Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2013.

El caballo del Rey Arturo

20130902172721-el-rey-arturo-69982.jpg

Después de comer quisimos ver una película. Hurgamos entre los vídeos que había en la casa y, entre lo conocido (que a veces vale más que lo por conocer), escogimos una del rey Arturo, propicia para ver con niños.

Cuando veo un film de este tipo suele llenárseme la cabeza de lecturas, de palabras y de mitos y, de vez en vez, hacer un comentario, soltar una explicación o una exclamación de asombro, de incredulidad o de satisfacción.

En esas estamos, cuando alguien me preguntó cómo se llamaba el caballo del rey Arturo. Rebusqué en el ajado disco duro de mi mente y en los anaqueles empolvados de antiguas lecturas que descansan en mi cabeza.

Sabía que la mayoría de las pertenencias de este rey legendario habían conseguido un nombre, como la lanza ‘Ron’, su casco ‘Goosewhite’ o su escudo ‘Pridwen’, que representaba a la Virgen María.

También conocía de memoria el nombre de algunos caballos, tanto hagiográficos como reales.

Del primero que me acordé fue de Incitatus, el caballo de Calígula, al que nombró cónsul y mandó construir para él una caballeriza de mármol y un pesebre de marfil.

También recordé, cómo no, a Rocinante, del Quijote, un corcel flaco, al que tardó cuatro días en darle el nombre y del que proviene la palabra ‘rocín’ que, según la RAE, es el “caballo de mala traza, basto y de poca alzada”.

La manada en mi cabeza fue creciendo y frente a mis mientes avanzaron Babieca, del Cid campeador, que nunca más fue montado desde la muerte de su amo; Bucéfalo, de Alejandro Magno, con una estrella blanca en la frente con forma de cabeza de buey, donde proviene su nombre; Strategos, el caballo de Aníbal, que quiso ser un remedo del de su ídolo Alejandro de Macedonia.

Pensé también en el Caballo de Troya, caballo de madera que llevó en su vientre a Ulises y sus soldados para tomar la ciudad; Pegaso, el caballo alado de Zeus, que nació del chorro de sangre que brotó cuando Perseo cortó la cabeza de Medusa; Janto, el caballo de Aquiles, de pura sangre persa; o Genitor, el que llevó Julio César en sus campañas de la Galia e Hipania.

Rebuscando encontré a Marengo, el tordillo de raza árabe de Napoleón, que se exhibe (su esqueleto) en el National Army Museum de Sandhurt; a Othar, el caballo de Atila, que por donde pisaba no volvía a crecer hierba alguna; a Palomo, el caballo de Simón Bolivar, con su larga cola que llegaba hasta el suelo; al As de Oros, de Emiliano Zapata (sin referencias); y al caballo de Mahoma llamado Lazlos (‘caballo del desierto’), con el que hizo su primera peregrinación a La Meca.

Pensando en Mahoma, recordé que hace poco había leído un tratado árabe sobre el tema: Gala de caballeros, blasón de paladines, de Ibn Hudayl (Granada, siglo XIV) donde se dice que “el caballo lo creó Ala del viento. El caballo es riqueza. El árabe está tan obligado a cuidar de su montura como a dar limosna”.

Por último divisé algunos animales de cómic, como Tornado, el caballo de ‘El Zorro’, Silver, el del ‘Llanero Solitario’ o Jolly Jumper, el de ‘Lucky Luke’.

Pero de la montura del rey Arturo no lo he sabido hasta que lo he buscado. El primer caballero de la Mesa Redonda tuvo una yegua llamada Llamrei (o Llamrai) y otro caballo de nombre Engorren. La huella de sus pezuñas parece advertirse en bastantes piedras de la isla de Gran Bretaña.

* Fotograma de la película El rey Arturo, de Antoine Fuqua, 2004, con Clive Owen a la cabeza (en la foto).

Lunes, 02 de Septiembre de 2013 17:27 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Incitatus

20130904174707-incitatus.jpg

Basta hacer alusión a algo para que su interés colme mi pensamiento. Como decíamos ayer, el caballo de Calígula se llamaba Incitatus (‘Impetuoso’ en latín). Tuvo otro corcel, conocido por Velocissimus, pero no alcanzó la importancia que octuvo el trotón de origen hispano (Roma importaba cada año de Hispania alrededor de 10.000 caballos).

Calígula se jactaba de haber hecho construir para su caballo una cuadra de diente de elefante. Quizá una caballeriza de mármol y un pesebre de marfil, que más tarde fue una casa-palacio con servidores y mobiliario de lujo para que recibiese a las personas que le mandaba como invitados y no eran pocas las veces que el emperador comía y dormía junto al caballo. También, según Joann Xifilinus (1551), convidaba a comer a su mesa a su otro caballo, Velocissimus, “y le hacía ministrar vino en vasos de oro”.

Los días de las carreras, en las que siempre salía vencedor, aunque no ganara, para que nada ni nadie turbase el descanso del equino, desde la víspera era decretado el “silencio general” de toda la ciudad bajo pena de muerte a quien no lo respetase.

Con todo y con eso, Incitatus, por una vez en la vida, perdió una carrera. Calígula mandó matar al auriga, diciéndole al verdugo: “Mátalo lentamente para que se sienta morir”.

Incitatus dormía a pata suelta, con mantas de color púrpura (el tinte más caro de la antigüedad, reservado a la familia imperial y la nobleza) y llevaba collares de piedras preciosas.

Calígula llegó a otorgarle a su caballo el título de cónsul y corregente de Roma y como tal era dignificado.

