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Hamlet

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¿Qué regalar o no regalar para Reyes?

Sábado, 03 de Enero de 2015 10:06 volandovengo #. Septimio de Ilíberis No hay comentarios. Comentar.

La lírica en Septimio

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Mercedes Elorza (presentación de Septimio de Ilíberis, Madrid, 31 de octubre de 2014 – Granada 6 de noviembre de 2014)

Quisiera hablar de la vertiente poética que este narrador nos manifiesta en su libro, que conjunta de manera tan espléndida la prosa, con el cuento, con la novela histórica, con, en definitiva, la poesía en su más extenso sentido. En su cabeza hay todo un mundo trasladado de manera magistral al papel donde la magia entendida de forma amplia es lo que prima en todo su trazado y mantiene un centro romantizado en el cual gira la fantasía, no hay que olvidar que el personaje principal es un descabezado, un muchacho que pierde la cabeza por amor.

Lo primero que llama la atención en este libro es el exquisito lenguaje que maneja con una extraordinaria maestría donde la palabra es medida, escogida con gran gusto, así la metáfora juega un papel primordial en el curso de su relato, un ejemplo pudiera ser nada más empezar la narración la forma de referirse al azul de los ojos de Nicéforas, de esta forma dice el escritor sobre él:

 “El bizantino de índigo mirar” o “el viejo de ojos de mar” o refiriéndose a él “...que llevaba el Egeo en sus ojos”.

Nos encontramos con un texto amplio, totalmente armónico por su correlación, por su hilo conductor, por sus medidos capítulos, por sus personajes cuantiosos, hábil y sugerentemente explicados con anécdotas muy interesantes, con curiosidades que apetecen, en el anexo segundo, dramatis personae, es increíble disfrutar también de ese índice y también por los lugares citados que se detallan en el primero, con una intensidad suficiente para guardarlos en la memoria, pero no sólo por eso es armónico, está tremendamente armonizado por Jorge Fernández Bustos que se embarca en la odisea de hacernos más sensoriales uniendo, en una miscelánea muy atractiva, todo un mundo para ver, para observar vivamente, aromas históricos y paladares exquisitos, voces singulares, colores, sonidos íntimos y ruidos estentóreos y toda la piel trasladada a cada uno de los pasajes contenidos en tan mágico relato y eso produce una armonía deseada.

Así, los perfumes, los atuendos, los manjares (es un libro al que se le da mucha importancia a la comida de la época, a su preparación y a sus condimentos) los paisajes recorridos, los sonidos del alba y de la noche, las brisas, los personajes (de los que te llegas a enamorar), son entrañados de una manera natural, siempre mágica en el lector.

Disfrutar de su lectura es innegable e inexcusable, desde el nacimiento de Septimio, hasta su desenlace, es entrar de lleno y relajarte, preparar los sentidos para su invasión. Yo lo disfruté enormemente y eso que en su primera lectura no fue demasiado cómoda (múltiples fotocopias) pero el contenido no ha variado y fluye, os aseguro que fluye como si fuera un lenguaje nuestro o apropiado por el lector.

No puedo dejar de pasar el sutil erotismo del que dota algunos fragmentos, pinceladas de un Eros que adora los cuerpos, sólo la descripción de las lavanderas al comienzo del libro cuando el agua roza el agua por debajo de las enaguas alzadas, nos incita a esa llamada de atención, el sensual baile de la pequeña Viola o el encuentro de Septimio con la melusina, esta mujer serpiente dotada de magnífico físico para enamorar y que textualmente dice así:

“Levantando su cuerpo y asiendo la cabeza se aproximó al dintel donde una mano lo atrajo hacia afuera y en un santiamén ya se hallaba en otra cama con la dulce Filomela, que así se llamaba la chica rubia de poderosa pechuga, a horcajadas sobre su figura con el camisón arremangado a la cintura y la risa fácil en pleno vaivén”.

