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Presentación en Granada

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Martes, 04 de Noviembre de 2014 09:44 volandovengo #. Septimio de Ilíberis No hay comentarios. Comentar.

‘Septimio de Ilíberis’, la historia de un personaje que pierde la cabeza

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[Encuesta para el diario Ideal de Granada (6-11-14), por Miguel Ángel Alejo]

El crítico flamenco Jorge Fernández Bustos presenta esta noche en La Expositiva su primera novela

Jorge Fernández Bustos presenta hoy su primera novela ‘Septimio de Ilíberis’ (Círculo Rojo) en La Expositiva, una sala situada junto a Plaza Nueva a las 22,00 horas. Jorge Fernández Bustos es crítico flamenco en diferentes medios de comunicación. Con anterioridad ha publicado diferentes cuentos, cofundador de Ediciones del Vértigo y de las revistas Letra Clara y El erizo abierto. En ‘Septimio de Ilíberis’ el autor toma la España romana para introducirse en un fantástico mundo de la mano de un personaje sin cabeza y un monje que habla con su burro.

- El personaje principal de la novela, ¿recorre prácticamente toda la Península?

- El personaje principal, Septimio, es un joven que vive con su familia en Ilíberis (Granada), que se ve obligado, como en el resto de las familias trabajadoras, a abandonar a sus padres en busca de fortuna, pero, en vez de encontrar nada, pierde la cabeza y se ve obligado a caminar con ella debajo del brazo hasta Mérida, donde encuentra un monje, quien cree a su burro mozo encantado y le habla en buenos latines. En compañía de este fraile, llegan a Toledo, a la corte del rey visigodo Recaredo (pues a final del siglo VI se desarrolla la acción) y, tras participar en el Concilio Tercero de esta ciudad, vuelven a la Vía de la Plata, hasta su final, para encontrar compuesto para su figura y, de paso, un amor que ha tenido mucho que ver en su descabezamiento.

En la presentación, el autor estará acompañado de los poetas Juan Carlos Friebe y Mercedes Elorza, que se dedicarán a la parte lírica de la novela, y el narrador Jesús Ortega, que leerá unos fragmentos de la misma. El autor, o sea, yo, presentará la novela, su aspecto más lúdico y el más sesudo, sin olvidar la comicidad que impregna toda la obra.

- Tres años escribiendo el libro, ¿cómo ha sido ese proceso?

- Han sido tres años materiales, pero otros muchos con la idea rondando por mi cabeza. El proceso ha sido excitante. Tenía claro desde dónde partía y hacia dónde quería llegar, incluso episodios de entremedias, lo que no tenía muy claro es el día a día, los sucesos intermedios. A veces escribía para sorprenderme a mí mismo, para saber lo que venía después. En esos tres años he repasado mucho, corregido, ampliado y tachado. Para seguir escribiendo, casi siempre leía todo lo anterior y lo manipulaba como un muñeco de plastilina. Muchas veces me ha ocurrido llegar a casa feliz con una idea, o simplemente con una palabra, e insertarla donde me parecía adecuada. Otras veces tenía que dejar de escribir porque la obra me empezaba a fagocitar. Llegaba a tal extremo de surrealismo y enrevesamiento que me bloqueaba. Necesitaba respirar, tomar aliento. Un aire que se aprecia y que llegaba a agradecer. No tuve prisa en ningún momento. La novela estaba dentro de mí, sólo necesitaba que fuera manando a su amor.

- El libro está escrito como castellano antiguo, pero con elementos modernos, ¿por qué optó por ese lenguaje?

- No es que esté en castellano antiguo, pero sí tiene giros y expresiones arcaicas, que le dan un aire fantástico, como el resto de la novela. Al ser en realidad un cuento largo, un cuento de cuentos, pero para adultos, era necesario no infantilizar demasiado el lenguaje. Así, además de esos guiños pretéritos, su composición es rebuscada, casi erudita y en un tono bastante lírico, lo que hace que quizá cueste entrar en faena, pero una vez que se le ha cogido el pulso, se hace bastante fluido e interesante. Todas las palabras menos convencionales se comprenden perfectamente entre el contexto.

