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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2013.

Mis cinco novelas

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Sería al principio de las bitácoras, entre los años 2006-2007, que el poeta y primo mío, por afinidad más que por sangre, Enrique Ortiz, sensible donde los haya, me pidió para su blog, al igual que a muchos otros amigos, una relación de las cinco “novelas de la historia” que yo seleccionaría para hacer una especie de top, puntuándolas del uno al cinco, de mayor a menor. Inmediatamente, a vuelapluma, le mandé este escrito que hogaño, grosso modo, mi opinión no ha cambiado en demasía, aunque, a decir verdad, son muchas las novelas que he gozado y sigo gozando. Supongo que a cada momento la relación sería distinta.

“Antes de pronunciarme para escoger las cinco novelas de la historia, yo, que he sido un lector exhaustivo, me considero algo ignorante. Mis lagunas son más grandes que mis certezas; hay mucha producción que no he tenido en cuenta por puro desconocimiento, por no haber leído todo lo que se considera ‘indispensable’.

En una primera apreciación seleccioné hasta 35 títulos (la mayoría reconociendo al autor y no a la novela) de los que hice un primer expurgo y quité la obra clásica como La Iliada de Homero, El asno de oro de Apuleyo o los Relatos verídicos de Luciano de Samosata precisamente por clasicismo aplastante. Continué cronológicamente descartando a Cervantes y a fray Antonio de Guevara; la literatura oriental de Cao Xueqin y E Gao con Sueño en el Pabellón Rojo; y a algunos románticos como Goethe, Dostoievski o Stendhal, anteriores a nuestro siglo. Descarto autores no hispanos, tan sólo para cerrar el círculo, como Italo Calvino, Albert Cohen, William Faulkner, James Joyce, Vladimir Nabokov, Proust, Saramago o Yourcenar. Pero aún me quedan una docena de nombres imprescindibles.

¿A quién eliminar de la lista? Pues, como, esta votación está ya muy sesgada y es plenamente subjetiva, elegiré a los personajes que actualmente más me interesan, abandonando en la cuneta lamentablemente a Mujica Lainez, Rulfo, Sábato, Eduardo Mendoza, Javier Marías o Torrente Ballester. De esta manera, mi selección queda como la de las cinco novelas (en realidad los cinco autores) contemporáneos, de habla hispana, que recomendaría sin discusión.

Las crónicas del sochantre de Álvaro Cunqueiro (5 puntos)

Las aventuras del caballero Kosmas de Juan Perucho (4 puntos)

El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez (3 puntos)

Pantaleón y las visitadoras de Mario Vargas Llosa (2 puntos)

Madera de boj de Camilo José Cela (1 punto)

(¿O al revés?)”.

* Estatua de Cunqueiro mirando la catedral de Mondoñedo (Lugo).

Viernes, 01 de Noviembre de 2013 09:51 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Premios Flamenco Hoy 2011 y 2012

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La Asociación de críticos y analistas del flamenco, a la cual pertenezco, todos los años concede una serie de premios a los artistas más destacados del curso anterior en diversas modalidades. Como si fuese los Max de teatro a los Goya en el cine, de forma más modesta, se orquesta una ceremonia donde, con vestidos largos y gran ilusión, se reparten estos galardones.

La crisis nos llega a todos y, cómo no, afecta también al flamenco y a sus ritos no popularizados. Tanto es así que el año pasado no se pudieron conceder las estatuillas. De modo, como la lotería nacional, se acumularon para tiempos de bonanza. La situación no ha cambiado, pero con esfuerzo y voluntad, el próximo miércoles, 6 de noviembre, en el Tablao ’Cantares’ (antiguo ’Corral de la Pacheca’), en Madrid, tendrá lugar dicha entrega.

La idea que era cada año el acto Flamenco Hoy se realizara en una ciudad diferente. De hecho, aparte de en la capital, hemos estado presentes en Cádiz, en Jerez o en Córdoba. El año pasado se iban a realizar en Granada pero, por falta de apoyo institucional, se tuvieron que suspender. Este año estaba todo previsto para realizar la ceremonia doble en el Teatro Guerra de Lorca, Murcia. Cuando estaba todo listo y prácticamente cerrado, unilateralmente, hace escasamente dos semanas, el ayuntamiento de dicha localidad, reculó y quemó el contrato por razones presupuestarias. Por lo que, con todo el trastorno que conlleva, se ha tenido que devolver la gala a Madrid.

Las categorías y los premiados de ambos años respectivamente son los que siguen:

1. Mejor labor de promoción del flamenco: Festival Flamenco ‘Bankia’ (Cajamadrid) y ‘Corral De La Morería’.

2. Mejor labor de difusión del flamenco en medios: Alfredo Grimaldos y Deflamenco.com.

3. Mejor libro: Curro Albayzín (Zambras de Granada y flamencos del Sacromonte) y Paco Roji, Ramón Soler Díaz y Paco Fernández (La Repompa de Málaga).

4. Mejor DVD: Carlos Saura (Flamenco, Flamenco) y Miguel Poveda (Real).

5. Mejor bailaor: Israel Galván y Manuel Liñán.

6. Mejor bailaora: Olga Pericet y Mercedes Ruíz.

7. Mejor productor de disco: Arcángel (Quijote de los sueños de Arcángel) y José Quevedo ‘Bolita’ (Un viaje por el cante de Argentina).

8. Mejor disco instrumental: Pablo Rubén Maldonado (Fuera de la realidad) y David Peña Dorantes (Sin muros).

9. Mejor guitarra de acompañamiento: Miguel Ángel Cortés (de los dos años).

10. Mejor disco de cante revelación: José Anillo (Los balcones de mi sueño) y José ‘Valencia’ (Sólo Flamenco).

11. Mejor disco de guitarra solista: Juan Manuel Cañizares (Goyescas. Granados por Cañizares) y Dani ‘De Morón’ (Cambio de sentido).

12. Mejor disco de cante: Arcángel (Quijote de los sueños) y Argentina (Un viaje por el cante).

13. Premio especial: Merche Esmeralda.

Enhorabuena.

Lunes, 04 de Noviembre de 2013 12:15 volandovengo #. Flamenco Hay 5 comentarios.