Y llego a la parte que a mí más me emociona y que me llamó poderosamente la atención: el lirismo del que su autor dota a la obra, proponiéndonos visiones y sugerencias de forma continua. Él nos manifiesta en dosis complacientes una poética preciosista que va desgajándose en los párrafos hasta alcanzar la máxima intensidad en la descripción de la hermosa reina Bada que, como dice su primer verso, “sugiere alejandrinos” y así se produce mediante esas catorce sílabas la traslación de toda la belleza de, esa diosa a ojos de todos, al lector, sólo mencionar que la reina con su risa hacía florecer las rosas:

Cuando Bada amanece sugiere alejandrinos. 
Es la reina ejemplar con que sueñan los cuentos.
De destacada altura, en época temprana,
sin llamar la atención por tal característica;
mejor proporcionada, en cambio, su figura;
suaves ojos etruscos; fina ceja elevada, 
de melada impresión a fresco mentolado;
largos rizos azules de tanto en tanto negros,
que lucía sin presa, inherente a las damas
de grandeza su cuna y libre condición.

La reina se mostraba tan pura y transparente,
que el Sol palidecía ante el rostro encendido.
Largo velo sedoso, hilvanado con oro,
cae sobre sus hombros, al modo bizantino,
que se impone en la corte, mas no sobre la cara,
como era la costumbre de las damas hispánicas.
En su mano brillaba de oro verde anillo
con dos rubíes pálidos y turbios incrustados.
Su cuello, terso y níveo, expone un medallón
como pavo real y cola desplegada
que rellena su esfera, emblema de princesas.

La señora lucía bajo capa de martas,
corpiño de cendal escotado en redondo
que mece olor sabeo de nardo entre sus pechos.
Los tres o cuatro pasos, que grácil la acercaban
al preso en la palestra, como de terciopelo,
mostraban elegancia sobre sus borceguíes
de colorido hortensia de ojal abotonados
y tacones dorados de trágica estatura
que alientan su esbeltez de por sí generosa.
En la mano portaba un espejito atento
de terciopelo púrpura con torneado puño,
adornado con plumas de reales pavones.

Todo en ella vencía cualquier sueño ideal.
Todo en ella rozaba la sublime elegancia.
Su imagen abrumaba de tanta perfección,
llegando a fulminar a los simples mortales
si acaso desprendía una amable sonrisa
de su rostro nevado de vivos ojos verdes.
Cada una de sus risas se transformaba en flor
en los blancos rosales de sus luengos jardines,
donde tiemblan tal vez cientos de mariposas.

Jueves, 08 de Enero de 2015 10:44 volandovengo #. Septimio de Ilíberis No hay comentarios. Comentar.


Septimio en Hislibris

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Crítica de Fuensanta Niñirola en Hislibris, libros de historia, libros con historia, publicado por Ariodante, el 9 de enero de 2015; y en la revista literaria Wadi-as (10 de enero de 2015)

Los amantes de la buena literatura disfrutarán leyendo este libro, porque en él confluyen diversas corrientes, muy relacionadas con la fantasía, la imaginación, la recreación histórica, el cuento, lo legendario y diversos niveles de mitología, tanto profana como religiosa. Narración pura, en la que las diversas historias se entrelazan, se cruzan, partiendo por diversos caminos, ora divergentes ora convergentes, donde los personajes, a cual más disparatado o inverosímil, se hacen creíbles porque el autor sabe crear la atmósfera adecuada para que la imaginación se dispare y admita que cualquier cosa puede ser real…o que existe una realidad literaria distinta de la cotidiana, y es justamente esa realidad la que nos hace soñar, transportando al lector por mundos variopintos, haciéndole vivir aventuras maravillosas, salir triunfante de lances terribles o conversar con seres con los que difícilmente habría imaginado fuera del sueño. 

¿Cómo calificar, pues, la obra? Este libro es, sencillamente, un largo cuento. El cuento es la más pura tradición de la literatura, la narración oral, homérica, los juglares medievales, esas historias que en el siglo XIX contaban Kipling, Barrie o incuso Lewis Carroll. Pero todos sabemos que los cuentos, además de entretener al oyente/lector, transmiten muchas otras cosas.

