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El primer arma homicida

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Nada más componer el título de este pots, veinte objeciones me asaltan. Nunca he estado a favor de las generalidades ni de las sentencias absolutas. Especificar que algo sea lo mejor, lo más, lo primero, conlleva conocer todo lo semejante, todo lo habido hasta el momento. El riesgo del superlativo, si no viene tildado de algún humilde condicional o apóstrofe relativo, supone un riesgo inestable para quien pronuncia la rotundidad.

Hablar del primer homicida de la historia (o su vil instrumento) quiere decir que antes no hubo ninguno, que el asesinato comenzó con ese suceso, que conocemos fehacientemente su autoría y precedencia.

Limitaré no obstante el espacio, acogiéndome a la Historia Sagrada de las religiones monoteístas, a las creencias religiosas de la creación, donde nuestros primeros padres, de los cuales partimos el resto de la humanidad, eran seres compuestos de todos sus miembros.

Acotado el terreno, es fácil dilucidar que me refiero a Caín (el primer nacido, según la crónica oficial) y el arrostramiento fatal con su hermano Abel.

Como sabemos, siguiendo las versiones hagiográficas, Abel era pastor y su hermano agricultor. Ambos elevaban preces y sacrificaban el fruto de su trabajo al Altísimo.

Mientras el humazo de la cosecha inmolada de Caín se esparcía por tierra, la fumarada del cordero del segundogénito se elevaba hasta confundirse con los cúmulos de un buen día.

El hermano mayor sintió envidia (por primera vez en la historia) y pasó lo sucedido. En palabras textuales de la Biblia (Génesis 4:8), “Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató”.

El Corán nos dice (sura V, aleya 30): “Cuéntales la historia, tal cual es, de aquellos dos hijos de Adán que presentaron sus ofrendas. La ofrenda del uno fue acep­tada, la del otro fue rechazada. Este le dijo a su hermano: Voy a matarte”.

El Libro de Enoch y otros libros sagrados y escritos cuentan simplemente que Caín asesinó a Abel. En ningún sitio se dice cómo. Es nuestro subconsciente colectivo, y las manifestaciones artísticas expresadas desde el siglo IX, concebimos una quijada de burro como arma homicida.

Se podía pensar que los cristianos de la Edad Media llegaron a esta conclusión por analogía con la historia de Sansón que se narra en el Libro de los Jueces [15, 14-17]: “Cuando estaban por llegar a Lejí, los filisteos le salieron al encuentro dando gritos de triunfo. Entonces el espíritu del Señor se apoderó de él: las cuerdas que sujetaban sus brazos fueron como hilos de lino quemados por el fuego y las ataduras se deshicieron entre sus manos. Allí mismo encontró una quijada de asno, todavía fresca, extendió su mano, la tomó y mató con ella a mil hombres. Entonces Sansón exclamó: Con la quijada de un asno hice dos pilas de cadáveres; con la quijada de un asno dejé tendidos a mil hombres. Cuando terminó de hablar, Sansón arrojó la quijada del asno”.

En 1942, el historiador lituano-estadounidense Meyer Schapiro publicó un artículo sobre esta cuestión en la revista The Art Bulletin, en el que considera que “se eligió esta arma por la concurrencia de dos motivos principales: por un lado, durante la Edad Media, los aperos de labranza solían fabricarse con los huesos de los animales muertos y, la forma de las quijadas era muy útil para ser empleada en el campo como hoz; partiendo de esta base, el pueblo llano asimiló con buena lógica que el primer asesino hubiese utilizado el mismo arma que ellos usaban en su trabajo; y, por otro lado, la mandíbula inferior de la boca siempre se ha relacionado con el concepto de la puerta del infierno, representada por un terrible ser monstruoso con las fauces abiertas, dispuestas a tragarse a los pecadores, de ahí que la quijada también llevase implícito los elementos de la bestialidad y la maldad”

Sin embargo, a lo largo de la historia (sobre todo artística y literaria), para este episodio se han recurrido a diferentes armas, palos, piedras, hoces, bastones, azadas, guadañas e incluso un tizón de las ascuas del altar donde los hermanos practicaban los sacrificios.

Thomas de Quincey cuenta al respecto, en Del asesinato considerado como una de las bellas artes, que un autor se inclina por una horquilla, San Crisóstomo por una espada, Ireneo por una guadaña y Prudencio, poeta cristiano del siglo cuarto, por una podadera de setos (Frater, probatae sanctitatis aemulus, Germana curvo colla frangit sarculo); es decir que su hermano, celoso de su comprobada santidad, lo degüella con una podadera curva.