Un último adiós

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Tras episodio tan doloroso todo me da igual, cuando, conocido como Joseph Brown, quise llamarme Herr Braun en el ejército alemán donde me alisté cumpliendo una delicada misión como espía británico, lo que se dice un topo, al servicio de su majestad Isabel II, junto a mi compañera Catherine Parquer, alias Frau Pathauer, que, con el tiempo, el 7 de abril de 1940, ingresamos en la Gestapo como el señor y la señora Braun, para caminar al unísono, con una leyenda sin fisuras, que nos llevó hasta engendrar al pequeño Friedrich Braun al año de ascender a oficiales, un niño sonrosado y muy rubio, extremadamente ario, al que bautizaron los altos mandatarios del régimen, y que, desde hacía tres años, llevábamos mandando información fidedigna y, en cierto sentido, vital al Foreing Office, hasta que un chivatazo, nos atrapó en una montaña austriaca, al filo de un acantilado, donde, disfrazada de cabaña vacacional, teníamos una pequeña emisora desde la que, en clave cifrada, enviábamos los detalles más comprometidos de nuestras observaciones, truncadas más pronto que tarde por dicha denuncia, alertando a la SS que no tardó en llegar con gran aparato armamentístico, dispuesta a detenernos, si no llegaban a cosernos con un peine de ametralladora allí mismo, aunque ya nos hubiéramos desecho del material comprometido, quemado los documentos y desmenuzada la radio hasta aparecer sólo como un rimero de tornillos, muelles y bombillas en la tabla ante el amplio ventanal asomado al blanco abismo que suponía nuestra posible única salida, una escapatoria suicida por otra parte, a no ser que usáramos un viejo paracaídas que constaba en nuestro arsenal, aunque con el peso de los dos no podría librarnos de una muerte segura, así que decidí, sin objeción ninguna, que lo usara ella por el bien de nuestro hijo y mi descanso postrero, pues la quería demasiado, y, al abrazarla, con un apasionado beso y lágrimas en los ojos, Catherine saltó, justo cuando los sabuesos del Führer entraban en la estancia y mi dolor fue creciendo porque ahora en la prisión, a punto de ser fusilado, me entero que todo era una farsa, que quien se hacía pasar por mi mujer era una espía doble que fue a aprovecharse al principio de mi mente y después de mi corazón.

Jueves, 07 de Noviembre de 2013 09:40 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 2 comentarios.

La limpieza de Javier Barón

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Barón 

Hace días que ya vimos el espectáculo de Javier Barón, que lleva su mismo nombre como título, dentro del ciclo ‘Flamenco de Orilla a Orilla’ que organiza el Instituto Andaluz de Flamenco en colaboración con la Dirección General de Coordinación de Políticas Migratorias y la Dirección Regional del Ministerio de Cultura de Marruecos de la Región Oriental.

Entre una serie de conferencias ilustradas, que han abarcado varias semanas, se incluyó el 5 de noviembre, en el teatro Alhambra un recital de baile a cargo del veterano Javier Barón.

El bailaor, de Alcalá de Guadaíra, se arropó con un cuadro sevillano que se puede decir que en estos momentos está en la cresta de la ola. A la guitarra estuvo Juan Campallo y, a la percusión, José Carrasco, dos grandes músicos que pertenecen a sagas reconocidas.

Como artista invitado, al cante estuvo uno de los artistas del momento, José Valencia, reciente ganador del ‘Mejor disco de cante revelación’ por su trabajo Sólo Flamenco de los premios ‘Flamenco hoy’, concedidos por la crítica especializada. Valencia posee una de las voces más cotizadas del momento para el cante de atrás. Su dominio de los estilos, la potencia de su garganta y el temple de su condición lo avalan igualmente para la exposición igualmente en solitario a boca de escenario.

Javier, Premio Nacional de Danza 2008, como nos tiene acostumbrados, propuso un espectáculo lleno de finura, limpieza y elegancia, sin aristas y muy de su estilo (tanto que a veces nos resulta repetido). Domina el escenario y domina el equilibrio, la verticalidad y el vértigo preciso de sus pies, aunque sus manos no siempre resulten tan provechosas.

Comienza la noche con unas bulerías, que se ralentizan en su ecuador, para pasar de esta soleá nuevamente a la fiesta. José Valencia, garantía para cualquier bailaor, se abre paso por levante (tarantas y levantica) y abandolaos en solitario, para rematar por tangos, una pieza agradecidamente breve, que rubrica Barón como si se tratara de un exquisito bocado en la merienda.

José Carrasco, que lleva el latido del flamenco en las venas, hoy por hoy es de la media docena de percusionistas a tomar en cuenta. Su imprescindibilidad radica en su moderación. Un tema de percusión nos dimensiona su poder.

Juan Campillo, habitual como sus compañeros en esta plaza, nos repite con su guitarra las sutiles rondeñas que nos propuso en el Corral del Carbón este verano.

La velada acaba con esa olla gitana, tan del gusto de los bailaores actuales, donde todo cabe. Por cantes de labor a palo seco comienza esta entrega. Valencia es preciso y seguro en la plaza cuando se encuentra solo. Lástima que no se entendiera con la guitarra en los primeros acordes que se convierten de inmediato en cantiñas (mirabrás, alegrías, alegrías de Córdoba) y más tarde en seguiriyas, de los mejores momentos de Barón, para rematar de nuevo sin guitarra, con un martinete, e irse definitivamente con el macho de la seguidilla.

Una buena noche, llena de aplausos y agradables detalles, pero quizá falta de pellizco.

* Foto de Antonio Konde©.

Lunes, 11 de Noviembre de 2013 10:34 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Cosas de la luna

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Leo el poema No niño novo do vento de Álvaro Cunqueiro, en Cantiga nova que se chama Riveira (‘Cantiga nueva que se llama Rivera’):

No niño novo do vento
hai unha pomba dourada,
meu amigo!
Quén poidera namorala!

Canta ao luar e ao mencer
en frauta de verde olivo.
Quén poidera namorala,
meu amigo!

Ten áers de frol recente,
cousas de recén casada,
meu amigo!
Quén poidera namorala!