Al mismo tiempo hace referencias bibliográficas y mitológicas...

- Sí. El libro, además de participar de la poesía, como te digo, también se asoma al ensayo, y es normal que aparezcan citas y pensamientos de personajes completamente extemporáneos desde Aristóteles o Luciano de Samosata, hasta Sánchez Ferlosio o Caro Baroja, pasando por Paracelso, fray Antonio de Guevara, Orase Walpole o Borges. Y, en cuanto a la mitología, el cuento de por sí es hagiográfico. 

Domingo, 09 de Noviembre de 2014 10:13 volandovengo #. Septimio de Ilíberis No hay comentarios. Comentar.


Todavía soportamos, de alguna manera, la unión de Iglesia y Estado

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Encuesta para el diario Granada Hoy (6-11-14), por Gonzalo Cappa

El autor granadino presenta esta noche en la sala La Expositiva (22 horas) su novela ‘Septimio de Ilíberis’ 

-¿Cómo era la ciudad de Granada, Ilíberis, en época visigoda? ¿Cómo se ha imaginado y cómo plasma la vida diaria?

- Ilíberis era un pequeño núcleo de población a orillas del río Darro que tenía cierta importancia pues tenía ceca propia y mantenía una estructura eclesiástica. Cerca de la ciudad se encontraban también un gran número de villas. Al ser la novela bastante fantástica, aunque situada en un periodo muy determinado y en lugares conocidos, la vida que imagino es igualmente fabulosa, aunque salpicada de realidades, como es el arrendamiento de las tierras por los señores principales, la vida entorno a los dos ríos o el funcionamiento de las termas.

-¿Cómo es el viaje que emprende el protagonista recorriendo Hispania de norte a sur? ¿Qué se encuentra a nivel material y emocional?

- Septimio, a la edad de catorce años, abandona su casa para buscar fortuna. En sus primeras andadas pierde la cabeza y se ve obligado a llevarla debajo del brazo, hallando así un sentido a su deambular. A saber, encontrar compuesto para su figura y de paso un amor, que quizá sea la causa de su descabezamiento. El descabezado llega a Mérida por la Vía de la Plata, donde conocerá la amistad incondicional de un monje y su burro, al que cree mozo encantado, como el Asno de Oro de Apuleyo. Con el fraile participará en el III Concilio de Toledo. Después, reemprenderán su búsqueda hasta Astorga.

En la novela hay unos ciento veinte personajes, entre reales y ficticios. Todos tienen sus características y su razón de ser, interactuando poderosamente con el descabezado y sus tribulaciones.

-Centra la trama en el III Concilio Toledano, donde Recaredo abjuró del arrianismo y se convirtió al catolicismo. ¿Por qué esta conversión? ¿Qué razones ofrece en la novela?

- En este aspecto, como en casi todos los detalles históricos, no me invento nada. Sigo manuales de historia y escritos de la época. Igualmente he consultado las actas del Concilio y las Etimologías de san Isidoro. En dicho Sínodo, como dices, se renunció a la religión arriana a favor de la católica simplemente para lograr la unidad de España. De camino supuso el paso definitivo que unió Iglesia y Estado. Extremo que, en cierta manera, aún soportamos en la actualidad (aunque solapadamente).

-De alguna manera, con esta conversión, ¿este es el momento en el que nace esta España que defiende Aznar que fue derrotada por los extranjeros árabes en el 711?

- Pienso que no tiene nada que ver la España de aquella época con la de ahora. Pese a quien le pese, hoy somos la gloriosa descendencia de todas las civilizaciones que se han asentado en la piel de toro. Precisamente, con los árabes, la Península adquirió un avance que antes no tenía. Se puede decir que entramos de lleno en la Edad Media y fuimos emporio cultural admirado por todas las naciones. Nuestro poso andalusí es innegable.

-¿Por qué la novela histórica ambientada en época visigoda es la hermana pobre en comparación con las ambientadas durante la época musulmana?