El padre Mersenne, erudito católico francés del siglo XVII, que estudió diversos campos de la teología, afirma en la página mil cuatrocientos treinta y uno (sic) de su comentario al Génesis, apoyándose en la autoridad de varios rabinos, que la causa de la pelea entre Caín y Abel fue una muchacha; y que, conforme a diversas versiones, Caín se valió de sus dientes (Abelem fuisse morsibus dilaceratum a Cain) para acabar con su hermano.

Viernes, 03 de Abril de 2015 11:27 volandovengo #. Reflejos de un mundo paralelo No hay comentarios. Comentar.

¿Crees en Dios?

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Una pregunta que siempre nos ha perseguido, reluciendo en determinados momentos de nuestra vida, es sobre la existencia de Dios, o más bien sobre nuestra creencia personal sobre el Altísimo, el supremo Hacedor, un ser omnisciente y omnipotente, creador de todo lo habido y por haber.

Lo más fácil es decir sí o no, que se complica cuando hay que argumentar ontológicamente dicho monosílabo, que, en ese caso, variadas veces apoyamos en citas de autoridades.

Una pintada en muro anónimo rezaba: “Dios ha muerto”, firmado Nietzsche; en un lugar inmediato ponía “Nietzsche ha muerto”, firmado Dios. Cada uno, según su creencia, considere la frase más realista.

La existencia de Dios, al menos en nuestras mentes, es necesaria. Voltaire decía: «Si Dios no existiera habría que inventarlo». Es una tranquilidad, es un consuelo, no sólo la existencia de nuestro Padre, sino su programa político, sus promesas de cielo, de vida futura y de resurrección.

Hay mucho deísta, como hay mucho ateo y mucho agnóstico. Quien cree, ve a Dios en todas partes; quien reniega, no encuentra ningún razonamiento lógico sobre su realidad; quien duda, no lo advierte, pero podría reparar en él en cualquier momento.

Bertolt Brecht, en Historias de almanaque, escribe: «Alguien preguntó al señor K. si existía un dios. El señor K. respondió: “Te aconsejo que medites si tu comportamiento variaría según la respuesta que se diese a esa pregunta. Si permaneciese inalterable, la pregunta sería ociosa. Si, por el contrario, tu conducta variase, en tal caso puedo ayudarte diciendo que tú mismo habrías zanjado la cuestión: Efectivamente, necesitarías ese dios”».

Mario Benedetti reconocía con la conciencia de la tolerancia divina: «No sé si Dios existe, pero si existe, sé que no le va a molestar mi duda».

Borges sí creía en Dios, pero se lo cuestionaba en cada página, como demandaba sobre el tiempo, el destino, el infinito, la muerte…

Henry Miller, visceral donde los haya, pensaba: «Si Dios no es amor, no vale la pena que exista». En uno de sus libros, lamento no recordar en cuál, apunta una oración en la que se muestra creyente de “todo lo visible e invisible”: «Creo en Dios Padre, en Jesucristo, su único Hijo, en la Santísima Virgen María, en el Espíritu Santo, en Adán Cadmio, en el cromo níquel, los óxidos y mercurocromos, en las aves acuáticas y los berros, en accesos epilépticos, en la peste bubónica, en Devachán, en las conjun­ciones planetarias, en las huellas de los pollos y en el lanzamiento de bastones, en las revoluciones, en las bancarrotas, en las guerras, terremotos, ciclones, en Kali Yuga y en el hula hula. Creo, creo. Creo porque no creer es volverse como el plomo, yacer postrado y rígido, por siempre inerte, consumirse...».

En Oficio de tinieblas 5, Camilo José Cela, con un pesimismo extremo, afirma rotundamente que «dios jamás supo que tú creías en él».

Stendhal es radical cuando afirma: «La única excusa de Dios es que no existe». En Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, Woody Allen lo expresa de esa forma tan cotidiana: «No sólo no hay Dios, sino que ¡intenta a ver si consigues un electricista en un fin de semana!».

Alfonso Salazar, hace tiempo, parafraseó: «Dios ahoga, pero no existe»; y no sé de quien leí recientemente que «Dios existe, pero poco».