Concretemos, pues: por lo pronto, es una obra de ambientación histórica, pero de intención fantástica. Situada en el alto medioevo visigótico, una oscura época en la que aún dura la romanización, dándose una fuerte impregnación de la mitología clásica con el cristianismo primitivo, en sus versiones arriana y romana. Magia, religión y ciencia se entremezclan. Es la época de Leovigildo, Hermenegildo y Recaredo. Estos tres personajes son telón de fondo para situarnos en el escenario hispánico. De vez en cuando los personajes reciben noticias de los trágicos sucesos de la familia real.  Pero todo lo demás que ocurre, incluso algunas fugaces apariciones de San Isidoro escribiendo las Etimologías o en el Concilio de Toledo, son ficciones, o realidad tan manchada de ficción que lo mejor es olvidarse de la historia real y sumergirse en la narración de fantasía. Así pues, el resultado es una mezcla de libro de caballerías, cuento oriental o bizantino, narración-río, algo así como un road movie hispánico, con su pizca de picaresca, humor negro y escatológico, desfilando una larga lista de personajes, algunos incluso históricos, (si bien representados aquí con grandes licencias). Hay, sin embargo, uno central, aunque no es hasta avanzado el libro que le reconocemos con eje de la historia: Septimio, el séptimo hijo de Ursa y Prudencio, un pobre vinatero de la legendaria ciudad de Ilíberis (cercana a Granada). Antes de llegar a desarrollar propiamente su historia, conocemos a su familia, que es doble, porque Ursa también tiene hijos con el Marqués de Dosaguas, aunque esos hijos salen morenos y los otros, rubios. Y también conocemos a la cristalina Clara, que transmuta de humana en figura de cristal, según duerma o vele, al caballero bizantino Kosmas, al sabio Nicéforas, el patituerto Ramiro, de pierna telescópica, el hombre serpiente, la vieja hechicera Edelvira, las dos Antonias, Seisdedos, …y mejor será que el propio lector haga el recuento.

Septimio, joven enamorado de quien no debe, pierde –literalmente- la cabeza. Más que perderla, se le despega del cuello y ha de llevarla al brazo. Este “descabezado” inicia viaje buscando solución a su problema capital, y a lo largo del camino, que recorre la Hispania premedieval o tardorrománica, por la ruta de la Plata, va siendo testigo de todo tipo de prodigios, encontrando seres tan fantásticos con él mismo,  y recabando historias de toda índole imaginaria, así como leyendas y mitos clásicos, contados por unos y por otros. Leyendas que hacen conocer a otros decapitados famosos…En la segunda mitad del libro, un nuevo personaje, el fraile Serenus le acompañará, montado en un pollino al que considera humano como el asno de Apuleyo. Serenus y Septimio recorrerán media península hispánica buscando un destino que tampoco tienen del todo claro.

Salvo la parte de la estancia en Toledo/Toletum, donde la narración se remansa y detiene quizá en exceso, el resto es pura aventura. En mi opinión, la parte toledana es la menos amena, aunque tenga sus buenos momentos, como la descripción de los banquetes en la corte de Recaredo, servidos por mandriles amaestrados, por poner un ejemplo.   El conjunto, sin embargo, es una historia que traza un círculo imaginario, una serie de entretenidas, divertidas y extraordinarias historias, bien hilvanadas, bien construidas, con un lenguaje cuidadoso y respetuoso con la época, si bien en algunos momentos el narrador omnisciente y contemporáneo se permite el lujo de citar a autores -a modo de aparte- antiguos, modernos y contemporáneos. Con lo que no hace sino recordarnos que nos movemos en el mundo literario y que las referencias son, han de ser, literarias.bra entretener al oyente/lector, transmiten muchas otras cosas.

Es esta una novela muy elaborada, de lectura pausada, que proporciona al lector diversas opciones de lectura. Seguir la narración lineal, en superficie, en sus diversos recorridos, historias adyacentes, tangenciales, etc., lo cual de por sí ya es un entretenimiento y un placer; pero además, hay una lectura entre líneas que proporciona, al lector que consigue entrar en ello, una segunda lectura, más referencial, llena de alusiones, ironías, homenajes y recuerdos. Y no solo eso: muchos pasajes hacen detenerse al lector y reflexionar sobre la vida y las múltiples opciones, sobre el bien y el mal, sobre el pensamiento y la acción, siempre desde un punto de vista literario, aunque rozando lo metaliterario.  Abstenerse amantes de la lectura rápida y poco exigente.