Claudio, sucesor de Calígula, aunque destituyo a Incitatus de todos sus cargos, ordenó que siguiera siendo tratado a cuerpo de rey en su establo de marfil, aunque se acabaron las invitaciones a compartir mesa.

Miércoles, 04 de Septiembre de 2013 17:47 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.


El samurai

20130906101516-yukio-mishima.jpg

Las cosas no son como son, sino como se recuerdan.

No me preguntéis cómo tengo una catana y cómo le hablé a mi hijo de ella, prometiendo que un día…

La semana pasada fui a casa de su madre a recoger unos libros (siempre muchos menos de los deseados) y me acordé de la espada japonesa.

Era una catana simple, con vaina de madera y bien afilada en su momento. Quiero pensar que es la misma arma que usara Yukio Mishima para ritualmente quitarse la vida.

En un principio me defraudó el mejor autor nipón contemporáneo, hasta que apareció Murakami, pues creía que se había suicidado por amor, y fue por razones políticas. Ahora, mi simpatía le ha sido devuelta, pues su acto más que político fue social.

El autor de Confesiones de una máscara, con el dinero que le proporcionaban sus obras, reunió un ejército de 70 hombres, “todos ellos devotos observadores de las leyes del bushidoo”, recordará Mutis, y con ellos tomó el despacho del jefe de Estado Mayor. Allí, delante del titular, se hizo el harakiri, “se abrió el vientre de acuerdo con reglas varias veces seculares”.

Protestaba por un mundo totalmente deshumanizado e incomprensible, falto de valores, capitalista y acomodado hasta el extremo.

Tardó, en Nieve de primavera, bastantes líneas en describir cómo un pañuelo de seda caía al suelo, y tardó poco en clavarse la catana, mientras uno de sus incondicionales ritualmente le cortaba la cabeza, y a éste otro, y a éste otro más hasta que llegaron las autoridades con la ley bajo el brazo y algunas fregonas para empapar la sangre.

Buscando algo de Cela recordé mi filosa arma blanca. La cogí de su supuesto ‘escondite’ y se la mostré a Juan. Estaba enmohecida por la humedad y oxidada su hoja. Pedí un lienzo y productos adecuados y la limpie bien limpia por fuera.

Pero fue desenvainarla y raspar su plata, que dos labios de sangre amanecieron en mi pulgar por encima de la uña. Se olvidó la catana entonces, volviendo a su rincón de orín y olvido, y mi herida pasó a primer plano. Con papel secante corté la hemorragia y al día siguiente fui a que me pincharan.

Sólo me hizo falta un recordatorio del tétanos, pues hubo época que me vacunaba casi anualmente. La enfermera, que no me hizo ni daño, me dijo que me duraría hasta los cincuenta. Le dije que en ese caso me pusiera otra, pues los cincuenta ya los había pasado. Entonces me concedió graciosamente diez años más.

* Yukio Mishima en la foto caracterizado de samurai.

Viernes, 06 de Septiembre de 2013 10:15 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Caducidad del matrimonio

20130910115751-paris.jpg

En un post antiguo comenté que había una diputada alemana que propuso que el matrimonio durara siete años, que fuese un contrato por tiempo definido y que al mediar ese tiempo, los contratantes o contrayentes, renovaran dicha relación contractual o disolvieran ese vínculo como ya caduco.

Qué decir tiene que toda Alemania, toda Europa y, por extensión, todo el mundo, sobre todo entre los sectores más conservadores, se le echaron encima y la tacharon de excéntrica o de algo más fuerte, incidiendo en su locura.

Visto así, igual de orate era Víctor Hugo, cuando en la Corte de los Milagros, de la que trata en Nuestra Señora de París (1831), argumenta un modelo de matrimonio, sellado con la ruptura de un búcaro de barro, que dura precisamente cuatro años, después de los cuales, si te he visto no me acuerdo (Javier Egea completaría la frase diciendo: “si te desvisto no me olvido”).

Creo recordar otra versión de esta suerte de ritual donde el casamiento dura tantos años como pedazos se fragmenta el cántaro al caer al suelo. Si por azar no se rompiera, me figuro, el matrimonio no se consolidaba (no confundir con ‘consumaba’).

Ni en un caso ni en el otro se habla de sus posibles frutos. Es decir, de los hijos de esa unión. Tema que hay que considerar ante todo. Aunque con las separaciones y los divorcios estamos en las mismas y la solución radica querámoslo o no en la práctica del día a día (cada casa sin embargo, es un mundo).

A este respecto, me viene a la memoria la idea de la familia nayar, que se estudia en antropología y en sociología, donde los niños pertenecen a la comunidad o al Estado. Se ve en algunas tribus orientales, en algunos regímenes comunistas o en las comunas de los hippies. También, lo podemos ver en algunas películas, entre los espartanos de la antigua Grecia, los hijos pertenecían a la madre hasta los siete años. Después pasaban a depender de la estructura del pueblo entero

Huxley en uno de los prólogos a Un mundo feliz comentaba que “dentro de pocos años, sin duda alguna, las licencias de matrimonio se expenderán como las licencias para perros, con validez sólo para un periodo de doce meses, y sin ninguna ley que impida cambiar de perro o tener más de un animal a la vez”.

Martes, 10 de Septiembre de 2013 11:57 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Del sentimiento a la hermandad

20130911132926-martos-1.jpg

III Festival de las Cuevas 2013

El orden de mi desorden me impidió asistir a todo el Festival de las Cuevas. No pude escuchar, el lunes 26 de agosto, a Jaime el Parrón y Manuel Heredia, que presentaron Flamenco sin tapujos. Ni tampoco asistí al programa doble, el viernes 30, A menta y canela de Marcos Palometas y Vienen del Carmen de la Escuela Carmen de las Cuevas, con la participación especial de Maricarmen Guerrero.