Tamén ten sombra de sombra
e andar primeiro de río.
Quén poidera namorala,
meu amigo!

Traducido (‘En el nido nuevo del viento’), así queda:

En el nido nuevo del viento
hay una paloma de oro,
¡mi amigo!
¡Quién pudiera enamorarla!

Canta a la luz de la luna y al alba
en flauta de verde olivo.
¡Quién pudiera enamorarla,
mi amigo!

Tiene aires de flor reciente,
cosas de recién casada,
¡mi amigo!
¡Quién pudiera enamorarla! 

También tiene sombra de sombra
y andar primero de río.
¡Quién pudiera enamorarla,
mi amigo!

La palabra Luar, que transcribo como ‘luz de luna’, el mismo Cunqueiro, a pie de página, anota: que “es una palabra de complicada traducción. Equivale a una serie de efectos ambientales que produce la luz clara de la luna”.

Ya en Castelao podíamos leer: o luar vai entrando, que interpretamos como ‘entrar en el claro de la luna’.

(Llegados a este punto no puedo más que acordarme de la canción Luz de luna del autor mexicano Álvaro Carrillo, cantada como nadie por Chavela Vargas y adaptada para el flamenco por El Cabrero.)

Borges, en el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, de El jardín de senderos que se bifurcan (1941), propone los verbos lunecer o lunar, que traduce como ‘salir la luna’. Verbos bellísimos que, sin embargo, el Diccionario de la Real Academia no recoge, aunque sí lunear, empleado en Mexico, con el significado de ‘ir de caza, de pesca o de paseo cuando hay luna’.

Corominas (Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico) se acerca al concepto gallego portugués derivando de esta raíz lunación y lunado: ‘claro de luna’ y ‘luz de la luna’ respectivamente. De igual manera comenta más adelante las palabras lunario y lunático: “así llamado porque su dolencia se atribuye a un mal influjo de la luna”, al que Nebrija llamó alunado.

Martes, 12 de Noviembre de 2013 10:18 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Cuando la crítica se equivoca

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Hace poco tiempo defendía la crítica y a los críticos como extensión indispensable del arte que manejamos, teniendo unos valores y exponiendo un juicio que no siempre es compartido, pero que en un tanto por ciento elevado de los casos el tiempo avala.

Una obra de arte, un poema o la fugacidad de una representación puntual necesitan observadores con perspectiva para reintegrar los museos, permanecer en el tiempo y revivir la memoria.

No obstante, la crítica, entre comillas, no siempre acierta. Ya sea por incomprensión o sesgados puntos de vista, el crítico puede fallar en su valoración. Es más, no es lo normal, el crítico debe equivocarse en alguna ocasión para afianzar su humanidad.

Pero hay un error imperdonable. Cuando los prejuicios, el desconocimiento, las manías o las envidias (que también las hay) mandan en uno de estos visionarios, su valoración está viciada. Es más, su influencia es perversa, puesto que una mala crítica puede hacer un daño irreversible.

Scott Fitzgerald, en Hermosos y malditos, escribía: “Siempre me ha parecido que las críticas son una especie de homenaje a los envidiosos”.

A veces son artistas frustrados que tienen un resentimiento y una acidez sospechosamente verdosa. Un músico me decía al comienzo de mi dedicación que estaba bien que alguien ajeno al ‘espectáculo’ (y sin intención de pertenencia), con sólo su apreciación sensible, escribiera sobre ellos.

No es lo habitual y muchas veces juzgamos a un crítico dependiendo de cómo ha escrito sobre nosotros. Es como los exámenes que hacíamos en el colegio: he aprobado o me han suspendido, casi nunca al contrario. Aunque si apostamos y vamos con la verdad por delante, tenemos muchas posibilidades de ganar, aunque sea en nuestro fuero interno.

Dependemos del jurado. Cuando nos presentamos a un concurso competimos, no con nuestros iguales, sino también, y sobre todo, con los gustos, conocimientos e inclinaciones de quienes nos evalúan.

Otra es ser afamado como hueso. Un crítico con lupa de varios miles de aumentos es tan peligroso como tu madre opinando de tu trabajo. Abel Cortese, en Frases que matan de risa, define al crítico como “Persona que finge ser tan difícil de satisfacer que nadie lo intenta”.

Edmundo de Amicis, en su libro Constantinopla, en el capítulo dedicado al Gran Bazar, escribe: “También es digno de visitarse el bazar de los cuchilleros, aunque no sea más que para tener en la mano una de aquellas enormes tijeras turcas, con las hojas broceadas y doradas, adornadas de dibujos fantásticos, de pájaros y flores, que se cerraban ferozmente, dejando en medio un hueso, en el que podría entrar la cabeza de un crítico maligno”.

Pero alguien que ha hablado de la crítica, a modo de enseñanza, en su vertiente aviesa, ha sido Antonio Machado en Juan de Mairena (1936). Copio alguno de sus de pasajes:

«Si alguna vez cultiváis la crítica literaria o artística, ser benévolos. Benevolencia no quiere ser tolerancia de lo ruin o conformidad con lo inepto, sino voluntad del bien, en vuestro caso, deseo ardiente de ver realizado el milagro de la belleza. Sólo con esta disposición de ánimo la crítica puede ser fecunda. La crítica malévola que ejercen avinagrados y melancólicos es frecuente en España, y nunca descubre nada bueno. La verdad es que no lo busca ni lo desea.

»Esto no quiere decir que la crítica malévola no coincida más de una vez con el fracaso de una intención artística. ¡Cuántas veces hemos visto una comedia mala ceñudamente lapidada con una crítica mucho peor que la comedia!... ¿Ha comprendido usted, señor Martínez?

»Martínez: Creo que sí.

ۘ»Mairena: ¿Podría usted resume en lo dicho en pocas palabras?

»Martínez: Que no conviene confundir la crítica con las malas tripas.

»Mairena: Exactamente».

***

«Más de una vez, sin embargo, la malevolencia, el odio, la envidia han aguzado la visión del crítico para hacerle advertir, no lo que hay en las obras de arte, pero sí algo de lo que falta en ellas. Las enfermedades del hígado y del estómago han colaborado también con el ingenio literario. Pero no han producido nada importante».