El libro se divide en cuatro partes y un breve epílogo, tras lo cual se incluyen dos listados, de los lugares visitados (que aparecen con los nombres legendarios o antiguos) y de los personajes, aclarando cuales existieron y cuales son pura ficción.

Para orientar aún más al posible lector citaremos unos cuantos nombres de autores o corrientes literarias cuyas obras resuenan como un eco con esta lectura: de los clásicos, Apuleyo y Luciano de Samosata; del medioevo, los libros de caballerías; del siglo de oro español, la novela picaresca; la corriente del realismo mágico hispanoamericano; el fantástico Italo Calvino; el increíble Borges; los relatos de Kipling; y por no seguir, cerraría con Alvaro Cunqueiro, nuestro ínclito gallego universal, que veo muy reflejado en todas estas andanzas, transmutado en andaluz.

Viernes, 09 de Enero de 2015 19:28 volandovengo #. Septimio de Ilíberis No hay comentarios. Comentar.

Septimio de Ilíberis: voluntad de estilo

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Reseña de Jesús Cano en su Blog de Anillas (11 de enero de 2015)

He leído Septimio de Ilíberis con el placer de quien descubre un buen vino que ganará con los años. Como me dijo su autor, no es una obra fácil. No puede serlo porque es singular; y ello por muchas razones.

Todo es diferente en Septimio de Ilíberis. Para empezar, su propio argumento, con un protagonista al que se le cae la cabeza como por ensalmo, que emprende un viaje donde se topará con una serie de personajes no menos extraordinarios que él. Con tales licencias el autor recrea un ambiente netamente fantástico donde hasta las escenas más realistas parecen parte de un sueño. A esto último contribuyen no poco las considerables dosis de poesía que el autor inyecta a su obra desde que empieza a escribir. También resulta singular la elección de la época, el siglo VI, en plena debacle romana, con los inicios del dominio de los Visigodos. Se trata de un momento oscuro y son escasas las noticias que se tienen de él. No renuncia el autor a intentar una ambientación lo más eficaz posible, recreando una sociedad básicamente romana todavía, muy influenciada por la santería y las supersticiones paganas, pese a la progresiva implantación del cristianismo. Sin embargo, se equivoca quien vaya buscando una de esas novelas históricas en boga. 

La novela de Jorge Fernández Bustos es algo más que eso, demuestra una prodigiosa voluntad de estilo en pos de un mundo propio. Gracias a la influencia de muchos y diversos autores, que deben rodar en su calabaza como bolas de un bombo (Joan Perucho, Álvaro Cunqueiro, Italo Calvino, Umberto Eco, Cervantes, Machado, Virgilio….), el escritor ha cuajado un trabajo excelente pese a marcarse importantes exigencias. Como elegir el formato de novela bizantina, con tan mala fama; como imponerse un estilo que exige mucho al lector, con largas frases subordinadas obstruyendo a las principales, con enumeraciones (al estilo bizantino) ocupando una o más páginas, con continuas referencias a animales, sobre todo aves y a sus cualidades sobrenaturales, con la elección plenamente consciente de un estilo difícil pero suelto, libre, osado nunca  temeroso de ser rebelde. Esa nítida voluntad de estilo me hace adivinar que el autor debe haber disfrutado escribiendo su libro y eso siempre es bueno. Lo que no obsta para reconocer que no habrá sido fácil fraguar una novela de casi 400 páginas (si se incluye el índice de lugares y personajes).

Se podrían decir muchas más cosas de esta gran novela de Jorge Fernández Bustos, pero será mejor que sean nuevos lectores quienes descubran otras ocultas maravillas del país de Septimio de Ilíberis.

Lunes, 12 de Enero de 2015 09:15 volandovengo #. Septimio de Ilíberis No hay comentarios. Comentar.

Fahrenheit 451

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Domingo, 18 de Enero de 2015 13:24 volandovengo #. Septimio de Ilíberis No hay comentarios. Comentar.

Cine mudo

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Jueves, 22 de Enero de 2015 13:09 volandovengo #. Septimio de Ilíberis No hay comentarios. Comentar.

¿Disney también?

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Viernes, 30 de Enero de 2015 12:00 volandovengo #. Septimio de Ilíberis No hay comentarios. Comentar.


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