- Es verdad que hay mayor número de novela histórica a partir de los árabes. La razón estriba en que anterior a ellos hay poca documentación y la que hay es sesgada e hipotética, más cercana a la arqueología que a la historia en sí. De todas formas, para la recreación que propongo, me ha venido muy bien esta carencia, pues he podido fabular con holgura. La novela participa de un pasado hispanorromano, que todavía no se ha ido, y de un porvenir visigodo que no ha terminado de definirse. Por otra parte hay bizantinos en el sur y alanos en el norte, algún vándalo que otro y algunas comunidades de judíos. Con este caldo de cultivo, no tenía necesidad de asomarme si quiera a la media luna.

¿Ha tenido que volver a aprender la temida lista de reyes godos?

- Nunca llegué a aprendérmelos. Ni siquiera ahora. Tengo la idea general y cientos de esquemas. Me he centrado simplemente en los reyes que tienen cierto protagonismo en la novela, que son Leovigildo, Hermenegildo, Recaredo, Liuva y Viterico.

-“Volvía grupas a septentrión y se dejaba empopar”. De vez en cuando hay que echar mano al diccionario para leer su novela. ¿Quería ponérselo difícil al lector o simplemente ha buscado darle más verosimilitud al cronista?

- Empleo un lenguaje arcaico, sin llegar a ser castellano antiguo, cercano al que empleaba Álvaro Cunqueiro, quien me ha aportado el pulso narrativo. A veces, lo reconozco, es rebuscado y erudito, pero nada incomprensible. Cualquier palabra o giro se entiende perfectamente en el contexto. Destacaría, más que nada, la inclinación lírica de toda la obra. Es sonora y rica en calificativos.

Por otro lado, Septimio de Ilíberis, puede parecer un cuento grande o un cuento de cuentos en su forma. Es el lenguaje lo que hace traspasar este concepto hacia algo más real que entronca con la novela gótica y el viaje de aventuras, como puede ser el mismo Quijote.

-Nace Septimio y el padre lo coge en brazos para ver si es hijo suyo o del marqués de Dosaguas. Una forma sutil de introducir el derecho de pernada en la novela...

- Más que sutil es evidente. El señor de las tierras tenía poder sobre sus vasallos, tanto sexuales como de vida y muerte.

Martes, 11 de Noviembre de 2014 21:55 volandovengo #. Septimio de Ilíberis Hay 2 comentarios.

Septimio de Ilíberis (Lejos de Itaca)

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Crítica de José Vicente Pascual en su blog Lejos de Ítaca (20 de noviembre de 2014), aparecida también en la web literaria El placer de la lectura (26 de diciembre de 2014)

Hay autores que escriben para la clientela de las grandes superficies comerciales y otros que lo hacen pensando en los lectores. Hay novelistas obsesionados con las tendencias eventuales del mercado y otros que se esmeran por entender los universales de la literatura. Hay quien redacta cientos de folios para demostrar lo mucho que sabe y hay otros (una minoría), que acude a la tradición literaria para aprender de los grandes maestros e intentar, con humilde diligencia, seguir la huella de quienes hicieron del arte de la novela un hecho cultural imperecedero, no una moda que se mantiene unos meses y pasa al olvido sin dejar más rastro que algunos movimientos en la cuenta de resultados de cualquier editorial. O sea y en resumen: hay que se toma este oficio en serio, como una dedicación creativa de primer nivel, y los hay que aspiran (porque su ambición no da para más), a cierto modo de vida (“ser escritor”) atractivo, glamouroso y un poquitín hortera.