Sin embargo sí presencié los espectáculos de Jara Heredia y de Javier Martos, los días 4 y 6 de septiembre respectivamente.

Jara es una bailaora de raza, con una fuerza y una seguridad innata que inciden en su carisma. Siendo de la tierra (puro Sacromonte) destila una elegancia evidente que pasea con garbo por las afueras de lo ortodoxo.

Su obra, Por tu ausencia, es un claro homenaje a su padre desaparecido. Era Juan Heredia, Juanillo ‘el Cojo’, toda una institución en el monte. En parte, todos los asiduos, nos quedamos huérfanos. Su cariño es universal.

El cantaor Rudi de la Vega abrió el espectáculo remedando a Juanillo. Sentado en una silla, a boca de escenario, y acompañado él mismo con su guitarra, interpretó el ramillete de cantes que el padre solía decir, sobre todo en familia. En silencio abandona la escena dejando el asiento vacío, haciendo contundente la ausencia.

Jara toma el relevo por soleares y retira la silla circunspecta. La soleá es grave y doliente, pero cuando tiene un destino claro, puede desgarrar por dentro. Jara no baila sola, que baila su dolor. El Monte le ha dado la vida y el Monte trasciende en sus pasos. Juan le ha dado la vida y su sombra planea en cada vuelta. Marcos Palometas a la guitarra ilustra con precisión una historia que también es suya.

La segunda parte la abre ‘el Parrón’ con una voz equilibrada y una seguridad manifiesta, el amigo del amigo, el compañero del compañero, araña, como Torre, el azogue de los espejos. Jaime se acuerda de Caracol y de Lorca.

La bailaora vuelve triste por levante y apunta una esperanza con los tangos. A los postres entra su familia, hija, hermanas y sobrinas, y entre todas nos regalan un fin de fiestas con los más auténticos tangos de la penca que se puedan encontrar.

Javier Martos retuerce las tuercas y se acuerda de Gaudí, con el que encuentra similitudes. Gaudí es de Reus, como este bailaor, es novedoso y rompedor, es espontáneo e inconformista.

Con Esencia de un arquitecto Javier nos introduce en el concepto creativo, en la improvisación sobre lo ya hecho, en el espíritu inquieto del que todo lo hace y todo le falta.

Un baile estilizado, muy simbólico, algo cubista; con su poso flamenco y sus pinceles contemporáneos; definen el conjunto.

La generosidad y sabiduría de este bailaor catalán hace que se rodee de un cuadro esencial que asambleariamente aporta su conocimiento. Las músicas de Rubén Campos y Kiki Corpas (guitarras) son para tenerlas en cuenta.

Javier entra en escena leyendo un libro sobre el arquitecto que le sirvió de inspiración. Javier baila en silencio sus propias palabras en off, sobre un texto creado para la ocasión por el que suscribe (Jorge Fernández Bustos), rematado por abandolaos.

Los tientos-tangos, con los que termina la primera parte, son menos alegóricos. Dejan entrever la cuna sacromontana y las ganas de ronear.

Un solo de batería, de Cheyenne, al que podemos considerar ya un maestro de la percusión, mete de lleno al bailaor en la piel del arquitecto y sus obras, para darle paso a su artista invitada, Mara Martínez, para poner su huella por soleá, que, aunque se alejan del concepto de la obra, añaden una grata nota de color bastante aplaudida.

Martos también echó manos de un inspirado Antonio Canales que le brindó el montaje de una seguiriya, culminada por un Ave María preciosista, en la voz de Sergio Gómez ‘Colorao’ que pone punto final a una obra a la que le auguramos un futuro venturoso.

* Foto tomada del facebook de Javier Martos, interpretando a Gaudí.

Miércoles, 11 de Septiembre de 2013 13:28 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Gaudí

20130914093304-gaudi.jpg

En el artículo anterior referí que el espectáculo sobre Gaudí, Esencia de un arquitecto, del bailaor Javier Martos comenzaba por un texto en off, entonado por él mismo, que tuve la suerte de hilvanar.

Sin ser poesía, quise dotarlo de cierto ritmo para poder ser recitado. Sin ser canción, lo dividí en estrofas que descansaban sobre genérico estribillo.

Lo reproduzco a continuación tal y como se lo mandé, en un solo párrafo, con barras verticales, una o dos, que indican las pausas preferentes, la cesura, para ser leído.

Se hizo un gigante en Barcelona. / Más que técnica, cultivó el amor. / En vez de la función, buscó belleza. / Reus, su pueblo y el mío, fue su cuna / Corría el año / de mil ochocientos cincuenta y dos. // Gaudí arquitecto. / Gaudí paisano. / Gaudí una estrella de la piedra pura. // Quiero acércame hacia la altura / de su cabeza clara. / La naturaleza y la luz / en un cristal azul le aguardan. // Su visión es un bosque de cerámica, / de vidrio, de hierro y de madera viva, / que como un animal descansa / en su forja de fiel blancura. // Gaudí arquitecto. / Gaudí paisano. / Gaudí una estrella de la piedra pura. // La iglesia le acompaña la mañana. / Cree en su dios, en sus manos y en su alma. // Su cabeza se hace una / y con su corazón cabalga. / Poeta de la roca modernista. / Decorador de calle y del espacio. // La Sagrada Familia y la Pedrera, / la Casa Batlló y el Capricho, / el Parque Güell y la Casa Milà. / Tantas y tantas otras. / Tantas y tantas obras de arte. / No en vano, siete de ellas son / de nuestra humanidad el patrimonio/ según la Unesco. // Gaudí arquitecto. / Gaudí paisano. / Gaudí una estrella de la piedra pura. // Su aspecto descuidado / no trascendía su grandeza. / Cuando un tranvía infausto / siega su vida entera. / En el Hospital de la Santa cruz / se le apagó la luz. / Tenía setenta y cuatro años, / una mente clara; / tal vez cien proyectos de furia y calma. // No creo que lloviera / en ese mes de junio / del año / mil novecientos veintiséis. // Gaudí arquitecto. / Gaudí paisano. / Gaudí una estrella de la piedra pura. ///