***

«Ten censure wrong for one who writes amiss [diez censuran equivocadamente por uno que escriba mal], decía Pope [en Essay on criticism], un inglés que no se chupaba el dedo. Ignoro ―añadía Mairena― si esta sentencia tiene todavía una perfecta aplicación a la literatura inglesa; mas creo que viene como anillo al dedo de la nuestra. Entre nosotros ―digámoslo muy en general, sin ánimo de zaherir a nadie y salvando siempre cuanto se salva por sí mismo― la crítica o reflexión juiciosa sobre la obra realizada es algo tan pobre, tan desorientado y descaminante que apenas si nos queda más norte que el público».

***

«¿Conservadores? Muy bien ―decía Mairena―, siempre que no lo entendamos a la manera de aquel sarnoso que se emperraba en conservar, no la salud, sino la sarna».

Lo preferible, si acaso, es la asepsia, ver una obra sin prejuicios ni influencias, lo más objetivamente posible, como cuando se ve el mar por primera vez, o cuando se recuerda el sabor de un beso. Cuando Borges enumera las obras del apócrifo Menard en Pierre Menard, autor del Quijote, dentro de su libro Ficciones, comenta “un obstinado análisis de las «costumbres sintácticas» de Toulet (…) [donde] declaraba que censurar y alabar son operaciones sentimentales que nada tienen que ver con la crítica”.  

Termino con las declaraciones en Diario de un genio. Salvador Dalí comenta: “La crítica es algo sublime. Es digna tan sólo de los genios. El único hombre que podría escribir un panfleto sobre la crítica soy yo, porque soy el inventor del método criticoparanoico. Y ya lo hice”.

* Dalí en la imagen.

Jueves, 14 de Noviembre de 2013 09:34 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Ermitaños

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Cuando este blog llevaba casi un año de fiel rodaje, apunté unas notas sobre san Simeón el Estilita del que había publicado años atrás un pequeño ensayo, Noticias del viejo San Simeón el Estilita, en la colección Apéndice de Ediciones del Vértigo, en septiembre del año 2000, comentando que me atraía de forma estremecedora la radical decisión de estos anacoretas.

Entre mis notas recojo algunas definiciones y apuntes para poner en orden sus calificaciones.

El asceta o ascético es la persona que se dedica particularmente a la práctica y ejercicio de la perfección espiritual; y el anacoreta, que normalmente es asceta, es la persona que vive en lugar solitario, entregada enteramente a la contemplación y a la penitencia.

Eremita y ermitaño vienen a ser lo mismo. Es la persona que vive en una ermita y cuida de ella, que vive en soledad, como el monje, y que profesa vida solitaria. Por lo tanto podría también ser anacoreta y ser ascético a la vez.

El escéptico es diferente. Es la persona que no cree o afecta no creer en determinadas cosas. No es el ateo, que niega la existencia de Dios. Es más bien agnóstico, que es quien declara inaccesible al entendimiento humano toda noción de lo absoluto, y reduce la ciencia al conocimiento de lo fenoménico y relativo; aunque el ateo también sea agnóstico.

“Porque escéptico, escribe Unamuno en Mi religión, no quiere decir el que duda, sino el que investiga o rebusca, por oposición al que afirma y cree haber hallado. Hay quien escudriña un problema y hay quien nos da una fórmula, acertada o no, como solución de él”

“El escepticismo es el principio de la fe”, dice Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray. Es como el budismo para Chesterton, que no es una religión sino una duda. No olvidemos que Descartes construyó sobre la duda todo su aparato filosófico y la piedra angular de su fe.

Pero todo este devaneo terminológico sólo es un preámbulo a tres acercamientos sobre ermitaños con que me he topado últimamente.

El primero es un cuento brevísimo de Léon Bloy, llamado Los cautivos de Longjumeau. Dice así: “Uno de los hombres más grandes de la Edad Media, el maestro Juan Tauler cuenta la historia de un ermitaño a quien un visitante inoportuno pidió un objeto que estaba en su celda. El ermitaño tuvo que entrar a buscar el objeto. Pero al entrar olvidó cuál era, pues la imagen de las cosas exteriores no podía grabarse en su mente. Salió pues y rogó al visitante le repitiera lo que deseaba. Éste renovó el pedido. El solitario volvió a entrar, pero antes de tomar el objeto, ya había olvidado cuál era. Después de muchas tentativas, se vio obligado a decir al importuno: Entre y busque usted mismo lo que desea, pues yo no puedo conservar su imagen lo bastante para hacer lo que me pide”.

El segundo y el tercero son más crudos. El atractivo de los ermitaños llega hasta tal punto que, en otra época, en Inglaterra (y quizá en más lugares), las residencias nobles contrataban para ambientar sus tierras o jardines a uno de estos solitarios y animaban a los vecinos a visitarlo como se contemplan las rosaledas o se emprende una partida de caza.

Manuel Mujica Lainez, en El Escarabajo, inserta esta costumbre que llega a relajarse de tal forma que la señora de la casa lanza este parlamento: “También hay que concluir con el problema del ermitaño. Ha vuelto a quejarse de la comida, y eso no puede ser. El contrato que establecí con él es idéntico al de mi Tío Hamilton con el suyo: debe permanecer siete años en la ermita, donde es provisto de una Biblia, gafas, un escabel, un reloj de arena, agua y comida de esta casa. Debe vestir un sayal, no cortarse jamás los cabellos, la barba o las uñas, ni hablar con el servidor, ni abandonar los límites de la propiedad. Al cabo de siete años, le pagaré setecientas libras, como mi Tío Hamilton. Han transcurrido tres, y se queja de lo que come. ¡Al Diablo con el exigente! Por lo demás engorda, y no parece un ermitaño sino un burgués barbudo. Hoy hablaré con él en la ruina gótica. Sé que lo han visto jugando a los dados con uno de los palafreneros, cuando un grupo de amigos nuestros andaba por el parque. De continuar así, tendré que cambiarlo. Le daré doscientas libras y tendré un ermitaño flaco, como corresponde”.