Jorge Fernández Bustos pertenece a esa raza de novelistas que no se conforma con la perspectiva zascandil y casi siempre frustrante de “vender”, los que no conciben la literatura y la narrativa desraizadas de nuestro (inmenso) legado cultural, ajena al magisterio de aquellos autores decisivos que a lo largo de muchos siglos edificaron el fabuloso artificio de la literatura en lengua española. No me estoy poniendo estupendo, ni me apetece esta mañana un atracón de prosopopeya: simplemente escribo lo que pienso sobre este asunto. Si un novelista, a la hora de ponerse ante el teclado (esa antigua y obsoleta “hoja en blanco” que nadie utiliza hoy día, a excepción de Javier García Sánchez, otro de los grandes), no tiene bien presente que antes de que él empezara a juntar letras hubo maestros que escribieron La CelestinaEl Lazarillo,Tirant lo Blanch o las aventuras del caballero manchego y su escudero rechoncho, en tal caso, temamos por la suerte del empeño. Si no acudimos a los autores contemporáneos que han dado prestigio a nuestras letras en el universo mundo, desde Carpentier a Vargas Llosa, de Cunqueiro a Perucho, Josep Pla, José Donoso, Espinosa, Ríos, Wiesenthal, Ferlosio, Fernández Florez... Puede que consigamos algo meritorio, no lo niego; pero el brillo genuino, auténtico, de la narrativa como arte mayor de la literatura, quedará sepultado en el bullicio triste de miles de títulos que reclaman la misma atención con argumentos menesterosos y que sugieren, en todo caso, misericordia.

Jorge, ya lo dije antes, no es de esos. Y lo ha demostrado con más que sobrada pericia con su espectacular Septimio de Ilíberis, desde mi punto de vista una obra magistral. Ejemplar. Impecable tanto por lo que expone y por el riesgo asumido al transitar los ámbitos, digamos, superiores de la novela; por cómo se desarrolla el argumento, la inusual potencia del estilo y, sobre todo, por lo que denota: un afán admirable por nutrir su obra con todo el bagaje, extraordinario, que fueron aportando los maestros de lo real maravilloso. Aclaro enseguida que no estamos hablando de una novela debitaria del realismo mágico suramericano, escuela que cuenta con iniciadores del portento (Carpentier, Miguel Ángel Asturias), aventajados epígonos (García Márquez, Mujica Láinez, Uslar Pietri), y epígonos de epígonos que no me apetece citar porque terceras partes casi nunca fueron buenas. No es ese el camino de Septimio de Ilíberis. Su autor, un escritor que hasta ahora se había ceñido al relato, las colaboraciones en publicaciones periódicas y la crónica bloguera de su otra gran pasión, el flamenco, elige con una elegancia y aptitud encomiables la senda de la imaginación, la fantasía, la historia, la erudición, la forja del lenguaje y el arte de narrar avivado por el genio inspirador que todo lo convierte en materia novelable, verosímil (“En literatura, es real todo lo que puede nombrarse”, afirmaba Torrente Ballester). Es la aventura, el drama de la vida cuando la misma vida reclama el privilegio y el derecho a ver dos palmos más allá de las narices, dos pasos más allá de la, a menudo, anodina, gris, tediosa realidad seca como una noria seca, a la que por más vueltas que dé el asno enjaezado a la percha sólo conseguirá sacar más tierra y nada de agua.

Durante cinco años residí en Sevilla, y por motivos familiares viajé a León en incontables ocasiones, recorriendo la Ruta de la Plata de un extremo a otro, conozco ese camino más de lo que me habría apetecido (el viaje era largo, la autovía estaba en obras... En fin). Septimio de Ilíberis hace la misma senda en condiciones un poco más incómodas, descabezado, en compañía, primero, de una dama muerta que no está muerta de verdad porque no existe, y después haciendo comandita viajera con el monje Serenus y su asno Lucio, quien al parecer es en realidad un caballero encantado, movedor de orejas como argucia para asentir cada vez que le recitan sentencias latinas. En un momento de la narración, la dama muerta que no está muerta, sólo mal ahorcada porque no se puede ajusticiar cabalmente por delito de sodomía a quien no existe y, además, es mujer, el prudentino Septimio, con la cabeza sujeta bajo el hombro, y un juvenil personaje que por allí pasa, debaten sobre la posibilidad de capturar la luna y encerrarla en un sombrero de fieltro negro, tal como afirma haber conseguido este efímero personaje. No queda claro si el prodigio llegó o no a consumarse, pero el caso es que esa noche la luna no comparece. Esto es literatura. No digo (porque no puedo decirlo), que sea toda la literatura, ni lo más aconsejable siquiera del hacer literario (bien difícil se presenta el empeño a quien lo intente); pero es literatura de un calado y unas poderosas reminiscencias que, de inmediato, nos remiten a la tradición heterodoxa, céltico-normanda medieval, y al magisterio y sabiduría de autores como Álvaro Cunqueiro, Joan Perucho e Italo Calvino, entre otros.