Sábado, 14 de Septiembre de 2013 09:33 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Walt Whitman, el profeta de Long Island (y 3)

20130915131846-walt-whitman-1.jpg

Estoy enamorado de mí, hay tantas cosas en mí que son tan deliciosas,
Cada momento y todo lo que ocurre me llena de alegría,
No sé cómo se doblan mis tobillos, ni la causa del más leve de mis deseos,
Ni de la amistad que suscito, ni de las amistades que me devuelven.

Fue el máximo cantor del yo, del cuerpo humano, del sexo, de la fraternidad universal, de la igualdad democrática.

Walt Whitman fue poeta de la libertad y la homosexualidad. Fetiche de los gays de su tiempo y del venidero, como en Grecia lo fue Kavafis, en Francia Rimbaud o, posteriormente, en España García Lorca. Su libro «Calamus» está dedicado casi íntegramente a este tema. Leamos, por ejemplo «A un desconocido».

Se llama a sí mismo "el poeta del Cuerpo, el poeta del Alma", queriendo decir que le canta a lo opuesto pero complementario, al ying y al yang, canta a la tierra y sus antípodas, al mar, a la noche tierna... Esto lo contemplamos en el poema 21 de «Canto a mí mismo»:

Soy el poeta del Cuerpo y Soy el poeta del Alma,
Los goces del cielo están conmigo y los tormentos del infierno están conmigo,
Los primeros los injerto y los multiplico en mi ser, los últimos los traduzco a un nuevo idioma.

Soy el poeta de la mujer no menos que el poeta del hombre,
Y digo que es tan grande ser mujer como ser hombre,
Y digo que nada es mayor que ser la madre de hombres.

Entono el canto de la exaltación o de la soberbia,
Ya estamos hartos de palabras y zalamerías,
Muestro que el tamaño no es más que el crecimiento.

¿Has dejado atrás a los otros? ¿Eres el Presidente?
Es una bagatela, cada uno de los otros te alcanzará y seguirá adelante.

Soy el que camina con la tierna y creciente noche,
llamo a la tierra y al mar que abraza la noche.
Abrázame, noche de senos desnudos, abrázame, noche magnética y fecunda,
Noche de los vientos del sur, noche de las estrellas grandes y escasas,
Noche serena que me llama, loca y serena noche de estío.

¡Sonríe, tierra voluptuosa de fresco aliento,
Tierra de los árboles dormidos y húmedos,
Tierra del sol que ya se ha ido, tierra de las montañas de cumbre nebulosa,
Tierra del cristalino fluir de la luna llena, apenas tocada de azul,
Tierra del brillo y de la sombra machacando la corriente del río,
Tierra del gris límpido de las nubes que resplandecen y se aclaran para que yo las vea,
Tierra yacente y extendida, rica tierra de azahares!
Sonríe, porque llega tu amante.

Pródiga me has dado tu amor, te doy pues mi amor,
Mi apasionado amor indecible.

¡Mar!, a ti me abandono también, adivino lo que  quieres decirme,
Miro desde la playa tus encorvados dedos que me invitan,
Creo que no quieres volver sin haberme tocado,
Salgamos juntos de paseo, me desnudo, perdamos de vista la tierra,
Acúname con suavidad, méceme en tu sueño ondulante,
Salpícame de amorosa humedad, yo puedo retribuirte.

Mar que henchido te embraveces,
Mar que respiras, hondo y revuelto,
Mar en que está la sal de la vida, mar de cerradas sepulturas aún no cavadas,
Rugiente mar que engendras tempestades, mar delicado y caprichoso,
Soy universal como tú, soy también de una faz y de muchas faces.

Participo de flujos y de reflujos, exalto reconciliaciones y odios,
Exalto a los amantes y a los que duermen abrazados.

Soy el que testimonia simpatía,
(¿Haré la lista de las cosas que hay en la casa y omitiré la casa que las contiene?).

Henry Miller decía de él que no tenía pelos en la lengua y llamaba a los "ángeles ángeles y al estiércol estiércol".  Pero sobre todo bohemio. Condujo el tranvía de Nueva York durante un año en lugar de un amigo suyo enfermo para que no perdiera su empleo; durante este periodo le entregaba mensualmente el sueldo («A ti» pg. 25/T2). Estereotipo de bohemio. Según un frenólogo de Manhattan, "este hombre tiene una gran constitución física (...). Sin duda desciende de la más fuerte y sólida estirpe. Cabeza de gran tamaño. Sus principales características: amistad, compasión, sublimidad y autoestima". Borges nos recuerda: "cuentan que Walt Whitman tenía una sorprendente estructura animal, buena y erguida cabeza; era huesudo, de paso atlético,  costumbres frugales y comprometido con las más altas aspiraciones humanas; se decía de él que era un ciudadano ejemplar". Lorca lo describe de este modo en su «Oda a Walt Whitman» en "Poeta en Nueva York".

