documenta hasta que el rey persa Darío I lo utilizara como método de ejecución entre los siglos VI y V antes de nuestra era. Así llegó a matar a 3.000 habitantes de Babilonia. Robert Graves, en El conde Belisario, cuenta que este emperador le preguntó a Aigan cuál era la muerte más ignominiosa que podía infligirse a un huno, y Aigan repuso «la muerte por empalamiento».  

Cervantes, se hace eco de esta práctica en la primera parte del Quijote (“cada día ahorcaba al suyo, empalaba a este, desorejaba a aquel”) y en Los Baños de Argel (“a empalar le sentenció”). 

El Diccionario de la Real Academia hace una gracieta comparativa, quizá fuera de tono. Define el verbo ‘empalar’ como "espetar a alguien en un palo como se espeta un ave en el asador".

Así que acudo al Diccionario del diablo de Ambrose Bierce, siempre más fiable en estas cuestiones, y nos dice largamente que "empalar es, propiamente, dar muerte introduciendo en el cuerpo de la víctima, que está sentada, una estaca recta y puntiaguda. Era una forma común de castigo en muchas naciones de la antigüedad, y sigue estando en boga en China y otras partes de Asia. Hasta comienzos del siglo XV fue extensamente empleada para catequizar a herejes y cismáticos. Wolecraft la llama el “banquillo del arrepentimiento”, y entre el vulgo se decía jocosamente que el empalado “cabalgaba el caballo de una sola pata”. Ludwig Salzmann nos informa que en el Tibet el empalamiento se considera el castigo más apropiado de los crímenes contra la religión; y aunque en China se usa a veces para penar delitos seculares, casi siempre se reserva para casos de sacrificio. Pero al que en la práctica sufre el empalamiento le importa poco establecer qué clase de disidencia, civil o religiosa, le vale semejante incomodidad; aunque indudablemente experimentaría cierta satisfacción si pudiera contemplarse transfigurado en gallo de veleta sobre la cúpula de la Verdadera Iglesia".

El psicoanalista argentino Ariel Arango, en Las malas palabras, virtudes de la obscenidad (2000), narra: “El caudillo araucano Caupolicán (s. XVI), que luchó bravamente contra los españoles a los que derrotó en varias batallas, al ser capturado fue condenado a la pena de empalamiento. La misma consistía, en espetar al prisionero en un palo. O dicho de otro modo, le atravesaban el cuerpo con un instrumento puntiagudo que... ¡le introducían por el culo!”.

Por último, recojo la noticia del investigador alemán Karlheinz Deschner, en Historia sexual del cristianismo: “La Constitutio Criminalis Carolina del devoto Carlos V —legislación penal que siguió vigente hasta el siglo XVIII, y en algunos estados alemanes ¡hasta 1871!— [dictaba]: «ítem, si una mujer mata con premeditación, nocturnidad y alevosía a un hijo suyo vivo y ya formado, generalmente será enterrada viva y empalada. No obstante, para evitar complicaciones en estos casos, dichas malhechoras pueden ser ahogadas cuando en el lugar del juicio la disponibilidad de agua lo haga posible. Mas si tales crímenes suceden a menudo, con el objeto de atemorizar a las tales malas mujeres, queremos autorizar el recurso al mencionado enterramiento y empalamiento, o que se desgarre a la malhechora con tenazas ardientes antes de ser ahogada, todo ello según el consejo de los expertos en derecho»”. Todo una delicia.

* He preferido escoger esta pequeña ilustración a contraluz para no zaherir más sensibilidades, pues algunas fotos son tan evidentes de esta cruel tortura que dan ganas de renunciar a la especie humana para los restos (sin siquiera hablar de política).

Miércoles, 31 de Julio de 2013 12:20 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.


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