Seguidamente Mujica, en boca de su protagonista pone una breve explicación: “Me enteré más tarde de que la sofisticada moda de entonces quería que los señores ingleses más «literarios», añadiesen al numeroso servicio de sus casas solariegas, un individuo a sueldo que representaba el papel de decorativo ermitaño, y que solía residir en su parque, en una «ruina» arreglada o inventada. Los ingleses son muy singulares”.

Hace unos días, la sonrisa de mi asombro volvió a florecer, cuando, nada menos que en El ruido y la furia de William Faulkner, aunque no se trate de un eremita al uso, hallo este pasaje extrañamente paralelo: “Aquí en Jefferson hay un tipo que hizo un montón de dinero vendiendo a los negros cosas medio podridas, vivía en una habitación encima de una tienda del tamaño de una pocilga, y él mismo se hacía las comidas. Hace cuatro o cinco años se puso enfermo. Se llevó un susto de mil demonios así que cuando volvió a estar en pie se fue a la iglesia y se compró un misionero en China, cinco mil dólares al año. Yo suelo imaginarme lo furioso que se pondría acordándose de los cinco mil anuales si se muriese y se encontrase con que no hay cielo. Es lo que yo digo que se muera ahora y se ahorre el dinero”.

Viernes, 15 de Noviembre de 2013 16:11 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El pueblo gitano camina hacia Europa

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Las invasiones de los hunos, de los árabes o de los mongoles de la India, combinados con las hambrunas, los desórdenes y la esperanza de encontrar unas mejores condiciones de vida en otras tierras motivaron el desplazamiento de los gitanos hacia occidente, atravesando el Bósforo y llegando a Europa.

Grecia y Armenia fueron importantes cabezas de puente en este paso desde su sede oriental hacia el continente europeo.

A mediados del siglo XIV se detectan ya asentamientos gitanos en casi todas las islas del Mediterráneo y en la Grecia continental. Según algunos autores, el primer territorio europeo que pisaron los romà fue la isla griega de Corfú a principios de este siglo. Poco a poco se fueron extendiendo por toda Europa.

Bernard Leblón, en Los gitanos en España. El precio y el valor de la diferencia, lo cuenta así: “No fue un incesante caminar, sino que avanzaron con cierta parsimonia, en sucesivas etapas, hasta alcanzar en el siglo XIV las regiones de Asia Menor, Grecia y los Balcanes. Algunas de estas regiones eran denominadas como Pequeño Egipto Menor”.

En 1424 habían llegado a Alemania y antes de que terminara el siglo se habían dispersado por todo el continente y las islas británicas.
Aunque en principio no fueron recibidos mal en todas partes, en el Imperio alemán pronto se les consideró espías enemigos por su peculiar forma de presentarse como príncipes extranjeros peregrinos.

No obstante se las arreglaron para conseguir salvoconductos del emperador alemán o del mismo Papa Martín V que les permitían recorrer en paz la cristiandad. En cualquier caso, su forma de vida hizo que en el siglo XVI estuviesen perseguidos prácticamente en todo el continente.

Jean-Paul Clébert escribe, en Los gitanos (1965), “A partir de 1761, María Teresa, entonces reina de Hungría y de Bohemia, trató de sedentarizarlos. Empezó a bautizarlos con el nombre de neo-húngaros o neo-colonos, considerando el calificativo de gitano insultante. Les prohíbe dormir bajo sus tiendas, elegir sus propios jefes, utilizar su idioma y casarse si no podían mantener una familia. Los hombres fueron obligados a cumplir el servicio militar y los niños a frecuentar las escuelas (…). Los medios que se emplearon no fueron demasiado suaves. Una inteligente viajera que recorrió la Europa central del siglo XIX nos ha dejado en su Viaje a Hungría imágenes lastimosas  respecto a la aplicación de esta política: ‘fue un día espantoso para esta raza, y que ellos aún recuerdan con horror. Carretas escoltadas por piquetes de soldados aparecieron por todos los puntos de Hungría en que había gitanos; les arrebataron a los hijos, desde los que acababan de ser destetados hasta las jóvenes parejas de recién casados, ataviados todavía con sus trajes de boda. La desesperación de esta desgraciada población apenas si puede ser descrita: los padres se arrastraban por el suelo delante de los soldados y se agarraban a los coches que se llevaban a sus hijos. Rechazados a bastonazos y a culatazos, no pudiendo seguir a los carros donde habían amontonado desordenadamente lo que más querían en el mundo, sus hijos, algunos se suicidaron inmediatamente”.

Su aparición en Francia y Bélgica tuvo lugar hácia el año 1417. No han pasado á América, aunque, según Clavel, los hay en Oceanía, donde se les conoce con el nombro de Biadyaks-Zengaris. Los países de Europa que albergan mayor número de gitanos ...Su aparición en Francia y Bélgica tuvo lugar hacia el año 1417 (con el nombre de bohemios porque accedieron desde esta región, en la República Checa con un salvoconducto del rey de Bohemia).

Mujica Lainez, en El Escarabajo, recrea este éxodo: “Aconteció que sobre la zona de Nysa [Polonia], en la posesión romana de Lidia, avanzó una larga caravana que atravesaba el Asia Menor. Integrábala una fila ondulante de carromatos, caballos y mulos, en lo alto de los cuales viajaba un racimo de hombres, mujeres y niños, negruzcos y gárrulos, vestidos con ropas vistosas. Hablaban una jerigonza incomprensible, apenas aclarada por la elocuencia de los ademanes. Algunas personas contaron que procedían de muy lejos, de la India; según el obispo de Éfeso, antes de que naciera Abraham ya se habían establecido los suyos en Caldea; y sostenían otros que los ambulantes nombraban por antecesor a una pareja que se salvó de las aguas, cuando el Mar Rojo sepultó al ejército faraónico (…). Lo cierto es que los «chinganiés» o cíngaros, que de esa manera decían a los de la caravana, si no los llamaban «egipcianos», surgieron en Nysa ofreciendo forjar metales y la compraventa de gemas versicolores y de caballos. Hacían toda suerte de acrobacias; caminaban peligrosamente sobre estiradas cuerdas que tendían de un árbol a otro; sembraban las volteretas, las cabriolas y los juegos de manos; se ponían de pie sobre los lomos de sus caballos negros a escape; exhibían unos monos piojosos y unos enanitos que ensayaban contorsiones obscenas dentro de una jaula, y también una mujer con dos cabezas (…). Los cíngaros que no paraban de reír, mostraron unos dientes blanquísimos en la oscuridad de los rostros; sacudían los aros de plata que les colgaban de las orejas, o de súbito permanecían trágicamente desdeñosos y serios; armaron su campamento cerca de nuestra casa; en seguida las mujeres asomaron a nuestras ventanas, con harto ruido de collares y de ajorcas, y los hombres lo hicieron a su lado, hurgando el contorno con el mirar. Presto cundió la noticia de que su habilidad manual se concretaba asimismo en la destreza con que la aplicaban al robo. Robaban dinero, alhajas, ropa, gallinas, pollos, cabritos”.