Henry Miller, en Trópico de Cáncer, cuenta del profeta de Long Island: "... esa figura única y solitaria que América ha producido en su breve vida. En Whitman cobra vida todo el escenario americano, su pasado y su futuro, su nacimiento y su muerte. Todo lo que hay de valor en América, Whitman lo ha expresado, y no hay nada más que decir. El futuro es de la máquina, los robots. Fue el poeta del Cuerpo y del Alma, Whitman. El primer poeta y el último. Es casi indescifrable hoy, un monumento cubierto de jeroglíficos primitivos para los que no hay explicación. Parece casi extraño mencionar su nombre aquí [París]. No hay equivalente en las lenguas de Europa del espíritu que él inmortalizó. Europa está saturada de arte y su suelo está lleno de huesos muertos y sus museos rebosan de tesoros saqueados, pero lo que Europa no ha tenido nunca es un espíritu libre, sano, lo que podríamos llamar un HOMBRE."

Domingo, 15 de Septiembre de 2013 13:18 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Contra el deporte

20130930124257-chinos.jpg

Ayer, en el facebook, encontré una cita falaz por lo demagógica que podía llegar a ser. Venía a decir que si entendías esa frase era porque un maestro te había enseñado a leer y no un futbolista. No hay que tener muchas luces para saber que tal enunciado es un sofisma placentero para culturetas y sesudos antideportistas. Tampoco es difícil entender lo que exageradamente se quiere decir.

Es miel, como digo, para los que renegamos de alguna forma del deporte de masas, del monopolio del fútbol, del dinero interno y externo que maneja, del tráfico consentido de personas, de la deshumanización incontrolada, del circo sin pan de nuestros días.

Siempre he pensado que entender de fútbol es un poco de derechas, que en mi imaginario viene a decir una mente estrecha y un abecé limitado. Quizá admiré a los deportistas, pero su trascendencia me cohíbe. Nunca me verán desfilar entre las filas de sus practicantes y mucho menos de sus seguidores.

Declaraciones estas, políticamente incorrectas, que hasta para los íntimos había que confesarlas con reservas. (Sin embargo, algún deporte he practicado, como el montañismo, o he jugado, como todo hijo de vecino, en peloteos de todo tipo con los chicuelos de mi escuela.)

Fue un 19 de febrero de 2011, cuando acudí a los Encuentros en la Biblioteca, que dirigía tan sabiamente Juan Carlos Friebe, para conocer y escuchar a la narradora Herminia Luque, cuando leyó unas palabras contra el deporte, tranquilizándome de que yo no era el único que nadaba a contracorriente.

En uno de sus escritos, llamado No sport, la escritora granadina, afincada en Málaga, decía: “El deporte no permite, más que de una forma excesivamente tosca, la expresión de la personalidad. Los deportistas no son más que figurantes de la sociedad del espectáculo. Imágenes en movimiento, emotivas como mucho, nunca denotativas. En absoluto capaces de expresar lo propio, lo característico del sujeto (si lo hubiere) y no sólo lo tópico, lo representado según lo conveniente y lo esperable en la ficción deportiva que corresponda”.

Y termina diciendo: “La utilización económica y mediática, pública en suma, del deporte no es un hecho ajeno al mismo sino que es la instancia indecidible de un conjunto de actividades en sí mismas irrelevantes y carentes de significado”.

Antonio Machado, en Juan de Mairena, decía que “La gimnástica, como espectáculo, tiene entontecido a medio mundo, y acabará por entontecer al otro medio”. Y seguidamente, a pesar de que su protagonista era profesor de gimnasia, expone un texto Contra la educación física: “Para crear hábitos saludables, que nos acompañen toda la vida, no hay peor camino que el de la gimnasia y de los deportes, que son ejercicios mecanizados, en cierto sentido abstractos, desintegrados, tanto en la vida animal como en la ciudadana. Aún suponiendo que estos ejercicios sean saludables -y es mucho suponer-, nunca han de sernos de gran provecho, porque no es fácil que nos acompañen sino durante algunos años de nuestra efímera existencia”.

 “Se diría que Juan de Mairena –continúa Machado- había conocido a nuestro gran Miguel de Unamuno, tan antideportivo, como nosotros lo conocemos”.

Álvaro Cunqueiro, en Fábulas y leyendas de la mar, en el artículo La natación y adivinanzas incide diciendo: “Servidor, como lector del padre Feijóo, creía que natación e inteligencia andaban más bien reñidas (…). La capacidad de bucear durante un largo rato parece ir acompañada de un cierto grado de cretinismo. Yo he conocido en mi vecino mar de Fox a un buceador, realmente sorprendente, que era un robusto idiota”.

En Colombia, otro Álvaro, Álvaro Mutis, nos habla de La miseria del deporte: “El deporte es una actividad humillada y miseranda, El deportista nada arriesga, cultiva sus músculos y adiestra sus reflejos para exhibirse ante una multitud enclenque, de ideas usadas y agrias. El público hace del atleta su ídolo, le atribuye virtudes que quisiera poseer, y, detrás de la opulenta trabazón de músculos, supone atributos heroicos que no existen, aún más, que el atleta niega. Es éste un eunuco que la multitud cubre con deseos imposibles y antiguos, ya perdidos hace tiempo. De allí que el deporte, como la prostitución y el alcohol, se convierta en una pingüe industria en manos de mercaderes inescrupulosos. Mercaderes de atletas”.

Por último, mi admirado Ambrose Bierce, en su famoso diccionario, en la entrada ‘Alba’ nos define: “Momento en que los hombres razonables se van a la cama. Algunos ancianos prefieren levantarse a esa hora, darse una ducha fría, realizar una larga caminata con el estómago vacío y mortificar su carne de otros modos parecidos. Después orgullosamente atribuyen a esas prácticas su robusta salud y su longevidad; cuando lo cierto es que son viejos y vigorosos no a causa de sus costumbres sino a pesar de ellas. Si las personas robustas son las únicas que siguen esta norma es porque las demás murieron al ensayarla”.