Quizá la razón sea esa: Dios está, pero no está (que es otra forma de estar) (“Dios es el único ser cuya esencia es su existencia”); es, pero no es (que es otra forma de ser, como el desamor forma parte del amor).

Termino con un diálogo extraído de la película estadounidense La isla, de Michael Bay (2005), en la que uno de los protagonistas cuestiona: «¿Qué es dios?»; a lo que le responden con otra pregunta: «¿Alguna vez has cerrado los ojos y has pedido algo que deseabas mucho?»; un silencio afirmativo, un sí explícito, responde a esa evidencia; el mismo interrogado argumenta tajantemente: «Dios es el que te ignora».

Domingo, 05 de Abril de 2015 11:46 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 8 comentarios.


Una labor necesaria

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Granada en Danza. II Temporada. No pausa

Hay días que me propongo disfrutar sin mayor trascendencia y acudo a los espectáculos ligero de equipaje y con los sentidos vírgenes. Hay días que mi papel de crítico pasa a un segundo plano y me abandono en la propuesta, en aprehender más que analizar. Hay días que, a conciencia, me olvido el bolígrafo en la casa y la maleta abierta.

El viernes fue uno de estos días. Quise absorber las propuestas de Daniel Doña con la inocencia con la que se desnuda un niño, pues no tengo obligación de nada. El poso de la función quedaría en el archivo de mi memoria. Pero la profesión va por dentro y no me resisto a tomar nota mental de mis impresiones y a plasmarlas en este blog para dejar constancia.

Por eso, por la ausencia de propósito, no podré hacer una disección minuciosa, como acostumbro, sino dar una panorámica, una visión general de su latido.

No es la primera vez que veía a Daniel y sus propuestas dancísticas. La última de ellas en este mismo ciclo, acompañando a Teresa Nieto, el 6 de febrero. Pero es ahora cuando lo vemos de protagonista, de gobernador de su propia compañía (María Alonso, Cristina Gómez y Cristián Martín) y de coreógrafo avezado.

La danza española (como la escuela bolera) se ha convertido en un arte marginal dentro de las propuestas escénicas de nuestro país. Unas manifestaciones que otrora han gozado de una imprescindible presencia en nuestros escenarios, ahora se encuentran poco menos que ninguneadas (como el arte en general, como la cultura, pero más extremo si cabe); ausente de programación y de circuitos. Las señas de identidad de una España que se desmorona, precisamente son esas: el flamenco, la danza española, la copla y la escuela bolera. No sabemos que la expresión artística más completa que existe es la danza, el ballet, la compañía de un coreógrafo, de unos bailarines.

Impresiona en primer lugar —me conmueve sobremanera— la exactitud en los movimientos de los cuatro bailarines que desarrollan la obra; la verticalidad y elegancia de la que gozan; el sentido del equilibrio, tanto personal (aún más difícil en un escenario de tipo italiano, como es el del teatro Isabel la Católica, ligeramente volcado hacia el público), como de conjunto, en contraposición a la simetría, que a veces también impone su dominio; la concepción del espacio, donde la escena cobra vida y el vacío es un recuerdo.

Porque en No pausa (estreno absoluto) se impone el movimiento sin roce, la búsqueda continua de esa energía que permite avanzar sin descanso. Lo demás es belleza.

Desde la primera pieza, con música española en off, donde se muestra todo el cuadro de baile, sentimos esas sensaciones, reconocemos algo muy nuestro, de esa delicadeza que comienza en el dieciocho y termina en los últimos segundos, como pudimos comprobar en la deslumbrante creación contemporánea que expusieron Daniel Doña y Cristián Martín en el ecuador del espectáculo. Este último, sin embargo, no sedujo como se esperaba en los cantes de levante, que danzó con una de las bailarinas.

La guitarra de Francisco Vinuesa fue precisa, pero el cantaor, lamentablemente, hacía agua, lo que se evidenció sobre todo en la petenera. Más tarde, en cambio, pudo demostrar sus dotes (potencia de voz y dominio, sobre todo en los altos) en los cantes de labor.

Siguieron deslumbrando, ya individualmente, por parejas o por grupos, con castañuelas y platillos, en los abandolaos, en la zambra y zorongo, coreografiada por el estupendo bailaor Marco Flores, y con los verdiales, y su serie de instantáneas, que pusieron el punto final a una noche necesaria.