También advierto algún eco delicioso de otro gran fantaseante, el polaco Sapkowski. La madeja dorada de la creación libérrima compone un argumento “de familia” en las literaturas eslava occidental, escandinava, islandesa, anglo-germana, galaico-portuguesa y, por supuesto, grecolatina. Difícil es la opción de Jorge Fernández Bustos, en efecto, pero tan apasionante y de una tan exquisita manera alcanzada que todos los lectores amantes de la ficción, la historia compuesta según la bella metodología de lo poético y lo erudito (tan esencial, tan poco útil como todo lo que es bello), la potestad de la imaginación, el poder evocador de la fantasía y, sobre todo, la demoledora, hipnótica eficacia supra-consciente de los mitos arcanos que subyacen en la conciencia ancestral de nuestra civilización, van a agradecer mucho esta novela. Hacía mucho que no gozaba tanto una lectura. Inténtenlo, por favor.

Viernes, 21 de Noviembre de 2014 09:39 volandovengo #. Septimio de Ilíberis No hay comentarios. Comentar.

‘Septimio de Ilíberis’, la historia de un caballero que pierde la cabeza por amor

Nota de prensa de CÍRCULO ROJO

El granadino Jorge Fernández Bustos nos abre una nueva ventana a la imaginación, “es un cuento largo, un cuento de cuentos. Destacaría todas esas historias paralelas y fantásticas, con más de ciento veinte personajes (algunos de ellos históricos), que hacen que la novela vaya creciendo”, nos comenta.

Jorge Fernández Bustos lleva escribiendo desde su juventud, pero ha sido ahora cuando ha dado el paso a la edición de su novela ‘Septimio de Ilíberis’ después de haber publicado cuento, ensayo y poesía. En esta obra nos traslada a un mundo fantástico lleno de historias disparatadas con tintes antiguos.

En cuanto a la forma, su autor explica “he adoptado un cierto lenguaje arcaico, sin llegar a ser clásico, rico en calificativos y guiños a escritores de todas las épocas. Tiene, por otra parte, bastante de poesía y referencias ensayísticas. Algunos sujetos de los que pueblan la obra tienen un modo determinado de comunicarse, como quien habla en tercetos encadenados, el que lo hace en orden alfabético o el que emplea una letra más pequeña”.

La trama de la obra gira en torno al personaje de Septimio que después de abandonar su casa en la ciudad prodigiosa de Ilíberis (Granada) para buscar fortuna, pierde su cabeza por amor y se ve obligado a llevarla debajo del brazo hasta hallar compostura. Con este fin, recorre la Península de sur a norte por la Vía de la Plata, en compañía de un monje y su burro, al que cree mozo encantado.

El escritor destaca que “está salpicada de magia pero dentro de un contexto histórico definido de verdadera tolerancia, donde conviven hispanorromanos, bizantinos, vándalos, visigodos y judíos. Podía adelantar algunos prodigios, que, aunque cueste asimilar, están basados en creencias clásicas o medievales, como pueden ser las sirenas y los centauros, los gigantes y los grifos, la niña de cristal y el hombre serpiente”.

‘Septimio de Ilíberis’ cuenta con más de un centenar de personajes fantásticos e históricos sacados de la cabeza del autor, “uno de mis autores de cabecera, Álvaro Cunqueiro, me ofreció el pulso narrativo y Joan Perucho me prestó el mundo mágico de finales del siglo sexto”, nos indica. Por ello, para que el lector no llegue a perderse ningún momento de la obra, Jorge Fernández Bustos incluye dos apéndices: uno de lugares y otro de personajes que no sólo nos ayudan a identificar el sitio o el individuo en cualquier momento, sino que complementan la novela aportando nuevos detalles que en ésta no aparecen.

Sin duda, ‘Septimio de Ilíberis’ nos hará pasar un buen rato gracias a la cantidad de personajes y aventuras que viven en él. 

Lunes, 24 de Noviembre de 2014 22:19 volandovengo #. Septimio de Ilíberis No hay comentarios. Comentar.


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