Un campamento gitano cerca de Arlés, Van Gogh (1888).

Lunes, 18 de Noviembre de 2013 20:52 volandovengo #. Gitanos Hay 3 comentarios.

Aventuras

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Inma me decía que estaba sobrestimulado. Desde poco después de que mi hijo naciera, cuando comenzó a tener razón de uso, como saben muchos seguidores de este blog, le he ido relatando, según el momento, cuentos e historias, leyendas y anécdotas, dudas y verdades.

Así, Juan Fernández, tan grande como la ínsula chilena que lleva su nombre en el Pacífico y que albergó las aventuras de Robinson, está familiarizado con Aquiles y Sigfrido, con el basilisco y el monstruo de Bodegones, con la constelación del Toro y su brillante estrella Aldebarán, a la que no debes mirar muy seguido porque hace violento, y con la genealogía de los reyes persas.

También es motivo de su atención mi devenir hasta el punto querer conocerme al detalle y aún más. Quisiera saber mis aventuras, reales o no tan reales (con la edad tendemos a romantizar nuestro pasado), y los detalles de cada día, para comprender quizá el presente y el mobiliario de mi cabeza o simplemente para ir decorando la suya.

Le hablo de mitos universales y de pasajes de la historia, de personas célebres y cuentos inmortales. Le cuento de mi infancia y de mi juventud. De mis intereses y mis razones.

De cuando en vez, le relato sobre mi pasado montañero (una actividad que necesito recuperar, a la que di de baja cuando mis noches comenzaron a alargarse) y mis experiencias de soledad ante el abismo.

Hace poco, por no sé qué conversación sobre la temperatura del agua, me vinieron a la cabeza los baños en las lagunas de la Sierra, el frío extremo, los cero grados que cortan la circulación, la alegría de salir del agua y el abrigo, la limpieza de poros, la relajación extrema.

En una ocasión, en verano, subí a un pedazo de hielo que sobresalía del margen de la laguna de la Caldera, a los pies del Mulhacén. Aposté dos grandes piedras en su centro para alzarme sobre ellas y, golpeando con otro trozo de pizarra, fui separando el bloque de la orilla. Con el viento creciente, rápidamente comencé a navegar hasta el centro del centro de aquel ojo de agua, del que tuve que volver a nado.

El corazón se me encogió y se me paralizaron los miembros. Pero la distancia era pequeña. Sin gran esfuerzo pude regresar junto a los compañeros que hicieron la foto que precede este artículo y arrojaron también alguna piedra (se pueden ver las ondas concéntricas) quizá para ayudar al empuje de la brisa.

Antesdeayer encontré por casualidad el testimonio de la aventura, la foto que hace verídica esta historia y con ella algunas anécdotas más de las que no quedó constancia.

Miércoles, 20 de Noviembre de 2013 09:22 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Egipto

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Egipto, por ponerle un nombre. Dentro de lo surrealista que pudiera llegar a ser, se aprecia en este dibujo, fechado en noviembre de 1980, cierto orden.

Jueves, 21 de Noviembre de 2013 19:34 volandovengo #. Aprendiz de pintor Hay 12 comentarios.

De la zambra al duende

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Latidos del agua

Hay veces que siento que este blog no llegue más lejos, que mis artículos no tengan un eco definido. Y no por la columna en sí, sino por su protagonista, por la persona o personas que lo sostienen.

Patricia Guerrero, una de las tres o cuatro bailaoras imprescindibles en el flamenco actual granadino, después de muchas colaboraciones y actuaciones en general, estrena en Granada su primer espectáculo de envergadura. Una obra completa, coherente y sensible donde la bailaora, como tantas otras, se hace empresaria, haciéndose cargo también, además del baile, de la coreografía y de la dirección. Sorprende que, una primera incursión de este tipo, en una chica tan joven, aparte de algún problema de ritmo, sea tan acertada y redonda.

El referente es el compositor Ángel Barrios. La excusa Granada y sus aromas a través del agua. Dicen que un invidente que visite el Albaicín o la Alhambra se podría orientar sólo por el sonido de sus aljibes, manantiales y regueros.

Patricia, a boca de escenario (bello y exclusivo, a pesar de la simetría), con aire moruno comienza a ser fuego con una danza cercana a oriente mientras unos compases de piano (Alejandro Cruz Benavides) le dan paso al Trío Albéniz (José Luis Recuerda, bandurria; Ismael Ramos, laúd; José Armillas, guitarra) para que arranquen los primigenios sonidos de Granada cuando se asoma a la zambra. Se va sucediendo la danza árabe y la trova, el recuerdo y la perspectiva, el pandero y la guitarra, la Albaycinera y el Zacatín.

Y, entre medias, la bailaora nos sorprende cantando y recitando. Es delicada y segura. Es una apuesta vencedora que te advierte que el arte casi nunca es huérfano. “El cante es agua de manantial”.

Al Trío Albéniz lo sustituye un inspirado Luis Mariano a la guitarra y un correctísimo Miguel ‘Cheyenne’ a la percusión, una efectiva pareja (marchamo de calidad donde estuvieren).

El piano aborda una guajira que canta David ‘el Galli’, con la voz algo tomada y con el volumen en su contra. No obstante, estos cantes aflamencados no son las aguas en que mejor nada el cantaor moronense.