Domingo, 12 de Abril de 2015 11:56 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Veinte años de recuerdos

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20 años de Ballet Flamenco de Andalucía. Imágenes

Cuando se asiste a una obra rodada, se corre el riesgo de abrazar ideas preconcebidas. Imágenes celebra los veinte años de Ballet Flamenco de Andalucía. Se estrenó en la Bienal Flamenco de Sevilla y visitó el Festival de Jerez. Las opiniones, como es natural, se han multiplicado y la crítica pesa. Que si es repetitivo, que si se abusa de la propuesta coral, que si roza la frialdad, que si hay un exceso de taconeo, que si se extralimitan los tiempos, etc.

Yo romperé una lanza a favor del Ballet Flamenco y de su directora, Rafaela Carrasco. Puede que a lo largo de la función las dudas antes mencionadas sean razonables. Pero la elección de los momentos, el espíritu y la calidad de los participantes, el concepto minimalista de su directora y la proyección de futuro, creo que son gratas razones para apoyar su propuesta.

Rafaela Carrasco por suerte ha vivido estos veinte años de la compañía, en el cuerpo de baile, como repetidora y ahora en el pescante de la diligencia. Ella misma ha elegido las piezas, de modo muy personal, y les ha dado un carácter más novedoso, sin olvidar el origen y a sus creadores, los cinco directores que le precedieron, haciendo de la obra un todo armónico y con sentimiento.

Descubrimos así, no sólo la trayectoria del ballet en cada uno de sus montajes, sino que entrevemos, de manera más o menos acertada, el camino que ha decidido proseguir, el de la experimentación, el de la vanguardia, el de la sorpresa.

Imágenes fue galardonada en la última Bienal de Sevilla con el 'Giraldillo al Mejor Espectáculo', en la que hay que destacar la parquedad en los colores, tan sólo negro y blanco, maculados de vez en vez con detalles en rojo (unos tacones, una faja, un mantón o un vestido); la obra coral y las pinceladas individuales, la imbricación de cada uno de los temas y ese continuo dejar las puertas abiertas tanto a lo que vino como a lo que ha de venir.

Comienza la noche evocando a Mario Maya, Del Maestro (1994), y su tremendo juego de banquetas con fondo de martinetes. En la oscuridad (dedicado a María Pagés, 1997) deslumbran los solistas Ana Morales y David Coria, que se alumbran con farolillos por romances mientras una nube púrpura cruza la luna.

En Leyenda (dedicado a José Antonio Ruiz, 2002), Rafaela evoca a Carmen Amaya con una bata de cola blanca de varios metros (terminará colgada al fondo del escenario, como homenaje perpetuo), atravesando el escenario, con un baile parsimonioso, para adentro, mientras, enorme, Antonio Campos canta a capela unos tientos. Antonio es un cantaor de oficio, que se toma en serio su profesión y se autoexige constantemente.

También es preciso destacar la gran aportación del segundo cantaor, Gabriel de la Tomasa, y de los guitarristas Jesús Torres y Juan Antonio Suárez ‘Cano’.

El Viaje al Sur, de Cristina Hoyos (2005), cargado de maletas, se convierte en Mirando al Sur, donde el solista Hugo López, individual o en conjunto, redondea la pieza.

El espectáculo termina con Las cuatro esquinas que remeda el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, de Rubén Olmo (2013), donde por romeras y cañas se impone, quizás demasiado, el mantón. Final que rubrica con esbeltez Rafaela Carrasco poniendo un punto seguido a su labor y mostrando el buen pulso de su ballet.

* Foto tomada de la web de la Junta de Andalucía.

Miércoles, 15 de Abril de 2015 09:19 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Lo que permanece

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Flamenco Viene del Sur. Caprichos del tiempo

Salvador Dalí dijo: ‘La moda es lo que pasa de moda’. Isabel Bayón huye de lo novedoso, de la corriente, para quedarse con lo imperecedero, con el sentir que deja huella, con un baile que se ha aferrado a su epidermis tan fuerte como su identidad. Y es que Isabel está atravesando un momento de plena madurez artística, de seguridad y convencimiento. Tiene una forma pausada y concisa. Prefiere la permanencia a la espectacularidad.

Caprichos del tiempo obtuvo el Premio de la Crítica en el Festival de Jerez de 2013 y se presentó con meridiano éxito en la pasada Bienal de Flamenco de Sevilla. El lunes de esta semana lo pudimos ver en el teatro Alhambra de Granada con igual recompensa, tanto para la bailaora y sus acompañantes, como para el público aficionado. Ya que, desde su primera obra personal, La mujer y el pelele, pasando por su penúltima propuesta, En la Horma de sus zapatos, se la recibe con agrado y seguridad.