Pawel Kuczynski es un ilustrador polaco.

Martes, 17 de Septiembre de 2013 11:34 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 11 comentarios.

Chicote

20130919184900-esclavo6.jpg

Conozco a más de un chicote. De apellido Chicote o de sobrenombre Chicote.

Chicote, o chicota, viene de chico, que coloquialmente es la persona de poca edad, pero robusta y bien formada.

Pero también puede provenir del francés chicot, que viene a ser el cabo o la punta de un cigarro puro ya fumado y, por extensión, el mismo puro.

Para los marineros, el chicote es el extremo, remate o punta de cuerda. Hay un nudo naviero que se conoce como vuelta de chicote, que no recuerdo muy bien cómo es (tendría que buscar en mis apuntes).

En algún lugar de Sudamérica, chicote es la trabilla o tira de tela que sujeta el cinturón y, por Vargas Llosa, en El sueño del celta, me entero de que también es un látigo o azote, “emblema de la colonización africana”, que denunció su héroe Roger Casement.

Los invasores en África iban colonizando, cuenta Mario, “quemando y saqueando aldeas, fusilando nativos, desollándoles las espaldas a sus cargadores con esos chicotes de jirones de piel de hipopótamo que habían dejado miles de cicatrices en los cuerpos de ébano de toda la geografía africana”.

Más adelante, el novelista peruano-español, intenta explicar: “¿Quién inventó ese delicado, manejable y eficaz instrumento para azuzar, asustar y castigar la indolencia, la torpeza o la estupidez de esos bípedos color ébano que nunca acababan de hacer las cosas como los colonos esperaban de ellos, fuera el trabajo en el campo, la entrega de la mandioca (kwango), la carne de antílope o de cerdo salvaje y demás alimentos asignados a cada aldea o familia, o fueran los impuestos para sufragar las obras públicas que construía el Gobierno? Se decía que el inventor había sido un capitán de la Forcé Publique llamado monsieur Chicot, un belga de la primera oleada, hombre a todas luces práctico e imaginativo, dotado de un agudo poder de observación, pues advirtió antes que nadie que de la durísima piel del hipopótamo podía fabricarse un látigo más resistente y dañino que los de las tripas de equinos y felinos, una cuerda sarmentosa capaz de producir más ardor, sangre, cicatrices y dolor que cualquier otro azote y, al mismo tiempo, ligero y funcional, pues, engarzado en un pequeño mango de madera, capataces, cuarteleros, guardias, carceleros, jefes de grupo, lo podían enrollar en su cintura o colgarlo del hombro, casi sin darse cuenta que lo llevaban encima por lo poco que pesaba. Su sola presencia entre los miembros de la Fuerza Pública tenía un efecto intimidatorio: se agrandaban los ojos de los negros, las negras y los negritos cuando lo reconocían, las pupilas blancas de sus caras retintas o azuladas brillaban asustadas imaginando que, ante cualquier error, traspié o falta, el chicote rasgaría el aire con su inconfundible silbido y caería sobre sus piernas, nalgas y espaldas, haciéndolos chillar”.

Jueves, 19 de Septiembre de 2013 18:49 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Estoy en la luna

20130923110630-luna-de-georges-melies.jpg

Cuando estuve en Úbeda por primera vez, tendría 13 o 14 años, con algunos amigos de la misma edad, referíamos humorísticamente a nuestras anfitrionas la expresión de andar ‘por los Cerros de Úbeda’. Ellas, niñas también de nuestra quinta, nos decían con sarcasmo que en su pueblo no había cerros. Durante mucho tiempo pensé que su inexistencia incidía en el dicho. Estar en los Cerros de Úbeda venía a ser como pensar en las musarañas o estar en Babia o estar en la inopia o estar en la luna o no esterarse de nada.

Inopia significa ‘Indigencia, pobreza, escasez’ y estar en ella, según el Diccionario de la Real Academia, sería ‘ignorar algo que otros conocen, no haberse enterado de ello’. Por similitud, estar en Babia es ‘estar distraído y como ajeno a aquello de que se trata’. Babia viene de ‘baba’ o de babieca, que es la ‘persona floja y boba’, o también puede provenir de una comarca montañosa de León, formada por los concejos de Babia de Arriba y Babia de Abajo. Así, estar en Babia, es vivir en el país de los ‘tontos’ o, según Gregorio Doval (Del hecho al dicho, 1995) puede referirse a la evasión de los primeros reyes leoneses cuando se iban a dicha región a cazar y ausentarse a sabiendas de los problemas que les aquejaban.

Al tiempo me enteré de que, aunque no muy altos, en Úbeda sí hay Cerros. Están entre el río Guadalquivir y Gualdalómar. Hacen referencia, siguiendo nuevamente a Doval, a un antiguo alcalde (no especifica ni la fecha ni su nombre) que tenía una amante por tales Cerros. En un pleno municipal en que divagaba especialmente y se alejaba del asunto, un concejal con sorna le atajó diciendo que no se fuera por los Cerros de Úbeda.

Hay otras teorías, pero creo que me voy a quedar con esta picarona historieta para explicar cuando se dice alguna incongruencia o se divaga por el extrarradio del discurso principal, o sea, irse por las ramas o salirse por la tangente que en realidad significa ‘valerse de un subterfugio o evasiva para salir hábilmente de un apuro’ (DRAE).