Otra sorpresa vino de la mano del artista invitado, Arcángel, que por momentos, con el brillo de su voz siempre afinada, ofuscó el fulgor de la artista.

Nueva incursión de piano por Barrios, toná y seguiriya, cantada por Galli, donde Patricia hace quizá su mejor entrega, donde se aprecia el conjunto de manos y pies, hombros y cintura, rostro y expresión, para decirnos que sobre todo es bailaora.

Un poquito por tangos de Granada no podían faltar. Con su roneo preciso, anuncian la recta final, que viene en forma de petenera, conducida nuevamente por el onubense que interactúa de a ratos con la bailaora con bata de cola en una especie de estático paso a dos. Patricia es esencia serena. Parece que cada uno de sus pasos esté destinado a acariciar las sensibles entrañas de quien la observa.

Termina de nuevo acordándose del compositor granadino, de sus últimos días, de su querido Ravel (Daphnis et Cloé) y de su deseo de “cuando llegue a Granada, nada de penas. ¡Que bailen los gitanos!” por bulerías.

* Foto Antonio Konde©.

Domingo, 24 de Noviembre de 2013 11:04 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Las seis cuerdas de un piano

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Falla por Cañizares 

Desde que en 1991 Juan Manuel Cañizares colaboró como segunda guitarra en el Concierto de Aranjuez de Paco de Lucía (al que acompañó durante diez años) la música clásica entró de lleno en el ideario musical del guitarrista catalán. 

En 2008 edita la Suite Iberia de Albéniz y en 2012 Goyescas de Granados. Para este año, centenario del estreno de La vida breve, Cañizares se propone transcribir una trilogía sobre Manuel de Falla. Los dos primeros trabajos, El sombreo de tres picos y La vida breve, ya ha visto la luz. El tercero, El amor brujo, saldrá en abril.

Dentro de los ‘XIX Encuentros Manuel de Falla’ que organiza la Fundación de su mismo nombre y el Ayuntamiento de Granada, se programa, como estreno mundial, la presentación del trabajo discográfico mencionado.

Cañizares divide el concierto en dos partes. La primera clásica, donde interpreta a Falla. La segunda flamenca donde desgrana su disco de 2010, Cuerdas del alma, y algún tema más de su discografía anterior.

Tres momentos igualmente definen la primera parte. El primero de ellos son Siete canciones populares españolas, donde expone temas en general de exquisita brevedad. El paño moruno se saborea de forma familiar y, su final buleaero es agradecido. Se echa de menos la voz. Como segunda guitarra, remarca su sombra Juan Carlos Gómez, llevando el peso de la base, la gravedad en la contienda y haciendo de vez en vez sus escapadas en solitario. Esta primera canción, junto a la Seguidilla murciana y a la Jota (de más amplio minutaje), está acompañada por las castañuelas de Charo Espino y de Ángel Muñoz, que también harán de palmeros y bailaores cuando se precise.

Una Nana y una Canción dejan paso a un segundo momento muy aplaudido. Se trata de la Danza de los vecinos, con claro protagonismo de la segunda guitarra, y de la Danza del molinero, donde Ángel mete los pies. Las dos pertenecientes a El sombreo de tres picos.

De La vida breve se abordará solamente la Primera danza española, ilustrada con el baile de Charo. Los bailes de estas piezas clásicas son parcos y precisos, resaltando el juego de tacón punta y algún elemento percusivo más.

Cañizares no ha tratado de trasladar literalmente el piano a otro instrumento. La guitarra suena guitarra y, a fuerza de arpegios y notas intermedias, ha hecho suya las composiciones, logrando un sonido tan espectacularmente delicado que firmaría sin condición el maestro gaditano.

Después de un descanso más largo de lo deseado, el cuadro se transforma en flamenco, que arranca con Añorando el presente, una pieza un tanto libre, con sonidos fandangueriles, cercana a la granaína, que Cañizares dio simplemente por llamar ‘fantasía’.

Le siguen unas bulerías (El abismo), del mismo disco Cuerdas del alma, y unas rumbas (Lluvia de cometas), de Noches de imán y luna (1997) de clara influencia del maestro de Algeciras. En realidad, las maneras y el concepto musical de Paco de Lucía, descansan conceptualmente en este guitarrista.

Volvemos al trabajo de 2010 con las guajiras Mar caribe que baila con corrección Charo Espino; con las rumbas que le dan nombre al disco; con la bella balada Lejana; con las alegrías Collar de perlas, donde hay momentos cercanos al folk, con un somero paso a dos; y con Palomas, el sabroso vals con que termina el espectáculo.

Lunes, 25 de Noviembre de 2013 10:57 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

La copla andaluza

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Antes de la literatura escrita, antes que el hombre supiera escribir si quiera, y aún siendo conocedor de la letra y de la pluma, existía una memoria colectiva que iba pasando a través de las generaciones de forma hablada.

Casi todos los cuentos de antaño que conocemos se los han contado a nuestros padres y a los padres de estos hasta perderse en las nieblas de la historia. Muchas narraciones, poemas, novelas o antologías no son originales, sino recreaciones de aquella anécdota primigenia que dio pie a explicar, por ejemplo, algún suceso o fenómeno de la naturaleza o la razón para ejecutar cualquier sentencia.

La literatura oral, huelga repetirlo, ha sido el germen de nuestra civilización sensible. El hombre avanza porque recuerda. El hombre es social, entre otras cosas, porque al calor de la lumbre ha escuchado las verdades de los viejos, la disciplina del chamán, la comicidad del bufón.

Pero este recuerdo colectivo sería materialmente impensable sin una doctrina, sin el apoyo de una cantinela. La épica, los epinicios, toda la lírica sigue un sistema nemotécnico que alimenta la remembranza a base de música.

La tabla de multiplicar o las oraciones de misa, y aún la lista de los reyes godos, las aprendíamos en la niñez con esa cantinela, con un ritmillo machacón que ayudaba a concatenar las palabras y las frases con asonancia.

El pueblo andaluz, desde muy joven, ya practicaba el arte de la poesía. Se cuenta que la civilización perdida de Tartessos confeccionaba sus leyes de forma rimada.