Al preguntarle por su cuadro de músicos en una entrevista, en días pasados, que le hice para la radio (La Voz de Granada), con verdadera emoción respondió que era un gusto rodearse de primeras figuras, David Lagos y Miguel Ángel Soto ‘Londro’ al cante; Jesús Torres y Juan Requena a la guitarra; y José Carrasco a la percusión. Y es verdad que componen un cuadro excepcional, cada uno con sus logros individuales y su trayectoria.

La obra da comienzo con sonidos de reloj, grillos y campanas que nos muestran a una bailaora descalza, como reflexionando, hasta desembocar en una silla, donde se coloca los tacones y se acuerda de Mario Maya en sus formas, mientras los dos cantaores le hacen compás por fiesta, hasta que, puesta en pie, propone un zapateo a distinta velocidad e intención, ilustrando la malagueña de Chacón con la que empezó un verdadero homenaje a la ciudad costera, a sus montes y sus verdiales.

La farruca tuvo una generosa introducción de guitarra, en la que la sevillana, con sombrero cordobés, se muestra comedida y variable. David Lagos, reciente Lámpara Minera, le pondrá voz a un comienzo añejo, con sabor a Sabicas, para pasar, con los melismas del ‘Londro’, a un concepto contemporáneo a gran velocidad.

Recordando a Paco de Lucía se arrostran las guajiras, que son largas, con abanico y agradecido juego de caderas, la sensualidad y flirteo con sus músicos, incluyendo, como otras veces el beso a Jesús Torres en los labios.

En off seguidamente suena la voz de Vallejo, acompañado por Montoya y Antonio el bailarín, proyectado al pie del tajo de Ronda. Isabel bailaba por seguiriyas, que canta el ‘Londro’ y un inmenso David Lagos cuajado de gusto. Isabel remedó el martinete de Antonio en Ronda la vieja, con los cinco músicos rodeándola y haciendo compás.

Acaba la función con el mismo tic-tac de un comienzo que nos retrotrae a Isabel niña proyectada, hace 35 años, bailando con bata de cola rosa, con todo  el arte y la madurez que se puede tener a esa edad. Isabel, la de ahora, se mira en ese espejo del pasado y borda unas cantiñas de antología.

Bastantes minutos de aplausos arrancaron un simpático final de fiestas por bulerías, donde todos al unísono se dieron su pataílla.

* Foto de Alejandro Espadero©, tomada del programa.

Jueves, 16 de Abril de 2015 11:12 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La sombra alargada

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Alegoría flamenca, De la raíz al aire

Desde una involuntaria perspectiva acuñada por el vértigo de los días, le dedico unas palabras al concierto debut que nos brindó Álvaro Pérez ‘el Martinete’ hace más de una semana, en concreto el 16 del presente en el teatro Isabel la Católica. A pesar de la distancia e interferencia, una sonanta bien templada se impone en el recuerdo. La limpieza aguda y añeja, la exactitud en el dígito y una madurez sorprendente en un músico tan joven son monedas habituales en su entrega.

Dejadme, sin embargo, que lo prefiera en solitario (granaína, rondeña o vals) o con el ligero aire de un compás o breve instrumento que con la orquestación que se rodeó que a veces abigarraba el discurso por el excesivo e innecesario hórror vacui.

Una segunda guitarra, Rafael Soler, le confiere una réplica precisa que le ayuda a mantener el equilibrio; y un calor que se cuaja en el zapateado de Esteban de Sanlúcar arropado por su maestro Miguel Ochando.

Los violines, David Gómez y Ángel Bocanegra, añaden el punto vanguardista que se debe tener, así como el impecable bajo de Julián Heredia, lleno de compás y flamencura.

Las voces son necesarias, aunque ni Alicia Morales (que sobresale en la vidalita) ni Jaime ‘el Parrón’, como artista invitado en lo más jondo, estuvieron totalmente acertados.

La percusión (Antonio Gómez) se impuso a veces sin razón. Pilar Fajardo, al baile, ya en sombra ya visible, rubricaba bellos momentos.