En este punto, no seguiré divagando pues y hablaré de la luna, que es lo que pretendía. Estar en la luna es ‘estar fuera de la realidad, no darse cuenta de lo que está ocurriendo’.

Acabo de leer los Relatos verídicos de Luciano de Samosata (¿Otra vez, Jorge? Sí, otra vez) en los que se narra un fantástico viaje a la luna. Este autor griego (siglo II d. C.), según reconoce, estuvo influido por Antonio Diógenes (casi contemporáneo suyo).

Desde esta aventura, no tengo otra referencia de huída a la luna hasta el siglo XVII, donde el espadachín y poeta (o viceversa) Cyrano de Bergerac escribió Historia cómica de los Estados e imperios de la luna (1662). Conocemos a Cyrano por el drama del mismo título de Edmond Rostand y por películas de ficción.

La siguiente noticia, la más conocida de ascensión selenita, es de Julio Verne cuando escribe De la Tierra a la Luna, en 1865, llevada al cine en 1902 por Georges Méliès (la célebre luna con el cohete en el ojo) y en 1958 por Byron Haskin.

El primer alunizaje real de la historia lo pude ver el 20 de julio de 1969 en una pantalla de televisión en blanco y negro de la mano de mi abuelo subiendo de la playa hasta Granada por la Carretera de la Cabra. A mis siete años la nebulosa del recuerdo se vuelve irreal y romántica. No sólo veía en blanco y negro el monitor elevado, sino que recuerdo en tonos de gris toda la escena, el bosque que rodeaba el local con sus encinas y sus pinos, la estancia con su mostrador de madera y sus muebles añosos, los parroquianos con sus ropas de verano asistiendo absortos y escépticos a un logro sin precedentes cuando un Neil Armstrong ingrávido plantaba una bandera made in USA en la cara visible del astro. Quizá los únicos que alucinábamos en colores éramos mi abuelo y yo.

El padre de mi madre, entonces, apretándome la mano suavemente, con su cigarro consumido entre los labios, sin dejar de mirar el baile de los astronautas bicolores, me dijo: ‘eso es mentira’.

Lunes, 23 de Septiembre de 2013 11:06 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

La desnudez como prueba

20130925113750-frine-ante-el-areopago-1861-.jpg

Uno

El escultor griego Praxíteles (siglo IV a.C.) tenía como musa a Friné, una hermosa hetera (una cortesana, como lo fuera Aspasia, amante de Pericles, quien le dio un hijo), a la que, como otros artistas, no dudaba en utilizarla como modelo para representar a la diosa del amor (la Venus de Cnido se supone que es la imagen de Friné, una de las más bellas esculturas que conozco).

Friné fue juzgada en el areópago (tribunal superior de Atenas) por el delito de impiedad (por el mismo ‘crimen’ que se sentenció a muerte a Sócrates).

Hipérides, su defensor, fue incapaz de convencer a los magistrados con su discurso. Entonces hizo desnudarse a Friné ante los jueces, quienes la absolvieron convencidos de que no se podía privar al mundo de tal belleza, la cual era un monumento vivo a Afrodita.

Dos

En la Inglaterra del siglo XI, sir Leofric, conde de Chester y de Mercia y señor de Coventry, cegado por su ambición quiso subir los impuestos a un pueblo ya estrujado. Lady Godiva, su bella y bondadosa esposa, le pidió que no diera curso a sus deseos de explotación, para lo cual, pensando que quizá no se atrevería, el conde dijo de bajar los tributos si recorría las calles de Coventry a caballo, sin más vestidura que sus largos cabellos.

La dama pidió a sus vecinos que se encerraran en sus casas para no perturbar su desnudez. El día señalado, Lady Godiva paseó por su pueblo desnuda, montada a caballo, a la vista de todos pero sin que nadie la viera.

Tres

En El Escarabajo de Mujica Lainez se cuenta que una americana de alta condición, esbelta y elegante, fue falsamente acusada de esconder alguna enfermedad cutánea, incluso lepra, bajo sus permanentes guantes de caña alta. En una reunión, delante de los asiduos amigos de la alta sociedad que frecuentaba, se desnudó por completo para mostrar una piel inmaculada y un cuerpo más que deseable a pesar de la edad que ya acumulaba..

El escritor bonaerense describe: “Mrs. Vanbruck empezaba a desprenderse las tiras que le sostenían el vestido en los hombros; nadie más lo notó, porque la norteamericana había retrocedido hacia la media luz que circundaba la claridad redonda de la gran lámpara, bajo la cual resplandecían las calvas, los gemelos, las sortijas, las pulidas uñas y las brasas de los cigarros de los señores. Mrs. Vanbruck deslizó con habilidad el forro de seda de Cheruit, descubriendo sus pechos, quirúrgicamente impecables. Lo vio Maggie y lanzó un grito. Volviéronse todas las cabezas, y los presentes comprobaron, atónitos, como ante una alucinación, que Mrs. Dolly continuaba bajando el vestido celeste, y que exhibía la mimada pulcritud de su vientre, de su ombligo, para terminar arqueando sobre la cabeza sus brazos de encaje negro (…). Y giró el cuerpo muy acariciado, aproximándolo a la lámpara (…). Mrs. Vanbruck medía los pausados ademanes, y revestía una vez más la obra maestra de cirujanos conspicuos que un minuto antes exhibiera, tornaba a cerrar los broches de diamantes que en los hombros sujetaban sus tirillas, se inclinó y, prolongada su figura por la breve cola celeste, se alejó como un ave majestuosa”. 

* Friné ante el Areópago, Jean-Léon Gérôme (1861).