Así se han ido creando cantares y repertorios. Así se han ido compilando cancioneros y gavillas de letras para dejar constancia.

Alguien dijo recientemente que se calculaban en ochocientas mil las coplas andaluza, de ellas unas doscientas mil en pleno uso. No puedo garantizar la veracidad de esta cifra, pero si buscamos, el pozo de la letra popular carece de fondo.

Y aquí está la palabra clave: popular. En lo popular se asienta nuestra sabiduría. El poema, la letra, la copla salida del pueblo tiene la simple grandeza de un monumento.

Bécquer escribía en El Contemporáneo: “la poesía popular es la síntesis de la poesía. El pueblo ha sido, y será siempre, el gran poeta de todas las edades”.

Manuel Ríos Ruiz, en Introducción al Cante Flamenco (1972), va más allá diciendo que “la copla que no hace el pueblo, difícilmente la canta el pueblo”.

Antonio Machado pone en boca de Juan de Mairena: “si vais para poetas cuidad vuestro folklore. Por­que la verdadera poesía la hace el pueblo. Entendámonos: la hace alguien que no sabemos quien es o que, en último término, podemos ignorar quién sea sin el menor detrimento de la poesía.

Pienso, lo he dicho bastantes veces, que lo mejor que le puede pasar a un poema es que deje de pertenecerte. La misma idea encuentro en un prólogo que con el tiempo (agosto de 1969) hizo Borges a Luna de enfrente, una obra de juventud de 1925. En él escrbía: "Poco he modificado este libro. Ahora, ya no es mío".

Estaba con Juan de Loxa, hará cinco o seis años, viendo un recital de cante. Cuando el cantaor abordó las alegrías, Juan me dijo: “Qué gracioso. Esa letrilla es mía”. Cantaba eso de: ¡Pan y trabajo! / Siempre se escapa el tiro / pa los de abajo. // ¡Que mala pata / no les saliera el tiro / por la culata!

Martes, 26 de Noviembre de 2013 20:15 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Cuando estuve contigo

Cuando estuve contigo
te quise aprender de memoria.
Te advertí en cada gesto,
en cada mueca,
en cada una de tus palabras.
Fatigué tu sonrisa y tu mirada.
Catalogué tus luces
y también supe de tus sombras.
Recorrí cada poro de tu piel
como si fuera el plano de mi vida.
Me ancoré en tus rincones,
me sumergí en tus oquedades.
Quise repetir este viaje
como siempre las olas vienen
como siempre las olas van.

Jueves, 28 de Noviembre de 2013 00:14 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 7 comentarios.

La leyenda de Egipto

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Mientras el pueblo gitano atraviesa Europa, ducho en imaginación y fortuna, quiso componer su leyenda y equipaje allá por donde pasaba. Así su pasado mítico le corría en paralelo. Así asombraban a gentes y lugares con su nobleza y el correr azul de su sangre.

Mil veces comentada hasta asumirla como veraz se asentaba la procedencia del 'Pequeño Egipto', de donde era originario el supuesto conde Juan. Solían presentarse ante las autoridades locales como príncipes de Egipto; duques o condes del 'Egipto Menor'. (De hecho, uno de los numerosos apelativos que se les ha dado sea el de gipsy —posible contracción del vocablo inglés egyptian—, al igual que han ido recogiendo variados apodos que hacen referencia a los distintos lugares donde se asentaban temporalmente, como zíngaro o bohemio.) Los pueblos en principio quedaban fascinados con esos cuentos que ilustraban con fulgentes ropas irisadas y oropeles por doquier.

Bernard Leblón, en Los gitanos en España. El precio y el valor de la diferencia (1993), lo cuenta así: “La extraña apariencia de esta gente venida de otras tierras no dejaba de embelesar a los mirones de todos los países occidentales. Sorprende su atavío —esas largas mantas abigarradas sujetas al hombro, a la manera de capas—, el largo de sus cabellos, la oscuridad de su piel, las grandes argollas que llevan en las orejas y la insólita toca de las mujeres: turbante oriental sobre un armazón de mimbre”.

Para los gitanos esta hagiografía suponía una herramienta defensiva y un salvoconducto que si no era totalmente creído, se les otorgaba el beneficio de la duda. No obstante, de tanto alimentarla, el verdadero origen del pueblo rom quedó diluido.

Dentro de su exótico principio, se vendían como adivinadores, tarotistas y quirománticos, componedores de hechizos y pócimas) herederos fehacientes de los restos exhumados de la triste Biblioteca de Alejandría arruinada tras un incendio en el año 47 de nuestra era. (Este templo del saber fue erigido en el siglo III a.C. por Ptolomeo I y, según los historiadores, albergaba entonces unos 700.000 libros.)

Aparte de esto, desempeñaban oficios tradicionales, que iban desde agricultores hasta obreros manuales —artesanos del mimbre, de la cestería y la forja, caldereros, esquiladores—, algunos desaparecidos. También se dedicaban a la compra-venta de caballos (la figura del chalán) en las antiguas ferias de ganado, o de otras mercaderías en bazares y mercadillos.

Por otra parte se enrolaban como soldados mercenarios en cualquier ejército. Pero sobre todo eran artistas: bailarines, músicos, cantantes, malabaristas o hacían danzar a un oso, una mona o una cabra, que ha trascendido con el nombre de Mariana, del que hay un estilo flamenco cercano a los tangos.

Entre los libros que los antepasados de los gitanos supuestamente habrían conseguido rescatar de la quema alejandrina, que les daba el conocimiento y el poder de conocer el futuro o realizar hechizos y sortilegios, estaba El Libro de Enoch, expurgado de la Biblia por detallar el castigo de los ángeles rebeldes por haberse unido sexualmente con las hijas de los hombres (durante la helenística, autores como Filón de Alejandría identificaron a los extraños ‘hijos de Dios’, mencionados en el Génesis, con ángeles caídos por culpa del deseo sexual); y el Libro de Thot, que reunía el saber secreto de los sacerdotes egipcios y, cuyo contenido, dio lugar a las cartas del Tarot.

Jueves, 28 de Noviembre de 2013 11:46 volandovengo #. Gitanos No hay comentarios. Comentar.


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