Completa la noche, intercalándose con lo ya mencionado, unos tangos del Sacromonte y una zambra, reivindicando su origen granadino; unas malagueñas y verdiales, que se asoman a la ciudad vecina; y unas bulerías que ponen el punto y final a una noche, que nos asegura la largura de su guitarra, que, como la sombra de Miguel Delibes, también es de ciprés.

Viernes, 24 de Abril de 2015 18:21 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Comer camello

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“Ave que vuela va a la cazuela”, cuenta un antiguo dicho español, que se me antoja próximo a Galicia, pues Cunqueiro reconocía el poco avance de su pueblo en el arte cisoria, porque primero comían y antes de interrogar la pieza, que es como el que dispara y después pregunta.

Hay civilizaciones que saborean bocados imposibles. No sólo nuestro paladar occidental reprueba que se coma carne de perro, como los coreanos, por ejemplo; insectos variados y crujientes, como en gran parte de los pueblos orientales; o serpientes de cascabel, como en Texas; sin hablar de los sesos crudos de mono u otra suerte próxima a la antropofagia; sino que algo tan cercano como la carne de caballo es una exquisitez en Francia.

Por nuestra parte, en España se comen caracoles, dieta aberrante para muchas naciones. Eso sin contar los callos, los higadillos, la asadura o la lengua…

El camello, por no hablar del hipopótamo o del cocodrilo, también enriquece el menú de fortuna en algunos rincones. Leo recientemente un cuento de Elías Canetti, Mis encuentros con camellos, del que entresaco esta conversación surgida entre las calles de Marrakech:

«—¿Es que se come aquí mucha carne de camello? —pregunté.
»—¡Muchísima!
»—¿Sabe bien?, nunca la he comido.
»—¿Jamás ha comido carne de camello? —Rompió en una burlona pero contenida risotada y repitió—: ¿Nunca ha comido carne de camello?
»Quedaba bien claro que él sabía que aquí no se servía otra cosa que carne de camello».

En varios lugares de sus escritos (Cuentos, Nicéforas y el grifo, Estética del gusto), Joan Perucho hace referencia al ‘enigmático’ Tratado de carnes de don Faustino de la Peña (1832), en el que describe el sabor y características de varios elementos cárnicos, incluyendo la ‘carne blanca’, que es el pescado, o la ‘carne humana’, de la cual, su consumo, don Faustino no es partidario. En la entrada dedicada al camello bactriano [de la tierra de Bactra: nombre con el que los griegos designaban la región correspondiente a la zona septentrional del actual Afganistán y las partes meridionales de las actuales repúblicas centroasiáticas de Uzbekistán y Tayikistán, a partir del nombre del río Bactro], distinguiéndolo del camello pardial o jirafa [camelopardal, llamaban los antiguos a la jirafa, compuesto del griego kamelos (camello) y pardalis (pantera). Varron afirma que debe su denominación a su parecido con el camello por su figura y con la pantera por sus manchas] o del dromedario, el compilador nos dice: «Esta especie es muy conocida por su cuello largo y gran corcova, la cual se compone, como en todas las demás especies que la tienen, de una sustancia grasa y carnosa. Es, entre los animales domésticos, el más antiguo que conoce el sello de la esclavitud, aguantando el hambre y la sed ocho días [Plinio, en su Historia natural, les concede la mitad de esos días]. Se cría en Egipto. Su carne vieja y trabajada presta groseros jugos para alimento. La leche de las hembras es muy salitrosa, pero aguada es buena».

Herodoto de Halicarnaso, en su obra histórica propone la carne de camello como una comida habitual en determinadas partes de África. En el primero de sus nueve libros, por ejemplo, comenta: «La gente más rica y principal puede sacar a la mesa bueyes enteros, caballos, camellos y asnos, asados en el horno, y los pobres se contentan con sacar reses menores».

A estas alturas, consulto El Corán, arbitro de prohibiciones y concesiones divinas. En la Sura XXII, La peregrinación de la Meca, versículo 37, dicta: «Hemos destinado los camellos para servir en los ritos de los sacrificios; halláis también en ellos otras ventajas. Pronunciad, pues, el nombre de Dios sobre los que vais a inmolar. Deben permanecer en pie sobre tres pies, atados por el cuarto. Cuando la víctima ha caído, comed de ella y dad al que se contenta con lo que se le da, así como al que pide. Nosotros os los hemos sometido, a fin de que estéis agradecidos».

Lunes, 27 de Abril de 2015 09:24 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.


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