Miércoles, 25 de Septiembre de 2013 11:37 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Derecho a la educación

20130926113542-puerta-cerrada.jpg

En el libro Escultismo para muchachos (1908), de Baden Powell, recuerdo que había un capítulo dedicado a la observación que tomaba como base los aprendizajes de Kim de la India en la novela del mismo nombre (1901) de Rudyard Kipling.

Aquí se decía que era posible averiguar el estatus social de las personas mirándoles los zapatos. Se refería al abismo entre las clases sociales en Inglaterra a principios de siglo.

Esta prueba de análisis estaría vigente durante algún tiempo, pero cuando yo leí la obra del fundador del movimiento Scout, todo el mundo llevaba los zapatos iguales.

No hemos tenido que esperar mucho, sin embargo, para resucitar el arriba y abajo entre la ciudadanía. El nivel entre las personas lo determina el dinero, no la sangre. El derecho de explotación crece con la desigualdad de las leyes. El acceso al poder económico, a la igualdad y a la solidaridad incluso lo dicta la educación.

Pero la educación es elitista. Los recortes y las exigencias están limitando, como antaño, el acceso al ‘saber’ a las personas pudientes.

(En México había una familia con siete hijos que acudían al colegio por turnos porque sólo poseían un par de zapatos para todos los niños.)

Quien no tiene dinero para una matrícula que no estudie. Quien no tenga suerte de recibir una de las limitadas becas del Estado que no estudie. Quien no pueda adquirir los libros exigidos que no estudie. Quien tiene que ganarse la vida para pagarse la carrera porque sus padres no tienen ni para comer que no estudie.

La Constitución española preconiza en su artículo 27 el derecho a la educación. Este derecho está contenido en numerosos tratados internacionales de derechos humanos pero su formulación más extensa se encuentra en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, ratificado por casi todos los países del mundo. El Pacto en su artículo 13 reconoce el derecho de toda persona a la educación, no sólo en la enseñanza primaria, sino también en la secundaria y en la superior la cual “debe hacerse igualmente accesible a todos, sobre la base de la capacidad de cada uno, por cuantos medios sean apropiados, y en particular por la implantación progresiva de la enseñanza gratuita”.

Antes estudiabas para ser abogado y eras abogado. Estudiabas para maestro y eras maestro. Hay quien elige sus estudios sin saber qué acontecerá. Hay quien estudia una cosa u otra o se apunta a un módulo de Formación Profesional o entra en una academia donde expenden un título de nosequé, o se apunta en el paro y empieza a buscar un trabajo incierto.

Si la ‘crisis’ ha servido para algo ha sido para aumentar la empatía, la solidaridad entre los que menos tienen, el altruismo entre quienes menos necesitan.

Vemos a familias regalando libros de años pasados o cambiándolos por otros o vendiéndolos a bajo precio. Hay profesores que no exigen libros o que proporcionan fotocopias o que comparten manuales.

Sin embargo, el otro día lo vi en un instituto de Granada, una profesora exigía un ejemplar nuevo, sin subrayado ni marca alguna, sin excusas para el segundo día de clase. El texto cuesta cincuenta euros. Uno de sus alumnos puede que no coma en varios días, pero si quiere asistir a clase y poder meter la cabeza en nuestra sociedad capitalista, debe comprarse el librito.

Puede que volvamos a distinguir el estatus de las personas mirándoles a los zapatos.

Jueves, 26 de Septiembre de 2013 11:35 volandovengo #. Denuncia Hay 2 comentarios.

El poema de la costurera

20130930121113-li-shimin.jpg

Cuanto más grande es un imperio, más crecen sus fronteras. Aumentan sus aliados (muchos por conveniencia o amenazas), pero también se multiplican los enemigos que no tuercen el brazo ni agachan la cabeza para morir de pie un día y no vivir el resto arrodillados.

Entre las notas del segundo volumen de Sueño en el Pabellón Rojo, de Cao Xueqin y Gao E (siglo XVII) recojo una anécdota, que recreo para los pacientes lectores de este blog.

Según la Crónica de la Poesía de la dinastía Tang (610-907), las damas del Palacio Imperial enguataban con algodón las ropas para los soldados que defendían la frontera. Uno de los defensores del helado norte, donde la Gran Muralla se salpicaba de calvas rompiendo o incidiendo en la idea borgiana de la infinitud, encontró entre los pliegues de su ropa un poema que decía:

Amigo que combates en el campo de batalla; 
amigo al que penalidades y frío impiden dormir.
Un uniforme guerrero te estoy cosiendo, 
¿quién serás tú, que lo ha de usar?
Muchos hilos utilizo; 
por cariño, con mucho algodón lo enguato.
Ya no es posible en esta vida: 
nos uniremos en la siguiente.

El soldado mostró el poema al mariscal de campo, hombre cejudo y entregado, quien viendo en tal misiva una falta grave en época de guerra, se lo ofreció por medio de un fiel correo al emperador —posiblemente Li Shi Min (599-649)—, quien, exhibiéndolo a su vez ante las damas de palacio, doncellas y servidoras al fin y al cabo, prometió que no castigaría a la autora.

Una dama con espíritu resuelto aunque con gran recelo, con voz temblorosa confesó que el poema era obra suya. El emperador la felicitó por su bravura y sensibilidad y decidió casarla con el soldado a cuyas manos había ido a parar el poema.

Un soldado era un ciudadano libre, con su paga estable y la posibilidad de ascender. Ella abandonó su estatus de criada y se posicionó en la sociedad donde presumiblemente no dejó de componer versos, pero ninguno tan eficaz y trascendente como el que metió entre algodones en la casaca de un soldado.

* El emperador Li Shimin en la imagen.

Lunes, 30 de Septiembre de 2013 12:11 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris